[Presente Absoluto - Evento Local] Una visita inesperada
#1
Día 62 de Otoño, Año 17.
Mar del nuevo Nuevo Mundo.
Rumbo al Reino Mogaro, 11:11 hrs.
 


 
La mañana encontraba al Yoru's Paradox navegando sobre las aguas del Nuevo Mundo, la cubierta ajetreada con el ir y venir de las tropas preparando los cañones. El cielo llevaba horas encapotado, con nubes bajas que teñían el horizonte de gris. En medio de ese panorama, un majestuoso galeón cortaba las olas del Nuevo Mundo; su casco rojo intenso absorbía la poca luz que se filtraba entre las nubes, haciendo que los ornamentos dorados que recubrían su estructura destellaran de forma intermitente mientras que las velas blancas, completamente desplegadas en sus tres mástiles, capturaban cada ráfaga disponible haciendo que avanzara a buen ritmo con el mascarón de proa en forma de cabeza de gato dorado abriéndose paso.
 
La tripulación del Yoru’s Paradox se ve derribada en la cubierta del galeón tras el primer golpe al barco el cual llego sin aviso alguno desde el fondo marino. Una masa de agua se eleva por el costado de estribor con la fuerza de una catapulta y, antes de que los marineros apostados en cubierta puedan reaccionar, una mole de proporciones descomunales golpea el casco con un impacto sordo que hace vibrar hasta el último tablón del navío haciendo surgir de las profundidades a un Rey Marino, una criatura de más de ochenta metros de longitud cuya cabeza dentada asoma por encima de la borda. Sus escamas multicolores están cubiertas de percebes y cicatrices antiguas que obtuvo tras salir victorioso de innumerables batallas contra otros Reyes Marinos y un sin número de desafortunados navíos que habían luchado con uñas y dientes por su vida, pero sucumbido ante el imponente poder del Rey Marino cuyas proporciones son tales que el ojo que asoma sobre la cubierta tiene el tamaño de una de las velas del galeón que observa con atenta mirada.
 
Las órdenes se suceden sin pausa y los cañones escupen fuego y metralla en una descarga coordinada que llena el aire de pólvora y humo, con varios proyectiles impactando directamente contra el cuello y el flanco de la bestia, arrancando escamas y abriendo viejas heridas de las que mana una sangre oscura y espesa mientras que los soldados de cubierta descargan sus armas apuntando a los ojos de la bestia, a las comisuras de la mandíbula, y a cualquier otro punto blando que pueden acertar. El Rey Marino, sin embargo, no se inmuta. Ni siquiera parpadea ante la andanada que cae sobre él, abriendo la boca y dejando caer sobre la cubierta una cortina de baba y agua de mar que derriba a varios hombres de sus posiciones antes de que rodee parcialmente el casco por proa con su cuerpo amenazando con volcar el galeón entero y dejando al mascarón dorado a centímetros de las fauces de la bestia.
 
Los tripulantes del Yoru’s Paradox gritan desesperados y desesperanzados ante la mirada de la propia muerte que les abre las puertas de la siguiente vida, si es que existe alguna, invitándoles a unírsele en aquel reino desconocido. Es entonces cuando uno de los oficiales se gira hacia la popa, donde Alhen Geouis observa la escena apoyado en la barandilla con el abanico abierto sobre su rostro tapándole desde la nariz hasta la barbilla, con los ojos grises hundidos bajo la sombra del sombrero a rayas blancas y verdes siguiendo el movimiento del animal con una calma que resulta exasperante para el resto de la tripulación dada la situación. No obstante, Alhen no es un monstruo despiadado que busque torturar a su tripulación. Simplemente es alguien que le gusta tomarse un tiempo para evaluar la situación antes de tomar cualquier acción. Tras decidir actuar, cierra el abanico de tela el cual se quiebra ante la fuerza empleada, y desciende los peldaños que separan la zona de popa de la cubierta principal sin apresurarse, sorteando con pasos cortos seguido del inconfundible repiqueteo de sus sandalias de madera, deteniéndose en la amura de estribor a cuatro metros escasos de donde el cuello de la criatura roza la madera. Llevando su mano derecha al costado izquierdo de su cintura, la Princesa Carmesí abandona su vaina con un sonido limpio en un susurro metálico que se impone un instante sobre el estruendo del caos, con la hoja recta de acero ennegrecido sin reflejar nada y la guarda dorada captando un destello fugaz antes de que aquel hombre flexione ligeramente las rodillas.
 
“¡CANTA PRINCESA CARMESÍ!”
 
Lo que sigue ocurre en un instante que la tripulación tardará años en olvidar, si es que tan siquiera alguno lo logra, pues ninguno de ellos había visto jamás a un hombre plantarse ante un Rey Marino con la misma tranquilidad con la que se planta uno ante una hoguera a calentarse las manos. Un solo paso adelante, el brazo describiendo un arco diagonal desde el hombro izquierdo hasta la cadera derecha y la hoja de la Princesa Carmesí trazando ese mismo recorrido a través del cuello de la bestia con una potencia que hace temblar el aire a su alrededor. El Rey Marino, aquella criatura que había sobrevivido a innumerables batallas y que no había parpadeado ante la andanada de cañones, no emite sonido alguno ante aquel golpe que le arrebata la vida de un tajo certero haciendo que su cuerpo comience a hundirse lentamente bajo la línea de flotación arrastrando consigo una nube de sangre oscura que tiñe el agua a su alrededor durante varios minutos. Alhen envaina la Princesa Carmesí, saca un nuevo abanico de su capa y regresa hacia la popa con el mismo ritmo pausado con el que había bajado. Las horas que siguen transcurren sin incidentes sobre un mar que parece haber decidido mostrar su cara más amable tras el encontronazo de la mañana, con el cielo despejándose parcialmente y dejando caer una luz oblicua y amarillenta sobre las velas blancas mientras la tripulación repara los desperfectos del casco.
 
Cuando las siluetas de las montañas de Mogaro aparecen en el horizonte el sol lleva ya un buen rato descendiendo hacia el oeste, pintando el cielo de tonos cobrizos que contrastan con el rojo del casco del galeón mientras la isla crece a medida que el barco se aproxima revelando primero las líneas de su costa y después las luces de Kamome, que desde el mar parecen pequeñas pero numerosas. El puerto de la capital recibe al Yoru's Paradox con el movimiento habitual de cualquier muelle al caer la tarde, con marineros recogiendo redes, comerciantes cerrando sus puestos y un par de guardias de turno que levantan la vista al ver aparecer el casco rojo del galeón. Tras atracar el barco, los soldados reciben ordenes de esperar en el galeón y no desembarcar lo cual aceptan sin alboroto gracias al reciente respeto que encontraron en aquella figura que fungía de líder y navegante. Feliz con el cumplimiento de sus órdenes, Alhen desciende detrás de ellos con el abanico cerrado en la mano izquierda, las sandalias de madera anunciando cada paso sobre los tablones del muelle, hasta detenerse frente a uno de los guardias y hablarles en un tono de voz alegre – “Buenas tardes, ¿alguno de ustedes seria tan amable de llevarme con Kisuke Kageyama?” – abriendo el abanico y agitándolo sobre el costado izquierdo de su cara para luego añadir – “Ha llegado la hora de rendir cuentas a la Revolución.”
 

 
Invasión

Navegación

Ejercito

Inventario
  Responder
#2
¿Cuánto tiempo había pasado ya desde su llegada a Mogaro? La pregunta asaltó la cabeza del panda repentinamente, interrumpiendo su lectura momentáneamente. Las palabras del antiguo manuscrito que sostenía entre sus manos dejaron de circular por su mirada, que se quedó vacía unos instantes mientras se dedicaba por entero a este último pensamiento. Los cálculos mentales se sucedieron como a quien se le ha olvidado el cumpleaños de un amigo cercano. Celebraron el Día de la Liberación el 41 de primavera, hacía ya dos estaciones y algo más de 20 días. No faltaba tanto tiempo para la llevada del segundo aniversario de la liberación de la isla. También hacía un tiempo que no veía a Kisuke, que últimamente estaba muy liado con la gestión de los edificios de la isla y del personal. Don Bambú se encerraba habitualmente a leer en la biblioteca del antiguo palacio real, que estaba sorprendentemente dotada. De sus viejos libros había extraído información muy valiosa, como una serie de relevantes conocimientos sobre la historia del mundo e incluso había encontrado textos que hablaban de algo tan misterioso como era el haki.

Definitivamente, había aprendido mucho.

Pero había sido también un año y medio muy pacífico, demasiado. Salvando los ocasionales entrenamientos con su comandante, el cuerpo de Bambú casi nunca llegaba a estar cerca de su límite como lo había estado en pasados enfrentamientos. El paradero de Kovashi continuaba siendo un misterio, y eso que Don Bambú estaba pendiente de los periódicos. Suspiró sonoramente en la estancia vacía en la que se encontraba. Rara vez había gente frecuentando la biblioteca con él, quizás por respeto a su enorme figura o tal vez porque daba un poco de miedo estar cerca de un mink de aspecto tan amenazante, por muy bondadoso que fuera. Cerró el libro con cuidado, dejando un marcapáginas de papel en la hoja en la que se había quedado y se levantó apartando la silla hacia atrás. Miró por la ventana sin excesivo ánimo. La luz del sol se filtraba ya por las ventanas orientales e iluminaban las partículas de polvo que flotaban en el denso aire de la biblioteca. No le venía mal algo de aire al local, aunque dejar las puertas abiertas implicaba un cierto riesgo si de repente empezaba a llover. Aun así, le apetecía estirar las piernas, así que abrió una de las ventanas y apoyó su pierna izquierda sobre el alféizar, aspirando un poco de aire fresco. Al lado de la ventana descansaba, apoyada contra la pared, Preypiercer. Don Bambú la recogió y se la enganchó a la espalda sin mayor ceremonia. En la distancia, bordeando la costa oeste de la isla, podían apreciarse las casas del Pueblo Bayo. Oscuros puntos rodeados de la luz del sol que ya se escondía en el horizonte. —Veamos... —Con sorprendente agilidad para un mink de su tamaño, Don Bambú sacó las manos por la ventana y, sujetándose a las rocosas paredes con sus uñas, salió por la ventana y empezó a trepar hasta lo alto de la torre donde se encontraba el local de la biblioteca. Desde allí, más o menos a una altura de 25 metros, podía ver con toda claridad el puerto de la capital. —Cielos —Allí en la distancia, brillando con un rojo intenso en contraste con su trío de blancas velas, un galeón de proporciones colosales descansaba en el puerto. ¿Qué debería hacer en una situación así? Claramente un navío de tales proporciones no pertenecía a un cualquiera, pero no se le ocurría a quién podía pertenecer semejante barco. No obstante, por lo menos debería echar un ojo.

Sin pensárselo dos veces, Don Bambú cogió un poco de carrerilla hasta el borde de la torre y haciendo que el suelo se tambalease a sus pies, pegó un salto tal que sobrepasó las murallas del castillo y aterrizó en plena calle principal de Kamome, levantando una pequeña humareda que, al disiparse, desveló un pequeño cráter donde antes había aterrizado un panda. Bambú ya se encontraba dirigiéndose a paso ligero hasta el puerto de la ciudad.

Datos
  Responder
#3


Kisuke suspiró sacando un cigarrillo y prendiéndolo con la mirada fija en los papeles que tenía ante si. Miró a su derecha y vio la fecha en la que se encontraban. Se rascó la cabeza y frunció el ceño algo contrariado. Y tras esto, se levantó y salió del despacho y del lugar para dar un paseo hasta su taberna favorita en la que cenar algo, y quizá, tomar alguna jarrita de cerveza.

"Estoy hasta los huevos de la burocracia...."

Demasiado tiempo... Llevaban allí demasiado tiempo y la reestructuración y reparación del reino estaba llevando a cabo más tiempo del que el propio Kisuke había previsto en su día. Tras derrocar al régimen tiránico y servil del Gobierno Mundial, habían decidido quedarse allí hasta que las cosas se normalizasen. Con lo que no contaba el antiguo pescador era que las cosas de palacio van despacio, y más cuando hay temas burocráticos de permisos y demás historias en un reino sufriendo una transición política, económica y social. Aquellas circunstancias hacían que todo fuese incluso más lento de lo que ya era de por sí el proceso de todo lo que habían planificado con los habitantes y líderes de la sociedad de Mogaro en su día.

"Pandita debe odiarme... le tengo aquí sin hacer nada... con lo que le gusta a él darse de tortas... y ni tiempo para eso tengo ya..."

No obstante, Kisuke era totalmente consciente que tarde o temprano tendrían que movilizarse. Aunque Mogaro fuese un reino pequeño, el propio Comandante de los Ejércitos del Oeste tenía varios enemigos que estaban deseando echarle el guante y el antiguo pescador no quería que los lugareños, a los que había ido cogiendo afecto y cariño durante el tiempo que había pasado allí, se viesen involucrados en sus cuitas personales, véase gente como el lunático de Ashura o el infame cazarrecompensas convertido hacía un tiempo en Shichibukai Viktor Evans, el hombre que le había robado parte de si mismo y misteriosamente se la había devuelto justo antes de que llegasen a Mogaro. Había muchísimas cosas que no comprendía del comportamiento de aquel tipo, pero estaba claro que él deseaba que cruzasen espadas algún día, cuando fuesen los más poderosos. Kisuke sabía que tarde o temprano llegaría ese día, y era otra de las razones que le frustraba la lentitud con la que avanzaba todo allí. Sentía que se estaba oxidando y quedando atrás frente a sus rivales, por lo que tendría que ponerse en marcha de nuevo más pronto que tarde.

"No podemos quedarnos mucho más aquí... si no al final o me come Panda por aburrimiento, o viene el loco de Ashura y destruye todo lo que hemos construido...."

La anaranjada luz del crepúsculo bañaba las calles que iba transitando sumido en sus pensamientos, y saludaba con un gesto de la mano a toda la gente que se iba cruzando. Fue entonces, cuando al doblar una calle cercana al puerto pudo ver el velamen y los mástiles de un colosal galeón que parecía arder bajo las luces del atardecer. Frunció el ceño con preocupación puesto que aquello no era algo previsto. Los nuevos miembros del gobierno ciudadano no habían comunicado nada a Kisuke de visitas oficiales ni nada por el estilo así que aquello podría tratarse de una invasión. Sin pensárselo dos veces, echó a correr hacia el puerto mientras expandía su haki de visión básico en un radio de 50 metros. No quería sorpresas.

"Espero que Panda este en camino también..."

Cuando llegó al puerto, tuvo que detenerse y contener la respiración ante la magnificencia del barco que allí estaba atracado, echando a andar lentamente hacia allí. Era un enorme galeón rojizo con un mascarón de proa con la efigie de un gato dorado. Tres colosales mástiles sujetaban los enormes velámenes que propulsaban al barco y que estaban siendo recogidos y amarrados en aquellos instantes, mientras pudo ver con su aguda vista desde la lejanía, puesto que se encontraba aún a unos 50 metros, que bajaba por la pasarela, un hombre con un atuendo extraño. Al entrar dentro de su radio de visión del kenbunshoku, pudo percibir que aquel tipo no era un cualquiera, era extremadamente poderoso, al menos bastante más que él, pero no percibía intenciones hostiles del mismo. Estaba ya a unos 20 metros de donde se encontraba el recién llegado y alcanzó a escuchar como preguntaba a los guardias, que iban a interceptarle para saber que intenciones traía, si podían llevarle ante el propio Kisuke. Este avanzó otros cinco metros y sacó otro cigarro que prendió mientras miraba al extraño hombre y le dijo con su cortesía habitual, cruzando los brazos ante su pecho:

-Lo más normal es que quien viene de fuera se presente primero antes, tío del gorro raro... Yo soy Kisuke Kageyama, ¿quien eres tú, si puede saberse?¿Qué asuntos tienes conmigo?

A pesar de intentar ser lo más diplomático posible, aquella característica suya no había cambiado en absoluto. ¿Qué buscaba aquel extraño?¿Que harían él y Panda si traía consigo intenciones hostiles realmente? Aunque el haki le decía que no había de que preocuparse, ¿estaba seguro que aquel tipo tan poderoso no era capaz de engañar su percepción? El antiguo pescador no podía saberlo, por lo que se limitó a esperar que el recién llegado contestase su pregunta

Información
  Responder
#4
Desde la borda del Yoru's Paradox, recortada contra el casco rojo del galeón que ardía bajo los últimos rayos del atardecer, una silueta negra y pequeña se asomó perezosamente sobre la barandilla antes de acomodarse en ella con la indiferencia característica de quien considera que el mundo entero existe únicamente para su comodidad. Yoru, la fiel acompañante de Alhen, parpadeó una vez hacia el puerto, evaluó la situación con pereza felina, bostezo mientras veía los movimientos de Alhen, se recostó sobre la barandilla observando todo con curiosidad sin moverse de ese sitio.
 
El puerto de Kamome a aquella hora era todo lo contrario al hervidero de movimiento que era por la mañana. Una docena de marineros recogían redes y amarraban embarcaciones que parecían de juguete a lado del Yoru’s Paradox a unos 20 metros a la izquierda del muelle principal, mientras que tres comerciantes cerraban sus puestos al fondo, enrollando lonas y contando el dinero del día con la cabeza gacha inconscientes del cambio radical que iba a tener la isla. Los dos guardias que habían interceptado a Alhen momentos antes permanecían a unos 8 metros a su derecha, en silencio, sin apartarse del todo pero sin intervenir. Tras preguntar por Kisuke Kageyama, el mismo fue invocado como por arte de magia; Alhen observó al hombre que se aproximaba desde los 15 metros que los separaban quien no era nada difícil de identificar con sus dos metros de complexión poderosa, la katana al cinto, el cigarro balanceándose en el labio inferior con esa cadencia particular de quien lleva años fumando mientras piensa. Lo estudió desde detrás del abanico abierto sobre su rostro, con los ojos grises recorriéndole de arriba abajo sin prisa, evaluando cada detalle con la misma calma que le caracterizaba. Cuando Kisuke llegó a estar a 20 metros avanzó 10 metros con las sandalias de madera repiqueteando sobre los tablones húmedos del muelle en cada zancada, un sonido que en el relativo silencio del puerto resultaba más presente de lo que cabría esperar de un hombre de su complexión, se detuvo a 5 metros del Comandante del Oeste, se quitó el sombrero a rayas con la mano izquierda dejando al descubierto por un instante los pequeños picos capilares rematados en esfera que caracterizaban a su raza, y realizó una inclinación breve, con la espalda completamente recta y los ojos grises sin abandonar en ningún momento los del interlocutor – “Alhen Geouis, una de las manos de Elisabeth D. Kaiten, la criminal más buscada del mundo y líder de la Revolución.” – dijo con voz serena – “He venido personalmente a Mogaro a ver qué es lo que han avanzado los nuestros tras la conquista de la isla, Comandante Kageyama.” – Se incorporó y volvió a colocarse el sombrero con parsimonia antes de añadir – “No esperaba tener que presentarme.” – escondiendo una picara sonrisa tras su abanico.
 
[Imagen: lsogytW.png]
 
El silencio que siguió a aquellas palabras duró apenas un instante antes de que el murmullo se extendiera por el muelle como una ola. Los marineros que recogían redes detuvieron sus manos y se miraron entre sí sin disimulo. Uno de los comerciantes al fondo se quedó inmóvil con la lona a medio bajar, con los ojos fijos en aquel hombre de sombrero a rayas que acababa de presentarse como la segunda figura más poderosa de la Revolución. Los dos guardias intercambiaron una mirada rápida y ninguno de los dos dijo nada, aunque uno de ellos dio medio paso involuntario hacia atrás. Nadie en el puerto de Kamome esperaba encontrarse aquella tarde con semejante visita, y el ambiente lo dejaba claro sin que nadie tuviera que decirlo en voz alta. Alhen agitó el abanico lentamente sobre el costado izquierdo de su cara, dejando que el momento respirara. Sus ojos grises se desviaron entonces hacia el cigarro que colgaba de los labios del comandante y lo siguieron durante un segundo con una mirada evaluadora para, finalmente, sacar uno propio del interior de su capa y sosteniéndolo entre los dedos con naturalidad – “¿Me das chispa compañero?” – dijo mientras avanzaba los cinco metros que le separaban de Kisuke hasta quedar a medio metro del pelinegro.
 

 
Resumen

Invasión

Ejercito
  Responder
#5
Don Bambú recorrió a toda velocidad el camino que separaba los muros del castillo del puerto donde acababa de atracar el enorme galeón de colores extraños que el panda no llegaba a distinguir muy bien. La gente hacía lo posible por apartarse de su camino, pero iba tan deprisa que la mayoría ni siquiera lograban percibirle y Max se afanaba en evitarlos a toda costa para no hacerles daño. No quería ni pensar en lo que le pasaría a una persona normal de chocar frontalmente contra su cuerpo. Probablemente tardaría toda la noche en limpiar el estropicio. Con previsión de encontrarse con multitud de personajes de variados niveles de fuerza, Don Bambú extendió su percepción extrasensorial en un radio de 50 metros de distancia. Minúsculos puntos de luz brillaron en su mente donde había ciudadanos de la República de Mogaro dedicándose a lo suyo o mirando el galeón desde la distancia. Conforme el panda se acercaba pudo ir apreciando cada vez mejor la calidad de los materiales de los que estaba hecho ese barco. Como carpintero nunca se podría ver en la situación de realizar una obra maestra tal. Quizás debería dedicarle más tiempo al asunto en lugar de estudiar sobre el haki, pero a veces es difícil saber qué es más importante...

En el puerto había poca gente ya. Únicamente quedaban, actualmente paralizados ante la magnificencia del navío que se había parado delante de ellos, los pescadores que recogían y guardaban las redes que habían empleado por la mañana y un conglomerado de anodinos personajes portuarios. Además de estas personas, Kisuke ya estaba presente en el lugar. El gruñón comandante, haciendo honor a su título, se había presentado en el lugar a toda velocidad para ver qué estaba pasando. Era un orgullo para el panda poder contar con tan eficiente líder y tener el privilegio de estar bajo su mando directo. Apenas a medio metro de él había un personaje curioso. A simple vista se trataba de un hombre. Llevaba un sombrero y ropajes cómodos, salvando quizás unas horrorosas chanclas de madera que parecían increíblemente incómodas. En cuanto esta persona estuvo en el radio de su Kenbunshoku los sentidos del panda le enviaron un electroshock por toda la columna vertebral. Su nivel de poder estaba por las nubes. Apretó los dientes mientras aceleraba el ritmo y pegaba un salto al final de su carrera para aterrizar a dos metros por detrás de Kisuke por su lado derecho. Si esta persona era un enemigo de la Revolución, Don Bambú haría todo lo posible por detenerla.

Sin embargo sus emociones no denotaban agresividad alguna. Su aspecto... ¿Debería resultarle familiar? A su alrededor brillaban decenas de puntos de tenue luz que manifestaban cierta sorpresa. Sin embargo, estaba tan pegado a Kisuke pidiéndole algo que no le podía ver bien la cara. Se relajó ligeramente al comprobar que no había hostilidad alguna en el ambiente, pero se concentró más en su Kenbunshoku, reduciendo su radio a 10 metros de distancia, para asegurarse de que no le pasaba nada a su Comandante. —Buenas tardes. Mi nombre es Max D. Bambú, mariscal de la Revolución. —No ocultaría su identidad en terreno revolucionario. Si esa persona tenía algún problema con ello tendría que manifestarlo. Tampoco añadió pregunta alguna, porque supuso que Kisuke ya haría las pertinentes en calidad de comandante. Él sólo estaba ahí para apoyar.

Datos
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12348 + 0 = 12348
Energia: 8545 + 0 = 8545
Espiritu: 3260 - 135 = 3125
#6


Era su superior directo. Debería haberlo imaginado, aunque no se había parado a mirar tampoco si el barco ostentaba bandera alguna. No cabía duda de que no mentía, su haki de visión le gritaba que ese hombre era muy muy poderoso y estaba siendo sincero. Aquel hombre era una de las dos personas de máxima confianza de la líder de la Armada Revolucionaria. Y sin duda ese hombre parecía ser totalmente digno de ostentar el honor de operar bajo su mando directo. Tenía una calma y una parsimonia que le resultaban inverosímiles al antiguo pescador, siempre tan activo, nervioso e incluso a veces, impaciente.

"¿Que se supone que le diga yo ahora a este tio...?

Noto como Panda llegaba y se presentaba, manteniéndose detrás de él. Kisuke sonrió mentalmente ante lo protocolario que era el mink y lo mucho que respetaba las jerarquías dentro de la Armada. Era algo que a él no le importaba mucho, pero dada su posición actual, al menos, había que guardar ciertas apariencias. Y, como era habitual, se maldijo a si mismo por llamar a su superior directo "tío del gorro raro".

"¿En qué coño estabas pensando, lanzacañas? Si llega a ser alguien con malas pulgas te habría dado chuleta..."

Lo cierto es que, la transición política no había sido mucho problema. Todo el mundo en la isla había apoyado la instauración de un régimen republicano democrático. Pero estas cosas al final llevan su tiempo y antes de darse cuenta, un año había pasado desde la desaparición del anterior régimen hasta la formación del nuevo gobierno. Y, después de eso, todos los trámites burocráticos para realizar y llevar a cabo el plan de reactivación económica de la isla, garantizando los derechos y la igualdad social, para terminar con las mejoras que había propuesto el Comandante del Ejército del Oeste de la Armada Revolucionaria. Se rascó la cabeza tratando de poner en orden sus pensamientos para responder a la Mano.

-El placer es mío señor Geouis-hizo el protocolario y reglamentario saludo de la Armada cuando este se acercó a pedirle fuego para su cigarrillo.-Me gustaría decir que todo marcha bien, y, aunque no es mentira que las cosas están marchando bien, eso no quiere decir que el proceso no sea lento, señor.

Hizo una breve pausa, en lo que le tendía un encendedor a su superior y así aprovechar el breve lapso de tiempo en tratar de recordar bien lo que estaba proyectado y en proceso de llevarse a cabo, para no dejarse nada en el tintero.

-Tras ayudar y colaborar con los ciudadanos para que llevasen a cabo una transición adecuada hacia un estado republicano democrático, se nos pidió consejo con algunas de las mejoras que podrían llevar a la reactivación y mejora de la economía local.

Sobre todo quería dejar claro a su superior que no habían tratado de ejercer ningún tipo de influencia en la formación del gobierno ni de imponer ningún tipo de medida. Ellos solo habían ido allí a liberar a los ciudadanos de la tiranía que los tenía bajo su yugo, y las buenas gentes de la isla, les habían pedio ayuda y consejo, al menos hasta que todo estuviese normalizado. Kisuke siguió con su exposición de la manera más sintética que fue capaz.

-Sugerimos la construcción y mejora de varios elementos estratégicos económicos basados en los recursos naturales de la propia isla, que darían trabajo y beneficios a muchas de las personas del estado. Así mismo, solicitamos la posibilidad de crear un complejo militar para la Armada Revolucionaria y tenerlo como una base de acuartelamiento de nuestros hombres, así como de defensa del propio Estado de Mogaro.

Kisuke frunció el ceño un tanto contrariado. Cabía la posibilidad que se hubiese extralimitado de sus funciones y no sabía como se iba a tomar aquello aquel enigmático hombre que parecía irradiar paz y tranquilidad. El antiguo pescador sabía bien que "la ira más temida es la del hombre sereno". Así que trato de lanzar una disculpa preventiva.

-No se si me habré excedido de mis funciones, señor. Si es así le ruego me disculpe, pero quiero dejar claro que hemos hecho todo esto por el bien de las gentes de esta isla en primera instancia, y para beneficio de la Armada Revolucionaria, después.

Kisuke hizo una ligera reverencia hacia su superior a modo de disculpa. No sabía, ni era capaz de adivinar como encajaría aquel informe la Mano, pero solo cabía esperar a la respuesta del misterioso hombre.

Información
  Responder
#7
Alhen aceptó el encendedor con un gesto de la cabeza y lo acercó al cigarro con su mano derecha, protegiéndose la llama del viento del puerto con la palma de la mano izquierda antes de dar una primera calada larga y pausada. Cerró los ojos un instante disfrutando de la sensación que le recorría todo el cuerpo. Había algo en ese primer contacto con la nicotina tras horas de navegación que ninguna otra sensación era capaz de replicar, un calor que bajaba despacio por la garganta y se expandía por el pecho como quien tomaba un trago largo de cerveza helada luego de un arduo día de trabajo bajo el sol. Le devolvió el encendedor a Kisuke sin prisa, sosteniendo el humo de la primera calada unos segundos más para luego dejarlo salir en una exhalación de aire que anunciaba un placer que solo se obtiene tras calmar el vicio. Mientras esto sucedía, el suelo del muelle tembló levemente bajo sus pies pues, a dos metros por detrás de Kisuke, una mole de pelaje blanco y negro aterrizó haciendo crujir la madera del muelle como quien se queja de soportar un embate más pesado de lo que puede cargar. Varios de los marineros que recogían redes a 20 metros a su izquierda pegaron un respingo y uno de ellos estuvo a punto de caerse al agua. En la borda del Yoru's Paradox, Yoru abrió los ojos de golpe, erizó el pelaje, lanzó un bufido en dirección al mink panda para luego desaparecer hacia el interior del barco con una actitud de indignación y ofensa exagerada.
 
 
Alhen, sin embargo, no le dio importancia ni a Yoru ni a los marineros pues se encontraba absorto en la felicidad que le recorría – y carcomía – los pulmones, pero, consciente de la llegada del mink panda, a quien esperaba llegara eventualmente pues había leído los informes de liberación del Reino Mogaro, dio dos pasos hacia su izquierda hasta quedar a dos metros y medio tanto de Kisuke como de Bambú, donde los tres podían verse bien las caras. Sostuvo el cigarro entre los dedos de la mano derecha, se llevó ambas manos a la altura de la frente con los pulgares apoyados sobre ella y movió los dedos de abajo a arriba mientras sacaba la lengua en el saludo reglamentario de la Armada Revolucionaria, dirigiéndolo a ambos hombres por igual antes de recuperar el cigarro y dar otra calada. Escuchó el informe de Kisuke con los ojos fijos en él, sin interrumpirle, más absorto en disfrutar del cigarro que en escuchar el informe, dando caladas al cigarro de forma pausada mientras el comandante desgranaba uno a uno los avances de la transición política, los proyectos económicos y la propuesta del complejo militar, hasta la disculpa preventiva con la que cerró su exposición. 

Alhen dejó que el silencio respirara un par de segundos antes de responder, con el humo aun saliendo despacio de entre sus labios, aunque lo que dijo no tenía relación con el informe de Kisuke – “Una vez conocí a alguien del Reino Shishano que solía decir que después de un taco, un buen tabaco” – exclamó con reminiscencia, agitando el abanico sobre el costado izquierdo de su cara esparciendo el aroma a tabaco que de él se desprendía por todo el puerto – “La burocracia es el taco, Comandante Kageyama. Y lo que viene después es esto.” – dijo levantando levemente el cigarro casi consumido en su totalidad – “Lo han hecho bien.” – guardó el abanico y dejó que la mirada recorriera el puerto un instante, tomando nota de los marineros que seguían mirando de reojo y de los comerciantes que habían abandonado cualquier pretensión de fingir estar ocupados – “He venido a revolucionar la causa.” – dijo mientras volvía su cabeza en dirección a Kisuke y luego a Bambú, abriendo el abanico y sosteniéndolo frente a su cara con una mirada pícara asomando por encima – “¿Tienen algún lugar privado donde podamos continuar esta conversación?”
 

 
Resumen

Invasión

Ejercito
  Responder
#8
Desde su perspectiva, Kisuke estaba algo tenso. Evidentemente se dio cuenta de que el panda había hecho acto de presencia. La verdad es que no era difícil darse cuenta. Hasta los marineros que estaban a lo suyo recogiendo redes se dieron cuenta y alguno de ellos casi se cae al agua del temblor. Pensó en disculparse, pero el sujeto que acompañaba a su comandante le llamaba demasiado la atención. Todavía no podía verle bien la cara desde donde estaba, pero podía escuchar lo que le decía Kisuke. Le llamó señor Geouis. ¿De qué le sonaba ese nombre? Sin duda lo conocía de algo. Las alarmas internas saltaron cuando Kisuke realizó el protocolario saludo revolucionario con ambas manos a los laterales de la cabeza e indudablemente la lengua fuera de la boca, aunque por su posición no pudiera verlo directamente. Aquel individuo era alguien importante en el Ejército. La deferencia con la cual Kisuke se expresaba daba a entender que era su superior. Ahora bien. Había pocos superiores por encima de su comandante ya. Únicamente las dos manos del Ejército y, por encima de ellas, el Comandante Supremo de la Revolución. El misterioso sujeto se apartó del samurái y se colocó de tal forma que guardó la misma distancia tanto con el panda como con el comandante. Fue entonces cuando Don Bambú pudo apreciar bien las facciones de la persona que tenía ante él. Era un hombre de estatura media para los humanos. El pelo que asomaba por debajo de su curioso gorro era de un color pálido indistinguible para los defectuosos ojos del panda y su rostro le resultaba ligeramente conocido. Cuando Geouis hizo el saludo revolucionario, Don Bambú respondió instantáneamente, como si de un resorte se tratara, con la misma deferencia marcial. Guardó silencio mientras su superior contaba con todo lujo de detalles cómo habían sido las gestiones en la isla tras su liberación de las monárquicas y apestosas manos de su viejo rey. Ligeramente nervioso ante lo que tenía delante de él, el panda empezó a sudar un poco. No le resultó difícil atar cabos. Ya le sonaba de algo el nombre de Geouis, pero ahora que lo ponía en su contexto se dio cuenta de que estaba ni más ni menos que ante una de las manos de la Revolución.

Si se hubiera podido cuadrar más, lo habrían confundido con uno de los cubos de Kovashi.

Su rigidez era envidiable, casi como si hubiera activado el Ryū no uroko, técnica de la que solía hacer gala Zorak en sus tiempos y que el panda todavía no había dominado. Le faltaba tanto por aprender... Kisuke hizo una exposición envidiable de la situación, una vez más demostrando por qué era él el Comandante de los Ejércitos del Oeste. Sin él a cargo de la operativa la República de Mogaro seguiría sometida bajo el yugo de la monarquía absolutista. A pesar de los evidentes logros de su revolucionaria gestión, Kisuke se disculpaba ante la Mano por si nuestra labor fuera si acaso insuficiente. Podría haber derramado alguna lágrima ante semejante modestia, pero había que guardar las formas delante de los superiores.

Cuando le tocó el turno a Alhen de hablar lo hizo sin prisa alguna, dejando que el humo del tabaco se dispersase a escasos centímetros de sus labios entreabiertos. La sabiduría proverbial de la Mano precedió al elogio, que si bien modesto, para el panda cargaba mucho significado. Su corazón empezó a latir desenfrenado por la emoción ante la idea de "revolucionar la causa". Un poco de acción, se decía el panda en silencio. Por fin algo de aventura para terminar con la monotonía que les venía acosando desde hacía casi dos años. Sólo faltaba una cosa: encontrar un lugar privado en la isla donde conversar. Y por una vez esta empresa no sería difícil, porque para algo eran los gestores de la misma en nombre del Ejército. —El castillo tiene estancias de sobra para este tipo de conversaciones, señor. No tardaríamos mucho en llegar. —Habló por fin, contento por poder aportar algo, aunque fuera poco a la conversación.

Datos
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12348 + 0 = 12348
Energia: 8545 + 0 = 8545
Espiritu: 3125 - 35 = 3090
#9


Sin duda alguna, aquel tipo era todo lo opuesto a Kisuke en muchos sentidos. El antiguo pescador solía hacer gala de un pragmatismo y una optimización del tiempo que en numerosas ocasiones rayaba en la impaciencia, lo cual contrastaba totalmente con la calma y parsimonia que estaba demostrando la mano de la Armada Revolucionaria.

"Recuerda tu posición, lanzacañas... no seas impaciente..."

Con la llegada de Panda, los lugareños y trabajadores que había en las proximidades parecían haber perdido las ganas de disimular haciendo con que estaban ocupados y los miraban atentamente sin reparo alguno, curiosos ante la extraña escena que estaba teniendo lugar en aquel muelle. No podía culparles, no obstante, porque ¿quien iba a imaginar que tres altos rangos de la Armada Revolucionaria, dos hombres y un mink oso panda, iban a estar en el puerto de un pequeño estado como Mogaro haciéndose gestos extraños y teniendo una conversación cuanto menos ininteligible?

-Comprendo... ciertamente, el taco se ha hecho largo y pesado.

Kisuke se destensó lentamente, escuchando al bueno de Alhen, y comprendiendo que estaba satisfecho con el trabajo que habían estado realizando allí en aquel lugar del Nuevo Mundo. No obstante el críptico mensaje que dijo a continuación le dejó descolocado, con lo que, aunque ya no estaba tenso, le hizo fruncir el ceño trabajando mentalmente en tratar de descifrar las palabras de su interlocutor.

-Disculpe, señor, ¿revolucionar la causa? ¿A qué se refiere?

Y ahí estaba. El lado impaciente de Kisuke salió a relucir una vez más, aunque más que una exigencia o una imposición, era como una pregunta de un niño que quiere saber porqué el cielo se ve azul, llena de curiosidad y con deseos de desentrañar los misterios que se ocultaban en esas cosas. Panda sugirió ir al castillo, y el Comandante del Ejército del Oeste reprimió una sonrisa. Suponía que para Panda, con su extrema lealtad y rigidez ante los protocolos militares, consideraría una deshonra cualquier otro que no fuese el castillo para tener aquella reunión con la Mano de la Armada Revolucionaria.

-Buena idea, Panda... El mejor lugar para mantener una conversación de este calibre es el castillo, así que si gusta en seguirnos, iremos hacia allá de inmediato...

Estaba ansioso por saber que era lo que tenía que decir Alhen, pero si era algo que requería de cierta intimidad, debía de tratarse de algún asunto urgente y secreto de la Armada, con lo que sería mejor estar en un ambiente más resguardado, lejos de miradas y oídos indiscretos. Tras invitar al recién llegado a seguirle, Kisuke se dio la vuelta y echó a caminar hacia el castillo, deseoso de escuchar y comprender lo que quería aquel extraño y misterioso hombre.

Información
  Responder
#10
Alhen respondió a la pregunta de Kisuke con la misma sonrisa pícara que había asomado por encima del abanico momentos antes, dejando caer el cigarro casi consumido al suelo y aplastándolo con la sandalia de madera. Antes de echar a caminar se giró hacia el Yoru's Paradox y elevó la voz sin llegar a gritar – “Bajen todos y formen.” – su voz era transportada por el viento del puerto sin dificultad hasta la cubierta del galeón como lo son capaz de hacer aquellas personas que viven del teatro o de cantar ópera, aunque no fuera el caso específico de Alhen – “Traigan eso consigo y bájenlo con cuidado.” – ordeno luego de ver a sus tropas empezar a desembarcar mientras apuntaba hacia el galeón con el abanico ahora cerrado. Los soldados comenzaron a descender por la pasarela en orden, tomando posiciones en el muelle mientras un grupo de cuatro de ellos bajaba con una caja entre los cuatro. En la barandilla, Yoru observó el desembarco con esa expresión de superioridad felina que le caracterizaba, y, tras un momento, descendió también por la pasarela con paso silencioso quedando 5 metros por detrás de Alhen como si aquella hubiera sido siempre su posición en la formación.
 
Alhen metió la mano en su capa y sacó tres cigarros, ofreciendo uno a Kisuke y otro a Bambú en camaradería, como quien comparte algo en la mesa después de cenar, antes de echar a caminar en dirección al castillo junto a los dos revolucionarios con las tropas siguiendo a diez metros y Yoru liderando la procesión cinco metros por detrás del trío. El repiqueteo de las sandalias sobre los adoquines de las calles de Kamome llenaba los silencios con una cadencia irregular mientras Alhen hablaba – “La respuesta a su pregunta la tendrá en el castillo, comandante Kageyama” – dijo, encendiendo su cigarro sin prisa – dio una calada larga y dejó que el humo se dispersara en el aire fresco de la tarde mientras la calle principal de Kamome se abría ante ellos. Los transeúntes que cruzaban su camino no tardaban en apartar la mirada del suelo para posarla sobre aquel trío que avanzaba a paso calmado entre el bullicio vespertino, atraídos primero por el repiqueteo de las sandalias, luego por el aroma a tabaco que Alhen dejaba flotando a su paso, y finalmente por las proporciones de la procesión de soldados liderados por un gato negro – “El viaje ha sido tranquilo en su mayor parte” – comenzó a contar sin que nadie se lo pidiera, agitando el abanico sobre el costado izquierdo de su cara – “salvando que Yoru decidió instalarse encima de los informes que debía leer durante antes de mi llegada y estropeo la mitad de ellos” –guardó el abanico en la manga de su capa y dio otra calada a su cigarro para seguir charlando – “también resultó que mis tropas no saben preparar un arroz decente, lo dejan chicloso, ¿pueden creer?” – les conto a Kisuke y a Bambú con un nivel de indignación tal que parecía que hacer arroz perfecto fuera lo mas importante del mundo – “y por si fuera poco, la lluvia me apagó cada cigarro que intente prender durante el camino hacia Mogaro” – levantó su cigarro encendido en la mano derecha para enfatizar – “Ah, y tuvimos que lidiar con un Rey Marino unas horas antes de llegar.” – lo mencionó como si lo que había hablado del arroz chicloso fuera más importante que matar a un rey del mar, sin detenerse ni variar el paso rumbo al castillo – “calculo media unos ochenta metros, se enredó en la proa y todos entraron en pánico ¿pueden creer?” – pregunto a Kisuke y Bambú viendo primero al comandante y luego al mink buscando una respuesta lógica ante la ilógica historia que estaba contando.
 
Las calles de Kamome fueron estrechándose conforme se alejaban del puerto y la arquitectura de piedra y madera blanca con tejados de azul marino los fue envolviendo a ambos lados, con vecinos que se asomaban a las ventanas atraídos por el inconfundible repiqueteo de las sandalias mezclado con el aroma a tabaco que se colaba por las rendijas hasta que llegaron a su destino. La muralla del castillo se alzaba varios metros por encima hacia el cielo y encerraba en su interior el que fuera el castillo real, con tejados en forma de pico que emergían por encima de la muralla. Las antorchas que flanqueaban la entrada principal ya ardían a aquella hora, proyectando una luz anaranjada sobre los guardias apostados a ambos lados del portón, quienes reconocieron a Kisuke y Bambú y abrieron paso al trío sin necesidad de que mediara palabra alguna. Las tropas se detuvieron en el exterior salvo por los cuatro soldados que cargaban la caja, quienes siguieron al trío al interior. Yoru cruzó el umbral detrás de Kisuke, Bambú y Alhen, olisqueó el aire del patio interior un instante y desapareció por uno de los pasillos laterales llevada por su curiosidad animal. El grupo atravesó los corredores de piedra del castillo hasta dar con una de las estancias libres. La sala era sencilla, con una mesa y dos sillones en el centro, lo suficientemente alejada para garantizar la privacidad requerida. Los cuatro soldados que cargaban la caja desde que bajaron del galeón la depositaron cerca de la mesa del centro y cerraron la puerta tras ellos al salir.
 
Alhen se acomodó en uno de los sillones, encendió un tercer cigarro, cruzó una pierna sobre la otra y apoyó el abanico cerrado sobre su rodilla mirando a Kisuke y a Bambú – “Bien” – dijo, con un tono de voz completamente diferente al que le habían escuchado durante todo el camino – “Ahora sí podemos hablar. Como os he dicho antes, estoy aquí por órdenes de arriba. Vuestra hazaña liberando Mogaro de las manos de ese tirano no ha pasado desapercibida, ni en nuestras filas ni en las filas del Gobierno Mundial.” – su voz era tan diferente que incluso su acento había cambiado, la pronunciación de las palabras, todo. Era otra persona completamente diferente la que hablaba a Kisuke y Bambú – “Nuestra amada comandante ha dado órdenes estrictas para, y cito sus palabras 'reforzar todas las victorias que conseguimos', y me ha dotado de fondos y recursos para que esto así sea. La Armada Revolucionaria por la liberación del pueblo ha podido crecer y expandirse lo suficiente como para poder comenzar a afectar al equilibrio del mundo realmente, y todos los pasos que demos son terreno que no podemos perder, pero hablaremos de eso después...” – sus manierismos, no obstante, eran los mismos pues el poder cambiar la voz no oculta los vicios o el olor de una persona. Alhen tomo una calada de su cigarro antes de seguir – “Sabemos las pérdidas que habéis soportado individualmente hasta acabar juntos, y las que habéis soportado conjuntamente desde que os habéis unido... Beto Matashita, Khruner, Nadja Alexeyeva, Zorak Ideale, Enma, Comilón Mcbacon y Oxxy Coony... son muchos nombres, es mucho sufrimiento. Habéis enterrado a muchos camaradas para llegar hasta aquí. Lo siento mucho.” – se quitó el sombrero tras decir estas palabras y agacho ligeramente la cabeza en señal de condolencia por todos aquellos compañeros que, de cierta forma, también lo eran de Alhen tanto como de Kisuke y Bambú y que la guerra les había arrebatado por el simple pecado de pelear por el bien mayor – “Pero lamento traer más malas noticias. Sabemos lo que ha pasado con Kovashi. Siento tener que darte esta noticia, Panda.” – expulso el humo que inundaba sus pulmones antes de revelar la desconcertante noticia a Bambú a quien ahora se refería como Panda en señal no de menosprecio, sino de camaradería. Después de unos segundos de tensión tan palpable que se podría cortar con un cuchillo, Alhen saco de su capa un papel que tenía enrollado y lo postró sobre la mesa que tenía en frente.

 [Imagen: EACdv4h.png]
 
“Tu antigua compañera Derya Thyr ha sido encontrada muerta en los barrios a las afueras del Reino Ryugu. Decapitada. Me ahorraré las fotos y los detalles... Nuestras fuentes confirman que Kovashi Shimatsu fue visto en el reino y fue la última persona con ella, así que deducimos que está acabando con los cabos sueltos que lo ataban a nuestra causa.” – por primera vez en todo el día Alhen había dejado de fumar, o al menos de hacerlo su prioridad y, observando la reacción de Bambú y Kisuke, le extendió al primero el cartel de su antigua compañera – “Hay que acabar con él de una vez, y he supuesto que querrías encargarte de esto personalmente, así que te facilitaré los detalles después de la reunión que nos atañe si aceptas la misión.” – tras lo cual, Alhen se acomodo su sombrero nuevamente sobre su cabeza para luego seguir dando mas detalles de la razón por la que había llegado a Mogaro sin permitir que Bambú respondiera.
 
“Como os decía antes, el motivo de mi visita aquí es cumplir la orden directa de afianzar vuestro triunfo. Vamos a inyectar capital, recursos y tropas a Mogaro para hacerlo un bastión seguro para la revolución y un lugar de libertad y prosperidad.” – y tras decir esta última palabra fingió esconder una sonrisa detrás del abanico que volvía a tomar con su mano izquierda – “Conmigo viajan algo más de ochenta decenas de hombres y mujeres leales y comprometidos con la causa que van a establecerse aquí, como parte del personal indispensable para la defensa, quedando a vuestro servicio y a órdenes directas de Kisuke desde este momento. Además, traemos con nosotros un tesoro de cien millones de berries, extraídos directamente de las arcas del Gobierno Mundial durante estos últimos meses por nuestro camarada Gol D. Ick, que va a ser puesto a vuestra disposición para construir el mayor astillero del Nuevo Mundo. Para esto, también mejoraremos a su máxima capacidad los recurso con los que cuenta Mogaro, y se os aportará un capital extra más adelante para poder pagar la manutención y necesidades de todos los camaradas que estén aquí con vosotros para ayudaros a hacer que todo en la isla funcione.” – Alhen se puso de pie de golpe haciendo que la capa verde oscuro ondeara tras él, dio dos pasos lentos hacia el centro de la habitación y se detuvo, señalando hacia el frente con el abanico apuntando hacia una ventana que miraba al horizonte – “¡La revolución va a empezar a desatarse por todo el mundo al mismo tiempo y ese será un incendio que el Gobierno Mundial no podrá apagar con nada! ¡Ya no estaremos más a la sombra! ¡Es momento de entablar una guerra directa contra los tiranos!”
 
Un viento entro por la ventana cercana a Alhen y extendió su capa por detrás del Skypiean y consumió su cigarro ligeramente quedándole la última calada – “Cuando dejemos todo atado aquí, antes de ir a hacer nada” – enfatizo, mirando a Bambú intensamente pues sabía perfectamente que el mink deseaba expresar su pensamiento – “tengo que informaros de que se va a realizar la Primera Asamblea de la Liberación, en Báltigo, dentro de treinta días exactos. Todos los comandantes, de los Blues y del Grand Line, están obligados a asistir. Las Manos estaremos allí también, y por supuesto, nuestra Suprema Comandante dirigirá la reunión en persona.” – dijo llevando la punta que quedaba de su cigarro a sus labios para absorber el último aliento de vida que le quedaba a aquel tabaco – “Esperamos también la asistencia de reclutas de todas partes del mundo, ya que vamos a habilitar barcos en todos los mares y corrientes para poder reunir a todos los posibles. Vamos a reorganizarnos, formar nuevas divisiones, reubicar fuerzas, establecer objetivos, y comenzar la guerra. Permaneceré con vosotros mientras tanto y zarparemos juntos.” – concluyó Alhen, exhalando el humo de aquella bocanada final mientras observaba como Kisuke y Bambú procesaban toda la información que les había soltado.
 

 
Resumen

Invasión

Ejercito

Edificaciones y Ejercito
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)