[Pasado] Resaca
#11
     ¿Peteiro me estaba amenazando? Tal vez alguien podría pensar que era un comentario desafortunado pero inofensivo, sin embargo, a mí me pareció que claramente me advertía de lo que podía hacer. "Te crees poderosa hasta que llega un pez más grande"; luego, su risa. Una risa desquiciada. Aquí el único pez era él (aunque, sí, más grande que yo) y claramente se estaba esforzando por buscarme las cosquillas. Me mordí la lengua para no responderle que lo convertiría en un espeto gigante si me las encontraba.
     Para mi sorpresa, después cambió el tono y respondió a mi pregunta. En realidad, debería dejar de sorprenderme de cualquier cosa relacionada con este señor acuático. Como, por ejemplo, que por alguna razón me confesase su intención de matarse llegado a cierta edad. Porque, sí, a todas luces había aludido al suicidio. No soy muy buena calculando la edad de un hombre pez por su aspecto y tampoco tenía seguro si era una broma o no, pero decidí no hacer alusión a su comentario. Si quería quitarse de en medio, sus razones tendría. Por ejemplo, que vivía en la miseria, según contaba. Me parece una buena razón para acabar hasta los cojones del mundo.
     Luego, sonrió. Con ese gesto podría helar la sangre de cualquiera. No surtió ese efecto conmigo. Le miré los dientes: estaba segura de que podía arrancarme un brazo de un bocado sin ni siquiera pestañear. ¿Ese gyojin tenía la capacidad de pestañear? Me fijé en sus inquietantes ojos, tratando de encontrar la respuesta a tan trascendental pregunta.
     —¿Peleas de gladiadores? —Regresé a la conversación de golpe. Solté una risotada—. No soy el espectáculo de nadie. —Un recuerdo repentino de mi época en el circo se me clavó en el pecho como una espina. Ya habían pagado lo suficiente por verme como si fuese un bicho raro (y para cosas mucho peores). Que lo era, pero no porque ellos así me etiquetasen. Ese privilegio es algo que hay que ganarse—. Supongo que mi siguiente paso es regresar al mar, seguir haciendo lo que mejor se me da y vivir una vida lo menos aburrida posible.
     Entiéndase "lo que mejor se me da" por robar, extorsionar, pelear, torturar, matar... Pero no es una revelación apropiada. Aunque algo me decía que el hombre pez no se escandalizaría si la escuchase.
      —Y, aunque me encanta esta isla, no tengo mucho más que hacer aquí. A no ser que vengan más guardias a ser cazados. En ese caso, cumpliré sus deseos con gusto.
     Mandarina estaba masticando otro trozo de aquel filete más duro que una piedra cuando su dueña se dignó a aparecer en el comedor. El gato abandonó mi hombro para regresar con la pelirroja enorme y esta, entonces, me abrazó.
     Me quedé muy quieta, sosteniendo la respiración. Si quisiera, Eaa podría apretar hasta el punto de cortarme el aire, pero su abrazo transmitía más cariño del que yo acostumbraba a recibir. Esto me hizo sentir aún más incómoda. Toda mi musculatura estaba rígida. Para colmo, me estaba agradeciendo haber cuidado de la criaturita.
     —Suéltame —exigí con voz grave, muy seria.
     De inmediato me liberó y se disculpó. Eaa era una muchacha que expresaba sus emociones de un modo que yo jamás haría, y me resultaba chocante. El hecho de que continuase utilizando nombres referidos a un panda cuando se dirigía a mí no arreglaba la situación. Sin mirarla, partí un trozo del asqueroso filete y me lo metí en la boca, masticando con asco.
     Pero, entonces, Eaa se cayó con una extraña pirueta y no pude sostener mi creciente y peligroso enfado. No pude evitarlo: rompí a reír. La pelirroja me amenazó con llevarme fuera para pegarme, y no dudé de que fuese capaz —tan solo tenía que recordar su agresividad el día anterior cuando aquellos mugrientos guardias quisieron joderla—, pero sus palabras me hicieron reír más. Mirándola, pronuncié una palabra sin sonido pero asegurándome de que me leyese los labios: karma.
     Durante el tiempo que tardó en ir a pedir y regresar, Peteiro y yo no continuamos con nuestra charla. Ambos seguíamos comiendo de nuestros platos de fantástico aspecto.
     Cuando Eaa volvió, comenzó a darnos explicaciones de lo sucedido en la habitación. Antes de que empezase a hablar, iba a soltarle algún comentario de su acrobacia para molestarla, pero me callé ante sus palabras. Puedo llegar a ser una hija de puta (y también literalmente, nunca conocí a mi madre biológica, tal vez fuese prostituta), pero no me salió tras la confesión de Eaa. Los fantasmas de cada uno pueden llegar a ser terriblemente jodidos, no sería yo quien pinchase ciertas heridas.
     —Yo tampoco me acuerdo de nada desde que salimos de la cantina, así que también me he sorprendido al haber visto que compartíamos habitación. Tranquila, pelirroja, solo hemos dormido. Creo. —Eché una mirada de soslayo al tipo pez. Quise cambiar el rumbo de la conversación, me generaba una extraña incomodidad verla sufrir a raíz de un tema como este—. No te preocupes, tampoco ha sido lo más raro que he visto de todas las veces que me he despertado acompañada. Nuestro querido Peteiro y yo estábamos hablando de nuestros siguientes pasos, lo que haremos al terminar esta pequeña e inesperada aventura de tres. ¿Qué vas a hacer tú, Eaa? ¿Vas a quedarte en esta acogedora ciudad o alguien te espera en algún sitio? 

RESUMEN
KARMAS RELEVANTES
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#12
Esta tía definitivamente está siempre de mala hostia, dijo que no se dedicaba al espectáculo a pesar de darlo y comentó algo sobre volver al mar.

— ¿Volver al mar? Ah, eres como yo, dejarse hundir en el vasto océano, añoro la vida marina, el humilde arenque, la noble gamba... ¿me entiendes?
— No estoy seguro de que se refiera a lo mismo que tú, Peteiro
— ¿Y a que otra cosa se va a referir? - dije a Balban, el cual está a junto a la jarra de cerveza, aún llena por algún motivo que no era capaz de entender - ¿Hoy no tienes sed? - dejé de prestar atención al pesado de little boy Balban y volví a mirar a Maeve.

Poco después llego la torpe torpe Eaa, desde luego que me podía llegar a creer lo de que "Pandita" no perteneciese al mundo del entretenimiento pero ni de coña me iba a creer que doña Red Velvet no lo hiciera. Cuando se acomodó preguntó si la cerveza era para Balban.

— Obviamente, yo no bebo - volví a mirar al diablillo pero ya no estaba junto a la birra - Hoy no tiene mucha sed, no se que le pasa, pero si, es un.jodido salvaje, a mi no me gusta la violencia pero el ¡AMA! - exclamé de forma exagerada - la ultra-violencia... pero de cierta forma le quiero

Cuernitos se fue un momento y confirmó mi pensamiento anterior de una forma ridícula, la mujer de Nosferatu se rió de ella, comprensible.

— Si que pasaron más cosas que dormir si...
— Lo que dice Balban, a parte de dormir vomitasteis, vomitasteis como si os dedicaseis a ello de forma profesional¿me entendéis?

Vaya dos individuas, pero a decir verdad... les estaba cogiendo algo de agrado, era divertido hablar con alguien más, la voz de Balban era algo que había oído tanto que podría decir que vivía dentro de mi cabeza... juejuejuejue

Resumen


Karmas
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#13
Leyenda


Me tapé la cara, enormemente avergonzada por las palabras de Peteiro. - Vaya espectáculo más lamentable habrás dado, Eaa. - Me dije a mí misma. - La supuesta chica refinada e inteligente, borracha como una cuba y en la cama con una desconocida, felicidades, cualquiera que te viera pensaría que eras una fulana. - era gracioso, y por gracioso quiero decir que me daba muchas ganas de llorar, cómo de alguna forma siempre encontraba una vía para autosabotearme.

Por suerte para mí, antes de que las lágrimas comenzaran a caer por mis mejillas la pregunta de la mujer me hizo desviar la atención.
- Nuestros siguientes pasos... - dije, pensativa. Miré a Mandarina, quien seguía olisqueando la comida. A decir verdad no tenía ningún plan. Lo único que sí quería hacer era visitar Ohara, la cuna del conocimiento, y era exactamente el lugar del cual había llegado. - Pues... - miré al techo. - Supongo que salir al mar otra vez. No sé - me excusé - Odio este sitio, a decir verdad. Es todo oscuro, no para de llover, tengo que secarme el pelo cada dos por tres, con lo que me cuesta ponerlo bien,... - comencé a quejarme, enumerando el gran sinfín de cosas que no me agradaban de Toroa. - Encima ayer estaba todo el suelo embarrado, y me llené de barro todas las botas. - señalé, enormemente molesta. - Pero la verdad es que llegué ayer. De hecho, lo único que he hecho en esta isla ha sido conoceros y dar un lamentable espectáculo. - concluí. - Bueno, y llenarme de mierda. ¡Que horror va a ser cuando tenga que lavar esta ropa! - una vez soltado todo me calmé un poco.

- Bueno, pensándolo bien, es posible que me quede por aquí un par de días... Así puedo ver si este horrible lugar tiene algo bueno que ofrecerme. - asentí. - Además, a Mandarina le habéis caído bien. - acaricié al gatito, el cual se tumbó y se puso a ronronear. - Creo que puedo hacer una excepción por mi pequeñín. - obviamente, no iba a admitir en ningún momento que me habían comenzado a caer bien estos dos, bueno, tres contando a Balban, aunque a este ni le conocía o si lo había hecho lo olvidé a causa del alcohol.

- Y bueno, después de eso supongo que volveré a mi vida de pirata. - otra vez mis voces internas volvían a jugarme malas pasadas. - Bueno, si se me puede considerar pirata contando que no tengo ni un barco y que viajo de un sitio a otro asegurándome de que las puertas de las habitaciones y camarotes donde duermo tienen cerraduras y funcionan. - me callé unos instantes.
- ¡Que hostias! - de alguna forma conseguí ganar a mis propias críticas. - Lo importante de vivir como un pirata es el mar, y que nadie te diga qué puedes y no puedes hacer. 



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#14
     Peteiro volvía a hablar con alguien a quien yo no era capaz de ver. ¿Seguro que no era un Tontatta? Ya había visto cómo Eaa se guardaba a Mandarina en el abrigo, tampoco sería muy descabellado pensar que un ser tan pequeño pudiera mantenerse oculto en algún lugar del traje del gyojin. Y se hubiese acostumbrado a su olor, por supuesto.
     No me sorprendió escuchar al hombre pez revelar que Eaa y yo habíamos estado vomitando la noche anterior. Me acordaba de haberlo hecho en la cantina, así que era de esperar que hubiese ido dejando un reguero de vómito en cualquier otro sitio. Esas cosas pasaban, no iba a darle más drama al asunto del que merecía. 
     Después, Eaa respondió a mi pregunta. Volver al mar, dijo. Reí en voz baja cuando habló de su dificultad para mantener el pelo en buenas condiciones en esta isla a causa de la lluvia.
     —Querida, la perfección no existe y cuanto antes asumas que la vida en el mar conlleva humedad y la humedad hace lo que quiere con el pelo, mejor te sentirás. Créeme.
     Luego habló de lavar la ropa. Y tanto. Necesitaba lavar la mía, y suerte que no parecía contener restos de vómito, pero olía a tabaco, alcohol y, en general, a tasca. Ojalá pudiera decir que, si no encontraba la oportunidad de lavarla pronto, me desnudaría, me metería en el mar y allí la adecentaría. Pero meterme en el mar acarrearía mi muerte, así que prefería oler a bareto, gracias.
     En mi fuero interno, me agradó saber que yo le gustaba a Mandarina. Era un gato encantador. Me gustaban los gatos negros. Los gatos, en general. Ese profundo desprecio con el que tratan a la Humanidad te hace pensar que, cuando son cariñosos contigo, es que eres el elegido. Y fui la elegida un rato, antes de que Eaa llegase.
     La confesión que Eaa hizo a continuación se hizo con toda mi atención: regresaría a su vida pirata. Pirata. Ladeé la cabeza y miré su pálido rostro. Nunca me habría imaginado a Eaa como pirata. Bueno, utilizar el término "nunca" es un tanto absolutista, y tampoco me descuadraba teniendo en cuenta que, si era necesario, rompía con su imagen casi angelical (a excepción de los cuernos) para reventar unas cuantas cabezas. Qué dualidad, me encantaba. Cuando hizo alusión a la libertad, a que nadie debía decirnos qué hacer o no, una sonrisa apareció en mis labios. Probablemente fuese mi sonrisa más auténtica desde que conocía a estos dos extravagantes seres. 
     —¿Sabes lo que es la vida pirata? Que si quieres cerraduras, las uses; que si no tienes barco, consigas otro medio para surcar las olas; que si tenemos que pegarnos con unos guardias puestas hasta el culo de alcohol, lo hacemos; que si queremos algo, lo buscamos y lo cogemos. Exactamente tus palabras: nadie debe dirigir nuestras vidas porque somos nosotras quienes manejamos el timón. Y nuestro tesoro más preciado, la libertad.
     Joder, qué oratoria tengo. Lo cierto es que, ante ciertos temas, surge mi vena más reivindicativa. Y mi forma de vida era uno de ellos.
     Yo tampoco tenía un barco, solía moverme de una forma... diferente. De hecho, había llegado a Toroa por mi propia cuenta y, lo confieso, había terminado bastante cansada. Otras veces, cuando tenía que cruzar grandes distancias, solía colarme en otro tipo de navíos. Sea como fuese, por ahora, no había necesitado más.
     —¿Y tú, Peteiro? —Miré a los perturbadores ojos del gran hombre pez—. Ahora que sabes nuestro secreto, ¿vas a denunciarnos a la Marina? —Reí. Realmente no creía que fuera de esos chivatos que les comen el culo a los marines, solo había que verlo contra los guardias. Si resultaba serlo, tal vez tuviese que cumplir su petición de darnos de hostias. Joder, esperaba no tener que llegar a eso.

RESUMEN
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#15
Pues ahí estaba, delante de dos piratas criminales de la criminalia, sinceramente, no me importa mucho lo que hagan los demás, ambas dieron grandes discursos, el de una complementando el de la otra, cuando acabaron, la criminal, que por estatura, se dedicaría a partir rodillas y robar pelusas, me preguntó y acto seguido echó a reír.

— Si... ¿Por qué no? - respondí lo más serio que una barracuda puede ser - y a ti también, leopardo rojo - dije mirando a Eaa, guardé unos segundos de silencio y di un gran golpe a la mesa - y luego me entrego yo JUEJUEJUEJUE - reí yo también finalmente. - Me guste o no hemos cometido crímenes contra el pueblo de Murkhold juntos, como mínimo os vais a llevar el que no comente el tema ante ninguna autoridad... ¡Nosotros somos la autoridad! Siempre he querido ayudar y velar por la justicia y durante mucho tiempo quise ser un Marine de esos pero joder, me toca darme cuenta de que no hace falta ir de azul y blanco para ser un justiciero - acabé de decir del tirón mientras me acomodaba mi americana blanquecina sobre mi camisa azul - ¿me entendeis?

— Si os lo montáis bien puede salir una buena alianza de toda esta mierda, eso si, tu les lideras, y con tu quiero decir yo.

La determinación llenaba mis sesos que anteriormente habían estado solo visitados por sangre y lo que sea que hay dentro de los sesos, a lo mejor por una vez este acto si que me iba a sacar de pobre.

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#16
Leyenda


Me sorprendí enormemente al escuchar las palabras de Maeve. A pesar de haber dicho prácticamente lo mismo que yo, era un hecho que su forma de decirlo era bastante más inspiradora. Y vaya que me había inspirado. Después escuché las palabras de Peteiro, cómo este hablaba de su sueño ¿truncado? de ser marine, y de cómo no hacía falta ser un marine para impartir justicia. Realmente eso me hizo creer, por primera vez en mucho tiempo, que cumplir mi sueño era algo posible. Una ancha sonrisa de felicidad se dibujó en mi rostro.

- Quién lo diría, Peteiro. - sonreí. - Seguro que vas a ser un gran justiciero, aunque espero que no me intentes ajusticiar a mí, o si no voy a tener que pedirle a Mandarina que me proteja - me reí, cogiendo al animal y poniéndolo entre medias de ambos.

- Pues a mí me gusta leer. - expuse, mientras analizaba brevemente la cantina. Al entrar no me había fijado en nada, pero ahora que miraba con detenimiento y no me dolía tanto la cabeza, me di cuenta de que había un escenario a un lado. A decir verdad, parecía más un lugar pensado para albergar actuaciones que una cantina. Volví en mí tras unos segundos de mirar el local. - Perdón. ¿Por dónde iba? - pregunté, recobrando el hilo por mí misma casi al instante. - Ah, sí, cierto. Pues a mí me gusta leer, me encanta, de hecho. Siempre he querido leer todos los libros. - miré a Maeve, la cual estaba aguantándose la risa. - Sé que es imposible, por ello pensé en venir a Ohara, y ver el árbol del conocimiento y todo el saber que guardan allí. - Me quedé pensativa unos segundos, recordando mi estancia en aquella majestuosa biblioteca. - Pero cuando la visité me di cuenta de una cosa. Lo realmente apasionante de leer libros es conocer también el contexto de dónde los escribieron. - miré al techo. - Por eso voy a viajar para leer todos los libros que pueda, y conocer las historias detrás de ellos. - Me acordé entonces de que no había visitado ninguna biblioteca en la ciudad, por lo que me pinté una equis en el dorso de la mano izquierda, en la zona entre el pulgar y el índice. Vi entonces a Mandarina, quien me maullaba.  - Bueno, vamos. - me reí, levantándole para darle un suave beso, aunque cuando le dejé nuevamente en la mesa se dirigió hacia mi compañera de pelo blanco. - Y tú Maeve, ¿qué quieres hacer?, además de cargarte guardias, claro - pregunté con cierto tono de burla, intentando de esa forma ocultar la gran curiosidad que tenía por conocer el sueño de esta, una vez conocido el de Peteiro.

- Por cierto - interrumpí a Pandita antes de que comenzara a hablar, puesto que acababa de recordar algo que escuché la noche anterior. - Escuché ayer algo de dos guardias y tres osos mientras venía. - expliqué. - ¿Tenéis alguno alguna idea de lo que ha pasado? Espero que no sea que dos guardias han cazado tres osos. Si no  voy yo misma y me los cargo. - hablé enfadada, antes de pedirle perdón a Maeve y pedirle que continuara.




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#17
     Alcé las cejas ante la intervención de Peteiro.
     ¿Quiso ser marine? ¿Ha utilizado la palabra "nosotros"? ¿No hace falta vestir de azul y blanco pero él viste de azul y blanco?
     Vale, esta última observación es estúpida en comparación con lo que pude extraer de su discurso. No confirmó que era pirata, pero tampoco que no lo era. Y no sé si pirata o no, pero criminal seguro. Los criminales me caen bien, excepto aquellos que no me gustan, que suelen ser pocos. Y si no me gusta un criminal es, o bien porque interfiere con mis intereses, o los suyos obedecen a la puta Marina o al puto Gobierno a escondidas, o que simplemente son gilipollas. Son las razones más habituales. Y ni Eaa ni Peteiro parecían cumplir ninguna de las tres (aunque, al principio de conocerlos, tuve mis dudas sobre la tercera razón).
     No lo pude evitar: sentí una punzada de orgullo por ambos. Traté de ocultarlo, claro, pero creo que se me escapó un poco a través de mi renovada sonrisa.
     Eaa volvió a hablar sobre su gusto por la lectura. Recordaba que lo había mencionado la noche anterior, antes de nuestro famoso despliegue de hostias. Aguanté la risa. No porque me pareciera ridículo o absurdo lo que ella contaba, sino porque me chocaba en gran medida que una tipa tan grande (yo seguía convencida de que algo tenía que ver con los onis, pero aún no le había preguntado) y que podía llegar a ser tan bestia, disfrutase con los libros. En especial, cuando los libros quedaban diminutos entre sus manos. Así que, por respeto a su sueño, conseguí no reírme.
     No se debe reír ante los sueños de nadie.
     Y a Eaa verdaderamente le brillaban los ojos al hablar del suyo.
     Nunca me había dado por la lectura, pero reconozco que debe de ser interesante conocer otras realidades de tiempo y espacio con solo acceder a unas páginas. El conocimiento es poder, no lo olvidemos. Tal vez me aplique eso algún día.
     Entonces, me preguntó sobre mis pretensiones. Mi sueño.
     Me quedé rígida unos instantes. ¿Cuál era mi sueño? ¿Un tesoro? ¿EL tesoro? Al fin y al cabo, es una de las máximas para un pirata. Quizá. ¿Oro, plata, joyas, piedras preciosas? Sí, ¿a quién no le gustaría? Pero son demasiado banales como para llamarlas sueño. Libertad. Ya lo he dicho. ¿Es la libertad un fin en sí mismo o un medio para conseguir un sueño?
     ¿Cuál demonios era mi sueño?
     —Dejar huella. Que mi paso por este mundo no sea fútil, que signifique algo —me sorprendí diciendo. Noté cómo el calor ascendía a mis mejillas ante tan íntima revelación. ¿Por qué lo había dicho en voz alta? Pero, en lugar de callarme, proseguí—: Y sin que nadie me diga cómo debo hacerlo.
     Un fantasma suele ser invisible a los ojos, cuya existencia pasa desapercibida para los demás, convirtiéndose tan solo en un eco de lo que alguna vez fue. "Dama Fantasma", me llamaban a mí. No quería llevar una vida invisible y marcada por las pautas de los demás. Y la vida pirata ponía, entre otras cosas, todo esto a mi alcance.
     Me había sonrojado, lo sabía. Y odiaba profundamente que me viesen así. Desvié la mirada durante un instante, buscando cualquier mierda sobre aquella mesa de madera que me resultase interesante, pero no encontré nada. Así que me centré en la segunda pregunta que Eaa había hecho antes de que yo comenzase a hablar.
     Dos guardias y tres osos.
     Parecía el inicio de un chiste: "Iban dos guardias y tres osos cuando..." Pero yo no era de contar chistes, aunque me hizo gracia. Me permití relajarme ante la idea y esbocé una sonrisa de medio lado, esperando que esta volatilizara cualquier resto rojizo sobre mis mejillas. Se lo contaría, ¿por qué no? Ninguno de los dos se llevaría las manos a la cabeza, escandalizado.
     —Claro que sé lo que ha pasado, yo estuve allí. —Hice una pausa dramática para darle un estúpido misterio—. Estaba tranquilamente con una cerveza en la taberna Los Tres Osos y vinieron unos guardias a tocarme los ovarios. Total, que... ¡sorpresa! Hubo pelea. Me cargué a dos de ellos, murió un civil (esta vez no fue mi culpa) y no sé qué pasó con el tercer guardia. Si está muerto o no, me la suda. —Me levanté la manga izquierda para mostrarles mi herida de guerra—. Esto no es de ayer, ni más de la mitad de los moratones que tengo bajo el resto de la ropa. Ese es el resumen del chisme que has escuchado. Tranquila, nadie a matado a ningún oso. Que yo sepa. —Bebí de mi vaso de agua (hacía un rato que había terminado mi asqueroso filete) y, aunque aún notaba los estragos del alcohol de la noche anterior, me estaba apeteciendo una nueva dosis—. En fin, tampoco es como si fuese lo peor que he hecho en mi vida. —Levanté la mano y llamé la atención del camarero, a quien pedí tres vasos de whiskey. Que le follen a la resaca—. ¿Qué es lo más jodido que habéis hecho, vuestro peor crimen?
     Si ninguno se negaba a contestar (podía ocurrir que no quisieran, mi pregunta era afilada), la conversación podría llegar a ser muy interesante. Y con ese mismo interés los miraba yo ahora, intensificado por la nueva información que sabía de ellos.

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#18
Preguntas y respuestas, fue el turno de Maeve, se le ve muy ambiciosa y muy segura de si misma, yo también lo sería si... un momento, yo ya lo soy, acto seguido Eaa preguntó algo sobre los tres ositos, siempre me había confundido, desde que tengo memoria, nunca me quedaba claro si los tres ositos eran los de las casas de paja, madera y ladrillos o los de aquella historia donde una niña se les come la sopa, mientras yo pensaba en estas dos historias ellas hablaban, mi capacidad de concentración es reducida, sobre todo con incógnitas así, quiero decir ¿por qué un osezno construiría una casa? Si, existe "gente", por llamarlos de alguna forma, que pueden llegar a ser animales, también existen esas frutas que cuando te las comes te transformas, pero no se, si se suponen que eran hermanos podían haber unido fuerzas y construir los tres una casa mejor, aunque pensándolo mejor, creo que los de las casas eran cerditos.

Ricitos de oro acabó de hablar sobre los tres ositos, no me había enterado de nada pero se que me estaba dirigiendo la palabra con su siguiente pregunta.

— ¿Lo peor que he hecho? - me quedé pensando.
— Fácil, nacer.
— No te falta razón, una de las peores cosas que he podido llegar a hacer fue nacer - rimé sin querer puesto que con infinitivos es fácil - aunque si hablamos a parte de nacer, no se, una vez me comí un perro callejero, quiero decir, si está en la calle es de todos ¿me entiendes? tampoco he sido nunca una mala persona.

Desde hace unos minutos estaba empezando a sentirme mal, como febril, mis pensamientos estaban desvariando más y más.

— ¿Y vosotras? No me lo digáis, Maeve una vez mató a todas las personas de un pueblo o algo así y Eaa no dio de comer a su gato JUEJUEJUEJUEJUE - reí tras los comentarios burlones

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#19
Leyenda


- Dejar huella - me quedé en silencio un rato. Pensándolo bien, en parte yo también quería dejar huella. Por un lado quería que la gente me reconociera, poder demostrar que era más que un simple objeto de entretenimiento, pero por el otro lado todo aquello me daba mucho miedo. Sabía que cuanto mayor fuera mi fama más probabilidades había de que aquel noble del que me escapé me encontrara. Me encogí levemente, sintiendo un escalofrío recorrer mi columna. Vi entonces a la otra mujer pedir tres vasos de whisky. - Perdona, tráeme a mí una copa de vino, por favor. - sonreí al camarero. - ¿Qué? no me mires así. Yo no soy una salvaje como tú - dije, con un notable tono de burla. A decir verdad, nunca había probado el whisky, pero tampoco me inspiraba demasiada confianza.

Tras la pregunta de Maeve vino la respuesta de Peteiro.
- Nadie ha hecho nada malo naciendo. - miré, enormemente molesta al gyojin. - Da igual quien sea, nacer nunca es algo malo. - ante esa situación me era imposible recordar mi pasado. Como mi padre biológico, al ver que mi pelo y piel eran blancos como la nieve, trató de acabar con mi vida y al impedírselo mi madre, nos abandonó a ambas. Estaba tan absorta en mis pensamientos que ni siquiera escuché el comentario acerca del perro. - No vuelvas a pensar eso nunca más - le dije, mirándole fijamente, casi como si fuera una amenaza.

Tras eso me tocaba a mí hablar sobre mis crímenes. - La verdad es que seguro que no he hecho cosas tan malas como vosotros. - me quedé pensativa. - A parte de robar, no se me ocurre gran cosa. - entonces, al ver a Mandarina me vino a la cabeza la noche en la que lo encontré.

- Bueno, creo que un día maté a alguien. - no es que me gustara hablar de ello, pero tampoco era algo que fuera a tratar de ocultar. - Que conste que no estoy segura de que estuviera muerto, y que encima fue él el que entró a mi habitación mientras dormía, y al que le pareció una buena idea... - no terminé la frase. - Cuando salí corriendo de la habitación aquel desgraciado estaba en un charco de sangre, así que posiblemente sí que estuviera muerto. (Esto es una referencia a este post)

Me quedé haciendo memoria un rato. - Creo que esa era la única persona que he matado nunca. - continué con mi explicación. - Sí que he partido la cara a más de un gilipollas, pero siempre ha sido en defensa propia. Como aquella vez que dos pervertidos intentaron espiarme por la cerradura, o ese que me siguió hasta la biblioteca, o esa vez que creyeron entre seis que iban a poder conmigo, o también esa vez... - tras algo más de dos minutos de enumeración interrumpida, en la que iba narrando mi vida a través de "peleas" con gente despreciable, llegué hasta el punto en que me escapé. - Bueno, hay una cosa más, la peor, pero te vas a quedar con las ganas de descubrir esa - le sonreí a la albina, para después echarme hacia atrás, con las manos detrás de la nuca. Apoyé las piernas sobre la mesa, lo cual Mandarina aprovechó para venir hasta mí, subiéndose en mi cabeza. Se tumbó, hecho una bolita, y se puso a dormir. - Da igual si insistes, no te lo voy a contar. - hablaba como si tratara de hacerme la interesante, pero hablaba completamente en serio. Posiblemente podía ser catalogado como mi peor crimen, pero era algo que iba a tratar de mantener todo lo oculto posible, sin importar la situación. Sabía perfectamente que si alguien descubría aquello, al igual que la marca de mi hombro derecho, no solo iba a burlarse de mí y mirarme con un infinito desprecio, si no que las probabilidades de que se lo contara a alguien y volviera a vivir aquel infierno iban a ser bastante grandes.

- ¿Y tú, Pandita? - pregunté con el mismo tono de burla. - ¿Qué crímenes has cometido tú? - me acordé entonces. - Espera, que seguro que voy a tener que apuntarlos o si no se me van a olvidar de tantos que son. - saqué una pequeña libreta del bolsillo interior de mi abrigo, así como algo para apuntar. - Vale, voy a apuntar intento de homicidio. Dos veces. A mí. Ayer y hoy, intentando matarme de un infarto.




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Karmas
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#20
     Desde luego, la respuesta de Peteiro me extrañó. ¿Tan baja era su autoestima que consideraba que su mejor error era nacer? Sus demonios debían de ser muy jodidos. O su vida. O ambos. Que se hubiese llegado a comer un perro callejero ya coincidía más con la imagen que tenía de él. 
     —No maté a todas las personas de un pueblo —protesté, aunque, de algún modo, que me atribuyese algo así me hizo sentir un orgullo perturbador—. De momento. —Me vine un poco arriba, como si fuese un gallo de corral. No soy tan despiadada, pero por algún motivo, no lo dije.
     Eaa volvió a llamarme salvaje. Sé que aludía al whiskey, pero mi anterior pensamiento me hizo no corregirla. No era algo que me ofendiese, por otra parte. Al fin y al cabo, el vino emborrachaba de la misma manera.
     Que la chica enorme también hubiese matado a alguien tampoco fue sorpresa, y menos en las circunstancias que relató. Los tres éramos unos desgraciados de cuidado. No me preocupaba lo más mínimo. Incluso cuando la muchacha alegaba que sus ataques, que por su interminable lista no eran pocos, siempre habían sido en defensa propia. No la creí. Es decir, era muy posible que hubiese tenido que defenderse en muchas ocasiones, pero encontré cierta satisfacción en su forma de hablar.
     —Eaa, te gusta la sangre tanto como a nosotros, solo que no te permites reconocerlo. —Hacía un par de minutos que el camarero había servido nuestras consumiciones y le di un trago largo al whiskey antes de continuar—: Y no te preocupes, no te voy a insistir, tengo paciencia, nos lo terminarás contando en algún momento. —Me dio la sensación de que era precisamente lo que quería, que insistiéramos. A continuación, le guiñé un ojo mientras acercaba el vaso de nuevo a mis labios. Esta vez había comido, no volvería a sucederme la estupidez del día anterior.
     Y dale con Pandita.
     Sacó una libreta haciendo la broma de apuntar mis crímenes. Cuando decía "libreta", se refería a un cuaderno de tamaño estándar, solo que en sus manos quedaba mucho más pequeño. Me habría resultado útil algo así para llevar mi propia cuenta, pero nunca se me había ocurrido hacerlo. Sonaba un tanto desequilibrado, como cuando los asesinos en serie se guardan objetos o partes de sus víctimas para añadirlos a su colección de trofeos.
     —No los he contado, pero yo no apuntaría los intentos de homicidio, más bien los asesinatos. No recuerdo cuántos van. —Miré hacia los lados, nadie parecía estar prestándonos atención a pesar del grupo pintoresco que formábamos: estábamos rodeados de gente extraña, no destacábamos—. Además de allanamiento de morada, robos, extorsiones, torturas... —Miré hacia otro lado, abandonando el presente durante un momento para viajar muchos años atrás. Había varios delitos que podía elegir como "el peor", pero uno acudió a mi mente sin ser llamado, así que supe que era el que tenía que decir—: ¿El peor? Quemé viva a un grupo de gente. Me traicionaron.
     No quise dar más detalles. Debajo de todo el odio que sentía, yacía una herida que no quería ser reabierta. 
     La culpa era mía por haber preguntado en mi primer lugar.
     Quita esa cara de mierda, que te van a preguntar que si estás bien, me recriminé. Estaba perfectamente. Al menos, si no pensaba en ello.
     —Oye, Eaa, tengo una pregunta para ti —continué de pronto, cambiando de tema de forma brusca—. Eres oni, ¿verdad? O, al menos, tienes relación con ellos. Me lo llevo preguntando desde que te conozco, pero igual quedaba feo decírtelo antes. Por los cuernos y la altura, aunque me esperaba que los onis fuesen más altos.
     También tenía una pregunta para mi querido acompañante marítimo, pero me esperaría a la respuesta de la pelirroja. Hay que ser ordenada.
     
RESUMEN
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