Me sentía uno con la música. Era algo tan intrínseco en mí que no era necesario pensar para moverme, solo tenía que dejarme llevar. Las luces iluminaban al público de forma intermitente, como flashes, convirtiendo lo que veía en fotografías de excitación y jolgorio. Veía pancartas con mi nombre, caras pintadas con mis colores representativos (morado y verde), ancianas y niños bailando. Bueno, los veía y a la vez pasaban por mi retina como quien oye el rio correr. Quisiera o no, por mucho que infringiese mi pacto personal de darlo todo en el escenario por mi público, mi mente estaba en otra parte. Estaba colina arriba, lejos del sendero de tierra, en una villa abandonada engullida por la naturaleza.
Mientras actuaba, algo extraño captó mi atención y me arrancó de mi abstracción: una sombra encapuchada que se deslizaba entre el público. Debido al ruido y a la emoción, no mucha gente parecía percatarse de su presencia, pero desde mi perspectiva era un blanco fácil. ¿Quién era? ¿Había venido a verme o huía de algo ajeno totalmente a la actuación? Tenía una extraña corazonada y, aunque todas las probabilidades fuesen en mi contra, iba a hacerle caso. Seguí bailando con naturalidad, pero sin perder de vista a mi misterioso objetivo. Durante mis actuaciones, Frank gustaba de usar backdancers para mejorar la estética del baile y dotarle de mayor dinamismo, pero al tratarse villa Syrup de un lugar tan pequeño y “cercano” a mi persona, pensó que el salir yo solo generaría un mayor sentimiento de cercanía entre la gente. Debía darle la razón, puesto que frente a mí la muchedumbre se agolpaba sobre las vallas de seguridad como agua que empuja los muros de una presa.
Cuando la música acabó, volvió a cobrar protagonismo el ensordecedor grito del público. Me incliné en señal de agradecimiento y extendí mi brazo para saludar a la gente que coreaba mi nombre, iluminada por los intensos focos colocados sobre mí. Mi pecho se expandía y contraía rítmicamente a causa de mi agitada respiración; bailar y cantar a la vez era más difícil de lo que se podría pensar. Mis ojos se deslizaron sobre el público, siguiendo la errática ruta que la sombra encapuchada había seguido durante la actuación, hasta parar en uno de los laterales de la plaza. Era muy improbable que fuese ella, pero no podía dejar aquella duda anidar en mi mente y que me carcomiera por dentro, por lo que no me quedaba más remedio que bajar por el lateral del escenario y escabullirme entre las sombras.
- ¡¡Unos minutos de descanso y enseguida volvemos con Aspros!! ¡¡Que no pare la fiesta!! -anunció el comentarista. La gente, animada hasta los topes, exclamó su jubilo y comenzó a dispersarse hacia los puestos de comida y los bancos. Tal vez yo fuese la atracción principal de allí, pero si uno quería era fácil pasar desapercibido entre tanta gente y movimiento. Para no ser visto, en lugar de seguir el camino principal, decidí recorrer el sendero tras las casas que lo lindaban. Por allí no había nadie, solo la paz del campo, un artista dado a la fuga y un misterio sin resolver. Una vez me encontraba lo suficientemente alejado del punto neurálgico del festival, me escabullí por el lateral de una humilde casa de campo para entorpecer el paso del encapuchado.
- ¡Espera! -clamé. Ahora que me encontraba frente a su figura, sabía que no podía tratarse de Caroline por la enorme diferencia de complexiones, pero tal vez esa persona tuviese algo que ver con el incidente de hace dos años- ¿Quién eres… pajarillo?
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo, ¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.
Con determinación seguí el camino que me alejaba de la bulliciosa plaza central. En mi huida podía notar cómo alguien me perseguía con insistencia, tal vez una de las víctimas del Capitán Barks. -¡Espera!- gritó el desconocido. Para cuando me quise dar cuenta, lo tenía en frente de mis narices.
-¿Quién eres… pajarillo? – me preguntó. Ya había oscurecido bastante y solo iluminaban tenues luces de casas alejadas, pero era suficiente para poder reconocer a Aspros como el perseguidor desconocido. ¿No se supone que tendría que estar ahora en el escenario? ¿Qué haría allí? Y lo mas importante… ¿pajarillo? ¿sería una especie de código? Tal vez haya venido a encontrarse con alguien con ese nombre. No me gusta ser malpensada, pero cientos de actividades delictivas se pasaron por mi mente.
-Eh… creo que te equivocas, yo soy Jolyne-. En ese momento salieron ladridos de debajo de la “capa”. Era el Capitán Barks, que asomó su cabeza para ponerse a jadear.
Miré con cara de preocupación. Un artista que sale del escenario para encontrarse con alguien en mitad del campo era cuanto menos sospechoso y una gira sería una tapadera muy conveniente para realizar actividades ilegales en varios sitios. Ante el miedo de meterme en problemas, solo tuve que intentar aliarme con el peligro.
- Sé lo que piensas, pero no te preocupes. Aunque no soy la persona a la que estás buscando, no voy a decir nada, puedo guardar secretos muy bien. Lo último que querría es involucrarte en todo esto, ya sabes. ¡Pero no hay nada de qué preocuparse!, soy una tumba. De hecho, una vez pillé a mi amiga Helen intentando hacer un concurso musical con gallinas y yo no dije nada. Tú feliz, yo feliz (y viva).
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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli
Plantados en medio del camino, nos rodeaba la nada y el silencio. El confuso discurso de la chica me dio a entender que tal vez, y solo tal vez, fuese demasiado extraño abordar por la noche a alguien para interrogarle; por muy famoso que fuese era raro, en el mal sentido. ¿Guardar secretos? ¿Una tumba? No la entendía, pero tampoco tenía la necesidad de negar nada de lo que me estaba comentando.
- Ah, pensé que… -mi decepción era palpable y es que, aunque supiese desde un principio que aquella persona no iba a ser Caroline, no me esperaba a alguien tan joven bajo esa capucha. Parecía tener una edad próxima a la mía y eso quería decir que era poco probable que supiese algo del incidente de hace dos años: si no lo sabía la gente más mayor de la zona, ¿cómo iba a saber algo ella?- Qué fastidio -solté, pero agité rápidamente mi cabeza para retractarme de lo que acababa de decir, ya que podía ofender a la chica pelirosa y a su peludo amigo, que asomaba de forma burlona por entre los pliegues de su capa. Sus pequeños ojos negros brillaban con la luna- Conque este es el famoso perro, y tú la llamativa chica conocida en la villa…aish -suspiré una amarga mezcla de decepción y comicidad, puesto que en ningún momento me había acercado a obtener algo de información sobre los asuntos que me traía entre manos.
Miré sobre el hombro de la chica, Jolyne, en dirección al escenario, donde en breves tendría que hacer acto de presencia y retomar el concierto. Me sentía muy alejado de allí en esos momentos, tanto física como mentalmente. Debía centrarme en lo verdaderamente importante y no dejarme llevar por mis impulsos. Yo no era detective, era artista, o al menos era lo que quería llegar a ser. Pero ahí me encontraba, plantado en medio de la nada frente a una chica confusa y su perro mordedor.
- Discúlpame, te he confundido con otra persona -me incliné como muestra de sinceridad y me marché dirección a la plaza, no sin antes decir al pasar por su lado- Suena interesante lo del musical con gallinas, nadie se lo esperaría.
Tras esa noche, las noticias sobre el espectáculo en villa Syrup surcaron el globo. A pesar de tratarse de un mero espectáculo en un punto remoto del East Blue, la gente lo aclamó como una nueva forma de arte. Yo, Aspros, estaba consiguiendo poco a poco una enorme cantidad de fama, pero me quedaba mucho por aprender. A modo de disculpa por lo ocurrido la noche anterior, hice enviar un paquete de merchandising de la gira a una tal "Jolyne" en la villa, con la nota:
Realmente no sé si eres fan mía. Tal vez pueda gustarle más a tu amiga, la de las gallinas.
Aspros
Sentado en mi camarote, rumbo a nuestro siguiente destino, sostenía las cartas que había recogido del abandonado buzón de Caroline. Las miraba y me recreaba en su tacto terroso, en sus diversas formas y tamaños, en lo que representaban; pero no me decidía a abrirlas.
- Ahora no.
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo, ¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.
18-08-2023, 02:33 AM (Última modificación: 18-08-2023, 12:27 PM por Jolyne Jones.)
Me quedé mirándole fijamente esperando su respuesta, pero su cara de decepción me dejó pensando que tal vez había sacado conclusiones apresuradas de lo que estaba pasando. Se le veía realmente desilusionado, a lo mejor sí que estaba buscando a alguien. ¿Un amor del pasado? No era experta en esas cosas del corazón y ni falta que me hacía.
Por lo que dijo, quedó claro que había oído hablar de mí y del Capitán Barks, quizás por los vecinos chismosos. Quién sabe qué historias le habrán contado, seguramente puras patrañas. Me sorprendió cuando me pidió disculpas por haberme confundido. Después de sus palabras, no me pareció mala gente. Antes pensaba que todos los artistas serían como Helen: altaneros y malhumorados, pero él parecía sincero y de buen trato.
Hubiera deseado decirle algo, pero justo cuando estaba a punto de hacerlo, noté que tenía la mente en otro lado. Además, tendría que regresar a la plaza para continuar su actuación. No me pareció el momento ni el sitio adecuado para seguir charlando. Le lancé sonrisa de empatía y el Capitán Barks alzó las orejas, volteando la cabeza como si no entendiera. -Espero que le vaya bien en su gira y que encuentre lo que anda buscando- rumié.
Durante el camino de vuelta, me puse a pensar en todo lo que había pasado a lo largo del día. Estaba claro que no había sido un día ordinario. La vida siempre da sorpresas; un día estás cazando ratas con una red y al siguiente estás charlando con una estrella en potencia. Si hay un motivo para que yo salga de la isla, no va a ser por lo que me cuente Aspros, ya que el tendrá sus propias razones. Tengo que buscar las mías.
Al llegar a casa, mis padres ya estaban enterados de las andanzas del Capitán Barks, probablemente gracias los chivatos de siempre. Las cosas en este pueblo corren más rápido que las gallinas al ver el alpiste.
Después de unos días me dijeron que había un paquete a mi nombre; cuando lo abrí encontré una camiseta, un abanico con la cara de Aspros, pulseras de colores y un palito que brillaba. Pensé en restregárselo por la cara a Helen, porque seguro que se pondría verde de envidia, pero leí la notita que lo acompañaba. Terminé cambiando de parecer y se lo entregué, aunque la muy tonta no me dio ni las gracias.
La cosa en la granja siguió como siempre y estando en mi habitación, mirando el cartel que tenía colgado, me puse a pensar: vaya tipo más raro ese Aspros. Me daría gusto toparme con él otra vez en el futuro.
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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli