[Presente absoluto] Noche flamenca
#1
Dia 30 // Verano // 22:00 de la noche


Toroa era una isla donde hacer un parón, desde luego. Un lugar que llamaba la atención por su poca capacidad de ... Llamar la atención. Irina levantó una copa, después se la bebería. Dos días desde que estaban allí, Daryl, Alzeid y Jude, el peculiar grupo que nuevamente tendrían que pasar desapercibidos. Glatus se encontraba completamente drogado en el hostal. Siempre estaba con Irina, era ella quien lo trataba, quien lo torturaba, quien le daba cualquier tipo de trato. Ya no era una amenaza, de eso se estaba encargando la Volkov. Volvió a levantar la copa. Estaba en un local llamado "Arte por amor". Por lo visto en aquella isla por las noches los sucios lugares se vestían de artistas. Cantantes, actores y actrices, pintores ... Era precioso. Con suma delicadeza movía el licor dentro de la copa, volviendo a beber. No solía hacerlo, ella misma se comenzó a notar los calores subirle por el cuello.

Todo el mundo merecía un descanso.

En la taberna en la que se encontraba, se estaba dando un recital de poesía, con algo de música clásica de fondo. ¿Como un apestoso lugar como lo era esa isla, albergaba tanta magia? realmente estaba enamorada del lugar. Que diera tanta pena, que fuera tan oscuro, repleto de personas rotas ... Adoraba estar allí. Irina vestía con un traje espectacular. Iba completamente de rojo, con un vestido hasta los tobillos que se abría hasta la pierna, dejando ver una diestra con algunos símbolos (tatuajes) en su muslo. Unos pendientes con cruces rojas igual de intensas que su especial pintalabios. El cabello era una coleta muy bien recogida hacia atrás. Y ya llevaba dos copas.

— Más. —  Acentuó un tono de seriedad, aunque estaba sonriendo. Los asistentes, aquellos actores que estaban recitando, algo asustados, le dieron el si y siguieron con su espectáculo ante el regocijo de la agente. Nunca tenía tiempo libre. Nunca se permitía momentos así. Nunca se dejaba llevar por el ocio. Pudiera ser que estaba madurando, que su compañero si le comenzaba a pegar algo de sus malas costumbres o formas de ser o puede que estuviera y tan solo puede ... Aprendiendo a disfrutar de las pequeñas cosas. La captura de Glatus bien merecía una joven noche de desenfreno. Beber una copa y vestirse de gala para ella era una auténtica ida de cabeza.


Info
#2
Tras cumplir con éxito la misión de Glatus y antes de encauzarse en la siguiente, el grupo decidió hacer un parón en la isla de Toroa. No sin antes despedirse de Ikirami. En el periódico había un artículo sobre ella, donde anunciaban que la habían elegido a dedo para abandonar el West Blue y dirigirse rápidamente al Grand Line, junto con un barco de marines. Fue una despedida algo agridulce para él, pues entre todas las personas del grupo, la que siempre tenía una sonrisa o palabras agradables hacia él era ella. Irina dependía de cómo la pillabas, y con Jude tampoco había tratado mucho aún... pero tampoco fue un drama, Daryl e Irina también planeaban ir al Grand Line dentro de no mucho, así que seguramente volverían a verse, si es que no se le subía lo de la fama a la cabeza.

Apenas llevaban un par de días en la isla, tiempo suficiente para planear alguna fiesta para esa noche, sorprendentemente organizada por Irina. Habían quedado en reunirse en un local cercano al hostal donde se hospedaban, allí beberían y celebrarían la misión cumplida. Daryl aun no se creía que la pelirroja hubiese accedido a algo así, tenía que verlo con sus propios ojos. Le habían dicho que el sitio al que se dirigían era elegante, así que se arregló un poco, para variar. Se vistió con una camisa y pantalones negros, dejó sus botas por unos zapatos más arreglados y tampoco se colocó la capa que normalmente llevaba, lo que dejaba su enorme mandoble al descubierto en su espalda. Todavía era extraño ponerse una camisa de manga larga y que la izquierda no quedara colgando, aún no se acostumbraba del todo a tener aquel antebrazo y mano metálica. Se miró en un espejo que había en su habitación, era enano en comparación a su tamaño, así que no podía verse entero, pero... a pesar de verse objetivamente bastante bien, se sintió un poco estúpido vistiéndose tan formal. Suspiró y trató de olvidar aquella sensación mientras salía por la puerta.

Finalmente llegó al local llamado "Arte por amor", desde fuera se escuchaba cierto sonido que indicaba que estaba dándose lugar alguna actuación. Abrió la puerta, donde el guardarropas en lugar de abrigo, dejó su mandoble. No se vería muy adecuado llevarlo a la barra, pero tampoco le gustaba la idea de dejarlo en el hostal, tan lejos de él. La mujer que atendía la zona se quedó un poco a cuadros, pero accedió, al fin y al cabo le estaba pagando por ello. Una vez entró se fijó rápidamente en Irina. Estaba sentada en una de las mesas, llevaba un vestido largo pero abierto, totalmente rojo y con una coleta. Su mera imagen quitaba el aliento. Daryl no tardó en acercarse a ella y apropiarse del asiento de su derecha. — Aún no me acostumbro a verte beber. — Comentó con una media sonrisa, viendo la copa que mecía en su mano. Una de las camareras no tardó en acercarse, momento que aprovechó para pedirse una copa de whisky. — Estás... muy guapa. Te sientan bien los descansos, relajarse un poco después de tanto trabajo. — Carraspeó un poco, halagar no se le daba muy bien, tampoco lo hacía mucho, ni si quiera sabía porqué acababa de hacerlo. — A la siguiente te invito yo. — Dijo mientras su copa llegaba a la mesa, un vasito de whisky con tres cubos de hielo. Rápidamente le dio un sorbo, uno pequeño, no quería que se le acabara demasiado rápido, la noche aún era joven.
#3
Atributos Personaje


Un mes... Un maldito mes había transcurrido, en el que Kevin, había estado deambulando de un lado para otro en la Isla Toroa, buscando alguna noticia sobre un malhechor al que tuvieran la más mínima posibilidad de capturar, pero nada... Simplemente estaba sufriendo una crisis existencial y un tímido ataque de ansiedad, no había tenido que pelear todavía por su vida contra un sanguinario pirata y ya se estaba arrepintiendo de aceptar ese empleo, y creo que con Gideon pasaba un poco igual. Así que, de perdidos al río, y vestido con su habitual traje y corbata, decidieron ir a ahogar sus penas en alcohol al bar "Arte por amor" ya que, esa noche, se daría un recital de poesía al cual su compañera tenía ganas de asistir.

Al entrar al local pudieron ver como el sitio estaba a rebosar, y como el espectáculo, él cuál se daba justo al fondo desde donde habían entrado, ya había comenzado. Echó un vistazo rápido al ambiente del lugar y pudo ver a un hombre, de espaldas, de más de dos metros sentado en una de las sillas.-Va-vaya mole... N-no quisiera cruzármelo.- Pero, destino cruel, los únicos asientos sin ocupar se ubicaban justo en la mesa próxima en la que se encontraba el grandullón, el cuál estaba acompañado por una bella dama de rojo cabello.- Gi-Gideon, vamos por allí.- Se dirigió hacia los asientos vacíos mientras le indicaba la dirección con su índice de la mano derecha. Al llegar, se sentó en una silla en la que era capaz de ver tanto el recital, como al hombretón, cuya cara, vista de cerca, imponía incluso más, y la mujer pelirroja, la cual poseía una mirada intimidante y penetrante. Kevin tragó saliva al mismo tiempo que tic del ojo izquierdo comenzó a manifestarse. Necesitaba un buen trago y evadirse de la realidad. Levantó su siniestra para llamar la atención de la camarera.- Di-disculpe, ¿me podrías servir una jarra de cerveza, por favor? - Esperaba que a pesar de la cogorza que se iba a pegar pudiera disfrutar al menos del recital.

RESUMEN DEL TURNO

KARMAS

OFF-ROL
#4
Atributos Personaje


Haber nacido en aquella isla había sido todo un tesoro para Gideon. Desde que era pequeña había podido rodearse de lo que más amaba en el mundo, el arte. La ciudad contaba con lugares de interés cultural y varios bares se dedicaban a dar espacio a los artistas para presentar sus obras. Aquella noche en Arte por amor se iba a dar un recital de poesía y qué mejor lugar para buscar inspiración. Gideon llevaba días buscando un objetivo al que entregar a la marina, pero estaba siendo imposible, así que no le quedaba otra que recurrir a su pasión para poder calmar un poco su alma.
Kevin, que llevaba con ellas un mes, estaba muy impaciente. El pobre estaba ansioso por llevar a cabo su primer trabajo y no tenía pinta de que fuese pronto. Así que había decidido venir con Gideon al bar, ahogarían juntos sus penas en alcohol y versos.
Llegaron al bar y se sentaron junto a un par de personas que atrajeron su mirada. Vestían elegantemente y el pelo rojo de la mujer y el cuerpo musculoso del hombre no podían pasar desapercibidos en prácticamente ningún lugar. Gideon apartó rápidamente la mirada, no era buena socializando y el aspecto de aquellas personas, aunque no llegó a intimidarla, sí que le transmitió respeto.
Kevin acababa de pedir una jarra de cerveza.
— Otra por aquí —añadió Gideon rápidamente, qué mal llevaba hablar con desconocidos—. Bueno, Kevin —intentó empezar una conversación—, ¿a ti te gusta la poesía o alguna otra disciplina artística? Creo que nunca he llegado a preguntártelo.
Gideon sacó su cajetilla de cigarrillos y se encendió uno, le vendría bien para calmar un poco los nervios. Solía ponerse algo nerviosa al ir a exhibiciones de arte, era un ambiente que le apasionaba, pero algo dentro de ella le decía que no era digna de estar allí al no haber realizado ni una sola obra de calidad. Gideon era demasiado quisquillosa. Sus ojos parpadeaban con rapidez, sí que necesitaba relajarse, deseaba que esa cerveza llegara pronto.

Karmas

Off-Rol
#5
La misión de búsqueda y captura de Glatus, llevada a cabo por un peculiar grupo de agentes y una infiltrada (marine), había concluido con éxito. Aunque el objetivo de que Alzeid se encontrase en el Reino de Ilisia en aquel momento no se debía a esto, el descanso que le concedió el gobierno al grupo de un par de días mientras trazaba los siguientes pasos le permitió continuar con su investigación inicial sobre los Bucaneros, una banda pirata bastante escurridiza, al parecer. Sin embargo, el joven artista fue incapaz de obtener información relevante así que, tras el informe que redactó expresamente para sus superiores, éstos decidieron que continuase con este extravagante grupo algún tiempo más. Al menos, hasta descubrir cuáles eran los secretos más profundos que albergaban Glatus y su banda pirata. Ahora mismo se encontraba completamente ‘dopado’ en un hostal, bajo el mando de Irina, que era bastante estricta con no dejarle hacer absolutamente nada más que respirar. Pero eso a Alzeid no le importaba en absoluto, pues su único interés en aquel momento era… disfrutar y volver a su etapa de esplendor como artista. Esta era su oportunidad. El gobierno les había ordenado pasar desapercibidos hasta que la misión central no concluyese, pero… ¿cómo iba a pasar desapercibido alguien como Alzeid, cuya trayectoria artística le había llevado a dar numerosos conciertos en la isla de Toroa? ¡Era imposible! Aunque ser un artista y vivir de la música también podría entenderse como una tapadera, ¿no?
 
La isla de Toroa… ¿Cuántos conciertos habrá dado Alzeid en esta pequeña isla desde sus inicios musicales? El primero habrá sido hace alrededor de 13 años, cuando sus padres abandonaron esta vida terrenal y él se lanzó a la aventura en busca de algo que llenase los exigentes deseos de su alma. Por casualidades de la vida, el grupo de agentes había terminado en aquel lugar y tenían un par de días para disfrutar de un merecido descanso. Durante el día, Alzeid intentó perderse por las calles de aquel pequeño lugar, pero era realmente difícil poder caminar sin que nadie le parase para solicitar un autógrafo o una foto. Aunque muchas personas no conocían su nombre o no seguían su música porque ya no producía nada, otras tantas expresaron que era imposible olvidar un rostro y una presencia como la suya. Alzeid no podía hacer nada más que sonrojarse ante estos comentarios. – ¡Por favor! No soy digno de tales palabras. Sólo toco lo que mi alma me transmite… y las letras nacen solamente de mi fe. – Estaba intentando captar a personas para su religión, Ánima. Para su secta, mejor dicho. Con cada grupo de personas con el que se encontraba, realizaba algún tipo de mención a la espiritualidad, a la dualidad de los cuerpos y almas o directamente a la religión que él mismo profesa. Algunas personas quisieron saber más así que les entregó a cada una de ellas una hoja en las que estaban redactados “Los siete mandamientos del Ánima”, una guía fundamental para cualquier potencial creyente. – Bueno, chicos… – Otro grupo le había parado. – Tengo que ir a dar un concierto a “Arte por Amor” así que os tengo que dejar… Venid a echar un vistazo, ¿no? – Sonrió y comenzó a toquetear su cabello. La personalidad de Alzeid cambiaba por completo cuando sacaba a la luz su lado más artístico y se olvidaba del ‘trabajo’ o de cuestiones más profundas como el alma. La música era algo que lo saciaba por completo y podría estar horas y horas sumergido en diferentes canciones y melodías. Le encantaba.
 
Los siete mandamientos

Minutos después llegaría a Arte por Amor, el lugar en donde había quedado con el resto del grupo. Allí estaban Irina y Daryl, compartiendo un par de bebidas –seguramente alcohólicas– mientras hablaban y observaban a los tristes poetas que estaban recitando palabras vacías en el escenario. Los observó desde la distancia y alzó la mano, creyendo que Irina lo había localizado también con la mirada, y se dirigió directamente a la barra. – ¿Un zumo de naranja, por favor? – La camarera, visiblemente contenta, se acercó hasta Alzeid y lo abrazó desde el interior de la barra. – ¡Alzeid, has venido! ¡Qué alegría! ¿Qué vas a cantar hoy? – Era Lillia, la persona que había contactado con Alzeid nada más verlo llegar a la isla para que tocase un par de canciones en su local. Había sido tremendamente generosa con el agente en ocasiones anteriores, aunque a veces podía resultar un tanto cargante. Pero la vida no siempre es fácil. – Tan sólo una pequeña sorpresa que mi alma me ha regalado. – Le guiño el ojo y, tan pronto le trajo el zumo de naranja, lo bebió de un trago. – Nos vemos, Lillia. – Le mandó un beso desde la distancia y comenzó a dirigirse hacia el escenario, una vez que los anteriores artistas –si así se podían llamar– finalizaron.
 
Outfit de Alzeid

Llevaba una vestimenta muy diferente a la de la misión anterior. Se había cambiado para la ocasión, para parecer un verdadero artista y no llamar demasiado la atención. En esta ocasión, Alzeid vestía unos pantalones de traje negros y una camisa -también negra- que dejaba su pecho completamente descubierto, haciendo visibles las cicatrices de su torso. Por encima, un abrigo largo también de color negro. Un look quizá un poco lúgubre, pero que con sus cabellos azulados sueltos le daba un toque diferente. – Hola, queridas y queridos. – Guiñó un ojo. – Esta noche, vuestra querida Lillia me ha invitado a compartir con todos vosotros una canción. Espero que os guste… – Cerró los ojos, puso su mano derecha sobre el corazón e hizo una pequeña reverencia. Cogió la guitarra prestada que se encontraba normalmente al lado del escenario, en la mesa de sonido, y comenzó a tocar…
 
Al acabar, algunas gotas de sudor por el calor y por la emoción descendieron sobre su rostro, dándole más brillo de lo normal. Sacudió la cabeza un par de veces, para dejar que las gotas cayesen, y volvió a hacer una referencia. – ¡Muchas gracias! – Dijo mientras realizaba varias reverencias y aplaudía. Algunas personas lo ovacionaron y otras le pidieron que cantase más con el grito de "otra, otra". Pero no le estaban pagando lo suficiente para hacerlo. 
 
Nada más bajar del escenario, ignorando por completo al público cual artista ególatra, fue directamente hacia donde Irina y Daryl. Su personalidad ya comenzaba a cambiar. Poco antes de llegar… – ¿Eeeeeeh? ¿El local es pet friendly? – Susurró unas palabras no muy agradables, en una clara referencia a Daryl, y que podrían haber sido fácilmente escuchadas por él. Pero no dijo nada más sobre este tema. Cambió el chip de repente. – Irina, ¿te estás desmelenando? ¿Por qué estás con tantos acompañantes? Acaso... – Señaló a dos personas de aspecto extraño que estaban justamente a su lado y que habían estado mirando para ellos bastante tiempo. – ¿Nos conocemos? ¿O queréis que firme vuestra alma? – Les guiñó el ojo. Dirigió su mirada concretamente al que parecía más humano, aunque tenía una apariencia ciertamente tétrica. Como si fuese la primera vez que salía de casa y le estuviese generando ansiedad respirar aire fresco. ¿Quiénes eran?
 
Resumen

Karmas
#6
Atributos Personaje


Llegamos a Toroa tras una semana en el barco de vino de los cojones. Se me hizo larguísimo, qué auténtico coñazo, madre mía. Aquella isla era en cuanto a sensación térmica, era mucho más fresca, todo lo contrario a Ohara, hacía fresquito, incluso había un poquito de niebla de vez en cuando. Adoro este clima, me hacía sentir en paz conmigo mismo, me relajaba, podía tirarme horas sentada sola con el frío, y si llovía mejor. Pero no estaba sola, el pelo arbusto me acompañaba. No sabíamos donde íbamos, llevábamos unos días por aquí y me caguen diez, solo había un pueblo, como en Ohara, además era todo super pijo, que si vinos, que sí obras de arte... Un castillo que se veía a lo lejos y escuché a un paisano hablar de un bosque muy oscuro. Ese sitio podía ser un buen lugar para probar que tal me llevaba con Shock y mi nuevo rifle, pero quizás ya iría yo un día sola para probar. De momento estábamos dando un paseo por el pueblo y encontramos lo que parecía una taberna, puesto que se escuchaba jaleo y el chin chin de las copas - ¡Vamos chocho, me apetece una cervecita, joder! ¡IAHAHAHA! -

Me adelanté hacia la puerta, con las manos detrás de la cabeza y mi chiche haciendo pompas rosas. Para desgracia mía, aquel sitio era un puto aburrimiento. Estaban recitando... ¿POESÍA? No me jodas, yo quería buen rollito, jolgorio, risas, voces a todo volumen, no esto - Ogg, no me jodas - Dije en voz baja, cabreada, pero no me quedaba otra si quería cerveza. Alcé la mirada por el local y había gente de lo más pintoresca, gente con mucha clase, o bueno, así es como se dicen a sí mismo ellos, a mí me suda el coño completamente. Lo que más me llamó la atención, había un tío super grande y otro con traje negro y cicatrices sentados al lado de una chica pelirroja con ojos amarillos - Ais, ojalá estuviera aquí Ikirami y tomar otra ronda juntas - Pensé al ver a esa mujer, que no sé por qué me llamaba la atención. A su lado, había una mesa con un tío que parecía super depresivo, como agobiado, acompañado de una mujer con el pelo morado y ¿antenitas? Qué cojones, nunca había visto algo así en mi vida. Iba con Shock metida en mi chaqueta y el rifle a mi espalda. Quizás, era algo basto entrar allí con ellas, pero, sinceramente, me daba igual, pase totalmente de la mujer que estaba al cargo del ropero y tiré para adelante hacia la barra.

Me apoyé en la barra, chistando la lengua al camarero - Chs, una jarrita de cerveza para mí, ¡Y fresquita, eh! Y para mi acompañante lo que él diga, seguramente café, aunque sea de noche ¡IAHAHAHA! - Dije para animar el ambiente de la sala, que parecían que estaban todos muertos. El de la barra me puso la bebida con cara de preocupación, como si fuera una maleante. Saqué dinero de mi bolsillo y se lo dejé en la mesa - Toma anda, no soy una puta rata - Le dije con cara de culo. Cogí la jarra con mi mano derecha, mientras que con la izquierda sujetaba la correa del rifle de mi espalda. Shock iba bien resguardada dentro del abrigo, por lo que no me daba problemas - Venga pelo Arbusto, busquemos un sitio y escuchemos esto rápido - Me giré a mirarle - Son pipiolos, como tú ¡IAHAHAHA! -

No sabía donde sentarme, el único que parecía menos refinado allí era el rayado en traje y su amiga con antenas, y tenían dos asientos libres, así que me fui para ya directamente, apoyando mi cerveza en la mesa - Que pasa calabaza ¿Puedo? ¿Sí? Oh, gracias, muy amable - Dije sacando la lengua, sin esperar una respuesta del trajeado. Me senté en la mesa, apoyando los pies encima de esta, con el rifle a mi izquierda, colgando del hombro y Shock seguía dentro de mi gran abrigo. Ventajas de vestir ropa grande y cómoda, supongo. Cogí la jarra de cerveza y enfrente de mí, estaba la mesa del grandote, él cicatrices trajeado y la enigmática mujer de ojos amarillos. Al estar ya más cerca, me fijé en las manos de aquel tío, eran enormes. Dios, tendría que hacer maravillas con ellas. Incluso me estaba empezando a poner cachonda solo de pensarlo. Pero claro, la mujercita de al lado seguramente sería su novia, o acompañante, quién sabe. La miré fijamente durante unos 3 segundos. Alcé la jarra hacia arriba y la guiñé un ojo a la vez que le lanzaba un besito - ¡POR LA POESÍA, OJITOS SALTONES! - Para acto seguido pegarle un buen trago a la cerveza - ¡AAAAAAAH! ¡QUÉ RICA ESTÁ, JODER! ¡IAHAHAHA! - me giré para mirar al trajeado y la antenitas, la cual estaba fumando - ¡No fumes, antenitas, coño, que es malo para los pulmones! - Di un golpe a la mesa con mi pie derecho para llamar la atención del trajeado *PUM* - ¡Y tú, el amargado, espabila, que estás tope de aburrido o algo te pasa, cojones! - Quería pasármelo bien, así que tenía que animar el ambiente.

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#7
La poesía tenía algo mágico, podía hacer que personas tan extrañas como Irina fueran capaces de expresar incluso felicidad. Aunque el alcohol tenía parte de culpa. Sonreía mientras los tipos hablaban. Es que casi ni les escuchaba, solo entraba en sus oidos el rumor de pequeñas voces acompañado de un piano, varias guitarritas y un saxofón. - ¿Cómo estará la basura de Glatus? - Recordó que le había dado una mayor dosis de drogas, que apenas podía respirar por la fractura de sus costillas e imaginarlo allí, alucinando, medio mareado y vomitando sangre mientras ella se lo pasaba bien, le convertía la velada en algo aún más divertido. Qué felicidad estaba sintiendo la Volkov. Varios de los presentes miraron hacia la puerta. Los poetas se callaron un par de segundos al ver entrar a un hombre de dos metros, con una mano de metal y un espadón que casi era más grande que el mismo. Es a lo que Daryl llamaba "pasar desapercibido". Fue como cuando estás comiendo en el campo, es un día genial, están tus sobrinos de mierda a los que no ves desde hace años, pero incluso tenías ganas de verlos, es el día perfecto, te ponen tu comida preferida pero hay una mosca. Una mosca que siempre está encima de tu plato amargándote el mejor momento del día. Daryl era la mosca.

Los focos (ojos) de Irina se abrieron de sopetón, enfocando el cuerpo musculado de su compañero. — La mosca. —  Se dijo a si misma, depositando la copa sobre la mesa. Justo al costado se encontraba un plato de carne muy muy muy poco hecha, aderezada por sus especiales condimentos que guardaba en pequeños frasquitos. Nadie sabría que era sangre, pues se las apañaba para aplicar su toque de magia en momentos donde no llamara para nada la atención.

Seguía cruzada de piernas. Estaba juguetona, pues la Volkov meneaba el tacón como si comenzase a estar impaciente por algo. Daryl se aproximó, quedando muy cerca de la misma, pero sin llegar a sentarse. Era atractivo, eso era imposible de obviar, pero detestaba el olor a hombre que emanaba, su voz casi ronca y su perfil de varón. Eso sí, jamás querría tener a otro compañero a su lado, Daryl era de ella, para siempre. — Para que después me digas que no aprendo nada de ti, aquí estoy, perdiendo el tiempo como uno más de vosotros. — Retomó la copa, la cual relamió, ya que no le quedaba nada en el interior. Quería seguir bebiendo, pero no debía. Pocas personas son capaces de decir que no a un vicio cuando ya está en pleno avance, Irina era capaz. Lo que no evitaba que ya estuviera medio borracha. —  Me conformo con que te sientes, Daryl. —  Le respondió a su invitación de otra ronda. - Ya quiere llevarme a su terreno. Tiene que estar tan desesperado por mí. Qué mono-  Su mirada clavada en el hombre eran cuchillos. Para nada manifestaba lo que estaba pensando, casi parecía que le estaba molestando su presencia. El cabello de la hembra no era rojizo, era más bien rosado, pero de noche era fácil confundirlo. ¿A qué venía eso? un hombre que rondaba los 50, de barba pronunciada, poco cabello, gorro de leñador y botas de vaquero, le chistó.
— ¡A la pelirroja que no le falte nada! —  Irina no le miró, hizo oídos sordos. Solo oídos, el comentario ya quedaría en su mente, revoloteando como otra mosca molesta. Muchas moscas para una noche de tranquilidad.

Un hombre de aspecto pusilánime se sentó cerca. Sus pasos fueron seguidos por su compañera. - Otro perro. - Pensó al comparar imágenes. Al menos el aspecto de la mujer de cabello morado era bastante más rudo que el del hombre. Entre Daryl e Irina no se podía llevar mucho a conclusión este aspecto, ya que el tipo merecía bien su título de hombre, siempre con más aspecto de agresivo. Sin embargo el verdadero control ejercido, sin necesidad de violencia, era el poder real. Alzeid la entendería. Hubo un instante donde casi deseó ver a ese espécimen que tenía más de serpiente que de humano. ¿Lo pides? lo tienes. Alzeid entró al local. La última mosca de este pastel de mierda. No solo eso, si no que comenzó a cantar, sacando del escenario a los anteriores artistas que habían armonizado la noche de Irina. Tendrían que haber terminado hace horas, pero las incesantes  peticiones de la Volkov, terminaron por obligarles a alargar el show. 

Le rellenaron la copa. La copa a la que invitaba el polla vieja de antes.

Llevada por un desenfreno que no pudo opacar, esperó a que Alzeid se diera la vuelta en uno de sus excéntricos movimientos y le lanzó la copa. Lo hizo rápido, haciendo uso de su particular y extrema velocidad de movimiento. Para cuando se diera la vuelta, Irina estaría señalando a Daryl. Alzeid se aproximó. — Por qué os sorprende tanto que me tome una noche personal para disfrutar de lo que soléis hacer vosotros siempre. Quería bajar al barro. Quería sentirme un poco como vosotros. — Ahora necesitaba otra copa, ya no tenía. — ¡Deja al perro! —  Le gritó a Alzeid, levantando el tacón. Apuntaba a su pecho. — ¿No ves que tiene dueña? — Se refería a Kevin, como el perro y a Gideon, como dueña. Alzeid era de liarla allá donde estuviera e Irina ... Bueno, a su manera también. Pero hoy estaba tontorrona por la bebida. Levantó la cabeza y comenzó a reir sin ton ni son.
Off

La última mosca apareció. Resultó ser una mujer de aspecto jovial. Todas las moscas eran llamativas, era un rasgo que les caracterizaba. Ocurrió rápido, se sentó no muy lejos, en la mesa del perro y su dueña y muy cerca de Alzeid también. Se tomó unas confianzas excesivas, como las que solía tomar Alzeid. —  ¡Por la poesía! — Levantó su pierna, con ella lanzó hacia delante la mesa de madera que tenía en frente. Eso provocaría que se les vendría encima tanto a Alzeid como a los otros tres.

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#8
Atributos Personaje


Tengo la espalda reventada del barco, estoy algo cansado y he estado organizando un poco el escritorio de mi habitación, aun así me ha sacado arrastras Erika del hostal. La verdad que el tiempo era diferente a Ohara, después de la conversación que tuve con aquel tabernero me puse una ropa cómoda, pero que abrigara del frío, no es que fuéramos grandes amigos, ya que me solía constipar con cierta facilidad, así que nada unos botines, unos pantalones cómodos y un abrigo que tapara mi bata-gabardina azul. Tras varios días por la ciudad pude respirar ese aire romántico, como si se tratara de otra época, incluso de otro siglo, pero a la vez podía ver como los artistas locales iban creando nuevas tendencias, chocando con lo que estaba acostumbrado. En un instante Erika se giró y vio una taberna, bueno, más que taberna, un local amenizado que se llamaba "Arte por Amor", que si entrabamos que quería reventarse el cerebro con una cerveza. - Si no queda de otra habrá que entrar.

La deje cierto espacio a la hora de entrar en el garito, esta vez no la avise de que no se pasara gritando o dando la nota, la verdad es que no estaba teniendo unos buenos días en Toroa, lo que menos quiero es que encima haya jaleo… Cuando cruce la puerta alguien acaba de terminar de tocar, había aplausos y ciertos vítores, así que podía deducir que la actuación había sido espectacular. Llegue al guardarropa y deje mi abrigo, la que gestionaba el guardarropa me dio un ticket para recoger el abrigo en la salida y antes de seguir avanzando observe la sala. 

En ella se apreciaba que estaba todo hasta arriba, gente que parecía sacada de la mayor aristocracia posible. - Mierda tenía que haberme puesto más de etiqueta. Seguí con mi mirada barriendo de derecha a izquierda como si buscará a algo o alguien, no vi nada más relevante que un par de mesas que me robaron la atención, en la primera de ellas allí estaba Erika con su jarra de cerveza hostigando a una pareja, lo más destacable de esa pareja era ella, tenía unas antenas en el pelo así que tiene que venir de la misma isla de mi madre, en cambio, su compañero, parecía una persona más. En cambio, en la otra mesa podía observar un trío a cada cual más raro, por un lado, podía ver una persona que iba trajeada completamente, pero sin camisa, mostrando unas "cicatrices" tanto en su cara como en el pecho, de hecho el resto de mesas estaban prestándole atención, podría ser el tipo que ha tocado antes de que entrara a la sala, podría ser él. Aun así, si es un artista, la vida le ha tratado muy muy mal. A continuación podía ver una chica joven de cabello rojo, bueno en general, entera de rojo, que mostraba ciertos tatuajes a través de la rotura de su vestido, demasiada mujer para esos dos o eso creo yo. Por último, un hombre bastante corpulento como yo en temas de tamaño, pero no en físico, se le veía peligroso, amenazador, de hecho no sé qué pintaba en ese trío porque si el de las cicatrices es un posible músico, ella al menos tiene que ser actriz, pero el grandullón que pintaba en esa ecuación?? Tras unos segundos pensando puede sacar el siguiente juicio, al final siempre el mundo del artisteo se queda a las mejores, ese tiene que ser el guardaespaldas del músico casi seguro.

Después de ver la escena me acerqué a la barra y como bien había dicho mi compañera le pedí al camarero un café solo a poder ser más cargado de la cuenta. Cuando Erika hizo un brindis, simplemente alce la taza y pegue un sorbo. Me volví a girar mirando al camarero y en cierto tono jocoso le comenté -Tengo la sensación que esta noche voy a ser como una hoja que flota en medio de un huracán. De repente escuché otro brindis y un golpe tremendo como si alguien hubiera reventado algo muy duro. -Lo que te decía esta chica me va a matar un día de estos.

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#9
Daryl estaba medio contento por estar pasando tiempo despreocupado del trabajo, pero las respuestas de Irina eran bordes como de costumbre. "No se porqué pensaba que igual tras beber un poco se relajaría", pensó para después dejar salir un suspiro mientras se acomodaba en la silla. — Supongo que todo se acaba pegando. — Respondió ante su comentario de que parecía estar aprendiendo cosas de Daryl, simplemente por seguir la charla. Le dio otro trago a su bebida, ya le quedaba poco. Escuchaba el recital intentando prestar atención. Él no solía disfrutar de cosas tan excéntricas y snobs como la poesía, no gastaba su tiempo en intentar entenderla. Usaban palabras bonitas, pero a veces le daba la sensación de que abusaban de eso mismo y de que se olvidaban de dar un mensaje, o de que lo escondían demasiado a propósito, para dejar a la gente con cara de tontos por no entender de que hablan. En fin.

Un mierdecilla soltó un comentario sobre Irina, era un borracho, un hombre claramente inferior, podía notarse a simple vista. ¿Cómo se sentía en el derecho de decirle nada? Ni si quiera parecían provenir del mismo plano terrenal, había tanta distancia entre uno y otro que el mero hecho de que le dirigiese la palabra era insultante. Daryl le fulminó con la mirada, seguramente aquel simple gesto ya acojonaría al simple pueblerino. Pero no merecía nada más, ni si quiera una amenaza. A veces Daryl se sorprendía a sí mismo al verse actuar de forma tan sobreprotectora. Entonces una pareja se sentó en la única mesa que había libre, justamente al lado de la de ellos. Daryl se fijó en ellos pero solo por un segundo, tampoco le resultaban más extravagantes que el resto de personas del bar, una mujer de pelo morado y gran cicatriz, y un hombre normal y trajeado. Daryl pasaba un poco de todo. Lo que no pudo ignorar fue la aparición de Alzeid. Cómo no, tuvo que hacerla por todo lo alto, dando el cante, montando el numerito. "Madre mía..." Daryl no soportaba muchas de las actitudes de su compañero, una de las cosas que le irritaban era su afán de protagonismo. Estaba bien, no cantaba mal, la verdad es que su música era buena, pero le guardaba cierta inquina, cierto asco. Se centró en mirar a otro lado sin prestar mucha atención.

Entonces, de la nada, Irina vació su copa recién repuesta sobre Alzeid. Arrojó todo su contenido sobre él, en un movimiento grácil e inesperado. Daryl rápidamente se giró para mirarla, aquello le había pillado desprevenido, pero lo que más le sorprendió fue que le estaba señalando a él, como inculpándole. Arqueó una de las cejas mientras apartaba la mano inculpadora de Irina con su mano izquierda, la metálica. — ¡Oye, no me culpes a mi! — El gesto de su rostro fue cambiando del enfado al de una sonrisa, ladeada y pícara. Le había hecho gracia que hubiera mojado a Alzeid, la verdad. — Mi copa aún está llena. — Agarró su vaso de la mesa, luego tiró su contenido también hacia Alzeid, quién empezaba a acercarse al grupo. — ¿Ves? — Dejó el cristal sobre la madera, con cierta agresividad, haciéndola retumbar por el peso de su enorme brazo. — ¡Otra por aquí! — No estaba borracho, pero el calor del whisky subía con rapidez. Soltó una carcajada. Hacía tiempo que no reía en voz alta. Entonces se dio cuenta de que había tocado la mano de Irina sin problema... bueno, no la había tocado como tal, había usado su mano metálica, pero se sorprendió un poco a sí mismo.

Tras acercarse Alzeid, ahora la atención recaía sobre la pareja de la mesa de al lado. "Pobrecitos, no saben dónde se han metido", pensó Daryl mientras rellenaban su copa. Dio un trago largo... qué calor más reconfortante era el del alcohol. Escuchó a su compañera referirse al hombre trajeado como "perro", vaya, otro más. "Bienvenido al club", pensó mientras saboreaba el whisky en su boca. Otra pareja más apareció, sentándose en el mismo sitio. Era curioso como parecían no conocerse entre ellos, pero se pusieron juntos, cuando en la mesa de Irina y Daryl también quedaba sitio. Será que imponían demasiado. La mujer que acababa de llegar era un torbellino, era incluso más ruidosa y llamativa que Alzeid... eso era ya mucho decir. Pero cuanto más bebía, más igual le daba, menos le molestaban esas tonterías. "Por la poesía", brindó la estridente peliazul. Irina acompañó el brindis, para acto seguido lanzar una patada a la mesa, tirándola hacia el suelo y hacia los recién llegados. "Ahora entiendo porqué no bebe nunca... está aún más loca de lo normal", pensó mientras sonreía, observando el estropicio provocado por su compañera, "pero también es más divertida". Se levantó de la silla, menos mal que tenía la copa en su mano, sino habría acabado rota y desparramada por el suelo. No pudo evitar soltar una carcajada, Irina medio borracha era la hostia.



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#10
Gideon pidió otra jarra de cerveza a la amable señorita y, acto seguido, preguntó a Kevin si le interesaba la poesía o alguna otra disciplina artística. Lo cierto es que, durante toda su vida, ha estado tan ocupado, o bien con sus estudios, o bien con sus numerosos empleos, que nunca había tenido demasiado tiempo como para disfrutar de la vida y, por lo tanto, empaparse de toda clase de obras artísticas. Por no hablar que, por si no era obvio, el oficinista tenía cero vocación para ello.- Ci-ciertamente nunca ha sido lo mío...- Comenzaba a golpear intermitentemente la mesa con los dedos de su mano, estaba algo nervioso.- ¡Pe-pero admiro muchísimo, vuestro trabajo y pasión que sentís los artistas! Cr-creo que se debe tener una gran sensibilidad para hacer grandes obras...- Se estaba yendo por las ramas, y se dio cuenta. Comenzó a balbucear.- ¡Pe-perdón perdón! Me he ido por las ramas, jefa... ¿T-tú qué opinas?

Pero justo cuando Kevin le formuló la pregunta, un ser andrógino, de pelo azul y vestido de negro, se subió al escenario, saludando al público y anunciando que iba a cantar una pequeña pieza musical. Todo esto habría sido normal, si no fuera porque el cantante, estaba cubierto de cicatrices... El pobre Fojobs volvió a tragar saliva. Estaba mal prejuzgar a las personas, pero cuando todo el mundo te ha hundido en la miseria, lo fácil es dudar de absolutamente todo. Y cuantos más elementos amenazantes poseyera el sujeto, peor. Sin embargo, el artista con cicatrices comenzó a cantar y, los pelos de Kevin se erizaron por completo. El espectáculo había sido precioso, ciertamente le había llegado al alma, así que, sin pensárselo dos veces, ojiplático cuando terminó de cantar aplaudió al artista.- ¿H-has escuchado lo mismo que yo, jefa?- Estaba completamente absorto, aunque el trance le duró poco cuando vio que, el peliazul, conocía al dúo intimidante de la mesa de al lado, pasando a ser un trío intimidante. Pero, lo peor de todo, fue cuando el cantante se aproximó a los cazarrecompensas, preguntando si se conocían de algo y si querían una firma del artista. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Se trataba de una amenaza? ¿ACASO ERAN PIRATAS? - Calma Kevin, no tienes ni idea de quiénes son... Si fueran piratas tendrían recompensa y las habrías visto en el periódico, eso es... Expira... Inspira... Expira... Inspira... Eso es, eso es...- Pensaba mientras escuchaba de parte de la pelirroja como se dirigía a Kevin como "perro", cosa con la que, realmente, el joven estaba de acuerdo, ¡y de hecho le gustaba! Para lo bueno y lo malo, él era un fiel mandado. Miró primero a Gideon, expresándole, con el gesto de su cara, que se calmara, aunque ahí el único al borde de un ataque de ansiedad era él. Instantáneamente, miró  a la cara del sujeto parcheado, daba canguelo, de verdad- M-me temo que no... ¿Se-señorito?... Aun-aunque me ha encantado tu actuación, ¡ha-ha estado genial!

Y justamente, como si no fueran pocos, parió la abuela, pues, una persona, completamente intrusiva, se apalancó en una de las sillas que estaban vacías en la mesa, posando sus pies encima de la misma. Era una chica, de cabello de color azul, también, con dos coletas que se elevaban sobre su cabeza. Llevaba un estilo algo informal, pero moderno y, lo más importante, ¿tenía un rifle? Su comportamiento le recordaba a los típicos abusones que alguna vez se habían aprovechado de él. Inevitablemente para él, el tembleque de su ojo izquierdo volvió a manifestarse ¿Dónde estaba la jarra de cerveza que había pedido? Con la cerveza que portaba la chica, brindó "por la poesía" para, acto seguido, recriminarle a Gideon que dejara de fumar y a Kevin que espabilara, que estaba siendo un soso y, por si fuera poco, una mesa voladora, pateada por la pelirroja de mirada penetrante, aterrizó sobre ellos. La respiración de Kevin se volvió pesada y repetida, su pulso se vio acelerado y la vista comenzó a nublarse, ¡joder! Estaba sufriendo un ataque de ansiedad. Él solo quería desconectar de la vida de mierda que estaba teniendo, pensaba que salir a dar un paseo con Gideon y ver un recital de poesía le podría calmar. Pero entonces, ¿qué hacían ellos ahí? Y peor aún, ¿por qué siempre se dejaba ningunear por ese tipo de personas?

La camarera pasando por su lado con sus jarras de cerveza hizo que saliera de su bucle mental. Con o sin ayuda de sus acompañantes, apartó la mesa que le habían tirado encima y se levantó. Instantáneamente, agarró la jarra por la asa y, de un sólo trago se la bebió entera, tosiendo fuertemente al acabar de beber.- Por la poesía Pidió otra a la camarera, antes de que se fuera. Justo después, agarró la mesa y la volvió a poner donde estaban sentados la pelirroja y el fortachón. Sólo esperaba que Gideon no iniciara ninguna pelea, esa gente parecía dura de verdad. Nerviosamente, sonrió hacia la chica.- Cu-cuidado, señorita, aún quedan varias actuaciones, a-a ver si nos vamos a quedar sin local je... je.- A lo mejor entablar conversación con la mujer había sentenciado la vida de Kevin, pero quizás, y sólo quizás, ya se le había subido un poquito el alcohol a Kevin.

RESUMEN DEL TURNO

KARMA


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