[Presente Absoluto - Aventura Tier 9] - Las segundas partes nunca fueran buenas
#61
Escenario de Helios y Overqwil

La información que iban obteniendo el dúo sacapuntas de la marina iba en crecimiento, teniendo cada vez más datos por parte del sheriff de Ciudad Escarlata, quién respondía a las preguntas del apuesto Helios.

Por su parte, la amabilidad y altruismo de Overqwil, dejándose llevar por su código como médico y, sobre todo, ante un civil que suplicaba su ayuda, el gyojin se dispuso a ayudar con su conocimiento y habilidad a un herido Pork, siendo testigos, cada uno de los presentes, como aquella persona de aspecto intimidante era capaz de curar con suma maestría las heridas del, hasta hace unos momentos, contendiente de Helios.

Conforme el curandero le aplicaba los primeros auxilios, el vaquero pelirrojo iba recobrando la conciencia, farfullando de dolor durante la cura y, sobre todo, mostrándose completamente desorientado.- ¡C-cariño! Confía en este buen señor-moo… El hará que te encuentres mejor. - Acariciaba Milka el pelo de Weston, quedándose hasta que el tratamiento terminó por completo, aconsejándole el pez globo con esteroides que no hiciera esfuerzos innecesarios.-  Ya has escuchado a este simpático y amable señor, ¡nada de suelos en una buena temporada! - Regañaba Milka al cowboy, aún algo desorientado, mientras la mink se levantaba cargando con él.-  No tengo palabras para expresar mi gratitud, de verás, gracias por todo. Si necesitáis algo más, estaré en la taberna. - Añadió, despidiéndose de todos y caminando hacia el inicio de la Avenida - en dirección contraria a la taberna, para dejar primero a su marido en reposo en su casa -, hasta perderse en la lejanía.

- Yo también le iré tirando a casa, forasteros, nyoho. - Dijo Billy, colocándose el sombrero y dándose la media vuelta.- Puede que el viejo Pork sea algo… Especial, pero no deja de ser mi amigo así que te estoy agradecido también, Overqwil. Hasta más ver - Asintió con su cabeza, subiendo por la avenida hasta llegar a la altura de la taberna y, acto seguido, girar hacia la izquierda, a una calle perpendicular a la avenida - la misma que tomaron Karglass y Viktor para seguir a Karabine, pero hacia el lado opuesto -.

Por su parte, Colt se quedó meditativo, observando como quedaban ellos tres y como, tanto Helios como Overqwil, parecían haber ganado más pistas sobre el paradero de Nimda.- Parece que poco a poco os acercáis a este fantasma que acecha en Risky Red… - Pronunció Colt, con cierto misticismo.- Quizás el destino quiere que sean unos forasteros los que acabéis con ese desquiciado. - Añadió, introduciendo su mano en uno de sus bolsillos, para terminar por sacar un papel con una serie de números.- Es el número de mi Den Den, llamadme si necesitáis algo, estaré disponible sea la hora que sea. - Y, tras comentar aquello, el sheriff volvió a dirigirse hacia la taberna, con la intención de apaciguar, cualquier altercado, que pudiera producirse en tan bullicioso lugar.



Escenario de Karlglass y Viktor

Una cortejada Karl se sentía atraída por la belleza rural y cercanía con la que le trataba el apuesto Holly, quién halagaba la forma de parar a la yegua, descubriendo - por parte de la semioni, y aunque era algo obvio -, que aquél animal era demasiado pequeño como para ser montado por la marine cuernuda. Holly se llevó su mano hacia la cara, al darse cuenta de esta evidencia.- ¡Pues claro que lo eres- yahoo! Eres como tres o cuatro Epona montada una encima de otra, y eso no puede ser fácil de aguantar… - Quiso seguir hablando, cuando el hombre de blanquecinos cabellos interrumpió la conversación, que el cowboy de cabello largo se centrara en su preciosa yegua, acariciándola ahora que estaba más relajada, hasta que Holly volvió a estar en el centro de la conversación.

-Como te estaba diciendo, moza, no poseo el mejor establo de Risky Red… ¡Qué digo! Del Grand Line si no pudiera ser capaz de montar alguien tan especial como tú. - Dio una palmada en el lomo de la yegua.- -Caballos Gargantúa, Caballos Hormiga y Caballos Estándar, tengo una buena variedad de distintos tamaños para que ninguna raza se queda sin cabalgar… ¡Porque el tamaño importa! - Exclamó, con una extrema confianza como si fuera un mercader ambulante vendiendo uno de sus productos exóticos.

Seguidamente, el espadachín, agradeció el buen gesto del dueño del establo, declarando que, en un primer lugar, tendrían que reunirse ellos dos y otros amigos suyos y que ya, seguidamente, podrían volver a por él para preguntar por unas monturas. Al escuchar eso, Holly se dió un guantazo en su propia pierna derecha.- -¡Arrea! ¡Eso está más que hecho, buen mozo! - Exclamó, dando un brinco hasta que se montó en el lomo de su yegua Epona, sin montura y sin riendas.- No he podido evitar ver antes que venía desde la parte Este de la ciudad, ¿a qué sí? Pues si tomáis esa misma calle, pero os dirigís a su vez hacia el Oeste, quedando cerca de la salida de la ciudad os encontraréis con mi establo. - Explicó, señalando con el índice de su mano izquierda hacia la dirección del lugar.-Si no se os quita la idea de la cabeza, nos veremos allí, ¡yahoo! - Finalizó, dando un pequeño taconazo en la barriga de la yegua, comenzando está cabalgar.- -¡Arre! - Exclamó, levantándose al mismo tiempo, con un perfecto equilibrio, quedando de pie sobre la espalda de la yegua mientras esta cabalgaba en movimiento, como si estuviera montado a su vez en una tabla de surf.

Tras ver cómo aquel excéntrico personaje se alejaba de sus vistas, ahora todo lo que tenían que hacer era reunirse en el punto de encuentro para, seguidamente, intercambiar información y, de ser posible, dirigirse ya hacia donde se encontraba Nimda Leyos.

INFO
[Imagen: Tb4Z3O3.png]
#62
Observé cómo Milka ayudaba a Pork a levantarse, cargándolo con cuidado mientras le regañaba sobre no hacer duelos en una buena temporada. Me agradeció sinceramente, diciendo que si necesitábamos algo más estaría en la taberna. Asentí en silencio con un gesto de despedida mientras empezaban a caminar cada quien por su lado hasta perderse en la lejanía. Billy se colocó el sombrero y se dio media vuelta comentando que también se iba a casa. Mencionó que el viejo Pork era algo especial pero no dejaba de ser su amigo, por lo que también me agradecía. Asentí con un gesto de cabeza en respuesta, llevando mi mano derecha al ala de mi sombrero en señal de despedida. Colt se quedó observándonos con expresión meditativa. Comentó que parecíamos acercarnos poco a poco a ese fantasma que acechaba Risky Red, que quizás el destino quería que fueran unos forasteros quienes acabaran con ese desquiciado. Se despidió dejándonos su número de Den Den Mushi del cual tome nota. Finalmente, quedando solo con Apolo le dije al rubio – “Karl y Viktor nos esperan en la entrada del pueblo.”
 
Comenzamos a caminar por la avenida de doce metros de ancho. Con mi haki expandido cien metros buscando las presencias de Viktor y Karl, les encontré eventualmente moviéndose también hacia la entrada, convergiendo desde una dirección diferente. Una vez estábamos todos reunidos en la entrada del pueblo, me dirigí a todos diciendo – “Tengo algo, espero sea útil.” – tras lo cual saqué el saco del bolsillo interior derecho de mi gabardina con mi mano izquierda. Lo sostuve frente a mí mientras aflojaba el cordón con mi mano derecha – “En la taberna había un apostador profesional llamado Jack. Hace unos días, un subordinado de Nimda Leyos fue a reclutarlo para su banda. Pero perdió contra Jack y le quito algo que puede ser interesante.” – abrí el saco completamente y volqué el contenido del saco en mi mano derecha extendida. Aproximadamente veinte monedas de cien berries cayeron sobre mi palma. Las observé brevemente, luego busqué entre ellas con mi pulgar hasta encontrar una que era visiblemente diferente. La sostuve entre mi pulgar e índice derechos, levantándola para que todos pudieran verla – “Parece que esta moneda tiene grabado un tiburón en lugar de una calavera” – observé – “Me costó cuatrocientos mil berries y tres rondas de Black Jack para confirmar con mi haki de observación que Jack es legal.” – Extendí mi mano derecha hacia adelante, ofreciendo la moneda para que quien quisiera la examinara.
 
Guardé el resto de las monedas normales de vuelta en el saco con mi mano izquierda mientras esperaba que los demás nos pusieran al tanto de sus historias. El sol de la tarde nos bañaba con su calor abrazador mientras que, tras intercambiar la información, nos dirigíamos caminando hacia unos establos en los cuales nos prestarían unos caballos para avanzar hasta nuestro destino.
 

 
Resumen

Haki

Calor y Deshidratación
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 13967 + 0 = 13967
Energia: 9098 + 0 = 9098
Espiritu: 3509 + 55 = 3564
#63
Los amigos que hicimos por el camino pronto comenzaron a despedirse e irse uno a uno a seguir con sus vidas: Milka acompañaría a su marido a su casa para que pudiese descansar y así continuar su trabajo en la taberna, y el bueno de Billy volvía a su hogar mostrando su agradecimiento a Fuguwu por haber curado a su amigo. Me resultaba extraño que, viendo la relación que Pork y Billy nos habían mostrado, siguiesen siendo tan amigos. Extraño, pero en el fondo me agradaba. Sólo esperaba que cuando volviésemos de la misión, el viejo Pork no tuviese ganas de volver a retarme a otro duelo. Finalmente nos quedamos a solas con el sheriff durante un breve momento. Cuando éste nos cedió su número de teléfono, esperé a que Fuguwu lo apuntase para luego quedarme yo con el papel del propio sheriff. — Haremos lo que podamos — dije en respuesta a sus palabras, que definieron con cierto misticismo al criminal de Nimda como un fantasma que acechaba la isla. — Somos una caja de sorpresas y aún nos queda algún que otro truco guardado bajo la manga. — me reí entre dientes, pensando en las ganas que tenía de ver al Shichibukai sacar sus garras.

Fuguwu me avisó de volver con el resto del grupo al punto de reunión en cuanto el sheriff volvió a la taberna. Caminé junto a él con tranquilidad, al mismo tiempo que guardaba el papel del sheriff en el lugar más seguro que tenía: el interior de mi cuerpo arenoso en el que yacía mi mochila con mis bártulos. El camino hasta el lugar fue breve y durante él me limité a evadirme despreocupado, al mismo tiempo que tarareaba por lo bajo diferentes canciones. Me senté sobre una vieja valla hecha con tablones a esperar, hasta que en breves ya estábamos los cuatro reunidos. Fuguwu comenzó a hablar sobre lo que había descubierto: en su aventura se enfrentó a un apostador en la taberna al que habían intentado reclutar para la banda de Nimda. Miré con atención al saco que mi compañero sacó y la moneda extraña que alzó con dos dedos, aunque no entendía muy bien qué podía sacar de una moneda.

Llevé mis manos al cielo para expandirlas luego a los lados y aclaré mi voz. — Mi turno. Damas y caballeros, sean bienvenidos a mi nuevo espectáculo. En el show de hoy os contaré las intrépidas aventuras del apuesto Helios Cabohausen, es decir, yo ¡kakahaha! — miré a todos y cada uno de los presentes, sentado desde la valla. — Supongo que no hace falta que os cuente lo que sucedió con la mink vaca... ha sido extraño tener que seducirla, aunque nos puede quedar una anécdota graciosa que contar en el cuartel. Pues bien, badabim, badaboom... Pork, su marido, se enfadó muchísimo conmigo como si yo fuese un criminal por querer pasármelo bien. Bueno, a lo que iba — llevé mi mano derecha a mi barbilla haciendo memoria. — pese a que le recomendé no duelarse conmigo, el cansino insistía. Salimos a la calle, esto y aquello, y lo tumbé con un rankyaku que le rajó el pecho. Intenté ser suave porque a Karl seguro que no le iba a gustar que cortase al civil por la mitad... pero nada, hombre, que el pesado de Pork seguía. — Fruncí el ceño, recordando lo pesado que se puso. — Decía que el duelo tenía que seguir hasta que sólo quedase uno en pie, así que con un viejo truco de la casa, me deshice en arena para aparecer frente a él y perforarle la mano con un shigan para quitarle su pistola. Llamadme sensible si queréis — señalé con mi dedo índice de la mano diestra a mi media máscara. — pero no me apetece volver a llevarme un balazo, ¿me seguís?. Por dónde iba... ah, sí, luego avisé al sheriff de que parase el duelo mientras levanté del suelo a Pork con mi arena. El sheriff lo entendió todo y libró al pueblo de tener una momia nueva entre ellos ¡kakahaha!. Pero es extraño, parece que allí nadie salvo él entendían nada de lo que estaban viendo. ¿Tan extraño les parece ver a un logia? — me encogí de hombros. — Por el show de la taberna, perdonar la vida de Pork y decirles que Fuguwu podía curar sus heridas les dije que me debían demasiados favores... así que me contaron que los de Nimda Leyos trataron de secuestrar a la mink vaca, que al hermano de Billy, un tal Holly, le robaron varios caballos en no sé qué de un establo y, lo más importante — comencé a hacer un redoble de tambores usando mis manos golpeando sobre mi pecho. — Cuando los muchachos de Nimda no consiguieron secuestrar a Milka, huyeron hacia un tal Lago Rubí. El sheriff dice que ha estado por la zona y que nunca encontró nada, pero me ha dicho cómo llegar y que el sitio está lejos para ir andando, así que hay que prepararse bien. También tenemos su número de den den mushi, dijo que estaría pendiente por si acaso... y yo le dejé claro que esperaba que nadie estuviese intentando jugárnosla. Me molestaría bastante tener que ir tan lejos con este sol y que nos engañen, ¿me seguís?. — Me saqué el sombrero para recolocar bien mi pelo hacia atrás y volver a ponérmelo. — Y resumiendo todo bien resumido... ese ha sido mi día. Un día bastante normal ¡kakahaha! — salté de la valla y llevé mis manos al interior de los bolsillos de mi pantalón. — ¿Qué habéis descubierto vosotros?


Resumen

Bélico

Gastos

Calor

Karmas aplicados
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11653 + 0 = 11653
Energia: 7393 + 78 = 7471
Espiritu: 2819 + 0 = 2819
#64
Me despedí del apuesto vaquero lanzándole un beso y con la promesa de volver a vernos en su establo, donde según el mismo, tenia caballos para todo tipo de razas, nunca había cabalgado sobre ningún caballo así que la idea de poder hacerlo me hacia bastante ilusión. Mientras nos dirigíamos al punto de encuentro iba prácticamente bailando por el camino, dando pequeños saltitos ante la idea de montar a caballo y quien sabe si cabalgar sobre otras cosas mas pequeñitas. 

Según llegabamos nosotros, Fuguwu y Apolo nos ponian al dia de sus aventuras. Parecia que las suyas habian sido mas productivas que las nuestras y no pude evitar reirme a carcajada limpia con el duelo de Apolo y escandalizarme con el dinero que le habia costado a Fuguwu aquel "duelo de BlackJack" - Fugu, el juego es un vicio muy malo y te dire, que no es lo tuyo, yo creo que te han estafado amigo.  pero entre toda la información que nos dieron habia algo importante. Apolo parecia conocer la ubicacion de nuestro objetivo y no solo eso, al parecer conocian a mi vaquero favorito. - ¡ Acabamos de encontrarnos con ese tal Mogli ! ¡ Es un tipo guapisimo y le ayude con una yegua ! ¡ Nos ha invitado a ir a su establo donde al parecer tiene caballos de todos los tamaños y colores ! Debemos ir para alli en cuanto estemos preparados y cabalgar hacia el lago ese, a ver si encontramos de una puta vez a ese tiburon cobarde

Parece ser que ibamos a encontrarnos de nuevo con el vaquero y yo iba a poder cabalgar un caballo de mi tamaño, pero tambien queria darles el resto de información a nuestros amigos.

- Aparte de eso poco que contar, primero un retrasado mental fan mio que nos llevo al bar donde nos encontramos. Despues yo salí con un tipo que resulto ser un pirata de la banda del MIhail Lendo este, pero era un mindundi, me intento atacar, le di una hostia y Viktor le despacho. Digamos que no tenemos que preocuparnos mas por ese pirata. Pero si hubo algo que llamo mi atención, bien por miedo o por lealtad, no vendio a su jefe hasta el final.

Recorde un poco la escena que habia dejado Viktor y me puse nerviosa no queriendo dar detalles.
-Bueno, creo que eso es todo, ¿Viktor algo que añadir? ¿O vamos hacia el establo?


resumen

otros


[Imagen: 9GdOzk1.png]
#65
El vaquero aseveraba tener monturas para quien fuera menester y dejaba a nuestra necesidad pasarnos a recibir ayuda. Tras esto, se despedía y salía al galope con la yegua que Karl había parado. Karl y yo continuamos entonces hasta el punto de encuentro en el cartel de la entrada del pueblo donde establecimos. Durante el camino no paraba de pensar que llevábamos bastantes vueltas y no estaba seguro de si nos estábamos acercando o no, pero desde luego, teníamos material con el que trabajar. Solo me molestaba el dichoso calor que me tenía sudando como un pollo y hacía que mi pelo no se mantuviera en su sitio. Me quité el sombrero y me abaniqué con él, peinando un par de veces mi pelo hacia atrás. Finalmente y ante los ineficaces intentos de peinarlo, decidí dejar que cayera como cuando ejecuté al seguidor de Leyos, tapando levemente mis ojos y mis orejas. Si no fuera por llamar la atención, me transformaría ahora mismo y dejaría de pasar este calor, yo y los míos. Pero eso me daba una idea…

Fuguwu y Apolo ya se encontraban cerca y finalmente nos reunimos los cuatro. Saludé a los dos Marines asintiendo con la cabeza y colocando mi sombrero de nuevo. Se notaba que la División estaba bien entrenada pues Fuguwu no tardó en comenzar a informar. Al parecer Jack, el apostador de la taberna, recibió un intento de Leyos para reclutarlo más no fue fructífero y tras gastar una ingente suma de dinero, Fuguwu había conseguido de él un saco de monedas entre las que destacaban una con la cara de un tiburón con una calavera. La miré fijamente y, ante la pasividad de los demás, me acerqué a cogerla de sus manos, observándola de cerca. ¿Había visto algo así antes?. Se la lancé a Fuguwu de nuevo usando mi pulgar de la diestra y entonces escuché a Apolo. Este narró teatralmente como básicamente le pegó una paliza a un civil después de ligarse a su mujer. No pude evitar sonreírme sarcásticamente mientras el rubio narraba su hazaña. Sin embargo, más allá de todo esto, parecía haber algo de información en su relato y es que la banda de Leyos intentó secuestrar a la mink y tras no conseguirlo, huyeron al Lago Rubí. Además mencionó que le parecía raro el trato de los habitantes hacia su poder. Me crucé de brazos y murmuré. Karl parecía entusiasmada. Apolo había mencionado a Holly, el vaquero que nos ofreció las monturas y parece que estaba bastante animada. Mencionó muy por encima que después de interrogar al secuaz lo “despaché”. Curioso eufemismo. Finalmente y con todas las cartas en la mesa, me preguntó si había algo más que mencionar.


— Antes de nada, y recuérdame Apolo, que después hablemos sobre las Akuma no mi... — dije descruzando los brazos y sacando el mechero de Joe del bolsillo y comenzando a abrirlo y cerrarlo rítmicamente, despacio y pausado. — Creo que todos sois conscientes de la misión. Hemos tenido que sacar las garras con gente, tanto civil como criminal, y peleamos con gente que no teme en robar, matar y secuestrar inocentes. — dije, serio, mirando al equipo a los ojos uno a uno. El mechero se cerró y resonó por la calle. — Sé que sois Marines. Es más, sé que sois la División 9, la división a cargo de mi mejor amigo y el mejor Marine que conozco. — giré hacia el pueblo, dando la espalda a la División mientras abría el mechero. — Quizá haya que mancharse las manos de sangre hoy. Y si alguien quiere mantenerse en el lado del bien, no lo voy a juzgar. Yo lo haré. Quiero que esto quede claro desde ahora. — cerré el mechero y esperé unos segundos en silencio.

— Bien, recapitulemos. — frené en seco unos segundos, girándome de nuevo hacia el grupo. — Tenemos una moneda que puede ser un pase de entrada, un marcador para aquellos que quieren reclutar… o una sentencia de muerte. — miré a Fuguwu y su moneda. — Un lugar donde se refugian, o al menos, donde huyen tras fallar sus ataques. — miré a Apolo. — Y tenemos monturas para llegar allí sin esfuerzos gracias a los esfuerzos de nuestra semioni favorita. — finalicé mirando a Karl. — Tenemos una posible llave. Sabemos donde está su madriguera. Y sabemos como llegar a por nuestra presa... — guardé el mechero y me acerqué al equipo extendiendo mi diestra con el puño cerrado hacia el centro del círculo que conformábamos — Vamos a cazar piratas. — dije sonriendo con confianza, antes de salir en dirección al establo de Holly.


— Tus chicos con los mejores, amigo. —

Resumen
Info bélica
Haki
Karmas y oficios
off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12645 + 0 = 12645
Energia: 8567 + 188 = 8755
Espiritu: 4392 + 0 = 4392
#66
Como cada uno de los engranajes que se esconden en el mecanismo de un reloj, cada uno de los miembros de la División 9 y Viktor, trabajaron con absoluta coordinación en lo que llevaban de jornada obteniendo, cada uno de ellos algo - ya fuera material o algo meramente información - que sería esencial y crucial a la hora de dar con la guarida de Nimda Leyos y, del mismo modo, llegar hasta allí.

Habiéndose reunido, tal y como habían acordado al inicio de su misión, en la entrada de la ciudad, todos y cada uno de ellos compartieron sus experiencia e información que habían obtenido, dejando más que claro que - aún desconociendo el papel que tomaría la moneda con el grabado de tiburón - los cuatro justicieros estaban más que preparados para meterse de lleno en la boca del lobo. No obstante, gracias a las indicaciones que le habían dado a Helios, conscientes de la distancia que les separaba del lago y aprovechando su fortuito encontronazo con Holly, fueron todos, antes de partir, al establo del vaquero, quedando prácticamente a las afueras del oeste de la ciudad.

Un local de madera de 10 metros de alto y 30 metros de ancho, con un letrero que rezaba "Hol's Horses", dejaba más que claro que aquel era el establo del que les había hablado el extravagante vaquero. A cada lado de la edificación, emergían enormes vallas de madera, que alcanzaban los 4 metros de altura, formando un redil circular de unos 50 metros de diámetro. En él, se podrían ver toda clase de caballos y yeguas, de diversos colores y tamaños, alcanzando el más grande de ellos una altura de 5 metros y, el más pequeño, una de 50 centímetros.

Una vez pasaran al interior del local, llegarían a una pequeña sala que servía de recepción - aunque lo suficiente grande para que entraran todos sin quedar espachurrados -, caracterizada por tener varias pilas de heno a cada lado de la entrada. Sentado en una silla mecedora junto a la pared del lado contrario de la puerta, estaría esperando a los valerosos héroes el mismísimo dueño del establo, con un cigarrillo sin encender entre sus labios. Nada más ver a los marines y al Shichibukai, Holly se levantó de sopetón, con un rostro alegre.- ¡Por el cencerro de mi vaca! ¡Pero si son los apuestos mozos y sus amigos! ¡Ya pensé que no vendríais! ¡Pasad, pasad! ¡Estáis en vuestra casa! - Daba la bienvenida de una forma extremadamente jovial a sus posibles compradores.- Si pasáis por esta puerta de aquí, llegaréis al redil en el que podréis echar un vistazo a estas hermosuras, ¡quedáos con la que más os guste! - Señaló a una puerta que daba un pasillo - prácticamente frente a la puerta de entrada - de unos 5 metros de largo tras el cuál, daría a la zona exterior del establo.- ¡Hermanito! ¡Ven y échale una mano en lo que necesiten estos mozuelos! - Gritó, poniendo sus manos alrededor de su boca a modo de altavoz, haciendo que Billy se presentara consecuentemente en la antesala.- ¡Ya voy, hermano! ¡Me pillas haciendo la cena! - Dijo con cierta desgana, apareciendo en la recepción con un delantal de color rosa, desgana que desapareció cuando vio a Helios y Overqwil en el local.- ¡Por las tetas de Milka! ¡Nyoho!¿Venís a comprarle caballos a mi hermano! - Preguntó, para seguidamente acercarse a su hermano.-  Escúchame, ¿ves a ese de ahí? - Le dijo, señalando a Helios.- Pues el tío es un artista que flipas, además de haber derrotado en un duelo al viejo Pork, ¡nyoho! - Finalizó, pasando a señalar a Overqwil.- Y su amigo, el pez fuera del agua, curó en un abrir y cerrar de ojos al viejo Pork después de que mordiera el polvo. -  Terminó, haciendo que Holly se quedara ojiplático ante tal situación.-
¡Arre! ¿Qué me dices? ¡Pues la moza de ahí pudo parar a Epona como si nada cuando se escapó esta tarde! - Exclamó, pasando a mirar a los cuatro ilustres miembros de la misión, pasando a esbozar una sonrisa.-
¡Parece que lo valéis! ¡Sois muy interesantes! ¡Me caéis bien ya-hoo! Coged el caballo que queráis y largaros de aquí, ¡os lo podréis llevar gratis! - Dijo con una sonrisa.-
¡Más os vale hacerlo antes de que me arrepienta!  - Y así, os dejó pasar finalmente al exterior dónde podríais seleccionar cualquier caballo que os llamara más la atención y con el cuál os sintierais más afín.




Una vez escogidos cada uno su montura y habiéndose despedido de los hermanos Clyffo, la división 9 y Viktor partieron raudos hacia el lugar indicado, el Lago Rubí. Los cuatro jinetes, cabalgando al galope sus fieles corceles, atravesaban el rojizo y vacío de vida yermo, levantando una estela de tierra arcillosa tras de sí. Lo que podría haber resultado como un viaje extenuante que le podría haber tomado cerca de medio día, se terminó en algo menos de dos horas llegando finalmente a la orilla del lago, reflejándose el sol - cada vez más cerca del horizonte - en la superficie del agua de dicho accidente geográfico.

El lago - que abarcaba un área, aproximadamente de 100 metros de radio - estaba rodeado por una orilla cubierta abundantemente de capas arena y arcilla. Y si la ausencia de vida en el trayecto ya era palpable, el lago no iba a ser menos ya que, debido a su inexplicable e inconmensurable concentración salina - incluso más que en el propio mar -, aquella gran porción de agua estancada era un lugar inviable para que pudiera proliferar la vida. Por más que se mirara y por más que se recorriera alrededor del lago, no parecía haber nada fuera de lugar. Tierra y más tierra, y agua y más agua. Lo único que se podía divisar a unos cuántos metros de distancia desde el lugar en el que llegaron al lago los Viktor y sus marines, eran dos antorchas, colocadas cada una cuatro metros de separación entre sí, y estando las dos sobre orilla, a unos dos metros del lago. El haki no les daría la respuesta, así que deberían usar su cabeza e intuición para poder dar con el paradero de dicho lugar.

Contenido Oculto


Contenido Oculto


INFO
[Imagen: Tb4Z3O3.png]
#67
El ultimo en hablar fue Viktor, con un discurso motivador, parecía que ya teníamos todo lo necesario para encontrar a nuestro objetivo, y por mi parte si no había sentido pena por un subordinado de mierda, menos aún lo iba a sentir por un puto pirata asesino feo con cara de tiburón, ladrón, mata marines asqueroso de mierda. Por mi como si Viktor quería hacer Sushi con el. Yo le ayudaria encantado. Asenti y fuimos todos camino al establo.

Allí estaban el papucho y su primo o su hermano o no se que parentesco había dicho Apolo que tenían esos dos, pero la verdad es que me los comería a ambos bien ricamente y tras la amable bienvenida, elegí mi caballo. Era un animal expendido, rojo y negro, con trenzas, grandes patas y fiero, pero el señor buenorro lo tenia bien amaestrado, era tan grande que no tendría problema en montarlo, se llamaba Pruscale, o Mudstale, o algo así muy complicado, así que yo le llame Paco.

El amigo de mi amigo al que le daría cera al amigo estaba ocupado cenando y mi amigo el papucho nos ofreció los caballos gratis - ¡ Deja que al menos mi amigo el pez ayude a tu hermano a hacer la cena y nos llevemos algo para el camino ! ¿ 50 mil berrys están bien por los ingredientes ? Fugu...esto...¡mi amigo es un gran cocinero!

Al parecer no tuvieron problema y 50 mil berrys les parecía hasta demasiado, pero a mi no, eran muy amables con nosotros y no se cuanto costaban los caballos, pero sabia que una cena costaba bastante menos de eso aunque fuéramos cuatro.

AL fin salimos del establo y pude cabalgar sobre Paco, al principio iba lenta y el caballo se resistía un poco, de hecho necesite unas instrucciones iniciales de los hermanos grifo, pero enseguida le cogí el truco. Nos despedimos de nuestros nuevos aliados y cabalgamos todos juntos dirección el lago ese de los cojones donde esperábamos encontrar al cobarde de Pinta Medios.

El camino fue largo y el calor era insoportable, hasta cabalgar perdía la emoción – AAAARG ME MUERO DE HAMBRE Y DE SED, DONDE POLLAS VAMOS, APOLO, CANTATE ALGO POR FAVOR, QUE ME MUERO SI NO DE CALOOOR. Pero al fin llegamos, era un lago enorme, mas no se detectaba símbolo de vida alguno - ¿Seguro que este es el lugar? Dije, temiendo que el viaje hubiera sido en balde, cuando por fin divisé algo que no debería estar allí - ¡ Mirad ! ¡ Allí hay dos antorchas ! Seguro que es el lugar.

Avance hacia ellas y me baje del caballo, a pesar de que Paco era un gran caballo y muy recio y servicial, cabalgar había sido menos emocionante de lo que esperaba y joder, aparte del calor, me dolía el puto culo de estar sentada. Analice mi alrededor a ver si veía algo mas, mire en la tierra entre las dos antorchas por si había alguna entrada enterrada, pero sin fijarme demasiado, estaba agotada. – Chicos, aquí yo no veo nada y estoy hasta los cojones de calor y arena, sin ofender Apolo. ¿Que os parece si acampamos aquí y hacemos guardia por si vemos algo sospechoso?


resumen

otros
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#68
Una vez reunidos en la entrada del pueblo, Apolo compartió primero lo que había averiguado. Relató su encuentro con Milka y el sheriff Colt, mencionando el duelo que tuvo con Pork después de seducir a la mink vaca. Según su relato, una decena de hombres de Nimda Leyos había tratado de llevarse a Milka durante la noche, y cuando fallaron, huyeron hacia un lugar llamado Lago Rubí. El sheriff había dado indicaciones de cómo llegar al lago, advirtiendo que estaba lejos para ir andando, por lo que necesitaríamos prepararnos bien. Karl fue la siguiente en hablar. Resumió brevemente su encuentro con Holly, el vaquero que les había ofrecido monturas después de que ella detuviera a su yegua. Luego mencionó que había interrogado a un tipo que le atacó, pero no fue rival para ella y Viktor. Karl dejó claro que no tenían que preocuparse más por ese pirata, aunque notó algo importante: el subordinado, ya fuera por miedo o por lealtad, no vendió a su jefe hasta el final. Viktor fue el último en hablar. Examinó la moneda con el tiburón grabado que yo había conseguido de Jack, observándola de cerca antes de lanzármela de vuelta con el pulgar a lo cual reaccione cogiéndola de vuelta con mi mano derecha y guardándola en uno de los bolsillos internos de mi gabardina, el más cercano al corazón. Según Viktor, la moneda podía ser un pase de entrada, un marcador para reclutamiento, o incluso una sentencia de muerte. Igual dejó en claro que quizás habría que mancharse las manos de sangre ese día, y que si alguien quería mantenerse en el lado del bien, no lo juzgaría. Por mi parte, asentí con la cabeza cuando sus ojos se cruzaron con los míos. Estaba preparado para seguir adelante. Tras lo ocurrido con mi familia en el pasado, la sangre pirata no tenía valor para mí, aunque no lo dijera nunca en voz alta.
 
Luego de intercambiar información todos partimos en dirección al establo de Holly. El establo quedaba prácticamente a las afueras del oeste de la ciudad, un edificio de madera de diez metros de alto y treinta metros de ancho con un letrero que rezaba "Hol's Horses". A cada lado del establo emergían enormes vallas de madera de cuatro metros de altura, formando un redil circular de aproximadamente cincuenta metros de diámetro. Dentro podía ver, incluso desde la entrada, toda clase de caballos y yeguas de diversos colores y tamaños. Pasamos al interior del local, llegando a una pequeña sala de recepción lo suficientemente grande para los cuatro. Holly estaba sentado en una silla mecedora junto a la pared opuesta, con un cigarrillo sin encender entre los labios. Se levantó de golpe al vernos y nos dio una bienvenida acalorada. Karl ofreció cincuenta mil berries para que yo ayudara con la cena y preparáramos raciones para el viaje. Me señaló como gran cocinero a lo cual yo negué con un poco de vergüenza pues si bien me gustaba la cocina no estaba a la altura de aquellas palabras. Holly llamó a gritos a su hermano y para mi sorpresa Billy apareció desde una puerta lateral con un delantal rosa y nos reconoció inmediatamente. Los hermanos hablaron entre ellos sobre el duelo de Apolo con Pork, mis habilidades curativas, y cómo Karl había detenido a Epona. Holly finalmente declaró que le caíamos bien y nos regaló los caballos, instándonos a escoger y largarnos antes de que se arrepintiera.
 
Seguí a Billy por la puerta lateral hasta la cocina donde, tras conversarlo con Billy, decidimos que lo mejor sería preparar burritos para el viaje, pues eran fáciles de comer a caballo e igualmente fáciles de preparar en corto tiempo. En total armamos ocho burritos de carne con frijoles, dos para cada uno, envueltos en papel y metidos los ocho dentro de una bolsa de tela para transportarlos. Salí con la bolsa colgada del hombro izquierdo y recorrí los cinco metros del pasillo hasta el redil exterior donde Viktor, Karl y Apolo ya estaban allí observando los caballos. Karl había escogido un animal enorme rojo y negro con trenzas que llamó Paco. Como yo no sabía nada de caballos, pues nunca había montado en mi vida, sabia que lo ideal sería elegir uno tranquilo y obediente para lo cual acudí a la sabiduría de Holly. Me recomendó lo que el menciono era un Mustang, un caballo de complexión musculosa y elegante de color pardo con tonos dorados, crin y cola negras. Media aproximadamente un metro noventa de altura y se llamaba Spirit. Tras un curso básico sobre como montar sin caer en el camino, Holly me dijo que confiara en Spirit y no me preocupara, a lo que asentí sin estar del todo convencido. Antes de partir repartí los burritos, dos para cada uno, y guardé los míos en la gabardina. Me apoyé contra la valla y comí uno de pie acompañándolo con agua mientras los demás se preparaban. Cuando todos terminamos, nos despedimos de los hermanos Clyffo y partimos del establo rumbo al Lago Rubí.
 
Cabalgamos en formación lado a lado separados aproximadamente dos metros entre cada jinete. Viktor a la izquierda, luego Karl, yo en tercer lugar, y Apolo a la derecha. Spirit resultó ser tan dócil como Holly había prometido, ajustándose perfectamente a mi nula experiencia montando. Mi haki de observación se mantenía vigilante, expandido a cien metros y lo mantuve activo durante todo el trayecto, monitoreando nuestro entorno mientras atravesábamos el yermo. El paisaje era desolado, pero tenía una belleza extraña que era digna de admirar, con su tierra arcillosa rojiza extendiéndose en todas direcciones y el sol de fondo descendiendo lentamente hacia el horizonte pintando el cielo de naranjas y rojo. El calor era brutal y me obligaba a tomar agua entre ratos lo cual hacía con sumo cuidado para no caerme del caballo.  Durante el trayecto tuve que calmar a Karl pues, como era de esperar, estaba perdiendo la calma por culpa del calor y el interminable recorrido – “Calma, come algo.” – le dije recordándole que tenía burritos para comer. El viaje tomó aproximadamente dos horas y para cuando por fin llegamos al Lago Rubí el sol estaba cerca del horizonte.
 
Bajé de Spirit con cierta torpeza, me acerqué a la cabeza del caballo y le acaricié el cuello – “Gracias” – le dije en voz baja al fiel animal, sacando una manzana que había guardado de las provisiones del establo la cual el caballo acepto con gusto. Mi haki de observación expandido a cien metros escaneo el área del lago y sus alrededores sin detectar nada a excepción de mis compañeros y los caballos. El agua del lago estaba completamente inmóvil. Caminé aproximadamente diez metros hacia la orilla observando el agua de cerca, pero sin tocarla. La concentración de sal era visible incluso a simple vista, cristales blancos acumulándose en los bordes, lo cual explicaba el misterio de la ausencia de vida en el mismo – “Para ser un lago, aquí no hay pez de agua dulce que sobreviva.” – le dije al equipo añadiendo – “Me huele a trampa. Si algo vivo entra en el lago seria detectado fácilmente.” – concluí volteando a ver a mis compañeros y alejándome de la orilla procurando no tocarla de ninguna forma. Fijándome en nuestros alrededores también observe, al igual que mis compañeros, dos antorchas plantadas en la orilla separadas cuatro metros entre sí, ambas a aproximadamente dos metros del borde del lago, ambas prendidas a pesar de la falta de vida, pero no tenía respuesta para aquel acertijo. Karl propuso acampar allí y hacer guardia por si veíamos algo sospechoso. Asentí y mantuve mi haki de observación expandido a cien metros. Nada se movía en el yermo. Solo nosotros, los caballos, y las dos antorchas ardiendo en silencio junto al lago muerto.
 

 
Resumen

Haki

Calor y Deshidratación
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 13967 + 0 = 13967
Energia: 9098 + 0 = 9098
Espiritu: 3564 + 55 = 3619
#69
El mundo era un pañuelo, o en este caso, Risky Red lo era. El hermano de Billy, la víctima de los robos, se había puesto en medio del camino de Karl y Viktor y tenía la intención de ofrecernos monturas para llegar más rápido al lago. Pero lo que más llamó mi atención e hizo que me enfocase más en escuchar, fue cuando el Shichibukai mencionó que hablaríamos más tarde de las akuma no mi. Quizás, o seguramente, él sabía cosas que nosotros no y toda ayuda era bienvenida. Me crucé de brazos en cuanto mencionó la posibilidad de tener que mancharnos las manos de sangre. No me importaba. El bien y el mal siempre ha sido una línea muy difusa y que dependía de los ojos que la juzgasen. Y yo no era juez, ni pretendía serlo. Hasta ahora mi justicia creía en pagar siempre con la misma moneda, por lo que si había que borrar del mapa a esa gente, se borraría. Viktor pronto comenzó a elucubrar una hipótesis sobre el funcionamiento de la moneda y, como yo tampoco tenía nada que ofrecer, me pareció un buen comienzo por el que tirar.

Tras ello pusimos rumbo hacia el establo para conseguir provisiones. La experiencia de Mystoria nos había enseñado que en el Nuevo Mundo no podíamos ir como pollos sin cabeza y lo más sensato era siempre llevar comida y bebida. Tras echar un vistazo rápido al redil desde la lejanía, comencé a explorar el recinto con la mirada una vez entramos. Parecía un lugar humilde y rústico, nada destacable respecto al resto de arquitectura de la isla y en cuanto el tal Holly llegó a recibirnos, me mantuve callado con las manos en los bolsillos de mi pantalón. La única preocupación fue cuando el dueño del local llamó a su hermano y oí una voz familiar, Billy también vivía en esa casa y, con una risilla nerviosa que no pude controlar, esperaba que mi alter ego Helios Cabohausen no se desplomase en ese momento. — Con lo a gusto que estábamos en la taberna y el viejo Pork no pudo mantener su pistola bien guardadita ¡kakahaha! — afirmé ante los halagos de Billy. — no os preocupéis, pronto podréis vivir más tranquilos... los caballos sólo los queremos prestados, ¿me seguís?. — Finalicé mientras caminaba hacia el redil.

Analicé con un vistazo rápido a todos los caballos que había en el lugar. Que hubiese de todos los tipos y tamaños era impresionante, aunque me abrumaba no saber por dónde empezar, ya que nunca había cabalgado. En cuanto vi a mi primera víctima, me entró una risa floja y leve al mismo tiempo que me acercaba a ella. — Chicos, ¿creéis que con este caballo llegaré bien? ¡KAKAHAHA! — estaba subido en el caballo más pequeño de todo el redil, con los brazos en alto. El animal no debía de medir más de cincuenta centímetros, por lo que yo era cuatro veces más grande que él. — Titotiroriroritotiiro ♫— comencé a entonar una canción típica circense, hasta que empecé a notar un ligero temblor que me hizo bajarme del caballo rápidamente. — Aibá... — miré al pobre animal con una ligera preocupación. Parecía que mis cien kilos de peso y dos metros de altura todavía eran demasiado para él. — Mejor iré a por ese. — se me iluminó la mirada al ver a un caballo imponente. Era fuerte y negro como el tizón, con unos cabellos rojizos que parecían salir del mismo infierno. Despreocupado me acerqué a él por detrás y, pese a que mi haki detectaba que ese animal tenía muy malas pulgas, le di una palmada en una nalga riéndome. — ¡Tú ser...! — El caballo me propinó una fuerte coz en la parte superior de mi cuerpo, haciendo que toda mi cabeza y parte del pecho se desintegrase y volase en forma de arena. Descabezado, me giré lentamente hacia mis compañeros enseñándoles mi dedo pulgar derecho hacia arriba. — Está bien. Caótico e indomable... me recuerdas a mí — La arena volvió a mi torso dando forma a mi cuerpo y, rápidamente, salté encima del caballo agarrándolo por el cuello como si de un entrenamiento de jiu-jitsu se tratase. El animal trató zafarse de mí con movimientos fuertes, bruscos y secos durante un rato hasta que por fin se detuvo. — ¡Kakahaha! Te gané, soy el macho dominante y tú ahora te vendrás conmigo, ¿me sigues? — afirmé pegando mi frente con la suya, como si pudiese entenderme.

Una vez todos conseguimos nuestras monturas y las provisiones cocinadas por Fuguwu, partimos rumbo al lago. Yo no tenía ni idea de cabalgar, así que me limité a ir tumbado boca abajo sobre el lomo del inmenso caballo, como si fuese un trapo mojado, al mismo tiempo que indicaba a mis compañeros la forma de llegar al lago. Karl empezaba a perder la paciencia por el camino, ya que la verdad es que cabalgar por ese lugar era un poco aburrido. — Chicos, ¿cómo se supone que se navega con un caballo? ¿así? — me puse en pie encima del caballo, de lado y flexionando ligeramente mis rodillas como si de una tabla de surf se tratase. — ¡Cowabunga, kakahaha! — estiré los dedos pulgares y meñiques de mis manos con mi clásico hang loose. Seguramente esa no era la manera más efectiva de manejar un caballo pero al menos era más divertido. — En estos casos me vendría bien llevar encima un instrumento musical. — A petición de Karl aclaré mi voz. — Vem pra minha ala que hoje a nossa escola vai desfilar ♫ — Sin perder el equilibrio de pie sobre el caballo, una corriente de arena salió de mi mano derecha dándole forma a una guitarra. No sonaba, pero estaba metido en mi performance. — Vem fazer história que hoje é día de glória nesse lugar. Vem comemorar, escandalizar nimguém. Vem me namorar, vou te namorar também. Vamos pra avenida desfilar a vida, carnavalizar ♫ — Continué cantando el resto del camino, intentando hacerlo más ameno.

Cuando finalmente llegamos al lugar me bajé de mi amigo equino. Miré a todos lados notando como el sol cada vez se escondía más y más. No veía ni detectaba rastro de vida, sólo un enorme lago y dos extrañas antorchas. De mi interior saqué una cantimplora llena de agua y uno de los burritos que Fuguwu nos había preparado y que comencé a comer con tranquilidad tras acuclillarme sobre el terreno. La idea de Karl de acampar me parecía un buen plan después de que el sheriff me comentase que por la noche aumentaba la actividad criminal. — Yo sólo espero que si algo me tira ahí dentro estés atento Fugu. — dije riéndome entre dientes, después de que el Gyojin afirmase que todo le olía a una trampa. — ¿Alguna idea, Viktor? Tú conoces mejor a ese tiburón que nosotros. — finalicé mientras seguía comiendo con parsimonia. En ese momento yo estaba más perdido que un pulpo en un desierto.


Resumen

Bélico

Gastos

Calor

Karmas aplicados

Canción y referencia del caballo
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11653 + 0 = 11653
Energia: 7471 + 78 = 7549
Espiritu: 2819 + 0 = 2819
#70
El equipo asintió y nos movimos. Me preocupaba que todos estuvieran tan de acuerdo con mi plan e intenciones. Por una parte me gustaba que el equipo estuviera alineado, por otra parte me daba cierta pena ver que Joe era la verdadera brújula moral del grupo y que sin él, ahora parezco serlo yo. Y yo estoy mucho más cerca de un asesino que de un justiciero. Así que esto me hacía plantearme muchas cosas mientras avanzábamos al establo de Holly, con el ceño fruncido y en silencio.
Contenido Oculto
Una vez en el establo, en “Hol’s Horses”, pasamos al interior donde los dos hermanos nos recibieron hablando de las hazañas de Fuguwu, Karl y Apolo. Gracias a la simpatía natural de la División 9, nos podríamos llevar los caballos de manera gratuita. Asentí con gratitud, no me esperaba un gesto así de estos pueblerinos pero, desde luego nos ayudaría. Karl al escuchar esto, no supo que decir y para no llevárnoslos sin más, ofreció que Fuguwu lo ayudara a cocinar y nos pudiéramos llevar provisiones, incluso pagando algo por los ingredientes. Desde luego necesitábamos provisiones. — Es cierto que algo de comida y agua nos vendría bien para el camino. — reafirmé las palabras de Karl. Acto seguido pasamos con Billy a la cuadra donde pudimos escoger caballos. Karl se decantó por uno rojo y negro con trenzas. Grande y fuerte para poder llevarla. Fuguwu eligió uno pardo que parecía tranquilo y amable, acto seguido comenzó a practicar con Billy. Apolo por su parte y siendo tan caótico como siempre, comenzó montando un pony de manera cómica hasta pasar a recibir una coz por el que sería su caballo. Mientras la División pasaba un momento ameno en la cuadra, yo observaba las monturas, pasaba la vista entre ellas hasta que me detuve en uno al fondo de la cuadra. Blanco ceniza y de mirada aterradora y pálida. Sus ojos se clavaron en los míos como si me reconociera, totalmente tranquilo, sin un ápice de miedo. Me acerqué lento hacia él hasta parar a unos centímetros sin perder la mirada con el animal. Elevé mi mano a la altura de su cabeza, dejando unos diez centímetros hasta su nariz y, tras dejar que me oliese, fue él mismo quien inclinó su cabeza hacia mi mano, lenta y gentilmente, permitiendo que lo acariciara por encima de la nariz. Su correa, negra, tenía un broche plateado con una inscripción. — Desesperación. Yo soy Viktor, y hoy cabalgaremos juntos. — dije, antes de abrir la puerta de su recinto y montar en él. Teníamos las provisiones, el agua y los caballos, tocaba partir. Salimos despidiéndonos de los vaqueros, quienes nos habían dado las herramientas para continuar.

Durante el camino, que se hizo largo y pesado, Karl se quejaba sobre el calor y Fuguwu trataba de calmarla, mientras Apolo cantaba para amenizar el viaje. — Quería aprovechar para poner cosas en común. — dije tras carraspear un poco — Como dije antes, quería hablar sobre las Akuma no mi. Pero no solo sobre eso, si no sobre las habilidades de lucha. —  dije acercándome al grupo y cabalgando lo más pegados posibles para no dar voces — Vosotros os conocéis, y, aunque desconozco cuantas peleas juntos habéis tenido, entiendo que tendréis vuestras estrategias. Yo os conozco, al menos un poco. — dije mirando a la División — Karl usa la Tori Tori Modelo Fénix y lucha cuerpo a cuerpo con fuerza bruta. Fuguwu es un luchador de Karate Gyojin y Apolo combina el cuerpo a cuerpo con el rokushiki y su Suna Suna. — dije mirando a los miembros uno a uno. — Sois un grupo variopinto en cuanto a habilidades, pero no tenéis más que una marcha: el cuerpo a cuerpo. No es que me queje. — dije con retintín en lo último — Pero vosotros no me conocéis a mi. Me habéis visto hacer algunas cosas y algunos hemos entrenado sin mostrar casi nada, así que hay ciertos aspectos de pelear conmigo que debéis saber. Lo primero: como ya sabéis, soy un usuario de tipo Zoan. Porto al Inu Inu Modelo Okuchi no Makami. Una fruta casi tan rara como la de Karl, pero con otras habilidades. Particularmente se me da bien el invierno. Cuando las cosas se vuelven feas, tengo cierta costumbre entorpecer a mis enemigos y, lamentablemente a mis amigos también. — dije encogiéndome de hombros — Hasta ahora no era un problema pues mi compañero era totalmente inmune a estos efectos pero, intuyo que vosotros no lo sois. Así que si la batalla se recrudece, es prudente mantener cierta distancia conmigo para evitar ser afectos por mis poderes. — sentencié advirtiendo a la División 9 — Así que a no ser que alguien quiera revelar algún superpoder oculto al equipo… creo que ya sabemos con qué cartas jugamos todos. — finalicé, cerca de llegar al lago.

Una vez allí el sol estaba cerca de esconderse. Un enorme lago de cientos de metros de ancho y rodeado por una capa de arena y arcilla, sin ningún ápice de vida, era lo único que encontramos. Eso y unas antorchas ubicadas en la orilla, cerca de nosotros. Bajé de Desesperación y le miré serio — Quieto. — ordené al equino que ni se movió. Karl fue pragmática y ante no ver nada que llamara la atención, sopesó montar campamento y hacer guardia. — No es mala idea. Rompamos algunos árboles secos y hagamos un fuego para cuando llegue la noche. — dije mientras me acercaba a Fuguwu, que parecía analizar el lago. Puse mi diestra sobre su hombro y este aseveró que olía a trampa pues no había vida en el lago y de entrar, sería fácilmente detectable. — Bien… — dije golpeando dos veces su hombro izquierdo con camaradería. Apolo me preguntó directamente por ideas y, para mi desgracia, no había ninguna. — Ha sido un día largo. Veo y subo la apuesta de Karl de acampar. Hagamos un fuego y cenemos algo. Quizás hasta me anime a contaros historias que he leído en mis libros. — dije, volviendo a la zona de los caballos tras guiñar un ojo a Apolo.


Las horas pasaron y el sol cayó, con el fuego que habíamos preparado y las piedras que juntamos en círculo para cenar en compañía. Los caballos descansaban tumbados y nosotros pudimos comer los burritos que Fuguwu preparó -exquisitos por cierto- y bebimos para hidratarnos de nuevo. Pasadas unas horas y ya bien entrada la noche pero aún no muy cansados, me animé a contar historias con el fuego para subir la moral del equipo. — Venga, os contaré una historia. — dije arengando al equipo a atender — Erase una vez un reino muy lejano donde la gente sufría por una plaga de ratas. Casi como aquí, pero ratas de verdad. El rey de aquel lugar no sabía como solucionar el problema y las ratas no paraban de comerse las cosechas, de enfermar a la gente y, con el tiempo, diezmar a la población. — gesticulé sacando el mechero y comenzando a abrirlo y cerrarlo mientras con la zurda hacía señas para escenificar la historia — Fue entonces que el pueblo decidió contratar a un hombre que prometía terminar con la plaga. Un flautista. Un músico que hipnotizaría a las ratas y las llevaría directas al río para que se ahogaran. Así lo hizo el buen flautista, quien con maña y música llevó a las ratas al río y las ahogó, librando al pueblo de su pesar. Mas el pueblo, codicioso, no quiso darle su pago al flautista: una simple moneda de oro. El flautista montó en cólera. — me levanté escenificando con un palo como si fuera la flauta y señalaba a los marines — Harto y desesperado el flautista decidió hacer pagar al pueblo. Con la misma flauta que tocó la melodía que los salvó, tocó una diferente que hizo a los hijos de los hombres codiciosos del pueblo seguirlo al mismo sitio donde había ahogado a los animales y los arrojó al agua, haciendo que todos murieran. — dije frenando el tono y abriendo el mechero de Joe — El pueblo creyó que el río se había tragado su problema gratis. Pero la lección es simple: el guía que te lleva al río siempre exige que le pagues su moneda. — dije mientras me sentaba de nuevo y me callaba. — El guía que te lleva al río... — murmuré mientras cerraba por última vez el mechero, con un silencio sepulcral en el desierto terracota. — La moneda... La moneda, Fuguwu. — dije dos veces, la primera aún entrecortada y la segunda convencida, extendiendo la mano al Gyojin esperando la moneda. Tras esto, me levanté, esperando que me siguieran. — Leí un mito de tierras lejanas. Allí el infierno tenía por puerta un río, un río tan muerto como el infierno que custodiaba, sin vida alguna. — dije acercándonos a las antorchas. — No había ser mortal capaz de cruzarlo y, para ello, debías hacerlo con Caronte, el barquero del río Estigia… el río de los muertos. — me frené junto a los Marines entre las antorchas con la moneda en la mano derecha. — Y el guía que te lleva al río siempre exige que le pagues su moneda — espeté lanzando con el pulgar la moneda al agua, a diez metros de distancia aproximadamente.


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