[T4].[Aventura] Recuerdos del infierno (Presente Absoluto)
#41
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Estaba maldito. O simplemente estaba tomando malas decisiones.
Puede que atacar a Joe directamente, sin explicarle mis intenciones hubiera sido el primer eslabón de una cadena de erorres concatenados que estaban llevándome a uno de los lugares más peliagudos en los que me había situado jamás. O también era posible que el simple hecho de acompañar a Joe a esta aventura con al esperanza de que fuera un paseo por el campo hubiera sido el primer y mayor error. Debí cortarle la cabeza a la puta cabeza cuando se me acercó a desatarme. En cualquier caso, la cosa pintaba mucho peor. 
 
Cuando reptaba lo más rápido que podía hacia la fruta con la intención de asegurármela, Joe debió alguna técnica que de alguna manera lanzó a Minaya, la mujer bicho, de manera brutal sobre el suelo, perdiendo su transformación de Zoan en el acto para, desfortunadamente, caer boca abajo sobre la fruta, quedando esta a la altura de su ombligo, justo delante de mi, impidiéndome cogerla. — No me vais a dejar en paz... — pensaba mientras me incorporába lo más rápido que podía, llevando a Shimei Kaeru hacia mi izquierda y dibujando dos cortes en forma de V invertida, uno hacia los pies de Minaya y otro hacia su cabeza, evitando impactar con mi filo sobre la fruta. Los cortes, precisos, tenían como objetivo lisiar su movilidad en forma humana y si no era posible, degollarla para evitar que se llevara el tan codiciado botín.
 
Tras asestar mi ataque, enfundé a mi espada mientras amenazaba a Minaya para que no se le ocurriera bajo ningún concepto coger la fruta. — Despacito y con los brazos en la nuca. — dije mucho más serio de lo que acostumbro, muestra de mi notorio enfado por la situación — Todos. — maticé — O voy a hartarme a cortarte las uñas a la altura del codo. — aseveré mientras observaba con atención y me percataba de un curioso botón al lado de la puerta cercana a la que la fruta había caído. 


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#42
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Bingo.
Detrás del tapete estaba aquella jirafa. Era una habitación más pequeña, pero tenía mucha altura, como si de una torre se tratase. La jirafa empezó a articular el cuello, pero extrañamente sonaba como si de una máquina se tratase, mecanismos y sonidos metálicos sonaban cuando hizo aquellos movimientos. Recordé la primera vez que la vi y nos apuntó a Viktor y a mí con un cañón que salía de su boca, nunca había visto algo así ni lo entendía, pero lo que sí entiendo, es que un cañón es para disparar, las cosas empezaban a cuadrarme correctamente.

Rápidamente, estando detrás de él, antes de que consiguiera saber donde estaba, me abalancé sobre su cabeza, y con mi brazo izquierdo, presioné fuertemente, cerrándole la boca para que no pudiera usar aquel cañón que tenía dentro de su garganta y volver a hacer cualquier cosa rara - Tú, te callas - Para acto seguido propinarle un puñetazo en la cara con mi brazo derecho.

Miré lo que estaba pasando en el otro lado de la sala. Viktor le había propinado dos cortes a la niña avispa, la cual no sabía ni que estaba en la sala. El peli blanco estaba directamente amenazando con que nadie se moviese - ¿De qué lado está? No entiendo nada - Pensé. Por ahora, lo que necesitaba era quitarme de en medio a la jirafa.

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#43
En un giro dramático de los acontecimientos, la dupla - ya no tan unida - de Cazador y Marine habían volteado la tortilla y roto algunos huevos. Por un lado, el héroe de los cabos gemelos y la joven promesa de la Marina, Joe, había realizado un ataque conjunto a los enemigos que le rodeaban y pese a estar en inferioridad numérica se había deshecho de sus limitaciones y sus miedos y había decidido tomar el control saltando hacia uno de sus enemigos, el más lejano de todos, imponiendo su fuerza y su velocidad ante su tosca capacidad ofensiva a distancia. Tenía inmovilizado a uno de aquellos malhechores, al amable y elegante de Hawk, el bueno del Mink Jirafa que no había hecho daño a nadie... o a priori eso podría parecer.
Hawk Naverof, un criminal buscado en el North Blue por ser uno de los mayores pederastas de la historia de dicho blue. Con cargos de asalto, violación y asesinato de más de cuatro decenas de menores de edad, era uno de los miembros más antiguos de la banda de los Dalton. Fue derrotado una vez por un joven marine que ahora ostenta un cargo entre los vicealmirantes, quien le partió el cuello y lo encerró en Impel Down, capturándolo, hace unos cuantos años... pero nadie se sorprendía de que apareciesen presos muertos de vez en cuando en Impel Down, y menos aun los tullidos. El caso es que el padre confesional de la prisión, Therens Blackmore, sabía cómo hacer desaparecer a según qué tipo de prisioneros según qué tipo de necesidades se tuvieran. Un cuello nuevo y la capacidad de poder caminar, y hacerlo libre fuera de esas instalaciones fueron el precio para tener a uno de los tiradores más letales del North Blue en las filas de la banda.

Ahora, ese criminal yacía ante las manos de otra joven promesa de los Marines. Hawk recordaba a toda velocidad todo lo que vivió aquel día hará tantos años, cómo recorrió la distancia entre ambos, cómo le sujetó, el giro brutal y rápido y el crujido que invadió todo el habitáculo en el que perdió su libertad, su movilidad, y su orgullo. Ahora, y gracias a la benevolencia del padre Blackmore podía caminar, y podía erguir el cuello... pero nada más. Era el único cuello que podía enderezar. Y para él, ver caramelos como Volcano, inocentes, puros y descuidados, sin la posibilidad de ser disfrutados, era una tortura constante que pagaba el precio de escapar de aquel infierno. Luchaba contra sus demonios a diario.
— ¡Mgphmfm! — trató de decir Hawk, sin éxito ninguno, dándo un puñetazo sin fuerza al cuerpo del marine y sintiendo la mordaza de la justicia de Joe sobre su hocico e impidiéndole disparar. Pero sabía que era cuestión de un poco que Blackmore y Minaya fueran a ayudarle a quitárselo de encima. Confiaba en ellos.

Minaya por su parte trataba de levantarse cuando sintió un ataque feroz y rápido en dos puntos distintos de su cuerpo. Las piernas y la cabeza. Dos cortes, suficientes como para dejarle marca cuando terminasen de curar, mientras ella pensaba en qué habría pasado o cómo se habría podido dar la situación. Minaya estaba en la banda de los Dalton casi por el destino. Su madre se llamaba Gerthud Blackmore, y era la hermana de Therens. Murió cuando Minaya apenas era un bebé, a manos de un infame pirata de los mares del Grand Line que más tarde formaría una banda de saqueadores y contrabandistas: Nimda Leyos, el líder de los Dalton. La historia es enrevesada y complicada hasta el punto de que Blackmore asumió la crianza de la chica y juró vengar a su hermana, empezando a torturar prisioneros en Impel Down para sacarles información sobre aquella bestia, sin éxito, perdiendo su bondad, su fe y sus votos. Con el paso de los años, Nimda le encontró a él y digamos que Minaya era el motivo por el cual el padre había decidido colaborar con la institución y abandonar su cargo en las instalaciones penitenciarias del Gobierno. Minaya no sabía nada de esto. Ni que Blackmore era su tío - pues lo creía su hermano - y había trabajado en Impel Down, ni que Nimda había asesinado a su madre, ni tampoco que ahora tenía subyugado a Therens de alguna forma para obligarle a trabajar para él.
Minaya no sabía nada. Pero podía imaginarse quién le había atacado, pues sólo estaba con aquel apuesto mercenario y su "hermano", y este nunca la dañaría. Así que su misión era advertirle del peligro a su benefactor para que también pudiera ayudarla — ¡Kyaaah! — gritó entre lágrimas presa del dolor, tambaleándose e intentando levantarse sin éxito.

Blackmore por su parte pudo ver a Joe salir despedido por encima de él y dirigirse hacia Hawk y enfocó su vista en esto, frunciendo un poco el ceño y molesto por la habilidad del Marine. Geppo... la conocía bien. Sus años como lo que podría ser un funcionariado de la fé le había permitido ver agentes de cuerpos especiales trayendo y llevándose presos y moviéndose por las instalaciones usando esa técnica, pasando de un piso al siguiente con facilidad. Era un problema, pues si Joe Nameless conseguía escapar de aquí, su tapadera y su vinculación con esta banda criminal quedarían al descubierto y podría perder su estatus, su cargo y sus beneficios no solo parroquiales, si no también institucionales y gubernamentales. Tenía que morir a como diera lugar, y tenía que obligar al cazador a hacerlo para poder tener pruebas contra él en caso de querer revelarse y poder chantajearlo con denunciarlo por el asesinato de un marine en ciernes y poner precio a su cabeza. Así fue como mientras Joe aterrizaba y realizaba sus justicieros actos con Hawk, Blackmore se giró para poder ver a Viktor vagamente en pie, dándole la espalda y traicionando su pacto, atacando dos veces a Minaya quien aun estaba tendida en el suelo.
La ira y la frustración se apoderaron de él, la fe en su santo señor había desaparecido y ahora sólo era un adalid de la locura y la sangre. Y ese hijo de la gran puta vendido iba a conocer el dolor de traicionar un pacto ante Dios. Rápidamente sacó del bolsillo una especie de cuerda enroscada y cargando el brazo hacia atrás mientras el espadachín guardaba su arma mirando a la muchacha y le dedicaba unas cruentas palabras, propició un latigazo brutal cuyo relampageánte sonido inundó la sala al mismo tiempo que el grito de Minaya, dando un golpe directo hacia la nuca del espadachín con todas las fuerzas que podía, la suerte de su lado, el poder de Dios y su extraña arma: un rosario gigante que terminaba en un crucifijo en punta. Con este, apuñaló la base del cuello del cazador por la espalda y le perforó produciéndole una herida considerable, recogiendo su látigo con otro tirón seco.
— ¡El juicio de Dios es claro! — bramó el sacerdote fuertemente — ¡El trato queda anulado y vosotros sentiréis la ira de mi señor! — gritó de nuevo, encarándose para enfrentar al espadachín o actuar en base a lo que este quisiera o esperase hacer.





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#D86700
#44
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La mujer avispa no pudo reaccionar.
Al caer sobre la fruta y recibir mi ataque se estremeció del dolor y se retorció entre llantos. Justo cuando envainé mi espada y me disponía a apartar a la mujer para coger la akuma no mi que tanto ansiaba, escuché un sonido seco de chasquido que resonó por toda la sala. No pude ni siquiera identificar qué había sido aquel ruido hasta que comencé a sentir el punzante dolor en mi cuello, seguido de un profuso sangrado. Estaba claro que se trataba del puto payaso de Blackmore. Me tambaleé del impacto pero no quité los ojos de mi objetivo: la mandarina que Minaya tenía bajo su cuerpo y que era mía. Yo necesitaba ese poder. Necesitaba más poder. Y estaba dispuesto a ir con todo para conseguirlo.
 
El dolor punzante sobre mi cuello me traía los recuerdos cercanos de la muerte de mi gremio. Jamás había sentido tanto dolor en un golpe desde que Vinro me golpeó o desde que me atravesaron con los virotes de ballesta, pero era algo que tenía que soportar. A pesar del dolor, llevé la mano derecha hacia la tsuka de Shimei Kaeru y, con un fugaz desenvaine hacia el cuello de Minaya, devolví el dolor que su amo me había propiciado unos segundos atrás, casi seccionando su cráneo del cuerpo. Cuando la mujer, sin vida, quedó quieta, la aparté con el pie y agarré la fruta con todas mis fuerzas, llevando esta hacia mi boca y mordiéndola en el acto para, seguidamente, darme la vuelta. — ¡JOE! — exclamé a viva voz, todo lo que mi garganta dio de sí — ¡TE DIJE QUE QUERÍA ENCONTRAR ALGO JUNTO AL FUEGO!… —pausé un segundo pasando la vista por Blackmore — ¡SIGUE SIENDO UNA FAMILIA! — concluí mientras permitía que los poderes de la fruta comenzara a aflorar en mi cuerpo. — Si Dios sangra... — murmuré mirando a Blackmore y ubicando mi espada por delante de mí en vertical mientras soltaba la fruta, ya consumida — dejarán de creer en él. —

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#45
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La situación cada vez era más rara.
Viktor tenía contra las cuerdas a la mujer avispa, yo a la jirafa, la cual intentaba hablar, pero no podía debido a mi agarre. Blackmore comenzó a ponerse más y más nervioso, para, de repente, sacar algo de su bolsillo, algo muy raro. Enroscado, parecía una cuerda, pero tenía la peculiaridad de que acababa en una especia de cruz en punta. Le soltó un gran latigazo en el cuello a Viktor que retumbó por toda la sala, ponía los pelos de punta. Pero Viktor no se quedó atrás, en un movimiento despiadado con su katana, mató a la mujer avispa, realmente fue algo grotesco, pero no aparte la mirada de aquello, al revés, lo vi claramente. De repente el peliblanco gritó mi nombre, recordándome una cosa que solo yo podía saber y entender: su promesa junto al fuego aquella noche, el querer una familia... Al igual que yo tenía la mía. En ese momento, todos mis compañeros pasaron por mi mente. No dije nada, simplemente me mantuve callado observando mientras encaraba a Blackmore. en ese momento supe de que lado estaba, aunque tendría que darme una buena explicación después.


Mientras todo esto pasaba, la jirafa se estaba intentando zafar de mí - sin suerte - y me estaba empezando a molestar. Necesitaba ver de qué parte estaba Viktor tras el ataque que fue hacia mí. Aun con mi brazo izquierdo, agarrando la boca de Hawk, use mi cola de serpiente para agarrar y retorcerle una de sus patas, crujiéndole los huesos, a la vez que, de nuevo, con mi brazo derecho, le propiné dos puñetazos más en toda la cara - ¡Cállate la puta boca, o te parto el cuello en dos! - le dije totalmente lleno de rabia e ira. Necesitaba ver a donde iba la situación de Viktor con Blackmore. A pesar de que la jirafa estaba aquí y podía suponer un problema, realmente mi posición era buena por si tenía que ayudar a Viktor.

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#46
En un instante que fue eterno a ojos de Blackmore, Viktor recibió su daño sin que su cabeza fuera separada de su cuello aunque esas fueron las intenciones reales de dicho ataque, y decidió, seguramente guiado por la mala fortuna, atacar a Minaya cercenando la parte lateral de su cuello. Y así, tan frío y sencillo cruzó el metal la carne, el cazador privó de la bendición de la vida a aquella joven inocente e ignorante de todo, que nunca conocería la verdad ni vería los planes de su benefactor llegar a buen puerto para poder sentir la calidez de una venganza cumplida, que no sabía que necesitaba.
Con el corte, un chorro de sangre salió disparado en dirección a los dos hombres que allí permanecían de pie, impactando en los ojos de ambos.
Viktor tuvo tiempo de agacharse a recoger la fruta, gracias a su determinación y obsesión por ella y la mordió ya habiendo perdido la capacidad visual fruto de la sangre de su enemiga, en un intento extraño de complicarle las cosas aun estando muerta, por lo que las palabras que le peliblanco blandió fueron desde su total oscuridad. Por otra parte, Therens sintió un leve suspiro directamente a los ojos un instante antes de que el chorro de sangre le llegase, y cerró los ojos por instinto, salvándose de que la sangre se le metiera en ellos y pudiendo conservar la vista. Otro gran golpe de suerte.

Pero unas por otras, ya que su suerte sólo estaba con él, en él y le acompañaba a él. Y a nadie más. Había podido evitar quedarse ciego temporalmente por la sangre de su sobrina, pero no había podido evitar su muerte a manos de aquel tipo. Aquel hombre que acababa de estrechar su mano y que había traicionado a su amigo, para después traicionarle a él. Todo por obtener aquella fruta... demostrando que fue una muy mala decisión y apuesta mostrársela para cerrar el trato y tendría que haber optado por un plan más sencillo: Separarlos y matar al Marine mientras le escoltaban a las afueras. Pero ¿dónde estarían esos idiotas de Sax y Volcano? Si Hawk no les hubiera mandado retirarse, posiblemente los invitados ya estarían muertos y Minaya aun podría sonreír un día más. Preso de la ira más ígnea que este plano podía permitir, Blackmore blandió su látigo con todas sus fuerzas y amarró el tren superior de Viktor mientras decía sus palabras sobre Dios — ¡¿QUÉ SABRÁS TÚ SOBRE DIOS!? — gritó con furia mientras el látigo se enroscaba entorno al cuerpo del cazador de recompensas, impidiéndole blandir su espada o usar sus nuevos poderes — ¡PERO TE ENVIARÉ A CONOCERLO! — bramó de nuevo con los ojos desencajados, salivando y con las venas del cuello hinchadas, rebuscando con su mano libre en un bolsillo de su sotana.

Mientras todo esto sucedía, Joe había enredado su cola en una de las extremidades de Hawk y le había fisurado uno de los huesos con un apretón poderoso, mientras le golpeaba un par de veces más con sus puños desnudos en la cara. Hawk, que no podía abrir la boca, sí podía abrir los ojos y había visto todo al igual que el Marine, y cuando el último de los puñetazos del Marine impactó en su rostro, la sangre de Minaya salpicó a los dos hombres que observaban a la distancia. Entonces Blackmore bramó y atacó con su arma al cazador, y Hawk, sintiendo la furia, la impotencia y la desesperación de aquel hombre, que le había dado la libertad y la capacidad de volver a respirar el aire del mundo libremente, supo que daba igual lo que tuviera al alcance, pues debía usarlo a como diera lugar para tratar de apoyar a su benefactor.
Así pues, sin tener ángulo, preparación, ni apertura para ello, Hawk accionó su cañón ciborg realizando una de sus técnicas estrella, haciendo que se produjera un fallo en su mecanización y en la estructura de su cuerpo y que el proyectil explotase fuertemente a la altura de su boca, dañándolo a él y dañando al hombre serpiente por igual. Un ataque a la desesperada. Un aviso de que estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para quitarse de encima a aquel monstruo barbudo tan fuerte que lo separaba de poder cumplir su papel de guardaespaldas.





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#D86700
#47
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Una carnicería. La sala se había convertido en un puto matadero con mi ataque.
Tras seccionar el cuello de Minaya, todo a nuestro alrededor se volvió rojo con su líquido vital, que empapó la sala y los ojos de los presentes más cercanos. La cantidad de sangre que llegó a mi cara fue tal que me impidió ver todo el panorama mientras devoraba la fruta y gritaba a Joe, tratando en un intento, quizá inocente, que recordara de qué lado estoy y lo que hablamos. Justo tras murmurar sobre Blackmore, este se enrabietó y con toda su furia, comenzó a bramar. Me hubiera gustado ver su cara desencajada gritando hacia mí. Justo a la vez que me hablaba el párroco, una explosión ahogada sonó al otro lado de la sala, probablemente Joe con el Mink Jirafa. Me costaba ocultar mi preocupación pero sabía que era un hombre capaz y que seguramente pudiera derrotarlo sin problemas y con velocidad.

Estaba pensando atacar, incluso a ciegas, ya que sabía la posición de Blackmore, pero de repente, lo que a todas luces era el látigo con el que me azotó en el cuello, se enrolló sobre mi cuerpo, impidiéndome mover los brazos. ¿Acaso no había quedado cegado como yo? Hijísimo de puta con suerte… — ¿Suerte? Hum — pensé mientras intentaba revolverme para sacar un brazo o a Shimei Kaeru hasta que pensé en algo: si no puedo salir de aquí, que sirva el tiempo parado. Comencé a manifestar los poderes de mi fruta del diablo, iniciando mi transformación híbrida en… lo que quiera que me transforme a partir de ahora. Y a ver quién está luego en la boca del lobo.

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#48
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En apenas unos segundos, aquello se convirtió en el mismísimo infierno.
Observé con atención lo que sucedía en el centro de aquella sala, como Viktor le rebanó el cuello a la chica avispa. A raíz de eso, aquello se convirtió en un espectáculo de sangre, haciendo que salpicara a ambos en los ojos, lo que supuse que ambos no verían absolutamente nada. Pero para mi sorpresa, no fue así, por algún extraño motivo, Blackmore podía seguir viendo con sus ojos, desde luego aquel hombre no era normal. Esto hizo que, usando aquel extraño látigo, consiguiera inmovilizar a Viktor en el tren superior de su cuerpo, a la vez que volvía a decir cosas sobre Dios. Para mi sorpresa, Viktor comenzó a transformarse en algo, podía reconocer perfectamente aquello y solo había un motivo posible: Una Akuma no mi.

Pero por desgracia, el estar pendiente de aquello me jugó a mí una mala pasada. De repente, dentro de la cabeza de la jirafa explotó algo, a saber qué cosas podía tener dentro de la garganta. Esto hizo que se dañase tanto el cómo mi mano izquierda con la que sujetaba la cabeza, la cual, aunque recibí daño, no dejé de soltársela, aquel movimiento suicida no iba a ser suficiente para nuestro amigo moteado.

Del pequeño desplazamiento de mi cuerpo hacia atrás por aquella explosión, aproveché la inercia para clavarle los colmillos en la parte donde empezaba el cuello - junto a la cabeza - e inyectarle el veneno lo más rápido posible. Separé mi boca y saqué los colmillos y acto seguido cerré mi puño derecho y volví a propinarle un puñetazo en la zona de los ojos - ¡Me tienes harto! - De nuevo, otro puñetazo, pero este con mucha más fuerza, tensando así los músculos para poder realizarlo con más potencia - Si tanto queréis a vuestro Dios... Os enviaré junto a el - Dije totalmente lleno de rabia, mirándole a los ojos directamente. La cara de Hawk era un baile totalmente grotesco, desfigurada completamente, llena de sangre, la cual salía de él y me salpicaba directamente a mí, sin contar que aún seguía con el corte que me hizo Viktor antes. Lo poco que quedaba de mi camisa, ya no era blanca, ahora estaba bañada totalmente de un rojo carmesí por la sangre, el cual poco a poco lo traspasaba llegando a mi cuerpo y bañándolo también en aquel color. Aquello era el mismísimo infierno, pero poco me importaba.
Ahora solamente quería matar a la jirafa, y después, matar a Blackmore.

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#49



Blackmore sujetaba ferozmente el cuerpo de Viktor e intercambiaban palabras inconexas sobre teología o ideales santos. La clásica danza verbal de dos hombres que están ante las puertas mismas de la muerte tratando de obligar al otro a cruzar por ellas. Pero ese coloquio se vio interrumpido por una explosión a sus espaldas. Hawk había decidido que, o se quitaba a Joe de encima o se lo llevaba con él. Pero esa visión y determinación se vieron opacadas y colapsadas en su mente ante la visión que tenía frente a sus ojos: Viktor Evans, aquel cazador de recompensas se había comido la fruta que estúpidamente el señor Blackmore le había mostrado en su ofrecimiento comercial. Y pese a estar presa del látigo sagrado de su santo patrón, Hawk pudo ver como su cuerpo se ensanchaba e iba creciendo lentamente. Comenzó a brotarle pelaje blanquecino, sus pies y manos se volvieron zarpas, y su cara se estiró hasta ser un hocico con afilados y puntiagudos colmillos que vociferaban la proximidad de la muerte.

Toda la estancia quedó helada con una presencia abisal. Las llamas que iluminaban el habitáculo tintinearon ante la gélida aura que emanó de aquel tipo — ¡No! — alcanzó a decir Blackmore en la lejanía. Hawk sabía lo que eso significaba. Y mientras contemplaba aquello el testarudo Marine volvió a la carga, atacándole de múltiples formas tratando de mermar su capacidad, su poder, y las fichas en el tablero. Pero no era estúpido... sabía lo que significaba toda aquella situación: Joe acabaría con él tarde o temprano, partiéndole el cuello o a duros golpes - como estaba tratando de hacer - y Blackmore tendría que enfrentar, en su estado actual lamentando la muerte de la joven Minaya, a un cazador de recompensas experimentado transformado en aquel ser, que tantas otras veces le había visto causar muerte y destrucción a su paso. Claro, no lo manejaría igual que su anterior usuario Hitoku, pero seguramente sus capacidades pasivas serían más que suficientes como para poner en jaque toda la suerte del señor Blackmore. Añadir a Joe atacándole por la espalda, era asegurar su derrota.
Hawk era un criminal, pero hasta para los criminales hay un código de honor, y el suyo era devolverle al señor Blackmore la vida que le había permitido retomar, tanto con su libertad como con su prótesis. Y la única forma de hacerlo, la única forma de poder darle la oportunidad de quitarse de encima a Viktor, implicaba que él tenía que acabar con Joe. Tenía claro que en su situación actual, Joe lo golpearía hasta la inconsciencia - si era un buen marine - o hasta la muerte, si era un sucio déspota como todos los demás, así que la decisión estaba clara.

Hawk, con la boca humeante y pequeñas fisuras y chispas por todo el cuello, optó por morir matando.
Haciendo uso de la reserva de balas explosivas que tenía en el cuello, dedicó una última mirada a Blackmore... y le deseó, irónicamente, suerte.
Entonces chasqueó su lengua para producir la ignición de su disparo, provocando una explosión de fuego que abarcó desde la base de su cuello hasta el final de su hocico, destrozándole el cuello y lanzando por toda la habitación piel, músculos, carne y piezas metálicas por igual, decapitándolo de la forma menos limpia posible pero haciendo que su terrible impacto dañase a Joe por igual, lanzándolo algunos metros hacia su espalda, chocando contra la pared y revelando una gran losa que cedió unos pocos centímetros hacia atrás, esperando haberlo matado.


Blackmore sacó de su bolsillo una pistola y encañonó a Viktor a tiempo de escuchar aquella enorme explosión y girarse para ver por encima de su propio hombro qué es lo que estaba pasando, encontrándose entonces con la dantesca escena de su fiel compañero y guardaespaldas, el hombre con el que pensaba conquistar el imperio de Nimda, acababa de inmolarse a sí mismo cercenando su propia cabeza destruyendo su cuello en un acto de valentía intentando acabar con su oponente para dejarle las cosas más fáciles. Blackmore observaba horrorizado como el cuerpo del mink caía entre chispas, humo y sangre al suelo, pero sabía perfectamente lo que estaba pasando. Era hora de ajusticiar al último pecador en pie.
Y entonces miró de nuevo hacia delante, a tiempo de ver a Viktor terminar de transformarse en su forma híbrida, en aquella bestia que tanto le había servido durante los últimos tiempos y que tan bien conocía, sintiendo el frío helado que emanaba hasta en el último de sus huesos. Un frío que sólo podía provenir de la misma muerte, que portaba en sus manos, y que él como hombre de Dios tenía que purgar y devolver al infierno. Y con su pulgar retrajo el martillo de la pistola de chispa con la que apuntaba hacia la frente del monstruo que yacía frente a él.
 — In nomine patris, et filii, et spiritus sancti — 





Contenido Oculto

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#50
Música para leer

Quería acabar con la jirafa de una vez por todas, aunque fuera a puñetazo limpio. Tenía que quitarlo del medio cuanto antes para que no nos diera problemas. Pero, de nuevo, otra vez, volvió a suceder. Hawk estaba dispuesto a sacrificar todo con tal de ver a su dueño feliz y que consiguiera cumplir sus propósitos. Y en un acto totalmente kamikaze, autoexplosionó, haciendo que su cuerpo quedara totalmente hecho trizas, partes de carne y partes metálicas estaban esparcidas por toda la zona. Y por supuesto, eso tuvo graves consecuencias para mí, puesto que estaba prácticamente agarrándole de la cabeza. De la primera me salvé, pero de esta no.

Aquella explosión me tiró bruscamente hacia atrás, chocando violentamente con la pared de aquella torre oculta detrás del tapete, y cayendo al suelo, el cual una de las losas parece ser que hizo algún tipo de movimiento. Pero dada las circunstancias, daba igual. No podía moverme, estaba perdiendo el conocimiento, todo lo veía nublado. La sangre por todo mi cuerpo, ahora con una quemadura añadida a la ecuación. Dejé los brazos caer por la propia gravedad, no tenía fuerzas ni para levantarme, pero, parece ser que para escupir sangre sí. Estaba totalmente derrotado - ¿Lo...lo hice bien,... Spike...? ¿He si...sido un b...buen marine...? - En ese momento, mi mentor se me pasaba por la mente, y después, todos y cada uno de mis compañeros. No pude evitar sonreír al recordarles ¿Los vería una vez más? ¿O quizás no? Al menos me alegra pensar que han sido lo último en lo que he pensado.

Con un esfuerzo desmesurado, levante mi cabeza para ver una última vez a Viktor. La sangre, ya no sé si mia o de Hawk, estaba por todo mi rostro y pelo, haciendo que cayera por mi ojo izquierdo y no pudiera ver bien. Pero pude llegar a identificar a Viktor, el cual, seguía sujeto por aquel asqueroso hombre. El peliblanco parece ser que estaba terminando de transformarse en algo, alguna especie de criatura, no soy una persona con muchos conocimientos, pero, sé que era una Zoan, eso podía saberlo perfectamente. De alguna manera, empecé a notar frío por todo mi cuerpo, la temperatura parece que había caído de golpe allí. Eso, o muy posiblemente era cosa mía, quizás ya no sentía nada por todo mi cuerpo. Tan solo el frío.

En un último acto de fuerza intenté dirigirme a Viktor, alzando la voz lo más alto que podía - ¡Vik... - Escupí sangre por la boca de nuevo - ¡VIKTOR! - Suspiré fuertemente - ... Acaba con él... y forma tu familia, ¿Vale? - Hice una pequeña sonrisa. Una última sonrisa, pues ya estaba perdiendo el conocimiento por completo, y dudaba de que fuera a levantarme de aquel sitio.


Aquel sitio era el mismísimo infierno.

Karma


Salto de foro:


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