[Presente relativo] - Los que entran por los que salen
#1
Atributos Personaje


77 de Primavera. Año 11.
Isla Toko, Pueblo Kakutasu ~ 13:04 a.m.

Aquel lugar no resultó ser tan malo como parecía en un principio.

Conseguimos bajar a todos y cada uno de los civiles del barco en el que anclamos gracias al enmascarado. Los pusimos a salvo, llegamos a este pueblo, fueron atendidos... Digamos que, al menos para ellos, sus historias pudieron acabar bien. Quedémonos con eso. Mis compañeros y yo decidimos repartirnos algunas tareas para hacer en esta calurosa y desértica isla. A mí me tocó la más difícil de todas, estoy seguro de ello. Era un problema, no había cuartel de la Marina en este sitio. Por lo que tuve que ser rápido en pensar. No podía dejar más así los cuerpos de Minato y Taka por mucho tiempo. Este sitio sería su tumba, para que al menos pudieran descansar en paz de una vez por todas.


En aquel pueblito me percaté de un hombre mayor, el cual tenía un carruaje viejo a su lado y había una pala en él. Era todo lo que necesitaba. Seguramente fue en su momento un gran transporte el cual arrastraban unos caballos, pero ahora parecía que llevaba allí mucho tiempo. Me acerqué al hombre, y le intenté explicar con todos mis respetos si podía prestármelo. El cuerpo de Minato era pequeño, pero el grandullón de Taka no era fácil desplazarlo. Aquel buen hombre aceptó prestarme aquel carruaje viejo, el cual al menos seguía sirviendo si se usaba la suficiente fuerza sobre él, cosa que para mí no era problema. Le di las gracias al hombre, prometiéndole que luego se lo devolvería y volví a la entrada de aquel pueblo. Donde dejé los cuerpos tapados detrás de unas rocas para no levantar sospechas. Subí ambos al carruaje, el cual pudo aguantar sin problema el peso de los dos y decidí moverme.



Como no quería levantar preocupación en ningún habitante del pueblo, decidí no entrar con el carruaje y los cuerpos dentro de él. Así que, teniendo enfrente de mí la entrada del pueblo, cogí y me desvíe a la izquierda, yendo por la propia tierra seca de este páramo. No había ningún camino que marcase mi destino, simplemente avancé pasando por encima de todo. Avancé unos 500-600 metros que me separaban del pueblo. Llegue a una zona muy tranquila, una zona que se hundía en la tierra, la cual hizo un pequeño estanque de agua al lado de una tierra fértil. Era como un valle donde se podía respirar paz y tranquilidad. Creo que aquí era un lugar idóneo para enterrar y dar descanso a Minato y Taka.


Foto del sitio


Baje del carruaje los cuerpos de Minato y Taka tapados con unas mantas marrones muy gruesas. Cogí la pala y comencé a cavar con calma, sin prisa, quise tomarme el tiempo necesario para poder hacerlo bien. Dos tumbas. Una pequeña. Otra mucho más grande. Mientras lo hacía, me invadían los recuerdos que tuve con ambos. No fueron muchos, pero sí que al menos fueron importantes. La inocencia y alegría de Minato, y la seriedad y respeto de Taka. Son cosas que no iba a olvidar nunca. Por aquel lugar no se escuchaba nada, solo el viento soplar, el sonido de la poca vegetación moverse por este mismo, todo lo que había era tranquilidad. Terminé de cavar ambos agujeros, procedí a meter los cuerpos, cada uno donde le correspondía. Me quedé mirándolos fijamente, durante unos segundos. No era una persona religiosa ni nada de eso. Pero realmente deseaba que pudieran descansar en paz por fin - Buen viaje, compañeros - Dije en voz bajita. Me froté la cara y me puse a volver a poner por encima la tierra para taparlos con la pala. Quería dejarlo todo bien para que más adelante pudieran venir los compañeros a visitarlos.

Aclaración importante
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#2
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Llevaba varias horas deambulando por el exterior del pueblo, esperando ver a alguien que llegara, a alguna posible adición para mí, próximamente, creciente gremio. Después del desayuno tan exquisito y el calentamiento con los ladrones en la tienda me sentía activado y tenía ganas de comenzar a buscar mi siguiente movimiento. Sin embargo, algo no terminaba de cuadrarme. Esto era un pueblo tranquilo. Lo sé porque llevaba aquí un mes y no había pasado nada. Absolutamente nada. Cero. Nein. ¿Cómo demonios iban a venir aquí, precisamente aquí los cazarrecompensas que buscaba? Quizá era mucho más óptimo y realista salir en su búsqueda, pero, para eso, necesitaría un barco y un navegante. Además, no había comprado las provisiones aún porque me distraje peleando. - Céntrate, Viktor... Provisiones, barco e información. Prioridades, prioridades, priorida... - algo captó mi atención y frené en seco dejando un paso a medio dar e inclinándome hacia atrás para no perder la visión de aquella situación. Un hombre, fuerte, con pantalón, camisa y tirantes, estaba empujando un carro con lo que parecían sacos encima. Cualquiera hubiera pensado que eran sacos, pero pude ver claramente una mano entre las mantas o sacos. -... prioridades. Venga ya... no voy a tener esta suerte. - Estaba claro que el carretero no era de por aquí, no me sonaba de nada en este mes y, sumado a eso, descuadraba totalmente su indumentaria con su trabajo. Eran a todas luces cadáveres. No pude evitar sonreírme. Un asesino ocultando cadáveres era una recompensa fresca pidiendo a gritos "cóbrame, Viktor". Y... ¿Quién soy yo para negarme?

Comencé a seguir al hombre de lejos, ya había paseado por la zona varias veces en mi curación, así que debía estar dirigiéndose al oasis cercano para enterrar a sus víctimas. Cabrón descarado, donde se bañan los abuelos, ¿no tendrá vergüenza? Cuando llegamos al lugar bajó los cuerpos al suelo. Uno debía ser un hombre y el otro... una bestia enorme. ¿Qué debía medir? ¿Tres? ¿Cuatro metros? Demonios, si ese tipo mató a aquel monstruo... - ¿Qué clase de habilidades tendrá? - pensé mientras observaba agazapado a unos pocos metros, oculto por rocas. El hombre, que parecía de porte fuerte, comenzó a cavar y tras un rato, colocó los cuerpos en los agujeros. Se quedó un momento observándolos y finalmente se decidió a lanzar tierra de nuevo a los, casi seguro, ya gélidos, cuerpos carentes de vida. - Si lo mataste, debes ser fuerte... - pensé -... pero no puedes ver por la espalda. - Como una centella me lancé a por él desde su punto muerto y, con Shimei Kaeru en mi mano izquierda, realicé un desenvaine rápido y preciso desde mi cadera hacia su sien en el momento que clavaba la pala por primera vez en la tierra. Sin embargo, para este ataque, giré mi arma para golpear con el mune, es decir, con la parte roma del dorso de esta, que usualmente se usa para bloquear los ataques. Mi intención era aturdirlo para, si era posible, descubrir quiénes eran los cadáveres y cobrar recompensa por el asesino si la tenía. - Quietecito. Cuando te dejen de temblar hasta las encías, habla, ¿quién eres y por qué estás enterrando cadáveres? - cuestioné mientras enfundaba mi espada de nuevo. Dispara primero y pregunta después. O corta primero. No sé, no recuerdo el refrán.

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#3
No estaba siendo fácil enterrar dos cuerpos por mi propia cuenta. Pero yo propuse a mis compañeros hacerlo solo. En cierta parte, me sentía responsable por la muerte de Minato. ¿Podría haberlo evitado? Era una pregunta que me estaba cuestionando desde que Sephiroth se enteró. Yo estaba allí. Así que supongo que algo podría haber hecho. O no. Ya era demasiado tarde para lamentarme. Tan solo quería que pudiera descansar en paz. Lo mismo para Taka, no sé de qué manera murió. No había rastro alguno de sangre. ¿Se ahogó? ¿Fue por un daño interno? Fuese cual fuese, era lo mismo. El grandullón tenía el derecho de descansar. Y ya que el inútil de su compañero no se acordaba de él, decidí hacerlo yo.

Me propuse a enterrar los cuerpos cuando, de repente, me vino un olor dulce. Era tenue, algo flojo, pero sí lo suficiente para mi buen olfato. Era como a fresa. Como si de un postre de fresa se tratase. Me quedé 1 segundo mirando al frente, oliendo ese aroma. Pero de repente, tras ese segundo, un golpetazo contundente en mi sien vino por mi espalda. Fue todo muy rápido. No me percaté de nada. En ningún momento me avispé de que algo así pudiera sucederme. Recibí el impacto de lleno. Tuve la suerte de que, a pesar de doler, no me dejo aturdido. Por lo que nada más darme el golpe, avancé hacia adelante, saltando por encima de las tumbas unos 5 metros y me di la vuelta, llevándome la mano a mi sien.

Lo que vi fue a un hombre con el pelo blanco, una mandíbula bien pronunciada, con un cuerpo en forma, pero nada fuera de lo común, con ropajes oscuros y una katana. Genial. No sé quién narices era y que quería, pero ni siquiera me iba a poder enterrar a los caídos. En estos momentos desearía no haber venido solo. Aquel hombre me dijo que me estuviera quieto, y preguntó que quién era y porque estaba enterrando dos cadáveres. Visto así, es normal su actitud hacia mí. No es algo común ver esta situación. Intenté mantener la calma y explicarle la situación - Relájese. No soy ningún criminal. Soy un marine - Señalé con mi dedo índice a la placa de la Marina de mi camisa. Pero para mi sorpresa, no estaba allí. Llevaba la ropa aún puesta del día anterior, donde pasó todo lo relacionado con los piratas Sticky. Puede que se me perdiera en mitad de la batalla. La chaqueta con la que tapé a Minato tampoco estaba. La tiré en mitad del desierto. Entre eso, la camisa llena de sangre seca, no ayudaba a la situación - Mierda... - Dije por lo bajo. Estaba en muy mala posición. Tenía que encontrar la manera de entrarle en razón de que no era un asesino, sino un marine, y no tenía las cartas a mi favor.

Me puse delante de él en una posición recta, calmada. No debía mostrar ningún atisbo de pelea si quería que entrase en razón, pero no podía perderle de vista. Levanté el brazo derecho y con ello la palma - Como en posición de 'stop' - Déjame explicarte todo y lo entenderás rápido - Le dije en un tono tranquilo y amable. Tenía que estar en alerta por lo que pudiera pasar.

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#4
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Un cabroncete duro era, sí.
El golpe de mi espada con el dorso había impactado de lleno en el asesino y, aún así, se encontraba de pie. No cabía en mí de asombro, no había hecho alarde de toda mi fuerza, pero un hombre normal no debería soportar un golpe así como si nada. De hecho, no solo lo soportó, sino que saltó inmediatamente como un rayo, pasando las tumbas por encima, a unos 5 metros de mí, al otro lado de los cuerpos. El hombre, que ahora podía ver perfectamente, tenía un físico trabajado. Se notaba que era luchador y que estaba entrenado. Su pelo era castaño y lo acompañaba una extraña barba que le cubría la boca como si estuviera mordiendo un arbusto seco. Mientras observaba al homicida, este se identificó como marine. Ma-ri-ne. ¿Te lo puedes creer? Señaló a su camiseta con un dedo, aunque no entendí bien por qué. Arqueé una ceja mientras dejaba caer la cabeza de lado con signo de incredulidad, mientras, con la punta de mi Shimei Kaeru, enfundada, levantaba la manta que tapaba uno de los cuerpos, en concreto, el más grande de los dos. 

El tipo pretendía explicarlo, pero lo que encontré al levantar la manta impidió cualquier tipo de explicación. Era un rostro humano, un hombre enorme, de pelo largo y negro como el corazón del asesino que estaba frente a mí. Reconocía ese rostro, pues hacía unas horas lo había visto en el periódico: Taka, el cazador de piratas del East Blue, la mitad de la dupla de piratas novatos que pretendía reclutar. De cierta forma, sentía algo de molestia por observar ese rostro, ya casi putrefacto. ¿Qué extraño sentimiento emanaba desde el cazador muerto hacia mí? Por un segundo, me preocupó que el otro, más pequeño, fuera el tal Sohem. En cualquier caso, un hombre que matara a un cazador de recompensas... no podía ser un marine. Volví mi mirada al "marine", cambiando ligeramente mi expresión de sorna a molestia. - Claro que me lo vas a explicar. Pero va a ser más divertido ver como lo haces sin dientes. - Sentencié, colocando mi arma predilecta hacia atrás por mi derecha, a la altura del hombro, y el extremo sobre el hueco del pulgar e índice de la mano izquierda, enfocando con la punta de la saya al barbudo asesino mientras bajaba mi centro de gravedad y distribuía mi peso. - Defiéndete. O no. A mí me da igual. - 

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#5
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Intentaba por todos los medios tranquilizar la situación. El poder identificarme como un marine no dio resultado. No tenía pruebas para ello. Así que tenía que pensar en alguna cosa rápida. Pero la situación era demasiado tensa. Este tío realmente se pensaba que era un asesino y no parecía que cualquier cosa le haría cambiar de opinión.

Mientras le hablaba, uso la punta de su arma para levantar la manta de Taka. Y por supuesto, lo vio. El rostro ya desgastado del grandullón. Esto no ayudaba, al revés, lo empeoraba todo - Ya podía haber levantado la manta de Minato y ver su uniforme, joder - Pensé. 

Seguí en la misma posición. Delante de él, con el brazo derecho y la palma levantada. El tío me dijo que se lo iba a explicar, pero sin dientes. - Joder. Antes Sohem y ahora este tío ¿Acaso hay alguien que pueda hablar educadamente en algún lado? - Pensé. Me pidió incluso que me defendiera. No iba a iniciar él la pelea. Pensé rápidamente en una cosa, o una estupidez. Por un segundo se me pasó a la mente aquel día en la playa con Vulkan y los dos cazadores. Pero tenía que jugármela. Decidí acercarme a él un poco. Según avancé, me fui por la izquierda - la mía - para rodear la tumba de Minato y colocarme enfrente de ella mientras bajaba el brazo derecho e ir con el cuerpo recto de una manera normal. No iba a arriesgarme a que este tío me cortase el brazo si lo tenía extendido. Estaba a unos 3 metros de él, pero en vez de delante de mí, estaba en diagonal en su derecha. Mi plan era acercarme y que me dejase levantar la manta del joven marine. Todo esto mirándole directamente, teniendo total visión de él por si la cosa se complicaba.

- Si me dejas, puedo mostrarte como aquí debajo está el cuerpo de mi compañero fallecido - Le dije mientras lentamente me agachaba para levantar la manta, mirándole a él todo el rato por si no me dejaba hacerlo.

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#6
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Su compañero dice. Bigotudo y gracioso.
El hombre comenzó a andar lento hacia mí, sin demasiado ademán de atacarme. Sus pasos eran lentos y confiados, manteniendo los brazos en una actitud conciliadora. Era extraño. O decía la verdad o se estaba marcando un putísimo farol como la copa de un pino. En cualquiera de los dos casos, mi espada estaba enfundada, por lo que el daño no sería letal, así que... ¿Por qué no? - ¡Rashõmon! - Salté disparado hacia él, que se había ubicado cerca de mí, lanzando una estocada con la punta de la saya de Shimei Kaeru, dirigiendo el golpe directo a su tráquea. Salí disparado los tres metros a ras de suelo, extendiendo mi brazo derecho con la mi arma apuntando a su punto vital más frágil. El objetivo era lógico: incapacitarlo, interrogarlo y entregarlo. Si opone resistencia, tendré que ponerme serio, pero mientras tanto... juguemos. A fin de cuentas, si es un asesino de mierda, ¿a quién le va a importar que me lo cargue?

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#7
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Como un libro abierto. Estaba claro que este hombre no le iba a convencer de ninguna manera de las que había pensado y le iba a dar absolutamente igual lo que le dijese. A pesar de tener su arma enfundada y guardadita, se abalanzó sobre mí para darme un golpe que iba directa a la tráquea. Lo vi venir, ni me dejó apenas agacharme para levantar la manta de Minato. Esquivé su golpe acelerando rápidamente para agacharme y situarme debajo justo de su katana. Ahí lo tenía. Apreté mi puño y tensé mi brazo derecho para propinarle un fuerte golpe en todo el estómago - ¡CALMATE Y ESCUCHA! - Le dije en cuanto le incrusté mi brazo en su cuerpo. Tras esto, estando agachado, me desplacé un par de metros atrás realizando un pequeño salto para ganar un poco de distancia y campo de visión. Esperaba que con esto al menos el hombre me diera una oportunidad.

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#8
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Mi vuelo no fue como esperaba. 
Incluso con el incremento de velocidad que mi técnica me otorgaba, el despiadado asesino parecía estar por encima. Estaba claro que se trataba de un rival poderoso, cosa que ya anticipé al ver la enorme presa que se había cobrado. El barbudo esquivó de manera magistral mi estoque agachándose y, antes de que pudiera darme cuenta, recibí un terrible impacto en ka boca del estómago. Mi diafragma se contrajo momentáneamente, cortando de forma muy leve mi respiración y deteniéndome en seco. Incluso tuve que apoyar mi rodilla derecha en el suelo y apoyarme sobre Shimei Kaeru con la mano izquierda agarrando desde la boca de la saya para recolocarme las ideas. O lo mató a puñetazos o lo mató de aburrimiento, porque no sabía decir otra cosa más allá de que le escuchara. Me incorporé lentamente y al hacerlo, los periódicos que compré esta mañana cayeron al suelo. Me daba absolutamente igual. - ¿Nervioso? Yo me lo estoy pasando de muerte. - dije, volviendo a sonreír levemente mientras llevaba la mano derecha al mango de mi espada y me incorporaba. - Lo mismo te recorto ese bigote de mierda, y ni te lo cobro. - proseguí mientras empujaba la tsuba de mi arma y la desbloqueaba para, acto seguido, lanzar un desenvaine en horizontal a la altura del pecho de mi rival. 
Estaba empezando a cansarme de este señor y pretendía cortar... por lo sano.

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#9
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No fue del todo mal. Conseguí lo que quise. Pararle los pies durante un rato. Gracias al puñetazo en el estómago conseguí frenar a este tipo. Noté de manera muy corta como intentó coger oxígeno de manera brusca. Se agachó apoyándose con su rodilla izquierda en el suelo y ayudándose de su arma. Pero de nuevo, duro como una piedra, se volvió a levantar, con cuidado y despacio, para decir que se lo estaba pasando bien. Lo dicho, todo el mundo loco ¿Quién en su sano juicio le gustaría esto? Al terminar de ponerse de pie, vi como de dentro de su capa de cuero azul se le caían unos papeles. Pude apreciar claramente que se trataba de un periódico por el formato que usan para imprimirlo. De repente, mi cabeza me hizo un click - ¡Eso es, el periódico! - Pensé rápidamente. El tío me estaba diciendo algo de mi bigote, pero lo ignoré completamente y le grité mientras hablaba - ¡Oye, ese periódico! ¿¡Es el último que ha salido!? Déjame enseñ... - Ni terminé la frase y otra vez venía a la carga hacia mí. Y esta vez fue en serio con afilada arma. Iba directo a mi pecho. Esta vez salté por encima de él, si volvía a intentar esquivarle por abajo podía olérselo y estar preparado para golpearme. Salté unos 5 metros en el aire hacia delante, pudiendo pasarle y colocándome en su espalda. Pero esta vez no fui a atacar.

Aterricé en la parte de la tierra donde se cayó su periódico, el cual recogí con mi mano derecha, haciendo un pequeño pero corto gesto de agacharme. Me puse rápidamente recto de nuevo y extendiendo mi brazo derecho, mostrándole la portada de este - ¡Mira, soy yo! ¡Salgo en la portada! ¡Soy uno de los marines del periódico! - le grité con mi voz proyectada lo más fuerte posible. Esto era la prueba que necesitaba. Era mi cara, mi nombre, en una noticia sobre unos marines en un periódico. Si esto no funcionaba para parar a este tío, ya me quedaba sin opciones. Y entonces tendría que ponerme a pelear en serio con él, aunque no quisiera hacerlo.

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#10
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Rivales así son los que me motivan.
Después de haber reptado como una culebrilla bajo mi ataque la última vez, esperaba un movimiento similar. El tipo se percató de que mi pérdida de prensa en el anterior ataque y preguntó qué número era. ¿Y yo qué sé? ¿Tengo pinta de redactor? Me importó una mierda y mi ataque continuó, pero, esta vez, realizó un salto por encima de mí, cayendo detrás donde me encontraba antes de mi ataque. Giré bruscamente manteniendo la espada a la altura de la garganta por si había caído cerca de mí. El asesino estaba recogiendo algo del suelo. Mi periódico, el imbécil iba a perder tiempo recogiéndolo por alguna razón. Tras levantarse como si hubiera visto un demonio, extendió su brazo con el periódico en su mano, enseñando la portada y exclamando que era él. Estaba algo lejos, pero, podía distinguirlo claramente gracias a mi vista. Era él. Era un marine. Un. Puto. Marine.

- Vamos, no me jodas... - dije entre dientes. Estaba atacando a un marine enterrando dos cuerpos, si se lo cuento a mi camarero no me cree. Ni borracho. Ni por todos los batidos de fresa del mundo. El día había empezado bien, pero estaba poniéndose cojonudo. Había salido de un motel de mierda para terminar en una celda de mierda. Enfundé mi espada inmediatamente y la coloqué en mi cinturón, entre este y mi pantalón, adoptando una posición relajada y que denotara mi carencia de agresividad. - Yo... no tengo como disculparme. Entiéndeme, era... sospechoso. - expliqué intentando que el marine no se lo tomara todo lo mal que parecía mientras juntaba mis talones y me inclinaba levemente con las manos cerca de la cadera. - Es solo que... estaba buscando a ese hombre y a otro enmascarado. Cuando lo vi muerto y tú sin identificar, pensé que serías su asesino. No podía dejarte ir sin investigarlo. Dime, ¿el otro es el tal Sohem? - pregunté con miedo. No estaba muy seguro de querer saberlo, si era así, no solo mis esperanzas de reclutar a dos prominentes cazadores se desvanecían, sino que me ponía en el peor escenario posible. Solo, sin aliados y con un marine seguramente llevándome preso. El día no paraba de mejorar.

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