[Presente Relativo] A las chicas de verdad les gusta el pollo frito.
#11
Sin que Karl pudiese esperárselo, corrí a través del bosque hasta saltar a una rama situada a 6 metros del suelo, de un árbol de 10 metros, justo tras ella. Quedé colgada de mis brazos a un metro por detrás de ella y aproveché el impulso para, con el tacón derecho, golpear su ala derecha. Logré mi hazaña, pero a un alto coste. Con una velocidad vertiginosa, a pesar de las dificultades del entorno, antes de que pudiese terminar mi frase, Karl giró sobre sí misma y después, todavía en el aire, pero estática, intentó asestar un golpe descendiente con su ala en mi dirección. Pese a que la anterior vez había sido incapaz de reaccionar, en esa ocasión pude seguir perfectamente el ataque y, en consecuencia, flexioné los brazos para coger fuerza y me impulsé con las manos en la rama para caer a toda velocidad hacia el suelo, siendo más veloz que su ala, que impactó en la rama poco después de mi ágil respuesta. Flexioné las piernas y apoyé una mano al caer, irguiéndome con rapidez y pasando corriendo por debajo sus pies hasta colocarme tras ella, que volaba a 2 metros del suelo. “Si ese golpe me hubiese dado…”, pensé brevemente sintiendo la fuerte corriente de aire que había desplazado su movimiento. Me di la vuelta ipso facto, una vez a un metro de su espalda de nuevo, pero antes de poder hacer nada, se elevó a gran velocidad.

Desde lo alto, con su cabeza detrás de hojas y ramas sin poder ver desde mi posición nada más que sus patas de fénix, escuché la profunda voz de Karl diciéndome que no estuve en los cabos gemelos, que no vi como morían civiles y ellos perdían compañeros, como no pudieron defenderse en aquel momento. “¿Pero a qué akumas viene todo esto, así de golpe?”, me pregunté arrugando la frente, de verdad no sabía a qué venía todo aquel discurso, como dando por hecho que a mí me importaba todo una mierda. Ella era la que no tenía ni la más remota idea. No sabía para nada lo bien que conocía yo la impotencia de no poder salvar a los que amas, de ser absolutamente incapaz de hacer frente a personas con un poder aterrador. Si hubiese visto a sus propios hermanos convertidos en nada más que polvo ante ella misma, siendo forzada por esa misma persona… En serio, ¿con qué derecho se creía Karl para decirme aquello así de la nada, como escarmentándome? Si lo que pretendía era enfurecerme, lo había conseguido. Apreté el puño y los dientes con fuerza, escuchando como hablaba de Zarutsuki, preguntándome si creía que si nos atacaba alguien así podríamos sobrevivir. Durante un breve instante, aflojé mi puño, dándome cuenta de que lo que sucedía era que el fondo tenía miedo. Karl estaba asustada, tenía miedo de perder a sus compañeros de nuevo y tal vez, aunque de forma no demasiado asertiva, estaba intentando que fuese cautelosa por mi propio bien. Esa fue la única conclusión razonable a la que llegué, y pude empatizar por un breve momento con ella y sus sentimientos, entenderla. Pero cometió un error, uno terriblemente grave, y toda la ira volvió a mí en un parpadeo cuando llamó a mi minino “estúpido”. Podía decir lo que quisiera de mí, pero eso sí que no se lo iba a permitir.

De un salto, justo tras decir aquello sobre el gatito, me elevé hasta la altura de su pata derecha y enrosqué mis piernas alrededor de ella, por encima de su tobillo, a la vez que asestaba un puñetazo en el equivalente a su rodilla con mi puño derecho.

—¡Motto Chikara O! —grité impactando en su pierna y siguiendo a ese golpe con uno de la mano contraria.

Tras aquello miré hacia arriba, en dirección hacia la cara de Karl que no podía ver, pues estaba oculta entre el denso follaje del árbol.

—¡Si el gatito te ganó, tan estúpido no debía ser, ¿sabes?! —respondí alzando la voz en grito con el puño derecho levantado y con el otro sujeta a ella, llevada por la ira— ¡Y si te parece duro perder a tus amigos por ser débil, no tienes ni idea de lo que se siente al perder a toda tu familia!

Tras decir esas palabras exhalé repetidamente, mirando hacia arriba, sintiendo como la furia era, solo en parte, sustituida por tristeza. No quería haberle dicho esas palabras, ninguna de ellas, pero surgieron de mi garganta movidas por el enfado que sentía en aquel momento.

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#12
Falle de nuevo, este juego del gato y del ratón de las escondidas en el bosque me estaba cabreando. No obstante, tenia que reconocer el valor de Ikirami y su inteligencia llevándome a un terreno desfavorable, era inteligente y el saber moverme en aquellos espacios y estar entrenando con una compañera y no en un combate a vida o muerte era de agradecer, la verdad. 

Pero eso, había fallado, por culpa del puto bosque y la velocidad de mi compañera, que se coló por debajo de mí, para luego engancharse a mi pata y propinarme dos potentes golpes en la rodilla derecha, en la cual se había enganchado. Me hablo de su familia, al parecer la había perdido, ahora que lo pensaba, Ikirami y yo nunca habíamos hablado abiertamente de nuestro pasado, ella y yo estábamos solas en este mundo, ahora éramos familia y era lo que estaba intentando que entendiera en ese entrenamiento, antes de eso, me ataco hablando de mi nuevo rival, el gatito ese tan rápido y la note bastante ofendida por mi comentario, no entendí aquello la verdad.

Pero ya habría tiempo de hablar de ello, ahora tocaba volver a retomar el control de la pelea, había aprendido dos cosas en esta pelea, si me acorralaban en un lugar estrecho, tenía dos opciones, la primera ya la había realizado destruyendo parte del bosque, la segunda y más inteligente era atraer al enemigo y llevarle al mío que era el aire, Ikirami se mantenía agarrada a mi pata, pero su agarre era débil, tras recibir sus golpes, con mi rodilla dolorida, sacudí mi pata derecha con fuerza para hacer que Ikirami me soltara y después rápidamente, cuando empezaba a caer, la agarre rápidamente con mi garra izquierda, apresando todo su torso, incluidas sus increíbles y voluptuosas tetas y apretándolo con fuerza con ella. Tras esto subí 20 metros más hacia arriba, dejando el bosque debajo de nosotras y me permití el lujo de hablar a mi compañera desde allí, sus palabras me habían llegado al corazón, aunque no entendía el cabrero por lo de mi rival:

- Ahora nosotros somos tu familia Ikirami ¿no lo entiendes? Joe es nuestro padre adoptivo y yo soy tu jodida hermana mayor y juntos somos la puta guardia pretoriana de este mundo y no dejaremos que más familias como la tuya se pierdan por culpa de unas mierdas de piratas, ¿me entiendes? Pero para eso, lo primero que tenemos que hacer es que cuando papa hable, seas una niña buena y te dejes de mierdas, ¿me has oído?

Sus palabras, como digo, me habían llegado, pero necesitaba que entendiera eso, que entendiera que ahora nosotros éramos su familia y que teníamos que estar todos a una y sobre todo que entendiera que el líder era Joe y no ella. Era un entrenamiento, pero tenía que quedar claro, cuando todo esto terminara, hablaríamos largo y tendido, de la familia que ella perdió y de la que yo nunca tuve. 

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#13
Tras esquivar el golpe de Karl, la vi ascender mientras hablaba, pero una furia interna me hizo perder por completo la compostura y el control del combate. Tal era mi enfado que salté, sin pensármelo dos veces, a agarrarme a lo único que veía de ella desde la posición en la que estábamos, su pierna. Rodeé su tobillo con mis piernas y golpeé su rodilla, amenazándola con el puño levantado y gritándole que había perdido contra el minino, por lo que no debía ser tan estúpido como ella pensaba. Y por supuesto que no lo era, ¿cómo osaba hablar así de mi novio? Suerte que era mi querida amiga, si no de aquí no la dejaba salir con vida. “Relájate, no dejes que te saque de tus casillas.”, intenté decirme, pero lo cierto es que estaba de todo menos relajada. Primero, sentía mi corazón latir con el fulgor de la batalla, y segundo, ahora mi sangre hervía por su comentario degradante hacia mi amorcito. Y no salió bien, pues, con todo el cabreo acumulado, se me escapó hablar sobre mi familia. Al escuchar las palabras saliendo de mi boca, sentí una puñalada en mi corazón, y antes de poderme dar cuenta, con una sacudida perdí el agarre de su pierna cayendo de espaldas hacia los árboles. Me había pillado totalmente desprevenida y no pude evitar caer hacia el suelo. Extendí mis brazos para intentar, por alguna gracia divina, lograr sujetarme a alguna rama, pero antes de poder llegar a tocar nada con ellas, la pata contraria de Karl me agarró con fuerza del torso, con tal presión que mis dos hermosos pechos parecían ir a reventar. Con una velocidad vertiginosa, ascendimos 20 metros más de altura, quedándome a 29 metros de altura. Tenía la respiración acelerada, ¿me iba a soltar desde esa altura? Jamás había comprobado qué pasaría si caía desde tantos metros… Mientras echaba una ojeada rápida hacia abajo, Karl comenzó a hablar. Declaró que ahora, ellos eran mi familia, preguntando si no lo entendía.

—¡Claro que lo entiendo, ¿sabes?! No entiendo ni una pizca de lo que estás intentando decirme con todo esto. —exclamé irritada, pues seguía sin entender a qué se debía todo aquello todavía.

Pero lo que dijo a continuación, sí que me dejó algo más claro lo que pasaba. Parecía, o sus palabras me daban a entender, que me ponía por debajo de ella y el resto. Decía que Joe era nuestro “padre adoptivo” y ella mi hermana mayor. Arrugué la frente al escuchar eso. ¿Cómo que padre? Joe podría ser nuestro superior, pero apenas me sacaba unos años, jamás podría verlo como a un padre. Como a un hermano mayor, todavía, aunque nunca había tenido uno. Y lo mismo pasaba con Karl. ¿Acaso todo esto era por nuestros rangos? ¿Pretendía acaso que aceptase lo que me decía sin más? Lo sentía mucho, pero no estaba en aquello con ella. Sí, éramos un equipo. Sí, éramos una familia, incluso. Todo eso podía aceptarlo. ¿Pero que me pusiese por debajo de otros? Jamás. El resto de su discurso era aceptable, lo de que juntos protegemos a la gente y evitaríamos que más familias fuesen destruidas era algo con lo que sentía una conexión genuina. Pero después dijo que cuando “Papá” hablase, fuese una niña buena y me dejase de mierdas.

—Karl… —llamé su nombre justo tras sus últimas palabras— ¡Dekebas! —exclamé con todas mis fuerzas.

A la vez que las palabras salían de mi boca, habiendo doblado los codos hacia atrás, impacté en su tobillo, justo por encima de donde me tenía agarrada. Utilicé todas mis fuerzas en ese ataque, de nuevo enfurecida y sin tener en cuenta las consecuencias que podría tener aquello, viendo como ambas nos precipitábamos hacia el bosque irremediablemente.


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#14
Ikirami seguía sin entender nada, me grito diciendo que entendía que éramos como una familia, pero con una voz que claramente sonaba irritada comentó que no entendía lo que pretendía con esto ¿Por qué no se daba cuenta? ¿Por qué no entendía que a un padre no se le habla así? Sé que aunque yo viera a Joe como un padre, era joven para nosotras también, pero quería que mi mensaje quedara claro, tanto ella como yo estábamos a la orden del comodoro y debíamos seguirlas sin rechistar, como niñas obedientes. No cabía más discusión ahí y si tanto ella como yo nos aprovechábamos de la bondad y buen hacer de nuestro superior, teníamos que aprender la lección con sangre. Debíamos de ser un bloque de hormigón, un muro infranqueable para los malvados, un tanque dispuesto a disparar cuando Joe le diera al botón, y si el cañón, las ruedas y la coraza no éramos uno solo, fracasaríamos, morirían inocentes, o incluso caeríamos nosotros. No era tan difícil de entender.

Estaba harta, hastiada, hastiada de que mi hermana de armas no lo entendiera, sentía que creía que era más que el resto, más guapa, más fuerte, más inteligente, que nos tomaba el pelo, que no respetaba a Joe, que no me respetaba a mí, si amiga y hermana, que intentaba tener al idiota de Sephirot bajo su control con sus encantos, en mi mente volvía a los cabos gemelos, donde me la imaginaba a ella junto al resto, desobedeciendo a Joe, o metiéndome miedo con alguna de sus bromas, yo sabía que ella nos quería, que nos apreciaba, además, ahora me había enterado de que ella tampoco tenía familia ni sitio al que volver ¿Por qué entonces no entendía la importancia de todo esto? Joder, yo soy impetuosa y me enfado a la más mínima ¡Pero soy consciente de ello! ¡Joder! ¡Yo intento reforzar las partes del muro que se agrietan por mi culpa! ¿Pero ella? ¿Era consciente de sus debilidades? ¿De su excesiva confianza en sí misma? ¿De como nos trataba a veces a los demás, a su familia? ¡Si no se lo hacía entender, si no ganaba esta batalla, este entrenamiento, el cañón, no respondería cuando Joe apretara el botón! ¡¡Se abriría una grieta en el muro!! ¡¡¡Solo quería ayudarla, que ella pudiera mover el tanque por mí y yo el cañón por ella!! ¡¡Qué juntos identificáramos las grietas del muro y las tapáramos juntas!! ¡¡todos juntos!! Sephirot y yo discutíamos todo el rato, pero sé que él daría la vida por mí sin dudarlo ni el más mínimo segundo y yo haría lo mismo por él, desde luego ¿Pero Ikirami? ¿Qué haría en una situación así? No lo sabía, sus burlas, su altividad... esos defectos podían matarnos a todos y no lo podía permitir. 

Mientras todos estos pensamientos pululaban por mi cabeza, un fuerte impacto me sacaba de ellos, la maldita perra pelirroja me había vuelto a golpear de la misma manera que lo hizo prácticamente al comienzo de la batalla, consiguiendo soltarse de mi fuerte agarre y haciendo que ambos empezáramos a caer.

- I K I RAAAAAAAAAAA MIIIIIIIIIIIII

Maldita sea, había bajado la puta guardia, tenía que terminar con esto ya, Ikirami caía justo debajo de mí a gran velocidad y ambos nos precipitábamos al vacío, el impacto era inminente y no podía hacer nada para evitar caer derribada por segunda vez, maldita sea. Pero la tenía a tiro, antes de ser derribado, la vi, delante de mí, a menos de un metro de distancia y boca arriba, cayendo, solo tenía que usar una de mis garras, ahí estaba su cara, con rabia por la situación, lance mi garra derecha hacia su preciosa cara y sus bonitos ojos, buscando el cegarla, para luego caer sin remedio alguno.

Atravesamos juntos las ramas de los altos del bosque, rompiendo sus ramas con la fuerza de la caída y generando una gran humareda, me levanté con dificultad buscando a mi objetivo, que seguramente ya se habría levantado, pero estaría ahora indefensa ante mis ataques, buscando el lugar donde hubiera caído.

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#15
Actué sin pensarlo, golpeándole con la suficiente fuerza como para desestabilizarla, algo que no tenía calculado, pues el golpe hizo que ambas cayéramos en dirección al suelo sin control. Por suerte para mí, de alguna forma me soltó, haciendo que cayese en caída libre un metro por delante de ella, mientras gritaba mi nombre con furia observándome y yo le devolví la mirada con el ceño arrugado y el puño apretado. Dejé de prestarle atención, pues había algo más importante en ese momento; el suelo que se acercaba rápidamente a mi cuerpo. En el aire, busqué una rama de las muchas que atravesamos, pero fui incapaz de sostenerme a ellas, pues la inercia de la caída hacía que se rompiesen bajo mis manos. De todas formas, aunque breve, el agarre me ayudó a estabilizarme y logré aterrizar de pie, quedando con las piernas flexionadas y con los ojos abiertos como platos, pues me esperaba haber recibido más impacto en ellas de lo que en realidad había sido.

—La madre que... —vociferé, cortando el improperio a tiempo.

Karl había aterrizado peor que yo, quedando esta de cara al suelo junto a mí. Alcé la pierna derecha sin pensarlo y le propiné un taconazo con todas mis fuerzas en la parte posterior de su cuello.

—¡Tepisu lakara! —grité a la vez que impactaba mi ataque en su nuca.

Acompañando el movimiento de mi pierna, como si de un martillo se tratara, extendí hacia abajo mi puño derecho para golpear, de nuevo, en la misma zona, pero frené justo antes de impactar, retrocediendo un paso. Lo cierto era que comenzaba a estar cansada, ya no solo por el esfuerzo físico, muy superior a mis entrenamientos diarios, sino que la carga emocional que llevaba me tenía muy alterada, impidiéndome siquiera mantener el control de mi propia respiración. Alcé el puño a mi lado, la sangre fluía por mis venas a toda velocidad, pero ya no me sentía cómoda con aquello, golpeando a mi amiga. Yo pensaba que aquello iba a ser una simple pelea, un entrenamiento más, pero estaba sacando demasiadas cosas al aire y parecía que lo que fuera que Karl llevara dentro era más profundo y estaba realmente enfadada conmigo. De cara a ella, me alejé cinco metros caminando hacia atrás.

—Esto no lleva a ninguna parte, Karl… —comencé a decir con voz tranquilizadora, intentando calmarme también a mí— Si para ti tiene… sentido, de verdad que lo lamento, pero para mí… no. Yo no soy una niña, y… Joe no es mi padre, ¿sabes? —alcé la vista un instante al cielo y redirigí la mirada a ella— Me importáis mucho, muchísimo… y si tengo que dejarme el tipo para protegeros, lo haré… las veces que haga falta. Pero no puedo verlo como tú, lo siento. —continué con dificultad por la falta de aire.

Avanzando hacia atrás, llegué a toparme con un árbol a mi espalda y me dejé caer al suelo, quedando sentada con ambas piernas flexionadas y apoyando los brazos en perpendicular a ellas sobre mis rodillas, resollando mientras ella se levantaba.

—Como verás, lo he dado todo y tú estás ahí plantada como si nada. Soy escurridiza, sí, pero si me espero apenas un par de minutos vas a estar como nueva, y yo a cada momento que pasa me siento más cansada. La verdad que me has dado bien fuerte antes. Shshshsh. —reí, llevando una mano a mi abdomen, donde me había impactado con su cabeza. Tras aquello, recompuse una expresión más seria, mirándola con detenimiento— Por increíble que te parezca, no creo que mi fortaleza en el equipo sea la fuerza física, para eso ya estáis los demás, ¿sabes? Con esto, lo que quiero decir, es que si creo que algo no se hace bien, lo voy a decir. Si creo que podemos hacerlo mejor, no me voy a callar. —me llevé la mano a la cabeza, golpeándome con el índice en la sien— Si se me ocurre algo mejor que lo que íbamos a hacer, lo diré. Y si eso te parece mal, es que no vemos las cosas de la misma forma, ¿sabes? Puedes reprocharme lo que quieras, me da igual, es como soy.

Poco a poco, estaba consiguiendo calmarme y empezaba a notar una leve tristeza invadiéndome. Yo la quería de verdad, pero tal vez nuestra visión del mundo, de la marina y de las cosas en general, no eran para nada parecidas. La determinación que nacía en mi pecho me impedía aceptar sus ideas, y por mucho que fuese más fácil mentirle y que todo quedase bien, necesitaba que entendiese el cómo era de verdad y lo que opinaba. Me dolería si no podía aceptarme, pero estaba dispuesta a pasar ese mal trago. La voluntad para cumplir mis sueños era lo que me impulsaba, y seguiría adelante a través de lo que hiciera falta.

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#16
Tras caer al suelo y levantarme con dificultad, recibí otro ataque de Ikirami como el anterior, parecía que solo tenía esos dos truquitos, que si bien eran potentes, no eran suficientes para el punto en el que estábamos, aun así, sabía donde golpear, pues volví a sentir como mi ala se entumecía y una vez más la sane de nuevo.

Parte de mi furia era debida a mi preocupación por ella y por todos nosotros, su habilidad para escabullirse era desde luego nada desdeñable, había mostrado habilidad en el combate suficiente para que la respetara, sus dotes de sigilo eran buenas, pero necesitaba soltar todo lo que me molestaba  sobre ella, dejarla claro lo que pensaba que hacía mal y que lo reconociera, necesitaba que pusiéramos nuestros puntos débiles y fuertes en común, que intimáramos, que tuviera el valor para rendirse ante mi, reconocer su derrota y construir una amistad de verdad, basada en la confianza y amor mutuo, conocerlo todo de ella y no solo lo superficial, que ambas fuéramos uña y carne y estar preparadas para todo lo que nos echaran.

Tras curarme de nuevo mi ala  y retroceder ella quedó agotada sentada en un árbol y jadeando, estaba seguro de que tenía algo preparado si intentaba atacar, pero sus palabras me sonaban del todo sinceras, estaba cansada de luchar contra mí y la verdad es que también era agotador luchar contra ella en este terreno, ahora devastado por la ardua lucha, llena de troncos y árboles destrozados en un bosque que parecía interminable y que no hacia más que tocarme los huevos.

Ikirami hablo sinceramente, de como yo seguía entera y ella estaba agotada, la verdad es que me quedaba mecha de sobra, pero ella también me había hecho sudar, explico cuál creía que  era su rol en el equipo y que no se  iba a callar cuando creyera  que estábamos haciendo algo mal, todo eso me parecía muy bien, pero no era el punto de mi cabreo con ella:

- Todo eso me parece muy bien Ikirami amiga mía, pero llevamos un tiempo junto y hay cosas tuyas que me sacan de quicio. De verdad que me tienes muy cabreada, tú  me contaste jugándote la vida el porqué de mi fruta, pero sé que lo de las semillas es mentira, simplemente lo sé ¿lo hacías solo por reírte de mí? ¿Eso es lo que se hace a una persona a la que aprecias? Y creo de verdad que ambas conocemos lo suficientemente a Joe como para saber que no es un líder autoritario, joder, que no nos consideras familia, bueno, pues yo sí. A todos vosotros, sois lo único que tengo. Pero dime, ¿nos respetas? ¿Te vas a quedar ahí sentadita y te voy a decir 4 cosas, maldita pelirroja.

Intente tomar aire y calmarme, para seguir cantándola las cuarenta.

-Sabes perfectamente que Sephirot se muere por tus huesos, ¡como todo el mundo! Pero no juegues con el vale, es idiota y seguro que  se  queda prendado de ti y eso sería un problema ¿vale? ¡Joder si hasta a  mí me gustas! ¡Pero no juegues con el sí él a ti no! ¡A los compañeros no se les hace eso, le podrías hacer daño! ¡Y yo le quiero tanto como a ti o como a Joe, hemos luchado juntos multitud de ocasiones! Y a Joe... ¿Respetas a Joe? Mira, yo soy la primera que me cabreo por cualquier gilipollez que me hagan, pero ya te he dicho, aunque para ti no, para mí Joe es como mi padre y me parece muy bien que nos digas cuando no estás de acuerdo con algo, pero no que le faltes al respeto hablándole mal y yéndote por tu cuenta sin hablarlo con nadie ¡Es otra falta de respeto y una irresponsabilidad!

Mi furia iba descendiendo, según iba soltando todo lo que tenía que decir a Ikirami, muchas veces, los entrenamientos serios hacían que los puños dijeran más que las palabras, más calmada trate de poner fin al entrenamiento, pero este solo llegaría con algún gesto por parte de Ikirami:

-Me has sorprendido, he aprendido mucho con este entrenamiento, de verdad, volviendo a lo de antes, yo seré tu escudo Ikirami, tú sé nuestra daga, pero tenemos que estar unidos y confiar los unos en los otros y dejar estas actitudes de mierda ¡Me incluyo en ello! ¡Pero no puedo controlar mi puta y jodida furia! ¡Acepta tu derrota en este entrenamiento y hablemos de todo como compañeras y amigas que somos! ¿Qué me dices? Hagámonos fuertes juntos para cumplir nuestros sueños y que nadie pueda pararnos

Levante un poco el vuelo, subiendo con cuidado 2 metros sobre el suelo, ya que debido a la caída, ahí no me molestaban las copas de los árboles mirándola fijamente, no estando nada segura de cuál iba a ser su reacción, había conseguido que me pusiera a la defensiva, pero no solo eso, por primera vez en mucho tiempo mi rabia la había escupido sabiendo lo que decía y creo que con mucha razón por la boca y no con las garras.

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#17
Tras haberle atacado de nuevo, las llamas en su cuerpo se avivaron, curándola una vez más de mis ataques. Debía ser terrorífico para sus enemigos ver un ser capaz de tales proezas. Era como atacar a una cascada, que tras retirar tu puño el agua vuelve a rellenar el hueco que habías logrado. Pero la pelea ya no tenía sentido para mí, ella estaba enfadada, colérica incluso, por cosas que no habíamos podido hablar, todavía, y su visión de las cosas parecía ser muy distinta de la mía. Me alejé de ella, mientras se levantaba, y me senté en un árbol recuperando el aliento. Intenté hacerle ver mi punto de vista sobre las afrentas que había dirigido hacia mi persona, hablando condescendientemente sin entenderme para nada. Mientras reposaba bajo los rosados árboles, con la luz incidiendo a través de sus hojas como pequeños hilos luminosos conectando el cielo y la tierra, confesó que había cosas de mí que le sacaban de sus casillas. Estaba muy enfadada conmigo, lo de las semillas de fruta le había molestado mucho, pensando que la tomaba por tonta y que lo hacía para reírme de ella. “Otra vez ese tema…” pensé chasqueando la lengua.

—Karl, era una broma, es lo que se hace con los amigos, bromear. —confesé con un suspiro, no era tan difícil de entender— Lo siento si te ha enfadado, no me estaba riendo de ti. Si te molesta no lo haré más, ¿vale? —le propuse, disculpándome por haberle afectado tanto, aunque no me parecía para tanto ella debía ser de mecha corta.

A continuación, pasó a habla sobre Joe. Junté mis manos y fijé la vista en ellas, escuchando una retahíla de acusaciones, incluso un insulto cuando me llamó “maldita pelirroja”. “Pues para considerarme familia, menudas se gasta…”, pensé tras escuchar esa forma de hablarme. No entendía como podía echarme en cara tantas cosas así de la nada, como si no hubiese hecho nada por ellos y pasase por completo, como si no me importasen un pimiento. Pero bueno, por una vez me callé mientras soltaba todo lo que pensaba de mí, lo cual por supuesto era equivocado, pues no merecía ni un uno porciento de las cosas que me dijo. Aun con esas, agaché la cabeza y escuché lo que tenía que decir, permitiendo que desfogase su furia. Lo que me hizo levantar la cabeza, arrugando la frente, fue cuando me espetó que estaba jugando con Sephiroth, que estaba loquito por mí. ¿Acaso yo había dado alguna señal de querer algo con él? No sabía qué clase de piruetas mentales estaba dando Karl, pero no le había tratado distinto que a ella o Joe en ningún momento. Lo que me hizo sacar una leve sonrisa fue cuando ella confesó que hasta le gustaba a ella. A ver, no vamos a engañarnos, era complicado para mí, con mi hermoso rostro y femenino cuerpo no gustar, independientemente de tratarse de hombres o mujeres. La belleza incalculable que desprendía mi ser no era algo que se pudiese ocultar, estaba a la vista de todos cuantos osasen dirigir una mirada hacia mí. Pero me molestaba que pensase que algo de eso lo hacía a propósito. En definitiva, es duro ser tan guapa. Tras aquel momento, pasó de nuevo a Joe, preguntándome si le respetaba y diciendo que le había faltado al respeto hablándole mal y yéndome por mi cuenta sin hablarlo con nadie.

—… —me quedé en silencio, mirando a Karl recobrando poco a poco la compostura.

Podía negar lo que decía, podía llevarle la contraria de haber querido, pero no creía que hacerlo fuese a llevar a nada positivo ni para ella, ni para mí, ni para la división. Así que simplemente tragué saliva y aguanté hasta que vi que se calmaba. Ya más serena, expresó haberse sorprendido por mis capacidades, lo cual no se esperaba y era normal, no me había visto nunca teniendo que pelear. También dijo haber aprendido mucho en ese entrenamiento, aunque por su parte a mí me daba la impresión de que había sido más bien una pelea. Aceptó ser mi escudo y me propuso ser su daga, pero aclaró que debíamos estar unidos y confiar los unos en los otros. También dijo que no era capaz de controlar la furia que quemaba en su pecho, algo cuanto menos problemático, pero que me hacía entender un poco más sobre ella y la situación a la que habíamos llegado. Me ordenó aceptar mi derrota y que hablásemos tranquilamente sobre ello, tras lo cual se elevó un par de metros. Apoyé la mano izquierda sobre la misma rodilla y con la mano derecha apoyada en el suelo me levanté con tranquilidad, avanzando hasta estar frente a ella pero a ras de suelo.

—Está bien, Karl. Me rindo, tú ganas. —acepté la derrota, si de esta forma podíamos dejar atrás todo aquel sinsentido, extendiendo mi mano hacia ella para apretarle la mano, o el ala, o lo que quisiera, como acto de buena voluntad— Puede que no veamos las cosas de la misma forma, pero eso no significa que no podamos ser amigas y compañeras, ¿sabes? —dije con una sonrisa, mientras deschacia mi moño, sustituyendo la sonrisa al par de segundos por una ligera mueca de enfado y coloqué las manos sobre mis caderas— Pero no me ha gustado nada el tono en el que me has hablado, y aún menos que me hayas insultado. —aclaré resaltando que eso también era una falta de respeto hacia mí y levanté una de las manos que reposaban en mi contorno para extender la palma hacia arriba acompañando a mis palabras— Entiendo que puedas enfadarte, molestarte e incluso enfurecerte, pero eso no es excusa para hablarme de esa forma, y menos cuando me pides que no haga exactamente lo mismo. Así que, espero que tú también te disculpes, pues me ha molestado mucho. —continué, cruzándome de brazos y desviando la mirada hacia el bosque.

Esperé por su disculpa, para que ambas pudiéramos hablar sobre todo lo que había dicho con más tranquilidad. Había mucho que ella no sabía, y desde fuera podía parecer de otra forma, pero con palabras podíamos llegar a entendernos.

Resumen

Del bélico anterior

Karmas
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#18
Tras mis palabras y sentirme mejor por fin soltando todo lo que me molestaba de mi compañera, Ikirami se levantó del árbol y acepto su rendición y mis palabras, aunque molesta, me dijo que aunque me entendía, esa no era razón para tratarla así y que aunque no estuviéramos de acuerdo en todo éramos compañeras. Yo me sentí un poco avergonzada, no creía que lo que había hecho estuviera mal, pero es cierto que el entrenamiento solo me pareció una excusa para ajustar cuentas con ella. En lo que a mí trataba, me dijo que lo de la fruta era una broma, que eso hacían las amigas, era mi primera amiga, así que yo no sabía como funcionaba aquello, ya que los chicos no me hacían ese tipo de bromas, tal vez fuera una de esas cosas de chicas que iban al instituto y se peleaban entre ellas para conquistar al chico guapo, a mi me gustaba más el género superheroico de los comics que conseguía de pequeña en la biblioteca, recuerdo que una vez me recomendaron uno que se llamaba perras malas o algo así y no me gusto mucho, igual era demasiado pequeña para leerlo.

La cuestión es que todo había acabado por fin y podía hacer las paces con mi compañera, baje al suelo de nuevo y deshice la transformación de mi fruta para acercarme con paso firme a Ikirami, ella había aceptado mis palabras y ahora tocaba disculparme, ya que una vez más había perdido los nervios por culpa de la mierda de mi temperamento.

Cuando estuve enfrente de ella me arrodille e hice un saludo como los que hacían en el Dojo de Kalise, para después levantar la cabeza y dirigirme a mi amiga:

- ¡¡¡Lo siento mucho Ikirami !! ¡¡Ya te he dicho que la furia de mi interior es mi punto debil!! ¡¡ Trataré de ser mejor en el futuro, por favor, demos lo mejor de nosotros juntas y acepta mis disculpas !!

Si bien todo lo que había dicho lo sentía de verdad, mi furia era injustificada, además, la había liado buena en ese bosque sin pensar en las consecuencias que eso pudiera traer en tierra enemiga como la que estábamos, se me había pasado por completo esa parte, siempre me sentía mal después de perder los nervios como en esta ocasión, aunque esta vez me sentía  también algo aliviada, era mejor soltar todo lo malo de golpe a ir acumulándolo, callarme y que pudiera acabar peor en un futuro, además, equivocadas o no las formas, creo que esta vez tenía motivos reales para estar enfadada, pero todo había terminado por fin y ahora era el momento de conocer más a mi compañera, en el fragor de la batalla había hablado de la perdida de su familia, de la cual yo no sabía nada y creo que aparte de mis palabras finales, le había molestado algo más de lo que le había dicho. Sin entrar en que éramos distintas y las dos tenemos mucho carácter, lo cierto es que tras tanto tiempo juntos no habíamos intimado de verdad. Era el momento de otra noche de chicas. Me levanté y tímidamente se lo propuse:

- Oye, has contado cosas de ti que no sabía hoy. Si quieres hablar, tranquila y como amigas, deberíamos... conocernos mejor, ya sabes, para cuidarnos la una a la otra, ¿sonoridad o algo así lo llaman no? 

resumen

regeneración


[Imagen: 9GdOzk1.png]
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3171 + 216 = 3387
Energia: 1248 + 90 = 1338
Espiritu: 975 + 0 = 975
#19
Cita:Según la guía de Reputación, tanto Ikirami como Karl han decidido parar y rendirse. Por lo que, ambas reciben un multiplicador x4. También se tomarán en cuenta los Karmas que aumenten o resten vuestra reputación.
 
Karlglass Obtiene:
  • Calidad del rol: 1,50
  • Personaje: 1,75
  • Estrategia: 1
  • Rolear acorde a las guías: 1,50
  • Total: 5,75
  • Reputación conseguida: 18 x 4 = 72 + 15 (Popularidad y Fama) = 87 Reputación
  • Mugiwaras conseguidos: (18 + 0) x (5,75/2) /4 = 13 Mugiwaras
     
Ikirami Obtiene:
  • Calidad del rol: 1,75
  • Personaje: 1,75
  • Estrategia: 1
  • Rolear acorde a las guías: 1,25
  • Total: 5,75
  • Reputación conseguida: 18 x 4 = 72 + 15 (Popularidad y Fama) = 87 Reputación
  • Mugiwaras conseguidos: (18 + 0) x (5,75/2) /4 = 13 Mugiwaras
 
Aclaraciones
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#20
Todo parecía comenzar a calmarse finalmente, tras soltar todo aquello, Karl parecía haber soltado una gran mochila llena de piedras y me disculpé por lo de su fruta. Yo realmente no creía que fuese para tanto, pero bueno, tampoco pasaba nada por pedir perdón. Cuando me rendí, acepté que tal vez viéramos las cosas algo distintas, pero igualmente creía que me debía una disculpa por sus palabras, y después de expresarlo, ella finalmente bajó de lo alto y deshizo su transformación. Lo que no esperaba para nada es, que cuando se colocó frente a mí, se arrodillase para suplicar mi perdón. Me pilló algo desprevenida, y volví la vista hacia ella y levanté los brazos a los lados con las palmas extendidas hacia ella y agitándolas levemente.

—¡K-Karl! —llamé su nombre ligeramente sonrojada— Tranquila, no hace falta que te arrodilles… —respondí llevándome una mano a la sien y dándome unos suaves toquecitos algo avergonzada— Está bien, acepto tus disculpas. Son cosas que pasan a veces, ¿sabes? Yo también iré con más cuidado desde ahora, prometido.

Suspiré y me llevé las manos a las caderas, inclinando levemente la cabeza a un lado y sustituyendo el sonrojo por una sonrisa feliz. Me alegraba haber podido terminar bien con ella, solo esperaba no tener que llegar a algo tan “intenso” la próxima vez que surgiera algún malentendido como ese. Estiré mis brazos al aire y miré a nuestro alrededor, dándome cuenta de que habíamos dejado una pequeña parte del bosque en no muy buena forma. “Pobres árboles.”, me lamenté al ver las ramas partidas por el suelo. “Haber sido churreros, como dicen algunos.”, finalicé mis pensamientos hacia el medioambiente. Eché una ojeada en busca de mi bolso, que lo había dejado en el claro, junto al resto de mi ropa y pertenencias. Me di la vuelta para ir hacia el claro cuando Karl llamó mi atención, le generaba intriga las cosas que había dicho antes. Era normal, pues realmente no les había hablado a ninguno demasiado sobre mí. Me ofreció que hablásemos tranquilas, como amigas, para conocernos mejor y así cuidar la una de la otra.

—Sororidad. Shshshsh. —reí con cariño al corregirla— Me parece perfecto. —acepté con una sonrisa y levanté el pulgar apuntándolo hacia el claro— Tengo mis cosas por allí, acompáñame y… —me interrumpí, haciéndome a la idea de que parecía que volvía a tocarme hablar de ellos— sí… Charlemos.

Caminé los metros que nos separábamos hasta llegar al claro, encontrando rápidamente mis pertenencias. Al parecer el ataque de Karl contra mí había levantado mucho viento, pues se habían dispersado un poco y una capa las cubría. Recogí primero mi bolso, sacudiendo con una mano el exterior y suspirando con alivio al ver que mi libreta no había sufrido ningún daño y estaba limpia. Recogí el resto y estiré mi chaqueta verde en el suelo para sentarme sobre ella y extendí al lado mi camiseta. Dirigí una mirada a Karl, que era demasiado grande como para que aquello cubriese sus glúteos siquiera, pero con la mano le ofrecí asiento en ella igualmente.

—Algo es algo, supongo… Shshshsh. Bueno, ¿de qué quieres hablar? —pregunté elevando el mentón para mirarla— Quiero que sepas algo, Karl. Hay muchas cosas que nunca os he contado sobre mí… No porque no os quiera ni desconfíe de vosotros. Simplemente, no lo hago nunca. Me cuesta mucho hablar sobre mí, además de que son cosas que prefiero dejar en el pasado y que poco importan ya, ¿sabes? —expliqué, agachando la cabeza y atrayendo las rodillas hacia mi pecho para después rodearlas con los brazos y enterrar mi barbilla en ellos.

Resumen

Gastos
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2955 + 0 = 2955
Energia: 1227 + 36 = 1263
Espiritu: 1305 + 0 = 1305


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