RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48
#1
El poderoso vendaval del Almirante se extendió por todos los manglares adyacentes con una inmediatez apabullante, como si hubieran invocado un tornado en el mismo centro del archipiélago y este se hubiera encargado furiosamente de distribuir por capricho y fortuna - o infortunio - a los seres vivos del lugar. Tanto civiles como criminales fueron disueltos en el aire hacia uno u otro lugar y esparcidos por el lugar, alejándolos todos del manglar cincuenta que era donde se encontraba el Almirante y quien quería poner espacio en su área de combate para no acabar con nadie. Se encargó personalmente de que su huracán circular no lanzase a nadie fuera de la isla, y, aun sabiendo que esto movería a los soldados y sus tropas aleatoriamente confiaba ciegamente en los hombres y mujeres a su cargo, y sabía que sabrían obrar en cualquier situación, siguiendo sus órdenes principalmente y su criterio en segundo lugar.

En este caso, Joylne Jones salió volando con Kenzo Fujiwara agarrado a la camaleónica cola de esta, al verse despedido por los aires y temiendo por perderse en solitario, ambos miembros de los Alas Negras se abrazaron temiendo por su vida y gritando con lágrimas en los ojos. Acabaron en el Manglar cuarenta y ocho, el más cercano al Almirante y compartían terreno con un cargo importante de la Marina: Ryze Tengen.
La tontatta, dado su minúsculo tamaño había salido volando por todos los manglares hasta acabar cayendo en este lugar, sola y en desventaja frente a dos criminales que podría reconocer por sus wanteds idénticos.
¿Qué pasaría en este lugar?




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#2
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El silencio de la marine era desesperante. Sus ojos estaban vidriosos, y su expresión, perdida. El alcohol que había forzado en su garganta parecía haber hecho su trabajo, pero en lugar de soltar la lengua, la había dejado en un estado de aturdimiento casi cómico. Se tambaleaba en el agarre de Garnet, murmurando palabras sin sentido. -¿Quieres más alcohol? ¡Marchando voy! ¡Shajajajajajajajaja!- Solté con una carcajada estruendosa, inflando el pecho, dispuesto a soltar otro chorro de licor puro en su cara.

Y entonces todo cambió. No hubo aviso. No hubo un rugido en el viento ni una señal que alertara de lo que estaba por venir. Solo una fuerza invisible que desgarró el aire y nos arrancó del suelo como si no fuéramos más que hojas secas en una tormenta. Un tornado. Un maldito tornado apareció de la nada, sin previo aviso, sin lógica alguna. El suelo desapareció bajo mis pies, y en un instante, todo fue un caos giratorio de viento y polvo. Sentí cómo mi cuerpo giraba sin control, arrastrado por una fuerza inmensa que me hacía sentir como si fuera un simple juguete en manos de una naturaleza caprichosa. Los gritos se perdieron en el estruendo del viento, y mi visión se llenó de sombras y escombros volando por todas partes. Intenté aferrarme a algo, lo que fuera, pero mis dedos no encontraban nada sólido. La presión del aire me golpeaba por todos lados, haciéndome perder el aliento. Era como si el mundo entero se hubiera vuelto loco, girando y escupiéndonos como si no fuéramos nada.

El mundo giraba sin control. El viento rugía en mis oídos, un estruendo ensordecedor que devoraba cualquier otro sonido. Mi cuerpo era un simple peso muerto en medio de aquel infierno giratorio, lanzado de un lado a otro como si no fuera más que un muñeco de trapo. Podía sentir la presión en mi pecho, el aire arrebatándome el aliento y la vista convirtiéndose en una maraña de sombras y luces distorsionadas. Entonces, en medio del caos, vi algo moverse entre la vorágine de polvo y escombros. No era un árbol, ni una roca. Era algo vivo. Algo que se movía de forma precisa y calculada en medio del desastre. Mi instinto se aferró a ello antes de que mi mente pudiera procesarlo, era Jolyne.

Su cola de camaleón ondeaba en el aire como un látigo flexible, y sin pensarlo dos veces, lancé la mano y me aferré a ella con todas mis fuerzas. Mis dedos se cerraron con desesperación, sintiendo la textura escamosa entre mis palmas. El tirón fue brutal. Mi hombro crujió bajo la presión, pero no lo solté. Me aferré como si mi vida dependiera de ello. Porque, de hecho, lo hacía, y en cuestión de segundos, el tornado nos escupió con una violencia absurda. El suelo se precipitó hacia mí como un puñetazo de piedra y tierra, pero logré girar en el aire y caer rodando, disipando el impacto en la medida de lo posible.

Cuando por fin me reincorporé, miré a mi alrededor, intentando entender dónde demonios había aterrizado. Era un claro. Un espacio enorme y vacío, sin árboles, sin arbustos, sin una sola roca que pudiera servir de escondite. Nada más que suelo firme y un cielo amenazante sobre nuestras cabezas. Un escalofrío recorrió mi espalda. Si alguien intentaba acecharnos, aquí no habría forma de ocultarse. Era el lugar perfecto para una emboscada. Antes de seguir adelante, bajé la mirada y revisé mis manos. Mis guanteletes seguían en su sitio. Moví los pies y sentí la presión de las espinilleras, asegurándome de que no las había perdido en el torbellino. Todo estaba en orden. Entonces comencé a andar. Con pasos firmes, avanzando por aquel vacío sofocante hasta ubicarme a unos veinte metros de Jolyne. -¿Que carajos ha pasado, Jolyne? ¿Tienes alguna idea?-

El tornado nos había barrido sin previo aviso, separándonos del resto de la tripulación como si fuéramos piezas sueltas en un tablero demasiado grande para comprenderlo por completo. Pero no sentí miedo. No era la primera vez que me veía envuelto en el caos y, de seguro, tampoco sería la última. Lo único que realmente me inquietaba era la incertidumbre. Sin embargo, no me preocupé por Garnet, ni por Sasha, ni por Tobías. Aunque me doliera admitirlo, sabía que eran mucho más fuertes que yo. Apreté los dientes, enterrando esa sensación molesta en lo más profundo de mi pecho. No tenía sentido perder el tiempo con cosas que no podía cambiar en este momento. Ahora lo importante era saber qué hacer. Sin mirar a Jolyne, con la vista fija en el horizonte vacío de aquel claro, hablé con voz firme, sin rastro de duda, aunque tampoco con urgencia. -¿Crees que vendrán más marines, Jolyne? ¿Crees que esto lo han provocado ellos? ¿Que carajo ha pasado? ¡Maldita sea!- Entrecerré los ojos, y pude distinguir a una pequeña persona frente a mí, a unos diez metros. Portaba el uniforme de marine, pese a su corta estatura. ¿Quién sería? -Cuidado, Jolyne, parece que vienen más marines, aunque esta vez de tamaño reducido...- Avisé a mi compañera, mientras me posicionaba de manera defensiva, preparado para un posible ataque.

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#3
El viento me golpeó con la fuerza de un martillo como si fuera un puño invisible que me acabó arrancando del hombro de Karl antes de que pueda reaccionar. Podía sentir cómo mis dedos se resbalaban por su uniforme, intentando aferrarme a cualquier parte de su cuerpo... pero la ráfaga me vence, provocando que fuera lanzada al aire como si no pesara más que una pluma, (lo cual es cierto pero estaba feo admitirlo). Por suerte me pude aferrar al cinto de mi rifle y pude asegurar mi pequeña bolsa con todas mis pertenencias, mi munición, mi radio, y el par de botiquines que me había traido, por lo cual no me iba tan.. bueno, desequipada. Mientras aquel extraño huracan de procedencia desconocida me elevaba, solo podía pensar en que.... la sensación era realmente brutal: el viento azotaba mi rostro y me cegaba si, me empujaba sin compasión pero.... No me asustaba para nada, era como ir montanda encima de Karl mientras esta volaba a toda velocidad en su forma de Fenix, solo que en este caso no podía controlar hacía que Rumbo me dirigía.

-Ooooh noooo, el viento me está arrastrando, ayudaaaaaaaaaaa, nyejejejejejeje, en verdad esto es super gracioso de hecho. Pero.. ¿como voy a aterrizar? ay no, ayudaaaaaa - Traté de pedir ayuda por si acaso alguien me escuchaba en el aire, aunque era extremadamente dificil por el hecho de mi tamaño y de que tampoco podía elevar la voz.

Bueno, sabiendo que no podía hacer nada para tratar de redireccionarme, simplemente aguantaría todo lo que podría. Mi corazón latía con fuerza, aunque mi rostro permaneciera tenso y frío. Decidi que no iba a nisiquiera intentar gritar, total. No me serviría de nada. Simplemente apretaría los labios y cerraría los ojos, concentrada en proteger mi rifle contra mi cuerpo, en intentar no soltarlo ni por un instante. Si pierdo esto, me quedaré prácticamente indefensa. Y no solo, que había costado muchisimo, si lo soltara sería perder dinero, y me negaba a hacer eso. 

El vendaval me arrastró a través de bastantes zonas de los manglares, provocando que todo se volviera confuso, por suerte no me estaba chocando con ningun arbol asi que bueno, algo era algo.. mis oídos zumbaban con el crepitar del aire que me rodeaba. La ráfaga del mismo se intensificaba con cada giro que hacía, y cada segundo siento cómo mi interior vacila a punto de vomitar, pero me negaba a ceder a la desesperación, por lo que me aferré a la rabia fría y a la determinación que había sufrido internamente por culpa de las personas de la division, llevaba tiempo sin soltarlo por lo que lo usaría en ese momento.

Por fin, parece ser que el huracán decrece y me obliga a descender con violencia. Percibo el cambio de presión en mis oídos y abro los ojos justo a tiempo para ver el suelo acercándose a una velocidad endiablada. Hago un giro brusco, intentando caer de pie, pero aun así golpeo la tierra con tal dureza que me clavo las rodillas y mi visión se nubla un momento por el impacto, provocando que mi rifle y yo rodaramos un par de metros. Me quedo tendida en el suelo, con el aliento atrapado en la garganta, mientras la adrenalina se derramaba por mis venas como un veneno gélido. al comprender que por fin habia tocado suelo, suspiraria para despues toser un poco y mirar a mi alrededor. Lo primero que haría seria abrir mi bolsa y sacar uno de mis botiquines, aplicandome algunas vendas en pequeños roces que me habría hecho por el cuerpo, para despues levantarme y observar a mi alrededor, ¿Que era ese lugar?. No había absolutamente nada: ni árboles, ni matorrales, ni rocas. Era un páramo vacío que se extiendía hasta donde alcanza la vista. El cielo se cernía sobre mí de forma amenazante... pues vaya mierda, ¿Como volvería hasta mis amigos?, ¿Ellos tambien fueron empujados por el viento?. Me levanto, suspirando de nuevo y sacudiria el polvo de mi uniforme, el cual aun estaba manchado de arena y de veneno del enfrentamiento contra el patriota... me aferrraría con firmeza a mi rifle. No recuerdo haber estado en un lugar tan desprovisto de cobertura en mi vida, vaya lugar mas raro...

Al poco rato, desde mi pequeña perspectiva, podría observar a dos figuras, las cuales se encontraban alejadas la una de la otra, aunque uno de ellos parecía un niño... ¿tambien les habría golpeado el vendaval ese raro?. 

-Vaya… Mas gente por aqui, que raro todo... ¿Sabran lo de los patriotas?, supongo que tendré que acercarme a preguntar, de hecho. -murmuro. Mi voz suena neutra, sin emoción. Mientras metía mi mano en mis bolsillos de la chaqueta, asegurandome de mi figurita de madera estaba ahí, por suerte es una chaqueta de cremalleras, por lo que si, seguía ahí... menos mal.

Al acercame un poco a ellos, me sorprendería. Los reconozco, aunque sea de hace bastante tiempo, se trataban de: Kenzo y Jolyne, Piratas pertenecientes a los Alas negras... me acuerdo que ví sus carteles de se busca en un periodico que estaba revisando un dia que hablaba con Kevin... Aprieto la mandíbula, sin dejarme amedrentar por la soledad de este páramo. Siento la mano derecha rozar el cargador, un gesto automático. Tenía que mantener la cabeza fría, me acuerdo de que Joe había capturado a su capitan así que lo mas seguro es que estén alerta pero... a menos de que Garnet les haya hablado de mi, era imposible que me conocieran, no recordaba haber salido en algun periodico nunca... así que supongo que no me haría daño acercarme a hablar con ellos. 

Empiezo a caminar hacía Kenzo, colocando mi arma en mi espalda, al poco rato me encontraría enfrente de el. 

-Hola buenas... ¿Tambien os ha cogido el viento?, vaya cosa eh.. intenté agarrarme a mi compañera que es asi como super alta. pero claro, soy super pequeña, entonces pues no he podido, ¿Como estas Tio?, Osea, Encantado de Conocerte me llamo Ryze. la verdad es que ha sido algo super extraño sabes, Primero un robot enorme se ha puesto a atacar a la gente y luego un viento infernal me ha arrastrado, vaya mierda de dia, y pues eso tio, que se suponía que tenía que ser un dia feliz, jolin... De hecho. Ay, igual no me escuchas, que estoy aqui tan abajo...

No creo que por empezar un encuentro amigable fuera a pasar nada, ¿No?, intentaba imitar como hablaba la gacela esa.. Schierke, aunque mi voz fuera totalmente neutra. solo estaba seguro de una cosa, Si esto había cosa del destino... si el vendabal me había traido hasta aquí, igual me tocaba ser la tormenta

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#4
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Íbamos de camino a la casa de subastas, con Garnet manteniendo a nuestra rehén entre sus brazos y con Kenzo intentando emborracharla. ¿Qué más podía salir mal? Cuando di otro paso al frente, el viento empezó a levantarse. Todo era normal hasta que me di cuenta de que la ráfaga de viento me despegó los pies del suelo. Intente recobrar el equilibrio en medio de este torbellino como pude, moviendo los brazos y los pies como si nadara en un pantano, pero el viento me movía con fuerza y al final y no pude hacer otra cosa que dejarme llevar. - ¿Esto es lo que sintió la vieja vaca Betty cuando desapareció en aquella noche de tormenta? - pensé. En algún punto de ese vaivén, sentí un tirón en mi cola. Cuando miré hacia atrás, ahí estaba Kenzo agarrado a mí con la fuerza con la que un cochinillo recién nacido se aferraba a la vida.

El problema de estas subidas, es que después tendríamos que bajar, y si caíamos en el mar, estaríamos irremediablemente perdidos. Mientras gritaba del susto, unas lágrimas brotaron incontrolablemente de mis ojos. Por el viento, claro estaba. No porque fuéramos a morir ahogados, aplastados o muertos por inanición al acabar en el tejado de un campanario. Para cuando el tornado nos escupió, usé mi cola flexible y mi lengua para minimizar el impacto, pero acabé rodando unos cuantos metros por detrás de Kenzo. No teníamos suficiente con habernos separado de Triana, que ahora nosotros también andábamos perdidos por el Archipiélago.

El muchacho tampoco entendía cómo habíamos llegado hasta allí ni por qué todo había pasado tan rápido, pero ya que me preguntó, aproveché para sacar mi gran conocimiento popular. - Claro que me hago una idea, Kenzo. Es uno de los típicos tornados del sur que azotan con fuerza las cosechas. Uno de estos se llevó a mi vaca - afirmé convencida mientras me sacudía el polvo y la tierra de la ropa, y me recomponía del susto. También parecía preocupado por la presencia de marines en el Archipiélago, y con eso le respondí con sinceridad. - Con lo aburridos que están, no me extrañaría que apareciera otro millar de ellos. Pero no tienes nada que temer. Si nos los encontramos, yo te cubro aunque no me veas. Me llevé el pulgar al pecho para señalarme.

Estábamos tan expuestos en aquel lugar, que eché un vistazo rápido en todas las direcciones en busca de algún sitio en el que escondernos hasta conseguir hablar con el resto y reorganizarnos, pero un movimiento en el suelo llamó mi atención al mismo tiempo que Kenzo me avisaba de que venían más marines. Agudizando un poco más la vista, me percaté de que algo pequeño se acercaba al muchacho. Desconfiada, volví a mi estado de camuflaje, y aprovechando mi distancia, desenfundé mi rifle y apunté hacia el ser desconocido sin perderlo de vista. Parecía que estaba sola, pero con el día que estábamos teniendo, no me sorprendería otra emboscada. En aquel claro, a unos veinte metros detrás de Kenzo y a unos treinta de la enanita, me quedé esperando por lo que pudiera pasar. Era un ser pequeñito como una rata y de la misma belleza, pero andando a dos patas. ¿Sería un familiar directo de los topos? No sabía que la marina tuviera tal revoltijo de bichos, pero con todo el percal del que veníamos, no era de extrañar que el diminuto ser formara parte de los refuerzos que mencionó aquella mujer cuando nos rodearon.

En mi granja ya había tenido experiencias similares con seres así. Al principio solo es uno, y hasta te puede parecer gracioso encontrártelo por casa. Lo aceptas y, si haces buenas migas, hasta le pones algo de quesito para alimentarlo. Con el tiempo serán una docena, después cincuenta y, para cuando te quieres dar cuenta, tienes más de un centenar de esos bigotudos campando a sus anchas por el granero, royendo los calcetines y todo lo que se les ponga por delante. Aún así, no dejaban de ser agradables al no dejarme nunca sola.

No había mucho más que tener en cuenta a nuestro alrededor. Habíamos caído en un sitio desconocido para mí, prácticamente vacío y sin señales de vida ni de actividad salvo por la enanita. Seguramente todos los demás habrían conseguido huir del robot o del ejército de marines que asustaría hasta a un oso. Me sorprendió ver que ella, a diferencia de los marines que nos atacaron hace nada, se acercaba a nosotros con total naturalidad. ¿Qué querría de Kenzo? O se estaba haciendo la tonta, o no nos había reconocido. Tal vez haya venido aquí volando igual que nosotros.

Sin tener a Triana cerca, era difícil saber qué hacer para no liarla y que no me echara la bronca. Aunque bien sabía lo que me diría si estuviera por aquí. Aprovechando que se dirigía hacia el muchacho, me quedé vigilándola en silencio por si se le ocurría hacer cualquier cosa en su contra. Si se daba media vuelta y seguía por su camino, mejor para todos.

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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#5
Asentí con incredulidad, dejando que la sorpresa se reflejara en mi rostro por unos segundos. Jolyne hablaba con una naturalidad tan descarada sobre la desaparición de su vaca que me costaba decidir si era una anécdota trágica o simplemente otro día en su vida. ¿Cómo podía decir algo así sin inmutarse? Era imposible no preguntarse cuántas locuras habría vivido para aceptar la pérdida de un animal así, sin más. Pero lo que realmente me sorprendió no fue la historia en sí, sino la certeza con la que hablaba. Había algo en su tono que me hizo entender que no era una simple habladora. Jolyne tenía experiencia, sabiduría, y un entendimiento del mundo que no cuadraba con su juventud. A simple vista, no parecía más que una chica con una extraña afinidad por los animales, pero bastaba escucharla para notar que poseía una aguda percepción de la vida y sus caprichos.

Aún con el desconcierto en mi mente, una sonrisa tranquila se dibujó en mis labios cuando la escuché decir que me cubriría las espaldas. No porque dudara de sus palabras, sino porque su promesa me dio una seguridad que rara vez sentía. No muchos se ofrecían a protegerme, y aunque mi orgullo normalmente no me dejaba aceptar ese tipo de cosas con facilidad, esta vez fue diferente. Saber que alguien estaba dispuesto a estar allí, a luchar a mi lado sin dudarlo, me hacía sentir confianza, no solo en ella, sino también en mí mismo. No importaba cuántos marines aparecieran, porque Jolyne ya había decidido que no estaría solo. Y en un mundo donde la traición era moneda de cambio, eso valía más que cualquier tesoro.

De repente, la voz de la pequeña marine comenzó a resonar en el aire con un tono monótono, casi mecánico, como si estuviera recitando un informe en lugar de hablar conmigo. Su diminuto cuerpo, insignificante en comparación con cualquier otra amenaza en la isla, parecía estar completamente fuera de lugar en aquel caos. Fruncí el ceño, sin molestarse en disimular mi desconcierto. ¿Por qué me estaba contando todo eso? No había emoción en sus palabras, ni rabia ni miedo, solo un discurso plano y seco, como si le diera igual si la escuchaba o no. Eso no tenía sentido.

Mis sentidos se agudizaron al instante. La sospecha se deslizó en mi mente como una sombra fría. ¿Y si intentaba ganar tiempo? ¿Podía ser que estuviera distrayéndome para que el resto de los marines nos rodearan? No sería la primera vez que alguien usaba palabras vacías para ocultar una trampa. Mis ojos recorrieron el entorno con rapidez. No había dónde esconderse, ningún rincón donde una tropa pudiera ocultarse y sorprendernos. Pero eso no significaba que no estuvieran acercándose de alguna otra manera. La experiencia me había enseñado que la gente más inofensiva a simple vista solía ser la más peligrosa.

No bajé la guardia ni por un segundo. Apretando los puños, sentí la presión de mis guanteletes ajustarse a mis manos, recordándome que no me tomarían por sorpresa tan fácilmente. Si aquella marine estaba jugando conmigo, pronto descubriría que no tenía paciencia para sus juegos. Por ello, decidí que no valía la pena seguir escuchando. Aquella marine diminuta podía seguir con su monólogo todo el tiempo que quisiera, pero yo ya había tomado mi decisión. Si era una distracción, no iba a caer en ella.

Tomé aire profundamente, dejando que el ardor característico del licor corriera por mis fosas nasales. Mi cuerpo reaccionó como siempre, con una mezcla de cosquilleo y presión interna, como si mi propia sangre se convirtiera en alcohol puro. Llevé la mano izquierda a mi rostro, presionando el orificio nasal izquierdo con firmeza, y sin dudarlo, solté un potente grito. -¡HANAMIZU!- La sustancia brotó con fuerza, expandiéndose en el aire y tomando la forma de una gigantesca pompa de licor, brillante y viscosa, de al menos tres metros de diámetro. Las burbujas internas titilaban con destellos dorados bajo la luz, deformándose y girando con mi propia energía. En cuanto la estructura estuvo lo suficientemente firme, impulsé mi cuerpo hacia arriba y me subí sobre ella, sintiendo el vaivén ligero de su superficie líquida.

Mis pies se acomodaron con naturalidad, y sin perder tiempo, con el dedo índice de mi mano derecha, indiqué a la pompa que subiera, guiándola con precisión. Sentí cómo respondía a mi toque, elevándome suavemente hasta alcanzar una altura de diez metros. Desde ahí, el mundo se desplegó ante mí con una claridad absoluta. Mis ojos recorrieron el área con rapidez, buscando cualquier movimiento sospechoso entre los manglares lejanos. Si los marines realmente intentaban rodearnos, lo descubriría.

Desde las alturas, la brisa cálida me golpeaba el rostro, impregnada del aroma húmedo del manglar. Mis ojos escudriñaban el terreno con calma, analizando cada rincón en busca de movimientos sospechosos. A pesar de la extraña presencia de aquella marine en miniatura, no sentía ni un atisbo de tensión en mi cuerpo. Sabía que Jolyne estaba ahí. Esa certeza bastaba para que mi respiración se mantuviera estable y mi pulso no se acelerara ni un poco. No importaba lo que intentara aquella marine diminuta. Si hacía un solo movimiento en falso, si intentaba sorprenderme con alguna maniobra inesperada, Jolyne actuaría antes de que siquiera tuviera tiempo de pestañear.

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#6
El silencio que había en ese llano me asfixiaba un poco, era como si el vendaval del que acababa de sobrevivir hubiese barrido hasta el sonido mismo. El suelo era plano, sin un mísero arbusto o una roca que me sirva de parapeto. Aun así, estoy acostumbrada a sentirme expuesta. lo cierto es que mi altura era un poco una desventaja para mi... sin embargo, aquellos piratas eran extraños, la chica había desaparecido de la vista. ¿Tenía algún tipo de capacidad para hacerse invisible? esa era una habilidad bastante impresionante, que cosa mas interesante... 

Me quedo quieta, de hecho, viendo que esta conversación no iba a mas, simplemente me sentaría con el rifle apoyado en mi espalda contra mi diminuto cuerpo haciéndome como de reposapiés. Frunzo un poco el ceño al ver que ese chico se había empezado a elevar en una burbuja.. esa… burbuja llena de un olor dulzón, casi alcohólico... ¿Al..Alcohólico?. ¿Como era posible que el tuviera esa habilidad?, esas capacidades eran las mismas que tenía Kald, allá hace tiempo cuando aun era recluta en mi primera base, ¿Las frutas no eran repetibles, no? o eso decía Ikirami, ¿ese niño había matado a Kald?, ¿Como era posible?.

-Esa capacidad... ese Alcohol... ¿Es la Gabu Gabu no mi?, ¿como la has conseguido? esa fruta... la tenía un ex-compañero mio.. ¿Como es posible que la tengas tu? ¿Acaso Kald a..? o.. Bueno.. cosas que pasan.. supongo... de hecho.

En ese momento, no pude evitar si no soltar algunas lagrimas, pero, ¿Por que?, el tiempo que pasé con el ni siquiera fue importante para mi, me dejó abandonada pero.. dolía, saber que de alguna forma o otra el había muerto.. dolía, pensaba volver a encontrarme con el en algún momento, joder.


La brisa me sacudía el pelo, recordándome que hace apenas unos minutos, mi división entera estaba junto a mí. Me encojo de hombros, en un gesto mecánico, y miro a mi alrededor por enésima vez. Ni un alma. Solo él, en su burbuja, y su compañera, la cual... de alguna forma se encontraba invisible, oculta en algún punto del llano. Al volver a notar los gestos del chaval, estos me decían que estaba midiendo el terreno. Seguramente querría asegurarse de que no hubiera más marines escondidos. Entendía su cautela: la mayoría de marines que conozco se lanzarían a por él sin preguntar. Pero no me veo con ganas de iniciar un tiroteo en mitad de esta planicie, rodeada de nada. Eso sería un suicidio, con un posible francotirador al acecho.

-¿por que no bajas y hablamos?, ¿Eres Kenzo, verdad? de los Alas negras, la verdad es que quería haceros una pregunta.. ¿Como está Garnet?, no he sabido mas de el desde que nos encontramos en isla Chika y tomamos algunas birras juntos, la verdad es que me encuentro algo preocupada despues de todo lo que pasó, cuando Ikirami rompió con el y esas cosas. De hecho.

Le señalo mis pies diminutos con un movimiento de la cabeza. Me siento ridícula, pero es un intento de aparcar la tensión. Quizá comprenda que no soy una amenaza tan grande. O quizá piense que soy una rata con rifle, quién sabe. Cojo aire despacio, consciente de con cada fibra de mi cuerpo, lista para reaccionar si hace un movimiento hostil. acumulaba ligeras capas de veneno por mis poros, los cuales se podían camuflar con el color morado de mi propia ropa, al fin y al cabo, no podía bajar la guardia. Y lo único que me rompía los esquemas era esa tal Jolyne, ¿Dónde se habría ido?, que capacidades mas útiles... 

-Supongo que tenéis prisa por reencontraros con vuestra tripulación, yo haría lo mismo pero... es que no tengo ni puta idea de donde estoy, la verdad, como soy tan pequeña el viento me ha movido bastante, y ni siquiera he explorado Sabaody como para saber como volver. De hecho.


Y así permanezco, quieta, sentada en el suelo, con mi aliento sosegado y mi mirada fija arriba. Intentando no parecer demasiado susceptible ni provocadora. Solo… monótona, como siempre. -Imagino que vosotros tambien habeis tenido problemas con los patriotas, según dijeron había bastantes, nos han jodido a todos, la verdad es que.. no me cae para nada bien el Gobierno Mundial, no se como pudieron acceder a liberar a esos bichos... De hecho. -concluyo, firme.

El viento vuelve a arreciar por un segundo, mi cabello vuela alrededor de mi rostro sin gracia ni elegancia. Mi voz, en cambio, sigue sonando hueca, como un eco sin vida. ¨Que así sea¨ me repetía. Si me ven débil, quizá se convenzan de que no merezco gastar balas. Y con eso me bastará para sobrevivir.



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#7
Me mantenía firme en mi posición, apuntando al diminuto ser que estaba ante Kenzo. Aunque no le quitaba ojo a esa ratilla, pude notar cómo el muchacho creaba una de sus pompas de brebaje místico para después subirse encima. No sabía qué es lo que estaba tramando mi compañero, ni tampoco cómo reaccionaria un marine al ver a Kenzo usar sus habilidades ocultas. Las probabilidades de que nos pudieran identificar, habían aumentado. Por suerte, si alguien se nos acercaba, Kenzo podría avisarme para no pillarnos desprevenidos.

La tensión era palpable, casi se podía cortar con una hoz roñosa. Si se trataba de superioridad numérica, teníamos las de ganar, pero nada nos aseguraba que estuviese sola o que era mucho más fuerte que lo que su tamaño daba a entender. Seguía siendo un marine, y su trabajo era arrestar piratas. Si nos quedábamos sin hacer nada, corríamos el riesgo de acabar presos y sin a la oportunidad de liberar a Yojimbo. - Qué susto - pensé fugazmente. Después de todo, todavía no me había olvidado de su nombre.

Aun encima de su burbuja, Kenzo podría bajarse y frenar al topillo si se le ocurría moverse o hacer algo extraño. De momento, nada parecía fuera de lo normal. Incluso se había sentado en el suelo como si la cosa no fuera con ella. Pese a que Kenzo no le dirigió la palabra y no parecía prestarle importancia, la comadreja no dejaba de insistirle al muchacho. ¿Por qué no simplemente se daba media vuelta y se largaba? ¿Estaría haciendo tiempo para que vinieran los refuerzos? Los pensamientos se amontonaban en mi cabeza y cada vez me ponían más nerviosa, y ya de por sí mi posición era complicada. Aunque intentaba ser uno con el entorno, nada me aseguraba que fuera invisible a sus ojos igual que Triana lograba verme cuando intentaba esconderme en su camarote para asustarla. Aún así, tenía que intentarlo. Era mejor eso que ponerme un cartel en la frente que dijera: "¡Mírame! Tengo un rifle en las manos y estoy apuntándote".

Si realmente se había separado de los suyos, ¿por qué se ponía de cháchara a la bartola? ¿Es que no tenían una cuota de trabajo por cumplir o algo así? Cada vez estaba más segura de que no sabían lo que era partirse el lomo trabajando hasta que salieran callos en las manos. La tensión era cada vez mayor mientras la apuntaba y lo último que quería era llamar la atención o que nos descubrieran, pero nada de eso importó en el momento en el que le preguntó si era Kenzo. Fue un reflejo. Apenas pronunció su nombre, apreté el gatillo sin vacilar para darle de lleno en su ojo izquierdo.

Sabían que estábamos aquí, había refuerzos, era una marine y nos había identificado. Esto se acababa de convertir en una carrera contrarreloj para encontrar al resto y salir de allí por patas. No podíamos darles tiempo a llamar a más de los suyos ni dejar que nos cerraran el paso. Esperaba que Kenzo pudiera entenderlo.

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#8
Desde las alturas, con el viento enredando mi cabello y la pompa de licor manteniéndome suspendido en el aire, escudriñé el terreno con atención. La humedad del ambiente hacía que la brisa se sintiera pegajosa contra mi piel, pero no me desconcentré. Buscaba cualquier señal de refuerzos, cualquier destello de uniformes blancos entre la espesura del paisaje. Pero, aparentemente, no había nada, ningún movimiento ni ninguna sombra sospechosa.

La marine diminuta seguía ahí abajo, parloteando sobre algo que no me molesté en escuchar. Su voz, monótona y aburrida, se deslizaba como un murmullo sin importancia en el fondo de mi consciencia. No me interesaba lo que tuviera que decir. No me importaba. Alcé brevemente mi puño izquierdo, haciéndole un gesto a Jolyne, señalandole que no había marines en la zona. No al menos a simple vista. No había trampas, ni refuerzos ocultos esperando emboscarnos. Aún así, no bajé la guardia. No podía fiarme. Con los marines nunca se sabe.

Escuché entonces cómo la tontatta mencionaba mi fruta. Supongo que le intrigaba. No era raro; después de todo, no todos los días se ve a alguien flotando en una pompa de licor como si fuera lo más natural del mundo. Pero, honestamente, me daba igual lo que pensara. Aquí no se conversa con marines. No se les escucha. No se les da la oportunidad de hacerse los simpáticos o de encontrar un punto en común. Ellos capturaron a Yojimbo, y era por eso que iban a pagar por ello.

La sorpresa se dibujó en mi rostro en cuanto escuché mi nombre salir de los labios de la tontatta. Por un momento, un escalofrío recorrió mi espalda, aunque no por miedo, sino por la emoción de saber que mi nombre ya empezaba a resonar en el mundo. Que mi camino hacia la grandeza ya había comenzado. No era un don nadie, no era un simple grumete perdido en la inmensidad del mar, estaba dejando mi marca. Pero la emoción no duró mucho. Mi mirada se endureció.

Por muy inofensiva que pareciera, por mucho que su diminuta figura pudiera engañar a los incautos, seguía siendo una marine. Y los marines no eran amigos. Los marines eran obstáculos. Cadenas. Fuerzas que mantenían el mundo tal como estaba, impidiendo que aquellos como yo o mis compañeros, los que realmente tenían ambición, pudieran alcanzar el cielo. Mi mandíbula se tensó. Iba a responderle, quizá con sarcasmo, quizá con frialdad, cuando el disparo de Jolyne me sacó de golpe de mis pensamientos.

No dudé, no pensé, simplemente actué una vez escuché el disparo de mi nakama. Si Jolyne disparaba, significaba peligro. Y si había peligro, yo debía moverme. Sin perder un segundo, deslicé el índice de mi mano izquierda y la pompa de alcohol se movió con precisión en dirección a la marine. La hice avanzar con rapidez, para preparar mi ataque, para reducir su espacio, para quitarle cualquier oportunidad de respuesta antes de que pudiera convertirse en una amenaza real. Porque aunque fuera pequeña, aunque pareciera inofensiva, la historia me había enseñado algo muy claro, y era que cualquier marine, por diminuto que fuera, era capaz de convertirse en un problema.

El mundo pareció ralentizarse por un instante. No me fijé si aquella bala iba a la cabeza, al ojo o a cualquier otra parte del diminuto cuerpo de la marine. No tenía tiempo para detalles insignificantes. Solo importaba el golpe que vendría después.

Mi sangre rugió en mis venas. Mi cuerpo se tensó con una ferocidad que sólo se desataba en los momentos clave, cuando todo lo que importaba era el siguiente movimiento. La siguiente decisión. Y en ese momento, la decisión era aplastarla. Destruirla con un solo golpe. Salté de mi burbuja, el viento golpeó mi rostro mientras descendía como un meteoro, la burbuja de alcohol siguiendo mi dirección, que aunque más lento, iba como un cometa etéreo orbitando mi voluntad. El suelo se acercaba y mi objetivo se hacía cada vez más claro, más tangible.

Mi puño derecho se cerró con fuerza. Sentí la tensión en cada fibra de mi brazo, cada músculo preparándose para liberar toda su potencia. No era sólo un golpe. Era un juicio. Un estallido de poder que reduciría a la marine a nada más que un eco olvidado en la historia. Todo lo que nos envolvía quedó en un segundo plano. En ese instante, sólo existíamos ella y yo. Con un rugido que reverberó como el trueno en mitad de una tormenta, mi voz estalló en el aire. –¡¡¡¡¡RYUKEN!!!!!– Desaté mi ataque. El puño descendió como la furia de un dios vengador mientras ella estaba siendo empujada a causa del disparo. La fuerza de mi golpe era la de un titán decidido a aplastar cualquier obstáculo en su camino. El aire se comprimió, el impacto era inminente, sabiendo que este era un golpe que resonaría en la historia.

El impacto fue brutal. Mi puño chocó contra la cabeza de la marine con la fuerza de un cañón desatado. El golpe fue seco, contundente, el sonido del impacto resonó como un trueno en mitad del campo de batalla. Sin perder el ritmo, sentí el temblor recorrer mis nudillos, la vibración del choque disipándose por mi brazo como una descarga de pura intensidad. Pero no había tiempo para quedarme a observar los resultados. Así que sin dudarlo un segundo, aprovechando que paré su recorrido con el golpe, apoyé la palma izquierda contra el suelo y, con un giro ágil, lancé mi cuerpo hacia arriba, y utilizando la inercia del movimiento en caida, le proyecté otro potente puñetazo con mi zurda, en la cabeza otra vez. 

Hice una leve voltereta para caer bien en el terreno, y cuando puse los pies en el suelo, me impulsé hacia arriba, saltando hacia mi burbuja. En cuanto mis pies tocaron la superficie etérea y fluctuante de la esfera, extendí mi mano derecha y dejé que la burbuja respondiera a mi voluntad. La sentí como si fuera una extensión de mí mismo. Con un pequeño gesto, la guié hacia arriba, elevándome otra vez hasta alcanzar los tres metros de altura, pendiente por si la marine hacía algún gesto. Mis ojos no se desviaron ni un segundo de la marine. Mi respiración seguía acelerada, la adrenalina seguía en mis venas. Sin girar la cabeza, sin siquiera mirar a Jolyne, solté la pregunta, mi voz marcada por la tensión del momento. -¿Todo bien? ¿Qué ha hecho? ¿Estaba haciendo algo que no debería hacer?- Pregunté, siendo obvio que Jolyne al ser nuestra tiradora, tenía una visión mucho mejor que la de cualquiera de la tripulación. Hice una pausa, apretando los dientes. -¡Malditos marines! ¡ESTO ES POR HABER CAPTURADO AL FUTURO REY DE LOS PIRATAS! ¡SOMOS LOS ALAS NEGRAS! ¡VAMOS A POR TODOS VOSOTROS!- Estallé, completamente enfadado, sintiendo que el ardor de la rabia seguía prendiendo fuego en mi pecho.


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Alas Negras
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#9
Parecía ser que el pequeño pirata no quería responder a las preguntas que le estaba realizando, y lo ultimo que puedo recordar de ese momento fue cuando mencioné el nombre de Kenzo. Sucedió tan rápido que no lo asimilaba, dé repente empecé a sentir un dolor en el ojo al mismo tiempo que mi cuerpo empezó a rodar unos metros hacía atrás. El proyectil traspasa, y un cosquilleo ardiente se clava en mi sien izquierda, dejándome momentáneamente ciega del ojo impactado. La arena del suelo cruje bajo mi diminuto cuerpo cuando me tambaleo, tratando de recuperar el equilibrio, en el momento en el que empecé a rodar, sentí como mi cabeza se encontraba nublada, pero.. no tenía tiempo que perder si no quería recibir mas ataques como ese, podía observar como Kenzo empezaba a moverse en su burbuja en dirección a mi, esperaría unos segundos para dejarle pensar que me encontraba noqueada, para despues, tocando la zona de mi suelo pélvico con una mano que habría quedado ahí despues de los rodamientos, sonreiría levemente mientras de mi boca borbotearían ligeros restos de sangre.

-Dokunuma. Esperaba no tener que pelear, no me apetecía. De hecho.- En el mismo momento en el que pronunciaba el nombre que utilicé en su momento con Schierke, Siento la presión en mi garganta, la bilis de mi fuerza tóxica subiendo por los poros de mi mano. La onda tóxica nace en mi mano y poco a poco se iría propagando por todo el área circundante como un pantano. El aire se curva, retorciéndose en una cortina brumosa que se alza ante el puñetazo de Kenzo, Yo ese puñetazo no lo había visto venir, si no que dé repente, podía observar como el cuerpo del pirata estaba inmóvil, derribado en el suelo al entrar en contacto con el liquido denso que nos separaba a el y a mi. Recuerdo esta sensación, la sensación de que alguien se había quedado a mi merced. 

-No me culpes, lo escogiste tú, supongo, la verdad es que no me importa. -Le dije directamente mientras, aprovechando que el cuerpo inerte del joven me servía de escudo, no sabia donde estaba Jolyne, pero si de donde vino el disparo, por lo que con la espalda de Kenzo apuntando en esa dirección, me metería dentro de su camiseta, agazapada en el pecho del pirata, llevándome el dorso de la mano a la boca, notando un pequeño hilo de sangre provocado por el impacto en el ojo, tenía que acabar esto rápido.... Podía escuchar como su respiración temblaba, rabioso y atado por la toxina. Es el momento. Podía ser pequeña, pero no era para nada indefensa, Si Jolyne quería salvar a su compañero, tendría que acercarse. Yo empezaría a volver a concentrar veneno en mi cuerpo, necesitaba una armadura para cubrirme de lo que estaba por venir.

-Tú serás mi escudo, amigo, y tu, Jolyne, mas te vale tener cuidado con lo que haces, o tu compañero morirá lentamente por mis habilidades. Es solo un adolescente... ¿Estas seguro de lo que quieres hacer?.  -Dije. Ni un ápice de burlona alegría, tan solo un dictamen frío y carente de emoción. Mientras una corriente de veneno se deslizaría de mi cuerpo al de kenzo, rodeando su cabeza para acabar con su respiración.



Teniendo en cuenta que me habían atacado, ¿Qué podía decir?, no me importaba para nada su sufrimiento, Si se iban pudriendo lentamente por el veneno. Mejor.

Rinconcito de Rol
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3446 - 2116 = 1330
Energia: 2340 - 383 = 1957
Espiritu: 996 + 0 = 996
#10
Hola, mortales. Bajo de Tierra Santa a dictar sentencia sobre los actos aquí acontecidos y zanjar esta disputa.

La explicación de Ryze, si bien tiene parte de argumentación a su favor por la velocidad del movimiento de la burbuja de Kenzo, hay que matizar cosas:
  • Jolyne dispara a 390.
  • Independientemente de que Kenzo reaccione justo cuando oye el disparo, primero mueve su burbuja, salta sobre ella y luego salta a por Ryze. Estas acciones se producen a 72 y 240 de CA y AGI respectivamente, aunque el movimiento de la burbuja y el salto a ella se producen casi simultáneos.
  • Esto genera que, aunque Ryze por los impactos y daños no puede reaccionar al ataque de Kenzo, sí que puede propagar su técnica en el suelo sin levantarse.
  • No obstante el primer impacto de Kenzo sobre Ryze es aéreo y por lo tanto no se ve afectado por el pantano de veneno.
  • Es cuando va a golpear por segunda vez que Kenzo menciona que toca el suelo con la mano y quedaría paralizado, no produciéndose el segundo golpe.
  • Desgraciadamente para Ryze, aunque no queda inconsciente con el golpe, queda a 20 PV con este primer puñetazo, por lo que entraría en umbral de utilidad, bajando todas sus estadísticas y quedando a la posible merced de Jolyne o, quedando KO en el siguiente turno por la hemorragia.

Dicho esto, el turno de Ryze sucede tras recibir el primer impacto de Kenzo, que queda paralizado, pero sucede con el Umbral de Utilidad. Rolea tu siguiente turno en base a esto.

Le toca, Jolyne, para finalizar la ronda.

Sentencia dictada.
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