Maeve Knox
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C. de Haki
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La mirada de Zorak cambió por completo al escucharme. Fue engullida por las sombras. Por fin respondía, por fin lo veía sentir ese fuego que abrasaba mi interior, esa agresividad, ese punto de demencia. Incliné ligeramente la cabeza hacia atrás, mirándolo desde la satisfacción de haber causado tal reacción. Mis labios se curvaron en una media sonrisa hacia la derecha. Y abrí la boca para responder a su nueva pregunta, esa que obedecía a una pugna continua por reclamar el trofeo del orgullo.
Pero me quedé a medio camino. La voz no se materializó.
De pronto, me supe paralizada. No me podía mover. Al menos, parte de mi cuerpo. Mi torso. ¿Qué estaba ocurriendo? Miré hacia los lados, nerviosa por la repentina falta de control. Hasta que, por su forma de clavar sus ojos sobre mí, me di cuenta de que fuera lo que fuese aquello, era obra de Zorak. Pensé que me podía haber drogado, inyectado un veneno paralizante, pero ¿cómo? No había ingerido nada, no me había pinchado nada. ¿Había estado haciendo tiempo hasta conseguir el efecto deseado en mi cuerpo? Imposible, no tenía sentido. Podía mover brazos y piernas, pero algo me retenía el resto.
Entonces, me amenazó. Amenazó con matar a Eaa y a Peteiro.
Casi pude sentir el fuego en mis ojos.
Volví a tensar la mandíbula, enseñándole los dientes como un animal.
—Mátalos. Venga, mátalos —gruñí—. Mátalos y te perseguiré los días que me quedan para matarte a ti. Y, si me matases primero, no te librarías de mí en la puta vida, te arrepentirías cada hora, cada minuto, cada segundo por haberme perdido.
Ni siquiera sabía si era verdad, si le importaba hasta tal punto. Visto lo visto en el pasado, y a pesar de sus palabras hacía unos minutos, tal vez yo le importase una mierda y me había dicho todo aquello para calmar su conciencia. Tal vez no fuera suficiente. Tal vez no conocía a Zorak tanto como yo creía, si es que alguna vez lo había llegado a conocer. Tal vez no tuviera otra forma de tratar de impedir que cumpliese su amenaza, puesto que no podía moverme del sitio.
Tal vez lo más inteligente era comenzar a temerlo, lo que era capaz de hacer.
Pero no era temor lo que ese hombre inspiraba en mí.
Una parte, la más racional, me gritaba que era peligroso. Pero eso yo ya lo sabía. Me daba igual. A través de la aplastante furia que aún burbujeaba en mi interior, notaba algo más. Algo caliente como el magma, pero de naturaleza diferente a lo que me estaba acercando al odio. Algo que se abría paso a cuchilladas dentro de mí. Algo que me hacía mirar su agresividad con fascinación. Con... deseo.
No debería estar sintiendo eso, amenazaba mi ya pobre estabilidad mental. Pero no podía evitarlo, igual que no podía escapar de lo que fuera que me estaba reteniendo en ese momento.
Deseaba a ese puto desgraciado. Deseaba a ese monstruo.
Maeve observa cómo la expresión de Zorak va cambiado hacia la oscuridad tras escuchar sus palabras, lo que vive como una victoria. Sin embargo, pronto se da cuenta de que algo pasa, de que algo la retiene y no sabe qué es. Y, tras la amenaza del hombre hacia su pequeña tripulación, ella le lanza otra. Al mirarlo, al ser consciente del peligro que el chico supone, se da cuenta de que no lo teme, sino que lo desea.
Zorak
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Maeve puso cara de confusión al notarse inmovilizada, cuando me miro le devolví la mirada con una media sonrisa y luego me instó a ir a matarlos y que me perseguiría durante el resto de su vida, comentando también que me atormentaría por perderla.
"llevo cuatro años atormentándome por eso." Le espeté.
Parecía qué sabía donde golpear para dar un golpe crítico, parecía que no entendía lo que realmente significaban las palabras que me había dedicado hace apenas unos segundos sobre mis antiguos compañeros con su lengua afilada, una idea comenzó a rondar mi cabeza, parecía que no comprendía la situación en la que podría llegar a meter a sus compañeros con una mala decisión, cosa que por desgracia yo mismo conocía bien, alce la mano y los hilos comenzaron a volver hacia mí, liberando el cuerpo de Köri mientras giraba mi cuerpo dirección al barco sin decir una sola palabra más, si alguien debía enseñarle esa lección prefería ser yo mismo antes que alguien que realmente llegara al extremo de matarlos.
La dejé allí plantada, mientras caminaba lentamente dándole la espalda, comencé a silbar, un silbido cargado de veneno, como el de una serpiente al sisear, llegando al límite del claro del bosque me volví a girar hacia la albina, ladeando mi cabeza hacia la derecha mientras paraba de silbar, la mire a los ojos y sonreí, mientras comenzaba a caminar hacia atrás entrando en la maleza.
"Veamos que es lo que puedes hacer cuando un monstruo se abalanza contra tus compañeros."
otro paso más atras y ya estaba a menos de un metro de un arbusto.
"Gánate ese respeto que demandas, Köri."
Habían cosas que no me gustaba hacer y esta era una de ellas, pero había ido demasiado lejos y algunas lecciones solo se aprenden a las malas.
Zorak libera el agarre a Maeve y piensa en darle una lección sobre las malas decisión tomadas para con sus compañeros. (esta mu enfadao)
Maeve Knox
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Casi podría haberle creído cuando dijo que vivía atormentado desde hacía cuatro años por haberme perdido.
El solo pensamiento de que él también había sufrido, casi habría podido calmar el incendio de mi interior. Al menos, uno de ellos. Incluso cuando la situación la había propiciado él. Incluso cuando me abandonó sin darme la posibilidad de nada más.
Casi, si no hubiese sonreído.
Levantó una mano y, de pronto, sentí que quedaba libre de lo que fuera que me estuviese haciendo hasta el momento.
Parecía que mi anterior mensaje había servido para algo, para que no se atreviese a sugerir tocar lo que no era suyo.
Sí, la cosa podría haber ido en descenso ahí. Podríamos haber llegado a lograr un punto de entendimiento, por pequeño que fuese. Podría haber comenzado a ignorar las arremetidas de la ira para centrarme en todo lo demás que me hacía sentir.
Pero eligió mal. Otra vez.
Comenzó a caminar alejándose de mí, tal y como hiciera en aquella ocasión, solo que ahora podía verlo.
—¿Dónde coño vas? ¡Estoy hablando contigo! —grité. Él casi había llegado al final del claro.
El fuego se avivó cuando comenzó a silbar. Mi furia creció de nuevo y de golpe, alzándose sobre el deseo. Se giró hacia mí. Sonrió antes de empezar a retroceder. Antes de empezar a fundirse con la naturaleza.
La amenaza fue clara. De verdad iría a por Eaa y Peteiro. En contra de lo que había calculado, se disponía a hacerlo.
Las plantas reclamaban a Zorak para ellas.
Dijo algo después, pero no lo escuché, pues un pitido se hizo dueño de mi cabeza.
El cambio ocurrió de inmediato. Mi cuerpo empequeñeció. Me cubrí de plumas blancas. Mis brazos eran alas. Mis piernas, patas rosadas. Mis ojos, ahora rojos, se clavaban en él con un odio visceral. Me elevé en el aire en apenas dos segundos y me lancé en su dirección. Se había convertido en mi presa. Ni siquiera sabía lo que podría haber mejorado Zorak todos estos años, pero me importó una mierda. Una putísima mierda. Solo quería verlo sufrir.
El trayecto hacia su cuerpo fue muy rápido. Más adelante, yo no lo recordaría, y no tanto por la distancia, sino por el funcionamiento alterado de mi mente. El pico fue cortando el aire hasta apenas un metro de él. Luego, las garras por delante. Impacté con fuerza sobre su pecho y, en ese instante, le hice perder el equilibrio. Cayó hacia atrás entre los matorrales y yo detrás de él. Notaba como las afiladas uñas de mis garras atravesaban la tela de su ropa hasta llegar a su piel. Su espalda topó contra el suelo y quedó tumbado. Fue en ese momento cuando estiré mis alas, alcanzando los dos metros de largo sobre él, para encontrar la resistencia que buscaba para no perder el equilibrio yo también, a pesar de continuar sujeta por las garras.
En mi cabeza, durante un instante, ya no estaba Zorak, sino Waj. Lo que sucedió cuando traté de imponerme y, por agarrarlo, terminé capturada en su mano. La cólera aumentó, aborrecía ese recuerdo, sentirme frustrada, impotente, viendo cómo mis compañeros dependían de que al loco ese no se le ocurriera aplastarme. Había salido bien, pero podría no haberse dado así. Podría haberme usado para someterlos a ellos. Y ahora Zorak, que se suponía que le importaba o que le había importado alguna vez, me amenazaba con hacerles daño. No iba a permitirlo.
Tan rápido como me había transformado en buitre, lo hice en mi forma humana. Ahora mis manos, libres de garras, se crispaban en torno a su camisa, ahí donde había dejado la tela rota. Mis dedos se introducían en los agujeros, llegando directamente a su piel. Mi cabello caía sobre él como blancas y espectrales cataratas bajo la luna, cuyos rayos aún nos llegaban entre los árboles. Respiraba con agitación, volví a enseñarle los dientes. Mis ojos perdieron todo rastro de la vulnerabilidad que tenerlo en frente me había llegado a causar.
Los ojos de un espectro torturado y salvaje ante todo lo que tenía que perder.
Me incliné hacia él y, dejando los labios a menos de un centímetro de su oreja derecha, gruñí en un susurro:
—No, Zorak, no te vas a acercar a ellos. Te juro por lo que una vez tuvimos que, si lo intentas, te mataré al instante y me comeré tu cadáver.
Maeve vacila un momento al escuchar que Zorak lleva jodido por ella desde hace cuatro años. Luego, tras ser liberada, lo observa marcharse y se enfada porque la deja atrás. Cuando le oye amenazar a sus compañeros, pierde la cabeza, se transforma en buitre y se lanza a por él, derribándolo. Una vez en el suelo, recupera su forma y lo amenaza de muerte al oído.
Zorak
Fuerza
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17-04-2024, 10:51 PM
(Última modificación: 17-04-2024, 10:53 PM por Zorak.)
La reacción de Maeve no tardó en llegar, cambiando su forma a la del pájaro blanco que recordaba y lanzándose sobre mí, aunque la vi venir, decidí no esquivar y recibí su golpe con los brazos abiertos, tras impactar conmigo hizo que los dos cayéramos al suelo, ella sobre mí, volvió a cambiar a su forma humana y su precioso cabello blanco comenzó a caer sobre mi rostro acompañados del dulce aroma a manzanas que era característico de la albina, nuestras miradas se cruzaron y pude ver que su furia sobresalía de sus ojos con una fiereza que no le había visto nunca, estaba claro que esos dos le importaban lo suficiente como para alzarse contra mí si era necesario por protegerlos, cosa que confirmo con su amenaza de muerte, la cual llego con un susurro que hizo que mi piel se volviera de gallina, no por miedo, me sabía el más fuerte tras matar a Ridel, sino por notar su respiración sobre mi oído.
En un pestañeo llevé mi mano derecha hacia su cuello, cerrando los dedos en torno a este, mientras llevaba casi al mismo tiempo mi mano izquierda a su cintura y giraba sobre mí mismo, dejando a Maeve en el suelo, quedando yo sobre ella, comencé a hablar con un susurro cargado de rabia.
"Dime una cosa Köri... Si llegara a matarlos... sabiendo bien como sabes para lo que fui adiestrado... serias capaz de mantener a la siguiente persona que te importara a tu lado sin tener miedo a que te la arrebatara también?"
La miraba con total seriedad a los ojos, a unos escasos centímetros de su cara, mientras mi mano derecha seguía apretando su cuello, con la fuerza justa para no asfixiarla, pero lo suficientemente firme como para que no pudiera apartar la mirada de la mía. Por un momento, mi mirada firme se ablandó recordando el pasado, pero al contrario que antaño, esta vez no aparte la mirada de la suya.
OST
"Esos dos te admiran Köri, en especial esa gigantona cuernuda amante de las reglas, eso implica que si les dices que corran, correrán. Si les dices que salten, saltaran y si les dices que quemen algo, te conseguirán el combustible para ello."
Mi mirada se volvía cada vez más blanda por el dolor de recordar la enseñanza de Vander.
"Pero a fin de cuentas, si tomas una mala decisión y les pasa algo, la culpa será tuya. ¿Entiendes eso?"
Apenas podía aguantar el rasero de lágrimas que comenzaban a humedecer el bajo de mis ojos.
"Tienes acaso idea..." una de las lágrimas se derramó y fue a caer a la cara de Maeve. "Del dolor que es vivir con esa culpa?"
Ya no pude aguantar más, la carga que llevé durante nueve años estalló de repente, sin que mi cara abandonara la expresión de seriedad que me costaba horrores mantener, las lágrimas comenzaron a caer por mi rostro y se lanzaban a morir en el pálido rostro de Maeve.
"Y aunque consigas la venganza, eso no borrara la culpa, créeme. No quería culparme si te pasaba algo."
Solté mi mano derecha del cuello de Köri y llevé esta hacia su mejilla, acariciando su cicatriz, quedando nuestras caras a pocos centímetros, no era el tipo de persona que mostraba ese lado a la gente, pero estaba claro que ella era la excepción a la regla, así me quede, mirándola a los ojos mientras rezaba internamente a los dioses para que hubiera entendido el mensaje que quería darle.
Zorak recibe el golpe de Maeve y tras girar sobre si mismo dejando a Maeve bajo el, le pregunta que si llegara a matarlos podría aceptar a alguien cercano sabiendo que el sigue vivo y tras esto, se rompe por la carga que lleva desde hace 9 años.
Maeve Knox
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OST DE LA ESCENA
El hombre hizo que las tornas cambiaran con demasiada facilidad. Antes de que pudiera darme apenas cuenta, era yo la que estaba boca arriba sobre la hierba mientras él se cernía sobre mí. Me había aprisionado el cuello, aplicando fuerza sobre este. No buscaba matarme, lo sabía. De haber sido así, no entraría ni un suspiro de aire a mis pulmones. Bajo su agarre, no me movía, tan solo lo miraba. Me obligaba a hacerlo. Y allí, de nuevo, me supe inútil frente a mi adversario. ¿Es así como sería siempre, que en una pelea me terminasen inmovilizando y no pudiera hacer nada? Con su peso sobre mi cuerpo, tampoco era capaz de mover las piernas.
Mi mente comenzó a trabajar a toda velocidad, buscando el modo de zafarme de su prisión y contraatacar, someterlo de algún modo.
Pero habló.
"Si llegara a matarlos, ¿serías capaz de mantener a la siguiente persona que te importara a tu lado sin tener miedo a que te la arrebataran también?".
Mis latidos cayeron en una espiral de violencia.
Separé los labios para responder, pero me quedé a medio camino a pesar de saber la respuesta.
No tendría miedo de perder a nadie más. No habría nadie más. Su pérdida sería tan horrible como saber que fuiste tu quien me los arrebató. No podría confiar en nadie más, nunca. No tendría sentido. Vagaría sola el resto de mi vida, haciendo pagar a inocentes lo que no pude hacer con el culpable.
Mis propias palabras flotaron por mi mente sin ser dichas.
Hice un movimiento brusco con el cuerpo para tratar de librarme de la sujeción de Zorak, pero fui incapaz incluso cuando mis brazos sí poseían margen de acción. A pesar de que nuestros tamaños eran parecidos (aunque él había ganado altura durante estos cuatro años), poseía una fuerza demoledora comparada con la mía. Seguía siendo su prisionera.
Entonces, continuó hablando, destacando que Eaa y Peteiro me seguirían sin importar qué y que, por esta razón, dependían de mí y de mi buen criterio. Que sería mi culpa si algo salía mal con respecto a ellos.
Eso ya lo sé yo, me dije. De hecho, a veces me preguntaba qué cojones estaba haciendo yo siendo la capitana de dos tipos como ellos. Waj lo había dado por hecho, ¿por qué? Luego ellos me habían aceptado como tal, ¿por qué? Me costaba encontrarle una explicación lógica. Menuda capitana de mierda si no era capaz de protegerlos.
Zorak, sin pretenderlo, estaba sacando a flote mis inseguridades y las carencias que yo misma me atribuía.
"¿Tienes acaso idea del dolor que es vivir con esa culpa?" "No quería culparme si te pasaba algo"
Pero no fueron sus palabras las que me golpearon, aunque también lo hicieron. No, fue otra cosa. Algo que no esperaba ver. Algo que se derramó, cristalino, por sus ojos de océano y buscó su lugar en mi rostro. Lágrimas. Cada una de esas gotas fue apagando el incendio que me había estado consumiendo, como la lluvia que el bosque ansía cuando sus preciados árboles se queman.
Me liberó el cuello y, con la suavidad tan propia del monstruo que tenía sobre mí, acarició la marca de mi cara, la cicatriz que yo también podía ver en la suya, solo que en el lado contrario.
Despacio, alcé mi mano izquierda y, temblando, la coloqué sobre la suya, que aún mantenía el contacto con mi piel.
No quería secar mi cara de sus lagrimas, pues era la única forma que tenía de sentir, materializado, su dolor. Hacía apenas minutos me habría deleitado con su sufrimiento, y ahora... no podía soportarlo. En algún lugar, terminaba el suyo y comenzaba el mío. En algún lugar, morían sus lágrimas y nacían las mías, de pronto incontrolables. Tumbada boca arriba como permanecía, estas resbalaban por las sienes hasta perderse entre las hebras blancas de mi cabello.
Verlo llorar abría las costuras de mi corazón.
Deseé que el tiempo no hubiese pasado. Deseé que no se hubiese marchado aquel día. Y, por primera vez en todo este tiempo, entendí por qué lo había hecho sin atribuirle excusas.
Hacía cuatro años él me había apuñalado en mi trauma más profundo, el abandono, y solo ahora me daba cuenta de que él había obrado tan solo para proteger el suyo, la muerte de aquellos que le importan. Tan solo éramos dos seres rotos que buscaban sanar sus pedazos, perdiéndose en el intento.
Cerré los ojos, deshaciendo la conexión con los suyos. Dejando que mis lágrimas arrasasen con todo.
Allí abajo, el aroma de las flores silvestres nos rodeaba en la noche.
Todavía sin abrir los párpados, rompí el contacto con su mano y, junto a su análoga, las alcé en su encuentro, topándome con su cuerpo. Bajo mis dedos, la dureza de unos músculos acostumbrados a la supervivencia. Lo atraje hacia mí de un tirón, buscando ese abrazo que siempre supe que llevaba anhelando desde el día que desapareció de mi vida.
Las palabras de Zorak y verlo llorar hacen que el corazón de Maeve se rompa y caigan todas sus barreras, dejando una vez más que su dolor salga, comprendiendo los actos que el chico realizó en el pasado. Demasiado emotivo.
Zorak
Fuerza
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Voluntad
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C. de Akuma
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OST
La mirada de Maeve cambio tras ver mis lágrimas, ahora podía verla, esta era la mirada que recordaba de Köri, comenzó a llorar conmigo mientras notaba su gélido abrazo al que me rendí sin oponer resistencia alguna, dejándome llevar por el abrazo que hacía cuatro años que anhelaba, acerque lentamente mis labios a los suyos, habíamos tenido varios momentos íntimos desde que dimos el primer paso hace tiempo en el reino de Ilisia, pero jamás uno tan íntimo, estaba claro que ahora entendía el porqué lo había hecho, podía verlo en sus preciosos ojos grisáceos, ahora llenos de lágrimas, mis labios se fundieron con los suyos, el estallido de emociones en mi interior solo hizo que intensificarse, por fin después de cuatro largos años, estaba en casa.
Nada más que nosotros dos importaba ahora mismo, en lo que a mí respecta, éramos las dos únicas personas del mundo, el resto parecía insignificante, casi como un eco perdido en el tiempo, la había echado tanto de menos este tiempo, su dulce olor a manzana, el color blanquecino de su cabello, esos ojos grises que parecía que pudieran leer mi alma, separe mis labios de los suyos y mantuve mi mirada conectada con la suya, gire sobre mí mismo, dejando a Köri encima de mí, abrazándola con el brazo izquierdo mientras llevaba la mano derecha a la parte baja de sus ojos, limpiándole las lágrimas suavemente.
"Lo siento Köri... nunca quise hacerte daño, yo siempre he sido tuyo."
Mantenía la mirada fija en la suya, definitivamente esos ojos me hechizaban de sobre manera y yo estaba a gusto dejándome hechizar por ellos, mientras la miraba la sombra de Ridel parecía tan pequeña que apenas podía atormentarme, una sincera sonrisa se dibujó en mi rostro mientras el raso de mis ojos se llenaba nuevamente de lágrimas, esta vez de felicidad.
"Te he echado tanto de menos..."
Volví a besarla, pero esta vez la pasión se abrió paso como un torrente de agua desbocada, haciendo que nuestras lenguas danzaran como danzaron la última noche que pasemos juntos, era un beso lento y apasionado que cargaba todas las ganas de estar con ella que había guardado en lo más profundo de mi corazón durante los últimos cuatro años, siempre lo había sabido, aun cuando no sabía que era el amor, siempre supe que estaba enamorado de ella.
Maeve Knox
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19-04-2024, 10:43 AM
(Última modificación: 19-04-2024, 10:53 AM por Maeve Knox.)
Me besó.
No fue un beso como el que me robó en el pueblo el día anterior, sino uno donde quise perderme. Perderme a mí misma, perder el sentido, perder todo cuanto me había torturado durante tanto tiempo. Y, sin embargo, tanto por ganar. Sentía en cada fibra de mi ser el abrazo que él me devolvía, cómo apretaba mi cuerpo contra el suyo.
No estaba soñando. Era real, había vuelto a mí.
Zorak volvió a cambiarnos de posición, quedando él por debajo otra vez. Me rodeaba con un brazo mientras que con la mano contraria secaba mis lágrimas. Era extraño. Aborrecía profundamente que me viesen llorar y, sin embargo, en ese momento no me importaba lo más mínimo que me mirase en aquella posición tan jodidamente vulnerable. Pensé en que el maquillaje posiblemente se había arruinado, manchando mi rostro con finos arroyos negros que también teñirían sus dedos con ese contacto.
Nunca quiso hacerme daño, dijo. Siempre fue mío, dijo.
Dios, ese chico tenía la habilidad de hacer conmigo lo que quisiera tan solo con hablarme. Tenía un poder sobre mí que me asustaba. Pero, en ese preciso instante, lo último que me hacía sentir era miedo.
—Te quedaste con mi corazón entonces y aún lo sigues teniendo...
Respondí en voz muy, muy baja. Tanto que no sabía si me había escuchado.
Había compartido sábanas y otra clase de lugares con tanta gente desde hacía cuatro años que no podía contarlos, tampoco acordarme de todos. Pero ni una sola de todas esas personas se había llevado de mí algo más allá del placer, que no era poco. No había repetido con ninguno, ni con ninguna, porque no me había interesado de ellos otra cosa que sus cuerpos. Por lo que a mí respectaba, no podía sentir, porque era el hombre que tenía delante el que me había arrebatado la posibilidad, quedándosela para él. Incluso cuando desde hacía mucho tiempo había creído que no volvería a verlo en mi vida.
Pero ahí estaba, confesándome que me había echado de menos.
No le respondí. No hacía falta.
Nos besamos de nuevo. Lo que había entre nosotros se alzaba con una fuerza aniquiladora, capaz de ruborizar al bosque si este tuviese la capacidad de hacerlo. La intensidad crecía, eclipsando cualquier otra cosa que no fuésemos nosotros bajo la luna.
De pronto, me separé de él y, sin darle oportunidad de preguntarse por qué, me senté sobre su cuerpo. Mirándolo a los ojos, llevé las manos a mi espalda y comencé a desabrochar el corsé negro hasta que, libre, lo arrojé a un lado. Cayó sobre la hierba mullida. La brisa primaveral acarició mi piel desnuda de cintura para arriba, de mármol bajo la luz blanca y brillante que descendía del cielo. La única que nos iluminaba esa noche. Y desde mi posición elevada, me centré en el azul de sus iris. Aunque mis ojos seguían húmedos, lo que yacía en ellos se alejaba de lo que me había provocado el llanto. Ahora solo había lugar para el deseo.
Si la muerte hubiese venido a por mí aquella noche, me habría marchado satisfecha. Feliz.
Poco hay que resumir aquí. Amor, pasión.
Es mi último post de este tema tan necesario para ambos personajes. Muy intenso, triste y bonito. Ha sido todo un reto ir desarrollando cada una de las partes y estoy muy contenta con el resultado 
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