[Pasado] El Alfa y el Omega
#1
45 de Verano, Año 11
Pueblo Kakutasu, Isla Toko, Corriente Daiya - 13:54 a.m.

El sol castigaba con fiereza las calles del pequeño pueblo de Kakutasu. 
El verano, a cerca de la mitad de su duración, golpeaba implacable en todo aquel insensato que se atreviera a pisar sus calles. Calles que en cualquier otro momento del día podrían estar llenas de pueblerinos que van de lado a lado cumpliendo sus tareas diarias, ahora se encontraban vacías y ausentes de vida. Todo ser viviente que apreciara su vida y tuviera un mínimo de auto conservación se encontraba resguardado en casa, en algún bar o similar. Todos menos aquellos a los que no nos importa mucho el clima. Me encontraba transitando por las calles del pueblo, pensando y divagando. Aunque el calor no era molestia, había dejado mi característico abrigo azul en el motel y solo portaba mi camisa sin mangas. Shimei Kaeru estaba, como era habitual, en mi cinturón al lado izquierdo y ni ella ni yo teníamos muy claro qué hacer. Ya llevaba un tiempo desde que adquirí los poderes de la fruta del diablo que conseguí afanarle al párroco Blackmore y desde entonces, había tenido tiempo de practicar como realizar movimientos más rápidos y complejos, pero no todo lo que hubiera querido. Quizás porque no hubo oportunidad de solventar todo lo que aquel fatídico día causó.
 
En mí seguía el objetivo de crear un gremio con alguno de los Cazadores sobre los que leí en el periódico, Taka y Sohem. Sin embargo, la muerte de Taka me había dejado con una única posibilidad: Sohem. No había nadie con una reputación similar que pudiera ser un compañero con el que fundar un gremio. — Si yo fuera un loco con máscara, ¿dónde iría? — pensaba mientras miraba las fotos de los cazadores en el periódico mientras caminaba por la calle central, dirección a la oficina del Sheriff. Ya había oído de los habitantes del pueblo que se le ha podido ver por la zona y que incluso se había dado el lujo de entregar a un pirata en las dependencias. Al parecer el enmascarado ya había hecho sus primeros movimientos y aunque yo había tenido mis enfrentamientos, no había logrado cobrar ninguna cabeza desde que llegué al Grand Line, pero mi suerte iba a cambiar.
 
Tardé unos minutos más en llegar a la oficina del Sheriff y me dispuse a buscar el tablón de anuncios y recompensas de criminales. Estaba claro, si no encontraba al cazador cerca de las presas, al menos el viaje me acercaría a las presas. Beneficio pase lo que pase. El tablón estaba lleno de caras poco conocidas. — Parece que los piratas ya no son lo que eran... — murmuré mientras rebuscaba entre los carteles de recompensa, buscando alguna cifra interesante que mereciera la pena sudar un poco. El único que merecía la pena era un pirata alado con nombre de letras sin sentido, pero por lo que había leído era el cabecilla de una tripulación y, volviendo al mismo problema, no podía enfrentarlos solo, no sin un plan, y quizás ni así podría. Necesitaría alguien me cubra las espaldas y que soporte luchar a mi lado. Resoplé decepcionado mientras retrocedía un par de pasos y cruzaba mis brazos, mirando el tablón con algo más de perspectiva. Lo que sentía mirando las caras de los criminales era puro hastío.
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#2
Un buen día. Las experiencias de las aventuras del pasado construyendo los cimientos del presente de cara a un futuro glorioso. Un futuro en el que el gremio que acababa de fundar se ganaría a sangre y fuego una reputación que haría sacudir el mundo y su nombre resonaría en todos los rincones de cualquier mar. O al menos esa era la intención, pero era un sueño lejano, una carrera de fondo. Aun así lo primero era lo primero: Tenía que encontrar socios que cooperasen conmigo para poder incrementar nuestras oportunidades comerciales... necesitábamos personal, dinero, infraestructura, poder... Obviamente eso no salía de la nada. Habría que empezar por dar un par de buenos golpes, acumular fortuna, encontrar un territorio interesante con posibilidades de desplazamiento, hacerme con un grupo de personas de confianza para conquistar dicho lugar y establecernos y usar el dinero acumulado para edificar un comienzo y financiar el proyecto... Con eso ya sería suficiente para establecer un inicio, un comienzo, y que la gente se aproximase por su propia cuenta y vinieran por sus propios pies a pedir unirse a mi nuevo imperio. Sería la pescadilla que se muerde la cola, y cuando fuera lo suficientemente grande y poderosa y contase con los suficientes recursos, hombres y mujeres poderosos, empezaría a mermar la competencia: Primero trabajaría en aplastar y absorber gremios más pequeños, recién iniciado o directamente aquellos con menos recursos que nosotros. Después, acabaría con los competidores directos que tuviese antes de empezar a absorber las demás organizaciones y cuando tuviera un puesto en el podio junto a los grandes titanes reinantes... no sabría por donde empezar, si los Crusaders. o All Hunt.

Pero todo esto eran fantasías, divagaciones, alucinaciones de una mente emprendedora y creativa que navegaba en busca de las posibilidades de un futuro sin saber que cuales quiera que fueran sus planes, siempre sucederían de las formas más dispares, contrarias o inesperadas.

Estaba sentado en la taberna de Kakutasu, bebiendo una gran jarra de zumo de color amarillento con una pajita que colaba a través de los agujeros de mi casco. Estaba solo, en la barra, en un lateral con la espalda hacia la pared, controlando por mi diestra la única entrada del lugar. En la taberna además de mi había un mesonero, mesas, clientes y cristalería con bebidas varias. Tras mi encuentro con aquella cría gigante descubrí que el barco que se suponía mío y esperándome ya no estaba en las costas de la isla - posiblemente fruto de algún robo de alguien más, o de los propios Marines - así que estaba de nuevo sin transporte abandonado en una isla cualquiera, esperando poder contar con la ayuda de algún barco civil, de mercancía, del gobierno o tener algún golpe de suerte. Los acontecimientos de los Cabos Gemelos me habían cambiado y mi estancia en esta isla había reforzado mi nueva confianza en mi mismo, y si el Sohem que entró en esta isla no es el mismo que conseguiría algún día salir de ella, el que llegó a aquellos cabos no era ni la sombra de alguien que se le pareciera un poco.

Di un largo sorbo a mi pajita. Estaba dulzón y muy rico aquel zumito.
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#D86700
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#3
Harto de rebuscar entre los carteles de se busca, terminé por arrancar dos de ellos: Uno, el del pirata de los Alas Negras, el capitán Y.L.C.Y.3, ciento treinta y tres millones; y otro, Nimda Leyos, dos cientos ochenta millones de berries. Este ya lo había oído mencionar durante mi tropiezo con los Dalton. Blackmore debía ser algún tipo de subalterno de Leyos y este tenía una cuantiosa valía por su cabeza. O sus branquias, visto lo visto por la foto del cartel. Quizás era algo que se escapara a mi alcance ahora mismo, pero… quién sabe si acompañado. Había muchos nombres interesantes y cifras suculentas, pero, seamos honestos, me falta información. Y ahora que lo pensaba, no sería mala idea sentarse y anotar todo lo que he ido descubriendo en mi estancia en Toko. Debería anotar cosas sobre Murray y su compañero. Las últimas páginas de mi libro de poesías, que estaban en blanco, podían hacer las veces de cuaderno de bitácora para anotar cualquier tipo de dato importante de cara a la caza. Si hay algo que aprendí de Vinro es que el conocimiento es veneno, pero gana batallas, así que me dispuse a sentarme en algún sitio a beber y comer algo mientras organizaba mis ideas.

Las calles permanecían absolutamente vacías y ni un alma podía verse. De camino a la taberna, leyendo mi libro, iba recitando en voz baja algunas de las poesías. Me relajaba cuando estaba terriblemente frustrado. Llevaba tiempo dando vueltas y tenía que abandonar ese lugar. Ya tenía un barco, solo necesitaba dos manos hábiles que lo manejaran y lo llevaran de puerto en puerto, de presa en presa. ¿Acaso pedía tanto? — Tigre, tigre, que te enciendes en luz... — recitaba en voz muy baja mientras llegaba a la taberna y abría, empujando con la zurda las puertas de bisagra del lugar. Una leve mirada que se alzó de mi libro para divisar el ambiente. Solo por el ruido y la vista periférica podía imaginarlo, el mesonero y los clientes habituales. El ambiente animado de la taberna local, y más en un día caldeado como este, que invita a refrescar tu gaznate con algo frío. Me acerqué sin prisa a la barra — Batido. De fresa. — dije mientras me giraba y apoyaba las lumbares en la barra, sin dejar de leer hasta finalizar el poema. — ¿qué ojo osó idear tu terrible simetría? — finalizaba mientras alzaba por primera vez de manera total mi mirada del libro para barrer con la cabeza todo el local hasta divisar un sujeto en un extremo de la barra. 
 
Estaba sentado sin acompañamiento, con la espalda cubierta y bebiendo algo con pajita. Un hombre de metro setenta, quizá algo más, ataviado con un abrigo militar verde y un reconocible casco blanco lleno de agujeros. Sin dejar de mirarle ni cambiar mi gesto, cerré el viejo libro decorado con la V dorada que portaba con la diestra, plegándolo bruscamente y guardándolo en mi bolsillo interior del abrigo. El mesonero dejó el batido en la barra y tras soltar unos berries, lo cogí con la zurda y comencé a andar hacia el enmascarado hasta acercarme al taburete más próximo y me senté. — Lo siento, no hay más sitio. — dije, con cierto tono burlón mientras miraba de reojo al bar que tenía sitio más que de sobra — He oído por un Marine con bigote que se te da bien cazar. ¿Buscas aliados? — concluí pasando el batido de la mano zurda a la diestra y ubicando el antebrazo izquierdo sobre Shimei Kaeru, abriendo ligeramente mi abrigo. — Pensaba que era más alto... — pensé. 
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#4
Pareciera que la vida no parase de ponerme clavos en el camino... por suerte tenía un martillo para apuntalarlos a todos.
No me había dado cuenta de cuando había entrado al bar, y la verdad es que me era completamente indiferente: sólo quería tomarme mi puto zumito tranquilo. Pero de entre las personas del local, un tipo algo más alto que yo - que visto lo visto medir cerca de dos metros tampoco es que fuera una locura - con un pelo blanco platino y una gabardina larga y azul - odiaba el color azul - se acercó hasta mi en la barra. Vino directo a sentarse a mi lado portando consigo un libro con el número cinco y un brebaje rosa, diciendo que no había más sitio. Solté la pajita dejando que saliese del agujero de mi casco por el que estaba introducida y alcé la cabeza un poco, irguiendo la espalda y mirando en derredor, observando la cantidad ingente de sitio que la taberna ostentaba para aquel remilgado o quien más fuera — ¿Seguro? — me limité a decir automáticamente mientras se sentaba, con la voz algo ronca por no haber hablado en varias horas con nadie. Entonces aquel tipo, con esa fina y delicada cicatriz sobre el ojo derecho, y su espada en la cintura decidió ir completa y directamente al grano conmigo, diciéndome que había oído de boca de un Marine con bigote que se me daba bien cazar. El marine con bigote podría ser cualquiera - pues los bigotes estaban muy de moda - y no era capaz de recordar si había conocido a algún Marine con bigote recientemente, pero si que era capaz de recordar que había llegado a esta isla con un grupo de ellos y que Joe y su enorme y frondoso vello nasal incipiente podrían encajar con la descripción de un "marine con bigote". Fruncí el ceño tras mi casco, alzando ligeramente una ceja ¿por qué cojones iba a estar Joe hablando con nadie sobre mi y mis capacidades? ¿acaso ese picajoso estirado seguía con el culo torcido por nuestra despedida al cobrarme el favor llevándome a Papagondi? ¿había mandado a este pijo a tratar de hacer algo contra mi?. Mis ojos se movieron rápido hacia su cintura, su mano, su cara y su tren inferior en ese orden, buscando tener cierto espacio visual sobre el que poder obrar en caso de necesitarlo. Pero finalizó su frase preguntándome algo que me hizo, cuanto menos, sospechar aun más. ¿Que si buscaba aliados?

 — Se me da mejor matar — contesté abiertamente y sin rodeos, como él interactuaba  — Así que aparta la puta mano de la espada si no quieres que se caldee el ambiente — le advertí, mientras el zumo del vaso que sujetaba con la mano comenzó a burbujear y gorgotear mientras desprendía cierto vapor causa de haber aumentado la temperatura del mismo — No se quién te envía ni qué esperas conseguir de mi, pero hoy no es el día guaperas — le advertí, dirigiendo la mirada completamente hacia su cara, y si trataba de mantenerlo, podría llegar a ver mi ambarinos ojos tras los agujeros del casco gracias a la luz que entraba en la estancia — Tengo un papel carísimo del Gobierno que no puedo usar porque no tengo un barco, así que se breve y no hagas que me desquite contigo — advertí a tiempo de que tanto el camarero como algunos de los más próximos comenzaron a notar el calor en el ambiente, mientras el contenido de su vaso empezaba a burbujear ligeramente.





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#5
Directo y al hueso.
Joe no había hecho un gran despliegue de detalles al referirse a Sohem. Solo que tuviera cuidado y que se calentaba con facilidad. No supe a qué se refería todavía. El cazador, que dejó salir la pajita por la que bebía de su vaso, espetó firmemente que se le daba mejor matar que cazar. Curiosa elección de palabras. Sobre todo porque matar no es condición sine qua non para la caza. No obstante, era bastante obvio que Sohem era un tipo brusco, incluso para haberle abordado como lo hice. No es que me importe. Cuando me amenazó ordenando que quitara la mano de Shimei Kaeru su voz se tornó seria y, curiosamente, el vaso que aún sujetaba comenzó a burbujear, hirviendo y echando vapor. Arqueé mi ceja y miré de reojo, al vaso y a la máscara, lentamente. — Usuario. — sentencié mentalmente. — Así que a esto se refería el Marine. — Parece que el afamado cazador enmascarado tenía el día torcido y la razón no era ni más ni otra que estar varado en Toko, sin posibilidad de salir por no tener un barco. Durante sus palabras, dentro de los diminutos agujeros de su casco, pude divisar dos brillos de color ámbar, dos pequeñas ventanas al alma que se asomaban de manera feroz a través de los agujeros. Tras sus palabras, el calor en la sala aumentó. La gente comenzó a mirar a todos lados buscando la causa y, no sería cuestión de demasiado tiempo que dieran con el origen de la energía calorífica. Ya tenía claro, gracias a Joe y a esto, que era obra suya y que su poder iba más que acorde a su temperamento. O quizás era al revés. No es que me importe.


 
— Pues la verdad, a mí también se me da bien. — inicié mientras levantaba la mano de la katana y la llevaba al vaso de batido que, tal y como el suyo, estaba comenzando a acercarse a la temperatura de ebullición. — Supongamos que yo tuviera un barco. — proseguí mientras lo levantaba por encima del nivel de mis ojos ligeramente y trataba de mirarlo a trasluz frunciendo el ceño, como tratando de enfocar. Al mismo tiempo, comencé a cambiar mi morfología, creciendo en tamaño y peso, volviéndome completamente blanco debido al pelaje del lobo y dejando que la cola quedara bajo mi largo abrigo, recogida, mientras todo el ambiente se enfriaba a una temperatura considerablemente normal, debido al contraste entre Sohem y mío propio. — Y supongamos que estuviera buscando un Gremio al que unirme. — dejé el vaso, que ahora portaba agarrando con mis afiladas garras, en el borde de la barra y con total confianza, alargué mi mano derecha con un gesto calmado y amarré el suyo para, acercando ligeramente mi tronco al frente sin dejar de mirar la máscara, dar un fuerte soplido en dirección al líquido ya prácticamente derramándose por las crecientes burbujas fruto de la temperatura. El soplido, cargado de mi gélido aliento, enfrió el contenido del vaso al instante, dejando una fina capa de vaho sobre el cristal en el exterior. — ¿Qué me dices? — finalicé soltando el vaso y reclinándome hacia atrás, mirando a los agujeros que hace unos instantes revelaron sus ojos, mientras inclinaba mi cabeza hacia abajo y miraba por el borde superior de mis ojos, con una sonrisa irónica.


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#6
El calor nunca fue mi fuerte, la desagradable sensación del sudor deslizándose por mi piel, volviéndola pegajosa, sumado al nauseabundo olor que ello provocaba. Por mucho que llevase un vestido de un tono verde pálido pensado para resultar precisamente refrescante en los días de más calor, que dejaba al descubierto mis piernas por debajo de las rodillas y que, solo cubría la zona inmediatamente inferior a los hombros, dejando al aire tanto el cuello, los propios hombros y unos centímetros de escote; acompañado de un parasol de un tono tirando lavanda que me resguardase del intenso calor y protegiera mi piel del incesante sol, además de un rifle cuya correa cruzaba mi torso en diagonal. Desde luego haber huido sin mirar el destino del barco al que había subido era la peor decisión que había tomado en los últimos años, de haber sabido que acabaría en este secarral habría preferido quedarme en mi isla y soportar los rumores que se cernían cada vez con más asiduidad sobre difunto marido y sobre mí... O tal vez no, algunos ya se acercaban demasiado a la verdad.
 
Absorta en mis pensamientos seguía mi camino, al menos mientras mantenía ocupada mi cabeza con eso no tenía - no tanto, al menos - la horrible noción del calor en el ambiente que me rodeaba. Aunque eso cambió al pasar por delante de cierta taberna local, ¿El aspecto? No era el más agradable del mundo, seguramente no tuviera nada de mi interés, en cualquier otra situación es más que seguro que nunca le habría prestado atención; pero no era una situación normal. Se juntaron mi necesidad de una bebida fría con la agradable sensación de frescor que bajo la puerta se filtraba al exterior, no sabía qué podían tener dentro que aplacase el calor de forma tan eficiente, pero, honestamente, no me importaba. Abrí la puerta con la punta de mi parasol mientras lo plegaba y acomodaba en mi brazo derecho, este estaba flexionado, haciendo que mi codo formase un ángulo de aproximadamente 90º para que sujetase, además, un pequeño bolso blanco con detalles dorados. Fui andando a la barra del local ignorando a todos los del local, aunque fue difícil pasar por alto al... ¿Qué era eso? ¿Un tigre, un lobo? Bueno, mientras no se me acercase me daba igual. Alcé mi brazo derecho para poder tomar con la mano izquierda mi bolso, abriéndolo y sacando una moneda. — Hagamos una cosa, no sé qué habrás hecho para tener este sitio de mala muerte con esta temperatura tan agradable, pero me gusta. Te propongo un juego, lanzaré esta moneda al aire, si sale cara me invitarás a una copa... — mientras hablaba había tomado asiento frente al barman, acabando por mirarle con la mirada más adorable que pude para intentar conseguir una bebida gratis. — …pero si sale cruz yo invitaré a todo el mundo a una ronda de lo que sea que estén bebiendo. — mi mirada se tornó desafiante mientras con la ayuda del pulgar empujé la moneda, haciendo que esta empezase a girar y a elevarse, a los pocos segundos cayó sobre mi palma y rápidamente la giré para dejar caer la moneda contra la barra, tapándola con mi mano. — ¿Apostamos? — una picara sonrisa se dibujó en mi cara, esperando la afirmativa del barman. Este afirmó con la cabeza, mirando con detenimiento el movimiento de mis dedos para acabar por sorprenderse con el resultado, resulta que la fortuna le había sonreído. Con un eufórico grito confirmó que la próxima ronda corría de parte de la señorita de cabello morado.
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#7
Mi amenaza surtió un claro efecto disuasorio en aquel guaperas que levantó la mano del arma con tranquilidad. Mejor.
Dijo que a él también se le daba bien matar.... y eso habría que verlo. Por más espadas que portes o cicatrices tengas, yo si no te veo hacer una cosa no me creo lo bueno que puedas ser en ella. Claro que mis propias afirmaciones se sustentaban en mi propia experiencia y razonamiento y bien podría él hacerlo con las suyas propias, pero me importaba una puta mierda, siendo honestos. Eran alardes al viento hasta que me demostrase lo contrario.

Entonces optó por virar el rumbo de la conversación de una forma que consiguió llamar mi atención. Planteó la hipótesis de que él si tuviese un barco, mientras alzaba el vaso prácticamente hirviendo entre nuestros dos rostros — Te escucho — dije justo al tiempo en el que su cuerpo comenzó a mutar y a cambiar de forma, adquiriendo pelo y ciertas facciones lupinas, alargando su cara en un hocico con colmillos, adquiriendo garras en lugar de uñas y aumentando su altura y su envergadura ligeramente, además, equilibrando por completo la temperatura que estaba desestabilizando con el poder de mi fruta — ¿Por qué no paro de encontrarme con putos animales? — me preguntaba mientras le miraba desde el anonimato de mi casco, alzando la cara para mirar hacia arriba debido a su tamaño. Entonces dejó el vaso en la mesa, cuyo movimiento vi por el rabillo del ojo pero sin prestar especial atención al no apartar la mirada de él. ¿Me estaba retando? Tenía alguna capacidad para mitigar el calor que emanaba pero ¿podría con toda la potencia que podía emitir?. De nuevo divagaba, y sus palabras me trajeron de vuelta. En esta ocasión planteó la hipótesis de que a lo mejor estaba buscando un gremio al que unirse e hizo un extraño gesto para aproximarse a mi bebida y soplar sobre ella, preguntándome por mi opinión al respecto mientras mi reacción inmediata se hacía ver — Oe oe... Es de mala educación interactuar con la comida de los demás — y derramé el contenido de mi vaso, ya templado, entre los dos — Y es una puta guarrada soplarle la bebida a alguien — maticé, terminando de agitar el vaso para que cayese todo — Ahora tendrás que pagar otra — dije, poniéndome de pie y dejando el vaso en la mesa, encarándome a él alzando la mirada muy por encima de mi dada su altura.

En ese instante una mujer con el cabello malva y unos enormes pechos entró esgrimiendo un parasol y se dirigió a la barra, comenzando a hablar con el tabernero, mientras yo seguía ahí de pie frente a aquel tipo. Chasqueé la lengua dos veces — Supongamos que tú pagas esa bebida — le dije — Y después de eso supongamos que si que tienes un barco que entregarme a cambio de poder operar bajo mi licencia de caza — añadí, mientras apoyaba el índice de la mano derecha sobre su pecho — En ese punto y suponiendo que no quieras ser un subordinado, aun me deberías trescientos mil berries como cuota para igualar junto al barco una oferta lo suficientemente cuantiosa como para ser un socio, y no un simple miembro — y le di un ligero empujón muy sutil con el dedo — En ese caso, y sólo en ese caso, suponiendo que se de, aun tendrías que demostrarme quién cojones eres y qué sabes hacer, porque calmar un par de grados de más del ambiente no es una hazaña suficiente como para poder pelear a mi lado — maticé y de pronto un grito del tabernero hizo una explosión de júbilo en todo el local, pues aparentemente la muchacha de pelo lila iba a invitar a una ronda a todos los presentes.
Aquella interacción me pilló de sorpresa, y me hizo relajarme cortando el flujo de temperatura que emitía, sentándome de nuevo — ¡Wryhahaha! — reí — La verdad es que si sabes quien soy y te plantas ante mi con esta parafernalia, o eres muy capaz, o tienes unos cojones enormes, o eres un puto estúpido — y alcé el vaso vacío hacia el tabernero — Mejor dejémonos de teatros. Si te interesan mis condiciones siéntate conmigo y dime quien coño eres. Si no, paga mi bebida y lárgate — finalicé, dejando ahora la pelota en el tejado de aquel hombre.
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#8
Parece que he tocado un nervio...
El enmascarado escuchó mi propuesta sobre el barco y parecía claramente interesado. Ya me había advertido el bueno de Joe que estaba varado en Toko y que no podía salir. Yo era su billete de salida y él era el mío. Matemática simple. Sin embargo, para hablar de tantas cifras, parece que Sohem no era mucho de números. Bien le hubiera venido aprender a usar un ábaco o tener un amigo al que se le den bien las fórmulas, las cuentas y esas cosas. Para su suerte, yo podía ser ese "amigo".

 
Tras dejar bien claras sus intenciones, el enmascarado espetó que debía pagarle. El tío tenía gracia para tener una cara tan... plana. En ese momento todo el local empezó a gritar y reír, algún gilipollas debe haber pagado una ronda. Me levanté del asiento y giré para descubrir a una joven de pelo morado que parecía haber sido la artífice del jolgorio en el local. Pobre muchacha, hay que ser idiota. En fin, quién soy yo para hablar de cómo la gente tira su dinero por el retrete, me he comprado un barco que no sé manejar. Fue entonces cuando Sohem, al que escuché reír claramente detrás de la casi cadavérica máscara, me invitó a sentarme y presentarme si de verdad estaba interesado. Volví a acercarme al asiento, frente a Sohem mientras llevaba mi mano a uno de los bolsillos internos de mi abrigo — No tengo nombre, nací hace dos días... — dije mientras sacaba el periódico en el cual conocí de su existencia y acomodaba el asiento tras de mí. — Es broma. Puedes llamarme V. — contesté con tono desenfadado — Ya me han dicho que se te da mal recordar nombres, así que, por ahora, te valdrá ese. Y por si te cuesta recordarlo... — dije mientras soltaba el periódico abierto y pinchaba con una de mis uñas el dedo índice y dibujaba una V sobre la cara del cazador Taka — llévate esto, por si te entran dudas. — finalicé mientras me sentaba y deshacía mi transformación y empujaba el periódico en su dirección.
 
— Y sabes... — continué reclinándome un poco hacia adelante. — Me parece bien que hablemos claro. Te ofrezco la espada más hábil y leal que vas a encontrar, un barco para que cacemos juntos y un socio — expliqué mientras miraba de reojo a Shimei Kaeru, emulaba unas olas con las manos a la altura de mi pecho y finalmente me apuntaba con los pulgares según iba enumerando — Lo que tiene que quedar claro es una cosa: Tú llevas el nombre del gremio, pero no vas a ser mi superior. No acato órdenes. Ya no. — aclaré volviendo hacia atrás con mi espalda. — Y dicho esto, veo que es tu primer gremio, ¿verdad? Tranquilo, hay una primera vez siempre. Te instruyo: — dije señalando con el índice derecho hacia arriba y comenzando a contar con los dedos de la mano izquierda.
— Un gremio cuesta 10 quilates, eso ya lo sabes, porque lo has creado. Ahora bien, la cuota de mantenimiento está en quinientos mil, si hago memoria, yo que puedo. Por lo que, a no ser que haya pasado tanto tiempo, aún no la has pagado, y sé que no es así, porque todavía no he oído ni el nombre de tu Gremio. Así que solo has desembolsado 10 millones. Bien, esta es mi oferta: Pongo mi navío al servicio del gremio, te pago ahora mismo la mitad de la cuota de mantenimiento para estar cubiertos y en cuanto cobremos la primera cabeza, cinco millones de lo que me corresponda van a tu bolsillo. — concluí chasqueando los dedos en ambas manos y dando una palmada. — Y somos iguales. — maticé con gesto serio mientras recuperaba el batido y daba un sorbo corto, pues, sabía a rayos. Se había cortado la leche con el calor y no valía para nada, así que estábamos en las mismas. 

Periódico sobre la mesa
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#9
Como era de esperar el jolgorio llenó el local en cuestión de pocos segundos, pero de entre todas las que llegué a escuchar fue una, la escandalosa risa de un hombre enmascarado que me resultaba familiar, pero no conseguía ubicar en mi memoria, la que opacó por un instante a todas las demás, era el que estaba hablando con el enorme animal que había visto al entrar. Tras un rato con el barman para pagar todo lo que me había comprometido a pagar pedí información a cerca de lo que estaban bebiendo esos sujetos antes. — ¿En serio? ¿Un zumo y un batido..? — no era, para nada, la respuesta que esperaba del tabernero, pero, mejor para mí. Pedí para mi un té con hielo y un zumo y batido iguales a los que se hubieran pedido antes, había escuchado algo de la conversación, nada especialmente interesante, pero mencionaron dinero, y no poco dinero, eso si hizo que mi interés creciera rápidamente.

Con la mirada más inocente que pude y una cándida sonrisa me planté delante de ellos, creando entre los tres un triangulo casi perfecto para decirles con tono coqueto — Vaamos, no se puede hablar de negocios sin algo de beber, ¿No lo creen? ~ — tras esa presentación tan abrupta adelanté mi torso para interponerme en el campo de visión de ambos, dejando a cada lado las bebidas de cada uno y al volver a mi postura inicial me di cuenta del periódico sobre la barra, miré con genuina sorpresa al enmascarado y de nuevo al periódico. — Así que cazadores de recompensas, recuerdo leer que le fue bien en el East Blue hace un tiempo... — por mi parte poco podría aportar a un gremio como el que parecía que estaban intentando crear, solo algo de dinero, y ni siquiera sería una generosa aportación por mi situación actual, pero tal vez podía utilizar eso en mi favor. — Parece que necesitáis algo de dinero para un proyecto, ¿He oído bien? Yo no tengo demasiado, pero me gustaría formar parte como socia minoritaria. — decidí soltar sin más, quitando de en medio la actuación con la que había empezado mi "charla" con ellos, añadiendo también. — Además tengo buen ojo para las inversiones y mano con los negocios, si no tenéis a nadie que pueda aconsejaros en ese aspecto. — Recuperé de mi brazo derecho el parasol que me había salvado la travesía hasta la taberna, apoyando la punta en el suelo y con sendas manos, una sobre la otra, reposando en el mango de este, dejando mi cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante, especialmente hacia el enmascarado, él había salido en el periódico, él era el importante, él era mi billete a una vida de lujos de nuevo. — Pero seguro que no es tan fácil como eso, ¿Verdad? — ahora era su turno de contraofertar tanto al lobo de los batidos de fruta como a mi, una respuesta que esperaba pacientemente.
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#10
Pareciera que hoy era un día divertido, porque todas las bromas llegaban a mi. El tipo albino se presentó dibujando un periódico viejo y ofreciendo una situación que escapaba completamente de la lógica. Quería, a cambio de aprovecharse de mi licencia de diez millones de berries ya pagada, darme un barco que no llegaría a costar ni un millón - y ni dármelo, compartirlo - y pagarme la primera manutención del gremio - para la que me sobraba dinero - además de tener que repartir mis presas con él a partes iguales excepto la primera, de la cual me regalaría cinco millones. Una basura con la que intentaba igualar ese desembolso inicial que yo había hecho de diez millones. Sonreía con sorna tras mi casco, y estaba justo por responderle cuando una muchacha con pelo color uva apareció junto a nosotros, diciendo que nos había escuchado hablar de aquello y demostrando que parecía estar interesada en unirse como una socia minoritaria a esta - improvisada y sin mi consentimiento - fiesta de unirse a mi gremio. Escuché sus palabras y cuando terminó, chasqueé la lengua y tamborileé con los dedos de la mano derecha una vez sobre la mesa.

— Oe oe... soy un hombre sencillo. Soy organizado, valoro mi tiempo y no me gusta que me tomen por un completo imbécil — suspiré — Así que voy a responderos a ambos y a deciros qué va a pasar aquí, tras lo cual tendréis sólo dos opciones. Uno, aceptáis mi propuesta y tenemos un acuerdo. Dos, no aceptáis y os largáis de aquí para molestar a otro pazguato. Intentad no interrumpirme — y miré a ambos, primero el varón y después la mujer, haciendo una pausa de silencio. Entonces con la mano sobre la mesa, apunté con el índice al peliblanco y comencé — Primero, tu oferta es una puta mierda. Tu , guapito, puedes haber escuchado cosas sobre mi, pero no me conoces. Que no retenga la información de la cara o el nombre de todos los don nadies que me cruzo en mi día a día no significa que no sepa leer un papel y entender lo que dice. Tengo mala memoria, pero no soy gilipollas. — y dejé de señalarle, pero no de mirarle — Y tu oferta es una mierda porque en la situación en la que estamos, yo tengo una licencia de gremio ya pagada, con diez millones como tú bien dices, y tengo dinero más que de sobra para pagar varias cuotas de golpe y un barco propio con el que poder moverme, o en su defecto para poder pagarme un billete a cualquier otro lugar — apoyé el índice en la mesa con un sonoro toque — Así que con nuestras cartas sobre la mesa veo que tú sólo tienes para ofrecer un barco, que yo también puedo conseguir, y yo puedo ofrecer un gremio, que puedo mantener sólo y que tú, por lo que deduzco al no tener ya una licencia, no te puedes permitir pagar — ladeé la cabeza y giré la mano mostrando la palma de la misma hacia arriba — Por lo que no somos lo mismo — añadí, y coloqué la otra mano al lado de la ya mostrada, enseñando las palmas de ambas — Tú me estás buscando a mi, y no yo a ti, porque tú me necesitas. Yo tengo algo que tú quieres y que no puedes conseguir, al menos en la inmediatez, y lo que tú puedes ofrecer a mi me facilita las cosas, porque me ahorran tiempo de gestión y dinero, pero es algo que podría suplir ahora mismo haciendo una llamada... pero soy ahorrativo — sentencié y giré y apoyé ambas manos en la mesa, presionando las palmas contra la madera — Por lo que no estás en condiciones de venir aquí a pedirme unirte a mi gremio ofreciendo un barco a medias y diciéndome que vamos a ser lo mismo, socios incluso, yendo al cincuenta por ciento ¿y sabes por qué? Porque yo tengo una licencia que me permite cobrar la recompensa íntegra que entregue, y tú no. Y voy un paso por delante de ti, te guste o no — entonces miré a la mujer — La señorita lo entiende mejor. Quiere unirse, aporta su parte de dinero, y está dentro — y volví a mirarle a él — Pero parece que no me escuchas... Como te he dicho, trescientos mil berries y el barco, para mi, y serás considerado un socio y no un simple miembro — chasqueé la lengua de nuevo — Si quieres sentirte mejor y más importante, podemos definirlo como que serás un 'alto ejecutivo' del gremio, y estarás por encima de todos a excepción del jefe. Pero el jefe aquí, soy yo. Y no te preocupes por la cadena de mando, sólo quiero que me dejen en paz y que me acompañen si aspiro a una presa que puede darme problemas, nada más — me levanté, despacio y me recoloqué la chaqueta tras esas palabras, tendiendo la mano hacia delante — El barco, trescientos mil berries, y todo lo que cacemos se dividirá con un treinta por ciento para la sociedad, y el otro setenta por ciento restante a dividir entre los que consigan la pieza. Si lo haces sólo, es todo tuyo, sin pagos añadidos, y el gremio se sustentará sólo con ese treinta por ciento de cada captura — y tendí la mano derecha hacia delante, ofreciendo el trato de última instancia con honestidad — Y como miembro más antiguo serás mi número dos — afirmé abriendo un poco los dedos de la mano extendida — Para la dama la oferta se queda en cuatrocientos mil berries, y puede pagarlos a plazos si mientras lo hace se encarga de labores tediosas y cotidianas de papeleo — añadí, con un tono realmente mucho más amable de lo que se podía esperar de mi, ya que, extrañamente, tenía la misma sensación que con Sasha días antes: de esta interacción podía salir algo con potencial.
Si no aceptaba este trato, no habría renegociaciones y tal cual terminase de rechazarlo, saldría por la puerta, me montaría en el primer barco que encontrase y ya me haría con miembros más interesados y con menos pretensiones en el futuro.





Importante
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[Imagen: mz3XEoL.png]
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#D86700
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