[EVENTO LOCAL - MAGNA] - El camino a ser el más fuerte del mundo
#71
Sohem parecía tener a punto todos los preparativos para iniciar su plan, aquello que pretendía hacer con ese Den Den Mushi Visual no sin antes que, el más débil de los tres miembros del gremio de cazadores, pusiera pies en polvorosa para salir del despacho. A saber que iría a hacer aunque, realmente, poco me importaba. Sentía más curiosidad por lo que estaba a punto de suceder... Pero ya sabéis el dicho: "la curiosidad mató al gato".

El que suponía que era la mano derecha del gremio - el peliblanco al que dirigí toda mi ofensiva anteriormente - agarraba el Den Den Visual que, dirigido hacia mi, grababa tanto al tenryuubito como a mi paralizado y desnudo cuerpo. Cuando se inició la transmisión, el artífice de toda esta escena saludó de manera escueta para, seguidamente, ponerse en cuclillas hacia mi, no pudiendo ser capaz ahora de apreciar su rostro al portar la misma máscara agujereada con la que se le conocía globalmente, susurrándome que, a pesar de esperar algo más de una Shichibukai, mi figura iba a servir para instaurar algo que el llamaba como "la nueva orden mundial de su imperio". Con gente ahí fuera, con una fuerza aún más extraordinaria que yo, como los propios Emperadores del Mar, o sus comandantes, sin necesidad de ir tan lejos, me gustaría saber como de lejos llegaba con ese imperio suyo. Por otro lado, en el otro lado de la llamada, podía distinguir las voces llenas de incredulidad y confusión de mis camaradas, no pudiéndose creer que alguien como yo haya acabado en una situación como esta.

Mi mente divagaba en esos pensamientos cuando, el enmascarado, se volvió a poner de pie, musitando dos sílabas que, gracias a mi color de la observación, pude leer en su aura que se avecinaba un peligro inminente.- Garrotazo en la cabeza-bang... - Me dije a mi misma, preparada para imbuir la parte frontal de mis ojos y nariz con mi busoshoku y, así, reducir al máximo posible el daño del ataque. Sin embargo, la velocidad del ataque era mayor a lo que podía esperar, impactándome de lleno en la zona que pensaba defender con el haki de armamento y llenándome de un dolor sin igual tanto en mis ojos como en mi nariz, sintiendo como tanto huesos como vasos sanguíneos se rompían y reventaban en mi interior.- Ughhhhh - Dejé escapar un leve gemido de dolor, aguántandome las ganas de chillar por la angustiosa sensación, para no darle la satisfacción al hombre de la máscara. Mi cabeza, del golpe, se estampó de lleno contra el cristal de la mesa que me servía de apoyo, fracturándola irremediablemente y, seguidamente, cayendo al suelo por la brusquedad y brutalidad del ataque.

La sangre que brotaba sin cesar de mi nariz no me dejaba respirar con propiedad mientras que, la de salía de mis ojos, hacía que todo lo viera emborronado y de color rojo, no siendo ni capaz de ubicar con propiedad la figura del cazador.- Moahehe... Ese no ha sido mal... - Quise reírme con cierta mofa del anterior ataque de Sohem cuando, un segundo golpe que no pude ni ver ni sentir, se estampó contra mi cabeza, haciendo que mi consciencia se desvaneciera por completo, al igual que lo hacían tanto los sesos, huesos y sangre de mi craneo y cabeza, que se esparcieron por toda la habitación y tiñeron de todo - a excepción de la allfombra sobre la que me situaba - de rojo. Ojalá haber podido ver los caretos que se le ponían a mis compañeros de armas.

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#72
- ¡ERMESIO! - Me encontraba en mi mesa de mando, haciendo piezas, últimamente no me dejaban pintar mucho por unos achaques a la espalda o quizá porque vandalicé toda una base del west blue con pintadas de Ryu Nanashi “EL DRAGÓN”. Bueno yo creo que es más por la espalda, a todo el mundo le encanta como dejo las paredes después de unos buenos graffitis - ¿Dónde están mis gafas? - 

- Me llamo Armando, señor - Dijo mi nuevo ayudante Ermesio.

- ¿Y yo que he dicho? - 

- Ermesio - 

- ¿Y como te llamas? - 

- Armando - 

- Pues entonces no me he confundido ¿no? -

Un silencio algo incómodo se instaló en la sala de mando, aunque yo no me sienta incomodo, estoy en mi sillón con piedras volcánicas en las lumbares calentadas con el fuego de mi llamas, más bien para él. Ermesio me observa como si estuviera loco. 

- Sus gafas las tiene en la cabeza, señor - 

- ¡La dragona que me… ! - 

Pero mi frase fue cortada antes de que la finalizara. Mientras que el Den Den visual de mi despacho empieza a emitir señal. Con un leve movimiento bajo las gafas y me fijé bien en quién osaba llamarme. 

- ¿El mercenario? - me pregunté a mi mismo mientras este no paraba de hablar. Como siempre actuaba como si el mundo fuera suyo... Espere a que finalizase su ristra de peticiones y respondí.

- ¿Ya? - Le pregunté cuando terminó - ¡La dragona que me parió! Que mala suerte la mía, pensé que te habías muerto... Dos años sin saber de ti... Uno se hace esperanzas ¿Sabes? - Chisté sonoramente con la lengua. Pasé de él para dirigirme al gordo financiero, bueno exgordo financiero ahora por lo visto - Nitobo, que no se te olvide que me debes medio millón de berrys de última partida de Mus, que esto no te sirva como justificación - dije al rechoncho mientras le levanta el dedo amenazante - Así qué... Renata ¿ha muerto? - volví a retomar la conversación - Bueno, un perro menos al que alimentar - dije con frialdad, esas cosas que denominaban Sichibukais no eran más que perritos que lanzar cuando yo no quería hacer mi trabajo o no quería que mi muchacho el foking boss de los bosses Tucrow aka el goat de los goats se manchara las manos - Una pena. Pero claro, al haberla matado tendrías que tener una recompensa ¿No creéis? Aunque entre unos favores y otros puedo hacer al muchacho ocupar su puesto y olvidar eso de la recompensa claro está, hasta que deje sus funciones como Sichibukai... No sé que pasa últimamente en el Nuevo Mundo, están las cosas un poco "descontroladas". Así que sí, sin ningún problema, será todo un honor. - Dije mientras asentía a Ermesio para que cortase la llamada, cerrando así las comunicaciones con los mercenarios.

Suspiré profundamente y me levanté de mi asiento, no había tiempo para hacer más bocetos de futuros graffitis, desgraciadamente tenía que trabajar.
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#73
La manera en la que el nuevo Emperador del Inframundo había echado a volar los sesos de la ex-shichibukai por todo el despacho, era algo que no había dejado indiferente a nadie. Por un lado, los miembros del grupo 66, comandados por la tiradora, quiénes estaban al otro lado de la llamada del Den Den Visual, aún estando acostumbrados a las inclemencias de la guerra y poseer un estómago de hierro en lo que se refería a ver vísceras y órganos tendidos por el suelo, su silencio sepulcral, casi más por no entender lo que estaba sucediendo a porque estuvieran realizando un ritual por la muerte de su líder, inundaba la sala sin olvidar, por supuesto, las palabras posteriores del enmascarado. Ir hasta Foodvalten a cobrarse su venganza, en un plazo máximo de tres días, o esperar a que fueran ellos mismos los que fueran hasta su base en Broc Coli a, posiblemente, exterminar con aquello que aún quedará atado y recordará a la líder del grupo 66. Por su parte, Nitobo, con algo más pudor que el grupo anterior, se llevaba las manos a la boca, evitando vomitar, mientras veía con chorreones de sudor cayendo por su frente.- La mesa de diamantes... Os la habéis cargado-yen... - Fue todo lo que dijo al respecto, al verse completamente afectado por como una reliquia y joya sin igual se había visto afectada por el derroche de violencia de Sohem.

Tras la pacífica llamada al grupo 66, siguió una más pero, esta vez, a una eminencia en lo que respectaba del lado de la justicia. Una figura y símbolo de paz, que había luchado por el bienestar de la seguridad y Gobierno Mundial y que, además, se encontraba bajos las órdenes directas de Tucrow, siendo este el zoodiacool que representaba al dragón de su equipo de élite. Al ver y escuchar al marine hablar, Nitobo comprendió que, desde un inicio, lo suyo no tenía ninguna salvación pues, aunque de forma indirecta, la propia marina estaba de parte de este atentado e invasión realizada por el grupo de Magna, al no catalogar como este incidente como un crimen.- Y aún me pedirás dinero cuando erás tú el que me lo debe, viejo demente-yen. - Señalaba con el índice de su mano derecha, algo alterado, hacia el Den Den Visual. Si de los 100 millones de berries, encima tenía que ceder medio millón por culpa del Alzheimer del vicealmirante, lo llevaba claro.

No obstante, la verdadera razón que atañía la presencia de Ryu Nanashi, no era para que Sohem se cerciorara de que éste cumplía con la parte de su trato, limpiando cualquier rastro de crimen realizado en Foodvalten, sino para hacer de su mano derecha, uno de los Siete Guerreros del Mar, un Shichibukai que reemplazara el puesto que había dejado vacante la "decapitada" Ren Wansot. Ante esta oferta, siguiendo con el favor que aún le debía al enmascarado y que sobre el Nuevo Mundo se cernían vientos de cambios, el vicealmirante aceptó sin dudar la inclusión del peliblanco en el programa del Ouka Shichibukai, haciendo de esto una nueva dupla de un Emperador del Inframundo junto a un Guerrero del Mar que podía recordar - salvando por mucho las apariencias - a lo que solían ebocar el dúo de Nitobo Ilime y Ren Wansot.

Con todos los trámites finalizados, y con Sohem como dueño del distrito financiero y Viktor convirtiéndose, a su manera, en un perro intocable del Gobierno Mundial, tan sólo quedaba que, el magnate cienmillonario recogiera y empacara lo previamente acordado para salir de Foodvalten, rumbo a un destino mejor.- Caballeros, si me permiten... - Comentó, cogiendo uno de los filos de la alfombra, impregnado en sangre, y enrollándolo en dirección hacia dónde se encontraba el cuerpo de Ren Wansot. Al dejar completamente al descubierto el suelo, se reveló una trampilla de madera bajo esta, de un tamaño de 2x2 metros.- Tendréis que conocer cada rincón de vuestro nuevo hogar, ¿no es así-yen? - Ahora estaba en su decisión si confiar en el ex-Emperador o no dejarle hacer su movimiento.

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#74
Me encontraba en el pasillo central de aquella mansión, por principios morales había rehuido las negociaciones que pretendía Sohem tener junto con Viktor, acometí perfectamente la orden de abandonar la sala cuestionándome si todo aquello que hacíamos entraba dentro de la moralidad, fue entonces recapacitando por aquella mansión con las manos en la espalda que ya viví una situación muy parecida con Erika, fue necesaria la masacre de civiles en aquella máquina gigante, ahora es la misma casuística, salvo por la diferencia de que esta vez sí que hemos podido salvar a los civiles. Los grandes discursos enalteciendo la libertad y el orgullo nacional de la isla parecían más a lo que los revolucionarios hacían a lo largo y vasto mundo que a nosotros un gremio de tres personas. - Solo espero que esto no nos adormezcamos y nos convirtamos en Nitobos.... - pensé mientras seguía paseando con las manos en la espalda.

A medida que caminaba en círculos, pensando en que gastar el tiempo, aquella mansión carecía de ruido, supongo que en algún momento a lo largo de estos años, está casa estaría llena de personas viviendo o simplemente cumpliendo su jornada laboral aquí, así que como no hay nadie a la vista, porque no investigar algo más lo que será nuestra próxima base de operaciones. Paré en seco y volví sobre mis pasos recorridos y pude recordar con precisión tanto el comedor como los baños, además de la librería, así que quién sabe que más quedaría por rebuscar. - Al final me va a salir el alma de chatarrero al paso que vamos... - Más que un científico, un pelador de cobre profesional.... - dije con cierto tono irónico Intenté buscar información gráfica sobre algún tipo de plano de la vivienda, pero quién iba a tener un plano de su vivienda en la casa. - Totalmente ilógico y prescindible. - pensé. Allí tenemos el comedor, no vamos a sacar más de allí, en cambio, en el otro lado tenemos el baño. Tampoco se me ha perdido nada allí, así que porque no voy a la habitación más cercana del pasillo izquierdo...

Seguí avanzando hasta que alcancé la puerta, ya que no había recibido ningún tipo de orden más, tenía todo este tiempo para mí y mis distracciones. Por otro lado, si es necesaria mi presencia no me tengo que preocupar, ya que bueno, o me llaman a gritos a través de un den den Mushi o simplemente el pelo albino me rastreara o con su olfato o con su haki, quién sabe... Posicioné mi mano en el picaporte de la misma y lo giré esperando que no hubiera enemigos al otro lado. Y si quedaba algún enemigo no creo que se atreviera a hacer ningún tipo de locura. Al abrirla apenas se podía ver nada más allá, ya que se trataba de un almacén. - Ou mama, a ver qué tesoros nos podemos encontrar dentro de este sitio. - Dije en un tono irónico con una sonrisilla en la boca mientras me frotaba las manos.


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#75
Y se apagó. Conforme la energía vital de Ren se apagaba, la noticia de mi ascenso al puesto de Shichibukai, la calma volvía Foodvalten. Sohem había hilado todo lo fino posible para que no solo él se volviera poderoso, si no asegurarse una mano derecha en una posición privilegiada. El vicealmirante Nanashi había confirmado mi nombramiento, que a saber cuando sería pero poco importaba, y con eso, nuestra aventura en Foodvalten casi llegaba a su fin. Mientras Nitobo trataba de ganarse algo de favor de Sohem, yo me movía hacia la puerta lentamente. El viejo ex-dueño del distrito financiero estaba mostrando al nuevo ocupante del cargo una trampilla bajo la alfombra manchada de la sangre de la ex Shichibukai. Tras esta, una trampilla de varios metros se descubrió y él anciano intentó mostrar algo a mi jefe. Lamentablemente, creo que el pobre hombre no tenía en cuenta que las cosas podían no ser como el quisiera a partir de ahora. — Ja. — reí satíricamente mientras llegaba a la puerta. — Voy a por el chaval… — dije mientras abría la puerta asumiendo que no habíamos terminado ahí — ¿Nos reunimos en la entrada? — pregunté sin esperar respuesta, mirando a Sohem y asintiendo para acto seguido salir de la estancia. Activé mi kenbunshoku para abarcar toda la sala, identificando así a Shoto y dirigiéndome hacia su posición. La casa, vacía y sin vida, ahora era un remanso de paz y silencio casi incómodo. Los pasos sonaban amortiguados en las alfombras y los ecos rebotaban en las paredes que antaño sujetaban cuadros con los dibujos del magnate.

Al alcanzar a Shoto, llegando por su espalda, a unos metros silbé largo y agudo. Cuando este se giró, indiqué con mi cabeza que me siguiera y comencé a moverme hacia la puerta de la mansión. — Queda trabajo por hacer. — dije mientras esperaba que me siguiera. Al llegar a la puerta principal, esperamos con esta cerrada, dentro de la casa, a que Sohem apareciera. Apoyado con la espalda sobre el marco derecho según salías de la mansión, crucé mi mano izquierda sobre el pecho y agarrando la sangradura del brazo derecho para, con al diestra, sacar mi libro y comenzar a leer para amenizar la espera. No había pasajes para días como este… pero ya se me ocurrirá algo.


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#76
Habría jurado que había hecho un montón de cosas y Shoto no había interferido, pero, finalmente si. Resultó que antes de comenzar con todo el teatro y la expectación con Ren Wansot, él me había dado una de las pistolas. Nunca supe cómo lo hizo.

El Vicealmirante Kakashi pareció de acuerdo, y esperaba que se reuniese con nosotros aquí en dos días, como le había pedido. Necesitaba que validase este legado administrativo de cara a ojos de la marina y que por supuesto, nos entregase la documentación que acreditaba a Viktor como Shichibukai. Era una forma de darle el poder que yo mismo no podía ejercer, pues acabar formando parte de los Shichibukai haría que, aparte de estar privado de mi libertad parcialmente, tarde o temprano tuviera que acudir a alguna institución controlada por el Gobierno y no me apetecía tener que enfrentar ciertos demonios. Y eso prefería que lo hiciera Viktor... así estiraba las piernas y no se aburría en la isla pensado demasiado.
Pero ser Shichibukai además de las responsabilidades traía beneficios, y yo quería esos beneficios, como que te pasasen por alto todo crimen o tener impunidad en tus actos, acceso a instalaciones gubernamentales, y estar bajo la protección de la Marina en caso de conflicto a escala... era algo que sin duda deberíamos aprovechar bien. Si yo controlaba uno de los sectores del Bajo Mundo, y Viktor formaba parte de los Shichibukai, sólo necesitabamos que Shoto consiguiera ascender en la Asociación Neurona - cosa que podría hacer muchísimo mejor con nuestros cargos - para que tuviésemos controlado gran parte del Nuevo Mundo, de forma indirecta.

— Perfecto — dije después de que se colgase la llamada del Den Den Mushi, y vi cómo Endongo movía la alfombra manchada de sangre para revelar una trampilla que daba acceso a un paso secreto, mientras nos invitaba a conocer cada rincón de este sitio — Qué considerado de su parte — dije sonriendo oculto por el casco — Pero me parece que tendremos tiempo de sobra para encontrar y descubrir los sin duda fascinantes secretos que aguarda esta preciosa casa — añadí, mientras Viktor reía y se dirigía hacia la puerta, diciendo que iría a por Shoto y nos reuniríamos en la puerta — Claro, cinco minutos — le respondí y pasé a centrar mi atención a Milongo de nuevo.

— Recoja el dinero que le he permitido llevarse y vámonos — dije con autoridad pero con tono amable — Como le dije, lo escoltaré yo mismo hasta un lugar seguro — añadí, dándole una sonora palmada en la espalda de forma amistosa — Ahí fuera todo es un peligro ¿sabe? ¡¡wryyy ha ha ha!! No estará más seguro en unas manos que no sea la mía — finalicé, esperando a que recogiese sus ganancias.



Para cuando hubiera guardado su dinero y estuviese listo para partir, abriría la puerta del despacho y me dirigiría con Minodo hacia la puerta principal, esperando encontrarme allí con Viktor y Shoto para poner rumbo hacia el pueblo y de ahí hacia el puerto — No se separe de mi y todo irá bien ¿entendido señor Gilopo? — pregunté al anciano de forma retórica mientras le tendía el brazo por encima de los hombros en gesto de camaradería estrecha, cruzando el umbral del portón principal y dirigiéndonos hacia la ruta establecida, los cuatro nuevos amigos.

Las ideas de expansión que tenía para este lugar iban a requerir de mucho dinero - el cual acababa de conseguir - y mucho trabajo - el cual tendría que contratar, por lo que sería a su vez mucho trabajo también - y algo de tiempo para que acabasen dando sus frutos, pero estaba seguro de que en menos de un año toda la maquinaria del sueño que había estado danzando en mi cabeza estos últimos quince años se cumpliría. El imperio que soñaba, iba a tornarse realidad. De hecho, acababa de comenzar este mismo día.





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#D86700
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#77
Queriendo mantenerse ajeno de cualquier acto de dudosa moralidad en el que pudieran ser partícipes tanto Sohem como Viktor, el ingeniero y cabecilla del gremio, o mejor dicho, Imperio de Magna, deambulaba por el pasillo central de la Mansión del Botín, escudriñando cada rincón de la misma, al mismo tiempo que lo hacía con sus pensamientos, no pudiendo evitar pensar en épocas pasadas, ya vividas con la que otrora fue su amiga y compañera, Erika. Sería en esos instantes que, el birkaniano, daría con una sala de 5 metros de ancho y 5 metros de profundidad, alejada de la ostentosidad del resto del edificio. Las múltiples estanterías, repletas de archivadores y pilas de hojas amontonadas, daban a entender que, aquel lugar, debería tratarse de un almacén en el que se recolectaba algún tipo concreto de información. Sin embargo, antes de que Shoto pudiera investigar nada y arrojar algo de luz con su vasto conocimiento, un silbido interrumpió aquella posible acción. Viktor Evans que, a falta de hacer oficial el nombramiento, ya era uno de los Shichibukais, fue a por el chico de los cabellos puntiagudos para informarle de cuál sería el siguiente movimiento, yendo, en esos momentos hacia la puerta principal para esperar a su líder junto al ya jubilado Nitobo.

Por su parte, el nuevo Emperador y dueño del Distrito de las Finanzas, Sohem, ante la sugerencia de Nitobo de ir a investigar lo que aguardaba aquella trampilla, se negó en rotundo, invitándole a que recogiera su dinero para, acto seguido, salir del ostentoso edificio, camino al puerto por el que ellos mismos ascendieron.- P-pero... Mi barco lo tengo en el muelle privado, bajo esta trampilla-yen. - Aclaró, señalando con una de sus manos el portón de madera, siendo inevitable para él ver de reojo el cadáver sin cabeza de la que en épocas mejores fue su guardaespaldas. Un sudor frío cayó directamente de su frente, cayendo en la cuenta de que, si se negaba a sus peticiones, y sabiendo que ya tenía lo que él quería, no le costaría nada acabar con su vida en un simple pestañeo. Ante esto, Nitobo suspiró.- Está bien-yen... - Accedió, finalmente, volviendo seguidamente hacia su escritorio diamantado, completamente volteado y casi fracturado, abriendo uno de los cajones que, debido a su nueva posición, debía abrir desde arriba, no pudiendo llegar adecuadamente debido a su baja altura.- Berries y retruécanos... - Farfulló, subiéndose a su mullida silla para, de este modo, alcanzar el cajón, abriéndolo seguidamente y encontrarse un buen fajo de dinero allí mismo.- Siempre me gusta tener algo a mano-yen... - Comentó, mientras comenzaba a bajarse de la silla, moviendo billete tras billete mientras contaba la cantidad que había en aquella increíble pila verde de billetes.- 10 millones... 20 millones... 30 millones... 40 millones... 50 millones...60 millones...70 millones...80 millones...90 millones...100 millones...110 millones...120 millones... Y 130 millones-yen. - Terminó de contar, dirigiéndose a Sohem, cediéndole todo el montón al hombre enmascarado.- Puede contar si quiere que está todo el dinero y, por supuesto, quedarse con los 30 millones que sobran-yen... - Jamás pensó que se oiría a él mismo decir que alguien ajeno a su fortuna podría quedarse con su dinero.- En estas ocasiones, desearía que existiera un billete de 100 millones de berries-yen. - Comentó, dirigiéndose hacia la puerta que daba hacia la salida de su despacho.- Sí está todo en orden, puede acompañarme al muelle, señor Burnedead. - Agarró el picaporte de la puerta, mirándole de reojo.- Espero que cumpla con su palabra-yen. - La abrió, saliendo de ella y dirigiéndose, así, hacia la puerta principal de la mansión.

En un cielo completamente despejado, al salir del edificio, podíais ver como el sol, en aquellos momentos, se encontraba ya alejado de su cénit, indicando que debía haber trascurrido ya varias horas desde que pasó el mediodía. Una vez reunidos los cuatro, tomaríais el camino recorrido, el de la Avenida Oeste,  para llevar al anciano magnate hacia el lugar de su partida. Aunque quería confiar en que, el nuevo heredero de su fortuna, cumpliría a rajatablas con la promesa que le había hecho con su protección, Nitobo Ilime no podía evitar de encontrarse inquieto, dedicando miradas furtivas y nerviosas a cada rincón de la ciudad a sabiendas que, el trato que le había dado a sus residentes, los tenía puesto completamente en contra.- Vayámonos rápido de aquí-yen. - Exigió, acongojado, cuando llevaban ya aproximadamente la mitad de la Avenida recorrida.

Desafortunadamente para él, al llegar a este punto, la atenta mirada de los ojos de los ciudadanos, que se escondían en sus casas ante las advertencias de los miembros de Magna ante el ataque de los Lobos de Foodvalten, pudiendo divisar la figura del que, hasta hace unas horas, fue su déspota.- ¡¡ES NITOBOO!! - Gritó el primer en avistarle, saliendo inmediatamente de su casa y alertando al resto del pueblo, que corrieron ansiosos y armados hacia el lugar en el que se encontraba, poniéndose entre Nitobo y sus tres acompañantes y la salida de la ciudad. - Por la madre del berry... ¡Cumple tu palabra, señor Burnedead! - Exclamó, escondiéndose detrás del enmascarado mientras observaba como, al frente de la turba enfurecida de aldeanos, se alzaba un mink mapache enrabietado, acompañado de una hiena con la mirada perdida que era, nada más y nada menos que Lustig.- Tú... - Susurró Nitobo, con los ojos entrecerrados, mirando fijamente a Tomás.- ¿Qué? ¿M'eshaba de meno, pisha? - Respondió con sorna a Tomás, ansioso de hablar después de haber estado cerca de 9 rondas sin aparecer cuidando de la hiena mascota de Sohem y de los niños que fueron obligados a empuñar un arma por Nitobo y sus hombres. Ahora, sí que sí, era el momento de decidir que ocurriría con el futuro de Foodvalten y, además, con el futuro de Nitobo Ilime.

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#78
Nada más salir notamos el sol de nuevo. La tarde comenzaba a avanzar y el cielo aunque despejado ya permitía al astro rey comenzar su inevitable descenso al horizonte de Foodvalten. — Le hemos puesto la casa patas arriba en una tarde. Vaya tela... —  pensaba mientras comenzábamos nuestro camino por la senda que era la avenida oeste. Sohem, nuestro líder, Shoto, el inventor, Nitobo, el magnate, y yo, caminamos por el sendero mientras los escombros de la casa se resquebrajaban un poco. El viejo magnate, nervioso quizá por la posibilidad de que todo aquello no hubiera acabado solicitaba al grupo salir rápido del lugar para ponerlo a salvo -como se supone que haríamos- sin saber que si que había acabado todo. Durante el camino, a quizá mitad de camino entre la ciudad y la mansión, un grupo de aldeanos de los que nos acompañaron en un inicio detectaron a Nitobo entre nosotros. Armados y con ganas de sangre, salieron a bloquear nuestra salida de la mansión, intentando cortar el paso del grupo cazarrecompensas y atrapándonos entre ellos. El ex-magnate rogaba al enmascarado cumplir su palabra para con él y protegerle hasta llegar al puerto mientras se escondía tras de él, mas no necesitaba saber de las intenciones de mi jefe, pues serían las propias de mi cabeza en su posición. Lustig apareció con Tomás acercándose a Nitobo enrabietados. Todo estaba dicho.

Miré a Sohem y después a Shoto, haciendo un gesto con mi cabeza y metiendo las manos en los bolsillos para, acto seguido abrir mi camino pasando de largo del grupo y dejando a Sohem y Nitobo solos con la turba de gente enfurecida, esperando que Shoto me siguiera. — El daño está hecho. — aseveré a mi compañero — En un mundo en el que nacemos de la sangre y terminamos con sangre, solo la sangre paga la sangre. — expliqué a Shoto mientras me paraba a diez metros de la turba. — Y la cuenta de Nitobo está en números rojos. — miré por encima de mi hombro viendo como la gente se enrabietaba más y más buscando la vida del antiguo dirigente de Foodvalten. 



— Fin del juego. —


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#79
Al pasar a la habitación pude encender la luz de la misma y visualizar una habitación anodina, carente de lujo, esto ya empezaba más a llamarme la atención, un sitio donde me sentía más que a gusto y seguro. Un pozo de papeles y archivadores que habría que revisar a fondo. Todo lleno de información, qué tipo de información tendrá aquí Nitobo, será toda la contabilidad de la isla y de sus inversiones. De repente un silbido me captó mi atención, gire sobre mí. Parece que la función de teatro había acabado. Así que nos dirigimos hacia la entrada de la misma con la orden de esperar a Sohem y a Nitobo. Las instrucciones eran más que claras, sacar a Nitobo de la mansión y llevarlo ante el pueblo de Foodvalten. - Acabemos con esto ya. - Tengo ganas de ponerme a hacer cachivaches. - Comenté con afirmación. Se hizo un breve silencio, cuando Viktor me comentó que se había alzado como nuevo Sichibukai o caballero del mar, todavía no sabía qué implicaciones iba a tener, pero desde luego es que su estatus iba a ser importante para nuestra siguiente empresa.

Al salir del edificio, el sol nos dio de cara, así que me reajuste las gafas que llevaba colgadas al cuello, para poder ver algo mejor. - Cristales polarizados... - Una maravilla. - Dije a Vik, para quitarle algo de hierro al asunto mientras escoltábamos tanto a Sohem como a Nitobo. El magnate tenía cierto tono de preocupación, ya que nos estaba metiendo cierta prisa para poder abandonar la isla. - Este pobre corderito todavía no sabe que está yendo al matadero... - pensé mientras caminábamos llegando a la avenida en la que tantos problemas habíamos tenido horas antes.

Para asombro nuestro la mayor parte de ciudadanos, estaban expectantes de nuestro resultado cuando un grito de aviso provocó que todas aquellas personas salieran raudas de sus casas, llevando las armas que iban a usar contra nosotros, poco a poco nuestro paso se fue ralentizando, hasta que nos vimos totalmente rodeados de una muchedumbre enfurecida, las caras de desesperación e irritación por aquellas personas muertas por los disparos. Cuando nuestro querido mapache Tomás apareció como un faro guiando a cada uno de ellos, y con él nuestra pequeña mascota. Viktor me miró haciéndome un gesto para que le acompañara. Antes de seguirlo, apoye mi zurda sobre el hombro del ex-magnate. - Ha sido un placer Nitobo, nos vemos. - Comenté mientras seguí a Vik poniéndome a su altura y continuar atravesando la muchedumbre. Tras la reflexión del albino, solo pude afirmar con la cabeza. - Efectivamente Vik. - Es nuestro momento. - Necesitamos gente, información, armas, tecnología y en cierta manera jugar entre aguas con el gobierno y la piratería...

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#80
Tras haber recogido su dinero y darme los treinta millones restantes, que dejé en el suelo junto al cuerpo de Glen, Nitobo y yo salimos de la habitación. En las puertas nos encontramos con Viktor y Shoto y los cuatro caminamos hacia el pueblo que habíamos cruzado anteriormente.
Mientras caminábamos con mi brazo puesto por encima de los hombros del asustado - y cooperativo - anciano sólo el sonido de nuestros pasos irrumpía en la larga y extensa avenida que antes había tenido que cruzar corriendo. Y de la nada, acompañado del diapasón del rítmico sonido de nuestros pasos, empecé a tararear una melodía en voz baja que buscaba calmar mi espíritu o acariciar a mi niño interior, haciendo que sonriese al darme cuenta de lo que estaba pasando y negase levemente con la cabeza.

— 'Ven y brinda junto a mi, con el buen Sake de Binks...' — canté, en voz baja, girando mi cabeza hacia el decrépito Miglobo — 'Qué también lo beba el viento y las olas del mar...' — dije clavando mis ojos en los suyos, que dada la cercanía podría ver sin lugar a dudas, para después volver a mirar hacia delante y observar como cada vez nos acercábamos más al pueblo — 'Más allá del ancho mar, al ocaso brama el sol...' — y comenzó a brotar la gente de entre las casa y las avenidas, al vernos y reconocernos, bramando e increpando, exigiendo lo prometido — '...y en el cielo cantan aves notas de cristal' — continué, sacudiendo un poco a Bilomo en gesto amistoso impidiendo que se fuese tras de mi, mientras este reconocía al topo Monty que nos había guiado hasta aquí - y era mutuo - y parecía temer por su vida.
El gentío se acumulaba por momentos, una turba enfurecida que reclamaba lo que les había prometido, y lo que les había traído hasta aquí. Entonces solté a Kimono y alcé la mano avanzando un par de pasos mientras Viktor y Shoto se separaban.

— ¡Amigos de Futbolteam! — dije llamando su atención — ¡Sé que el ardor de al sangre puede ser incontrolable, pero os pido que me dejéis hablar! — añadí, girando levemente mi torso en ambos flancos mostrando la mano al cielo, tratando de llamar a la calma — ¡¡Así es!! ¡Este es Minovio Ygime! ¡Y ya no es más el gobernador de esta isla, ni vuestro empleador! ¡¡He saldado vuestras deudas y vuestro compromiso con él y ahora sois libres!! — grité revelando a la población de Foodvalten que a partir de este momento ya no tenían la atadura de este anciano en el cuello — ¡Vuestra tierra es vuestra, vuestro trabajo es vuestro, y vuestras vidas son vuestras de nuevo! — exclamé y me giré en dirección a Mipomo de nuevo — ¡Su ejército personal, los Globos de Munchausen, también han sido derrotados! ¡No queda nadie aquí para cumplir su voluntad y obligaros a seguirla! ¡¡Nunca más!! — bramé y me dirigí hacia el magnate.

— 'De mi pueblo y mi niñez me despido con dolor' — volví a cantar en voz baja, acercándome a él los dos pasos que había recorrido previamente — 'Ven cantemos la canción sonora del adiós.' — y con un movimiento del brazo apoyando la pistola en el lateral de su barbilla disparé, volándole la boca con la pistola de Ten imposibilitándole hablar — Adiós anciano — dije en voz baja mientras el eco del disparo disimulaba aun mis palabras, y dando un paso al lado di un pisotón hacia su rodilla para obligarle a agacharse mientras guardaba la pistola en mi chaqueta y volvía a dirigirme al pueblo — ¡¡Y tal y como os prometí, aquí os lo entrego para que hagáis con él lo que queráis!! ¡Su vida es vuestra! ¡Su juicio os pertenece! — y agarré la bolsa de dinero que llevaba consigo y la alcé por encima de mi cabeza — ¡Y su fortuna será repartida entre vosotros! — finalicé, dando un par de pasos hacia atrás dejando que los lugareños y habitantes de la isla, mi isla, terminasen de sentir que este era el mejor día de sus vidas.
Un salvador había llegado a darles sus tierras, sus trabajos y sus vidas, a darles la venganza contra su opresor y a regalarles su dinero, y con ello, estaba seguro de que podría hacer con ellos lo que quisiese.

Lustig se colocó a mi lado y frotó su cabeza contra mi pierna, al lado contrario de donde colgaba el saco de Berries que le había arrebatado al anciano, y dejándolo caer a mis pies, me acuclillé para acariciar a mi mascota con mi única mano mientras miraba a mis dos compañeros — ¿De qué color queréis pintar vuestra casa? — les pregunté sonriendo.





Resumen
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[Imagen: mz3XEoL.png]
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#D86700
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