[Aventura T5 - Presente Absoluto] - En busca de la leyenda
#1
Día 60 del año 13, Otoño - 10:47 p.m.
Corriente Daiya - Isla Chisi - Bosque Utsukushi

Es sabido que gracias a la humanidad y razas derivadas, cientos de poblados, ciudades y reinos, cada uno con su propia cultura, han sido levantados y construidos en islas que prometían ser meros páramos sin vida, enriqueciendo de esta forma el basto mundo en el que vivimos a día de hoy. La capacidad que tienen todos los seres con capacidad lógica, y racional, ha sido la que ha llevado a que, gran parte de la civilización - haciendo especial hincapié en aquellos más acomodados socialmente - hayan visto su calidad de vida exponencialmente mejorada. No obstante, ¿qué serían de los ecosistemas si no llegaran a sufrir el toque de la humanidad? ¿Prosperarían o se quedarían estancados con el paso del tiempo sin nadie que los abasteciera?

Chisi era una de esas, desafortunadas o afortunadas, islas que habían logrado esquivar las codiciosas intenciones de los seres pensantes. Muy a pesar de esa magnética belleza que invita a investigar cada rincón de uno de los bosques más hermosos del planeta, era esa misma belleza la que actuaba como un cebo para todos aquellos insensatos que, sin ninguna clase de conocimiento y preparación, caían en las fauces de la propia madre naturaleza. El bosque Utsukushi, conocido por muchos por la gran variedad de fauna y flora que presentaba, también era un nombre que inspiraba temor entre los exploradores y aventureros pues, los pocos que han podido salir con vida de allí, pueden contar de primera mano los grandes peligros que acaecen allí. Ignorando todos esos rumores que revolotean alrededor de la Isla Chisi y siendo llevados por el mismísimo curso de la corriente Daiya, el escuadrón revolucionario apodado como Kuro no Bōgyū se adentraba en las entrañas de la susodicha isla varios meses antes, bajo ninguna misión de importancia más allá que esperar a que pasara el suficiente tiempo para que el Log Pose se cargara con el campo magnético que les llevara hasta su próximo destino.

En esta ocasión, el grupo compuesto por Don Bambú, Kisuke Kageyama y Zorak Ideale, se hallaba, en plena noche, en mitad del propio bosque cuyo nombre era sinónimo de muerte, caminando por un interminable sendero de tierra, cuyo color se asemejaba a la arcilla, de unos 4 metros de ancho. A pesar de que el cielo estaba despejado y la luna, por las fechas que corrían, se encontraba en su máximo esplendor, las frondosas y densas copas de los árboles de unos 10 metros de altura impedía que los rayos que reflejaba el satélite del astro rey bañara la zona en la que transitabais dificultando, en circunstancias normales, que pudierais vislumbrar con claridad cualquier cosa que os rodeara. Pero, para el bosque Utsukushi, el término "normalidad" se quedaba corto pues, por ese mismo camino por el que andaba el trío revolucionario, no sólo habitaban luciérnagas que ayudaban a alumbrar parcialmente el área que les rodeaban sino que además, a ambos lados del trecho, crecían grandes setas que, si bien de día no presentaban ninguna característica fuera de lo común, era al caer la noche cuando presentaban su mágica particularidad pues, estos hongos eran bioluminiscentes. De esta forma, todo vuestro alrededor se convertía en un espectáculo de luces y colores de ensueño, que iban desde el turquesa hasta el rosa pastel, más propio de un cuento de fantasía que de la propia realidad. Una visión sencillamente bella que incitaba a seguir investigando las mortales maravillas del lugar.

Tras un moderado rato deambulando por ese camino en mitad de la vegetación, acompañados por el frescor de una noche de otoño y del sonido de ambiente que ofrecían los distintos insectos del ecosistema, y no pudiendo alcanzar vuestra vista a distinguir todo aquello que estuviera a más de 15 metros de distancia debido a la oscuridad de la noche, empieza a ser notorio un murmullo frente a vosotros, un murmullo que, para aquellos con un buen sentido del oído sería fácil identificar aquel sonido como agua en circulación, indicando la existencia de un río más adelante, a 26 metros de vosotros y que cruzaba el bosque perpendicularmente al camino que seguíais, cortándolo de lleno. Dicho río poseía una anchura de unos 6 metros y una profundidad de 2 metros que, junto a varias rocas que se alzaban en mitad del curso del mismo, lo hacía fácilmente atravesable información que, hasta ese momento, era desconocida por vosotros. Lo que tampoco sabíais era que, si seguíais circulando en esa misma dirección, no sólo daríais con ese accidente geográfico pues, en la orilla, y a unos 25 metros de dónde estabais situados ahora mismo se hallaba una figura misteriosa, de cuclillas, enfrascado en la belleza del lugar. De quién se trataba, que hacía y si estaba en esa isla en son de paz o de confrontación era un completo misterio, uno que sólo podríais resolver, quizás, si os aproximabais lo suficiente como para averiguarlo.

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#2
Aquel bosque le resultaba hermoso y a la vez siniestro al bueno de Kisuke. La extraña flora salvaje y los hongos brillantes, que parecían sacados de un libro de fantasía, daban al ambiente un tono en cierto sentido lúgubre dentro de la oscuridad que envolvía el bosque en la fresca noche. Iban caminando los tres por un sendero más o menos estrecho, ya que aunque fuese de unos cuatro metros de ancho, la envergadura de Don Bambú hacía que pareciese más pequeño. De hecho no les permitía ir en paralelo, y tenían que ir en fila de a uno. Kisuke cerraba la marcha, caminando ligeramente de lado para poder mirar a su espalda, no fuese a ser que los embocase alguna criatura salvaje como el mono gigante que había partido los morros a Zorak. Kisuke percibía una calma tensa en el ambiente, por lo que avanzaba lentamente tras sus compañeros con una mano en la empuñadura de Yamigiri, por si debía desenvainar rápidamente.

"Pese a mi buena vista no soy capaz de ver a más de quince metros, la oscuridad es muy profunda."

Un cigarrillo colgaba de su labio izquierdo para darle cierto aire de tranquilidad al antiguo pescador, envolviéndolo en el característico olor acre del tabaco encendido. En cierto sentido era un poco arriesgado puesto que el punto luminoso del cigarro podría alertar de su posición, pero necesitaba estar lo más tranquilo posible en aquella exploración nocturna.

Conforme iban avanzando por el sendero, comenzó a escucharse un ligero sonido, ininteligible para Kisuke, pero tampoco alcanzaba a ver nada más que la negrura de la oscuridad, con lo que susurrándole a sus compañeros lanzó una pequeña advertencia; había que ser prudentes.

-Chicos, ¿no lo oís? Se oye algo más adelante, será mejor ir con cuidado.

Kisuke comenzó a seguir ese sonido, andando lentamente y mirando en todas direcciones a cada paso, con lo que tardó como cinco minutos en avanzar casi diez metros en los que percibió frente a él una silueta acuclillada. A pesar de la trémula luz bioluminiscente de los hongos no podía percibir que era lo que estaba haciendo ni a quien (o qué) pertenecía aquella silueta, por lo que de nuevo susurró a sus compañeros por si ellos eran capaces de distinguir algo más que él.

-Parad un momento, ahí hay alguien, ¿podéis verlo?

Señaló al frente de su posición a poco más de quince metros de la silueta y aferrando con fuerza la empuñadura de una de sus katanas. No esperaba encontrar a una persona en ese bosque, no al menos tras varias semanas allí sin encontrar a nadie. Había que ser prudentes.

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#3
¿De quién había sido la fantástica idea de explorar aquel agujero repleto de peligros que era el hermoso bosque de la Isla Chisi? Probablemente de los tres en conjunto. Zorak era conocido por su impulsividad, de modo que no sería descabellado que propusiese caminar por un bosque terriblemente peligroso en plena noche, pero eso no excusaba a los dos eruditos del grupo que debían de tener el cerebro tan repleto de absurdos y oscuros datos sobre el mundo que les rodea que nos les quedó espacio para el sentido común. No le hubiera costado al panda más que media hora hacer un refugio habitable en el subsuelo para pasar la noche, pero por algún motivo a nadie parecía gustarle la idea de dormir bajo tierra. Sin embargo habían de ser valientes. Los revolucionarios tenían que ser la luz que alumbra el camino hacia un futuro mejor. Portaban en sus manos la metafórica antorcha que arde con el fuego de una civilización idílica. En aquel momento Don Bambú se hubiera conformado con portar una antorcha normal algo menos metafórica. De vez en cuando aparecían una suerte de hongos bioluminiscentes que alumbraban el camino ligeramente. Don Bambú odiaba aquel sitio. Todo era tan bonito que las plantas te llamaban a aproximarte y a examinarlas más de cerca, pero sabía de corazón que era una sucia, sucia trampa. En la naturaleza los colores vivos y llamativos nunca son buena señal. Nada es tan peligroso como una rana que parece estar gritándote "ESTOY AQUÍ, HOLA" a la puta cara con su piel naranja brillante en un entorno verde oscuro.

Kisuke tenía buena vista, de modo que iba por detrás del grupo para asegurarse de que no les caía una emboscada sorpresa. Encabezando la marcha se encontraba Don Bambú, que aunque no veía más que lo que tenía muy próximo era tan condenadamente grueso que lo más seguro es que aplastase los obstáculos del camino casi sin querer. Conforme avanzaban por el sendero, un murmullo inidentificable se hizo notar. Era
una especie de ruido constante que se medio camuflaba con los sonidos propios de un bosque en el que hace viento y hay toda clase de vida salvaje intentando desesperadamente aparearse. Kisuke manifestó su preocupación y decidió que era prudente avanzar con cuidado. —Sí, será lo mejor. —Confirmó el panda que trató de mantener un ritmo de avance lento para evitar perder a sus compañeros. Kisuke se había tomado lo de avanzar con precaución demasiado en serio. El samurái identificó la presencia de una persona aparentemente frente al grupo. —No, no puedo verlo. A penas veo lo que tengo delante, camarada, pero tal vez pueda sentir su presencia. —Dicho esto, el panda se concentró en activar su Kenbunshoku para hacer un escaneo de la zona a su alrededor un poco más lejos de su rango de visión. Tal vez así lograse detectar a la persona de la que Kisuke hablaba e incluso comparar su fuerza con la suya.

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#4
Mientras avanzábamos por la oscura jungla podía sentir el abrazo de mi amada oscuridad, el lugar donde podía ser realmente yo y fundirme con las sombras, tanto que parecía que ni el mismo Kisuke se daba cuenta de que estaba caminando frente a él, se me dificultaba ver algo por la misma oscuridad que nos abrazaba y menos aún teniendo en cuenta el colosal tamaño de Don Bambú, el cual tenía justo enfrente, lo que sí llegue a alcanzar a ver era el frenético baile de las luciérnagas que danzaban entre los árboles y sobrevolaban algunas de las setas las cuales brillaban en colores parecidos al neón, al contrario de lo que dejaban entre ver mis compañeros, estaba disfrutando ese paseo como un niño pequeño con zapatos nuevos.

Gracias a las exploraciones que realizaba en busca de plantas medicinales, aunque ninguna fructifica hasta ahora, había comprobado que si no había civilización actualmente, si lo hubo por lo menos. Aún recordaba los claros de árboles talados que vi hace ya un tiempo, así como la tumba del tal "Krum" con el que compartí mi bebida en forma de respeto a los que ya no están y eso era precisamente lo que quería averiguar y también era la razón por la que había convencido a mis dos compañeros para salir a explorar de noche, seguía confiando en las enseñanzas que en su día aprendí de Ridel para fundirme con las sombras, pero si había realmente gente en la isla cabía la posibilidad de que fueran usuarios de haki como lo era Panda y según lo que el mismo Mink me había explicado sobre el haki de observación, este era capaz de localizar incluso a la gente que está oculta a la perfección, Kisuke comentó haber escuchado algo y nos dirigimos en esa dirección, luego pareció ver a alguien, pero para mí era todo oscuridad, ya que no tenía una vista tan desarrollada como el pescador mamado. Panda por su parte comenzó a usar su haki, aunque eso lo sabía solo porque el mismo lo había comentado, ya que no era capaz de distinguir cuando alguien lo usaba o no, mientras el mink procedía con lo suyo, di un salto hacia una de las ramas que quedaban encima de nosotros, a unos siete metros, aterrizando en ella generando apenas sonido, en caso de que fuera un enemigo podría tomar ventaja de la altura, si es que lograba verle.

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#5
Nadie sería capaz de predecir con exactitud las casualidades y eventos que podía ofrecer el enigmático y sombrío bosque. Ni el trío revolucionario ni aquella silueta que se encontraba agachada e inmersa en sus tareas.- Interesante... Sumamente interesante...- Musitaba, de manera imperceptible, mientras inspeccionaba, a la orilla del río, un espécimen de musgo brillante, de un tono azul eléctrico que jamás había visto aquel hombre misterioso. Con el índice de su mano derecha, la cuál estaba recubierta por un guante de color marrón, pasó su dedo por el organismo, quedándose esta impregnada de una sustancia del mismo tono cromático que el musgo, comenzando, seguidamente, esa sustancia a burbujear, como si de un ácido, queriendo disolver la tela del guante se tratara.- Florarara... Comprendo... Comprendo...- Siguió ensimismado, hablando en el mismo tono de voz cuando, de repente, su sentido aumentado del oído le advirtió de que tenía compañía.- ¿Hmm? ¿Serán los demás refuerzos que iba a mandar la Asociación Centaurea?- Se preguntó a sí mismo, susurrando, al mismo tiempo que se levantaba y se daba la vuelta, encarando al sendero que había a sus espaldas y, en el cuál, había sido capaz de escuchar unas voces que no tenían nada que ver con la fauna de la isla. Mucho antes de que el grupo revolucionario pudiera percatarse de él, aquel sujeto, gracias a su desarrollada y bien adaptada a la nocturnidad vista, fue capaz de observar a una gran mole, de unos cuatro metros, aproximándose hacia él.- ¿Un mink oso?- Se cuestionó, enfocando su vista en él, recordando como, a priori, no había ningún miembro de dicha tribu en su Asociación.

Sin embargo, segundos después, notaría como el ursárido moteado no era el único sujeto que le hacía una visita pues, gracias a una conversación dónde parecían indicar que había sido identificado, logró distinguir dos voces distintas. Si no eran de su gremio, ¿quiénes eran aquellas dos personas? A pesar de que Peony había sido entrenado para enfrentarse a toda clase de peligros, como buen explorador que era, lo cierto era que, siempre que pudiera, prefería no tener que recurrir a la violencia.- Que remedio... Crucemos los dedos para que vengan en son de paz- Pensó, mientras se ajustaba su guante derecho, con su mano izquierda y se aproximaba hacia aquella pareja. Supuso que el portador de la voz que no pertenecía al mink, debía situar detrás del mismo, al no ser capaz de verlo. Era lo que más sentido tenía desde luego.

PEONY


Cuando entró en vuestro rango de 15 metros, su apariencia empezaba a ser más apreciable, siendo un hombre de lo más excéntrico, a la vez que elegante. Teniendo una altura de un metro noventa, presentaba un tono de piel algo pálido, que contrastaba con la oscuridad de su camisa azul marino, con pequeñas pinceladas rosas que simulaban ser pétalos de cerezo. De esa misma pigmentación eran sus pantalones, con delgadas y finas franjas de un rosa más oscuro que recorrían el tejido omnidireccionalmente. Añadiendo un toque de locura a su apariencia estaba  su pelo, alborotado y rubio - del mismo color que su perilla -, salvo varios mechones de su parte frontal que tenían una pigmentación magenta. Y por último, el broche de la corona, sus llamativas, enormes y redondas gafas de sol - o de luna, en este caso - con unas lentes de color morado. A pesar del excentricismo de su aspecto, sin saber muy bien por qué, allá por donde iba, aquel hombre emanaba un aura de pureza y tranquilidad, un aura completamente ajeno de malas intenciones.

Siguió caminando, en silencio, con las manos en alto y ladeando su columna hacia la izquierda para poder ver detrás del panda, observando a un humano moreno, bastante fornido, equipado con dos katanas y, lo que más le hacía estar alerta, con un cigarrillo encendido.- Ya veo...- Pensó, deteniéndose en seco, a unos 5 metros del mink y a 7 del fumador.- ¡Hola, forasteros! Antes que nada, vengo en son de paz y sin ánimo de entablar una trifulca innecesaria, ¿a que sí?- Saludó, aún con las manos en alto, y con una sonrisa tranquilizadora en su rostro.- Aclaradas mis intenciones, permitid que me presente...- Siguió, bajando sus manos hasta posicionar su zurda en su pecho derecho.- Soy Peony, un amante de la naturaleza y un explorador de la Asociación Centaurea...- Extendió, entonces, su dedo índice derecho, hacia ellos, enseñando aún aquella sustancia azul que seguía burbujeando y corroyendo la tela del guante.- Como véis, estaba haciendo un trabajo de campo... Uy...- Notó como el fluido azul comenzaba a picar, agitándose, entonces, su diestra para zafarse de dicha sustancia, consiguiendo desprenderse de ella y echarla al suelo.- Perdonad... Florarara... Gajes del oficio... Ah, y como recomendación, no toquéis ni en broma estos hongos de aquí... Cuánto más bonito, más mortífero, ¿a que sí? Florarara- Siguió ensimismado en su monólogo, señalando a las distintas setas de tonos pasteles.- Bueno...- Pausó, mirando de arriba a abajo al mink.- ¿Y con quién tengo el placer de hablar? ¿Qué hacéis por aquí?- Preguntó, a la par que se volvía a ajustar su guante derecho para, seguidamente, volver a ladear su columna para poder ver al fortachón fumador.- Ah, y cuidado con dónde echas ese cigarrillo, podrías desatar un incendio y destrozar toda esta preciosidad, ¿a qué sí?- Advirtió, amablemente. Lo cierto era que, según como respondieran y las actitudes e intenciones que presentaran... Igual podrían serles de ayuda...

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#6
Kisuke vio como al avisar a sus compañeros de la silueta, Zorak se encaramó a los árboles y permaneció oculto, por lo que sujetó con más fuerza la empuñadura de Yamigiri mientras la silueta se acercaba a ellos hasta quedar visible. Que Zorak se hubiese ocultado no era extraño, dada su personalidad, pero aún así, por si acaso, mejor estar preparados por si aquella silueta no traía buenas intenciones. Esperaba que su acompañante inesperado no hubiese notado el movimiento de Zorak, aunque dado el tamaño de Don Bambú, dudaba que hubiese podido verle de primeras incluso a él mismo, menos aún al mestizo que era un palillo con boca grande y dientes afilados.

El aspecto del sujeto era bastante estrafalario, de hecho era demasiado llamativo para ser alguien de incógnito o estar emboscando a alguien, lo cual tranquilizó ligeramente al antiguo pescador y relajó un tanto su postura, aunque no retiró la mano de la empuñadura de su katana. Sabía perfectamente que no debía juzgar un libro por su portada, pero al final es algo inevitable, y, además, Don Bambú podría leer las intenciones de aquella persona con su haki de la visión.

"En cuanto pueda tengo que ponerme con el Kenbunshoku, para no depender siempre de Bambú."

El tipo aquel se hizo llamar Peony y pertenecía a algún tipo de grupo o asociación, lo cual le interesaba entre poco o nada al bueno de Kisuke, aunque si se preguntó por qué aquel personaje estaba en aquella jungla de noche y toqueteando todo. Afirmaba que estaba haciendo un trabajo de campo pero aquello podría significar cualquier cosa. No era prudente tampoco revelar su identidad, así que se limitaría a contestar exclusivamente a lo que el tipo en cuestión preguntó, aunque al acabar su presentación advirtiéndole sobre su cigarro, irritó ligeramente al Capitán Revolucionario.

-No tiene de que preocuparse, señor hippie fumado.-dicho lo cual arrojó la colilla al suelo y la pisó con fuerza moviendo su tobillo para apagarla por completo.-Yo me llamo Kisuke, y simplemente estamos de paso en la isla; exploramos mientras se carga nuestro log pose.

Tampoco iba a revelar más información sobre ellos, con aquello era más que suficiente. No quiso dar su apellido, por si lo relacionaba con su cartel de Wanted, pero si el tipo había visto su foto en ellos, poco podría hacer para ocultar más su identidad. Le daba cierta curiosidad que aquel extraño individuo anduviese toqueteando las plantas y hongos, claramente tóxicos, con la alegría que lo hacía. En verdad se preguntaba si estaría realmente drogado, o si era aquello precisamente lo que buscaba, plantas alucinógenas y estupefacientes.

-Llevamos aquí unos días y no habíamos encontrado a nadie, así que me da algo de curiosidad, ¿qué es lo que buscas en este sitio tan salvaje y hostil?

Ciertamente era una pregunta que podría devolverles sin duda, aunque con su respuesta anterior tampoco creía, el bueno de Kageyama, que hiciese falta añadir nada más respecto a su estancia en la isla. Al fin y al cabo tampoco era mentira, su destino final era el Archipiélago Shabondy y su presencia allí era, podría decirse, un mero trámite.

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#7
Al extender su espíritu a su alrededor pudo sentir, en primer lugar, la presencia espiritual de sus compañeros y en segundo lugar la de un tercero. Se trataba ni más ni menos que de la figura de la que le había advertido Kisuke. Todavía no podía verle con claridad, pero más o menos ubicaba su localización. No desprendía una fuerza que pudiera igualarse con la de ninguno de los revolucionarios, de modo que le panda dejó de verle inmediatamente como un amenaza. Sintió que la figura se aproximaba al tiempo que la presencia de Zorak se desplazaba a gran velocidad hacia un escondite en la altura de un árbol. Sus ojos pudieron apreciar al desconocido cuando su silueta se hizo perfectamente visible en la penumbra de la noche. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, un estrafalario personaje con el pelo rojo medio teñido de amarillo, gafas de lente morado y curiosas vestimentas se presentó ante ellos. Afirmaba que venía en son de paz y lo cierto es que su aura lo corroboraba. Don Bambú relajó su postura inmediatamente. Ninguno de sus brazos estaba levantado ni sus manos cerradas. Al lado de Kisuke, que todavía reposaba su mano sobre su espada, Don Bambú era paradójicamente el menos amenazante de los dos. En un movimiento de Peony, Don Bambú pudo apreciar el burbujeo de sus guantes y cómo éste se sacudía alguna especie de sustancia ácida procedente, seguramente, de alguna planta cercana. El botánico les advirtió que no tocasen los hongos. Panda no podía estar más de acuerdo. —Nunca hay que fiarse de las cosas bonitas en plena naturaleza, eso es cierto. Gracias por el aviso. —Agradeció el panda. —¿Pero dónde están mis modales? A las buenas señor Peony de la Asociación Centaurea —Dejó que la palabra resonase en su cabeza durante unos instantes, pero lo cierto es que no los conocía de nada. El bagaje llegaba hasta donde llegaba. Observó que Kisuke se había presentado únicamente dando su nombre y no su apellido. No había que ser un lumbrera para saber cuándo uno debía ocultar su identidad. —Mi nombre es Panda, me temo que mis padres gozaban de un curioso sentido del humor honhonhonhon. —Lo había aprendido de Kovashi. Mentir era sencillo si había algo de cierto en tus palabras. Panda era como le llamaban en su anterior escuadrón.

La explicación de Kisuke le pareció suficiente por el momento. Eran viajeros y estaban recargando un log pose. Honestamente era el día a día del Grand Line. El panda se interesó por conocer la respuesta a la pregunta del samurái y se atrevió a añadir una cuestión más para el supuesto botánico. —Y si no es indiscreto por mi parte preguntarlo... ¿Qué es la Asociación Centaurea y a qué se dedica exactamente? —Como el tal Peony se definía como explorador supuso que era una asociación de exploradores, pero algún objetivo tendrían que tener.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5594 + 0 = 5594
Energia: 3614 + 0 = 3614
Espiritu: 1107 - 10 = 1097
#8
No tardé demasiado en comprender que Kisuke estaba en lo cierto, una silueta se hacía cada vez más visible dejando que las sombras revelasen un pelo de color rubio con lo que parecía una cresta morada en el centro, instintivamente separe los dedos de la mano derecha formando tres secciones diferentes formadas por mi pulgar, índice y corazón, anular y meñique. El hombre llevaba unas gafas que no pegaban para nada con la oscuridad del bosque, pero si con su ropa estrafalaria, sus palabras y su rostro parecían sinceros, mire a mi compañero mink por un momento viendo que su rostro parecía relajado, pero ay de nosotros, que seriamos sin los traumas del pasado, no me fiaba de él y no es que hubiera hecho algo el pobre más allá de presentarse frente a unos desconocidos mientras toquetea setas con altas posibilidades de ser tóxicas, aunque era ese último punto el que me preocupaba más.

Por mi experiencia los que más cara de santos tienen son los que suelen utilizar ese tipo de "armas" por llamarlas de alguna manera, el extraño se presentó como "Peony" y comentó algo sobre ser un amante de la naturaleza y un explorador de la Asociación Centaurea, era la primera vez que escuchaba sobre una organización con ese nombre, cosa que no ayudaba tampoco en que bajase la guardia, así que mientras Kisuke y Panda entablaban conversación con el extraño tipo simplemente esperé, parecía que no se había dado cuenta de mi presencia, la mejor opción es sin duda quedarme quieto y calladito así que posé mi mirada en sus manos, el hombre extendió su dedo índice de la mano derecha hacia mis compañeros, me tensé por un momento y estuve a media décima de segundo de saltar hacia su brazo derecho, pero me freno la visión de algo burbujeando en su guante en el dedo índice estaba seguro de haber visto que en efecto había tocado algo, ya que pude apreciar una pequeña efervescencia en su guante, pero el hombre no dio señal de querer atacar o tocar a nadie con eso, así que mantuve mi posición al acecho, en las sombras.

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Aclaración
#9
Peony, completamente ajeno a una tercera presencia, tomo la iniciativa y entabló conversación con esos dos individuos. A su modo de ver, no eran meros turistas que estaban de paso por una isla que fácilmente podían servirlos para cenar. Que el moreno fumador fuera armado, y la complexión corporal del mink decía que debían ser, moderadamente aptos para el combate. De esta manera, fue que quiso saber quiénes eran y que hacían en un bosque alejado de la mano de dios, además de aconsejar, educadamente, al espadachín que tuviera sumo cuidado con su cigarrillo.- ¿Hippie fumado?- Arqueó su ceja al escuchar las palabras de aquel hombre, tras lo cuál, arrojó la colilla al suelo, causando que el explorador abriera la boca al completo de la impresión y, observara en estado de shock como aquella sustancia nociva entraba en contacto con la madre naturaleza.- Pe-pe-pero...- Intentó articular, llegando a sonar como un Den Den Mushi cuando recibe una llamada, al mismo tiempo que ese inconsciente pisoteaba la colilla, presentándose en ese mismo momento como Kisuke, declarando que simplemente estaban de paso.- Así que Kisuke...- Dijo Peony, de manera impasible, a la par que metía su siniestra en su bolsillo izquierdo. Mientras sacaba de allí una libreta con una cubierta de color negro y con letras blancas en ella, el mink - muchísimo más civilizado que ese tal Kisuke -, estuvo de acuerdo con la afirmación del explorador acerca de los peligros que acechaban en la belleza de madre natura.- ¿A que sí? Veo que al menos uno de vosotros dos tiene un buen criterio florarara.- Respondió al enorme oso, dirigiendo su mirada a Kisuke con una falsa sonrisa, a la vez que abría la libreta y comenzaba a apuntar algo en ella, sin apartar su vista de él.- Kiiiisuuuukeee... Anotado.- Se dijo a sí mismo, tras lo cuál, cerró de sopetón la oscura libreta y la introdujo en su bolsillo cuando, el oso se presentó a sí mismo como Panda, riéndose por la absurdez y poca imaginación de sus progenitores.- ¿Es un mink panda y se llama Panda?- Se cuestionó mentalmente, arqueando su ceja izquierda y esbozando una sonrisa ladeada. No sabía por qué, pero a Peony esto le sonaba a trola de la buena y, además, una muy poco elaborada.- ¿Está ocultando su nombre? Si es así... Habrá que andarse con ojo...- Suspiró.- Lo más inteligente será seguirles la corriente por ahora al menos, y bueno, el panda al menos tiene buenos modales...- Concluyó mentalmente, mientras se ajustaba su guante derecho.

En ese momento fue que llegaron las preguntas - que ya estaban tardando en aparecer -. Kisuke, primero, preguntó que era lo que buscaba en un sitio como este y "Panda", en complementación y adición a su cuestión, quiso matizar que era exactamente la Asociación Centaurea y cuáles eran sus intenciones.- ¡Me alegro de que lo preguntes, "Panda"!- Exclamó entusiasmado, con los brazos cruzados, pronunciando el nombre del mink con cierto retintín.- Ah sí, para ser tú, tu pregunta no ha estado nada mal tampoco.- Le dijo a Kisuke con total desgana y sin mirarle, concentrando toda su atención en el moteado ursárido. Si había algo que detestaba, era aquellas personas que ensuciaban y dañaban el ecosistema y, tirar un cigarrillo como si nada era la mayor prueba de ello. Peony ya se la tenía jurada de por vida al espadachín.- Verás...- Pasó completamente de incluir al espadachín.- La Asociación Centaurea es un pequeño grupo de exploradores, sin ánimo de lucro cuyo fin es investigar la gran diversidad de flora y fauna que baña nuestro mundo, así como buscar la mejor manera de preservarla y, por supuesto, dar también con nuevos especímenes- Explicó el botánico y biólogo, descruzando su brazo derecho y subiéndolo con el índice extendido hacia arriba.- Es más, referente a esto último, había sido destinado a esta isla a buscar un espécimen que solo data en leyendas y cuentos...- Siguió relatando, a la par que iba acercando su dedo índice a su cara, estando próximo a su nariz, donde reposaban sus gafas.- Una hierba medicinal legendaria que dice que es capaz de curar cualquier enfermedad...- Su dedo estaba a escasos centímetros del puente de los anteojos.- La comúnmente conocida como Panacea...-  Y cuando parecía que Peony iba a usar su dedo índice para colocarse las gafas, subió un poco más el mismo hasta llegar a su frente, usando dicho dedo para rascársela.- Florarara... Perdonadme, llevaba un buen rato que me picaba bastante...- Se disculpó ante su propia interrupción.- Así que por estoy aquí, llegué hace una semana y, entre lo extenso que es el bosque...- Comenzó a mirar hacia su alrededor, sonrojado.- Y que no paro de tenerme a admirar cada una de estas obras de arte creadas por la mismísima madre naturaleza...- Volvió a enfocarse en el mink, encogiéndose de hombros y sacando la lengua.- ¡Pues aquí sigo! Florarara.-

Volvió a cruzarse de brazos nuevamente, observando detenidamente y en silencio tanto al mink como al humano.- Me cuesta pensar que sois simples forasteros, pero la verdad, que me da igual quiénes seáis, ¿a que sí?- Comentó, mientras asentía con la cabeza.- A diferencia de tu compañero, ¡me has caído bien, Panda! Así que dejadme que os proponga lo siguiente, ¿qué os parece si me ayudáis con la investigación? Dos mentes piensan mejor que una, ¿a que sí? Podría ser divertido y, si tenemos éxito en la misión...- Juntaba las yemas de su dedo índice con el pulgar al mismo tiempo que dejaba extendidos el corazón, anular y meñique.- Le pediré a la Asociación Centaurea que os recompense como es debido... Es un grupo sin ánimo de lucro pero creedme, ¡tiene fondos!- Intentaba persuadir a la pareja, mientras extendía sus brazos hacia los lados.- ¿Qué me decís? ¿Os animáis?- Preguntó con una amplia sonrisa, esperando por la respuesta del dúo de dudosa procedencia.

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#10
Kisuke escuchó estupefacto como aquel estrafalario tipo hacía visible que el pescador no le caía bien, con constantes puyas mal disimuladas que estaban empezando a irritar al Capitán Kageyama. Cierto es que había tirado la colilla al suelo y la había pisado, pero salvo que fuese imposible solía recogerlas y meterlas en una bolsita que llevaba con él. Se agachó para hacer esto pero no pensaba dejar que aquel tipo le dijese las cosas que estaba diciendo sin recibir respuesta alguna, y menos aún cuando le llamó indirectamente estúpido.

-Discúlpeme Señor de las lechugas, pero creo que se equivoca enormemente al juzgarme como una persona sin criterio. Conozco y valoro la naturaleza más de lo que pueda imaginar, y además estudié en la Biblioteca de Ohara, en el West Blue, así que no venga de listillo porque un servidor sea algo brusco en el trato.

Lo dijo con un tono bastante sarcástico, mirándolo fijamente. En ese momento, el tipo empezó a hablar sobre la Asociación Centáurea esa a la que decía pertenecer y, por supuesto, seguía con desprecios y demás hacia el propio Kisuke, lo cual tampoco le importó mucho porque lo que estaba diciendo, más allá de que pudiese estar mintiendo, le interesaba entre poco y nada, hasta que empezó a hablar de una "planta legendaria" que se encontraba en aquella isla. Aquello si despertó su curiosidad, como buen amante de los mitos y leyendas que envolvían al mundo. Esperó con el ceño fruncido a que terminase de hablar, era bastante irritante que diese tantas vueltas para decir lo que quería decir, y su pierna empezó a moverse arriba y abajo con nerviosismo e impaciencia.

-Sinceramente, eres un poquito gilipollas, juzgando a la gente sin saber una puta mierda, pero no tengo nada que hacer hasta que se cargue el Log Pose, así que yo no tengo problema en hacerlo. Puede ser que mi compañero esté en desacuerdo.

Lo dijo con un tono de indiferencia absoluto, pero la sonrisa ladina, esa falsa simpatía que mostraba... Había algo que no le encajaba a Kisuke de aquel personaje, más allá de que le resultaba extremadamente molesto y su actitud.

"Prefiero tenerte cerca y vigilarte mientras estemos en esta isla, no me fío una mierda."

Si algo tenía claro era que no debía bajar la guardia ante aquel extraño y desagradable sujeto, y mejor tenerlo cerca y vigilado a que les pudiese tender algún tipo de trampa.

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