En busca de mi tripulación (Presente relativo)
#1
Día 44 de invierno, año 12.

Me habían dejado completamente abandonado en aquella isla, y claro, ya que estaba allí, porque no disfrutar y explorar como un verdadero aventurero. Vestía con unos pantalones oscuros, unas sandalias y una camisa blanca abierta hasta debajo del pecho. El pelo totalmente despeinado, como venía siendo costumbre, y mi bolsa llena de ropa y mis objetos personales colgada a la espalda. Había estado acampando en aquella playa durante unos días, alimentándome de cangrejos rosáceos que cocinaba burdamente en una hoguera, y bebiendo agua de los cocos que se caían de la vegetación que me rondaba. Siendo sinceros, no había explorado una mierda, pero aquel día, era el día. No se, había algo que me empujaba hacia ello aquel día, y claro... ¿Porque no? Al fin y al cabo, no tenía mucho más que hacer.

Sin pensarlo mucho, me adentré en aquel bosque de tonos rosas y de bella apariencia. No había mucha fauna, pero me percaté que había pequeños insectos, también de color rosa, lo que me dió una idea... ¿Habría un escarabajo rinoceronte de color rosa? Mi lógica me decía que si todo era de color rosa, habría uno de color rosa. Y eso tenía que verlo e investigarlo. Mi corazón comenzó a latir con fuerza por la emoción. Me fijaba en la planta de los árboles, para ver si había alguno por allí. Agarré un palo grueso y lo astillé un poco, para perforar uno de los árboles y provocar que saliera savia de allí, para que fuera un reclamo para los bichos. Luego perforé como tres o cuatro más, y me senté en el medio, con las piernas y brazos cruzados, esperando ver como alguno picaba.

Mientras tanto, cerré los ojos, y comencé a meditar. Aquel bosque aunque pareciera silencioso, era todo lo contrario. Podía escuchar el piar de pequeños pájaros, las pisadas de algunos animales, el débil aleteo de algunos insectos, y como no, el movimiento de las hojas de los árboles provocado por el viento. Mientras escuchaba todo eso, en mi cabeza surgía la duda. ¿Como podría marcharme de aquella isla? ¿Pasaría algún otro barco mercante en el que me pudiera meter de polizón? ¡Pero otra idea recorrió mi cabeza! ¡ERA UN PIRATA! ¡Y RECONOCIDO! ¡ERA EL MOMENTO DE CREAR MI PROPIA TRIPULACIÓN! Seguramente podría encontrar a alguien que quisiera formar parte de mi tripulación y que me ayudara a encontrar a mi maestro. ¡El destino me había abandonado a mi suerte para encontrarla! ¡Era eso! Abrí los ojos y me levanté, revisé los árboles, y por supuesto, ningún tipo de rastro del escarabajo. ¡Había esperado al menos tres minutos!

Seguí adentrándome en el bosque, en busca de algún pueblo, aldea o ciudad en la que conocer gente para que entrara en mi tripulación.
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Alas Negras
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#2
La habilidad al timón de Aspros no sólo provocó que el barco no hundiera en el viaje hasta la siguiente isla, sino que llegáramos sanos y salvos. Haber reposado en la cubierta como me había aconsejado la médico de abordo, la peligrosa Triana Tempesta, no sólo me había sentado de lujo, sino que sentía que tenía las fuerzas renovadas, me encontraba con la suficiente energía como para partir una isla en dos y, haber tenido una derrota recientemente sólo me ponía más violento.

El barco en cambio estaba completamente destrozado, incluso el Palo Mayor estaba prácticamente agarrado al barco por las cuerdas que lo mantenían en tensión. Todo tenía grietas, goteras, crujía y se partía con cualquier toque, nada parecía ir bien en el Tango de la Sultana. Pese a las ganas de Aspros de llegar el primero a esta isla rosa yo decidí adelantarme. Ni siquiera pudimos acercar el barco a puerto pues navegar con él por lo visto era todo un reto, y lo peor de todo es que estábamos sin blanca. Jolyne y yo le pagamos a Pawurs la estracción de mi fruta del diablo con el Diamante de Icar y algo de dinero extra y, no sólo eso, algún desgraciado había vaciado nuestras arcas, desde luego se avecinaba tormenta.

Volé en dirección a Momoiro, la “Mejor isla del mundo” según nuestro intrépido navegante, y a parte nuestro punto de encuentro con nuestros nuevos compañeros de fatigas. No tenía ni idea de si ellos ya estaban ahí o aún no habían llegado, en cuanto desembarcaran mis nakamas nos organizaríamos. No tenía ni idea de absolutamente nada de esta isla, ni el por qué “Sombra Elegante” estaba tan insistente en venir aquí, y precisamente por eso decidí no llamar la atención y aterricé en cuanto llegué a las lindes de un bosque, como no, rosa. Caminé a través de él hasta que me encontré a un niño paseando por el corazón de aquel frondoso y divino bosque rosado.

-¡Eh!
-le grité para llamar su atención. -¿Eres de por aquí? ¿Me podrías decir cómo llegar a la población más cercana?

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#3
Mis pasos eran seguros, como si me conociera el camino a la aldea más cercana. Esa seguridad en mi mismo era de las cosas que más me gustaban de mi mismo. Eso muchas veces confundía a la gente y les volvía loco, y el niño de mi interior le hacía sonreír. Mientras andaba, escuché como las aves detrás de mi comenzaron a volar en bandada, y eso me hizo ponerme alerta ante el ataque de una posible bestia. Me preguntaba si todos los animales y bestias allí eran rosas, lo cual hizo que me diera la vuelta, girándome sobre mi mismo, con una enorme sonrisa llena de ganas de enfrentarme al depredador que hizo que todos los pájaros salieran volando.

Mi sorpresa fue gigantesca cuando me encontré frente a mi a un híbrido entre hombre y murciélago, con el cabello largo y platino. Mi cara sonriente se transformó en una cara de sorpresa, cuando reconocí aquella cara. Mi pecho comenzó a subir y bajar por los nervios. Era Yojimbo, el famoso pirata que salía en los "wanteds" y que había vivido un sinfín de aventuras. -No soy de por aquí.- Dije de manera tímida. ¡No todos los días me encontraba con un pirata tan reconocido como él! Luego le señalé, y con una tímida sonrisa le identifiqué. -Eres Yojimbo, el capitán de los Alas Negras.- Afirmé, aún sin creermelo demasiado.

Di un paso hacia adelante, reafirmandome y sacando algo de pecho. Aquel tipo media mucho más que yo. ¡Media siete millones de metros! Seguramente tendría muchos pelos en sus sobacos y en sus partes nobles. Mi intención era simple. Iba a hacerlo miembro de mi nueva tripulación. -Soy Kenzo Fujiwara, el pirata más grande de todos los tiempos.- Dije. -Bueno, pero no grande fisicamente, me refiero al mejor. ¿Entiendes?- Aclaré por si había alguna duda. Cerré mi puño izquierdo mientras mantenía mi mano derecha señalándole.

-Unete a mi tripulación, Yojimbo. Vivamos aventuras y encontremos a mi maestro, que me espera en el Grand Line.- Dije sin rodeos, esperando una afirmativa por su parte. Sino... ¿Tendría que pelear contra el para obligarle?

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#4
Aquel joven muchacho del bosque me dijo que no era de este lugar con un tono de voz algo tímido y tras eso me reconoció, me señaló con el dedo índice y no sólo dijo mi nombre, sino el de mi tripulación. No era la primera vez que me pasaba eso, pero si era la primera vez que un civil no salía corriendo al verme y eso me gustó. Había algo en él que me recordaba a mi de pequeño, cuando me criaba mi padre en la Isla Ramirals. Aquel valiente joven dio un paso al frente, acortando la distancia que nos separaba en un metro y tras eso se presentó. Su nombre era Kenzo y dijo que iba a ser el pirata más grande de todos los tiempos, aunque no físicamente hablando. Esa aclaración me hizo gracia, pero estallé a reír en cuanto me propuso que me uniera a su tripulación para vivir aventuras y encontrar a su maestro, seguramente su padre, en el Grand Line. Activé mi haki de observación para comprobar sus auténticas intenciones porque no tenía claro si estaba pretendiendo jugar conmigo, venderme algo, tenderme una trampa o, simplemente si era así de iluso.

-¿¡Qué!? -grité a punto de estallar. -¡¡KIIIKIKIKIKIKIKI!! -reí mientras me llevaba ambas manos a la barriga y cerraba los ojos, viéndome incapaz de abrirlos a causa de las lágrimas que habían brotado de los mismos.

Parecía ser que el muchacho tenía determinación y estaba convencido de que aquello de lo que hablaba podía suceder. ¡Iba en serio! Quería que me uniera a su banda pirata. Abrí los ojos de nuevo.

-¡Si eres sólo un crío! -le grité. -Un crío con un poder notable… -pensé mientras lo observaba atentamente. –Si eres el gran pirata que dices ser no deberías tener problemas en vencerme de un solo golpe, ¿no crees? Otros ya lo han hecho antes, no es tan difícil. -le dije, haciéndome el chulo. -Venga, no pienso esquivarlo. -le comenté mientras me cruzaba de brazos.

Me parecía divertido ver de qué era capaz aquel muchacho, seguramente me pegara un golpe ridículo, me riera de él, le metiera un bofetón correctivo y me iría volando de ahí. Nadie se burlaba del futuro Rey de los Piratas.

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Energia: 2333 + 0 = 2333
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#5
En mi rostro se dibujó una enorme sonrisa al verle reir ante mi proposición. Seguro que se reía porque estaba feliz de entrar en una tripulación conmigo. -Bueno, pues debemos empezar con buscar un nomb...- Comencé diciendo, pero al notar que seguía riéndose, entendí que se reía de mí y no conmigo, y eso me hizo enfadarme. Con el ceño fruncido, di varios pasos hacia adelante, recorriendo unos cuatro metros, señalándole mientras gritaba. -¡No se de que te ríes imbécil! ¡Es así como se forman las tripulaciones! ¡Tu tienes que saberlo! ¡Supuestamente tienes una!- Le grité, algo avergonzado por haberse reido de mí. ¿Quien se creía que era?

Pero lo que dijo a continuación fue lo que me hizo enfurecer. Aquella bestia de cabellos blancos nivéos me llamó crío, y eso era algo que me molestaba enormemente. Bajé los dos brazos con los puños cerrados, completamente irritado. -¡No me llames así! ¡Por si no lo sabías soy un joven adulto!- Comencé diciendo. -¡Además!- Me quité la camiseta y alcé los brazos, enseñando mi torso desnudo. -¡Tengo catorce pelos en el sobaco derecho, nueve en el izquierdo, tres pelos en la barba, dos en el pecho y siete en la zona púbica! ¡No soy un macho! ¡SOY EL MACHO!- Dije completamente enfadado con Yojimbo.

Apreté los dientes con fuerza cuando escuché su proposición de darle un golpe para tumbarlo y que no lo esquivaría bajo ningún concepto. ¿Acaso me estaba infravalorando? Esa era otra de las cosas que más me molestaban en el mundo, que me infravaloraran. -Perfecto, pero entonces...- Bajé los brazos y empecé a dar pequeños saltitos, de un pie a otro, preparándome para el combate. -Pero si logras aguantarlo, tendrás que hacer lo mismo contra mí. Yo no lo esquivaré tampoco, no tengo miedo a nada ni a nadie. Si alguien es fuerte, yo seré más fuerte que él.- Dije, lanzándole una mirada desafiante en el momento que paré de saltar.

Inhalé pausadamente, sin retirarle la mirada, para acto seguido cargar el brazo derecho hacia atrás, concentrando toda la fuerza en el puño. Una vez estuve preparado, me agaché para coger inercia, y salté hacia adelante, recorriendo toda la distancia que nos separaba y propiciarle mi técnica más poderosa en la boca del estómago, pues si no lo tumbaba, al menos que tuviera que arrodillarse ante mí. -¡RYUKEN!- Grité con todas mis fuerzas mientras mi puño impactaba contra su estómago. Aquel golpe había sido uno de los mejores que había dado, de seguro que le haría mucho daño.


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Alas Negras
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#6
Aquel pequeñín parecía molesto por haberlo infravalorado, pero ¿cómo lo iba a tomar en serio si no había demostrado nada? Caminó hacia mí mientras me gritaba que era un imbécil, si lo considerara una amenaza le habría golpeado nada más hubiera dado el primer paso, pero decidí esperar a ver qué hacía. Parecía molesto por tratarlo de niño y, al menos físicamente, parecía un niño, de hecho se parecía mucho a mi cuando tenía doce años o así. Tras eso se quitó la camiseta y comenzó a contarme la cantidad de pelos que tenía. -Pues casi más que yo… -pensé, impresionado por el desparpajo que tenía aquel chaval.

Al fin aceptó mi propuesta y, no contento con ello, añadió que si era capaz de aguantar su golpe hiciera yo lo mismo, que le pegara con mi golpe más fuerte. El chico era un completo idiota si pensaba que alguien como él podía aguantar el mejor golpe de alguien como yo. Me gustaba esa actitud, pero no estaba seguro de que fuera lo más inteligente. Igual hacerle un “Tierra Dorada” lo convertiría en un puré de huesos machacados y casquería. A fin de cuentas, no era más que un niño.

Cerré los ojos, me encogí de hombros y respiré hondo. ¿Por qué me tenía que meter en estos líos? Ahora me iba a pegar con un niño en el bosque… ¿cuánto subiría la recompensa por mi cabeza si me pillaran pegándole una paliza a un niño? ¿Si algún día me pillaran y me pusieran en la horca dirían todos mis crímenes antes de colgarme? Iban a estar tiempo. La verdad es que nunca había estado en una ejecución pública. Vaya panda de salvajes.

Un grito me sacó de mis pensamientos, abrí los ojos y ahí estaba, a punto de darme en la boca del estómago, un rodillazo hubiera cortado su ataque, o incluso un paso hacia atrás, pero era un hombre de palabra. Su puño impactó de lleno contra mi estómago. –Ouch… -susurré mientras sus nudillos se hundían en mis abdominales. -La madre que… -pensé. Aquel golpe había sido mucho más fuerte de lo que me esperaba, su fuerza era impresionante… podía afirmar sin lugar a dudas que Kenzo era mucho más fuerte de lo que era yo a su edad. Si era igual de resistente que fuerte podía aguantarlo.

-¡Me toca! -grité mientras las llamas de mi espalda ardían con fuerza y me descruzaba de brazos. Inmediatamente después lo agarré de la pierna izquierda con mi mano izquierda y, mientras aún estaba en el aire, me preparé para darle lo suyo. Lo tenía colgando hacia abajo y, en un abrir y cerrar de ojos, tras retroceder el hombro derecho, lancé un fortísimo puñetazo hacia la boca de su estómago, porque donde las dan, las toman. Tras aquel golpe lo solté, dejándolo caer al suelo y retrocedí dos pasos, alejándome tres metros de él.

-Esto es “Tierra Dorada”. -le dije serio. -¡Eres fuerte! -le grité mientras aún estaba en el suelo. -Pero aún te queda camino. -continué, pensando en que si seguía su entrenamiento aquel muchacho iba a ser una auténtica bestia.

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Energia: 2333 - 221 = 2112
Espiritu: 920 + 0 = 920
#7
Yojimbo era un hombre de palabra. Dijo que iba a recibir el golpe y lo recibió sin defenderse o apartarse. Simplemente se dejó golpear, con todas mis ganas, con todas mis fuerzas, con toda mi intensidad para… Ni siquiera moverle. En mi cabeza lo mínimo que cabía esperar era hacerle arrodillar ante mí, pero es que ni siquiera lo moví, ni hizo ningún gesto de dolor. Aquel tipo era realmente una bestia, un monstruo con el que intenté jugar y lo peor de todo es que ahora me tocaba aguantar un golpe suyo. ¿Que tipo de golpe iba a recibir?

Mientras caía tras el golpe, pude observar cómo de su espalda brotaban una intensas llamas y acto seguido, como me agarraba de la pierna izquierda, para luego alzarme y golpearme con todas sus fuerzas en la misma zona en la que yo había golpeado. Instantaneamente, sentí un intenso y agudo dolor que me hizo gritar con todas mis fuerzas. -¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!- Me llevé instantanea e inconscientemente las manos a la boca del estómago, presionando en aquel lugar mientras caía al suelo.

Su fuerza era incomparable. ¡Ni siquiera se podía comparar a la fuerza y técnica del maestro! ¡Y eso que el maestro era extremadamente fuerte. Rodé de izquierda a derecha en el mismo sitio, lamentándome en silencio del dolor, tratando de que el dolor se me apaciguara, pero no surtía efecto. Aún así, no podía demostrarle debilidad alguna a Yojimbo. Hice acopio de toda mi fuerza y resistencia para poder levantarme, pero me temblaban hasta las manos y piernas de aquel golpetazo.

Tras intentar levantarme tres veces, finalmente a la cuarta lo logré, dándole la espalda, totalmente desubicado, y algo mareado. Durante unos segundos no supe ni donde estaba, hasta que vi aquel escarabajo rinoceronte de color rosa tomando la savia del árbol que antes había perforado y que tanto había estado buscando. Me ubiqué y me dí la vuelta para volver a encararlo. Alcé la cabeza para mirarlo, mientras escuchaba que decía que aquello se llamaba Tierra Dorada. Era un portento, daba bastante respeto. Quizás era yo quien me tenía que unir a él.

-Siento haber gritado antes cuando me golpeaste, Yojimbo. Normalmente siempre lo reprimo para no molestar a mi maestro.- Estar de pie me estaba costando, así que me dejé caer al suelo, sentándome y acto seguido, dejando caer mi espalda al suelo, permitiendome mirar el cielo rosado. -Se mi maestro, Yojimbo. Quiero saber como usar la Tierra Dorada. Quiero encontrar a mi maestro Kumatetsu. Quiero ser el más fuerte de todo el mundo. Quiero ser el pirata más grande de todos los tiempos. Quiero vivir aventuras.- Dije, mientras de manera incontrolada, brotaban lágrimas de mis ojos. El haber sido derrotado sin ningún ápice de esfuerzo, no sólo me generaba impotencia, sino también admiración por la otra persona. -Ayudame. No soy un capitán pirata. Pero tu sí. Se mi maestro, se mi capitán.- Dije, esperando que aquel tipo de recompensa tan alta y de fuerza tan extraordinaria, dejara de ser un pirata y se convirtiera en mi maestro y mi ejemplo a seguir.

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Vitalidad: 1585 - 1081 = 504
Energia: 727 + 0 = 727
Espiritu: 153 + 0 = 153
#8
Conforme solté a aquel chaval, tras propinarle el golpe, tuve por un momento la sensación de que lo había destrozado. En el mejor de los casos tendría que comer toda la vida con una pajita y ni siquiera sería capaz de mover el cuello… ¿qué había hecho? Retrocedí un paso, asustado por lo que podría haber pasado y, para mi sorpresa aquel joven aguantó, pegando un grito terrible mientras se llevaba las manos al estómago. Tembloroso intentó levantarse del suelo unas cuantas veces hasta que por fin lo consiguió y en cuanto estuvo en pie se le veía claramente confundido. Quizá había sido demasiado, pero lo impresionante era que no me había cortado ni un pelo en hacer “Tierra Dorada”, lo había conseguido resistir con todas las de la ley. ¡Este enano era un prodigio!

Cuando recuperó el sentido se disculpó por haberme gritado y se tiró de nuevo al suelo, seguramente para descansar, y tras eso me pidió que fuera su maestro y que le enseñara a usar la Tierra Dorada. Sonreí contento, nunca nadie jamás se había interesado por mi forma de pelear y este muchacho quería que yo fuera su maestro. Se le notaba triste, quería encontrar a su anterior maestro, ser el más fuerte y ser un gran pirata. Comenzó a llorar y me pidió que fuera su capitán.

-¡KIIIIIIIIIIIKIKIKIKIKIKI! -comencé a reir mientras cerraba los ojos, incapaz de abrirlos por las lágrimas que ahora brotaban de los míos. -Anda levanta del suelo Kenzo. -dije mientras me giraba y comenzaba a caminar sin un rumbo establecido. -Voy a presentarte al resto de la banda.

Con su fuerza, determinación y resistencia física Kenzo se convertiría en el futuro de los Alas Negras.

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#9
Las lágrimas seguían saliendo de mi rostro sin parar. Lo cierto es que no sabía ni porqué salían. Quizás fuera al ver la diferencia de fuerza entre Yojimbo, quizás por haber sido derrotado, o quizás, por el dolor que sentía en la boca del estomago. ¿Y si ahora no podía volver a comer? ¿Que demonios iba a pasar? ¿Cómo iba a crecer? ¿Me iba a quedar enano después de todo? ¿Después de todo lo entrenado? ¿Después de todo lo vivido? ¡Eso sería una completa pesadilla! ¡Tenía que volver a comer si o si! En cuanto pudiera, iba a zamparme un kilo de comida, fuera la que fuera.

Tras entrar en en ese bucle de pensamientos estúpidos, algo me sacó de el bucle. Fue una excéntrica risa aguda, procedente de aquel pirata. ¿Se estaba riendo de mí? Sin embargo, me dio una orden. Me dijo que me levantara, que me iba a presentar al resto de la banda. Espera. ¿Había entrado en la banda de los Alas Negras? Abrí los ojos y le miré. El seguía riéndose. Me levanté, con una sonrisa en mis labios. -¿Eso significa que me aceptas como nakama? ¿Y que me he convertido en tu alumno?- Pegué un enorme salto hacia arriba, contento por lo que acababa pasar. -¡APARTENSE DE NUESTRO CAMINO! ¡LOS ALAS NEGRAS ACABAN DE LLEGAR! ¡SHAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!-

Exaltante, comencé a correr hasta llegar a su altura. Alcé el rostro para mirarle y comencé con un torbellino de preguntas. -¿Y cuantos nakamas tendré? ¿Ellos me aceptarán? ¿Cuándo vamos a empezar a entrenar? ¿Que necesitas que haga en barco? ¿Como se llama nuestro barco? ¿Me crecerán alas a mí también? ¡Sería chulísimo!- Agarré un palo del tamaño de una espada y se la mostré a Yojimbo. -Mira que palo mas guay. Y ahora que pertenezco a los Alas Negras, ¿Nos perseguirán los marines? Mi recompensa es muy alta, no se porqué. Tengo hambre. ¿Quién es el cocinero? ¿Cuantas tiempo eres capaz de aguantar la respiración? Yo treinta segundos...- No paraba de preguntar cosas, esperando que en algún momento, mi nuevo capitán me respondiera algo.

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