[Pasado] - Asesinos bajo la nieve
#11
     La puerta de la casa se abrió, y lo que debería haber sido una ráfaga de aire helado, no lo fue tanto. O, al menos, eso me pareció a mí. Porque lo más normal en aquella época del año era estar descamisado bajo una nevada. ¿Quién no había hecho eso alguna vez? Bueno, es cierto que yo me había desvestido fuera hacía un rato, pero era por una causa limpia. ¿Qué excusa tenía él, la de calentar la casa con su sola presencia?
     Me fijé en su piel y en los golpes que en ella se revelaban. Ni siquiera disimulé.
     Y mientras tanto yo ahí, con ese vestido que me pegaba tanto como dos coletitas y pintalabios rosa. O sea, cero. Y sin maquillaje, tan solo la blancura de todo mi ser al natural. Me sentí incómoda, incluso desnuda. Algo vulnerable. El maquillaje negro era una extensión de mí y ni siquiera lo tenía a mi alcance. Me sentí incluso juzgada, como en aquellos tiempos que prefiero no recordar pero que mi cerebro se empeña en rescatarlos de todas formas.
     Muchas cosas se me dan muy bien, pero soy excelente en el autosabotaje mental. La voz crítica de mi interior puede dar fe de ello. Y ahora estaba reclamando un trono vetado recordándome lo ridícula que estaría con esas pintas.
     Pese a todo, conseguí mantener un rostro críptico.
     Incluso cuando Kisuke hizo un comentario al respecto, ignorante de mis repentinas inseguridades.
     —Puedes hacerlo igual, imagino que también existen mapaches albinos —respondí, tratando de no transmitir nada en mi voz—. El maquillaje está en el hostal, igual que el resto de mis cosas. —Y su oferta de quedarme allí el tiempo que necesitase me pilló con la guardia baja—. Volveré a East Ballywood, que es donde están. No pienso regalarle nada a esas mierdas con ojos que regentan el lugar. Y que quede claro: los sitios como ese no me amedrentan, son mi hábitat natural. Siento si te llevaste una idea equivocada por mi reacción en aquella sala, simplemente no esperaba ver todo aquel horror de repente. Pero sobreviviré, no te preocupes.
     Me había puesto a la defensiva. Tal vez era su bondad la que me había hecho soltar aquel pequeño discurso, en especial, cuando se ofreció a acompañarme. No quería que me viese como alguien a quien se deba proteger. Alguien frágil. Aunque, sí, me protegió. Me salvó, literalmente. En mi defensa diré que no estaba en mis plenas facultades gracias a la lagarta de Brenda.
     Desapareció unos pocos segundos más, pero no se hizo de rogar: trajo jarras y cerveza.
     "Nuestra victoria ante la escoria humana" es como bautizó al brindis. Buen título.
     "Escoria humana". Me gusta.
     Aún recelosa por dentro, e intentando mantener indiferencia por fuera, cogí la jarra. No sabía que la quería, que la necesitaba hasta que la tuve en mis manos.
     Y bebí. Tragos largos descendieron por mi garganta, como cuando estaba en cualquier taberna de mierda, solo que ahora me encontraba en un lugar más acogedor y con una compañía más interesante. Una compañía que pensaba que cubrir su torso estaba sobrevalorado. No sería yo quien le dijese lo contrario.
     —Bueno, cuéntame, ¿cómo ocurrió la Gran Fuga? —le pregunté. Fui a sentarme en una de las silla de madera cuando rescate un pensamiento—: Oye, ¿tienes chimenea? Te recuerdo que tenemos un fuego pendiente.


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#12
Kisuke no se sorprendió ante la respuesta de la joven albina, era bastante orgullosa al parecer, pero quería dejar claro su punto al decirle todo aquello, no quería que Maeve tuviese una impresión errónea sobre él. También notó que se fijaba en que iba sin camiseta así que prefirió atajar primero aquella cuestión para evitar malos entendidos.

-Estoy con estas pintas porque mi piel tiene que absorber el ungüento que me he dado para los cardenales, si no, no tendrá el efecto deseado y necesario.

Tampoco iba a darle más importancia a aquella cuestión, pero si le preocupaba más que hubiese malentendido sus ofrecimientos de ayuda y esas cosas.

-Se de sobra que no tienes miedo, te metiste en aquel antro tu sola, no soy tan estúpido, aunque pueda parecerlo, pero los problemas son menos problemas si no se está solo, aunque respeto tu decisión, evidentemente.

Kisuke sonrió al verla beber como si llevase todo un día de travesía en el desierto sin probar gota de agua y transportando una carga muy pesada. Él, por supuesto, hizo lo propio y dio un largo trago a la cerveza.

-Apuesto 2000 berries a que tumbarías a cualquier tipo que se considere experto bebedor... si que tenías sed si, kuhahaha.

Fue entonces cuando Maeve le preguntó sobre la huida de El Cascarón, lo cual tenía bastante sentido ya que ella estaba inconsciente cuando todo aquello ocurrió. Rascándose la cabeza con despreocupación la miró a los ojos y le expuso los hechos resumidamente.

-En realidad no hay mucho que contar; te desmayaste, caíste, y te recogí antes de que te golpeases la cabeza-dio otro trago a la cerveza para continuar.-Entonces decidí traerte aquí para mayor seguridad, te alcé en brazos y salimos de ese agujero. El camino fue largo pero al ser de noche no tuve problemas, salvo dos subnormales que acojoné con la mirada al salir de aquel tugurio-bebió de nuevo y sacó otro cigarrillo que prendió antes de seguir.-Al llegar aquí te acosté en la cama y te tapé porque hacía frío... Y ese sería el resumen de como terminamos aquí.

La verdad, tenía montones de preguntas que hacerle, tenía mucha curiosidad, pero no quería ser indiscreto y, además, ella parecía bastante hermética, así que, seguramente, se cerraría en banda y quizá dejase de confiar en cierta medida en él. Al final formuló la pregunta que más rondaba por su mente.

-Si no es demasiada indiscrección, ¿qué hace una joven viajando sola por los agujeros más infectos y vomitivos del West Blue? La verdad me resulta curioso encontrarme una viajera intrépida y valiente viajando sola y yendo a estos sitios.

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#13
     Me parecía a mí que el pescador había interpretado algo mal, porque me explicó que necesitaba un ungüento para sus contusiones. Ni siquiera me había fijado en que había algo más sobre su piel.
     —No te confundas —reí, permitiéndome relajarme un poco tras la seriedad anterior—, puedes ir como te apetezca. Estás en tu casa y te aseguro que no me espanto. 
     Las obras de arte hay que apreciarlas y su cuerpo esculpido era una de ellas.
     Cuando explicó mejor las intenciones que había tenido con su anterior ofrecimiento —el de East Ballywood, no el de quedarme en su casa—, el resto de mi tensión desapareció. Se aseguró de que yo entendiera que no me estaba menospreciando, y más con la apuesta acerca de mi posible alcoholismo.
     Reí de nuevo, claro.
     —Tal vez podrías ganar esos berries si apuestas a mi favor, pero solo cuando tengo el estómago lleno, y hace bastante que no como... Ya ni sé desde cuándo. Ayer, creo. O anteayer, ni siquiera sé cuánto tiempo he estado inconsciente.
     Escuché con atención el resumen de nuestra siniestra aventura. No tenía muchos detalles macabros, sino más bien prácticos. No era muy diferente a como yo me lo había imaginado, salvo los dos cazurros a los que mencionó.
     —Acojonar con la mirada, me apunto esta habilidad tuya junto con la de partir por la mitad mostrencos caníbales —bromeé.
     Entonces, hizo LA pregunta, aquella que podría interesar mínimamente a la persona que estás conociendo, o si has compartido una escena de sangrienta pelea. En este caso, coincidían.
     Qué hacía en un lugar como East Ballywood.
     Sola.
     Lo que equivalía a ser un "quién eres, qué eres".
     La respuesta era muy fácil. Tan fácil como que decidiese querer cortarme en dos según los ideales que tuviese, incluso su trabajo. No pescador, claro, ni siquiera tengo espinas. Me refiero a otro trabajo, uno que no vas anunciando a los cuatro vientos porque en East Ballywood, solo, podrían echarse encima de ti, y aunque pudieses cargarte a cien, igual el ciento uno conseguía su objetivo.
     Porque decir un "Hola, soy Kisuke y soy marine" no queda bien en una alcantarilla como aquella. Marine, guardia, lo que fuese. Y ya sabemos que a esos tipos no les hace gracia la gente como yo. Es vernos y querer echarnos la mano encima para aumentar su autoconcepto como "agente del bien". O quizá fuese un cazador de piratas. O simplemente alguien que viese una buena oportunidad en mi captura. O en su intento.
     O un pescador, y punto.
     ¿Y si no? 
     ¿Y si sí?
     Bueno, en ese caso tendríamos que ver quién merecería la victoria.
     —Así que intrépida y valiente, ¿eh? Imagino que tienes que serlo para que el mundo no te coma, especialmente si viajas por el mar. Y, sobre todo, para que la vida con tendencia corta de un pirata sea un poco más larga. Aunque, siendo sincera, ir a ese tipo de sitios de mierda es otra de las cosas que baja tu esperanza de vida. Suerte que sé pelear, ¿verdad?
     Y bebí otra vez, mirándolo a los ojos para intentar captar su reacción de forma prematura. Casi retándolo.
     —¿Y tú, pescador? —Enfaticé la última palabra—. Ya me contaste sobre tu espada, pero me imagino que si tú sabes luchar de ese modo, no es por la guerra que te dan los lenguados. ¿Quién eres?

        
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#14
Kiuske se rio la escuchar a Maeve y se levantó a por un plato de cecina y queso que tenía en el refrigerador, para que la joven comiese algo. Y además trajo una botella de vino que tenía en la alacena. Era de la cosecha de un conocido suyo al que llevaba pescado todas las semanas y era bastante bueno.

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Lo que si no se esperaba era la revelación de que los tipejos del antro eran caníbales, aunque no dijo nada. El hedor a putrefacción y el comportamiento de aquellos lunáticos, eran prueba más que suficiente para corroborar las palabras de la joven albina, además de algunas de las cosas que murmuraba mientras estaba inconsciente.

-En resumidas cuentas, hicimos un favor a la humanidad librándolos de esos colgaos.

Cogió un pedazo de cecina y un cachito de queso y se los llevó a la boca; él también tenía hambre en realidad. Entonces escuchó con atención a Maeve que básicamente le dijo que era pirata. Kisuke, impertérrito, escuchó a la joven albina hasta que terminó.

-Ya veo, aunque supongo que serás pirata desde hace no mucho, puesto que no tienes tripulación.

Entonces le devolvió la pregunta a Kisuke, que se rascó la cabeza en ese gesto tan característico suyo.

-En realidad, soy pescador... aún. Llevo varios años preparándome para perseguir el destino que me liga a Yamigiri-dijo tocando la vaina de su espada.-Y, antes de que digas nada, tengo en mente unirme al ejército revolucionario, puesto que en esa facción tendré oportunidad de lograr mi objetivo de ser el mejor espadachín, y así, además, limpiar un poco el estercolero que es el mundo en este sistema enfermo.

Seguramente dijo más de lo que pretendía, pero después de lo que habían vivido juntos, estaba convencido de que podría confiar en aquella mujer. Sabía que no sería capaz de venderle, aunque aún no formaba parte ni siquiera de aquella facción. Miró intensamente a Maeve, intentando vislumbrar y anticipar su reacción.

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karma
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#15
     Oh, sí. Comida.
     En cuanto vi lo que trajo Kisuke —cecina, queso y una botella de vino—, me sentí la mujer más afortunada del universo. El hambre me estaba matando y lo había ignorado por completo. Pero cuando vi aquello delante de mí, se me hizo la boca agua.
     No pedí permiso: si el hombre había tenido a bien traer aquello, era porque esperaba que yo también comiese. Y no sería yo quien le llevase la contraria. Probé la cecina, probé el queso (oh, perfecto manjar de los dioses). Con respecto al vino, me tomé la libertad de quitarle la botella de la mano y llevarme el cristal a mis labios, bebiendo directamente.
     Su puta madre, qué delicia.
     Se lo devolví y me limpié la gota púrpura que resbalaba por la comisura de mi boca con el dorso de la mano.
     Kisuke no armó ningún numerito al conocer a lo que me dedicaba. De hecho, reaccionó del mismo modo que si le hubiese dicho que amanecería al día siguiente. Por alguna razón, no me extrañó. Incluso fue como si me quitase un peso de encima. No es que me importase ser juzgada, pero una pelea contra él en ese momento me habría complicado un poco la existencia.
     —¿Das por hecho que no tengo tripulación solo porque me has conocido sola? —pregunté tras morder otro trozo de queso. Tragué—. Sobre eso, supones bien. Sobre lo demás... —Hice cálculos mentales—. Llevo once años en la piratería. Actúo sola. Ya sabes lo que se suele decir: mejor sola que mal acompañada. ¿Vas a comerte eso? —Cogí un pedazo de cecina. 
     Después, me habló de él. Confirmó una vez más su oficio como pescador. También mencionó su espada. Entonces, llegaron las grandes revelaciones: quería ser revolucionario y el mejor espadachín. Y habló del sistema socioeconómico político actual en unos términos que me agradaron, y mucho. Cien puntos más para Kisuke, cuya mirada podía llegar a taladrar.
     Por supuesto, sonreí. No pude evitarlo.
     —Me gusta tu forma de pensar, futuro revolucionario. Aunque tal vez, llegado el momento, te toqué limpiar escoria pirata. Escoria como yo. —Más vino—. La cosa se pondrá interesante. Y con respecto a tu objetivo, creo que vas por muy buen camino. Tu manejo de la espada es excelente.
     Nunca le había dado mucho crédito al Ejército Revolucionario y no era porque tuviera prejuicios hacia ellos, sino que hasta el momento los tenía como un ente que hacía cosas por ahí, pero, al no cruzarse en mi camino, no pensaba en su presencia. 
     Con lo que había dicho, imaginarme una pelea contra Kisuke en un futuro no fue algo tan descabellado. Y al estar de mi lado era todo muy bonito, pero me tendría que emplear a fondo si en algún momento nos tocaba enfrentarnos.
     Qué cosas tiene la vida.
     Pero, por lo que parecía, aquella noche no iba a darse esa hipotética pelea, así que me dispuse a seguir disfrutando de mi cena. Y de la conversación con él.
     —Es difícil cambiar el mundo, ¿sabes? Pero al menos hay una posibilidad de hacerlo si existe ese deseo. No es el mío, por supuesto, yo lo veo más como no encajar ni pretenderlo, y enfrentarme contra todo aquello que pretenda someterme. Y contra lo que se interponga en mi camino, claro. —Queso—. Cuéntame, Kisuke, ¿a qué te dedicas cuando no estás pescando ni limpiando basura humana? ¿Qué te gusta hacer?


        
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#16
Kisuke se sorprendió al oírla decir que llevaba once años en la piratería. No era común que alguien tan joven fuese pirata, aunque bueno, nunca se sabía.

-Bueno, no está mal ser independiente, y, como dices, mejor sólo que mal acompañado, pero es mejor siempre tener alguien con quien compartir cargas y aventuras, y nuestra pequeña aventura es algo que me lo ha confirmado... kuhahahahaha.

Luego le habló de la contraposición entre sus posiciones de revolucionario, aunque fuese a futuro, y de pirata, y como esa dicotomía podría llevarles a enfrentarse a ambos.

-Es posible que tengas razón, pero hay algo que no has tenido en cuenta. La gente de la revolución, o al menos si en realidad piensan como yo, no nos fijamos en esas cosas, vemos a las personas. Es decir, si tú eres una pirata que lo que quiere es ser libre y vivir tu vida como más quieras, no tendríamos problemas, sin embargo, si fueses una pirata que roba, mata y extorsiona a gente inocente, ahí si me vería obligado a tomar medidas... kuhahahaha.

En su orgullo le sentó bien que alabase su manejo con la espada, era algo que siempre le tocaba la fibra sensible, puesto que desde niño había soñado con ser espadachín.

-Gracias por tus palabras, Maeve. A mi me ha impresionado tu destreza con esos puñales. Pero aún tengo mucho que mejorar, y estoy considerando ampliar mi estilo al uso de dos katanas; podría serme más útil contra múltiples enemigos.

Tampoco quería aburrir a la joven con una clase magistral sobre el manejo de la espada y las ventajas y desventajas de usar una o dos. Tras esto la conversación derivo en algo más genérico, sobre la complejidad de cambiar el mundo y cómo Maeve solo pretendía, en resumidas cuentas, ser libre.

-Supongo que si, tienes razón. El mundo es enorme y hay infinidad de personas, por lo que lograr una sociedad armónica es una tarea titánica y que requerirá del esfuerzo de muchas personas...

Se rascó la cabeza unos instantes, en ese gesto característico suyo.

-Quizá sea mucho suponer pero supongo que has pasado toda tu infancia como un pájaro enjaulado hasta que lograste liberarte de las cadenas y por eso valoras y proteges tu libertad por encima de todo. Eso me gusta la verdad, es lo que nos hace humanos al final, la libertad, pero también, y esto es algo personal, sabiendo que tu libertad no puede ni debe interponerse con la de los demás. Es un tema bastante complejo, en realidad.

Entonces le preguntó algo más personal, sobre qué le gustaba hacer cuando no estaba con sus ocupaciones habituales. Parecía que la curiosidad por saber del otro, era mutua y eso le permitió a Kisuke relajarse un poco más y hablar con algo más de soltura.

-Kuhahaha, bueno hay varias cosas que me gusta hacer además de dar lecciones a subnormales y pescar para sobrevivir. Por ejemplo, me encanta leer, sobre todo libros sobre combates y el camino de la espada, pero cualquier lectura en realidad me supone un placer bastante relajante.

Como ella había abierto la veda de hablar un poco sobre las aficiones, no tenía pensado desaprovechar esa ocasión para saber más de ella.

-¿Y tú? ¿Qué me dices de ti?¿Qué es lo que te entretiene en las horas muertas?
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#17
     —Y lo que tú no has tenido en cuenta es que no todos son como tú. Creo que East Ballywood es un buen ejemplo —le respondí.
     Luego habló de que si me dedicaba a robar, matar y similares, sí que se lo tomaría en serio, no haciéndolo antes solo por el simple hecho de ser pirata.
     Hay cosas que existen mejor en secreto, y no todos los secretos están hechos para ser conocidos por todo el mundo. Por eso se llaman secretos. Decidí que, en ese caso, no le explicaría a Kisuke que el concepto de ser pirata normalmente acarreaba esos delitos que acababa de mencionar, e incluso más, porque prefería seguir manteniendo una conversación tranquila. Había dejado muy claros sus valores e intenciones. Yo oculté los míos. Al menos, parte de ellos.
     Estaba claro que mi lista de delitos lo ofendería.
     Luego valoró mi comentario acerca de su destreza con la espada, confesando que quería probar a pelear también con una segunda. Si en algún momento lo conseguía, sin duda, su vistosidad y letalidad en batalla aumentarían considerablemente. También me había halagado a mí. Mi respuesta a esto último había sido una silenciosa sonrisa. 
     Y habló de lo que creía él que podría ser mi pasado. Y de la libertad. Y que le gustaba eso. Y el muy cabronazo había acertado de lleno, lo que me hizo sentir terriblemente incómoda. No le había abierto mi corazón y él había sabido mirar dentro. Por supuesto, mi expresión continuó siendo la de una estatua de mármol. No estaba preparada para tratar el tema de mi pasado con nadie, y mucho menos con alguien cuya capacidad de deducción parecía arrolladora. Me hacía sentir expuesta, invadida, porque yo no había dado permiso. Así que la mejor solución fue no confirmar y continuar con la segunda parte de su idea: la libertad.
     —Libertad, ¿eh? Un concepto complicado. Como dices, ¿dónde están sus límites? Mío, suyo. Blanco, negro. Disfrazamos de dicotomía conceptos subjetivos que solemos utilizar a favor de nuestros intereses, cuando en realidad el mundo está plagado de grises. ¿Por qué es más válido que un gobernante coarte la libertad de sus ciudadanos porque es "quien manda", por ejemplo, exigiendo unas tasas que nunca sometió a votación, que alguien que decide coger ese dinero a otros por cuenta considerándolo robo? En ambos casos es disponer del dinero de los demás sin preguntarles, pero el prisma es diferente, ¿verdad? Hipocresía.
     Hay temas de los que me apasiona hablar. Otros me encienden. Y, como en este caso, a veces coincide.
     Joder, sí que era intenso el vino. O quizá es que justo antes había devorado una cerveza. Y qué bien me sentaban, como el queso y la cecina.
     Era maravilloso poder tener una conversación profunda con alguien interesado en algo más allá de lo mundano.
     Y hablando de todo un poco, le gustaba leer. No era una afición que compartiéramos, pero entendía el gusto por viajar en el tiempo y en el espacio sin moverte del sitio. El interés por vivir aventuras que, de otro modo, jamás conocerías.
     —¿Yo? Buena pregunta —dejé escapar en voz alta—. Me gusta la música, es algo que... disfruto mucho. —Gracias, alcohol, por soltar mi lengua en cuanto a hablar sobre mí—. Poco se habla de todas las emociones que contienen y provocan ciertas combinaciones de notas en una melodía. Bueno, igual se habla poco en los ambientes que más conozco, ya sabes a qué me refiero. Muy pocas neuronas en tanto cerebro. Tú eras la nota discordante allí. —Lo señalé con el dedo—. Una buena comida también me gusta. Normalmente ando comiendo mierdas porque es lo que hay, por eso disfruto cuando algo bueno se me pone por delante.
     Igual que estaba disfrutando con esa conversación, aunque la falta de confianza hacía que me costase encontrar la pregunta adecuada, y más que por él, por mí, porque igual luego me tocaba responder y, si Kisuke lo hacía, me costaría escabullirme.
     —¿Cómo piensas entrar en el Ejército Revolucionario? Por lo que sé, no dejan carteles con ofertas de empleo.
     Sí, ese tema podría estar bien. Era seguro para mí.


        
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#18
Kisuke estaba fascinado con la conversación. Era una chica profunda e inteligente, no sabía sí había forjado su carácter con sus experiencias o base de lectura. Manejaba muchos conceptos que no eran nada habituales en la gente de a pie, y mantener una conversación así era para el pescador algo más que refrescante.

-Evidentemente, tendemos a simplificar demasiado las cosas por la pereza que tiene la sociedad en general de no usar el cerebro más que lo justo para no cagarse ni mearse encima, y por eso catalogan todo como blanco o negro, en vez de apreciar todos los matices de la escala de grises que conforman la realidad. Pero creo, y esto es mi entendimiento sobre el concepto, que la libertad individual únicamente está limitada por la libertad individual de los demás. La empatía es básica a mi entender para poder manejar la libertad como una persona de bien, y, algo que decía mi padre era que nunca hiciese nada que al mirarme en el espejo me avergonzase de mi mismo. Y esa filosofía es la que intento seguir

No acostumbraba a explayarse tanto hablando, pero al ser una conversación tan interesante, no le importó para nada el hecho de tener que hablar durante tanto tiempo seguido. Maeve tenía la capacidad de entretenerlo con una simple conversación. Entonces ella pasó a hablar de su afición por la música, y Kisuke apreció una sensibilidad interesante al escucharla mencionar ciertos aspectos del arte musical que al pescador se le escapaban, pero que le parecieron fascinantes.

-Vaya, en este aspecto soy bastante troglodita, pero me resulta increíble que seas capaz de apreciar tantos matices y cosas en las melodías. Yo no soy un melómano ni mucho menos pero cuando suena la música, simplemente me dejo llevar por el instinto... kuhahahaha.

Le hizo gracia que mencionase la poca agudeza de la gente, refiriéndose a la de la taberna, y cómo lo catalogó a él como una nota discordante, lo que le hizo sonreír. Ahora mencionaba su gusto por comer, y ahí el pescador si que tenía mucho que decir.

-Bueno es normal no poder comer siempre lo que a uno le gusta. Aunque resulte irónico, no soy muy fan del pescado... prefiero un buen chuletón de ternera, kuhahaha.

Entonces Maeve pinchó en hueso, le preguntó directamente sobre como iba a hacer para entrar en el Ejército Revolucionario. Ciertamente, era algo que preocupaba a Kisuke porque no tenía ni idea, y le gustaría formar parte de sus filas antes de salir del agujero infecto de Ballywood.

-¿Te soy sincero?-hizo una pausa de cortesía ante su pregunta retórica.-No tengo ni puñetera idea... kuhahaha.

Dio otro trago mientras mascaba un pedazo de cecina.

-Ahora en serio, no se como harán para reclutar a la gente, pero bueno, si no descubro como lo hacen, haré que sepan de mi y mis actos, y esperaré que en algún momento me acepten; tampoco puedo hacer mucho más. Aunque realmente me iré de aquí en el próximo año posiblemente

Tras comerse la cecina, prendió de nuevo un cigarrillo.

-¿Y qué me dices de ti? ¿Te quedarás mucho tiempo por aquí, o partirás pronto a tu próximo destino?
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#19
     Un tipo realmente noble, este Kisuke.
     Empatía, una palabra tan fácil de pronunciar con una práctica tan complicada de hallar. Mirarse al espejo y no avergonzarse de lo que uno ve. No, yo no me avergüenzo de mí misma, me gusta quién soy, en lo que me convertí a partir de los pedazos de la niña que un día fui. La cuestión es que lo que él entendía por una persona decente difería con el concepto que yo tengo, puesto que su rectitud se alejaba, a mi entender, de mi forma de vida.
     Y parecía que a los dos nos gustaban nuestros propios reflejos.
     A él la música no le decía tanto como a mí, y para mí los libros no guardaban tanto significado (no literalmente, claro).
     En realidad, no teníamos tantas cosas en común, pero sí aquellas que nos habían juntado, en definitiva, en aquella casa.
     Y un pescador al que no le gusta el pescado. Sorprendente, pero no tanto. Ya se sabe: en casa del herrero, cuchillo de palo.
     Tampoco me sorprendió que no supiese cómo contactar con el Ejército Revolucionario. Parecía ser una facción bastante hermética, aunque no era para menos: si no eran rigurosos, corrían el riesgo de que cualquiera pudiera acceder a sus filas con oscuras intenciones. Y los infiltrados no le gustan a nadie. Las posibilidades de traición aumentaban cuanta más gente hubiese, en especial, gente desconocida. Entendía la suspicacia.
     —Estoy segura de que llamarás la atención con tus actos si se parecen a los que cometiste estando conmigo —comenté—, aunque realmente no sé si te considerarían como alguien apto para sus intereses o un criminal más. La verdad, tampoco sé cómo funcionan en ese aspecto ni cómo suman gente. En cualquier caso, espero que lo consigas y que cuando te vayas de aquí sea con lo que quieres.
     No había nada peor que plantearte un objetivo y, por mucho esfuerzo que pusieras y por mucho que te empeñaras, no conseguirlo. De verdad esperaba que hallase lo que buscaba.
     —Con respecto a mí —hice una pausa, pensativa—, me marcharé pronto. Tal vez exprima un poco más esta isla, a ver qué me puede ofrecer, pero no suelo estar demasiado tiempo seguido en un mismo sitio. He de decir... —paré de nuevo, sopesando si continuar; por suerte o por desgracia, el vino me alentaba— que has sido muy amable ofreciéndome tu casa para quedarme. Bueno, tu casa, tu ropa (no es que sea estrictamente tuya, no te imagino con un vestido, pero ya me entiendes), tu comida, tu amabilidad y, en East Ballywood, tu espada. Y no es por ser grosera, pero me veo obligada a rechazarla. Ya sabes el tipo de vida que llevo. O, más bien, te lo puedes imaginar. —Lo miré a los ojos, entornando los míos y dibujando una pequeña sonrisa—. Espero que te conviertas en un gran revolucionario y que des toda la guerra que puedas, que le toques los cojones todo lo posible al Gobierno y a los perros que tiene por ahí repartidos.
     Di otro sorbo de la copa. Miré el humo que ascendía desde el cigarro que alternaba entre sus dedos y sus labios.
     —Igual ya estoy abusando de ti, pero ¿me das uno?
     Yo no acostumbraba a fumar, quizá de vez en cuando —muy de vez en cuando—, pero al verlo hacerlo continuamente, me apeteció. ¿Y por qué no? Había que celebrar que no nos habían comido. Un motivo muy raro de celebración y una forma de celebrar más rara aún.


        
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