[Presente absoluto] Aspros, el navegante mocatriz
#1
Primavera, año 11.


Después de haber recogido a aquella chica nos marchamos de la isla tras comprobar que nuestra búsqueda de navegante resultaría infructuosa. Por lo menos habíamos conseguido una carpintera, o eso nos había dicho ella. Seguía sin confiar demasiado en Jolyne, dudaba bastante que tuviese las habilidades que nos había contado, ni siquiera estaba segura de que fuese carpintera. Me conformaba con creer que era inofensiva, como mucho sería una chica de pueblo en busca de aventuras, parecía muy interesada en las islas y los animales raros. De todas maneras, un bicho raro más en la banda o uno menos qué más daba, no marcaría la diferencia. Éramos un grupo bastante extravagante, sobre todo por culpa del capitán.

Nos subimos en un barco comercial y bajamos en la siguiente isla para probar suerte. Seguía pensando que aquella no era la forma más idónea para buscar navegante, pero si seguíamos encontrando gente que se uniese podría ser de utilidad, aunque agradecería que aceptase a venir con nosotros alguien normal. Con nuestras pintas, lo veía poco probable, pero tampoco teníamos nada mejor que hacer. Éramos la banda más lamentable de la historia, más que banda pirata parecíamos un grupo de amigos de excursión, no teníamos navegante, no teníamos barco, no teníamos bandera, no teníamos una tripulación decente.

Estuvimos dos días de viaje en los cuales conocí un poco más a Yamamura, ahora sabía que, por algún motivo, podía atravesar superficies. Decía que había sido por comerse una fruta, lo cual cuadraba con lo que había escuchado sobre las frutas del diablo, pero a saber si se trataba de una habilidad heredada de sus padres o de donde fuese que había nacido. Había aprendido a coger con pinzas todas sus historias, si tuviese que creer todo lo que me decía tendría que creerme que había nacido de dentro de una palmera. Todo lo que envolvía su vida era un misterio. Por el contrario, la chica parecía bastante común, dentro de lo cabía. Era un poco rarita, seguramente no era de las más populares de su pueblo, pero por lo menos no tenía alas, nada extraño en su cabeza ni decía haber nacido de una forma completamente inverosímil. Además, aunque no fuese carpintera vi que llevaba encima una pistola. No sabía si eso sería normal en su pueblo, pero si sabía disparar no sería una inútil.

Cuando el barco atracó bajé con mi maleta de mano y sentí un déjà vu. Nuevamente nos encontrábamos en busca de un navegante en un pueblo enano y bastante humilde. No sabía cómo podíamos tener tan mala suerte. Me giré para mirar a Yamamura. Estaba claro que lo teníamos que hacer era bajar un momento para descansar y luego seguir con nuestro viaje, en este lugar no parecía haber nada interesante. —Si nos damos prisa en tomar algo a lo mejor podemos volver a coger este mismo barco para largarnos de aquí.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#2
Mi despedida en la isla Gecko fue bastante emotiva. A mis viejos se les veía bastante afectados y se pasaron el rato advirtiéndome de los peligros de la ciudad además de que me anduviera con ojo por si alguien intentaba estafarme. Para empezar, no se fiaban ni un ápice porque se pensaban que Yojimbo y Triana me habían reclutado para algo extraño y peligroso. Sin embargo, al final logré persuadirlos de que se trataba de un viaje sencillito sin mayores complicaciones. Sabía que la granja quedaría en buenas manos y que mi partida sería lo mejor para recuperarla, pero nunca antes había dejado la isla, por lo que estaba un poco nerviosa y emocionada al mismo tiempo. También era la primera vez que montaba en barco, aunque admito que resultó ser una experiencia pésima, nada parecida a lo que me había imaginado.

De todas formas, ya me acostumbraría, porque yo estaba decidida a salir de aventuras con mis nuevos compañeros, saldar las deudas de mi familia y de paso ver cómo Yojimbo ganaba la competición esa de ser el Rey de los Piratas. Más allá de eso, no conocía nada sobre mis compañeros. Cosa bastante rara si se me pregunta. Pero no me preocupaba por el momento; ya tendríamos tiempo de conocernos y de contarnos nuestros secretos.

Aunque la apariencia de los dos era bastante imponente, no se les veía malas personas, y tenía curiosidad por saber más de ellos. Tal vez Triana se hiciera esas cicatrices peleando a muerte contra un oso gigante o Yojimbo terminara envuelto en llamas por haber volado demasiado alto -si es que podía volar, claro. Pero atravesar paredes sí; muy útil para un tipo gigantesco como él. Pensándolo bien, no solo no conocía nada de ellos, si no que ni siquiera sabía dónde íbamos ni qué íbamos a hacer. Y tampoco es que me hiciera especial ilusión haber salido de la isla para hacer el vago por ahí. Las cosas se complicaban por momentos y empecé a dudar si fue una buena idea unirme a estos desconocidos. En el peor de los casos, después de conseguir mi objetivo, podría volver a la isla como si nada hubiera pasado. Nuestra misión ahora era encontrar un navegante, aunque no tenía ni idea de por qué, ya que no teníamos ni barco. Espero que mi trabajo no sea hacer uno, porque estaríamos en un buen lío. Además, no tengo ni la mitad de la habilidad de mi viejo. Todavía no estaba lo suficientemente preparada para ello.

-No veas qué mareo llevo- dije mientras bajaba del barco con poca estabilidad. Me apoyé en Triana para no perder el equilibrio. - Pero eso se mueve mucho, ¿no? Yo no sabía que ir en barco era así. Menos mal que ya estamos en tierra firme -añadí, pisando el suelo con firmeza. Con una ramita en la boca, me sentía más tranquila.

La isla parecía bastante normal, no muy diferente de donde yo venía. Pero como dice el dicho, no hay que juzgar la bravura de un toro por su mirada tranquila. Quién sabe lo que nos esperaría en esa isla aparentemente pacífica. Triana nos dijo de tomar algo rápidamente para salir de aquí y buscar al navegante, pero no entendía sus prisas. -Tampoco estaría mal hacer un poco de turismo por la isla – comenté, mirando a mi alrededor, disfrutando del nuevo paisaje.

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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#3
Tras despedirme de la taberna en la que había encontrado cobijo durante un largo año, me precipité a la zona del puerto cargado de sueños y de esperanzas, y no tanto de planes factibles para abandonar aquella isla perdida de la mano de dios. Y es que de poco servía el positivismo si no encontraba una forma de atravesar el mar hacia mi siguiente destino.

- ¿Pero acaso sé cuál la próxima parada en este viaje llamado vida? -hablé hacia un espectador invisible, como si una cámara grabase todas mis acciones y devenires. Me hallaba sentado en uno de los atraques que decoraban la pequeña sección portuaria de la isla. Si bien era cierto que isla Isshin importaba y exportaba con relativa frecuencia, no era un lugar demasiado concurrido para permitirse un puerto como dios manda. No obstante, aquel día había más gente de la habitual, puesto que parecía que acababa de llegar un navío mercante- Tal vez la mejor forma de iniciar mi viaje sea desde una isla más grande y menos… pueblerina.

Tal vez alguno de esos barcos pudiese llevarme a la siguiente isla de su trayecto, tal vez alguno de sus comerciantes lo haga a cambio de mi grata compañía, o tal vez surgiese un tórrido romance naval en medio de las bravas aguas del East Blue, donde un fornido estibador me salvase de uno de esos peligrosísimos reyes del mar a cambio de perder la vida. Eso me convertiría en un viudo a muy temprana edad, pero la idea me resultaba extrañamente atractiva. ¿Me casaría por el mero hecho de ser viudo? Estaba claro que sí.

- En fin, que pereza me da la vida en este sitio -con un elegante gesto, acomodé las gafas de sol al puente de mi nariz. Eran de moldura afilada, como la mirada de un gato, rojas y doradas. Su cristal negro resplandecía ante el cegador sol del mediodía- Probaré suerte en aquel barco que acaba de llegar -dije de nuevo a la cámara, aunque sin ningún indicio de que fuese a moverme de la protuberancia de hierro. Me abanicaba con un sutil abanico de plumas de flamenco, rosa fantasía, pierna cruzada y petate al hombro. Debido a mi larga estancia en la villa, mi persona era ampliamente conocida por todos los habitantes, que me saludaban al pasar por mi lado- A la gente le debo parecer un oasis en el desierto, un espejismo irreal para sus incrédulos ojos -pensé mientras saludaba levemente con el abanico. Era buena gente, pero me agobiaba convivir con personas cuya mayor aspiración era recoger una patata más que el día anterior; estaba sumamente convencido de que, en algún lugar, alguien llevaba ese tipo de cuentas para soportar su anodina vida campechana.
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



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#4
Este ya era el tercer viaje en barco que hacía con Triana Tempesta, ya la iba conociendo cada vez más, aunque no sabía nada de su pasado. En el fondo lo que hicieran todos mis nakamas antes de conocerme no me importaba, tanto si habían hecho cosas buenas como malas formaba parte del pasado y yo no lo iba a juzgar, ahora surcábamos los mares en busca de un sueño. La espadachina parecía que siempre estaba enfadada, me hacía mucha gracia esa actitud tan militar y recta, seguro que tenía un gran sentido del humor en realidad. Y la pistolera paleta tenía mucha conversación, aunque parecía que los viajes en barco la enmudecían en cierta medida… ¿le tendría miedo a navegar? Me aterraba pensar en esa idea.
 
Tras dos días de viaje ya llegamos a puerto, por lo que decían los marineros con los que compartíamos viaje estábamos en la Isla Isshin, vaya nombre más feo. Nada más llegar Tempesta me arrojó una mirada mortal, de cansancio y aburrimiento, y tras eso propuso que tomáramos algo y que nos fuéramos de ahí lo más rápido posible. Jolyne le contestó que quizá era mejor hacer un poco de turismo antes. Me alegró esa respuesta.
 
-Tienes razón amiga Jolyne. -dije mientras observaba el puerto. -Tengo el presentimiento de que en esta isla vamos a encontrar por fin a nuestro navegante y vamos a tener nuestro propio barco. Así que sin más dilación… -dije mientras me ponía las manos en la cintura en forma de jarra y me comenzaba a hundir en el suelo del barco en el que nos encontrábamos, para emerger poco después en tierra firme, bastante cerca de un chico con gafas puntiagudas rojas y doradas.
 
-¡Vamos nakamas! ¡Tenemos que encontrar nuestro navegante! -grité animado. -Y si no me da a mi que nos quedaremos a vivir aquí porque esto es insostenible… -susurré, desanimado y agobiado, empezando a sudar levemente y haciendo que el fuego de mi cabeza evaporara ese sudor casi al instante.
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#5
Cuando bajamos del barco Jolyne se apoyó en mí con toda la confianza, como si fuésemos amigas del alma o algo por el estilo. No sé si es que ella y Yamamura me habían visto cara de bastón, pero últimamente a todo el mundo le daba por apoyarse en mí. Y para colmo iba por ahí con una rama en la boca que a saber de dónde la había sacado. No llevaba demasiado equipaje, pero tal vez entre sus cosas había guardado ramas para meterse en la boca. La otra opción era que la hubiese cogido del suelo y no era mucho mejor que la otra. Tampoco era algo que me quitase el sueño, no quería ni preguntarle por sus manías de pueblo. —¿Te mareas en barco y piensas recorrer el mundo en uno? —fue lo único que le pregunté sin esperar respuesta. Seguramente fuese la primera vez que se subiese en uno, ya se acostumbraría.

Propuso hacer turismo por allí, pero como no quisiera ver las casas de madera a medio derruir o las piedras del camino no sabía qué pretendía hacer. De todas formas, un poco de aire libre y tierra firma no nos vendría mal. Si Yamamura no se oponía yo tampoco lo haría. Como siempre, se mostró extremadamente optimista, a pesar de su expresión de desaliento. La idea de Jolyne le pareció bien y estaba convencido de que en ese pueblucho de mala muerte iba a encontrar un navegante que viniese con nosotros y, es más, un barco propio. Yo tenía algunos ahorros, pero no pensaba ser la única pringada que pusiese dinero para aquello y, conociendo lo poco conocía a Yamamura y a Jolyne, me daba la impresión de que así sería.

La entrada de Yamamura a la isla fue llamativa; no podía ser de otra manera. Se hundió en el suelo para aparecer al lado de uno de los viandantes. Ya no sabía cómo repetirle que dejase de hacer el raro y llamar la atención de esa forma tan extravagante. Había dado esa batalla por perdida, pero no podía evitar pensar que, algún día, sus rarezas nos iban a costar un disgusto. Tras su estallido de energía vino el bajón y susurró algo sobre quedarnos a vivir allí. Vamos, ni aunque me pagasen. Conseguir ropa decente en un lugar como este debía ser toda una odisea y no entraba en mis planes empezar a vestir como Jolyne.

Continué caminando para aproximarme hasta donde estaba Yamamura. Más nos valía tener más suerte esta vez si no quería tener que estar animándole por no encontrar a su navegante. —Ten cuidado. Asustas a la gente —le dije para que se diese cuenta de que unos centímetros más y hubiese levantado a ese chico a caballito.
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#6
Cuando al fin había reunido el ánimo para alzarme y hablar con uno de los mercaderes recién llegados, una enorme figura brotó del suelo, de la misma forma en la que lo hacían los árboles o los fantasmas en el caso de que estos existiesen. Tal sorpresa hizo que perdiese el equilibrio y me escurriera unos centímetros sobre el amarre dirección al mar. Un fuerte agarre de piernas impidió que cayese al agua y me hundiese como una piedra; siempre debía tener cuidado con eso, hacía ya tiempo que había perdido la capacidad de nadar. Al recomponerme, pude distinguir mejor a la figura fantasmal: un hombre, mínimo, el doble de alto que yo, corpulento, pelo largo y blanco, fuego en la cabeza. Este último dato sería alarmante para cualquier persona, pero en la biblioteca de mi padre recordaba haber leído algo sobre una raza especial con un semblante parecido al que presentaba aquel tipo. Eran nimiedades, puesto que lo más importante de todo aquello era su increíble atractivo.

- A la gente guapa se le perdona todo, hasta un incendio en la espalda -pensé, ojeando a las dos mujeres que parecían acompañarle. La primera de ellas también era una mole, imponente y con aire autoritario, cicatrizada pero también con un indudable atractivo. Su forma de vestir tan elegante le hacía parecer una almirante de la marina. La otra, más joven y pequeña, de aire pueblerino, me resultaba familiar. ¿Dónde la había visto? Había conocido a tanta gente en mis viajes que los recuerdos se entremezclaban, pero estaba bastante seguro de haber hablado con ella. En conclusión, era un grupo variopinto que iba a llamar la atención de toda la gente del pueblo, si es que ya no lo había hecho- Navegante, nakamas… -repetí las palabras que el enorme tipo había vociferado por todo el puerto. Buscaban un navegante, pero parecía que no poseían un barco propio, puesto que venían de uno de los mercantes recién llegados.

¿Cuáles serían sus objetivos? ¿Eran simples viajantes? No lo creía, tenían pinta de no ser mala gente, pero no encajaban completamente en el concepto de “civiles”. ¿Tal vez eran… exploradores? ¿Piratas? Fuera como fuese, y aunque pareciesen vagar sin rumbo, la vida me presentaba una oportunidad que debía aprovechar. Tenía que descubrir cuales eran sus propósitos y si valía la pena presentarme como el nuevo navegante de su… esperpéntico grupo de feria. De todas formas, no tenía nada que perder.

- Es mejor que estar sentado esperando a la nada -pensé, observándoles hasta que avanzaron una distancia considerable. En ese momento, me levanté, sacudí mi ropa, me ajusté las gafas y caminé como quien no quiere la cosa tras ellos- Nakamas…hum.
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#7
Yojimbo aceptó mi idea de hacer turismo por la isla. -Bien, punto para mí- pensé. Al parecer, estaba convencido de que aquí podríamos encontrar al navegante y nuestro barco. Se le veía bastante entusiasmado con la idea, tanto que bajó del barco hundiéndose en el suelo y saliendo una vez llegado a tierra firme. Así que no solo podía atravesar paredes, también funcionaba con el suelo. Era diabólico y perturbador… pero me ha llamado amiga.

Sus habilidades parecían propias de un fantasma. Aún no me había atrevido a tocarlo, pero me empezaron a surgir dudas sobre si también sería capaz de atravesarme a mí. Yo ya había vivido varias experiencias extrañas en la granja, como objetos que desaparecen y aparecen en sitios inesperados o animales comportándose de una manera extraña, así que no sería yo quien dijera que los fantasmas no existen.

De repente, su estado de ánimo completamente para dar paso a una actitud pesimista. Dijo que si las cosas no salían bien, podríamos quedarnos atrapados en esta isla. Para mí no resultaba ningún problema, aunque para eso preferiría volver a mi isla. De todos modos, no me desagradaba la idea de empezar una vida desde cero con esta gente: formaríamos todos una granja en común y viviríamos solidariamente. Sonaba hasta idílico.

Triana le advirtió que no espantara a la gente, y me di cuenta de que a su lado había un joven con unas gafas de sol muy llamativas y un abanico de plumas, cosas típicas de gente de ciudad. -No es posible… Aun ocultándose la cara, me pareció reconocer algunos rasgos familiares. No estaba del todo segura, pero quizás aquel muchacho fuera el famoso Aspros que conocí años atrás. Lo tenía fresco en la memoria ya que hasta hace poco el poster de su gira colgaba en la pared de mi cuarto. Me apresuré a llegar junto a Yojimbo y Triana, donde también estaba el joven.

-Que me rompan las costillas de una coz si me equivoco, ¿no eres el famoso Aspros? – imagino que estaría en aquella isla de gira, o tal vez de vacaciones. Hacía tiempo que no escuchaba hablar de él, pero tampoco es que yo estuviera muy puesta en las cosas de fuera. De todas formas, me alegraba saber que estaba bien – Soy yo, Jolyne, ¿te acuerdas de mí? – se mantenía bastante bien. Tanto que empezaba a pensar que los rumores que circulaban por el pueblo sobre sus rituales de belleza con baba de caracol eran ciertos.

-Oye, ¿no sabrás por casualidad dónde hay barcos o navegantes que quieran participar en una competición? Es una urgencia. Si no, nos veremos obligados a quedarnos aquí para siempre – dije masticando mi ramita.

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#8
Y remando como si le fuera la vida en ello, Peixe navegó distancias que ni el mismo imaginaba que sería capaz, pasaron horas, quizás días y no encontraba tierra, el pobre no había aprendido a no rendirse así que estaba planteando hacerlo, después de todo, no es un gran protagonista con ansias de poder, aunque si de protagonismo, pero no todo estaba perdido para Peixe, pues un barco, aparentemente de mercancías, navegaba cerca.

(Este es el fin, cada vez que robo una barca acabo perdido, debería robar un barquero la proxima vez) - Pensé
Aquí estoy, solo, me acompaña el agua, la madera y ese gigante barco... es EL FIN - suspiré - Un momento... ¡ESE GIGANTE BARCO!

En ese momento supe que estaba salvado, si conseguía subir el barco en marcha y asentarme en el estaría perdido, pero en un trozo de madera mucho más grande y mejor. Remé lo más fuerte que pude para alcanzar la máxima velocidad de aquel barco pequeño y sin vela, el gran barco era inevitablemente más rápido que yo, le seguí la pista como pude, fijándome únicamente en él y con el objetivo de alcanzarlo, cuando me quise dar cuenta, estaba perdiendo el control de mi barca y remando en tierra.*

¡HOSTIA! - exclamé no muy bajo para después caer de la barca, boca arriba, por supuesto - Agua... por- pero que digo, la costumbre - me levanté y me sacudí la arena.

Observando la costa e intentando ver el paradero del gran barco, que por supuesto, se habrá estrellado igual que yo habrá hecho una gran maniobra de freno y atrancamiento igual que yo, vislumbré a lo lejos gente, no es algo raro, el mundo está habitado por mucha pero no era cualquier gente, era un tipo igualito al hombrecillo feliz de las alas papel maché... hmmm... ¡¿LA OBRA DE TEATRO ERA TAN FAMOSA!? Quizás sea porque no soy un entendido del arte pero no me pareció tan buena como para que haya más de un actor llevando su obra de isla en isla, aunque no solo iban el y su acompañante de la gabardina sucia, el elenco había aumentado... y eran todos enanos.

(Si sigo mirando de lejos no sacaré nada en claro, debería ir a preguntar por la obra, esta vez sin correr, que luego me pasa lo que me pasa) Pensé y avancé lentamente hasta el barullo de actores.

* [Imagen: peixe_akira.jpg]
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#9
Triana, como siempre, hizo el papel de conciencia de bolsillo y me advirtió, con un tono de voz para nada agradable, que tuviera cuidado y que con mi actitud asustaba a la gente. Asustar a la gente o no me daba absolutamente igual, no estaba haciendo nada malo para asustarlos así que tenía la mente tranquila. La miré, sonreí levemente y asentí con la cabeza mientras me giraba hacia aquella persona a la que casi elevo sobre mis hombros que se encontraba a escasos centímetros de mi cuerpo y le decía:

-Eh tú, señor, perdona.

Mientras me disculpaba escuchaba a Jolyne farfullar de fondo, como si se hubiera olvidado de algo en el barco. Al poco decidió hablar y parecía que conocía a aquel chico… ¿famoso? ¿Era un famoso? No había nada mejor que tener a un famoso en la tripulación pirata y por sorprendente que fuera, Jolyne Jones parecía conocerlo. La carpintera fue rápida y le preguntó al momento si conocía a un navegante para formar parte de la tripulación del Rey de los Piratas.

-Barcos hay justo aquí… -dije con un tono de voz tímido mientras señalaba el muelle que teníamos a la espalda. -Vaya pregunta ¿eh Jolyne? Que pringada. -dije mientras me giraba y miraba a mi alrededor, esperando a que contestara el supuesto Aspros.

-En fin…
-continué, viendo interrumpido mi discurso antes siquiera de empezarlo, pues la silueta a contraluz de un ser tentacular captó completamente la atención. Agaché mi torso levemente y me puse la mano derecha sobre las cejas para tapar la luz del Sol, que me daba de frente. -Pero si ese es… -susurré esperando que mis visiones fueran ciertas y se tratara de…

-¡Peixe Camarondi Boquerone! -grité emocionado cuando por fin lo vislumbré. -¿Pero qué haces tú por aquí amigo Peixe? Mira, esta es mi tripulación pirata. A ella ya la conoces, Triana Tempesta, la Dama de Acero -dije señalando a Triana. – y ella es la mejor carpintera y tiradora del East Blue, la afamada Jolyne “Gatillo Loco” Jones.

Finalmente me giré hacia Jolyne y le dije:

-El es Peixe “OctoGourmet” Camarondi, y es nuestro nakama.
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#10
Continuamos andando y no le di demasiada importancia a aquel chico al que Yamamura casi sube a sus hombros por accidente, al menos hasta que Jolyne le reconoció. Seguramente fuese porque no esperaba encontrar a alguien como él en un sitio como este y mi cerebro me había jugado una mala pasada, pero ahora que me había dado cuenta no sabía cómo había estado tan ciega. Lo que no entendía es por qué Jolyne parecía conocerle y por qué seguía creyendo en aquello de la competición. Nadie se lo había desmentido desde que se lo dijo Yamamura, pero creía que ella sola se habría dado cuenta a estas alturas de qué era lo que íbamos a hacer. Ella sabría, lo peor era que nos iba a dejar a todo el grupo en ridículo delante de él y Yamamura contribuía a ello.

Ahora lo más importante era mantener la compostura y una buena imagen delante del famoso, nunca había visto a uno en persona, solamente a una cantante de tres al cuarto que vino al bar en el que trabajaba dándose aires de grandeza. Para colmo, no sabía cómo, el pulpo que Yamamura y yo nos habíamos encontrado al inicio de la aventura nos había seguido. Lo que faltaba para lucirnos. Estábamos ante Aspros, el hijo de la gran y atractiva actriz Yukiko y el eminente novelista Yusaku. Adoraba los libros de su padre y a su madre en general, pero lo que más me interesaba de Aspros eran los escándalos en los que se había visto envuelto, los leía con frecuencia en las revistas del corazón.

Cuánto de verdad habría en aquello. ¿Sería verdad en que en cierto cuartel de la marina se había montado una fiesta con celebridades a la que fue invitado y algunos de los asistentes habían salido de ella desnudos? ¿También sería verdad que le había robado las parejas a más de 15 personas famosas? ¿Y que se había emborrachado con una compañera cantante y le había ayudado a raparse la cabeza y escapar de la policía? Tantas preguntas sin responder y mis “compañeros” de banda arruinando el momento.

—¡No! —se me escapó como respuesta a mi deseo de que no hubiese escuchado nada de lo que dijesen esos dos tarados ni se fijase en Peixe. Si lo hacía, estábamos perdidos. —Quiero decir que esos no son nuestros nombres. O sea, nuestros apodos. Y esto no es una competición ni nos vamos a quedar para siempre. Sentimos haber molestado, solo estamos buscando un navegante que nos acompañe en nuestro viaje —traté de explicarme lo mejor que pude para salvar mi reputación en la medida de lo posible. La situación era un completo caos. De momento obviaría que la intención de Yamamura de convertirse en el rey de los piratas, eso contribuiría a empeorarlo todo, además, no conocía la opinión de Aspros sobre los piratas. A lo mejor los odiaba y eso significaría que su opinión sobre nosotros empeoraría.
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