[Aventura Grupal T2]El incidente de Ciudad Murkhold
#11
La adrenalina aumentaba con cada golpe y no me refiero solo a los que yo estoy dando, me propiciaron una buena hostia y eso solo hizo que tuviera más ganas de seguir luchando.

— ¿Eso es todo? El dolor es momentáneo, podéis hacerlo mejor, no me hagáis pedíroslo por favor ¿me entendéis? - les dije a los débiles piratas de la banda PUAJ.
— Qué penoso, si hasta tú les has pegado mejor - replicó Balban.

De alguna forma las hirientes palabras del mi amiguito endiablado me animaban a seguir, entonces mis compañeras hicieron una extraña acrobacia digna del circo de la lluvia, no he visto nunca el sol, en Tokoa no sale, no sé si existe.

— Tío, espabila gilipollas, que estamos en una situación de aquellas. - dijo con un raro acento Balban.

Entonces le hice caso, me puse en la situación de aquellas, no sé de qué aquellas, pero me puse. Vi como Maeve tiraba a unos cuantos imbéciles, porque no tienen otro adjetivo, bueno sí, débiles, quizás también prepotentes, bueno, este último adjetivo en realidad no tenía mucho sentido.

— Se acabó, me toca, no aguanto más tus desvaríos.
— ¡No! Aún no, ya me centro... ya me centro...

Me concentré y me dispuse a ayudar a mis ¿amigas?, aquellos piratas del vómito tenían la mirada clavada en el pescado mas fuerte de la isla, les fui soltado hostias uno a uno, desencajando una mandíbula, partiendo un par de columnas, intentando meter los dedos en los ojos de uno de los piratas, entonces uno de ellos cayó al suelo.

— ¿Vas a dejarlo ahí?

Por supuesto que no iba a hacerlo, me abalancé contra el y comencé a darle puñetazos en la cabeza, sin parar, ensañándome, pegándole puñetazos a lo que ahora era un suelo lleno de vísceras y sangre arrodillado sobre el cuerpo de aquel ex-pirata.

— ¡¿DE QUIÉN ES ESTA VOZ?! ¡¿DE QUIÉN ES ESTA VOZ?! Es mía chaval ¡ES MÍA! - dije hasta las cejitas de adrenalina y a puro grito pelao.

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#12
Atributos Personaje


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Tan pronto escuché la petición de que estirara el brazo izquierdo lo hice sin dudar. Los días que había pasado en esta lúgubre isla me habían enseñado varias lecciones, y una de ellas era que podía fiarme de lo que estos dos dijeran. Mantuve el brazo en alto, a pesar del peso extra que suponía la otra mujer, aunque a decir verdad tampoco pesaba tanto. Al ver su espectacular pirueta sonreí, mientras esta se agarraba a mi hombro. Estar rodeada de piratas hizo que las palabras de Maeve me pillaran completamente desprevenida. Escuchar una dulce voz tan cerca de mi oído ocasionó que todos y cada uno de los pelos de mi mitad izquierda se erizaran, comenzando con el cuello, y expandiéndose por mi blanca piel a la velocidad del rayo. Parándome a pensar, el tono de voz de la mujer ni siquiera era dulce, y tampoco debería importarme lo más mínimo, pero tres palabras bastaron para provocar aquello. Y lo peor de todo era que estaba muy segura de que llegan a ser cinco y posiblemente estuviera en el suelo.

- Ni lo sueñes - acerté a decir, extremadamente nerviosa y roja como una langosta recién cocida - Te cuento tres y das gracias. Si quieres más te lo tendrás que ganar. - Me quedé unos instantes callada. - ¿Pero qué dices, so lela? - pensé, asimilando lo que acababa de decir.

De repente me llamó la atención cierto barullo que venía de uno de los edificios que había en la calle. Estos se encontraban en la parte de la calle opuesta al puerto. Eran varios edificios pequeños, entre los que había casas y pequeños comercios. Me fijé mejor, viendo que el ruido venía de una pequeña lonja en la cual se refugiaban varias personas, huyendo de los piratas.

Esa pequeña distracción me permitió volver en mí, y lo primero que vi fue al gyojin hacer puré de forma literal a uno de los piratas, tras dejar para el arrastre a una docena de ellos. Flexioné mis rodillas levemente, echando el brazo derecho un poco hacia atrás, mientras una ligera sonrisa se dibujaba en mi rostro.

- Agárrate Pandita, que esto se va a mover. - le dije con cierto tono de burla. Con un rápido movimiento, pegué nuevamente otra patada a los piratas que me rodeaban, tratando de mantener el tronco lo más rígido posible, para que la otra mujer no se cayera. - Apunta diez - me burlé de ella mientras volvía a una posición defensiva.

- ¿Espera, vienen más? - me acordé entonces de las palabras de la albina. - ¿Qué me das si me cargo a todos aquellos? - pregunté, completamente segura de mí misma, señalando hacia el final de la calle.




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#13
La tormenta rugía con más intensidad, el viento y la lluvia azotaban las calles de Murkhold, añadiendo un telón de fondo apocalíptico a la situación caótica que se desataba. Maeve levanto la mirada hacia el puerto, viendo un mascarón de proa que llamó su atención, algo casi hipnótico, pero también vio que entre la horda de piratas que llegaba, una monstruosa silueta sobre salía del resto, La horda de piratas, liderada por el imponente hombre de 9 metros, avanzaba rápidamente hacia el final de la calle donde se encontraban Maeve, Peteiro y Eaa. La visión de ese coloso humano provocaba un escalofrío incluso en los corazones más valientes.

El grupo de protagonistas, compenetrándose venciendo a casi todos los piratas anteriores, se preparaba para el siguiente enfrentamiento. Maeve, con su látigo en mano y en el hombro de Eaa, Peteiro emanando furia asesina mientras destripaba con cierto placer a un pirata y Eaa demostrando su destreza en combate, estaban listos para lo que fuera que se avecinara.

OST para el resto del post

 Los ocho piratas restantes, aterrados por la violencia desatada, intentaron huir, pero un golpe desconcertante proveniente del kanabo del gigante los envió volando por los aires, incapaces de escapar de su destino.


Físico de Waj


El gigantesco hombre moreno, con barba descuidada y un parche en su ojo derecho vociferó mientras blandía el kanabo con su mano derecha "¡COBARDES!" golpeando a los 8 piratas que trataban de huir y mandándolos literalmente a volar.

El coloso, se planto a tan solo dos metros del grupo, con su figura imponente y con una voz que resonaba como un trueno, se dirigió a los protagonistas.
Miro a Peteiro a los ojos "Peteiro Gorgullo 4.000.000" acto seguido miro a Eaa. "Eaa 6.300.000" y acabó posando su ojo sobre Maeve. "Y la "capitana" Maeve Knox, 14.700.000."  

Se le notaba visiblemente molesto mientras puso énfasis en la palabra capitana y pronunciaba el nombre de Maeve. Mientras sostenía su kanabo con la mano derecha, dejándolo apoyado sobre su hombro derecho, como si estuviera listo para soltar un golpe en cualquier momento.

"Soy el Capitán Waj, el jefe de por aquí y estáis llamando demasiado la atención por mi mar, pero como veo que sois muy capaces" dijo mientras miraba los cuerpos destrozados de sus secuaces. "os voy a dar una oportunidad, uníos a mi tripulación y trabajad para mí."

Hizo una pausa mientras volvía a mirar a cada uno en el mismo orden hasta acabar mirando de nuevo a Maeve.

"La otra opción, es la muerte."

El gigante continuó observando con firmeza, esperando la respuesta de Maeve.

"Y bien, ¿qué va a ser?" Sentenció el capitán Waj.

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#14
PERSONAJE


MISMO OST PARA CONTINUAR LA ESCENA

     Desde el hombro de la semi oni pude ver cómo Peteiro vencía a buena parte de nuestros enemigos, destrozando a uno de ellos de un modo brutal, dejándolo como un pelele roto, deshecho. Tal fue la bestialidad de sus actos que la sangre ascendió por los aires como una lluvia invertida, rivalizando con el agua que descendía, cristalina, hasta el suelo; la lluvia, fiera, trataba de limpiar los restos de la masacre, pero no podía, no se lo permitíamos. Un rastro de muerte tan feroz como la tormenta que castigaba los cielos.
     Eaa se deshizo de otro puñado de piratas. Encima de ella, me sentía como si aconteciese un terremoto bajo mis pies. Me había advertido, mantuve el equilibrio. Al localizar a aquellos que se aproximaban corriendo hacia nosotros, la pelirroja me habló, siguiendo con aquella especie de broma, de reto. Pero este fue cortado de forma súbita ante una aberrante aparición.
     Un ser monstruoso emergía de entre la neblina, atravesando la cortina de lluvia con su caminar imponente. Su altura desmesurada podría llegar a eclipsar el sol si Toroa no lo tuviese cautivo tras sus nubes perpetuas. Peteiro y Eaa se convertían en meros muñecos a su lado. Yo, en apenas un alfiler.
     Un escalofrío recorrió todo mi ser cuando, mediante un golpe cruel, barrió al resto de piratas que, hasta hacía unos minutos, habían luchado contra nosotros como —indignos— adversarios. Sobrevivir a tal arremetida con un kanabo de tales dimensiones sería toda una proeza para aquellos desgraciados.
     Joder, era su propia gente.
     El colosal tipo se colocó cerca, muy cerca, a apenas dos metros. Tuve que mirar hacia arriba como si me encontrase frente a una torre. Sobre el gris oscuro de las nubes, un nuevo relámpago: iluminó su ojo izquierdo, clavado sobre nosotros con recalcitrante intensidad.
     Uno por uno, pronunció nuestros nombres, seguidos de las recompensas que se ofrecían por nuestras cabezas. 
     Capitana. 
     Mi nombre. Su furia.
     ¿Capitana? No me atreví a mirar a mis compañeros porque los segundos desperdiciados ante aquel ser podían traducirse en consecuencias fatales. ¿Capitana de qué? Ni siquiera formábamos una banda pirata, tan solo éramos tres desadaptados unidos por la casualidad en una ciudad de malhechores. Mi recompensa me había precedido, asentando unas bases ante ojos ajenos.
     Siempre creí que gran parte de lo que uno es se debe a lo que los demás piensen de él. Existimos en la mente de otros según cómo nos dibujan y eso determina lo que esperan de nosotros.
     Y las oportunidades están para aprovecharlas.
     Se presentó. Capitán Waj. Nos halagó y... intentó reclutarnos. Trabajar para él, dijo. La otra alternativa era la muerte, dijo. Tras devorarnos con la mirada, me preguntó a mí. 
     ¿Trabajar para alguien? ¿Yo? No sería la primera vez, pero hacía mucho tiempo que gobernaba mi propio destino. Un capitán pirata ya había intentado joderme en el pasado y no volvería a pasar por eso. Así que, puestos a que otro me jodiese otra vez, que fuese peleando. 
     La amenaza era clara.
     Pero... ¿podía yo decidir sobre la vida de Peteiro, de Eaa? 
     Decisiones: la clave para conseguir la libertad.
     ¿Quería Waj jugar? Jugaríamos. Interpretaría el papel que me había asignado, esa sería mi decisión. Que Eaa y Peteiro apostasen por la suya.
     —¿Tu mar? —me burlé. La adrenalina se apoderó de mi cuerpo, excitándome ante la promesa de muerte si dábamos cualquier paso en falso; desde el hombro de Eaa miré el kanabo y, de nuevo, su ojo—. ¿Crees que puedes llegar aquí y hacernos hincar rodilla? —Aún cuando la diferencia entre estaturas era absurdamente abismal, incliné la cabeza hacia atrás, soberbia—. No somos esa clase de mierda que ya hemos visto que te rodea. Si el precio es nuestras muertes, tendrás que ganártelas.
     Aquel titán podía atacarnos en cualquier momento, la poca distancia que nos separaba no sería suficiente si era certero en sus ataques. El hombro de Eaa tampoco era ya un salvoconducto: la estrategia de la altura había perdido todo el sentido y, además, juntas teníamos la desventaja de, si golpeaba, sufrir daño ambas. Debía separarme de ella.
     La distancia de la semi oni al edificio de la taberna era similar a cuando di el primer salto, pues no había necesitado desplazarse apenas en su anterior ataque. Con un raudo movimiento dirigí mi látigo hacia la barandilla una vez más, regresando, ágil, al lugar que había conquistado hacía no tanto. El balcón me recibió, mojado, ignorando que podía ver mancillada su belleza si Waj decidía descargar contra él en mi búsqueda.
     Un intenso hormigueo de anticipación recorrió todo mi cuerpo. Mi corazón latía desbocado. Una vez más, recorrí mis labios sonrientes con la lengua.
     —¡Eaa, encárgate del grupo! ¡Peteiro, frente a él! —Miré al capitán enemigo—. Nosotros tampoco hacemos rehenes, Waj...
     Un relámpago. Al segundo, un trueno. 
     Nosotros, en el ojo de la tormenta.


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#15
Atributos Personaje


Leyenda


No había dejado de mirar a mi hombro, tras la broma a Maeve, cuando sentí unas fuertes pisadas que se acercaban. Me giré, para ver una imponente figura delante de nosotras. - ¿Cuánto mide eso? - me pregunté, levantando la mirada. Medía fácilmente como dos veces yo. No era tan grande como mamá, pero se le acercaba, se le acercaba mucho más de lo que me gustaría.

Mencionó entonces mi nombre, así como la recompensa, además de la de mis compañeros. - ¿Capitana? - pensé. Claramente había escuchado bien. Era un hecho que Maeve era la que más recompensa tenía de los tres, pero ni siquiera éramos un grupo, ni mucho menos una tripulación. Simplemente éramos tres bichos raros que nos habíamos peleado en un bar, y después de eso habíamos entablado una pequeña amistad. Era obvio que ese hombre no tenía ni la más mínima idea de nosotros, lo cual me alivió bastante, he de decir.

Nos propuso unirnos a su tripulación. Ese mugriento salvaje quería que fuéramos sus marionetas, usarnls como a aquellos piratas que acababa de mandar a volar de un golpe. 

Me aguanté la risa cuando nos preguntó. - ¿Acaso piensa de verdsd que alguno de nosotros iba a tener tan poca autoestima como para aceptar su estúpida propuesta? - pensé. Yo no tenía pensado siquiera planteármelo, pero Maeve y Peteiro eran peores que yo en ese aspecto, diría.

La respuesta de Maeve fue clara. Me reí a carcajadas en el momento en que esta saltó de mi hombro.  - Que sea muerte, entonces, montaña de mierda. - sonreí, mirando a aquel titán. Antes siquiera de que ella hablara, me agaché levemente. Me moví en dirección al flanco derecho de este, puesto que al tener este un parche en ese ojo podía tener más oportunidades. - No hacía falta que me lo dijeras, Pandita - pensé. Personalmente prefería enfrentar a ese ser en un tres contra uno que en un veintialgo contra tres.

Lo que suena en la cabeza de Eaa

Con un rápido movimiento, hice un barrido con la pierna, derribando a varios de los piratas que me rodeaban. Agarré a uno de ellos por el pecho mientras caía y usando toda mi fuerza lo lancé contra el resto, para derribarlos de esa forma.

- Venga, vamos a divertirnos un rato más - grité mirando a aquel colosal hombre, desde su flanco derecho, fuera de su rango de visión y a escasos metros de él, enormemente excitada por la pelea que avecinaba.



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#16
Estadísticas de Peteiro Gorgullo:
100 FUE | 95 RES | 15 DES | 15 PRE | 44 AGI | 15 REF | 21 INT | 43 VOL | 10 CH | 0 CA

Vitalidad: 1364
Energía: 705
Espirítu: 83
Nivel: 5

Sentir la sangre ajena salpicándome en la cara, en el cuerpo, sentir sus pequeños trozos de carne esparciéndose, sentir el duro suelo y aún así seguir golpeando, esperanzado en que si su alma aún no había sido capaz de huir sería esta la que ahora estuviese recibiendo esos golpes, no dejaría descansar en paz a ninguno de estos piratuchos de mierda, entonces, y mientras yo seguía golpeando lo que antes era un humano, escuché a Maeve dando órdenes con bastante determinación, Eaa se encargó como si fuese fácil de todos los esbirros del colega tuerto, a mi me había pedido que fuese de frente, empezábamos a entendernos.

— No hacía falta que nos lo pidieses ¿entiendes? - respondí también por Balban

Me levanté y miré de frente al cíclope, clavé mis ojos en el suyo y empecé a endurecer mis músculos, comencé a emanar un olor diferente, no había rastro del olor a pescado, sin embargo seguía habiendo algo desagradable en el aire, algo que recordaba al azufre, un olor a huevo podrido muy intenso con matices indescriptibles.

— Ya iba siendo hora de que me tuvieses en cuenta Peteiro - dijo con un poco común tono aliviado Balban

Comencé a correr en dirección al imbécil medio ciego y cuando apenas me separaba un metro de él, cogí impulso en las piernas para saltar y grité

— ¡ES LA HORA DE BALBAN!
— ¡ES LA HORA DE BALBAN!

Salté hacia su cara con el puño tras mi cabeza, cogiendo impulso con el brazo y aterricé en todo el centro de su rostro con mis nudillos. La adrenalina estaba a otro nivel, más de lo que nunca lo había estado, un estado de locura podía percibirse fácilmente y a simple vista en mi, quien no conociese a Balban de antes acababa de conocerlo, esto es lo que podíamos hacer si cooperábamos.

— Muerte, a tu pregunta, gilipollas con capacidad ocular de un rodaballo, elijo la muerte ¿me entiendes? 

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#17
Con la tormenta rugiendo con una furia digna de un kraken, Maeve no se achicó y planto cara, saltando frases con una muy afilada lengua, sus compañeros compartían esa forma de pensar y aunque la palabra "capitana" había sembrado cierta duda, esta se disipó entre el agua que caía repicando en los fríos adoquines de Murkhold, cada uno con sus motivos siguieron las órdenes de Maeve sin vacilar, Eaa sin dudar un ápice acabo con los subordinados del capitán Waj, mientras Peteiro presa de su ira comenzaba a demostrar su lado más salvaje, saltando directamente hacia el capitán propinándole un puñetazo hacia su cara apoyado por las fuerzas de su fiel amigo Balban.

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El silencio se hizo tras la mirada y la propuesta lanzada, aunque había sido amable con esa perra busca famas que solo quería quitarme el puesto, cosa que ahora veía que era verdad, pues la albina tenía la mirada feroz de un pirata, no solo se negó a mi oferta, sino que encima me amenazo con que ellos no hacen prisioneros. Los otros dos tampoco eran muy diferentes, tendría que intimidarlos un poco antes de que cedieran, si querían jugar jugaríamos. Eaa se lanzó a por mis hombres, pero no era asunto mío si esos inútiles no podían hacer nada contra esa pequeña con cuernos, yo era suficiente para acabar con ellos fácilmente.

OST

Maeve ordenó un ataque y Eaa acabo con mis hombres en unos segundos. Por su parte Peteiro siguiendo la orden de ponerse al frente, este obedeció como un perrito faldero y se atrevió a lanzarse hacia mi con todo el descaro del mundo, parecía que pidiera a gritos un golpe.

"¡AQUÍ EL ÚNICO QUE PUEDE DAR ÓRDENES SOY YO! ¡GUARDÁTELO EN TU DIMINUTA CABEZA, KNOX!" 

Grite con una ira descomunal mientras el gyojin impactaba en mi cara y de regalo de bienvenida era recibido por mi kanabo impactado en el pecho del gyojin con olor a azufre, como se atrevía esa sucia perra a dar órdenes delante de mí, el rey de este mar. ¡Era algo imperdonable! 

"¡SI MUERTE QUERÉIS... ;MUERTE TENDRÉIS!" 

solté con un rugido después de dar mi golpe. 

"¡A ver que sois capaces!" 

Me posicione en guardia, llevando mi hombro derecho hacia atrás y levantando el Kanabo por encima de la cabeza mientras flexionaba las rodillas, preparándome para hacerles sentir el verdadero terror de enfrentarse al capitán Waj, se acabaron los juegos.

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Stats & Karmas de Waj

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#18
PERSONAJE


OST PARA LA ESCENA

     Algo ascendió por mi columna vertebral cuando vi a mis dos compañeros seguir las indicaciones dirigidas a ellos un suspiro antes. Eaa barrió, figurada y literalmente, a la muchedumbre que nos había rodeado con mucha fe pero con escasas posibilidades. Peteiro me dijo que no había sido necesaria ninguna orden pero, aun así, se plantó frente al enemigo. Tras un grito que se alzó por encima de los truenos, el gyojin golpeó al coloso, y este contraatacó con su gran arma, impactando también en Peteiro.
     El punto de no retorno había sido atravesado: era matar o morir.
     Era el momento.
     Una sensación electrizante se adueñó de mi cuerpo cuando empecé a sentir los primeros cambios. Se trataba de un proceso rápido, pero yo lo vivía con intensidad. Crecí en altura, noté cómo me volvía más pesada. Lo que solían ser mis piernas se transformaron en dos férreas patas terminadas en garras de afiladas uñas. Las plumas blancas crecían por todo mi cuerpo, cubriéndolo como un manto suave pero firme. Mis ojos se tornaron, por completo, rojos. El largo cabello fue desapareciendo. La mitad superior de mi cabeza se transformaba en décimas de segundo, cambiando mi nariz por un rosado pico afilado. De ahí para abajo —boca, mandíbula, cuello, pecho y vientre— mi piel original, nada de plumas, apenas cubierta por las oscuras prendas que me acompañaban, dejando muy poco a la imaginación. Mis brazos desaparecieron, sustituidos por dos grandes y majestuosas alas. Con las plumas finales de la derecha seguía sujetando mi látigo, que pasé a enrollar de inmediato en la pata del mismo lado. Y, al terminar mi espalda, largas plumas formaban una cola blanca que abrí en abanico.
     La forma híbrida de un hermoso buitre albino que pedía sangre.
     Con gran impulso, salté hacia arriba. Las gotas caían con más fuerza sobre mí al luchar contra ellas en la ascensión. Mi pico cortaba el aire. El salto cubrió unos seis metros, quedando a más de dos por encima de la cabeza de Waj y a unos cuatro de distancia. Mis alas blancas se abrieron bajo la tempestad. Estiradas, se extendían cinco metros bajo el cielo. Un segundo duré antes de que la gravedad tirase de mí. Me incline hacia delante y, en diagonal, me lancé contra la cabeza del capitán pirata. Caí sobre él en picado y, cuando menos de medio metro me separaba de su fea cara de mierda, batí las alas con fuerza para detenerme una milésima de segundo. Volví a cargar contra él. Clavé una de mis garras sobre su pómulo izquierdo y la otra sobre el ojo, cerrándole el párpado. Hundí mi pico en su carne para una mejor sujeción. El sabor de la sangre me excitó. Extendí las alas una vez más.
     Era un hijo de puta resistente, pero le haríamos meterse por el culo esas órdenes que tanto le gustaba ladrar.
     Esperaba que mis compañeros pudieran aprovecharse de mi maniobra y le metieran de hostias al desgraciado que había osado amenazarnos. Sabía que podía confiar en ellos.

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KARMAS

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AKUMA NO MI
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#19
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OST de Eaa

Suspiré, soltando el pelo de mi cabeza, mientras Peteiro (y parece que Balban) se lanzaban contra aquella mole. Llevar una coleta no parecía la mejor idea contra aquel individuo, y aquel momento de distracción que el gyojin me proporcionaba era el indicado para soltarme el pelo, aprovechando para retroceder un par de metros. Distracción que, para ser sinceros, no duró mucho, debido al golpe que pegó el tuerto a nuestro compañero.

Aun así, Peteiro alcanzó a dar un puñetazo a este, y parecía que el golpe recibido más que dolerle le gustaba. - Está como una cabra. - pensé, riéndome. Escuché el grito del pirata, el cual más que asustarme, hizo que comenzara a hervirme la sangre. Ese montón de mierda putrefacta ni siquiera hacía el amago de girarse para hacer como que me miraba con aquel parche cutre que parecía que llevaba con orgullo, a pesar de que acababa de dejar para el arrastre a una veintena de sus hombres en un santiamén.

Antes de que me diera tiempo a empezar a gritarle, noté una sombra sobre mí. Sonreí, sabiendo que era Maeve, quién había empezado a hacer su movimiento. Si me hubiera parado a pensar en ello, me habría dado cuenta casi al instante de que aquella sombra era demasiado grande para ser ella, pero no tenía tiempo que perder, por lo que en cuanto noté la sombra comencé a correr.
-¡Oye, tú. Ojoloco! - grité. No me hicieron falta más que un par de pasos para coger impulso, antes de saltar con todas mis fuerzas en dirección a este. Me había hecho mucha gracia el ataque de Peteiro, y como este lo había gritado. Por ello, instintivamente, le copié. - ¿Conoces el Eaariete? - pregunté, mientras mis cuernos se clavaban en el abdomen del semigigante, por su flanco derecho - ¿Eaariete? - pensé. A decir verdad, era lo primero que se me había ocurrido, pero me daba absolutamente igual. Me reí, mientras sacaba los cuernos, para quedar nuevamente frente a este a un par de metros.

- ¿Pobrecito, no lo has visto venir eh? - hablé con un notable tono de burla y enfado. Miré a su rostro entonces, viendo a lo que parecía una especie de ave muy extraña agarrada de este.




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#20
Que reconfortante era romperme los nudillos en su cara pero, más reconfortante aún había sido sentirme vivo, no por descargar todo este potencial sobre otro, ese no era el motivo, su golpe, no había sido un gran golpe, los he visto mejores en las noches de flamencos y otros seres pero sin embargo me había llenado completamente, ese dolor que subía por todo mi cuerpo era necesario para hacerme sentir vivo, lo echaba de menos, casi tanto como volver a darle otra.

Caí con el puño derecho golpeando el suelo y la mano izquierda agarrándome el estómago, escupí algo de sangre en el suelo, levanté la cabeza y convertí el dolor en un grito ahogado que precedió una risa de jolgorio bastante divertida, como si me hubiesen contado un chiste sobre peces payaso.

— ¿Cómo tienes pensado matarnos? ¿De risa? JUEJUEJUEJUEJUE
— No se hable más, es penoso

Entonces me levanté para continuar con la faena y me quedé algo sorprendido, una especie de pajarraco en el que podía extrañamente reconocer a la amiga de las ojeras, a decir verdad, era un animal que le pegaba bastante, muy lúgubre, igual que la apariencia que le gustaba dar a aquella criminal, entonces, aprovechando el movimiento de Maeve, tarta de queso atacó a Waj, embistió con sus cuernos al pirata del ojo caido aprovechando su falta de visión.

— ¿Eaariete? ¿HA DICHO EAARIETE?
— Compañero, entre el parche y la cornada te pareces al Padilla ¿me entiendes? - No estaba seguro de lo que acababa de decir pero sentí la necesidad de hacerlo.

Aproveché yo también y le metí un puñetazo en el costado derecho, en la zona de las costillas.

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