[Presente absoluto] Aspros, el navegante mocatriz
#21
Con la mirada fija en la barca escuché una rara risa seguido de:

Tu ya eres libre amigo Peixe, libre de irte o de quedarte con nosotros. [...]

Nada más oí eso salí corriendo lo más rápido que pude hacia la barca necesitaba recuperar mi herramienta querida.
Corrí y corrí, llegué a la barca y de la adrenalina no me dio tiempo a tirarme al suelo a pedir agua, tampoco había nadie allí para ignorarme y darme por muerto así que está bien. Allí estaba, en la barca, fácilmente confundible con un remo, mi CUCHARA.

La CUCHARA es el arma de Peixe, consta de, como su nombre indica, una cuchara de madera gigante, del tamaño de una porra o maza, era un "trofeo" que guardaba su padre en el restaurante hace años, ahora es la herramienta favorita de Peixe.

Volví al lugar donde estábamos reunidos, estaban allí Triana y Gatillo Loco, el cartógrafo también estaba, se había sentado.
Estaban a mitad de una conversación, el cartógrafo preguntaba algo pero entre que llegaba tarde y a medio hablar, no me enteré mucho, esperé unos segundos mientras miraba de un lado a todo, fue entonces cuando me di cuenta...

¿DONDE ESTÁ MURA? - No esperaba respuesta, después de todo, estaban hablando entre ellos, después de mi pregunta decidí comenzar a andar, al no saber hacia donde, mi recorrido se resumía en dar vueltas sin rumbo cerca de la localización del grupito con una cuchara de madera bastante más grande que un cucharón y muchísimo más que una cucharilla.
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#22
Tras estar un rato robando, saqueando y peleando salí a la calle principal con cinco bolsas llenas de todo tipo de objetos y comida. Suspiré y pude ver que la gente que se había apelotonado frente a la puerta de la taberna, en la que me encontraba minutos atrás, había salido corriendo y gritando al verme salir. La vieja a la que había robado no debería tardar mucho en llegar a la playa para pedir refuerzos, justo donde estaban mis nakamas. No sabía cuántos marines había por la zona, yo desde luego no había visto ningún barco en el muelle en el que atracamos, igual ya estaban asentados en la isla… como fuera tenía que salir volando, literalmente, de ahí para llegar cuanto antes y ayudar a mis compañeros.
 
Extendí mis alas y me puse a volar en dirección a la playa. Desde arriba la aldea se veía tranquila, pero tenía la certeza de que me iban a conocer por lo que acababa de ocurrir, por mi enfrentamiento con Minato. Estaba emocionado y tenía ganas de ver mi cartel de “Se busca”. Mientras volaba hacia la playa, la brisa marina golpeaba mi rostro y el sonido de las olas rompiendo contra la costa llenaba mis oídos. Sabía que mis nakamas estaban en peligro, y mi corazón latía con urgencia mientras aceleraba mi vuelo.
 
-Mientras tanto en la playa-

Una señora de avanzada edad llegó gritando: “¡Los piratas! ¡Han llegado los piratas!”. Entonces un grupo de cinco marines apareció rápidamente y se acercaron preocupados a la señora preguntándole lo que estaba ocurriendo. La señora explicó que un gigante de alas negras irrumpió en su taberna, la saqueó y se enfrentó a un joven marine llamado “Minato”, que necesitaba ayuda. Los marines desenfundaron sus armas y le dijeron a la señora que no se preocupara. Tras eso comenzaron a correr en dirección a la aldea.
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#23
Por lo visto, Aspros llevaba bastante tiempo en aquel lugar con el objetivo de dejar estar en el candelero y, ahora que lo había logrado, salir a navegar y viajar. Ahora que lo pensaba, era cierto que hacía mucho que no veía ninguna noticia sobre él, salvo alguna en la que se especulaba sobre su posible paradero y los motivos de su desaparición, cada cual más insólito que el anterior. Ahora su mayor preocupación, y la mía también, era que no teníamos barco. También le llamó la atención nuestro aspecto. Lógico. Yo no podía dejar de pensar en ello y lo que pensarían los que nos viesen. Parecíamos una compañía circense. A pesar de ello, fue agradable y lanzó al aire una pregunta mientras se retocaba el maquillaje. Siempre había querido saber qué marca usaba, pero ahora no era el momento de preguntarlo.

—Efectivamente. Libertad para poder hacer lo que quiera cuando quiera, pero, sobre todo, para seguir los pasos de un gran hombre al que las personas más podridas del mundo quisieron reprimir, Voi D. Rowned, el Rey de los Piratas. Personalmente, no me da la gana que se salgan con la suya, que sepan que no siempre van a poder controlarlo todo que siempre habrá gente que no se doblegará ante el Gobierno Mundial y sus marionetas —dije asumiendo que la pregunta iba dirigida a mí. No sabía si había hablado de más, pero ahora que iba a venir con nosotros, aunque fuese poco tiempo, tenía que saber con quién iba a viajar.

Tras contestar, saqué un puro de uno de los bolsillos de mi chaqueta y lo encendí en mi boca con un mechero plateado. Al poco tiempo Peixe regresó. No sabía a dónde había ido con tanta prisa, pero había regresado con un cucharón gigante. Preguntó por Yamamura, pero se volvió a marchar antes de que me diese tiempo a responder. —¡Oye! No te alejes mucho —le dije esperando que me escuchase. Lo que nos faltaba era perder a un miembro de la tripulación, aunque con sus pintas no nos costaría demasiado encontrarle.

Esperé a que Yamamura volviese fumándome el puro y, de vez en cuando, buscando a Peixe con la mirada para asegurarme de que no se alejaba de la zona. No sabía cuanto tiempo habría pasado, pero justo acababa de terminar el puro cuando los gritos de una señora mayor alertando de piratas resonaron por todas partes. La gente comenzó a aglomerarse a su alrededor, seguramente serían curiosos. Yo miré en todas direcciones, pero no vi nada fuera de lo común ni a ningunos piratas. Lancé mi puro al suelo y puse atención para enterarme de qué estaba ocurriendo. Aquel escándalo también había llamado la atención de un grupo de marines que patrullaban por la zona. No pude escuchar bien toda la información, pero me bastó con oír que todo aquello era culpa de un «gigante de alas negras» que se había enfrentado a un marine.

Los marines sacaron sus armas y corrieron hacia la dirección en la que se había largado Yamamura. Nosotros nos encontrábamos justo en medio de su camino. A saber la que había liado y la que podría seguir liando si seguía haciendo frente a los marines. Ya no nos quedaba otra. Desenfundé mis dos katanas y extendí los brazos sujetándolas de forma horizontal para abarcar el mayor espacio posible y cortar el paso a los cinco marines. —No vais a ir a ningún lado.

Aquello sirvió para frenarles un par de segundos, hasta que el valiente del grupo se atrevió a dar varios pasos hacia adelante. —Aparta de nuestro camino, en nombre de la Marin… —ya me conocía muy bien el discursito, antes de que terminase su frase realicé un rápido movimiento diagonal con mi katana derecha para cruzar su cuerpo desde su hombro izquierdo hasta su cadera derecha. No era una herida grave, pero sí algo escandalosa. Su uniforme empezó a teñirse de rojo ante la mirada de sus compañeros. Esperaba que eso sirviese de advertencia y pudiésemos ganar el tiempo suficiente hasta que viniese Yamamura. Entonces ya nos preocuparíamos por cómo escapar.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#24
Las palabras de Triana me hicieron pensar. A pesar de no haber tenido nunca ningún encontronazo con la marina o el gobierno mundial, sentía que eran facciones hacia las que no profesaba demasiada empatía. Había viajado como el que más, escuchado cientos de historias y presenciado otras tantas, y en muchas de ellas el supuesto “honor” de la marina se veía constantemente manchado por la corrupción, el interés y el abuso de poder. Una de las personas que peor me había hablado de ellos era la propia Caroline, vieja Okama vecina de mi antigua residencia, desaparecida en extrañas circunstancias. En ocasiones pensaba si la marina había tenido algo que ver con aquello. De pronto, unos gritos en la distancia me devolvieron a la realidad.

- ¿Piratas? -repetí. Bajé levemente mis gafas de sol para otear el horizonte, pero no llegaba a divisar ninguna embarcación pirata, solo los navíos comerciales atracados en el puerto desde esa misma mañana. Cuando quise preguntar a Triana, vi como esta se abalanzaba hacia el sendero para entorpecer el paso a un grupo de marines que avanzaba hacia el pueblo. No había que ser demasiado listo para poder armar el puzle: los piratas éramos nosotros. ¿Qué diablos estaba haciendo Yojimbo? Mis andanzas como criminal ya habían comenzado y no había tenido la oportunidad de comprarme un parche a juego con mi pelo o una exótica ave a la que engordar con galletas y repitiese mi nombre constantemente.

Sin saber muy bien qué hacer, me incorporé pesadamente del banco en el que había encontrado tan grato descanso y me aproximé a la zona donde Triana se había encargado de dejar una bonita firma sobre el torso de uno de los marines. Parecía tenerlo todo bajo control, pero cuando vi que uno de los marines se preparaba para encarar a Triana en respuesta a su ataque, mi cuerpo se movió solo. Giré mi cuerpo velozmente para dotar a mi pierna derecha de cierta inercia y golpear la cara del marine con todas mis fuerzas, haciendo que retrocediese un par de pasos y cayese de espaldas contra el suelo. Un fino hilo de sangre comenzó a brotar de su nariz, que intuí rota. Con los puños en ristre y la pierna alzada, hablé a Triana sin despegar la vista del resto de marines presentes- Agh, que poco me gusta la violencia.

“Pues ya está”, pensé. Aquella patada, aquel gesto, sería el pistoletazo de salida de una carrera que no tenía del todo claro si quería correr. ¿Por qué se había metido en aquel fregado? ¿Por qué había pegado a uno de los “buenos” para defender a una tipa que a penas conocía? Estaba completamente loco, pero hacía tiempo que no me sentía así. Sentía algo en el pecho, una emoción desorbitada similar a cuando subía a un escenario y la gente coreaba mi nombre. Allí no habían focos, ni nadie gritaba mi nombre entre lágrimas y maquillaje corrido, pero me sentía de la misma forma: vivo.
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



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#25
Tras un rato buscando sin éxito escuché ruido y barullo del sitio en el que anteriormente estábamos reunidos, me acerqué a ver qué pasaba y me encontré con una persona completamente llena de un semi líquido anaranjado que... ¡PROVENÍA DE SU PROPIO CUERPO! ¡ESTABA SANGRANDO!
Justo en frente se encontraba Triana, la dama de hierro, con su espada desenfundada, me acerqué corriendo con intención de preguntar por lo sucedido, algo incrédulo, por supuesto

¿¡Pero que haces!? ¿Qué está ocurriend-

Fue entonces cuando el cartógrafo asestó una patada contra uno de los marines y lo tiró al suelo ¿Qué me he perdido?

¿PERO QUE COÑO? - Seguía sin entender nada, me pareció oir farfullar al cartógrafo algo sobre que no le gustaba la violencia
Pues menos mal que no te gusta...

Los demás marines miraban hacia nuestra dirección, en alguno vislumbré una cara no tan seria como esperaba, es lo que pasa cuando estás frente al gran Peixe Camarondi, me dispuse a prepararme para ayudar a mis nuevos compañeros, agarré con mis dos manos la cuchara gigante, resbalándoseme y cayendo encima de uno de mis tentáculos.

¡JODER!

Grité muy bajito o murmuré muy fuerte... Pánico
 ¿PÁNICO?

PÁNICO

Los procesos mentales de Peixe Camarondi: Capítulo 1 - Problema en la sala de control.

La sala tiembla como si estuviese ocurriendo un terremoto, las alarmas se disparan y los pequeños hombrecillos de cabeza redonda y cuerpo con extremidades igual de redondas, físicamente muy sencillos:

Deberíamos aceptarlo, desde el momento en el que Peixe se unió a esta gente estaba perdido, ha llegado el triste momento de su muerte.

Si hubiese entrenado cuando le tocaba en vez de tirarse en la arena a no hacer nada... ¿eh fuerza de voluntad? te hablo a ti

Eeees que... yo no pueeeedo haceeer naada si no me ayudaaaais...

Lo que decía pues, estamos acabados, desde el mismo momento que nos unimos a esta "tripulación"

Hola chicos

Los otros tres seres gritaron al unísono, era Inteligencia, había llegado justo a tiempo

¿Qué horas son estas de llegar Inteligencia? Estábamos a punto de ejecutar la autodestrucción

Relajaos, ha llegado vuestro salvador - Tras decir esto apareció otro hombrecillo redondito y placando a Inteligencia dijo con una sonrisa:

Pánico

Y así ocurrió


CAPÍTULO 1: FIN


Mientras tanto en el mundo que conocemos...

Me duele... la cabeza... no se que hacer... NO SE QUE HACER. - dije no muy alto.
Mi siguiente actuación fue entrar en pánico absoluto, agitar furiosamente los brazos dirección al cielo y correr de un lado para otro.
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#26
Volaba a toda velocidad hacia la playa, esperando que mis nakamas estuvieran bien y que no se hubieran metido en demasiados líos. Mientras mantenía mi vuelo, todos mis pensamientos se centraban en mis nakamas. Sabía que cada uno de ellos tenía un talento único y estaban bien preparados para enfrentar cualquier desafío que se les presentara, pero no sabía si estaban muy acostumbrados a meterse en esta clase de problemas y les pudiera el pánico o la presión.

La brisa marina revolvía mi cabello mientras me acercaba a la costa. Desde lo alto, pude divisar la playa y el barco en el que habíamos llegado. Aterricé detrás de Aspros, Triana y Jolyne con bastante fuerza. Se estaban enfrentando a los marines que me estaban buscando. De golpe me fijé en que Peixe estaba corriendo como un loco, histérico y desbordado por la situación complicada en la que nos encontrábamos.

-No tenemos mucho tiempo. -les dije a mis compañeros. -Coged cada uno una bolsa de estas. -continué mientras le daba una bolsa a Jolyne y dejaba las otras cuatro en el suelo. -¡Peixe! -grité para que me escuchara. -Coge tu también una bolsa de estas y vámonos cuanto antes, kikikikiki. -reí, emocionado por la situación. -Y vosotros… -les dije a los marines que teníamos delante. -Volver a vuestro cuartel y decirle a vuestro capitán que Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero va a ser el próximo Rey de los Piratas.

Mi plan era esperar a que saliera algún barco del puerto y colarnos en él hasta la siguiente isla, sin rumbo y sin ningún plan mayor más que salir corriendo de ahí. Contra estos marines podíamos, pero en la Marina había gente muy poderosa y quedarnos era exponernos a un peligro que no podíamos enfrentar.
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#27
Esperaba poder mantener la situación bajo control, lo cual era imposible al no saber cómo reaccionarían mis acompañantes. No tenía las expectativas muy altas, me bastaba con que se quedasen a un lado y no molestasen, pero todos me sorprendieron, especialmente Aspros. No esperó ninguna indicación, cuando vio que uno de los marines no pensaba acatar mis órdenes y se disponía a caminar hacia adelante, quién sabe si para vengar a su compañero o ayudarle, le arreó una patada en la cara. Aunque no quisiera ser pirata ya no le quedaba más remedio, para no querer problemas se había metido de lleno y de qué manera.

Por su parte, Peixe parecía haber enloquecido. Todavía no me quedaba claro qué era aquel cucharón gigante que había ido a buscar, tal vez un arma, un objeto con gran valor sentimental o simplemente un utensilio de cocina muy extraño. De cualquier manera, no le sirvió de mucho. Al ver el follón que se había montado se dedicó a correr y gritar por todas partes. Por lo menos eso sirvió para confundir a los tres marines que quedaban en pie, que parecía que no sabían qué era lo que estaba ocurriendo.

Cuando la situación ya era completamente caótica, apareció Yamamura para poner orden, pero también para enredar más las cosas. Lanzó al suelo cuatro bolsas repletas, no sabía de qué, y nos mandó coger una a cada uno. Aproveché que los marines no sabían cómo actuar para envainar una de mis dos espadas e ir a por la bolsa que me correspondía. Habría estado bien darles una lección a los tres que quedaban, pero Yamamura les dio el recado de informar sobre lo que acababa de ocurrir. Solo se necesitaba a una persona para ello, sobraban dos, aunque ahora la prioridad era ver cómo conseguíamos escapar. Los barcos zarpaban cerca de aquí, no nos costaría colarnos en uno ahora antes de que llegasen refuerzos, pero para ello teníamos que tener el camino despejado.

—Vamos —les dije a los miembros de la banda para que comenzásemos a correr hacia otra zona algo más alejada donde subir a un barco sin llamar tanto la atención. Al pasar corriendo al lado de los marines hice un movimiento con la mano derecha, con la que sostenía mi katana, para realizarle un corte en el hombro a modo de advertencia y para que reaccionasen de una vez. —¡Y vosotros a qué esperáis! ¡¿No le habéis oído?! —pregunté a gritos haciendo referencia a las órdenes de Yamamura. Ahora solo quedaba colarnos en uno de los barcos y buscar la manera de conseguir uno propio en otra isla.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#28
Me quedé pensativa, escuchando todo lo que soltaban mis compañeros y viendo lo que hacían. -Así que de esto va ser pirata -pensé con una mano en la barbilla y masticando mi rama. Sabía que no todo iba a ser un paseo y que habría altercados en algún momento, pero no me imaginaba que sería tan rápido. Al parecer los marines serían un fuerte impedimento para conseguir nuestro objetivo. Aunque, para ser sincera, tampoco es que fueran santo de mi devoción; iban todos juntos de aquí para allá correteando como cucarachas cuando destapas su nido y muchos de ellos, por codiciosos, estaban más podridos que las patatas con forma de cara que me guardé durante meses. No me daban ninguna pena.

Mientras estaba detrás de mi banda, veía las caras de esos marines y me preocupaba que se pudieran tomar a lo personal la forma en la que Triana les cortó el paso y que después Aspros secundó. Seguramente por eso ya pretenderían detenernos o algo por el estilo. Peixe, por su parte, empezó a correr por ahí, imagino que preparando su ataque. Llegados a este punto, ya estábamos de estiércol hasta las cejas y tendría que participar yo también en el contraataque. Todos mis años de práctica en la granja por fin verían la luz, pero ese momento tendría que esperar, ya que apareció Yojimbo con algunas bolsas. Era igual que en el cuento popular que nos contaban en el pueblo sobre un viejo que volaba y daba regalos a la gente que se portaba bien.

Recibí una de las bolsas de buen agrado y vi que contenía una pistola y una caja de balas; justo lo que me hacía falta, mi capitán estaba en todo. Después se dirigió a los marines y les ordenó que informaran de que sería el próximo Rey de los Piratas. Esa era la actitud de un ganador y me alegraba estar en su tripulación.  - ¡Eso es! ¡Y no volváis! - grité emocionada mientras aprovechaba para ponerme al lado de Triana, que andaba amenazando de nuevo.

Ahora vendría la huida hasta nuestro próximo destino. Al no tener barco sería difícil seguir moviéndonos por ahí con estas actividades nuestras, así que conseguir uno supondría nuestra prioridad por el momento. Al menos ahora contábamos con nuestro navegante Aspros que, para asombro de nadie, resultó ser muy polifacético. Ahora sí que éramos una banda en condiciones lista para ganar.

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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#29
Al que a partir de ahora podía y debía llamar capitán aterrizó a nuestra espalda, causando un notable temblor en la tierra bajo nuestros pies. Anunciando de nuevo su intención de ser el próximo rey de los piratas, noqueó a nuestros adversarios con ese nombre tan difícil de recordar; en el mundo de las marcas, era importante tener un nombre con gancho y que fuese fácil de recordar, cosa que no cumplía el de “Yojimbo no sé qué Tercer Coronel de algún sitio”.

- Tenemos que buscar un nombre más corto -susurré a Triana, la más cercana a mi posición.

A todo aquello se sumaba la reciente necesidad de cargar con unos sacos de dudoso contenido. No era ni el momento ni el lugar para dudar de él y comenzar a cuestionar su petición, y menos cuando los marines podrían solicitar refuerzos en cualquier momento, pero dentro de aquellas bolsas podría haber cualquier cosa. Evitando exponer mi espalda, me arqueé hacia atrás para realizar una grácil voltereta, durante la cual agarré una de las bolsas apostadas tras de mí y acabé colocándola sobre mi hombro, ganando distancia frente a los marines.

- Que bien he quedado, seguro que se han embelesado con mi elegante elasticidad- pensé, mientras intentaba ahogar una leve carcajada- Jujujuju.

Por su peso no sabía identificar bien qué contenía el saco, pero creí oportuno descartar mi teoría de bebes muertos despedazados como posible dieta del ángel negro. Sin querer perder el tiempo revisando su contenido, comencé a seguir inmediatamente a Triana, la cual había demostrado ser una espadachina innata a la que respetar. Jolyne por su parte se había mantenido al margen, pero su calma y entrega ante lo sucedido me daban a entender que no era una simple chica de campo fácilmente impresionable; era una chica de campo fácilmente impresionable que parecía saber manejar una pistola. Por mi parte, mi corazón latía a mil por hora. Era la primera vez que agredía a alguien y que no fuese un entrenamiento o un maniquí inerte. Había sido una persona real, de carne y hueso, y, para mas inri, de la marina.

- ¡ESTO NO ES LO QUE TENÍA PENSADO PARA PASAR DESAPERCIBIDO!
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



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#30
Mura volvió, soltó unas bolsas, me gritó que una era para mi y dijo que nos teníamos que ir, desde luego, con la que habían liado me sobraban tentáculos para salir corriendo, lo que no entendía era aquel regalo ¿Es mi cumpleaños y no me he enterado? La falta de familia había hecho que olvidase totalmente la fecha... quizás Mura la sepa, después de todo, dice que somos amigos.

Vamos - dijo Triana, cortando mis pensamientos de golpe y corriendo a otra zona.

¿Subir a un barco? eso es fácil, me acerqué a el primer barco de la nueva zona al que más fácil me resultaría colarme y dije hacia mis compañeros:

Colarse en barcos es fácil, vaya, eso creo... ¡Mirad!

Subí como pude, la bolsa estuvo a punto de caérseme, la agarré con un tentáculo, dejando ambas manos desocupadas, me había costado más de lo que pensaba pero menos de lo que podría pensar otro, a pesar de mi tamaño sigo teniendo propiedades dignas de un pulpo como por ejemplo ser escurridizo y lo que es mejor...

Y paso dos - dije apoyándome en la superficie mas cercana, y mirando a mis compañeros, como si por arte de magia hubiese ocurrido, desaparecí delante de sus ojos

Pasiva racial


Ahora solo me queda aguantar la respiración, tengo unos grandes pulmones pero no se cuanto tiempo aguantaré, me cuesta mantenerme totalmente quieto, soy un gyojin algo intranquilo a decir verdad...
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