[Aventura T2 - Presente Absoluto] - "Piel Azul" Glatus
#61
Situación de Alzeid

Cuando el andrógino le dijo que estaba dispuesto a cooperar, tras la falsa rendición de Aimi, la vicecapitana se sintió completamente aliviada, parecía que su plan podía salir bien, ahora sólo quedaba pillarle con la guardia baja para, agarrar las pistolas colocadas debajo de sus rodillas y acabar con la vida de su enemigo, fácil, ¿verdad?

Sin embargo, a veces la vida no era tan fácil, y motivo de esto era que, en fracciones de segundos, tras una carcajada del peliazul, el mismo, aprovechando que Aimi tenía ambos brazos levantados, le realizó el mismo tajo que le había hecho segundos antes. Otra vez esos malditos brazos afilados, debía ser fruto de una Akuma no Mi, no cabía ninguna duda. El mismo dolor infernal volvió a recorrer cada nervio de su cuerpo, ¿qué le pasaba a aquel tipo? ¿No había accedido a hablar? ¿O es que estaba más ido de la cabeza que la propia Aimi?

El espadachín comenzó a hablar algo que resultaba ininteligible. Su cabeza estaba en otro lado, recordando el momento en el que se unió a la banda de Glatus, hace más de dos años atrás en el Reino de Ballywood. Con una vida llena de miseria, robos, crímenes y engaños, se podría decir que cada día que ella vivía, era como si fuera el último. Pero, entonces, el que sería su actual capitán la encontró, no sólo dándole un cobijo y protección, sino también dándole una verdadera razón por la que seguir luchando, convertir a Glatus en el hombre más influyente y con la red de información disponible de todo el globo. La verdad, que nunca llegó a entender el ansías de Glatus por querer tener toda la información del mundo disponible en la palma de su mano, pero por aquel hombre, Aimi estaba dispuesta a dar su vida.

Mientras esos pensamientos rondaban por su cabeza, una patada del enemigo golpeó su cabeza, haciendo que perdiera lo poco que le quedaba de consciencia.- Lo siento Glatus, parece que te he fallado... Por favor, sálvate, gracias por todo.- Se dijo así mismo Aimi, cayendo, inevitablemente inconsciente al suelo, al igual que sus otros diez esbirros mientras su enemigo, casi ileso, se mantenía en pie altanero y con aire burlesco, a la vez que inspirado por crear su nueva religión.

Situación de Daryl

Hund había conseguido sumergirse en el lago exitosamente. Aunque siguiera sintiendo el dolor y sus músculos entumecidos, fruto de la exposición de las esporas.- ESE MAGDITO MONSIEUR... ¿CÓMO SE ATEGVE A ATACAG A MONSIEUR HUND?.- Pensaba el gyojin mientras sacaba sus cabeza del agua momentáneamente del agua para buscar la ubicación del espadachín. Hund deseaba de todo corazón que el hombre fornido hubiera cometido la imprudencia de acercarse lo suficiente a la orilla como para lanzarse a por él pero, para su desgracia, había sido lo suficientemente inteligente como para alejarse unos dos metros del lago.- ¡SACRE BLEU! ¡QUÉ DOLOG DE HUEVÓS!

Ahora mismo, la piraña del amor, se encontraba en una verdadera encrucijada, ¿sumergirse y esperar a que se pasara el efecto de las esporas o que, en su defecto, su enemigo se confiara y se acercara al lago? Parecía la opción más segura, pero ¿y si el sujeto se retiraba, iba a por Aimi y le hacía lo mismo que a Sadine? No se lo perdonaría jamás. Con la sangre hirviéndole de sólo pensarlo, nadó hasta lo más profundo del lago y, a alta velocidad, comenzó a nadar hasta la superficie del lago, en dirección a donde había oteado al espadachín.- TE VAS A ENTEGAG, MALDITÓ CHIEN- A gran velocidad, salió disparado del lago y, aún así, su enemigo se encontraba demasiado lejos como para poder impactar en él, quedándose a tres metros de él.

Sin embargo, con su cuerpo empapado, aprovechó las gotas de su palma de la mano derecha para realizar otro poderoso disparo de agua.- SALUT DE NUEVO, MON AMI ASESINO DE MADAME- Dijo aguantándose las ganas de toser por el polvo que había en el ambiente. Fuera como fuere, Hund no tenía intención de huir. Ya sea con su muerte o con la de su enemigo, su pelea acabaría allí y ahora.

Situación de Irina, Ikirami y Jude
La arremetida del martillo de Glatus contaba con la fuerza suficiente como para noquear a un oso pardo de un solo golpe y, esperaba que sucediera lo mismo con las dos mujeres, claro está, si les llegaba a dar pues lograron esquivar, con absoluta facilidad, el ataque del pirata.- Tch, se nota que estoy algo deteriorado.- Paró en seco su martillo, buscando realizar otra ofensiva, esta vez debía ser más veloz, más mortal.

Sin embargo, de repente, algo, con una especie de textura viscosa, calló encima de él, rodeando su cuello. Cuando escuchó la voz de su asaltante, supo de inmediato que se trataba de la agente Irina. La presión que ejercían sus piernas en el cuello y brazo de Glatus era tal que le costaba respirar y moverse, hasta tal punto que su martillo cayó de sus manos, al no contar con la fuerza suficiente para agarrarlo con una solo.- Gwahahaha... No... De-dejas... De sorprenderme... Hija.- Decía con completa admiración, y dificultad, hacia la agente. Que se desvaneciera y aprovechara el momento exacto para asediar al pirata, decía muchísimo de las capacidades analíticas y asesinas de su, desafortunadamente, enemiga. Si tan solo hubiera estado del mismo bando.

Por si no fuera suficiente, un destello, proveniente de Irina, desnuda y nuevamente transformada, deslumbró parte de la sala y, más importante, dejó cegado momentáneamente al pirata. Seguidamente, la agente usó todo el peso de su monstruoso cuerpo para dejarse caer, junto a Glatus, tumbándolo en el suelo de espaldas. Pudo sentir durante escasos segundos como Irina se cambiaba de posición y, cuando abrió los ojos, pudo verla situada encima de su pecho, ejerciendo presión con sus piernas en las costillas y cintura del pirata y reteniendo sus muñecas con las manos del axolote. También sintió un cosquilleo en su zona testicular que le hizo sentir algo de pavor, seguido de un poderoso pisotón en sus pies que le hizo ver las estrellas. Era la semigigante, que hizo un intento de sermón de no menospreciar a las mujeres, aunque lo cierto es que él en ningún momento las había subestimado.- Así que hasta aquí llegué, ¿eh? ¿Hasta aquí toda mi ambición por controlar toda la información del vasto océano? Puede que, un hombre como yo, nunca tuviera salvación, gwahahaha..- Pensaba mientras comenzaba a toser sangre. A pesar de que Glatus estaba en la peor de las situaciones posibles, volvió a mostrarse impasible pero, esta vez, como si hubiera aceptado su destino que, quizás, estaba ya escrito incluso antes de que conociera a ese trío- GWAHAHAHA, por supuesto que no eres como los demás, agente Irina, tú ganas, no, vosotras ganáis.- Volvió a toser, pero esta vez se trataba de un tos normal y seca.- Si vida llega a su fin de este modo, me alegro que haya sido por alguien como vosotras y no por una estúpida enfermedad GWAHAHAHA.-

Pero, justo después de las palabras del pirata, un sonido invadió la escena, uno que os podía ser bastante peculiar.- PURU PURU PURU... PURU PURU PURU... PURU PURU PURU... PURU PURU PURU...- Se trataba del Den Den Mushi que estaba situado encima de la caja grande del fondo, alguien estaba llamando, ¿de quién se trataría?

RESUMEN DEL TURNO

INFO BÉLICA



PERSONAJES


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#62
Atributos Personaje


Al parecer, apartarse ligeramente del lago había sido una buena idea, pues Hund no tardó mucho en salir disparado del agua hacia la superficie. Si hubiera estado más cerca podría haberle golpeado de lleno, o peor, haberle agarrado para arrastrarle hacia el agua o algo parecido. Sin embargo, el gyojin saltó y aterrizó sobre la tierra húmeda de la cueva, quedando a unos pocos metros de distancia del espadachín. Daryl esbozó una sonrisa.

La piraña volvió a lanzarle el mismo ataque que ya había hecho anteriormente, aquella bala acuosa que perforaba la piel y se adentraba en la carne. Era un ataque doloroso, a pesar de su pequeño tamaño, enseguida sintió esa punzada clavarse sobre su pecho. Sin embargo, Daryl no iba a dejar que aquello frenase su ofensiva, no ahora que tenía la oportunidad perfecta para atacar. La sangre salía de su cuerpo por tres heridas distintas, pero eso solo le otorgaba una mayor sensación de fuerza, más adrenalina, más emoción. Avanzó hacia su oponente, blandiendo su poderosa arma. — Interficio. — Pronunció el nombre de su ataque en voz alta, mientras giraba su brazo, llevando la espada hacia atrás para luego elevarla por encima de su cabeza y dejarla caer con toda la fuerza que poseía sobre el cuerpo de Hund.

Ese ataque no acabaría con él, pero con suerte le dejaría lo suficientemente herido como para que se rindiera y cayera ante él. Realmente su trabajo como agente no era el asesinato, era llevar a criminales ante la justicia. Una lección que le enseñó Irina y que le costó horrores aprender, sobre todo por su especial inquina hacia los piratas. — Te lo repetiré de nuevo, y por tu bien, más te vale responderme. — Comenzó, con aquella voz de ultratumba que le salía desde lo más adentro de sus entrañas. — Dime dónde está Glatus "Piel Azul". — Quizás aquel pirata no lo sabía, o quizás las amenazas no servían para nada porque seguiría haciéndose el loco, pero aquel era el objetivo real de Daryl, encontrar al cabecilla de la tripulación.



Resumen

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#63
El combate había finalizado. Bajo los pies de Alzeid, el cuerpo inconsciente de la vice capitana de los piratas que estaban buscando, la banda de Glatus. Unos pasos más atrás, sus subordinados también yacían en el suelo, completamente derrotados ante las artimañas del joven andrógino. Todo había terminado y la misión principal, la búsqueda de Piel Azul, podía continuar. O eso creería cualquier persona tildada de ‘normal’, pero la cruzada de Alzeid todavía continuaba. No contento con aquel resultado, volvió a realizar el mismo tajo cuádruple en el torso de Aimi, que se encontraba totalmente expuesto frente a él. Las estalagmitas que rodeaban su cuerpo se tiñeron de rojo carmesí de forma inmediata, así como los filos que brotaban de sus brazos que, al guardarlos, expulsaron los restos de sangre en forma de hilera que descendía desde sus muñecas hasta el suelo. De la misma manera, sacudió la katana para limpiarla de las impurezas con las que había sido manchada, pero no la guardó, sino que la utilizó para dar un último golpe que separaría la cabeza de la vice capitana del resto de su cuerpo. Ésta comenzó a rodar hacia uno de los lados, el derecho concretamente, hasta que Alzeid clavó la espada en el centro de la frente, irguiéndola y clavándola en la pared, como si fuese a hablar con ella. – Es una lástima que hayas decidido tomar este camino, aunque es cierto que tu alma no tenía salvación alguna. Eras una pirata. Un cuerpo grotesco, un tono de voz risible, una presencia espantosa. Una vasija completamente rota. Los piratas soléis ser de esta manera. – Se tapó la cara con su mano izquierda y comenzó a llorar, dejando caer un par de lágrimas que descenderían por su rostro. – Siento un dolor punzante que no puedo describir cada vez que libero un alma. Es como si Dios ocupase mi cuerpo, como si me diese el privilegio de poder caminar con sus mismos pies y sentenciar aquello que ha de ser. – Se limpió la cara con la mano izquierda. – Por favor, almas de estos cuerpos hechos pedazos, de estas vasijas que no merecen vuestra presencia, permitidme que os libere de una forma mucho más harmoniosa y agradable. Dejad que mi música invada el vacío que este mundo ha dejado en vosotras. – Había dejado de llorar. Sacó de su bolsillo izquierdo la harmónica que siempre llevaba encima para tocar una pequeña melodía, no sin antes decir… – Anima... – Su religión.
 
De los cuerpos que yacían en el suelo, detrás y delante de Alzeid, comenzaron a brotar una especie de mariposas de color blanco, casi transparentes, que llenaron aquella cueva de iluminación y esperanza, de nostalgia y tranquilidad. Estaban despidiéndose de la vida terrenal para abrazar el nuevo mundo que les esperaba. Eran las almas de aquellas personas que habían perdido sus vidas a manos de los indeseables a los que Alzeid acababa de liberar. Todo estaba ya en su sitio… En orden. Y Glatus era el único culpable. Algunas lágrimas descendieron del rostro de Alzeid mientras tocaba esta melodía.
 
Por supuesto, era todo fruto de su imaginación. Nada de esto había pasado ‘realmente’, sino que era algo que él creía percibir, aunque nada más lejos de la realidad. Después de finalizar con este ritual y concierto, Alzeid desclavó la espada de la cabeza de Aimi y de la pared, dejando que esta cayese rodando por el suelo, golpeándose con las estalagmitas que encontraba en el camino. Volvió a limpiar la katana con un ligero golpe y la guardó. Juntó ambas manos, palma con palma, y se despidió del lugar. – Descansad. – Susurró. Acto seguido, agarró la cabeza de Aimi por los pelos con su mano derecha y comenzó a darle vueltas. – Te vienes conmigo, que Glatus quiere verte. – Comenzó a observar sus alrededores, buscando alguna salida o camino que le pudiese permitir continuar con la misión, pero no había rastro de nada. Aunque la iluminación del lugar no era muy buena, la vista de Alzeid era lo suficientemente aguda como para ver incluso en los sitios más oscuros. Aún así, la única salida era por la que había entrado, así que tendría que volver sobre sus pasos y elegir uno de los dos caminos restantes. Suspiró. – ¿Tendré que ir a ver al canino?  – Hablaba de Daryl. Objetivamente, era la única persona que se encontraba sola, ya que el resto del grupo había tomado el mismo camino y eran tres personas, así que tanto él como la cabeza de Aimi se dirigieron hacia la salida de aquel lugar con destino a la sala principal, en la que hacía un rato había estado. Volvió sobre sus pasos, esta vez sin ninguna vagoneta, pero utilizando (otra vez) sus filos para patinar sobre los raíles y hacer el trayecto mucho más ameno. – Por eso lloraba con la carita empapada, a que llegaras con rosas… con mil rosas para mí… – Comenzó a cantar durante el camino.
 
Alzeid se encontraba por fin en la sala central. Todo seguía igual y nadie parecía haber llegado todavía. Utilizó su oído para distinguir los ruidos que provenían de los distintos caminos y le dio la impresión de que por ambos se podía escuchar algún bullicio, aunque nada claro. Pero no le dio demasiadas vueltas y decidió continuar con su idea inicial, la de seguir el camino de Daryl y buscarlo, porque era el único que estaba solo. A veces era un buen compañero... ¿o acaso no lo iba a ser? Seguramente hubiese enemigos en los tres caminos, así que Alzeid iba dispuesto a darlo todo por si algo aparecía. ¿Qué mejor regalo que salvarle la vida a Daryl porque él no podía hacerlo por sí mismo? Con esta idea en mente, se adentró por el camino del medio hasta encontrarse con el canino del grupo.
 
Para su sorpresa, tras una breve caminata llegó a un lugar mucho más húmedo que en el que él había estado y carente de recursos minerales que poder explotar. Unos escalofríos recorrieron su cuerpo. Esto se debía a la situación que estaba observando: ¿qué hacía Daryl intentando atrapar a un pez? – Daryl. ¿Eres pescador? – Preguntó con cierta sorna, y soltando alguna carcajada, mientras mantenía la cabeza de Aimi en su mano derecha, girándola constantemente. – ¿No tienes comida para peces? – Continuó bromeando, desde la distancia, justo en la entrada de aquel lugar, donde acababa de observar cómo Daryl movilizaba su espada con intención de atacar a su enemigo a la vez que preguntaba por la ubicación de Glatus. Así que… Daryl atmpoco había dado con él. ¿Cuánta suerte podría tener Irina? Como no sabía muy bien qué hacer, lanzó la cabeza de Aimi hasta la zona en la que tanto el pez como el canino se encontraban. – Un alma en pena va. – Murmuró, soltando alguna carcajada y apoyándose en la pared. Estaba esperando a ver cómo se desenvolvían las cosas y cómo Daryl terminaba su propia cruzada. En principio... sin interferir.
 
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Karmas
Akuma
Bélico
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#64
Tal parecía que la estrategia de Irina fue efectiva. El cuerpo del enemigo estaba completamente atrapado, no podía moverse y para más seguridad cada vez apretaba con más ansias. Sentía las ganas de apretar la muñeca hasta que sonara el crujir de algún hueso, despertándola de su fijación y entonces frenar. Pero no lo hizo. Jude le pisó las piernas, acertando con bastante precisión. Seguramente sus pies quedarían completamente reventados. Definitivamente Jude tenía algo personal en contra de Glatus o eso o era realmente su forma de ser era así, lo que podría ser preocupante.

— Yo gano ... — Le susurró mirándole a los ojos. Comenzó a expulsar sangre de la boca, le habían dejado muy tocado. — ¿Tu vida? — Asomó su colmillo derecho sobre sus labios. — Te queda vida por delante, Glatus "Piel azul". — Miró hacia Ikirami. — ¿Tienes las esposas? — Era un objeto básico de casi cualquier marine, desde luego Irina no tenía encima y Jude no parecía necesitar de ellas para nada, pero quizás la pelirroja ...

— Vas a ser arrestado, una vez en prisión el gobierno pondrá a tu disposición un equipo médico para ayudarte en lo que sea que te pase. — Apretó los testículos del hombre, quizás demasiado. —Tienes mucho que ofrecer. —Continuó apretando, más, cada vez más. En su estado híbrido se podría decir que tenía incluso más fuerza en la extremidad que nacía desde el final de su columna que en cualquier brazo natural. Irina pasó un poco del den den mushi. Tan solo lo miró para ver si alguna respondía.

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#65
Todavía con los ojos escociendo por el destello y algo enrojecidos, se apoyó con cansancio en la caja tras ella, elevándose con lentitud. Las otras dos habían conseguido someter a Glatus y este se estaba… rindiendo.

Aunque por la fuerza, finalmente iban a encarcelarlo. Irina así lo sentenció al decir que lo dejarían con vida. La agente entonces la miró, pidiéndole una esposas. Pero Ikirami nunca llevaba esposas con ella. ¿Por qué hacerlo? Los piratas, según su perspectiva, no merecían ir a la cárcel, sino al infierno.

-Lo siento, no llevo ningunas conmigo ahora. -respondió a la vez exploraba su alrededor con la mirada, en busca de alguna cuerda u objeto que pudiera utilizar en su lugar.

La situación la tenía bastante enfurecida. Un arrogante, mezquino y asqueroso pirata vivo y una mujer monstruo que la menospreciaba abiertamente. No solo sentía ira; la frustración por la situación la corroía por dentro. Apretó los dientes con fuerza, sintiendo la impotencia de su propia debilidad. "Si fuese más fuerte… Si tuviese más poder podría impartir justicia, pero no lo tengo…"  se dijo a sí misma, sintiendo como años de entrenamiento parecían no haber servido de nada. No habían sido suficiente y ahora no podía hacer nada más al respecto. No podía enfrentarse a ese grupo ella sola, y menos si encima eran agentes del Gobierno.

Mientras buscaba en las cajas a su alrededor y pensaba sobre sus emociones, encontró un saco de lo que parecía algún tipo de harina, cerrado con una cuerda. Desató la soga con cuidado y la tensó con fuerza, parecía resistir bastante bien. Dio un paso hacia sus compañeras para atar al despreciable cuando escuchó un sonido justo tras ella. Se giró rápidamente, en alerta por lo que pudiese ser. Pero era el Den den mushi de Glatus, que estaba sobre la caja en la que se había apoyado al levantarse. Echó una mirada rápida hacia atrás. Irina parecía no prestarle especial atención, simplemente mirando que pasaba.


¿Quién estaría llamando? ¿Sería uno de sus compañeros que había derrotado a Alzeid o a Daryl? ¿Tal vez un aliado? No podía saberlo, pero si Glatus gritaba podía alertar a quien estuviese al otro lado y arruinar la oportunidad de conseguir más información.

-Tapadle la boca para que no grite, por favor.-pidió a sus compañeras.


Se volvió hacia el Den den Mushi, tragó saliva y lo descolgó. Mantuvo el silencio; si decía algo, revelaría que no era Glatus.


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#66
Glatus estaba acabado, no tenía más opciones que morir o dejarse capturar. Jude no se terminaba de creer que ya estuviera todo el pescado vendido, sacó su tabaco y un papel para liarse un cigarrillo mientras seguía ejerciendo presión sobre las piernas del pirata. Irina corroboró que le habían vencido y así como el capitán pirata afirmaba que era el fin de su existencia, ella lo negó diciéndole que le esperaba una larga vida en prisión, que aún tenía que ser útil para el gobierno. "¿Tan importante es la información que este tipejo posee?" La gigante no dejaba de aprender y comenzaba a gustarle eso de dominar la situación sin necesidad de matar, era lo único que sabía hacer, pero como agente del CP tendría que aceptar que recabar información iba a ser más útil que simplemente silenciar. 

Ella era un tanque, difícil de pasar desapercibida, pero si alguien había decidido que entrara a formar parte del Cipher Pol era por algo. Debía tener un potencial visible para ese tipo de misiones. Igual solamente tenía que seguir siendo un arma letal para aportar fuerza en caso de ser necesaria, pero empezaba a hacerse a la idea de que en el futuro debería convertirse en una ficha más compleja y así, moverse con más soltura y complejidad por el tablero. Veía a Irina como un ejemplo a seguir, ella también era extremadamente fuerte, pero mucho más astuta y versátil que la gigante. Tenía mucho que aprender y que mejor maestra que ella. 

Se encendió el cigarro y sonó un den den mushi al fondo de la sala. Ikirami, que no tenía esposas pero había encontrado una cuerda que podría ser útil para maniatar a Glatus, dejó lo que estaba haciendo para acercarse al aparato. Antes de descolgar le dijo a sus compañeras que taparan la boca al pirata para evitar que gritara y alertara así a quien estuviera al otro lado de la línea. ¿Quién debía estar llamando? A Jude le fascinó la idea de que otro pez gordo se pusiera a tiro y todo esto finalizara en el comienzo de otra misión. Ya sería la tercera. Las pensaba ir contando hasta el día en que muriera, esa era su nueva vida. Para terminar con la piratería no iba a bastar con matar piratas, tendrían que hacerlo al estilo CP, despacio pero con buena letra, correr no era una opción.


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#67
Situación de Daryl (y Alzeid?)

A pesar del ataque que había recibido el espadachín del gyojin, este no parecía afectarle en lo más mínimo. Más bien lo contrario, parecía que, con cada herida que recibía, más fuerte se hacía, ¿contra qué clase de monstruo estaba peleando Hund?

Sin dudarlo ni un segundo, tras aterrizar y ubicarse a tres metros del hombre, corrió hacia él, buscando propinarle algún puñetazo, mordisco, patada, cualquier cosa le valía a la piraña. Pero su rival hizo lo mismo, de forma que, al haber avanzado dos metros Hund, ya estaban, el uno del otro, a la suficiente distancia como para arremeter contra su enemigo.- AHOGA VAS A VEG, ¡MAGDITÓ!- El objetivo del gyojin era un feroz puñetazo derecho en el mentón del hombretón para dejarlo aturdido, confiaba en poder ejecutar su plan de ataque, pero la destreza de su contrincante era excepcional, la maniobra que realizaba con su espada, resultaba imperceptible al ojo de Hund. Es por eso que, antes de que siquiera su puñetazo llegara a su destino, la afilada arma de su rival cortó, de arriba a abajo, toda la zona correspondiente a su pecho y abdomen, dejando una gran y limpia herida que, de seguro, se convertiría en una cicatriz.

El gyojin comenzó a retorcerse de dolor, hasta el punto que, sin estar inconsciente, se desplomó al suelo, cubriendo el mismo de un charco carmesí. Con la poca consciencia que le quedaba, miró hacia arriba, donde se erguía la imponente figura del hombre que le acababa de infligir su herida. Nunca fue, es y será rival para él. Estaba perdido.

Entonces, el hombre insistió en que le revelara la posición de su capitán. Pero, ¿y qué ganaba él con eso? Total, ya estaba acabado, estaba claro que no iba a salir vivo de eso, aunque, ¿y si con eso lograba salvar a su amada? Quizás, si cooperaba con el espadachín, podría hacer una clase de pacto con él para que dejara con vida a Aimi. Debía intentar, al menos, conseguir que ella sobreviviera. Dio un profundo suspiro mientras se disculpaba, mentalmente, con su capitán por venderlo.- ESTÁ BIEN... MONSIEUR HUND SE GUINDE... MONSIEUR GLATUS C'EST EN EL CAMINO DE LA DEGUECHA... - Paró para tomar aire y respirar y agarró la pierna derecha del hombretón con su siniestra.- POG FAVOG, MATA A MONSIEUR HUND, PEGÓ SAGVA A MI AMADA MADAME AIMI- Múltiples lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.- C'EST LO ÚNICO QUE PIDÓ.-

A pesar de haberse hecho de todo su orgullo, lo poco que tenía, Hund sentía que estaba haciendo lo correcto. Pero a veces, no por hacer lo que único considera correcto, se solucionan tus problemas por arte de magia pues, otro intruso, andrógino, con cicatrices y peliazul, que tenía pinta de conocer al espadachín, hizo acto de presencia. Y de que manera. Tras cruzar una serie de palabras, con tono burlesco, con su compañero, lanzó algo en dirección a donde estaba el gyojin, que poco tiempo tardó en descubrir de lo que se trataba.

Cuando la cabeza ensangrentada y sin vida de Aimi cayó justo al lado de Hund, se quería morir. Empezó, lleno de locura, a gritar a la vez que lloraba. Ya no sólo habían asesinado a su amada, sino que además había vendido a su capitán en balde. Hund no podía estar más furioso. Como acto desesperado y, después de darle un lametón en la oreja de la cabeza de Aimi, dio un poderoso mordisco en la pierna derecha del espadachín, que aún tenía agarrada con su siniestra.

Situación de Irina, Ikirami y Jude
La agente Irina, mientras estrujaba las gónadas masculinas del pirata, le prometía que dispondría de un equipo médico que le ayudaría a frenar o a curar su enfermedad, fuera cual fuera. Cómo si eso fuera suficiente para detener una enfermedad a la que ningún doctor que había visitado había logrado encontrar una cura. Aún así, por el respeto que había cogido Glatus a la agente, se limitó a sonreír, agradeciendo la intención.- No os hará falta esposas,  hijas, con lo fuertes que sois, me ha quedado claro que no tengo ninguna escapatoria GWAHAHAHA. - El narcotraficante jamás imaginaría que él mismo acabaría aceptando su derrota.

De repente, el Den Den Mushi comenzó a sonar, que momento más oportuno la verdad, debía tratarse de su socio, quizás para confirmar el lugar en el que se reunirían para ultimar su negocio. La pelirroja se dirigió hacia donde se encontraba el medio de comunicación y, tras aconsejar que le taparan la boca al pirata, seguramente para evitar que informara de su situación, descolgó el Den Den Mushi.- GACHA.-

Oiiiiiii Glatus.- Se trataba de una voz bastante jovial. A diferencia del pirata que se encontraba rendido ante vosotras, la voz proveniente del Den Den Mushi era más suave y dulce. Nunca imaginaríais que alguien, con una voz tan pura, pudiera estar trapicheando con un pirata como Glatus.- ¡Qué casi se me olvidaba decirte el lugar donde nos reuniremos! ¡Si es que que cabeza la mía! ¿No crees? - Por la despreocupación y rapidez que hablaba el aparentemente socio del pirata, parecía que no se estaba coscando de la situación en la que se encontraba.- ¡Nos veremos en la isla Korossasu! ¡Más te vale traer lo prometido si quieres contar con mi ayuda! ¡Si no no hay trato!¡Chaítoo!GACHA.- Tan embalado como siempre, su compañero habló y colgó tan rápido que no dio ninguna oportunidad a que nadie respondiera.- Será bocazas este Kucho...- Seguramente, su socio era la única persona sobre la faz de la tierra que podía sacar de sus casillas a Glatus. Lo que estaba claro es que, acababais de adquirir una información bastante valiosa y jugosa.

RESUMEN DEL TURNO

INFO BÉLICA



PERSONAJES


INFO DEL NARRADOR
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#68
Por algún motivo, Irina “confiaba” en Glatus. Le transmitía sinceridad. Así que se levantó y lo levantó con ella. — Efectivamente, ya no tienes nada que hacer. Me caes bien, entiendes la realidad de las cosas con rapidez. —  Sonrió. Le caía bien aquel criminal, increible. Entonces el den den mushi sonó. La información que soltó era importante. Sobre todo la que mencionaba la ubicación. Irina actuó rápido, realizaría un salto y golpearía en la nuca de Glatus, buscando que la consciencia del pirata desapareciera, quedando ko por completo.

Se desplomó en el suelo a los pies de la agente. El cuerpo de la Volkov, volvió a cambiar, esta vez a su forma humana. Estaba completamente desnuda, tenía un cuerpo digno de mostrar, además no sentía ningún tipo de timidez por enseñar lo que tantas mujeres puritanas guardaban como un tesoro. — ¿Lo puedes cargar por mi? — Le diría a Jude con un tono de voz que sonó risueño, aunque seguía manteniendo su línea de "haz lo que te digo". Le era imposible desprenderse de ello. — Podría haber alterado sus emociones esa información. Me gusta el Glatus pasivo y derrotado, es un tipo inteligente, no atacaría aunque le hubiéramos dejado libre, pero es mejor no tentar la suerte. Los hombres suelen dejarse llevar por las emociones demasiado a menudo. —  Miró a Ikirami. —  Y algunas mujeres. — Comenzó a caminar hacia la salida, allí se encontró con su ropa, la cual se fue poniendo sin reparo alguno.

Ya solo le quedaba la americana negra. — Marine, nos llevamos también el den den mushi que has descolgado. —  Se terminó por colocar la última prenda de ropa. — Son pruebas. Que además tienen tus huellas. — Le guiñó un ojo. — No queremos que nadie te pueda meter en un lío. — Entonces empezó a caminar hacia la salida, recorriendo la misma distancia que hizo hacia delante, hacia atrás. Le daba igual como le hubieran ido las cosas a Daryl o Alzeid. Si estaban muertos, ya tenía dos repuestos como compañeros de trabajo.

Y encima eran dos mujeres.


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#69
Atributos Personaje


La situación estaba bajo control. El espadazo de Daryl había dejado a Hund tumbado en el suelo, sangrando y evidenciando así la ventaja física que ejercía el agente sobre él. Aprovechándose de esa superioridad, Daryl le preguntó de nuevo por la ubicación de Glatus Piel Azul. En el rostro de Hund podía verse la desesperación, un terror que nacía del instinto más bajo. Enseguida comenzó a largar, anunciando así su rendición. Confesó que su capitán Glatus se encontraba en el camino de la derecha. "Maldita sea... las tres se han topado con él", comenzó a pensar para sí mismo, "¿les habrá pasado algo? ¿Irina?... Na, ella estará bien... las otras dos quién sabe". Mientras Daryl se encontraba sumido en su mente, el gyojin aprovechó para agarrarle de la pierna con la mano, de su boca salieron palabras de súplica pidiéndole clemencia, pero no para él, sino para su amada, una tal Aimi. Rápidamente Daryl se zafó de su agarre, no, no le gustaba que le tocaran, aunque era curioso que cuando estaba luchando le importaba menos, pues podía descargar la ira que le provocaba atacando de vuelta. Pero su deber como agente iba por encima de eso, además su oponente estaba claramente derrotado. — Me has dicho lo que quería, no te mataré. — Estaba siendo sincero, Daryl no era un sanguinario, por mucho que pudiera parecerlo, solo usaba la violencia como un medio para obtener lo que quería. Y lo había conseguido, así que ya no le preocupaba el gyojin.

Y cuando todo parecía haber salido bien... llegó Alzeid. Hizo un par de bromitas de las suyas, sobre peces y pescadores, Daryl puso los ojos en blanco. ¿Por qué tendría que haber venido a por él? — Ólvidalo, ya está acabado. — Iba a darse media vuelta, cuando se dio cuenta en que su compañero acababa de lanzarles tanto a él como al gyojin una cabeza decapitada. Era la de una mujer. ¿Sería... esa tal amada? Rápidamente volvió su mirada de nuevo al gyojin, después de tal choque emocional una de sus posibles reacciones podía ser que fuera a atacarle... y así fue. Antes de que se diera cuenta, los dientes de la piraña volvieron a clavarse sobre su piel, solo que esta vez el ataque se dirigió a su pierna derecha. — Agh... — Daryl soltó un quejido, aquellos molestos y afilados dientes eran tremendamente largos, y pudo notar como se hacían paso entre sus carnes.

Tiró de su pierna hacia atrás una vez más, deshaciéndose del molesto mordisco de Hund. Acto seguido, elevó su espada y la clavó sobre su cuerpo, aprovechando que seguía en el suelo. — No me tientes... — Le advirtió. — Aprovecha que quiero dejarte con vida. Y si algún día quieres vengar a tu amada... ya sabes quién fue su asesino. — Señaló hacia Alzeid con un movimiento de cabeza. Sacó la espada del cuerpo del gyojin. Aquel ataque debería haberle dejado cerca de la inconsciencia, con suerte, no seguiría molestando. Se la guardó de nuevo en la espalda, tenía sangre en el filo pero ya la limpiaría en otro momento. Realmente tenía sangre él por todos lados, tanto propia como ajena, era un fabuloso espectáculo de músculos bañados en líquido carmesí. — Vámonos de una vez... y ni se te ocurra matarlo, ni liberarlo, ni como sea que lo quieras llamar. — Le dijo tajante a Alzeid, con su profunda e intimidante voz. Conocía sus jueguecitos y lo cruel que le gustaba ser sin motivo alguno. Hund no merecía aquello, nadie merecía ver a sus seres queridos muertos, Daryl podía empatizar con eso. Tras sus palabras, comenzó a caminar de vuelta por donde había venido, esperando que el peliazul le siguiese, aunque no demasiado cerca a ser posible. No tardaría en llegar a la sala circular donde todos se separaron.



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#70
Antes de que 'Aimi' descendiese en el centro de aquel lugar, el pez le estaba dando información relevante a Daryl que los oídos de Alzeid no pudieron omitir. - Así que fue Irina la que se encontró con Glatus... - Pensó para sí mismo, con una sensación de celos e interés que su rostro, con una sonrisa un tanto tétrica, no pudo ocultar. - ¿Quizá lo sabía de antemano? - Empezó a pensar que Irina podría haber tenido más información de la que Daryl poseía inicialmente, aunque cesó en su intento por darle más vueltas a esta cuestión ya que, como él siempre dice: "las casualidades no existen, sólo lo inevitable". Irina tenía que terminar en el mismo camino que Glatus y Alzeid tenía que purificar las almas de aquellos ingratos que osaron interponerse en el camino de su misión (oficial) y cruzada (personal). Y, de pronto, un gran ruido de fondo provocó que Alzeid llevase sus manos a los oídos, ya que el grito que aquel individuo había provocado tras ver a Aimi en aquel estado había sido lo suficientemente elevado como para que el joven andrógino retrocediera un par de pasos por el susto. Esto no era nada más que parte de las actuaciones que le gustaba realizar de vez en cuando, pues era plenamente consciente de lo que estaba sucediendo en el interior de la cabeza de aquel pez. Alzeid había llegado justo para escuchar cómo le daba no sólo información sobre Glatus, sino que también le solicitaba salvarle la vida a Aimi. ¿Quién la iba a salvar? Su destino estaba sellado desde el momento en el que decidió convertirse en una pirata. En ese momento, el enemigo se abalanzó contra Daryl en un último intento por sobrevivir, aunque esto fuese en vano. El agente recibió el ataque pues fue incapaz de reaccionar a tiempo... - Vaya tortuga... - Pero, gracias a esto, logró realizar un nuevo ataque que ahora sí acabaría con la vida del enemigo. O eso le parecía a Alzeid. Honestamente, no veía su alma tan rota como la de Aimi, así que le hubiera disgustado bastante que muriese con ese ataque. Todavía no era su hora, y así lo hizo saber. - Su alma... no está rota. Aunque sus lágrimas y su rabia puedan indicar que está destrozado, su alma está enteramente compuesta. - Él siempre tenía algo que decir. A veces podía resultar ser demasiado charlatán, de eso no había duda. Daryl incluso le envalentonó para que, algún día, volviese a por Alzeid. - ¡Eso me encantaría! - Se mordió el labio. - Tienes un acento atractivo, aunque no sé si podría hacer algo con un pez todavía. - Jugueteó un poco con sus coletas, algo despeinadas por el transcurso del combate. 
 
Daryl volvió a envainar aquel espadón que siempre portaba y advirtió a Alzeid de que no lo matara ni lo liberara. Él no era capaz de comprender las acciones del joven peliblanco, pero tampoco esperaba que tuviese la inteligencia suficiente para hacerlo. - No tengo interés. Tú has tenido suerte... - Metió ambas manos en los bolsillos de su vestido y comenzó a caminar. - Intenté sonsacar información pero aquella mujer comenzó a disparar sin ningún sentido. - Señaló su hombro derecho con su mano izquierda. Ese lugar estaba completamente ensangrentado y con el vestido destrozado; tendría que arreglarlo al llegar al hotel. Y, aunque pareciese lo contrario, Alzeid sólo mentía cuando quería obtener información. - Al segundo disparo me cansé y tuve que hacer lo que nos enseñan a hacer. El trabajo sucio del gobierno. - Esto era verdad. Los agentes del Cipher Pol no eran más que los sabuesos del gobierno, y eso él lo sabía. Pasó su mano izquierda por la herida, limpiando un poco los restos de sangre, para después lamer el dedo y volver a guardar la mano en el bolsillo. - Al parecer Aimi y Sadine no se llevaban bien, así que mi táctica no fue la más acertada... - Ahora que había empezado a hablar, nadie lo pararía. - Me dio pena, porque Sadine parecía una persona con un alma peculiar, pero terminó así por culpa de Glatus. La piratería no es un buen camino. - Suspiró. En realidad, Alzeid no odiaba a los piratas, pero pensaba que cuando una persona tomaba ese camino su alma comenzaba a teñirse de otros colores. No podemos olvidar que durante su infancia él fue esclavo y objeto de diferentes abusos por parte de tripulaciones piratas, haciendo que desarrollase un trauma psicoemocional sobre las almas y los diferentes caminos de la vida. 
 
Utilizó nuevamente sus poderes para crear filos en la plata de sus pies y comenzó a patinar sobre los raíles, adelantando así a Daryl y poniéndose en frente. Pocos minutos después, llegarían a la sala circular central. Alzeid saltó encima de unas cajas que había en aquella zona y sacó la harmónica. - Igual quieres bajar a por Glatus, pero siendo tres... Esperaré aquí. - Sonrió y sacó la armónica, tocando una canción para pasar el rato mientras esperaban.
 
 
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