[Pasado] [+18] - Danza de hielo y fuego
#41
     No esperaba que Zorak admitiera sus celos en voz alta. El hecho de ver aquella reciprocidad me inquietó: no solo verme correspondida sino que existiera algo que corresponder. Sabía el término que debía usar con respecto a mis sentimientos, pero temía repetirlo en mi cabeza, por lo que prefería catalogarlo como "algo".
     Luego, rio. Me descubrí como una estúpida disfrutando del sonido de esa risa peculiar.
     Tras mis palabras de que en realidad no lo conocía, propuso un juego que nos ayudaría a saber más acerca de nosotros a través de afirmaciones sobre el otro. Le miré frunciendo el ceño. No podía negar que me atraía la posibilidad de disponer de más información sobre él, pero... no era amiga de compartirla sobre mí. Sin embargo, no era una opción válida: si yo no daba, él tampoco tendría por qué, no habría un equilibrio. No sería justo. Bueno, un juego podría hacerlo más fácil.
     Me tomé mi tiempo para hacerme con mi taza de café tras que él asiera la suya. Se sentó en la cama y... me invitó a hacer lo mismo sobre sus piernas.
     Otra vez no.
     Sentí el rubor sobre mi rostro ante esa posibilidad. De nuevo, no entendí mi propia reacción, si a lo largo de mi vida había hecho cosas que podrían sonrojar al mismísimo diablo. En realidad, sí lo entendía. Lo entendía perfectamente, pero... una vez más, expulsé el término de mi cabeza.
     Dudé.
     Despacio, al final, me encaminé hacia él y, vacilando otra vez, accedí a hacer lo que me señalaba. Era una situación muy... extraña para mí, porque se trataba de un gesto íntimo, más incluso que el beso de hacía unos minutos. Cerré en un puño la mano libre de taza, tensa.
     Te estás extralimitando.
     No me sentía cómoda con ello. Sí con él. Era una constante guerra conmigo misma en una situación en la que supuse que el resto de la humanidad no daría más importancia. Tal vez fingiendo más naturalidad... Difícil, si mis músculos se mantenían rígidos.
     Me invitó a comenzar con el juego.
     Me resultaba complicado pensar desde el momento en el que hice contacto con sus piernas con las mías.
     Naturalidad.
     —No has tenido una infancia fácil, posiblemente una adolescencia tampoco. Tienes una habilidad para robar, para delinquir, para matar, que no se aprende en dos días, sino que se crece con ella —comencé diciendo. Un conocimiento que tenía por experimentación propia. Hay cosas que simplemente se saben, y más si las has vivido. Ahora solo quedaba que él confirmase.
     Había empezado fuerte. Le volví a mirar a los ojos.
     Una vez más, fui consciente de que si demandaba información, me tocaría darla también. Aunque nadie dijo que hubiera que entrar en detalles, ¿no?
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#42
Maeve dudo por un instante si aceptar mi invitación a sentarse, cuando se decidió se sentó de lado sobre mis piernas y apoye mi mano libre en su espalda, se la veía nerviosa cosa que compartíamos aun así pregunto y fue bastante directa, se notaba que su curiosidad por mi vida era más grande que su nerviosismo, comentó sobre mi niñez, mi adolescencia y mi adiestramiento y acertó de pleno en las tres, así que le di un sorbo al café y la mire con cierta duda en los ojos, pero si queríamos conocernos más debía de contarle aunque fuera por encima.

"Me críe en el basurero de Ballywood, un barrio muy pobre, así que mi niñez no fue lo que se dice cómoda, la adolescencia fue bien durante un tiempo y sobre lo último... fui adiestrado como espía, ladrón y asesino... entre otras cosas."

No necesitaba dar detalles ni nombres, por el momento, pero tenerla tan cerca y notar su peso sobre mis piernas era como una droga, una que me empujaba a querer que supiera de mí y yo saber de ella, pensé sobre que podría comentar sobre ella, aun con las facciones tan dulces que tenía, sobre todo cuando estaba a cortas distancias, donde el maquillaje de sus ojos no cambiaba tanto sus facciones, el hecho de que encontrara la casa abandonada me dio una idea de lo que comentar.

"Vives como una nómada, viajando de isla en isla sin un rumbo fijo." La miré a los ojos como intentando leer su mente "Huyes de un episodio oscuro de tu pasado."

Mientras pronunciaba esa frase noté que estaba casi describiendo mi vida desde hacía un año, pero me daba la impresión de que compartíamos ese modo de vida, no sabía que era, pero podía verlo en sus ojos, esos ojos que se parecían en color a los de Powder, pero con forma de mirar bastante parecida a la que veía cada vez que me miraba al espejo.
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#43
     Era difícil concentrarme con su mano en mi espalda. Traté de que no me afectara.
     Su respuesta me confirmó lo que ya intuía: había acertado. No puedo decir que me extrañase: yo misma había apostado por esa verdad y había resultado ser cierta. Cierto tipo de gente se reconoce entre ella, y me había sucedido con él en este caso.
     Espía, ladrón y asesino. Por supuesto. Había sido testigo directo de estas tres habilidades suyas desde que lo conocía y, sin ir más lejos, el día anterior. A mi nada recomendable predilección por el peligro le gustaron estas características y, sobre todo, que las pronunciara en voz alta, reconociéndolas.
     Por otro lado, Ballywood... Me sonaba aquel lugar de oídas, pero nunca había tenido el placer de estar allí. Me apunté que algún día debía dejarme caer por ese sitio. 
     "Entre otras cosas". Me pregunté qué cosas eran esas, pero preferí no insistir. Era más interesante ir descubriéndolas.
     Luego, fue su turno.
     "Nómada", "sin rumbo fijo", "huyes de un episodio oscuro de tu pasado".
     Vaya con el pelirrojo. Al parecer, yo no era la única que sabía leer personas. En contra de mi voluntad, tragué saliva. No esperaba que fuese tan certero.
     Oh, sí lo sabías. Por supuesto que lo sabías. Tú misma lo has pensado: nos reconocemos entre nosotros.
     Cuando mi crítica voz interior tenía razón, ¿quién era yo para quitársela?
     Despacio, acerqué la taza de café humeante a mis labios y di un sorbo. La temperatura del verano, que ya comenzaba a hacer mella según avanzaba la mañana, no ayudaba a disfrutar del calor del café y mucho me temía que pronto se interpondría entre nosotros. Pero, de momento, no me levantaría de sus piernas. Estaba bien allí. Mejor de lo que mi inquietud me permitía.
     —Sí, suelo viajar entre islas. No tengo un hogar al que volver —revelé. Jamás pude llamar hogar al circo a pesar de todos los años que había vivido allí. Tal vez a las personas que me cuidaron, el resto de "fenómenos", pero nunca volví a saber de ellas. Lo más parecido fue cuando trabajé llevando a cabo labores domésticas desde los catorce a los dieciocho años, antes de enrolarme en la tripulación de Jasper, pero de nuevo era una casa, no un hogar. Esa palabra carecía de significado en mi vocabulario—. Y... sí, podría decirse que mi pasado tampoco fue fácil. No sé si huir es la palabra.
     Sí, es exactamente esa la palabra. Huyes de algo que siempre viajará contigo, no importa lo lejos que vayas.
     En aquel momento, con veinticinco años, podía dividir mi pasado en etapas bien marcadas. Pero, sin duda, el episodio que se me venía a la cabeza con su afirmación era la época del circo, aquella donde mi cuerpo era un bien codiciado por aquellos que podían pagar el precio marcado por el Patrón. Era un precio alto, muy alto. Yo conocía las cifras. Pero, mientras a algunos el dinero nos estaba vetado entonces, otros podían permitirse el lujo de despilfarrarlo comprando seres humanos para profanar su cuerpo y romper su alma. Una de las tantísimas muestras de la podredumbre que caracteriza al mundo. Todo esto sin contar el momento en el que el Patrón decidió que la cama que visitaría con más frecuencia sería la suya.
     Basta.
     No quería que los recuerdos nublasen mi presente.
     —Soy pirata —solté, haciendo añicos las imágenes del pasado—. Estuve en una tripulación, pero ya hace mucho tiempo de eso. Desde entonces, viajo sola, sin barco propio. Me las apaño bien. No necesito más que lo que llevo encima. Y gran parte me lo dejé en El Dragón Rojo la noche en que nos conocimos. Supongo que el gilipollas ese se lo habrá llevado, en mi bolsa tenía todo mi dinero. —También perdí las dagas, pero no fue por olvido, sino por utilizarlas aquella noche—. En fin, me va bien así.
     No le miraba mientras contaba todo esto. Los recuerdos del circo me habían perturbado lo suficiente como para que rehuyera sus ojos.
     Ahora era mi turno. Si bien es cierto que la primera afirmación que formulé había venido sola a mi mente derivada de la imagen que tenía de él, me temía que no sería así con las siguientes. Debía ir probando, a ver si conseguía acertar algo de nuevo.
     —Tu forma de vida ha hecho que te alejes de tus padres, ya no te hablas con ellos.
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#44
Maeve comento que era pirata, pero no tenía una tripulación actualmente y que perdió sus cosas en la taberna, eso hizo que me sintiera culpable, ya que supuse que al haberme sacado de allí había tenido que elegir entre sus cosas o yo, luego comento la forma de vida que llevaba había hecho que me alejara de mis padres y que no me hablaba con ellos, mi mirada por un momento se perdió mientras miraba al frente y como si unas compuertas se abrieran en mis labios, mi voz salió como un caudal de agua.

"No tengo ningún recuerdo de mi madre, todo lo que se es que era una gyojin y que cuando yo tenía un año nos abandonó."

OST

Luego el rostro de mi padre surgió en mi mente, mientras recordaba los recuerdos felices que tuve con él, se podía notar el dolor en mi rostro cuando entre esos recuerdos llego el peor que guardaba dentro de mí, llegar a casa y al abrir la puerta encontrarme el cuerpo sin vida de mi padre colgando de la viga mayor, cerré los ojos y suspiré.

"Mi padre tenía un problema grave con la bebida, no era alguien violento ni nada, era un buen hombre y durante un tiempo me aparté de este estilo de vida para cuidar de él..."

Antes de continuar el recuerdo del hombre enmascarado y sin una pierna, volvió a mi mente. "A tu padre lo quitaron del medio por saber demasiado.", las palabras de Ridel cuando acabe con él en Ballywood. "Lo siento chico los negocios son negocios, aunque fuera tu padre." Mi mandíbula se apretó en rabia, así como mi mano sobre la taza de café, haciendo que esta estallara en trozos.

"Lo... asesinaron hace un año." Me di cuenta entonces de que había hecho estallar la taza y mire asustado a Maeve a los ojos. "Lo siento, cuando recuerdo el tema no puedo evitar que algo dentro de mí tome el control."

Me había olvidado por completo del juego al que estábamos jugando, esos recuerdos solo hacían que mi monstruo interior rugiera con fuerza, implorando sangre para calmarse y poder dormir de nuevo, no quería dejarle salir con ella tan cerca, no quería hacerle daño, a ella no.
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#45
     El ambiente se enrareció. La pregunta sobre sus padres pareció ser más sensible de la que había sido mi intención. Tal vez no tendría que haber abordado un tema tan personal desde el principio. Quizá un "te gusta pasear por el campo" o "sueles irte a dormir tarde" habrían sido mejores opciones que algo así. Hay recuerdos cuyo rescate tiene un coste.
     Su madre lo abandonó. Un latigazo eléctrico recorrió mi columna vertebral y fue a morir al pecho, a aquel lugar donde se supone que descansaba mi corazón. Abandono. No pude evitar sentir compasión hacia él, esa que me negaba a mí misma. De pronto, me vi manteniendo una batalla en mi interior para no dejar asomar ni una brizna de humedad en mis ojos. Era su historia, no la mía, pero aquel era un tema que, sin ser tabú para mí, me causaba un dolor que siempre procuraba proteger del resto del mundo. Un dolor personal, íntimo, ligado a muchas cosas de las que yo era hoy en día.
     Para ser sincera, no supe dónde meterme. Yo era la causante del visible malestar del chico.
     Pero su respuesta no quedó ahí, sino que me contó los problemas de su padre, cómo se encargó de cuidarlo y cómo fue asesinado hacía un año. Entonces, un pensamiento apareció en mi mente: Zorak era buena persona, solo que parecía negarse a creerlo.
     Incluso cuando lo había visto en un modo salvaje en aquella taberna.
     Incluso cuando rompió en pedazos la taza que había estado sosteniendo entre sus dedos en aquel momento.
     El café salió disparado en varias direcciones, al igual que los trozos del recipiente.
     Ni me inmuté. Él, sin embargo, pidió perdón.
     Despacio, y chorreando café por los brazos —ni si quiera quemaba—, me levanté de sus piernas y fui a dejar mi taza en la mesita de noche de aquella habitación destartalada pero, desde nuestra presencia, acogedora. Después, volví a girarme hacia él. Volví a sentarme, pero esta vez en el borde del colchón para poder quedarme cara a cara.
     Algo dentro de mí se había enfriado, y no respecto a Zorak, sino a mí misma. A mi identidad. A mis mis muros, mis defensas. A aquello que yo también guardaba dentro. Aquel lugar donde no dejaba entrar a nadie.
     —No vuelvas a disculparte por lo que eres. Jamás. Somos lo que hacemos con lo que nos han hecho. A veces depende de nosotros y otras veces no. —Me di cuenta de que el mensaje no solo estaba destinado a Zorak—. Y tenemos que vivir con ello. La gente suele tenerle miedo a la oscuridad, a los monstruos, creyendo que solo existen a nuestro alrededor. Y, para la mayoría de las personas, así es. Pero otros... no debemos buscar fuera. Los monstruos son reales, pero en gente como tú y como yo, viven dentro de nosotros... y a veces ganan.
     Nunca había hablado de esto en voz alta y mucho menos con nadie. Supongo que su confesión y haber notado la sinceridad y el dolor asociado me impulsaron a ello. Y me dio miedo. Miedo porque él me hubiese provocado la necesidad de compartir esas palabras, me hubiese hecho hablar de más sin haberme preguntado por ello.
     Mi corazón volvía a latir veloz, o tal vez no había dejado de hacerlo en ningún momento.
     —Siento que hayas tenido que vivir algo así. El mundo es una mierda, y la mayoría de los que habitan en él también, y parece que nunca se cansa de recordárnoslo. Así que si algo dentro de ti quiere tomar el control, no luches contra ello. Déjale reclamar lo que es suyo.
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#46
No se asustó, ni se inmutó de hecho, tras sentarse al borde de la cama comenzó a hablar, por lo menos desde mi punto de vista, desde la experiencia, podía verlo en sus ojos, éramos iguales. Cada palabra que salía por sus labios se gravaba a fuego en mi memoria y sentirme comprendido hacia las cosas algo mas fáciles, ¿cuando fue la ultima vez que me habían tratado así?

"Gracias Maeve, no volveré a disculparme"

Un tímida sonrisa nacía sincera en mi rostro mientras la miraba, me sentía aliviado y curioso a la vez, después de haberme abierto así, no necesitaba el juego para poder preguntarle, quería saber mas sobre ella y como había llegado a esa fascinante conclusión sobre los monstruos que viven dentro de nosotros.


"Oye... cual es tu historia? como acabaste sola vagando por el west blue?"

Seguramente me estuviera pasando de la raya, pero algo en mi me imponía el querer saber mas sobre ella, recordé entonces fragmentos de la noche en "el dragón rojo", era letal sin duda alguna, aunque a simple vista se podía saber que no había sido instruida por nadie ya que realizaba muchos movimientos innecesarios, cosa que lo delataba, aun a día de hoy cuando recordaba el infernal entrenamiento de Ridel se me ponía la piel de gallina.
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#47
     —Espero que así sea —respondí cuando aseguró que no volvería a hacerlo—, pero hazlo por ti, a mí no me debes nada.
     Estaba sonriendo a la vez que sus ojos continuaban fijos en mí. No terminaba de acostumbrarme a una interacción tan cercana. El beso que nos había unido minutos antes no habría tenido tanto significado si no estuviese siendo acompañado por confesiones tan íntimas. Tal vez, objetivamente, la intimidad no era tanta, pero sí para mí, pues cualquier palabra que permitiese saber más sobre mi mundo interior ya la consideraba íntima. Y peligrosa. Sin embargo, inexplicablemente, ese chico me hacía sentir un poco más segura, como si la posibilidad de abrirme no fuera tan horrible.
     Entonces, preguntó por mi historia. Quería saber por qué viajaba sola por aquel Mar del Oeste. Ya no parecía seguir la reglas del juego que él mismo había propuesto. Sentí cómo un escalofrío ascendía por mi columna vertebral a pesar de la temperatura creciente de aquella mañana de verano.
     Mi historia.
     Fue como si una apresurada sucesión de imágenes transcurriera frente a mis ojos con la velocidad de lo que no quiere ser recordado. Ni divulgado. Jamás le había contado mi vida a nadie, ni falta que hacía. A pesar de que con el tiempo entendí que nada de lo que me habían hecho en el circo fue mi culpa, la perspectiva de contarlo me causaba... angustia. No quería hablar de eso. Sin embargo, debía darle algo, pues él me había considerado digna de conocer parte de su vida, aunque hubiese sido un breve resumen. Sí, un resumen por mi parte también estaría bien. No entraría en detalles, no quería. No podía.
     —Mis padres me abandonaron cuando era un bebé. —Aunque empecé fuerte—. Me dejaron a las puertas de un circo de fenómenos que había llegado a la ciudad, pues debieron de aborrecer mi albinismo. Yo no me acuerdo, por supuesto, tenía semanas de vida, pero me lo contaron mis... compañeros allí. —Noté cómo, de pronto, se me secó la garganta—. Al principio, vivía con la felicidad de la ignorancia infantil, pero no tardé mucho en dejarla atrás, cuando... cuando... —Era incapaz de seguir. Parpadeé varias veces. Entrelacé los dedos de mis manos, anticipándome a un peligroso temblor que amenazaba con aparecer. Tuve éxito en el control—. Fueron años difíciles, pero al final conseguí escapar de allí cuando tenía catorce. Traté de matar al dueño de todo aquello y pensé que lo había conseguido, pero tiempo después me enteré de que seguía vivo. En cualquier caso, yo ya no estaba a su alcance. Conseguí un trabajo en un pueblo, pero tras cuatro años, descubrí que no era lo mío. Fue cuando me enrolé en una tripulación pirata. Los primeros meses fueron muy bien, pero... bueno, el capitán me terminó traicionando. Me ocupé de ellos. Fue hace unos seis años. Desde entonces decidí que no confiaría en nadie y que me iría mejor sola. Y aquí estoy.
     El Patrón. Jasper. Dos hombres que habían influido de forma muy negativa en mi vida. En especial, el primero. Ni sus nombres ni sus rostros desaparecerían jamás de mi mente. Las heridas que dejaron en mi alma, tampoco.
     A pesar de que solo había arañado la superficie, de que no había revelado nada más allá ni pretendía hacerlo, me sentí rara, como si hubiese dejado expuesta una parte de mí. Vulnerable. Quería pensar que Zorak no traicionaría mi confianza, que no atacaría las grietas que había dejado entrever. No tenía por qué.
     Llené de aire mis pulmones en cuanto me di cuenta de que llevaba un rato sosteniendo la respiración.
     —Parece que tenemos unas historias de mierda, ¿verdad? —Traté de sonreír para quitarle hierro, pero no lo conseguí. Mi rostro continuó serio, esculpido en hielo.
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#48
Mientras Maeve hablaba podía intuir dolor en sus palabras, su rostro se mantenía impasible, frio como un tempano de hielo, pero su voz en cambio denotaba dolor. Se me hacía fácil admirarla, ojala yo pudiera mantenerme tan taimado, aunque por un momento pareció apunto de quebrarse se mantuvo estoica y finalizo diciendo que parecía que nuestras vidas eran una mierda.

"Tienes toda la razón del mundo, sin duda la vida es perra"

No solo sus ojos se parecían a los de Powder, incluso compartían el hecho de haber sido abandonadas por sus padres, comenzaba a entender el porque la había ayudado casi al borde de la inconsciencia, decidí cambiar de tema para animar un poco el ambiente, volví a mirarla y me seguía pareciendo un cuento de hadas que ella y yo sintiéramos lo mismo. Quise preguntar mas, pero esa sensación al mirarla junto a las palabras sobre que no me disculpara por lo que era hicieron que mi boca pronunciara unas palabras por su cuenta.

"Maeve..."

Una pequeña sonrisa macabra comenzaba a dibujarse en mi rostro, mostrando lentamente los dientes, como si de un telón abriéndose se tratase.

"Dame una semana y encontraré al tipo de pelo morado."

Los ojos comenzaron a empequeñecerse, haciéndose visible la contracción de mis pupilas como cuando un tiburón huele sangre.

"Recuperaremos tus cosas y te entregare su cabeza como pago por tu cicatriz."

Era un alivio poder mostrarme realmente como era, ella misma me dijo que no me disculpase jamás por lo que era y esto en definitiva era mi yo mas puro, recolectar información y asesinar de forma efectiva al objetivo.
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#49
     Era difícil ahuyentar la sensación de vulnerabilidad que se resistía a abandonarme. Siempre he sido muy hermética con la información sobre mí y mi vida que compartía con los demás, que oscilaba entre cero y ninguna. Pero Zorak... ¿Por qué me sentía así con él? ¿Por qué me hacía ver que podía confiarle mis cosas? No todas ellas, por supuesto, hay lugares especiales en mi infierno donde solo mi entrada está permitida, pero... Joder, nunca había hablado de ello en voz alta.
     Y todavía me empeñaba en pensar que, a pesar del día anterior, a pesar del... beso de hacía un rato, sentía algo más que atracción por él. Mi cabeza ya había formulado la palabra, esa que empezaba por A y que no quería volver a rememorar. Ni siquiera quería estar pensando sobre eso en ese preciso instante. Mucho menos, tan vulnerable como me sentía tras mi última intervención.
     Pronunció mi nombre. No entendía por qué tenía que hacer esas cosas, por qué se empeñaba en que mi estómago, en secreto, diese un vuelco. Y no, no lo arreglaba con aquella sonrisa que conformaría las pesadillas de muchos otros.
     Al escucharle, solté una risotada. Perfecto, mi propia reacción me vino de perlas para combatir mis propias sensaciones.
     —¿Que te dé una semana, yo a ti? ¿Por quién me tomas? —reí—. ¿Crees que no soy capaz de encontrarlo yo? ¿O es que no te gusta la posibilidad de colaborar porque crees que no estaré a la altura? —Me resultaba mucho más fácil hablar desde el ego, la soberbia y un robusto autoconcepto que desde mi alma a medio abrir. Por supuesto, me aproveché de ello. Por lo menos se dignó a utilizar el plural en una de sus frases—. Quizá sea yo la que tenga que entregarte a ti su asquerosa cabeza, te recuerdo que tienes una cicatriz como la mía. No creo en los caballeros que van salvando a las damas. —Le guiñé un ojo—. Yo no soy ninguna dama y tú tampoco tienes pinta de caballero, así que no me jodas.
     Había regresado a mi zona de confort. Tanto, que hasta le dediqué una sonrisa de medio lado.
     No me pasó desapercibido el cambio en sus pupilas. De pronto, sus ojos me recordaron a los de un puto depredador. Ah, cuánto me gustaba eso. 
     Dejé que las sombras se adueñasen de mi rostro. Mi sonrisa ahora era completa. Mis ojos, espectrales.
     —Esta noche, en cuanto se ponga el sol, empezamos. Nos vamos de caza.
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#50
Tras la risotada de Maeve y sus palabras, por un momento pude ver el rostro de Powder superponerse en el suyo, justo cuando comentaba sobre la posibilidad de cooperar y el no estar a la altura, parecía que ese color grisáceo en los iris oculares traía consigo una suerte de carácter desafiante, comento también que quizás sería ella la que me traería la cabeza del pelo morado, remarcando mi nueva cicatriz.

Por el poco tiempo que habíamos compartido estaba claro que como ella misma había comentado no era una dama que necesitara ser salvada y sobre todo predominaba su gran ego, punto en el que coincidíamos. Su mirada llena de determinación me hizo dar el paso para aceptar su invitación a cazar.

"Esta noche al atardecer, entonces."

Me levante y comencé a recoger los trozos de la taza de café que hacia un momento había hecho estallar y me encamine hacia la puerta, al llegar a esta posé mi mano sobre el pomo y gire para abrir la puerta, estando de espaldas a Maeve volví a hablar, esta vez desde mi propio ego.

"Si puedes seguirme el ritmo, claro."

Gire para mirarla mientras una media sonrisa se hacía presente en mi rostro, acentuada por mi nueva y flamante cicatriz.

"Voy a preparar algo para comer, deberías seguir descansando un rato mas."

Y me encamine hacia la cocina con una sonrisa pintada en el rostro, no solo era preciosa y letal, encima los tenía bien puestos, parece que me había tocado la lotería comprando tan solo el primer decimo.
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