![[Imagen: rvCfBMF.png]](https://imgur.com/rvCfBMF.png)
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[EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver
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20-06-2026, 06:45 PM
Todo se sucedía a una velocidad pasmosa, pudiendo apenas reaccionar al acalorado combate que se estaba desarrollando tras nosotros, a la llegada de más agentes de seguridad o a los gritos del resto de presos del nivel 4 que, aferrados a los barrotes de sus celdas, observaban con atención lo que estaba ocurriendo; sus ojos brillaban, fantaseando con la posibilidad de que alguien les ayudase a escapar de aquel infierno. La alarma seguía sonando.
Pero todo aquello se vió opacado por una sola cosa.
Mientras conversaba con Triana, me percaté de la presencia de un extraño ser, un humano a medio camino de caracol que parecía conocer a Yojimbo y que buscaba también liberarle de aquellas molestas cadenas que le mantenían aún preso. Su aspecto me horrorizaba, y su forma de hablar hacía que no pudiese concentrarme en otra cosa que no fuese en ese extraordinario ser, en la peor acepción posible de la palabra.
— ¿Quied ze zupode…? Cof, cof —aclaré mi garganta, extrañado por el tono que de forma inconsciente había adoptado— Osea ¿Quién se supone que eres tú, marichocho?
Incapaz de pronunciar de forma correcta hasta la más fácil de las palabras, el ser caracol comenzó a babear el cuerpo del capitán con la “excusa” de liberarle. Brazos y piernas, el inenarrable ser babeo cada centímetro de la oscura piel del lunarian, generando en mí envidia y asco por partes iguales.
— En fin tía, te tengo que colgar —dije intentando concentrarme de nuevo en la conversación con Triana. Lleno de curiosidad, extendí mi brazo y pase uno de mis dedos por el babeado brazo de Yojimbo. Aproximé la extraña sustancia a mi nariz, manipulándola entre mis dedos índice y pulgar. Apestaba, pero su textura era sedosa y untuosa— están pasando mogollón de cosas raras. Un chico caracol está chupándole el cuerpo a Yojimbo…y está empezando a no desagradarme.
De pronto, un sonoro grito de Yojimbo padre se superpuso al escándalo general. Colgué rápidamente y guardé el Denden Mushi. Al mirar tras de mí, vi como el gran lunarian lanzaba con fuerza al tipo escorpión contra una de las paredes de la prisión. Como si de un relámpago se tratase, las grietas del muro se expandieron por la piedra rápidamente.
Me volví a girar hacia Yojimbo, que forcejeaba para liberarse de las cadenas con la ayuda de la baba del tipo caracol. Yojimbo había recuperado parte de ese brillo tan característico suyo, de esa rareza que resultaba entrañable y atraía a los de su alrededor. Volví a pasar mi mano por su brazo babeado, recogí un poco de la baba y la unté en mi antebrazo, quedando maravillado con el grado de hidratación y brillo que había alcanzado mi piel.
— Este bicho es una mina de oro —le miré de reojo y aclaré la garganta—. Te propongo una idea de negocio. EVIDENTEMENTE yo seré la imagen de la marca, pero…
De nuevo, el grito de Yojimbo padre me arrancó de mi ensimismamiento. Salí rápidamente de la celda del capitán, flexioné las piernas y salté con fuerza para capturar el manojo de llaves que este había lanzado. Aterricé con la elegancia propia de mi categoría y comencé a juguetear con las llaves entre mis manos mientras miraba a mi alrededor; sentía la penetrante mirada de los cautivos sobre mi, atentos a cada centímetro de mi piel.
— Ay, no me miréis así marichochos —clavé la punta de una de mis botas en el suelo, describiendo círculos tímidamente— A mi no me gusta ser el centro de atención…¡JA! ¡¿A QUIÉN QUIERO ENGAÑAR?! —elevé mi mentón, adoptando una pose altiva. Aproximé la palma de mi mano diestra y tapé mi boca boca, extendiendo el dedo meñique en un gesto de supremacía— UUUUUUUUHUHUHUHU ¡ROGAD POR VUESTRAS VIDAS, PANDA DE FEOS DESARRAPADOS!
Tosí y volví a mirar a Yojimbo, dedicándole una larga mirada cómplice.
— Es broma, es broma, se me ha subido el poder a la cabeza —abrí la anilla que unía el manojo de llaves, extraje un par y se las lancé al capitán—. Dividamos esfuerzos, yo voy por este flanco.
Y comencé a correr por uno de los flancos que bordeaba el enorme caldero hirviente. Mientras me aproximaba a una de las celdas, atestada de sudorosos y apestosos presos, activé mi haki de observación para extender mi control sobre la zona. Consciente de la enorme cantidad de cámaras que estaban registrando cada instante de nuestra actuación y de que era cuestión de tiempo de que la sala se llenase cada vez más y más de guardias, teníamos que trabajar rápido, de forma eficaz y sobre todo, con carisma y elegancia.
INFO
![]() ¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
21-06-2026, 12:25 PM
(Última modificación: 21-06-2026, 12:27 PM por Yojimbo.
Razón: Me he equivocado con el gasto de energía.
)
El caracol, que me había dejado claro que sí existía y no formaba parte de mi imaginación, adoptó una forma muy extraña y desagradable. Verlo de esa manera me recordó a Jolyne cuando se convertía en monstruo jurásico. ¿Era impresionante? Si, ¿daba muchísima cosita? También. Perplejo y con una inconsciente mueca de desagrado me quedé en silencio mientras Aspros y él compartían palabras, pero entonces aquella cosa empezó a babear mis extremidades.
-¡EH! -grité confundido por lo que estaba ocurriendo. -¡Más te vale parar o…! ooh…hey. Parece que funciona… Y tanto que parecía que funcionaba, en un momento me había liberado de las cadenas que oprimían mi brazo izquierdo y no tardó demasiado en liberarme por completo. Este caracol semi humano, extraño primo de Gatillo Loco, era un genio. Y parecía que Aspros se había percatado de eso ya que tocó mi brazo para quedarse un poco de baba… los caminos de Aspros eran misteriosos. -Gracias, me quedaría un rato más aquí dentro para celebrarlo pero… Las alarmas no dejaban de sonar por todo el nivel, y los prisioneros estaban armando un escándalo magistral. Me levanté del suelo, desplegué las alas con fuerza haciéndolas temblar levemente, estiré los brazos hacia el techo y me crujió todo el cuerpo. La voz de mi padre hizo que me apresurara, nos gritó que pronto vendrían más y que nos diéramos prisa y, tras gritarnos aquello, un fuertísimo estruendo retumbó por todo el nivel. Aspros salió de la celda y yo tras él, esperando que el caracol humanoide nos siguiera. Con un ágil movimiento pegó un salto y agarró un manojo de llaves que mi padre le había arrebatado a la bestia con la que se estaba peleando. En ese momento, gran parte de los presos clavaron sus miradas en él y, como no podía ser de otra manera, hizo que aquellos desgraciados rogaran por su libertad. Tras eso se me quedó mirando hasta que me dijo que era broma, pero no estaba del todo seguro. -¡Kikikiki! -reía mientras agarraba las llaves que me había lanzado y me decía que nos dividiéramos. Me crucé de brazos y generé un gran número de bocas en las distintas alturas de este nivel, que brotaron junto a unos pétalos de cerezo cerca de las celdas de los presos. -¡Si tienen que rogar, que rueguen! ¡Que rían, que griten, que lloren, que peleen por su libertad! ¡¡No olvidéis que los Alas Negras son los que os han liberado!! -grité a los presos con todas mis fuerzas, haciendo que mi voz sonara al mismo tiempo en todas partes. Había que ser rápido y Aspros ya había empezado a abrir celdas. Lancé el manojo de llaves a mis pies y, tras hacer desaparecer las bocas, se generaron unos brazos que las agarraron antes de tocar el suelo. Los brazos se iban pasando las llaves unos a otros y, conforme se iban generando brazos nuevos, los que se quedaban atrás desaparecían. Pronto comenzaron a abrir las celdas mientras yo me mantenía cruzado de brazos frente a la mía. -¡Trabajo en equipo! -grité contento.
INFO
![]() - Cronología - Tripulación -
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
11942
+
0
=
11942
Energia:
8886
-
379
=
8507
Espiritu:
2768
+
0
=
2768
26-06-2026, 03:48 PM
El hédoe Suske Ocheja había conseguido liberar, con mucha baba y mucho esmero, los grilletes de las muñecas y las piernas de Yojimbo, quien volvía a poder usar los poderes de su Akuma no mi después de sus años de encierro, demostrando que su talento innato con ella no se había oxidado para nada. Este, gracias a la ágil y grácil recepción de Aspros del lanzamiento de las llaves del apuesto y gigante Rey de Skypiea, hizo uso de sus múltiples brazos para comenzar a abrir celdas y celdas de presos, no sin antes dejarles claro que los Alas Negras eran quienes les habían sacado de ese infierno... o iban a darles la oportunidad de salir.
El sonido de las llaves girando y las puertas abriéndose, se mezclaba con el griterío de los presos que salían fuera y entre todos usaban las llaves para desatarse las cadenas y los grilletes, colaborando para salir de ahí con vida. Ese mismo sonido, por unos instantes eclipsó el estruendo de las alarmas e hizo que pareciese un lugar diferente. La libertad imponiéndose al control absoluto. Un enorme estruendo y un temblor volvió a robarse el protagonismo, ya que Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Segundo, el Puño de la Revolución, acababa de perforar el suelo de la olla de sangre hirviendo empujando el cuerpo de Quimesaso, el guardia del nivel cuatro, y juntos habían atravesado el suelo de este nivel llegando hasta el nivel cinco. El líquido de la olla de sangre hirviendo se filtró por ese agujero y lo hizo aun más grande, creando una apertura de varias decenas de metros. Los presos del nivel viendo esto, comenzaron a celebrar y a gritar aun más, aplaudiendo y vitoreando observando la batalla pero sin tomar acción o atreverse a intentar escapar de la prisión ascendiendo por los niveles. Estaban esperando. Un enorme mink cabra anciano, con un pelaje azul oscuro en toda su piel, una mata de pelo marrón oscuro sobre sus hombros y espalda de la que brotaba una pequeña chepa calva, y una larga barba blanca que llamaba tanto la atención como sus dos cuernos de cabra, se acercó al trío de Yojimbo, Aspros y Suske e inclinó la cabeza levemente frente a el Lunarian. No llevaba el uniforme de la prisión pues se lo había arrancado tiempo atrás, y sólo estaba cubierto de su propio pelo en las zonas necesarias — Mi gratitud y mi respeto, Alas Negras — volvió a erguirse mostrando su enorme altura de más de seis metros — Parece que el revuelo que causaste al caer a este pozo no va a ser nada comparado con el que quieres hacer para salir ¡toratoratoratora! — finalizó el anciano haciendo aquella puntualización mirando las paredes de la prisión y riendo — Yo soy Urutora, el Arkano, y sé que por separado nos volverán a atrapar a todos así que aunque la vejez haya consumido gran parte de mi poder voy a poner mi fuerza a tu disposición para poder escapar por fin de este martirio — extendió entonces la mano buscando estrechar la de Yojimbo a modo de presentación. Urutora, conocido como El Arkano debido a sus extraños poderes y capacidades, antiguamente era el capitán de la banda Full Moon, una banda muy peligrosa conocida hacía cincuenta años atrás en los mares, famosa por asolar reinos y culturas enfocadas en el estudio de la astrología. Fue un criminal que llegó a acumular quinientos cincuenta millones de recompensa por su cabeza en su momento, y que fue encerrado aquí por un Almirante en persona. ~ ![]() Fue ahí cuando la figura de un hombre alto, de dos metros cuarenta centímetros y ciento noventa kilos de puro músculo, que rasgaba la ropa de su tren superior para mostrar su enorme tren superior, y que lucía una perfecta calva se presentaba frente a ellos crujiendo sus nudillos entre si. Lo más destacado de este hombre, era que tenía tres ojos en su cara. — Shereresherere así que Alas Negras ¿eh? — preguntó retóricamente mirando en derredor y moviendo alternamente sus pectorales a un ritmo particular, tras lo que realizó un par de poses de fisio culturismo fingiendo que estaba estirando cuando realmente estaba presumiendo de su perfectamente construido cuerpo — ¡Estética! — dijo antes de volver a tomar una posición normal y natural — Seas quien seas esto es una oportunidad de oro y estoy de acuerdo con el viejo — chocó su puño contra su mano — El Olimpia os ayudará a salir de aquí — concretó, refiriéndose a sí mismo. El era Bruno Calderon, miembro de la mítica y muy extraña tribu de los tres ojos, capitán de la desarticulada banda pirata de los Danberu Baberu, un pirata buscado con más de quinientos millones de recompensa por su cabeza y un conocido cultista al cuerpo. ~ ![]() — Es Yojimbo el de las Alas Negras ¿acaso tu mutación en la vista te ha dejado sordo además de calvo? — replicó una niña de apenas metro cincuenta y poco más que la quincena de edad, con dos coletas agrupando su cabello carmesí. Llevaba maquillaje en sus ojos y la ropa de preso le iba tan grande que ella misma la había adaptado para que quedase holgada y acolchada para no perder comodidad ni capacidad de movimiento, dándole un aspecto algo pomposo. En su desplazamiento se colocó al lado de Bruno mirándole desde su inferioridad de altura, y se frotaba las muñecas para quitarse el resentimiento de las cadenas pero... ¿qué hacía una niña como ella en un nivel como este? ¿Y por qué el narrador no ponía su wanted deliberadamente? Bueno, todo tenía un por qué. — Soy Candice Bonbon y... — su mirada pasó un segundo a Suske — Uggh — dijo poniendo una cara de asco extremadamente evidente para después volver a mirar a Aspros y Yojimbo — Y no quiero pasar en este sitio ni un segundo más caramelo, así que contad conmigo también... os hará falta algo de juventud y talento entre tanto abuelo — El suelo bajo el caldero empezó a despedazarse porción a porción cuando la sangre hirviendo terminó de filtrarse por completo, desprendiéndose el suelo y precipitándose este hacia el piso inferior, cuando una mano enorme emergió por el agujero de ese lugar y agarró el caldero para bajarlo de un súbito tirón terminando de romper el piso del nivel cuatro por completo. — ¡JO! La nueva escuela tiene un gancho peculiar, pero el flow de la vieja escuela es algo que no se puede imitar con nada, hormiga — dijo un anciano más que se acercaba al grupo. Este medía sobre el metro setenta y tenía un cuerpo fibrado. Había arrancado parte de las mangas y de las perneras de su uniforme para que la camisa y el pantalón fueran cortos ambos, quedándole ajustados en los biceps y los cuádriceps. Tenía un bigote y una perilla blanca a juego con sus cejas gruesas, y una pequeña coleta como único remanente de cabello en su calva cabeza — Es hora de recordarle a esos toys quién es el king del bombing — dijo haciendo crujir su cuello con su mano derecha apoyada en él y cerró el puño mostrando el pulgar a Yojimbo — King Strahd — se presentó — Y seguro que la cabra o ese de ahí abajo son más mayores que yo, así que que nadie me llame abuelo — matizó con una sonrisa. Strahd Nanashi era, además del hermano del Vicealmirante Ryu Nanashi, un famoso graffitero urbano cuyo nombre resonaba en el Grand Line hace más de veinte años. Capitán de los Sprayback, una tripulación de artistas callejeros relacionados con la pintura y el takeo de firmas urbano, se había labrado un nombre imponente en el mundo tanto por su arte como por su poder, alcanzando la friolera suma de setecientos millones de berries por su cabeza. ~ ![]() La comitiva que se estaba reuniendo con Urutora, Bruno, Candice y Strahd frente a Yojimbo, Aspros y Suske, se vio interrumpida por un instante por un bravísimo rugido que hizo temblar todo el nivel cuatro y sacudió a todos los presentes como si fueran hojas de papel. Dos enormes manos se introdujeron en el agujero que se había creado a cuenta del impacto de El Puño, y a estos les siguieron dos enormes brazos, una enorme cabeza cornuda, un enorme torso... hasta que finalmente emergió trepando y mostrando sólo su cuerpo de cintura para arriba, el prisionero más grande de todo Impel Down, el poderoso Giogio Giant. Un gigante ancestral de ochenta y un metros de alto, con un peso de casi veinte toneladas, y con una apariencia salvaje y grotesca. No dijo nada, simplemente se limitó a emitir aquel rugido ensordecedor mientras emergía en escena y sacudía un poco la cabeza para quitarse los restos de escombros y de nieve fruto del nivel cinco, ya que las partes congeladas se estaban derritiendo por el calor residual en el nivel cuatro. Giogio Giant, apodado con la redundancia como "The Giant" era un gigante ancestral enorme hasta para los de su raza. Con más de trescientos años de vida, llevaba al menos la mitad en esta prisión infernal. Era el capitán de una banda de gigantes llamada Gigantomachia, y había conseguido un wanted por su cabeza de seiscientos cincuenta millones de berries. Las historias que aun se contaban sobre él y su tripulación era que era capaz de aplastar un pueblo entero con solo un pisotón. ~ ![]() — ¡JO! — volvió a reir el anciano humano — The Giant nada menos — la sonrisa estaba en su rostro sin disimulos — Ahí tenemos un billete de salida, equipo hormiga — añadí haciendo un gesto con la cabeza referenciando el cuerpo enorme de Giogio revelando también que lo conocía o que había escuchado hablar de él lo suficiente. Era el momento de esta improvisada alianza de escape de decidir qué hacer, mientras las alarmas no dejaban de sonar y la Marina y la seguridad de Impel Down se aproximaban cada vez más para interceptar a estos prófugos y delincuentes con todo el peso de la ley y la justicia.
Info
Nada es nuevo bajo el sol...
Metal chillando en la torsión. Las cadenas se liberan. El pútrido olor de la libertad. ¿Quién soy? - Stek Tarr Sin Tolik - susurró. Arcanismo, recitarlo trae fuerzas de otros mundos, mensajes lejanos de dioses extintos invocados por el aire de mis pulmones, recordados en mi misión, sus macabros designios son los mios. Sabía que me perdonarían y me liberarían - ¡STAREKKK ALARKH AHÓK! - Agradezco cuando se liberan las ataduras que me retienen olvidado en el fondo de este repugnante lugar. Metal chillando en la torsión. Me levanto de mi postura. El pútrido paso del tiempo hace que mis articulaciones duelan en la acción. ¿Quién era? Camino mientras mis pezuñas rasgan contra la roca de lo que fue mi celda. - ¡TORATORATORA! - la alegría de los dioses al verme libre se escapa por esencia y patética forma mortal sin que pueda evitarlo. Golpeo con fuerza la puerta de la celda con mi testa, reventando el hierro a su paso con una energía que los dioses me prestan para su ejecución. Metal chillando en la torsión. Soy libre de nuevo. El pútrido sabor de la vida recorre mis labios. Veo a tres personas ¿Quién eran?. - Karsakk, ¡Sssh uuhkl! - me sorprendo al reconocerle. Me acerco, el crujir de mis huesos a cada paso retumba dentro de mi. Siento la energía de los dioses brotar de nuevo. ¡ME HAN PERDONADO! ¡Le han enviado a él como salvador de su fiel siervo! Sonrío ante él en el trayecto y llego hasta ellos. - Sterk e...- apagó la voz, ante la ofensa — Mi gratitud y mi respeto, Alas Negras — Hablé en su idioma para que me entendiera, la cortesia de aquel que me salva merece el respeto de aquel que es salvado — Parece que el revuelo que causaste al caer a este pozo no va a ser nada comparado con el que quieres hacer para salir ¡toratoratoratora! Yo soy Urutora, el Arkano, y sé que por separado nos volverán a atrapar a todos así que aunque la vejez haya consumido gran parte de mi poder voy a poner mi fuerza a tu disposición para poder escapar por fin de este martirio — extendí mi anciana mano a nombre de presentación. No tardan en aproximarse más presos libres. Actuó con respeto asintiendo con la cabeza su llegada, los dioses los envían, en mi ayuda, todos los dioses me miran hoy. - Shlak astorrk pax et sirk - susurró sin que me oigan. Los bendigo con el favor de los dioses, hoy les necesito para volver a mi misión. De la tierra emerge un grito. Enormes manos, no de esta tierra, de otra. Enormes brazos. Cuernos brillan entre la sangre, no como los míos, más enormes incluso. El ser aparece entre la roca rota del caldero. Observo su magnitud. Los dioses me aman. Cumplí su castigo y hoy me perdonan. Siento su energía, están en todos los lados, en todos ellos. El Arcano me espera, siempre lo hizo. Un segundo grito retumba y mis barbas se mueven levemente junto a los vientos que genera. ¿Quién soy? Urutora ¿Quién era? El Arkano ¿Quiénes eran? - Asaktarh Os - me respondo, nombrando a los dioses agradecido por su perdón observando sin perder ojo a la bestia que emerge desde el nivel inferior.
resumen
26-06-2026, 04:45 PM
Aquello me venía como anillo al dedo. Justo aquel día había logrado uno de los looks de los que me sentía más orgullosa, e incluso aquel vulgar uniforme carcelario podía ser vestido con cierta clase, si uno sabía lo que hacía. Salir de mi celda había sido sencillo. Aquellos amigos de lo mundano lo habían puesto fácil: por simples que fuesen sus mentes —acorde con sus correspondientes estirpes—, parecían haberse dado cuenta finalmente de que Impel Down... ¡Bueno, no era tan difícil de escapar, al fin y al cabo! Solo hacía falta un poquitín de ayuda externa, una palanca que abriese la grieta, y todo comenzaba a fluir. Yo misma había planeado algo similar, claro, solo que se me habían adelantado. Por apenas unos días, seguramente, si mis contactos en el exterior no me habían fallado. Aunque quién sabe, uno nunca puede fiarse demasiado de gente con una mente tan simplona. En cualquier caso, había llegado la hora, por un motivo o por otro, y el mundo volvía a pertenecer a Candice Bonbon. Me tocaba reclamar lo que era mío, y el Gobierno Mundial sabría lo que se había perdido.
— ¡Es Yojimbo el de las Alas Negras! ¿Acaso tu mutación en la vista te ha dejado sordo además de calvo? — pregunté ante el hombre de cuestionables cualidades capilares, que, además, también resultaba ser bastante estulto, el pobrecillo, contemplándolo desde su lado. Me froté las muñecas, resentidas tras mucho tiempo sin su correspondiente skincare y ligeramente enrojecidas. Anque, claro, había sido capaz de mantener un cutis casi perfecto, incluso en aquellas hórridas condiciones. — Soy Candice Bonbon y... ¡Uggh! — dije, posando mi mirada sobre aquella espantosa criatura que había ido a parar a aquel lugar. Ni siquiera Impel Down merecía unos visitantes tan cervales. Era imprescindible retirar mi mirada de aquella visión pesadillesca cuanto antes; al fin y al cabo, lo feo también se contagia. — No quiero pasar en este sitio ni un segundo más, caramelo, así que contad conmigo también... Os hará falta algo de juventud y talento entre tanto abuelo. — concedí, consciente de que aquella manga de ineptos veteranos e inhábiles trasnochados necesitaría algo más que determinación y ayuda caracolesca para que su empresa concluyese con éxito. Yo, desde luego, no tenía ninguna intención de terminar mis días allí. Tenía mucho por hacer. Y si alguno se atrevía a subestimarme por mi juventud... ¡Lo pagaría claro, evidentemente! Candice Bonbon no es ninguna mindundi, como ellos. ¿Y de qué iba aquel viejo, hablando de la nueva escuela? No tenía ni idea, pero, si de algo estaba segura, es de que precisamente aquel tal Strahd no había pisado una institución educativa en su vida, y se notaba tanto en sus modales como en su olor corporal. Ahora, era imprescindible hacerme con el liderazgo de aquel intento de fuga, y ellos querrían lo mismo, si tenían cualquier interés en que saliese bien. Porque el protagonismo no se roba, se gana a pulso, y es el precio a pagar por un trabajo bien hecho. Así son las cosas, caramelo. El desfile incesante de entes apocalípticamente feos, auténticos atentados contra cualquier sentido de la clase, la elegancia o el lado más refinado de la vida, no había terminado, por desgracia, como pude comprobar cuando hizo aparición en escena aquel enorme gigante ancestral. ¡Y fijo que todos se creerían que él iba a ser nuestro salvador! Nada más lejos de la realidad. Como me habían demostrado mis muchos años de experiencia (¡sí, muchos!), el tamaño no lo era todo, y a menudo era una simple baza que jugar a la hora de aterrar a un enemigo. El verdadero poder se gestaba, a diferencia de lo que todos aquellos impresionables viejos pudiesen suponer, en la capacidad táctica, la intelectualidad y el control del campo de batalla. E incluso en una cierta elegancia, que también era importante el saber estar. Sin embargo, no era momento de empezar a juzgar a mis más que cuestionables aliados temporales y por cuestiones estrictamente tácticas: al fin y al cabo, no dejábamos de estar en Impel Down, la prisión del mundo por excelencia, y donde se juntaba lo peorcito de cada casa —con excepción de mí misma, claro, que no dejo de ser la excepción que confirma la regla—, y si bien el calvo, el tonto, la cabra, el viejo y el troglodita monstruoso no eran los socios más fiables de los que podía disponer, eran mejor que nada. — Va siendo hora de que nos pongamos en movimiento, caramelo. No van a tardar... —, dije, haciendo un gran esfuerzo por simplificar mi lenguaje para que sus pobres y marchitos cerebros entendiesen de qué estaba hablando. Y es que, dentro de lo peor, daba por hecho que aún estaban por llegar los peores de verdad.
Info
26-06-2026, 04:48 PM
Hay cosas que el cuerpo no olvida aunque el cerebro lo pida, y una de ellas es el olor del spray mezclado en la proporción exacta que solo yo conocía, aerosol y acetona y algo más que nunca le expliqué a nadie porque era lo que separaba mis líneas de las de cualquier otro, incluyendo las de Ryu, que lo intentó y no pudo replicarlo y aun así me ganó hace veinte años en el único duelo que importaba y desde entonces cargo con esa derrota igual que cargo con la cicatriz que me cruza la mejilla izquierda de la mandíbula a la sien, peso muerto que no se va con el tiempo sino que se asienta en el hueso y se queda ahí, y si dejas de recordar las cosas que duelen te vuelves blando y aquí volverse blando es la primera forma de morir así que me la recuerdo todos los días, la derrota y la cicatriz y Ryu entregándome después con la misma calma con la que siempre hizo todo, sin drama, sin discurso, como quien cumple con su deber y punto. Éramos inseparables de pequeños, siempre en el mismo muro, siempre expresándonos de la misma forma antes de saber que era un lenguaje, en las mismas calles donde aprendimos que la única firma que el mundo le permite al que no tiene nada es la que se deja en los muros cuando nadie está mirando, y la discusión que nos separó empezó siendo sobre dónde poner esa firma y terminó siendo sobre quiénes íbamos a ser, porque Ryu quería pintar donde no molestara, en zonas abandonadas, sin provocar, haciendo las cosas bien según él, y yo quería pintar donde importara, en el centro, donde la gente que nunca nos había visto tuviera que mirarnos aunque fuera diez segundos antes de apartar los ojos, y esa diferencia que parecía pequeña fue creciendo con los años hasta que ya no éramos dos hermanos con una disputa sino dos hombres con dos vidas que no cabían en el mismo espacio, él se fue para la Marina y yo me fui para el mar y cuando volvimos a vernos ya llevábamos demasiado encima como para hablar de otra cosa que no fuera el peso mismo, y el duelo fue la forma de decir todo lo que ninguno de los dos hubiera podido decir con palabras, y Ryu ganó, y me entregó, y aquí estoy con 700 millones de recompensa y veinte años de Impel Down encima preguntándome todavía cómo perdí.
Termine en Impel Down, en el nivel cuatro, un nivel que no descansa nunca y el cuerpo aprende a vivir con eso o se rompe, el vapor rojo que sube del caldero tiñe el aire a todas horas y el olor a carne quemada es una condición permanente del ambiente que se aprende a ignorar porque si no lo ignoras enloqueces. Los gritos lo mismo, fondo constante que el cerebro ignora como si fuera ruido de fondo junto con el calor y el peso de los barrotes, cuatro de acero negro anclados arriba y abajo en piedra porosa que lleva años acumulando hollín hasta volverse del mismo color que el resto de este agujero de poco más de cuatro metros cuadrados que parecen menos porque la piedra se curva hacia adentro en los extremos. En este espacio, que es poco pero es mío, hay un bloque de piedra que sobresale de la pared trasera que uso de cama porque es lo que hay, y a la izquierda una hendidura donde apoyo el antebrazo cuando me quedo mirando el nivel sin nada específico en qué pensar, que es la mayoría del tiempo, y los tatuajes que llevo desde antes de todo esto ya casi no se distinguen del hollín que se me metió en la piel de tanto vivir aquí. La pared del fondo tiene mis trazos, líneas y figuras y abstracción pura cuando la mano necesita moverse sin que la cabeza le dé instrucciones, no tengo spray ni tengo nada, pero tengo los dedos y tengo el hollín y con eso trabajo porque el acto de trazar es lo único en este lugar que es completamente mío y eso no me lo quitó nadie. Los días pasaron y pasaron inevitablemente hasta ahora. Dos vibraciones desde los pisos superiores separadas por pocos minutos, la primera la ignoré sin moverme porque este lugar vibra a veces y uno aprende a distinguir el ruido de fondo del ruido que significa algo, pero la segunda fue diferente en intensidad y en calidad, el tipo de impacto que no es accidental sino completamente intencional, alguien haciendo algo con toda la decisión del mundo allá arriba, y eso sí me puso de pie con las manos en el acero caliente y los ojos escaneando el nivel a través del vapor rojo. Entonces sonaron las alarmas y los presos de todo el nivel empezaron a golpear las rejas con un ruido que llenó el infierno ardiente de una energía que llevaba años sin escuchar aquí porque era la energía de la gente que todavía cree que algo puede cambiar, y el caos se propagó por el nivel como tinta en agua mientras yo me quedaba mirando ese agujero en la pared tras veinte años esperando este momento. La reja de mi celda estaba abierta y el nivel entero era un manicomio de alarmas y gritos y vapor rojo y presos golpeando barrotes con una energía que no había escuchado aquí desde que llegué, y salí con los pies descalzos sobre la piedra caliente del nivel cuatro con la misma calma con la que uno sale a la calle cuando lleva toda la noche esperando que amanezca, sin prisa y sin drama, con el mono de presidiario que llevaba tiempo adaptado a mi gusto porque veinte años dan para mucho y las mangas y las perneras las había arrancado hace tiempo para que la camisa y el pantalón quedaran cortos ajustándose a los bíceps y los cuádriceps y me quedé parado 3 metros fuera de la celda absorbiendo el panorama con los ojos ámbar recorriendo el nivel de izquierda a derecha, las celdas abriéndose, los presos saliendo, el agujero donde había estado el caldero, y el lunarian de alas negras en el centro de todo. El grupo que se estaba formando a unos 12 metros frente a mí era lo suficientemente variopinto como para que cualquier persona con criterio saliera corriendo en dirección contraria, un mink cabra anciano de más de seis metros que hablaba de su poder con la humildad justa, un tipo calvo de dos metros cuarenta con tres ojos en la cara moviéndose los pectorales alternadamente como si eso fuera a impresionar a alguien, y una niña con cara de querer morderle la mano a todo el que se acercara. Todos mirando al lunarian con interés de quienes entienden que tienen la única opción para no morirse hoy. Me acerqué crujiendo los nudillos entre sí porque veinte años sin pelear de verdad le ponen a uno ansioso aunque el cuerpo no lo admita, con la cicatriz de la mejilla izquierda brillando un poco con el vapor rojo del nivel que seguía tiñendo el aire a pesar de que el caldero ya no estuviera, y me planté frente al grupo mirando al lunarian directamente – “¡JO! La nueva escuela tiene un gancho peculiar, pero el flow de la vieja escuela es algo que no se puede imitar con nada, hormiga. Es hora de recordarle a esos toys quién es el king del bombing. King Strahd. – dije cerrando el puño y mostrando el pulgar hacia arriba – Y seguro que la cabra o ese de ahí abajo son más mayores que yo, así que que nadie me llame abuelo. – maticé con una sonrisa mientras escaneaba el nivel calculando salidas, ángulos, y distancias. Como era de esperarse, sin embargo, un rugido llegó irremediablemente hasta donde estabamos. Era un rugido que hace algo que no es ni animal ni humano, y el suelo bajo el agujero del caldero terminó de despedazarse cuando dos manos enormes emergieron por él agarrando el borde con una fuerza que hizo temblar el nivel entero, y a las manos les siguieron dos brazos y una cabeza cornuda y un torso que siguió y siguió saliendo hasta que el prisionero más grande que había visto en mi vida quedó asomado de cintura para arriba con nieve del nivel cinco derritiéndose en sus hombros por el calor residual del cuarto, ochenta y un metros de masa sacudiéndose los escombros de la cabeza como quien se quita el polvo de encima después de una siesta larga, y yo me quedé mirándolo desde abajo completamente inmóvil, mis ojos ámbar recorriendo esa cosa de abajo arriba y luego de arriba abajo – “ ¡JO! The Giant nada menos. – ensanché la sonrisa al reconocer al gigantón – “ Ahí tenemos un billete de salida, equipo hormiga – añadí haciendo un gesto con la cabeza referenciando el cuerpo enorme del gigante.
Resumen
26-06-2026, 08:24 PM
(Última modificación: 26-06-2026, 08:31 PM por Bruno Calderon.)
-Un millón trescientos cincuenta y uno, un millón trescientos cincuenta y dos, un millón trescientos cincuenta y tres. —Mi voz resonaba en el interior de la celda, opacada por todos aquellos flacuchos que vitoreaban esperanzados con la cara sobre los barrotes, creyendo que algo importante estaba ocurriendo. -¿Más importante que el calentamiento matutino?- Tontos, por eso nunca van a poder alcanzar la verdadera estética.
El peso de mis cadenas funcionaba como un peso liviano, apenas aceptable, sin embargo, me las arreglaba para realizar un perfecto press de pecho con cadenas. ¿Nunca lo han hecho? Jum, no saben de estética. No obstante, mi metódico circuito de pecho, que tan solo iniciaba. Se vio interrumpido por una mano amiga que me dejó claro el nombre de mis benefactores y fue el preludio a un gigantesco estruendo. Vi la puerta abierta, luego mis “pesas” y amo terminar mi entrenamiento como cualquier otro, pero no soy estúpido. Solté mis cadenas, esperé a que alguno de esos flacuchos me desatara y recupere mi libertad. O al menos eso intentaría. — Shereresherere así que Alas Negras ¿eh? — Sonreí apretando los músculos de mi pecho en agradecimiento, las lolas son inquietas. Tras ello el variopinto grupo comenzó a unirse y debía darles más de mí, seguro ahora que me veían deseaban más, por lo que realice un perfecto doble bíceps frontal, enseñando mis ostentosos brazos, pectoral y abdomen recién bombeados. Luego me di vuelta, otorgándoles una expansión dorsal, que solo el Olimpia osease yo, podía ofrecer. — ¡Estética! — Dije con ánimo, apretando más mi pose, ese lunarian tenía con qué, pero jamás podría superar mis formas y definición. Debía respetar los rangos. — Seas quien seas esto es una oportunidad de oro y estoy de acuerdo con el viejo — Pese a ser un maldito flacucho, el anciano mostraba sensatez, era hora para enseñarles a esos bastardos del gobierno, por lo que, tras abandonar mi pose, choque los puños con energía generando un sonido hueco que no alcanzo a opacar la explicación de la niña a mi costado. Esa cría necesitaba algo de proteína. — El Olimpia os ayudará a salir de aquí — Asegure a los presentes con la determinación de quien está en su última rep a punto de llegar al fallo. Mis tres ojos alcanzaron a notar el momento en que el caldero fue tomado, la sorpresa invadió mi rostro ¿Qué carajos había sido eso? Escuché rumores de que en los pisos inferiores había solo monstruos, pero incluso sabiéndolo, eso logró sorprenderme. La llegada de Strahd nubló el suceso, ya éramos varios, algunos más extraños que otros. (suske) Sin embargo, eso no amedrentó al anciano que apareció, su cuerpo reflejaba el entrenamiento de años, en su tiempo de seguro fue una bestia, pero ahora solo quedaban los recuerdos de tiempos mejores. -Lo lamento anciano, mis músculos lloran por ti.- pensé con solemnidad ofreciéndole un tríceps de perfil por sus años de servicio a la causa. Fue entonces cuando la mano que se había revelado antes volvió a parecer, ahora eran dos, luego los brazos y finalmente una absoluta bestialidad energía del agujero emitiendo un ensordecedor rugido que me obligo a cubrir mis tímpanos. – Mierda… ese cabron es grande. – Sus músculos eran gigantes, incluso superaban por mucho a los míos, pero su definición no era en absoluto comparable, ni sus formas. Se necesitaba más que tamaño para lograr derrotar a mi estética, así que lejos de amedrentarme le respondí con la milenaria pose de Arnold. Sonreí victorioso al ver al monstruo con mi mejor pose, nada podía ganarle a la — ¡Esta es la verdadera estética! ¡Ser grande no es suficiente, tonto! —
Resumen
27-06-2026, 12:31 AM
(Última modificación: 27-06-2026, 12:37 AM por Giogio Giant.)
Las alarmas comenzaron a sonar en el piso cinco de Impel Down. Aquel estridente sonido no tardó en propagarse por el Infierno Congelante. Las ondas de sonido reverberaban en los cristales de hielo que cubrían casi la totalidad del piso, en los barrotes de las celdas, e incluso en la vacía cabeza de The Giant. Las luces, aquel ensordecedor ruido y el caos que rápidamente había brotado en aquel lugar eran algo que aquel gargantuesco ser no había sentido en años, décadas, siglos... bah, daba completamente igual. La cantidad es sólo un número, y The Giant no sólo no sabe contar, si no que para saber cuánto tiempo llevaba sin sentir algo parecido, primero tendría que ser mínimamente consciente del paso del tiempo, y del concepto de sentir.
Aquel sobreestímulo hizo que los instintos primarios del gigante se activaran. El primitivo ser olfateaba, como un depredador olfatea para localizar a una presa. El suelo volvió a retumbar, los ladrillos de la pared crujieron nuevamente. Esta vez, una grieta apareció en la pared frontal, junto a la reja. Los ojos del coloso, aquellos ojos que habían estado cerrados por años, se abrieron y se mantuvieron fijos en aquella grieta, minúscula para quien la observaba. La voz del vicealcaide Vangeance comenzó a sonar por los intercomunicadores. Aquella voz no era sólo completamente desconocida para The Giant, si no también absolutamente insignificante. Toda la atención de aquel preso estaba puesta en aquella pequeña grieta. Como dirían algunos, esa grieta ocupaba todos sus pensamientos, si siquiera tuviera la capacidad de pensar. Tan pronto como el olor de QuimePengin se hizo más tenue, el cuerpo de The Giant se movió por cuenta propia. Estiró el brazo derecho, arrancando con aquel movimiento la parte de la pared que sujetaba las cadenas que trataban de inmovilizar a aquella bestia. Los robustos dedos de su enorme mano se clavaron en aquella grieta, ensanchándola hasta que introdujo la mano por completo. Un desgarrador chirrido acompañó a la deformación de la enorme reja de la celda. Con un brusco movimiento, aquella red de metal de más de veinte toneladas salió volando, arrasando con cuantos árboles, rocas, animales y personas encontrara por su camino, hasta tocar tierra a más de cien metros del lugar inicial. The Giant emitió un soplido, el cual hizo volar los escombros de la celda y disipó el polvo de los alrededores, aniquilando a cualquier pequeño diablo que hubiera sobrevivido por gracia divina a la destrucción anterior. Una enorme mano se aferró al costado derecho de lo que hasta hacía unos instantes era la pared de la celda. A esta mano le siguió otra, en el lado opuesto. El colosal tamaño del ser que salió de aquel agujero era tal que la sombra que proyectaba a su alrededor impedía ver a cualquiera que allí se encontrara. El piso entero tembló, más incluso que con los impactos previos de El Puño. El piso volvió a temblar, y tembló otra vez. Un agujero se formó en el techo, y de él comenzó a caer sangre. El olor de aquel líquido hirviente atrajo al gigante, quien actuaba guiado únicamente por su instinto. Con un poderoso rugido que quebró cualquier cristal de hielo que pudiera quedar en el llamado Infierno Congelante y tal y como había hecho anteriormente en la celda que lo había albergado durante un tiempo que transcendía generaciones, Giogio Giant se abrió paso, utilizando esta vez su mano izquierda en primer lugar, seguida de la mano derecha. El agujero se ensanchó de manera indescriptible con una suerte de agónicos crujidos metálicos. A las colosales manos les siguieron los brazos, y a estos una gargantuesca cabeza cornuda, la cual esta vez era perfectamente visible, por no decir inevitable. Aquel ser más cercano a un animal que a una persona se detuvo, con la mitad de su cuerpo a cada lado de aquel agujero. En completo silencio, dirigió su mirada a aquellos insignificantes seres que se habían congregado por azares del destino frente a él. Tal vez otro hubiera hecho algún comentario gracioso, o se hubiera burlado de alguno de los allí presentes, pero no The Giant. The Giant no participaba en conversaciones banales. De hecho, no participa en conversaciones de ningún tipo. Para eso, hay que conocer algun idioma en común con tu interlocutor y The Giant conoce un único idioma, el de la violencia. Por eso mismo, el gargantuesco pirata se limitó a emitir un segundo rugido, más potente todavía que el anterior. Un poderoso rugido que hizo estremecerse las cabelleras y las camisas de los allí presentes salvo los de Bruno Calderón, quien no tenía ni lo uno ni lo otro.
Resumen
Turno
27-06-2026, 08:27 AM
(Última modificación: 27-06-2026, 08:34 AM por Yojimbo.
Razón: Estaban raros los saltos de línea y parecía una poseía
)
El infernal sonido de las alarmas se veía completamente opacado por el glorioso estruendo de la libertad. Cientos de gritos se entremezclaban generando una melodía imparable y perfecta, en cuestión de unos pocos minutos se había creado en estas paredes de castigo el himno de la libertad. Los presos golpeaban los muros de lo que eran sus celdas, agitaban las barras de metal ardiendo que los tenían retenidos y gritaban eufóricos por la oportunidad que se les había presentado. Una enorme sonrisa se dibujaba en mi rostro, incontrolable y salvaje, estaba contento por volver a ver a Aspros y por el escándalo que habíamos montado en un momento. Un auténtico motín, piratería en su estado más puro y sencillo, y lo que esperaba de corazón es que al salir de aquí le llegara un periódico a Daisuke, a mi padre, el que me crió, y leyera lo que habíamos conseguido, ¡estaba viviendo cosas más impresionantes y fantásticas que las que me contaba él! En cuanto los presos se liberaron deshice los brazos que había creado y giré el cuello hacia el caldero, sin descruzar los míos propios y preparándome para cualquier cosa hostil que mereciera la pena.
Entonces otro estruendo, proveniente de la olla de sangre, revolvió toda la galería. La tremenda batalla que estaba ocurriendo ahí dentro fue tan salvaje que el fondo del caldero cedió y el líquido que contenía se filtró al nivel inferior, creando una abertura bastante grande por la que se filtraba un aire gélido que apenas era capaz de templar el ambiente de este lugar. Tras esto los gritos de los presos fueron mucho más enérgicos, pero no podía bajar la guardia. Mantenía mi Haki de Observación activo desde antes de que aquel caracol me hablase, así que lo vi llegar, más bien, los noté llegar. La primera presencia que detecté fue la de aquella cabra gigante y peluda y sin ropa, por lo tanto, desnuda. La cabrita se presentó con respeto, y me reconoció rápidamente. Se llamaba Urutora el Arkano y ofreció su colaboración para salir de aquí. Desde luego Urutora era un caballero super elegante, tendió su mano y generé una mano en la palma de la suya propia, estrechándola. -¡DIOS COMO MOLAS OJALÁ TENER TU CABEZA, ME REFIERO A TUS CUERNOS, QUE NO SE MALINTERPRETE ES QUE MOLAS MOGOLLÓN PARECES EL TÍPICO MAESTRO VIEJO QUE TERMINA TENIENDO UNA MUERTE TRÁGICA, QUIERO DECIR, SÉ MI MAESTRO, PARECES SUPER PODEROSO Y…! No podía callar, Urutora era todo lo que admiraba en un pirata, presencia, estilo, pelaje y actitud. Le daría todo mi dinero si lo tuviera encima, aunque no me lo pidiera. Pero mis halagos se vieron interrumpidos por una segunda presencia, no tan abrumadora como la de mi maestro Urutora, pero sin duda admirable. Una mole de músculos se aproximaba hacia nuestra posición con una confianza en sí mismo admirable. Sin saber muy bien a quien mirar, y eso que tenía tres ojos, cosa impresionante, comenzó a posar mientras sus músculos se ensanchaban y sus pectorales se movían con ritmo. No sabía quién era “Alas Negras”, pero sí tenía claro que debíamos salir de aquí cuanto antes y que nos iba a ayudar. -¡Eh Aspros! Este tío raro también hace poses como tú, seguro que os lleváis genial, ¡kikikiki! -comenté al aire sin mirarlo directamente. Entonces otra persona apareció en escena, era una enana que insultó al señor Olimpia y tras eso se presentó, mostrando repulsión por el buenazo del caracol misterioso, esta tía me daba mala espina. ¿Cómo es que una niña estaba encerrada con tipos tan peligrosos como el maestro Urutora? Sospechoso desde luego, y más sospechoso es que no le gustara la presencia de mi hermano, el caracol mágico. Ese tío le gustaba a todo el mundo. Parecía que aquella improvisada reunión estaba por acabar, pero entonces del agujero que se había generado en el fondo del caldero surgió una mano gigantesca, que lo agarró y lo arrastró hacia el piso de abajo. Tragué saliva, expectante ante aquel acontecimiento del cual no sabía qué esperar. En mi vida había visto una mano tan grande, ¿serían ciertas las historias que me contaba mi padre sobre los gigantes? Viendo todo lo que he visto, no me sorprendería que fuera real, aún así seguía pareciéndome algo difícil de imaginar. Una risa tan impresionante como escueta irrumpió en escena. Un viejo que hablaba con un estilazo criminal comenzó a hablarnos, tenía desde luego el aura más enorme de todos los que estábamos allí reunidos, y además con diferencia. -¡HORMIGA! -grité emocionado en cuanto el anciano dijo la misma palabra. Cada frase que soltaba este tipo era oro en paño, que si toys, que si king, que si bombing. No entendía nada, y no podía evitar sentir su… “flow”. -¡Eso, eso! Eso, eso a lo que fuera de lo que estaba diciendo, yo iba con él, pasase lo que pasase y dijera lo que dijese. Entonces del enorme agujero del suelo comenzó a emerger una figura colosal, pero colosal se le quedaba corta. Un ser titánico con cuernos comenzó a ocupar el ancho del boquete que conectaba el piso inferior con el que estábamos, y era tan alto que impresionaba a cualquiera. -¡¡¡¡UN GIGANTE!!!! -grité, completamente eufórico. El anciano más anciano entre los ancianos que nos rodeaban dijo que ese era nuestro billete de salida, el billete de salida del equipo hormiga. Asentí porque estaba de acuerdo, y me dirigí al gigante. -¡Eh tú! -le grité. -¡Ve rompiendo el techo hasta la superficie y salgamos de aquí! Aquel monstruo sólo rugía y no parecía tener vida en sus ojos, y cuando una bestia no mostraba humanidad… igual había que darle un correctivo, así que tendría una oportunidad para obedecer.
Contenido Oculto
INFO
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Cambios en estadísticas
Vitalidad:
11942
+
0
=
11942
Energia:
8507
+
26
=
8533
Espiritu:
2768
+
0
=
2768
27-06-2026, 10:24 AM
Me deslizaba rápida y elegantemente por el flanco derecho de la enorme olla, blandiendo aquellas llaves como si del tesoro más valioso se tratase. El plan era sencillo: liberar a la mayor cantidad de presos posibles para generar un gran caos. En teoría era fácil, pero no podía evitar dejarme llevar por el criterio universal y supremo a la hora de tomar la decisión de abrir algunas de las celdas: la belleza.
— Tú sí, tú sí… eks, tú no…¿te encerraron por no saber lo que era el jabón? —señalaba con desdén a los presos cuyo grado de belleza no fuese suficiente para ganarse la libertad—. Es broma, es broma, hoy todos series libres… muy a mi pesar. Liadla mucho, ¿vale? Pero no os acerquéis mucho a mí. Los gritos de júbilo inundaban la sala, tanto que el sonido de la alarma era apenas perceptible. Una fuerte sacudida hizo que algunos de los presos perdieran el equilibrio y cayeran al suelo, atónitos ante el acalorado combate que discurría, ahora en el nivel inferior, entre El Puño y el tipo escorpión. La olla comenzó a perder parte de su contenido, ya que el espeso líquido burbujeante había comenzado a filtrarse a través del enorme agujero que se había formado en el suelo del nivel. Cuando acabé de abrir las celdas, completando un semicírculo alrededor de la olla, llegué al punto diametralmente opuesto a la celda del capitán, punto donde me encontré con el enorme Lunarian; a pesar de todo el tiempo que había pasado encerrado, no había perdido un ápice de su característico ánimo. Pero antes de que pudiésemos siquiera cruzar miradas, nos vimos rodeados por un variopinto grupo de prisioneros que ofrecían su ayuda y colaboración para completar la huida. Gracias a mi haki pude detectar que, a pesar de no ser angelitos de la guarda, estaban dispuestos a pelear codo con codo por un bien mayor y común. Un tipo cabra satánico plagado de parches de pelambrera encrespada y sucia que tapaban zonas que, agradecía a los cielos, no viesen la luz; una cría que, aunque un tanto sociópata y repelente, me agradaba por su forma de repartir insultos sin reparos; un anciano que no había logrado superar su etapa de adolescente rebelde grafitero; y un musculoco triojero obsesionado con el ejercicio físico. ¿Y la guinda del pastel? Un coloso proveniente del nivel inferior, que comenzó a emerger por el enorme boquete del suelo que había producido la pelea de El puño. —Eh, eh, eh —dije golpeando con el codo el costado de Yojimbo, en una voz apenas perceptible —, relájate que te conozco, no podemos fiarnos del todo de estos tipos, recuérdalo. Era un grupo de lo más variopinto y carente de glamour, pero era consciente de que si queríamos salir de allí con vida teníamos que cooperar. Con cada presentación Yojimbo se mostraba más y más entusiasmado, como si de un niño ante un escaparate de dulces se tratase, y no como lo que era: una panda de raritos sin amigos y cero habilidades sociales. — Yo soy Aspros, miembro honorífico de los Alas Negras— alcé mi voz por entre los gritos de los presos liberados— Reina de Kamabakka, modelo, cantante, navegante, cartógrafo, musa del destape y, seguramente, la persona más hermosa que vuestros ojos jamás hayan visto— miré de reojo a Bruno Olimpia, el tipo triocular— sobretodo tú, marichocho, tienes que estar flipando ante esta visión impactante.
INFO
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