[EVENTO LOCAL - MAGNA] - El camino a ser el más fuerte del mundo
#1
Día 70 del año 16, Primavera - 10:40 a.m.
Proximidades a Foodvalten

Aproximadamente dos años habían transcurrido desde que el líder del gremio Magna, Sohem, tras lo acontecido en el Archipiélago Sabaody, había conseguido cerrar tres tratos con los vicealmirantes Ryu Nanashi y Tabita Tempesta durante su estancia en Marineford. Por un lado, el ingeniero y recién integrante de la Asociación Neurona, Shoto Data, pudo ser capaz de hacerse con una aceptable cantidad de uno de los materiales más codiciados y resistentes del planeta,solo superado por el Kairoseki: el Bakumetal. Paralelamente, el segundo al mando de Magna, Viktor Evans, gracias a su sed de conocimiento,  probablemente se había convertido en la única persona en tener en su saber, las escrituras de uno de los Road Poneglyph, algo por lo que los mismísimos Cuatro Emperadores pondría en jaque al mundo entero.

Pero, si tener el segundo metal más tenaz del mundo además de disponer de información por la que muchos arrasarían naciones enteras no fuera suficiente, además, el enmascarado de Magna, había conseguido tener otro favor por parte de la institución del Gobierno Mundial, a cambio de los “servicios” ofrecidos allá en Sabaody. Y es que, un hombre que ansía ser la persona más fuerte del mundo, siempre iba a querer obtener más y más poder. Y para este caso, lo más cercano a conseguir aquel poder tenía nombre y apellido: Nitobo Ilime, el Señor de la Moneda. Siendo la persona con más poder e influencia tanto económica como financiera, heredar su trono como emperador del Distrito de las Finanzas equivalía a heredar una fortuna y un imperio monetario suficiente para comprar una infinidad de islas y recursos, algo que Sohem parecía saber a conciencia.


La luz del sol bañaba con calidez al Kaiser Panzer, a la par que la leve pero agradable brisa, acariciaba y mecía, junto al vaivén de las olas la corbeta de los cazarrecompensas, olas que terminaban rompiendo en la base de los acantilados de Foodvalten, y es que ahí era dónde residía el primer obstáculo de Magna. Tratándose de toda una fortaleza natural, la falta de costa y al estar sobre unos acantilados escarpados con forma de coliseo de 800 metros de altura media, hacían llegar a su cúspide todo un desafío, lugar dónde estaba asentada su civilización. Por si fuera poco, en el mar que había en la zona central de la isla, se rumoreaba la existencia de una bestia ancestral que no dudaría en atacar cualquier navío que entrara próximo a esa zona. No por nada, Foodvalten había sido escogida como la residencia de uno de los Emperadores del Inframundo, y tenía comprados y contratados a toda su civilización como sus guardaespaldas personales.

Convencionalmente, los cazarrecompensas sólo tenían dos opciones de llegar a la zona más alta de la isla. O bien, hacían acopio de toda su paciencia, fuerza y resistencia, y se dedicaban a escalar a través de los empinados acantilados o, por el otro lado, si seguían navegando a través de las lindes de la isla, acabaran llegando a divisar un pequeño puerto, que consta de un solo muelle, en la zona más ubicada al suroeste de Foodvalten. Allí, aunque usualmente vigilado por diez de sus numerosos hombres, hay habilitado una plataforma que, mediante un intrincado sistema de poleas, es capaz de hacer subir con óptima celeridad a cualquiera que quiera acceder a la isla, siendo mucho más cómodo que la primera alternativa, a costa de sacrificar el factor sorpresa. Si subían por allí, tan sólo quedarían atravesar primero la Ladera del Dólar, consecutivamente Ciudad Rupia y, finalmente, podrían acceder a la Mansión del Botín, hogar de Nitobo Ilime. Estaba pues, en manos de Sohem, Viktor y Shoto, decidir que opción iban tomar y cuánto estaban dispuesto a arriesgar para ello.

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#2
Soplaban vientos de cambio.
El sol, que iluminaba encima de nosotros proporcionando calor, y la brisa que acompañaba al astro rey, permitían una calidez confortable en la cubierta del Kaiser Panzer. Casi era un momento de paz, una tranquilidad momentánea que se vería alterada con nuestra llegada a Foodvalten. La calma que precede a la tormenta. Ya en las inmediaciones de la isla, el gremio estaba listo y preparado para conquistar la isla de un solo plumazo. Dada la peculiar ororafía de la misma, se nos planteaban diversas opciones para poder llegar a ella. Su enorme tamaño, sin ser de las islas más grandes del Nuevo Mundo, suponía un reto para un único barco -y más teniendo en cuenta que somos tres- a lo que además había que sumar que era una fortaleza natural casi inexpugnable. La isla, que poseía una forma de arco, era una sucesión de acantilados como si de un anfiteatro se tratase. Algunos pequeños islotes o peñones acompañaban a la isla pero nada significativo o que tuviera interés para nosotros. Sabíamos que ir al puerto -de haberlo, ya que no veíamos costa- era casi arriesgarse a iniciar un ataque frontal. Estábamos dispuestos a pelear, pero no las tenía todas conmigo en si era la opción más inteligente. Escalar también era una opción. El factor sorpresa podría estar de nuestra parte en este caso pero, ¿A qué precio? Ni siquiera sabíamos qué había con certeza arriba. Y para colmo estaba el centro de la isla. Una ratonera donde ni encontraríamos salida ni ventaja alguna.

Sonreí. Ajusté mi cinturón para sujetar mejor las espadas, una a cada lado de mi cadera. Shimei en la derecha y Saba en la izquierda. Mi dial y mi Den Den estaban en los bolsillos del abrigo y yo estaba listo. Solo necesitábamos la orden del jefe. ¿Qué opción cogería? ¿Sigiloso pero arriesgado? ¿Rodeo y buscar un acceso? O por el contrario, la opción que estaba totalmente seguro que escogería, dado el tiempo juntos y su carácter, que ahora comprendía mucho mejor después de revelarme su linaje de Dragón Celestial: atacar frontalmente y estamparnos contra la isla. Arrasar con todo aquel desgraciado que no ponga una rodilla en tierra de manera voluntaria y, sucesivamente, destronar al Emperador del inframundo que habitaba en la isla.

— ¿Órdenes, jefe? ¿Sigiloso y seguro o frontal y divertido? — pregunté con tono animado, esperado estar en las mismas.

Foodvalten iba a ser nuestra casa. Lo siento, Nitobo, venimos a desahuciarte.


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#3
El Kaiser Panzer iba a toda vela dirección a la isla, viento de cola, para que las velas estuvieran perfectamente tirantes. - ¡Todo en orden por aquí! - Grité en dirección al timonel del barco. Mientras caminaba por la superficie del mismo con un paso tranquilo y decidido. Independientemente de lo que escogiera el jefe, yo ya tenía todo mi equipo preparado, como de costumbre dos equipos médicos totalmente revisados y al día con la última tecnología, en caso de tener que hacer primeros auxilios durante la batalla. Por otro lado, amplíe un poco más mis necesidades y dispuse de ungüentos y vendajes, además de posibles antídotos en caso de tener que desintoxicar a alguno de nosotros. Todos estos objetos repartidos alrededor de una bata-gabardina algo más extravagante de color azul marino, además de disponer de su daga  pelacables que le ha acompañado durante todos estos años, colocado en la parte trasera de la misma y por último los Den Den Mushi junto con el dial en la zona más interior de la gabardina. 

Ahora tocaba lo más importante del día, dejar los preparativos hechos para el resto, he predispuesto al lado de los cañones los equipos de escalada servo mecanizados junto con unas bombonas de oxígeno en caso de que el jefe quiera escalar dicha fortaleza. Por otro lado, quedaría preparar las defensas del barco, para un posible ataque frontal, a la isla, viajamos en una corbeta, a día de hoy no hay barco más rápido en los mares. - De momento hasta que se descubra otro. - Pensé en un tono sarcástico. Gracias a la preparación de Sohem durante todos estos meses, he conseguido ser medianamente util y defenderme siendo un artillero con cada uno de los cañones, posicionados principalmente a cada lado y repartidos de cuatro en cuatro. Para mejorar nuestra eficiencia en el combate naval, se manejó una estrategia de suministro cercano. La mejor idea, es decir. Posicionar cajas de balas de cañón al lado de los mismos. Así que siguiendo las órdenes de nuestro jefe, fui cañón por cañón, recogiendo balas y las fui metiendo hasta el fondo de las mismas. A continuación prepare las espoletas en cada uno de ellos y deje preparada una mecha de larga duración que no se apagaba en caso de que fuera salpicada, recolocándome todo mi equipo una vez acabada las tareas.

Una vez revisado todo ello y que todos los cañones estuvieran en ángulo volví a la proa del barco, esperando recibir nuevas órdenes tanto de Viktor como de Sohem, quería ver con mis propios ojos si realmente podía existir una criatura ancestral como contaban las leyendas o simplemente eran ecos de gente, o, por el contrario, me iba a sorprender el jefe tomando la vía de la infiltración cosa que dudo. Llame a Lustig con un silbido. Se acercó a toda velocidad, como sabía que tenía algo de carne entre mis posesiones. Le lancé un hueso con algo de carne y empezó a roerla como buena hiena que era. - Buen chico...

- ¡Jefe, todo preparado, listo para empezar! - Le grité mientras acariciaba a la criatura con mi diestra en su cabezota, apoyado en una de las barandillas de la proa, cerca de los cañones para poder maniobrar rápidamente. Hoy empezaba la conquista de Foodvalten.

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#4
Vengo de aquí


El crujir de las tablas de madera del Kaiser Panzer se mezclaba con los golpes de las olas del mar. Su avance era imparable, su forma de surcar las olas era imponente, y la dirección que el navío tomaba era el destino que había ansiado en cinco años: Foodvalten, la residencia de Nitolo Ilime.
No importaba la cantidad de soldados que tuviera, ni la calidad de los mismos. No me importaba las defensas que poseyese ni la capacidad ofensiva que pudiera emitir contra nosotros. Nada de eso tenía valor en la balanza del ahora para mi. Había pasado dos años soñando con este momento. Dos años obsesionado con terminar los preparativos perfectos para poder dar el paso con la mayor seguridad posible. Dos años completamente loco por perfeccionar todo al mejor de los niveles antes de poder avanzar. Porque el siguiente paso, no era un paso normal. Era el paso por excelencia. Era el gran salto.
Sin saberlo estaba siguiendo el mismo camino que mi genética me habría llevado a tomar: El poder, el control, el dinero y la ambición. Se podía decir que era un digno hijo de mi padre... pero pretendía ser más que él. Ningún Tenryuubito sería mi igual, si podía convertirme en el hombre más fuerte del mundo.

Lustig se chupaba sus propios testículos mientras yo me colocaba a mi mismo el guante en la mano izquierda - algo que había aprendido a hacer colocando el guante entre las rodillas, durante estos dos años - y me vestía con soltura pese a sólo tener una única mano. Los trabajos de Shoto en mi prótesis tendrían que esperar un poco más, y me había hablado del componente de recuperación de la cirugía, así que prefería descansar en mi nueva casa: Esa isla. Por lo tanto, el término de mi perfección aun tardaría un poco más en llegar. Pero no importaba.
Nada importaba realmente ante la oportunidad frente a nuestros ojos, y colocando la capa emplumada de color púrpura oscuro sobre mis hombros, abrí la puerta de mi camarote y salí dejando ahí a mi pulgoso acompañante, descansando. Prefería que Lustig tuviera la comodidad de mi camarote a los riesgos de la batalla que estaba por suceder, porque si, fuera mayor o menor su resistencia sería una batalla. Dudaba que se rindieran y nos dejasen hacer lo que quisiésemos, así que había que acabar con todos y cada uno de ellos para asegurarse el éxito más rotundo y aplastante posible. Y Lustig no podía estar ahí para ser una moneda de chantaje hacia mi.

Chasqueé la lengua mientras el sonido de mis pasos resonaba en mi propio avance hacia la cubierta — Oe oe — susurré mientras caminaba por el pasillo hasta llegar a la puerta que daba a mi destino, donde, al llegar y recibir el tímido abrazo del sol tras los orificios de mi yelmo, pude ver a Viktor y a Shoto esperándome — ¡Caballeros! — dije saludándoles caminando hacia su lado, sonriendo tras el casco — Hoy vamos a terminar de dar el primer paso de nuestra empresa — sentencié y miré hacia la isla, frente a nosotros. Entonces Viktor me preguntó por órdenes, a lo que clavé mis ojos en él antes de responder. El brillo dorado de mis retinas centellaba de emoción tras los agujeros de mi casco — El rumbo está establecido de frente. Vamos a entrar ahí, vamos a matar a absolutamente todo el mundo que nos encontremos, y vamos a reclamar esta tierra, y este negocio como propios — apreté el puño y sonreí enormemente tras el yelmo — El infierno tiene un nuevo dueño, y soy yo — di dos pasos mas y apoyé la manos sobre el hombro de Viktor — Así que sin contenerse amigo — le dije, dándole una instrucción sencilla, y pasando a mirar a Shoto — Sé que ahora eres mucho más capaz, así que llévate a Lustig contigo mientras analizas el terreno... y avísame si algo no deberíamos romperlo — le ordené, haciendo que priorizase su integridad y el análisis y nos dejase el jaleo a nosotros.

Solté mi unica mano del hombro del peliblanco y caminé hacia estribor, apoyando el pie en el pasamanos y la mano sobre la rodilla. Chaqueé la lengua — ¡Lustig, cuida del chico!  — grité con una orden seca y directa, y la hiena obedeció y se colocó al flanco derecho del genio científico.
Foodvalten... el verdadero comienzo de mi historia. Y sin decir nada más, mientras la olas nos empujaban hacia la isla obviando el puerto... comencé a reír.

— ¡¡ WRYYY HA HA HA !! —



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#5
Teniendo plena confianza en su poder abrumador, la estrategia del gremio de Magna era simple, pero llanamente efectivo. Avanzar frontalmente a través de las distintas instalaciones y zonas que podía ofrecer la isla, arrasando con todo lo que se le antepusiera a su paso, todo hasta llegar a la residencia de Nitobo y, finalmente, poder hacerse con su codiciado hueco en el Inframundo. Con aquello, la decisión que habían tomado los cazarrecompensas para subir a la cima de Foodvalten, no era otra que hacer uso del ascensor que se ubicaba en el parte meridional de la isla.

Con el Kaiser Panzer rompiendo las olas, su destino se hacía cada vez más cercano y visible. Un pequeño puerto, construido a base de materiales metálicos para, de esta manera, soportar con tenacidad el continuo embate de las olas. El puerto estaba conformado por dos placas de metal de 40 metros de largo y 20 de ancho, que se sostenían mediante una serie de pilares robustos y resistentes que llegaban hasta el lecho marino. Una de las placas, lindando directamente con la ladera de Foodvalten, servía para soportar la plataforma que se usaba para llegar a la parte alta de la isla. Una plataforma rectangular de acero inoxidable, de 20 metros de largo y 10 de ancho que, de cada de una de sus esquinas, emergían una serie de cadenas - siendo cuatro en total -, convergiendo en un mismo punto las cadenas a 20 metros de altura sobre la plataforma y, ascendiendo la unión hasta alcanzar la cima de Foodvalten, momento en el que pasaba a través de un sistema de engranajes y poleas que, al activarse mediante una palanca que había a la derecha del ascensor - si miráis de frente -, hacia que las cadenas ascendieran o descendieran gracias al uso de un contrapeso en el extremo contrario de esta. Además, para evitar cualquier inestabilidad y vibración por consecuencia del viento, la plataforma estaba asegurada a realizar solamente un movimiento puramente vertical, al estar delimitada por cuatro vigas verticales, unidas entre sí mediante un curioso entramado de celosías.

La otra placa de metal, estando colocada perpendicularmente a la anteriormente descrita, hacía la función de muelle, teniendo el espacio suficiente para ser ocupada, a lo sumo, por dos navíos, estando completamente vacío en aquellos momentos. Y no era para menos pues, cualquiera que conociera el nombre de Nitobo Ilime, sabía de primera antemano la poca accesibilidad que daba el magnate millonario a las visitas ajenas, mandándote de vuelta si no figurabas en su lista... Por las buenas o por las malas.

En el puerto, ejerciendo de vigías y salvaguardando el único acceso seguro a Foodvalten, se encontraban un total de 10 personas, todas trajeadas y con gafas de sol. Los 10 estaban dando la espalda a la isla, apoyando sus espaldas en la ladera de Foodvalten, situándose a la izquierda - si miráis de frente - del ascensor.- No sé por qué se esmera tanto el señor Ilime en que estemos día y noche vigilando este lugar, ¡si aquí no se presenta nunca nadie! - Se quejaba una de los vigilantes, una mujer rubia, con el pelo recogido en un moño alto.- ¿Y no crees que es mejor así? ¡Estamos cobrando una pasta por no hacer nada! Desde que Nitobo compró Foodvalten, ¡los berries han dejado de ser el menor de nuestros problemas-mon! - Respondió otro de ellos, un gyojin salmón calvo de piel rosácea.- Cuidado con llamar al señor Ilime por su nombre de pila... - Señaló la mujer con su dedo índice a dos Den Den visuals que colgaban a ambos lados de la ladera, grabando todo lo que se encontraba en el puerto.- Recuerda que pueden escucharnos, Salomón. - Añadió, centrando su vista en ese momento en el horizonte, momento en el que divisó a lo lejos la silueta de un barco que se acercaba al muelle.- Un barco... ¿No hay nadie citado para llegar a Foodvalten, no? - Preguntaba la mujer rubia a su compañero.- No lo recuerdo no, Donnatella... Joder, antes digo nada, y ya tenemos faena que cubrir-mon... -

En ese momento, la mujer se separó de la rocosa pared, y empezó a caminar hacia el muelle, sacando con su mano derecha, una espada que se encontraba envainada en su cintura izquierda.- ¡Preparaos para lo peor! - Advertía a su grupo, quien tomaba el mismo ejemplo que Donnatella, mientras ella, sacaba con su mano libre un Den Den Mushi que se ubicaba en su bolsillo derecho.- ¡FORASTEROS! ¡NO SE OS HA PERDIDO NADA POR AQUÍ! - La voz de la líder del pequeño escuadrón se veía intensificada y magnificada por un Den Den de grandes dimensiones, localizado en el extremo más externo del muelle.- ¡DAD MEDIA VUELTA AHORA MISMO O NOS VEREMOS OBLIGADOS A USAR LA FUERZA! - Advirtió finalmente Donnatella al navío que se aproximaba, estando los 10 vigilantes a cinco metros del Den Den Mushi de gran tamaño. ¿Qué sería lo que haría el grupo de Magna a continuación?

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#6
El primero en acudir a cubierta fue Shoto. El birkaniano había realizado los preparativos necesarios en el barco y ahora estaba listo para misión de campo. Finalmente, Sohem y Lustig acudieron al lugar, dando por finalizados los preparativos. Sohem estaba pertrechado y listo para la batalla. Al llegar llamó nuestra atención mientras se acercaba con paso solemne y tras mi pregunta, una mirada de ansia por la batalla estalló entre los agujeros de Geheimnis. El dragón estaba preparado para asediar Foodvalten. Espetó que el rumbo estaba al frente y que el objetivo era matar a todo aquello que se pusiera entre nosotros y la conquista del lugar, por lo que no había nada más que comentar. Sonreí con la misma ansia por entrar en batalla que él mientras apoyaba su mano en mi hombro, respondiendo yo colocando la mía sobre su codo y asintiendo mientras me ordenaba no contenerse. Tras esto, ordenó a Shoto analizar y ser el hombre en la silla, ahora que estaba mucho más versado y preparado para cualquier situación, pidiéndole también que se quedara con Lustig. Tras mandar a la bestia con el científico, se posicionó en estribor mientras nos acercábamos a una especie de muelle, pudiendo comenzar así el asalto. El Kaiser Panzer avanzó estoico y seguro hasta el muelle, mientras yo escrutaba este con ojo de cirujano. Eran un par de placas metálicas sin nada reseñable, de considerable tamaño, y estas hacían las veces de una especie de muelle que nos permitiría atracar y poner pies en la tierra. En el muelle, cercanos a una estructura que no lograba identificar bien, se encontraban varios sujetos, todos trajeados y observando hacia el mar, custodiando las puertas de lo que debía ser la entrada a Foodvalten. Ya esperábamos defensas. No sabíamos cuántas realmente, pero era de esperar que el magnate Nitobo tuviera gente destinada a guardar sus lindes. No obstante, ni a mí, ni a Shoto, ni mucho menos al jefe, nos importaba una mierda cuantos estuvieran allí. No eran suficientes. El lugar estaba plagado de Den Den Mushis. Algunos de ellos normales y corrientes -más allá de su descomunal tamaño- y otros en la ladera de la montaña que parecían observar todo sin perder detalle. — ¿Con público? Me sirve. — pensé mientras observaba los Den Den Mushi visuales gracias a mi perspicaz vista.

Cuando apenas unos treinta metros nos separaban del muelle, una mujer rubia se acercó espada en mano y protegida por los demás escoltas mientras vociferaba hacia un Den Den Mushi que nos alejáramos. El sonido reverberó gracias al gran caracol altavoz en el extremo del muelle, advirtiendo que en caso de no marcharnos, usarían la fuerza. — ”La fuerza”, dice. — dije mirando a Shoto con una mueca burlona casi al borde de estallar de risa para, acto seguido, crujir mi cuello de lado a lado. — It’s showtime. — dije entre dientes para, sin pensarlo demasiado, girarme hacia el muelle y lanzarme de un salto con Shimei Kaeru empuñada por mi zurda. El jefe dijo que sin contenerse, así que estaba vez tomaré la iniciativa. El vuelo describió una parábola perfecta que culminó entre los diez integrantes de la defensa, permitiéndome así desenfundar el negro filo de mi espada y girar violentamente para deshacerme de ellos. Grandes cortes y laceraciones se propinaron en unas décimas de segundos en las que la sangre salpicó hacia todas las direcciones de la placa metálica de muelle, haciendo que se formaba un tenue círculo de color carmesí a mi alrededor mientras los guardias caían derrotados y yo me erguía. Llevando mi filo a la altura de la cara apuntando la palma a mis ojos, realicé un barrido rápido como si apartara una cortina de fina seda, llevando la katana en un arco descendente hasta mi costado izquierdo con precisión milimétrica y dejando la hoja a cuarenta y cinco grados perfectos contra el suelo, permitiendo así que la sangre que se quedó adherida al acero saliera disparada al metal del suelo, esparciéndose del impacto en un charco extenso.

— Compañeros, con permiso, buenas tardes. — dije mientras observaba el estropicio y esperaba el desembarco del jefe.


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#7
Seguía apoyado en la barandilla del barco, escuchando como Sohem primeramente se dirigía hacia Vik y luego, como fijo sus ojos en mí. Su tono, una mezcla de picardía y razonamiento frío, me dejó una sensación totalmente dulce. Una orden extraña viniendo de él. Llevarnos a Lustig y analizar el terreno. Pero no acabo ahí... Si no que iba a ser su máquina de contar billetes. Dos años dan para mucho y más cuando si en todo ese tiempo se ha cargado cosas de un valor incalculable. - Seré su conciencia avariciosa, jefe - Respondí, asintiendo antes de volver a colocarme mirando al frente.

Mientras surcábamos el mar y nos acercábamos a la isla,  una voz femenina resonó a través de un Den Den Mushi con altavoz. Nos invitó amablemente a dar la vuelta y no entrar a puerto. - Esta pobre infeliz no sabe aún lo que se le va a venir encima y no hablo precisamente de las fórmulas del calor. Durante el aviso, observe a Viktor claramente tomar nuestra vanguardia, sin necesidad de decir una sola palabra. La cubierta era totalmente suya, dando una sensación de paz y de control máxima. Su plan era sencillo, su mueca bastó para entender su siguiente movimiento. - El dinero es dinero, socio. - Le contesté. Un instante después, Viktor hizo una demostración de su virtuosismo con una de sus katanas al saltar hacia el puerto, él solo, no le hizo falta mucho la verdad, un simple movimiento y los cuerpos empezaron a caer uno tras otro.

Yo seguí realizando mis tareas donde pude comenzar a distinguir, una vez que estábamos más cerca, unos pequeños Den Den Mushi, colocados en puntos estratégicos, moviendo sus ojos y girándose ellos mismos para seguirnos. No era la primera vez que veía este tipo de caracoles, ya en su día en Marineford, nos sentíamos igual de vigilados. - Genial... Ahora nos vigilan hasta las pestañas... - Murmuré mientras sacudía la cabeza y me ponía en movimiento. El barco necesitaba estar listo para atracar en una plataforma algo rara y a pesar de no ser un marinero experto, vivir con estos dos me había valido lo suficiente para sacarme un máster exprés, además de no ser un estorbo en la embarcación. 

Camine hacia proa esquivando las posibles cajas y barriles que teníamos en ella, vi la disposición de las cuerdas y el espacio posible de atraque en el "muelle", una parte de mí me pedía reducir algo la velocidad para facilitar la maniobra. Volví hacia la zona de las velas y de un salto en el mástil más alto, empecé a recoger una de las velas mayores. A la velocidad que íbamos no interesaba que chocáramos bruscamente contra el muelle, un golpe podría ser desastroso para el barco. Con las mismas volví a proa y posicioné unas pequeñas defensas, desarrolladas gracias a los marines. Simplemente, eran unos cilindros duros por fuera, pero rellenos de una especie de goma flexible y moldeable por dentro. Esto evitaban daños en la embarcación cuando se atracaba de forma rápida. Mientras realizaba todo esto, los Den Den Mushi no se despegaban de todas nuestras acciones, así que cuando acabe con las maniobras de atraque. Me quedé saludando a la cámara con mi siniestra, como si de un robot tratara. -
Que me pillen con mi perfil bueno, al menos. - Dije mientras sonreía.

El resto era esperar la señal del jefe para bajar, tenía todo listo, equipo listo, mente despejada y Lustig preparado. -
Ven aquí chico. - Le llamé a mi lado, preparado para lo que viniera.

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#8
Mis compañeros parecieron entender las indicaciones - breves y sencillas - a la perfección.
Viktor tomó la vanguardia asumiendo su papel de mano ejecutora. Algo que en estos dos años había terminado de calar en él. Entendía que antes de mancharme yo mi mano, se mancharía él los filos de sus katanas. Y eso era la mar de práctico pues no sólo me permitía ahorrar esfuerzos y energías de cara a lo que fuese a venir después, si no que transmitía cierta sensación de invulnerabilidad por mi parte que me hinchaba el ego. Esa presencia de no necesitar hacer nada porque tus enemigos no están a tu altura... era algo con lo que inconscientemente había estado soñando años, y que no sabía lo que me gustaba hasta que lo había probado en mis propias carnes — ¡Gente de Foodvalten!  — grité desde el navío — ¡La época de Nitrombos ha terminado!  — declaré con seguridad — ¡Reclamo esta tierra en nombre del progreso! ¡Rendíos y disfrutad de los beneficios del nuevo mundo que voy a construir, o luchad y morid!  — proclamé dando un aviso y una oportunidad para unirse a los presentes. Realmente cuanta más gente pudiera mantener en este asedio, mejor comprenderíamos antes cómo funciona todo en la isla, y más rápido podríamos ir consiguiendo crear el ejército que estaba ideando.

Viktor y Shoto hablaban de algo a mis espaldas y, como un resorte milimétricamente preparado, Viktor saltó al muelle al terminar mis palabras aterrizando entre los presentes y acabando por sesgar a todos ellos de forma rápida y sin complicaciones — Wryyy ha ha ha ha...  — reí por lo bajo viendo como caían esos 'guardias' y volví a alzar la voz — ¡El mensaje es para todos los que estáis al otro lado del Den Den Mushi!  — maticé y haciendo un gesto con la mano indicando al científico que moviese el culo — Tira el ancla y baja  — le ordené, y flexioné mis cuádriceps para saltar con toda la fuerza que me era posible zarandeando el navío y frenando su avance aterrizando con las piernas completamente flexionadas a diez metros por delante de Viktor. Mi cuerpo se arqueó con el aterrizaje y extendí el brazo hacia fuera, mientras la capa de plumas se ondulaba con el viento. Chasqueé la lengua nuevamente mientras me erguía, y di un par de pasos hacia el Den Den Mushi más cercano — Sed buenos. Ahora trabajáis para mi  — dije sonriendo y continué caminando hacia el ascensor, mirando hacia la parte alta del mismo llevándome la mano a modo de visera. Era una distancia considerable, y pensé en saltarla pero no creía que pudiera abarcarla por completo. Además, menos mal que el traje ya no era tan verde, si no entre eso y estos saltos...

Sin dejar de sonreír, volví a flexionar las piernas con fuerza para calentar y estirar los músculos, esperando a que mis compañeros llegasen a mi lado, o tal vez estaba evitando montarme en ese cacharro... Pero no había llegado hasta aquí para echarme atrás ahora. Lo que tenía que hacer era alcanzar esa cima a cualquier costo, así que entré en el ascensor y me quedé observando la palanca que parecía su único engranaje y mecanismo. Pero como estas cosas no eran lo mío y no me fiaba por si acaso... — ¡¡SHOOOOTOOOOO!!  — dije gritando, mirando en su dirección y señalando con el dedo índice la palanca, esperando que hicieran lo que tenían que hacer. ¿Qué era yo, ingeniero? Que tirase él de las palancas.





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#9
A pesar de las claras advertencias de Donnatella, que ordenaban al Kaiser Panzer que se retirara inmediatamente del territorio de Ilime, el grupo de Magna hizo caso omiso a la indicación, continuando con bravura y velocidad hacia el muelle en el que el grupo trajeado de 10 se encontraban. La silueta del imponente barco se hacía cada vez más clara y evidente, teniendo más que claro la líder del pequeño escuadrón que, en breves, deberán pasar a la acción para evitar que unos individuos cualesquiera paseara como Pedro por su casa en la inexpugnable Foodvalten.- Preparáos, chicos. Se arrepentirán de haber ignorado mis palabras. - Animó a los suyos, tajantemente, apuntando su sable hacia el navío momento en el que, abruptamente, todo se tornó de rojo para ellos y, eventualmente de negro. En un parpadeo, el segundo al mando del grupo de cazarrecompensas, en un perfecto y silencioso aterrizaje, cercenó las vidas de los 10 vigilantes del muelle, con un exquisito y pulcro - a la vez que desenfrenado - círculo carmesí. Donnatella y sus hombres ni siquiera se pudieron percatar de que la sombra de la muerte les acechaba en el momento que se atrevieron a permanecer ante aquel presagio de destrucción, que era ver aparecer el Kaiser Panzer en sus costas. Tan sólo los propios cazadores, y los dos Den Den Visuales adheridos a las paredes de la ladera, pudieron ser testigos de tal masacre.

Por su parte, gracias a la maniobra preventiva de Shoto y al excelso manejo con el timón de Sohem, el Kaiser Panzer pudo atracar con suma seguridad y sin ningún daño en el apartado y solitario muelle de Foodvalten. Al descender el líder del gremio de la corbeta, y agenciarse uno de los Den Den Mushi que poseían los cuerpos inertes de los que una vez fueron defensores de Foodvalten, el contenido de su mensaje, lejos de llegar a un receptor misterioso, fue repetido y retransmitido por el Den Den Mushi grande del extremo del muelle, reverberando en las inmediaciones, y siendo la frase captada completamente por los Den Den Visuales

- Sed buenos. Ahora trabajáis para mi. -

Si seguían caminando hacia el interior de las planchas de metal - pasando de largo los cadáveres que había dejado el espadachín -, acabarían dando con el elevador, un mecanismo sofisticado que, a ojos de cualquiera, podría pasar desapercibido su funcionamiento. Por su estructura y localización, no cabía duda de que debía ser la única manera de llegar a la cima de la isla y, aunque Sohem y Viktor podían intuir su nivel de seguridad y la manera de activarlo, solo un verdadero versado en las artes de la ciencia, tecnología e ingeniería, podría dar completa fé de como hacer funcionar el elevador y de si, tomarlo, llevaba algún riesgo. Es por ello que, Shoto, con su vasto conocimiento, era capaz de saber con suma precisión, observando los engranajes que conformaba el mecanismo, podía ser capaz de vaticinar que harían falta unos 5 segundos para que el ascensor comenzara a moverse desde el momento que se accionara la palanca ubicada a la derecha de la plataforma, a la suficiente distancia para que fuera inaccesible activarla desde dentro del elevador. Debían ser, pues, rápidos y prudentes si no querían que el ascensor se activara y subiera a la parte alta de la isla sin ellos.

Si se montaban todos correctamente al peculiar mecanismo, éste comenzaría a subir paulatinamente, tardando alrededor de 10 minutos en alcanzar la cima de Foodvalten. Aquellos con la suficiente paciencia, podían disfrutar de las vistas que les ofrecía aquel pequeño paseo hasta alcanzar los 800 metros de alto. Las cadenas del elevador chirriando, no eran lo suficiente molestas para estropear el paisaje que se podía observar, la inmensidad del mar, en todo su esplendor, con sus oleajes y sus criaturas marinas, siendo bañadas por la luz proporcionada por el astro rey. La brisa del mar, por su parte, cada vez más intensa a cada metro que ascendía el elevador, no suponía ningún peligro para la plataforma, gracias a la estabilidad que proporcionaba la estructura de celosías que la cubría.

Una vez llegados a la cumbre de Foodvalten, vuestra visión sería inundada por la cima del acantilado que, lejos de lo que quizás podía esperar cualquiera, en vez de poseer una superficie meramente rocosa, estaba cubierto en su totalidad por un sinfín de plantas, árboles y flores de usos medicinales, dotando a aquel paisaje - la Ladera del Dólar - de una variedad de colores cálidos y llamativos. Si seguían hacia delante, les esperaba un largo camino cuesta arriba - hasta una inclinación de 10º - de unos 50 metros de ancho y separación entre el acantilado oriental y occidental, acantilados de los cuáles, si se precipitaban por ellos, no les esperaba otra cosa que una muerte segura.

Por otra parte, a pocos metros de dónde quedó el elevador, era posible distinguir la figura de una persona, sentada en el suelo y apoyando su espalda en un árbol, a 22 metros del acantilado  occidental.-  Aunque era fácil de identificar que se trataba de un mink mapache de metro cincuenta, con una camisa hawaiana estropeada, sólo alguien con un buen sentido de la visión podía ser capaz de percibir una expresión de desagrado en su rostro y, alguien con buen oído escuchar múltiples y reiterados refunfuños que precedían el nombre de “Nitobo”.- Condenao’ y malnacío’ de Nitobo… Ahí te atragantes con tu guita y sucia pasta, pisha. - Era alguna de las frases que murmuraba el misterioso individuo que, estando completamente enfrascado en su berrinche, no había sido capaz de darse cuenta de la presencia de los miembros de Magna.




Mientras tanto,
Mansión del Botín, Sala de vigilancia

Gracias a los Den Den Visuales estratégicamente colocados, a pesar del fallido intento por defender la entrada a Foodvalten, lo sucedido en el muelle llegó rápidamente a la Sala de vigilancia ubicada en el interior de la residencia de Nitobo. Mediante el uso de un gran Den Den Proyector, al cuál se interconectaban todos los Den Den Visuales de la isla, era posible para la seguridad del emperador del Inframundo tener monitorizado, al milímetro y en distintas pantallas, lo que sucedía en la isla de Foodvalten. La masacre de Viktor, seguida por la posterior llegada de Magna y la declaración de intenciones de Sohem, llegaría a ojos y oídas de uno de los encargados de supervisión, un hombre rubio, también con gafas de sol y trajeado aunque, en esta ocasión, con un traje azul marino.- Un momento, ¿esos no son..? ¡Mierda! Esto es malo… ¡Malo de narices! Tengo que avisar el señor Ilime. - Exclamó, agobiado, y saliendo con extrema urgencia y prisa de la oscura sala.

El vigilante de seguridad, recorrió con la mayor celeridad posible los múltiples, interminables, dorados y lujosos pasillos de la mansión, hasta llegar a la oficina de economía, venta de intereses y préstamos de la mansión pues, para Nitobo, si no podías hacer dinero ni en tu propia casa, era dinero que se llevaba cualquier otro desgraciado. En su justa medida, Nitobo había seleccionado a los trabajadores y empleados más eficaces y de más confianza de entre todas las sucursales existentes de Red Natnas para que trabajaran, de manera más directa, para él. La gigantesca oficina, una sala recubierta por un papel maché que, si prestabas atención, eran estampados de billetes de 10.000 berries, albergaba hasta un total de 500 empleados, cada uno con su mesa propia, repartiéndose estas - vistos desde arriba - en una matriz de 25 por 20 mesas. Y era gracias a que, justamente esa oficina era una de las mayores fuentes de ingresos de Nitobo Ilime, que la mayor parte del tiempo se podían permitir a hacer actos derrochadores y ociosos. A aquel cuerpo de élite designado a dedo por el mismísimo Señor de la Moneda y vestido con trajes de color granate, era conocido como “Los Lobos de Foodvalten”. Conforme el vigilante atravesaba la enorme sala, podía escuchar los múltiples gritos y aullidos de los Lobos consiguiendo cerrar sus fraudulentas ventas, o las risas por los empleados que invertían su tiempo en la actividad extravagante del día, siendo en esta ocasión una sugerida por uno de los empleados, Lamay Enimal, lanzar tontattas - remunerados, claramente - cuales dardos a una diana ubicada a 10 metros de distancia de ellos.

El rubio agente de seguridad, terminó por llegar al portón que separaba la oficina de Los Lobos del despacho personal de Nitobo Ilime. El vigilante tragó saliva, inspiró y expiró reiteradas veces y se mentalizó por las noticias que tenía que dar. Se podía escuchar desde el otro lado de la puerta como el multimillonario mantenía una conversación, posiblemente con algunos de sus muchos clientes de renombre. Repitió ese mismo proceso alrededor de 10 veces tras, lo cuál, terminó por llamar al portón.- ¡Señor Ilime! ¡Soy yo! ¡Remún Errado! ¡Necesito comunicarle algo con extrema urgencia! - Exclamó, esperando en esos momentos a la respuesta del Emperador del Inframundo, haciéndose el silencio al otro lado de la puerta.- Adelante-yen..- Se escuchó, al otro lado, una voz, solemne y calmada, la voz de alguien que tenía la certeza de gobernar todo un imperio financiero infranqueable. La voz de alguien que no era consciente de que, lo que estaba a punto de acontecer, podía hacer temblar los cimientos de todo lo que había conseguido a día de hoy. E incluso hacer temblar el propio transcurso de la historia entera.









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#10
Tras llegar a puerto con una maniobra totalmente coordinada, seguí las indicaciones del jefe y eché el ancla. Mientras Sohem cogía fuerza para bajar,  saqué una pequeña chuchería del bolsillo y se la di a Lustig con mi diestra, justo después le acaricie la lomada y la cabeza, - Si viene alguien quiero que lo dejes en los huesos. - Le dije a la criatura mientras jadeaba con la lengua fuera, mostrando su nulo coeficiente intelectual. Con todo preparado me subí a la barandilla y me dejé caer desplegando mis pequeñas alas, útiles para mantener la estabilidad en la caída. Mis botas golpearon las planchas de metal del muelle, y un sonido hueco se propagó a través de aquel puerto. - Mmmm podría intentarlo. - Pensé, cuando vi que tanto Sohem como Viktor que estaban juntos ya. Hablando de Viktor, su firma como artista de la muerte era inconfundible, simplemente caminé hasta llegar a ellos. No dije nada, no hacía falta describirlo con un comentario inútil e impropio. - Pragmatismo, Shoto, pragmatismo. Una vez reunidos. - Un segundo quiero comprobar algo. - Saque mis manos y me arrodille con toda la calma del mundo. Apoye mis rodillas en el suelo y puse mis manos sobre la plataforma que tenía delante.

Para ello necesitaba disociar de todo lo que me rodeaba, cerré los ojos, el tacto de mis dedos notaba el calor que tenía aquel suelo metálico, mi olfato empezaba a percibir el olor a metal de la sangre mezclada con las plataformas, hasta que en un momento, de mi boca salieron las palabras. -
¡POINTO ZIP!. Abrí de nuevo los ojos... y por desgracia ahí seguía la plataforma metálica. - Tienes que seguir mejorando Shoto, dominar la técnica y la fruta requiere de sacrificio. Volví a ponerme en pie y miré a Viktor como ese alumno que había suspendido el examen.

De repente, un grito vino desde el ascensor. - SHOOOOTTOOOOOOOO!!!. Creo que mi nombre resonó en toda la bahía, incluso con eco. Sohem estaba indicándome un mecanismo, más bien una palanca con su dedo índice. - Oh wait! ¡Voy! - La estructura era una especie de montacargas de hierro remachado, con un sistema de cadenas en cada una de las esquinas, que soportaban la plancha metálica y su carga. - Mmmm, parece que esto aguanta mucho... Además, tenía un sistema de varias poleas y contrapesos, que permitían un movimiento totalmente vertical. - Serán unos 800 o 900 metros aproximadamente. - Dije mirando para arriba. Los engranajes manchados de grasa parecían bien lubricados, así que podía deducir que el ascensor iba a funcionar perfectamente. El principal problema que una vez pulsada la palanca no podíamos parar la plataforma de ninguna manera. Accione la palanca y el ascensor comenzó a subir. - Solo hay un viaje de ida. - Mientras soltaba mi diestra de la palanca.

Como teníamos tiempo hasta llegar a la cima, solo se me ocurrió a mí plantear una situación en la que. - Os imagináis que nuestro destino acaba aquí porque caemos al vacío, pasaríamos a formar parte de una estadística más. - Sonreí con una sonrisa picarona. Procedí a sentarme mientras seguíamos ascendiendo. El zumbido de las cadenas golpeando la plataforma se mezcló con una melodía, que no podía evitar tararear. - Shuba... badadi... Shuba... badadi.. Shuba.. -Mientras tocaba a modo de percusión con ambas manos el suelo de la plataforma. 

Una vez arriba, el ascensor se detuvo con un golpe seco. No presté atención a nada más que estuviera fuera de mi radio inmediato. Mi vista estaba ya fijada en la pendiente acantilada que teníamos delante, el terreno era totalmente irregular, lleno de rocas y vegetación que podría valer para ocultarse, una oportunidad perfecta para una emboscada y más desde que hemos sido grabados. -
No hay factor sorpresa, si no nos han esperado aquí tened claro que nos esperaran más adelante. - Afirme mientras me colocaba detrás de los dos.


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