[Presente Relativo] A las chicas de verdad les gusta el pollo frito.
#1
Otro día más en aquella isla llena de almas femeninas. El viento invernal era suave, lo suficientemente fresco como para necesitar una chaqueta, pero no mucho más allá de eso. Agradecía la temperatura, mucho, muchísimo mejor que el calor infernal que pasé cuando estuve en Toko. Ah... Qué recuerdos me traía aquella isla. Allí fue donde conocí a la división 21, aunque en aquel momento había dos personas más. El joven, bello y enérgico Tenma, y el gigante risueño Daisen. A menudo me preguntaba que tal les iría a ambos por Impel Down, pero no había reparado en llamarles todavía. Suponía que si ellos tampoco lo habían hecho era porque no tenían interés en mí. Aunque eso era improbable, probablemente lo que sucedía era que les daba demasiada vergüenza llamarme. Reí mientras caminaba por la ciudad de camino a la playa al imaginarlos a ambos con el Den Den Mushi en sus manos, sonrojados sin llegar a ser capaces de llamarme. 

Outfit del día


Una vez más, me había despertado temprano, desayunando un caldo de miso picante y unas nueces caramelizadas con pimienta de Szechuan. Nada daba más energía a un cuerpo que un buen desayuno picante como el fuego. ¿Tal vez era por eso que siempre tenía calor? Deseché esa idea casi al instante en el que surgió en mi mente. Me gustaba entrenar en la playa desde que había llegado a la isla, no me parecía del todo adecuado hacerlo en mitad de una ciudad donde había revolucionarios escondidos. Si querían mirarme, que se entregasen. Así de simple. Paseé tranquilamente hasta llegar a mi sitio, pero cuando miré a mi alrededor, la playa se transformó en un tupido bosque rosáceo. "¿Pero qué clase de espejismo es este?" me pregunté sin dar crédito a lo que mis ojos veían. Había tomado el camino correcto, estaba segura al cien por cien de ello. A veces me preguntaba si tal vez podía ser que alguna clase de duende invisible, usuario de la Nikyu Nikyu no mi se había enamorado de mí y me perseguía para llevarme a otro sitio que no era al que yo quería ir. "Hmmm. Sí, es lo más probable."  

Total, que de alguna forma desconocida para mi mente, ahora estaba en mitad de un bosque. Mirara a dónde mirara no veía más que árboles y arbustos rosas. Incluso algún que otro insecto, del mismo color, por supuesto. No sabía ni siquiera si estaba muy profundo en el bosque o nada más en la entrada de esté. Suspiré, con una sonrisa ladeada en la cara y me coloqué los brazos sobre las caderas. "Ojalá aquí hubiese unas nubes como las del gatito, para poder subir y ver dónde demonios me ha metido el duende ese." pensé con cierto deje de añoranza. Todavía no había noticias al respecto, y tampoco es que pudiera ir preguntando como si nada por un pirata a mis compañeros. "Aunque supongo que no tener noticias, son buenas noticias al fin y al cabo." me dije a mí misma, suponiendo que con su recompensa se sabría algo si... si lo que fuera. Intenté cambiar el foco de mi mente y busqué algo con lo que entretenerme. Así pues, vi un árbol a unos pocos metros que parecía bastante robusto y con unas ramas gruesas que sobresalían bastante. Me acerqué a él y, desde abajo, alcé la vista a su copa sonriendo. Debía medir como cuatro o cinco veces yo, pero era suficiente. Flexioné las piernas y pegué un pequeño salto hasta agarrarme a una de sus ramas más bajas, me balanceé durante varios segundos, jugando como si fuese un columpio, y después recogí los brazos levantando mi propio peso hasta subirme sobre ella. Una vez allí, con cuidado de no caerme, busqué otra rama y repetí lo mismo. Así lo hice dos veces más, hasta estar a unos seis metros de altura sobre el suelo. Tenía que entrenar, pero ya no tenía tantas ganas como antes. Suspiré de nuevo, apoyando la espalda en el tronco y dejándome resbalar por la espalda hasta quedar sentada en la rama, con las piernas colgando a cada lado de ella. Puse morritos y me estiré boca abajo sobre el tronco, apoyando ambas manos en la madera a modo de cojín sobre el que apoye mi cabeza ladeada. 

—Me. A. Bu. Rro. —silabeé cerrando los ojos y exhalando sonoramente— Necesito un poquito de algo que me divierta, aunque sea un rato, ¿sabes? Señor árbol, ¿por qué no te conviertes en un pirata malvado contra el que poder combatir?

Abrí los ojos nuevamente, paseándolo por el bosque, demasiado tranquilo para mi gusto, esperando a ver si un pirata, o tal vez una bestia, aparecía para darme un poco de juerga. Mis compañeros estaban cada uno a lo suyo y hacía mucho que no hablaba con ellos siquiera. Ni tan solo con Karl, a la cual echaba de menos mucho. Pero claro, no se tomó bien la broma que le había hecho y no sabía si me odiaba o qué. ¿Pero cómo odiar a una persona tan maravillosa y hermosa como yo? Una diosa en la tierra. Solo mirarme era un regalo, ¿no le servía con eso? Debería, sí. ¿Pero entonces por qué no me había llamado o dicho algo al menos? Suspiré. Ser tan perfecta a veces era complicado.

Karmas

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#2
Después de delatarme de alguna manera ante Clala, intente evitar lugares céntricos y alejarme todo lo posible del centro y las comodidades que me ofrecía el reino de Kamabaka. Tras desayunar y ducharme como siempre, decidí salir de la ciudad e investigar aquel extraño bosque que rodeaba aquella isla, tal vez allí podría volver a realizar mi rutina de entrenamiento sin llamar la atención. 

Mientras corría no podía parar de pensar en mi pasado y en las palabras de Clala sobre la marina y sobre todo lo que hacíamos en el mundo, ella no tenía razón, gracias a la marina era ahora libre, gracias a la marina había conocido a Joe y había viajado a lo largo del mundo, no era tan fácil librar al mundo del mal de la piratería, no era algo que se pudiera hacer de la noche a la mañana, sin embargo, no podía quitarme sus palabras de la cabeza. Tsch, ¿Realmente que sabría ella? Tenía mucho que agradecerla, desde luego, gracias a ella nunca me derrumbe, conseguí seguir adelante y  mantener mi esperanza ¡Pero ahora ella estaba tan tranquilita en su isla de fiesta, en fiesta, mientras yo luchaba por la paz y la justicia en este mundo! ¡Que sabrá ella! ¡Ella luchó y se libró del mal, sí, pero abandono al resto para estar de fiesta! ¡Yo he visto morir a compañeros por defender la vida de otros! ¡He luchado por mantener a pueblos libres más que ella! 

Mientras todos estos pensamientos pasaban por mi cabeza, yo corría más y más rápido, entre ese maldito y estrecho bosque, hasta que llegue a un claro donde no había tanto árbol, en el pasado debió haber algún incendio o algo por allí, ya que en esa zona no había árboles en unos 50 metros a la redonda y me detuve jadeando, no sé cuanto tiempo había estado corriendo pensando en aquello, me puse a andar tranquilamente por el claro cuando algo llamo mi atención, encima de un árbol, cerca de donde el bosque volvía a coger espesor, había alguien tumbada y hablando sola, jugueteando en una rama ¿Sería un revolucionario? ¿Vendrian a por mí?

Me acerqué sin demasiado sigilo, ya que donde yo estaba no tenía árboles para esconderme y seamos sinceros, era casi tan grande como un árbol y entonces vi claramente la figura, 2 metros por encima de mí se encontraba Ikirami, tan guapa y despreocupada como siempre. Me acordé de nuestro último encuentro y de su falta de respeto hacia Joe además de su intento cruel de meterme miedo, tomándome por tonta, verla así, tan despreocupada y tranquila, mientras yo me comía la cabeza, me cabreo de alguna forma. Ahora que lo pensaba, realmente nunca la había visto luchar, nunca le había visto jugarse la vida como a mis otros compañeros, salvando a nuestra nueva incorporación tras meses viajando a su lado, nada mas que presumir y presumir sin hacer realmente demasiado por el resto y dando órdenes como si estuviera por encima de mi y de Joe, cuando realmente era su subordinada, aunque Joe nos trataba a todos por igual sin importar el rango. 

Seguramente me vería llegar de lejos, pero me pare a unos 5 metros de donde estaba por encima de mí y me dirigí hacia ella, ya era hora de que demostrara con hechos sus palabras: 

- ¿Estás cómoda Capitana? Dije con retintín, como el que ella usó con Joe cuando abandono el grupo. 

- Verás, hoy he desayunado sandia y he pensado en que no conozco tu poder y habilidades, capitana, baja de ahí, vamos a luchar un poco. Veamos que eres capaz de hacer. 

Ya iba siendo hora de bajarle los humos a mi amiga, pensaba emplearme a fondo, no sabía de lo que era capaz, así que me mantuve alerta sin apartar la mirada de ella, preparada para contrarrestar cualquier ataque que pudiera realizar, estaba cabreada, darme de hostias con mi preciosa amiga me serviría para relajarme.

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#3
El rato pasaba y parecía que el clima se mantenía soleado, no hacía demasiado frío ni tampoco calor. Además, comenzaba a cogerle cariño a aquella rama. Tenía unos gruesos nudos por los que pasaba los dedos con delicadeza, recorriendo su veteada superficie y notando su rugosidad. Un sonido entre la maleza a lo lejos me alertó. Levanté la vista y vi como Karl salía de entre los árboles y llegaba a un claro, jadeando. “¿Habrá venido a buscarme?” me pregunté emocionada, pero no la había escuchado seguirme ni tenía forma de saber que me hallaba ahí, lo cual me desilusionó un poco. Esperé para ver que hacía, y parece que me debió ver entre las ramas, pues comenzó a andar hacia mi dirección. Me incorporé sobre la rama, quedando sentada sobre ella con las piernas colgando por ambos lados y alcé la mano derecha para saludarla con una sonrisa. Al lado de los árboles, que medían en su mayoría decenas de metros, cubiertos por ramas, no parecía tan alta, pero a la que llegó a cinco metros de donde estaba, casi casi llegaba a mi altura, y había tenido que trepar bastante para llegar. La sonrisa que le regalé desapareció de mi rostro en cuanto escuché como me llamaba por mi rango.

—¿Karl? —la llamé, alzando las cejas parpadeando confundida.

No solo había usado mi rango, casi por primera vez desde que la conocía, sino que además pude notar un cierto deje de escozor al decir la palabra. ¿Tal vez estaba molesta porque había ascendido rápidamente y la había alcanzado? Fuera como fuera, rápidamente me dijo que ese día había desayunado sandía y que había pensado que no conocía mi poder ni habilidades, volviendo a decir mi rango de esa forma una segunda vez. Me dijo que bajara de ahí y que lucháramos, a ver de lo que era capaz. Me quedé unos segundos perpleja por como me estaba tratando. Al parecer sí que se había tomado mal lo de las semillas, por su comentario sobre la sandía. Suspiré.

—No tienes por qué ponerte así por una tontería. —dije negando con la cabeza y cruzándome de brazos— Además, en el libro ponía eso y eres la primera usuaria de esa fruta que conozco, ¿cómo iba yo a saber que el escritor tenía un humor retorcido?

Volví a suspirar, mirándola con ojitos de cordero degollado. Era verdad, y yo no tenía la culpa de que hubiesen escrito aquello, yo solo quería avisarla.

—Al menos prométeme que no harás la locura de intentar matarte por lo que te conté del fénix. Dudo mucho que esa parte fuese mentira, ¿sabes? —continué diciendo, esta vez con bastante preocupación en la mirada. Después me llevé una de las manos al mentón y levanté la mirada al cielo— Está bien. —afirmé tras unos segundos y, de un solo salto, bajé al suelo.

Comencé a andar hacia el claro, esperando que Karl me siguiese a él, hasta estar situada a 15 metros del borde con el resto de los árboles. Aquella mañana había salido a entrenar, al fin y al cabo, aunque terminé por arte de akuma en un lugar en el que no debería haber estado. Aquello podía contar como entrenamiento y además me serviría para aprender más sobre su fruta, lo que me parecía una idea fantástica. No podía negar que me moría de ganas de batirme en duelo con alguno de mis compañeros desde hacía mucho, y así averiguar más sobre mis muchas fortalezas. Una vez llegado ese punto, frené y me di la vuelta.

—Un momento. —pedí, mientras me colocaba los guantes y las punteras— Ya casi. —aclaré para después sacar un coletero y hacerme un moño, lanzando la bolsa a un lado, y posteriormente quitarme la chaqueta verde y la camiseta, quedando solo en sujetador en la parte superior. Necesitaba estar cómoda para aquello— ¡Lista para entrenar!

Me coloqué en posición ladeada, con el bosque a 15 metros frente a mí y mirándola directamente a los ojos. Tenía el pie derecho adelantado, con la mano del mismo lado alzada y con esa mano le hice un gesto para que comenzase. La otra mano la tenía cerrada en un puño sobre mi cadera derecha, lista para golpear cuando fuese necesario.


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#4
Ikirami respondió a mis palabras, justificando el tema de la fruta con que lo había leído y tal vez el autor del libro donde lo había hecho tenía un humor retorcido, aunque después dijo que no "intentara matarme" comiéndolas. *tchis ya  basta con la bromita* pensé para mí. Además, no paraba de mirarme como si nunca hubiera roto un plato, intentando ablandarme, pero la verdad, es que no sabía por qué, pero estaba muy cabreada con ella, creo que no se trataba del hecho de que hubiera intentado vacilarme con aquello tratándome como tonta, sino más bien el cómo había tratado a nuestro Joe. No obstante, acepto el duelo, bajo del árbol, y fue andando tranquilamente hacia el centro del claro.

Cuando llego allí, me pidió un momento, se quitó el coletero y se puso en posición de pelea, sé que era tan solo un entrenamiento e Iki estaba realmente arrebatadora como siempre, pero tenía que evaluar sus habilidades, además, sus técnicas de seducción funcionarían conmigo o con Sephirot, pero no todo el mundo se sentía atraído por las mujeres, o por gente como ella, era hora de que demostrara de lo que era capaz, cuando ese par de magumbos no hicieran efecto.

Finalmente, Ikirami se puso en posición de combate y me reto a que fuera a por ella, mi corazón latía fuertemente, ¿la tenía envidia? ¿Me gustaba? ¿Por qué estaba tan cabreada realmente con mi amiga? Sea como fuere, tenía ganas de desquitarme un poco con ella y saber que es lo que podía hacer. No la haría esperar más, empezaría con mi primera técnica.

Rápidamente, me transformé en mi forma completa, anteriormente para usar esta forma tenía que concentrarme, ahora era como una parte más de mí, mis brazos se volvieron alas, mi boca se volvió la de un pájaro y mis piernas se convirtieron en grandes garras, me eleve rápidamente un par de metros y sin perder la mirada de aquella despampanante pelirroja, embestí con todas mis fuerzas con mi pajaro Osado apuntando al centro de su abdomen, impactando en mi compañera. El combate había empezado y no me iba a contener hasta comprobar el poder de mi amiga. Ikirami ya había visto como realizaba aquel ataque ¿Me habría pasado?. Tras realizar el ataque tome distancia, volando de nuevo a 14 metros sobre donde habia dejado a Ikirami

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#5
En cuanto la invité a venir contra mí, mis ojos se abrieron centelleando al ver como su cuerpo se transformaba en un ave de belleza incalculable. El fénix, en su forma completa. Midiendo la friolera de cinco metros de envergadura de un extremo al otro de sus alas y tres de altura. Un cuerpo cubierto por las más hermosas plumas que podían existir en la tierra, que estaban formadas por puro fuego azulado. El final de ese combate, era irrelevante por completo, el simple hecho de poder ver a semejante criatura frente a mí era suficiente para poder considerarlo una victoria. Conocía cada una de las características de aquella fruta gracias a mis conocimientos eruditos en la materia, pero apenas había visto a mi compañera combatir. Realmente, solo en una ocasión, precisamente contra mi querido novio gatito. En aquella ocasión, Karl perdió contra él. ¿Sería yo capaz de derrotarla también? Pues claro que sí, solo esperaba no hacerle demasiado daño. Sonriente, y con los ojos haciendo chirivitas, me preparé para correr hacia el hermoso fénix, pero haciendo alarde de una velocidad sin igual, sin ser yo siquiera capaz de advertir el movimiento, un fuerte golpe impactó en el centro de mi abdomen.

Sonreí todavía más, sintiendo dolor por primera vez en mucho tiempo. Pero a pesar de la fuerza de aquel golpe, me mantuve en la posición. Ese golpe había encendió una chispa dentro de mí que debería mantenerse apagada, pero el calor del combate era demasiado como para poder contenerla. Toda la inercia de su movimiento se perdió en cuanto impactó contra mi cuerpo, que se mantuvo fijo en su posición. Momento en el que aproveché para cerrar los puños cerca de mi torso y con gran fuerza y velocidad, lanzarlos con las palmas abiertas contra su cara frente a mí.

—¡Deke Bas! —grité a la vez que realizaba mi movimiento.

El empujón fue lo suficiente fuerte como para derribar a la hermosa ave, que cayó irremediablemente contra el suelo frente a mí. Sin darle tiempo para que se recuperase, rodeé su cuerpo para salir corriendo con toda la velocidad que fui capaz de alcanzar.

—¡Píllame si puedes, pajarito! Shshshshshsh. —dije riendo mientras corría hacia el abrigo del bosque— ¿Sabes? Vamos a ver cómo te las arreglas para luchar igual de bien en un sitio lleno de obstáculos.

Corrí alrededor de su cuerpo, rodeándola hasta poder correr en línea recta hacia el bosque, que se encontraba a 15 de mi posición. Seguí avanzando hasta recorrer un total de 6 metros dentro del bosque en línea recta desde mi posición inicial, aprovechando la cobertura de la vegetación para perderla de vista y colocarme detrás de un árbol de 15 metros que su tronco medía algo más de un metro de diámetro y que ocultaba por completo mi cuerpo. Al igual que cuando llegué a allí hacía un rato, el bosque era realmente tupido, con cientos de árboles creciendo a escasos metros entre ellos, entre 3 y 5 metros los unos de los otros. Sus ramas gruesas y rosas crecían desde los 2 metros de altura aproximadamente hasta sus copas que llegaban a los 10, 15 y 20 metros de altura, donde había ya ramas más finas pero repletas de hojas rosas. Realmente, apenas se podía ver el cielo desde dentro del bosque. Y a la altura del suelo, gran cantidad de arbustos rosas de espeso follaje lo cubrían, midiendo en su mayoría desde los 20 centímetros hasta los 2 metros.

Tenía que darlo todo si quería tener una mínima oportunidad contra ella, y conocía muy bien las capacidades que tenía su fruta. No podía contener las ganas de ver de qué sería capaz mi compañera en esas circunstancias, sabía que darle tiempo para recuperarse era una apuesta arriesgada, pero ese claro le daba una ventaja sobre mí que no iba a tolerar.

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• Bel
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Vitalidad: 3504 - 549 = 2955
Energia: 1894 - 173 = 1721
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#6
Tras golpear a Ikirami, esta se las apaño para darle la vuelta a la situación, golpeándome fuertemente tras recibir mi golpe y haciéndome caer, tras ello, rodeo mi cuerpo transformado aún, mucho más grande que el suyo y se puso a huir a toda velocidad gritando que a ver como me las apañaba en espacios cerrados. El golpe no me había hecho mucho daño, pero me sorprendió su velocidad y potencia para el pequeño y bello cuerpo de mi compañera, pero me estaba subestimando si creía que podría esconderse. Me reincorporé rápidamente mientras ella se alejaba a toda velocidad al bosque, perdiendola de vista, habia visto hacia donde huia, así que realice mi contrataque

- ¡Me decepcionas huyendo Ikirami ! ¡Y me estás subestimando si crees que un bosque es un problema para mí! ¡Rankyaku !

Empecé a mover mis zarpas a gran velocidad y lance un rayo impreciso en su dirección que avanzo 24 metros hacia adelante, cortando todos los árboles a su paso, adentrándose 8 metros en el bosque y dejando un surco de 4 metros alrededor.

- ¡Da la cara Ikirami! ¡Ven a por mí y demuéstrame lo que vales!

Mientras los árboles caían debido a mi ataque, poco a poco, me prepara para recibir otro golpe si era necesario, buscando en el surco realizado a mi rival, no era capaz de dirigir precisamente ese ataque, pero era tan amplio que era difícil escapar al mismo. Ikirami tendría que luchar en zona abierta, quisiera o no, si no, no dejaría bosque donde pudiera huir.

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Energia: 1869 - 81 = 1788
Espiritu: 975 + 0 = 975
#7
Escapé corriendo hacia el bosque sin problemas y me subí al árbol, esperando que Karl apareciese en cualquier momento. Me gritó que la decepcionaba. ¿De veras se pensaba que era justo para mí luchar en campo abierto contra ella, en un terreno que claramente favorece a alguien que puede volar? Tenía todos los sentidos puestos para atacar en cuanto apareciese, pero desconocía muchas habilidades que poseía. Utilizó una técnica que no había visto jamás, arrasando con todos los árboles de mi zona con alguna clase de onda que pasó a escasos metros por debajo de mí. Sorprendida, salté hacia el suelo antes de que el árbol cayese, colocándome al lado de uno de los troncos caídos al lado del que estaba, quedando oculta y con el ceño fruncido.

—¡Lo estoy haciendo, ¿sabes?! —respondí a su orden de que le demostrase lo que valía y corrí hasta ponerme a cobijo tras una de las copas de árbol derrumbadas— ¡No soy tan tonta como para ir a lo loco contra ti, que eres usuaria de una fruta zoan MITOLÓGICA! —acabé de decir una vez ya escondida, haciendo énfasis en la última palabra porque para mí era un dato más que suficiente como para tomar precaución.

Aprovechando la cobertura vegetal que me cubría por completo con las copas de los árboles derribados, corrí dos metros hasta llegar al bosque de nuevo y colocarme tras el tronco de uno de esos inmensos árboles, perdiéndome de nuevo entre la vegetación.

—¡Yo no tengo ninguna fruta, como tú, Joe o incluso Ryze! —argumenté gritando para que pudiese escucharme, estaba ligeramente frustrada por su insinuación de cobardía. No era cobarde, no le temía en absoluto— ¿Acaso tienes tú miedo de venir a por mí? ¡VAMOS, KARL! ¡DEMUÉSTRAME DE QUÉ ERES CAPAZ CON EL PUTO FÉNIX!

De todos mis compañeros, Karl era sin duda la que a mi parecer la que tenía mayor potencial. Ya de por sí era poderosa físicamente, no había más que mirar su musculoso cuerpo, pero la fuerza que le daba su fruta sobrepasaba con diferencia a todo el resto. Sí, Joe era el Comodoro y líder de la División, probablemente el más fuerte de entre nosotros, pero el potencial de su fruta era más limitado, siendo dotado únicamente con las habilidades de una serpiente de cascabel pero a una escala más grande. En el caso de Ryze, aunque no sabía mucho de ella todavía, conocía muy bien a su fruta y su poder con el veneno de seguro sería increíblemente poderoso e increíblemente versátil. Pero por mucho que le diese vueltas, ninguna de ellas alcanzaba el potencial del Fénix. Primero, al ser una zoan tenía capacidades físicas superiores a cualquier persona normal. Además, era extremadamente veloz. Con esas alas colosales podía recorrer largas distancias en un parpadeo y además, volar. Esa habilidad ya de por sí le otorgaba una infinidad de posibilidades. Con ello podía huir sin poder ser alcanzada, atacar desde ángulos imprevistos, lanzar a alguien desde el cielo hacia una muerte segura e incluso recolectar información del campo de batalla sin necesidad de participar. Solo con esa habilidad, ya se podía decir que era increíblemente útil tanto en ofensiva como para apoyar al resto. Pero es que aquellas cosas eran nimiedades en contra de su mayor arma: la curación. De entre los cientos de frutas que había estudiado, apenas había que pudiesen curar a uno mismo, mucho menos incluso a los demás. Y si tuviese que poner en una balanza a dichas capacidades, la del Fénix era la más potente con diferencia. Me alegraba mucho, muchísimo, infinitamente, el saber que esa fruta estaba en manos de una marine, y además de Karl. Tal vez no la tuviese dominada al completo, pero el potencial real de su fruta se encontraba ahí, en los dotes sanadores que le otorgaba su fruta, tanto para ella misma como para los demás. Con ese poder y un dominio perfecto de la fruta, un ejército entero podría combatir sin miedo, sabiendo que sus heridas se curarían en breves gracias a ella. Y si creyeses que su punto débil era pelear sola, estarías todavía más equivocado. Podría centrarse en atacarte hasta la saciedad, dejándote cada vez más debilitado mientras ella se cura sin límites, haciéndote perder incluso la voluntad de combatir contra una bestia de su calibre, a la cual hicieses lo que hicieses volvería en un instante como nueva. Ese era el poder que yo veía en ella. Y sí, sabía que estar dándole ese tiempo era contraproducente por estas mismas razones, pero también era la única opción viable para mí. Tal vez, si hubiese tenido una fruta… Tal vez.


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Vitalidad: 2955 + 0 = 2955
Energia: 1721 + 18 = 1739
Espiritu: 1305 + 0 = 1305
#8
Mi mejor amigo se dirigió a mí, hablando de mi poder y de que no podía hacer nada por mí. Ikirami no entendía nada, no entendía los peligros que había ahí afuera, ¿yo le parecía una amenaza? ¿Estaba ciega? ¿Había estado en el mismo torneo que yo en las islas del cielo? Joder, gracias a ella salimos de allí, pero había monstruos que me superaban ampliamente en poder, teníamos que estar preparados para lo que fuera, teníamos que ser un equipo, sin fisuras, sin fallos, cualquier error significaba la muerte. Y yo no quería morir. Ni verla morir a ella. Ni a nadie. Me transformé de nuevo, esta vez a mi forma hibrida, que era mucho más grande, pero me daba igual, aunque recibiera daño de esos árboles, no iba a dejar que el terreno me detuviera

-No lo entiendes Ikirami ¡Porque no lo entiendes! Yo no soy NADA y tú tampoco, Juntos todos, somos la espada y el escudo del mundo ¡PREPARATE! 

Me había desafiado y esta vez iba a atender a su reto, gracias a sus gritos sabía donde estaba escondida así que me tocaba de nuevo mover ficha, realmente gracias a ella y sus palabras entendí que estaba valorando más mi idea de justicia y lo que significaba para mí y a ella como parte del equipo, pero tenía que entender que éramos eso, un equipo, inseparable, que había cosas que no podríamos evitar y nunca estaríamos lo suficientemente preparados para ello, sé que yo me enfadaba a menudo con todos y a veces lo hacía mucho peor que ella, pero después de mis arrebatos siempre me arrepentía muchísimo, tenía la sensación de que no era así con Ikirami, que aunque ella nos quería, siempre miraba al resto por encima, incluido a nuestro superior, tenía que hacerla entender que las cosas no funcionaban así. Y pretendía hacerlo a hostia limpia la verdad, hasta que fuera capaz de entenderlo.

Nada más termine de hablar, me alce 2 metros sobre el suelo, imaginaba que habría escapado hacia un lado donde el bosque la volvía a guarecer, cogí velocidad de vuelo y al llegar al bosque, plegue mis alas dejando que la inercia del aire me dejara avanzar, esquivando con mi gran agilidad las ramas de los árboles que eran más altos, hasta localizar a Ikirami, que se había escondido detrás de uno de ellos, aumente el poder de mis llamas y frene en seco, desplegando mi ala izquierda hacia abajo, acabando con las débiles ramas en mi camino e impactando en la cabeza de Ikirami. Ahí tenía el poder del fénix.

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#9
Después de mi breve soliloquio, a voz en grito, Karl contestó que yo no lo entendía, que ella no era nada y yo tampoco. Arrugué la frente enfadada. “¿Cómo que no somos nada?” me pregunté algo molesta. Como no íbamos a ser nada dos mujeres hermosas, capitanas de la marina. Yo por supuesto, era increíble, pero es que ella encima era usuaria del Fénix. ¿A qué demonios se podía referir? Sí, estaba claro que no entendía lo que quería decirme. Pero las palabras que dijo a continuación se me grabaron a fuego como si me hubiesen tatuado con un hierro ardiente sobre mi hermosa piel. Juntos éramos la espada y el escudo del mundo. Las comisuras de mis labios ascendieron y apreté el puño, con la intensidad del momento acrecentándose en mi interior. Me mantuve oculta has que escuché como las ramas de los árboles se sacudían por su temerosa velocidad. Karl había entrado en él. Me preparé, dispuesta a atacar en cuanto la viese, apoyándome en tronco del árbol con cuidado hasta ver su figura frenar de golpe donde había estado hasta unos segundos antes. Por como me había colocado y cómo debía colocarse ella para ver donde había estado, me daba la espalda, y me fijé que ahora usaba su otra forma, más alta, casi sobresaliendo entre los árboles más bajos. Sin pensármelo, recorté los metros de distancia que me separaban de ella y salté 6 metros hasta cogerme a una rama de un árbol de 10 metros tras ella, a un metro por detrás y, balanceándome, golpeé su ala derecha con mi pierna del mismo lado dándole justo con el tacón con toda la fuerza que pude.

—Tepisu lakara. —vociferé al realizar mi ataque— Juntos somos mejores, pero… me niego a aceptar… que no somos nada, ¿sabes? —le respondí a lo anterior con la voz entrecortada y el corazón latiendo a mil por hora, pero aun así con una sonrisa en la cara.

Haciendo gala de mi agilidad, me subí a la rama impulsándome con las manos y me quedé de pie en la rama a la espera de ver qué hacía, observándola con atención. Sus palabras habían calado hondo en mí, pero por mucho que entendí que juntos éramos más fuertes, cosa que era lógica, sabía que yo podía con todo por mí misma. Y si no, que me demostrase que me equivocaba, cosa que nunca hacía.


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#10
Como era de esperar al ir hacia donde ella se encontraba, Ikirami uso de nuevo sus capacidades de sigilo para esconderse, no estaba donde yo creía que estaba y me dio un buen golpe en mi ala derecha, que parecía haberme pinzado algún músculo o algo así, pues deje de sentir mi ala brevemente. Afortunadamente, mis poderes, las cuales mi compañera había manifestado querer ver en todo su potencial, sanaron ese entumecimiento rápidamente y de forma automática. 

Ikirami quiso entonces contestarme, momento en el que aprovecha para maniobrar y darme la vuelta y en el momento en el que dijo "pero" utilice el ataque que tenía en mente realizar, se había balanceado hacia mí de rama en rama para hacer el ataque y antes de que pudiera terminar su frase la propine un golpe con la misma ala en el que me había impactado con todas mis fuerzas, realizando un movimiento descendiente y golpeando todo su cuerpo debido al tamaño de mi ala, más grande que ella, haciendo que cayera hacia el suelo del bosque. Tras golpearla me alejé unos 6 metros hacia arriba, no era buena idea, sabía que el sigilo y el bosque eran los aliados de Ikirami en este entrenamiento, pero quería dejar claro lo que pensaba a Ikirami:

- No estuviste en los Cabos gemelos, no viste como morían civiles frente a nosotros y perdimos compañeros, como no nos pudimos defender entonces. Pero si has visto piratas como el mono ese de Skypie ¿Crees que si una amenaza así nos atacara podríamos sobrevivir? ¿O aquel gato estúpido que me venció? Si no luchamos juntos y siguiendo las órdenes de Joe, ¡Fracasaremos! ¡Métetelo en tu pequeña cabecita Iki! ¡No hay peros! 

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