[Pasado] - Lo que no se dijo
#1
Día 54, 22:35h, verano, año 8
West Blue | Ohara | Rémora Fatua, en una solitaria playa de Ohara (Bosque Costero)


OST DE LA ESCENA

     Hacía más de veinticuatro horas que Kisuke y Zorak habían llegado a nuestro barco. Como era evidente, con ellos a bordo no partiríamos al Grand Line de un modo inminente. No tenía muy claro cómo se desarrollarían los acontecimientos con este giro, tan solo me limitaba a observar. Al fin y al cabo, Eaa, Peteiro y yo habíamos consensuado darnos unos días más para zarpar. Lo que no podíamos saber en ese momento era que sería más de un mes de demora, pero eso no es lo que nos ocupa aquí y ahora.
     Me resultaba terriblemente incómodo compartir espacio con Zorak después de todo lo que había sucedido entre nosotros y que, ahora, parecía no tener ninguna importancia para él, lo cual me enfurecía aún más. Y era imposible para mí hacer como que nada había ocurrido, porque mi vieja herida estaba volviendo a derramar sangre en mi interior.
     No mentiré: desde hacía cuatro años, unas veces más y otras menos, había fantaseado con el momento de volver a encontrarme frente a él, y realmente había estado convencida de que eso no ocurriría jamás. Por tanto, tenerlo tan cerca y, a la vez, guardar tanto resentimiento hacia él me estaba consumiendo.
     Tal vez Eaa, Peteiro y Kisuke se habían dado cuenta de algo, incluso el propio Zorak, porque era incapaz de disimular, ni siquiera por el bien de mi propio secreto. Por esa razón, decidí que postergarlo más sería una agonía para mí. Había llegado el momento de afrontar lo que me hacía querer salir corriendo.
     Ya habíamos cenado. Había ayudado a Eaa a recoger las cosas de la cena, pero rara vez me deja permanecer en la cocina de la bodega más de diez segundos, así que pronto me quedé ociosa. Realmente había buscado entretenerme todo lo que pudiese trasteando con los platos y los cubiertos, de forma que el momento que tanto ansiaba y temía tardase más en llegar, pero no hubo suerte.
     Al final, respiré hondo y busqué a Zorak con la mirada. Se encontraba en el lugar que ya iba siendo habitual para él en tan poco tiempo: la base del mástil. Allí apoyaba la espalda y se enfrascaba en su lectura, cualquiera que fuese. Mi corazón latía demasiado fuerte. Tanto, que me daba la impresión de que cualquiera de los ahora ocupantes del barco atracado podrían escucharlo. Escapaba a mi entendimiento cómo no me temblaba el pulso para cometer —casi— toda clase de crímenes y que afrontar la conversación que buscaba me aterrase de esa forma. Incluso cuando mi avidez de respuestas era casi insoportable.
     A apenas a metro y medio detrás de él, volví a tomar aire.
     —Zorak —lo llamé, asegurándome de que solo él me oyese. Pronunciar su nombre se sintió como una punzada en el estómago. Esperé a que apartase la vista de las letras para continuar—: Tenemos que hablar.
     Soné cómo un iceberg en el más crudo invierno. Cualquier otra cosa habría sido imposible.
     Sin esperar una respuesta o cualquier otra reacción por su parte, comencé a andar hacia la parte del barco donde habíamos habilitado la rampa directamente en la arena, evitando todo contacto, intencionado o fortuito, con el agua del mar. Bajé por ella con el pulso martilleando mis sienes. Esperaba que hubiese decidido seguirme, que mi propuesta le hubiese interesado hasta tal punto, porque no miré atrás.


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#2
Estaba con la barriga llena y un buen libro entre mis manos, la suave brisa acariciaba mi rostro, absorto en mi lectura como estaba no me di cuenta de que Maeve se había acercado por mi espalda hasta que escuche su preciosa voz, fría como el hielo, pero hermosa de todos modos.

Comentaba que teníamos que hablar y el tono no dejaba lugar a dudas, estaba molesta y por la forma en la que actuó cuando nos reencontramos, soltando un puñetazo en mi cara, era claro que no se había tomado bien la despedida hace unos años, me levante y comencé a seguirla. Para cuando comenzó a pasar por la plataforma que llevaba a la playa di un ágil salto que me llevo desde el mástil hasta la orilla de la playa, aterrizando sin provocar sonido alguno me quedé observando como bajaba por la rampa con ese bonito vaivén de caderas que caracterizaba a la albina, una forma de caminar más parecida a la de alguien de la realeza que a una pirata.

Saque el paquete de tabaco del bolsillo derecho y me lo lleve a la boca, sacando un cigarro con los dientes y sacando las cerillas que guardaba en el bolsillo izquierdo tras guardar de nuevo el paquete, di una profunda calada y lleve mi mano izquierda hacia el mechón de mi frente, comencé a juguetear con él usando el dedo índice justo cuando Maeve tocaba tierra.

"Que ocurre Köri?" Pregunte mientras comenzaba a caminar al lado de la albina.

Caminemos durante un par de minutos, adentrándonos en la espesura del bosque hasta que lleguemos a un claro, me gire a encarar a Maeve y mi mirada se cruzó con la suya, esta vez con un deje iracundo en sus ojos.

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Karmas
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#3
OST DE LA ESCENA

     Me detuve justo al pisar la arena al darme cuenta de que Zorak ya estaba allí. ¿Cómo demonios...? No, no estaba yendo allí para dejar que me impresionara. Mi rostro regresó de la sorpresa a la indiferencia de nuevo. Aunque indiferencia era lo último que tenía cabida en aquella playa. Al menos, y por desgracia, por mi parte. Bien me habría arrancado el corazón si hubiese podido, con ello, despojarme de aquel malestar.
     Tener corazón es muy jodido, por eso procuro mantenerlo vacío.
     Volvió a llamarme Köri, como solía hacer antes. Mi garganta clamaba por gritarle que cómo se atrevía usar ese nombre conmigo, pero en su lugar elegí el silencio. Y fue así, sin pronunciar palabra, como avanzamos hasta atravesar la linde del bosque. Sobre nuestras cabezas, las verdes hojas de los árboles mecidas por la brisa nocturna primaveral. No transcurrió mucho rato hasta que encontramos un claro en el que nos detuvimos La luz de la luna bañaba nuestro alrededor, a nosotros, con su blancura. Zorak me miró y yo le devolví el gesto, uno que nacía desde las profundidades del rencor. Supuse que quería que le respondiera la pregunta. ¿Qué ocurría? Ocurrían muchas cosas y, ahora que lo tenía delante, solo para mí, sin ninguna otra compañía por la que cohibirme, descubría que todas las palabras se me agolpaban. Se apelotonaban sin orden ni control, buscando ser dichas y, a su vez, evitadas.
     —¿No sabes qué es lo que ocurre? —dije, por fin. Mi voz fue grave, calmada, aun cuando todo mi interior bullía—. Te ha debido de ir muy bien todo este tiempo. Incluso has conseguido llevar a cabo tu venganza, te felicito. —Recordaba muy bien la referencia que había hecho en Pueblo Engan—. No creo que te interese, pero a mí también me ha ido bastante bien. He conseguido cosas de las que estoy orgullosa. —¿Qué estaba haciendo? No le había llamado para esas mierdas. Joder, no sabía por dónde empezar sin abrirme en canal. Solo había un camino posible—. Eres un cabrón, y aun más si me tienes que preguntar qué es lo que pasa. Aunque supongo que eso ya me debería dar la respuesta que busco. —Hice una pausa. El esfuerzo para que mi voz no temblara me estaba consumiendo muchas energías—. Nunca te importé una mierda, ¿verdad? Solo era un pasatiempo, algo de usar y tirar. Algo que usaste y tiraste. —Apreté la mandíbula—. Si todo lo que me contaste en la carta era verdad, siento mucho que tuvieras que pasar por aquello —recordaba perfectamente el contenido de esta—, pero te lo podrías haber ahorrado. Podrías haberte marchado, simplemente, sin fingir que me debías alguna clase de explicación, sin fingir que te preocupabas. No debiste mentirme, Zorak, a mí no. Podrías haberme mirado a la cara y decirme que se acabó. O, si lo que me contaste es cierto, haberme mirado a los putos ojos dándome la oportunidad de responderte. Pero elegiste el camino cobarde. Yo confiaba en ti y me abandonaste. 
     Mi voz se apagó en la última frase, atascándose en algún lugar de mi dolor, de mi cúmulo de heridas superpuestas, cada una más antigua que la anterior. Cuando una cicatriz se reabre, cierra peor. Cuando sucede varias veces, queda sangrando por siempre, incluso cuando crees que ya lo superaste. Hay cosas que nunca se superan.
     Una densa sombra cayó sobre mis ojos.


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#4
Maeve comenzó a hablar y aunque su tono era calmado estaba claro que estaba dolida, la conocía demasiado bien para darme cuenta de que ella no era el tipo de persona que expresa sus pensamientos de esa manera, cuando me felicito por el éxito en mi venganza el recuerdo de Ridel muriendo frente a mí tras su último discurso se hizo presente, baje la cabeza y con hilo de voz comente.

"No hay nada que celebrar sobre mi venganza..." Mi mirada se perdía en el suelo y la tristeza se abría paso a través de mis recuerdos.

Acto seguido Maeve comento sobre que a ella le había ido bien, aunque a mí no me importara, "como no va a importarme el amor de mi vida" pensé, guardándome esas palabras para mí y volviendo a recordar a Ridel haciendo alusión a la mujer que tenía ahora delante. El detalle de comentar que no me importaba confirmaba lo que pensaba, estaba molesta.

Y entonces estallo, la escuché hablar como no la había escuchado nunca, abriéndose y soltando lo que le molestaba, haciendo alusión a la carta y a mi manera de marcharme, estaba por hablar cuando una frase se clavó en mi pecho como un puñal al rojo vivo. "Yo confiaba en ti y me abandonaste".

OST

"Köri... eso no es así y lo sabes, jamás te mentiría." Gire mi cabeza aun sin mirarla a los ojos.

"Tenía que hacerlo... era mi responsabilidad para con mis amigos asesinados." No se me daba bien esto, podía sacarle información al mismísimo diablo, pero Maeve me desmontaba, no quedaba otra que decir las cosas tal y como eran, aunque pudiera herir el orgullo de Maeve.

"Decidí por los dos, sí." Levante mi mirada hasta posarla sobre la suya, no me gustaba que me mirara de esa manera tan severa.

"Me estabas cambiando... cada vez me importaba menos vengarles y cada vez me importaba más una vida contigo... pero lo que les paso fue culpa mía y... si no me hubiera apartado de ti..."
La grave voz de Ridel volvió a resonar en mi memoria, "Me lo voy a pasar igual de bien con la paliducha que con tu amiguita de pelo azul, le cortaré la lengua también." El simple hecho de recordarlo me helaba la sangre y hacía de mi piel, piel de gallina. "Sabían sobre ti también, no me equivoque al apartarte... yo... no soportaría perderte."

Mis ojos comenzaban a humedecerse mientras intentaba aguantar las lágrimas, había sido tan estúpido de pensar que lo entendería y no le di la opción siquiera de tomar partido en la decisión y ahora la tenía allí delante, enfurecida.

"De haberme quedado contigo... posiblemente ahora estarías muerta Köri..."

Suspire y me lleve un cigarro a la boca, encendiéndomelo y dando una profunda calada, ahora solo podía esperar por la reacción de Maeve

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#5
OST DE LA ESCENA

     Las palabras de Zorak fueron golpeándome, una tras otra, como rayos en la tormenta.
     "Me estabas cambiando".
     "Cada vez me importaba más una vida contigo".
     "No soportaría perderte".
     Una vez más, el corazón fue cruel y decidió no darme tregua, manteniéndose en el frente de batalla como un tambor de guerra. Temía no haber oído bien, que esos mensajes no hubieran sido más que espejismos. La presión en el pecho era elevada, el nudo en la garganta me aprisionaba como una garra implacable. 
     —Sé cómo funciona la venganza —dije, aún con voz grave—, tenías todo el derecho del mundo a llevarla a cabo por ellos. Sabes que no te estoy reclamando eso. Pero también sabes que... —se me quebraron las palabras— te habría seguido al corazón del infierno si me lo hubieses pedido. —Temblando, decidí poner las cartas encima de la mesa. ¿Qué podía perder? Si con él ya lo había perdido todo—. Y si no querías hacerlo porque era algo que necesitabas hacer solo, decírmelo a la puta cara, no a través de un papel, Zorak Ideale. Dices que decidiste por los dos, pero podría haber sido muy diferente. Querías... una vida conmigo, pero me echaste de la tuya sin dejarme despedirme de ti. Me habría dolido tu marcha, pero no me habrías destruido el corazón. —No me di cuenta del momento en el que las lágrimas habían empezado a caer por mi rostro—. Habría entendido tu venganza, que te marcharas. ¿Temías que esa gente me hiciera algo? Me subestimas. Tal vez ellos son los que habrían muerto a mis manos, y aunque no era mi batalla, podría haber sido tu soporte, contigo o en la distancia. Pero te deshiciste de mí sin más. 
     Cerré los ojos, dejando que el dolor me invadiese sin piedad. Con el tiempo había llegado a comprender que buena parte del daño que me había causado Zorak iba más allá de la mera separación de él, sino de la repetición de patrones: el abandono de mis padres cuando era un bebé, la permisibilidad del Patrón ante los abusos de los nobles, los posteriores abusos por parte de este, la traición de Jasper. Un continuo en el que me veía abandonada sin más o usada para abandonarme después. Zorak desapareció al día siguiente de aquella noche tan especial. Tanto tiempo pensando que, conseguido su objetivo, yo ya no servía, sino que tan solo había sido un medio para un fin.
     Ver los ojos húmedos del hombre me partía el alma, pero era incapaz de borrar todo el dolor de aquellos años solo porque hubiese dicho cosas que, al escucharlas, derribaron mis defensas.
     Sin pensarlo mucho, estiré uno de mis brazos en su dirección, arrebatándole el paquete de tabaco con brusquedad, así como su mechero. Me tomé mi tiempo para prender el cigarrillo y luego le devolví el encendedor y el paquete. Aspiré profundamente.
     —No soportarías perderme —proseguí; las lágrimas morían en mis labios, por donde exhalé la primera dosis de humo— pero lo hiciste. Esa fue tu decisión. Y, como yo, tendrás que vivir con ella.


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#6
OST

Maeve no tardo en contestar, comentaba que entendía la venganza y que me habría seguido al mismo corazón del infierno si se lo hubiera pedido, cosa que ya sabia y había sido una de las razones por las cuales me marche, estaba por abrir la boca, pero Maeve continuo con una voz quebrada que no le había escuchado nunca, la voz quebrada de alguien que está por derramar lágrimas y con angustia comento que debería habérselo dicho a la cara y no en papel, comentando que la subestimaba y que serían los otros los que habrían muerto a sus manos, cerro los ojos y luego dijo que fue mi decisión el perderla, me dijo exactamente las mismas palabras que me decía mi pequeña voz interior cada vez que ella aparecía en mi mente.

"Köri..." El nombre nació de mis labios y se perdió en un susurro. "Pensé que sería lo mejor para los dos, no hubiera sido capaz de mirarte a los ojos e irme."

Sabía del ego de Maeve y los dioses saben que no querría herirla y menos en ese punto, pero debía comprender la situación y ya le hable de Ridel en mi carta, debía saberlo.

"Sabía que eran peligrosos y te prefería viva sin mí a muerta a mi lado." Me encaminé hacia la derecha, caminando lentamente hasta quedarme delante de un árbol con un tronco ancho, lleve mi mano derecha al árbol y pose la punta de mis dedos en el tronco.

"El que estuvo detrás de todo era mi antiguo maestro Köri... No murió la primera vez que nos enfrentamos. No te imaginas en la clase de monstruo en la que tuve que transformarme para poder acabar con él."

Mi mandíbula se cerraba apretando con rabia y dolor.

"Tuve que volverme un monstruo mucho mayor del que conociste y contigo a mi lado... no me hubiera sido posible hacerlo."

Teniendo la palma de la mano hacia abajo y los dedos estirados, con la punta de estos tocando el árbol, cerré el puño dando el golpe conocido como "golpe de una pulgada" destrozando el árbol, me encamine hacia Maeve mientras el árbol se desmoronaba tras de mí y cuando estuve delante de ella la mire a los ojos, verla en ese estado me dolía y no quería hacerle más daño, pero debía de entender.

"No sabes de lo que era capaz Ridel, no solo fue mi padre... también fue el verdugo de Powder."

Otra vez la piel de ganilla hacía acto de presencia, acompañando a mis ojos húmedos.

"No habrías sobrevivido, no a él. Por eso te aparté, entiéndelo, por favor, eras mi mayor punto débil"
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#7
OST DE LA ESCENA

     —Preferías, preferías, preferías —repliqué casi con tono de burla, sabiéndome cada vez más estúpida en aquella conversación. A pesar de que sus explicaciones eran demasiado convincentes. A pesar de que él había intentado protegerme con todo lo que tenía, con todo lo que sabía. Pero mis labios parecían obedecer a mi corazón herido, ya no desde la pura sinceridad, sino desde el ponzoñoso resentimiento—. Nunca te interesó lo que prefería yo. Preferiste encerrar a la princesa en el castillo para protegerla del dragón en lugar de darte cuenta de que elijo las espadas y no las coronas. No sé con qué clase de imbéciles te habrás juntado, Zorak, pero tus monstruos no me asustan. Pero ya veo que yo tan solo habría sido un lastre para ti y para tu monstruo, me ha quedado muy claro.
     De pronto, algo nació en el interior de mi pecho, distinto al rencor y la tristeza abrumadora. Ira. Una ira creciente que reclamaba cada centímetro de mi cuerpo. Cerré las manos en puños justo en el momento en el que el pelirrojo aniquilaba el pobre árbol donde este se había apoyado. Sin poder evitarlo, su potencia me impresionó. Sin duda, Zorak estaba muy lejos de ser aquel chico al que vi por última vez, sin saber que aquella noche sería la última, hacía cuatro años. Era más fuerte, más decidido, más maduro. O eso parecía. A mi rabia eso le importaba tres cojones.
     Le dejé explicar lo de su padre y Powder. Sabía cuánto le había afectado eso, era una historia realmente cruel. Hoy en día aún le dolía, a pesar del tiempo, a pesar de haber asesinado al causante de tal desastre. Uno no elige qué es lo que le duele y simplemente desear que no duela no sirve de nada.
     Volvió a hacer hincapié en que yo habría muerto. Un nuevo chispazo de ira en mi interior.
     Se refirió a mí como su punto débil. Un nuevo amago de ablandamiento por parte de mi corazón. Yo no le dije que él también era mi debilidad, que lo había sido desde que lo conocía, que era el único punto a nivel psicológico por el que me podían derribar. En realidad, Eaa ahora también se había ganado ese puesto, pero lo que Zorak me hacía sentir sobrepasaba todos los límites, para bien y para mal. Desde hacía tiempo, sobre todo para mal.
     Sin embargo, nada de esto era suficiente para aplacar mi orgullo, aquel que él, seguramente sin pretenderlo, ahora estaba pisoteando.
     —Así que nunca se trató de salvarme, no me vengas contando historias, es que eras tú el que no confiaba en mí. En mi capacidad. Dabas por hecho que moriría, y lo sigues haciendo. Siempre me has visto inferior a ti, ¿verdad? Alguien que resta, no que suma. Alguien que estorba porque hay que protegerlo. Déjame recordar... Ah, no necesité tu protección ni tu ayuda para ser la más buscada del West Blue. —Sí la de Eaa y Peteiro, pero eso no tenía por qué saberlo él; había alzado la voz en la última frase, y así fue como proseguí, entornando los ojos mientras continuaban fijados en los suyos, con mi ego tomando el control de la situación—: Aprende a respetarme de una puta vez, que no tienes delante a una cualquiera.
     Ya no lloraba.


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#8
Maeve contestó con cierto tono de mofa y en esos hermosos ojos grises podía ver una chispa de un rojo centelleante que bailaba en ira como un infierno desatado, pero mi cara de comprensión cambio a una seria tras escuchar de su boca "No sé con qué clase de imbéciles te habrás juntado", mis ojos se afilaron para clavarse en los suyos como un puñal, escuché el resto de lo que dijo con esa mirada, acompañada de unas facciones más serias si cabía y sentenció con que no necesito mi protección para volverse la más buscada del west blue, que la respetará de una vez.

"Sigues exponiéndote demasiado Köri... quieres que te respete, pero vas llamando la atención de más, como por ejemplo... el tipo sin polla de Ballywood" Estaba comenzando a encenderme de verdad. "Creías que podrías liarla así en mi ciudad sin que yo me enterara? En que estabas pensando haciendo algo así a plena vista?"

Mi puño se cerró en rabia, estaba a segundos de estallar y la vena de mi frente comenzaba a inflarse, necesitaba un cigarro para calmarme, afloje la mano y saque el paquete de tabaco, y me encendí uno, dando una profunda calada intentando que la mala hostia se fuera con el humo, al exhalar el humo comenzó a salir por las agallas de mi cuello mientras seguía hablando sin que humo alguno saliera por mi boca.

"Sabes lo frustrante que es dejarte para protegerte y qué doña importante vaya directa al peligro a cada paso que da?" El personaje del último libro que leía vino a mi mente. "Eres como Mamadriel, preciosa por fuera, pero eres un monstruo por dentro, lo sé bien Köri. Pero no te tenía por alguien tan estúpida."

Agarré el cigarro con la mano derecha y lo aparte de mis labios, me lleve la mano izquierda a la máscara que portaba en la cara, metiendo mis dedos a la izquierda de mi nariz y tirando hacia abajo, dejando al descubierto mi rostro.

"Si es verdad que ya no me quieres... solo tienes que mirarme a los ojos y decírmelo."

Me quedé mirándola fijamente a los ojos, con los ojos encendidos en rabia contenida.

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#9
     Una tras otra, Zorak lanzaba sus palabras como disparos. Cada una de las letras incendiaba más mi interior, avivando esa rabia, esa furia que a cada segundo se tornaba más incandescente, como un hierro al rojo vivo que me marcaba sin piedad. Pero, en lugar de causarme el impulso de gritar, comenzó a crearme una burbuja en el centro de mi pecho, más y más grande, hasta que finalmente rompí a reír. Fueron carcajadas casi desconocidas para mí, irrefrenables, nacidas de un caos que ni siquiera sabía manejar. Una risa alimentada por la repentina necesidad de destrozar algo.
     —¿Tu ciudad? —logré pronunciar entre carcajadas—. ¿Quién coño te crees que eres?
     Sin poder evitarlo, cuanto más veía las señales físicas de su enfado, menos podía contenerme. Él fumaba de aquella putísima manera que me secuestraba la mirada. Mis carcajadas fueron muriendo al escucharle de nuevo. Fue como si nunca hubieran existido, con la ira tomando el control de nuevo. Una vez más, palabras envenenadas a través de su máscara. Palabras cargadas de verdad, pero no era la verdad la que me resultaba hiriente. Que me llamase monstruo no me decía nada nuevo.
     —¿Frustrante? ¿Me hablas tú, precisamente tú, de frustración? —había comenzado a gritar—. ¿Tú, que me dejaste tirada como un trozo de mierda? ¿Crees que tengo que guiar mi comportamiento para que Don Egocéntrico no se frustre? ¿Qué clase de derecho crees que tienes para controlar nada de lo que hago? ¿Y qué te hace pensar que quiero pasar desapercibida? ¿Qué te hace pensar que el mundo debe girar en torno a lo que tú quieres? —Mi voz había comenzado resonar entre los árboles. Sentía el infierno correr por mis venas. Ignorando la segunda pregunta, que golpeó mi estómago sin clemencia, y tras que el pelirrojo descubriera aquel rostro que hasta hacía unas horas tan solo veía en sueños, sin poder controlarme, arremetí contra él, chocando contra su pecho y haciéndole retroceder unos pocos metros hasta que su espalda golpeó bruscamente contra el tronco de un árbol. Agarré con ambas manos el cuello de su camisa, tirando hacia mí. Solo entonces me digné a bajar el volumen—: Dime, ¿quién es más estúpido: quien se pone en peligro por propia voluntad o quien no tiene la voluntad suficiente como para salvar de la muerte a quienes le importan?
     La pregunta quedó flotando unos instantes entre el murmullo de las hojas.
     Jamás habría utilizado aquella información para atacarle, los dioses sabían lo rastrero que me resultaba. Pero bien valía ser rastrera si con ello liberaba la más mínima parte de todo el veneno que me estaba consumiendo. A todo aquel lacerante dolor se le sumaba el sentimiento de estupidez suprema por haber decidido abrir mi alma minutos antes, dado el rumbo que estaba tomando la discusión.
     Si es verdad que ya no me quieres, solo tienes que mirarme a los ojos y decírmelo, repitió mi mente.
     La crueldad que rezumó mi garganta ahora se reflejaba en mis ojos, clavados en los suyos. El corazón me latía de nuevo tan rápido que temí que lo notase a través de su piel, incluso cuando las telas de nuestra ropa era una barrera entre nosotros. Apretaba los dientes con fuerza, separando ligeramente los labios, casi jadeando. Todos mis instintos más primarios convergían en un único punto: él. 
     —No te quiero, Zorak. Nunca te he querido.
     Mi afirmación se me clavó como un puñal tóxico. Deseé que fuese verdad, que mi corazón estuviese tan muerto que jamás se me permitiese amar de nuevo. Amarlo a él. 
     

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#10
Maeve siguió con el enfado en alza, cada palabra se hundía como un cuchillo al rojo en mi interior, llamándome egocéntrico y preguntado que quien me creía que era, acabo agarrándome por las solapas y haciendo fuerza me llevo hasta un árbol con el que tope con mi espalda, las siguientes palabras las escuche como si Maeve hablara en cámara lenta. "Dime, ¿quién es más estúpido: quien se pone en peligro por propia voluntad o quien no tiene la voluntad suficiente como para salvar de la muerte a quienes le importan?"

Mi sangre comenzó a hervir de ira, como se atrevía a comparar esas situaciones, como se atrevía siquiera a usar algo tan íntimo para mí en mi contra y antes de poder digerir lo que acababa de decir, sin tiempo a respirar para calmarme y comprender que ella estaba dolida llego su sentencia, como si la espada de Damocles que colgaba sobre mi cabeza acabara de soltarse del fino hilo.
"No te quiero, Zorak. Nunca te he querido." Sabía que mentía por su reacción al besarla cuando se encontraron, pero ya era tarde, el monstruo comenzaba a tomar control sobre mí, le mire fijamente a los ojos, ojos que ya no miraban con amor ni comprensión, ojos de loco, de monstruo, de... depredador.

"Quieres comprobar quien es más estúpido Köri?"

De la punta de mis manos nacieron unos hilos finos, tan finos que no se podían ver, por lo menos para la albina, 9 en total, naciendo de cada uno de los dedos de mis manos, salvo el meñique izquierdo, apresando el cuerpo de Maeve sin dañarla, agarrando su torso en un fuerte agarre. Seguía mirando esos rebeldes ojos grises que me devolvían la mirada con un deje desafiante en ellos, le sonreí macabramente, mostrándole el verdadero rostro del monstruo que era ahora mismo, si quería jugar con sentimientos, jugaríamos con ellos.

"Qué tal si voy a tu bonito barco y hago que entiendas que se siente al no tener la voluntad de salvar de la muerte a quienes te importan?"

[Imagen: 5ec6c32828cab331d06fb1e248b47a6984574d4b.jpg]

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