[Presente relativo] - Una calma extraña
#21
Atributos Personaje


Leyenda



- ¿A quién llamas putita, trozo de mierda? - le grité al guardia que me agarraba del brazo, tratando de zafarme de él.

Escuché las palabras de Maeve, lo que me desconcertó brevemente. - Pan… - iba a llamarle, pero entonces vi a Peteiro darle un espectacular puñetazo al guardia de mi lado.

- Es bastante rápido - pensé al ver aquel golpe. La verdad, me sorprendió que siendo tan grande se moviera más rápido que yo. - Aunque, yo tampoco es que sea la hija del rayo - una sonrisa se dibujó en mi rostro.

Aprovechando la distracción que el gyojin había creado empujé al hombre que me agarraba, el cual tropezó con su compañero que estaba en el suelo, cayendo también.

Viendo que parecía que todo se empezaba a descontrolar, saqué a Mandarina de dentro del abrigo. - Maeve, ¿ te importa coger a Mandarina y dejarle ahí en la mesa antes de venir? - pregunté y me dispuse a lanzar al felino en dirección a la albina mujer.

Mis intenciones se vieron interrumpidas por uno de los guardias, quien aprovechando la distracción me hizo un corte con su arma en el brazo derecho, casi a la altura del hombro. Aquello me enfadó sobremanera, por lo que sin pensarlo ni un instante me giré y le propiné una dura patada en el pecho con todas mis fuerzas. Me llevé la mano al hombro, asegurándome de que este seguía tapado.

- Ahora vas a ver, cornuda de mierda - gritó enfadado otro de los compañeros.

Dejé a Mandarina sobre mi cabeza, puesto que era el lugar más seguro que tenía a mi alcance. - Agárrate fuerte, Mandarina. Que la fiesta pinta divertida - me arremangué y me puse en posición defensiva para continuar con la pelea.







Resumen


Aclaración

Bélico
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#22
     De pronto, todo sucedía muy rápido. Peteiro había plantado su puño de pez en la cara de idiota de uno de los guardias, tirándolo al suelo. Después, Eaa insertó su pie en el pecho de otro, no sin antes derribar al tipo que pensaba que tenía alguna oportunidad agarrando del brazo a alguien tan grande.
     Los guardias también los golpearon a ellos.
     La adrenalina recorrió todo mi cuerpo, colmándolo de unas ganas irrefrenables de unirme al festival de hostias.
     Lo que no esperaba era que los efectos del alcohol llamasen a mi puerta justo en ese preciso instante. En cuestión de segundos, había pasado de sentirme "contenta" a un tanto mareada.
     Me cago en la puta, si no he bebido tanto, me lamenté en mi fuero interno. Y era verdad, eran necesarias bastante más de dos cervezas para que mi cuerpo comenzase a rebelarse. Pero también era cierto que mi estómago llevaba vacío no sé cuántas horas. Tenía que haber comido. Joder, ¿quién habría pensado que hoy también me metería en una pelea?
     ¿Eres monja ahora? ¿Desde cuándo tú no estás en peleas?, me increpé. Touché.
     Sentí vértigo al darme cuenta de que mi estómago se estaba revolviendo. 
     No, no, no, no... Mierda, no podía permitirme el lujo de estar mal, no cuando había un puñado de gilipollas deseando ser castigados. No cuando había varios pares de ojos puestos en nosotros y, sobre todo, los de Eaa (y su gato) y Peteiro (y su amigo, quienquiera que fuese). No quería ser el hazmerreír de toda esa gente.
     "Mirad, ahí va esa que juega a ser pirata, jajaja", "Si no puede con dos cervezas, ¿cómo va a pretender vencer a un enemigo?", me imaginé que la gente comentaba.
     Más te valdría volver al pozo de mierda de donde saliste si no eres capaz de dar a esos hijos de puta lo que se merecen.
     Bien, este último ataque procedió de mi voz interior. Mi mayor crítica.
     ¡Y una mierda!
     A pesar de que notaba el alcohol intentando hacerse con el control, conseguí desenvainar el látigo. Sabía que no sería capaz de asestar los golpes que deseaba y tampoco podía eternizarme pensando mi siguiente movimiento (sí, también comenzaba a percibir cómo mi cerebro se enlentecía, pegajoso). Iría con todo, emplearía el mayor poder destructor del que fuese capaz y dejaría el resto en manos de la suerte.
     Con la furia de un demonio me lancé hasta los uniformados que todavía permanecían en pie. Alcé la mano derecha y el látigo, serpenteante, surfeó el aire apestado del sudor que flotaba en la cantina. Pero mi movimiento se vio truncado por mi torpeza recién adquirida y, al tambalearme por culpa de la cerveza, tropecé.
 Mierda, mierda, mierda. MIERDA.
     No podía simplemente caerme. Entre la bruma alcoholizada de la estupidez, conseguí darme cuenta de que podía utilizar la inercia de la propia caída como ventaja. Y, por suerte, mi arma no era una espada, sino un látigo. La distancia jugaba a mi favor. O al menos, todo a mi favor que podría jugar en mi patética situación.
     Hice acopio de todas mis fuerzas para blandir el arma y, desde mi estado de lentitud, pude ver cómo el látigo —y sus pinchos— impactaba en los sorprendidos guardias. Los golpes sucesivos fueron derribándolos uno tras otro, cayendo como mierdas recién cagadas.
     Yo llegué al suelo antes que ellos. Había empleado todos mis etílicos esfuerzos en el ataque, descuidando mi forma de caer. Me ardían las rodillas, el estómago, el pecho, la cara. La hostia que me había dado era de dimensiones épicas. O quizá había resultado absurda a ojos ajenos pero mi cerebro alcoholizado lo distorsionaba todo. Aún agarraba el látigo con la mano derecha y, utilizando ese puño y la zurda, conseguí apoyarme sobre mis rodillas, quedando a cuatro patas. El pelo me caía por la derecha y llegaba hasta el suelo.
     Estaba mareada, la cantina me daba cada vez más vueltas.
     Levántate, boba.
     Ni siquiera pude responder a mi propio insulto, porque lo único que salió por mi boca fue un chorro de vómito incontrolable.
                                  

RESUMEN


ACLARACIONES
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#23
Me recuperé rápidamente del golpe enemigo, me había supuesto más placer que dolor, Balban estaba disfrutando de la situación como un criajo, decir que yo no, sería mentir, aunque posiblemente disfrutase por culpa de las malas influencias del diablillo. Una vez recuperado volví a darle otro puñetazo con todas mis fuerzas al guardia al que acababa de pegar, el cual parecía no estar consciente en el momento del segundo puñetazo, fue otro golpe de los que te llenan el cuerpo entero de buenas sensaciones, entonces me giré a mirar a los demás guardias y alguien los había derrotado, desde luego que ni Balban ni yo habíamos sido, pude fijarme en como Maeve derribaba al último y acto seguido se ponía a vomitar, me acerqué a ella.

— Te habrás quedado a gusto... y con hambre - le di un par de golpes en la espalda - no te preocupes, ver tanta violencia junta afecta así a mucha gente pero te acostumbrarás ¿me entiendes?
— Oye y que nos ha quitado protagonismo, que es eso de encargarse de todos los demás ella solita.
— A lo mejor nos pasa por cínicos, Balban - susurré a mi hombro

Los civiles que allí descansaban y tomaban algo no pasarían por alto la trifulca, uno de ellos intentó salir corriendo, mala opción teniendo en cuenta que estábamos casi bloqueando la puerta, aprovechando la carrera del pobre tipo, le asesté un puñetazo en la cara que lo tumbaría del tirón a dormir en el suelo de sucia madera.

— Buen golpe 
— Me había quedado con ganas de más ¿me entendéis? bueno, y ahora que hacem-

No acabé de hablar y el ser tras la barra amenazó con llamar a más guardias si no nos íbamos de inmediato del local.
— ¡Y que no os vea JAMÁS por aquí! ¡Se quienes sois!
— Bueno chicas ¿Qué os parece si lo decidimos mientras salimos de aquí?

Esbocé una sucia sonrisa de pez

Resumen
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#24
Leyenda



- ¿Qué acaba de pasar? - me pregunté a mí misma, al ver que el guardia frente a mí caía al suelo. Parecía como si algo le hubiera agarrado del cuello y hubiera tirado de él.

- Vaya, yo que empezaba a divertirme - suspiré, bajando a Mandarina y haciendo que entrara debajo del abrigo nuevamente. Escuché entonces un puñetazo a mi lado. Cuando me giré para ver qué ocurría, todo comenzó a darme vueltas.

- Esta vez no me he dado ningún golpe en la cabeza - pensé, frotándome los ojos. Posiblemente se debía a haberme girado demasiado rápido.

Vi a Peteiro junto a Maeve, la cual parecía no estar pasando un buen rato. Me acerqué, con cierta dificultad. Al escuchar al señor tras la barra echarnos, decidí ayudar a la mujer a levantarse.

- Salimos antes si te ayudo a levantarte, Pandita. - propuse. En mi cabeza sonaba genial, pero tan pronto me agaché me di cuenta de que había sido una mala idea. Una idea pésima, de hecho. Con la cabeza abajo sentía como si esta me fuera a explotar por momentos. Me costaba mantener el equilibrio, y en aquella situación no creía siquiera que pudiera levantarme por mí misma sin ayuda.

Cada segundo que pasaba en esa posición me parecía toda una eternidad. Ahora, incluso comenzaba a sentir náuseas. Tenía que levantarme ya, o yo iba a acabar en el suelo igual que ella. Agarré a la mujer por los costados, para de esa forma levantarla con más facilidad.

- A la de tres - suspiré, nerviosa - Una, dos y,... - antes de decir tres utilicé todas mis fuerzas para levantar a Maeve y ponerme de pie en el proceso.

Como era de esperar, no estaba yo para medir mi fuerza, y mucho menos para mantener el equilibro. Con la misma velocidad con la que me levanté, me fui directamente al suelo, cayendo con un golpe seco. Para mejorar todavía el asunto, Maeve cayó justo encima de mí, sentada sobre mi abdomen. Me quedé mirando al techo, intentando recobrarme del duro golpe, mientras Mandarina maullaba nervioso.

- Creo, Pandita, que me vas a tener que ayudar a levantarme tú a mí- dije, acariciando la cabeza al pequeño animal con intención de calmarle.






Resumen


Importante
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#25
     Quizá Peteiro no quiso golpear tan fuerte mi espalda: dado su tamaño, y en comparación con el mío, era fácil que no ajustase su fuerza. No creí que fuese a propósito porque sus palabras, por una vez, fueron amables hacia mí. Quise responderle que la violencia no me afectaba en absoluto —pocas situaciones violentas conseguían herir mi sensibilidad—, pero una nueva arcada se tragó cualquier palabra.
     Como el puñetazo que se tragó el desgraciado que quiso huir corriendo. Cayó cerca de mí y pude ver su fea cara dos veces, cortesía de un par de cervezas mal bebidas.
     Luego, gritos. Nos estaban echando, parecía. Que sabía quiénes éramos, dijo el tipo tras la barra. Bien, es la idea, me dije con una sonrisa borracha. Y pensar que al comenzar la velada llevaba una capucha puesta... Pensar: qué tarea tan difícil en esos momentos.
     Entonces, noté cómo alguien se acercaba a mí. Por el nombre que utilizó, supe de inmediato que se trataba de Eaa. Bueno, por eso y por su voz. Qué lentitud de cerebro el mío. Me agarró por los costados —no toques, por qué tocas—, parecía que quería levantarme. Por el amor del mar, si mi cuerpo parecía un juguete entre sus manos. Pataleé en cuanto me levantó del suelo.
     Pero, siguiendo mi ridículo ejemplo, Eaa también terminó en el suelo. Ni tiempo tuve de preguntarme qué diablos estaba ocurriendo, porque la gravedad también tiró de mí. Otra vez. En esta ocasión, su extenso —en comparación conmigo— abdomen amortiguó mi caída. Quedé a horcajadas sobre ella, como si montase un caballo (un caballo gigante, por supuesto). O como si nuestro siguiente movimiento fuese a tener connotaciones sexuales. Entonces pensé que, si el miedo les dejaba, los gañanes de nuestro alrededor tendrían material para paja esa misma noche, y gratis. Y las gañanas, yo no me metía en las preferencias de cada quién.
     Me di cuenta de que, por centímetros, la pelirroja no había caído encima de mi vómito. Qué puto asco. Intentando no tambalearme demasiado, me puse en pie como pude tras recoger mi látigo. Miré a mi alrededor y traté de que mi vista no se desenfocara demasiado. Aquello era un cuadro: una tipa con cuernos ocupando gran parte del suelo de la cantina, un gyojin de dimensiones exageradas con más dientes que cervezas allí servidas, un puñado de guardias inconscientes (como mínimo) alfombrando el suelo mugriento, unos clientes disfrutando de un espectáculo que no habían pedido y un camarero haciendo aspavientos. Y yo, pero no quise pensar en mi papel en aquella esperpéntica obra. Bueno, no lo había hecho del todo mal teniendo en cuenta mi golpe maestro (por no reconocer que no había resultado patético de milagro).
     Al menos no me había manchado el pelo de vómito. Ni las manos. Eso sí que era todo un logro.
     Unos maullidos interrumpieron el disfrute de tan pintoresca obra de arte y miré a Eaa, quien también me hablaba.
     —¿Que te ayude yo a levantarte a ti? —Me gustó saber que no había perdido mi capacidad de habla. Arrastré las sílabas, pero una no es perfecta—. Creo que me sacas veinticuatro metros, sobreestimas mi fuerza, te decepcionarás. —Solté una risita.
     —¡MARCHAOS YA O LLAMARÉ A LOS GUARDIAS! —insistió a voces el camarero histérico. Se me asemejó a una urraca.
     —Están demasiado ocupados durmiendo, imbécil —le respondí. Acto seguido, le di una patada en la cabeza a uno de los uniformados. No fue personal (un poco sí), sino que elegí al que más cerca tenía—. Ups. —Su cuello quedó en una posición muy extraña como para ser compatible con la vida. Miré a Peteiro, yo luchando nuevamente contra el tambaleo—. ¿Ves? La violencia no me afecta. 
     Y me encaminé a la puerta que conectaba con el exterior. Necesitaba aire fresco y, a ser posible, una lluvia torrencial sobre mí.

RESUMEN
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#26
Comencé a salir por la puerta pero ninguna de las dos me siguió, entonces me giré y vi como, por lo menos Eaa, no tenía intención de levantarse, por no tener, no tenía intención ni de ser consciente.

— Venga joder, que todavía nos la lían ¿me entendéis?

Maeve hacía el esfuerzo de venir pero la borracha de confianza no, la agarré del pescuezo y la arrastré hasta fuera, eché una última mirada atrás antes de irnos y pude ver como el camarero se movía a algún lado, me metí prisa al verlo, el cuerpo de Eaa parecía sin vida, pero por el rastro que estaba empezando a dejar estaba claramente viva, éramos los Hansel y Gretel del vómito, al final conseguimos salir, rumbo a quien sabe donde y con intención de quien sabe qué.

— Con menuda gente más rarita y desequilibrada te juntas macho... - dijo Balban para coronar la noche


FIN
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#27
TEMA CERRADO
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