[Presente Relativo - Entrenamiento] Marshal & Commander
#1
Día 82 de invierno, año 17
17:00

Entrenar a las nuevas generaciones era una tarea noble y de la que uno debería enorgullecerse. Haber alcanzado tal nivel dentro del Ejército como para ser considerado digno de transmitir tus conocimientos a los que vienen detrás de ti, para alguien como Bambú, era un sueño hecho realidad. Pero por mucho que entrenase a Berry y a Kelvin, a Shirohime y a Dean, ninguno de los cuatro, ni por separado ni en conjunto, era capaz todavía de hacer que el úrsido mariscal derramase una sola gota de sudor. Para Kisuke debía de ser peor todavía, suponía el panda, ya que Berry y Kelvin estaban todavía en pleno desarrollo de sus capacidades espirituales y no serían capaces de poner en riesgo al Comandante aunque quisieran. Era un honor y un placer entrenarles y un orgullo que eso les hiciera la mínima ilusión. Pero no era lo más emocionante del mundo.

Sin embargo, el hecho de tener la tarea de preparar a estas jóvenes promesas para el duro futuro que les esperaba en el Nuevo Mundo no quería decir que ambos revolucionarios, Kisuke y él, no pudieran entrenar el uno con el otro. Era, de hecho, deseable que lo hicieran, ya que ambos debían de demostrar el máximo nivel de coordinación si querían tener una mínima posibilidad frente a los titanes que navegaban con aquellas aguas. Garnet era su aliado, sin duda, pero no así lo eran Sohem, Viktor, la división 9 y mucho menos los piratas Mushoku. Tampoco debían menospreciar la presencia de Yonkos en aquellas aguas ni el ocasional almirante que pudiera entrometerse en sus revolucionarios asuntos. Lo cierto es que los Toros Negros eran carpas en un estanque de tiburones y poco podrían hacer si no levantaban cabeza y empezaban a mover ficha, aunque fuera discretamente. Por estos motivos, el día anterior, Bambú se personó en el despacho de su Comandante después de su entrenamiento matutino con sus jóvenes discípulos y le propuso un enfrentamiento por la tarde para ponerse a prueba el uno al otro. —Quiero ver qué está preparando, comandante, que veo que se ausenta muchas veces, ¡honhonhon! —En efecto, su superior y amigo desaparecía ocasionalmente, probablemente en algún lugar apartado, para llevar a cabo duros entrenamientos o apasionados encuentros románticos.

Citó a Kisuke a las cinco de la tarde en una de las playas del norte, más allá del linde del bosque en el que se encuentra el pueblo de Kara. La hora era perfecta, ya que a las cinco la comida estaba digerida, la segunda deposición del día hecha, el café tomado y el espíritu renovado para proceder con el último tramo de la tarde con una amena y saludable sesión de violencia desmedida. El lugar también era idóneo. Una playa enorme con una longitud de varios kilómetros que muy rara vez se usaba para algo que no fuera el ocio veraniego. En estas fechas invernales, con el frío que hacía fuera de casa, nadie se atrevía a disfrutar la tibieza de la luz del atardecer que ahora bañaba la costa junto con las embravecidas aguas del Grand Line. Nadie excepto Bambú, que se había personado en el lugar del encuentro con excesiva antelación, como era habitual. No era solamente que no le gustase nada llegar tarde, sino que la emoción de un posible entrenamiento con su comandante le había movido a salir de casa con tiempo de sobra. A treinta metros de donde el agua del Grand Line finalizaba su recorrido y se retiraba de nuevo hacia las profundidades oceánicas había un panda esperando. Estaba de cara al horizonte infinito del norte, con el sol bañando su figura desde su izquierda. Aguardaba la llegada de su contrincante con los brazos cruzados. No se había traído gran cosa porque no quería utilizar trucos con Kisuke. Quería ir directo al grano y usar su repertorio habitual. Ver dónde estaban sus debilidades y dónde se encontraban sus fortalezas. Llevaba puestos sus guantes, como casi siempre, y en su espalda reposaba una hermosa lanza de aspecto extremadamente ligero. En sus bolsillos había dos den den mushis, uno en cada uno. El blanco en el derecho y el normal en el izquierdo. Los llevaba por si acaso había algún tipo de emergencia en otro lugar de la isla y tenía que acudir inmediatamente alertado por algún otro miembro del escuadrón. Había dejado sus botiquines, su té y el resto de sus armas en casa para mantenerlo simple. No quería parar el combate para vendarse cualquier herida que Kisuke le provocara, ya que eso arruinaría el ritmo del mismo. Si se quedaba inconsciente como la primera vez que se peleó con él y con Zorak así debía ser.

Un estornudo arruinó la esencia auracultora de la escena. —Joder qué frío, a ver si viene Kisuke ya y empezamos para entrar en calor. ¿Por qué vengo tan temprano siempre?—

Datos
#2


Kisuke estaba tirado en la cama con un cigarrillo colgando del labio, descansando tras una copiosa comida posterior al entrenamiento matutino de los nuevos cachorros de los Toros Negros. Le gustaba la actitud y como parecían ansiosos por absorber todo lo que les decía, aunque sus personalidades excéntricas no dejaban tampoco de sorprender al antiguo pescador y le hacían reír bastante a menudo. El entrenamiento de estos nuevos brotes revolucionarios estaba yendo viento en popa, y él, a nivel personal, estaba consiguiendo mejorar su poder como usuario de akuma no mi, lo cual era algo en lo que se había centrado desde aquel entrenamiento en solitario en el Valle del Silencio en Báltigo. Seguía progresando paso a paso pero aún parecía lejos de llegar al punto que deseaban su katanas. No sabía que pretendían, pero estaba seguro que lo que Yamigiri tenía planeado iba a suponer un salto importante en su capacidad bélica.

"Veremos a ver a que nos lleva.... será interesante..."

No obstante, a pesar de que era un honor entrenar a nuevos revolucionarios y mejorar uno mismo también desde la introspección y conocerse a uno mismo, lo cierto es que la experiencia en combate se adquiere enfrentando a enemigos o adversarios reales por lo que Panda le había pedido, básicamente, que se dieran de tortas entre ellos. Parecía que tenía curiosidad por saber que andaba tramando el Comandante, aunque de momento tampoco podía enseñarle mucho, pero sería un buen test para ver hasta donde llegaba realmente la mejora de sus capacidades como usuario; no en vano, el mink era un guerrero temible y experimentado, Kisuke lo sabía perfectamente, por lo que entrenar con él era una buena prueba para saber hasta que punto lo que había ido mejorando era real. Con una sonrisa, se levantó de un salto de su catre y se ajustó las katanas en las caderas, como siempre, Yamigiri en la izquierda y Sode no Shirayuki y Onikiba en la derecha. Como siempre llevaba los log atados en las muñecas y los den den mushi guardados en su bolsillo. No creía que fuese a necesitar nada más, por lo que se lavó la cara con agua fría y se mojó el entrecano pelo para despejarse del todo de la modorra post-almuerzo y se puso en camino al lugar que le había indicado Panda.

"Tengo ganas de ver que tanto a mejorado el peluchito también... kuhahaha..."

Echó a andar con tranquilidad, puesto que iba con tiempo de sobra, bajo la fría brisa invernal de Mogaro, fumando tranquilamente y pensando mentalmente en como enfrentar a ese peludo monstruo que era su mano derecha; sin lugar a dudas una ardua tarea. A pesar de ser un luchador muy físico y cuerpo a cuerpo, el mink contaba con un ingenio bélico y una capacidad de improvisación que dejaban al antiguo pescador muchas veces con el culo torcido; él era muy ortodoxo y simple en su manera de combatir, aunque, en ocasiones, si había tenido cierta flexibilidad a la hora salir de situaciones desesperadas en combate. Y además de todo eso, el Mariscal era un maestro del haki, superando en ese campo por bastante al Comandante Kageyama, y contando además con ese temible haki que atemorizaba al más temerario de los guerreros. Sonrió al pensar en la suerte que tuvieron cuando se encontraron con él en Báltigo, en su primera estancia, por mera casualidad y consiguieron convencerle de que se uniera a los Toros Negros. De no ser por él, sobrevivir desde aquel punto se habría convertido en una utopía.

"Si no hubiera estado en Chisi, es probable que hubiésemos muerto allí... si logramos librarnos fue porque Sohem se centró en él y nos dejó a nosotros para Viktor..."

Realmente era así, puesto que a pesar de parecer una persona gélida y calculadora, el ahora Shichibukai Viktor Evans, parecía al menos una persona razonable. Sohem, sin embargo era muy irascible, beligerante, y por lo que recordaba de su encuentro en aquella isla terriblemente poderoso. Pocas veces en su vida había sentido miedo Kisuke, pero en aquel encuentro, se engañaría a si mismo si no reconocía que estaba aterrorizado ante el abrumador y sofocante poder del enmascarado. Con todo lo poderoso y buen luchador que era Panda, no había tenido demasiada dificultad en dejarle fuera de combate, lo que hablaba por si solo de lo terriblemente poderoso que era aquel sujeto. Después se habían llevado a Zorak, que había estado totalmente impotente ante el abrumador poder de ambos cazadores, para cobrar su recompensa y Panda y él tuvieron que asaltar un barco de guerra de la Marina para liberar a su compañero antes de que se lo llevasen a prisión. Pero aquello era historia para otro momento.

"Tendremos que contarles a los "cachorros" sobre nuestras (des)venturas durante nuestro viaje... Kuhahahahaha...

Kisuke estaba llegando a la playa que había elegido el úrsido mink para que se dieran de guantazos. Realmente era un buen lugar para que entrenasen, puesto que no había obstáculos, el terreno era llano y amplio, con varios kilómetros de longitud y unos doscientos metros desde el inicio de la playa hasta la línea de mareas que cubría la arena con el agua salina al romper las olas. A lo lejos, con su aguda vista, podía ver a unos 100 metros la silueta enorme de Panda que le aguardaba. Siempre tan puntual y tan estricto con el protocolo. Ni siquiera apretó el paso, puesto que estaba seguro de que ya le había visto así que se acercó con calma hasta llegar a unos diez metros de él. Sonrió torvamente como solía hacer antes de entrar en combate, pero estaba tenso, hacía mucho que no se medía con el mink y eso era siempre algo emocionante. Podía notar la tensión en los músculos de sus mejillas al sonreír mientras agarraba la empuñadura de Yamigiri con su mano derecha.

-Bueno, Peluchito, ya estamos aquí... Lo que tú querías... y yo también... Kuhahaha... ¿Te parece bien, para hacerlo más interesante, si el que pierda invita a cenar a todo el escuadrón?

Sin llegar a desenvainar, todavía no, agarró con fuerza la empuñadura de su preciada katana y aflojó la hoja presionando ligeramente la guarda con el pulgar de su mano izquierda, dejando asomar los primeros milímetros de la afilada hoja de la meito. Lo que si hizo fue activar el Kenbunshoku más poderoso que conocía en un radio de 10 metros; no quería sorpresas, y el cabrón peludo era condenadamente rápido con sus capacidades de mink, más allá de su poder natural como guerrero. Podía percibir que las ganas de empezar con aquel combate de entrenamiento por parte del mink eran tan altas o incluso más que las suyas propias, por lo que sonrió aún más y no pudo evitar decirle:

-¡Que comience la hora de las tortas...!

Información
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11735 + 0 = 11735
Energia: 8481 + 0 = 8481
Espiritu: 3359 - 70 = 3289
#3
El ensordecedor ruido de la marea alterada del Grand Line en Mogaro ocultó el sonido de las pisadas de Kisuke hasta que estuvo a unos buenos 15 metros del panda. En ese momento, Bambú se giró para recibirle con una sonrisa de pura emoción. Extendió la versión avanzada de su haki de observación hasta el radio de 10 metros, distancia a la que Kisuke se detuvo, y leyó su aura mientras escuchaba sus palabras y analizaba sus expresiones. Podía sentir que la emoción era compartida. ¿Cuánto hacía ya que no entrenaban el uno con el otro? Ambos, aunque Kisuke le ganaba en eso, eran amantes de una buena contienda. Kisuke siempre estaba dispuesto a darse de hostias con quien le retase y aunque Bambú fuera algo más comedido, una vez empezaban las hostilidades no daba tregua a nadie. La conversación empezó como muchas otras con su comandante. Con una apuesta interesante. —¡HONHONHON! Me parece razonable. Nuestros nuevos pupilos y pupilas agradecerán un pequeño descanso y una cuantiosa cena después de lo que les hemos hecho pasar. —Siguió la mano derecha de Kisuke hasta Yamigiri, la que debía de ser su espada favorita. Todavía no la había desenvainado, pero su camarada era un maestro en el arte de desenvainado de esa espada. El inicio de su filo destelló contra la luz del atardecer que le llegaba desde el oeste. Casi pareciera estar hecha de oro desde aquella perspectiva. Le parecía curioso que el oeste favoreciera tanto el aspecto del comandante de sus ejércitos, como si la misma naturaleza proyectase el fanatismo del panda sobre su superior. Aquel destello dorado era la promesa de una dura contienda. Conocía, sin embargo, el pequeño deje de Kisuke en sus entrenamientos: no se aprovechaba de su mayor ventaja al usar armas de filo. Solía golpear a Bambú siempre con la parte sin filo de las mismas, evitando así provocarle heridas sangrantes que le fuesen drenando poco a poco. No esperaba de su camarada contención alguna, porque él no pensaba concedérsela, y para demostrarlo comenzaría aquella pelea con su facultad más poderosa. Tenía la sensación de que Kisuke podría resistirla de todas formas, pero si algún día planeaban llegar a poder plantarle cara a Sohem, y por extensión a cualquier otro usuario del haki del conquistador, necesitaba de su compañero una voluntad férrea.



En cuanto Kisuke dio la señal de salida, una característica luz eléctrica empezó a iluminar todo el cuerpo de Bambú. Su voluntad se expandió a toda velocidad, ejerciendo una presión aplastante en un radio de diez metros a su alrededor, igual que su percepción extrasensorial con el haki. Verdaderamente planeaba ir con todo. El panda se inclinó hacia delante de tal forma que su torso se quedó perpendicular al suelo y sus brazos se enterraron en la arena de la playa para proporcionarle el apoyo necesario para lo que iba a hacer. Sus manos, ocultas bajo la arena, se tiñeron del negro característico del haki armadura en conjunto con su cabeza, esta última visible para todo el mundo. Las piernas del mink se flexionaron para proporcionarle el impulso necesario. —¡ALLÁ VOY! —Con aquel aviso, Don Bambú se propulsó como si fuera un misil contra Kisuke. La arena sobre la que estaba apoyado se dispersó en todas las direcciones por la potencia del salto y su enorme cuerpo úrsido cruzó la estrecha distancia que le separaba de su camarada como si fuera un tridente. Su cabeza buscaba el torso de Kisuke y sus brazos pretendían impactar en los hombros. Después de su ofensiva apoyó primero su pie derecho en el suelo y se irguió cuan alto era allí donde se había provocado el choque. No planeaba mantener las distancias con su letal camarada, pues quería enfrentarse de cara contra todo lo que él pudiera hacerle, así que no se alejó de él.

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12931 + 0 = 12931
Energia: 8752 - 1009 = 7743
Espiritu: 3869 - 557 = 3312
#4


Ahí estaba, el Electro, aquella facultad asociada a los mink que les infería de una velocidad endiablada y unas capacidades físicas a otro nivel. Sabía que no podría esquivar lo que se le venía encima, por más que pudiese verlo, y tampoco bloquearlo o desviarlo, puesto que la velocidad de su compañero en aquellas circunstancias era demasiado para él, por lo que trató de guarecerse y amortiguar de la mejor manera posible activando el haki de armamento medio en su torso, cubriendo su lugar más vulnerable, done tenía la antigua herida hecha por el amante de los postres italianos, el Almirante Yugu Dimípalo, en el momento que terminó de hablar con el úrsido mink. Las palabras habían terminado, ahora hablarían sus "puños", o en su caso, sus espadas. Pudo sentir aquel aterrador haki monstruoso que poseía el mink y notó como en su mente sus fuerzas flaqueaban, ligeramente. Pero estaba dispuesto a recibir el golpe.

"Ahí viene..."

Gracias a la percepción que le otorgaba el kenbunshoku, podía "ver" como se movía su compañero, pero su cuerpo no estaba preparado para seguir esa velocidad endiablada. Por lo que el impacto golpeó en el pecho de Kisuke, que ahogó un grito al notar el contacto con su vieja herida. El golpe le dejó aturdido unos segundos en los que perdió su concentración con el haki y la visión se le nubló un poco. El cabrón peludo le había dado con todo, moviéndole trece metros hacia atrás. Tenía que recuperar la compostura pero el impacto había sido demoledor, lo que le hizo respirar pesadamente y entrecortado. Notaba un dolor sordo tanto en el pecho como en los brazos por lo que agitó los brazos haciendo un molinete para evaluar daños. Sin duda alguna, ese cabrón peludo era un auténtico monstruo.

"Tengo que hacer algo con su movilidad o me va a destruir..."

Estaba teniendo algún problema por el impacto, seguía algo aturdido, pero, finalmente, consiguió centrar su mente y esbozó una siniestra sonrisa mirando al Panda. No iba a ser tan sencillo como solo pegar y correr. El antiguo pescador también tenía sus truquitos. Una vez más expandió su percepción en un radio de 10  metros y activó su armamento en su mano derecha que sostenía la empuñadura de Yamigiri mientras transformaba su mitad inferior en hollín y se acercaba al úrsido.

-Susu no jigoku...

Su hollín empezó a expandirse a ras de suelo, cuando comenzó el movimiento de aproximación al mink, creando un sin fin de abrojos en un radio de cuarenta metros, mientras seguía aproximándose al Mariscal, hasta que cuando estuvo a cinco metros de este, se abalanzó sobre él diciendo:

-Ittoryu Iai: Raito Kyasuto

Con un veloz movimiento de su katana desenvainó atacando desde la cadera derecha hasta el hombro derecho en un corte vertical ascendente, dada la diferencia de altura que tenían. Tras el movimiento, situado a tres metros de él, a su espalda, desenvainó a Onikiba y se puso en guardia de nuevo. Quería ver la respuesta de su compañero.

Información
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11735 - 2544 = 9191
Energia: 8481 - 469 = 8012
Espiritu: 3289 - 420 = 2869
#5
Supuso que Kisuke sería lo bastante hábil como para guarecerse de su ataque, por lo menos, empleando el haki armadura. A veces era difícil saber quién estaba por encima del otro en cuanto a poder, aunque la verdad es que sencillamente estaban muy igualados. Mientras que Bambú tenía la ventaja en el terreno del desplazamiento, Kisuke lograba imprimir una potencia descomunal en sus ataques. El impacto de su Poseidón se enfrentó a la dureza del haki armadura de Kisuke. El golpe le dejó una sensación cómo si su cabeza se hubiera chocado contra un buque de guerra en lugar de contra el cuerpo de un humano, pero la potencia de su técnica superó la defensa improvisada del samurái y lo proyectó hacia atrás una distancia de ocho metros. Menos de lo que hubiera anticipado, pero era un pequeño logro para él. Observó en silencio a su camarada, cómo sufría los efectos del impacto y se recuperaba paulatinamente de ellos sin volver a atacarle inmediatamente. No sólo quería dar golpes como un loco, sino que quería ver qué podía hacer Kisuke en respuesta a sus hostilidades. Por este motivo, desactivó inmediatamente su aura de haoshoku, pues temía que una influencia constante de su voluntad contra la de su camarada pudiera llegar a paralizarle como podía paralizar a otras personas. No quería que aquello se convirtiera en un aburrido entrenamiento contra un saco de boxeo. Quería enfrentarse a lo mejor que le podía ofrecer Kisuke y quería responder con lo mejor con lo que él mismo podía corresponder.

Una sonrisa se dibujó en el rostro del comandante, que recubrió la mano que empuñaba Yamigiri con el característico brillo negro del haki armadura y transformó sus piernas y cadera en hollín para avanzar levitando hacia el mink. Era una habilidad fascinante aquella, sin embargo también era lenta. No le costó seguir con la mirada el movimiento del samurái, pero se sorprendió igualmente cuando Kisuke empezó a esparcir ceniza por un área enorme alrededor del terreno. Un considerable cacho del terreno de la playa se tiñó de negro ceniza y Bambú sintió el impulso de echar a correr para no ser presa de lo que fuera que pudiera pasarle si se quedaba en el área de efecto de aquella técnica. Sin embargo, optó por quedarse quieto y recibirlo de frente. La técnica resultó ser inofensiva en un principio, pero el aspecto de lo que el panda llegó a reconocer como abrojos de ceniza era preocupante. Si quería moverse por el terreno libremente tendría que protegerse los pies o sufrir las consecuencias. Claramente Kisuke le quería quieto en un mismo sitio. Don Bambú sonrió ante la idea. ¿Le quería quieto? En ese caso no se movería ni un milímetro. Sabía lo letal que era Kisuke en el cuerpo a cuerpo, pero Bambú se había vuelto también mucho más duro con el paso de los meses. Sin mover sus pies por el peligroso terreno difícil que el comandante había creado, Bambú se preparó para lo que se avecinaba. Podía sentir cómo la intención del samurái era provocarle un corte en el torso con uno de sus movimientos. El brazo derecho del panda se tensó sobremanera mientras éste se preparaba para recibir el ataque de Kisuke. Cuando el samurái estuvo a distancia de golpe y la espada salió de su funda, el torso del panda se recubrió a una velocidad vertiginosa de una película negra de haki armadura igual que la que había conjurado antes el samurái al efecto de defenderse. Pequeñas chispas volaron cuando panda y acero entraron en contacto, pero la potencia del ataque de Kisuke, a pesar de ser una de sus técnicas más viejas, logró trazar una línea sangrante en la diagonal del torso de Bambú. Por fin Kisuke empleaba todas sus fuerzas en un enfrentamiento con él. La espada se usaba como debía usarse una espada. Su sangre bañaba la ennegrecida arena de la playa y Don Bambú respondía con una sonora carcajada, como si estuviera completamente demente. —¡Por fin no se contiene, comandante! HONHONHON —¿Qué haría ahora Kisuke? ¿Con qué le golpearía su comandante esta vez? No podía esperar para averiguarlo.

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12931 - 1380 = 11551
Energia: 7743 - 191 = 7552
Espiritu: 3312 - 357 = 2955
#6


Como cabría esperar del experimentado Mariscal, el mink había hecho gala de su habilidad utilizando el busoshoku no haki, protegiéndose el torso con aquella película negra característica de este poder y reduciendo considerablemente el daño recibido por el ataque de Kisuke. El antiguo pescador intuía que el Panda tenía ganas de fiesta, y que, seguramente recibiría su ataque pero quiso probar con el Susu no jigoku para, cuanto menos, hacerle dudar en si moverse o no. Al final había optado por recibir el ataque y, dada su algarabía mostrada tras el ataque, había sido una decisión acertada.

-Kuhahahaha... Eres más duro que infancia en Ballywood... kuhahaha... Contenerse contigo a estas alturas es como firmar mi derrota antes de empezar, peluchito... No volverá a ocurrir...

Una vez dijo esto, redujo su percepción a cinco metros, puesto que estaban prácticamente a melé ambos y con ambas espadas desenvainadas, las imbuyó con su haki de armamento, tornando sus hojas de un color negro brillante, y, a la vez, una película de hollín empezaba a emerger de sus manos rodeando sinuosamente las hojas de las katanas más lentamente que la expansión del armamento en torno a las mismas, dándoles a ambas hojas ese color negro y etéreo, mezcla del haki de armamento y el manto de hollín que les había imbuido.

-Susu no koromo...

Cuando este proceso, que apenas duró unos instantes terminó, Kisuke adoptó una postura muy familiar y característica, orientando las hojas de las katanas en la misma dirección, horizontalmente y paralelas al suelo, en una postura semi-agachada. Era el momento de comprobar hasta que punto el haki de armamento de Panda le protegería de aquello. No había probado nunca esa combinación pero, ¿que mejor hacerlo en un entrenamiento con el tipo más duro que conocía? Sabía que este nivel no era suficiente para los grandes monstruos del mundo, pero podía ser un primer paso muy importante para acercarse a ellos.

-Nitoryuu nigiri: Furiko Nage...

Y se abalanzó hacia Panda reduciendo rápidamente los apenas tres metros que les separaban, y realizando un doble corte horizontal, como la oscilación de un péndulo o como cuando lanzaba su padre la caña con una técnica que recibía ese mismo nombre, el lanzamiento en péndulo, en el vientre del mink oso panda. Dada la diferencia de tamaños, era el sitio más accesible para atacar al mink. Tras el ataque, dio un salto hacia atrás para situarse a cuatro metros del mink.

-¿Qué te pareció eso, Peluchito?

Información
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 9191 + 0 = 9191
Energia: 8012 - 969 = 7043
Espiritu: 2869 - 95 = 2774
#7
Bambú observó animado a su camarada, que empezó a hablarle de su dureza y de que contenerse contra él sería un error. Podría haber interrumpido sus palabras y continuar con la pelea, pero escogió no hacerlo porque tenía interés en ver qué hacía a continuación. El comandante desenvainó otra espada e imbuyó ambas en el haki armadura avanzado al mismo tiempo que sinuosas líneas de hollín que nacían en sus manos iban envolviendo sus armas poco a poco a una velocidad que Bambú podía seguir perfectamente. Recibir un golpe de aquellas espadas sería una sentencia de algún tipo, quizás no de muerte, pero no quería coleccionar cicatrices en su cuerpo si pudiera evitarlo. Podía sentir cómo era plena intención de Kisuke lanzarse a la carga después de toda aquella preparación. Tenía más claro que nunca que él debía de actuar de soporte para su comandante, porque él era capaz de provocar mayores daños que Bambú con menos esfuerzo. Quizás debiera haberse hecho espadachín como él o como Kovashi. Pero escogió el camino de los puños y se convirtió en ese arte. Un arte que empleaba con absoluta brutalidad y escaso refinamiento, como Kisuke estaba a punto de presenciar. Según el recubrimiento de hollín de las espadas finalizó, Bambú alzó su brazo derecho, el cual estaba algo diferente. No sólo se había tornado negro por el uso del haki armadura de forma casi instantánea, sino que además estaba considerablemente inflado, como si la musculatura del mink hubiera alcanzado un nivel de estrés sin precedentes. —Lo siento, Kisuke. Yo tampoco pensaba contenerme... —Sus pupilas se contrajeron al tiempo que su brazo descendía a toda velocidad sobre el cogote de su camarada. El impacto fue brutal, interrumpiendo el heroico avance de su comandante y deshaciendo al mismo tiempo el haki, el aura de hollín de las espadas y los abrojos de la playa. El suelo se tambaleó, pero no por los efectos de la fruta de Bambú, la cual no estaba utilizando porque resultaría inútil contra Kisuke, sino por la propia potencia del ataque. Un pequeño cráter se formó allí donde se produjo el impacto, aunque debido a la naturaleza de la arena se rellenaría de nuevo en cuestión de días.

—Si llego a dejar que me golpees con eso igual acabo sin torso, amigo mío. —Confesó, inseguro ante la propia dureza de su cuerpo y la extrema potencia de su camarada. Tenía la sensación de que ni siquiera había ido con todo. —Sospecho que estaría a tu merced si no usara todas las herramientas a mi disposición... —Se refería, naturalmente, al electro, pero también al kenbunshoku con el que monitorizaba a Kisuke en todo momento y al haoshoku con el que atacaba su voluntad sin piedad. Ni siquiera se planteó proponerle dejar de usar el electro. No quería herir su orgullo planteándole la posibilidad de que no pudiera lidiar con ello. Por supuesto que podía, pero debía hacer uso del ingenio si quería tener la oportunidad. También podía notar cómo su camarada no dominaba todavía con soltura su fruta, igual que él mismo. De hecho, tenía la sensación de que últimamente la manejaba peor todavía. ¿Se había centrado demasiado en desarrollar sus capacidades espirituales? Quizás sí, pero no se arrepentía. Relajó su diestra aguardaba a que Kisuke se recuperase y se retiraba un metro, poniendo algo menos de cuatro metros entre ellos. su Bearbarian Swing no era la técnica más eficiente, pero desde luego era fiel a su estilo. Simple y fuerte. —Sé que aún puedes levantarte, Kisuke. —Abandonó por unos instantes su habitual deferencia militar. —Si queremos tener una oportunidad contra el resto del mundo... ¡DEBEMOS DARLO TODO! —

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11551 - 100 = 11451
Energia: 7552 - 1535 = 6017
Espiritu: 2955 - 207 = 2748
#8


Lo que más temía Kisuke, a final ocurrió. En un duelo de velocidades, el antiguo pescador estaba frito, ante la superioridad de Panda. E, inevitablemente, cuando el antiguo pescador estaba dispuesto a darle un tremendo ataque a su compañero, este hizo uso de su tremenda agilidad para golpear primero. El que golpea primero, si golpea bastante fuerte, puede ser que no tenga que volver a golpear más. Eso era una regla básica de cualquier estilo de combate, y, por eso, el Comandante revolucionario, salió escaldado de aquel enfrentamiento, donde el más rápido iba a salir victorioso. El golpe fue tremendo, dejando la mente en blanco por unos instantes de Kisuke mientras lo derribaba en el suelo, cayendo de bruces sin ningún tipo posible de defensa. El primer pensamiento de Kisuke, no obstante, fue un reproche a si mismo.

"Le he subestimado... no me jodas, Kisuke, ¿en serio pensabas que se iba a quedar quieto recibiendo simplemente tu ataque...?"

Estaba muy aturdido, podía sentir el frío de la arena de la playa, en su mejilla izquierda, en su pecho, en la parte delantera de sus muslos. Había perdido incluso el agarre de sus espadas aunque sabía que las tenía al lado de sus manos. Escuchó como si le hablase a través de cuatro paredes de distancia, la voz del mink increpándole, no estaba seguro de que decía, y buscó con su mano derecha la empuñadura de Yamigiri, y recordó aquello que le dijo tanto tiempo atrás:

"El enemigo no te supera en número... ¿acaso hay algo que debas temer? Yo soy esa parte de ti que existe tan solo para luchar, así que... ¡levántate y vence, Kisuke!

Con esas palabras en la mente, la rabia y las ganas de pelear se reactivaron, así que dio un puñetazo al suelo con frustración con su mano izquierda, salpicando arena, y agarró también a Onikiba, tratando de levantarse, plantando un pie en el suelo, el derecho y con izquierda apoyada en la arena aún, tratando de recuperar la compostura, con los brazos semiabiertos sujetando ya con fuerza a Onikiba y a Yamigiri.

-Quiero... vencer... luchar por luchar... es un sinsentido... el hecho de sobrevivir... ahora ya no es suficiente... ¡¡QUIERO VENCER!!

Aquella declaración, que era un poco mitad en respuesta a Panda, mitad un juramento a sí mismo, terminó de aclarar su mente y terminó de incorporarse, con el la mitad del rostro cubierta de sangre causada por el impacto recibido en la cabeza. Pudo ver claramente a su compañero, y la distancia que les separaba, de unos cuatro metros, por lo que una vez más activo su percepción a nivel medio en un radio de cinco metros, e imbuyó sus katanas con su haki de armamento.

-¡VOY A SUPERAR MIS LÍMITES... AQUI Y AHORA!

Cruzando sus katanas enfrente de su cara, tensó sus músculos y se lanzó directamente hacia el mink, con toda la capacidad de la que disponía y más, aquel golpe recibido le había herido en su orgullo como guerrero, como Comandante del Ejército Revolucionario, y como amigo; no quería defraudar a Panda que tenía una fe absoluta en él, por lo que desató todo su poder en el ataque.

-¡Nitoryuu... Arashi no nami...!

Y realizó un corte en forma de equis a la altura del abdomen del mink buscando derribar aquella enorme mole peluda. Tras el ataque retrocedió de nuevo cuatro metros con las espadas aún alzadas y en guardia esperando la respuesta del mink.

Información
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 9191 - 4058 = 5133
Energia: 7043 - 642 = 6401
Espiritu: 2774 - 95 = 2679
#9
El estado de Kisuke después de su último golpe era peligroso. Le había herido de cierta gravedad, aunque sabía de sobra que todavía podía moverse. No era peligroso por lo que pudiera sucederle si volvía a recibir un golpe. Dentro de la incapacidad para contenerse que tenía el mink había un atisbo de inteligencia. Sabía más o menos lo que un oponente podía resistir de él antes de desfallecer y nunca apretaba tanto como para asfixiar a nadie. No voluntariamente al menos. No. El estado de Kisuke era peligroso por otro motivo. Ante el precipicio de una derrota, un samurái podía volverse mucho más agresivo, impredecible y, por encima de todo, letal. Creer que una persona como él se rendiría o trataría de retirarse sería caer en un error garrafal. Confiarse podría suponer un viaje rápido hasta el cementerio, no necesariamente de una pieza.

Observó en silencio cómo Kisuke golpeaba la arena por pura frustración y se levantaba lentamente con las espadas empuñadas. Quería vencer, decía. Esa era la actitud que quería de su superior. Esa y no otra. Apretó sus puños, listo para lo que se avecinaba, y sonrió abiertamente emocionado ante su declaración. El haki brillaba en aquellas espadas con una negrura si cabe más intensa de lo habitual. Sus filos negros eran la promesa de una batalla digna de tal nombre. —¡Ahí viene! —Se tensó cuando Kisuke colocó ambas espadas en cruz delante suya y su haki de observación le alertó de su plena intención de golpearle con todo. En sus emociones podía leer una determinación inamovible. No lo interrumpiría en esta ocasión y tampoco lo evitaría apartándose de su camino. Lo recibiría de frente y se enfrentaría a la determinación de su comandante con todo lo que tenía, incluso si eso suponía salir herido en el choque. Cruzando sus brazos de forma parecida a la que Kisuke había cruzado sus espadas, Bambú los imbuyó en su poderoso haki armadura y los interpuso en el trayecto del ataque. Estaba listo para recibir el golpe de su vida. La propia musculatura del panda se convirtió en una pared de acero. Aquella era una de las técnicas de las que estaba más orgulloso, porque no servía para herir a nadie, sino para proteger a aquellos que no podían protegerse por sí mismos. De este modo, Bambú se convertía en la última defensa de los débiles. En el baluarte de los miserables.



Brazos y espadas colisionaron emitiendo infinidad de chispas, como si dos superficies de acero estuvieran rozándose a altas velocidades la una con la otra. La potencia del ataque fue tal que la defensa de Bambú terminó por ceder ante la ofensiva, recibiendo dos feas marcas cortantes, una en cada uno de sus brazos. Si aquel ataque llegaba a darle en el torso... Probablemente habría sido él el que tendría que levantarse del suelo entre estertores. Él no era capaz de lograr tanta potencia si no usaba sus mejores técnicas y aun así habría que ver si lograba acercarse a su nivel. Después de su ataque, el samurái retrocedió cuatro metros para ganar algo de distancia con Bambú, pero esa distancia no le favorecía en absoluto. —Me toca. —Su puño derecho, ahora también recubierto de haki armadura, empezó a acumular la electricidad nacida de su electro hasta formar una esfera blanca y brillante, como si fuera una luna de energía. —Maximum Luna. —Lo anunció como solía hacerlo años atrás. Una costumbre que se había quitado, pero que volvía de vez en cuando cuando la seriedad de la situación llamaba a su puerta.

Aquel golpe sería decisivo, a no ser que Kisuke tuviera todavía un as bajo la manga. No quería darle tregua, a él mismo no le gustaría. Le atacaría como atacaría a cualquier otro enemigo cuya principal herramienta de combate fuera una espada. Sin más aviso que el nombre de la técnica, Don Bambú se desplazó a toda velocidad hacia delante, acortando los escasos metros que separaban a ambos y lanzó su puño hacia la mano derecha del samurái, aquella que sujetaba a Yamigiri con firmeza. La fuerza del impacto sería tal que no sólo mandaría volando la espada, sino también a Kisuke que terminaría de nuevo en el suelo. Don Bambú no se quedó inmóvil allí donde dio el golpe, sino que empezó a avanzar despacio, caminando, hacia su comandante. Poco a poco acortó la distancia que los separaba a diez metros en total. No demasiada, pero tampoco demasiado poca. Sólo restaba averiguar si el samurái tenía la convicción para levantarse una vez más.

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11451 - 974 = 10477
Energia: 6017 - 2149 = 3868
Espiritu: 2748 - 307 = 2441
#10


Dolor. Ingravided. Impacto.Suelo. Una vez más estaba en el suelo. Sentía el frío tacto de la arena de la playa en el rostro, humedecida por la sangre que manaba de su herida en la ceja derecha. Podía sentir cada grano de arena adherido a su cuerpo empapado de sudor y sangre por el combate. Una vez más, se había visto impotente ante la capacidad física de su amigo mink. Este había sido capaz de bloquear casi por completo una de sus más fuertes técnicas y, tras eso, haciendo uso de su velocidad le había conectado otro puñetazo más, provocando un sordo dolor en su antebrazo derecho, que le hizo soltar su preciada katana Yamigiri y que lo había enviado a volar de la potencia del mismo. Su mente estaba nublada y sentía el cuerpo pesado, tenía la sensación de que el mundo giraba sin control y no podía sentir nada con su percepción, su concentración había sido quebrada de nuevo y había perdido sus hakis. El agudo dolor que sentía en el brazo derecho no le permitía pensar en nada más. Hacía mucho que no se encontraba en ese estado en un combate. Sonrió abatido al darse cuenta que no iba a ganar aquello.

"Muchas palabras para estar de nuevo en el suelo... lamentable..."

Su mente se iba aclarando poco a poco, y entonces fue consciente que no tenía a Yamigiri, podía percibirla por esa conexión especial que tenía con ella, a unos 10 metros alejada de él. Pero no tendría tiempo para recuperarla, Panda no iba consentirlo, o no debería, por lo que, Kisuke, empezó a levantarse lentamente haciendo fuerza con el brazo izquierdo, mientras agarraba la empuñadura de Sode no shirayuki con la derecha. No era lo más óptimo para el combate, pero tampoco tenía más remedio. Sus rodillas flaquearon un momento, haciéndole dar un torpe paso hacia adelante para mantener el equilibrio. Miró a su compañero, situado a diez metros de él, pero apenas podía definir sus rasgos, solo veía una mancha negra y blanca. Sonrió siniestramente de nuevo, dispuesto a terminar con aquello de una vez.

-Tu Comandante no va a vender su piel tan barata, peluchito... kuhahaha

Aquella risa sonó más como un estertor de un moribundo casi que como una risa. Aún así, Kisuke se encendió de nuevo un cigarrillo, tratando de recuperarse lo más posible, ganar un poquito de tiempo, y, tras dar una calada al cigarrillo, que dejó colgando de su labio inferior, desenvainó a Sode no Shirayuki, mientras activaba, una vez más el kenbunshoku en un radio de diez metros y comenzaba a avanzar hacia él, con ambas katanas en una posición alzada, orgullosas, Onikiba y Sode no Shirayuki, tornándose de negro azabache al ser cubiertas por el haki de armamento del antiguo pescador. Kisuke podría ser muchas cosas... podria ser un comunista, borracho, propenso a la diarrea, maleducado, o borde, pero no era ningún actor por... digo, no era ningún cobarde, y no se iba a rendir, aunque la superioridad del mink en aquel combate hubiese quedado más que patente. Además que una actitud así, habría decepcionado a su camarada, no podía hacerle eso. Cuando había reducido la distancia con su amigo a cinco metros, adquirió una postura peculiar e inició su último movimiento.

-Nitoryuu: Kurage no hitokuchi

Y se lanzó hacía el Mariscal girando rápidamente, con las katanas alzadas en una danza cortante, aprovechando la inercia de su giro para aumentar su velocidad de ataque y tratando de alcanzar, una vez más el cuerpo del mink.

Información
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5133 - 3712 = 1421
Energia: 6401 - 370 = 6031
Espiritu: 2679 - 170 = 2509


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