+18 Hunter’s Gate – (Evento local) [Presente Absoluto]
#11
Leyenda


Aclaratoria


La imagen de aquellas dos mujeres que habían abordado el galeón me hizo distraer por un momento, pero rápidamente volvpi mi mirada a la mujer que parecía estar a cargo de la organización del dichoso banquete. Una mujer de abundante cabello castaño, con bikini y pantalón negro. Llevaba unos curiosos brazaletes en ambos brazos, pero lo más interesante a mi parecer, era el gran bolso blanco que llevaba a un lado, del que sacó un gran manojo de papeles entre los que revisó nuestros nombres. Primero saludó a las otras dos mujeres. Maeve Knox y Eaa Dijo. No supe quién era quién, ya que inmediatamente me dirigió una mirada de tedio y desprecio, mientras me saludaba también, claramente de muy mala gana. Entendí que con ella sí podría hablar a diferencia de las personas con las que vine en el barco de provisiones.

Gracias por el aventón, pero me pregunto por qué me recibes con esa cara. ¿los Alas Negras no están "encantados" de tenerme aquí-Gin? Le dije a la joven, mostrándole la carta de invitación. Las otras dos mujeres también mostraron sus cartas. Al parecer estaban en una situación parecida a la mía. Quién sabe qué habrían hecho ellas para llamar la atención de esta gente. La maleducada anfitriona se presentó como Larian, entre muecas y sonrisas (claramente dirigidas hacia la chica más bajita, Ayy, creo). Nos explicó que las respuestas a nuestras preguntas las recibiríamos de parte de su capitán, quien quiera que fuera... Mei Vox le preguntó de pronto si podría ayudar en la preparación del banquete, pero algo raro y confuso pareció ocurrirle, porque su lengua se trabó y habló de unas lasagnas y unos pandas y luego de otras cosas que francamente no entendí. La otra chica no hablaba mucho. Claramente Mei tenía la personalidad más efusiva de aquellas dos señoritas.


Larian nos guió hacia una gran puerta, mientras nos explicaba esto. No apartaba la vista de Mei y de Ayy. Claramente había favoritismos aquí. Ahora además de sentirme dudoso de la famosa invitación, me sentía indeseado. ¿Para qué carajos me invitaban entonces? No tardamos en llegar a una gran puerta que se abrió frente a nosotros. Sobre la puerta se halaba nuevamente una detallada figura de un lobo blanco. Ni alas ni negras... Pensé en preguntarle a Laura sobre este detalle curioso, pero algo me decía que me remitiría nuevamente a su capitán. Larian nos invitó a entrar en el interior de la habitación, la cual estaba completamente a oscuras. Intenté ver y escuchar todo lo posible allí dentro. A simple vista se veía muy poco allí, además de escuchar los intensos ajetreos de los que claramente movían provisiones y trabajaban preparando lo que fuera que intentaran ofrecernos por banquete.

Mientras nos invitaba a pasar, Larian no dejaba de babearse por Ayy. Incluso llegó a guiñarle un ojo, hasta que Mei la puso en su lugar. No podría estar más confundido sobre qué carajos pasaba y por qué me habían invitado junto a dos personas tan extrañas como aquellas. ¿Pensaban que yo me parecía a ellas o al contrario? Eso no importaba. Acepté el aventón, del banquete ya veremos. Espero que tu capitán sea más atento que tú -Gin Atiné a decir mientras entrábamos allí. Las chicas parecían estar igual de atentas que yo a cualquier detalle, lo que me hizo pensar que también tendrían sus sospechas sobre el supuesto banquete. Larian les recomendó concretamente a ellas ser educadas con el capitán. ¿Será que a mi no me dijo nada porque sabía que no diría alguna imprudencia? ¿O sencillamente le importaba poco o nada lo que pudiera ocurrir conmigo?

Mientras nos adentrábamos y dejábamos atrás a la odiosa Larian, caminé un par de pasos cerca de mis dos "compañeras" y viendo a la Mei Vox de reojo, les pregunté a ambas: ¿Ustedes tienen idea de lo que se trae esta gente? Mi carta dice que son los Alas Negras, pero algo me da mala espina-Gin Dije esperando que mi corazonada no fuera una locura de mi parte, o que aquellas dos mujeres se mostraran hostiles hacia mi.


Resumen


Inventario


Karmas Positivos

Karmas Negativos
[Imagen: GGT7d9e.png]
  Responder
#12
OST DE LA ESCENA

     No le quitaba ojo a la tipa de cabello castaño. Su forma de gestionar a las personas en cubierta me hacía pensar que, tal vez, nuestros destinos dependiesen de sus próximos movimientos. De su boca también salían órdenes destinadas a la organización de las provisiones recién llegadas al galeón. Entonces, se nos quedó mirando a Eaa y a mí. No me sorprendió, solíamos causar tal efecto, pero sí despertó mi curiosidad. ¿Nos habría reconocido? Se puso a rebuscar entre sus papeles y luego nos sonrió. ¿Amabilidad genuina o esperaba nuestra llegada? Esto último no sería de extrañar, dadas nuestras invitaciones. Luego, centró su atención en alguien más, cambiando su expresión de forma inmediata. A continuación, pronunció nuestros nombres tras darnos la bienvenida, así como otro más, Rapax Gin. Miré a ambos lados hasta que me di cuenta de que se trataba del tipo con rostro peculiar y con el pelo y la barba blancos. Que estaban encantados de que aceptásemos su invitación. Sí, supongo que lo habíamos hecho si nos habíamos tomado la molestia de acudir allí. Larian, que fue como se presentó, se me quedó mirando e indicó que su capitán estaba muy interesado en nosotros. Vaya, eso sí me lo creía más. ¿Interés sincero o interés cargado de oscuras intenciones? Lógicamente, si no me fiaba ni de mi sombra, tampoco podía hacerlo con un capitán pirata al que no conocía y que nos había invitado a un sospechoso banquete. Dicho capitán nos estaba esperando para comer, indicó.
     Cuánta deferencia, pensé en tono de burla pero sin verbalizarlo. Estaba dispuesta a calcular bien mis movimientos allí.
     Larian comenzó a caminar y tanto Eaa como yo la seguimos. También el tal Rapax Gin. Por lo que parecía, también había recibido la invitación. ¿Quién era ese chico y por qué resultaba de interés? Nos desplazamos hasta el castillo de proa y, una vez allí, nos detuvimos ante la puerta. Que fuésemos educadas y elegantes con el capitán. Tuve que reprimir la risa. Por supuesto que yo podía ser muy educada y muy elegante, la cuestión era ¿sería ese capitán digno de mis esfuerzos? No le dediqué ni una sola palabra a la chica de ojos miel, tan solo me quedé mirándola unos segundos más de lo que se consideraría aceptable. 
     No me fiaba de ella. No me fiaba de nadie.
     Y mucho menos me fiaba de la negrura que tanto me atraía y que se podía ver desde el momento en el que Larian abrió la puerta.
     A diferencia de mí, Eaa se había mostrado de lo más parlanchina. Era evidente que había ignorado por completo mis palabras de ir con pies de plomo, pues le había faltado tiempo para dar información sobre ella misma, por poca que fuese, como que era cocinera, como que sabía preparar mi plato favorito (aunque no lo mencionó como tal), como que le gustaría ayudar con el banquete. Datos que por sí mismos no eran muy reveladores pero que la hacían verse, a mi juicio, confiada. Deseé que aquello no hubiese creado una fisura que le hiciera ver a esa gente que podía hacer con nosotros lo que les viniese en gana. Sin duda, y a pesar de nuestras semejanzas, Eaa y yo éramos jodidamente distintas.
     Entonces, volvió a ocurrir. Eaa, tras partirse de risa, volvió a hacer referencia a que yo le gustaba a alguien. En concreto, a Larian. En mi cabeza apareció la imagen de la aborrecible Diana de Murkhold, que dio por hecho mierdas que no podían interesarme menos. Entonces, la semioni me golpeó con el codo. La diferencia de altura y de envergadura hizo que me desplazase un metro por el contacto. No entendía por qué siempre se me atribuían ese tipo de cosas. ¿Que yo le gustaba a alguien? Bien por esa persona, me importaba una mierda. Que se aliviase en la intimidad pensando en mí si eso la hacía feliz. Pero, en aquel justo momento, ese tipo de bromas —esperaba que fuese una broma— me pareció muy fuera de lugar. Igual que la mención al dichosísimo panda con relación a mis ojos. Así que no pude evitar dedicarle a Eaa una mirada nada agradable. Nos estaban invitando a un pasillo más negro que la noche más cerrada en un lugar del que yo recelaba incluso antes de llegar, y a ella no se le ocurría otra cosa que hacer ese tipo de comentarios. Con Larian delante. Y no solo eso, sino que, una vez más, la pelirroja se tomó las libertades de hablar por mí: "no eres el tipo de la capitana". Creía haberle dejado claro con anterioridad que no hiciese ese tipo de cosas.
     —No creo que estemos aquí para hablar de mis gustos, ¿verdad? —comenté tan afilada como una cuchilla de hielo.
     Entonces, me acordé de que el chico peculiar también nos acompañaba, lo cual me hizo sentir aún más incómoda. Incómoda porque si yo no hablaba de mis cosas, no veía por qué nadie más habría de hacerlo, y más en presencia de absolutos desconocidos. Definitivamente, tendría que tratar el tema muy seriamente con la semioni.
     El hecho de el mencionado Rapax Gin le soltase a Larian el comentario referido al banquete y al capitán con aquel tono cortante, me hizo dibujar una minúscula sonrisa casi contra mi voluntad. Me gustó saber que no era la única con la artillería preparada en aquella situación.
     Comenzamos a andar hacia la negrura. Hace mucho tiempo que sé que la oscuridad tiene una fuerte influencia en mí, una atracción difícilmente comparable a casi cualquier otra cosa, así que en aquel caso me debatía entre la expectación que me creaba adentrarme allí y la fuerte sensación de que en cualquier momento caeríamos en una trampa, nos emboscarían o algo similar. Así que avanzaba en tensión, con los sentidos puestos en cualquier cosa inusual que pudiera percibir y consciente de la presencia de mi precioso látigo enrollado en mi cintura. De hecho, coloqué la mano derecha sobre este, sintiendo la suave textura del cuero negro y carmesí mientras avanzábamos a ciegas. El corazón me latía con violencia por pura anticipación.
     Entonces, el chico habló. Que si sabíamos de qué iba todo aquello. También desconfiaba de que aquella gente fuese quien decía ser. Me gustó conocer su opinión, tan cercana a la mía.
     —No me fío de una mierda de esta gente ni de sus intenciones. Nuestra carta también decía lo mismo, y aunque no conozco a los Alas Negras, me cuesta creer que lo sean a juzgar por la bandera. 
     Entonces, pensé que tal vez este tipo fuese uno de ellos, que estuviera diciendo lo que yo quería oír para exponer mi opinión y tal vez mis intenciones. Pensé que debía tener cuidado con lo que decía, por si acaso nos estaban poniendo a prueba a Eaa y a mí. Era consciente de que la paranoia crecía cada vez más y me aislaba de mi alrededor al causarme una alarma tras otra, pero no estaba dispuesta a permitir que nuestra entrada al Grand Line fuese nuestra última aventura, y tampoco que hicieran con nosotras lo que les viniese en gana. Pero toda conversación que sea digna de ser llamada así es bidireccional, ¿verdad?, tal vez pudiese aprovecharme de ello y obtener información del tal Gin.
     —¿Y tú qué has hecho para llamar la atención de estos piratas? —le pregunté en la completa oscuridad—. Si son quienes dicen ser, ¿vienes a unirte a ellos como su subordinado? 
     Fui muy directa, pero debía serlo. No estaba allí para hacer amigos. Aunque sí me tentaba volver a repetirle a Eaa que prestase atención, que tuviera cuidado, que antes había sido muy descuidada, pero intuía que me iba a hacer el mismo caso que antes, así que decidí quedarme callada. Por eso y porque no quería hacerlo delante del tipo. Tampoco es que fuese el momento para reproches. Lo único que debíamos hacer era avanzar por aquel corredor plagado de oscuridad hasta llegar a un destino que nos permitiese ver lo que teníamos delante y con la esperanza de que nada nos ocurriese mientras tanto.


INFORMACIÓN
  Responder
#13
Los modales de los invitados sorprendieron mucho a Larian, quien los ignoró completamente siguiendo su misión. Si la mujer tenía que describir a los tres piratas con una palabra sería "peculiares", la semioni pidió cocinar mientras se ponía nerviosa hablando con la humana, quien no parecía del todo contenta con lo que le había dicho. — Interesante — pensó la chica viendo hasta qué punto eran cercanas ambas piratas. Gin por su parte habló diciendo que esperaba que el capitán fuera más atento que ella, Larian hizo su mejor esfuerzo para no reír, ¿Quiénes se creían esos novatos? No llegaban ni a los treinta millones entre los tres.
 
No contestó a ninguna pregunta, solo los dejó pasar manteniendo su pose y, una vez los dos humanos y la semioni bajaron los seis tablones de madera que formaban la escalera, cerró la puerta con un fuerte golpe. — ¡Bienvenidos a la alianza de los Alas Negras! — se escuchó la fuerte voz de Larian a través de la puerta, procurando ser escuchada mientras a vuestra espalda se encendían una serie de candiles, viendo que delante de vosotros hay una pared. — Vaya, vaya, vaya ¿Qué tenemos aquí? Parece que por fin vamos a poder probar a nuestro feo invitado y a un par de pibones — habló un hombre a vuestras espaldas - justo detrás de la escalera - parecía ser el líder del grupo, relamiéndose los labios mientras se crujía los nudillos de la mano derecha usando la izquierda. Dejando ver tras de sí, a un grupo de 49 hombres y mujeres - los cuales podéis reconocer por ser los que han estado trasladando las provisiones - en clara predisposición para pelear. El hombre que os ha hablado es alto, de cuatro metros, con los músculos muy marcados dado su exhaustivo entrenamiento y una coleta recogiendo su largo cabello castaño. Su ropa era la de un marinero común, nada destacable, una camisa blanca y unos pantalones azul oscuro.
 
Si tenéis buen oído, podéis escuchar un ligero zumbido sobrevolando vuestras cabezas mientras el jefe del grupo está hablando. En la pequeña estancia donde os encontráis, de cinco metros de alto, de la pared de proa a la de popa hay sesenta metros de largo, ocupado todo por la horda. Tanto a estribor como a babor veis que está lleno de cañones que permanecían dentro con la ventana cerrada al no tener que usarlos. La sala estaba llena de sacos con pólvora estratégicamente situados al final de todo para no obstaculizar en una pelea, pudiendo ser todo el lugar visible gracias a la serie de candiles colgados por toda la estancia. — Vamos a ver si os merecéis ver al capitán — escupió las palabras con rabia el hombre que había hablado con anterioridad, empezando a acercarse a vosotros con intenciones de pelear, siendo seguido rápidamente por sus subordinados. Las 50 personas se acercan a vosotros para pelear usando sus puños.
 
 

anotaciones

horda

Contenido Oculto
  Responder
#14
Leyenda


Un portazo, las palabras de aquella mujer de brazaletes llamativos y ojos no tan bonitos y de pronto se hizo la luz. - Genial Eaa. Maravillosa jugada - me reproché. Efectivamente, acabábamos de caer en una trampa. Era una trampa evidente. En mi interior sabía desde que vi la carta que todo aquello pintaba muy mal. A medida que nos fuimos acercando las señales se habían vuelto más claras. La jodida bandera gritaba "Lobos Arañados" más que Alas Negras. Maeve se había tomado incluso la molestia de advertirme, y yo la había cagado, otra vez. La había vuelto a cagar por mi incapacidad para gestionar mis emociones y mis nervios. Había sido yo quién nos había llevado a esta trampa. - ¡Lo sé! ¡No hace falta que lo digas! - grité, pues me intuía lo próximo que iba a suceder. Podía escuchar incluso el reproche de la albina por haber sido una estúpida y por habernos metido de lleno en esa más que evidente situación. Me esperaba una trampa, claro. Pero esperaba que fuera después de comer. Comida envenenada, somníferos, una cantidad tan grande de alcohol seguida de un garrotazo en la cabeza,... Todas esas situaciones habían pasado por mi mente en uno u otro momento. Pero todas tenían una cosa en común. En todas ellas era cierta la parte de la comida. - ¿Para qué mencionar un banquete en esa estúpida carta si luego iba a ser mentira? - incluso me había ilusionado pensando en que podría cocinar algo delicioso para toda esa gente. Aunque, a quién iba a engañar, tampoco es que me importaran demasiado. Apreté el puño izquierdo mientras llevaba la mano derecha a la trenza de mi pelo, deslizándola hasta el final de esta. - No, todavía es un día especial - cerré brevemente los ojos y suspiré. Entonces escuché una desagradable voz detrás de mí. Me giré bruscamente, y le dediqué una asesina mirada. Se trataba de uno de los hombres que habían estado trasladando las distintas cosas al barco. Tras de él, un gran número de personas. No me paré a contarlos, pues no me importaba lo más mínimo, aunque sí reconocí a aquellos en los que me fijé. El lugar donde nos encontrábamos parecía bastante espacioso (si no fuera por que ni siquiera podía levantar el brazo sin darme contra el jodido techo). Entonces, este dijo algo acerca de probarnos, y nos llamó pibones a Maeve y a mí. Tenía que referirse a nosotras, pues el comentario de "feo invitado" hacía referencia inequívocamente a alguien de género masculino, y el único hombre en este extraño grupo era Rapax. ¿O tal vez Gin? No estaba segura de cuál de los dos era su nombre, pero esa pregunta podría esperar. Por lo menos a que el gilipollas de la coleta tuviera su merecido. No me hacía falta más, estaba enfadada, y ese gilipollas había comprado papeletas extra.

Sin siquiera esperar a que terminara de hablar, me dispuse a darle su merecido. Un paso, un salto hacia delante, y mis cuernos se clavaron en su pecho. - ¡Dile a tu capitán que venga a traer la comida si tiene huevos! - grité, mientras lanzaba el cuerpo sin vida del hombre de la coleta en dirección a sus compañeros. Lo hice con la intención de que Larian, la mujer que nos había encerrado allí y a la que casi seguro iba a apalizar tan pronto como saliéramos, me escuchara.



Info
  Responder
#15
Leyenda


Aclaratoria


Mientras bajábamos los escalones, Ayy me dijo que tampoco se fiaba de estas personas, al parecer los detalles eran más que evidentes, o tal vez la pequeña humana era incluso más perspicaz que yo. Algo estaba claro y era que estas mujeres no son dos incautas que hubieran aceptado la invitación por simplemente leer comida gratis. Si el "banquete" se ponía complicado, estaba claro que no querría tener a este par en mi contra, aunque hasta ahora no había ninguna señal que me hiciera sentir amenazado por ellas. Quizás mi intuición fuera cierta, o quizás simplemente el exceso de desconfianza en los supuestos Alas Negras estaba nublando mi atención.

En cuanto bajé el último escalón, un portazo y el grito de Larian del otro lado me hizo girar en seco. "¡Bienvenidos a la Alianza de los Alas Negras!" gritó Larian del otro lado de la puerta. De pronto la sala en la que entramos se iluminó, revelando la pared que había al fondo, mientras una figura se hizo notar junto a las escaleras. Un hombre más alto que yo, pero algo más bajo que Mei Vox empezó a decir una zarta de estupideces sobre mi aspecto y el de las otras dos, revelando que habíamos caído redondos en la trampa que nos tendieron. ¡Maldita sea. Lo sabía! pensé con rabia, mientras veía a un enorme grupo compuesto por la gente que decía ser parte del personal de los barcos de provisiones. Todos eran piratas. Todos eran escoria. Un zumbido que venía un par de metros sobre nosotros captó mi atención, y rápidamente miré al techo, intentando encontrar la fuente de aquel extraño sonido.

off




Oigan, tengan cuidado ustedes dos. Hay algo también sobre nosotros-Gin! Alcancé a advertir a mis... ¿compañeras?¿Cómo se le dice a alguien que es tu colega en ser víctima de una trampa?¿Co-presa? No importa. Luego tendría tiempo de divagar con semánticas. Mientras el tipo de la coleta estaba hablando, Mei Vox le cortó gritando algo sobre la comida... ¿Esta se creía que iba a haber un banquete? Mei saltó en cuanto el grupo de matones empezó a acercarse y de un salto se abalanzó contra el tipo alto, que parecía ser su líder. Al chocar, una nube de polvo nubló el lugar y cubrió a ambos. No pude evitar esbozar una sonrisa. Mei era una guerrera a temer. No dudaba ni un instante en pasar a la acción y por lo que pude ver, se trataba de alguien bastante fuerte.

A causa del polvo solo podía ver a Ayy frente a mi. Intenté poner mi mano en su hombro. -Oye Ayy, me gusta el entusiasmo de esa amiga tuya. Parece que lo tiene todo bajo control-Gin. Le dije a la humana. Luego giré de cara a la puerta por la que habíamos entrado y corrí escalones arriba y con toda mi fuerza golpeé aquella puerta con mis puños, propinándole dos golpes a toda potencia, como si del gran roble milenario de Kuen se tratase.




Turno
[Imagen: GGT7d9e.png]
  Responder
#16
     De pronto, unos candiles iluminaron nuestro camino, haciéndonos ver que frente a nosotros se alzaba una pared que nos hacía cambiar la dirección de nuestro avance. Un portazo. Habiendo dejado los seis escalones atrás, nos dimos la vuelta para encararnos a la gran sala que se abría ante nosotros. Un tipo comenzó a hablarnos. De forma desdeñosa, por supuesto. Haciendo alusión a nuestros aspectos físicos, dijo que nos probarían por fin. ¿Por fin? ¿Tantas ganas nos tenían? Unos cuatro metros medía el tipo. Entre tanta altura desproporcionada, me sentía cual tontatta siendo humana. En fin, ya estaba acostumbrada con Eaa y, en su día, con Peteiro. Nuestro nuevo acompañante tampoco era bajito, precisamente. Miré al hombre de la coleta de arriba abajo —no fue complicado debido a su altura— con una mueca de desagrado en mi rostro. Estaría bien que la gente, antes de hablar tan alegremente de la apariencia de los demás, dedicase unos minutos a mirarse al espejo; así, este ser se habría dado cuenta de que no era el más indicado para utilizar el adjetivo "feo" con otros. Y tampoco es que tuviese oportunidad en esta vida ni en ninguna de sus futuras reencarnaciones de tener algo con Eaa o conmigo, tanto que nos había llamado "pibones". Quizá un molusco hubiese estado más a su altura, y habría que preguntar al molusco. 
     Las intenciones hostiles eran más que claras no solo por este desgraciado, sino por todo el grupo de gente que comenzaba a aproximarse hacia nosotros. No esperaba que desvelasen tan pronto que nos encontrábamos en una emboscada —jamás pensé que aquella fuese una invitación de paz y amor, desde luego—, pero así era mejor. ¿Para qué perder el tiempo? Parecía ser que el hombre quería saber si merecíamos al capitán. Sonreí. Tenía claro, muy claro, que, por lo que se decía, el Grand Line era mucho más duro que cualquier cosa que hubiésemos vivido hasta ahora, así que no tenía pensado bajar la guardia ni confiarme, por supuesto, pero tampoco dejaría que la gente nos menospreciase. Para ir con miedo por la vida, mejor haberme quedado en las tabernas de mala muerte de cualquiera de las islas del West Blue. O incluso con miedo, que a veces es inevitable, se puede seguir avanzando. Esa es la verdadera valentía.
     Todos los músculos de mi cuerpo se preparaban para la acción. Sentí un cosquilleo en la cintura, donde el látigo la rodeaba, como instándome a desenrollarlo para comenzar la fiesta. Pero todo ocurrió demasiado deprisa. Tanto, que apenas tuve tiempo para reaccionar. 
     Como no podía ser de otra manera, Eaa montó en cólera ante las palabras del Coletas, soltando una más que evidente provocación y hundiendo sus cuernos en el pecho del pobre diablo. Solté una sonora carcajada. Típico de Eaa. Lo cierto es que ahora me sentía bastante más tranquila al encontrarnos con aquella pelea, porque ya no tenía la sensación de una inminente trampa, sino su certeza. Mi amiga continuó con su siembra de muerte y lanzó el enorme cuerpo del tipo contra los no sé cuántos idiotas que formaban el resto del grupo. Volví a reírme. Tan solo lamenté que, a priori, no hubiese dejado nada para los demás. Tal vez tuviese suerte y encontrase a algún imbécil para rematar.
     El polvo ahora nos rodeaba, dándole un aspecto más misterioso a la escena.
     Entonces recordé que, antes, nuestro compañero nos alertó de que también había algo sobre nuestras cabezas. No le había hecho mucho caso, fascinada con la sed de sangre de Eaa, pero ahora decidí prestarle atención a tal advertencia. ¿Qué era lo que había? Yo no veía ni escuchaba nada, pero tal vez él se hubiese percatado de alguna forma. Iba a decirle algo —a pesar de que él no había respondido a mis anteriores preguntas, que no se me había olvidado—, pero él habló primero. Se dirigió a mí con un nombre que no reconocí y halagó a Eaa. Habría estado bien si no hubiese decidido po-ner-la-ma-no-en-mi-hom-bro. 
     —No me toques —solté mientras perdía todo rastro de sonrisa y retrocedía un paso—. No vuelvas a tocarme.
     Entonces, el extraño chico se marchó corriendo en dirección a la escalera. ¿Qué coño hacía? ¿Estaba huyendo? Lo perdí de vista. No me molesté en seguirlo, no era mi problema. 
     Me dije que debía orientarme a lo importante y esto significaba no perder más segundos. Debía aprovechar la confusión que había levantado Eaa entre toda esa gente —confusión, por no llamarlo "muerte", que era lo que parecía— para evaluar mejor la situación. Así pues, me transformé en un majestuoso buitre blanco al momento y, de inmediato, emprendí el vuelo hacia arriba. En el techo, ubicado a unos cinco metros del suelo, se podía ver un entramado de vigas separadas ligeramente del techo como tal. Fui a posarme sobre una de ellas al lado de la pared izquierda de la sala para cubrir mis espaldas. Con mi ahora apenas metro veinte de altura, encajarme por allí arriba no me resultó complicado.
     Mi nueva localización me permitió vislumbrar toda la sala con bastante claridad: cañones a los laterales con sus respectivas ventanas al exterior cerradas, así como sacos al final de la estancia en los que se podía ver escrito "pólvora". ¿Por qué anunciarlo? En cualquier caso, y teniendo en cuenta los candiles, la combinación era pésima. Podríamos usarla contra enemigos, sí, pero reventar el barco con nosotros dentro no era la opción más inteligente.
     Además del vistazo general, intenté averiguar a qué se había referido el tipo de cabello y barba blanca cuando dijo que había algo sobre nosotros. ¿De qué demonios hablaba? Entrecerré mis ahora ojos rojos tratando de encontrar algo que pudiera ser alguna amenaza o que, al menos, había alertado a ese chico.
     Algo me decía que ganar no podía ser tan fácil. 


INFORMACIÓN
  Responder
#17
Si la palabra perfecta para los tres piratas invitados era "peculiares", la que ahora describía lo que estaba pasando era "caos". Pero antes de que este se diera, Rapax Gin pudo apreciar como una pequeña avispa sobrevolaba el sitio antes de la pelea y se iba hacia la puerta por la que habían entrado, fuera de la vista de todos, se paró en el marco superior de la puerta. Fue entonces cuando Eaa ensartó sus cuernos en el líder de aquel pequeño grupo perdiendo inevitablemente la vida antes de que su cuerpo inerte fuera lanzado a los tres pobres subordinados que estaban detrás, haciéndoles caer hacia atrás por la fuerza. Se podían apreciar algunas caras blancas entre los presentes por el acto que habían sido testigos, la pirata semioni les daba miedo, pero sabían que en el galeón había alguien peor, alguien que si fallaban los iba a matar de todas formas. Con determinación los marineros se abalanzaron hacia la pelirroja, rodeándola por completo, y empezaron a lanzar potentes puñetazos y patadas desde todas las direcciones. Los golpes le impactaron en las piernas, muslos y - con un poco de suerte por parte de los más altos - un par de impactos le llegaron al abdomen. La lluvia de golpes estaba sucediendo mientras Maeve lo veía todo desde su privilegiado sitio en las vigas de la gran estancia donde se encontraban, y por parte de Rapax Gin, decidió subir a toda velocidad los escalones haciendo añicos la preciosa pieza artesanal de madera encargada especialmente para el barco, volviendo de nuevo a cubierta encontrándose justo delante, a cinco metros de él, a Larian con un Den Den Mushi en la mano mirándolo con la ceja derecha levantada y con una mueca divertida, después del sobresalto que le había dado por la inesperada salida de este. — No sé si eres un cobarde por huir de la pelea o muy listo por dejarlas a las dos ahí y escapar tú — dijo la mujer con una sonrisa socarrona mientras guardaba el pequeño caracol de comunicación lila con el caparazón amarillo en su bolso blanco.
 
La chica se estaba entreteniendo más de lo que pensaba con los tres piratas y por los golpes que se escuchaban estaban dando pelea, eso le gustaría al capitán. Con calma la mujer se acercó a Rapax Gin y le dio un par de palmadas con la mano derecha en la lumbar, por la diferencia de altura. — Me caes bien y seguro que al capitán también. Voy a decirle que te guarde un sitio especial en el banquete, jus, jus, jus— le contestó con una peculiar carcajada mientras se separaba y volvía a donde anteriormente estaba la puerta. — Solo queríamos probar si os merecéis ser parte de la alianza de los Alas Negras, si quieres espera aquí hasta que acabe la bulla. Después solo tienes que entrar por la puerta que hay al final. Solo hay putos matones altísimos así que apenas se ve la entrada con todos esos imbéciles sin cerebro delante — suspiró con pesadez y cansancio mientras negaba con la cabeza harta de la gente que contrataban. Un conocido zumbido se hizo presente en cubierta parando la avispa en el hombro de Larian, quien se tensó de golpe y el color se fue de su rostro volviéndolo blanco. — Digo… Son unos subordinados muy eficientes y que batallan como feroces guerreros — Larian tragó saliva de forma sonora y una ligera gota de sudor bajaba por su frente, mientras, miraba de reojo al pequeño bicho que voló de vuelta hacia dentro, donde se desarrollaba la pelea. La morena suspiró llevándose la mano derecha al pecho intentando tranquilizarse, pero enseguida volvió a mirar a Rapax Gin como si nada hubiese pasado, con una gran sonrisa de oreja a oreja.— Ella te va a guiar al banquete. No tardes mucho que ya está la comida preparada y se va a enfriar. La semioni guapa se va a llevar una decepción si sale viva de la pelea, ni va a cocinar ni se va a encontrar la comida caliente. Jus, jus, jus — Larian se llevó la mano a la boca mientras reía recordando lo que le había dicho Eaa antes de entrar por la puerta y encontrar la prueba para acceder a la alianza pirata.
 
La avispa volvía a la estancia pasando por encima de la horda, pero debajo de donde se encontraba Maeve transformada en buitre, volando a unos cuatro metros y medio del suelo. La capitana de las piratas del Brillante Infortunio pudo ver pasar al diminuto insecto de una punta a otra de la sala, parando en el marco superior del marco de una puerta similar por la que habían entrado hacía escasos minutos. La avispa tenía la cabeza orientada hacia la puerta, esperando por los tres piratas para seguir con su misión de guía.
 
 

anotaciones

horda

bélico

hide
  Responder
#18
Leyenda


La sangre de aquel desgraciado de la coleta caía como un arroyo por mis cuernos. Lejos de parar ahí, varias gotas carmesíes se deslizaron por la blanca piel de mi rostro, como si fueran rebeldes mechones de pelo que se habían escapado de mi maravillosa trenza. - Bueno, uno menos, por baboso - suspiré viendo el cadáver en el suelo. Una de las gotas llegó a mis labios. Una sádica sonrisa se dibujó en mi rostro debido al sabor de la sangre. Ver cómo algunos de los marineros se habían quedado pálidos no hacía más que potenciar aquellas sensaciones. Me quedé mirando a los hombres que se me acercaban. - Ya que no hay comida, espero poder divertirme reventando un par de cabezas - Me resultaba algo cómico pues, debido a la diferencia de altura, no llegaban a golpear en ninguna zona vital. Inevitablemente me acordé de aquella vez en la que mamá no quiso que saliéramos por la noche al campo cercano a ver la lluvia de estrellas, pues podría ser algo peligroso. Mientras me encontraba parada, aguantando aquellos golpes a la vez que pensaba en qué acciones realizar, los pelos de mi nuca se erizaron. - ¿En qué momento? - me pregunté, tensándome por completo, al percatarme de que estaba completamente rodeada. Tener gente detrás era algo que no me hacía ni pizca de gracia. Mejor dicho, me generaba una gran incomodidad. Con gran esfuerzo había conseguido minimizar aquellos efectos en algunos casos concretos (como cuando Maeve me enseñó a hacerme trenzas), pero que alguien se me acercara por detrás (y más si se trataba de degenerados como estos) estaba definitivamente entre las cuatro cosas que menos me gustaban, detrás de los babosos, El Gobierno Mundial y los ricos repelentes.

La sangre hervía en mis venas, esta vez no de emoción, si no de una enorme y creciente ira. Tensé rápidamente los músculos de mi tren inferior, y con una rápida patada, hice un movimiento con mi pierna derecha en forma de arco, golpeando de esa forma a los marineros que había en mi lado izquierdo. El sonido de los huesos rompiéndose y las gotas de sangre que salpicaron mi rostro aplacaron aquella ira, pero no así la llama que ardía en mi interior. Tan pronto apoyé el pie derecho en el suelo lancé otra patada circular, golpeando al resto de marineros. Era realmente estimulante, pero seguía sin ser suficiente para calmar mi sed de sangre. Quien sabe si instintivamente o guiada por aquella sensación que me invadía, agarré a uno de los marineros por la cabeza con mi mano izquierda, antes de que cayera al suelo por el segundo golpe. - Tal vez si... - mordí mi labio inferior, mientras en mi mente se dibujaban los recuerdos de cómo aplasté la cabeza de aquel tuerto degenerado hasta dejarla hecha puré. Ignoré por completo la puerta que se encontraba al fondo de la estancia, así como el insecto que había pasado a un par de metros por mi derecha, pues mi prioridad estaba ahora en recuperar la sensación de aquella vez. - Mala suerte - le dije, con burla, al hombre inconsciente que sujetaba con la mano, mientras poco a poco aumentaba la fuerza.



Info
  Responder
#19
Leyenda


Aclaratoria


Los pedazos de madera y astillas que habían conformado hace nada aquella puerta estallaron bajo mis puños, permitiendo que la luz entrara de nuevo en el recinto en donde estaban los demás. No tenía intenciones de volver a ser presa de nadie más nunca. Mucho menos a minutos de haber llegado a este mar. A mis espaldas el sonido de insesantes golpes y gritos me indicaba que Mei Vox seguía combatiendo al grupo de matones que pretendían hacernos sus víctimas. Por su parte, la avispa que había llamado mi atención, pareció haber sobrevivido a mi ataque contra la puerta. -Maldito insecto pensé, mientras su zumbido parecía salir hacia la cubierta. Sea lo que fuera, aquella avispa no podía ser simplemente un insecto.

Me detuve a un metro del umbral de la puerta, mientras Larian me devolvía la mirada con una ridícula mueca entre la risa y la incredulidad, a la vez que guardaba un den den mushi en su bolso y me habló sobre su confusión entre si era yo un cobarde o un oportunista capaz de abandonar a alguien en una situación como aquella. Por suerte Mei parecía ser lo bastante fuerte como para defenderse a si misma y a Ayy sin problema alguno. Si no fuera el caso, jamás las habría dejado allí a su suerte. ¿Por quién me tomaba esta cretina? -Te aseguro que cobarde no soy. Solo quería aplastar a un insecto que vi justo allí-Gin, le respondí, dándole la espalda mientras me giraba para señalar el marco de la ex-puerta. El zumbido sonaba alrededor, pero había perdido al insecto de vista.

Mientras decía aquello, Larian se acercó a mi y tras un par de palmadas me habló de que su capitán estaría contento y no se qué cosas de un banquete. Esta tipa era escoria de la peor calaña. No solo fue grosera conmigo, sino que se jactaba de hacer algo tan arrastrado y deshonroso como aquella emboscada. Caminó hasta bloquearme el paso hacia el agujero de la puerta, de la que aún venían gritos y alaridos sin parar. Siguió diciendo que YO le agradaba y que aquella sucia emboscada era una prueba para ver si éramos aptos para ser parte de su alianza y me sugirió rapiñar mi éxito con el fracaso de aquellas muchachas. Mi sangre se calentó con aquella sugerencia. Mira que llamarme cobarde y luego sugerir semejante acto de cobardía. Esta gente no tenía idea de mi. Además, por alguna razón seguía hablando de Alas Negras, cuando no llegaban ni a los lobos blancos de sus símbolos. ¿Las ratas traicioneras? quién sabe cómo se llamaría esta banda de mequetrefes. Luego me preocuparía de ese detalle si tenía el tiempo. La chica luego se lamentó de no poder ver nada de la supuesta prueba debido a la altura de los infelices que nos intentaban emboscar.

Repentinamente, la avispa se posó sobre Larian en cuanto mencionó que aquellos matones de adentro eran unos "imbéciles sin cerebro", haciendo que se corrigiera de inmediato, como si la presencia de aquel animal representara una amenaza importante para ella, pasando a llamarles "feroces guerreros" y siguiendo con la mirada a la avispa mientras esta volvía a entrar al castillo del galeón. Luego de que me dijera que siguiera al insecto hacia el "banquete" empecé a caminar hacia la pequeña pero agrandada muchacha. Quería partirle la cara por todo lo que había hecho hasta ahora, pero no parecía llevar armas. Yo no era como estas escorias. No pelearía contra alguien desarmado.

-¿Sabes? Tengo 3 cosas que me gustaría decirte, si me permites-Gin, empecé a decirle mientras me paraba justo frente a ella y no dejaba de mirar esa cara socarrona que me sonreía tan desagradable. Está desarmada...Está desarmada... ,me repetía a mi mismo, tratando de contener la rabia que sentía hacia esta maldita. Saqué de mi bolsillo la carta con la que me habían invitado. Primero, en esta carta no habla de ninguna prueba, además que ni siquiera saben si quiero o no unirme a ustedes-Gin. Deberías pedir que la revisen, le dije mientras me agachaba, acortando la distancia de nuestros ojos e introducía la carta en ese bolso blanco que había dejado abierto al momento de guardar su den den mushi. Continué luego de sacar mi puño: Segundo: ¿Te agrado por según tú ser un cobarde que abandona a sus compañeros? ¿Compañeros?¿Co-presas? Luego... -Qué estandar tan bajo tienen los dichosos Alas Negras-Gin. No paraba de pensar en que Larian debía pagar por semejante puñalada a traición. Por un momento pensé en decirle que había sido muy irrespetuosa conmigo y las muchachas, especialmente con la pequeña Ayy, a quien no dejó de babosearle todo el rato que la tuvo en frente, pero fue entonces cuando recordé un detalle: Larian sabía quienes somos. Tenía en aquel bolso papeles con nuestros carteles e información nuestra... La información... La información es un arma muy peligrosa. Sonreí. Me acerqué a escasos centímetros de su cara, mientras aún nos sosteníamos la mirada y continué Y Tercero: Si la gente alta no te deja ver la pelea, ¿por qué no te acercas-Gin? Marlin Lance.

El cuerpo de Larian salió disparado por el aire, atravesando el agujero de la puerta y estampándose contra el suelo del interior del castillo. Mi puño derecho, que hacía una fracción de segundo había cargado contra el estómago de la chica, temblaba de gusto y yo, aún sonriendo me levanté y, soné mi cuello, luego mis nudillos y-- Corrí tras la mujer voladora de vuelta adentro para luego de un salto, plantarme frente a ella, a varios metros dentro de la habitación. Sin apartar mi mirada de ella escupí al suelo y me preparé para lo que le esperaría. De reojo conseguí ver que cerca solo estaba Mei en pie, con sus cuernos ensangrentados entre un mar de cuerpos caídos. Sabía que estaba en lo correcto. Esa muchacha sabía lo que hacía. Y si quería unirse a la fiesta, no sería yo quien se lo impidiera. Después de todo, los lobos cazan en manada.



Contenido Oculto


Turno
[Imagen: GGT7d9e.png]
  Responder
#20
     Lo único que había podido vaticinar con anterioridad había sido que, en algún momento, aquellos sarnosos nos tenderían una trampa. Mi instinto no había fallado, aunque tampoco hacía falta poseer el cerebro del científico más famoso de los mares para llegar a aquella conclusión, pues todo aquello apestaba a malas intenciones desde la famosa nota. Pero Eaa y yo nos habíamos personado allí porque sí, porque nos gusta el riesgo y que nuestros nombres resuenen por las sucias bocas de quienes osen subestimarnos.
     Bien, como decía, aquello fue lo único que pude prever. A partir de ahí, todo parecía haber tomado un cariz imprevisible. A excepción de los cadáveres: la gentuza que golpeaba a mi amiga encontró la muerte más pronto que tarde. Ni siquiera me planteé descender de mis aventajadas alturas porque confiaba de pleno en las habilidades de mi amiga. De hecho, haber acudido en su "ayuda", además de una inutilidad, habría sido una falta de respeto hacia ella. Estaba claro que no la necesitaba.
     Y, por precisamente encontrarme allí arriba, pude localizar aquello que había alertado a nuestro huidizo compañero: un insecto. Lo que parecía una avispa, de hecho. En aquella estancia con una iluminación que podía mejorar, y siendo aquel bicho volador tan pequeño, habría sido muy fácil que escapase a mi vista. Supongo que una década de caza desde las alturas había afinado mi vista hasta el punto de localizar un objetivo tan complicado. Vi cómo la avispa desaparecía por donde habíamos entrado. Extraño, pues ahora se colaba más luz desde aquel lugar tras un estruendo que apenas se había escuchado debido a la pelea de Eaa contra aquel grupo —ya muerto— de redomados idiotas. Parecía que el tal Gin —ya no recordaba el nombre completo porque, a decir verdad, me importaba bien poco— había hecho un destrozo por allí arriba.
     Estaba pensando en mi siguiente movimiento cuando, de pronto, una nueva sorpresa: algo, o más bien alguien, cayó pesado como un gran saco de patatas a la estancia donde Eaa y yo todavía nos encontrábamos. No tardé en reconocer ese rostro: Larian. Justo después, aterrizó otro alguien. Gin. Vaya, vaya, así que no había huido. Le devolví los puntos mentales que le había quitado cuando le hube atribuido ser un cobarde por marcharse. No solo no se había ido, sino que había acudido a la violencia contra la tiparraca de sonrisa socarrona a la que, según mi amiga pelirroja, yo le gustaba. A ver si le gusta eso, me mofé en mi mente. No sonreí porque el pico de un buitre apenas da margen para ello.
     Un rápido movimiento captó mi atención de nuevo. La avispa. La puta avispa. ¿Por qué regresaría, habiendo salido al mundo exterior, uno repleto de posibilidades para sobrevivir para un insecto? Estaba volando hacia el fondo del lugar, aquel donde podíamos vislumbrar una puerta similar a la que habíamos atravesado para caer en aquella nada elegante emboscada. Fue entonces cuando me planteé que aquella avispa podía no ser un insecto corriente, dada la trayectoria contra natura, contra el instinto de supervivencia. ¿Por qué cruzar toda aquella caótica sala, entera? Si algo me había enseñado el mundo, entre otras tantas lecciones, es que muchas cosas eran posibles, incluso las más alocadas. Yo misma era un buitre en aquel preciso momento habiendo nacido humana.
     Tenía buena vista, sí, pero habiéndose alejado tanta distancia, algo tan pequeño como aquel insecto ya se escapaba de mi localización.
     ¿Qué debía hacer? Eaa se había encargado con preciosa brutalidad de aquella panda de inútiles. El tal Gin se encontraba frente a la derribada Larian, de pie frente a ella mientras esta continuaba en el suelo. Normal, tras la tremenda hostia que se había pegado. ¿Y yo? ¿Qué debía hacer yo? Podía tratar de cruzar la sala volando, pero eso sería alejarme demasiado de ellos y, a pesar de la victoria en la primera emboscada, dudaba que fuese la única prueba que nos harían enfrentar. La unión hace la fuerza, dicen, aunque a esos tipejos les había servido de bien poco. Más bien me resistía a alejarme de Eaa sin una buena razón para ello, pues un mal cálculo nos lo podría hacer pagar caro. Y, bueno, también estaba Gin, que aunque no lo conocía de nada, parecía que estaba de nuestro lado. Ya veríamos.
     Sin embargo, bajar al suelo con ellos se me antojaba también una mala idea. Al menos, de momento. Con la tipa ahí tirada, y tras el reguero de muerte de medio centenar de idiotas, era cuestión de tiempo que alguien apareciera por la entrada que nos había llevado hasta allí o, lo que me parecía más probable, por la puerta del fondo, aquella hacia donde se había dirigido la avispa y que aún permanecía cerrada. Por tanto, el movimiento más inteligente que trazó mi mente fue la ausencia de este. Es decir, quedarme allí arriba para una visión más amplia desde las alturas, pues, por el momento, nadie me necesitaba abajo.
     Me dedicaría a observar los siguientes acontecimientos, esperando en secreto que nos volvieran a atacar. Eaa me había dado envidia, yo también necesitaba sesgar vidas. Esperaba disponer de la ocasión. Mientras tanto, acecharía entre las sombras que dejaban los candiles.


INFORMACIÓN
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)