[Aventura T2 - Presente Absoluto] - "Piel Azul" Glatus
#1
Las indicaciones recibidas por vuestro superior os llevaron a embarcaros en un navío rumbo hacia el Reino de Ilisia, esa misma tarde del día 79, junto a la recién unida al grupo Ikirami. Durante aquel trayecto, quizás aprovechasteis el tiempo para estrechar unos lazos inexistentes, tener debates y reflexiones sobre la existencia del alma, seduciros los unos a los otros o hacer un festín de sangre con los pasajeros que se encontraban en ese mismo barco, pero eso ahora no es relevante.


Día 80 del año 11, Primavera - 1:00 p.m.
West Blue - Reino de Ilisia - Pueblo Tara

Horas y horas después de viaje, alrededor de la 1:00 p.m. del día 80, con el sol en el cénit de la cúpula celestial, arribasteis a Ilisia, más concretamente a Tara que, además de ser un pequeño pueblo costero ubicado al sur de la isla, cuyo principal sustento económico se basaba en la pesca, había sido el lugar donde Glatus y sus hombres habían sido divisados. Con la esperanza de encontrar anclado su barco en los alrededores de la isla y, finalizar de una vez tediosa tarea, buscasteis y buscasteis, mas solo encontrasteis atracados un par de navíos pertenecientes a civiles.
Sin daros por vencidos, y tras sonsacar, en vano, toda la información que podíais a los lugareños del pueblo, tras aproximadamente una hora caminando, llegasteis a la majestuosa Ciudad Akarui, con el objetivo de recopilar la mayor cantidad de información posible y descubrir el paradero de aquellas sucias ratas. Allí, de la boca de varios ciudadanos, conseguís escuchar una serie de rumores, coincidiendo todos en el avistamiento de gente sospechosa en la mina, situada a unos 300 metros al este de las afueras de la ciudad, la noche anterior. Con esta información en vuestras mentes, decidisteis esperar, hasta que anocheciera, para así no cometer el mismo error que ocurrió en Ohara, llamar la atención de manera innecesaria.

De forma paralela, y como si el destino quisiera que vuestros caminos se entrelazaran, el destino o la falta de confianza depositada por parte de vuestro superior, en esa misma ciudad se encontraba una semigiganta con la misma misión que vosotros, capturar a “Piel Azul” Glatus. Al igual que vosotros, Jude, consiguió escuchar los rumores correspondientes a la existencia de las misteriosas figuras en la mina.


Día 80 del año 11, Primavera - 10:00 p.m.
West Blue - Reino de Ilisia - Camino hacia la Mina de Ilisia

Transcurridas las horas, dieron finalmente las 10:00 p.m. Todos los operarios y operarias que trabajaban en la mina ya hacía tiempo que se encontraban en sus casas, descansando tras una dura jornada laboral. Era el momento perfecto de trabajar, tanto para las ratas como para vosotros. Bajo la luz de una luna en cuarto creciente, salisteis de la ciudad, adentrándoos en una pradera, llena de lo que parecían ser fragmentos de granito. Un pedregoso sendero, bajo un cartel que señalaba la dirección de vuestro destino, se extendía frente a vosotros. Cuando estabais a unos 20 metros de distancia a las afueras de la ciudad, Jude siguió vuestro mismo camino. Ella podría veros a vosotros, pero vosotros a ella, a no ser que alguien contara con un excelente sentido del oído como para escuchar las pisadas de la grandullona, no. Que quisierais establecer contacto o no, ya era cosa vuestra.

Resumen del turno

Info Narrador
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#2
Atributos Personaje


Inventario

Aspecto


Acompañada por el enigmático y misterioso grupo, Ikirami había emprendido un viaje hacia Ilisia, un destino desconocido y repleto de incógnitas para ella. Durante el trayecto, no había conseguido recabar información sobre sus compañeros de viaje. Seguía sin saber siquiera si pertenecían a los Marines. Movida por una mezcla de curiosidad y cautela, se dejó llevar por la situación, observando atentamente a cada miembro del grupo. Entre ellos, Irina destacaba como la aparente líder, con una autoridad natural que no pasaba desapercibida para Ikirami. Además, notó una tensión peculiar entre Irina y Daryl; no parecían amantes, pero definitivamente había algo más que simples palabras entre ellos. Sin embargo, para Ikirami, la prioridad era la misión, y esos detalles quedaban en un segundo plano.

En esta ocasión, decidió dejar a un lado su uniforme de Marine, optando por un atuendo más discreto y funcional. Se vistió con una falda negra que caía justo por debajo de las rodillas, dotada de una abertura lateral que le permitía moverse libremente. Complementó su vestimenta con una camisa roja de manga larga, pensando en el frío que podría hacer dentro de la mina, un lugar que suponía sería más fresco que el exterior. Para el calzado, eligió unas botas negras de tacón ancho, que combinaban estilo y comodidad.

Mientras se aproximaban a su destino, una pregunta rondaba su mente. Finalmente, con voz firme y decidida, Ikirami interrogó a sus acompañantes:

—¿Y cuál es el plan una vez lleguemos a la mina? —preguntó, mientras sus pasos los llevaban inexorablemente hacia la entrada de la mina, el lugar donde continuarían su investigación—. ¿Entramos como si fuéramos los dueños del lugar, o buscamos alguna forma más sutil de infiltrarnos? Y si encontramos al pirata o a más de los suyos, ¿los capturamos o matamos?

Su tono reflejaba una mezcla de seriedad y estrategia, consciente de que el éxito de su misión dependía en gran medida de cómo manejaran su incursión en la mina.
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#3
Atributos Personaje


Aquel día que tuvieron de viaje en barco hasta el reino de Ilisia, Daryl procuró cruzarse lo menos posible con sus tres compañeros. Los motivos detrás de ignorar a Alzeid y esquivarlo eran evidentes. Con Ikirami, la ocasión simplemente no llegó a darse. Y con Irina... era mejor que dejasen correr un poco el tiempo. No era el día indicado para hablar. Daryl venía de no haber descansado prácticamente nada y de haber perdido los nervios otra vez, en su interior deseaba que el día terminase rápido de una vez por todas. Al día siguente las cosas se verían desde una perspectiva diferente, más sosegadas. Para su sorpresa, aquella noche pudo dormir bien.

Día 80...

Al día siguiente atracaron en la nueva isla. En la Ciudad de Akarui consiguieron información sobre unas personas sospechosas en la zona de la mina, a las afueras. Se llegó a la conclusión de que la mejor opción era esperar a que fuera de noche, para así entrar sin ser vistos y sin levantar sospechas. Durante las horas de espera, la mente de Daryl divagaba, imaginándose el momento de encontrar a aquel horroroso pirata y darle muerte con sus propias manos. Detestaba a los piratas, les guardaba una inquina especial, destacable por encima del resto de seres del mundo, y tras toda la tensión que llevaba acumulando en su cuerpo, sentía que dar muerte a aquel infraser sería su mayor medicina contra el estrés.

Se hizo de noche y emprendieron la marcha hacia las minas. Les esperaba un sendero, por suerte, no demasiado largo. La pradera silenciosa y oscura era tranquilizadora, a Daryl le encantaba pasar tiempo al aire libre, en la naturaleza, mucho más que estar en ciudades repletas de personas. Vestía algo diferente a como de costumbre, con unos pantalones de color marrón grisáceo, botas altas del mismo color, un cinturón ancho y una camiseta de tirantes de color marfil. Por encima llevaba capa, como siempre, aunque esta era un color más claro, y la llevaba ocultando solo su espalda en lugar de todo su cuerpo. En sus brazos al desnudo, a través de sus tonificados músculos, podían verse multitud de cicatrices, de todos los tamaños imaginables. Una venda blanca cubría la herida de la amputación de su brazo izquierdo, atándose alrededor del fornido bíceps, también se había vendado la mano derecha hasta la mitad del antebrazo. A su espalda, su espada esperaba con paciencia, pues sabía que esa noche iba a ser alimentada.

Los pasos de Daryl eran grandes y espaciados, por lo que caminaba el primero, por delante del resto de sus acompañantes. Ikirami fue la primera en romper el hielo entre el silencio, haciendo una serie de preguntas un poco al aire. — Primero en silencio, no sabemos cuantos serán, o si quizás tienen rehenes civiles o algo por el estilo. — Sus dudas eran obvias, y era mejor dejar ese tipo de cosas habladas antes de que la acción se diese lugar. — Y después... supongo que una buena marine como tú está en contra de matar, ¿no es así? — Sonrió, pero con cierta picaresca. Le gustaba burlarse de los marines, pues los consideraba claramente inferiores. Y a sus ojos, Ikirami parecía ciertamente repipi, lo que le daba la impresión de que seguramente no era de las que se ensuciaban las manos, no, parecía ser más la secretaria de algún mandamás. — Puedes dedicarte a mirar mientras yo los corto en dos. — La miró de reojo, detrás suya, con la sonrisa aún en sus labios.



Resumen

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#4
Atributos Personaje


Para su no sorpresa, esa noche no durmió bien. El viaje se hizo denso, pesado, el diablo en su cabeza le decía que era una inútil por no llevar a cabo una misión como esa, que ella, como líder indiscutible de cualquier grupo en el que estaba, era responsable. La realidad es que no tenía tal responsabilidad, era ella misma quien la introducía siempre en los packs. Una cruz en la que no gustaba de pensar. Tenía varias velas en su camarote, ellas iluminarían una sección de flagelaciones duras durante dos horas. Irina se golpearía la espalda con severidad expiando sus debilidades. Después tendría cuatro horas más de rezos, colocada frente a la pared, de rodillas. Era el pago. Todo por culpa de aquellos inútiles.

Una vez en el  Reino de Ilisia ~
Imagen de como va vestida Irina


Irina no haría ni un interrogatorio. Dejó que fueran sus compañeros quienes hicieran ese trabajo al día siguiente, ella tan solo viajaba en pos de enterarse de qué hacían, como y por qué. Simplemente buscaba estar informada de primera mano. Fue apuntando en su mente cada detalle, nada pasaba inadvertido para la mente de la Volkov.
—  Mientras lo hagas sin llamar la atención. —  Respondió sin ser preguntada la pelirroja al comentario de Daryl. Irina vestía completamente de negro, salvo por una camisa blanca que dejaba a relucir su corbata, también negra. Portaba una chaqueta de piel sobre los hombros, las uñas también pintadas de negro, los labios de rojo, el cabello recogido en una coleta ... Y como si pareciera sacada de un videojuego de terror, sus ojos iluminaban lo que tenía delante, cuál escena de Silent Hill. Lo cierto es que los momentos en los que la noche caía, la mirada de Irina se intensificaba. Si siempre notabas que te miraba hasta el alma, de noche esto era mucho peor.

La agente del gobierno cesó su paso. —  Escucho algo. —  Comenzó a mirar alrededor. ¿Les habían visto? ¿otra vez se podría ir a al garete la misión? - Y una mierda - Pensó. El cuerpo de Irina cambiaba, su piel se volvía algo más viscosa, aunque su transformación se detendría y retrocedería justo antes de llevar a cabo la acción. —  Mejor encárgate tú, Daryl, que tienes ganas de menear la colita. —  Retrocedió varios pasos. Ese día Irina estaba reflexiva, cuanto menos por sus propios actos. Eran un grupo relativamente grande, ya habría tiempo de tomar el liderazgo cuando Daryl la cagara. Otra vez.

karmas y resumen
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#5
Atributos Personaje

 
Antes de la misión, en la taberna…
 
El grupo de Cipher Pol había abandonado aquel con un cierto sentimiento de rabia e impotencia, aunque cada integrante por una razón diferente. En el caso de Alzeid, por no haber podido ejecutar sus acciones con la reciente integrante, Ikirami, como requería la situación y como quería. Con una sensación de vergüenza y desconcierto por las acciones de Daryl, ahora mismo sólo se estaba centrando en la misión y en cómo jugar con las cartas de las que disponía para devolvérsela de alguna manera. De forma que su alma se resintiese por el resto de su vida. La emoción por este nuevo objetivo, si podemos denominarlo de esta manera, provocó que las cuchillas de sus manos actuaran de forma inconsciente y le provocase un pequeño regato de sangre en la mano derecha. Lejos de incomodarse, este hecho le excitó lo suficiente como para lamer su mano de forma felina y maníaca, generando expectación en las personas que se cruzaban en su camino. Con esta vorágine emocional, era imposible dirigirse a una misión. – Irina. – Miró hacia ella, pero sin darse la vuelta. – Nos vemos en el barco. – Continuó. Abandonó el grupo para hacer una pequeña parada antes… en una pequeña tienda local.
 
Ya tenía localizado el lugar pues lo había frecuentado en los últimos días en Ohara, pero nunca había entrado porque disponía de otros medios para disfrutar de nuevos conjuntos. Como el hurto a amantes temporales de una noche. Nada más entrar, echó un vistazo rápido y probó diferentes conjuntos, hasta elegir el mejor de todos. – Con este arrasaré, no tengo ninguna duda. – Mencionó, mientras daba vueltas sobre sí mismo mirándose al espejo. – Me llevaré este y le dejo esto por si quiere utilizarlos como trapos o cualquier otra cosa. – Dejó un par de recambios de ropa en la mesa de la dependienta. Era la ropa que había robado en un piso y su vestimenta actual. Esta nueva etapa requería nuevos vestidos. Empoderado y ya con sus ansias emocionales calmadas, Alzeid comenzó a dirigirse hacia el puerto, donde estaría el resto del grupo esperando por él. Al llegar, no hizo ningún comentario. Simplemente se subió a bordo del navío y, en un ejercicio visual, intentó identificar algunas víctimas que pudiesen ser dignas de su presencia. – Que empiece la caza. – Se mordió el labio.
 
Outfit

 
A diabolic waltz, banda sonora de la entrada de Alzeid en el navío y de sus bailes.
 
Al subir aquellas escaleras de madera, visiblemente gastadas, observó cómo en la cubierta había un gran número de personas esperando porque el navío zarpase cuanto antes. Algunas de ellas estaban dialogando con sus compañeros, otras estaban inmersas en sus pensamientos mirando el horizonte y un pequeño porcentaje se encontraba disfrutando de buenas bebidas en la barra central. Ese era el grupo de Alzeid, personas jóvenes que, aparentemente, estaban disfrutando de su soledad pero que tan sólo estaban esperando el mejor momento para sacar sus colmillos ante una presa. Se sentó al lado de un joven de cabellos dorados, con un par de pendientes de zafiro, y con una vestimenta propia para poder ser compañía de Alzeid. – ¿Le invito a una copa, señor? – Sonrió. Quizá fue su mirada, su sonrisa o la personalidad que mostraba en contextos sociales, lo que hizo que aquel joven sintiese una atracción especial como para no dudar ni un solo segundo en aceptar aquella propuesta. Una propuesta envenenada. Entre una y otra copa, el alcohol había causado un cierto impacto en la víctima del agente, que lo invitó a bailar al centro de la pista, justo enfrente de la barra central. Alzeid no dudó ni un solo segundo en seguir sus pasos, pues un artista de la música nunca podría negarse a una invitación a un baile. Agarrados, comenzaron a danzar en la pista, de manera sincronizada y armoniosa, como si el joven de cabellos dorados también tuviese un don para las artes. - ¿Acaso sabes bailar? – Preguntó Alzeid, sorprendido. - ¿Por quién me tomas? Esta melodía… la creé yo. – Le apretó más fuerte y comenzó a guiar el cuerpo de Alzeid como si fuese su marioneta. Era un compañero de baile perfecto, pero… a la mañana siguiente habría desaparecido. ¿Qué habrá pasado? Con una cierta sensación de resaca, a pesar de que no había bebido alcohol ninguno, Alzeid se levantó de una cama desconocida y se dirigió a su habitación para comenzar su rutina de ‘skincare’ habitual y prepararse para la ocasión. – Allá vamos. – Murmuraba mientras pasaba la barra de cacao por sus labios. – A ser el mejor agente del mundo. – Se guiñó el ojo a sí mismo, mirándose en el espejo del baño. Y abandonó el camarote y el barco. Era la 01:00 pm.
 
En el muelle estaría el resto del grupo, esperando a ser completado, y juntos realizaron una inspección del lugar para comprobar si había algún barco atracado que encajase con la información que había recibido del Cipher Pol. Pero no parecía haber ningún barco que se adecuase a lo que estaban buscando, por lo que abandonaron el muelle para continuar con este ejercicio recopilatorio en otro lugar. Hacía una temperatura magnífica para Alzeid, por lo que soltó su melena para que la brisa del viento le diese un toque de frescor al rostro. Aunque la temperatura no era muy elevada, el haber estado caminando tanto tiempo había cansado al peliblanco, por lo que buscó esta manera de refrescarse. Con el paso del tiempo llegarían a la Ciudad Akarui, un lugar que resaltaba por combinar a la perfección las zonas construidas con espacios verdes, habiendo varios parques y zonas naturales que conectaban unas calles con otras. – Quizá para buscar información es mejor que nos separemos, ¿no? – No esperó ninguna respuesta y comenzó a caminar sin rumbo alguno, pero con el objetivo bastante claro: buscar información sobre Glatus y sus negocios. La mayoría de las personas no tenían ningún tipo de información al respecto, ni tampoco de acontecimientos que se escapasen de lo normal. Era difícil que algún civil conociese hablar de ‘Glatus’ o de algunos piratas que trabajaban en el mercado negro, por lo que las preguntas de Alzeid eran mucho más generales. – ¿Ha escuchado usted algún rumor sobre fechorías en la zona? ¿Ha sido conocedora de algún acto delictivo? ¿Cuáles son los negocios más relevantes de este lugar? ¿Dan mucho dinero? – Algunas personas, lejos de responder a las preguntas que se realizaban, intentaron coquetear con Alzeid de la manera que fuese. Mujeres, hombres, personas no binarias. Pero él ya estaba satisfecho y ninguna de esas personas podrían saciar su alma en aquellos momentos, así que, por primera vez, se ciñó al objetivo de la misión. – Disculpe, pero si no quiere que su alma pida auxilio en diferentes idiomas, es mejor que deje de intentar obtener aquello que está fuera de su alcance. – En tono jocoso y sintiéndose superior a cualquier de ellos, Alzeid zanjaba la conversación de cualquier manera, pero ninguna de forma adecuada y respetuosa.
 
La noche había llegado y el grupo se había reunido en el centro de la ciudad, donde habían acordado previamente. Aunque no tenían información precisa y concisa, los rumores sobre acontecimientos extraños en la mina eran los que más se habían repetido entre los civiles interrogados. Así que el destino estaba claro: las minas de Ilisia. Eran las 10:00 pm, apenas había un par de personas caminando por las calles, seguramente porque habían terminado su horario laboral, por lo que era el tiempo perfecto para realizar una misión sin levantar sospechas. Así lo habían acordado nada más llegar a la isla. Aunque a Alzeid esto le daba igual, lo cierto es como agente del Cipher Pol la discreción debería ser un pilar fundamental de sus actuaciones. Todavía le quedaba mucho para aprender esto, pero creedme, lo intentaba.
 
De camino hacia las minas, Ikirami había consultado cuál sería el plan, proponiendo entrar de forma sigilosa o todo lo contrario. La respuesta de Alzeid era evidente desde el principio. – ¿Infiltrarnos? – Replicó. Ignoró por completo las palabra de Daryl. – Podría hacerlo… – Sonrió. Lo volvió a ignorar. – Al fin y al cabo, entré por mi capacidad para el espionaje. – Guiño un ojo a Ikirami. ¿Quién estaba hablando por detrás de él? – Después entraremos y haremos que sus almas pidan a gritos salir de aquel lugar. – Se llevó uno de los dedos a la boca, extendiendo el cacao que tenía en los labios. – Pero, antes de nada… debemos tener en cuenta que no todos nos podemos infiltrar. – Se paró en seco. Miro hacia Irina. – Escucho unos pasos bastante grandes detrás nuestra... – Se dio la vuelta para comprobar quién los estaba siguiendo. ¿Habían sido descubiertos antes de comenzar con la misión? Esto sólo mejoraría y facilitaría las cosas. Alzeid se había percatado que Irina también se había dado cuenta. – Tan perspicaz como siempre, señora Irina. – Guiñó un ojo, mientras esperaba que el ser inferior denominado 'Daryl' se dirigiese hacia el origen de los grandes pasos. Le señaló el camino con su dedo índice.
 
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#6
Atributos Personaje


Es sol acariciaba el horizonte, debían ser cerca de las nueve. Jude salía de su camarote, se acababa de dar un baño y se había preparado para la misión, traje, camisa, corbata y zapatos negros, quería ir lo más discreta posible y que mejor color que el de la oscuridad para salir a cazar de noche. Iba a estrenar su nueva colección de joyas y Lucy reflejaba los últimos rayos de luz atada a su espalda. 

Se encendió un cigarrillo y bordeó la ciudad por callejuelas de la periferia para terminar saliendo de la urbe y dirigirse hacia la mina. Solo había recabado información de una fuente, la primera que se había encontrado. Eso no era muy profesional por su parte, pero la juventud aun iba a perdurar un tiempo en ella haciéndole cometer más errores, ya se verá si la suerte la sigue acompañando como esta segunda misión.

El paseo duró casi una hora, no tenía prisa, confiaba en si misma y en la información obtenida. De paso la noche se cerraba más, todo parecía en orden para la joven. Estaba calmada y emocionada al mismo tiempo, le encantaba su trabajo. La carretera se había ensanchado un poco tras varios cruces de camino y los árboles también, además de haber aumentado su densidad en número. Ya estaba cerca por los carteles que había pasado, cuando olfateo un rastro curioso, embaucador. Se mezclaban varios olores a cual más intrigante, cinco en total. Aceleró un poco el pasó por la emoción, quizás eran sus objetivos y olían a peligro, uno de sus olores favoritos.
No tardo en divisar cuatro siluetas a lo lejos, en el camino. Su altura era una ventaja en estos casos, y una desventaja a la vez por su dificultad para pasar desapercibida, pero ya estaba acostumbrada a eso, ella iba de frente siempre. Que remedio.

Dos chicas bellísimas, un varón alto (para ser humano) y... ¿Otra chica u otro chico? A Jude le olía ambas cosas, se había extrañado de solo encontrar a cuatro, llegó a pensar que uno de los cinco que había intuido se hallaba oculto, pero ere ser desprendía dos olores, incluso más pero dos muy evidentes. "Que grupo tan curioso, huelen demasiado bien para ser piratas". Se acercó a ellos acelerando el paso. - ¡Ey! ¿Alguno de vosotros es Clapus piel...? ¡Diablos! ¿De que puto color tiene el malnacido ese la piel? - Se metió la mano en el bolsillo para sacar un papel que leyó en voz alta. - Glatus piel azul, coño ya. - Se volvió a guardar la hoja en su pantalón y miró fijamente a los cuatro esperando respuesta. - No parecéis demasiado idiotas pero, ¿sois o no sois los piratas a los que busco? ¿Dónde está Cra...? ¡EL PUTO PIRATA DE PIEL VERDE! 

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#7
Sea por capricho del destino o por mera casualidad, la semigigante encontró a otro grupo de agentes del Cipher Pol realizando la misma misión, que le habían encomendado, y siguiendo justamente las mismas pistas que ella disponía. Aunque eso no lo sabíais ninguno, aún. Los tres agentes y la marine seguían caminando, aún sin otear la entrada a la mina al horizonte, hasta que sintieron la presencia de Jude. ¿Buscarían una alianza dado su meta en común? ¿O sus complicadas personalidades les llevarían a iniciar un conflicto?


Mientras tanto, en la entrada de la Mina Ilisia

- Shh, ¿has escuchado algo, pazguato? – Unos metros y metros más adelante del grupo protagónico, casi a las puertas de la mina a la que ponían destino, dos figuras vigilaban que nadie interfiriera en sus planes. Una de ellas, Sadine, con una excepcional capacidad auditiva, aunque ininteligibles, había escuchado los gritos de la colosa en la lejanía.- Sa-sadine… Sa-sabes perfectamente que no tengo tan buen oído como tú, ¡y-y deja de llamarme pazguato! – Su compañero, Marvin estaba hecho un manojo de nervios. A pesar de su cuerpo hérculeo y de mayor tamaño para ser humano, era una persona de voluntad débil y llena de cobardía, justamente lo contrario que la chica que le acompañaba. Quizás por eso mismo, habían sido designados ambos para hacer guardia. Sadine, a paso lento y con su brazo izquierdo apoyado sobre su katana, situada en el lado izquierdo de su cintura, comenzó a alejarse de la entrada a la mina, dirigiéndose hacia la fuente del ruido.- Andando, tarugo, me da que vamos a tener que volver a espantar a algunos civiles chismosos.- La noche anterior, varios ciudadanos se acercaron a curiosear tras atisbar a varias figuras sospechosas entrando. Si no fuera por Marvin, Sadine los habría aniquilado a todos. Lo que era sorprendente es que, tras eso, ningún marine se acercará a comprobar la situación. Si es que eran inútiles hasta para eso. - Ayyyy, y-ya voy, ya voy ¡puedes dejar de insultarme! Jopée – Corría el chico de pelo turquesa hasta que alcanzó a la morena de larga coleta. Su misión era simple, espantar a las moscas y que nadie husmeará.

La luz lunar que bañaba a aquella pradera granítica se vio interrumpida por las nubes que danzaban por el cielo. Esto ocasionó que a todos les fuera difícil ver más allá de 10 metros, sin ningún artefacto lumínico. Desafortunadamente, para los miembros del Cipher Pol y la marine, la luz de la ciudad a sus espaldas y el tamaño colosal de Jude hizo que la pareja que estaba protegiendo la mina, se diera cuenta de su presencia, estando a 20 metros del grupo, a unos 23 de Jude, y a 260 metros de la mina. Marvin, al ver la figura ensombrecida de la semigigante, acojonado le propinó varios codazos con su siniestra a Sadine como toque de atención.-  Sa-Sadine, mira allí.- Señalaba con el índice de su mano derecha a la silueta de 9 metros de alto.- ¿Qu-qué es eso? ¡¡E-es enorme!! – Marvin, que hasta entonces estaba procurando hablar en voz baja, no pudo evitar soltar un grito de terror. Sadine chasqueó la lengua. Por culpa de su compañero seguramente se habrían dado cuenta de su presencia, perdiendo su posible ventaja en caso de que se diera una batalla. La mujer se acercó al grupo mientras, las nubes que ocultaban la luna, se iban apartando. La luz del satélite volvió a inundar la pradera, dejando al descubierto el aspecto de Sadine, destacando su gran coleta alta que le llegaba hasta la cintura y su pañuelo con patrones de dientes de tiburón, que le tapaban todo el rostro salvo sus afilados ojos de color carmesí. La corpulenta y musculosa figura, de 2,3 m de Marvin también quedó al descubierto por la luminosidad. Su cabello tazón de color turquesa llamaba demasiado la atención si su objetivo era pasar desapercibidos.

Habiendo avanzado Sadine otros 10 metros, se paró frente a vosotros. Marvin, por otro lado, disimuladamente, como un cachorro escondiéndose detrás de su madre, se quedó 5 metros por detrás de su compañera. Lo cierto es que, por su aspecto, a Sadine no le parecían civiles corrientes y molientes, ¿quién narices se da un paseo a las 10:00 de la noche vestido con tal elegancia? Sobre todo, le preocupaba el hombre fornido y la grandullona, en caso de pelea podían ponerles las cosas difíciles. - ¡Vosotros! No se os ha perdido nada por aquí, así que largo y dad media vuelta, ¿estamos?  - Advertía a sus intrusos, frundiendo el ceño, mientras apartaba su brazo izquierdo del mango de su katana, dejándolo libre para empuñarlo con su diestra, pero sin llegar a desenvainarla. Debía intimidarlos si quería cumplir la misión que le había encomendado, y si hacían preguntas o proseguían su marcha, no dudaría en matarlos. Marvin, mientras tanto, no paraba de morderse los dedos de las manos, esperaba con todo su corazón que Sadine no cometiera ninguna masacre.

RESUMEN DEL TURNO

ACLARACIONES

PERSONAJES

INFO NARRADOR
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#8
En medio de la pradera granítica, bajo el manto de la noche salpicada por nubes que jugueteaban con la luz de la luna, el grupo llegó a un consenso. Era esencial mantenerse sigilosos, aprovechando las sombras para infiltrarse con astucia. En ese instante, Alzeid reveló con una voz baja y confiada que era bueno en el espionaje y que “entró” por esa razón.

Mientras se ocultaban en la oscuridad, un pensamiento inquietante comenzó a rondar:“¿Dónde se supone que entró Alzeid? Y, por como actúan, puedo casi confirmar que no son Marines. Entonces, ¿de qué se supone que son agentes?” Las dudas comenzaron a aflorar, sembrando incertidumbre sobre su decisión de unirse a estos misteriosos desconocidos. Aunque ansiaba escapar de la monotonía de misiones menores y había manipulado astutamente a sus superiores para ser enviada a Ohara, temía que un fracaso la devolviera a su rutina aburrida.

-¿Así que entraste por ser buen espía? Supongo que sabes aprovechar bien tu aspecto, debes dejarlos a todos atónitos. -preguntó a Alzeid, con una mezcla de curiosidad y admiración, devolviéndole el guiño que él le había lanzado previamente.


Entonces, Daryl se mofó de ella ligeramente, dando por sentado que era una buena marine y que estaba en contra de matar, invitándola a observar mientras él se encargaba. Ella, cambiando su expresión a una más seria y oscura, lo confrontó con una mirada intensa y firme.

-Los piratas son una plaga para nuestro mundo. Permitirles vivir solo aumenta el riesgo de que sigan causando daño -Desvió la mirada, recordando por un momento cosas en las que prefería no pensar, recuerdos dolorosos-. No, no me opongo a ello. No merecen mi compasión.

De repente, Irina y Alzeid, casi al unísono, alertaron sobre pasos aproximándose. A través de la penumbra nocturna, sólo podían distinguir vagamente más allá de unos metros, pero una figura imponente emergía, acercándose a ellos. ¿Era posible? ¿Una mujer de casi 10 metros de altura? Su rostro y figura eran de una perfección deslumbrante, vestida con una elegancia rara vez vista (excepto en el caso de Alzeid, claro está). Pero su tamaño gigantesco y su inesperada aparición al final de su camino generaron dudas. ¿Era acaso una enemiga, seguidora de Glatus? ¿Les habían detectado?

Ikirami, sin perder tiempo, extrajo sus guantes de la bolsa y se los puso, preparándose mental y físicamente para el enfrentamiento que parecía inminente. La gigante, con una voz potente que cortaba la quietud de la noche, les interrogó, casi exigiendo, si eran aliados de Clapus, o "crapus" o algo así. Obviamente, se refería a Glatus de piel azul, aunque su recuerdo parecía algo difuso. Lo peor era que su voz elevada ponía en peligro su discreción, especialmente estando tan cerca de la mina.

-No, no somos ese pirata ni estamos con él. ¿Pero puedes bajar un poco la voz? -su tono era educado, pero sus ojos permanecían atentos y cautelosos ante cualquier movimiento brusco de la gigante.

Mientras retrocedía hacia su grupo, una duda cruzó su mente. "¿Será esta mujer una cazarecompensas?" La observó detenidamente, pensando en las posibles consecuencias de su intervención. "Parece que medio West Blue está tras ese desgraciado. Maldición, al menos espero obtener algo de crédito." Su preocupación creció ante la posibilidad de que la gigante hubiera alertado a los piratas en la mina. "Si es así, nuestro plan de infiltración sigilosa está arruinado."

Como respondiendo a sus temores, una nueva voz irrumpió en la escena, llena de pánico ante la visión de la gigante. Ikirami se volteó rápidamente hacia la mina, de donde provenía el grito. La luz lunar, ahora más clara, reveló a dos figuras: una mujer de pelo oscuro recogido en una coleta y un pañuelo con dientes de tiburón cubriéndole el rostro. Estaba armada, con una espada colgando de su cintura izquierda, claramente visible y en una postura que sugería estar lista para usarla. A pocos metros detrás, un hombre alto de pelo turquesa, cuyo aspecto era notablemente poco agraciado, vestía solo una camiseta de tirantes rosa y calzoncillos. El hombre, adornado con nudilleras, parecía intimidado por la presencia de la gigante.

La mujer armada avanzó hacia ellos, instándolos a retirarse, alegando que no tenían nada que hacer allí. "Genial, ya nos han descubierto y aún no hemos alcanzado nuestro objetivo", pensó Ikirami. ¿Quiénes eran estos individuos? Si la información era correcta, podrían ser parte de la banda de Glatus. Aun así, su insistencia en hacerlos marchar era sospechosa, ya que no debería haber nadie en la mina a esas horas.

Si hubiera estado sola, probablemente no la habrían detectado. Además, habría podido inventar alguna excusa para evadir la situación. Pero la reacción de sus compañeros era una incógnita. Descartando otras opciones, concluyó que la confrontación era inevitable. Tendrían que evitar que alertaran a los demás y, si sobrevivían, podrían extraer información. Solo esperaba que la gigante no resultara ser otra enemiga.

Ikirami comenzó a caminar hacia la mujer armada, con pasos deliberadamente inestables, imitando a alguien ebrio.

-Uy, uy, looo siento, hip, estamos buscando un claro preciosooo... hip Dicen que es un lugar ideal para ver laaas estrellas... ¿No es por aquiií?

Cuando se encontró a solo tres metros de distancia, Ikirami se abalanzó con velocidad hacia la mujer, propinándole un puñetazo certero en la nariz con su mano izquierda y agarrando su muñeca con fuerza con su mano derecha, impidiendo que desenfundara su espada.


Resumen


Ataque


Karmas
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#9
Atributos Personaje


Alzeid demostró de nuevo querer estar en todas las sopas, lo que desesperaba a Irina, era un perfil de personaje que no casaba con ella, por lo menos aún. Ser incontrolable, como en su momento lo fue Daryl para la pelirroja, era un defecto que poder pulir, la diferencia es que con Daryl tuvo que obligarse, con Alzeid no tenía por qué.
—  Yo no entré por ser perspicaz, agente Alzeid. Entré porque reúno todas las condiciones necesarias para no necesitar ayuda de nadie. —  No gesticuló, tan solo lo enfocó con sus ojos. Volvía a llevar una indumentaria extravagante, algo completamente distante de la imagen de alguien especialista en el espionaje. Mentía y no era la primera mentira que cazaba Irina de Alzeid. Sin embargo, sí demostró tener un instinto para ciertas cosas, como la propia Irina. Ambos se percataron de que algo venía y ese algo resultó ser un maldito gigante. Un gigante, que a cada paso hacía levantar la tierra. —  Esto es probablemente lo menos “silencioso” que he presenciado en mi vida. —  Lanzó el chascarrillo. Pocas veces se la podría ver a Irina soltar una broma, pero es que la situación era tan irreal que lo ameritaba. Es decir, hacer todo un papelón para pasar desapercibido, buscas todo el día información que detalle en que lugar estará el enemigo, te centras, vistes en consecuencia, vas sigilosamente y cuando estás cerca, aparece un monstruo que con solo respirar despertaría a la mismísima bella durmiente. Si nadie veía fallas en lo que estaba pasando, tenía un problema. Sin embargo Irina se estaba proponiendo estar en un segundo plano, que Daryl se encargara a ver si había aprendido algo estos años de ella.

Mencionó al objetivo. Aquello hizo pensar a la agente. - ¿Conoce la misión? ¿como ella? - Centró ambos ojos en Ikirami. - ¿Aliadas quizás? - Todo comenzó a oler a chamusquina. — ¿Le parecen normal esta casualidad, agente Alzeid? —  Irina daría varios pasos hacia atrás, colocando sus brazos en una ligera posición defensiva. Las ideas en la mente de la Volkov volaban, ordenándose en sintonía con las necesidades. Reducir a Ikirami, todo apuntaba a que era compañera de la gigante, podían ser aliadas y por defecto, enemigas. Daría un pequeño paso hacia ella, con determinación, pero la mujer comenzó a hablar. Respondía a dos más que aparecieron entre la negrura. Irina rápidamente miró hacia ellos. Qué despistada había sido. No darse cuenta. La hembra no tardó en saber quienes eran, tenía los informes de toda la banda del pirata al que buscaban desde hacía semanas, de hecho, Daryl y ella eran el principal equipo de la misión, pues fueron los primeros a los que se les dio el encargo. — Daryl, conmigo. —  El cuerpo de Irina cambiaría. Comenzó a correr a una velocidad endiablada. Lo haría en forma de medialuna, apartándose de la escena de la compañera marine, la cual atacó sin mucho miramiento después de intentar engañar a su presa. Le hizo gracia a una Irina que en plena carrera iba transformándose, tomando tamaño y aspecto cada vez más tétrico. El objetivo sería el hombre de gran físico. — ¡Agente Alzeid! —  La voz de Irina no era la misma, era mucho más profunda, rota, greusa, como la de un animal que no debería existir. —¡Soporte! —  Dijo con fuerza. Tenían la ventaja del número, aparentemente, debían aprovecharlo.

Irina no esperó a que Daryl se movilizara, tan solo leyó que el hombre le haría caso, avanzando instintivamente hacia el objetivo más lejano. Mientras Ikirami entretenía a su objetivo, ellos se encargarían rápido del otro. Una vez cerca del tipo, Irina se lanzaría al combate. —  Michelangelo ... —  Susurró la agente del gobierno, intentando golpear la pierna derecha del tipo.

Resumen+ataque
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#10
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Continuaban su camino, Daryl ignorando lo muchísimo que buscaba Alzeid llamar la atención, centrándose más en sus otras dos compañeras. La respuesta de Ikirami le sorprendió, hablaba de los piratas con una inquina y un odio que era casi familiar. Él también les guardaba un rencor especial. Parecía que después de todo, tenían algo en común. — Hm. Lo entiendo. — Reconocía rápidamente el dolor cuando se hablaba desde él. Así que decidió no continuar con el tema. Tampoco pudo, pues Irina anunció que había escuchado algo. Daryl se fiaba del oído de la pelirroja, pues era bastante mejor que el suyo, o quizás era porque Daryl no solía prestar atención a ese tipo de cosas, en general. La cuestión era que algo se aproximaba a ellos. Notó que Irina había empezado su transformación, sin embargo, rápidamente la cortó. Había decidido dejarle toda la tarea a él, con un rintintín propio de ella. ¿Cuánto tiempo le duraría el enfado? El tema empezaba a hartarle. Suspiró y agarró su espada, mientras se daba la media vuelta, buscando el origen del sonido. Al final cualquier excusa esa buena para cargarle a él el trabajo pesado.

Y todos lo encontraron a la vez. Era una mujer gigante, rondaría los nueve o diez metros. Estaba muy bien vestida, lo que lo volvía todo incluso más extraño y llamativo. No se esperó la bromita de Irina, pero hasta ella tenía sentido del humor. Uno muy escondido, pero lo tenía. La cuestión es que el plan de pasar desapercibidos y en silencio había sido anulado por completo, después de los gritos que soltó la gigante sería imposible, echando por tierra el cuidado que habían tenido hasta ese momento. Seguía con el arma en la mano, pero no la alzó, no parecía ser una amenaza... al menos de momento, pues también iba en busca de su mismo objetivo, "¿pero cuánta gente busca a esa escoria?". Solía dejar que Irina manejara estas situaciones, se le daba mejor, y así luego no podía echarle la culpa a él si algo salía mal. Aunque el puzzle no dejaba de complicarse, porque ahora aparecían dos nuevas figuras en escena, en el camino que ellos deberían seguir para llegar a la mina.

Tanto él como Irina les reconocieron al momento. Eran piratas de la banda de Glatus, lo sabían porque habían recibido informes completos de los miembros de aquella tripulación hacía ya unos días. Daryl sonrió al escuchar la órden de la pelirroja. Su compañera inició la carrera por el flanco derecho, haciendo una curvatura para esquivar a la pirata que estaba delante y dirigirse hacia el objetivo de detrás. Daryl reaccionó rápido e hizo lo mismo, pero en el flanco contrario. Observó en mitad del camino como Irina se estaba transformando, él se aferró a su espada, preparado para atacar sin mediar siquiera palabra. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, como si de una coreografía se tratara, ambos agentes atacaron a la vez. Irina dirigió su golpe a la pierna del rival, y él lanzó un tajo con su espada a la altura del pecho. No, no existía la piedad cuando se trataba de piratas.



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