[EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver
#31
Aquella sangre hirviendo no era nada en comparación con el fuego de la juventud que ardía en mi interior y que llevaba mi corazón a parecerse más al núcleo de un volcán que a cualquier otra cosa. La dureza de mi piel podía soportar perfectamente estas temperaturas y las que este infierno estuviera dispuesto a tirarme a la cara, pues no había mayor fortaleza que la determinación de un hombre, y la mía era la más grande de todas, la de después de treinta años poder volver a ver a mi hijo, y devolverle la libertad a sus alas marchitas por estos muros — Cuanto más tiempo estemos aquí, más basura se amontonará entorno a la salida y nos será más difícil escapar... debo acabar con esto rápido — pensaba mientras, gracias al impulso previo, avanzaba descendiendo por la olla de sangre empujando conmigo al rival que tenía agarrado y casi abrazado estampándolo contra el final de esta y atravesándola, pasando a impactar el suelo y a impactar este también pasando al gélido nivel cinco de Impel Down y comenzando una caída en picado hacia el suelo de este.

Agarré el rostro de aquel monstruo con la mano y estiré el brazo mientras desplegaba mis alas para ganar mas velocidad en el descenso, haciendo que toda la sangre que manchaba mi cuerpo fruto del baño en la olla hirviendo de unos segundos antes saltase salpicando en todas direcciones en blanco paisaje. Quimesaso trató de patalear un poco sin éxito, gracias a la distancia de mi enorme brazo, y lanzó un picotazo con su cabello-cola de escorpión, que intercepté con la otra mano — ¡Vuelo como una mariposa y picas como una avispa! — dije sonriendo dando un aleteo más para acelerar más hacia el impacto del suelo — ¡¡Pero tu aguijón no es lo suficientemente grande!! — bramé, justo antes del impacto. El golpe resonó en todo el nivel y agitó la nieve que reposaba sobre las celdas próximas, levantando una nube de polvo de nieve entorno al choque que, junto con las salpicaduras del líquido de la olla hirviendo alteró la calma del infierno helado.

Yo me incorporé de aquel cráter observando frente a mi, inconsciente y con la cabeza abierta sangrando a aquel guardia infernal, Quimesaso. Entonces arrugué los labios y mi expresión se tornó triste mientras lo observaba, enjugándome unas tímidas lágrimas que salían de mi pañuelo — Eso dijo ella — susurré, recordando aquel triste momento, y pasé a agitar la cabeza con resignación y adaptar mi gesto nuevamente. No era tiempo de lamentos, era la hora de la libertad.
Alcé mi pie hasta mi cintura y di un fuerte pisotón donde sentía que estaba la cabeza de aquel derrotado enemigo, abriendo su cráneo y esparciendo sus sesos por el hielo, dando fin a su miserable vida como rata de laboratorio y esclavo del Gobierno Mundial. Era triste pensar que el lavado de cerebro que se les hacía a algunos de ellos llevaba hasta ofrecerse como alambiques de experimentación y ver modificado tu cuerpo y tu conciencia a tal grado... llegar hasta este punto... acabar de esta manera. Ese no era el camino de la liberación.
El que si parecía el camino de la liberación era el que aquel gigante enorme que sentía como una megalítica masa de energía pura, estaba haciendo tratando de salir por el hueco que se había generado por la expansión de la destrucción que habíamos generado traspasando de un nivel a otro, y eso podía jugar a nuestro favor de una forma espectacular, así que sonreí ampliamente apoyando mis puños en mis caderas y orientando el rostro en dirección hacia donde sentía aquella aura — Es tan grande que ha reventado el agujero — dije y me encogí un poco riendo por lo bajo — Qi qi qi qi qi... — y ahí alcé las manos a ambos lados y hacia el cielo, gritando a pleno pulmón
— ¡Eso dijo ella! —

Y ahi, cuando la nieve y el polvo helado a nuestro alrededor se dispersó, fue cuando sentí el aura que arrebató mi atención e hizo que pasase a una actitud mucho más defensiva y preparada para el combate, colocando los brazos en guardia y girando sobre mi mismo ciento ochenta grados, antes de saltar hacia atrás varias decenas de metros con un solo impulso, derrapando en la nieve al aterrizar y plegando las alas a mi espalda para prepararme para el combate. Frente a mi, en un nivel como este en el que todo el mundo está en las últimas, esa presencia fresca, cómoda y fuerte, no podía ser de otra persona que de un Guardia Infernal. Según mis reportes, si esto era el nivel cinco, el más fuerte de todos ellos... Quimepengin.
[Imagen: etQemOr.png]


— ¡Vaya aura! — dije elogiándole sin poder verle físicamente dada mi ceguera — Aun así me parece que deberías tratar de cuidar de tu compañero... creo... — un espasmo sacudió el cuerpo sin vida con la cabeza abierta de Quimesaso. Sonreí de forma burlona — ...creo que le duele la cabeza un poco — sorbí por la nariz girando un poco el rostro, preparándome para la pelea.
Quimepengin era una quimera bizarra y peligrosa. Un hombre que buscaba la potencia de un elefante, la belleza de una mariposa, y la termo adaptación de un pingüino y que no se leyó las instrucciones de las S.E.E.D.S - pues no otorgan cualidades, si no rasgos físicos - y acabó con un cuerpo de pingüino, patas de elefante, y alas de mariposa, conservando su cabeza humana. Era un hombre, si se permite la imparcial opinión de este narrador para nada sesgado, tremendamente atractivo y apuesto. Calvo, con una bonita barba bien recortada y unos rasgos rudos y aguerridos. Fumaba un gran puro y tenía una enorme cicatriz surcándole el rostro y el cráneo. Vestía un collar con el símbolo de los Guardias Infernales, y tenía tatuadas en el pecho tres sílabas: PA - DAS - TER. Significase lo que significase aquello.
Ese hombre antaño, era uno de los mejores efectivos del Cipher Pol, y era reconocido dentro de las tropas como un maravilloso espadachín del estilo nitoryu, y ahora era una bestia sin razonamiento y con ansia de destrucción, atrapado en un cuerpo sátiro.

Quimepengin se inclinó levemente y se lanzó a por mi corriendo con sus pequeñas y gorditas patitas de elefante, haciendo monísimos sonidos con cada paso y extendiendo los brazos a ambos lados de su cuerpo completamente poniendo las dos espadas apuntando hacia su izquierda y hacia su derecha, comenzando a agitar sus alas de mariposa y a soltar un leve rastro de purpurina, y aunque pudiera parecer amenazante, iba increíblemente despacio. Tanto así que sentí que la preparación y la epicidad del momento se estaba perdiendo por completo — ¡Vamos hombre! — dije con desánimo — Me da tiempo a escapar tres veces ¡espabila! — grité abandonando mi guardia y señalando con mi mano hacia el cielo, hacia el agujero por el que desaparecía el gigante, y entonces Quimepengin aprovechó mi bajada de guardia en su beneficio.
Dando un minúsculo saltito con sus ridículas patas, se sentó sobre su cola de pingüino y comenzó a girar sobre si mismo, ganando al instante una velocidad atronadora y convirtiéndose en un tornado de cortes que se acercaba a por mi como una peonza cargada de cuchillas — ¡¡Su put — el impacto de sus hojas apenas me permitió bajar las manos para anteponer mis antebrazos a su arremetida giratoria, sufriendo infinidad de cortes y parando parcialmente su avance.

Este iba a ser un combate más complicado que el anterior.




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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 22274 + 0 = 22274
Energia: 12526 + 0 = 12526
Espiritu: 4870 - 80 = 4790
#32


Nivel 4 de Impel Down.


Yojimbo y Aspros, acompañados de Suske y compañía comenzaron su ascenso hacia el nivel tres pasando por la apertura que conectaba ambos niveles. El portentoso alado heredero de Skypiea ascendía volando con elegancia en paralelo a Giogio, quien - buscando primitivamente salir de ahí - continuaba escalando la prisión por dentro. Candice y Bruno saltaron a la espalda del gigante ancestral, seguidos de Aspros y Suske, quien pasó a convertirse en caracol nuevamente y pasar desapercibido a los ojos de todo el mundo y a los sentidos de los Kenbunshoku, gracias a lo ridícula de su aura en comparación con los monstruos que le rodeaban. Por su parte, Strahd y Urutora se miraron y se invitaron mutuamente a subir a lomos del gigante primero — Usted primero jovencito — dijo el anciano mink macho cabrío recibiendo un rechazo por parte del rey del graffitti callejero — ¡JO! Muy amable cabrallero pero no me gustan los ascensores — dijo sonriendo obteniendo la misma reacción por parte del mink — Me pasa lo mismo, Aghkiert — añadió el mink flexionando las piernas empezando a recubrir su pelaje de aquel manto eléctrico característico de su raza, mirando en dirección al agujero que habían de cruzar. Por su parte, Strahd le imitó flexionando las piernas y apoyando los brazos, hinchando estos y su espalda ganando una gran musculatura. Ambos tenían la misma idea, y sonreían al darse cuenta de esto — ¡GRAV ENIL! — bramó la cabra — ¡RATTLING! — respondió el anciano, y con un súbito estruendo que partió la zona sobre la que estaban apoyados salieron volando, pasando junto a Yojimbo, demostrando que esos dos ancianos aun tenían guerra que dar en estas instalaciones.

[Imagen: VMkROQM.png]

Los prisioneros saltaban a las piernas de Giogio para agarrarse a él y tratar de subir para asi escapar, y así el grupo de la fuga de Impel Down se ponía en marcha: Yojimbo a la cabeza, seguido de Strahd y Urutora, y tras ellos la cabeza de Giogio que llevaba en uno de sus hombros a Bruno, Candice, Aspros y en teoría, un diminuto caracol, mientras todos los presos se encaramaban por las piernas y la espalda de aquel monstruoso pirata.



Nivel 3 de Impel Down.


— No entiendo por qué siempre tienen que estar igual hasta en misiones especiales como esta — dijo Tenma, que viajaba sólo junto a Mardano usando el Geppo y ya habían alcanzado el nivel tres de Impel Down en su descenso — El jefe Ryu está con ellos-mamau ¡no te preocupes tanto amigo! — le respondió despreocupado el mink gato egipcio con una sonrisa tranquilizadora, evidenciando que confiaba plenamente en la capacidad de la leyenda que era Ryu Nanashi dentro de la Marina y que sería capaz de poner orden y hacer que los dos muchachos volvieran al trabajo y dejasen sus diferencias, pero ¿qué había pasado?.
En su encontronazo anterior, Uki y Sheit desenvainaron sus espadas y comenzaron a pelear en el nivel uno de Impel Down haciendo que el Vicealmirante Ryu Nanashi se detuviera para poner orden y tratar de encauzar a los jovenzuelos desatados que tenía por compañeros y en cierta parte, aprendices.
La rivalidad y la dualidad entre ellos era demasiado grande como para poder apartarla incluso en momentos así, y eran dos Marines que habrían acarreado consigo varios consejos de guerra y chupado calabozo más que una rata en una bodega, entre su insubordinación, mal comportamiento, falta de etiqueta con la ausencia del uniforme, y un sin fin de problemas más... que por suerte estaban solucionados en parte al estar bajo el ala de Tucrow, quien mantenía a sus subordinados libres de represalias y problemas, aunque cuando él no estaba presente, eran ciertamente incontrolables.

[Imagen: LwcOxit.png]

Tenma y Mardano continuaban con las órdenes del anciano Marine, descender hasta el foco del problema e incapacitar a los presos y los PADCE, nombre provisional dado por Ryu, que eran las siglas de "Presos A Derrotar Con Estilo". Daba igual quien, y daba igual cómo. El Alcaide - que no dejaba de ser la máxima representación de autoridad en la jerarquía de Impel Down - había autorizado el uso de munición letal, y por tanto, la posibilidad de matar a los presos si eran imposibles de detener o incapacitar. Así de potente era el nivel de amenaza al que se enfrentaban.



Nivel 2 de Impel Down.


Las tropas de Impel Down se movían con celeridad por la escalera de servicio lideradas por el aguerrido y valiente Jefe de la Guardia, Steiner. El sonido de sus pasos resonaba como un eco sordo en las abovedadas cámaras de las escaleras y amortiguaba en parte el estruendo de las alarmas que continuaba sonando — ¡Sean raudos, caballeros! — pidió el jefe de todos los soldados — ¡No temáis por nada! ¡Yo seré vuestro escudo! — dijo alentándoles para que su ánimo se mantuviese lo más alto posible y estuvieran preparados para luchar en aquel incidente sin precedentes en el que muchos de ellos sin duda perderían la vida. Pero siendo guiados por su capitán, el gran Steiner, no temían. Sólo existía el honor entre caballeros y el placer de combatir al lado de un camarada.

[Imagen: kXXLWvf.png]

El descenso por las escaleras de servicio - o el ascenso, vaya - era no solo la forma segura de pasar de un nivel a otro, si que no era muchísimo más rápido y eficiente, y era la opción lógica. Por suerte en Impel Down contaban con efectivos como para poder cubrir las escaleras como Steiner estaba haciendo con sus hombres, y las entradas o conexiones antinaturales como se iban a encargar el Zoodiacool y los comandados por el Vicealmirante. Tampoco es que Steiner estuviese acampado en las escaleras esperando, si no que iba a emprender un camino hacia abajo para salir por el nivel cuatro y dedicarse a retener a todos los presos posibles. Su determinación y su valentía no conocían límite y eran bien famosas en estas instalaciones, y si el Jefe de la Guardia se proponía conseguir algo, siempre acababa lográndolo.



Nivel 1 de Impel Down.


En la cultura Hip Hop no había lugar para las faltas de respeto. El respeto lo es todo, y no sólo tienes que lograrlo, si no también mantenerlo. Era impensable pensar que un toyaco pudiera pisarte una pieza y tu no hicieses nada, que te tirase unos beefs y no respondieras, o que se atreviese a vacilar por tu barrio creyendo que tu terreno era un campo que se podía mear sin problema y tu no buscases consecuencias. En la cultura del Hip Hop demostrar que eres el mejor es el pan de cada día, es el motivo para mantenerte despierto, real y sobretodo libre de la intoxicación del mundo comercial. En la cultura del Hip Hop, si un cretino se atrevía a poner en entredicho tus capacidades, tú tenías que demostrarle que estabas siendo humilde y que aun tenías mucho más que demostrar. Por que el respeto como he dicho, se gana, pero también se ha de mantener. Y nadie respeta a un parguela que no es capaz de hacerse respetar.

Y eso Uki y Sheit lo sabían muy bien.

[Imagen: DZUFBPv.png]

— ¡Repite eso toyaco! — gritó Sheit — ¡¿Toyaco yo?! — preguntó furioso Uki. Ambos chocaron sus espadas de nuevo — ¡Un toyaco y un pussy! — volvió a gritar Sheit — ¡¡Y tu eres un Fran Perea!! — bramó Uki. Volvieron a chocar sus espadas repetidas veces, respirando agitadamente y muy molestos el uno con el otro, furiosos y sin contenerse, intentando acabar con su contrincante con todas sus fuerzas.
— ¡Pero bueno chavales! — dijo Ryu, girándose para encarar al dúo y dejando de pintar el graffitti que estaba pintando pillando la sangre de las hojas del suelo, haciendo que el dúo parase en seco para prestarle atención — A un hermano no se le llama pussy y mucho menos Fran Perea — dijo reprendiendo a los muchachos — Está bien que os ganéis el respeto entre vosotros pero no podéis olvidar la real family y a los true brothers de la street ¡estáis blasfemando en las enseñanzas de the one and only! — dijo dándose cuenta de que era dificilísimo hablar así, sin entender cómo Tucrow y Kaito podían hacerlo con tal soltura. Agitó la cabeza y manchó sus dedos con un poco más de su pintura — Como se entere The Goat le vais a dar un disgusto, y sabéis que si eso le pasa luego le salen rimas malísimas y se frustra mucho y se encierra en su habitación a ver animes, así que partíos la cara sin insultaros cosas tan de feikas — añadió, antes de volver a girarse sobre si mismo y continuar pintando aquella pared.

Lo de "quedarse para controlarles" era una mentira para que Mardano y Tenma tuviesen que tirar con todo el trabajo adelante, y él poder quedarse a hacer otra pieza más en este nivel. Tenía el reto personal de aprovechar la incidencia que estaba ocurriendo para hacer una pieza en cada nivel y que así cuando su hermano tuviera que ser movido por las instalaciones las viera y descubriera el gran artista en el que se había convertido, superándole desde siempre. Que se pegasen Uki y Sheit no le importaba, eso era el pan de cada día, pero nadie llama a un hermano Fran Perea. Eso es de pussys y de toys.




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#33
Grupo de Steiner
Jefe de la Guardia Steiner + Soldados de Impel Down

Un temblor sacudió la prisión, fruto del desplazamiento de Giogio, y Steiner detuvo por completo la marcha de sus tropas.
— ¡Alto, por favor! — ordenó con educación a sus hombres, observando en derredor la zona y viendo como se sacudían las paredes. Entonces, cerrando los ojos y concentrándose mucho, emitió su Kenbunshoku a la máxima potencia que le era permitido y se dio cuenta de donde provenía y hacia donde se dirigía el problema en cuestión: Giogio.
Abrió los ojos de golpe — Ese maldito de Giant está intentando escapar de la prisión trepando por ella — dijo a sus hombres mientras miraba entorno a si mismo de nuevo buscando el punto de acceso — Con su tamaño y siendo cada nivel más estrecho que el anterior, hará que los muros colapsen y el mar nos aplaste a todos — identificó la salida más cercana y la señaló, corriendo en esa dirección — Cambio de planes ¡todos conmigo! — los soldados le siguieron sin protestar ni rechistar y cuando cruzaron el umbral llegaron al nivel tres, el infierno desértico, comenzando a dirigirse hacia el agujero de conexión entre niveles.

Equipo Hormiga
Yojimbo, Aspros, Strahd, Urutora, Bruno, Candice, Suske y Giogio + Presos fugados

Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero emergía del infierno ardiente del nivel cuatro volando con sus propias alas negras, dejando una ligera estela de brasas con el fuego clásico de su raza, seguido de los dos ancianos Urutora y Strahd que emergían del agujero con un impontente y valeroso salto. Giogio Giant - o su cabeza más bien - los seguía, rugiendo con fuerza y sacudiendo las arenas del nivel tres, y desde su hombro derecho Bruno Calderón, Candice Bonbon y Aspros veían la luz del desértico nivel mientras ingresaban en este. Los presos subidos en el cuerpo del gigante comenzaron a bajar de él conforme su torso iba entrando por el agujero del nivel empezaban a esparcirse por el nivel tratando de liberar al resto de sus compañeros presidiarios. Pero al desplegarse por el nivel se toparon de lleno con los hombres de Steiner y pronto comenzó la batalla entre ellos.
En ese momento, desde el cielo se lanzaron como misiles tres figuras: Los dos Marines, Tenma y Mardano, y el Jefe de la Guardia Steiner. Los dos primeros buscaban agarrar a Yojimbo, siendo esquivados por este, y Steiner pasó de largo con otro objetivo en mente. Por un instante, Tenma, Mardano y Steiner cruzaron miradas con Yojimbo, Strahd y Urutora antes de que las direcciones de ambos grupos terminasen de cruzarse.



Nivel 3 de Impel Down

Pero el Jefe de la Guardia era sin duda el que descendía a mayor velocidad, acuclillado sobre la guardia de su mandoble y con el filo por delante.

— ¡ P I E R C E R ! —


El grito del capitán de la guardia resonó por todo el nivel tres de la prisión, y el impacto de su espada dio de lleno en la frente de Giogio Giant, el Gigante Ancestral que tantos problemas de infraestructura estaba dando. El impacto fue tan brutal que no sólo frenó el avance de Giogio si no que lo hizo caer de espaldas por donde había venido, con Steiner sobre su espada empujándolo hacia el abismo del que había salido, el nivel cinco — ¡Ningún demonio escapará del infierno mientras yo lo esté vigilando! — gritó con furia el jefe de la guardia mientras empujaba el cuerpo de aquel colosal enemigo hacia las profundidades de los infiernos.

[Imagen: OOXsgbY.png]
Giogio VS Steiner continúa aquí

El impacto fue tan grande que Giogio perdió el equilibrio y los agarres de su escalada, siendo volteado y cayendo por donde había venido, pero a tiempo suficiente como para que los pasajeros de su hombro se bajasen de él de un salto y fuesen a tomar tierra en el nivel tres. Aspros saltó hacia el lado derecho, y Candice y Bruno hacia el lado izquierdo, y ese movimiento lo decidió todo.

Descendiendo aun, Tenma y Mardano continuaban con su trayectoria y fueron a impactar contra este par de presos produciendo dos situaciones distintas.
La primera de todas, Mardano chocó con sus dos pies juntos como un misil sobre el musculoso torso de Bruno, mientras entre sus manos tocaba su cuatro, aquel instrumento que amaba. Bruno llevó sus manos hacia las piernas de Mardano para agarrarle, y juntos descendieron en diagonal con celeridad para impactar con gran estruendo contra una de las zonas de la pared del nivel cuatro, causando un cráter al llegar, separándose del grupo. Tras el impacto, ambas figuras se ponían en pie entre el polvo y los escombros.


— ¡Puag! ¡Huelo que apestas a hierro-mamau! — dijo Mardano preparándose para afinar su instrumento — ¡Y yo veo que tu careces de estética, insecto! — respondió Bruno limpiándose el polvo de encima y moviendo alternamente los pectorales cuadrándose frente a Mardano. La batalla entre estos dos poderosos guerreros estaba por comenzar. Dos tribus legendarias y milenarias que se enfrentaban ahora entre si y ¿quien saldría ganador?. ¿El celerico estilo eléctrico de los minks? ¿o la capacidad de ver de los tres ojos? ¿El estilo de Mardano o la estética de Bruno? Date prisa Gokú... digo... ¡una lucha encarnizada!

[Imagen: dsY20EK.png]
Mardano VS Bruno continúa aquí

El segundo de estos encuentros, fue el de Tenma con Candice Bonbon.
El Zoodiacool Buey se lanzaba transformandose en su forma híbrida de toro para asestar una potente cornada a aquella niña que a priori pudiera pareceros indefensa, pero nada más lejos de la realidad. Y aquí es donde hay que hablar de Candice Bonbon.
Candice nació en una familia de la realeza, entre el calor y el cariño de un hogar pudiente y realizado, siendo la pequeña de varios hermanos y considerada en su reino como una princesa. Con sólo diez años tuvo que presenciar cómo, tras su padre negarse a cumplir con el exigente y demandante tributo celestial del Gobierno Mundial, estos mandaron una flota a arrasar con su reino borrando por completo su isla del mapa, en el Nuevo Mundo. Durante ese conflicto ella pudo escapar gracias a la ayuda de un fiel sirviente que se encargó de mantenerla con vida hasta que poco después y por azares del destino, Candice se hizo con la Pero Pero no mi, la fruta del caramelo, y salió de su situación de hambruna y precariedad vendiendo caramelos a los niños allá donde se encontraban. En el transcurso de los siguientes años, este fiel vasallo enseñó a Candice como defenderse, y la instó a pasar desapercibida creando un alter-ego, una armadura enorme que la protegiese de todo mal y que no delatase en ningún momento que ella era una niña pequeña.
La historia continua hasta el punto en el que el vasallo es atrapado por la Marina al delatarse en una conversación en una taberna como uno de los supervivientes de ese reino y declarado enemigo del Gobierno Mundial por el odio que les guardaba, y Candice se encierra a si misma en esa armadura de caramelo para protegerse, buscando acercarse a la Marina para tratar de rescatar a su viejo amigo. Su talento natural y sus capacidades, así como su empeño en derrotar a otros piratas para acercarse al Gobierno Mundial la llevaron a convertirse en Shichibukai.

Desde ese momento, pasó a ser conocida como Karamel Knight y llegó a formar parte de los siete señores de la guerra del mar, como ella quería, pero a una corta y temprana edad, siendo uno de los más famosos de esta última era. Pero Candice tiene un sentido muy propio del deber y de lo necesario muy particular, así que tras negarse a varias peticiones del Gobierno Mundial y perjudicar gravemente con sus caprichos los planes y las decisiones de estos, acabaron por tenderla una trampa y capturarla para arrojarla a Impel Down por el resto de sus vidas, dejando un puesto libre en el Ouka Shichibukai que después ocupó durante poco tiempo el infame Shinju Kagayaku, que encontró el final de sus días a manos de la espada de Ashura, quien ahora ocupa ese puesto de Shichibukai.

[Imagen: ENDJWCR.png]

Candice Bonbon, usando su apariencia de Karamel Knight acumuló una recompensa por su cabeza de setecientos millones de berries antes de ser nombrada Shichibukai, momento en el que congelaron su aumento. Y no era la niña indefensa que parecía ser. Mientras Mardano placaba a Bruno, Tenma se lanzó con sus cuernos por delante hacia Candice y ella gritó sólo dos palabras.

— ¡¡KARAMEL KNIGHT!! —


Tras ese grito y con un movimiento de sus manos, emitió una cantidad ingente y muy variada de caramelo con el que formó una armadura de dos metros de alto, y saltó alzando sus manos para parar el envite de su ahora nuevo enemigo. Ambos chocaron manos en el aire camino a aterrizar sobre el desértico nivel tres de Impel Down, ganando Candice en el empuje — ¡A las niñas no se las pega, tonto-bobo-estúpido! — ambos cuerpos aterrizaron derrapando sobre el desierto y quedaron fijos forcejeando el uno contra el otro agarrándose las manos — Mis entrenamientos me han llevado hasta este punto, niña o no, eres un obstáculo que debo superar — respondió Tenma clavando sus pezuñas de toro en el suelo y chasqueando su cola en el aire produciendo el sonido de un látigo, sin ceder ante el empuje del Karamel Knight — ¡Car car car car car! ♫ ¡Conviertete en caramelooo! ♫ — dijo alegre y medio canturreando la princesa de aquel reino olvidado.

[Imagen: pqEhgGm.png%5D]
Tenma VS Candice continúa aquí



Equipo Hormiga
Yojimbo, Aspros, Strahd, Urutora, y Suske + Presos fugados

Aquel ataque combinado de Steiner, Mardano y Tenma había separado al equipo hormiga. Los presos se enfrentaban a las tropas de Steiner por doquier mientras trataban de liberar a más compañeros de condena, evidenciando que el Quimeraku, el Guardia Infernal de este nivel, no estaba entre ellos. La razón era simple y no era otra que los Guardias Infernales habían sido convocados para enfrentar a Yojimbo padre en el Nivel 5, mientras el bellísimo Quimepengin se encargaba de mantenerle ocupado.
Buena noticia para el equipo, que no tendría que enfrentarse a esas bestias, pero mala noticia para el Puño de la Revolución, que pronto contaría con tres visitantes muy potentes que harían de su duelo un cuatro contra uno muy desfavorable.


Tras separarse de Giogio y el resto del grupo, Urutora y Strahd, junto con Aspros, aterrizaron para continuar corriendo hacia la gran puerta que separaba los niveles tres y dos — ¡Vamos hormiga! — dijo Strahd sin mirar a los demás — No hay forma de salir volando de este lugar, debemos cruzar esa puerta — señaló hacia la estructura — ¡Atravesar es la palabra correcta jovencito! — le corrigió Urutora caminando a su lado y cuando estuvieron a la distancia prudencial saltaron ambos hacia la puerta sin detener su carrera preparándose para impactar en ella.
Urutora giró sobre si mismo para impactar una poderosa patada aun envuelto en su manto eléctrico, mientras que Strahd transformó uno de sus brazos en una extremidad de primate muy grande y peluda, casi el triple de tamaño que su propio cuerpo, preparándose para impactar en el metal.

— ¡ON' AKRA TUL! —
— ¡BOMBASTING! —

El impacto de ambos sobre cada una de las dos hojas de la puerta las abolló y pareció que las iba a hacer ceder, pero estaba claro que necesitaban algo más de potencia extra...





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#34
¿Cómo dices, querido espectador?
¿Que igual tantos personajes y tanto movimiento te tienen algo perdido? ¿Te cuesta seguir la trama?
No te preocupes, estoy preparado. He pensado en todo.

Tú solo relájate y disfruta...


[Imagen: gVYXsT9.png]
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#35

Cada aleteo que daba era más fuerte que el anterior, haciendo que mis alas rompieran el aire a su paso, generando un sonido casi imperceptible. Pese a que me liberaron de la diminuta prisión que me mantenía cautivo, hasta este momento no me había sentido del todo libre. Volar… hacía años que no volaba; era la mejor sensación del mundo y lo estaba disfrutando como nunca.

En el ascenso hacia el piso superior sentía que el espacio sobre mí era infinito, y no pude apagar la llama de mi corazón que me pedía a gritos jugar con el viento, poniendo a prueba mis reflejos atrofiados. Empecé a hacer trucos en el aire de forma inconsciente; era casi instintivo. Realicé un giro completo de 360 grados sobre mi propio eje; sentir la fuerza centrífuga empujando la sangre hacia la punta de mis alas fue una descarga de pura electricidad y adrenalina. Con ese movimiento me separé cuatro o cinco metros más del cuerpo del gigante en una parábola perfecta, para justo después ascender en un zig-zag que cortaba los vórtices de aire caliente en mi avance. Cerré los ojos mientras sonreía, disfrutando del silbido del viento contra mis plumas, antes de regresar con suavidad a mi posición original.

Un par de estallidos brutales retumbaron en el suelo del nivel. Abrí los ojos sin perder la sonrisa que se dibujaba en mi rostro y miré hacia abajo.

-¡Kikikiki! -reí nervioso.

Eran los dos viejos saltando con tanta fuerza que parecía que estuvieran volando, e iban tan rápido que me estaban alcanzando. Las llamas de mi espalda ardieron con un fulgor sin igual y, con un golpe seco de mis alas, mi cuerpo se disparó hacia arriba como un auténtico misil.

-¡Que os lo habéis creído! -grité mientras superaba en altura al gigante, quedándome a bastantes metros por encima de su cabeza.

El agujero que dividía el nivel cada vez estaba más próximo, apreté los dientes forzando mi cuerpo al máximo para salir a toda velocidad y entonces aparecí en un paisaje desértico enorme. Agité las alas para frenar mi avance y de mis plumas se desprendieron unas brasas. Volví a mirar hacia abajo y pude ver cómo del agujero emergía la cabeza del gigante. Eso quería decir que habíamos llegado todos, desde luego que era para celebrarlo, pero no debíamos relajarnos. A los sonidos de alarma, gritos y golpes, se unieron los disparos, espadas chocando contra el metal y pisadas, muchas pisadas. Los guardias de la prisión estaban peleando contra los prisioneros sin intención alguna de detenerlos; los estaban matando.

-¡...!

Fruncí el ceño cabreado; me gustaría rescatar a todos, pero por desgracia, no podía evitar el conflicto. La mejor manera de ayudarlos era no perder el tiempo. Mi haki detectó el avance de tres figuras que caían del cielo directas hacia mí, abrí los ojos de par en par por la adrenalina del momento y casi de milagro pude esquivar a dos de ellos con un ágil desplazamiento aéreo. Nuestras miradas se cruzaron durante un instante. Los dos que habían venido directos a por mí parecían marines, pero el otro que pasó de largo parecía un auténtico caballero medieval.

Volví mi mirada hacia abajo y el caballero pegó un grito atronador mientras impactaba la cabeza del gigante con su espada, precipitando su cuerpo por el mismo agujero por el que acabábamos de salir.

-¡Mierda! -pensé mientras apretaba con fuerza los dientes.

Ese loco se había lanzado directo a por el titán que nos acompañaba y lo había logrado devolver al infierno del que habíamos salido. Tenía que ser alguien tremendamente poderoso y un auténtico cabezahueca… yo habría hecho lo mismo y por eso mismo se acababa de ganar mi respeto.

Giré la cabeza nervioso buscando al resto de mis compañeros, que por suerte habían podido bajar del hombro del gigante. Olimpia estaba frente al marine con aspecto de gato que había intentado interceptarme y la niña repelente se encontraba delante de un muchacho de pelo violeta que me recordaba a una especie de versión adulta y alternativa de Kenzo, que se convirtió en un toro humanoide, seguramente por el efecto de una Fruta del Diablo. Pero por sorprendente que parezca, la niña también tenía un as bajo la manga; se convirtió en una armadura gigantesca de colores.

-¡¡INCREÍBLE!! -grité sorprendido mientras mi boca se quedaba abierta, duplicando el tamaño de mi cabeza y teniendo que cerrarla con ayuda de mi mano derecha.

Esos dos pusilánimes se habían convertido en dos arietes de batalla, chocando entre ellos con una potencia envidiable.

Me quedé paralizado apenas dos segundos hasta que la voz de Strahd me devolvió a la realidad. Aquel viejo dirigió al Equipo Hormiga hasta una puerta, diciendo que era la única forma de salir de este lugar y de seguir avanzando. Los que se habían quedado atrás eran más que válidos para salir de este lugar; debían terminar con sus rivales lo más rápido que pudieran para unirse a nosotros. Nuestro trabajo era allanar el camino para que pudieran avanzar con rapidez. Mi maestro, el Señor Urutora, dijo que atravesar era la palabra correcta.

-¡¡ESO DIJO ELLA!! -grité sin mucho acierto. Aún intentaba encajar esa broma tan original y moderna. Poder meterla bien era tremendamente difícil, ojalá encontrar una situación en la que poder encajarla, la broma. Lo iría practicando.

Los dos viejos se coordinaron para golpear la puerta con una fuerza tremenda. Urutora giró sobre sí mismo para propinar un fortísimo golpe cargado de electricidad y Strahd convirtió uno de sus brazos en el de un gigantesco simio con el que hizo temblar el metal que nos separaba del siguiente nivel; pero sólo la consiguieron abollar. Miré a Aspros y sonreí, hacía tiempo que no combinábamos fuerzas:

-¿Preparado? -dije confiado mientras me cruzaba de brazos.

De mis hombros brotaron varios brazos que se combinaron hasta generar dos brazos monstruosos. Cuatro extremidades brotaron de cada lado, entrelazándose entre sí como gruesas lianas de carne y músculo; sus manos se fusionaron firmemente para formar una suerte de codo articulado del que, de inmediato, nacieron otros cuatro brazos que se trenzaron con una fuerza salvaje. El resultado fueron dos extremidades titánicas, de cuatro metros de largo y cuatro veces más gruesas que las mías. Eran una masa compacta de músculos hipertrofiados, cruzados por venas gruesas como cables que latían con fuerza, rematados por dos puños gigantescos listos para demoler lo que fuera. El peso de semejante masa muscular me obligó a encorvarme hacia delante, teniendo que apoyar los colosales nudillos en el suelo para mantener el equilibrio, adoptando la imponente postura de un gorila. Esto era algo temporal, desde mi pelea con Joe no usaba esos brazos; me terminaría acostumbrando de nuevo.

-¿Eso es un brazo grande? -le dije a Strahd.

Entonces, con un fuerte aleteo me lancé volando a por la puerta con una velocidad envidiable. Mi puño derecho impactó con fuerza en la puerta, seguido del izquierdo e inmediatamente después el derecho de nuevo.

-¡ORA, ORA, ORA…!

Entonces puse todo mi corazón en este último golpe. Girando la cadera para maximizar la potencia y cargándolo directamente desde el hombro, mi puño izquierdo impactó como un obús contra la puerta. Era la Tierra Dorada que abriría el camino a la libertad.

-¡¡OORAAAAAAAA!!

Aquel grito iba con todas mis fuerzas, era el grito de la liberación.


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#36
— ¡¡Con permiso, marichocho!! —anuncié mientras saltaba hacia el coloso semidesnudo, el cual estaba siendo usado por el resto del grupo como escalera de ascenso hacia el nivel superior. Su piel, de textura similar a la roca, desprendía un fuerte olor y su mirada, perdida e irosa, me hacía pensar que no era del todo consciente de lo que estaba ocurriendo; o que no era del todo consciente de nada, en general. Agitaba su colosal cuerpo con rabia, ascendiendo torpemente por el agujero del techo en busca de la libertad.

Yojimbo llevaba la delantera, seguido del viejales pandillero, el simio hippie, el muscucalvo, la cria bipolar y…

—Eh, espera un segundo —agité mi cabeza hacia ambos costados, como si buscase algo que se me hubiese caído, mientras saltaba a lo largo del cuerpo del gigante— ¿dónde está mi fuente de ingresos?¿y el espeluznante ser caracol?

Parecía que aquel tipejo extraño había desaparecido y era incapaz de detectar su aura con el uso de mi haki. Gracias a él Yojimbo había logrado librarse de sus cadenas y, más importante aún, su baba era un elixir hidratante de gran calidad.

—¡No te librarás de mí fácilmente, chico caracol! —grité, con la esperanza de que me oyese allá donde quiera que se escondiese— ¡Me haré con tu valiosa baba rejuvenecedora! UUUUUHUHUHUHUHU.

Tras el ascenso, salté del hombro del gigante hacia el costado derecho para caer sobre las arenas abrasadoras del nivel 3. Tras de mí, cientos de presos que también habían usado a la mole para subir por la prisión se esparcían como pequeñas hormigas en un hormiguero, lanzándose contra las celdas del nivel para liberar al resto de sus “compañeros” apresados; más presos sueltos, más caos. A pesar de encontrarnos bajo tierra, la luz del nivel era cegadora, y podía sentir como mis labios se secaban con avidez.

De pronto, como un relámpago plateado, una silueta cubierta en acero cayó en picado sobre el gigante, haciendo que este volviese a caer a través del agujero a los niveles inferiores. Aquel acto, aquel instante, representaba la enorme escala de poder a la que nos enfrentábamos allí, en el cementerio de piratas. Pero no había tiempo para parar. La lluvia de guardias continuaba, separando al grupo y haciendo que ahora, junto a la cabra y el anciano, corriese hacia una de las salidas del nivel 3. Yojimbo, tras un despliegue aéreo de belleza y capacidad, se aproximó hacia el grupo para encarar la enorme puerta que nos separaba del nivel 2.

—¡Siempre estoy preparado capitán! —respondí al capitán, mientras saltaba grácilmente hacia el portón de acero. Tras girar sobre mí mismo, y aprovechando la inercia de la carrera, me precipité hacia la puerta con ambas piernas juntas, emulando la punta de una flecha. Mis pies, teñidos ahora de un color oscuro como la noche, impactaron sobre la superficie al mismo tiempo que Yojimbo se abalanzaba sobre el portón, generando un poderoso estruendo que se propagó por todo el nivel: los Alas Negras habían vuelto— ¡Keri Pointé!

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#37
N I V E L   3   D E   I M P E L   D O W N



Equipo Hormiga
Yojimbo, Aspros, Strahd, Urutora y Suske




El impacto combinado de Yojimbo y Aspros, justo en el momento en el que Urutora y Strahd se hacían atrás por la cinética de su propio impacto, acabó por hundir aun más la puerta obligándola a ceder y abriéndola de par en par, arrancando una de las dos hojas de la pared y lanzándola hacia las escaleras más adelante, que servían de separación entre el nivel tres y el dos.
Los dos miembros de los Alas Negras aterrizaban en el suelo junto a los dos ancianos justo tras el impacto que arrancó la puerta de cuajo y con el eco del estruendo resonando, las alarmas se cortaron de súbito: La puerta arrancada y desplazada se había llevado consigo parte de la instalación eléctrica de las alarmas y estas habían perdido el circuito y por tanto la capacidad de estar sonando.
Fue tras eso que hubo un silencio velado por el ruido sordo de la batalla en el desierto tras ellos. Un silencio que pronto se mezcló con el ambiente, pero que había gritado una cosa a pleno pulmón: Era posible escapar de ahí.

[Imagen: Nk2Ziii.png]

Urutora escarbó con la pata derecha dos veces flexionando el torso, aparentemente preparándose. Stradh - que volvía a tener brazos humanos - se crujió los nudillos. Ambos miraban fijamente a la puerta.
— Afh eldari sigi furon... — decía en su indescifrable lenguaje el anciano y milenario mink — Estoy de acuerdo — dijo Stradh fingiendo que entendía lo que decía — Ha sido un buen golpe, niños — sonrió y entonces crujió su cuello mientras Urutora comenzaba a caminar hacia delante en dirección a las escaleras haciendo un gesto con la mano para continuar. Stradh asintió y caminó junto al anciano mink cabra.
Al fondo pero aun visible, Candice transformada en su forma de Guardián de Caramelo estaba envolviendo en este al chico minotauro de la marina, y los soldados de Steiner trataban de contener la marea de presos cada vez más creciente que se propagaba al liberarse unos a otros. Tendrían armas, pero estaban empezando a ser superados ampliamente en número y eso equilibraba mucho las cosas



N I V E L   1   D E   I M P E L   D O W N



Zoodiacool
Ryu Nanashi, Uki y Sheit

El estruendo de las puertas siendo arrancadas de cuajo en el nivel tres se escuchó como un eco en el nivel uno, además de un nuevo temblor que sacudía la prisión al completo.
Uki y Sheit seguían despuntando su clásico duelo para ver quien era mejor que el otro, sin avances, enfrascados en la intensidad de su combate y apenas se dieron cuenta de esto, pero Ryu Nanashi que observaba su nueva pieza de graffiti, si se había dado cuenta, girando sobre si mismo el rostro y mirando en dirección al agujero que conectaba el nivel uno con el nivel dos, con el ceño fruncido y una expresión seria y severa en el rostro.
— La dragona que me parió... — dijo completamente serio en un susurro.

[Imagen: QggE88T.png]

Uki se agachó poniéndose de cuclillas y emitió un doble tajo con sus dos katanas melladas hacia los tobillos de Sheit girando sobre si mismo trescientos sesenta grados. Sheit por su parte, clavó una de sus espadas en el suelo donde estaban sus pies y la usó como punto de apoyo para alzarse sobre ella y que su filo parase el ataque de su porcino amienemigo, aprovechando la altura de esa nueva postura para asestar un tajo descendente con la otra espada. Pero Uki al chocar sus espadas con el acero de su rival, desvió el corte hacia arriba para volver a interceptar el tajo de su oponente. El choque hizo retroceder al de la máscara de cerdo y salir volando un par de metros al de la máscara de pájaro, que aterrizó a esa distancia de su contrincante. Ambos se miraban jadeando, hicieron un juego de muñeca con sus espadas y se volvieron a lanzar el uno contra el otro... que ahora estaban completamente solos en la habitación.



N I V E L   2   D E   I M P E L   D O W N



Equipo Hormiga
Yojimbo, Aspros, Strahd, Urutora y Suske




El cuarteto - y el intrépido y sigiloso Suske - se habían desplazado escaleras arriba hasta llegar al nivel dos, el infierno de las bestias, donde los presos empezaban a jalear sus celdas y barrotes pidiendo ayuda a este grupo y advirtiéndoles a partes iguales de las bestias que se acercaban a por ellos y que gobernaban el nivel.
— ¡¡El guardia quimera se ha ido!! ¡¡Si derrotáis a los monstruos podremos salir de aqui!! — llegó a escucharse de entre uno de los presos que gritó con más fuerza que los demás, dejando claro que podrían no contar con ese guardia como un enemigo en este momento, pero que tendrían que enfrentar ingentes cantidades de monstruos, y estos no tardaron nada en llegar.
En la lejanía aun, una horda de Bluegoris se dirigía hacia Yojimbo y compañía, armados y dispuestos a acabar con ellos corriendo en su dirección, cuando de los costados de este grupo emergieron saltando dos Mantícoras, leones con rostro humano, que se precipitaron hacia el grupo — ¡JO! — rio alegre Stradh quien convirtiendo sus brazos en las extremidades de primate que antes había mostrado se precipitó a agarrarlas antes de que alcanzasen el grupo, y estrujarlas entre sus dedos, haciendo que encontrasen la muerte — ¡Buen calentamiento! — añadió sonriendo, cuando una baba enorme cayó sobre él, haciendo que todos alzasen la mirada hacia arriba.

Un enorme Basilisco estaba posado sobre los techos de ese nivel de celdas y os miraba con ojos llenos de apetito desde arriba, con su grotesco pico abierto y babeando en vuestra dirección — ¡La giganta que me parió! — gritó el anciano humano cubierto entero de babas, mientras Urutora lo observaba desde el suelo — No seremos alimento del impío — dijo, y no perdió el tiempo saltando envuelto en su capa de rayos hacia el morro de la aberración avícola y golpeándola con ambos puños al mismo tiempo produciendo una explosión de viento desde estos que impactó de lleno en la cabeza del monstruo y lo lanzó directo sobre la hueste de Bluegoris que iban hacia ellos, volviendo el mink a aterrizar junto a sus compañeros mientras Stradh - que había soltado los cadáveres de las mantícoras - se quitaba la baba de encima con dificultad.

Entonces ambos ancianos fijaron su vista en una dirección particular y sus gestos cambiaron a preocupación y seriedad absoluta, centrándose en aquel punto con fijación excesiva — Aun no hay descanso, jóvenes — dijo Urutora, volviendo a activar los relámpagos de su cuerpo, pero cuando fue a dar un paso fue interrumpido por Stradh, quien alzó la mano en la dirección de todos — Esto es cosa mía hormiga — dijo con el rostro ensombrecido y muy serio — Vosotros seguid, os alcanzaré en cuanto termine — y con esas palabras, al fondo del pasillo entre el polvo levantado por los impactos y los golpes previos y la oscuridad de la zona, apareció el Vicealmirante Ryu Nanashi caminando, con una mano apoyada en un hombro y girando ese brazo para calentarlo — Todavía hay un muro sin firmar en estas paredes — dijo Stradh empezando a caminar en esa dirección, separándose del grupo.
— Gork ozhul maak, amigo — dijo Urutora, reverenciando levemente a su breve compañero y asumiendo que tenía sus propios asuntos que atender aquí — Vamos jóvenes, la salida está en el techo — añadió, habiendo puesto una mano sobre el hombro de Yojimbo y comenzando a caminar en dirección opuesta a donde iba Stradh.


La batalla de los hermanos Nanashi
Ryu Nanashi VS Stradh Nanashi



Ryu calentaba su hombro y brazo izquierdo mientras caminaba hacia Stradh. Este, estiraba los brazos hacia delante con los dedos entremezclados entre si para calentar antebrazos y triceps, sin detener su avance hacia su hermano.
— Has envejecido mucho, hermano mayor — dijo Stradh con sorna mirando a su hermano — Las responsabilidades pasan factura hermano pequeño. He tenido una sobrina que cuidar y un nieto que encauzar por el buen camino — respondió el Vicealmirante. Ambos se pararon uno frente a otro a diez metros exactos de distancia mirándose fijamente. — ¿Estás hablando de MI nieto Stroud? — preguntó el preso haciendo especial énfasis en la propiedad moral del susodicho — No no... hablo de mi nieto, Stroud Nanashi, Comandante de la Marina... — respondió el anciano clavando a su lado una alabarda que traía consigo en la espalda — ¡JO! Veo que no has superado el querer hacer tuyos mis méritos y fortunas, hermano mayor... — Stradh flexionó el cuerpo hinchando la espalda llevando las manos al suelo como un primate — Sólo me limito a arreglar las piezas que dejas echas un desastre, como hiciste con Margarita — Ryu alzó los brazos en diagonal al cielo ladeando su tren inferior.




Hace 50 años...

Nacidos y criados en Spider Miles, antaño, Ryu y Stradh Nanashi eran un dúo inseparable que cubría de arte las calles y viajaban por los mares queriendo divulgar este arte y llenaban de color todo cuanto veían. Daba igual el trazo, el lienzo, el motivo, el color... todo era tan explosivamente artístico y compenetrado que pasase quien pasase frente a sus piezas no podía evitar sentir un poco de calor en el corazón y un brillo especial en los ojos, porque eso es lo que produce el arte que está hecho desde el fondo del alma. Las críticas y las envidias eran el pan de cada día, como para cualquiera que se dedicase a cualquier tipo de expresión artística, pero esto no impedía que el dúo creciera apoyándose el uno en el otro, desde los tiernos cinco años de edad, como dos hermanos con el mismo sueño que se impulsaban el uno al otro para llegar a lo más alto y ser conocidos como los más grandes. Los años pasaron hasta su veintena, donde ambos convivían con el sueño de pintar juntos, algún día, la Red Line. Eran conocidos como los Bombing Bros.

[Imagen: EDw9F7e.png]

Ambos se distanciaron por una discusión estúpida y mantenida a lo largo de las semanas sobre qué pintar y donde pintar, hasta que se transformó en una discusión sobre quienes eran y quienes querían ser. En ese tiempo, Ryu se enlistó en la Marina y Stradh se montó un grupo de artistas con los que se hizo a la mar bajo el emblema de "Los Sprayback", y en uno de sus viajes se enamoró profusamente de una mujer, Margarita.
Algún tiempo después, la batalla entre Ryu y Stradh se dio a cabo y el más joven de estos perdió, siendo atrapado y encarcelado por su hermano mayor... dejando a Margarita embarazada de la que más tarde se descubriría como una preciosa bebé, Margot.
Ryu acogió a Margarita y su bebé Margot como si fueran su propia familia, criando a la criatura como su propia hija sin ocultarle sus verdaderos orígenes y prefiriendo ella no revelar su ascendencia genética de un criminal como Stradh, hasta que años más tarde decidió viajar por el mundo y montar la suya propia, teniendo años más tarde a un bebé que llamaría Stroud.

- Fin del Flashback -




Hoy, estos dos hermanos se reencuentran en Impel Down, la gran prisión del mundo y por un instante al verse tan ancianos y desgastados el uno al otro, una imagen de lo que pudo ser y nunca fue se cruzó por la mente de ambos como un destello fugaz, amenazando con atacar directamente a sus corazones durante el transcurso de esta batalla, fruto de los caprichos del sino. 

[Imagen: fTi37w5.png]
Ryu VS Stradh continúa aquí

— No te atrevas a mencionar a Margarita... tú me la robaste — replicó el abuelo biológico de Stroud — Yo la salvé de tus decisiones — contestó el abuelo de facto. Ambos preparados para luchar. Ambos preparados para terminar lo que empezaron hace más de veinte años.



Equipo Hormiga
Yojimbo, Aspros, Urutora y Suske




El trío - y el escondido Suske - llegaron hasta el final del camino permitido en el nivel dos: estaban bajo el gran hueco del techo que daba acceso al nivel uno, el último antes de encontrar la salida. Urutora miraba completamente en vertical y estirado todo lo alto que era, en dirección a ese agujero, como calculando las distancias — Parece que sólo se puede acceder volando... o con un gran salto — reflexionó en la lengua común, mirando ahora a Yojimbo y a Aspros — Puedo cruzarlo — dirigió su mirada hacia la reina de los okamas — ¿Necesitas que te cargue? — le preguntó, sabiendo que Yojimbo era capaz de volar y podía cruzar eso sin problema ninguno, ofreciéndose a llevar a la reina de los okamas si este necesitaba una forma de salir de ahí.

Al fondo, una terrible explosión y un derrumbe se escucharon invadiendo toda la sala. La batalla de Ryu contra Stradh acababa de comenzar, y no era seguro permanecer en este nivel ni interferir en esa pelea. Era un duelo que tenían que solucionar entre ellos dos.




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#38
El impacto conjunto de nuestros golpes había logrado desencajar la colosal puerta de acero de su marco, haciendo que parte de esta se precipitase hacia el interior del acceso al nivel 2; una densa capa de polvo se propagó veloz tras la caída contra el macizo suelo rocoso. El fuerte estruendo opacó por un segundo los gritos de los presos, para instantes después volver a sumergirnos en aquella histeria colectiva. No obstante, la molesta alarma no volvió a sonar más.

— Soy Aspros, entro —dije caminando sobre la hoja de acero tendida sobre las escaleras que ascendían hacia el nivel superior.

No teníamos tiempo que perder, por lo que sin mucha dilación el grupo se abalanzó hacia las escaleras para llegar al nivel de las bestias. Y era un buen nombre para aquel piso del infierno, puesto que nada más llegar nos vimos rodeados de horrendas criaturas: azulados seres peludos armados con amenazantes hachas, enormes leones con rostro humano y… ¿baba?

— Dios santo, qué asco —exclamé mientras observaba cómo caía sobre el hombre mono una enorme masa viscosa de aspecto pestilente. Formé con mis dedos una pinza para cerrar mis orificios nasales, a la vez que rebuscaba en uno de mis bolsillos un pañuelo que lancé en dirección a Strahd. En un visto y no visto, el anciano grafitero se deshizo de la enorme abominación productora de baba, la cual cayó sobre el resto de esbirros que acometían contra nosotros—. Tenemos una flor en el culo.

Ambos presos habían mostrado una fuerza pasmosa, haciendo palpable el motivo por el cual estaban encerrados en niveles inferiores de la prisión. Sin embargo, no era el único bando que contaba con verdaderas bestias; ni tampoco con cuentas pendientes.

Junto con Yojimbo y Urutora, dejando atrás al viejo grafitero con sus asuntos, avanzamos por el pasillo del nivel, rodeado de jaulas de presos rabiosos, deseosos de salir, ansiosos de libertad. Al final de este, un enorme agujero se expandía sobre nuestras cabezas, a gran altura. Miré a ambos lados, pero parecía que aquella era la única opción plausible para seguir ascendiendo.

— Agradezco el ofrecimiento marichocho —respondí reverenciándome hacia el hombre mono, inclinando mi cabeza con elegancia ante su oferta de ayudarme a salir de allí. De uno de mis bolsillos extraje un pequeño cilindro negro que, con el pulgar de la misma mano con la que lo sujetaba, desencapuché para descubrir un brillante pintalabios color carmín—, pero me las apaño.

Me agaché, apoyé la punta del pintalabios sobre el suelo empedrado y comencé a dibujar amplios trazos de color tan negro como la noche. No es que rechazase la ayuda del hombre mono o del propio Yojimbo por orgullo— Bueno, un poco sí —, sino que buscaba poder maniobrar con mayor facilidad sin ser una carga para nadie— Más bien honor —. Me deslizaba con gracia para abarcar el enorme espacio que proyectaba el dibujo sobre el suelo, el cual una vez finalizado comenzó a cobrar vida. Una enorme silueta de plumas rosadas se alzó ante mí, extendiendo sus alas en un gesto imperial.

Miss-Pink-Prada

— ESTOY VIIIIIIIIIVOOOOOOOOOO —graznó el enorme flamenco, como si se hubiese despertado de un largo sueño. Giró su cabeza, que coronaba un enorme y fuerte cuello, hacia varias direcciones antes de inclinarla y dedicarme una mirada altiva; o eso intuía, ya que sus grandes ojos negros siempre estaban cubiertos por aquellas filosas gafas de sol blancas—. Ah, eres tú.
— ¿Y quién leches iba a ser? Yo soy tu amo —contesté, crispado. A pesar de ser producto del poder de mi fruta, Miss Pink Prada siempre adquiría una personalidad arrogante hacia mí.
—Dibujante, di-bu-jan-te —remarcó, abriendo y cerrando de forma exagerada aquel enorme y filoso pico—. “Amo” es una palabra muy fea, casi tanto como tú.
—Agh —apreté el arco de mi nariz con el pulgar y el índice, lamentando el momento en el que se me había ocurrido dar vida al pajarraco rosa—. ¿Me vas a ayudar o no? Necesito escapar de aquí —señalé el enorme agujero del techo.
—Mmmmm no sé, no sé —respondió dubitativo— Supongo que sí, al fin y al cabo si te mueres, yo también, HIAHIAHIAHIA.
—¿Gracias? —tapé el pintalabios y lo guardé de nuevo en el bolsillo— A la próxima lo dibujo sin pico.

Flexioné mis rodillas y di un salto que me posicionó sobre el mullido lomo del ave. Una vez posicionado, me aferré su cuello a modo de agarre. Pink Prada, tras sacudirse suavemente, extendió sus alas y, con un potente salto, alzó el vuelo.

—Bienvenidos a aerolíneas Miss Pink Prada, les habla su comandante HOMOnima…
—¡VAAMOOOOS! —grité, perdiendo la calma.
—Vaaaale, vaaale… amargada.


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#39
Hubo un microsegundo de compresión absoluta, mis nudillos sepultados en el metal me transmitían una sensación de poder absoluto, y luego el desplazamiento de la puerta de una forma tan brusca y violenta terminó de alegrarme el día. La piedra del anclaje no se rompió, cedió. Sentí esa inercia aplastante donde dejas de empujar y simplemente eres arrastrado por la propia masa de la estructura que acabas de arrancar de cuajo, una ola de metal y escombros que nos abría el paso hasta el siguiente nivel. Quizá ceder es una palabra general para lo que ocurrió. El portón absorbió el impacto combinado, se deformó bajo mi puño y, al romperse los pernos de roca, se convirtió en un proyectil.

Aspros y yo aterrizamos con una coordinación casi perfecta juntos a Urutora y Stradh. Suspiré con alivio y cuando me quise dar cuenta las alarmas pararon de sonar, pero los gritos y los golpes de la batalla que estaba ocurriendo a nuestra espalda seguían. Tanto mi gran Maestro Urutora como el otro viejo miraban con determinación la puerta. Stradh comentó que había sido un buen golpe y, al igual que él, sonreí. Ellos comenzaron a caminar pero yo en cambio me giré para ver la pelea, a lo lejos estaba la niña, ahora convertida en una armadura de caramelo, peleando con fiereza, y los guardias de la prisión peleando contra los presos, que intentaban al mismo tiempo liberar a todos los encarcelados posibles. Habíamos liado una buena, les deseaba todo la suerte del mundo. Volví mi mirada de nuevo hacia la puerta, Aspros la cruzó diciendo: “Soy Aspros, entro”, yo le contesté con bastante seriedad:

-Eso dijo ella.

Aún no era capaz de calzar bien la broma, al final lo conseguiría, pero estaba claro que era un arte muy difícil de dominar. Mi padre era un maestro, le salía solo.

Ascendimos hasta el nivel superior y los presos comenzaron a volverse locos al vernos aparecer. Pedían ayuda y nos advertían de los peligros de este nivel, que parecía una prisión más o menos convencional. Una voz resonó por encima de las demás; un preso nos comentó que el guardia quimera se había ido y que ahora debíamos derrotar al resto de monstruos.

-Monstruos, ¿eh? -comenté al aire. Solo esperaba que esos monstruos no fueran como el gigante que nos había acompañado hasta el piso anterior.

Y en cuanto nos quisimos dar cuenta, un grupo de bestias se abalanzó hacia nosotros. Unos parecían unas bolsas de basura mal atadas con hachas y los otros eran como unos leones feos de cojones. Me preparé para lo peor cuando Stradh sacó sus extremidades simiescas y acabó con los rivales de un plumazo. ¿Cómo de poderoso era este tío? Me aparté un par de pasos de él analizando lo que acababa de hacer, el aura de esos monstruos que venían a por nosotros no era para nada algo a lo que no prestarle atención y este viejo había acabado con la vida de esas bestias sin despeinarse, aunque casi no pudiera despeinarse ya. Entonces una enorme baba le cayó encima. Alcé la vista al techo y en él se encontraba el tío abuelo de Jimba. Una gallina tan repugnante la guardiana de nuestro barco pretendía comernos, pero el grandísimo Urutora, sin perder el tiempo, le propinó un golpe tan poderoso que la hizo volar hacia los enemigos que venían a por nosotros, matando dos pájaros de un tiro. Daba seguridad estar con ellos, pero el grupo no duraría demasiado.

Alguien apareció en escena, era alguien con un aura tan grande como la de Stardh y, por primera vez desde que lo vi, éste se mostró tenso. El grupo se separaba por primera vez desde el nivel cuatro, parecía que el viejo tenía asuntos que arreglar. Asentí con la cabeza, guardándole un gran respeto porque yo también entendía la necesidad vital que teníamos los hombres de luchar contra el destino. A mi me ocurrió lo mismo cuando me enfrenté a Joe, y aunque no salió bien la jugada, lo volvería a hacer.

Urutora apoyó su mano sobre mi hombro y nos comentó que debíamos salir por el techo. Como yo tenía alas ofreció su ayuda a Aspros, que se negó en rotundo diciendo que se las apañaba. El navegante original de los Alas Negras se agachó y empezó a dibujar con su pintalabios, y de repente, del dibujo del suelo apareció un enorme pájaro rosa con gafas de sol que hablaba.

-¿Que cojones es eso?


Estaba completamente horripilado mientras estos dos discutían y alzaban en vuelo.

-¿Es un pingüino o qué diablos es?


Era la bestia más extraña que había visto en este nivel. Como fuera, yo también me puse a volar y ascendí junto al grupo por el agujero que daba al nivel 1. Debíamos salir ya de este lugar.

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#40
El aguerrido y maravilloso grupo - cada vez más menguante - que era el Equipo Hormiga acababa por llegar al nivel uno de Impel Down. Yojimbo volando con sus enormes y simbólicas alas negras lideraba el grupo, seguido de Urutora quien ascendía de un poderoso salto como había hecho antaño, y de Aspros que volaba en su flamencante nueva creación rumbo a la libertad. El trío de criminales que ansiaba la libertad, llegando al último escalón de dificultad que debían superar antes de poder volver a ver la luz del sol sobre sus rostros y disfrutar de los frutos de su esfuerzo y determinación.

Urutora aterrizó el primero clavando los cascos de sus pezuñas en el suelo y partiendo parte de las hojas filosas que lo sembraban — ¡No descendáis! — gritó alzando la mano hacia sus dos compañeros, y coceó un poco comprobando que gracias a la formación y material de sus pezuñas no sufría daño alguno — Vaar mess icri stian... — dijo sonriendo alzando la mirada hacia la puerta en la lejanía del nivel, pasando a señalarla — Ahí está la salida — y comenzó a caminar partiendo con cada paso el acero bajo sus pies. El nivel uno de Impel Down era un lugar en el que no podían caminar si querían poder salir ilesos, ya que todo el suelo estaba repleto y plagado de cuchillas, rojas de la sangre que habían arrebatado a los presos, pero por suerte podían volar... Urutora indicaba el camino y avanzaba - no sin cuidado - en esa dirección. Tan cerca, tan al alcance de la mano...


Pero frente a ellos el crepitar de unas espadas chocando entre si haciendo saltar las chispas del acero llamó la atención por completo de los presentes. Dos jóvenes, con cascos emulando ser las cabezas de animales, se batían en duelo ferozmente sin llegarse a herir el uno al otro. Estaban completamente empatados en todos los aspectos y era un espectáculo digno de ser observado. Urutora hizo una señal en silencio señalando la puerta, dejando en claro que él sería quien se encargaría del problema, y con un nuevo salto aterrizó frente al dúo llamando su atención — ¿Por qué pelean, jóvenes? — preguntó extendiendo las manos a los lados de sus caderas. Uki y Sheit, que tenían las armas atrapadas en un cruce y sus cabezas pegadas la una contra la otra, giraron el rostro para mirar hacia el anciano mink cabra.

— ¿¡¿HUH?!? —
— ¡¿¡HUH!?! —

Su expresión corporal cambió y se destensó, separándose el uno del otro sin dejar de mirar al anciano de arriba a abajo, analizándolo, dejando pasar sin darse cuenta a Aspros y a Yojimbo volando sobre sus cabezas en dirección a la puerta.
— Uki ¿por qué ha llegado un preso hasta aquí? — preguntó Sheit sin mirar a su compañero — No lo sé Sheit ¿crees que deberíamos preguntárselo a él? — le preguntó retóricamente su compañero — Agk Navaarh... Si todos hacemos preguntas ninguno vamos a obtener respuestas — añadió el anciano sonriendo abriendo por completo las manos observando a los dos jovencitos frente a él — En eso tienes razón viejo — añadió el pájaro — Entonces quizá sea momento de que vuelvas a tu celda — un giro de una de sus espadas sobre su propia muñeca.
— Tora tora tora tora... ¿y no podéis dejar a este anciano continuar con su camino? — preguntó con un tono tranquilo y amable Urutora después de reir suavemente — Tu camino hacia la celda, querrás decir — dijo Uki uniéndose a la conversación flexionando las rodillas adoptando una posición más agresiva.

[Imagen: EseN59Q.png]
Urutora VS Uki y Sheit continúa aquí

Urutora observaba a ambos con tranquilidad, con la experiencia del que ha combatido lo suficiente como para saber medir a los oponentes antes de que estos quieran lanzarse a comenzar a dar problemas, y entonces suspiró — No quisiera interrumpir vuestro enfrentamiento, estaba claro que tendríais que tener un motivo de peso para combatir entre compañeros — separó uno de sus pies hacia un lado, abriendo más la posición y la guardia para estar más preparado para combatir — Además que si intentáis lo que pedís, podéis haceros daño — fueron sus últimas palabras, declarando completamente la intención de su combate.

Uki y Sheit apretaron las empuñaduras de sus armas al unísono y se dispusieron a pelear inmediatamente. Sabían que quien tenía delante no era cualquiera, no era una persona a la que pudieran ignorar o pasar por alto. Era un enemigo formidable que requería que dejasen sus diferencias a un lado — Peleamos para ver quién de los dos es el más fuerte — dijo Uki, resoplando una bocanada de humo desde su hocico de cerdo — Pero cuando luchamos juntos... — dijo Sheit abriendo su guardia y disponiéndose a comenzar. Un instante de silencio se mascó entre los tres, sólo siendo interrumpido por el sordo eco del batir de unas alas en la distancia, y los gritos ahogados por la distancia que había en las profundidades de esta prisión — ...cuando luchamos juntos... — Y entonces, hablaron a la vez mientras se lanzaban espadas en mano contra el anciano mink.

— ¡¡¡ SOMOS MEJORES QUE NADIE !!! —



Yojimbo y Aspros podrían haber escuchado toda la conversación y visto como Urutora se quedaba atrás sin decir nada, listo para enfrentarse a dos oponentes como aquellos, y en su vuelo hacia la puerta observarían como cientos de presos en las celdas los miraban incrédulos, sin decir nada, bloqueados por el simple hecho de observar como alguien podía estar sobrevolando la zona con tanta libertad y sin consecuencias. Todos los guardias estaban en el nivel cuatro, y todos los carceleros en el nivel cinco. No había más resistencia.
Sólo tenían que abrir aquella enorme puerta y saldrían al patio interior de la recepción, la antesala de su libertad.




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