+18 Hunter’s Gate – (Evento local) [Presente Absoluto]
#1
12 de Otoño. Año 12.
Cabos Gemelos, Red Line ~ 12:30 p.m.

 
 
El día empezaba a ojos de una persona corriente como cualquier otro: en la isla Oykot, del North Blue, todavía se podía notar como el sol peleaba por dar cierto calor en aquella nueva estación que había entrado como era el otoño. En cambio, en la isla Toroa, en el West Blue, el clima había amanecido frío y con una ligera capa de niebla que se había ido esfumando a lo largo de la mañana hasta dejar un fino manto de nubes, pero estas no interferirían en un posible viaje.
Una semana antes, cuando las tres nuevas promesas piratas del North Blue y el West Blue despiertan de una noche de merecido descanso después de los últimos acontecimientos que han vivido. Encontraron una carta para cada uno en su respectiva embarcación, Maeve y Eaa ven dichos objetos en cubierta, cerca del mástil y Gin en el asiento de su bote de remos. El sobre era de color blanco con el correspondiente nombre de cada uno escritos, usando una caligrafía elegante y refinada en tinta roja oscura, ya seca, dado el tiempo que llevaba escrita. Una vez abierto el sobre, había una hoja de papel DIN-A6 de color beis muy claro - casi blanco - con el siguiente mensaje escrito igual que los nombres:
 
maeve knox

 
Eaa

 
Rapax Gin
 
En este preciso momento os encontráis justo en la entrada de la Reverse Mountain, solo podéis apreciar como las imponentes y rojizas paredes os cortan el paso a excepción de un estrecho canal de agua que sube por aquella montaña. Solo un hábil navegante podía tener la entereza de osar cabalgar aquella extraña obra de la naturaleza que parecía hecha por un mago. En la entrada del West Blue, una modesta goleta llamada La Rémora Fatua se encontraba con dicha vista lista para cruzar tan peligroso camino. Donde más adelante de esta, se podía apreciar como dos corbetas se encaminaban para empezar su ascenso una al lado de la otra, todavía a varios metros de subir. Por su defecto, en la entrada del North Blue dos veleros también se encontraban de cara por aquella extraña puerta que les daba la bienvenida al paraíso para alguno y el cementerio de los piratas para otros. Rapax Gin se encontraba en uno de esos veleros acompañado de una tripulación consolidada de nueve fornidos hombres que llevaban la bodega a rebosar de comida para el banquete. — Te estamos haciendo el favor de tu vida llevándote, así que no toques los cojones. Ni huelas la comida ni hables con mis hombres — aquella había sido las únicas palabras que había podido escuchar Gin en todo el trayecto, que habían sido cumplidas por todos los presentes, quienes solo lo miraban con superioridad y desdén cuando se veían obligados a pasar por su lado. Se lo había dicho quien parecía ser el comandante de aquel barco, un hombre que era prácticamente un armario empotrado de lo alto y musculoso que era, su pelo castaño estaba recogido en una pequeña coleta para que no le moleste en la cara y así ver el impresionante paisaje que se abriría al llegar a la Grand Line.
 
 

información para proceder
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#2
Leyenda


Las cortinas que separaban en dos la pequeña bodega de la Rémora, nuestro hogar, se movían suavemente debido a la brisa que se colaba por el pequeño ventanuco. Terminé de secarme, antes de sentarme sobre mi cama. A mi lado, junto a la ropa limpia, un cartel de Se Busca, dos periódicos y una pequeña carta. Cerré el puño de rabia, recordando la mañana que la encontré, junto a otra dirigida a la capitana, en la cubierta de la Rémora. La enorme emoción que me invadió en el momento y la punzada de dolor al ver que no era una carta de Peteiro. - Ilusa - pensé, mirando al suelo.

Alas Negras, una alianza pirata, Cabos Gemelos, día 12, Y.L.C.Y. 3. Olía muy mal. Bueno, olía bien, demasiado bien, tanto que olía algo raro incluso. Era gracioso en cierto modo, pues conociendo a la capitana, juraría que no iba a querer ser subordinada de nadie. Me sonaban esos dos nombres: Alas Negras e Y.L.C.Y. 3. Tardé un par de días en descubrir de dónde me sonaban, hasta que andando por Ciudad Murkhold me encontré el cartel de Se Busca de aquel hombre. Todo encajó de golpe: El periódico. Tras un poco de investigación y otra visita a la biblioteca, me hice con una copia de la última edición del periódico, pues la anterior edición la guardaba con mucho cuidado en el barco. No todos los días se sale en el periódico. Gracias a eso descubrí que aquel misterioso hombre y su tripulación habían asesinado al Sheriff de Toko (ni la más mínima idea de dónde era eso), y también parecían estar detrás del robo a un lujoso hotel.

Pasaba con la mano derecha por la cicatriz de mi bíceps izquierdo cuando abrí los ojos. Era curioso, pues tras tantos años seguía doliéndome a veces, pero el tacto de la cicatriz resultaba relajante en ocasiones. Tardé un poco más en volver en mí, tras lo que decidí comenzar a prepararme. Me agaché, dejando mi carmesí pelo caer frente a mi cara. Respiraba despacio, separando los mechones. Tras eso, tres mechones, con cantidades parecidas de pelo. - Hoy es un día especial. No todos los días vamos al Grand Line - sonreí, comenzando a trenzar el pelo. Cuando terminé y lo até con aquel trozo de encaje que atesoraba desde la fiesta de Año Nuevo, levanté la cabeza bruscamente. Me puse la ropa interior, antes de sombrear mis ojos y pintarme los labios con la mayor precisión que pude. Me reí, pues ni Maeve ni yo habíamos limpiando la mancha de pintalabios que dejé aquel día en el espejo. Terminé de maquillarme y me vestí, vendando mi hombro derecho como hacía siempre. No sabía muy bien qué ponerme, por lo que opté por algo cómodo. Comencé a guardar las en la bolsita, para después salir de la bodega, con el cartel, mi libreta y la pluma en las manos.

- Te vas a reir, pero hoy hace un año que... - comencé a hablar pero me quedé en completo silencio. Frente a la Rémora, una enorme pared roja. Un escalofrío recorrió mi espalda. A pesar de la gran distancia que nos separaba, aquel trozo de tierra era realmente imponente. Un muro rojo del cual ni siquiera se veía la cima. Comencé a temblar, esta vez de emoción. Habíamos decidido ir. Al fin y al cabo, era una buena ocasión para comenzar nuestra nueva aventura en aquel peligroso mar lleno de oportunidades que la gente temía y admiraba a partes iguales. - Ya estoy lista, Maeve. Vicecapitana Eaa a su completa disposición - hablé, con una mezcla de burla y respeto, pero con una enorme emoción y una ancha sonrisa en mi rostro, mientras miraba las dos corbetas que teníamos delante y a las cuales habíamos seguido desde el Reino de Ilisia.




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#3
Atributos Personaje

Leyenda


La brisa del mar me resultaba muy refrescante. Había algo en el océano que me hacía sentir ligero. Libre. Sin presiones. Sabía que no era esa la realidad, pero me permitía disfrutar de pequeños momentos como estos cada tanto. "Es bueno trabajar duro, pero un buen descanso a veces ayuda más" solía decirme Alfred, y vaya que tenía razón el viejo.

Hacía algunos días ya que tras volver a mi pequeño bote para zarpar a quién sabía donde, me encontré con la (no sé si grata) sorpresa de que había una carta junto supuesta banda pirata: Los alas negras... En mi vida había oído ese nombre, pero no er a mis provisiones. Un pequeño sobre con delicada escritura en la que se especificaba mi nombre y se me invitaba a una especie de reclutamiento. Unaa raro. En Kuen no es como que llegara el periódico y la verdad en mis últimas semanas de vuelta a la civilización, prácticamente no había parado en mi caza de Hannibal Winston y los desgraciados esclavistas. Leer el periódico no había sido de mi particular interés. La carta mencionaba algo interesante: El Grand Line y una manera de adentrarme en ese fantástico mar. Sin duda era una buena oportunidad, pues hasta donde sabía, el "Nuvak" había zarpado hacia el Grand Line, y el tal Black Snatch también se encontraba allí.

Decidido a acercarme a mi objetivo, decidí aprovechar la oportunidad como una entrada al Grand Line, pero tenía que saber más de estos Alas Negras y su dichosa invitación. Suerte para mi que me encontraba en una ciudad repleta de registros y bibliotecas, pues no me tomó mucho tiempo enterarme de los Alas Negras y de sus hazañas, así como del rimbombante y extenso nombre de su capitán, cuyas iniciales parecían coincidir con las de quien firmaba la carta. Sin embargo algo olía raro para mi. En los últimos periódicos, mi Wanted era uno, si no, el más bajo en figurar. ¿Qué podría querer una banda así con un Don Nadie como yo?

No le di muchas vueltas, la verdad y elegí ir en persona a preguntarles. En mi lista no se encontraba ser subordinado de nadie, pero seguramente alguna información podría conseguir. Siguiendo las instrucciones, fui al muelle del que partirían los dos barcos con suministros. Mostré la carta y pedí pasaje en uno de los barcos. Uno de los capitanes de los barcos me recibió y muy estóico me permitió viajar con ellos, aunque me aclaró que no hablara con ninguno de sus tripulantes en ningún momento. No sé si jugaban a ser rudos o qué diablos, pero eso solo fue indicativo de que debía permanecer alerta. No confiaba en estas personas y ni bien pudiera, procuraría bajarme de este velero.

Pero ahora mismo la brisa del mar me hacía olvidar esas preocupaciones, al menos por unos instantes. Salí del camarote donde me alojaba y ni bien subí a la cubierta, lo vi: una montaña enorme allí, en el medio del mar. Una montaña increíblemente gigante, como nunca había visto. Sus cumbres rojas parecían perderse entre las nubes y al parecer nuestro destino era aquel lugar, pues los dos veleros mercantes navegaban rumbo a ella.

-"Conque esta es la montaña... La Reverse Mountain de la que tanto me hablaba Alfred en sus historias. Fascinante-Gin" Pensé decir para mis adentros, pero me encontré diciéndomelo a mi mismo en voz alta. La maravillosa escena me hizo apretar los puños con tal fuerza que mis manos temblaban de emoción. Mi hombro se sentía raro, pero esta vez no dolía. Era como si aquella herida palpitara por cuenta propia, como si tuviera un segundo corazón. Puse mi mano sobre el hombro y cerré mis ojos. En mi mente los vi a todos: Alfred, Mira, Gonjo, Goopaw y Arion me sonreían... No estaba solo - Allá vamos - Pensé, y el viento hizo lo demás...


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#4
Atributos Personaje

     Cuando una recibe una nota anónima, las probabilidades de que no sea de fiar son del, digamos, noventa y cinco por ciento. El otro cinco se lo podríamos dejar, por deferencia, a aquellas notas con un chivatazo con buenas intenciones por parte de alguien que quiere que las cosas te salgan bien. Pero el contenido de aquel sobre blanco, con mi nombre convertido en arte a través de finas líneas, no me dio buenas sensaciones desde el principio.
     ¿Dejas el sobre —los dos, porque Eaa también tenía el suyo— en la cubierta de nuestro barco? ¿Has subido a nuestro barco sin permiso con la suficiente pericia como para que no te hayamos visto? Las intenciones no habían sido hacernos daño, porque alguien con esa capacidad habría podido intentarlo si hubiese querido, pero se había conformado con dejar dos sobres. ¿Por qué no dárnoslos en mano, directamente?
     Después tenemos el tema de la palabra "subordinados". Cuando lo vi, no pude evitar echarme a reír. Prefiero pegarme un tiro a ser subordinada de nadie, y menos de gente que va buscando esbirros sin tener los cojones de hacerlo cara a cara habiendo tenido la oportunidad. Luego hablaba de "alianza". Una de dos: o subordinación o alianza, los dos no puede ser, pues en la alianza ambas partes cuentan con el mismo peso, y no una por encima de la otra (donde sí posicionamos la subordinación).
     La carta hablaba también de un gran banquete. Bien jugado, sí señor. ¿Quién le diría que no a disfrutar de una opípara comida? Yo porque tengo la gran suerte de contar con Eaa y sus habilidades culinarias, pero lo cierto es que muchos piratas matarían por engullir comida en condiciones, y más si es en grandes cantidades.
     Asimismo, la nota nos animaba a acudir incluso cuando todo esto no fuese de nuestro interés, para que esa gente, quienquiera que fuese, pudiese hacer alarde de su "buena disposición". Oh, queridos, en este mundo nadie hace algo sin buscar nada a cambio, y mucho menos si se dedica a la piratería. 
     Se nombraban a los piratas Alas Negras. Eaa llevó a cabo un espectacular trabajo de investigación y me enseñó su hallazgo en un periódico: robos en lugares lujosos, asesinatos de autoridades. Admito que tales crímenes llamaron mi atención y aumentaban mi curiosidad por esa gente, así como por las iniciales del firmante de la carta. Sin embargo, mi recelo sobre todo aquello era aún mayor.
     Lo hablé con Eaa, por supuesto. Ella también se había mostrado desconfiada. Entonces, habiendo llegado las dos al consenso de que aquel mensaje no olía nada, pero que nada bien, una cabría esperar que lo que haríamos sería ignorarlo y seguir con nuestras vidas.
     Hicimos exactamente lo contrario.


     Se nos citaba en Cabos Gemelos y nos dirigimos en tal dirección con nuestra amada Rémora Fatua. Parecía que fue el empujoncito que nos faltaba para, por fin, animarnos a navegar en la dirección que tanto tiempo llevábamos postergando: el Grand Line.
     Así, cuando aquella gran montaña rojiza de corrientes imposibles se alzó ante nosotras, con una majestuosidad que hasta el momento solo habría podido contemplar en sueños, sentí una oleada de excitación tan solo comparable a cuando la sangre de otros mancha mis manos. Era una realidad, íbamos a cruzar la línea que nos separaba de la oportunidad de tallar nuestros nombres en los anales de la piratería. De intentarlo, pues se decía que todo cuanto habías considerado peligroso en tu vida se convertía en un juego de niños comparado con lo que te esperaba a partir de este punto. Aunque no estaba dispuesta a intentar nada, sino a conseguirlo. Si no, la muerte parecía una muy buena opción frente a la mediocridad de sobrevivir sin ningún tipo de gloria asociada.
     No me di cuenta del momento en el que había comenzado a sonreír.
     Mis ojos se mantenían clavados en las dos corbetas que, de forma inminente, comenzarían a realizar el tan ansiado ascenso.
     Entonces, escuché la voz de Eaa. Iba a contarme algo que se vio interrumpido por un silencio que reconocí como aquel que se produce ante la ardiente expectación. Vicecapitana Eaa. Qué bien sonaba. Nuestra pequeña tripulación de dos con los puestos más importantes ocupados. Es un decir, pues bien nos harían falta más ocupantes para aumentar nuestra presencia en aquellos mares. La falta de Peteiro se notaba, pero ambas nos esforzábamos mucho para perseguir nuestros sueños y, para conseguirlos, subir por aquella montaña era acuciante, incluso cuando solo nos teníamos la una a la otra.
     Me giré hacia ella. Se había levantado un pequeño y caprichoso viento que comenzó a elevar mi cabello, ondeándolo cual descolorida bandera.
     —Muy bien, vicecapitana —dije mientras inclinaba ligeramente mi cabeza hacia atrás y ensanchaba mi sonrisa—, ¿está usted preparada? —Utilicé su misma forma de hablar para mantener la complicidad entre nosotras—. Bienvenida al primer día del resto de nuestras vidas.


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#5
Con el inmenso muro de roca rojiza delante y las turbulentas aguas que se agitaban más a medida que las embarcaciones se acercaban al canal. Con los navegantes tomando el mando de los navíos que formaban parte de la flota de los Alas Negras, empezó el ascenso hacia el mar más peligroso que se habían encontrado hasta el momento. Solo un profesional cualificado podía intentar domar aquella turbulenta y épica subida, ya que la corriente la hacía extremadamente peligrosa e incluso mortal. Y tan mortal fue para algunos que uno de los barcos que estaban delante de la Rémora Fatua encontró un fatal destino estampándose de bruces contra el lateral derecho del canal de la Red Line, quedando hecho añicos. Los restos de la madera y provisiones habían quedado flotando en el mar, junto a los cuerpos sin vida de las personas que navegaban en él, un aviso de lo que les deparaba aquel mar lleno de enemigos, el principal - sobre todo para nuestros jóvenes e intrépidos piratas - la propia agua que ni bien era impredecible por culpa del tiempo cambiante, para los usuarios de frutas del diablo podía suponer el fin de sus días. Las fuertes rachas de viento golpeaban en los barcos haciendo crujir la madera y tensando las velas como si se fueran a rasgar en cualquier momento, la bandera de las piratas del Brillante Infortunio ondeaba con furia manteniéndose fuerte y estoica en lo más alto del mástil. A los pocos minutos los barcos llegaban a la cima, bajando por la única corriente que descendía hasta la Grand Line. Un inmenso mar que se abre ante vuestros ojos, aventuras sin fin, peligros en cada rincón y muchas islas para explorar en el futuro.
 
La bajada del Reverse Mountain era todavía más fuerte y descontrolada, siendo el primer barco en descender uno de los que llevaba provisiones desde el North Blue y seguido por el que se encontraba Rapax. A los pocos minutos fue cuando llegó a la cima la otra embarcación, la que salió del Reino de Ilisia, siendo el último la Rémora Fatua cerrando así toda la fila de barcos que descendían por el torrente de agua listos para el gran banquete que había sido propuesto por Y.L.C.Y.3. La inercia de la velocidad acabó llevando a los barcos a unos cuarenta metros hacia delante de los Cabos Gemelos, aquellas habían sido sus primeras millas en la Grand Line, las que daban inicio a todo. A la izquierda, a tres metros en diagonal - si tenías los Cabos Gemelos a la espalda - un imponente galeón se encontraba anclado rodeado de embarcaciones más pequeñas a su alrededor - en formación de semicírculo detrás del navío principal - una pequeña flota de siete barcos que dejaban vía libre a los recién llegados. Los barcos con provisiones se dirigieron veloces hasta el imponente navío, con un intimidante y elegante lobo blanco con ojos rojos en la proa y una bandera negra en mástil con un lobo rojo con tres arañazos detrás, llevando dicha bandera todos los barcos que hay a su alrededor, pero no los que acaban de llegar. Sus velas eran de un color blanco muy puro y limpio, que se erguían sobre una refinada cubierta de madera de color marrón oscuro, se podía apreciar una capa de barniz recubrir todo el galeón dándole un aspecto cuidado y hermoso.
 
Los tres barcos noveles en dichas aguas se dirigieron hacia el gran navío, donde una vez allí empezaron a desembarcar -por babor - todo lo que llevaban para el gran banquete: como barriles llenos de licor, pescado fresco que era transportado en sus respectivas redes de pesca y diferentes tipos de carne. La gran cantidad de alimentos iban pasando de un barco a otro, tanto hombres como mujeres se disponían a llevarlo todo a la bodega, ignorando por completo a Gin que se encontraba con una escalera de cuerda que si subía podía llegar a lo alto de la cubierta, junto al resto de los tripulantes. Arriba en cubierta, una mujer que rondaba los treinta años de larga melena castaña controlaba que todo fuera llevado a su sitio y quien subía a bordo, en sus manos tenía un fajo de hojas comprobando así la identidad de los presentes, asegurándose que solo subieran personas invitadas al espectacular evento que se había organizado con tanto detalle.
 
Por su parte, la Rémora Fatua contaba con un hueco en babor para acercarse - el que había dejado el navío que se había chocado durante la subida contra la pared de rocas de la Red Line - permitiendo así que pudiera incorporarse junto a los demás barcos. Una escalera de cuerda también les llevaría hasta la cubierta, juntándose así los tres piratas invitados al gran evento.
 
 

bandera

importante

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#6
Leyenda


- El primer día del resto de nuestras vidas - murmuré, con una ancha sonrisa en los labios. Guardé las cosas de las manos en la bolsa mientras me acercaba a la proa , para asegurar algunos de los cabos, pues el ascenso parecía que iba a ser movidito. A medida que nos acercábamos a aquella corriente que parecía imposible, los latidos de mi corazón se aceleraban. Seguía a rajatabla las indicaciones de Maeve. Eso me ayudó a no dejarme llevar por el creciente miedo, sobre todo después de ver una de las corbetas estrellarse contra el canal. Me acerqué instintivamente a la borda, asomándome por estribor. Tal vez había algo que pudiéramos hacer por ayudar. El panorama que vi fue bastante desolador. La poca gente que alcancé a ver flotaba sin vida en el agua, entre tablones, barriles y demás provisiones. Tampoco tuve tiempo de fijarme en si alguien seguía con vida, pues rápidamente tuve que volver a mi puesto. La capitana era una gran navegante, pero la Rémora era demasiado grande como para que ella pudiera hacerlo todo sola, y cualquier despiste podía llevarnos a un destino igual o peor al que acabábamos de ver. Ninguna de las dos podíamos nadar, y ya no estaba Peteiro para sacarnos del agua si alguna de las dos se caía.

Gracias a la pericia de mi única amiga la Rémora coronó aquella corriente ascendente. La negra madera crujía y el aire que golpeaba nuestros rostros hacía que mi trenza se moviera alocadamente. - Estamos aquí - pensé, agarrada al palo mayor. La bajada fue más intensa todavía, pero en mi interior ya no había sitio para el miedo, tan solo una inmensa emoción y una gran cantidad de adrenalina. No tardamos en alcanzar la base de la montaña. El Grand Line. Suspiré, tratando de esa forma de que las emociones en mi interior se calmaran. No surtió efecto. Me giré, para ver a la otra albina al timón. La perspectiva y el sol del mediodía realmente le otorgaban un aspecto majestuoso. Me hubiera gustado poder sacarle una foto, para enseñarle lo bien que se veía. En su lugar, subí corriendo hasta donde ella se encontraba. De alguna milagrosa forma evité tropezarme mientras subía las escaleras de tres en tres. Mi primer impulso fue abrazar fuertemente a la otra mujer. Darle un gran abrazo y levantarla de la emoción. De alguna forma, el infinito respeto y aprecio que sentía por aquella mujer se impuso a mis impulsos, haciendo que respetara su espacio personal. Apreté los puños, enormemente animada, como aquella vez que vi aquel desfile con mamá. - Hemos... el.. aquí - las palabras se entrelazaban. - AAAAA - solté un grito, intentando de esa forma calmarme. - ¡Lo hemos conseguido Maeve! - dije finalmente, no sin una enorme dificultad. - ¡Estamos en el Grand Line! - la enorme sonrisa seguía en mi rostro. Tras respirar un poco, me percaté de la flota y del enorme galeón. Era realmente grande, fácilmente el doble de grande que nuestra Rémora, si no más. Me llamaron la atención las diferentes banderas. Arqueé una ceja. - Ahora vengo - dije seria y salté la barandilla para entrar corriendo a la bodega. Miré en ambos periódicos, pues recordaba una bandera junto a la noticia de los Alas Negras y la foto de su capitán, y esta no tenía nada parecido a un lobo con arañazos. Una vez encontré la foto salí, con el periódico en la mano y guardando la carta en el bolsillo, comenzando a leer a medida que volvía a cubierta. "Los infames piratas Shogun Gari causan distintos disturbios..." Suspiré, aliviada. - No es nada Maeve. Los nervios, me he confundido - sonreí, girándome mientras comenzábamos a dirigir el barco hacia el hueco libre a babor. Atracamos el barco junto al gran navío, y antes siquiera de que tuviéramos tiempo para llamarles nos lanzaron una escalerilla de cuerda.

- ¿Oye, si es un banquete crees que me dejarán ayudar con la cocina? - pregunté, genuinamente interesada, comenzando a subir por la escalera. - Tranquila, no les voy a hacer lasagna de espinacas - dije con burla. - Por cierto, ¿sabías que hoy hace un año que salimos en el periódico? - Era realmente curioso. Me había fijado antes de comenzar a subir la Reverse Mountain, pero la magnificiencia de la Red Line me dejó sin palabras, y lo había olvidado con el ajetreo del ascenso (y el posterior descenso), y lo acababa de recordar al volver a leer el periódico de aquel día. Menos mal que lo había dicho, pues me quedé en completo silencio tan pronto pisé la cubierta. Me esperaba un montón de cosas, desde luego. Había leído un millar de historias relacionadas con piratas, y en casi todas había banquetes, o trampas que se hacían pasar por banquetes, pero ninguna se parecía a lo que veía en aquel momento.

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#7
Leyenda


La enorme montaña (si es que se le podía llamar montaña) se hacía cada vez más y más grande a medida que nos acercábamos. A lo lejos no pude notarlo, pero pude ver cómo la corriente del mar se dirigía hacia aquel lugar y ascendía de forma antinatural por un canal en el flanco de la masa terrestre. Era como una especie de tobogán natural, pero este subía. Mis ojos no daban crédito a lo que estaba viendo.

La tripulación del barco mercante empezó a prepararse con premura. -No estarán pensando en subir por allí- pensé, pero de inmediato contuve mi duda. ¿De qué otra manera íbamos a entrar al Grand Line con nuestros barcos? Por fin entendí lo que me decía Alfred en sus historias: Solo los más valientes se atreven a entrar al Grand Line. Los más valientes y los más locos, Agregué.

El barco se acercaba cada vez más rápido a la montaña, hasta que de pronto ya no se trató de querer acercarse. La corriente se había apoderado del rumbo de la nave e inevitablemente nos empezó a atraer. Las velas ya no estaban llenas de viento, pues el empuje del mar era mucho mayor. Con señales bastante precisas, los tripulantes del barco se aferraron en sus posiciones y supe que al incorporarnos a la corriente ascendente, el impacto sería inevitable. Y lo fue. La sacudida se sintió en toda la cubierta, era como si un monstruo enorme nos golpeara desde el fondo, pero las maniobras del timonel me hicieron entender que era parte del proceso. Como pude me sostuve de la baranda que estaba a mi derecha y procuré no perder el equilibrio. Por nada del mundo estoy dispuesto a perderme este momento único -Gin, dije. Aunque seguía hablando solo. La magnificencia del momento me hacía muy difícil contener la emoción.

Subimos a toda velocidad aquel canal rodeado de sendos muros de piedra rojiza. Las salvajes aguas nor sobrepasaban por momentos, salpicando sobre la cubierta por ambos lados. Los muros de la montaña pasaban tan cerca de nosotros por instantes, que se no ser porque la velocidad era capaz de dejarte sin manos, habría sido posible tocarla. Las órdenes de la tripulación iban y venían, mientras surfeaban la corriente como si de un esquife se tratara. Esto era sencillamente indescriptible. La emoción, el miedo y la incertidumbre me hicieron sonreir como un niño. Como si el mundo no existiera y solo estuviera aquel lugar y aquel momento Raaahahahaha vamos allá! Esta montaña solo es el comienzo de la aventura-Gin! acerté a decir al viento entre carcajadas.

Mi sonrisa se borró de pronto, cuando la corriente tana bruptamente como nos había succionado, se terminó. ¡El tiempo se congeló y nuestro barco estaba volando! Solo estábamos nosotros y el cielo. Y allí, por un pequeño instante, pude ver a mi alrededor. Allí estaban los 4 mares en el horizonte. El mundo entero unido en un instante. Me sentí tan insignificante, y al mismo tiempo tan agradecido de ser parte de este mundo tan maravilloso.

Otra sacudida. El barcó giró e impactó de nuevo con el agua. Esta vez íbamos en bajada. Habíamos sobrevivido al ascenso y ahora sí nos adentrábamos al Grand Line. Las órdenes seguían y el barco, ahora más veloz incluso de precipitaba montaña abajo. Escuché un enorme estruendo proveniente de detrás, y al voltear vi como otro barco era destrozado por la corriente, estampándole contra el costado del carril, hacia el muro de piedra. Tras los restos de aquel barco venían otros dos: uno igual al nuestro, y tras de este uno diferente, de madera oscura y con velas de distinto color. ¿Qué mierda está pasando? pensé, pero no era momento de preguntas. Nos aproximábamos al final del descenso y vaya que fue notable.

Con una fuerte sacudida salimos del tobogán de la montaña, y nuestro peso levantó una enorme ola al frente que nos roció la cara, haciéndome volver a la realidad. Lo había conseguido. Había entrado al Grand Line. "Así comienza este nuevo capítulo de mi vida. En este mar podré mostrar mi valía finalmente-Gin" me dije, mientras veía pasar los Cabos Gemelos a cada lado. Frente a nosotros se hallaban un grupo de barcos, que supuse serían los dichosos Alas Negras, anfitriones del banquete. Al centro de todo un enorme galeón- Hermoso con velas... ¿blancas? y--- un lobo en el mascarón... Había leído de los Alas Negras antes de aventurarme y aunque no hubiera tenido muchos detalles, si te hacías llamar Alas Negras, decorar tu navío de blanco, usar un mascarón de lobo blanco y un Jolly Roger de un lobo con zarpas no decía precisamente ni Alas ni Negro por ninguna parte. No sé qué estaba pasando, pero debía andarme con mucho cuidado.

Nuestro barco se acercó al Galeón y luego lo hicieron los demás, incluída la goleta que se diferenciaba de las demás. Sin hablar aún con nadie, subí la escalera de mano hacia la cubierta del galeón, entre marineros que cargaban provisiones para el banquete. No supe qué hacer o a dónde dirigirme, pero al momento vi a una mujer que parecía ser la encargada. estaba revisando todo y dirigiendo al personal. Me dispuse a ir hacia ella, cuando vi a dos personas bastante... peculiares abordar la nave por babor: Una criatura enorme, de piel extremadamente blanca que podría sacarme metro y medio al menos de altura, con enormes cuernos y largos cabellos rojos se abría paso a través de la cubierta, seguida de una figura que en comparación se podría llamar como minúscula, pero se trataba de una humana de estatura promedia, aunque su piel también era blanca, al igual que sus cabellos. Todo en aquella mujer parecía estar cubierto de la más blanca nieve, a excepción de su negra vestimenta y del maquillaje de sus ojos. Me detuve al instante, inseguro de lo que podría ocurrir a continuación...








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#8
OST DE LA ESCENA

     Solo alguien que ha cruzado la Reverse Mountain puede entender la intensidad de las emociones que provoca.
     La subida, un camino que consigue que un barco navegue cuesta arriba, como si tal hazaña no desafiase las leyes de la naturaleza. Un ascenso demasiado peligroso para los iniciados de la navegación, y de cuya amenaza podrías no librarte por mucha experiencia que tengas. Mantener el equilibrio al timón de La Rémora Fatua fue una ardua tarea teniendo en cuenta que solamente estábamos Eaa y yo para llevarla a cabo. Ella se desenvolvía muy bien siguiendo mis instrucciones, y yo hacía lo posible por no terminar estrelladas contra una de las escarpadas paredes rojizas. El ejemplo de lo que podía suceder de no conseguir un buen control lo pudimos presenciar cuando una de las corbetas sufrió un terrible accidente, dejando el barco hecho añicos y a sus tripulantes en el sueño eterno de quienes encuentran su muerte en el mar.
     No mentiré: una punzada de temor pinzó mis entrañas durante un par de segundos al ser consciente de que aquel podría ser nuestro destino si no nos esforzábamos por lo contrario. Pero ni la pelirroja ni yo habíamos viajado hasta allí para morir de una forma tan patética. Miré a los cadáveres flotantes por encima del hombro —al menos, el tiempo que me permitió el timón— mientras me dejaba embriagar por la siguiente sensación: excitación. No erótica, por supuesto, habría resultado muy fuera de lugar, pero sí aquella que se experimenta ante la línea que separa la muerte de la victoria.
     Clavé los ojos en la corriente ascendente. El sol los hería con su fulgor, pero era algo que podía soportar en pos de una visión que muchos solo pueden contemplar una vez en la vida.
     Y cuando nuestra goleta alcanzó el punto más alto, aquel donde parece que podrías tocar el cielo tan solo si alargases más el brazo, cuando los segundos de gravedad cero te hacen creer que puedes conseguir lo que te propongas, caímos a la corriente del descenso. El hormigueo de mi estómago creció, colmándome de deliciosa adrenalina. Mi cabello blanco se movía en todas direcciones siguiendo la voluntad del caos. Ante todo aquello, lo único que podía hacer era sonreír. Eso y sujetar con fuerza el timón para que nuestras vidas no terminasen allí.
     Pronto, las aguas del Grand Line nos dieron la bienvenida con un azul majestuoso, brillante bajo un sol que partía el cielo con sus rayos. Ni siquiera me preocupé en colocar de nuevo la capucha de mi chaqueta negra, aquella que protegía mi piel y que se había caído al iniciar el ascenso. Aquella visión, saber que habíamos conseguido cruzar al otro lado, había dejado eso en un segundo plano.
     Eaa vino prácticamente corriendo hacia mí. Su emoción era muy parecida a la mía, aunque su forma de expresarlo siempre resultaba mucho más intensa. La forma de ser de la semioni era precisamente la que alegraba la vida a bordo de nuestro barco, complementando mi oscuridad. Éramos un buen tándem. En aquel momento estaba gritando que lo habíamos conseguido, que por fin estábamos en el Grand Line. 
     —Muy buen trabajo, Eaa —le dije, haciendo referencia a su destreza manejando los puntos vitales del barco en la travesía por la montaña. Por dentro estaba gritando tanto como ella, pero no era capaz de exteriorizarlo. Para compensar, esbocé otra sonrisa y se la dediqué.
     Luego se fue y volvió a los pocos minutos, durante los cuales aproveché para fijarme en lo que teníamos delante. Un galeón permanecía ante nosotros, regio, como si aquellas aguas le pertenecieran. En la proa, un lobo blanco de ojos rojos a modo de mascarón. Un lobo albino, pensé. En su bandera, un lobo —rojo, en esta ocasión— con tres arañazos en el fondo. Los lobos no tienen alas, proseguí en mi mente. Y, en el imposible caso de que las tuvieran, no serían blancas si el nombre de los supuestos anfitriones era "Alas Negras". Mi básica deducción hizo que mi desconfianza aumentase. Todo me apestaba a mentiras.
     Alrededor del galeón, otros cuantos barcos secundarios que lucían la misma bandera.
     Realmente esperaba no tener que llegar al extremo de entrar en batalla si se cumplían mis sospechas, porque si todos aquellos se convertían en enemigos —o si ya lo eran desde el principio—, la superioridad numérica sería demasiado absurda frente a nosotras dos.
     Me fijé también en los barcos que, junto al nuestro, habían atravesado la Reverse Mountain. ¿Sospecharían de todo aquello al igual que yo? ¿Realmente nos encontrábamos ante un banquete con buena intención y mi desconfianza extrema era la que creaba tales paranoias? ¿O realmente yo tenía razón y todo formaba parte de un extraño plan llevado a cabo por un puñado de siniestros actores?
     No podíamos saberlo si no acudíamos al galeón. Y, tal y como estaban dispuestos el resto de barcos, la posibilidad de simplemente marcharnos no resultaba viable. Tampoco es que hubiese ido hasta allí para colgarme la etiqueta de cobarde ahora. Yo no era ninguna cobarde, tampoco Eaa. Pusimos rumbo a esa gente.
     Una vez próximas al gran navío central, mi amiga preguntó si la dejarían ayudar en la cocina y que por supuestísimo que no haría lasagna de espinacas. 
     —Mejor, no se la merecen —respondí. Luego, me acerqué a ella para asegurarme de que me oía. Ella se agachó y yo apoyé mis manos en su brazo, que noté cálido. Bajé el tono—. Debemos tener mucho cuidado allí arriba. No sabemos quién es esta gente ni qué es lo que realmente quieren. Sigo sin fiarme una mierda de la nota y de que quieran invitarnos a un banquete tan desinteresadamente. Y luego está su Jolly Roger, que se parece a unas alas negras lo que yo a una monja de clausura. Por favor, presta mucha atención a todo lo que veas. —Después, hice alusión a su comentario sobre el periódico—: Pues hagamos que publiquen más noticias sobre nosotras donde seamos las protagonistas de nuevas hazañas y no de la sección de esquelas.
     Si algo me había enseñado la vida había sido a ser desconfiada. Ahora bien, eso no era suficiente para calmar la expectación que me bullía dentro mientras subía por la escalera de cuerda que nos habían tendido desde el gran barco. Una vez en cubierta, y con el corazón latiéndome como una fiesta de tambores, miré a mi alrededor. Aquello rebosaba elegancia, mucha más de la que se pudiese adivinar desde la lejanía, y se podía adivinar bastante. 
     Tener a Eaa a mi lado aumentaba mi sensación de seguridad, mi confianza.
     Me percaté de que varias de las personas que pude observar allí procedían de los otros barcos recién llegados. Entre ellos, me fijé en un muchacho musculoso, de piel ligeramente morena, de cabello blanco, así como barba del mismo color. Su mirada también era clara. No podía ser albino por su color de piel, pero ciertamente llamó mi atención ante la similitud. No podría haber adivinado su edad, pero no es que me importase. Aparté mis ojos de él y continué evaluando nuestro alrededor. Clavé mi atención en la tipa que parecía tener la voz cantante. Con una serie de documentos en la mano, se aseguraba de ir controlando a quienes estábamos por allí.
     De nuevo, una oleada de excitación. Aquel podría ser un gran comienzo en esta nueva región o la mayor de las cagadas, suponiendo nuestra perdición.


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#9
La joven de largo pelo castaño con un pequeño moño en lo alto, intercalaba su mirada entre los nuevos tripulantes y las hojas que tenía en la mano, tenía el ceño fruncido buscando algo entre la cantidad de gente que había, no perdía detalle con sus preciosos ojos color miel, ni de las caras ni de lo que se transportaba. Vestía con la parte de arriba del bikini blanco y azul, un bolso blanco muy pomposo con una cinta marrón, completando su atuendo con unos pantalones negros y encima de este - solo tapando su lado derecho - una tela con roja con hojas amarillas dibujadas en esta. También tenía unos brazaletes de oro en ambas muñecas y los en los bíceps.  — ¡Llevadlo todo a la cocina, rápido! — ordenó la mujer a los últimos de sus secuaces que quedaban en cubierta, señalando hacia la puerta abierta en el castillo de proa, donde se podían ver unas escaleras que se adentraban en el interior del barco. Cuando giró la cabeza se encontró con una semioni de más de cuatro metros y medio de alto, muy guapa seguida de una albina, en este caso una humana, también muy hermosa. Le fue imposible no quedarse unos segundos embobada con la boca ligeramente abierta, pero enseguida movió la cabeza de derecha a izquierda de forma repetida un par de veces para centrarse. Bajó su mirada a las hojas y las fue pasando hasta ver los wanteds de ambas. Sonrió lista para darle la bienvenida a ambas, pero al dar el primer paso, un hombre también albino subió al barco, y se encontró con la cara más fea que había visto en su vida, no sabía como alguien así podía dejarse la cara descubierta e ir tan tranquilo por el mundo. La chica aprovechó que seguía con los wanteds en la mano para dejar de mirarlo con la excusa de saber su identidad. Pasó un par de hojas más encontrando el wanted de Rapax Gin, la emoción recorrió el cuerpo de la muchacha y guardando todo el fajo de hojas en su bolso blanco, esbozó su mejor sonrisa mientras se acercaba a los tres invitados. — ¡Bienvenidas a bordo, Maeve Knox y Eaa! Estamos encantados de que hayáis aceptado nuestra invitación — dijo lo más alegre posible quedándose a un metro delante de los tres invitados, levemente inclinada hacia las chicas. Antes de cambiar su cara a una de puro aburrimiento mientras giraba su cara hacia el hombre. — Y Rapax Gin — añadió entre dientes y sin muchas ganas antes de pasar su mirada entre Eaa y Maeve, pero quedando la mirada en esta última dado que estaba a su misma altura una vez dejó de estar inclinada.
 
La chica estaba muy emocionada de ver como las cartas habían llamado la atención de algunos piratas, estaba siendo muy interesante para ella. — Me llamo Larian. Seguro que tenéis muchas preguntas, pero de ellas se encargará nuestro capitán. Él está muy interesado en vosotros, siempre nos gusta recibir a jóvenes prometedores y vosotros le habéis llamado mucho la atención — siguió hablando de forma rápida abriendo los ojos recordando algo. — De hecho os está esperando para comer, por favor, seguidme — dijo levantaba la mano derecha y señalaba con el dedo pulgar al castillo de la proa y empezando a caminar hacia él. Llegó a la puerta de este, en la que se podía apreciar unos pequeños patrones de líneas haciendo zigzag en vertical, acabando en lo alto de esta con la silueta de la cara de un lobo, demostrando que hasta el más pequeño detalle de aquel barco había sido elegido minuciosamente. — Adelante, vuestro banquete os espera — invitó dejándoles pasar primero con una reverencia, apoyando su mano izquierda en la puerta y girando el brazo derecho en el sentido de las agujas de las agujas del reloj - desde la perspectiva de Larian - para acabar poniéndolo en horizontal delante de su estómago con los dedos señalando el interior del galeón. — ¡Oh! Un pequeño consejo, procurad ser educadas y elegantes delante del capitán — acabó de hablar por fin después de guiñarle un ojo a las chicas y hacer un pequeño movimiento de cabeza hacia el interior, donde no se podía ver nada por el cambio de luz. Una profunda oscuridad os da la bienvenida, escuchándose en la lejanía solo el sonido de algunos trabajadores cumpliendo la misión que se les había dado, como quejas por la pesadez y cantidad de lo que transportaban.
 
 

anotaciones

larian
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#10
Leyenda


La voz de una mujer me hizo salir de mis pensamientos. La analicé brevemente. Un bikini blanco y azul, un bolso, pantalones negro, una especie de falda extraña, y unos llamativos brazaletes dorados. La extraña mujer se nos quedó mirando con la boca abierta. Se me hizo raro, raro y muy gracioso, no voy a mentir.

Un hombre de pelo blanco subió entonces a la cubierta. Era bastante alto, algo menos alto que dos Maeves. De hecho, posiblemente si Maeve se subiera a sus hombros, serían aproximadamente de mi altura, o tal vez un poco más altos. - Rapax Gin… que nombre más curioso - Me quedé unos instantes pensativa. No conocía mucha gente con pelo blanco. De hecho, ahora mismo no recordaba a nadie más a parte de mi mejor amiga y capitana. Giré la cabeza cuando la otra mujer nos saludó. Habló de aceptar su invitación. - No, no - respondí. - Hemos venido porque parecía una buena ocasión para venir por fin al Grand Line. No tenemos pensado… - Me callé, pues la mujer de pelo castaño no parecía hacer mucho caso a mis palabras. Se presentó. Habló de que tendríamos muchas preguntas. - No, no. Si yo no tengo preguntas, Larian - expliqué. Parecía no haberse enterado muy bien la pobre. - Bueno, sí, una - me acordé, sacando la carta de la bolsa - La carta hablaba de un banquete. ¿Puedo ayudar con la comida? - pregunté. - No soy la mejor cocinera. Pero la lasagna de espinacas me sale genial - tan pronto lo dije me di cuenta de mi error. - Pero no puedo prepararos lasagna. Está reservada para citas especiales - asentí con enorme seriedad, cruzando los brazos. Ahí no había pasado nada. Nos invitó de una manera extravagante a pasar a lo que supuse sería el comedor. También nos recomendó ser educadas y elegantes, y entonces le guiñó el ojo a Maeve. - Así que eso era - pensé y asentí orgullosa, mientras trataba de contener la risa sin resultado. Rompí a reír a carcajadas, alternando la mirada entre mi albina amiga y la otra mujer. - ¿Ves? Creo que le gustas Maeve - expliqué, dándole un toquecito con el codo a esta. - Te lo dije. Esos ojos tan bo… - Miré entonces a la cara a la capitana. Era una idea pésima, como siempre, pero mamá me había enseñado que era de mala educación no mirar a la gente a la cara cuando hablabas. Me dirigió una mirada asesina. Algo completamente esperable y merecido. Era una situación que había vivido muchas veces desde que conocí a mi amiga, pero no por ello mi reacción era diferente. Por unos instantes todo desapareció. Tan sólo me encontraba yo, frente a esos ojos grises. Grises como la nieve de invierno, con un tono rojizo. Sangre sobre la nieve. Mi pulso se aceleró, y mis mejillas se tornaron rojas como tomates - ¡de panda! - se me escapó un grito mientras apartaba la mirada y la dirigía de nuevo hacia la otra mujer. Notaba un enorme ardor en mis mejillas. Posiblemente, aceptar la invitación de la mujer de los llamativos brazaletes fuera una buena forma de correr un tupido velo sobre aquello que acababa de suceder. Me acerqué despacio hacia la pequeña puerta. - Ya lo siento, Larian - le susurré al oído, con cierta pena. - Pareces maja, pero no eres del tipo de la capitana. Seguro que algún día encontrarás a esa persona especial - asentí levemente y le dediqué una ligera sonrisa, esperando de esa forma animar a la mujer, antes de seguir sus instrucciones y dirigirme hacia la oscuridad, despacio y prestando la mayor atención posible, pues no quería tropezarme y caerme o darme algún golpe. Sólo me faltaba hacer el ridículo y que Maeve encima se riera de mí.


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