[EVENTO LOCAL- ALAS NEGRAS] Con tuercas y a lo loco (Stage 03 - Central)
#21
Cuando el golpe que asimilé estudiando a Garnet iba a impactar en el pecho del vaquero, un muro invisible de una presión extraordinaria me lanzó en dirección contraria con una fuerza casi paralela a mi desplazamiento, haciendo que mi cuerpo cruzase la estancia de lado a lado hasta estrellarse contra la pared contraria a la puerta. El impacto fue brutal y muy sonoro, enterrando mi cuerpo entre la maquinaria y el cableado de la pared, dejando por fuera mis piernas a la altura de las rodillas y mis brazos a la altura de los codos.
Mi kenbunshoku seguí activo en todo momento. Jolyne seguía viva, aunque mi disparo se había ejecutado con éxito. Tobías se plantaba en el centro de la habitación mientras Triana se convertía en fuego y se lanzaba hacia mi. Eran patéticos.
¿Cuánto más intentarían aquellos tres sobreponerse a mi absoluto genio? ¿No se cansaban de intentar una y otra vez acabar conmigo sin éxito? ¿Por qué querían perseverar si sólo estaban postergando su irremediable final? No podía comprenderlo. La opción lógica más evidente sería la de luchar por sobrevivir, por huir... no por seguir luchando. No por intentar acabar conmigo. Si no lo habían hecho ya, cuando había estado desolado y debilitado frente a ellos completamente vulnerable, no lo podrían hacer ahora.
Siempre, siempre, de alguna forma, tenía una carta más preparada en la manga para jugarla y ganar esta partida, y en su estado pese a que consiguiesen apagar este cuerpo no podrían continuar explorando el laboratorio y por tanto no podrían acabar conmigo.

Entonces mi cabeza empezó a compactarse contra mi pecho lentamente. Una presión invisible de nuevo, la fuerza de la gravedad fruto de los poderes de Tobías. Una contracción y una inmovilización parcial de mi cráneo contra mi torso que produjo varios daños en mi sistema y de pronto mi Kenbunshoku me alertó de la próxima arremetida de Triana, de nuevo, con su ataque estrella. Era la única lo suficientemente cerca como para poder intentar acabar conmigo... o al menos, con este cuerpo. Jolyne recargaba su rifle, Tobías había hecho lo que había podido encajándome aquí, pero Triana... no pude calcular si ese daño sería letal o no. Por un segundo, al verla saltando hacia mi después de haberse convertido en una columna de fuego en su desplazamiento previo, dudé. Dudé de las posibilidades de éxito que tendría contra ella. Dudé de si su ataque escondería algo más o no. Dudé de poder incorporarme de nuevo y acabar con todos los presentes. Dudé, y recubrí mi cabeza con mi Busoshoku para minimizar el daño de su ataque.

Sus espadas se descruzaron en mi cráneo, un impacto que me sacudió completamente y agrietó la piel sintética de mi rostro mostrando los circuitos y cableados internos, desfigurándome. Y si no me hubiese defendido con mi Busoshoku, sabía que ese ataque me habría seccionado la cabeza en cuatro.
— INICIANDO PROTOCOLO 66 — grité, preso de la desesperación clavado mi mirada en Triana mientras mis sistemas se iban apagando poco a poco llegando a mínimos de supervivencia — ¡Sois patéticos! — grité — Sólo habéis conseguido destruir cuatro androides y ni tan siquiera sois capaces de matarme ¡patéticos! — volví a gritar y la luz de mi pecho empezó a iluminarse cada vez más y más, adquiriendo una intensidad en aumento constante — ¡El protocolo 66 envía las últimas veinticuatro horas grabadas por toda mi tecnología a la sede de Marineford así que estáis vendidos! ¡Habéis atacado una instalación oficial del Gobierno protegida por un Shichibukai! ¡Habéis matado a un Shichibukai! ¡Yojimbo será ejecutado! ¡Vuestras recompensas serán tan altas que todos los cazadores del mundo vendrán a por vosotros! ¡A por lo que quede de vosotros porque voy a erradicar todo rastro de vida en esta instalación con mi autodestrucción y vais a lamentar el día que no obedecisteis mis órdenes! ¡¡Sucios monos inferiores ignorantes!! — grité y finalmente la luz de mi pecho llegó a un punto luminoso álgido y una explosión colosal surgió de mi cuerpo, arrasando por completo toda la sala y llenando todo de fuego, calor y destrucción. Una explosión ígnea que acababa por completo con mi cuerpo y comenzaba a producir una explosión en cadena en el resto de las maquinarias y tecnología de toda la sala, que saltaría a las siguientes salas. Todo el LABO y toda la tecnología acumulada, los proyectos creados, desarrollados y en desarrollo que tenía... ¡todo! Todo sería destruido y explotado, reducido a la última de las cenizas posibles, perdiendo mi progreso y mi investigación, pero acabando con esos inútiles petulantes.
Sólo el subnivel de la isla estaría a salvo. Sólo lo que ahí guardaba con el máximo celo sobreviviría a esta catarsis.

La ciencia no puede progresar sin sacrificio.





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Bélico

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4791 - 3993 = 798
Energia: 4433 - 1948 = 2485
Espiritu: 2985 - 1025 = 1960
#22
Atributos Personaje


Nada más entrar en aquella sala, me encontré con una situación que no me esperaba bajo ningún concepto. Una enorme gorila metalica, de unos cuatro metros de grande, abrazando a Garnet, quien parecía estar inconsciente. Fruncí el ceño, mientras me acercaba lentamente mirando a todos lados, pues no sabía que más podía encontrarme. Cuando me acerqué lo suficiente a la escena, pude ver que Garnet yacía inconsciente, aunque no sabía si estaba inconsciente o muerto. Agarré el brazo de aquella gorila con fuerza y liberé a mi maestro de sus garras, cayendo sobre mí. -Aquí estás. No se lo fuerte que será la gorila, pero te ha dejado completamente seco.- Dije, refiriendome a su estado de inconsciencia. Lo primero que hice fue cerciorarme que estaba vivo, y que respiraba, y acto seguido lo cargué a mi hombro izquierdo y me levanté para marcharme en busca de mis compañeros.

Comencé a caminar por aquella sala, con mi maestro cargado a mi hombro, y su cabeza chocando con mi vientre. -Ya sabes que no soy médico, pero en cuanto Triana te vea, te pondrás sano en un segundo.- Decía mientras caminaba, como si él pudiera escucharme. -Bueno, debemos darnos prisa, que escuché como peleaban, seguramente necesiten mi ayuda.- Me decía más a mí mismo que a Garnet. Una vez que salí de la sala y volvía a la antesala donde estaban las tres puertas, me sorprendí y me alerté cuando escuché una potente explosión de la sala central. Acompañada de aquella explosión, un pequeño temblor. Miré hacia arriba, y pude fijarme en el leve parpadeo de las luces. -Esto no me gusta ni un pelo, Garnet...-

Ahora tenía varias opciones. Una de ellas era entrar en la sala para averiguar que ocurría, aunque entrar con Garnet inconsciente era ponerle en peligro y complicarme las cosas en caso de que hubiera una batalla. Otra opción era dejar ahí a Garnet y entrar, aunque después de escuchar aquella explosión y sentir aquella explosión, no creo que dejar a merced de la suerte a Garnet fuera una buena opción. Sin embargo, se me ocurrió la mejor opción. Iba a salir de aquel lugar, dejaría en un lugar seguro a Garnet, y volvería a entrar para, de una vez por todas, averiguar que estaba pasando. -Vale Garnet, nos vamos afuera a tomar el sol. Espero que no te importe.- Y tras decir aquello, comencé a correr con todas mis fuerzas hacia la salida. Cruzaría la sala donde peleé con el robot gigante y los androides, luego por la sala donde Jolyne se quedó y que exploré sin muchos resultados, luego la sala donde tuvimos el primer contacto con Utakata y finalmente el exterior.

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[Imagen: oSgdXs8.png]
Alas Negras
- Narro - Hablo -"Pienso" -
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3130 + 0 = 3130
Energia: 1392 + 76 = 1468
Espiritu: 1943 + 89 = 2032
#23
El golpe que asestó Triana al androide fue definitivo. No logró desconectarlo directamente, pero éste comenzó a hablar con tono enfadado, al darse cuenta que ya no podía hacer nada más que autodestruirse al estar fuera de combate. Sus últimas palabras resonaron con un eco metálico en aquella enorme sala de control del laboratorio del Shichibukai, acompañadas por una luz emanante del pecho del robot, aumentando su intensidad con el transcurso de su discurso. Inició un protocolo que enviaba las últimas veinticuatro horas registradas en el L.A.B.O directamente a la Marina, asegurando, con rabia, la ejecución de su capitán, remarcando que los Alas Negras estarían en el punto de mira del Gobierno Mundial más que nunca, que iban a ir a por ellos si lograban escapar del desastre que estaba a punto de catalizar.
La rabia forzó al vaquero a apuntar con su mano izquierda, desnuda, con solo los dedos índice y corazón extendidos, hacia MDU-01. Pero era tarde, no mentía, al menos en lo último, pues aquella luz que desprendía su cuerpo dejó de intensificarse para terminar explotando. Un inmenso haz de luz esférico inundó toda la estancia. Una imponente explosión que alcanzó al joven barba naranja, inundando su cuerpo con un sofoco, que por suerte para el muchacho, fue bastante fugaz, pero no por ello agradable. Más dolor que cargar en la mochila. La sala había quedado peor que Tobías, parcialmente destruida y pequeñas explosiones comenzaron a encadenarse a raíz de la autodestrucción del androide. Lo primero que hizo Tobías, tras recomponerse, fue revisar el estado de sus compañeras de viaje. Jolyne parecía estar bien y el cuerpo de Triana era invulnerable a la explosión. Lo siguiente que pensó fue en Garnet, expandiendo su Haki de Observación. El alivio fue inmenso al percibir a Kenzo cargando con el músico.

- ¡¿Estáis bien?! ¡Hay que salir de aquí inmediatamente! - El pirata alzó la voz para asegurar que el mensaje llegara a sus hermanas. - ¡Garnet y Kenzo están bien! ¡Preocupémonos solo por nosotros ahora! ¡Vamos! - El vaquero comenzó a correr en dirección a la puerta por la que habían entrado, perseguido por sus compañeras y un cúmulo de explosiones que se iban empalmando progresivamente. Solo tenían que ir deshaciendo el lineal camino que habían recorrido antes al adentrarse en aquel laboratorio. Tarea fácil para el vaquero, su memoria era como la de un caballo, solo le hacía falta recorrer un camino una vez para no olvidarlo jamás. Kenzo y Garnet iban por delante con ventaja. Gran suerte que el benjamín diera con el pelirrojo antes de que se desatara el desastre. El fuego los perseguía por cada sala que cruzaban, arañando sus talones. La única que no habían pisado en la huída era la de Campos de Energía, en la que habían combatido Leftie y Tobías. El camino le pareció más largo de salida que de entrada, cuando normalmente una ruta se hace más corta la segunda vez que la recorres.

Finalmente, llegó la luz al final del túnel. El aire del exterior se colaba en el laboratorio en una constante y suave ráfaga de viento. Tobías se recolocó el sombrero, sin dejar de correr, y miró hacia el suelo justo cuando cruzaba la puerta de salida, para así evitar deslumbrarse con la diferencia de luz. Ya fuera, el vaquero vio a Kenzo y a Garnet a salvo. Al verlo con sus propios ojos, la alegría lo invadió, pero las explosiones se seguían dando y pronto alcanzarían los límites de las instalaciones. El joven barba naranja desvió ligeramente su trayectoria hacia la derecha, para salir del área que iban a engullir las llamas de las explosiones al llegar a la salida. - ¿Estáis bien Kenzo? Mejor no detenerse aquí, hay que salir de la zona o nos comerá el fuego. -

Había sido una incursión relativamente rápida, pero muy intensa. En ese breve espacio de tiempo habían sucedido muchas cosas. Tobías se preguntaba si eso realmente había terminado, si de verdad habían acabado con Utakata, o si aún quedaba por aparecer una máquina con intenciones de terminar su cometido. El carpintero no podía bajar la guardia, ya se lamentaría después de la gran pérdida que resultaba la destrucción de aquel templo de la ingeniería.


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[Imagen: l47Ucve.png]

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Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3507 - 2500 = 1007
Energia: 455 + 72 = 527
Espiritu: 792 - 404 = 388
#24
El robot había ido directo a por Tobías, sin prestar más atención al disparo que me había hecho. En medio de su recorrido, vi cómo este se dio de lleno contra la presión que ejercía el vaquero, lanzándolo contra la pared y estrellándose contra ésta de manera brusca. El impacto había sido tan fuerte que solo pude asentir impresionada al ver que le había encajado en la pared de un solo golpe. Ni las mayores coces de res conseguirían romper algo que no fuera un simple contrachapado. Con Triana envuelta en llamas, Tobías comenzó a aplastar su cabeza poco a poco como si fuera un escarabajo pelotero compactando una bola de estiércol entre sus patas.

Sin que él pudiera hacer nada, Triana se lanzó a rajarle la cara con sus katanas. Tras el corte, se podían ver lo que había debajo de esa piel falsa, y no era más que un puñado de cables y cosas tecnológicas. Como si estuviera loco o hubiese perdido el juicio por completo, aquel robot gritó algo de un protocolo. Según nos gritaba, todas las grabaciones se iban a enviar a la marina y todos sabrían lo que habíamos hecho. Esa parte no me preocupaba porque era lo que todos esperaban. Lo que no me gustó una escama, era que por ello fueran a ejecutar a Yojimbo. Me quedé en blanco y mis ojos se abrieron exageradamente a cada palabra que decía, como que nuestras recompensas se volverían altas y que todos los cazadores vendían a por nuestros pescuezos. Sentí que, en sus últimos momentos de vida, nos estaba echando una especie de maldición de mala entraña, así que comencé a guardar mis cosas con disimulo. Si eso era cierto, en menos de lo que cantaba un grillo tendríamos a gente muy poderosa de la marina esperándonos en la puerta. ¿Merecía la pena? Hoy no. Y menos sabiendo que Jimba sería la primera en toparse con ellos.

Cuando ya estaba a punto de dar media vuelta para ir a rescatarla, la luz de su pecho comenzó a brillar con más intensidad hasta que explotó. Un fogonazo de calor inundó la sala sin que pudiera cubrirme con nada. Durante un tiempo no supe ni dónde estaba. Solo me veía a mí misma corriendo por el campo rodeada de vacas, una fila de gansos y un tejón mordisqueándome una bota. Fui feliz hasta que volví en mí. La explosión me había dejado tan perjudicada que me tambaleé un poco antes de recobrar la consciencia. Todo daba vueltas, igual que cuando participamos en aquel rodeo en Toko y me caí del toro que nos llevaba. Con un par de toques me aseguré de que seguía de una pieza y, aunque había vuelto a mi forma humana, todo seguía donde tenía que estar.

- ¿¡Estáis todos bien!? –Corrí como pude hasta la puerta, preocupada por si se le había ocurrido explotar los alrededores o nuestro barco. Pero lo que había dicho de Yojimbo no dejaba de resonar en mi cabeza. –Lo de que van a ejecutar a Yojimbo será un farol, ¿¡no!? ¡Aún no ha respondido a ninguna de mis cartas! –cartas que, durante meses, me había dedicado a escribirle y que entregaba a Jimba para que las llevara volando a Impel Down. Como siempre desaparecían, supuse que las entregaba por las noches.

Tobías dijo que los demás estaban bien, así que algo menos de lo que preocuparse. No me lo iba a pensar dos veces, si el plan era escapar cuanto antes, me parecía perfecto. Pese a la explosión y nuestra rápida huida hacia el exterior, ya podíamos decir que ese territorio era nuestro. Nos llevaría tiempo reconstruirlo y mejorarlo, pero nos lo habíamos ganado limpiamente a pulso.

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❝

¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4545 - 2434 = 2111
Energia: 2022 + 59 = 2081
Espiritu: 329 + 86 = 415
#25
Sentía que estábamos más cerca que nunca de conseguir nuestro objetivo. En un solo segundo todo se podía torcer, porque el poder de aquel robot estaba por encima de ninguno de los que existiera en el mundo, o esa impresión me daba al saber que había sido creado por un pirado tan inteligente. Realmente esperaba que no hubiese robots más poderosos o estábamos jodidos. Los ataques de Tobías eran precisos e implacables. No había visto su fruto en acción antes y me parecía alucinante. Sabía manejarla a la perfección y sacarle partido. Si salíamos vivos de esta, que esperaba que sí, tendría que hablar con él sobre cómo podríamos aprovechar mucho mejor ese poder tan interesante. Gracias a sus ataques tuve la oportunidad de cortar de nuevo a aquel robot. Sentí su dureza en el filo de mi espada, pero eso no impidió que le atravesase con ella. Si hubiese sido un humano podría haberle destrozado y no habría tenido ganas ni de continuar hablando, pero era una fría máquina que no iba a parar hasta apagarse por completo.

Entre todos conseguimos reducirle y casi lo teníamos. Estábamos tan cerca que el propio robot se dio cuenta y decidió tomar medidas Iniciando lo que él llamó protocolo 66. No sonaba nada bien. Parecía que se había vuelto completamente loco, perdió las formas y nos amenazó con difundir las imágenes para que el Gobierno supiera lo que habíamos hecho. No me importaba una mierda. Como si querían venir todos los cazadores del mundo a por nosotros, aquí les esperaríamos. Lo que no me tomé tan bien fueron sus palabras sobre Yamamura. Fruncí el ceño tuve el impulso de clavarle la katana por la boca, pero no tuve tiempo. Tras eso, reveló su verdadera intención, autodestruirse y llevarse por delante todo el laboratorio. Una rápida explosión sacudió todo. Extrañamente, no sentí nada. Todavía no me acostumbraba a mi fruta. Enseguida me giré buscando a Tobías y a Jolyne. Ellos no estaban tan heridos como yo, pero no sabía cómo podría haberles afectado la explosión. Por suerte, resistieron más o menos en pie.

Tobías se apresuró a informarnos de que Garnet y Kenzo se encontraban bien para que saliésemos de allí cuanto antes. Sabía que no los dejaría atrás bajo ninguna circunstancia, así que estaría diciendo la verdad. En ese momento sentí que podía respirar. —Vamos —dije para reforzar las palabras de Tobías, aunque Jolyne parecía muy dispuesta a huir sin rechistar. Todavía sentía que se nos escapaban muchas cosas, pero era el momento de analizar. Primero debíamos ponernos a salvo y, después, tratar de pensar en nuestros siguientes pasos, sobre todo ahora que la vida de Yamamura corría peligro. Todo era un caos de llamas que me impedía pensar en lo que acababa de ocurrir. Solo esperaba que esto acabase aquí y que no hubiera más sorpresas por hoy. Junto con Jolyne y Tobías, salí de allí por fin.

Info
[Imagen: 8Rsjucn.png]

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 697 + 0 = 697
Energia: 2579 + 36 = 2615
Espiritu: 160 + 78 = 238
#26
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 798 - 2500 = -1702
Energia: 2485 + 0 = 2485
Espiritu: 1960 + 0 = 1960
#27
La explosión de todo el complejo laboratorio de Utakata se desencadenó sala por sala siguiendo de cerca a los Alas Negras que escapaban del lugar por los pelos, más justos que la costura del mawashi de un sumo. Una a una las salas científicas ardían con ese protocolo de destrucción generado por la abrupta explosión de una fuente de poder tan alta como MDU01 en un núcleo tan delicado como la Cámara Central. Un suceso de acontecimientos que daba a que los años por delante que Utakata estaba de la civilización ordinaria se perdieran en parte, como todos sus progresos e investigaciones, así como sus materiales, armamento y demás avances científicos. Una perdida tal y de tal magnitud que sólo la existencia de aquel sótano que MDU01 había mencionado paliaba en parte. Esa 'copia de seguridad' que el científico guardaba de si mismo, con su cuerpo que acabaría regenerando un cerebro nuevo y volviendo a ser una amenaza. Ese lugar en el que estaban guardados los más celosos, delicados y peligrosos experimentos del genio científico.
Un lugar que esperaría hasta el mañana, por tardío que fuera, para ser descubierto.

La explosión acabó empujando y catapultando a los Alas Negras hacia la zona entre las dos puertas de los dos muros cuando estos salieron del L.A.B.O. y aterrizaron sin delicadeza ni cuidado sobre el firme suelo terroso, observando si se giraban sobre si mismos cómo se venía abajo la edificación y cómo el laboratorio pasaba a ser un amasijo de hierros, cables, chapa, metal, acero, plásticos y un sin fin de materiales que se amontonaban sobre la única entrada al "tesoro" que podían rescatar haciendo aun más difícil el acceso a esto. Les tomaría semanas o meses poder despejarlo todo y localizar el punto de acceso, pero eso no era lo importante ahora.

Lo importante era el aleteo que se escuchaba en la distancia, un aleteo errático, sucio y poco refinado, sumado al cacareo extraño de un animal rechoncho y torpe que, con un camaleón tímido subido a su espalda, se acercaba dando saltos inconexos tratando de volar sin éxito. Jimba, la guardiana del Solar Karma, el barco de los Alas Negras, acompañada de Pascal el camaleón de Tobías, se habían armado de un valor que normalmente no tenían y habían abandonado la nave para dirigirse a ayudar a sus compañeros en una situación en la que sabían que sus vidas corrían peligro, alertados por la primera de las explosiones.

[Imagen: x4UbxWC.png]

Y así, con Tobías en el suelo recostado sobre su propio brazo, Kenzo tumbado agarrando a un Garnet inconsciente, y Jolyne medio enterrada en el suelo de la entrada sólo con los pies por fuera, Triana se alzaba y se ponía en pie observando las últimas explosiones y los últimos derrumbes, mientras ambos animales se reunían con ellos.
Todos habían sobrevivido, y ahora eran los amos y señores de Punk Hazar: la cuna del conocimiento.



Mientras tanto en Marineford


— ¡Con su permiso señor! — un recluta irrumpió en el despacho del almirante Akasaru, Markus Whitend, con tanta prisa como miedo — ¡Es terrible! — dijo y se cuadró perfectamente. Por supuesto, el mensajero era humano — Señor, reportando desde la unidad de inteligencia. Punk Hazard ha sido tomado por los Piratas Alas Negras y el Doctor Utakata y sus unidades de combate MDU han sido destruidas, señor — reportó con la voz temblorosa.
Markus abrió los ojos de par en par y se quitó sus gafas de sol, levantándose de la silla y dejando de contemplar su brazo robótico. Miró fijamente al soldado y no dijo palabra — Ha activado el protocolo sesenta y seis y ha enviado un vídeo con todo el suceso, tenemos todas las imágenes del incidente con audio y a todo color — añadió el soldado, tragando saliva al final.

Markus apretó las gafas en su mano y las destruyó sin contemplaciones, empezando a respirar agitadamente. Tras unos segundos se calmó, se sacudió la mano contra el pantalón y abrió el cajón de su escritorio sacando otras gafas idénticas y poniéndoselas en la cara de nuevo, pasando junto al recluta — Contacta con Impel Down, vamos a darles una lección a esa chusma — dijo, apartando al soldado a un lado con extrema facilidad desplazándole con la mano, saliendo de la habitación con una sonrisa de medio lado y una expresión de determinación.

— Diles que el Almirante Markus Whitend ha autorizado la ejecución de Yamamura —




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