[Presente Absoluto- Social] Curiosa Coincidencia
#1
Día 62 de Primavera, Año 13
Costa de Báltigo


No sabía cuántos días llevaba encerrada en aquel barco, pero comenzaba a ser exasperante. Había huido de la isla de Dawn después de aquel extraño incidente en casa de su último cliente. No sabía cómo o qué había pasado exactamente, pero era consciente de que ahora era una persona diferente y su vida no podía continuar en aquel lugar. Tras huir sin mirar atrás, había recogido sus pocas pertenencias, se había dirigido al puerto del Reino de Goa y con parte de sus abundantes ahorros se había pagado un pasaje en el primer barco comercial que había encontrado. No sabía a dónde se dirigía, pero no le importaba, era el momento de conocer mundo y cualquier lugar alejado de la isla de Dawn le servía. O al menos, eso pensaba en un primer momento.

A esas alturas del viaje, casi que se arrepentía de no haber pensado mejor un destino. El viaje era un auténtico aburrimiento y las pocas personas que iban en el navío no parecían mostrar mucho interés en ella. La mayor parte del tiempo lo había pasado pintando y pensando en aquella extraña fruta. Hasta había hecho numerosos dibujos intentando plasmarla en su cuaderno, pero siempre sentía que faltaba algo más, que no plasmaba la auténtica naturaleza del fruto. Suspiró y cerró la libreta de un manotazo. Estaba cansada de esperar.

Salió hacia la cubierta, con los ojos entrecerrados debido a la luz del sol, y se aproximó a una de las barandillas para otear el horizonte. Para su alivio, no le costó vislumbrar una isla a la que parecía que se aproximaban. ¿Qué le depararía aquel nuevo lugar? Se relamió pensando en las posibilidades ahora que tenía una nueva habilidad de la que podía sacar provecho. Sin embargo, el paisaje que se iba descubriendo a medida que se aproximaban había hecho descender en picado sus expectativas. 

No tardaron en atracar en el humilde muelle que nada tenía que ver con el del Reino de Goa. Aquella isla era un completo desierto, a excepción de un enorme castillo de piedra un poco alejado de la costa. Se le cayó el alma a los pies. Allí no había nada más que rocas y arena, ni siquiera un miserable árbol para dar algo de sombra. Recogió sus escasas pertenencias y se dirigió a la pasarela que la tripulación había colocado para que los viajeros abandonaran la embarcación. En cuanto sus pies pisaron la blanca arena, soltó un enorme suspiro, miró a ambos lados e, inevitablemente, se le escapó un:

— ¿Dónde coño estoy?
#2
Día 62 de Primavera, Año 13
Costa de Báltigo.
Por la mañana.

No sabía como había acabado ahí, pero sí que es verdad que apretaba la necesidad de pisar tierra firme, mis niveles de ansiedad y de estrés eran altísimos, había perdido todo lo que tenía en aquellos días, todo el tiempo de investigación, el taller y lo mejor mi compañera de fatigas Erika. La realidad, dejar la Isla Matsuri ha sido un puto palo en mi vida... Durante este viaje me ha tocado dormir como he podido en el suelo del sótano del barco mercante. Pero era hora de ponerse en pie, parece que empieza a haber ajetreo en los pisos superiores y en la cubierta del barco.

Dejé mi posición de ameba lamentándome por todo aquello, me levanté y empecé a arreglarme como pude. - Menos mal que la ni las gafas ni la colonia no las he perdido... - Se vería como Shoto se da unas gotas de la colonia con olor a sándalo y se dejaría las gafas colgando del cuello. Por último, puse camino al primer baño que encontré, justo había uno antes de salir a cubierta. Al abrir la puerta el olor era nauseabundo, pero al menos tenía un sitio para poder asearme la cara y peinarme el pelo. Tras ello y con los pocos recursos que tenía me dirigí a cubierta, al salir por la puerta abriéndola con mi diestra, el sol me dio de pleno en la cara, así que puse mi mano izquierda en una forma de visera para poder aclimatar a mis ojos de la mejor forma posible.

Caminé hace la proa del barco para ver mejor mi futuro destino ¿Qué me iba a encontrar? ¿Quién sabe? A lo lejos se podía vislumbrar una isla rodeada de rocas y acantilados afilados. Perfecto, parece que aquí la humanidad no ha desembarcado en siglos, pensé. Los miembros de la tripulación de aquel barco empezaron a dar órdenes de tierra a la vista y a organizar a los pasajeros en varias filas para poder desembarcar rápidamente.

Al llegar al muelle, empezamos a desembarcar de uno en uno y la realidad es que estábamos en una isla totalmente árida, rodeados de rocas y arena, además el calor apretaba, ya que no había apenas árboles. Tras pisar tierra firme, liberé un suspiro tal que acabé vacío. Tras recomponerme, observe a mi alrededor y empecé a andar hacia adelante buscando un sitio con sombra para poder sentarme y pensar con claridad. Encontré una pequeña zona de vegetación en la arena justo debajo de una gran roca, la sombra era mínima, pero al menos el sol ya no me molestaba. Al desembarcar de los primeros pude ver como todas las personas parecían aturdidas, desmejoradas o incluso algunos parecían estar idos de la cabeza.

Pero de entre todo ese gentío hubo alguien que me llamó la atención, era la primera persona que partía de la misma casilla que yo, la de salida. Ella era una joven casi tan alta como yo, con cabello de color platino y un uniforme en tonos rojos que llamaba la atención. Esa ropa pertenece a un estamento social bastante alto, nada que ver con Erika... Bueno, con el grito que ha pegado, al menos puede ser un buen punto de conexión para conocer a alguien y no tiene pinta de que me vaya a cortar las alas.

Con las mismas me levanté de aquella sombra y me acerqué de una forma tranquila para poder conocerla. Al llegar puse mis manos en forma de jarra por encima de la cadera y comenté - ¡Hola! Yo tampoco sé donde estoy, pero, se me da bien investigar. Te apetece que busquemos a ver donde coño estamos. Tras un pequeño instante - Por cierto soy Shoto y … ¿Tú eres?


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#3
Había lanzado la pregunta al viento, más bien para sí misma, por lo que no esperaba una respuesta. Parpadeó levemente y se giró hacia la voz masculina que había respondido a sus lamentos. Un joven de aproximadamente su edad la miraba de forma tranquila, aguardando a que Carmilla le devolviera el saludo y se presentara. La muchacha lo miró de arriba a abajo sin disimulo. Era algo más alto que ella y llevaba un extraño peinado hacia arriba. Lo que más llamaba la atención eran unas oscuras cicatrices que le recorrían parte del rostro y unas alas plegadas en su espalda. Qué persona tan llamativa, seguro que tenía mucho que ofrecer. La muchacha se acercó, arqueando una ceja y esbozando una sonrisa ladeada.

—Vaya, qué curioso— Al acortar distancias, Carmilla pudo sentir el intenso olor a perfume que provenía de él. — No está mal jiajiajiajia — Pensó en voz alta. Ella jamás salía sin su perfume, por lo que sabía apreciar el aroma de los que, al igual que ella, cuidaban su presencia ante los demás. —Soy Carmilla Von Nackt, una de las más célebres pintoras que jamás podrás conocer— Bueno, quizás aún no fuese tan famosa, pero estaba segura de que en algún momento lograría el reconocimiento que se merecía como artista y, si algo había aprendido, era que lo mejor que una podía hacer era fingirlo hasta conseguirlo.

—No es que me haya servido de mucho tu respuesta, Shoto. — Comentó, ligeramente desanimada porque su interlocutor tampoco tenía ni la más mínima idea de dónde se encontraban. — Pero me parece bien tu idea. Tú investiga por allí mientras yo intento recopilar información por esta playa de aquí, ¿te parece?— Dijo girándose hacia la orilla que se encontraba a escasos metros de ellos, a un lado del pequeño puerto donde habían desembarcado. —Quizás algún otro viajero pueda decirme dónde estamos… Uf hace mucho calor aquí ¿a que si?

Antes de recibir una respuesta a nada de lo que había dicho e ignorando por completo el plan de Shoto, Carmilla decidió que estaba en el mejor lugar y en el mejor momento para darse un buen chapuzón en el mar. ¿Por qué no? No tenía mucho más que hacer. Comenzó a desvestirse, desabrochando los botones de su americana para después hacer lo mismo con la camisa blanca que llevaba debajo, dejando ver su ropa interior y parte de su pálido cuerpo. Quizás para algunos era un escándalo pero la joven no veía nada raro en lo que estaba haciendo, simplemente quería refrescarse en el mar. Se descalzó y se deshizo de su corta falda. Dejó todas sus pertenencias cuidadosamente en la arena y se dirigió a la orilla, donde el agua subía y bajaba suavemente.

— También puedes venir conmigo— Le gritó al joven con una sonrisa divertida. Una sensación que hacía mucho no experimentaba recorrió su cuerpo. Poco a poco fue adentrándose en el mar. El agua le llegaba aproximadamente por las rodillas y estaba a punto de zambullirse cuando, de repente, sintió un ligero mareo. — ¿Eh?— ¿Por qué se notaba tan débil? No recordaba haber tomado nada en mal estado durante el viaje. Pensó que quizás lo mejor era no bañarse, así que se dispuso a salir del agua, aunque le estaba costando algo más de lo normal. Cuando pisó de nuevo la arena, optó por sentarse a recuperarse del ligero mareo. Qué extraño.

— Bueno…He cambiado de idea, creo que iré contigo…A investigar — Le dijo al muchacho con voz entrecortada.



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#4
La chica se acercó hacia mí, por una vez y lejos de lo que estaba acostumbrado, percibí a una joven bastante calmada que me contesto sin insultarme ni nada por el estilo. Al igual que yo, su perfume tenía mucha más proyección que el mío, por lo que automáticamente ya me había deslumbrado casi casi sin articular palabra. - Encantado Carmilla - Justo fruncí mi rostro y posicioné mi mano sobre el mentón al escuchar su nombre completo y aludir que era una de las pintoras más famosas que podría conocer. - Mmmmm... hace tiempo estuve en una isla dedicada al arte, pero no vi tu nombre... Aun así, no soy ningún experto de ello... - Abrí mis brazos en señal de desconocimiento.

Ambos estábamos de acuerdo que era buena idea investigar a donde ir, pero en vez de juntos separados y como por arte de magia se giró dirección a la playa en busca de que alguien la pudiera ayudar. Me quedé totalmente atónito con la situación, de repente llego a los pies de la playa y se empezó a desvestir. - Primero la pipiola y ahora tu... - Que he hecho yo para merecer esto... - Mientras gruñía en bajo, observe con mi mirada como se iba desvistiendo lentamente e iba mostrando su cuerpo y su ropa interior. Me pregunté si esto era lo normal entre los artistas, si la excentricidad era la normalidad, aun con todo ello no podía quitarla el ojo de encima e incluso me salió una sonrisa picarona. Me grito si quería darme un chapuzón, la verdad que, por un lado, después de aquel viaje no me importaba darme un baño, pero mi instinto de supervivencia no me lo permitía. - Tranquila, yo esperaré aquí, sentado a la sombra. - Mientras ella iba entrando poco a poco al agua, seguía pensando, que hacíamos en esta isla totalmente árida y desierta, cada vez que me fijaba más en los detalles del paisaje, es que no se observaba nada de civilización y las personas que desembarcaron con nosotros iban tomando rumbos totalmente diferentes e iban desapareciendo. 

Al cabo de unos minutos vi como Carmilla salía del agua.. Bueno, digamos que su cara era poema. - ¡Estaba fría, eh! - La grité mientras la hacía el gesto de venir con la mano izquierda. - Al llegar me sorprendió con su voz y sus palabras entrecortadas, la parecía buena idea lo de empezar a investigar conmigo. Así que mientras se secaba y se vestía, pensaba cuál podría ser la mejor aproximación... - A ver... Si un barco mercante nos ha traído a todos nosotros a la isla es porque tiene que haber algo más en la isla. - Ahora bien, en el centro de la isla o en el perímetro de la isla. - Aquí no hay nada y tampoco sabemos si puede haber otro puerto a largo de la orilla. - En un momento giré la vista a Carmilla y aún tenía la espalda al aire es por ello que me quede con la mente nublada viendo las curvas de su cuerpo.

- Mmmm, creo que deberíamos buscar algún barco, puede que hayan echado el ancla en alguna otra zona, por último si vemos que el terreno se pone escarpado, deshacemos el camino y entramos al interior de la isla, algo fácil. - Comente con una sonrisa en la cara y mis brazos en jarra apoyados en mis caderas. - ¿Cómo lo ves? - La dijo con una voz segura.

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#5
Las palabras de Shoto habían iluminado el rostro de Carmilla ¡¿Había una isla dedicada al arte?! La joven no conocía nada de lo que había más allá de la horrible Isla de Dawn, por lo que nunca se habría imaginado un lugar así. Ahora que había logrado escapar de aquella pocilga era su oportunidad para visitar aquellos magníficos sitios soñados y aprovechar para darse a conocer como una de las mejores artistas del mundo. Al hecho de que el joven no le sonase su nombre en absoluto no le dio ningún tipo de importancia.

Después del fracasado intento de baño, había decidido que era mejor ir a investigar, tal y como había propuesto el pelinegro. No terminaba de entender por qué su cuerpo había reaccionado de esa extraña manera, pero algo le decía que tenía que ver con la dichosa fruta. Desde aquel mordisco no habían dejado de sucederle cosas extrañas. ¿Sabría Shoto algo al respecto? Parecía una persona inteligente, pero la muchacha no iba a revelar un secreto de tal magnitud así como así a un completo desconocido. Le había sorprendido la entereza del chico, pues normalmente los hombres no habrían rechazado una invitación a un baño en ropa interior, pero aún así necesitaba más tiempo. Sería mejor esperar y descubrir si era de fiar. 

— Está bien, vayamos a ver los barcos. — ¿Quién la habría mandado a meterse en un transporte sin saber su destino? Suspiró. De nada servía lamentarse a esas alturas, debían empezar a buscar soluciones. — Quizás encontramos a alguien que vaya a esa isla de artistas que mencionaste antes ¿a que sí? — Comentó con un ligero tono de emoción en la voz. Desde que era consciente de la existencia de tal lugar, no podía dejar de pensar en él, aunque no tenía ni la más remota idea de dónde estaba ni cómo se llamaba la isla.

— También vi una especie de castillo a lo lejos cuando llegábamos, supongo que los barcos traen abastecimiento para la gente que esté allí. — Comentó. Prefería buscar primero en los barcos para tratar de salir de allí cuanto antes, pero si no les quedaba más remedio tendrían que adentrarse al interior de la isla. Comenzó a dar saltitos por la costa, siguiendo la orilla en busca de otro barco y esperando que Shoto siguiese sus pasos.

— Bueno, ahora que somos compañeros en la misión "Salir de este desierto", cuéntame algo sobre ti, ¿no? — Preguntó con una sonrisa ladeada, echando la vista hacia el joven. — ¿Tienes novia? JIAJIAJAIA — No es que tuviese ningún tipo de interés en él, pero le resultaba divertido el coqueteo. A muchos eso le hacía algo más vulnerables y quizás le ayudase a descubrir si aquella persona era digna de su confianza. Aaah, el amor...Carmilla jamás había experimentado algo semejante, pero era consciente de la fuerza que tenía aquel sentimiento y de cómo había inspirado a artistas de todo tipo para crear obras maravillosas. Se deshizo de esos pensamientos con rapidez, ella no estaba hecha para algo así.





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#6
Para un momento de paz y tranquilidad en el barco lo mejor era la zona elevada de la popa del barco, lo suficientemente alejada del posible barullo que pudiera haber en la cubierta pero no completamente aislada de sus compañeros, por si estos necesitaban algo. En una improvisada tumbona la mujer yacía recostada, aprovechando la luz de la mañana para broncear su piel, cubriendo sus ojos con unas gafas de sol cuya montura combinaba con el color de su cabellera y protegía su vista con unos cristales oscuros, su cuerpo estaba cubierto por ropa de baño morado y negro, el top del bikini tenía un diseño cruzado en la parte delantera, con finas tira de tela que lo mantenían sujeto, el estampado ofrecía en el pecho izquierdo lo que simulaba ser una lluvia de estrellas blancas con destellos purpuras sobre un fondo negro, mientras que al hacer el cruce la otra mitad del top se volvía de un tono morado más homogéneo; por otro lado la parte inferior era algo más simple, estando dividida en tres franjas, la principal y más grande cubría era de un color negro plano, por encima de ella una franja mucho más pequeña del mismo morado que el top y encima de esta una aún más pequeña con el estampado estrellado de la parte izquierda del top. Llamó mi atención el movimiento que detecté con la visión periférica mientras me centraba solamente en disfrutar del Sol, una joven de pelo blanco saltaba por la playa de forma muy despreocupada e iba seguida por otro joven, uno con alas, debía ser uno de esos que había en aquella isla del cielo.

Me incorporé mientras retiraba las gafas de sol de mi cara para ver con mayor claridad a los dos transeúntes, ella vestía un uniforme de un tono rojo apagado, mientras que él otro vestía de forma mucho más informal lo que parecía una bata larga y azul marina. Me terminé de levantar, y me calcé con unas sandalias que utilizaba cuando no planeaba dejar el barco, tomé el rifle que había dejado reposando a mi lado y, dejando la comodidad de la tumbona atrás, bajé a cubierta para buscar con la mirada a Viktor y acercarme a él para contarle lo que había visto. — Viktor. — con un pequeño salto me terminé de acercar a él, llamándolo primero para no asustarlo. — ¿Tienes un momento? — Cuando ya estuve más cerca de él comencé a rodearlo para poder hablar cara a cara con él sin que tuviera que dejar lo que estuviera haciendo. — He visto a gente en la playa, no parecen una amenaza, pero igual deberíamos comprobarlo. — Honestamente me fiaba de mi intuición, pero mi compañero había demostrado también ser de fiar, y contrastar mi opinión con la suya me pareció lo más inteligente en ese momento.

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#7
Y otro día más.
Durante nuestra estancia en la isla había podido memorizar cada palmo del barco, cuantas veces se mecía de media con el oleaje y hasta cuantos pájaros migraban en cada dirección. Los días eran tediosos y largos pero, por otra parte, productivos. Había logrado perfeccionar habilidades de forja que serían de amplia utilidad al grupo en caso de querer fabricar armamento de gran calidad y eso merecía la pena. Sin embargo, hoy era día de descanso y me encontraba en cubierta. Desprovisto de mi clásico abrigo azul y solamente ataviado con el chaleco, pantalones y botas, leía apoyado con los antebrazos en la baranda de cubierta. Shimei Kaeru reposaba en su estante en mi camarote y solo llevaba el Santoral anudado en mi cinturón. Había conseguido encontrar en la lectura un refugio mucho más profundo que lo habitual y, poco a poco, había generado un pequeño castillo mental para evadirme de las horas muertas mientras mis compañeros estaban ocupados.

Mientras el jefe invertía sus días en revisar el barco y en programar las compras que deberíamos hacer una vez pudiéramos partir, Chloe solía pasar los días cocinando o tomando el sol, viviendo como una reina en los brazos de dos guerreros que por ahora la protegían. Aunque ella no sabía que la había visto practicar con ese rifle nuevo que había conseguido en alguna expedición en la isla. Eso me agradaba y retornaba en ella mis confianzas para que el triunvirato de Magna fuera una punta de lanza formada por tres vértices: Sohem a la cabeza con su poder arrasador, yo a su diestra interceptando cualquier ataque y Chloe cubriendo nuestras espaldas desde la distancia con una puntería infalible. No obstante, este planteamiento dejaba un problema claro: no teníamos apoyos más allá. Si los tres entrábamos en combate, no había nadie que diera soporte a nuestras acciones. Necesitábamos que nuevos reclutas con nuevas habilidades entraran al gremio. Sin embargo, ¿era eso posible en una roca muerta como esta? Pues, Chloe parece que trajo la respuesta a mis dudas. La tiradora se acercó a mí mientras leía reclamando mi atención y llamándome por mi nombre. — ¿Huh? — gesticulé sin mover la mirada de mi libro, esperando terminar la última línea de la página mientras elevaba el índice de la diestra en dirección a Chloe, solicitando que esperase un segundo. Sin embargo, esta continuó diciendo que había avistado personas, cosa que me sorprendió después de tanto tiempo en la isla. Acto seguido cerré el libro haciendo pinza con los dedos y lo introduje en mi bolsillo trasero para girarme hacia la dirección que Chloe mencionaba. Caminé junto a ella hasta la baranda de cubierta más cercana a nuestros improvisados visitantes que parecían estar mucho más cerca de lo que esperaba y tras esto, expandí mi visión mucho más allá.

Utilizando la percepción aumentada del Haki de la visión, expandí mis sentidos hasta alcanzarlos para entender, aunque fuera de manera vaga, sus intenciones acercándose. Parecían más almas perdidas que atacantes, por lo que era posible que mi compañera estuviera en lo cierto. En ese momento se me iluminó la mirada y pensé que podría ser la oportunidad perfecta de conocer a dos reclutas que necesitaran de nosotros y que pudieran ser lo suficientemente útiles como para que el jefe no los deshaga con un Heat Beat. Era buena idea conocerlos. — “Aquel que desea, pero no actúa…” — dije mientras observaba como llegaban cerca de la costa donde nuestro barco estaba. — Sígueme, veamos quienes son. — mientras apoyaba diestra en la baranda y me impulsaba para saltarla y aterrizar en tierra firme con la zurda sobre el santoral para evitar que se aflojara su nudo. Los extraños estaban a pocos metros y no tardamos demasiado en alcanzarlos. Parecían cansados, se notaba que llevaban largo rato andando. Se trataba de dos individuos. Una mujer de aproximadamente mi estatura, de pelo rubio, blanquecino y ojos celestes, y el otro, un varón, birkaniano si no estaba equivocado por sus alas, más alto aún que nosotros, muy flacucho y escuálido, con el pelo negro. Ambos parecían bastante perdidos.

— ¿Qué hay? — dije saludando a la pareja mientras me acercaba hasta detenerme a dos metros de ellos — ¿Una mala noche de fiesta? — dije con cierta ironía mientras esbozaba una sonrisa burlona y los miraba de arriba a abajo. Habría que ver quiénes eran y si estaban dispuestos a coger el que quizá fuera el mejor “tren” que pasaría por su andén. Si es que merecían la pena.


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#8
Tras una pequeña travesía por la costa de la isla junto con la joven Carmilla, comentó acerca de un castillo cuando nos acercábamos con el barco. Esa información cambia algo en caso de estar perdidos, ya que si se veía desde el barco, era un punto relativamente cercano en la isla pero casi seguro que de difícil acceso. Además, que tampoco sabemos quién hay en esta isla, piratas, asesinos, mercenarios, en fin ... - Carmilla, la info es interesante, pero de momento sigamos hacia adelante.

Mientras seguíamos caminando por aquella playa, mantuvimos una conversación sobre la isla de Toroa y como era una isla llena de artistas urbanos, los propios habitantes exhibían sus obras en sus garitos y como el castillo era la máxima exposición del arte. - Vi allí una exposición que me marco bastante, aunque como te digo no entiendo mucho de esto....- Comentó mientras arqueaba las cejas. A medida que íbamos avanzando, ella iba pegando pequeños saltos con su dulce cuerpo, como si fuera una joven totalmente inocente. No te dejes llevar por las primeras impresiones, a lo largo de este año has visto como te han fallado las intuiciones sobre las personas que te has cruzado, pensé. Hubo un punto donde me preguntó por si tenía novia. - Hahaha, ojalá lo más que he tenido ha sido una relación controvertida con una chica que ya no está aquí conmigo..... pero.. no era mi novia.

- Oye Carmilla como acabaste en ese barco, yo lo tengo muy difuso.... - Comenté con un tono de voz neutro y algo dubitativo, cuando a lo lejos pude observar como había un barco de tamaño medio a priori la vista no me alcanzaba para ver más. A medida que nos íbamos acercando iba poniendo foco en lo aislado que estaba el barco. Hasta que de repente un joven bajo del mismo pegando un salto por encima de la baranda. Estamos jodidos como sean piratas, hasta aquí la vida de Shoto Data, gran ingeniero mejor persona, pensé. Seguimos caminando hasta encontrarnos cara a cara, un joven de pelo albino, vestido con ropa de lucha, pero no militar, los antebrazos y el látigo de bolas que llevaba, podía demostrar que estaba en lo cierto. Así que con un tono sarcástico quiso saber de nosotros. Estaba agotado físicamente, así que intente ser lo más amable y respetuoso con aquella persona. - ¡Buenas! - Mi amiga y yo llevamos un rato perdido por la costa, pero por casualidad no tendréis un poquito de café recién hecho, no?

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#9
Shoto comenzó a responder a cada una de sus preguntas. Había personas a las que les habría costado conversar sobre su vida privada, pero el muchacho contestó con tranquilidad. Le cayó bien. Carmilla escuchaba con atención mientras continuaba caminando por la costa. Una isla donde todos podían exponer su arte libremente...Era un sueño. No, un sueño no. Se había convertido en una meta. Ahora que era libre podía hacer lo que quisiera. Bueno,casi.

— No te preocupes Shoto, no hace falta entender el arte, lo importante es que te haga sentir algo, eso es lo que lo hace increíble, ¿a que si? — Le dijo con los ojos iluminados. — Algún día iré a esa isla de Toroa y podrás ver mis obras en vivo y en directo. No todos tienen el privilegio de presenciar mi arte en su máximo esplendor JIAJIAJIA — No era una artista de renombre (todavía), pero si era cierto que siempre dibujaba en privado, y se le daba muy bien. Hasta había ganado dinero vendiendo algún que otro cuadro por la calle o a los clientes del burdel.

Continuaron la distendida conversación, ahora centrada en la vida romántica del pelinegro. Carmilla arqueó las cejas algo sorprendida, pues el joven no parecía que tuviese ningún tipo de experiencia con mujeres. — Una relación controvertida eh... — Le invadió la curiosidad, pero la peliblanca sabía cuándo era un buen momento para indagar y cuándo no. De repente cayó en que con su nueva habilidad ni siquiera le hacía falta preguntar, podía haber hurgado en los recuerdos de Shoto y haberlo visto todo con sus propios ojos, pero no le pareció apropiado, él estaba siendo completamente sincero.

— Pues yo... — No sabía qué decir. "¿Le robé a un tío una fruta que me ha dado un poder muy raro y salí huyendo porque no tenía nada que dejar atrás?" Mejor no. Por suerte antes de tener que inventarse alguna respuesta absurda sobre la marcha, una curiosa pareja se aproximó a ellos. Sabía que tarde o temprano deberían toparse con alguien en aquel árido lugar, pero lo último que esperaba era que unos desconocidos se dirigiesen directamente hacia ellos. Vale que quizás llevaran unas pintas un tanto peculiares y llamasen un poco la atención, especialmente ella, pero aquellos dos extraños no parecían del tipo que se dejaban sorprender por las apariencias. Echó una ojeada veloz a Shoto, pues quizás se conocían de algo, pero el alado joven no parecía familiarizado con ninguno de los dos individuos. Se trataba de una mujer algo mayor que ella y un atractivo muchacho que debía tener aproximadamente su edad. La mujer tan sólo llevaba un bikini, lo que hacía mucho más llamativo aquel enorme rifle que llevaba consigo. El chico portaba un curioso látigo anudado a la cintura. Carmilla entrecerró los ojos y sonrió con interés. La actitud de ambos hacía presuponer a la peliblanca que tampoco estaban desamparados en aquella isla. Sin duda, no había sido un encuentro fortuito pero, ¿qué podían querer esos dos de Shoto y de ella? Fuera lo que fuese, no parecían llevar malas intenciones. Tampoco tenía nada mejor que hacer y el peliblanco estaba tremendo, podía ser divertido. Shoto contestó con simpatía, como si acabara de encontrarse con sus vecinos de toda la vida. Qué inocente. Pensó la peliblanca.

— Ojalá. Hace mucho que no tengo una de esas... — Dijo con un tono melancólico. Su vida en la Isla de Dawn no había sido un camino de rosas ni mucho menos, pero las fiestas que se hacían en el burdel eran de las más famosas de la ciudad y se ganaba mucho dinero fácilmente. Nunca habría imaginado que extrañaría lo más mínimo aquel vertedero, pero tampoco se había imaginado perdida en una isla desconocida y acompañada de un muchacho con alas. La vida daba muchas vueltas.

— Soy Carmilla. — Respondió de forma escueta. A ella le costaba más confiar en desconocidos, y más si iban armados. — ¿Y vosotros? — Inquirió. Por muy atractivos que fuesen ambos no iba a bajar la guardia.





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#10
Tras acercarme a Viktor para avisarle me levantó el dedo, ¿Me estaba mandando a callar? Por suerte al insistirle en que era gente lo que había visto su reacción fue diferente, cerró su libro y lo guardó, se fue a la baranda de la que yo venía, la que estaba más cerca de la costa, y examinó en la distancia a la curiosa pareja que se nos acercaba. Debió ver algo en ellos que le resultó interesante, pues se impulsó por encima de la baranda y saltó barco abajo, — Que presumido… — suspiré, e imité su movimiento, agarré con la izquierda el rifle para que en la bajada no se separase de mi cuerpo y acabase cayendo lejos de mi, temía que pudiera romperse si caía a plomo contra la roca que conformaba el suelo de la isla; acto seguido usé mi brazo derecho para levantarme y hacer pivotar mi cuerpo hacia el lado opuesto a la cubierta, saltando de esta manera la barandilla, y, ¿Para qué mentir? Yo también era una presumida que no quería quedarse atrás en la primera impresión, y ahora que sabía que podía aguantar la bajada del Parabellum así, ¿Por qué no hacerlo? Además era más rápida.

Di un par de pasos largos para alcanzar a Viktor y con ello ponerme a su lado, él abrió la veda de la conversación al preguntar, de forma irónica, si habían pasado una mala noche de fiesta. El primero en responder fue el chico de las alas, su respuesta fue demasiado directa y sincera, me hizo fruncir ligeramente el ceño y alzar una ceja, demasiado ingenuo, eso era bueno de cara a usarlo como fuente de información, si es que tenía alguna útil. La respuesta de la chica, sin embargo, resultó mucho más interesante para mi, seca, directa, sin decir ni una palabra más de las necesarias. — Me gusta. — pensé para mi, dando un pequeño paso al frente para presentarme, notando en ese momento que ambos se habían pasado un pelín con sus respectivas fragancias, — Yo soy Chloe. — no parecían una amenaza, parecían genuinamente una pareja de gente que había acabado en esa situación sin quererlo y no tenían más opción que lidiar con ello, así que me permití el lujo de anticiparme a mi compañero de cabello blanco y los invité a subir haciendo un gesto con las manos. Me coloqué de forma lateral, a mi izquierda la pareja perdida, a mi derecha el barco del que veníamos y de frente Viktor, pero mi cabeza estaba ligeramente ladeada para mirar a Shoto, en particular. — No tenemos café recién hecho, pero tenemos café y podemos hacerlo. — sin mover mi cabeza dirigí la mirada a Viktor, ¿Hacía bien en invitarlo? Parecían personas normales, y en caso de querer subir al barco con intenciones hostiles podríamos acabar con ellos sin problema, no era una certeza que tuviera, pero me sentía mucho más capaz y confiada últimamente, y no solo quería sentirlo yo, quería que también Viktor lo viera.

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