[EVENTO LOCAL - MAGNA] - El camino a ser el más fuerte del mundo
#21
Según algunos principios de la física y la termodinámica, resulta mucho más fácil tender hacia el caos que propiciar un estado más ordenado que la etapa anterior al cambio. Así como es más sencillo romper un plato que arreglarlo tras hacerlo añicos, para los miembros de Magna resultaba mucho menos agotador acabar con todos y cada uno de ellos sin miramientos. Y sin embargo, quizás por lástima, honor, valores éticos o como futuros recursos, ninguno de los tres cazarrecompensas decidió mostrar, aún, ninguna hostilidad hacia los nativos que osaban apuntar sus armas hacia ellos.

Los Foodvaltienses adultos seguían impasibles, en sumo silencio, plantados en el mismo sitio, esperando alguna respuesta física por parte de sus invasores. No fue hasta que Sohem comenzó a aproximarse solemnemente a la línea más frontal del primer grupo defensivo del lugar que los guerreros reaccionaron mínimamente, colocándose los que portaban su escudo en una postura más defensiva - dejando gran parte de su cuerpo a cubierto de su arma - y, las unidades de infantería dando un paso hacia delante, empuñando con fiereza sus armas. Los niños, en cambio, no paraban de mirar dubitativos y de forma intercalada tanto a los adultos como a Sohem.- Aquí se va a liah la marimorena… - Vaticinaba, llevando su muñón a su redonda barbilla, desde una posición más segura, manteniéndose a 12 metros de las unidades con escudos.

Sin embargo, lejos de iniciar un ataque contra los civiles, el cazarrecompensas con gozo se presentó, junto a los miembros de su gremio para proceder con un discurso que no dejaría indiferente a nadie. Un discurso que, a pesar de venir de parte del enemigo de la persona que les proveía de dinero, a los Foodvaltienses se les hacía imposible poder no prestar atención a sus carismáticas palabras. Palabras que, conforme más escuchaban, más dudas generaban en los habitantes. Muchos de ellos empezaban a aflojar su agarre en sus armas aunque algunos otros, muchos más escépticos y dudosos de que sólo tres personas pudieran acabar con el reinado de Nitobo, seguían en sus quince de pelear por su vida. No obstante, antes de que pudieran hacer nada, una explosión de energía emergió del interior de Sohem, causando que todos los integrantes de la horda se quedaron completamente inmóviles, además del propio Tomás que se mostraba incrédulo ante lo que estaba sucediendo.- ¿Se m’an quedao’ dormíos los músculos o qué? Ojú shiquillo, para ver y no creer. -

Aquello, como una prueba fehaciente de que si iban a batallar en ese momento, tan sólo les esperaba una muerte segura y estúpida, hizo entender por completo en la situación en la que se encontraban los Foodvaltienses. Y aún así, a pesar de que las vidas de todos los guerreros contratados por Nitobo podían haber acabado allí en un abrir y cerrar de ojos, Sohem optó por proseguir con su discurso, brindando de esperanza a las desangeladas almas de los residentes, en especial de los más infantes, quienes no podían evitar llorar por una mezcla de miedo, incertidumbre y rabia, al ver cómo el dinero de ese magnate había conseguido corromper la cultura y vida que en antaño tenían y preservaban. Conforme el discurso avanzaba, más hondo calaba en el interior de todos los guerreros, ya no sólo de los niños, quienes recordaban como era la vida antes de que Nitobo llegara a Foodvalten.

Una vida dedicada por completo al campo y a la agricultura, sobre todo de hierbas medicinales, además de su libertad para venerar a su deidad, el señor de las profundidades y protector de Foodvalten. Era una vida sencilla y humilde pero que, a fin de cuentas, era suya propia y eran felices de esa manera. Era una vida que les fue totalmente arrebatada a la llegada de Nitobo, momento en el que sin reparo reclamó la isla como suya bajo su infinita y absurda fortuna, acompañado de su séquito de hombres trajeados, privando por completo a los nativos de la isla de sus recursos para trabajar directamente hacia Ilime, prometiendo un sinfín de riquezas que luego, jamás llegaban.

Los Foodvaltienses se sentían más liberados, quizás porque sentían haber vuelto a conectar con esa faceta suya que habían perdido años atrás, o bien porque el propio Sohem había desactivado la emisión del Haoshoku, momento en el que los habitantes comenzaron a mover cada uno de sus músculos, como si se hubieran quedado agarrotados por la parálisis. El discurso del enmascarado finalizó con prometer que, la gran cantidad de dinero acumulado en las arcas de Nitobo, se utilizara para hacer florecer la civilización en Foodvalten, terminando por preguntar quién estaba con ellos en aquella misión. En ese preciso instante, los guerreros comenzaron a mirarse atónitos, los unos a los otros, mientras seguían dándole vueltas a las palabras de quién podía convertirse en su nuevo salvador. ¿Y si su poder no era lo suficiente para destronar a Nitobo? ¿Y si lo llegaba a conseguir pero todas esas promesas quedaban en el aire? ¿Y si igualmente no están tan mal bajo el gobierno de Nitobo como quieren creer? Todas esas dudas seguían surgiendo en las mentes y corazones de los guerreros, o al menos en la de los adultos.

El silencio, hecho añicos por los repetidos gritos de Viktor, que aclamaban el nombre de su jefe en una señal de motivación hacia los lugareños de Foodvalten fue seguido, en un principio, por los más infantes de la línea de defensa, quienes soltaron sus cuchillos y dagas, haciendo resonar un eco metálico que indicaba el fin de su absurda lucha. Los adultos, al ver como, aquello que representaba el mismo futuro y esperanza de la isla de Foodvalten, escogían a esos forasteros por encima del Emperador del Inframundo, prontamente siguieron su ejemplo, exclamando al unísono el apellido de la persona que prometía liberarles del yugo impuesto por Nitobo, haciendo que la propia tierra bajo sus pies reverberaran por la magnitud del improvisado coro.- Hay que veh que bien que habla este mushasho, ojú, vaya fiera. - Asentía de brazos cruzados el mink, comenzando a caminar nuevamente hacia delante.- Pueh bien ehta lo que bien acaba. - Comentó como quien no quería la cosa Tomás, mirando a Shoto y a V, acelerando más el ritmo de sus pisadas hacia su humilde chabola.- Vía ir cogiendo lo que haga falta de mi shabolica, id tirándole, pishas. - Pasó a correr, en ese momento, pasando por la izquierda de Sohem y, a continuación, por la de los Foodvaltienses hasta que se adentró en su caseta consistente en cuatro tablones de madera mal puestos.

Sin dejar de corear el nombre de aquel que podía convertirse en su salvador, la improvisada guerrilla de Sohem marchaba de camino a Ciudad Rupia. Durante el trayecto, y una vez que se aprovisionó con lo necesario - y con lo único que tenía -, Tomás corrió como podía con sus cortitas piernas hasta alcanzar al avanzado grupo y, en ese momento, dirigirse hacia el birkaniano de pelos tiesos con algunos útiles en sus manos.- Cúshame, uhté que parese el más apañao’ de los treh. - Le habló, una vez estando posicionado junto a su izquierda, extendiéndole sus brazos con lo que había conseguido recolectar de su casa.- Ahí llevas dos surtío’ de masedonias y un botiquín que tenía por si me daba un jari un día de ehto, pisha. - Se lo cedió finalmente al joven científico.- No eh musha cosa, pero mejor que ná eh, ¿no creeh? - Posicionó sus manitas sobre su cadera - una vez entregada la comida y el botiquín -, entrecerrando sus ojos en lo que parecía ser una postura altanera y orgullosa.- Paese que la cosa pinta bien, están que se dehviven ethos prendas. - Observaba con tranquilidad a la enérgica masa de Foodvaltienses marchando en pos del grupo de Magna, pasando a mirar con detenimiento a los más pequeños que, habiendo tirado sus armas, se resguardaban entre los adultos que parecían ser sus padres y madres.- Habrá que tener cuidao’ con los criajos, o la espishan, eso sí. -

Tras alrededor de otra media hora caminando, el grupo cada vez más en auge, llegaba a las lindes de Ciudad de Rupia, pudiendo otear ya, no sólo lo que suponía ser la Mansión del Botín, sino también el resto de la civilización que componía la humilde urbe. En la propia entrada de la Ciudad, se podía distinguir la enorme Avenida Oeste de tierra de unos 150 metros de largo y 20 de ancho que, si continuaban hasta el fondo, llegarían hasta la Mansión del Botín, un enorme edificio construido de oro reluciente de 24 quilates y decorado con una cantidad insana de piedras preciosas y brillantes de tamaños exagerados en cada parte de la edificación. La mansión, se hallaba resguardada en todo su perímetro por unas vallas de acero reforzado de 10 metros de alto, aunque aún quedaba caminar un buen trecho hasta poder discernir con propiedad todos los detalles. A ambos lados de la Avenida, construidos sobre un césped natural, se hallaban las distintas edificaciones de los habitantes de Foodvalten, bloques de lo que parecía ser una mezcla de piedra y arcilla que, como mucho, llegaban a los 4 metros de alto. Ya que, en un principio, la población de Foodvalten se comportaba como una familia y una comunidad en toda regla, los edificios no poseían cristales en sus huecas ventanas o cerrojos en sus puertas de madera, pudiendo pasar al interior de una vivienda sin que esta ofrezca demasiada resistencia. A mitad de trayecto de la Avenida Oeste - es decir, recorridos 75 metros -, a mano izquierda - y mirando de cara hacia la mansión -, era posible apreciar un pasaje perpendicular, de tres metros de ancho, entre dos hileras de bloques de viviendas que daba a la Avenida Este de Foodvalten, confluyendo junto a la otra avenida en el extravagante edificio del Emperador del Inframundo, formando así, entre las dos avenidas y el pasaje, una suerte de “A”. En los extremos más hacia levante y poniente la ciudad, era posible presenciar varios campos de cultivos - actualmente abandonados - donde, otrora, eran dónde los lugareños plantaban tanto sus alimentos así como sus plantas medicinales.

Sin embargo, antes de se pudieran adentrar lo suficiente en la ciudad, en la propia entrada, a unos 10 metros de vosotros, 290 personas - fácilmente identificables como lugareños - aguardaban con el objetivo de defender su nación y, sobre todo, de pelear por el gran verde, al igual que hacían los que, hasta hace poco, podían considerarse vuestros enemigos. En esta ocasión, esta línea de defensa estaba compuesta tanto por hombres como mujeres con armas de filo, tanto pesadas como ligeras, posicionándose en 29 filas de 10 unidades, acaparando un rectángulo de 20 metros de alto y 10 de ancho. Muchos de los que ahora eran aliados de Magna, tras haber sido testigo de las palabras y actitud del líder, miraban con esperanza a los que ahora estaban en su bando contrario, acercándose un hombre con escudo, corpulento, con rubios cabellos y barba al enmascarado.- Señor Burnedead, ellos tampoco tienen culpa de nada, dejen que hablemos con ellos y así conseguir que se pongan de nuestra parte, por favor. - Razonó de forma educada el hombre del escudo con el jefe de Magna. Por otro lado, Viktor, quién seguía con su Kenbunshoku Haki activo, podía notar como, a unos 30 metros de distancia por detrás la línea más atrasada de aquel escuadrón defensivo, se encontraba aglomerada en lo alto de varios edificios colindantes varias presencias. Ahora debían escoger si reclutar a más activos para su ejército en contra de Nitobo, o empezar a arrasar con todo lo que vieran.

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#22
Sohem dio varios pasos hacia adelante para desarrollar uno de los discursos más épicos vistos al momento, antes de darlo comprendió la importancia de no herir a los infantes, ya que de momento nos quedaba humanidad para seguir realizando nuestros planes. Permanecí en silencio, inmóvil, durante su discurso. Sus palabras tenían la cadencia, el ritmo de alguien criado en las altas esferas, como si de un politólogo se tratara. - Así que también llevas una mascará en la lengua...  - Aquellas palabras no solo iban reforzadas de carisma, determinación y orgullo, sino que lo realmente intensifico aquello fue su explosión de Haki, una ola invisible, un estallido que en cierta manera paralizó a todos los presentes como si el aire hubiera cambiado de densidad. Por mi parte, simplemente sentí unas leves palpitaciones en el pecho, nada nuevo, acostumbrado ya a su uso durante todos estos años.

No solo miré con admiración a mi líder y sus sabias palabras, sino que me giré cuando vi a Viktor corear su apellido, las palabras del enmascarado junto a los vítores de Viktor proporcionaban fe y esperanza… Palabras simples, pero muy letales cuando se clavan en los corazones de la población. Nuestro amigo peliblanco había gritado hasta quedarse ronco, y aquello había encendido algo en mí que no podía ignorar. Sin pensarlo demasiado, cerré mi puño derecho y lo alcé con toda la fuerza, no al cielo, sino de frente, en dirección a los aldeanos y lugareños. Un gesto silencios, pero suficiente para decir por dentro - Yo también creo en esta empresa. Volví a mirar a Viktor con mis ojos para confirmar que había comprendido el mensaje solo con mi mirada. A medida que las palabras calaban, y nos adentrábamos en la multitud, el pequeño mapache voló hacia su casa, buscando aquellos recursos que necesitaba. Lo que más me sorprendió de ello fue su solidaridad conmigo, cuando apareció y me llamo, para darme algo, así que con las mismas me agache un poco, extendí mis manos y recogí con gusto aquellas provisiones médicas y alimentarias. Abrí mi gabardina-bata y dispuse todo en bolsillos amplios, diseñados, para instrumentos tanto científicos como médicos, ahora iban a albergar un nuevo botiquín y un par de macedonias. -
Gracias Tomás, haré el mejor uso de ello en el día de hoy si hiciera falta. - Esto es mucho más de lo que esperaba. - Mis palabras fueron breves, pero sinceras, aquel mapache se había ganado mi respeto a pesar de  ser un taladro con la dialéctica.

En ese instante, cuando recupere mi vista al frente, fue cuando mis ojos se fijaron en los más pequeños. Los cuchillos y las armas habían caído de sus manos, y algún filo con la vibración, aún tintineaba en el ambiente. Fue cuando me fui abriendo entre la multitud hasta que alcancé la primera línea de ellos. Me incliné un poco, posando una de mis rodillas en el camino, frente a uno de los niños que no había decidido retroceder al verme. El crío temblaba como una gelatina sin ser capaz de soltar un ápice de la tensión acumulada del momento. Lo miré a sus ojos, con total naturalidad y franqueza, le dije lo siguiente. - Tú y los demás... Ya habéis hecho suficiente. Ahora solo necesito que corráis a vuestras casas, con vuestras madres y las abracéis muy fuerte. Decid en cada puerta, ventana, callejón y rincón escondido de esta isla, lo que habéis visto con vuestros propios ojos. Nitobo no es invencible y hay esperanza en el cambio. - Mientras posaba mi mano sobre la cabeza del chaval. - Esa es vuestra verdadera batalla… Y es más importante que la nuestra. - El niño asintió con la cabeza, y pronto los demás lo imitaron, alejándose totalmente de la línea de la batalla.

Acompañados por nuestras nuevas fuerzas, el poder del pueblo, Viktor, Sohem, Lustig y yo nos volvimos a encontrar un grupo algo mejor preparado, que esta vez nos podía dar algo más que dolores de cabeza. - Una formación rectangular, cerrada y de forma simétrica, pero al fin y al cabo, aldeanos disfrazados de soldados. - Antes de que pudiera pensar alguna opción, un hombre muy corpulento que portaba un escudo, se dirigió hacia nosotros, suplicando una oportunidad de convencer a los suyos. Lo observé durante unos segundos, mientras me rascaba el mentón pensando. - Un mediador que podría crear una pequeña fisura en su voluntad... Sería más letal que una embestida frontal. Además, si ocurre algo, Viktor sabrá qué hacer. Si este hombre está en lo cierto, tendremos menos cadáveres en nuestra contra. Una apuesta totalmente válida. - Volví en sí cuando asentí con mi cabeza a su proposición, esperando que el resto de mis compañeros asumiera el sí de la operación. - Vik no le pierdas de vista, este hombre está mostrando alto valor a una idea totalmente suicida para él. - Dije con total determinación. Los tres sabíamos que si la conversación se torcía la sangre debía correr y desde mi punto de vista, Viktor es el mejor en este tipo de trabajos.

Volví a meter las manos en mis bolsillos, guardando silencio otra vez, dejando que el destino respirara unos segundos antes de que lanzará una moneda al aire.

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#23
Tras mis palabras, el apoyo de las gentes de Foodvalten se hizo notorio con el abandono de las armas por parte de los niños y el cambio de bando por parte de las gentes del pueblo. Viktor animó a todos ellos con un grito constante y repetido, instándoles a unirse a él para corear mi apellido... o el apellido que estaba usando. Avancé varios pasos hacia el que estaba más cerca de todos ellos y apoyé mi única mano en su hombro — Voy a devolveros vuestra tierra haciendo de esta mi tierra — y le di una palmada en el hombro, antes de comenzar a caminar.
La turba de gente me siguió rumbo hacia el gran palacio de la isla donde se escondía aquel anciano que estaba ocupando mi sillón en el Bajo Mundo, quedándose los niños rezagados ligeramente para hablar con Shoto y acabando por llegar todos frente a una nueva formación de aldeanos. No sabía si eran de la misma parte de la isla o de otra, y no sabía si estaban al tanto de lo que había ocurrido o no, pero uno de nuestros nuevos acompañantes me pidió permiso para dejarle hablar con ellos para que no iniciasen las hostilidades.

— ¿Cómo confiar en mi si no doy la cara por mi propia causa? — le pregunté retóricamente y chasqueé la lengua — Yo hablaré — sentencié con firmeza y avancé un par de pasos haciéndole un gesto sutil con la mano a Viktor para que se pusiese a mi lado. Quería que empezasen a verlo a él como lo que era, mi mano derecha, y cuanta más atención acaparásemos, más desapercibido pasaría Shoto ante las miradas indiscretas... que era lo que más me gustaba de él.

— ¡Gentes de Futbolteam! ¡Mi nombre es Sohem Burnedead! Y como veis, vuestros compatriotas han confiado en mi y en la promesa que les he hecho, sin herirnos, sin hostilidad, sin nada que lamentar mañana — dije presentándome, girando ligeramente sobre mi mismo para abanicar horizontalmente mi brazo en dirección al pueblo que me seguía — ¡¡Vengo a matar a Endongo!! — grité, proclamando ampliamente mis intenciones — ¡Es la única forma de liberar esta tierra, y devolveros lo que os pertenece por derecho! ¡Deponer su tiranía para gobernaros con generosidad y protección! — volví a mi posición inicial, completamente de frente a ellos, encarándolos sin hostilidad — Pues mi intención es hacer de este lugar mi hogar, y en mi hogar nunca habrá escasez, precariedad, ni sufrimiento. Bajo mi gobierno volveréis a trabajar vuestra tierra para vosotros. Volverán vuestras costumbres y tradiciones, y os protegeré personalmente de cada enemigo singular que se atreva a alterar vuestra paz. ¡Os traeré a ese viejo avaro que está podrido en vuestros berries para que dispongáis de él como más os guste! — paré un segundo para tomar aire, y alcé la voz por encima del discurso anterior para terminar de lanzarles un mensaje.

— ¡Apoyadme! ¡Y jamás volveréis a pasar hambre! —

Tras mis palabras me ladeé hacia Viktor esperando que él se pronunciase al respecto. Era un hombre ducho en palabras y versado en educación y agudeza verbal. Era alguien que tenía que hacerse respetar como mi mano derecha por si mismo, y no porque yo dijese que él era quien era. La gente de Foodvalten tenían que ver a él al Capitán de mis ejércitos, el jefe de mi guardia y mi más valeroso soldado. Alguien que les ofreciese el mismo tipo de seguridad que yo mismo - en mi ausencia - y una figura a la que respetar, y temer, a partes iguales. El respeto para acatar su actos, y el temor para evitar insubordinación.

Así era, mis planes eran formar el Wandenreich, el Imperio Invisible. Un imperio gestado en el Bajo Mundo desde el sillón de poder del distrito de las finanzas. Un plan que me había tomado casi una década. Un imperio que necesitaría de nuestras figuras. De mi, como Comandante Supremo y Emperador, un ser poderoso y absoluto. De Viktor, como el Capitán de mis ejércitos, la Jagdarmee, y el mejor soldado de entre todas nuestras tropas. Y de Shoto como el Director de mis departamentos de investigación y análisis.
Obviamente por desear, ansiaba dos personas más con unas capacidades diferenciadas. Dos más para formar por completo, junto con Viktor y Shoto, mis cuatro Sternritter deseados. Primero, alguien con labia, capacidad de negocio, dispuesto y preparado como para poder dirigir las operaciones encubiertas y los encargos y tratos del Bajo Mundo... alguien capaz de pasar desapercibido si lo necesita, y ser letal cuando haga falta. Un ser con la capacidad de hablar por mi, imponer mi decisión y mi poder, y protegerse en las zonas en las que yo no estoy a su lado para hacerlo.
Y segundo, una persona recta y justa... algo más complicado dada mi propia naturaleza y el desencadenante habitual de mis actos y decisiones. Precisaba de alguien con presencia, respetado, con valor por su palabra y una reputación que lo preceda para poder encargarse de las interacciones tanto con el Gobierno como con la Marina.

Actualmente sabía que Viktor podía desempeñar el primer papel, y Shoto el segundo, ambos desde sus propias capacidades y adaptabilidad, pero no eran el tipo de persona idóneo para esto y no quería que se ausentasen de sus tareas y sus responsabilidades - al menos las que tenía pensadas para ellos - en el futuro. No quería que Viktor se ensuciase las manos por mi en tratos de dudosa legitimidad. Quería que se convirtiese en el caballero blanco de brillante armadura, el apuesto soldado talentoso y virtuoso que encandila a las jovencitas y sirve de inspiración para los jovencitos - o al revés, como él quisiera - y que fuese la persona que yo le había arrebatado ser estos años.
No quería que Shoto fuese usado como chantaje por el Gobierno, llegado el caso. Quería que tuviera acceso a tecnología e instalaciones superiores, que dotase de armas y armaduras a mis ejércitos y llevase esta organización al siguiente nivel. Con el acceso que tenía a la Asociación Neurona y todo lo que ello conllevaba, quería que lograse ser el genio que podía ser y que con ello, nos trajese la fortuna.
Por lo tanto, necesitaba encontrar a esas personas, y sólo podría hacerlo cuando mi nombre resonase por el mundo tras la victoria del día de hoy.
Gente dispuesta a venir hasta esta parte del mundo, jurarme lealtad, y servirme fielmente hasta que yo lo considerase oportuno.

Pero para pasar a eso, primero tenía que terminar de escribir este capítulo de mi vida: La conquista de Foodvalten.
Y después de las palabras de Viktor y de las reacciones del pueblo, tendría algo más que decirles antes de seguir avanzando.





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#D86700
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Cambios en estadísticas
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Energia: 5839 + 0 = 5839
Espiritu: 2477 + 125 = 2602
#24
La voz de la gente respondió a mi llamado final y coreó el nombre de Sohem a viva voz, propagando a los cuatro vientos el nombre del que sería su nuevo líder. Respiré tranquilo por unos instantes y me confié ya que, durante los primeros instantes viéndome solo gritando, asumí prematuramente que nadie seguiría mi órdago y me quedaría en una escena la mar de vergonzosa coreando el nombre de mi jefe. Nuestra suerte, el discurso de Sohem, o vete a saber qué, nos llevó a tener de repente una guerrilla tras nosotros. Shoto, quien parecía el más preocupado por los niños, se encargó de mandarles a casa, con sus familias, y así propagar la noticia de que los días de Nitobo terminarían a mano de Magna. Tras esto, avanzamos durante una media hora más hacia la mansión del magnate para, finalmente, encontrarnos otro escuadrón improvisado de lugareños defendiendo su hogar. Conforme nos acercamos pude identificar a las casi trescientas personas que aguardaban para cortarnos el paso. No me preocupaba dado el poder de Sohem en el Haoshoku pero, más atrás, y quizás solo descubiertas por mi, otras tantas presencias estaban ocultas esperando a atacar. Cuando la distancia fue corta, algunos de nuestros nuevos aliados se propuso para hablar con los nuevos guerrilleros haciendo así de mediadores. Shoto asintió, invitando al hombre a hacerlo y pidiéndome que lo vigilara por su seguridad, pero Sohem se adelantó dejando claro que no sería posible un cambio real si no daba la cara por su propio discurso.

Tras esto, volvió a ponerse al frente de la muchedumbre que nos seguía para hablar con ellos, no sin antes indicarme con la mano que le acompañara. Mientras avanzábamos murmuré de manera sutil — Enemigos más atrás. — fui escueto y directo, sabiendo que incluso un hilillo de voz de mi boca llegaría a los finos oídos de mi jefe. Avancé con él mientras me concentraba de manera específica en las presencia ocultas más atrás y llevaba mi mano derecha cerca de la cintura, al lado de Saba, con los músculos tensos pero en una posición que no mostrara una amenaza si no espera.
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El jefe, de nuevo haciendo alarde de su afilada lengua, puso a los miembros de la guerrilla en jaque con sus palabras, diciendo que no volverían a pasar hambre a su lado y apelando a su humanidad para ponerse de su lado. Finalmente se giró hacia mí y, sin dejar de concentrarme como estaba haciendo, reforcé el discurso del jefe. — Este hombre de aquí — dije comenzando mi discurso y señalando con la mano abierta -la izquierda- a Sohem — es Sohem Burnedead. Líder del gremio de cazadores Magna. Es posible que algunos a este lado del océano hayan oído hablar de él pues su nombre ha resonado en un sin fin de islas. — continué desplazándome pasos de lado a lado hacia la masa, como si de un espectáculo se tratase y tuviera que interactuar con todo mi público. — Combatió y derrotó en su día a los infames Piratas Sticky en los Cabos Gemelos. Participó y ganó los juegos de Zarutsuki, el Shichibukai, en Skypiea, derrotando por el camino a grandes Marines y piratas. Entregó a la marina a miembros de una infame célula revolucionaria. Y hace menos de dos años detuvo en el archipiélago Sabaody al mismísimo Yonko Odki Murray en su ataque. — dije enumerando cada acto en el que Sohem había participado mientras alzaba uno a uno mis dedos, llegando a cuatro dedos levantados en mi mano izquierda. — Cuatro hazañas dignas de un líder y guerrero nato. Pero cinco son las necesarias para poder cerrar el puño y alzar un imperio, y esa quinta hazaña será destronar a Nitobo y devolver a Foodvalten su prosperidad. — dije mientras extendía todos mis dedos y los cerraba después con pasión y fuerza.
— ¡El lugar es vuestra tierra! ¡El momento es hoy! ¡El nombre de quién os devolverá vuestra gloria ya lo habéis oído... —


— ¡SOHEM BURNEDEAD! —

Grité con todo lo que mis cuerdas vocales permitieron, haciendo resonar mi voz por toda la zona y esperando que toda la muchedumbre se contagiara de mis palabras. Ahora podía desatarse el infierno o… dominar la isla sin una baja.


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#25
Con parte de la población de Foodvalten bajo el ala y protección del gremio de Magna, parecía que vientos de cambio soplaban a favor de la isla gobernada - hasta día de hoy - por el Emperador del Inframundo. Los infantes, ya desarmados, terminaron de tranquilizarse del todo gracias a las palabras del birkaniano que, gentilmente y con tacto, les imploró que se hicieran a un lado en el campo de batalla, buscando cualquier refugio y cobijo además de contarles a sus familiares y vecinos resguardados lo que acababan de presenciar. Con lo que Shoto no contó fue que, los niños debían compartir el camino hacia Ciudad Rupia con el resto de guerreros y que, mucho de los familiares de los menores de edad, se encontraban justamente ahora entre las recién incorporadas filas de Magna. Tomás, que seguía al lado de Shoto y que, como buen cotilla que era, escuchó sus palabras, optó por tomar la iniciativa.- ¿Sabes qué, pisha? Deja que un servidoh s’encargue. - Se ofreció, derrochando confianza, mientras posaba amistosamente su pequeña mano en la espalda de Shoto.- Una veh lleguemos a la siudad, como que me llamo Tomáh, los criajos estarán vivitos y coleando un día máh. - Le guiñó un ojo al birkaniano.- Y fíjese uhteh, que ha rimao’ y to’, ¡vaya arte que tengo! Ojú, shiquillo. - Añadió, con mucho salero, para seguidamente dirigirse hacia el grupo de infantes y, así, estar pendientes de su seguridad.

Al llegar a la entrada de Ciudad Rupia, concretamente a la avenida oeste de la ciudad, otro escuadrón más de defensa se hallaba taponando gran parte de la vía, esperando la llegada de quienes creían que debían ser los invasores de Foodvalten. Sin embargo, su promesa fue mayúscula cuando, junto a los tres completos desconocidos, familiares, amigos, conocidos y vecinos se encontraban junto a ellos, como si nada. Uno de los nuevos aliados de Magna, el hombre corpulento de cabellos dorados, quería aprovechar la cercanía que poseía con sus ahora enemigos para intentar hacerles razonar y, de esta forma, causar que se cambiaran de bando. Pero no fue así pues Sohem, asumiendo la responsabilidad propia de alguien que iba a tener bajo su jurisdicción una isla entera, dejó claro que no quería que aquel corpulento hombre actuara en nombre de ellos.- Está bien, señor Burnedead, lo dejamos en tus… - Inclinó ligeramente la cabeza, en señal de respeto hacia el enmascarado, interrumpiéndose a si mismo cuando pudo percatarse de la ausencia de uno de sus brazos.- Lo dejamos en vuestras manos. - Rectificó a tiempo, observando como, a las pisadas de Sohem se les unían las de su mano derecha, el apuesto peliblanco.

En ese momento, Sohem volvió a recitar otro discurso, uno que, si bien en la anterior ocasión le fue rotundamente de fábula, en este momento, su mensaje no llegó a calar de la forma que él mismo podía esperar. Quizás porque parte del escuadrón enemigo se hallaba consternados, al ver como su propia gente les había traicionado y abandonado a la primera de cambio, o quizás porque, al escuchar el nombre de Endongo, mucho de los presentes se quedaron confusos, sin saber muy bien a quién se refería, pudiendo escucharse murmullos que cuestionaban la identidad de esa misteriosa persona con la que quería acabar el enmascarado. A pesar de ello, casi el 50% de los integrantes del grupo guerrillero contrario, se sintió conmovido con las palabras del cazarrecompensas, sobre todo con la parte que mencionaba la parte de volver a sus orígenes y tradiciones. Aquel selecto grupo, entendió de primera mano que hablaba sobre eliminar y quitar de en medio a Nitobo. Al terminar de alzar la voz Sohem, con una frase que a más de uno puso la piel de gallina, las unidades enemigas no pudieron evitar mirarse los unos a los otros, confusos y sin saber demasiado qué hacer.- Mirah, criajoh, los peloh de punta, ¡várgame er señoh que talante! - Señalaba Tomás, con su zurda, su brazo derecho a los niños para que vieran el impacto que habían tenido las palabras de Burnedead en el mink.

Pero si Sohem había conseguido sembrar las dudas en algunos de los corazones de los residentes, sería el propio Viktor quién lograría hacerlas germinar, reforzando por completo su mensaje, acompañando el nombre del enmascarado a un sinfín - cuatro - de hazañas que no eran cosa menor, o dicho de otra manera, eran cosa mayor. Los más avispados y los que se sentían más atraídos hacia el carisma innato que emanaba el hombre del rostro oculto, conocían los nombres de Zarutsuki y Odki de tan sólo leer el periódico, o al menos cuando tenían el tiempo para hacerlo. Maravillados con aquella información, a algunos de ellos no les resultó luego complicado atar cabos y recordar el nombre de Sohem Burnedead gracias a algunos periódicos del pasado y, aquello, les dejaba una cosa clara y es que sus discursos no eran sólo habladurías. Creer y confiar en que aquella tríada de cazarrecompensas podían ser capaces de acabar con el despotismo de Nitobo y llevar a Foodvalten hacia un nuevo rumbo, era cada vez más sencillo. El último grito de Viktor, que aclamaba el nombre de su líder, reverberó por todos los cimientos de Ciudad Rupia, siendo audible casi en cualquier rincón de la urbe.

En unos segundos que parecieron hacerse eternos, alrededor de un centenar de los presentes, se arrodillaron ante las figuras de Sohem y Viktor, dejando de formar parte, de esta forma, del yugo autoimpuesto por el Emperador del Inframundo. Todos quedaron en silencio hasta que, una mujer pelinaranja de mediana edad, cargada con una espada y un escudo, alzó su mirada hacia el enmascarado.- Llevamos mucho tiempo… Esperando escuchar estas palabras, señor, esperando a que alguien apareciera para poder devolvernos lo que es nuestro, nuestras raíces, nuestra tradición y nuestra libertad. - La mujer, se levantó, sin desviar su mirada de quién ahora era su nuevo líder.- A pesar de haberos apuntado con armas, habéis decidido perdonar las vidas de nuestra gente, nuestras familias, nuestros amados... - Hizo hincapié en esa última palabra, dedicándole una mirada llena de complicidad al hombre musculoso de pelo rubio que, anteriormente, tuvo la iniciativa de mediar en lugar del grupo de Magna.- Eso os llena de honor, señor, y es por eso que hoy, no dudaré en alzar mi espada por usted. - Terminó de jurar, ante todos los presentes, terminando por subir el filo de su espada a lo alto, de forma solemne, al mismo tiempo que las 99 unidades restantes que habían sido convencidas por las palabras de Sohem y Viktor imitaban la acción de la mujer.-

Por otro lado, el resto de hombres y mujeres que no veían aún claro el cambio de bando, seguían permaneciendo en silencio, hasta que un hombre moreno de media melena , de unos 70 años, algo escuálido y con ropajes que le quedaban holgados, se interpuso.- Por favor, Gala, ¿quieres pensar bien lo que estás haciendo? ¿De verdad vas a dejar nuestro destino en manos de unos desconocidos? ¿No crees que si intentamos acabar con ellos, el señor Ilime nos recompensará generosamente? - intentó convencer el hombre a la mujer de cabellos anaranjados, causando que esta estallara de ira al escuchar las palabras del señor, hasta el punto de cogerle por el cuello de su ropa y alzarlo por encima del suelo.- ¡¿Pero tú te estás oyendo?! ¿Qué generosidad? ¿Qué recompensa hablas? - Chirriaba los dientes Gala, al mismo tiempo que apretaba aún con más fuerza las andrajosas ropas del señor mayor.- ¡Abre los ojos de una puñetera vez, papá! Desde que el señor… No, desde que ese vejestorio del tres al cuarto de Nitobo llegó, ¡nuestra vida ha sido un infierno! ¡Sólo hay que ver cómo están nuestros huertos! - Terminó de sermonear a quién parecía ser su padre, dejando que tanto él, como el resto de unidades que aún estaban de parte de Nitobo, se quedaran pensativos.


En esos precisos momentos, los Den Den Mushi negros que portaban tanto Sohem como Shoto, comenzarían a sonar, en señal de que los dos aparatos estaban captando una llamada ajena en su radio de acción.- Bzzzzt… Jefe, detecto a los tres intrusos junto a varios rebeldes, me apuesto 10.000.000 berries a que se te han amotinado. ¿Los abatimos? Bzzzzzzt… - Sonaba una voz masculina profunda y atractiva al oído.- Bzzzzzzt… Esos necios pusilánimes y traidores, ¡después de lo que he hecho por ellos! ¡Considérenlos despedidos! Además, ella ya está aquí, no hay de que preocuparse-yen… Gatcha… - Le siguió una voz más afectada por el paso del tiempo, áspera y ronca, a la par que algo aguda que, por el contexto de la conversación, podíais intuir que se trataba o de un alto cargo o del propio Nitobo Ilime.

Cinco segundos después de aquella llamada, lo que estaba siendo una conquista pacífica y diplomática, pronto se tornó en una lluvia y mar de sangre en un abrir y cerrar de ojos. El silencio de los Den Den Mushi, precedió al sonido de unas balas siendo disparadas a unos 60 metros de dónde se ubicaban los miembros de Magna, salvándose enteramente por la distancia, a diferencia de la línea más retrasada del, hasta ahora, escuadrón defensivo de Foodvalten. Más de un centenar de cuerpos agujereados y oliendo a plomo y a hierro se desplomaron inmediatamente al suelo, sin siquiera hacer una distinción entre los que habían declarado estar a merced de Magna o seguir protegiendo al magnate multimillonario, dejando claro que, quiénes habían realizado esta acción eran hombres sin escrúpulos, sin principios y sin valores.- ¡Esto es lo que le importamos a Nitobo, papá!.. Esto es... - Seguía recriminando Gala, sin poder evitar contener las lágrimas, mientras seguía sosteniendo a su padre por el cuello de su camisa, salvo por el detalle de que, el hombre anciano, había sido atravesado por una bala de sien a sien, dejándolo sin vida en el acto.

Muy a lo lejos, quienes tenían un buen oído podíais escuchar, después del tiroteo indiscriminado, a un puñado de personas imitando el aullido de un lobo al unísono. Habían llegado los lobos de Foodvalten, el grupo de élite de Nitobo.- Éramoh poco y parió la wela, ¡la mare der cordero! - Se llevó las manos a la cabeza Tomás, mientras se ponía delante de los niños para impedir que vieran tan dantesca escena y, a su vez, hacía de escudo humano.- Anda criajos, tirah para ese casoplón de ahí, ahí estaréis a sarvo, pishas - Señaló hacia una vivienda normal y corriente, situado a la izquierda del grupo, asegurándose el mink que todos se metían dentro sanos y salvos. Los infantes estaban ahora a salvo pero, ¿qué se supone que iban a hacer ahora con ese desastre?

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#26
A pesar de mi primera idea de que uno de los ciudadanos fuera el que resolviera la situación, Sohem decidió tomar cartas en el asunto realizando primeramente una pseudo irónica pregunta a lo cual asentí, no tuve ninguna queja, ya que una de las grandes virtudes era su capacidad de infundir inspiración tanto en los aliados como en los enemigos. Una cualidad que no todo el mundo tiene, el cual me incluyo. Tras tomar posición, volvió a realizar un discurso dialéctico antes los enemigos que teníamos más adelante, usando un futuro mejor basado en la armonía en vez de la hoz y el martillo, a lo que Nitobo les había acostumbrado malamente.

Viktor nos murmuró acerca de más enemigos, más atrás de los que teníamos delante, lo cual sería un problema, pero no le dio tiempo a mucho más tras el discurso de Sohem, para ello apeló a nuestra fama, unas frases recordando las grandes hazañas que el gremio había conseguido a lo largo de todos estos años... Piratas Sticky.. Skypea.. Odki y otras tantas batallas que no era necesario revelar, ya que se desconocían que hubiéramos participado ellas ... Marineford... Los guerrilleros que teníamos delante parecían estar más menos algo convencidos pudiéndose unir a nosotros. Además, contábamos con el mapache que cada vez que cada uno de nosotros realizaba alguna cosa por el pueblo se quedaba aún más extasiado.

Toda esta parte política cambio cuando una joven guerrillera se alzó a favor de nosotros, gente como ella en el mundo que vivimos eran totalmente necesarios. Haciendo que el resto del batallón la acompañara siguiendo nuestros ideales en contra de Nitobo. -
Hacedla caso, esa mujer es sabia. - Comenté a los locales que tenía alrededor mío. De pronto un hombre moreno bastante mayor que apenas podía sostenerse en pie, era bastante reacio a lo que podíamos aportar, de hecho era el padre de la joven. Quise meterme en la conversación, pero ya sabes eso de no metas la mano en una relación familiar o de pareja ajena porque puedes salir trasquilado.

De repente, mi Den Den mushi empezó a sonar de forma totalmente diferente. - Qué cojones... Este no es el tono habitual. - Dije mientras rebuscaba por mi gabardina para sacar la caracola de color negro, también pude escuchar que el Den Den Mushi de Viktor estaba sonado. Pose mi caracola sobre mi mano y el auricular me lo puse alrededor de la oreja, para poder escuchar mejor la llamada interceptada. La conversación era entre dos personas jactandose del pueblo de Foodvalten y de una orden directa. Las palabras resonaro por mi cerebro, sabían nuestra posición y no eran buenas noticias. Antes de que pudiera decir nada un silbido inundó el lugar *FIUUU* *PSHTTT* aquel abuelo cayó abatido directamente en las manos de su hija, después de eso una lluvia de plomo sacudió el lugar impactando en la guerrilla que teníamos delante de nosotros.

- A CUBIERTOOOOOOOOOOOOO

Grité a todo lo que mi voz daba. Las balas venían por la retaguardia de la guerrilla, es decir que nuestros enemigos están al final de esta calle. No fui del todo consciente hasta que escuche al mapache decir algo y llevarse las manos a la cabeza, estaba claro que las fuerzas de contención a las que nos podíamos enfrentar ahora sí que sí eran mercenarios. Sin esperar a que pudieran tomar cartas en el asunto el joven enmascarado y el albino. Extendí con fuerza mis alas, pocas veces se me había erizado la piel y las plumas, de hecho ese simple gestó pareció desplazar unos centímetros tanto a Tomás como a los locales que me rodeaban, sus caras estaban pálidas y llenas de miedo... -
Creo que es el mejor momento para utilizar esto.. - Lleve mis manos al bolsillo y con mi zurda agarré la totalidad de las canicas. No era necesaria puntería, sino hacer un ataque de racimo. Saque mi puño e hice un lanzamiento bombeado, a una altura de tres metros, para que las canicas no se dispersaran en su totalidad.

SOOOOOOHEMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

En cuestión de segundos ocho pequeñas canicas pulidas como la calva de un bebe estaban a la altura perfecta para ser bateadas, no hacía falta tener imaginación para saber que les iba a pillar la contra sorpresa. Este es mi poder y era perfecto.


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#27
Era normal que tras un discurso así hubiera dudas. No pensaba tampoco que pudiera convencer a todos los presentes a base de pura palabrería. Y seguro que había algún disidente que tendría que terminar en la fosa abisal de la isla por contrariar mi gobierno en el futuro, pero eso no era importante ahora. Lo importante es que, para los que pudiera granjearse su respeto y fidelidad, nosotros no podíamos atacarles. Podríamos defendernos, obviamente, pero no atacarlos de primeras. Así que el paso magnánimo de ofrecer nuestra ayuda y nuestra liberación ya estaba dado, y ahora era momento para que las gentes de este lugar eligieran un lado del tablero. Los que se quedasen conmigo tendrían el futuro en sus manos, y los que eligieran permanecer fieles a su dueño actual - porque yo me convertiría en su dueño por las buenas o por las malas - encontrarían la muerte si se interponían en nuestro camino.

Tras sus reacciones, divididas pero de las que - sumando a las personas que ya traía conmigo - se podría decir que ya contaba con la mayoría, me dispuse a terminar lo que había empezado — Pensadlo con tiempo — dije en voz alta — El que no quiera pertenecer al futuro que prometo, podrá marcharse sin problemas. Pero este no es el lugar ni el momento para dudar, pues esto se va a volver un verdadero campo de batalla, así que volved a vuestras casas y cuando traiga a Nifrodo frente a vosotros podréis decidir qué camino seguir — y esperé a que las personas empezasen a moverse o no, pero no pude hacerlo especialmente mucho tiempo pues, proveniente del Den Den Mushi negro diminuto de mi muñeca, dos voces que claramente podía percibir con mi agudo sentido del oído sin problema, mantenían una conversación en la que una persona aseguraba detectarnos y pedía permiso para abatir a las personas que venían con nosotros, recibiendo una autorización velada por parte de la segunda voz.
No había que ser un genio para saber que iban a atacar la zona en la que estábamos, y unos pocos segundos después un replicar de estallidos de pólvora inundó el lugar y provocó la caída de decenas y decenas de personas, indiscriminadamente, fruto del bombardeo de balas que habían regado el lugar.

Shoto llamó a la cautela pidiendo a las personas que estuvieran a cubierto, y mi vista si dirigió hacia el edificio del que, por simple recorrido balístico, había procedido la munición que estaba diezmando a mis peones, con cuatro palabras resonando en mi cabeza fruto de la conversación que acababa de escuchar: "Ella ya está aquí". Viendo aquella situación, y con esas palabras en mente rebotando sin compasión en mi cráneo, las comisuras de mis labios se ampliaron tocando las costuras de la cicatriz que atravesaba horizontalmente mi rostro materializando una deformada y grotesca mueca: Estaba sonriendo.
Era perfecto.


El hecho de que ellos hubieran atacado indiscriminadamente a todos, después de haber recibido por mi parte oratoria y buenas formas... después de haberles pedido que se retirasen para que estuvieran a salvo... después de el descontento general que el gato gordo que nos seguía nos había contado que sentía toda esta gente... Era sencillamente perfecto. Yo era el salvador y el bueno de esta historia, paradójicamente.
Y pensar en aquellas cuatro palabras recordando la información que se nos había dado sobre la Shichibukai contratada por el pez gordo escondido en el fondo de acuario, hacía comenzar a palpitar mi corazón sabiendo que íbamos a enfrentar a un rival especialmente digno. Era el momento perfecto para poner en práctica las cosas que habíamos aprendido y habíamos mejorado en estos dos años.

Shoto gritó mi nombre - ¿desde cuando no me llamaba jefe? - lanzándome un puñado de sus canicas extrañas al frente. Canicas fruto del poder de su Akuma no mi, que por cierto, seguía sin haberme pagado los 5 millones que me debía... Sabía de sobra que su habilidad consistía en comprimir cosas en esas canicas, y entendía por el gesto y la disposición de estas esferas diminutas qué era lo que quería de mi, estando su trayectoria entre mi cuerpo y el edificio del que había surgido ese mar de plomo.
Llevé la mano a la empuñadura de Ein Hauch y con un único y fuerte movimiento seco, lo saqué de mi espalda describiendo una parábola curva para impactar en las ocho esferas pequeñas y propulsarlas hacia delante, hacia ese edificio a sesenta metros de nosotros.
En el momento en el que el metal de Ein Hauch impactó contra las canicas, las destruyó al mismo tiempo que las empujaba en dirección opuesta a mi, haciendo que revelasen su contenido: Eran balas de cañón. Mi sonrisa no pudo si no incrementarse... ese chico era verdaderamente listo.

Mientras a lo lejos escuchaba el sonido de lo que parecía ser unos energúmenos imitando los aullidos de unos lobos, el silbar de las balas de cañón respondía recorriendo la trayectoria hasta impactar de lleno en la pared del edificio — ¡LARGO DE AQUÍ TODOS! — grité mientras mi brazo terminaba de moverse fruto de la inercia del golpe, obedeciendo Lustig el primero huyendo como el cobarde que era, hacia el pueblo, y tras mis palabras, el estruendo de ocho pesadas balas de cañón impactando contra la pared más adelante, provocando una destrucción colosal sobre la estructura.

Recompuse mi postura, aun sonriendo, protegido por la sombra de mi yelmo — Señor Evans — dije sin girarme para mirar a Viktor — Parece que hay una manada de lobos suelta por ahí que necesitan descubrir que hay un nuevo lobo alfa en la manada — dije haciendo referencia de las personas que había escuchado anteriormente, y haciendo una alusión a la forma animal de mi compañero — A por ellos — fue una orden clara y sencilla: Viktor se encargaría de esa supuesta guardia de élite del hombre que ocupaba mi sillón en el Bajo Mundo.
Tras esas palabras y esperando que Shoto pudiera valerse por si mismo, cargué el kanabo al hombro y comencé a caminar en dirección hacia el cráter que había creado en el muro más adelante.
— Creo que he llamado muy fuerte a la puerta — dije con sorna, ciego de emoción y completamente beligerante mientras caminaba.




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#28
El peligro era inminente y había asumido que la sangre mancharía el suelo de Foodvalten tarde o temprano, fuera por nuestra mano o por ajena.
La muchedumbre foodvaltiense comenzó a discutir entre sí, algunos dudosos comenzaron a soltar sus armas y otros apoyaron las palabras del jefe. Otros, sin embargo, decidieron que era mejor idea mantener sus convicciones y luchar por lo que consideraban su tierra y su líder. Temí por los pobres incautos que osaran ponerse en el camino del enmascarado hacia el trono del inframundo. Sohem pareció comportarse de nuevo como un verdadero líder y estratega. Su voz potente resonó de nuevo dando a los que dudaban la posibilidad de pensarlo. De, incluso, abandonar si no querían seguirle. Pero los encomiaba a acompañarle y marchar si no querían pertenecer al futuro que prometía. Al futuro que les prometía el gremio. Lamentablemente la pugna verbal dio lugar a una física cuando, el Den Den Mushi negro de Sohem captó una conversación lejana. Esto hizo que todos nos alertáramos en el área y, quizá los más experimentados, como Sohem y yo, en la batalla sabíamos que el lugar se volvería una carnicería inmediatamente. Ya había mejorado mis sentidos para poder detectar ataques, esperando que vinieran a por nosotros, mas la sorpresa fue cuando una salva de disparos ejecutados desde los edificios frente a nosotros dirigieron sus plomos a la gente de Foodvalten. Al tener mi Kenbunshoku medio activo, cuando las balas alcanzaron la zona de la muchedumbre pude percibir todas y cada una de ellas.


Los segundos se hicieron eternos mientras, con una evidente mueca de dolor y tristeza, cerraba amargamente los ojos y percibía cada bala acercándose a un hombre trabajador que había dado su vida y salud por la isla que lo vio crecer. A una mujer valiente que defendía a su familia y sus costumbres. La mujer que unos instantes antes intentaba convencer a su viejo padre de unirse a nosotros pudo observar como el hombre caía desplomado por un disparo. Una lágrima quiso caer de mi ojo derecho mientras mis carrillos se apretaban. El olor a sangre y plomo llenaba el ambiente como una nube densa que te permitía cortarla con una katana afilada. Fue entonces cuando Shoto, mostrando por primera vez en un entorno realista su poder de la Akuma no mi -la cual por cierto, no ha pagado aún- lanzó una serie de canicas a Sohem, gritando su nombre a pleno pulmón y consiguiendo la atención del jefe del gremio. Sohem por su parte, bateó con Ein Hauch las canicas, rompiéndolas en el proceso y proyectándolas hacia los enemigos a lo lejos, descubriendo así que las pequeñas perlas contenían balas de cañon que, desperdigadas hacia los tiradores, dejaron la zona hecha añicos mientras un sonido de aullidos resonaban a lo lejos.


Mis carrillos comenzaron a rechinar. Ya conocía la muerte, era una vieja amiga. Y había matado yo mismo, por trabajo, por venganza, por placer y por poder. Pero nunca por traición. Aquellos que traicionan a los suyos no merecen respirar. Poco a poco, cerca de Sohem, comenzaba a encorvarme y flexionar mis rodillas mientras mi piel comenzaba a taparse muy lentamente por pelaje blanco. Mis músculos se tensaban por la cólera y mis manos se cerraban poco a poco mientras garras afiladas brotaban de ellas. El frío a mi alrededor arrebató por completo el calor a aquellos que aún pudieran mantenerse a nuestro lado sin huir y, una simple orden fue suficiente para poner en marcha al Lobo blanco. “A por ellos." Como una centella, me lancé al frente, en dirección al suelo, transformándome en mi forma completa. Mi estatura se redujo y adopté la posición cuadrúpeda del Lobo blanco, comenzando a correr como alma que llevaba el diablo  con las fauces abiertas y salivantes entre los campesinos de Foodvalten, esquivándolos a todos como si supiera a donde ir de manera instintiva, como si llevara un localizador incorporado en mi presa y solo tuviera que seguir su rastro. Cuando pasé gran parte de ellos y alcancé la linea trasera salté poderosamente todo lo que pude mientras gruñía de manera ronca. En el aire observé el desastre producido por Sohem y Shoto, amplificando más y más mis sentidos para observar mi alrededor mientras aterrizaba y aullaba de forma amenazante a todo lo que mis pulmones permitían. Si quedaban “lobos” delante de mí, conocerían mis fauces. Ahora no tenía miedo. En mi mente solo estaba proteger y vengar a los caídos pues, si algo valoraba en la vida era la amistad y la lealtad y no soportaba la idea del hecho que acababa de presenciar. Era el momento de desatar al Lobo.

“No hay funerales para leones.”


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#29
Lo que aparentaba ser, a todas luces, una conquista diplomática y pacífica en un abrir de ojos, se tornó en una masacre sin escrúpulos, y no precisamente por parte de los invasores. Magna, que si bien gracias a las previas señales vía Den Den Mushi Negro, pudieron ser capaces de imagianarse la tragedia que les acontecía, no tuvieron ninguna oportunidad aparente de evitar la matanza realizada por los francotiradores que seguían las órdenes de Nitobo. Decenas y cientos de cuerpos sin vida yacían sobre una Foodvalten cuyos, habitantes, se encontraban incrédulos, confusos y sufriendo las irreparables pérdidas que acababan de sufrir, quedándose totalmente paralizados debido a todo ese batiburrillo de emociones.

Sin embargo, aunque ellos no supieran como maniobrar, los que se podían convertir en los salvadores de Foodvalten, después de todas las vivencias que habían experimentado, hacía falta algo más que un grupo de chalados armados para amedrentarlos. Los residentes aún con vida de Ciudad Rupia consiguieron al fin espabilar, ante las palabras de Sohem - habiendo pasado la advertencia del birkaniano completamente desapercibidas - quienes, en esos instantes, pudieron ver como el enmascarado que acababa de dar el discurso, parecía lanzar a discreción una oleada de cañones que terminaron por explotar irremediablemente en la fachada de uno de los edificios sobre los que estaban los “Lobos de Foodvalten”, aún aullando. Estos, que se encontraban sobre los tejados de varios edificios colindantes, ahogaron sus aullidos en gritos llenos de agonía y de dolor, que se extinguieron prontamente junto a las llamas ocasionadas por la explosión que abarcaría un radio de 10 metros desde el lugar de impacto no dando, por fortuna, a ninguno de los ciudadanos presentes. Una fuerte corriente de viento se levantó en las inmediaciones de forma omnidireccional debido al estallido, meciendo los ropajes de los tres cazadores de manera majestuosa, quedándose grabada en las retinas de muchos de los presentes la imagen de la solemne figura de aquellos tres héroes, contrastando con el rojo de las llamas que asolaban los edificios afectados por la explosión.

Por si fuera poco, la sorpresa de los residentes fue mayor cuando, la mano derecha de Sohem, antes de dirigirse hacia la zona del ataque, se transformó en un lobo blanco como la nieve, pudiendo sentir muchos de ellos en sus pieles la llegada del invierno conforme el animal cuadrúpedo avanzaba a través de ellos. Nada más alcanzar el lugar de los hechos, si las los edificios casi derruidos y pasto de las llamas no eran suficientes, el uso del Kenbunshoku Haki daba fé de que, dónde antes debían estar los asaltantes, no había ni rastro de vida, ni allí ni en las inmediaciones. Habían sido completamente aniquilados en la explosión ocasionada por las ocho balas de cañón.

Por su parte, una vez que entendieron que Foodvalten se iba a convertir en un campo de batalla, todos los ciudadanos buscaron refugiarse en las casas más próximas a la entrada de la Avenida Oeste. Daba igual si fueran su propia vivienda o no pero, en aquel momento, si podían existir alguna disputa entre los foodvaltienses, ahora lo que primaba era un sentimiento de unión ante un enemigo común: Nitobo Ilime. Incluso los que seguían reacios al plan de seguir el mandato de Sohem, si bien aún no confiaban del todo en él, decidieron echarse a un lado y resguardarse en dichas viviendas. Gala, la mujer pelinaranja, envainando su espada y guardando su escudo a sus espaldas, cogió a su fallecido padre a sus brazos y, tras asentirle a Sohem, entre lágrimas silenciosas, se retiró junto con el hombre fortachón de dorados cabellos.

Después de, alrededor un minuto, todos se resguardaron finalmente en los bloques más próximos a la entrada. Lo que podía ser una avenida y calle llena de vida, ahora solamente era parte de una ciudad fantasma, asolada solamente por el sonido del crepitar de las llamas.- Mejoh asín, evitamos muertes innesesarias, pishas. - Y por supuesto, por el sonido de Tomás, quién había decidido hacer caso omiso a las órdenes de Sohem.- ¿Qué? Ya sus dije que iba a muerte con vosotros. - Asintió, mirando tanto a Sohem como a Shoto - pues eran los que más cerca estaban de él - con chulería.- Si la espisho que sea por lushar junto a uhtedeh. Y si vivo, que sea para ver como se va el putero ese al corral de los quietoh. - Se frotaba las manos, mientras comenzaba a caminar por la enorme avenida.- Aún nos queda a los treh un tresho hasta la mansión, no como al otro pisha. - Finalizó, haciendo hincapié en reducir, lo antes posible, los 150 metros que le quedaban hasta llegar aún al final de la Avenida, y terminando por señalar a Viktor quién, estaba aproximadamente, a unos 90 metros de llegar hasta el punto en el que interseccionan ambas avenidas y, tras lo cuál, aún deberían recorrer otros 5 metros más hasta toparse con la valla de barrotes de metal que protegía la mansión y, una vez superado ese obstáculo, debían recorrer otros 5 metros hasta llegar a la fachada del edificio dorado. Por otro lado, si avanzaba 15 metros hacia delante, podía encontrarse un callejón - de unos 20 metros de largo - perpendicular a la Avenida Oeste que conectaba con la Este.

Por su parte, Viktor, quién era el miembro más adelantado en cuanto a posición, extendiendo a máximo alcance su Kenbunshoku, pudo notar, aparte de las vidas que se refugiaban en las distintas viviendas de Foodvalten, muchas otras ubicadas en algún punto del interior de la mansión. Si se paraba pacientemente a contar, sería posible para el cuadrúpedo y peludo animal, identificar a 250 auras rodeando a una última, no destacando ninguna de ellas por ser precisamente fuerte. De hecho, por las palabras mencionadas por en la transmisión del Den Den Mushi Negro, podía llegar a resultar extraño no llegar a identificar ninguna presencia que destacara por encima del resto. Fuera cual fuera la razón, a continuación, sería de vital importancia trazar un buen plan de acción para afrontar aquella situación o, las consecuencias, podían ser fatales pues, aunque ellos aún no lo sabían, la cazadora los tenía ya en su punto de mira.

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#30
Hace aproximadamente una hora,
No muy lejos de la isla de Foodvalten

Hacía un día espléndido, uno hermoso y óptimo para volver a isla Broc Coli después de haber estado tanto tiempo fuera alejado de mis compañeros de armas. Una vez más, la marina exigía mis servicios para exterminar con otra banda pirata de tres al cuarto que, con aires de grandeza, creía que por haber entrado en el Nuevo Mundo podían ser lo suficientemente aptos como para sobrevivir y ser los reyes del bambo.- Pobres infelices.  - Musité mientras le daba una calada a uno de mis cigarrillos, al mismo tiempo que rememoraba cómo acabé, con tanta facilidad, con aquella banda que la marina, tachaba, de ser potencialmente peligrosa.-No sirvieron ni para saciar mi aburrimiento-bang. - Exhalé el humo que había inspirado, azotándome este en mi cara al ir en contra del viento. Si esos panolis de verdad suponían un problema para la organización militar más grande del mundo,  es que la marina de verdad no era la gran cosa.

Lo que importaba es que, finalmente, volvería a reunirme con mis camaradas y participar en algún que otro de nuestros famosos concursos de pulsos o de bebidas.- Como lo echaba de menos-bang. - Pronuncié, con una sonrisa llena de picardía, aprovechando que no había nadie para que pudiera escucharme pues jamás admitiría delante de esos descerebrados que disfrutaba de su compañía. Por fortuna, sólo estábamos mi buen navío personal, Bala Laica, el océano y yo. Aprovechando que el barco avanzaba de forma automática gracias al mecanismo de paletas que llevaba incorporado, me recosté en él, asegurándome que, gracias al Eternal Post que apuntaba hacia Broc Coli, Bala Laica avanzaba en la dirección correcta. Apoyé mi espalda en el único mástil del barco y, extendiendo las piernas, me dediqué a contemplar el cielo azul y despejado que hacía. Conforme más pensaba en llegar a Broc Coli, las ganas de embriagarme con una buena cerveza me invadían más y más pero, por suerte, me había asegurado de provisionarme bien para el trayecto.- Empezaré sin vosotros, bribones. - Dije para nadie, pinzando con los dedos índice y pulgar de mi diestra el cigarro que aún colgaba de mis labios para tirarlo al mar y, seguidamente, agarrar con la misma mano una botella de cerveza que guardaba bajo mis piernas, en el interior de Bala Laica. Llevé la entaponada botella de cristal a mis labios y, de un fuerte y hábil mordisco, le quite la chapa, escupiéndola seguidamente hacia arriba y dejando mi otra mano abierta y mirando hacia el cielo, con un cálculo lo extremadamente preciso como para que, al caer y teniendo en cuenta el avance del navío, la chapa cayó de llenó en la palma de mi mano izquierda.- ¡Moahaha! ¡Jackpot! - Brindé entonces al aire para, seguidamente, darle un buen buche a la cerveza, mientras introducía la chapa en el bolsillo izquierdo de mi pantalón.- ¡Ahhhh! ¡Hay que ver que buena que está la cerveza-bang! -

Pensaba acompañar la cerveza con la hamburguesa que traía también conmigo pero, en el momento que menos me esperaba, mi Den Den Mushi Blanco empezó a sonar, esfumándose toda mi felicidad de golpe al pensar que, quizás, debía retrasar mi vuelta a Broc Coli. Dejé la cerveza bajo mis pies, con cuidado de que no se derramara y me aproximé el caracol que guardaba en mi mochila.- ¿Sí? - Respondí de forma tajante y borde, esperando a ver quién era la persona tras la otra línea, quien no tardó demasiado en revelar su identidad.- Wansot, soy yo, Nitobo-yen. - En el momento en el que escuché su nombre, quise pegarme tres tiros en los ovarios.- Te llamo porque necesito… No, ¡exijo que vengas ahora mismo a Foodvalten! Tenemos tres intrusos potencialmente peligrosos entrando en la isla y con la intención de arrebatarme mi vida y, peor aún, ¡mi dinero-yen! - Podía notar como intentaba sonar lo más calmado posible ese carcamal, aunque sin mucho éxito. Podía oler el nerviosismo y el miedo desde aquí.- ¿Qué pasa? ¿Acaso tu manada de lobos no puede encargarse de tres conejos o qué-bang? - Dije con sorna, bien sabía que a lo que él llamaba como “grupo de élite”, no dejaban de ser unos aficionados del tres al cuarto. Yo misma, con seis años de edad, ya empuñaba mejor un arma que esa panda de desgraciados.- No son intrusos cualquiera, Wansot, se trata del gremio Magna, te suena, ¿verdad? - Llevé mis ojos hacia el cielo, recordando alguna que otra noticia que había salido en los periódicos. Si la memoria no me fallaba, se trataba de un grupo de cazarrecompensas uno que, particularmente, había estado en el ojo del huracán de varias batallas que, en lo personal, me habría encantado tomar parte. Esbocé una sonrisa. Esa gente de Magna, podían ser verdaderamente fuerte.- Los ubico, sí. - Pasé a erguir la mitad superior de mi cuerpo, siguiendo aún sentada sobre Bala Laica  y agarré con firmeza el receptor del Den Den Mushi.- Voy para allá, llego en nada. - Sentencié, con un semblante algo siniestro, para terminar de colgar la llamada.

Sólo de pensar en que podía encontrarme a alguien que saciara el aburrimiento que mi misión anterior no fue capaz de hacer, hizo que se me abriera el apetito. Y para que mentirnos, el dinero que proporcionaba Nitobo, era suficiente como para alimentar a toda Broc Coli durante un mes entero.- Es hora del picoteo. - Anuncié para nadie, introduciendo mi mano derecha en uno de los bolsillos de mi lado derecho dónde guardaba mis municiones, sacando una bala para, a continuación, introducirla en mi boca y comenzarla a saborear. No había nada que me produjera más placer que sentir el sabor de las balas que terminaran por sesgar la vida de mis presas. Seguidamente, con la diestra de nueva, saqué un trozo de papel que llevaba siempre conmigo, un trozo de papel que se movía tenuemente hacia la dirección sureste. Se trataba de una Vivre Card que apuntaba siempre hacia dónde se encontraba Nitobo.- Genial. - Pensé, pasando a tocar con la palma de mis manos, los dos laterales de Bala Laica para, acto seguido, hacer uso del poder mi akuma no mi. Tras eso, en un abrir y cerrar de ojos, las paletas que giraban a una velocidad prudente pero constante, incrementaron exponencialmente su velocidad de giro, propulsando de esta manera al navío con una celeridad de vértigo. Después de haber utilizado mis poderes, me puse de pie con cuidado y, utilizando mi fuerza y equilibrio, redirigí el rumbo de Bala Laica en la dirección que la Vivre Card señalaba.

Minutos más tarde, finalmente, me topé con la rocosa y gigantesca pared de 800 metros de alto, ubicada en la zona norte de Foodvalten, desactivando los poderes de mi fruta para que la velocidad de giro de las paletas volviera a ser normal. Si bien, se podía subir o por el ascensor de la zona sur, o escalando en plan suicida, lo que mucha gente desconocía es que existía una forma secreta de acceder al interior de la isla. Un acceso que sólo las personas de confianza de Nitobo conocían y, para bien o para mal, yo era una de ellas. Tras ser identificada por un Den Den Visual anclado a la pared de la isla, una compuerta de 20 metros de alto y 50 de ancho - camuflada para parecer ser parte del acantilado - se abrió, llevándome a un muelle secreto que estaba justamente ubicado bajo la mansión de Nitobo Ilime. Habiéndome adentrado en él, me aproximé con el navío a la pasarela, desembarcando de un salto, no sin antes asegurarme que lo tenía todo conmigo. Primero, mi amado White Lake, colgando a mis espaldas que, junto a mis dos pistolas, enfundadas cada una en un hombro, hacían un combo letal. No podía olvidar a mis tres dagas, envainadas en la parte trasera de mi pantalón, cerca de mi glúteo derecho. Por supuesto, iba cargada hasta las trancas de munición, llevando en el lado derecho todas las balas o bien compradas, o robadas, o creadas con mucho mimo por mí. Me aseguré también de que no dejaba atrás mi sello de oro o mi colgante especial, así como mi hamburguesa - aún sin comer - y mis Den Den Mushis, quedando la comida y los aparatos de comunicación guardados en mi mochila. Una vez supe que lo traía todo conmigo, decidí hacer uso al máximo de mi capacidad de infiltración, llegando a borrar incluso mi propia presencia de todos los usuarios del haki de observación. A excepción de lo que habían podido ver por el Den Den Visual, no quería ni que el mismo Nitobo supiera dónde estoy ni a dónde voy. Si ni mis aliados sabían dónde estaban, menos probable era que lo supieran mis presas.




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Habiéndome desplazado sin que nadie me detectara, finalmente, terminé de alcanzar el lugar óptimo para dar rienda suelta a mi poder. Extendí, en esos precisos momentos, mi Kenbunshoku Haki hasta 200 metros de radio y, allí pude sentir, de entre los cientos de personas que se aglomeraban cerca de la entrada de Ciudad Rupia, tres presencias notorias destacando, sobre todo, dos de ellas que parecían estar casi a la par en cuanto a poder. Una de ellas, de colores rosados, estallaba como un volcán en erupción, como si de un propio desastre natural se tratara. La otra aura, en cambio, rugía con colores más fríos, no denotando la misma agresividad, pero no por ello con menos poder.- Esto va a estar entretenido-bang - Me dije a mí misma, mientras seguía saboreando la bala que hace ya un tiempo me introduje en la boca. Comencé a sacar a White Lake, junto a White Depth y White Shore, ensamblando entre sí cada una de las partes,dotando así de una mayor precisión y alcance a White Lake y convirtiendo, así, mi arma predilecta en una auténtica máquina de matar.

Una vez que tenía ya finalmente montada a White Lake, una explosión de unos 10 metros de radio azotó algunas de las viviendas próximo a la mitad de trayecto de la Avenida Oeste. Una explosión así, tan sólo pudo hacer que mi sonrisa se intensificara. Me coloqué en posición de tiro, llevando la culata del arma a mi hombro derecho y sosteniendo parte del cañón con mi mano izquierda. Enfoqué mi mirada hacia el cristal de White Depth para, finalmente, poder observar la figura de un lobo albino corretear hasta alcanzar el lugar de la explosión. A juzgar por las posiciones de las presencias, ese lobo debía ser aquel con el aura de tonos más calmados. Reí nasalmente de sólo pensar lo bien que quedaría su cadáver o su piel desollada como alfombra en mi piso franco de Broc Coli. Había llegado la hora de la caza.

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