[Aventura T2 - Presente Absoluto] - "Piel Azul" Glatus
#31
¿Organizarse estratégicamente a costa de recudir su poder militar, para encontrar a su objetivo con total certeza, o concentrar todas su fuerzas en un camino, arrasando todo lo que se encuentre a su paso, con el riesgo de que Glatus escapara ileso? A la espera de la confirmación de Irina, el grupo protagónico parecía más posicionarse frente a la primera opción. Era la que más porcentaje de victoria tenía y, en el peor de los casos, siempre les quedaría a la agente Jude esperando fuera para aplastar con pura fuerza bruta a todo aquel que intentara huir... O eso pasaría si la semigigante hubiera acatado sin rechistar las 
órdenes que sus nuevos compañeros le habían impuesto.

Tras cruzarse con un pequeño canario que escapaba hacia su libertad, la ruidosa grandullona llegó a la misma cámara en la que sus nuevos compañeros se encontraban. Quizás ahora necesitaban añadir una nueva incógnita a su ecuación, ¿cómo se tomarían la impertinencia y desobediencia de su enorme compañera? Probablemente, gracia no les iba a hacer. 



Mientras tanto, en algún lugar de la mina...

Una imponente y misteriosa figura se hallaba en una especie de caverna, débilmente iluminada por un farolillo. Se encontraba sentada encima de una caja pequeña, y apoyando sus brazos en una más grande, usándola a modo de mesa. Con su mano derecha, sostenía el transmisor de un Den Den Mushi.- Por ahora todo va según lo planeado, hijo - La figura hablaba con una voz grave, algo rasgada, pero calmada. Escuchaba atentamente lo que le decía quienquiera que estuviera al otro lado de la línea.- En efecto, mañana saldremos al alba, y te llevaremos todo como acordamos. - Se acariciaba suavemente la barbilla.- Sólo espero que tú cumplas con tu parte del trato GWAHAHAHA .- Esperó que le contestara la persona con la que se comunicaba y colgó el Den Den Mushi .-*gacha*- Sin levantarse de la caja en la que seguía sentado, se echó hacia atrás, con la manos situadas en la parte posterior de su cabeza, hasta que su espalda entró en contacto con la pared de la caverna, que se encontraba a medio metro de su posición. Dio un pequeño suspiro, lleno de esperanza y ambición.- Mañana comenzará una nueva etapa para los Piratas Aoihada.
RESUMEN DEL TURNO


INFO NARRADOR
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#32
La propuesta de Daryl fue separarse. Tal vez era la más arriesgada, pero también la más rápida para dar con los piratas restantes. Organizó rápidamente los grupos: Alzeid por la izquierda, Daryl por el medio e Ikirami e Irina por la derecha. Al escuchar las órdenes no pudo contener el desagrado por la elección de acompañante y exhaló un ligero suspiro de resignación. Se giró hacia Irina y caminó hacia ella con la cabeza gacha. 

"Ella está de tu bando, recuérdalo. Reserva tu odio para quienes deban pagar" se dijo a sí misma.

Levantó la mirada para encontrarse con los ojos de Irina, aun en aquella forma seguía teniendo sus ojos extraños. Prefirió concentrarse en ellos antes que en sus facciones de monstruo. Fue a decirle algo, pero se fijó en que algo avanzaba por el túnel que les había llevado a aquella sala. Era enorme y bella, era Jude.

-Me parece que se ha repensado lo de vigilar... -comentó en voz baja cuando la giganta entraba a la sala.

Como no tenía mucho que decir, Ikirami se quedó esperando a ver que sucedía después y si finalmente avanzaban por los caminos.
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#33
Irina chocó las manos mientras sonreía al escuchar lo que dijo Daryl. Organizó, como se le encomendó, pero no pensó que la pondrá con Ikirami. De todos modos había sido idea suya ponerle al mando de esta misión, como tal debería acatar según que decisiones, hasta que se cansara de ese ridículo juego. — Es increíble cuando le das alas a un hombre. —  Susurraría la pelirroja avanzando hacia Ikirami. Por lo visto la acompañante hizo lo mismo y ambas se encontraron a medio camino. En aquella forma Irina era bastante más grande que ella, solo con la forma desproporcionada de su cabeza podría hacer casi medio cuerpo de la mujer. Una lengua extensa, viscosa y larga se extendió, pasando por los finos labios de la bestia mientras la miraba fijamente a los ojos. — Al fin solas, marine. — Diría con intensidad.

El agujero que les tocaba era la derecha, al otro extremo de donde provenía el sonido que tanto ella como Alzeid notaron. Al menos sabía que ellas dos no llegarían al objetivo, no sería su grupo. En ese caso el viaje tendría que servir de algo. —  Tenía ganas de conocerte un poco desde el primer día que nos vimos. —  Irina mostró una hilera de dientecitos extensos que parecían no tener final. Recordó como la marine la inspeccionó en Ohara, como se quedó mirando lo que hacía en la mesa con sus pequeños frascos de sangre. Irina no olvidaba nada, odiaba que la obserbaran. Se disponía a colocar la diestra sobre el hombro de Ikirami, pero algo entró en la escena. Fue Jude, la gigante que apareció por el túnel. Al final sí que cabía. — Daryl, tu gigante. Atiéndela. —  Soltaría con ironía. Realmente este era su problema, ya no el de Irina. La cual sonreía pícaramente al costado de la pelirroja.

Si la misión salía bien, bien podría ser gracias a los rezos de Irina, puede que sus dioses fueran benévolos, porque si dependía de la organización, estaba siendo un desastre. Cada uno hacía lo que quería, solo lograron "coordinarse" para el combate, donde parecía que cada uno tomó la decisión correcta al dividirse de manera efectiva. Salvo aquello, todo estaba siendo un caos. Aunque en el caos también se podía encontrar un cierto orden, Irina era capaz de contemplarlo. — No mejor para mi.  Jude irá con nosotros. —  Se apropió Irina. Hizo un gesto sutil con la mano izquierda, como quien llama a una mascota. —  Tenemos que conocernos las tres. —  Miró a los ojos de Ikirami, supurando una profunda inquietud con aquella mirada. [/align]

info
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#34
¿Qué estaba sucediendo? Alzeid estaba completamente desconcertado ante aquel panorama. Después de haber invitado a Irina expresamente a acompañarle por el camino que seguramente fuese el más interesante de todos, ésta no lo aceptó. Pero lo que más le impresionó a Alzeid no fue la no aceptación, ya que esta no fue expresa, sino el hecho de dejarlo todo en manos de Daryl. ¿Qué le estaba sucediendo? A veces, resultaba difícil de descifrar. A ojos de Alzeid, el alma de la pelirroja en esos momentos estaba revolviéndose, moviéndose de un lado para otro de forma aleatoria y descoordinada, y eso le llamaba la atención. ¿Acaso ella había pensado en un plan y por eso estaba dejándose llevar? ¿O es que estaba haciendo rabiar a Daryl por algún motivo? - ¡¿Acaso se gustan y está celosa por las otras dos?! - Pensó para sí mismo, con un cierto tono de sorpresa. Alzeid se acercó a Ikirami para inspeccionarla un poco y ver qué podría ofrecerle a alguien como Irina. Pero no encontraba nada. A Daryl no quiso acercarse, pues era bastante hipocondríaco y prudente con las posibles plagas que solían contagiar ciertas especies de animales. Especialmente, las caninas. Alzeid seguía sin entender nada.
 
Mientras, el sonido que provenía de aquel túnel se hacía cada vez más fuerte y más evidente. En la cabeza de Alzeid y debido a sus creencias, escuchaba algo más un simple sonido metálico, una voz que le decía que fuese hacia ella. Que le salvara. - ¿Acaso hay un alma esperándome? - Se mordió el labio. Se dio la vuelta, alejándose nuevamente de Ikirami y se acercó a la entrada del túnel de la izquierda. En ese momento, un sonido todavía más fuerte resonó en su cabeza. Estaba justo detrás de él así que se dio la vuelta para comprobar qué era. - La gigante... - Susurró. Al final, el plan que había pensado el canino no había funcionado en lo más mínimo. Una en la entrada, dos hacia un lado, uno por otro lado... Y resulta que Irina quiso que la última aparición del grupo se sumase al suyo, aunque dejando caer alguna que otra broma hacia Daryl. Se gustaban, no había duda. A Alzeid le encantaban los cotilleos así que esto traería que hablar. Las reacciones que estaba teniendo con Ikirami, mostrando un repentino interés por ella, también eran bastante sospechosas. Pero ya habría tiempo de pensar en eso. Al fin y al cabo, se había juntado con este grupo de forma accidental y, a pesar de que alguna de esas almas resultase aparentemente interesante... había todavía muchas otras más sabrosas esperando por él. En algún lugar.
 
Con la llegada de la gigante, los agentes y la marine se dividieron en tres grupos diferentes para ir por cada uno de los tres caminos caminos: Alzeid por la izquierda, Daryl por el centro y el resto por el último. - Suerte con la gigante. - Movió su mano derecha de un lado a otro, despidiéndose del grupo. Agarró un par de cajas y las vació, dejando los materiales en el suelo, y colocó un par de ellas en la vagoneta. Una encima de la otra para, finalmente, posar sobre ellas una de las jaulas que había en aquel lugar. Concretamente, una que tenía un par de canarios dentro. ¿El objetivo? Que cuando la vagoneta llegara, no fuese a él lo primero que vieran. Con el material que tenía fue lo único que podía pensar. Aunque seguramente las personas que estaban allí presentes creyeran que Alzeid se subiría y comenzaría a gritar algo sobre la liberación de las almas, él era bastante más prudente que eso. - Vamos allá. - Murmuró, en un tono relajado y sonriendo, mientras golpeó la vagoneta con una patada. Esta comenzó a andar por aquellos raíles y, justo en ese momento, los canarios empezaron a revolverse dentro de la jaula. - Un rezo por vuestras almas. - Sabía que morirían. Alzeid aprovecharía ese momento para crear cuchillas desde la suela de sus pies y utilizarlas como transporte, comenzando a 'patinar' por aquellos raíles. - ¿Quién recogerá el regalo que mi alma ha preparado? - Susurraba, mientras corría detrás de aquella vagoneta a una distancia prudente.

Resumen

Karmas

Bélico
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#35
Atributos Personaje


El grupo parecía aparentemente estar de acuerdo con la división que había propuesto. Bueno, no todos. No pasó por alto el suspiro resignado de Ikirami, que pasó por delante de él para dirigirse hacia Irina, encontrándose ambas a medio camino. Le dieron ganas de cambiar su decisión, pero eso denotaría debilidad y duda, algo que no podía permitirse mostrar. Inspiró, hinchando su pecho de aire y reafirmándose en su decisión anterior. Sus ojos azabaches se posaron en Irina, analizándola fijamente. Parecía encantada con la idea de compartir tiempo a solas con la marine. No le gustó nada la mirada que le echó, la conocía, sabía que algo se tramaba dentro de aquella mente perturbada. Pero... ya había dejado de ser su problema. Al final, cada uno tenía que cuidar de sí mismo, ser fuertes, o por el contrario morir en el camino.

Alzeid obedeció como una buena mascota y se dirigió hacia su propio agujero. Todos parecían estar listos para marchar, cuando un sonido resultaba imposible de ignorar les interrumpió en su marcha. Se trataba de la gigante Jude, que se había adentrado en la mina, ignorando por completo las indicaciones que no solo él le había dado, sino también Irina. Alzeid pasó del tema, se despidió con la mano y se fue por su camino usando la vagoneta para cargar una serie de cajas y subiendose a los raíles. ¿Desde cuándo podía transformar sus pies en cuchillas? Anteriormente Daryl no tuvo la ocasión de fijarse, pues estaba enfrascado en su propio combate, así que era la primera vez que veía al albino usando su habilidad. Pero eso era lo menos importante, porque ahora había que lidiar con el tema de la gigante. De nuevo, un comentario gracioso de Irina, que parecía estar en racha. Sí, seguro que se lo estaba pasando genial dejando toda la responsabilidad sobre él todo el rato. "Qué ganas tengo de irme de esta maldita mina", pensaba Daryl para sus adentros.

No obstante, el dilema se resolvió rápido, pues Irina se agenció a Jude para su propio grupo. Ahora serían tres mujeres yendo acompañadas por el camino derecho... Irina le inquietaba, pero al menos así estarían mejor protegidas en el caso de encontrarse con algún pirata, o esa sería la idea en un principio. — Genial, que lo paséis muy bien. — Se despidió Daryl también con cierta ironía y con los huevos ciertamente hinchados. Cansado de la compañía en general de todos, se dio media vuelta y comenzó a adentrarse por el camino central en una deseada y pacífica soledad. Qué bonito era el silencio, qué reconfortante no tener que estar pendientes de mujeres todo el rato. Caminaba con su espada en la mano, echada sobre el hombro derecho, disfrutando de la tranquilidad aunque sin obviar que estaban en una zona peligrosa y que debía estar atento ante cualquier amenaza.



Resumen
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#36
Un Pajarillo pasó volando sobre el poco espacio que había entre la cabeza de Jude y el techo. Pensó si habría escapado de su jaula o uno de sus compañeros lo había liberado. En general, los humanos son crueles por naturaleza, se sienten poderosos decidiendo el destino del resto de criaturas, por eso y muchas cosas más, era necesario que existiera un grupo como el suyo. Un grupo con excedentes de fuerza, capaz de capar esa ansia por controlar las cosas que algunas personas poseían. En un mundo superpoblado por la maldad tenían que aparecer los ejemplares más fieros y carentes de amor, para hacerles ver que no son el escalón superior de la pirámide a esos que lo creían sin fundamento.

Jude al fin llegó a la cámara donde todavía estaban sus compañeros, frente a los tres caminos posibles a seguir. Parecía que se habían dividido en tres grupos para abarcar todas las rutas. A la izquierda el andrógino, delante de la gruta más pequeña, en el centro Daryl y a la derecha las dos chicas. No parecían sorprendidos por a aparición de la gigante. 

- ¿Aún estáis aquí, lentorros? Pero si os he dado un montón de ventaja, que parsimonia... - Solo hacía un minuto que estaban allí, el tiempo que había tardado Jude en decidir entrar también, eludiendo las ordenes recibidas.

Irinia le dijo a Daryl que se responsabilizara de la gigante poco antes de decidir que sería mejor que se uniera a la pareja de chicas para formar un trío. Le hizo un gesto con el dedo indicándole que se dirigiera hacia ellas. 

- Aunque la idea de ser tres me resulte irritante por el hecho de que hay más bocas que alimentar... Prefiero eso que ir con cualquiera de los otros dos. - Realmente no quería ir con Daryl por ser hombre, el espadachín le daba más igual, pero le incomodaba no saber como tratarlo. Si realmente era un hombre no lo tenía claro, le hacía dudar y a Jude no le gustaba no estar segura de las cosas. Se plantó al lado de la pareja con la que iba a compartir ruta.

- ¡Diablos! ¿Avanzamos o estáis esperando a que aparezcan solos los piratas? ¿No tenéis ganas de machacarlos? - Jude estaba más impaciente que antes, si cabía. Mirando hacia la caverna por la que iban a avanzar, cogió a Lucy con sus manos y apuntó hacia el interior. - Ya voy yo delante, en un escenario estrecho como éste, mi vara es la mejor opción para abrir paso. Puedo controlar la situación dejando poco margen de maniobra al enemigo. - Más que ser estratégica, la intención de Jude asegurarse que sería ella la primera en repartir golpes.

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Karmas
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#37
Ya fuera con un plan en mente, acatando órdenes o con el deseo de perder de vista un rato a sus compañeros, el grupo se dividió en tres para ir cada uno por un camino. El filósofo de las almas Alzeid, se encaminaría por la ruta de la izquierda, el lobo solitario, Daryl por el central, y el subgrupo conformado por la sectaria Irina, la marina fetichista Ikirami y la escandalosa Jude por el derecho. ¿Qué les depararía a cada en su respectiva aventura?



Camino de la izquierda, ruta de Alzeid

Una vez que el agente empujó la vagoneta, con las cajas y las jaulas apiladas sobre él, esta comenzó a moverse a través de los raíles que definían su trayecto. Para fortuna del peliazul, el sendero era completamente recto y sin ninguna curva pronunciada, lo que evitaba que el montón de cajas se desestabilizara y se cayera debido a los giros. Gracias a su fruta, el agente generó unas cuchillas en sus pies que le permitirían deslizarse a través de los raíles y seguir fácilmente a la vagoneta y, como añadido, esconderse detrás de esta, por su gran capacidad de infiltración y sigilo. La cueva por la que avanzabais no tenía nada en particular, salvo el par de raíles por el que estabais circulando y los otros dos pares, correspondientes a los que visteis en la entrada sin ninguna carretilla encima, que la oscuridad reinaba por la ausencia de faroles y que, los sonidos metálicos que se escuchaban en la cámara anterior se iban escuchando más y más fuerte.

Avanzados unos 800 metros, la vagoneta comenzó a reducir su velocidad a la par que se llegaba a vislumbrar algo de luz. Era el final del trayecto, y con él, la entrada a una nueva sala bajo tierra. En los otros dos raíles, anteriormente sin ocupar, se encontraban las otras dos carretillas que faltaban llenas de piedras preciosas, minerales y pepitas de oro, pero ¿quién las había llenado? La respuesta a esta pregunta se encontraba en la propia caverna, de unos 10 metros de radio, y 12 metros de altura que se extendía frente a ti. En la zona central del techo, abarcando un área circular de unos 5 metros de radio, colgaban varias estalactitas y, del mismo modo, en el suelo, abarcando la misma superficie, sobresalían algunas estalagmitas que dificultaban el paso por aquella zona. En esos salientes pétreos, colgaban múltiples faroles que brindaban a la sala de una gran iluminación. A la izquierda de la entrada a la sala desde la cueva por la que el agente se introduce, aproximadamente a 14 metros de distancia, y pegado a la pared cavernaria, se podían distinguir a nueve hombres picando en la pared y a otro, usando una especie de vehículo rudimentario con una taladradora incorporada, siguiendo el mismo procedimiento que sus compañeros. Si sumabas dos más dos, podías descubrir que el sonido que no parabas de escuchar procedía de aquella maquinaria. A su lado, se podían distinguir varios sacos llenos, aunque no era posible identificar su contenido a esa distancia. A unos dos metros de los trabajadores, a unos ocho metros del centro y a unos 13 metros de ti, se encontraba sentada en una silla una mujer de distinguible apariencia. Lo más destacable de ella era, sin duda, su pelo corto de color morado, sus cejas fragmentadas y el tatuaje rosa que tenía en su mejilla izquierda, que simulaba una mirilla. Al mismo tiempo que los otros diez hombres picaban o perforaban en la pared, la pelimorada se encontraba sacando brillo a lo que parecía ser un revolver.

La figura que formaba la carretilla que habías empujado, con la pila de cajas y jaulas encima, era tan llamativa que llamó la atención de la chica, la cuál paró de su tarea, poniéndose en pie. Estuvo un rato extrañada mirando hacia el vagón, hasta que empezó a reírse.- Pfff, ¿será cosa de Sadine? ¡Esta chica! ... ¡Grihaha! ¡Cómo le gusta asustarme grihaha! – Dijo para si misma y, seguidamente, se giró hacia los diez hombres.- ¡EH! ¡VOSOTROS! ¡ID A COMPROBAD LO QUE NOS HA DEJADO NUESTRA “AMIGA”! – No obtuvo ninguna respuesta, el incesante ruido que provocaba la maquinaria dificultaba con creces escuchar cualquier otro agente externo.- ¡EEEEEEEEEH! ¡HE DICHO QUE VAYÁIS A COMPROBAR ESA VAGONETA! – Seguía en las mismas. La mujer, volteó los ojos al tiempo que chasqueaba su lengua. Con su diestra, cogió su revolver y disparó una bala dirigida al pico de uno de los trabajadores, ¿su misión? Llamar su atención para que pararan. Aunque lo que casi se le para al hombre era su corazón del susto. Los nueves esbirros dejaron de trabajar y, el que estaba a cargo de la taladradora apagó el motor. Por fin, el silencio reinaba en la sala- Perdona vicecapitana Aimi, ¿Qué pasa? – Eran piratas, no hacía falta ser un lince para darse cuenta.- ¡Id a mirar esa vagoneta de allí! – Señalaba con su siniestra a la misteriosa carretilla.- ¡Vosotros cinco! – Señaló uno a uno, con su pipa, a los bucaneros a los que se refería.- Sí, ¡id vosotros mismo! No pienso tragarme la inocentada de esa sosainas grihaha.- ¡A sus órdenes vicecapitana Aimi! – Se dirigieron los cinco hombres hacia donde estaban las tres vagonetas y, junto a ellas, el agente Alzeid, hasta quedarse a unos dos metros de ellas.

IMAGEN DE AIMI




Camino del centro, ruta de Daryl

Ahh la calma, el silencio, ¡la tranquilidad! Como se echaba en falta esa clase de momentos cuando uno estaba rodeado de gente tan caótica, ¿verdad? Una vez emprendió el agente Daryl su propio camino, tomó una ruta con una notable inclinación. Si ya estaban cinco metros bajo tierra, esa cueva le llevaría más cerca de las entrañas de la tierra. Y aún así era raro, porque, ¿se escuchaba un sonido similar al del agua fluyendo? Sumado a eso, un leve olor a humedad inundó la zona. Conforme seguías descendiendo por aquella gruta, hasta haber recorrido 500 metros y haber descendido otros 120 metros de profundidad, ibas vislumbrando la razón por la que olía a humedad y se escuchaba agua circular, un lago subterráneo del cuál, como si de un cuento de hadas hubiera salido, emanaba de lo más profundo una cálida luz. Frente a ti, se extendía otra gran cámara, aún mayor de la que provenías. En este caso, las dimensiones de la habitación no tenía sentido mencionarlas, de lo inconmensurables que resultaban. Lo que si había que destacar era que, el mencionado lago poseía una forma similar a una estrella de cinco puntas. Si la estrella estuviera circunscrita, el radio de la circunferencia sería de 80 metros y, la distancia entre sus puntas y las paredes de la cámara, sería de 20 metros. Una de las puntas del lago apuntaba hacia donde procedías. A unos 15 metros de ti, podías otear una figura, de, aproximadamente, un metro ochenta de altura, antropomórfica, pero que para nada era un humano. Al ir sin camisera, podías ver que su piel era de un color grisáceo, que hacía un llamativo contraste con el rubio de su pelo ondulado. Dándote la espalda, parecía estar admirando la cristalina superficie.- Ah, l’amour… ¿Cuangdo coguespondegás a monsieur Hund, madame Aimi? – Aquel sujeto parecía estar tan inmerso en sus pensamientos que no había reparado en tu presencia en lo absoluto.

IMAGEN DE HUND




Camino de la derecha, ruta de Irina, Ikirami y Jude

Por último, el grupo, aparentemente, capitaneado por la agente Irina, se adentraba, en compañía de Ikirami y Jude, hacia lo más profundo de su sendero. “Mantén cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos”, ¿sería esto lo que tenía en mente la asesina pelirroja cuando decidió sus acompañantes? El tiempo lo diría. Mientras permanecíais en silencio o parloteabais sobre cualquier tema de conversación, el sendero se iba oscureciendo más y más. Al contrario que las otras dos rutas, aquel camino no era recto, sino que tenía cierta curvatura que se iba alternando cada equis metros, como si estuviera serpenteando. 

Recorridos aproximadamente 400 metros, el grupo llegó a una pequeña habitación parcialmente iluminada. En aquella sala, rectangular de 15 metros de profundidad, 12 de ancho y 12 de altura, difícilmente, se podían distinguir varias mesas y sillas de maderas dispuestas en toda la sala. Ese sitio era usado por los trabajadores de la mina como su área de descanso y almuerzo. Lo verdaderamente importante era lo que había al final de sala, a 15 metros de vosotros. Un gran hombre de casi dos metros de alto se sentaba frente a vosotras, sólo iluminando la parte inferior a su cuerpo, quedando oculta su cara de vuestra visión. A su lado, había una caja, más grande sobre la que estaba sentada, de un metro de alto, en la que había apoyado un Den Den Mushi. El hombre, lentamente, se levantó de su asiento improvisado y, con la misma lentitud, comenzó a dirigirse hacia vosotras. Os había visto. 

Si estáis aquí doy por hecho que mis subordinados, Sadine y Marvin han sido asesinados por vosotras, ¿verdad? – Pese a hablar de la posible muerte de sus compañeros, por la tranquilidad y sosiego que hablaba, no parecía importarle en lo absoluto su fallecimiento. Conforme seguía acercándose a vosotras, su cara, anteriormente escondida en las sombras de la habitación, empezaba a salir a la luz, revelando a un hombre de mediana edad, con múltiples arrugas y facciones muy marcadas. Su piel azul grisácea, hacía un perfecto contraste con su penetrante mirada de color amarillo y su pelo de color verde, salvo dos mechones, estaba bien peinado hacia un lado. Su ropa azul denotaba elegancia y poder, sobre todo económico. El atractivo señor comenzó a aplaudir sin detenerse.- Si es verdad que habéis matado a Sadine y Marvin, GWAHAHAHAHA ¡bravo! – Dejó de aplaudir y se paró en seco, a 6 metros de vosotras, al mismo tiempo que ponía su siniestra en su pecho y extendía su diestra hacia vosotras.- Hijas, ¿qué os parecería pasar a estar bajo mi mando, el gran capitán, Glatus? – Efectivamente, frente a vosotras teníais el motivo por el cuál habíais aceptado aquella misión, detener a Glatus “Piel Azul”.

IMAGEN DE GLATUS


RESUMEN DEL TURNO

PERSONAJES


INFO DEL NARRADOR
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#38
Jude se acercó a ellas. Era tan llamativa, no solo medía dios y la madre, es que encima era atractiva, tenía una voz poderosa que usaba constantemente y era obviamente inútil en cualquier misión que hubiera requerido algo de sigilo. ¿Cómo era posible que ella fuera una miembro del Cp? Sería una interesante pregunta que hacer cuando volviera de cumplir la misión. A su superior le llegaría un gran informe de todo lo vivido, de opiniones propias sobre el caso y como no, de queja de varios integrantes, incluido Daryl. Eran demasiados fallos en el engranaje. Irina los destaparía a todos de hacer falta, por inútiles. —  Ir conmigo es la mejor opción para ti, pequeña. — Le diría al verla pasar por su costado. Era tan grande, costaba focalizar lo que una veía. Además, los gigantes no se propagaban mucho, ver alguno vivo era toda una odisea, pero allí estaba Jude, encima con la actitud de una joven humana con ganas de actuar, actitud jovial y sobre todo, claras ideas. A ojo aparentaba tener la edad de una mujer humana de uno veinte. Vio en ella un aura que deberían tener las chicas de su edad. La que desprendía en ocasiones Ikirami. La que ella debería poder generar. Pero las realidades de cada uno eran un mundo, Irina nunca pudo vivir ni su infancia ni su adolescencia, ella fue creada, criada y entrenada como lo que era hoy en día, una agente perfecta.

Comenzaron a adentrarse en su agujero. Jude por delante e Irina y su compañera bien cercanas. Jude parecía ser agente del Cp, básicamente por su información, aunque su vestimenta era bastante reglamentaria entre los suyos, por ahí se podía identificar. Como Irina Iba con Traje siempre o Daryl con un "semi-traje" oficial. Si te ponías a unir piezas incluso por la forma de vestir se identificaban con facilidad. — Si finalmente encontramos a Glatus o alguno de sus subordinados, tenéis que actuar con cautela. No es fácil, lo sé, Jude es imposible que pase desapercibida, pero su tamaño puede servir para cubrir posibles escapes. — Le guiñó un ojo a la gigante.  Enfocó con sus dos focos a la fémina de la marina. — Tú, sin embargo, físicamente no vas a ser muy útil para utilizar en combate. Eres pequeña, pero guapa. — Acarició su mejilla derecha, lentamente.—  Si son hombres podrías complacerlos, mientras lo haces, yo podría decapitarlos. — Dejó de tocarla y continuó avanzando. — Hay que sacar el partido necesario a lo que se tiene, el enemigo no dudará en hacerlo, menos Glatus, que es conocido por manipular muy bien la situación. —  Cerró el puño derecho. Glatus comenzaba a ser un despojo con una capacidad de escape por encima de lo esperado. — Ya es algo personal, necesito que sigáis lo que os diga. Si Glatus se vuelve a escapar, os culparé directamente a vosotras. —  Ni las miró. — Es importante que lo sepáis, no quiero lloros después. —  Finalizó, con crudeza.

No hubo mucho tiempo de charla, porque algo cambió. La mujer mestiza alargó la vista, cual águila. Irina comenzó a ojear cambios. Varias bifurcaciones hacia determinado lugar. Pronto encontrarían una puerta, por la que ella pasaría primero, dejando detrás a sus compañeras. Puso un pie dentro, era una sala rectangular, con focos de luz justos para identificar lo que había dentro. ¿Una sala de descanso? Irina no depositó sus ojos en primera instancia en la figura que había en frente. Pasó un dedo por encima de una mesa que estaba justo en la entrada a la izquierda. Levantó algo de polvo. Lo meció, rascó sus dedos, indagando. - Aquí ha habido gente recientemente - Pensó, oliendo después los dedos que tocaron la mesa. Al dar un segundo paso si que localizó la figura. Tan solo se le veía medio cuerpo, pero estaba justo delante. Comenzó a hablar. —  Glatus. —  Reaccionó Irina, algo acelerada, aunque no se notara exteriormente en absoluto. Facciones desgastadas, ojos hundidos, cabello desgarbado, grande, alto. Era la figura que logró desbancar la larga hilera de triunfos de Irina, la misión que se le estaba atravesando en su impoluto expediente de misiones. Por fin, era él. Pero si se había escondido antes tantas y tantas veces, si era realmente tan difícil de atrapar, era por no ser un cualquiera. Atacar sin pensar no solucionaría el problema, aunque al verlo ahí las ganas tiraban de cualquiera.

Comenzó a aplaudir, lo que sacaría de cualquier razonamiento a cualquiera que estuviera un poco metido. Después se dejó ver al completo, no titubeo al mencionar la muerte de sus subordinados. No tenía compasión o empatía, eso determinaba una clara ventaja para el, denotando uno de los por qué era tan peligroso. La propia Irina era semejante, aunque ella si se imponía líneas que no rebasar, de lo contrario sería otro Glatus de la vida. Dominar los limites es lo que volvía grandes a personas como ellos. Él era muy pequeño al lado de Irina. Solo que aún no lo sabía. Propuso un fantástico plan, unirse a él. A cuanta gente habría convencido con ese truco. Irina tenía que ser inteligente, sin pasarse. Tenía que englobar las personalidades y psiques de los que le rodeaban, pues no actuaba sola, para su desgracia. ¿Jude? aún había dudas con ella, ¿acataría las órdenes de Irina? Ikirami parecía mucho más focalizada con ello, podría ser una pieza mucho más util si necesitaban mentir. Multitud de ideas brotaban de la mente de la Volkov. Engañarlo, aceptar su trato y que aquel idiota con aires de grandeza les llevara a algún pez mayor. Dejarse de hablar y atacar. Hacerle alguna contraoferta y etc. Muchas ideas volaban por la cabecita pelirroja de Irina. Saber decidir también formaba parte de estas misiones. Sutilmente, Irina giró el rostro, contactando con sus compañeras visualmente. Primero focalizó a la pelirroja y señaló hacia la derecha. En aquella parte no habían mesas, pero sí varias sillas y algún utensilio de comidas (algún vaso de hierro y tenedores) encima. Después fijó sus faros en la gigante. A diferencia de Ikriami señalizó al suelo. Era muy importante que Jude cortara la salida, daba igual si Ikirami e Irina morían, no podía salir de allí vivo y en caso de que esto pasara, Jude tendría que ser la encargada de asestarle un golpe final. Ella era la única que les brindaba una doble oportunidad de derrotar a Glatus si la primera salía mal. Era el real plan B que ninguno de los chicos en sus agujeros tendría en esta misión. Irina la quería por eso y por mucho más, ella nunca daba un paso en falso.

Este cambio de información se daría en una fracción de segundo justo antes de que volviera a centrar su vista en Glatus. —  Glatus "Piel azul". —  Irina daría dos pasos hacia delante, quedando su figura bajo un foco de luz que emanaba el techo. — Soy Irina Volkov, llevo buscándote semanas. Eres un tipo dificil de atrapar. Lo admito. —  Irina no gesticulaba a penas, algo que solía hacer. Como una muñeca de porcelana que da mucho mal rollo. —  Como has dicho hemos exterminado a tus subordinados. Estamos aquí, somos tres contra uno, en un lugar cerrado que intuyo que no has elegido por casualidad. —  Chasqueó la lengua. —  Pero te conozco muy bien, Glatus "Piel azul". —  Parecía que los ojos de Irina se salían de sus propias orbitas. —  Me he leído tus informes cientos de veces. Sé dé donde vienes, qué familia te queda aún con vida, quienes son cada uno de los integrantes de tu estúpida banda de idiotas. Se que eres el tipo de hombre que no decidiría reunirse en una sala cerrada para pedir algo como lo que acabas de hacer sin tener un plan B. —  Avanzó otro par de pasos. —  Y lo sé por qué yo soy peor que tú. ¿Crees que estamos aquí solos? ¿crees que si un imbécil inferior como tú ha inventado un plan A y B una mente prodigiosa como la mía no tiene un plan Y, U o Z? —  Otro paso más. —  No sabes quién soy, Glatus "Piel azul". —  La fosa (la boca) de Irina se abría mientras avanzaba, salivando por un costado. De un momento a otro, Irina se calmó. Cerró la boca, relajó la mirada y atrasó lo que avanzó, hasta sentarse en una silla cercana.

—  No nos vamos a unir a ti. Pero sí estamos interesadas en lo que tienes que ofrecernos. —  ¿Dinero?¿Poder? Glatus no era idiota, sabía que si agente del Cp como Irina le buscaban, estarían allí cubriendo todas las posibilidades existentes. Si decidía jugar por las malas, moriría irremediablemente. Pero Irina le planteaba una mesa de ajedrez donde darle la oportunidad de negociar. Podía intuir varias cosas de aquello, la primera; Que Irina era una agente corrupta y qué genial, era una opción plausible poder salir de allí sin derramar su propia sangre y dos: Buscaba poder, contactos, información aún más suculenta de la que era ya la propia vida de Glatus. El era una fuente de información, Glatus podría servir para más que para morir allí. También era cierto que Irina no haría ascos a riquezas e información. Incluso no haría ascos a convertir al propio Glatus en un informante si era importante lo que tenía que decir. — Chicas, sentaos. —  Finalizó Irina, sin mirarlas. Ellas debían ser las caras restantes de sus monedas. Debían seguirle el hilo. Darían la validez necesaria para la Volkov, ganándose así parte de su confianza al entender un plan sin verbalizar, como hacía Daryl. 




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#39
Atributos Personaje


Aquel pasillo de tierra y rocas se convirtió de repente en un remanso de paz para el ensangrentado espadachín. El silencio, la soledad, la calma... ya hacía un tiempo que se le había olvidado dicha sensación, con lo mucho que le gustaba a él. ¿Quizás su decisión había resultado ser egoísta? ¿Quizás su subconsciente deseaba tanto ese momento que priorizó su comodidad ante lo razonable? Era un sinsentido seguir comiéndose la cabeza con tales cuestiones, pues la decisión ya estaba tomada. Daryl avanzaba con paso firme aunque con cautela. El camino se había ido inclinando poco a poco, hasta el punto en el que tuvo que ir eligiendo bien donde apoyar el pie para no resbalarse. Resultaba algo incómodo avanzar de este modo, pero tampoco es que tuviera más opciones, por suerte contaba con sus robustas botas.

Mientras caminaba tuvo tiempo para pensar en muchas cosas. Le llamaba la atención como el destino o las causalidades de la vida siempre provocaban que Daryl volviera a juntarse con algún grupo. Él siempre solía huir de este tipo de relaciones, se tachó a sí mismo de ser una persona solitaria e incluso antisocial, no obstante, era como si una fuerza superior no le permitiera aislarse del mundo. Lo sintió con Irina, cuando su día a día consistía en realizar misiones en solitario apenas se relacionaba con nadie, sin embargo, cuando llegó a su vida poniendo su mundo patas arriba era como si el destino le obligara a volver a abrirse a las personas. ¿Abrirse a Irina? Eso sí que era una hazaña... la jodida era hermética como una caja fuerte con un código tan complejo que era imposible descifrarlo, y aún así, llevan juntos ya cuatro años. Ahora volvía a ocurrir. De alguna manera, en algún lugar estaba escrito que aquel día se encontraría en esa mina, rodeado de esas personas tan dispares. ¿Con qué fin? La verdad es que Daryl no creía en el destino, pero tampoco en las casualidades.

Según iba avanzando, el aire se iba cargando con una humedad que antes no tenía. Lo mismo pasaba con la tierra de las paredes del túnel, ligeramente oscurecida y resbaladiza. Al principio no lo notó, pero llegado cierto punto del camino no pudo ignorar el sonido de lo que parecía ser una corriente de agua y el olor a mojado. ¿A cuántos metros de profundidad se encontraría? Daryl no era consciente, desde luego, tampoco es que le interesara demasiado, pero sería un dato curioso que no le importaría conocer. Entonces, poco a poco, comenzó a distinguir la presencia de una sala más grande. Se acercaba el final de aquel largo e inclinado pasillo. Afianzó el agarre que ejercía sobre su arma y continuó avanzando.

Ante él se extendió un amplísimo lago subterráneo, iluminado por una cálida luz anaranjada. El ambiente que se respiraba en aquella estancia era casi idílica, mágica. El lago ofrecía una vista simplemente preciosa, rodeado de aquella luz que contrastaba tan bien con la profundidad oscura del mismo. Además, al situarse tan al fondo de la tierra, daba la sensación de ser un lugar escondido, un secreto que no debía ser revelado. Se respiraba cierto aire íntimo. A Daryl no le hubiera importado disfrutar de aquel lugar tranquilamente, sin embargo, delante de él emergía una figura masculina y grisácea que le daba la espalda, pues miraba hacia el lago, situado en la orilla del mismo. Murmuró algo que Daryl no fue capaz de escuchar, pero tampoco le hizo falta para reconocerlo. Se trataba de Hund, uno de los dos piratas que quedaban aparte del capitán Glatus. Había leído algo de información sobre él, conocía su nombre y que se trataba de un gyojin, pero poco más. Solamente observando el lugar del encuentro supo que se encontraba en una clara desventaja, jugar contra un gyojin en el agua siempre era peligroso, obviando el hecho de que él era había consumido una fruta del diablo.

Habría sido perfecto aprovechar la espalda del enemigo para lanzarse hacia él con un ataque sorpresa. Pero ese no era su estilo. Se acercó hasta quedar a unos diez metros de su objetivo, probablemente ya le habría escuchado acercarse, pues el sigilo no es que se le diera muy bien a un hombretón como Daryl. — Tú eres Hund, ¿verdad? — Dijo, para llamar su atención. Su rostro era completamente serio, notó cómo los músculos de su brazo se tensaban, preparado para pasar a la acción en cualquier momento. — ¿Ves la sangre que cubre mi cuerpo? — Había empezado a secarse, pero aún era evidente, sobre todo en su camiseta teñida de rojo y en partes de su rostro. — He aniquilado a tus amigos de la entrada y he gozado con su muerte. — No había sido él solo, pero ese detalle lo obvió. — Dime dónde se encuentra Glatus "Piel azul", o acabarás igual que tus compañeros, la morena con coleta y el grandullón en calzones. Dame lo que quiero y quizás te deje vivir un día más. — Le preocupaba que Irina se encontrase con Glatus, sentía que no controlaba la situación y eso le ponía nervioso. Esperaba obtener información del gyojin por las buenas, aunque acabaría matándolo igualmente, colaborase con él o no.



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Karmas
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#40
Al final serían tres en lugar de dos las que avanzarían por el camino designado. No le hacía especial gracia ir con ninguna de las dos mujeres. Jude, a pesar de que no la había conocido mucho y era un tanto malhablada, le parecía agradable. Le recordaba a cierta peliazul, pero midiendo cinco veces más. Lo malo es que era muy ruidosa simplemente caminando, e Ikirami prefería el sigilo en primera instancia. Respecto a Irina, se comportaba de forma extraña con ella, parecía que se aprovechaba del miedo que le había infundido verla transformada. Pero se había mentalizado en no verla como una enemiga, no era una pirata y no le tenía miedo a ella, sino al recuerdo de Rust. Entonces Irina sugirió que debían conocerse mejor las tres. Tal vez incluso no era mala persona y simplemente un tanto excéntrica, por su tono de voz, el cual siempre se mantenía igual, no era capaz de dilucidarlo. Le devolvió una amable sonrisa como respuesta. A continuación, Jude habló e Ikirami se giró hacia ella.


-Por supuesto. Vamos. -respondió Ikirami ante la pregunta de Jude sobre si tenían ganas de machacar piratas, y comenzó a avanzar por el camino junto a sus compañeras.

Por supuesto que quería machacarlos. Acabar con Sadine había sido agradable, incluso excitante si se paraba a pensarlo, pero le sabía a poco. No estaría satisfecha del todo hasta acabar con el propio Glatus, con sus propias manos si podía. Continuando su marcha con Jude encabezando el grupo, el camino comenzó a serpentear y a oscurecerse. Ikirami se tocó el casco que había cogido antes, rozando con sus dedos el pequeño foco que había en él, buscó el botón de encendido y lo presionó. Daba igual que notasen la luz, los pasos de Jude las delatarían mucho antes, mejor ver por donde pisaban y si había algún peligro al acecho. En ese momento, Irina rompió el silencio, ordenando a las restantes actuar con cautela. Sí, Jude era un problema, pero Ikirami también compartía la opinión de que no era buena idea precipitarse. No sabían si había más caminos y más enemigos además de los conocidos, ni si tal vez les esperaba alguna trampa.

-Coincido con lo que dices, así lo haremos. -afirmó ella justo cuando Irina la miró fijamente.

La mujer monstruo le dijo directamente que no creía que fuese a ser útil en combate, porque era pequeña, aunque guapa. Entonces volvió a actuar extrañamente acariciándole la mejilla. “¿Está… intentando coquetear conmigo?” pensó, algo confundida por las señales que le enviaba. Estaba a punto de sonrojarse cuando Irina continuó sugiriendo que lo que sí podría hacer es satisfacer a un hombre en caso de encontrarlo y dejarle a ella la parte de asesinarlo mientras. Menuda ironía del destino era que le dijese exactamente eso. No fue capaz de contener una ligera risa que sonó como un siseo “Sssssss”

-Aunque te cueste considerarlo, puedo hacer ambas cosas al mismo tiempo, y no sería la primera vez. -dijo con una sonrisa ladeada, recordando la primera vez que asesinó a alguien, precisamente a un capitán pirata. Se mordió el labio recordando la sangría que siguió a ello. Una cama de sabanas blancas empapadas en rojo, el olor y el sabor del hierro en su boca, el susurro de las olas en sus oídos, el barco balanceándose apaciguadamente en el océano. Por un instante, casi podía sentir incluso la viscosidad de la sangre deslizándose por sus manos y su cuerpo desnudos. Su dulce y carmesí venganza. Estaba tan absorta en sus pensamientos que apenas pudo escuchar lo que decía su interlocutora a continuación, algo de culparlas si Glatus escapaba.

Pero por desgracia, no tardó mucho en tener que abandonar aquellos estimulantes recuerdos. Una luz al final del túnel, como se diría. Volvió rápidamente en sí, con unas crecientes ganas de conflicto en su interior. Necesitaba estar centrada, así que se abofeteó ligeramente las mejillas para centrarse. Continuaron caminando hasta llegar a la que era una sala no especialmente grande, pero sí alta, una suerte para Jude. Había varias mesas y sillas, un área común para descanso de los mineros. Entonces, mientras recorría la sala con la mirada inspeccionándola, notó un ligero destello de algo metálico en el fondo de la sala en la que se reflejaba muy ligeramente la luz de su casco. Miró hacia allí y vio un hombre de piel fría y grisácea, sentado en una caja junto a otra con un Den den mushi sobre ella. Por su aspecto, todo apuntaba a que era el maldito capitán, con su piel azulada incluso. “Bingo. Te tenemos sucia rata escurridiza” dijo en su cabeza.

Irina se avanzó ojeando la sala, parecía no haberse percatado de la presencia del hombre. Ikirami se aclaró la garganta, posicionada en medio de la entrada, intentando avisar a las demás. En ese momento el hombre comenzó a hablar, presuponiendo acertadamente que sus dos lacayos habían muerto. Por su tono y reacciones, no le importaba lo más mínimo. Pero claro, ¿cómo iba a hacerlo? Los piratas eran pura escoria. Mataban a los suyos ellos mismos incluso, consideraban las vidas simples herramientas y monedas de cambio en sus manos.

Entonces, Irina vio al hombre y lo identificó como Glatus. Confirmado el objetivo, Ikirami se mantuvo en su posición a la espera con cautela, mientras este continuaba hablando con tranquilidad, aproximándose con un ritmo sosegado a ellas. Aplaudió felicitándolas por acabar con aquellos dos inmundos piratas. Una vez estuvo a escasos seis metros de la más adelantada, Irina, frenó su avance y les propuso algo impensable, que se uniesen a él.

Ikirami se mantuvo estoica en su lugar, conteniendo sus ganas de acabar con aquello en ese mismo instante. No era una persona impulsiva, se valía del engaño y la estrategia para llevar las cosas a su terreno primero. Tras unos segundos de silencio, lrina la miró y señaló a la derecha de la sala. Dio un rápido vistazo al sitio viendo varias sillas amontonadas en tres pilas de dos y cajas con utensilios de cocina encima. Asintió y se movió hacia allí en silencio con paso relajado, sin perder de vista a Glatus y dando un ligero rodeo para mantenerse a la máxima distancia de él en todo momento, unos 6 metros. Estaba deseosa de poder lanzarse al ataque en cuanto sus compañeras se posicionasen.

Irina dio un par de pasos adelante, se dirigió directamente al hombre presentándose y haciéndele entender que se encontraba en desventaja completa con distintos argumentos. También insultó a su inteligencia, puede que no fuese la mejor opción, pero supuestamente ella lo conocía bastante bien por la información de la que disponía. Siguió avanzando mientras soltaba su discurso, el cual tenía claramente la intención de hacerle ver a Glatus que ella se encontraba muy por encima de él. Mientras esto acontecía, Ikirami decidió dejárselo a ella, la cual se había proclamado líder de la misión junto a Daryl al inicio de esta. Pero ella tampoco iba a perder el tiempo. Sin moverse, echó un vistazo minucioso a la sala en busca de señales de un posible camino de huida, un túnel secreto o algo que no encajase. Cualquier rastro en el suelo, cualquier marca en la pared podría ser sospechosa. Se fijó especialmente en la zona en la que antes había estado sentado el hombre, la cual estaba poco iluminada, pero aprovechó su buena visión y la luz del casco para ello. Con lo que había escuchado a sus compañeros decir de él y la posibilidad que Glatus tuviese un plan B, le encajaba que pudiese haber una ruta de escape. Sería extraño que se adentrase hasta el fondo de una mina a sabiendas de que, si venían a por él, estaría totalmente acorralado. Aunque lo mismo se podía decir de ellas, claro.

Irina finalmente dijo lo que estaba esperando. Se negó a unirse a él. Ikirami esbozó una pequeña sonrisa al escucharlo. Ni se había parado a pensar en la posibilidad de que aceptasen. Sin embargo, su compañera prosiguió mostrando interés en lo que él pudiera ofrecernos.

Acostumbrada al arte del engaño, Ikirami dio por supuesto que no se refería realmente a pactar con un pirata, que se trataba de un ardid para sacarle información y tal vez hacerle bajar la guardia para después poder acabar con él con más facilidad. Les dio la orden a ella y Jude de sentarse, Ikirami decidió unirse al juego y acató la orden sin rechistar asintiendo con firmeza. Con cuidado de no hacer ningún movimiento brusco movió una de las sillas ligeramente para situarse a la derecha de Irina pero algo ladeada. Una posición en que le quedase la esquina a la espalda, a unos tres metros de la pared derecha y otros tres de Irina, que estaba justo en medio de la sala. Con suerte la gigante abarcaría el espacio restante para cortar la salida al sujeto en caso de intentar escapar.

Una vez en posición, cruzó las piernas poniendo por encima la que tenía la abertura lateral en la falda, dejando al descubierto algo más de su muslo de manera sutil de forma que pareciese accidentalmente y apoyó uno de los codos en ella. Con su mirada fija en el hombre, uso esa misma mano para agarrar un mechón de pelo y juguetear con él mientras ladeaba la cabeza observándolo con curiosidad. Por supuesto, un ingenuo coqueteo fingido, pero con sus habilidades no debería ser perceptible, estaba tan acostumbrada a ello que hasta era su forma natural de actuar. Aguardó para ver como se acontecían los hechos a continuación, expectante por la batalla que esperaba se diese más pronto que tarde.


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