[T4].[Aventura] Recuerdos del infierno (Presente Absoluto)
#1
81 de Primavera. Año 11.
Zona circundante de la costa, Isla Toko, Corriente Daiya ~ 10:00 a.m.

Aventura T4.



Las costas de la Isla Toko eran el último resquicio de agua en muchos kilómetros en la redonda. Era un lugar cálido, árido, muy pedregoso y prácticamente desértico en muchas zonas de la geografía, pero no estaba completamente desprovisto de la cuna de la vida. El oleaje estaba relativamente tranquilo y rompía en la costa con suavidad, acompañando su ruido blanco con el sonido de aves en la lejanía sobrevolando la zona tratando de ubicar una presa desdichada con la que hacer la mañana y suplir el resto del día. No había rastro de más animales en la zona. El sol en lo alto clamaba por una atención incesante y constante con la que amenaza con estirar las sombras de todos los que albergaba bajo su dominio, quizá hasta el infinito, y los escasos pero puntuales soplidos del viento arrastraban con ellos vegetación muerta o pequeñas balsas de arena esparcidas en bolsas de aire.

Haría ya algunos minutos, en el barco de la marina el cacofónico tono del den den mushi recibiendo una llamada sería más que suficiente como para romper la monotonía y calma que la isla ofrecía a todos sus visitantes por esa zona. Y las noticias que traían aquellas frecuencias no eran para nada motivo de alegría excepto para los más beligerantes: Se reportaba el paradero de una peligrosa banda de criminales que se guarecían en las profundidades de la isla, en un lugar aun por descubrir. El grupo de los Piratas Dalton, a quienes se les adjudicaba tratos con el bajo mundo, negocios sospechosos y una extraña vinculación mercante - obviamente ilegal - para con los envíos provenientes de los Blues. El Gobierno quería cortar esa red de suministros y requisar todo lo que allí pudiera encontrarse en beneficio de la organización, sin terminar de comprender del todo cómo es que era posible que habiendo cerrado las rutas comerciales, y más desde el incidente de los Cabos Gemelos, aun hubiera algún método de contrabando activo y vigente. La misión de los Marines que casualmente se encontraban en aquel lugar, era investigar el paradero de esta tropa, reducirlos para poder entregarlos a la justicia, y requisar todo el material ilegal que pudieran albergar. La recomendación de los altos mandos era, literalmente, 'tratar de pasar desapercibidos' aclimatándose a la cultura local, a sus costumbres, y siendo un grupo reducido de como mucho una pareja que no llamase la atención y fueran discretos y adaptables. Dejaban a la libre decisión del cabecilla de aquella división, el Marine Joe, si echarse esa misión al hombro en solitario, o contar con ayuda... fuera cual fuese la ayuda que decidiese utilizar.

Tras colgar el Den Den Mushi, su decisión habría de ser rápida, y quizá la persona que le acompañaba en ese momento en aquella habitación estuviera allí con él para algo más que una interrupción telefónica y fuese cosa del destino que pudieran combinar fuerzas, o no. La decisión cuanto menos habría de ser cosa suya. La única información provenía de un avistamiento en el Pueblo Goruden y un chivatazo anónimo hecho desde las oficinas del sheriff del lugar. Era la punta del hilo que había que seguir, y cuando, quién o cómo seguirlo era todavía un misterio.
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#D86700
#2
Atributos Personaje


Las vueltas que da el destino a veces son... caprichosas.
Había amanecido pronto, como casi siempre, para prepararme y marchar al encuentro del Marine Joe. Desde nuestro último encuentro, habíamos quedado en que me ayudaría con mi búsqueda y, quizá con eso, lograra conseguir el poder que estaba buscando. Sin embargo, jamás pensé que la historia se tornaría al revés. El día se había dispuesto suave y apacible, con un calor proveniente del sol que azotaba con firmeza todo lo que se extendía bajo sus vastos dominios. Tras equiparme con mis botas, mis guantes, enfundarme en mi chaqueta y colocar a Shimei Kaeru entre mi cinturón y la cadera, marché dirección a la ubicación que me había dado Joe para encontrar el barco de los Marines.
 
- Marine, echa un cabo. Vengo a ver a Joe, soy Viktor. - expuse al único marine que vi en cubierta, hablando con un tono de voz elevado. Este, tras anunciar que venían a ver al comandante Joe, lanzó una soga y subí al barco. Comandante... menudo aliado había forjado sin querer. Aquel bonachón no era, ni más ni menos, que un comandante Marine. Uno de sus hombres me acompañó a su camarote y fue justo allí que encontré a Joe, ataviado con su camisa de rayas y sus tirantes. - Gusto en verte, ¡comandante! - saludé con sorna - ¡Qué bien te lo tenías guardado! Te hubiera hecho el saludo reglamentario el otro día... - dije al borde de la risa. En verdad, me provocaba cierto asombro mezclado con incredulidad. Lancé mi mano hacia Joe, buscando estrechar la suya. - ¿Estás listo para partir? Estamos cerca de... - nuestra conversación se vio truncada por el inconfundible y característico sonido de un Den Den Mushi que nos miraba desde una mesa en la sala. El bueno de Joe cogió y tras varios minutos de interlocución, con lo que a todas luces era un superior de la Marina, el comandante Marine se tornó hacia mí. Parecía que la Marina requería sus servicios para ocuparse de una banda pirata local y esto podría arruinar nuestros planes, pero... como decía, el destino era caprichoso y quizás yo estaba ahí por una razón. - Sabes que cuentas con mi espada, ¿verdad? - aseguré antes de que el barbudo pudiera decir una sola palabra - Llevo un mes larguísimo en esta isla. Conozco la zona, déjame acompañarte. Además... no está lejos del lugar al que íbamos a ir. - afirmé con seguridad mientras cruzaba mis antebrazos relajados sobre el tsuka de Shimei Kaeru y sonreía levemente a Joe. - Pateamos unos culos piratas y estamos de vuelta para la cena. -
 
Y tras esto, me giré levemente dando paso a mi compañero, como invitándolo a cruzar la puerta, destino a Goruden.

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Inventario
#3
Atributos Personaje


Me levanté de la cama, directo a la ducha de la habitación del hostal donde me ubicaba. Hoy hacía un poco más de calor que de costumbre, por lo que un agua fresca era un buen incentivo para despertarme del todo y empezar con energía el día. Una vez terminé, me vestí con la ropa que la dueña del hostal me prestó y salí por la puerta dándola los buenos días - No se preocupe, hoy mismo le devuelvo esta ropa - Le dije con una sonrisa mientras marchaba por la puerta.

Recibí una llamada en mí Den den mushi ayer. Un barco de la Marina venía dirección Isla Toko. De alguna manera sabían que estábamos allí, posiblemente la noticia del periódico con nuestras caras tuvo algo que ver. Así que me planté en la costa de la isla y allí estaba el barco esperándome. Subí a él gracias a un cabo que me lanzó un joven marine, al cual le agradecí con un leve movimiento de cabeza. Lo primero que hice fue cambiarme, y ponerme un nuevo uniforme de marine. Mi camisa de rayas, mis tirantes sobre todo, y mi identificación como Marine en el pecho. Al joven marine que me ayudo estaba afuera esperando y le comuniqué un dato importante - Joven, si viene una persona identificándose como Viktor, ayúdele a subir aquí. Muchas gracias - Le dije mientras me metí en un camarote. 

A los minutos de repente apareció Viktor, con un buen humor y mucha energía. Me estrechó la mano y yo se la devolví gustosamente - Digamos que nuestro saludo ya fue lo suficientemente reglamentario - Dije con una leve sonrisa, recordado nuestro encuentro. Viktor me contó el día anterior que le ayudase con un tema y me ofrecí a ayudarle sin dudar. Íbamos a repasar un poco todo cuando de repente el Den den del camarote sonó. Lo cogí, era un superior. El cual me explicó acerca de unos criminales, los piratas Dalton, que estaban circulando por Pueblo Goruden tras un avistamiento. Colgué y le expliqué a Viktor la situación - ¿Me ayudarías con este asunto primero? Una vez terminemos, podemos encargarnos de lo que me dijiste - Aceptó sin ninguna duda, ya que él tenía conocimiento de por donde nos íbamos a mover.

Me dio paso para salir yo primero por la puerta. Y según salí di la orden - ¡Soldados! Aguarden en el barco y cuídenlo bien. Tenemos que atender a una orden superior. Nos vemos más tarde - Les dije a todos, para ponerme con Viktor rumbo a Goruden.

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#4
Una vez reunidos y con las órdenes pertinentes habiendo sido emitidas podríais partir hacia vuestro primer punto sobre el que comenzar vuestra andanza. Desembarcaríais del navío a bordo del bote que Viktor había amarrado, y así, flotando sobre la construcción de madera, daría paso a un nuevo episodio de la Marina subcontratando servicios para poder realizar sus funciones. Quizá esta nueva empresa fuera más productiva y amistosa para Joe que sus anteriores encuentros con cazadores de recompensas, o quizá Viktor fuera a tomar venganza por acciones pasadas para con el marinero. Los caprichos del destino eran inescrutables y todo lo que pudiera acontecer, sin duda, sería poco para lo que verdaderamente el sino aguardaba al intrépido e improvisado dúo de aventureros. Ciertamente eran dos almas errantes en decadencia. Viktor había perdido todo, y había sido traicionado por todos. Joe había perdido a dos compañeros en menos de un mes, y su grupo de cinco integrantes se había visto reducido a tres. Posiblemente la incorporación de un hombre experimentado y solitario como Viktor a sus filas engordaría el propósito y fin de la Marina para un bien mayor, reforzando sus activos. Pero primero tendrían que ser capaces de volver al barco.

El bote encalló en la playa y ambos varones pudieron encaminarse hacia el pueblo que tenían por destino sin mayor dificultad ni problema, en un paseo que aun les tomaría algunas horas en las que podrían intercambiar información, charlar, estrechar lazos o terminar de conocerse. La llamada que Joe había recibido destacaba claramente que tendrían que hacerse con los recursos y pertenencias de la banda criminal de los Dalton y a ser posible terminar con ellos. Se sabía que lo que buscaban era un grupo relativamente grande que constaba de cinco altos ejecutivos por así decirlo que comandaban a todos esos maleantes, que había diversidad racial y diferencias notables de tamaño, que todos llevaban un sombrero que los identificaba como miembros de esa banda e iban cubiertos con capas enterizas. Sus actos solían consistir en asaltar embarcaciones que llegaban a la isla después del viaje a través de los cabos gemelos, y robar y saquear los puestos y los comercios locales. Se rumoreaba que su líder era un completo monstruo.



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#D86700
#5
Atributos Personaje


Joe aceptó mi propuesta de acompañarle. Según salía por la puerta del camarote, ordenó a sus subordinados cuidar el barco con tono solemne y tras esto, pusimos camino a Goruden con el mismo bote que utilicé para llegar. Por lo que pude escuchar durante la llamada, esta improvisada colaboración de cazadores y piratas tenía como objetivo un grupo de criminales locales que se dedicaban a asaltar embarcaciones, puestos y comercios. La tríada del criminal: Robo, saqueo y pillaje. Nada que no conociera a estas alturas. Se nos había especificado que consiguiéramos los recursos que poseyeran y, de ser posible, acabar con toda la banda de una vez por todas. - Así que capa y sombrero. Qué pintoresco todo... - dijo el hombre con un abrigo de cuero que le cubría hasta los tobillos mientras desembarcaban en la playa, sacándolo junto a Joe del agua para evitar que se esfumara fruto del vaivén de la marea.
 
Comenzamos el camino a pie poniendo rumbo a Goruden. El sol continuaba azotando nuestras seseras y el camino por delante era largo. Al menos varias horas hasta llegar lugar donde nuestra información situaba a la banda de los Dalton. Durante el trayecto, en el que caminábamos con paso firme y ligero, portaba mi espada en la mano izquierda, sujetando saya cerca de la tsuba, manteniendo el filo orientado hacia arriba. Esto permitía desenvainar rápidamente y, aunque no había indicios de peligro, supongo que se había convertido en un hábito de cazador acostumbrado a moverse entre piratas. Estar preparado para el combate. Deformación profesional lo llaman. - Y... ¿Cómo conociste al dúo de cazadores? - pregunté sin mirar a Joe. - Está claro que teníais cierta relación, si no, ¿por qué hacerse cargo de un cuerpo? ¿Trabajaste con Sohem y Taka? - me intrigaba en parte la historia de Sohem, pero, de cierta manera, esto también hablaba de Joe. ¿Por qué un Marine, por más puro de corazón que sea, traslada un cuerpo de más de cuatro metros para enterrarlo si no se conocen demasiado? Había leído sobre el incidente de los cabos gemelos tras nuestro primer encuentro. Quizá mera curiosidad o quizá otra deformación profesional de buscar información sobre posibles... potenciales. Tuvieron una trifulca con los Piratas Sticky y finalmente un Õka Sichibukai apareció para rematar el trabajo. Cabrones con suerte, ni siquiera mi gremio se hubiera atrevido a pelear con esa banda. Espero que no fuera algo que buscaran ellos mismos... o empezaré a pensar que el barbudo tiene más pectorales que neuronas. 
Off
#6
Atributos Personaje


Viktor y yo salimos rumbo a pueblo Goruden en un pequeño bote. La información de aquella llamada era clara y directa: Un grupo de criminales, liderados por 5 superiores, estaban causando robos allá por donde pasaban: Embarcaciones que llegaban, comercios locales, civiles... Se hacían llamar Los Dalton. Una descripción de como suelen ir vestidos esta gente quizás pudiera bastarme para localizarlos a simple vista. Si tengo que ponerme serio, a mi ojo no se le escapa ni una, no podía permitirme más perdidas y fracasos. No tenía a mis compañeros de División a mi lado, pero sí tenía un poderoso aliado con el que contar.

Desembarcamos y tocamos tierra con nuestros pies, y nos pusimos directamente rumbo Goruden. Pero iba a ser un camino largo y duro. Parecía que el sol ardía con más intensidad encima de nosotros, el paisaje era un campo seco, rocoso y con vegetación propia de un clima tan duro, pero yo no me sentía sofocado en absoluto. Con las manos en mis bolsillos del pantalón y recto andaba por este paisaje, y en un momento pude contemplar una serpiente cascabel encima de una pequeña roca, la cual estaba quieta, tranquila, pero haciendo que se escuchase su sonido característico, como si estuviera preparándose para cazar una presa. Era como ver un reflejo de mí, del estado en el que yo estaba en este momento.

De repente, Viktor me preguntó como conocí a Sohem y el fallecido Taka, y cuál fue mi motivo para enterrar al grandullón - Supongo que fue cosa del destino. Ambos se encargaron de darme un golpe de realidad cuando más lo necesitaba. Cada uno, a su manera, supongo - Me saqué un cigarrillo del bolsillo de mi camisa y me lo puse en la boca - Apenas pude conocer a Taka, pero lo poco que vi de él, sé que era una persona con buen corazón y un gran guerrero - Saqué mi zippo con el estampado de un pulpo y me encendí el cigarrillo - Cuando le encontré muerto, lo mínimo que podía hacer por él es darle un descanso justo, ya que su "amigo" ni se acordaba de el - Me guardé el zippo mientras le daba una calada al cigarrillo - Y contigo, va a ser la primera vez que trabaje con un cazador - Le dije mientras le acercaba la cajetilla para ofrecerle un cigarrillo por si fumaba.

El sol iba intensificándose más según iba pasando la mañana, nos quedaba aún camino hasta llegar a nuestro destino. Y que mejor manera de mantener la mente fría, que abriendo tu alma con otra persona. Con un aliado.

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#7
Con el pasar de las horas cruzando aquellas áridas tierras bañadas por el calor del sol y sesgadas por el paso del tiempo y la carencia de lluvias, dejabais atrás vuestros pasos y toda esperanza de reabasteceros o conseguir más útiles o víveres, quedando a la suerte y dependiendo sólo de vuestras capacidades y buena fortuna, que sin duda precisaríais. Tras este tiempo de desplazamiento, pudisteis acercaros finalmente oteando en la distancia el pueblo Goruden, clásico de la ambientación más típica de las tierras yermas con una calle central y edificaciones a los lados, llegando vosotros por justo dicha avenida. Eran aproximadamente la una y media del mediodía y, pese a ser una hora en la que las calles debieran estar concurridas y pobladas en su lugar el silencio y la soledad reinaban, dejando que sólo el soplido del viento interrumpiera una sobriedad tan tensa que podría hasta cortarse con un cuchillo. El crujir de algunas tablas de madera en las casas, las puertas y ventanas, y los postes imperaban aleatoriamente en aquella población que más se asemejaban a un páramo que a un reducto de civilización. Era un silencio más forzado que el natural generado por la noche.

La única puerta que había abierta, al fondo de aquella ancha y larga calle, era la del cuartel del Sheriff, que se balanceaba abriéndose y cerrándose ligeramente repitiendo un sonido rítmico y cacofónico al rozarse las maderas de las puertas, suficientemente largo y constante en el tiempo como para saber que no era un movimiento fruto de que alguien hubiera entrado o salido de la instancia, pero lo suficientemente persistente como para poder ser fruto del viento. Hasta la taberna o el barbero estaban cerrados, sin ver los carteles que así lo indicasen, pero con las ventanas cubiertas como cuando caía la noche. En la tierra y arena de la calle principal se podían ver una abrupta cantidad de pisadas, de distintas formas y tamaños, y profundidades, pero no había huellas de carros o caballos - algo extraño, ya que era lo habitual - lo cual sólo sugería que dado el constante movimiento del viento que tapaba estas huellas con asiduidad, hacía bastante rato que no había pasado ningún transporte por aquí y en cambio sí que había habido actividad bípeda en la población, haría no mucho rato. Las pisadas se disgregaban por doquier, yendo y viniendo de todos los edificios y se perdían en la lejanía, más atrás de la oficina del Sheriff, como si alguien hubiera llegado al pueblo por un lugar contrario al vuestro.

Las ventanas de los altillos de las casas no estaban cubiertas, pero si cerradas, y en la oscuridad de los áticos y azoteas de los edificios no se podía albergar nada más que el misterio que escapaba a vuestra visión, por buena que fuera, dado el ángulo y la altura de las mismas, teniendo la casa más baja una altitud de siete metros y la más grande, un campanario al fondo a la derecha de la calle desde vuestra posición, flanqueando el cuartel del Sherif, catorce metros. Si prestabais atención allí, podríais ver que la campana estaba amarrada con una cuerda para no moverse - bien fuera por el viento o bien fuera por acto manual - y no sonar bajo ningún concepto. Algo que podría ser común si el vendaval la agitaba mucho para intentar no importunar a los vecinos, pero la cantidad y potencia del viento no ameritaban tal anclaje. Lo cual, hacía que la situación en el pueblo recrease las condiciones perfectas para ser un pueblo fantasma.
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#D86700
#8
Atributos Personaje


Durante más de tres extenuantes horas, el barbudo Marine y yo, cruzamos los yermos parajes y siseantes senderos hasta que alcanzamos el objetivo del viaje: Pueblo Goruden. Durante el camino, Joe me contó que conoció a los cazadores y que, de alguna manera, habían confrontado y había aprendido de ellos, por lo que mis suposiciones iniciales sobre que eran fuertes de verdad no debían estar erradas. Daba la sensación de que, sea más o menos, hablar de ello molestaba Joe. El hombre, sin parar ni un segundo de caminar, encendió un cigarro y me ofreció uno alargando su mano con el paquete de cigarrillos, ofrecimiento que decliné con un gesto de mano en forma de stop, mientras continuaba escuchando. Se ve que era la primera vez que trabajaba con un cazador.  Curioso. - Es fácil. Yo corto y tú golpeas. Yo cobro y tú asciendes. No tiene pérdida. - dije sonriendo con sorna, confiado. Y sin perder mucho más tiempo en habladurías, llegamos al pueblo. El paraje era desolador.
 
Una única calle enorme con edificios a los lados que, por alguna extraña razón, estaban cerrados a cal y canto. Cuando llegamos a la entrada de la calle, caminando a la derecha de Joe, utilicé a Shimei Kaeru para frenar su paso colocándola a la altura de su pecho mientras yo mismo me detenía. - Esto no me cuadra. - Las ventanas estaban cerradas como si de noche se tratara y procuraran evitar la entrada de la arena en las habitaciones, mientras que las puertas parecían robustos muros imposibles de abrir. El silencio sepulcral que solo se rompía por la suave brisa y algún animal en la lejanía eran el sello de identidad de la fantasmagórica población que, por razones que desconocía, a plena hora punta, estaba totalmente desprovisto de rastro humano. Y hablando de rastro, el único que podía verse era una retahíla de pisadas de distintos tipos en el suelo, esparciéndose en múltiples direcciones y lugares. Yo no era un experto en rastreo y difícilmente podía interpretar las pisadas, pero sí conocía el pueblo y no tenía nada que ver con lo que había visto en otras ocasiones. -La oficina del Sheriff parece abierta y... no sé por qué, la campana está fijada con una cuerda. - Daba la sensación de que entrar en el pueblo era una enorme trampa mortal. - La oficina es buena opción para guardar los suministros que te pidieron, podríamos probar allí. - dije, pasando por detrás de él, sin dejar de mirar hacia el pueblo y colocándome a su izquierda, despejando así el camino de mi mano hacia mi espada. Quedé en guardia aguardando que Joe hiciera su movimiento y seguirle muy de cerca. Entramos en la boca del Lobo.

Resumen
#9
Atributos Personaje


El caluroso y sofocante viaje se hizo de rogar. Aproximadamente unas 3 horas tardamos en llegar a nuestro destino.
Durante el viaje, Viktor y yo comentamos algunas cosas, entre ellas mi relación con Sohem y Taka, y si había colaborado antes con algún cazador. Ofreciéndole un cigarrillo, el cual me rechazó, me dijo una manera fácil y rápida de como teníamos que colaborar. Sonreí - Me parece bien. Vamos a acabar con esto - Dije mientras guardaba el cigarrillo en la cajetilla de nuevo y esta misma a mi bolsillo de la camisa. A la lejanía, podíamos avistar el pueblo de una vez. Era la hora.


Enfrente nuestra, la calle principal. Calculando que salimos del barco de la Marina a las 10:00, ahora mismo serían las 13:15. Y lo que encontramos, no me gustaba nada. Teníamos delante de nosotros un pueblo fantasma. Ni una sola persona. Ni una sola voz. Si una sola nota de música de los salones. Tan solo el silencioso viento adornaba este paraje tan desolador acompañado del crujir de la madera vieja. Viktor, el cual estaba a mi derecha, puso su arma a la altura de mi pecho para avisarme de que algo no cuadraba - Ojos bien abiertos, Viktor - Le dije. Inspeccioné con la mirada a todas las ubicaciones posibles. No había manera, aquello era un paraje desolador, como si hubieran arrasado completamente cualquier tipo de vida, salvo por un detalle: había pisadas, de muchos tipos, sin ninguna dirección en concreto, todas se mezclaban con todas. De repente, un sonido interrumpió en aquel basto silencio. El sonido de una puerta abriéndose y cerrándose gracias al viento de la zona. Emitía un chirrido muy agudo, como si de una película de miedo se tratase. Esa puerta estaba al final de la calle principal. Según Viktor, la oficina del Sheriff del pueblo. También me mencionó que la campana del campanario estaba atada con una cuerda.

Viktor se situó a mi izquierda y sugirió acercarnos a la oficina. Rápidamente, le corté su comentario, antes de que acabara de hablar - Cuidado - Dije mirando al frente, en una posición recta y los brazos cruzados - La orden que me dieron fue a raíz de un chivatazo de la oficina del Sheriff - Estando en la misma posición, simplemente giré mi mirada hacia Viktor para mirarlo - Aquí hay dos escenarios posibles. Uno, que el chivatazo si fuera del propio Sheriff, el cual puede estar escondido en su propia oficina. O dos, que sea una trampa - Volví a mirar enfrente de mí, donde la puerta que no paraba de moverse por el viento - Aquí hay algo que huele a chamusquina - Miré a la campana - La pregunta no es porque está atada la campana con una cuerda. La pregunta es para qué la quieren atada - Volví a mirar a la puerta de la oficina - Tenemos que asegurarnos de que dentro de la oficina del Sheriff no haya nadie herido o en peligro. Vamos para dentro, y mucho cuidado, Viktor - Con mi aliado a mi izquierda, comenzamos el camino a la oficina del Sheriff. No sabíamos donde nos estábamos metiendo, pero teníamos que resolverlo cuanto antes.

Una vez llegamos a la puerta, nos situamos detrás de las paredes de madera del edificio. Viktor a la izquierda y yo a la derecha, esperando poder ver, escuchar u oler cualquier cosa.
#10
El intrépido dúo de aventureros analizó todo el panorama con la precisión y predisposición que creían oportunos y suficientes dadas las circunstancias y la situación. Pero nunca sabrían si habían analizado las pistas para dilucidar su situación de la forma correcta y definitiva, pues decidieron avanzar hacia el único punto que tenía una clave de atención: Una oficina de un Sheriff, el único edificio con una puerta que se entreabría, el único sonido en toda la zona, y el lugar desde el que había venido la llamada que había alertado a los cuarteles que habían puesto en aviso al bueno de Joe. Vamos, lo que de primeras podría parecer un lugar de referencia pero que te invitaba tan descaradamente a enfocar tu atención en él, que era más que evidente que era una trampa.

Junto a la puerta que se balanceaba en la oficina del Sheriff, con Viktor a su izquierda y Joe a la derecha, ambos aguardaron para ver si podrían escuchar algo o apreciar algún matiz, pasando por alto por completo prestar atención a las casas que dejaban atrás, u otras edificaciones, pero llegando a poder escuchar el sonido de un niño, no un bebé, llorando.
— ¡Yo... yo no... yo no quería... no quería ser... ser así! — balbuceó aquella voz llorosa y desconsolada, recibiendo otra respuesta gutural, rasposa y fuerte, como la que esperarías que tuviera un caballero de la noche — ¡Revélate al mundo! ¡rompe algo! ¡este cristal! ¡así serás verdaderamente libre! — dijo con un aire casi célebre y pasota al mismo tiempo, muy rebelde e inspirador — ¿Pero podré ser un super guerrero? — preguntó de nuevo la temblorosa voz del joven y asustado infante — Podrás hacer el pino, piruetas, llevar un peinado molón, hasta hacer malabares — contrargumentó, como si pudiera servir de algo — ¡Yo quiero alterar la realidad con mis poderes! — replicó el niño con algo de mal humor — La anarquía sigue su propio camino chico sólo déjate lanzar por el pájaro correcto — contestó la voz grave de nuevo, justo cuando sonó un Den Den Mushi en el interior del edificio y la puerta se detenía en su movimiento, acompañada de un pesado silencio abismal que se vio interrumpido por el crujir de unos pasos y unas ligeras risotadas que provenían del camino que acababais de hacer. De las casas que ibais dejando atrás habían ido surgiendo forajidos con sombreros y capas, clásica estampa de criminal de la zona desértica del oeste que os estaban tendiendo una emboscada. A priori y con un vistazo rápido se podían determinar a ochenta de ellos. Se habían colocado como una media luna y tenían todo el edificio sobre el que os apoyabais completamente rodeado, preparados para comenzar a atacaros en cualquier momento... aunque podríais probar a rendiros.





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