![[Imagen: d4qfcoi.png]](https://imgur.com/d4qfcoi.png)
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T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos?
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18-07-2026, 08:38 AM
33 de primavera año 18.
Reino de Mogaro.
La primavera avanzaba tranquila, pero sin pausa, los edificios comerciales, no paraban de generar riquezas, por su parte, aquellos destinados a lo militar seguían sus rutinas sin presentar demoras o fallas, pero la joya de la corona era sin lugar a duda el majestuoso astillero de la isla, que con sus más de 3000 trabajadores era un coro incesante de martillazos, serruchos, gritos y trabajo.
Al ser Mogaro un reino tan prospero, ayudaba a que muchas personas que residían en el pudieran conocer el progreso y tener una mejor vida, mediante el trabajo, sin embargo, como en todas las sociedades existían las penurias y vicisitudes, esto empuja a las personas más necesitadas y vulnerables a aceptar tratos que en papel parecen favorecerles, pero no siempre es así.
El día a día del reino era algo que aquellos que hace un tiempo se lo habían arrebatado a aquel sátrapa que se hacía llamar rey, conocían muy bien, los Toros Negros sabían, a ciencia cierta todo lo que sucedía en su recinto de poder, o quizás solo sabían lo que sucedía en la poderosa urbe de Kamone, pues por los pueblos de Kara, Koma y Bayo se estaban empezando a esparcir rumores sobre las montañas, en principio parecían eso, simples rumores, pero la intensidad de los mismo solo fue creciendo, pero habia un punto en el que aquellos rumores convergían, las montañas, damiselas desaparecidas, objetos inanimados gigantes, promesas de riquezas.
Aquello que producía todo esto, creía que su accionar no dejaba huellas, sin embargo, siempre hay alguien que se pregunta, ¿Dónde estan?, ¿Qué será de ellos? Y estas dos preguntas específicamente se las hizo un muchacho de nombre Gregory de solo 14 años, oriundo de la isla, huérfano de padres, lo único que tenia en la vida era a su hermana Charllote de 19 años y ahora esta no estaba.
Gregory, sabia muy bien quienes controlaban la isla y era a ellos a quien debía acudir, así que una mañana de primavera especialmente fresca, tomo sus ropas raídas, la poca comida que tenía consigo, media manzana verde, dos cascaras de banana, un pan de hace 4 días o quizás más, su cantimplora con agua y metio todo en su mochila, se ato con fuerzas sus sandalias y salio de Koma en dirección a la ciudad de Kamome. Gregory no supo cuánto tiempo camino, pues carecía de reloj y ademas se perdió en varias ocasiones, girando a la derecha cuando el camino correcto era a la izquierda, siempre a la izquierda, una vez en la imponente Kamone, el chico quedo deslumbrado por las edificaciones, por la gran cantidad de personas, los soldados que la protegían, el muchacho dedujo que eran estos los que podían llevarlo con el comandante y su mariscal.
Así que se armo de valor y se acerco a uno de los soldados que portaba un rifle, se aclaro la garganta, se paró delante de él y se presentó. Haciendo un saludo militar – Señor, sí señor, recluta Gregory buscando las barracas señor, traigo información sobre las desapariciones en Koma señor. – El soldado quedo atónito ante aquello, frunciendo el ceño mientras decia. – ¿Información sobre las desapariciones? Sopeso un momento lo informado por el muchacho y recordó que el Mariscal Bambú les habia pedido que estuvieran atentos justamente ante aquello, así que cambio el gesto sonriendo y retomando la charla con Gregory le dijo. – Siendo sincero te me haces un poco joven para ser un recluta mi estimado Gregory, pero eso es algo que yo no decido, pero quiero recompensar tú entusiasmo. - El soldado se agacho, tomo parte de sus raciones de comida y agua, se las dejo al chico en la mochila y volvio a hablarle. – Un recluta bien alimentado, es un recluta siempre preparado, asi que, come y bebe esto mientras sigues ese camino. Y señalo hacia el fondo. – Encontraras una bifurcación, allí debes tomar el camino de la izquierda, recuerda, la izquierda siempre es el camino correcto, luego camina otros 10 minutos hasta toparte con un complejo militar, fuertemente protegido, acércate al guardia de l….. -LA IZQUIERDA – Dijo Gregory, quien ya le habia hincando el diente a lo que el soldado le habia dado, este último amplio su sonrisa y prosiguió hablándole. - Correcto Gregory, acércate al guardia de la izquierda y dile que el cabo Frank Aporrea, te envía a hablar con el Mariscal Bambú, dile lo mismo que me dijiste a mí, que traes información sobre los desaparecidos, en marcha soldado. Gregory trago como mejor pudo, asintió y comenzó a caminar por el camino indicado. Llegar hasta el complejo no le fue dificil y una vez allí se acerco al guardia de la garita izquierda, quien con el ceño fruncido escucho lo que el muchacho tuvo que decirle, asintió al escuchar el nombre del cabo Frank Aporrea y le pidio a Gregory que lo acompañara dentro del recinto.
Una vez dentro de este, el muchacho quedo boquiabierto por aquello que veía, los soldados iban de un lado a otro, algunos entrenaban, otros hablaban, la bandera de los Toros Negros ondeaba por doquier. Caminaron un corto periodo de tiempo y se pararon delante una gran puerta que decia “Mariscal Bambú”, toco la puerta 3 veces y escucho un “siga” que venia del otro lado, el soldado abrió la puerta y parado bajo el marco dijo. – Soldado Ant….– Pero el soldado sin nombre fue interrumpido por Gregory quien se adelantó, entrando a la habitación preso de la emoción de ver que no solo estaba el majestuoso panda en ella sino tambien el flamante comandante Kisuke, el chico habló alto atropellando las palabras. – !SEÑOR BAMBÚ, SEÑOR KAGEYAMA, ME LLAMO GREGORY, MI HERMANA DESAPARECIO EN LAS MONTAÑAS HACE YA 33 DIAS, ME DIJO QUE VOLVERIA, EN 30 DÍAS, PERO ESTO NO SUCEDIÓ. – Las lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos. – LES PIDO POR FAVOR ME AYUDEN, ES TODO LO QUE TENGO, POR FAVOR, POR FAVOR, HARÉ LO QUE SEA, ME UNIRÉ A SU EJERCITO SI ES NECESARIO, PERO POR FAVOR, ENCUENTREN A MI HERMANA. – El chico junto sus manos y se arrodillo delante de aquellos dos hombres implorando ayuda.
Resumen
Apariencia de Gregory
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18-07-2026, 12:50 PM
Aquella mañana había sido frenética. Con la intención de hacer los preparativos para el cumpleaños del comandante, Bambú se había levantado extremadamente temprano para encargar una tarta de cerveza con ingredientes muy particulares. Tan particulares eran, de hecho, que el propio mink tuvo que ir a por ellos en persona. Huevos de Chicken Blues, harina de trigo mogariense de primera calidad, cerveza Gin Ness y flores de vainilla de montaña de Mogaro. Ninguno de los ingredientes supuso demasiado problema, pero a la hora de ir a por el último de todos ellos Bambú se encontró con una estampa preocupante. Una muchacha inconsciente a los pies de la montaña. Cuando logró despertarla, la joven estaba demasiado aterrada como para hablar siquiera de lo que le había ocurrido. La acompañó a la aldea de la que supuso que provenía: Koma, y allí se le reveló que estaban sucediendo cosas extrañas en la región montañosa de Mogaro. Gente que volvía increíblemente aterrada, incapaz de mentar siquiera lo que allí había sucedido. Bambú tenía una tarea entre manos en aquel momento, pero tan pronto como regresó a casa hizo llamar a Kisuke para informarle de todo esto. No estaba en su naturaleza convocar a sus superiores a reuniones sorpresa, pero dada la posible gravedad del asunto, no podía andarse con excesivos formalismos que pudieran costarle la vida a nadie. Mientras Kisuke llegaba a su despacho, Bambú se pertrechó adecuadamente, pues era su intención partir a investigar el asunto cuanto antes una vez obtuviera el beneplácito de su comandante. Se ató su escudo y a Preypiercer a su espalda, envainó una daga bastante bien hecha en su cinturón, se colocó los guantes de pelea y guardó toda clase de utensilios en la bandolera con la que viajaba a menudo.
Cuando al comandante hizo acto de presencia en su modesto despacho, Bambú se levantó e hizo el saludo militar. —Comandante, han tenido lugar sucesos preocupantes en la isla. Al parecer últimamente no nos llegan los rumores que deberían llegarnos, pero eso es un tema a parte. Esta mañana he estado... —Se dio cuenta de que tenía un problema. La tarta de cumpleaños era todavía un secreto para Kisuke y no quería fastidiarle la sorpresa antes de que llegase el día señalado. Quedaban todavía cinco días para que eso sucediera. Bambú no sabía mentir, así que tendría que hacer sus mejores esfuerzos por no revelar demasiado de a qué se había estado dedicando ni por qué. —...buscando flores y a los pies de la montaña me encontré una muchacha inconsciente. —Creía que había salido airoso de su primer obstáculo, ahora podía proceder con lo verdaderamente serio. —Ella está bien, se despertó casi al momento, pero parece que en Koma, que es a donde la llevé, ya sabían que estaban sucediendo cosas raras en las monta- —Unos golpes interrumpieron su discurso. Miró a la puerta y luego a Kisuke, encogiéndose de hombros. —Siga.— Anunció. La puerta la abrió un guardia del complejo militar en el que se encontraban, pero antes de que éste pudiera siquiera presentarse, un niño vestido con ropas raídas empezó a hablar a todo volumen y casi sin coger aliento de que su hermana había desaparecido hacía ya treinta y tres días en las montañas. Que dijo que iba a volver en un mes y que esto no llegó a suceder. El niño, completamente desesperado, se arrodilló implorando la ayuda de los dos miembros de mayor rango de los Toros Negros, prometiendo incluso que se uniría a las filas del Ejército si hacía falta. Bambú se rascó la nuca sorprendido. Sorprendido porque una muchacha hubiera desaparecido y no se les hubiera informado adecuadamente y sorprendido porque el niño vestía prácticamente trapos rotos. ¿Cómo habían pasado por alto semejante pobreza en su territorio? La gestión de una isla era, sin lugar a dudas, mucho más difícil de lo que se hubiera imaginado. Miró a su comandante y asintió. Después devolvió la mirada al niño y le sonrió. —No te preocupes, niño. Has acudido a la gente adecuada. —Los Toros Negros tenían trabajo que hacer.
Datos
18-07-2026, 09:06 PM
(Última modificación: 18-07-2026, 09:10 PM por Kisuke Kageyama.)
Aún estaba asimilando la noticia sobre lo de Dean. No estaba contento, y encima hacía tiempo que había oído rumores de que algo pasaba en los bosques. Los rumores, normalmente, son solo eso, habladurías, pero cuando los escuchas exactamente igual durante varios meses, puede que sea porque son algo más que cotilleos de señoras en la cola de la pescadería. Estaba pensando en iniciar una investigación, cuando vinieron a su despacho a avisarle de que el Mariscal Bambú le requería. Aquello era algo extraño, puesto que el mink no solía convocar a nadie a su despacho, y menos se atrevería a hacerlo con un superior de rango, por lo que debía de tratarse de algo urgente.
"¿Qué tripa se le habrá roto al Peluchito?" Cogió las tres katanas que solían acompañarlo, Yamigiri, Sode no Shirayuki y Onikiba y se las ajustó en las caderas; la primera a la izquierda, y las otras dos en la derecha. Sacó un cigarrillo del paquete que llevaba en el bolsillo y se prendió un cigarro, antes de salir de su estancia y se encaminó con paso vivo hacia el cuarto del mink. En circunstancias normales, el Mariscal habría ido al despacho de Kisuke para informarle de lo que fuera. Si requería su presencia en su despacho era porque se había enterado de algo importante y requería acción inmediata, y por eso Kisuke ya se había pertrechado. Eran muchos años conociendo al mink y tenía una buena idea de como actuaba el panda y sus manías y patrones de actuación. Por un instante, pensó que quizá debería avisar a los cachorros, pero quizá era demasiado pronto y él mismo no tenía información para decidir si sería adecuado o no, quizá todavía era demasiado pronto y no quería que pasase con ninguno de ellos lo mismo que pasó con el joven espadachín. "No están listos aún... En otra ocasión será..." Indicó a un soldado que había por allí que hiciese llegar el mensaje a los tres nuevos miembros de los Toros Negros que de momento se cancelaban los entrenamientos con Panda y con él mismo, pero que siguiesen entrenando por su cuenta y/o entre ellos. No quería que se perdiesen ni un día de entrenamiento; era crucial que ganasen poder cuanto antes para poder empezar a activarse en los engranajes del Nuevo Mundo, por lo que todo entrenamiento era crucial. Apretó el paso hasta que llegó al despacho del Panda. Un poco a modo de burla, pues le gustaba hacerlo con su viejo amigo, tocó la puerta y se presentó a grito pelado como si fuese un novatillo: -¡MARISCAL MAX D BAMBÚ, EL COMANDANTE KAGEYAMA SE PRESENTA ANTE USTED, SOLICITO PERMISO PARA ENTRAR! Y sin esperar respuesta, abrió la puerta y se encontró con su amigo con gesto serio y de preocupación. Empezó a comentarle sobre los rumores aunque en un punto dudó, en referencia a lo que hacía él en el bosque, y titubeó tratando de buscar una excusa convincente. Kisuke contuvo una risotada pero no pudo evitar que se dibujase una sonrisa en su rostro al notar que Panda estaba tratando de ocultarle algo. "¿Qué estará tramando mi peludo amigo...? kuhahahaha En el momento que le contó sobre la chica inconsciente, unos golpes en la puerta les interrumpieron y entró un muchacho muy agitado y nervioso, vestido con harapos. Kisuke frunció el ceño; aquello no era algo que esperaba, pero quizá deberían haber prestado más atención a todo el territorio, puesto que seguían habiendo gentes que pasaban dificultades, y aquel muchacho era un ejemplo de ello. Habló atropelladamente de la desaparición de su hermana e imploraba por su ayuda ofreciéndose voluntario para ingresar en la Armada Revolucionaria como compensación. Kisuke negó con la cabeza y salió su vena áspera al hablar. -Echa el freno mocosillo... No tienes que enlistarte si no quieres ni ofrecernos nada a cambio, somos la Armada Revolucionaria, no ningún grupo de mercenarios... Ahora bien cuéntanos todo lo que sepas del asunto y lo resolveremos... Panda le miró y Kisuke asintió con un gesto buscando su aprobación. Al final, tanto los rumores que había escuchado como lo que Panda había averiguado estaba relacionado, y ahora aparecía una "víctima" directa de estos sucesos. Las piezas empezaban a encajar y los engranajes del destino comenzaban a ponerse en marcha. Se llevó la mano izquierda a la empuñadura de Yamigiri y dando una calada más a su cigarro, trató de ser más amable con el chico. Le apoyó su enorme mano en la cabeza y se agachó para mirarle directamente a los ojos. -Escúchame, chico, cuando tengas dieciocho vienes si quieres seguir siendo miembro de la Armada, pero hasta entonces, déjanos a nosotros...
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20-07-2026, 10:13 PM
Gregory seguía agachado sollozando y hipeando sin control alguno, el diafragma del chico subía y bajaba al compás de su llanto, pero todo aquello fue suavizado por las palabras del Mariscal Bambú, quien demostró que no solo era suave por fuera, sino que tambien por dentro, el muchacho alzo la cabeza, sin embargo, quien si hizo alarde su muy famoso mal humor fue Kisuke, quien le dijo al muchacho que no hacia falta que se sumara a la Armada sino queria, que ellos no eran una panda (aunque Bambú si era un panda) de mercenarios, pero el acto del Comandante que vino a continuación corto el llanto de Gregory de raíz, pues Kisuke, le coloco su mano en la cabeza, para decirle que cuando cumpliera 18 seria bienvenido a la causa de la revolución, el muchacho subio la mirada y no pudo sentir más que admiración por aquellos dos hombres, viéndolos.
Trago saliva como mejor pudo y se levantó, se puso firmo como un tronco, hizo el saludo de la Revolución, llevando sus manos a sus orejas mientras sacaba la lengua y con voz firme dijo. - Gra….gracias a ambos dos, aquí….en en en mi van a a tener a un gran recluta. – Tomo la raida manga de su camisa y se sacudió la nariz, suspiro hondo y prosiguió con su charla. – Mi nombre es Gregory Gregorovich, tengo 14 años, vivo solo con mi hermana Charllote de 19 en una pequeña cabaña dentro de las montañas de Koma, mi hermana y yo solemos adentrarnos en la montaña y sacar algo de carbón para vender en el pueblo, fue lo que mi padre nos enseñó, antes de morir aplastado por una roca dentro de la “Mina”, luego hace poco murio mi madre por una enfermedad. Guardo silencio un momento y bajo la cabeza, una lagrima negra rodaba por su mejilla, alzo la cabeza una vez más y dijo. – Desde allí las cosas se nos han puesto muy cuesta arriba con mi hermana, ya que en primavera la gente casi no necesita carbón, pero hace 33 días Charllote apareció por la casa, diciendo que una figura extraña se le apareció a la salida de la mina, lo describió como un hombre que parecía un reloj gigante, este le dijo que se llamaba DonDin o DinDin, no le tengo claro, el tema es que el tipo este, le dijo que si iba con el a trabajar en el castillo de su amo como criada por 30 días, seria recompensada con una cantidad de Berries que no se pronunciar por lo alta que era, nuestra necesidad era muy grande y a pesar del peligro me dijo que aceptaría, pero que sino volvía al día 31 los buscara a ustedes. El chico metio la mano en la mochila y saco un retrato dibujado por el mismo con carbón, era una muchacha de mirada linda, nariz recatada y un largo cabello negro con marcas en las mejillas y se lo ofreció al comandante Kisuke y dijo. – Ella es mi hermana, lo único que puedo hacer por ustedes es llevarlos hasta la mina donde recogemos carbón. El muchacho bajo la mirada y se tomo de las manos a las espera de respuestas.
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21-07-2026, 12:02 AM
La entusiasta presentación de Kisuke le pilló con la guardia baja. ¿Él, un superior, presentándose como si fuera un mero recluta? Pese a estar desprevenido, no le sorprendió esa actitud juguetona que adoptaba a veces con el excesivo rigor marcial de Bambú. Era el pan de cada día y, a decir verdad, no lo cambiaría por nada. Cuando la conversación estaba encaminada y el niño hizo acto de presencia gritando atropelladamente, Kisuke se apresuró a tranquilizarlo con su particular forma de hablar e incluso apoyó sobre la cabeza del niño su mano derecha, pues la izquierda reposaba sobre Yamigiri como siempre. Los sollozos de Gregory cesaron poco a poco, y sus ojos brillantes por las lágrimas parecían denotar una cierta devoción absoluta por el dúo revolucionario con la que Bambú no sabía si sentirse cómodo. Le enorgullecía convertirse en el héroe de un niño, pero no quería creer que estaba haciendo nada extraordinario. Sencillamente hacía lo que haría por cualquier ciudadano en apuros. Devolvió de forma inmediata y casi inconsciente el saludo que le ofrecía Gregory, cuadrándose militarmente ante quizás un futuro recluta del Ejército, y lo deshizo para agacharse y escuchar con atención toda la historia del muchacho.
Tenía ya catorce años, aunque aparentaba menos edad. Quizás el estirón le estaba llegando tarde. Su hermana tenía ya 19 años y ambos vivían en una cabaña de las montañas cerca de Koma. Por allí cerca se había encontrado a la niña inconsciente, de modo que probablemente ambos acontecimientos estuvieran relacionados de alguna forma. La historia de los dos hermanos era trágica a más no poder. ¡Se dedicaban a minar carbón ellos solos, por el amor de Gol D. Ick! La minería no era un trabajo adecuado para unas personas tan jóvenes, aunque fuera el legado de su padre, que murió, aparentemente, "ejerciendo". La madre murió más tarde por una enfermedad, dejando a ambos niños huérfanos. Todo aquello habría podido solucionarse si los encargados de dirigir Mogaro se hubieran enterado, pero lamentablemente no fue el caso. Si Bambú no lograba ayudar a este pobre diablo que tenía delante suya no se lo podría perdonar. La trágica historia devino en un misterio rápidamente. Al parecer Charllote se había encontrado con un hombre "que parecía un reloj gigante". —¿Un hombre reloj? —Nunca en toda su vida había visto a una persona que pareciera un reloj. Tampoco tenía constancia de que hubiera un castillo en Mogaro a parte del que coronaba Ciudad Kamome y que usaban para reuniones importantes como la que se produjo espontáneamente cuando Alhen Geouis apareció en la isla. —Un castillo... ¿DonDin, DinDin? —Era un nombre raro, aunque lo más probable es que el niño lo estuviera recordando mal. ¿Sería posible que hubiera un castillo oculto en las minas? Mientras meditaba en todo esto, a veces manifestando sus pensamientos en voz alta en forma de grave susurro, el niño se sacó un retrato de su hermana muy bien dibujado. —Cielos, dibuja muy bien recluta Gregorovich, honhonhon. —Dijo el panda entre risas. Le echó un buen vistazo rápido al dibujo y se lo tendió a Kisuke para que se hicera una idea también del aspecto de la chica. —Rastrear la montaña entera podría llevarnos más de una semana, pero la mina parece un lugar idóneo por donde empezar... —Comentó ahora ya con seriedad y mirando a Kisuke, aguardando su punto de vista en esta situación.
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21-07-2026, 09:21 PM
El chico se repuso rápidamente prometiendo convertirse en un buen recluta y comenzó a relatar más detalladamente su historia. Al parecer su hermana mayor y él vivían de recoger y vender carbón, eran huérfanos y nadie se estaba haciendo cargo. Hablaría al respecto con el gobierno para crear una comisión de asuntos sociales para que estas cosas no pasaran. Aquellos niños necesitaban ayuda, y no era de recibo que estuviesen abandonados a su suerte de aquella manera.
"Mientras sigan pasando cosas así no podremos dar el trabajo por concluido en esta isla..." Por lo que decía el chiquillo, un hombre de aspecto extraño, había ofrecido un trabajo durante un mes a la muchacha, y esta, ante la suma de dinero que debieron ofrecerle, la chica decidió arriesgarse, y, al menos, con buen criterio, le advirtió al chico que si tardaba les buscase a ellos. Decía que al menos podía llevarles hasta la mina donde recogían carbón. Podría ser un buen punto de partida para empezar a investigar, pero era una pista demasiado pobre. No obstante, tampoco tenían otra alternativa para empezar. Kisuke reflexionó unos instantes, pensando en el tipo que decía. No terminaba de comprender la descripción como tal, y el nombre que les dijo era totalmente absurdo. Ambas cosas eran claros indicadores de que ese tipo era bastante sospechoso. -Mmmm... ¿no sabes algo más concreto sobre ese tipo?¿Algún rasgo característico para que podamos identificarlo? El muchacho le pasó un retrato hecho por él mismo, según decía, muy bueno de la muchacha. La verdad el chiquillo tenía talento para dibujar y asintió cuando Panda resaltó ese detalle sobre las habilidades del muchacho. También señaló que ir de vacío a peinar la montaña sería una tarea demasiado titánica para ellos dos solos, por lo que ir a la mina cada vez parecía más claro como punto de partida. Había algo que le escamaba al antiguo pescador, pero no sabría decir que era. Todo parecía señalar hacia la dichosa mina. -Bien... Empezaremos por la mina... No obstante, primero dad un buen almuerzo al chico y dadle un baño y ropa limpia y nueva. Quería que el muchacho primero tuviese ropa limpia y el estómago lleno antes de ir para allá. Dio estas instrucciones al soldado que había acompañado al chico y le sonrió al muchacho. Le apenaba de corazón la situación de esos chicos, y, si ellos estaban en aquella tesitura, seguramente, habría más gente así, y quería acabar con esas circunstancias. -Tranquilo chico... Haremos todo lo posible para que estés de nuevo con tu hermana...
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22-07-2026, 07:43 AM
El chico se sonrojo sobre manera al escuchar al Mariscal Bambú admirar su dibujo, este se soltó las manos y dijo. – G..gra…Gracias señor Bambú. – Luego volteo a mirar al comandante Kisuke cuando este le pregunto si el hombre que parecía un reloj tenia algun otro rasgo característico, Gregory cerro los ojos con fuerza intentando recordar, pero le fue inútil, negó con la cabeza y dijo. – Lo siento mucho señor Kageyama, pero no. – Volvio a agachar la mirada y se lamento profundamente no poder dar mayor información al respecto, pero las palabras del Comandante lo dejaron asombrado, pues este comento que empezarían por la mina, pero antes que nada le dieran de comer, lo bañaran y vistieran, ademas de asegurarle que harían todo lo posible para devolverlo junto a su hermana.
Para hacer cumplir la orden de Kisuke aparecieron dos soldados de la nada, que se llevaron a Gregory, quien a pesar de haber comido aquello que le dio el bueno del soldado Frank Aporrea, se tomo 2 platos de Borscht, una sopa caliente hecha a base de remolachas y carne, luego el muchacho se aseo en unos baños y muy lindos y por ultimo le dieron un uniforme de tonos verdes apagados, unas botas de cuero negras que le llegaban casi hasta las rodillas y una ushanka, que si bien en esta época del año no hacia frio, el muchacho decidió no quitársela, esta tenia un pin con la bandera de la Armada Revolucionaria.
Pasados unos 30 minutos los 2 soldados que se habían llevado a Gregory volvieron con este a la oficina del Mariscal Bambú, saludaron a sus superiores y dejaron al muchacho con estos, el sonrió y dijo. – Gracias a ambos, nunca habia comido tanta carne, la sopa roja esa es riquísima, gracias por el uniforme, prometo que lo llevare con orgullo y respeto, vamos a salvar a Charllote…!A LA MINA!. Era increible como una comida caliente, un baño y ropa nueva podían animar tanto a una persona, pero lo que más hacia sentir feliz a Gregory era poder caminar junto a aquellos 2 hombres.
Gregory los guio de camino a la entrada de la mina, en un momento pasaron por su casa, se notaba la precariedad, pero la fachada era limpia y con animo les dijo a sus acompañantes. – Esa es mi casa, la mantengo lo mas limpia que puedo, porqué a Charllote no le gusta el sucio, dice que no por vender carbón debemos parecernos a este. – Siguieron caminando otra media hora y allí estaban a la entrada de una “mina” que se parecía más a la entrada de una cueva que a la de una mina de verdad. Eran casi las 2 de la tarde, así que el sol si bien estaban en primavera golpeaba fuerte, el chico parado en la puerta les dijo. – Es aquí, esa es la entrada. – Y señalo con la mano el agujero en la roca y volvio a hablar. – Al entrar hay 5 caminos, nosotros siempre tomamos el del frente, no se a donde se dirigen los otros….¿Que quieren que haga?, ¿Los acompaño? . Gregory los miro a los ojos a la espera de ordenes.
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22-07-2026, 11:57 AM
Kisuke intentó sonsacarle algo más de información sobre aquel misterioso sujeto al niño, pero por más que este se estrujaba los sesos para intentar recordar algo, pero no lo lograba. Quizás hubiera sido un detalle decisivo a la hora de deducir de quién o de qué se trataba esa criatura. De todas formas no pasaba nada, porque cuando Kisuke y Bambú se juntaban podían lograr cualquier cosa. Mientras el panda todavía estaba navegando por sus pensamientos tratando de darle un sentido a todo aquello, su comandante ordenó darle comida, aseo y ropa nueva a Gregory. ¡Cómo no se le había ocurrido! El pobre niño estaba ahí, delante de ellos, vestido con poco más que trapos y sin duda hambriento tras una vida de infinitas penurias y Bambú tratando de buscarle la lógica a un hombre reloj. Pero no su comandante, su gallardo y gentil líder, que siempre pensaba primero en los más desfavorecidos. Casi podría ponerse a llorar allí mismo ante el hombre que mejor representaba los valores del Ejército en aquella habitación. Casi, pero no lo hizo, porque no era el momento de sentimentalismos revolucionarios. Era el momento de ayudar a un niño que necesitaba su ayuda.
Cuando los soldados se llevaron a Gregory para cumplir con las órdenes de Kisuke, Bambú activó su Kenbunshoku en un radio de diez metros para asegurarse de que el niño ya no podía escucharles y podía hablar con libertad y franqueza. —La situación pinta mal. ¿Un mes perdida en una mina? Si tenemos suerte la han hecho prisionera sin más y la han mantenido con vida... —Se rascó la cabezal, claramente preocupado por la situación. Aun así no había nada más que hacer que ir a buscar a la niña con todos los medios de los que disponían. ¿Sería conveniente llamar a sus discípulos para ayudarles? —No... no están preparados. —Puede que Mogaro hubiera sido liberada de la opresión de su rey, pero eso no quitaba que todavía pudiera haber personajes poderosos escondidos, esperando para actuar en cualquier momento desde la sombra y poner en riesgo todo lo que el Ejército Revolucionario había construido. Ni Berry, ni Kelvin, ni Shirohime estaban listas para afrontar a un posible Nottingham y bastaría con que Bambú y Kisuke estuvieran ocupados para que se llevaran un hostión letal que obligase a Bambú a coger la pala de nuevo. —Al menos esto nos ha pillado a punto de actuar. Esa mina debe de estar cerca de donde encontré a la niña inconsciente de Koma. Me atrevería a aventurar que ambos incidentes están estrechamente relacionados. —Concluyó, mirando a su comandante con gesto serio. Como Gregory iba a tardar todavía un rato, se sentó en una silla secundaria de madera y le dejó a Kisuke, en calidad de comandante aunque sin decir nada, la silla más cómoda del despacho por si quería reposar. Cuando los soldados regresaron con Gregory el chaval estaba irreconocible. Vestía ropajes clásicos de algunas zonas frías del North Blue y que habitualmente se relacionaban con el Ejército Revolucionario. Estaba completamente aseado y parecía muy emocionado por haber comido un buen plato de carne y sopa roja, la especialidad de Mogaro. El pequeño soldado revolucionario anunció que los tres partirían a la mina de inmediato. —A sus órdenes, recluta, honhonhon, pero espera un momento. —Antes de partir a ningún sitio bajo las órdenes del pequeño dictador, Bambú se acercó a los dos soldados que lo trajeron de vuelta y ordenó traer cuatro antorchas, dos para cada revolucionario, ya que no contaba con que el niño fuera a acompañarlos al interior de la mina. —Por si acaso, que las minas no suelen ser muy luminosas que digamos. —Esto era algo que sabía de sobra, ya que no sería la primera ni la última vez que Bambú tenía que orientarse en la completa oscuridad del subsuelo. El camino hacia las montañas del sur lo conocía de sobre. Salieron del edificio que utilizaban como cuartel y después abandonaron Ciudad Kamome para emprender el viaje por los campos de siembra de Mogaro. A la derecha del trío, es decir, al oeste, podía apreciarse con claridad el linde del bosque de la isla según lo rodeaban para acercarse al perímetro de Koma. Según se acercaban poco a poco a su destino, una casa de aspecto pobre pero limpio se materializó en el horizonte. Resultó ser la casa de los hermanos. Anotó mentalmente su localización por si algún día tenían la suerte de poder volver con ayuda para estos chicos que tan precariamente estaban viviendo. —Tu hermana tiene razón, joven Gregorovich. Hay que mantener la vivienda lustrosa como nuestros ideales, honhonhon. —Ya le gustaría a Bambú ser tan ordenado y limpio como ellos. Lo intentaba, pero por algún motivo sus cosas siempre acababan desperdigadas por la mesa, por el suelo o perdidas entre estanterías. Parecía ser físicamente incapaz de organizar una mochila de viaje para llevar todo bien colocado y ordenado, lo cual provocaba que, generalmente, no le cupiesen todas sus posesiones en el mismo saco. Media hora más de camino llevó al dúo revolucionario al inicio de la mina. Se trataba de una oquedad en medio de la nada. Nunca lo hubieran visto si no hubiera un modesto camino que llevase directamente a ella. Gregory propuso algo que no podía ser de ninguna manera. —Me temo que a partir de aquí es peligroso, joven recluta. Te recomiendo que nos dejes el resto a nosotros y aguardes en tu casa hasta que regresemos. —Buscó la aprobación de Kisuke en aquel razonamiento, aunque sabía de sobra que estaba en lo cierto. Meter a un niño con ellos en un espacio oscuro como aquel podría suponer su muerte, y eso era algo que no podían arriesgar. Una vez despachado aquel asunto, sólo restaba entrar en la mina. Como decía Gregory, había cinco caminos que podían seguir en su interior. La luz de la entrada iluminaba escasamente cada uno de ellos, pero cuando Bambú encendió su propia antorcha con su mechero, los caminos se volvieron más aparentes. —El camino de enfrente era el que más usaban... —Pensó en voz alta mientras le tendía el fuego de su antorcha a Kisuke, por si quería encender su propia antorcha con él. —Probablemente no nos lleve a ningún sitio, ya que parece que la aparición de este "DonDinDinDin" fue una sorpresa. Quizás él viniera de otro camino... Sin embargo, no sé si alguno debería revisarlo por si acaso. —Continuaba divagando, casi hablando más consigo mismo que con Kisuke. —Creo... —Esta vez sí le miró a los ojos. —...que lo mejor es que nos separemos y cubramos más terreno, pero eso no implica que vayamos a estar incomunicados, ¿verdad? Honhonhon. —Su comandante gozaba de extraordinarias habilidades para la comunicación a distancia. No sabía si la mina interferiría con las señales que empleasen los den den mushis, pero Kisuke tenía un as bajo la manga para este tipo de situaciones. —Yo escogeré este camino. —Dijo señalando aquel que se encontraba inmediatamente a la derecha del camino central. —También extenderé mi Kenbunshoku en un radio amplio, por si tengo que cavar un túnel directamente hacia donde sea para asistir. —Dicho todo aquello y trazado el plan, se colocó delante de la entrada del camino número tres, aunque en realidad no tenía número en ningún sitio, y empezó a recorrerlo.
Datos
23-07-2026, 11:37 AM
Cuando los soldados se llevaron al muchacho para alimentarle y asearle, Panda y él pudieron hablar más tranquilamente sobre la situación y lo que podría haber detrás. El mink estaba preocupado y, a su parecer con buen criterio, el destino de aquella chiquilla podría ser terrible. Pero no iban a dejar el asunto sin resolver, evidentemente. El antiguo pescador se encendió un cigarro y le tendió el paquete al úrsido mink mientras reflexionaba sobre lo que habían descubierto en aquellas horas. Al parecer, no todo era prosperidad y progreso en la República de Mogaro, había reductos de pobreza y situaciones lamentables como las de aquellos muchachos. Kisuke frunció el ceño, tratando de encontrar en su madeja de pensamientos, algún hilo del que tirar para encontrar la causa subyacente de aquella situación. Tras unos segundos, que parecieron minutos, suspiró echando una bocanada de humo tras una larga calada reflexiva y miró a su amigo.
-Para averiguar el fondo de todo esto, y como solucionarlo, tenemos que seguir de este hilo que se nos ha puesto delante, Pandita... Las causas de que esto esté pasando pueden ser muchas... desde reductos de los hombres del antiguo rey, gente buscando venganza por los caídos en la revuelta o simplemente algún vomitivo tratando de aprovecharse de los desfavorecidos... El mink comentó la relación entre todos los incidentes y Kisuke asintió con un gesto. Todo parecía estar conectado y era algo innegable en todo lo que había estado averiguando en estas últimas horas referente a los sucesos en la isla tenían un punto en común. El núcleo de los rumores y los sucesos turbios y extraños siempre era en las partes más alejadas del cuartel, lo más lejos posible de la influencia y el radar que tenían los Toros Negros, lo cual denotaba que estaban lidiando con alguien astuto y ladino. Kisuke esbozó una sonrisa algo siniestra al llegar a esa conclusión. -Saben lo que están haciendo, actuando lejos de nuestra posición. Los cabrones que estén detrás de esto van a probar mi acero y los sacaré de su agujero como las ratas que son, por hacerle esto a esa pobre gente... Al cabo de un rato, en el que ambos revolucionarios apenas cruzaron dos palabras, regresó el muchacho, con un aspecto totalmente renovado. Lucía un pequeño uniforme y en su rostro se podía ver que tenía el estómago lleno, se le veía energético y con ganas de ponerse en marcha. Kisuke esbozó una sonrisa, sabía que había ganado a un activo para la revolución, pero, por encima de todo, había ayudado, aunque fuese mínimamente a un chiquillo que lo necesitaba. Asintió con un gruñido ante la indicación de Panda de que les llevasen unas antorchas y se pusieron en camino. -Vamos, chico... Llévanos hasta donde está situada esa dichosa mina... Tras un rato siguiendo la vereda del camino de la floresta del sur en la que, hacia el oeste se podía apreciar la linde del bosque que había que rodear para llegar a Koma. Tras un rato de paseo, una casa vieja pero bien cuidada apareció tras un recodo y el niño les indicó que era su casa, que trataban de mantenerla limpia porque el carbón ya de por sí era muy sucio. Kisuke le miró y estalló en una carcajada, él sabía eso mejor que nadie, dadas las circunstancias. -Kuhahahaha... tu hermana tiene razón, chico... Lo sé muy bien... Kuhahaha... Y le mostró como su mano se convertía en hollín por un instante, para demostrárselo. Tras este breve inciso, el grupo siguió avanzando hacia la oquedad que debía ser al entrada a una mina subterránea, cuya entrada estaba en la base de un crestón calcáreo, que parecía tener signos de alteración hidrotermal. No era raro en minas de este tipo que tuviesen ese tipo de estructuras. El chiquillo les explicó que la cueva se dividía en cinco caminos tras entrar, pero que ellos siempre tomaban el de en medio, y no sabía a donde conducían los otros cuatro. En sintonía con su compañero, y al ser una mina subterránea, le indicó al chico que regresase a su casa, que era demasiado peligroso. -Tu hermana no querría que te pusieses en peligro de esa manera, vuelve a tu casa... Déjanos el resto a nosotros... Y entraron en la cueva, Panda y él. Al momento, activó su percepción más ligera en un radio de 50 metros. Aunque estaba oscuro, su aguda vista le permitió diferenciar las diferentes bifurcaciones que les había comentado el chiquillo anteriormente, determinando que los diferentes caminos estaban separados una veintena de metros entre ellos. Con un gesto de la mano, creó un ratón de hollín que se subió en el hombro del úrsido. Aquella era una de las cosas que más le gustaba de su akuma no mi, era realmente muy útil. -Iremos por diferentes caminos, con la separación que tienen, creo que tendremos comunicación por el ratón de hollín... Cualquier cosa que descubras se lo dices... yo haré lo mismo y te hablaré a través de él... Y vio como el Panda, se encaminó con paso firme al segundo camino de la derecha, por lo que Kisuke empezó por el camino que más a su derecha quedaba. Era importante mantenerse comunicados el uno con el otro y no perderse, en las entrañas de la tierra, era algo más común de lo que parecía y cualquier despiste puede llevar al desastre.
información
26-07-2026, 10:54 PM
Los ojos de Gregory seguían fijos en aquellos dos hombres, a la espera de si debía o no acompañarles, quien tomo la iniciativa y contesto primero fue el bueno del mink panda, Bambú quien le indico que todo lo que podia suceder una vez cruzaran el umbral de la cueva seria peligroso y por lo tanto no era un sitio donde un recluta de tan buen calibre deberia estar, todo esto fue respaldado por el antiguo pescador venido a comandante del Ejercito Revolucionario, Gregory agacho la cabeza y las lagrimas volvieron a correrle por el rostro, una vez más conmovido por estos 2 hombres, quienes le estaban ayudando sin esperar nada a cambio, el chico aguanto las lagrimas como pudo, se paro firme, hice el saludo de la armada revolucionaria y no pudiendo contenerse más dijo . - ¡SEÑORES SI SEÑORES!, LOS ESPERARE EN CASA SEÑORES SI SEÑORES, CON ALGO DE COMER, SEÑORES SI SEÑORES. – Y sin dar tiempo a la respuesta de aquellos 2, salio corriendo en dirección a su casa, el haki del panda y de Kisuke, pudo sentir como una mezcla de miedo y gratitud invadían el cuerpo del pobre muchacho y como una imagen de aquellos 2 se creaba en su mente.
Ya solos el panda razono una vez más las palabras de Gregory, el camino de en frente no los llevaría a ningún lado y allí estaban totalmente en lo cierto, este decidió tomar el camino justo a la derecha del mencionado por Gregory y Kisuke, el de la derecha del Panda, pero antes de adentrarse entre los caminos escogidos, Kisuke creo ratones con el poder de su poderosa akuma no mi, unos destinados a burlar la falta de comunicación que seguramente existiría entre los dos hombres.
Ya acompañados por las antorchas y los ratones de hollín, ambos hombres comenzaron a caminar por cada uno de sus caminos, separándose, pero no dejándose de sentir por sus Hakis.
Kisuke se adentró con valentía por el camino que se le presentaba, sinuoso, lleno de subidas y bajadas, el antiguo pescador quien quizás en alguna otra vida fue geólogo, pudo entender a la perfección las rocas que se le presentaban en el camino, las formaciones de donde brotaban los carbones que servían de sustento para la familia de Gregory, la pirita u oro de los tontos, el cuarzo y el azufre, para sus ojos entrenados de pescador, todo aquello era visible e identificable, pero luego de caminar un tramo largo, se topo con una pared inexpugnable, es decir el camino no llevaba a ningún lado no sin tener una maquinaria para derribar aquella pared de roca firme o en su defecto una akuma no mi que te permita hacer huecos en la roca solidad, quizás lo único que podia hacer Kisuke seria devolverse.
Por otro lado, el Panda tambien podia identificar la composición de la cueva, al igual que su compañero podia reconocer las betas de carbón, azufre y pirita, no porque en otra vida fuera un geólogo, sino por su excelente nivel de estudio en general. A medida que se iba adentrando más en la cueva, este podia escuchar una suave melodía, cantada por un hombre en un tono triste, como si añorara algo que ya no tenia.
Siguió avanzando hacia ella y luego de girar a la izquierda, porque la izquierda siempre es el camino correcto, se topó con varias cosas, primero vio una instancia circular iluminada por la luz de unas velas y la musica que escucho provenía de un pequeño tocadiscos, pero quizás lo más llamativo de esa instancia, era el hombre que se encontraba dormido al lado de aquel equipo de musica que no paraba de repetir una y otra vez la misma triste melodía del hombre que añoraba lo perdido, el hombre dormido, parecía un candelabro gigante, su vestimenta toda dorada le daba ese aspecto, ademas que por sombrero tenia un candelabro con 3 velas encendidas que eran las que iluminaban el recinto, junto con otras dos que reposaban a los lados del hombre, ¿Qué haría nuestro querido Panda ante aquello?
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