Si se pudiera volar, y pudieran ver aquel lugar, veríais un enorme cuerpo cubierto completamente de arena. Y ese extraño cuerpo no era más que yo, ¡Daisen Rengoku!. Y si quereis sinceridad, tendreis sinceridad. Me sentía como si me hubieran pegado una paliza... Espera... ¡Si que me habían pegado una paliza! Entreabrí los ojos y me ví en aquel páramo desértico y sin ningún tipo de vida más allá de la mía. Parpadeé varias veces para ser consciente y acordarme en donde diablos estaba. Hice acopio de prácticamente todas mis fuerzas para darme la vuelta e incorporarme. ¿Cómo diablos aquel tipo tan pequeño me había pegado tremenda paliza? ¡Me había dado hasta en el cielo de la boca! Y por alguna extraña razón, hasta me hacía gracia aquella situación. -¡WAYAYAYAYAYAYA! ¡SOY PATÉTICO! ¡WAYAYAYAYAYAYA!- Gritaba entre risas mientras me sentaba cruzando las piernas.
Ahora era momento de meditar. Aquel hecho, la paliza recibida, no era más que un indicativo de que estaba en el lugar correcto. Y no por nada, pero es que necesitaba crecer, y encontrarme en un lugar donde no había nada que me pusiera a prueba como era el East Blue, pues no era para mí. En principio, aquel tipo enmascarado no sabía a donde había ido, pero tampoco me importaba. No tenía esas ansias de venganza o ganas de devolvérsela. El odio sólo generaba más odio, y no me gustaba generar esa sensación tan desagradable. Así que, aunque él no lo supiera, lo perdonaba.
¿Que debía hacer a continuación? Me crucé de brazos, y me puse a pensar tan fuerte que hasta se podían escuchar mis pensamientos. Quería beber y comer. Por supuesto también quería dormir, pero debía empezar por satisfacer aquello que llevaba mas tiempo sin hacer, y eso era beber y comer. Me levanté como pude, con ciertos dolores en el costado, pero bueno, no había nada que no pudiera soportar. Aún era joven, aunque muchos lo negaran. Especialmente los de mi edad. ¿Que problema tenían? Seguramente eran celos porque me conservaba genial. Mi barba la cuidaba mucho mejor que a mi brillante calva.
Andaba por aquel lugar sin rumbo fijo. ¿A donde llegaría? Eso no lo tenía muy claro, pero poco a poco, se estaba haciendo de noche, y claro, para mí mejor porque así pasaba menos calor. Con mis manos en la espalda y con pasos largos pero lentos, poco a poco me fui aproximando a un pueblo. No pude evitar dibujar una sonrisa amplia en mi rostro. -¡Tierra a la vista! ¡WAYAYAYAYAYA!- Grité con ganas. Eso significaba que habría agua potable y comida. ¿Pero habría comida suficiente para mí? En caso de que no lo hubiera, tendría que volver a mis andadas de vagabundo. Fueron tiempos difíciles, pero de mucha paz interior. Quizás no era mala idea volver a esos tiempos. De cualquier modo, seguí andando, hasta llegar a aquel lugar.
Al andar todos me miraban, y es que como es obivo, no acostumbraban a ver a un gigante de once metros pasearse por allí. Pero a mi me daba igual que me miraran. Yo les sonreía a todos, y trataba de ser tan simpático como me fuera posible. Al fin y al cabo, era más difícil sen antipático que simpático. Encontré una taberna, pero claro, no era de mis dimensiones, así que me senté frente a la puerta con las piernas cruzadas, posando ambas manos en ambas rodillas. -¡Hola! ¡Soy Daisen Rengoku! ¡Soy un gigante y tengo sed y hambre! ¡Y también tengo dinero!- Tras decir aquello saqué una bolsita llena de berries y lo puse sobre mi rodilla. -No quepo en la taberna porque mido once metros. ¿Me haríais el favor de sacarme cinco barriles de agua y cinco bandejas llenas de comida? ¡Os juro que puedo pagar! ¡WAYAYAYAYAYA!-
Aquella tarde era rara, normalmente cuando pasaba por algún sitio, todo eran murmullos y miradas furtivas, algo a lo que ya me había acostumbrado desde hace mucho tiempo y ni siquiera me cabreaba, pero ese día pasaba algo, estaba en la calle principal del pueblo, que era una línea recta con un gran camino de arena por donde pasaban los carros y los caballos y galerías, comercios y cantinas a sus lados, sin embargo, algo estaba llamando más la atención que la belleza y altura que me caracterizaban, eso si me cabreaba un poco.
Estaba allí buscando provisiones que Joe nos había encargado a todos aquella tarde antes de decidir nuestra próxima misión, cuando de repente, vi a unos niños escondidos cuchicheando algo
-Mira, es un monstruo enorme...
Me acerqué por detrás de ellos con una sonrisa y les dije
-¿Un monstruo? ¿Dónde?
Los niños se dieron la vuelta como para contestarme, pero al verme gritaron y salieron corriendo, me encantaba hacer eso, lo reconozco
Centre la atención entonces hacia donde estaban mirando los niños, no me lo podía creer, por primera vez en la vida, vi a alguien MUCHO más grande que yo, de hecho, parecía el doble de grande que yo. Ahora lo entendía todo. ¿Era un gigante? No tenía cuernos, como yo, pero desde luego imponía muchísimo. Le escuché gritando desde fuera de la taberna que por favor le sirvieran comida y agua, que tenía dinero, pero que no cabía en la taberna, afortunadamente, yo sí cabía en aquel lugar, aunque fuera a duras penas, me acerque al gigante mostrando alegría.
- ¡¡Ey amigo!!! ¡No grites tanto enseñando tus berris!! ¡Aunque seas así de grande, alguien podría intentar robarte!! ¡No te preocupes, yo te ayudo!!! Me llamo Karlglas y es la primera vez que me encuentro con alguien más grande que yo, ¿eres un gigante? ¡Encantado de conocerte!
El tipo estaba sentado, y era de mi altura, increíble. Estaba emocionada, quería ser su amiga y que me montara a caballito, de pequeña siempre quise montar a caballito, pero nunca encontré a nadie capaz de hacerlo
-Está claro que no eres de por aquí, yo tampoco soy de este pueblo, he llegado un poco aquí de manera accidentada ¿Te llamas Daison Goku? ¿Qué haces por esta isla? ¿No serás una pirata verdad? Me cuesta reconocerlos al parecer, pero no pareces uno, bueno, ahora me cuentas, voy a por tus platos, si me invitas a una ración de ramen picante con una cerveza fresquita, ¿trato hecho?
Sin dejarle responder entre en la taberna y grite
-¡¡Mesonero!! ¡¡Dame la bandeja más grande de comida que tengas y un ramen picante, por favor!! ¡¡y de beber 5 barriles de agua y uno de cerveza!!
03-11-2023, 12:15 PM (Última modificación: 03-11-2023, 12:33 PM por Joe.)
Por fin un poco de tranquilidad. Era el momento perfecto para ir a comprar provisiones y algunas cosas más. Así que les dije a los chicos de ir a por todo ello. Nos separamos para buscar por el pueblo, el cual se llamaba Kakutasu. Me vestí con la ropa que me prestó la señora del hostal, camisa blanca con líneas horizontales y verticales azules que hacían cuadros y unos vaqueros. Por allí no había cuartel, así que no podía recibir ropa de la Marina. Procedí salir del hostal y buscar que nos encontrábamos por allí. Lo primero que necesitaba era un Den den mushi para poder comunicarme con un cuartel.
El ambiente era agradable. La gente disfrutaba en la calle charlando, los niños jugaban de un lado a otro. No había revuelo de nada. Era un lugar tranquilo ahora mismo. Incluso a pesar de ser una zona desértica y calurosa, según iba cayendo la noche, iba refrescando y bajando un poco las temperaturas. Procedía a visualizar los edificios del pueblo, todo construcciones de madera rústicas. Y pude visualizar una de tamaño mediano. La cual tenía un gran letrero grande a la entrada que ponía "TIENDA". Directo y claro. Así que procedí a entrar. Allí, detrás del mostrador, se encontraba un hombre de unos 50 años, con la barbita un poco larga y rizada, gafas con cuerda al cuello y un delantal - ¡Buenas tardes, buen hombre! Dígame en que puedo ayudarle - Me dijo amablemente. Estuvo enseñándome que productos tenía por allí, todo utensilios prácticos y de utilidad. Para mi mala suerte, nada relacionado con gastronomía. Pero supongo que eso sería en otra tienda. Al final del todo, hice una compra al buen hombre amable y este procedió a meter en la bolsa todo: 3 den den mushi, unos guantes para mí y una cajetilla de tabaco. Salí de aquella tienda mientras educadamente me despedía de aquel amable tendero. Cuando salí de la tienda escuché un poco de alboroto. La gente del pueblo murmuraba, pero eran tantos los que lo estaban haciendo que se conseguía escuchar por todo el pueblo. Bajé los 3 escalones de la entrada de la tienda y me situé en medio de la calle árida, cuando de repente al mirar a mi derecha vi a la gente apelotonada. Pero lo más destacable no era eso, era un ser inmenso el cual estaba riéndose a carcajadas. Abrí los ojos tanto que casi se me salen de las cuencas, no daba crédito a lo que estaba viendo. Karl, Sasha y Taka, que en paz descanse, se quedaban cortos ante semejante mole. Aquel ser no parecía que tuviera malas intenciones, al revés, se le veía amable y buena gente, pero con tal tamaño era sorprendente el miedo que daba. De repente, escuché como una persona gritaba al mesonero, para sacarle comida, agua y más cosas - Oh, no... - Dije por lo bajo. Era Karl, esa voz solo podía ser de ella. Y estaba en todo el medio de la gente. Solo esperaba que no hubiera liado ninguna.
Me adentré entre la gente para ir al centro del asunto, y solo vi al grandullón, pero no a Karl. Pero la había escuchado, era ella sin duda, pero no estaba allí fuera. Me quedé parado a la derecha del gigante. No sé cuanto podía medir, fácilmente incluso más del doble de Karl media. Solo podía contemplarlo de abajo a arriba. Tenía una barba gigantesca. Una de esas cejas media prácticamente lo mismo que yo. Estaba asombrado. Esto no paso de desapercibido para el grandullón y me miró - H… Hola, buenas tardes - Dije un poco nervioso - ¿No habrá visto por aquí a…?.. Una mujer con un cuerno y... más alta que yo... - No me salían las palabras. No era miedo, era asombro.
Objetos comprados en la tienda
- 3 den den mushi (Objeto ID: Dendenmushi001 x 3) - Precio: 4.000x3 = 12.000 - 1 Guantes bélicos T2 (Objeto ID: Guantes002) - Precio: 30.000
El servicio en aquel establecimiento era horrible. Ni siquiera un camarero había salido a atenderme. Me crucé de brazos y ladeé la cabeza hacia la derecha. Me dispuse a hablar para llamar la atención de los camareros de allí, pero algo me interrumpió. Giré la cabeza al escuchar que alguien se dirigía a mí, ofreciendome ayuda y preguntándome si era un gigante. -Pues por lo visto si que soy un gigante. ¡WAYAYAYAYAYAYAYAYA!- Dije, achinando los ojos mientras me reía. -Encantado de conocerte, Karlglass- Le observé mientras hablaba. Tenía un cuerno, y la cabeza rapada de un lado. Parecía también estar en muy buena forma, nada que ver conmigo, que tenía una enorme panza en la que posar mis barriles de cerveza. También me percaté de que hablaba mucho y muy rápido, y no sabía porqué, pero me hacía hasta gracia. Quizás por su naturalidad, o quizás pues... A saber porque.
-Te invito a todo lo que tu quieras. ¡WAYAYAYAYAYAYAYA!- Sentí como agarraba la bolsa de berries y se iba a pedir. Sin embargo, yo seguí hablando, seguramente ella podía escucharme, ya que el volumen de mi voz no era bajita que se dijera. -No soy un pirata. Estoy en busca del bien. Pero eso te lo explicaré cuando tengas una cerveza en mano. ¡WAYAYAYAYA!- Sonreía plenamente porque era la primera persona que encontraba que quería pasar tiempo conmigo. ¿O simplemente se estaba aprovechando de mí para comer y beber gratis? Me da igual, realmente. Al menos era simpática.
Mientras esperaba, escuché una voz detrás de mí. Giré mi cabeza y vi a un señor con un bigote o barba bastante extravagante, y detrás de él, a un corrillo de gente que me observaba. Les dediqué a todos una enorme sonrisa, y con un gesto con la mano a modo de saludo, terminé mi interacción con ellos, para centrarme en el señor que se dirigía a mí. Vestía una camisa de cuadros y unos simples vaqueros, y preguntaba por la que parecía ser Karglass. Abrí los ojos, pues me sabía la respuesta. -¡Oh! ¡Hablas de Karglass! Ha ido a pedirme la comida y la bebida. ¡Mirame! ¡No puedo entrar! ¡WAYAYAYAYAYA!- Dije entre risas. Luego me dirigí hacia la chica.-¡Karglass! Aquí hay un amigo tuyo. ¡Pídele otra cerveza!- Giré la cabeza para mirar al tipo de barba extraña, y le posé mi dedo índice derecho en su espalda, dándole un leve toque amistoso.
Entre en la taberna donde el tabernero sorprendido se puso a trabajar tras ver la bolsa de berris y se puso rápidamente a trabajar, todas las miradas de la cantina estaban puestas en mí ahora, volvía a recibir la atención con Daison fuera, que me grito que ahora con una cerveza en la mano me contaría más sobre él y que pidiera otra cerveza para un amigo. Espera, ¿otra cerveza para un amigo? Mierda, seguro que era Joe y que me echaría la bronca por escaquearme de las tareas que me había mandado.
Salí con las manos llenas, un barril de agua y uno de cerveza encima y en la otra mano una bandeja con comida que me parecía insuficiente para ese gigante y para mí, pero ya pediría más si hacía falta y en la boca la bolsa con los berris de mi nuevo futuro amigo, además tuve que hacer el limbo y mantener él equilibró para pasar por la puerta con el peso adicional y la altura de los barriles, pero de alguna forma no me tropecé, a pesar de ser grande, era grácil como un pollo luminoso con alas.
Solté en la entrada al lado del gigante los barriles y la comida y al ver efectivamente a Joe, nerviosa y con los berris aún en la boca, le dije:
-giou, no egque giquiega egcaqueagme, egque... .- Cogí los berris con la mano y se los devolví al gigante. - es que mi amigo Daison me iba a contar.- me acordé de que me dijo que con una cerveza me diría por qué venía para hacer el bien.- todo el bien que quiere hacer y lo interesado que está en alistarse en la marina.- dije guiñándole un ojo y poniendo mi mejor carita de pena a Daison. -Además, el pobre estaba sediento y hambriento y yo también y es el deber de la marina ayudar a los necesitados. jejeje ¿quieres una cerveza? ¿agua? ¿un ramen calentito?
Sonreí esperando que el gigante me echara un cable y que Joe lo dejara pasar
karmas
karma seducción para que Daisen me siga el rollo y darle pena a Joe, al creer que a ambos les interesan las mujeres
07-11-2023, 09:28 PM (Última modificación: 07-11-2023, 09:30 PM por Joe.)
Madremia... Qué hombre tan grande. Seguía impresionado por el tamaño de semejante hombre. No podía evaluar su fuerza solo viéndole, pero desde luego mis pensamientos me decían que era fuerte. El grandote se fijó en mí y en toda la gente que lo estaba viendo y nos saludó con una sonrisa enorme - obviamente -. Parecía que no le importaba en absoluto y se lo tomaba con buen humor. Por un momento, tenía mucha envidia de que él pudiera hacer eso y yo.
Sorprendentemente, cuando le comenté a quién estaba buscando, el grandote dijo su nombre: Karlglass. Parece ser que ya se habían presentado formalmente. Me comentó que entro a buscarle comida y cerveza dentro de la taberna. Esta chica, se entretenía con cualquier cosa. Y para colmo, este gran hombre le gritó que me pidiera otra cerveza para mí, dándome ligeramente con uno de sus dedos, que era más grande que yo. - ¿Qué? No no, muchas gracias por su amabilidad, pero no es neces... - De repente, de la taberna salió Karl como una mula. Cargada con 2 barriles de bebida en una mano, otra con comida y una bolsa en la boca. La miré con incredulidad. Pero no me enfadé, realmente después de todo lo pasado, me alegraba ver a mi gente alegre y con energía.
Karl empezó a excusarse, aunque no era necesario. Me crucé de brazos, pero no en un tono de negativa, sino de alegría. Incluso se podía ver en mí una sonrisa. Pero lo que más me llamó la atención de todo lo que dijo, es que, Daison, así se llamaba, quería ingresar en la Marina para hacer el bien. No estaba dando crédito a esto. Que de buena noticia era esto, pero no me gusta cantar victoria tan pronto. Así que levanté la cabeza para mirar al grandullón a los ojos.
- Así que quieres alistarte en la Marina, Daison - En aquel momento, se me pasó a la mente Minato. Su sonrisa invadió mi pensamiento. En cierta manera, esa alegría me recordaba a la del grandote - Dime, ¿Quieres unirte a nuestra división? - Le pregunté sin rodeos, esperando su respuesta.
Inventario
- 3 den den mushi (Objeto ID: Dendenmushi001 x 3) - 1 Guantes bélicos T2 (Objeto ID: Guantes002)
El tipo de aquella barba tan rara parecía que me iba a recharzar la invitación, pero justo salió Karglass de aquella taberna, excusandose y diciendo que me quería unir a la marina. ¿¡Que!? ¿¡Cuando había dicho yo eso!? Me eché hacia atrás mientras movia ambas manos apresuradamente, negándolo rotundamente. -No, no, no, no, no, no... ¡Yo no he dicho eso Karglass! ¡WAYAYAYAYAYAYA!- Dije, poniéndome ligeramente ruborizado. -Soy muy torpe, y además, ¡No cabría en ningún barco! ¡WAYAYAYAYAYA!- Me apresuré a decir. Aunque siendo sinceros, no era la primera vez que me lo planteaba. ¿Quien mejor que la Marina para buscar el bien? ¿No era ese el fin de mi viaje? ¿Buscar el bien?
Agarré uno de los barriles de agua que había traido Karglass y tras abrirlo como si de una lata se tratara, me lo bebí casi de un solo trago. Lo posé en el suelo y cogí el otro barril de agua, haciendo lo mismo que con el anterior. Tenía mucha sed, y ahora ya estaba mejor. Ahora sólo tenía hambre. Seguramente los cerdos asados que pedí tardarían de más. ¿O no me habían escuchado? ¿Karglass lo habría ordenado por mí? -¿Ordenaste los dos cerdos asados? ¿O se te ha olvidad? Es que no se si me habrán escuchado a mí, aunque es dificil no escucharme ¡WAYAYAYAYAYAYA!-
Escuché la voz del tipo de la barba rara, quien le preguntaba a un tal Daison si quería unirse a la marina. Esbocé una tímida sonrisa, y tomándome toda la confianza del mundo, lo agarré delicadamente de la cintura con mi mano izquierda, para posarlo en la mano derecha y dejarlo completamente libre. No quería que me tuvieran miedo, pero a veces me era incómodo estar mirando hacia abajo. Subí la mano hacia la altura de la cara y le hablé en un tono ciertamente suave. -Lo primero, mi nombre es Daisen Rengoku. Seguramente te habrás confundido, pero no pasa nada. Mi nombre es algo complicado de decir ¡WAYAYAYAYAYAYA!- Carcajeé entrecerrando los ojos. -Lo segundo... ¿¡Cómo podría ser yo un marine!? ¿¡Has visto mis dimensiones!? ¡Soy un gigante!-
Y ya por último, y para cerrar la conversación, me erguí con la espalda y alcé las cejas, para darle la última respuesta. -Apenas os conozco... ¿Tan necesitada está la marina que necesita a un torpe gigante entre sus filas?-
A Joe no le pareció importar que me distrajera de mis tareas, esa bala la había esquivado, aunque tal vez me impactara un cañonazo, ya que mi nuevo amigo, el gigante, dijo que no había dicho que quisiera entrar en la marina y me pidió dos cerdos asados, dijo que era torpe y que era muy grande y que si tan necesitados estábamos de personal en la marina.
-La verdad es que últimamente hemos tenido muchas bajas, entre ellas a nuestro navegante, no sé cómo vamos a salir de esta isla, creo que Joe estaba comprando caracolofonos para poder contactar con la base más cercana.- dije con tristeza mirando a Joe.- si tu sentido de la justicia es tan grande como tú, no te preocupes, mírame a mí, yo soy grande, no tanto como tú, pero muy grande y hay espacio de sobra en el barco que tenemos actualmente para ti, yo ya te conozco, eres grande, eres bueno, te gusta comer y beber como a mí y tenemos un grupo variopinto, aunque es Joe quien manda claro, si no quieres unirte a nosotros ¿no conocerás al menos un navegante con un gran corazón y sentido de la justicia que quiera alistarse en la marina por aquí verdad?
Me estaba sobrepasando de mis funciones y no quería hacer parecer a la marina débil, aunque en verdad, me importaba un pimiento, lo único que quería es que aquel gigante se uniera a nosotros porque era grande, bonachón y gracioso, me gustaba su forma de ser y mis compañeros eran muy serios y a veces era un coñazo estar con ellos.
-Aunque bueno, de todo eso tendrías que hablar con Joe, claro que es el jefe aquí, yo soy una mera servidora de la justicia que acaba de llegar al Grand Line. Voy a por tu cerdo asado, os dejo a Joe y a ti hablando, en lo personal, me encantaría que nos conociéramos más, me caes muy bien, grandullón, lo siento, soy muy mala para los nombres.
Dicho esto, volví a entrar al bar en busca de la comida y dejé a Joe y al gigante solos momentáneamente
-¿es que aquí nadie sirve la comida o qué? ¿Qué clase de cantina es esta?
Estaba un poco desubicado de toda esta situación. Karl dijo que Daison dijo que quería ser un marine. Pero luego el grandote dijo que él no dijo eso, todo esto, con los tonos altos de voz que tenía y las carcajadas por todos lados. Tenía muy buen humor y era agradable, era algo que se podía comprobar al llevar con él unos minutos, y más al ver como Karl se sentía totalmente a gusto con él y podía ser ella misma. Esta le comentó por encima un poco la situación que habíamos pasado en estos últimos días, e incluso le dedicó unas palabras muy bonitas hacia el carácter del grandullón. De seguido, Karl dijo mi nombre y me mencionó a mí, refiriéndose a que debía de hablarlo conmigo, ya era "el jefe" - Que poco me gusta esa palabra - Pensé. Tras esto, Karl decidió volver a entrar a la taberna para coger comida al grandullón. Así que decidí dar un par de pasos hacia delante para hablar con él y de repente, con sus gigantescos dedos, me cogió de la cintura. Creo, no lo sé, no sé si era capaz de coger algo tan pequeño con tal semejante tamaño de dedos. Durante un segundo me puse en alerta, pensando que era algún tipo de ataque, pero cuando le vi la cara sonriéndome levemente, supe que no corría peligro. Me soltó y me dejó encima de su enorme malo.
Me dijo que su nombre era Daisen Rengoku - Gracias Karl - Y me preguntó que como alguien de su tamaño podía ser un marine, cuestionando a la vez si la Marina estaba en una mala posición o algo parecido. - ¿Y qué problema se supone en que seas un gigante? - Le pregunté mientras me cruzaba de brazos. Cerré los ojos - Hacer el bien y ayudar a aquellas personas que no pueden por su cuenta, no sabe de tamaños, amigo mío. - Abrí los ojos y le miré - Nuestra División ha sufrido. Ha sido dañada, pero tenemos que recomponernos - Giré levemente la cabeza, mirando a la puerta de la taberna donde Karl había entrado - Le has caído bien a Karl. Y ha visto en ti rápidamente algo, no sé qué exactamente, pero sí lo dice, confio en ella. Puede que sea alocada, pero, para estas cosas, no se suele equivocar - Volví a mirar al grandote - No sé qué haces aquí, ni donde tienes pensado ir. Pero, las puertas de nuestra división están abiertas. Incluso para alguien con un corazón muy grande -
-¡So, Caballo! La voz del cochero, me despertó, estaba dando órdenes al caballo para que parase, a la vez que tiraba la de las riendas hacia él indicaba que ya habíamos llegado a nuestro destino. Me encontraba sentado en la parte trasera de la carreta, la cual iba hasta arriba de provisiones. El camino bajo el sol abrasador del desierto fue poco accidentado, el traqueteo del carruaje y el calor hizo que me quedase dormido, por lo que se me hizo muy corto. Venía del pueblo Goruden, había tenido que volver para comprar en la armería un kit para limpiar y afilar mis katanas, el enfrentamiento del día anterior con Garnet había hecho que se me olvidase el motivo real por el cual estaba en el pueblo, por lo que esta tarde me tocó volver para comprar en la armería.
Eche una rápida ojeada al lugar donde habíamos parado, el hombre había atado las riendas de los caballos al abrevadero que se encontraba en la entrada de una cantina. En la entrada a esta se encontraba un gigante sentado, este parecía estar hablando con alguien y si no había escuchado mal había llamado Karlglass a su acompañante. "Debe ser ella, no es un nombre común" Pensé que obviamente se trataba de mi compañera, el gigante era muy ruidoso, podía escuchar con claridad todo lo que él decía y parecían estar hablando distendidamente, por las risas que no paraban de salir de este, así que decidí quedarme escondido detrás del carruaje, apoyando mi espalda en este, mirando de reojo hacia la entrada y escuchando lo que decían para no interrumpirles. El gigante de repente se movió, por sus movimientos entendí que estaba cogiendo algo y posándoselo en su mano, no podía ver que era, pero este se dirigió a alguien y se presentó. "No puede ser Karl, pues con esta parece tener ya confianza, debe haber una tercera persona." Pensé mientras intentaba poner todos mis sentidos en la conversación. El gigante siguió diciendo que apenas los conocía y preguntando que si la marina le necesitaba en sus filas. Entonces fue cuando la tercera persona habló, era una voz que conocía, Joe estaba hablando con el gigante y este le invitaba a unirse a nuestro grupo. "Realmente nuestra división había sufrido bajas importantes, con el fallecimiento de Minato no teníamos navegante y Vulkan aún no daba señales de vida, cosa que me preocupa, él es impulsivo, pero no era alguien que desapareciese así por días. No tenía el placer de conocer aún al gigante, pero confió en las impresiones de mis compañeros y el gigante parece ser una buena persona." Comencé a divagar mientras esperaba atento a la respuesta del gigantón.