[Aventura T3] Venganza. Epílogo.
#1
Día 90 de otoño. Año 11.
País de Kano, Campos Zhuzi.
18:00.
Venimos de aquí.

Una extensa área rural inundada de bambú se presentaba ante Zorak. El sol comenzaba a aproximarse al horizonte, dispuesto a ocultarse y dejar paso a la noche, la que pasaría a ser la primera de invierno. La niebla se condensaba en el valle, fruto del exceso de humedad que se hallaba estancada en el ambiente. Ni una brizna de aire, ni ningún atisbo de civilización cerca, ni un alma de ningún tipo dejaban paso a un silencio bastante inquietante. Solo la belleza del paisaje podía tranquilizar a quien estuviera contemplando aquel bucólico paraje. El camino, que partía desde ciudad Shan, cada vez era más senda que calzada y el bambú era lo suficientemente alto para impedir la visión más allá de la linde del curvilíneo sendero. Solo se alcanzaba a ver una montaña al fondo y todos los caminos terminan, al menos, en algún asentamiento, así que no quedaba otra que seguirlo.

Zorak se había permitido el lujo de descansar unos días y preparar bien la incursión que iba a llevar a cabo. Su plan era localizar al que en su día había sido su mentor en el arte del pillaje y otros submundos de cuestionable reputación, Ridel, tras descubrir que seguía con vida y oculto en la zona rural de los campos Zhuzi. Aquel hombre no solo había traicionado, tiempo atrás, al joven mestizo, también era el asesino de su padre. Ese era el último paso para culminar su venganza, que ya cargaba con varias muertes y una fábrica y una taberna incendiadas. 

Debía darse prisa para llegar al pequeño pueblo donde, supuestamente, se ocultaba Ridel. Si llegaba pasado el anochecer, no sería tan fácil localizar la casa de color oscuro que le habían indicado como paradero del rufián y en las zonas rurales, la gente no abunda las calles pasada la hora de la cena, así que recopilar la información necesaria sería tarea difícil también. Tras caminar un buen rato por aquel sendero, una pequeña columna de humo indicaba que la civilización no estaba lejos. Zorak apretó el paso, llevaba casi una hora en dirección al sur, la luz incidía en los troncos del bambú pintando la mitad derecha de estos. Cada paso que daba estaba más cerca de cumplir con su venganza.

El camino se fue tornando más recto y al fondo comenzó a dibujarse la silueta de lo que parecía un carro acompañado por tres personas a pie. La modesta caravana iba a paso lento, tanto que en pocos minutos pudo ver que iba cargado de arroz y tirado por un asno, tres hombres volvían a casa tras una intensa jornada en los arrozales. Sus opciones eran, alcanzarlos para sacar información sobre el pueblo y sus habitantes, o seguirlos desde la distancia para no llamar la atención y llegar al pueblo de incógnito. No sabía cuanto quedaba para llegar al asentamiento rural, pero no podía quedar mucho ya, o al menos eso creía Zorak. Solo sabía que se acercaba el momento que tanto ansiaba, el resarcimiento estaba cada vez más cerca.  


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#2
Atributos Personaje


El sol comenzaba a aproximarse al horizonte cuando Zorak alcanzo los campos de bambú en los que supuestamente se escondía Ridel, se tomó unos días para poder prepararse física y mentalmente para el evento que estaba por llevarse a cabo, aun con la sed de venganza caminaba pensativo, casi melancólico, aun con todo lo que paso Zorak paso su duelo cuando el pensó que había matado a Ridel parecía una broma del destino, el hombre que alguna vez vio como un segundo padre ahora cargaba con el peso de ser el asesino de su padre biológico.

Zorak caminando



Debo dejar de pensar en estas tonterías, ya no hay vuelta atrás, demasiada sangre vertida para que llegara este momento, por suerte el ambiente con niebla hacía fácil que pudiera pasar desapercibido, pensé mientras encendía un cigarro y acto seguido jugueteaba con el mechón del pelo, aunque la verdad era que debía darme prisa o la cosa podría alargarse más de lo necesario, mientras caminaba pude ver una columna de humo a lo lejos, me apuesto diez mil berries a que esa es la dirección correcta.

Por otro lado, en el camino se comenzaba a divisar un carro, tirado por burros y acompañada por tres hombres, la mejor opción era seguirles a una distancia prudencial aprovechando la niebla y mis habilidades para pasar desapercibido, así que acelere el paso, caminando de la manera en la que me había enseñado a hacerlo el hombre al que estaba de camino a asesinar, hasta que me quede a veinte metros del carro, atento por si podía escuchar cualquier tipo de información que compartieran los hombres, uno nunca sabia cuando podría encontrar algo de valor en una conversación ajena.

Mientras caminaba tras el carro, atento a la conversación de los hombres, Zorak por un momento pensó en su padre y reafirmo sus ideales, esta noche la luna se teñiría de rojo y Zorak tocaría el tan ansiado réquiem para su padre.

Recuerdo de Zorak


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Karmas
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#3
Sin tener que acelerar el paso, el joven Zorak se posicionó a unos veinte metros de distancia del carromato y los tres hombres, siguiéndoles el paso manteniendo esa distancia. Dos eran jóvenes, incluso más que él, y el otro debía rondar los cincuenta a duras penas. Claramente volvían a su hogar tras una fructífera jornada de labranza en los arrozales, los tres reían tras una ocurrencia del que parecía menor, debía tener unos dieciséis años. Tras escucharlos un rato, advirtió la posibilidad que fueran padre e hijos. Nada de lo que decían resultaba de utilidad para el fin de Zorak, banalidades sobre acontecimientos familiares y chismes del pueblo.

Unos veinte minutos después, un par de casas aparecieron, una a cada lado del camino. Al fondo más siluetas de pequeñas estructuras fueron dibujándose, aumentando la densidad de estas a medida que el camino se perdía en el horizonte, ya estaban cerca del pueblo. Las ganas del más joven de salir a dar un paseo nocturno con sus amigos puntualizaron un detalle en un comentario del más adulto, que llamó la atención del mestizo. 

- ¡Gosuke! Ya sabes cual es la respuesta, no seas pesado. -

- Pero todos mis amigos tienen permiso para salir esta noche... Eres un paranoico. No tiene por qué pasarme nada. - 

- De noche no vas a salir, lo siento. - 

- Pero durante el día siempre estamos trabajando. ¿Cuándo veo a mis amigos? -

- Durante el día de descanso. Desde que llegaron esos tipos al pueblo han sucedido demasiadas desgracias y no quiero tener que vivir otra pérdida. - 

- Ichitaro se fue porque estaba cansado de vivir bajo tu yugo y de trabajar en el campo. Si le hubieras dado la libertad que te estoy pidiendo yo, seguiría en casa. - 

- ¡Ya basta Gosuke! Padre se preocupa por nosotros. ¿No eres consciente de que han abandonado sus hogares ya diez personas contando a Ichitaro? Eso no puede ser una casualidad. Esos malnacidos les están comiendo la cabeza y tu seguro que caerías en sus falacias con lo simplón que eres. - 

- ¡Callate Yonjuro! Eres igual que padre, te conformas con trabajar día tras día, sin más aspiraciones que sembrar y recoger arroz. A Ichitaro no le ha pasado nada malo, todo lo contrario, se fue para tener una vida más digna que la que tenemos nosotros. Tiene sueños y aquí no los iba a alcanzar. - 

- Se acabó la conversación. La ambición y el egoísmo de tu hermano son fruto de una rebeldía enaltecida por esos rufianes. Si no hubieran aparecido por aquí ese tipo de oscura mirada, no se habría ido de casa. ¿Cómo se puede ser tan influenciable? En cuanto descubra donde se esconden, iré a buscarlo y lo traeré de vuelta cogido por la oreja, si es que sigue vivo, el muy zoquete... - La conversación se había prolongado a lo largo del camino, rodeado cada vez de más casas, y se terminó a la par que los tres y el carro se detenían delante de una de esas estructuras de madera. Confirmado que eran miembros de una misma familia, el padre cargó con un par de sacos de arroz mientras se dirigía hacia la puerta de entrada a la vivienda. - Llevad el carro al granero, descargadlo y dadle de comer y beber a Hinba, no tardéis, vuestras hermanas ya habrán preparado la cena. - El patriarca entró en la casa, mientras los dos jóvenes hermanos cumplían con su cometido y llevaban el carromato a una pequeña edificación adyacente a su hogar. El más joven abrió la gran puerta de madera y el otro tomó las riendas del asno para conducirlo hacia dentro. 

- Ichitaro está perfectamente, me ha venido a visitar unas cuantas noches. A vosotros no os quiere ni ver, no lo entendéis, yo soy el único que lo hace. -

- Por mi como si se muere. Es un egoísta y un cobarde. Preferiría que lo hubieran raptado, saber que se ha ido por voluntad propia me provoca un odio irrefrenable. Hace bien en no venir a verme a mi, como lo haga, lo mataré. No sabe el dolor que ha sembrado en casa y eso no se lo perdonaré nunca. - La conversación entre hermanos se perdió dentro de aquel establo. 

Unos segundos después, el más joven salía del granero, cargando un par de cubos de madera, y se dirigía hacia la parte trasera de edificio a lo que parecía un pozo. Hablaba solo. - Esta noche me voy con él, ya estoy harto. -  

Todo apuntaba a que el primogénito de la familia se había unido a un grupo de gente de dudosa reputación y si iba a visitar a su hermano pequeño con asiduidad, significaba que el lugar donde se refugiaban no debía estar muy lejos. ¿Tendría algo que ver Ridel con todo eso? La luna llena inundaba de luz la entrada a aquel bello pueblo, la niebla era menos densa, al igual que las dudas de si su antiguo maestro podía estar allí. Aquella conversación que acababa de escuchar, apuntaba a que la información que había adquirido podía ser cierta. Su venganza parecía cada vez más palpable.


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#4
Continúe siguiendo al grupo mientras hablaban de banalidades de la vida, pero aun así sentía un poco de envidia, se les veía felices juntos, saque un cigarro y lo encendí mientras mantenía la distancia con la familia, después de un rato de caminata, comenzó a mostrarse un par de casas y gente al fondo, comencé a escuchar una discusión por algo de salir de noche, la verdad poco me importaba ese tema, así que aburrido comencé a juguetear con el mechón de mi pelo, pero una afirmación me saco de mi aburrimiento, "tipo de oscura mirada" el que era claramente el padre dio la orden a su joven hijo de ir a guarda la mula y darle comida y agua, espere que a que los dos jóvenes quedaran solos, camine hasta quedar en el lateral opuesto de la casa y de un salto ágil me subí al techo, observando desde las alturas como caminaban y hablaban, parecía que el hermano que estaba con el tipo de oscura mirada venía a visitar a su hermano.

Si ese era el caso, ya tenía alguien a quien preguntar, les perdí de vista cuando entraron al granero, solo debía esperar a que el chico estuviera solo, pero para mi sorpresa cuando salió del granero comento algo que me hizo replantear la situación "Esta noche me voy con él" dijo el chico, "vamos, con él" pensé yo para mis adentros, mientras dibujaba una sonrisa sádica, así que sentado en el tejado me encendí un cigarro, solo tenía que esperar a que pasara una de las dos cosas, o que el joven fuera en busca de su hermano, el cual estaba casi seguro que trabajaba para Ridel o esperar a que ese mismo hermano viniera a visitar al pequeño y obligarle a que me diga donde está Ridel. Solo quedaba esperar oculto entre el manto de la noche, la paciencia premia a ladrón, otra de las muchas lecciones que le enseño Ridel

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Karmas
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#5
La luna cada vez se alejaba más del horizonte. A su derecha, sobre el tejado, Zorak había acumulado cuatro colillas ya, comenzaba a pensar que ni el pequeño de la familia iba a cumplir su palabra ni el mayor iba a aparecer. Debían ser cerca de las doce y media de la madrugada, el frío condensaba la humedad del ambiente en pequeñas gotas que cubrían todo el tejado y la flora del lugar. El silencio era sepulcral, unos pasos alertaron al joven mestizo, eran cuatro pies, desafortunadamente para él, resultaron ser una joven pareja de enamorados. Venían de las afueras del pueblo y cruzaron por delante de la casa en la que se encontraba Zorak subido al tejado. Muy acaramelados, se plantaron delante de otra de las viviendas del pueblo y estuvieron diez minutos regocijándose en una despedida que ninguno de los dos quería que terminara. 

La pareja seguía allí con su eterna despedida, cuando unos pasos sobre la hierba, provenientes de la parte trasera de la casa de la familia de agricultores, se volvieron el centro de atención del pelirrojo. Se giró para ver como una silueta de un joven encapuchado iba en dirección a la vivienda unifamiliar sobre la que se hallaba el mestizo. El muchacho se encaramó por una de las bigas verticales de la fachada trasera hasta alcanzar un pequeño balcón de la planta superior y golpeó con sus nudillos en la ventana. No tardó mucho en escucharse la voz del benjamín de la familia. 

- Ichitaro. ¿Cómo va todo? Estaba a punto de escaparme de casa, mira tengo la bolsa preparada y todo. No aguanto más. Estoy harto de padre y de Yonjuro. Quiero ir contigo, por favor. - 

- Gosuke... ya lo hemos hablado, eres demasiado joven y gentil. ¿Crees que estoy de fiesta allí? Los entrenamientos son durísimos y hay que ser extremadamente fuerte mental y físicamente para soportar las misiones, no son tareas fáciles. Tu no estás hecho para esto, tu tienes buen corazón. -

- Tu también tienes corazón y aún así estás con ellos. Además, me dijiste que sus ideales son honrados, robar para acabar con la opulencia y repartir entre los más desfavorecidos. ¿Qué tiene eso de malo? - 

- Estoy empezando a ver que no todo es blanco o negro, donde veía justicia, empiezo a ver egoísmo... -

- ¿Y por qué sigues con ellos? - 

- Es difícil de explicar, por lo visto soy muy cabezón, pero estoy aprendiendo mucho y algún día usaré todo eso para mis propios ideales. Entonces vendré a por ti y formaremos juntos nuestro propio escuadrón justiciero jejeje. Confía en mi, ten paciencia. - 

- Te echo mucho de menos... - 

- Y yo a ti renacuajo. Bueno, debo irme. Cuida de todos. Iré viniendo a verte, y no llores o buscaré a otros para formar la banda eh. - 

- Ten cuidado, por favor. - 

Los susurros habían sido perceptibles gracias al exceso de silencio. El joven encapuchado descendió por la fachada para volver sobre sus pasos, dirigiéndose hacia una arbolada, en dirección opuesta al pueblo. 


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#6
La noche era preciosa y tranquila, era de las pocas cosas que podían hacer que mi mente dejara de pensar y se relajara, el frío de la noche junto a la paz que trae el silencio, mientras jugueteaba con mi mechón y fumaba era como un pequeño refugio de tranquilidad, aunque parecía que el niño se había echado atrás y el hermano no aparecía, pero por lo menos ahora sabia que aquí tenía un hilo por el que tirar, pude escuchar pasos, cuatro pies, por el sonido de estos parecía que andaban abrazados. Una sonrisa nostálgica adorno mi cara mientras recordaba como Ridel me había enseñado a interpretar los pequeños detalles en el arte del espionaje, acto seguido apareció en mi vista una pareja, bastante acaramelados.

Mientras la pareja daba largas para despedirse un recuerdo azoto mi mente, una joven Melisa de dieciocho años abrazada a Ridel, mientras celebraban un botín obtenido en equipo y Ridel lo felicitaba por como estaba aprendiendo de el "mi obra magna" le gustaba llamarme... y a mí que lo hiciera. Unos pasos más cautelosos sonaron desde la parte trasera de la casa, bastante más sigilosos... conozco bien esa forma de caminar. Me agazapé en el tejado y pude ver a un chico que entraba al patio y se aproximaba a la casa, acto seguido escuche como golpeaba el cristal y como hablaban entre hermanos, por la forma de hablar no parecía mala persona, de hecho me recordaba a mí en la época en la que estaba bajo el ala de Ridel, el chico comento que donde antes veía justicia ahora veía egoísmo, tenía que procesarlo todo y tomar una decisión.

Estaba claro que si era alumno de Ridel seguirle sin ser descubierto podría ser un problema, puesto que no conocía las capacidades del chico, tampoco podía presentarse ante el cómo un enemigo de Ridel, pero esa frase sobre el egoísmo... si alguien conocía bien el egoísmo de Ridel era yo mismo, quizá podría hablar con el chico e intentar sonsacarle información.

El chico comenzó a caminar fuera del terreno de la casa mientras se despedía de su hermano de forma cariñosa, cosa que me hizo pensar en Melisa, cuando esto acabe debo hablar con ella y pedirle disculpas, cuando el chico salió del recinto, salte de la casa y comencé a seguirle a unos veinte metros, era curioso, pero escuchar sus pisadas al compás de las mías volvía a traerme recuerdos, no oculte el sonido de mis pisadas, quería que el chico se diera cuenta de mi presencia, así que cuando entro en la arbolada acorte mi distancia hasta quedarme a diez metros de él.

"Muy buen juego de pies, chico, tu maestro debe ser bastante bueno" dije mientras saludaba amigablemente.

La suerte estaba echada, ahora solo quedaba ver la parte del chico, no quería hacerle daño, pero si era necesario le arrancaría una confesión del lugar donde estaba Ridel, pero para saber si realmente trabajaba para el debía jugar bien mis cartas.

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Karmas
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#7
Aún con el absoluto reinado del silencio, el excelente sigilo de Zorak evitó que Ichitaro se percatara de su presencia hasta que el mestizo quiso que dejara de ser así. Éste había sincronizado sus pisadas con las del joven lugareño haciéndolas imperceptibles, pero ya metidos en el bosque, fuera de cualquier mirada ajena, Zorak aumentó el ritmo de sus pasos para acercarse a Ichitaro. El joven encapuchado se dio cuenta tarde, tanto que cuando fue a girarse para ver quien le estaba siguiendo una voz se le adelantó felicitándolo por su habilidad para caminar sin producir ruido. Vio entonces a un muchacho más o menos de su edad, con el pelo rojo de punta, vestido de negro y con un vendaje que le cubría la boca y la nariz dejando ver una inquietante sonrisa de dientes afilados.

- ¿Q-Quién eres y qué quieres de mi? Solo soy un joven del pueblo que está dando un paseo nocturno, mi padre solo me ha enseñado como cultivar arroz, no se de que me hablas. Si me disculpas, he discutido con mi padre y he salido para estar solo. Quiero seguir estándolo, necesito reflexionar varias cosas. - 

Ichitaro hizo un vago intento para ocultar su nerviosismo, pero era evidente. No podía perder mucho tiempo, los miembros del grupo al que ahora pertenecía, creían que había ido solamente a revisar las trampas que colocaban por el bosque a ver si alguna alimaña había caído en ellas, una tarea que no ocuparía más de un par de horas y que debía realizar. Solo se había permitido el lujo de consumir un cuarto de hora para visitar a su hermano pequeño, así que no podía perder más tiempo. Tenía que perder de vista a aquel tipo pelirrojo, no quería que lo siguiera, estaba en un aprieto de los gordos. No se dejaba de preguntar que quería ese joven y el comentario sobre su maestro denotaba que sabía más de lo que querría. Si realmente conocía a su mentor debía ser un tipo peligroso y él aún era demasiado inexperto como para enfrentarse a alguien así. Hacerse el loco tampoco funcionaría, pero no se le había ocurrido nada mejor. 

- Si lo que quieres es dinero, siento mucho decirte que no llevo nada encima, puedes registrarme si no te fías de mi palabra. - 

Ya no había vuelta atrás, si le daba la razón al pelirrojo el problema estaba asegurado, solo le quedaba esperar que la trola colara y que aquel tipo admitiera la confusión y se girara para volver sobre sus pasos. Si lo que quería era saber donde se ocultaban los suyos, ¿por qué no lo había seguido sin más? Eso era lo que más desconcertaba al joven ex-agricultor. Lo que tenía claro es que en un combate contra aquel oscuro ser era un reto imposible de superar, pero si lo llevaba ante sus compañeros su destino sería igual de negro. Estaba en un verdadero aprieto, solo le quedaba esperar a ver que quería el pelirrojo. 


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#8
El chico se dio la vuelta y su cara parecía un poema, intento poner excusas sobre que era un campesino que estaba dando un paseo, el chico era pésimo mintiendo, cosa que me hizo reír al recordarme a mis días más inocentes, estaba claro que era un diamante en bruto, aun sin pulir.

"Baaatotototo! Vamos Ichitaro... Creo que a Gosuke no le gustaría escucharte mentir, no crees?"

Esta era la manera de hacer las cosas de Ridel, dejar caer amenazas sutiles, no hacía falta ser un lince para darse cuenta de que había estado escuchando la pequeña y emotiva conversación entre hermanos, comencé a avanzar hacia el poco a poco, con las manos levantadas.

"Puedes estar tranquilo, no le pasará nada."

No mentía, no tenía motivos para hacerle nada al pequeño, pero tampoco tenía motivos para que Ichitaro lo supiera, por esa razón sonreí, de la misma manera que solía hacerlo Ridel antes de hacer todo lo contrario a lo que acaba de decirte, mirando directamente a los ojos del chico y esbozando una pequeña sonrisa.

"Sobre quien soy, puedes llamarme Z."

La información sobre la fábrica había llegado hasta Kano, así que puse especial atención a la reacción del chico a esa revelación. Si realmente trabajaba para Ridel, cosa que parece obvia, estaba seguro de que conocería la tarjeta, así que hice aparecer como por arte de magia una tarjeta en mi mano derecha y se la lance a los pies, quedando la Z hacia arriba, era la misma tarjeta que deje en la fábrica tras quemarla.

Tarjeta de Zorak



"Sobre lo que quiero... Bueno, podríamos decir que busco justicia."

Dije mientras jugaba con el mechón de mi pelo a la espera de su reacción.

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Karmas
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#9
Si el joven Ichitaro estaba nervioso, descubrir que aquel tipo sabía su nombre hizo que sus piernas comenzaran a flojear.
"¿Cómo es que sabe mi nombre y el de mi hermano? Este tío es peligroso." El frío era intenso, aún así, le comenzaron a resbalar gotas de sudor por el rostro. Zorak se acercó a él levantando sus manos para no asustarlo más y para que viera que no tenía malas intenciones. Sus palabras, lejos de calmar a Ichitaro, lo pusieron más tenso, si cabía. El pelirrojo se presento como Z y, con un nivel de prestidigitación abrumador, hizo aparecer una tarjeta en su mano que le tiró a sus pies. Ese nombre y esa tarjeta, no produjeron ninguna reacción más allá de una boca abierta por el modo en que había hecho aparecer dicha tarjeta. Finalizó diciendo que lo que buscaba era venganza, el ex-agricultor dedujo que al que buscaba era a su mentor, o a uno de los otros dos con los que había aparecido en el pueblo. El miedo de que aquel pelirrojo pusiera las manos encima de su hermano, lo derrumbó.

- Si lo que quieres es saber donde vivimos, yo te llevo, pero dame tu palabra de que no le harás nada ni a mi hermano ni a ningún otro miembro de mi familia. Eso si, en cuanto lleguemos, mátame. Si se enteran de que les he traicionado, lo harán ellos, y sumarán al resto de mi familia a la lista. Sígueme. - 

Ichitaro comenzó a caminar, afligido por su cercano final. No iba a poder cumplir ninguno de sus sueños, pero asumía la responsabilidad de sus actos y lo único en que pensaba era en que no salpicaran a sus seres queridos. No dejaba de recordar los buenos momentos que había pasado con ellos y el arrepentimiento lo inundó, pero la vida era así, ya no podía deshacer sus pasos, lo único que le quedaba era minimizar los daños. Si su sacrificio mantenía al margen de todo eso a su familía, valía la pena. 

Tras unos quince minutos caminando por el espeso bosque, una tenue luz a lo lejos fue creciendo poco a poco y dividiéndose en varias ubicadas en un mismo lugar. A su derecha, a unos cinco metros, apareció un camino, el cual siguieron paralelamente, sin llegar a pisarlo nunca. Cinco minutos más caminando para llegar hasta un claro, sin salir a él, y en este, una vieja casa de madera con luces en las ventanas, si no hubiera sido por la iluminación habría parecido abandonada. El tejado estaba cubierto de musgo y la madera muy desgastada por el tiempo que hacía que no era tratada. 

- Es ahí. Bueno, ya puedes... Quitarme de en medio. Que sea rápido, por favor. - El miedo del joven se había desvanecido, ya había asumido su destino y parecía en paz. Se giró hacia Zorak dibujando una tímida sonrisa en su cara. - No será la primera vez, ¿verdad? Mejor me vuelvo a girar para ponértelo más fácil. - El ulular de un búho sonó en la lejanía, se apagaron las luces de tres habitaciones casi al unísono, mientras el joven volvía a dar la espalda al mestizo. - Espero hacerlo mejor en otra vida. - 


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#10
Ichitaro no mostró reacción alguna a la tarjeta, parecía que en cuanto al tema de las armas estaba limpio, aunque pareció entender la situación bastante rápido, cosa que era de agradecer.
Comento que le prometiera que no le pasaría nada a su hermano y que a cambio me llevaría a su guardia, añadió también que debía matarlo para que su familia no sufriera las consecuencias, definitivamente era un buen chico.

"No te preocupes, tienes mi palabra." Dije mientras sacaba un cigarro y lo colocaba en mi boca, para encenderlo y darle una profunda calada.

Comencé a seguir al chico y cuanto más le veía moverse más patrones de movimiento de Ridel veía, el chico tenía mucho potencial, pero era bastante obvio que este estilo de vida no era para él, tenía pinta de carne fresca, el primero en ser desechado cuando las cosas salían mal. Sabía bastante bien sobre eso, el mismo lo fue en el pasado con el mismo Ridel, un peón más en su tablero, a la espera de ser útil para sus propios intereses.

Seguí a Ichitaro durante unos minutos, el chico estaba visiblemente nervioso yo también lo estaba, pero por suerte se me daba mejor mentir que a ese chico, así que simplemente jugueteaba con el mechón de mi frente, una tenue luz comencemos a avanzar hacia ella y un camino apareció a unos cinco metros, lo seguimos sin pisar el camino como tal.
Fueron unos pocos minutos más hasta que apareció un claro con una casa en él, de madera vieja y musgo en el techo, pero iluminada, Ichitaro comento que ya podía acabar con él.

"Largate de aquí antes de que salgan, vuelve a casa, valora lo que tienes y deja este estilo de vida."

Dije mientras avanzaba con emoción hacia la casa, el ulular de un búho resonó en el bosque y acto seguido tres luces se apagaron en la casa, entrar ahora sería una locura, no me gusta llamar la atención, pero no voy a meterme a ciegas en un lugar cerrado, lo siento Ridel me enseñaste demasiado bien.

"QUE VA A SER RIDEL, VAS A VENIR TU PRIMERO O VAS A MANDAR A TUS PEONES?"

Zorak gritando


Se acabaron las sutilezas y las infiltraciones, era el momento del réquiem para papá, era el momento de llenar el agujero que me dejo ese maldito hijo de puta hace ocho años y era el momento de sacar el nombre de uno de los peces gordos que trapicheaban con armas en mi isla natal.

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Karmas
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