[Aventura T5] El ataque a la Base G-65
#1
Dia 60 de Primavera, Año 14.
Inmediaciones del cuartel G-65 de la marina, Isla Neur

El día estaba cubierto de niebla en la isla Neur.

Sus habitantes podían sentir el frío calando en sus huesos y se refugiaban del mismo en sus casas de piedra, las chimeneas expulsaban humo haciendo que la niebla fuera más espesa. A pesar de que en lo alto, donde se encontraba el cuartel de la marina de la isla, eran conocidos por tener unas vistas maravillosas de la ciudad y el Castillo Real, no era un día para entretenerse con paisajes, ya que no se visualizaba ni la gran Catedral de San George que era el corazón de Légance.

Los habitantes de la ciudad no estaban acostumbrados a este clima en primavera, donde normalmente el sol brillaba y las calles se inundaban de vida, mercaderes, niños jugando y un ambiente de paz. Este clima era anómalo, como si algo malo estuviera a punto de pasar, como si las vidas de los ciudadanos de este reino fueran a cambiar hoy para siempre.

Los protagonistas de esta historia, tras subir un sendero incómodo, asfaltado como una calzada pedregosa que subía hasta una colina entre la ciudad y el castillo, se encontraban el base de la marina. Era una posición inmejorable para la misma, en una posición elevada, para ver toda la ciudad, pero no tanto como el Castillo que más arriba custodiaba, dejando claro a los ciudadanos del acaudalado reino la diferencia entre la nobleza y los simples campesinos. Quien ejercía el poder era la nobleza y el resto debía proporcionarle su pleitesía y riqueza y si se negaban, tenían al gobierno de su parte para dejar claro quién mandaba.

El cuartel parecía más bien una fortaleza por fuera. Había una muralla de piedra de 13 metros de altitud que, tras pasar por una gran puerta de acero de un metro de grosor, daba acceso a un gran patio de armas desde el cual ya se accedía al corazón de la base.

Ante la puerta siempre había dos pobres diablos que daban la bienvenida normalmente a superiores, enclenques soldados rasos de la marina, que ahora mismo estarían pasando un frío de muerte y cuya función no era otra normalmente que la de ponerse firmes ante sus superiores, comprobar papeleo y dar la orden de abrir y cerrar las puertas. Básicamente, aburrirse hasta que llegaban otros pringados a darles relevo, con la esperanza de algún día prosperar y tener un despacho como el del comodoro, comer lo que él comía y ser aclamados como héroes de la marina y del pueblo.

Pero hoy no sería así, hoy esos marines no iban a aburrirse en absoluto, ni ellos ni los restantes tras aquella segura muralla, pues ante ellos había ahora tres piratas dispuestos a convertir aquel lugar en escombros.
Los piratas Ashura, Rapax Gin y Ben Power estaban allí buscando dinero, fama y poder, buscando hacerse un hueco en el nuevo mundo atacando directamente a la organización que velaba por la paz de todo el mundo, al menos en la teoría, justo enfrente de esos dos pobres diablos, que debido a la niebla, aún no se habían percatado de su presencia. 

Información de Narración


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#2
 Día 32 - Invierno - Año 13 [Pasado] 



Sentía mi cabeza alborotada. Todo daba vueltas, aquellas palabras resonaban en mi cuerpo. En resumen, me tengo que ir. Sostenía aquel pedazo de papel como el último legado de un sueño marchito, era una carta de despedida para Rapax. Anduve por las calles de aquella ciudad, ahora de colores melancólicos, saturada de tonos grises, de conversaciones vacías, se respiraba el viento gélido de una despedida. Encontré a Rapax en las taberna dónde nos hospedábamos, solo le buscaba a él. Le entregue la carta pues suya era. Antes de que ni siquiera tuviera tiempo para hablar me convertí en humo y desparecí.  


Presente [Fecha acotada por el narrador] 

Mi boca estaba seca, me sentía entumecido, mis labios estaban partidos por el frío y mi corazón hundido por una estocada mortal. Me sentía perdido. Unos cuantos soles se había tragado el océano desde que Eaa había marchado. Sin ella no tenía posibilidades de salir de aquel trozo de rocas y mortales, una vez más, estaba atrapado. Mi libertad había sido igual de efímera que la vida de la Rémora Fatua, mis sueños habían sido tan livianos que se habían esparcido entre el humo que componía, mi vida era la ruina y la desesperación, estaba destinado a ella igual que ella estaba destina a mi. Los mismos soles se había tragado el océano desde que deje deje de ver a aquellos que había convocado bajo mi mando. ¿Qué era más que una promesa vacía? ¿Tan vaga era mi fuerza que sin un timonel no tenía potestad para sumir el mundo en tinieblas? Era el segundo timonel que perdía en un año. El mar se alejaba de mi como la brisa se aleja de los puertos. 

Me levanté con dificultades amparándome en un cubo de basura que había en mi costado. El metal que lo formaba cedió ante mi peso, oí el crujir de la basura, me sentí crujir a mi mismo. Un cascada de botellas vacías cayó fruto de mi levantamiento. Entonces recordé. Ayer había vuelto a beber hasta quedar inconsciente, buscaba la suerte de morir, de estrellarme como los casquillos de aquellas botellas, de romperme en pedazos, desaparecer. Pero una vez más, ese no era el remedio. Sabía lo que debía de hacer, dejar que el mar me tragara, era un cobarde... Busqué en aquel callejón que había servido como mi hostal durante aquella fría noche y encontré mi espada junto a Nicolás. 

- Churrita... - Dijo mientras lo agarraba con fuerza, en los últimos días había sido mi única compañía, pero a cada segundo que pasaba pensaba más en destruirlo y despedazarlo. Lo até en mi cinturón como acostumbraba y recogí del suelo la katana, de la cual había perdido su funda tiempo atrás. Su mellado filo me hablaba, me instaba a seguir mejorando. No había entrenado nada desde que salimos de la selva, era como si mi naturaleza se hubiera quedado allí. 

Salí del callejón y emprendí la marcha tambaleante, mis músculos estaban empezando a desperezarse, mi vista empezaba a enfocar, dándose cuenta que no es que estuviera nublada, si no que el día se había levantado con una extensa niebla. Parecía que el mundo me llamaba, la misma bruma que me componía se esparcía por los callejones y las avenidas, mi prima hermana me estaba invitando a despertar, era una llamada de los cielos para que volviera en mi. Hoy cambiaría todo, sabía muy bien que debería hacer si quería morir y hoy sin lugar a dudas moriría. Fusionándome con ella misma me convertí en humo y serpenteé entre ella para ocultando mis bienes bajo las capas cenicientas que me componían, recorrí las calles y encontré el lugar que buscaba. 


Dos siluetas se formaban entre las brumas. Dos guardias que custodiaban mi objetivo.

- Para, para - Dijo Nicolás nervioso - No puedes hacer esto solo - Le ignoré completamente. Yo estaba solo. 


Avancé los metros que nos separaban convertido completamente en humo y fusionándome con la neblina. A 2 metros del primer guardia forme entonces mi tren superior, llamando al humo que se esparcía entre la niebla para que me diera forma, para que me invocará. 

Es entonces cuando sobre una columna de humo y sacando mi apreciada katana de los entresijos de esta misma, convertido solo la mitad de mi cuerpo en humano y sin mediar ninguna palabra corté el cuello del primero de los guardias con una rápida estocada. Con la inercia del golpe viré mi cuerpo apuntando hacia el segundo y emití una explosión de humo que me impulsó hacia él a toda la velocidad que este mismo me permitía, al entrar en un rango de acción que me lo permitiera emití un segundo espadazo, atravesando por completo al segundo de los guardias. Esperaba que aquello fuera más que suficiente para matar a aquellos 2 imbéciles. Si dieran la voz de alarma, sería todo más sencillo, pero... Las cosas nunca son sencillas. Me giré completamente entonces y levanté la mirada hacia el muro que me separaba del interior de la base. Podía sortearlo.


- Bien -  pronuncié - Ellos o yo - 

Esperaba que alguien ahí dentro pudiera herirme, que alguno de ellos pudiera tocarme... Esperaba que ahí dentro hubiera alguien los suficientemente fuerte como para matarme. 


datos de interes


Bélico


ASHURA - INVENTARIO
[Imagen: 51pnN8x.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5287 + 0 = 5287
Energia: 3332 - 90 = 3242
Espiritu: 720 + 0 = 720
#3
No había visto a ninguno de los chicos desde el día que Ashura me entregó la carta. No había visto a Ben desde nuestro entrenamiento. No había visto a Kenny ni a Kazuya desde poco después de llegar. Y Eaa... Había hecho todo lo posible por respetar su decisión. Era muy difícil no seguirla y dejar el cumplimiento de la promesa que le hice a Maeve, cruzando su propia sangre en mi pecho, en manos del azar. Bueno. Del azar no. Eaa era increíblemente capaz de sobrevivir a lo que fuera, pero admito que la idea de ni estar a su lado me tenía bastante intranquilo. En estas semanas había estado viviendo en la cabaña de Rex, mi amigo herrero, quien a cambio de companía y buena caza, había accedido a enseñarme varios trucos de su oficio. También había leído al completo aquel libro que en su momento arrebaté al compañero de Ashura junto con su vida. El Dios de la Sangre había pasado de ser un tópico curioso a un tema de lo más fascinante. Ciertamente no era un desquiciado salvaje como el hombre de masa, pero estaba dejando de ser el hombre correcto que alguna vez huyó asustado de la marina.

Precisamente la marina me hacía la vida imposible en esta isla. Me gustaba el lugar, especialmente la división que me permitía recorrer sus calles de los anillos exteriores sin toparme con la escoria noble y con un contacto mínimo con sus perros de la marina. Eran contados, pero no por eso menos molestos los esbirros de aquella autodenominada élite. Me tenían harto la verdad y sabía que no era el único. Había visto un sinnúmero de injusticias en nombre de la nobleza que solo se sumaban a las que yo había vivido en carne propia. Pero esto había llegado demasiado lejos: Un noble había ordenado desalojar a Rex de su cabaña en las montañas, porque "no le gustaba ver ese hilillo de humo en el paisaje" producto de las labores de herrería del honesto Rex. Así que sencillamente me cansé. No entrené 6 años para esconderme ni mucho menos para no ayudar a mis amigos.

Rex mismo me había comentado que muchos ciudadanos eran igual de sucios y corruptos que los marines y los nobles, pues frecuentemente acusaban a los comercios competidores de cualquier cosa para que les cerraran el negocio o incluso que les aprisionaran. Gente de mierda. Iba a arrancar el problema de raíz hoy mismo.

Dejé a Knox a su suerte revoloteando por casa de Rex y subí por el camino que llevaba directamente al cuartel de la marina. No me importaba estar solo. Sabía lo que podría esperarme, ya que hace algunos días había leído sobre la transferencia de algunos marines al cuartel de Neur. Guardando mi collar de Goopaw dentro del calcetín de mi bota izquierda, continué mi camino. No sé para qué iba encapuchado, si la niebla de por sí hacía de las suyas, ocultando mi figura entre lo edificios y callejones, luego entre los árboles. Podía ver el condenado cuartel aparecer en la distancia como una mole enorme que bloqueaba las estrellas, aunque la luna era increíblemente brillante y a medida que avanzaba por la colina, sus rayos dibujaban siluetas abstractas en la niebla.

No me tomó mucho tiempo llegar al linde del sendero, donde algunos metros de explanada separaban los árboles del muro de la base G-65. Entonces un curioso olor llegó a mi nariz. Una mezcla lamentable de hierro y alcohol barato embriagó mi olfato y no me costó saber la razón. Allí frente a mi estaba Ashura, de pie. Hacía más de un mes que no nos veíamos y allí estaba, tan desgarbado y decadente como siempre. Seguía llevando el boken que le había regalado a la espalda, pero su espada ya estaba desenvainada y había dado probada de la sangre de dos guardias con tan mala suerte que les tocó cuidar la puerta aquella neblinosa noche. Su humeante silueta se entremezclaba con la propia niebla del lugar, pero mi vista bastaba para distinguir al semioni entre la bruma.

-Cuánto tiempo, Demonio. Parece que saliste del fondo de alguna botella-Gin. Tengo asuntos allí dentro ¿Qué dices si entramos juntos? al fin y al cabo los Mushoku no me han expulsado que yo sepa.- dije al humeante espadachín, mientras me acercaba al portón del cuartel e inspeccionaba su espesor con mis manos -Sabes... Podríamos saltar el muro sin problema, pero eso no sería emocionante-Gin - Comenté sin dirigirle la mirada. Me giré entonces y me paré junto al portón. Claro que podía tirarlo abajo, pero podía hacerlo mejor que eso. 

Dato curioso, Demonio -dije levantando mi índice derecho a modo de estar impartiendo una lección a un pupilo- La mejor forma de abrir una puerta no es golpear la cerradura, sino alrededor de esta-Gin -Sonreí y le miré "vaya piltrafa humana estaba hecho" pensé.

Una pequeña burbuja azulada se formó en mi dedo, con tal concentración de energía que la falange de mi índice era prácticamente invisible dentro de esta. Dando el frente a la enorme puerta del cuartel, piqué con mi dedo el muro, justo frente a mi, en lo que sería el marco de la puerta. Las grietas comenzaron a aparecer en el aire justo donde había impactado mi dedo aquella fría roca y, al crack de aquel vidrio imaginario le siguió entonces el boom de la enorme explosión que se había desatado.

El polvo y los escombros estallaron alejándose de mi, acorde a la onda expansiva de mi poder, derribando el muro y creando un enorme boquete, y detrás de este, el caos: Rocas, vigas, tablas y crital volaron por doquier, mientras las cenizas y el polvo se mezclaron con la niebla. Al otro lado de lo que hace segundos era un patio de armas, se encontraba el edificio principal, el cual estaba a unos 35 metros de distancia, pero aún así se vió afectado por mi sutil entrada. Me hice a un lado entonces, señalando el camino al patio interior -Después de ti- Dije a Ashura - Te recomiendo mantener a ese coco detrás de mis puños-Gin. Hoy el trono de hueso crecerá un poco más.

El asalto al cuartel había empezado. 


Resumen


Aclaraciones


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Off
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#4
Isla Neur. Puerto de la ciudad Lègance.

Otra vez estaba tirado en la calle. Llevaba días bebiendo mucho más de lo que mi cuerpo podía soportar. En la zona portuaria ya muchos me conocían y poco a poco fueron perdiendo el miedo a que les atacara como si fuese una bestia salvaje. Al menos fuera de mis borracheras. Además de beber, también me había metido en algún que otro problema por defender a los más débiles de las injusticias de la nobleza de aquella isla. Me recordaba a la familia del reino Oykot, que no solo despreciaba y explotaba a los habitantes de la isla, si no que también imitaban su comportamiento intentando estar por encima de los demás. Egoísmo puro. Aquí era igual. Echaba de menos las playas y selvas de la isla donde me encontré con Ashura y le dije que le estaría a su servicio. Ahora que lo pienso, había pasado mucho mucho tiempo desde que lo había visto. No me extrañaba, pues todos con los que cogía confianza acababan abandonándome. Al fin y al cabo, solo un amigo te puede traicionar. Me extrañaba no haberlo visto ni a él ni a Rapax en los periódicos, pero estaba seguro de que estarían muy lejos de la isla, junto a Eaa. Me hubiera gustado volver a entrenar con Gin, había sido divertido. 

Estaba en el puerto, sentado con el hocico hacia el mar con las piernas cruzadas. Los puños estaban chocados con los dedos hacia arriba sobre los muslos. Los ojos cerrados. Estaba completamente relajado. Mis dedos entumecidos de no usarlos. Un ruido me despistó de mi concentración en el intento de meditar. Abrí los ojos y un hombre con buen aspecto, rubio, alto, delgado y con chaqueta morada oscura salía riendo de una tienda mientras el dueño, a punto de que las lágrimas se le salieran de los ojos sin posibilidad de resistir más, le pedía por favor que le pagara el género, que no podía llevarse el genero gratis sin importar quien fuese su tío. Me ponía enfermo. Ya había visto a ese hombre en otras ocasiones e incluso estuvieron a punto de arrestarme por una discusión por algún comentario racista hacia mi persona. Sabía donde vivía. Me había hartado y esta vez era hora de actuar. Empezaría por el cuartel y seguiría subiendo hasta el castillo. Los nobles de aquella isla dejarían de menospreciar al pueblo aquella noche.
La niebla espesa me rodeaba. Me dio un escalofrío al recordar los poderes de Ashura y que me podría matar en cualquier momento. Hacía frio, pero eso era bueno. Me sentía a gusto con esa temperatura mientras las chimeneas de las casas humeaban cálidas con la gente refugiada en su interior. Me dirigí a la puerta principal de la base G-65. Una gran puerta que abría paso de un muro de 13 metros de alto. Iba solo, como siempre había estado. me habían vuelto a abandonar sin mediar palabra. No me importaba, o ellos o yo. No iba a aguantar más injusticias y si debía morir, lo haría con la cabeza bien alta. Oí voces que me resultaban extrañamente familiares, pero no me cuadraba que esas personas estuvieran allí, como esperando que fuera ese mismo día el que yo apareciese allí, como si hubiéramos quedado para llevar a cabo el plan que tanto tiempo habíamos pospuesto. moví los hombros y el cuello. Todo crujió ante el movimiento. Estaba preparado para atacar a lo que me viniera. Estaba cerca, pero no podía ver nada aún. Solo la vos de Rapax, como siempre con aires de saber más que nadie. Habló algo de abrir una puerta. ¿Estaba con el capitán? Una luz azul surgió de la nada a lo lejos. Bendito buen oído y buena vista. Lástima esta niebla. Una gran destrucción en el lugar donde se apreciaba la pequeña luz. Sin duda era Rapax Gin. Así que no se había ido de la isla. En verdad parecía que habíamos quedado allí a la misma hora. Me acerqué con calma hasta poder ver a ambos compañeros.

-¿Queríais venir sin un médico que os revise las heridas? Vuestra salud sigue siendo asunto del médico de los piratas Mushoku, y ese soy yo. Vuestra salud mental la di por perdida hace tiempo, pero no voy a permitir que llevéis a cabo el plan sin mi. Bahaha - Mi voz profunda y tranquila resonó en la explanada en el frente de la base.

Mi figura estaba en frente de parte del muro derrumbado por efecto de los poderes del peliblanco, que volvía a estar delante de mi, después de tanto tiempo, desde el entrenamiento cuando lo dejé paralizado en el claro del bosque. Ashura también estaba allí, o por lo menos la mitad de él. Me dio otro escalofría como el de más temprano al pensar en que toda la niebla podría ser el capitán, ya que apenas se distinguía su tronco inferior de la propia neblina. Miré fijamente hacia el interior de la base. Si en verdad oyeron el estruendo, una infinidad de marines podrían salir en tropel y nuestro fin estaría tan cerca como Ashura deseaba. Me acerqué a tres metros del agujero y preparé mis manos, juntando los dedo anular y corazón con el pulgar a punto de levantar el meñique y el índice para lo que pudiera surgir del interior de la base enemiga. 

Información del turno

 
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#5



La acción había empezado bien pronto y ya había dos víctimas.

El pirata Ashura, buscando acabar con su propia vida e importándole poco las consecuencias de sus actos, atacó sin piedad a los dos pobres diablos que guardaban la puerta de la base, acabando instantáneamente con sus vidas y sin que estos pudieran dar ningún tipo de alarma. 

Por su parte, el único pirata señalado por la marina y el gobierno mundial del grupo, que llegó justo después para apuntarse a la fiesta, no lo dudó un momento y con el gran poder que le proporcionaba su fruta del diablo, decidió reventar el muro exterior de manera inteligente, cerca de la entrada custodiada por la puerta de gran grosor desde donde la estructura del muro era menos fuerte, creando así un punto de entrada hacia el patio de armas.

Por último, como si el destino los volviera a juntar de nuevo, apareció Ben Power, cauteloso y dispuesto a entrar en acción tras las imprudentes acciones de sus compañeros pirata.

Sin embargo, a pesar del estruendo, solo había quietud en aquel lugar. No había habido ninguna otra víctima aparte de los dos marines de la entrada, y aunque ahora el patio de armas estaba lleno de escombros, que deberían haber dañado la estructura de la mansión que servía como base de la marina, el edificio principal estaba prácticamente intacto.

El lugar, de noche, en silencio, destrozado por fuera y con la espesa niebla que esa había esa noche en la isla, pondría los pelos de punta a cualquiera, el edificio que ahora podían visualizar con dificultad no parecía una base militar, más bien parecía un lugar de esos de los que hablan las historias de fantasmas y con los que los niños crean sus mitos y leyendas contándose historias para no dormir.

La fachada tenía unos 30 metros de altura y 200 metros de largo, se podían visualizar tres pisos con ventanales que estaban completamente cerradas y selladas desde fuera, como tapiados ¿Es que esos marines no trabajaban a la luz del sol? Dos especies de torres algo más altas sobresalían dejando ver la entrada principal, custodiada por una gran puerta de hierro, que podían ver si tenían buena vista, básicamente estaba enfrente del agujero que había hecho Rapax. 

Y si tenían buena vista, sólo con un sentido visual excepcional,  también podrían ver qué había DenDenMushis visuales que ya deberían de haber dado la alarma ante el destrozo ya ocasionado. 

Sin embargo, sólo había quietud y calma en aquella noche, a pesar de que la explosión generada por Rapax, los gritos ahogados de los marines asesinados y el hecho de que hubiera cámaras visualizándolo todo deberían haber sido suficiente para que todos los marines de aquella base hubieran salido a vuestro encuentro.

Aunque pronto ese silencio se rompería, todos pudieron escuchar unos engranajes pesados, girando, chirridos de metal, vapor. Parece ser que os estaban dando la bienvenida, aunque nadie sale en vuestra búsqueda, la marina os abría las puertas de la base, dándoos oficialmente la bienvenida. 

La puerta empieza a abrirse a unos 35 metros de distancia de los piratas. Aun con buena vista y debido a la niebla y la distancia, los piratas no pueden ver su interior, aunque según se vayan acercando, si es que deciden hacerlo, podrán ver que se trata de un gran Hall que abarca unos ciento cincuenta metros de largo y doscientos de ancho, con salas contiguas a la derecha y a la izquierda, muebles estilo victoriano de madera y unas grandes escaleras a la derecha que suben a los pisos superiores. No hay nadie a simple vista.

resumen

Notas del narrador


[Imagen: 9GdOzk1.png]
#6
La vida es una sucesión de putadas con pequeñas paradas para disfrutar, o por lo menos así ha sido la mía desde el día en el que Dios o lo que sea que forja nuestros designios decidió crearme y ponerme en esta fetua y asquerosa realidad que me asola a cada segundo. 

Rapax apareció entre las brumas acompañando por su orgullosa pose y sus palabras insolentes, que no eran insolentes por maldad o soberbia, si no, por la ferviente seguridad que depositaba en si mismo. Era un tipo rudo para todo y hábil para la armas aunque su arma más poderosa fueran sus manos, en esencia era un tipo peculiar. No lo esperaba allí, había esbozados mis intenciones con la vaga palabra que me caracteriza, había desaparecido de sus vidas sin dejar rastro y había estado hundido en las profundidades de aquella ciudad sin hacer ruido, a la espera de una muerte segura, mejor dicho, de una muerte anunciada. Le observé sin mediar palabra, atónito en consecuencia a su aparición. Si el estaba allí, sería mucho más difícil mi muerte, pues mis posibilidades acababan de aumentar exponencialmente. 

El muro explotó, los escombros saltaron, las piedras chillaron de dolor, el silencio se resquebrajó junto a la rocas y fruto de la hostilidad tranquila que había asolado a aquel muro un butrón apareció. 

- Diablos - Dijo Nicolás sorprendido ante la brutalidad que había generado Rapax con un leve movimiento - Su puta madre - 

 Un tono de voz sereno e imperturbable acompaño a los últimas rocas que rechinaban y caían todavía. Sobre el juego de sombras que la niebla ocultaba, una figura grande e imponente empezó a esbozarse, era Ben. Solo su presencia curo una herida que el no había generado, sentí la confianza volver a mi ser, sentí como la energía y la fuerza de mi alma volvían de forma imperturbable como su tono de voz. Aquella misión suicida acaba de cambiar completamente, el lugar al que había ido a buscar mi muerte acababa de darme la vida. Con ellos dos todo había cambiado. 

Entonces observé el interior, esperando movimiento, hombres llamando a las armas, celeridad, miedo, odio. Pero solo contestó el eco de la destrucción. Un gran portón descansaba frente a nosotros. 

Sus metálicos engranajes chillaron en la noche y aquella basta puerta empezó a abrirse. Metafóricamente acababan de aceptar nuestro reto. Mis huestes: Rapax, un hombre que podría destrozar el mundo en su debido momento. Ben, un animal capaz de parar el mundo si lo quisiera. Debería estar a la altura de semejantes poderes si quería coman... ¿Comandarlos? ¿Yo? Los había dejado a su suerte en aquel peñasco, de echo faltaban 2. Seguramente abrían salido de la isla... Aunque nosotros, seríamos más que suficiente. 

- Somos perdedores... - Contesté, sin darles ni si quiera la bienvenida. Al quedarse a mi lado habían aceptado aquel cometido, estaban listos para lo que se nos venía encima, la muerte de cualquiera de nosotros no sería culpa de ninguno, pues podrían haberse ido en cualquier momento - Nos hemos pasado la vida perdiendo -  Proseguí - A nuestros familiares, nuestras casas, nuestras vidas... - Ni si quiera sabía que estaba diciendo - El mundo es un lugar de odio y nosotros somos sus pequeños vástagos, las bestias que han alimentado y criado - Mis dientes rechinaron - Pero hoy empieza nuestra remontada - Mi corazón redoblaba al ritmo de la guerra - Vamos a tumbar los cimientos de este mundo - Dije pasando al lado de Rapax - Vamos a parar este ciclo - Adelanté también a Ben - Y sobre el humo de la cenizas de todo lo que destruyamos - Entonces entré dentro de la fortificación - Forjaremos un mundo cruel para todos - Suspiré, la esperanza es para aquel que todavía no han perdido. 

- Déjame Con el terremotos - Me dijo Nicolás - No quiero que me rompa por tu puta culpa - Aunque igual sería bueno que Nicolás muriera. 

Entonces, la columna de humo que sostenía mi tronco empezó a chupar mi forma, poco a poco lo que quedaba de mi humanidad se perdió entre la neblina y convertido en una fina estilizada forma de humo serpenteé entre las cabezas de Rapax y Ben un par de veces sobre cada uno. La primera vez que pasé sobre Rapax le dejé caer a Nicolás. 

- No lo rompas - Dije mientras seguía serpenteando entre ellos, mi voz nació del humo con un tono escalofriante. Seguí arremolinándome entre ellos. Acto seguido partí el humo que formaba aquella serpenteante forma en la que me había convertido, dejando a ambos rodeados por un halo de humo, ambos con una aureola semejante e idéntica, una aureola que pasaba bajo sus hombros y se cerraba completando el circulo sobre las cabezas - Avanzad - Terminé pronunciando. 


Contenido Oculto
 


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ASHURA - INVENTARIO
[Imagen: 51pnN8x.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5287 + 0 = 5287
Energia: 3242 - 29 = 3213
Espiritu: 720 + 0 = 720
#7
La enorme figura de Ben apareció a nuestras espaldas como un espectro traído a través de la bruma. Era agradable saber que no íbamos a estar solos en esto. Luego de Eaa... Nada había sido lo mismo. Desconozco qué habían estado haciendo los demás, pero al menos ahora sabía que dos de los nuestros seguían con vida. Y eso era suficiente para hacer temblar a todo el condenado cuartel. Quién sabe, tal vez con su ayuda acabaríamos más pronto y así podría subir a destrozar el distrito de los nobles. Al final, ellos eran la verdadera raíz del problema.



El patio interno del cuartel estaba en completo silencio. A diferencia del ruido de las ramas y los buhos que ululaban en las profundidades del bosque a nuestras espaldas, ni un sonido era emitido dentro de los muros del cuartel. El patio interior había sido invadido por la lluvia de caos y escombros que había causado mi entrada, pero salvo eso, solo la bruma deambulaba por aquel lugar. Del lado opuesto a aquella puerta improvisada que me había permitido abrir, se hallaba un enorme portón metálico. Ese debía ser el edificio principal.

Súbitamente un traqueteo metálico y el sonido de poleas y engranajes resonaron, anunciando la lenta y pesada apertura del portón metálico. Un gran edificio se erigía ante nosotros. Ashura entonces nos compartió unas palabras bastante apropiadas para el tipo de objetivo que teníamos al frente. Habló de lo que todos hemos perdido. No pude evitar pensar en mi familia y mi hogar, aunque también vino a mi mente el duro recuerdo de la Rémora resquebrajándose en la costa de esta  isla, además del rostro de Eaa. Mierda, espero que estés bien... Estábamos a punto de inclinar la balanza a nuestro favor por una maldita vez para variar y solamente espero que lo veas en los periódicos. Esta va por tí, capitana. Por tí y por Mandarina que tanto han tenido que sufrir. 

El demonio entonces se esfumó y su estela de humo empezó a cubrirnos a Ben y a mi. Un halo bastante peculiar nos envolvió por sobre los hombros al doctor y a mi. Sobre mi mano apareció entonces el coco. Ashura me estaba confiando aquel horrible coco podrido que tanto atesoraba. Me dijo que no lo rompiera. "No te preocupes. Hoy espero romper muchas cosas, pero no a tu coco-Gin"
Considerando lo que podría ocurrir, conmigo es el mejor lugar donde puede estar. Lo introduzco en el bolsillo trasero de mi pantalón y prosigo.

Una vez frente a la puerta, choco mis puños con emoción y me dispongo a entrar, pero es entonces que recuerdo que tengo una deuda con Ben Power. "Casi lo olvido, Ben. Toma y perdona por arruinar la anterior-Gin" digo al mink polar, mientras le pongo en la mano una nueva pistola, un poco más resistente que la anterior. "Esta aguantará un poco más" le sonrío con complicidad y ahora sí me adentro en la oscura estancia del edificio.



Resumen


Aclaraciones


Karmas Relevantes


Bélico


Frutilupis no mi


Inventario
[Imagen: GGT7d9e.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5347 + 0 = 5347
Energia: 3437 - 28 = 3409
Espiritu: 720 + 0 = 720
#8
Aquella quietud no me gustaba ni un pelo. Estaba demasiado tranquilo, y no puedo parar las cosas que ya están quietas. Ashura me distrajo con un discurso de los suyos. Algo sobre todo lo que habíamos perdido y que era hora de darle la vuelta. - No te equivoques, oh, mi capitán. - Dije con sorna dentro de mi tono tranquilo. -  Yo no hago esto por venganza, justicia o algo por el estilo. Voy a entrar ahí y destrozar todo lo que pueda hasta morir porque puedo. - Los que perdí ya no van a volver, y los que me traicionaron ya no quiero que vuelvan. No me importaba ya nada. Solo lo iba a hacer porque era lo que quería en ese momento. Es cierto que el incidente en el puerto con aquel pijo asqueroso miembro de la nobleza había despertado en mí las ganas de llegar a la base que los defendían y destrozarla. Además, con una noche así, sería más fácil. Después, si lograba llegar al final de mi propósito, subiría hasta lo más alto, donde ese indeseable vivía y le haría pasar un infierno psicológico hasta que me suplicase que lo matara. 

En ese momento, Ashura, acabando su discurso, se volvió completamente en humo y nos rodeó a los dos compañeros. Miré a Gin, que se guardó algo en el bolsillo y de repente sacó una pistola. Me había roto la mía con su maldito terremoto, pero ahora me estaba regalando otra, que además parecía mucho mejor que la que portaba desde que salí de la embarcación comerciante en la que había estado enrolado durante mi adolescencia, antes de que me dejaran abandonado para ser un esclavo. ¿A eso se refería el demonio de humo cuando dijo que habíamos perdido? Aquello era más una liberación que una pérdida. Agradecí e hice caso a las palabras de mi capitán. Después de mucho tiempo era hora de volver a seguir órdenes. Power y adelante, Pensé, avanzando despacio y atento a cualquier tipo de movimiento que pudiera venir de los alrededores del gran patio, ahora cubierto de peñascos. El interior de la puerta no podía verse a simple vista, pese a la presumible que yo poseía. Tampoco detecté ningún solido. Era todo demasiado extraño, pero si la puerta se había abierto, alguien debíua estar dentro, invitándonos a entrar. - Sabeis que tiene toda la pinta de ser una trampa, ¿cierto? Bahaha yo voto por activarla. - Finalmente me detuve antes de entrar en la estancia. Daba la sensación de ser enorme, pero seguía sin poder asegurarla.

Información del turno

 
[Imagen: 6BbPnnH.png]
#9


Rapax avanzo con decisión dentro de aquel extraño y silencioso lugar tras el discurso y protección de su capitán y de saldar la deuda que tenía con Ben dándole una pistola.

Su emoción ante los acontecimientos que estaban por venir le había jugado una mala pasada, ya que al contrario que Ben no se había parado a pensar en lo que él les había dicho y es que aquel lugar parecía estar invitándoles hacia una trampa. En el momento en el que puso un pie en la entrada, activo un mecanismo en el suelo. Se trataba de una trampilla a sus pies. Esta inevitablemente le hizo caer por un conducto muchos metros por debajo de donde se encontraba el hall de la entrada. 

Rapax podía hacer nada para evitar caer y sus compañeros tampoco podían evitar ya la caída, debajo de sus pies no había nada y ya no podía reaccionar ante ello, era una especie de conducto de un metal frío por el que bajó en caída libre. Tras unos segundos por fin, la caída termino. Para fortuna del único pirata con recompensa de aquel grupo, aquella trampa no era mortal, ya que cayó sobre lo que parecía un montón de paja mohosa. 

Era imposible saber cuantos metros había descendido Rapax. Ahora se encontraba en un pequeño habitáculo sin nada más que ese montón de paja aprisionado por una puerta metalica cerrada de gran grosor y sin barrotes y controlado por un Denden Mushi visual en lo alto de la estancia. El agujero porque el que había bajado se cerró al instante. La sala parecía vacía, olía bastante mal y junto con él había varios seres vivos que podrían servirle de alimento en un futuro si no conseguía salir de allí, seguramente ratas. La estancia era de unos 10 metros de alto por 10 de ancho. La marina había capturado a uno de los piratas simplemente invitando a los mismos a entrar en sus instalaciones.

Mientras tanto, arriba debido a la oscuridad, tanto Rex como Ashura simplemente vieron como su compañero era tragado por la casa, sin poder hacer nada para evitarlo, les habían separado. Desde la puerta ambos pudieron ver como el hall interior se tragaba a su compañero, como si de un lugar maldito se tratara. Solo alguien atento y con buena vista habría sido capaz de ver el truco, pues la trampilla se cerró poco después de dejar caer a su víctima. La estancia a la que aún no habíais entrado  se iluminó tenuemente, se escuchó un sonido como de un generador y varias luces tintinearon y se encendieron, dejándoos ver mejor la sala. 

Más allá de lo ya descrito y que ahora podíais ver con más o menos claridad, tras la puerta de la izquierda por debajo de la puerta se intuía una luz de color rojo que pasaba por debajo de la rendija de la misma. Cualquier persona normal se habría dado la vuelta ante tal visión, aquello desde luego no era un cuartel normal de la marina. 

resumen

aclaraciones


[Imagen: 9GdOzk1.png]
#10
Leyenda (Guía de color)


El sonido de las cartas chocando entre sí cuando las barajas en tu mano es hipnotizante. Tanto que a veces sirve incluso para distraer al oponente. Si las mueves lo suficientemente rápido, es imposible distinguir cuál de ellas es la que has robado este turno. Aunque, para mí, no es más que una forma de relajarme, para poder pensar con claridad - Juego esto en el primer turno, luego esto al segundo y... - murmuro, antes de quedarme unos instantes en silencio, pensativo - No, no. Si lo mata no puedo hacer eso al segundo, y pierdo la iniciativa por completo... - muerdo suavemente mi labio inferior - Pero si de alguna forma consigo colar el rinoceronte de asedio y consigo protegerlo, estoy bastante bien - Rasco la cicatriz de mi palma izquierda con los dedos de la misma mano, algo nervioso - Bueno, es una mano arriesgada, pero creo que me la voy a quedar. Y tú, ¿te la quedas? - levanto la mirada esperando a la respuesta de mi oponente. La rata me mira a los ojos, y yo le devuelvo la mirada - ¿Cómo va a responderme? Es una rata, las ratas no hablan - suspiro, cerrando los ojos. Suelto las cartas de mi mano. Bueno, llamarlo cartas es una forma extremadamente generosa de describirlas, pues no son más que varios trozos de paja trenzados en forma de rectángulo, algunas sobras de las hojas de lechuga que me trajeron ayer para la comida, un ala de insecto y cuatro cosas más que he podido reunir en mi celda. 

Y hablando de mi celda, no me puedo quejar. Bueno, sí que puedo. A nadie le gusta estar encerrado, pero entre quejarme y tener que aguantar a aquellos desgraciados guardias, o recibir otra paliza como la que me dieron cuando entré, la verdad es que prefiero disfrutar de esta lujosa suite. Es realmente espaciosa, aunque no tenga la mejor iluminación, no hace ni frío ni calor e incluso tiene un baño, no como aquel sitio en el que tuve que vivir en la capital. Además, es bastante posible que me merezca estar aquí metido.

- Bueno, más tarde si eso - Empiezo a recoger las improvisadas cartas, pues parece que mi oponente no tiene muchas ganas de jugar ahora. Escucho un ruido proveniente del techo. Lo que parece una trampilla abriéndose, y un ruido parecido al que hace una piedra cuando la tiras dentro de una tubería. Instantes después veo como lo que parece algo o alguien cae sobre el montón de paja que me sirve como cama (así como también de piso superior de mi acogedor estudio) - ¡Hostia puta! - Se me escapa, mientras doy un salto hacia atrás, alejándome. Me mantengo lejos, intentando discernir de qué se trata - Oh, vaya - no tardo mucho en percatarme de que se trata de un hombre, bastante poco agraciado a decir verdad - La verdad es que no esperaba que apareciera nadie por aquí - expuse - Además, la gente por lo general tiende a entrar por la puerta, vaya



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