+18 Hunter’s Gate – (Evento local) [Presente Absoluto]
#31
Leyenda


Parpadeé una única vez desde que lancé a volar la mesa. Cuando abrí los ojos nuevamente me encontraba en el suelo. - ¿Qué cojones ha pasado? - me pregunté, sorprendida. Antes de poder siquiera pensar en levantarme, un duro golpe en mi cabeza me dejó completamente confundida. Vi lo que parecían ¿gusanos? alejarse de mí. Eso era raro. Traté de ponerme de pie, pero no podía mover las piernas libremente - Ah, maravilloso. Felicidades Eaa - pensé al descubrir que tenía las piernas atadas con una especie de seda. Eso explicaba los gusanos. Alcé la mirada y vi a aquel degenerado detrás de la capitana, quien parecía todavía sentada en la silla. Aquella situación me recordó inevitablemente a la vivida en Ciudad Murkhold. Otra vez me encontraba inmóvil, sin hacer nada mientras un degenerado amenazaba a Maeve.

Usando todas mis fuerzas pude deshacerme de mis ataduras. Me puse en pie, sin perder de vista a aquel asqueroso. Inspiré profundamente, tratando de que la irrefrenable ira que se acumulaba en mi interior no nublara mi mente. Tenía que hacer algo y tenía que hacerlo cuanto antes. El problema, como siempre, era mi propia cabeza. Tenía demasiadas cosas rondando mi mente, demasiadas variables y opciones, y ninguna parecía la correcta. En estos momentos era cuando más deseaba poder tomar decisiones rápidamente, o abrazar el caos de mi interior y dejarme llevar por completo. Una sonrisa se dibujó en mi rostro al preguntar el hombre de pelo blanco acerca de si Maeve podría salvarme. Era evidente que no tenía la más mínima idea.

OST DE LA ESCENA

Me puse en guardia, relajando los músculos de los hombros y echando levemente la pierna derecha hacia atrás.

Sabía perfectamente lo mucho que Maeve se preocupaba por mí. Era, sin ningún lugar a dudas, la persona que más lo hacía. Esta era, de hecho, una de las principales razones por las cuales había decidido darlo todo para hacerla lo más feliz posible. Sabía también, por otro lado, lo mucho que confiaba en mí pues ella misma me lo había dicho y demostrado en varias ocasiones. Confiaba plenamente en mí y en mi fuerza. Tenía que demostrarles que era alguien en quien podían confiar. Ya había fallado a Peteiro una vez, así que no iba a fallar más, aunque me fuera la vida en ello.

- Vaya, no pensaba que tuvieras tanto miedo de la capitana como para tener que mantenerla atada - hablé con una sonrisa cuando el hombre se dispuso a acercarse a mí.


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#32
OST DE LA ESCENA

     ¿Qué... qué demonios pasaba? Había completado la transformación a mi forma híbrida y mi intención había sido lanzarme contra ese hijo de puta tras las décimas de segundo que había tardado en desenrollar el látigo de mi cintura, ahora más suelto por mi nuevo tamaño de dos metros y medio, pero... No sucedió. Algo me había hecho regresar de nuevo a mi anterior posición, sentada sobre la silla. Tardé un par de segundos en darme cuenta de que estaba... ¿atada? Algo me retenía las patas a las de madera y el hecho de haber cambiado de tamaño no había afectado para que se soltasen por sí solas, incluso sin haberme dado cuenta de este nuevo obstáculo hasta el momento. ¿Qué cojones era aquello?
     De inmediato, regresé a mi forma humana original, a ver si de ese modo las ataduras se aflojaban y podía llevar a cabo el ataque que se había dibujado en mi mente hacía apenas segundos, pero no surtió efecto. Ni siquiera quise mirar hacia abajo, pues aunque la acción de Eaa de lanzar la mesa por los aires me permitía una mejor vista, no quería perder ni un instante de lo que, a continuación, podría desenvolverse ante mis ojos. Un descuido podría resultar fatal.
     No me había pasado desapercibido que la sangre de Peteiro ahora manchaba los dedos de la mano izquierda de Wolf, ni que había desenvainado su espada, ni que me miraba a los ojos con un peligroso destello.
     Y atacó a Eaa. La espada golpeo el bello rostro de mi hermana de otros padres, derribándola.
     Fui a gritar el nombre de la pelirroja, pero este quedó atascado en mi garganta. No quería que ese malnacido descubriese ni un solo atisbo de desesperación en mí, incluso cuando el golpe pareció hacer mucho daño a la semioni. Cerré las manos con fuerza, la derecha aún en torno al mango del látigo, que permanecía desenrollado desde justo antes de darme cuenta de la trampa. 
     Me quedé quieta, muy quieta, atenta a los movimientos del cazador, incluso cuando todo mi cuerpo me gritaba que me lanzara contra él, incluso con las piernas atadas a la silla, llevándome la silla conmigo si hacía falta. Pero ¿qué clase de ataque cabría esperar con aquel lastre si intentaba levantarme? Mientras aquella pregunta cruzaba mi intelecto alterado, Hunter comenzó a acercarse a mí. 
     Jugar sucio, dijo. Diría que casi sonreí por tal despliegue de cinismo, pero la realidad es que, en efecto, sonreí. Una sonrisa que rezumaba tinieblas.
     —No esperaba menos de alguien como tú —siseé mientras se colocaba a mi espalda. 
     En mi interior acontecía una encarnizada batalla donde la sangre fría, de momento, iba ganándole la batalla al volcán desatado al haber contemplado la cabeza de Peteiro. 
     Wolf se apoyó en mis hombros con ambas manos. Mi reacción natural habría sido sentir repulsión por el contacto no deseado, mas lo que experimenté fue un escalofrío al imaginarme mi pico —ahora desaparecido— hundiéndose en las cuencas de sus ojos, sus globos oculares bajando por mi garganta. Me agarró por la barbilla. Sus dedos eran jodidamente suaves, adecuados a su pulcra apariencia. Lástima que fuese un desgraciado hijo de puta, pues en otra vida, en una donde no hubiese asesinado a mi amigo por ser un infausto cazador, le habría ofrecido unirse a nuestra tripulación. Un alma tan oscura como aquella no ha de desperdiciarse. Pero había elegido el camino equivocado. Y yo, con sus labios tan cerca de mi oído derecho, temblaba de furia ante sus palabras. O quizá por saber aquellos dientes tan afilados tan cerca de mí. Cerré los ojos al sentir sus dedos sobre mi rostro, manchándolo de la sangre de Peteiro desde las comisuras hasta las mejillas, dibujándome una sonrisa, como si quisiera acentuar la que hacía segundos mi rostro había vestido. Sin duda, debió de sentir el relieve de mi cicatriz en el lado izquierdo, pues seguía esa misma forma. Deslicé la lengua fuera de los labios, aún con los suyos rozándome la oreja, para recoger el sabor metálico de aquel que jamás nos había llegado a presentar a su fiel amigo Balban, como si así pudiera tenerlo más cerca, como si la esencia que quedaba de él me recordase que a la oscuridad se la combate con oscuridad.
     Volvió a colocarse frente a mí. Verle lamer también la sangre, aunque en este caso de sus dedos, me agradó tanto como me enfureció, y me enfureció mucho. Cómo se atrevía a saborear a mi compañero, a mi amigo. Ese privilegio solo podía tenerlo YO.
     Fui a responder su punzante pregunta acerca de Eaa cuando me dio la espalda y comenzó a dirigirse precisamente hacia ella. Desenvainó otra vez su espada. No podía dejar que volviese a golpear a Eaa, la pobre aún se estaba levantando de la tremenda hostia que le había propinado Wolf. Había sido rápida y, a diferencia de mí, se había logrado quitar sus ataduras. ¿Qué debía hacer yo? ¿Intentarlo y perder un valioso tiempo en el que él podría alcanzar a herir a Eaa de nuevo, o utilizar otro tipo de estrategia a costa de mi libertad? Eaa se puso en guardia, lanzándole una pulla a Hunter con referencia a mí. Fue entonces cuando decidí actuar.
     A pesar de mi mente anegada por negros torbellinos, escuché al tal Rapax Gin hablar de justicia, como si su voz llegase desde un reino muy, muy lejano. No entendí nada más.
     Justicia.
     No podía levantarme sin hacer el ridículo, ni era capaz de mover las piernas, pero de mis brazos no se podía decir lo mismo.
     Al igual que antes, mi mano derecha aún agarraba con fuerza el mango del látigo. Con un hábil movimiento, pues aquel arma funcionaba para mí como una extensión de mi propio cuerpo, lancé su longitud hacia Hunter con la mayor precisión que pude y conseguí enrollar el extremo en el cuello del tipo. Di un tirón seco hacia mí y lo derribé, haciendo que su cabeza golpease contra el suelo.
     —¡HUNTER! —bramé, aún sujetando con fuerza el látigo—. ¿CÓMO TE ATREVES A DARME LA ESPALDA? ¡ESTÁS HABLANDO CONMIGO!


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#33
Leyenda



Aclaratoria


OST de la escena 

El plan era eficaz. En mi mente un ataque conjunto habría bastado para reventarle los huesos a Gunther, casi pude verme allí en perfecta sincronía y formación con las dolientes piratas, mientras el cuerpo de Fox se estremecía ante nuestra arremetida, pero poco duró mi predicción, pues la imagen que mi cerebro se adelantó a mostrarme se esfumó tan rápido como había llegado. La emoción desapareció cuando ante mí veía rápidamente la mesa salir volando por los aires y a Gunther Fox atacar con su arma a Mei, quien había caído al suelo atada por una especie de hilos, mientras Ayy se encontraba también con sus pies atados a aquella silla. Intenté actuar como planeé antes, pero al momento de saltar a la acción, un tirón hizo que mis piernas no respondieran como esperaba y cayera en el sitio. Pude atinar a clavar mis rodillas a tiempo, a la vez que mi brazo izquierdo evitaba que clavara los dientes en la mugrienta madera de la cubierta de barco. Cuando miré mis pies no podía creerlo -¿En qué momento?- pensé, mientras veía ahora de primera mano cómo mis piernas estaban envueltas en una especie de extraño hilo, como la seda con la que un insecto construye un capullo. Unos 15 gusanos bajaban desde mis piernas al suelo. Gusanos de seda. Claro que los conocía, pues abundaban en la jungla de aquella isla en donde me exilié. Pero estos gusanos eran diferentes. Trabajaban en grupo, como si siguieran un objetivo común. Eso no era natural. -¿De dónde salieron?- Fue así como en un segundo todo cobró sentido.

aclaratoria


Aquella avispa que parecía observarnos dentro del barco. La forma en que huyó hacia la cubierta y el miedo que sintió Larian en cuanto la criatura se posó sobre ella. Su consejo de seguir la avispa hacia la siguiente habitación. La forma en que voló hacia Gunther, decidida hacia una muerte segura, aplastada por su propia mano. Ningún depredador acabaría con su vida voluntariamente. Las ataduras en los pies de los 3 a manos de aquellos gusanos. Allí lo entendí: estas criaturas obedecían a Gunther y las usaba como extensiones de su cuerpo. Esto solo podía significar una cosa.

“Mei! Ayy! ¡Ese cabrón es un usuario! ¡Está controlando a los insectos -Gin!”

Vi aquellos gusanos arrastrarse a la altura de mis rodillas y comencé a buscar a mi alrededor. Las rabiosas acciones de Mei habían hecho volar por los aires la mesa y todo lo que sobre ella estaba. Por suerte, a unos 40cm a  mi derecha se hallaba ahora un plato hondo con forma semiesférica con algún tipo de salsa derramada. Lo tomé y con el atrapé a los gusanos que comenzaban a arrastrarse hacia su amo. En un instante vi a Gunther provocar a Ayy con la sangre del gyojin muerto, y retarla a salvar a su compañera. Tenía que hacer algo y pronto.

Los hilos en mis piernas eran resistentes, pero tensando mis músculos y haciendo resistencia, pude sentir cómo las fibras comenzaban a ceder. poco a poco el tejido de aquellas plagas se desgarraba. los hilos parecían cuerdas, pero Gunther estaba cazando a la presa equivocada. Con un último esfuerzo y ayudado de mis brazos, conseguí romper las ataduras y levantarme nuevamente. Esto no se iba a quedar así. Le gustaba ser cazador. Vamos a ver cómo se siente siendo la presa. Mientras me trataba de liberar, parecía ser que Mei Vox había hecho lo propio y se alzaba nuevamente frente a su oponente.

A escasos 10 metros de mi pude ver a  Gunther acercándose a Mei. Debía hacer algo. Emprendí la carrera, aún jadeante por el esfuerzo de librarme del hilo. Tenía que evitar que le diera el golpe de gracia. Mi mirada estaba puesta en la cara de aquel malnacido, cuando tras recorrer un par de metros, su sonrisa fue ahogada por el agarre de un látigo a sus espaldas. la pequeña Ayy había vuelto a su forma humana y ahora su arma se enroscaba en su enemigo. Con un salvaje grito y un fuerte tirón, el cuerpo de Gunther Fox fue halado hacia Ayy y estampado de cabeza contra el suelo. Era mi oportunidad. 


“¡Te crees cazador, pero eres una puta cucaracha-Gin! ¡Ram Resonance!”


Salté con mis brazos contraídos a mis costados, volando en parábola hacia mi objetivo. A escasos centímetros de impactarle extendí ambos puños, tronando el pecho de Gunther, mientras sentía cómo las fibras de su cuerpo vibraban internamente, como hacía tantos años me sucedió a mi a manos del carnero del norte. Su cuerpo temblaba, víctima de mi técnica, mientras yo me alejaba rápidamente, poniendo la mayor distancia entre esa rata traicionera y yo. Jadeante me detuve sin quitarle la mirada, mientras me anticipaba a su respuesta.



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#34
Había ignorado tanto el grito del horrendo hombre humano, revelando que era un usuario de una akuma no mi, como el intento de provocación por parte de la hermosa semioni. Pero ahora el turno de ambos, de hacerles sufrir hasta ver la desesperación más absoluta en los ojos de la ahora permanente sonriente - gracias a mi dibujo de una sonrisa en su cara con la sangre de su amigo - mujer de largo cabello blanco. — Estimada Eaa, yo no le tengo miedo a su capitana. Solo soy un caballero al que le gusta jugar y que conoce de buena mano como de sucio puede ser un pirata — contesté de forma seria recordando ciertos momentos de mi pasado. Quería a todos los piratas muertos y degustados por mí, probar la carne de aquellos malhechores, aquellos carentes de empatía que solo se dedicaban a acabar con toda vida inocente por diversión. Haría honor a mi apellido cazando y comiendo la carne de mis presas, como el animal que representaba este. Me era indiferente que supieran el poder que me había otorgado la extraña fruta que comí, ya era tarde para todos. Se encontraban en mi galeón, en mi hogar, en mi territorio.
 
Sonreí de manera cínica a Eaa, y cuando levanté la espada para volver a asestar un certero golpe contra ella, noté aque algo se enrollaba en mi cuello y como eso me empujaba hacia atrás impactando mi cabeza contra el suelo impoluto de mi navío. No pude evitar que todo rastro de elegancia se fuera un momento para echarme a reír a pleno pulmón, que descortés y que sucio había sido atacar por la espalda, malditos piratas. El eco de mi demente risa cesó mientras me giraba hacia mi derecha para levantarme de forma lenta y pausada. Primero me incorporé con mis rodillas y levanté la mirada hacia Maeve, mostrando mis colmillos en una sonrisa que junto a mi cabello despeinado podía verse como la de un demente. Iba a cambiar de planes, si aquella mujer quería toda su atención la tendría, iba a ser algo entre ambos. — Sabe, querida capitana Maeve Knox, a los cazarrecompensas también nos pueden contratar y creo que conoce bien quien ha podido ser esa persona que busca verla muerta — dije mientras me apoyaba en los talones usando la mano izquierda como punto de apoyo también, al tener mi Bloody Kiss en la mano derecha todavía y está en el suelo. Sonreí, con arrogancia y superioridad aun siendo ella quien se encontraba ahora mirándome desde arriba. Pero yo contaba con esa información, que solo yo conocía, y mientras me incorporaba del todo - y quedando a un metro de ella justo delante - empecé a silbar de forma suave y armoniosa una canción que debía conocer muy bien la hermosa capitana pirata.
 
Canción que silba Hunter
 
 

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#35
Leyenda


Aclaratoria




La frustración de no poder moverme se iba apoderando de mi, mientras el maldito Gunther, haciendo honor a su apellido, con la astucia de un zorro buscaba provocar a Ayy silbando una extraña melodía. Al parecer este tipo había sido contratado por alguien para ir a por ella y Mei. ¿Qué mierdas quería conmigo este cretino entonces? ¿Solo quería aprovechar el esfuerzo para cazar más presas en un solo ataque? No iba a permitir que nadie se hiciera con mi cabeza. No sin antes darle una pelea que lamentar. Este maldito podría acabar con nosotros, pero por la memoria de Mira que le iba a doler el haberse metido conmigo.

Justo a mi lado, a unos 40 centímetros a mi izquierda pude ver entonces un enorme cuchillo, que probablemente habría volado junto con todos los objetos y alimentos de la mesa del "banquete". Estiré mi brazo izquierdo y lo tomé. Apoyándome con mis rodillas y mis manos, logré estabilizarme, aunque sin poder aún moverme. Tratando de mantener el equilibro, observé la escena frente a mi. Gunther estaba de espaldas a Mei y a mi, se había tratado de levantar del latigazo recibido en su cuello, y ahora mismo tenía su mirada fija en Ayy, pero claramente planeaba saltar al ataque. Su aspecto despeinado y salvaje finalmente revelaba su naturaleza descontrolada. No podía moverme como quisiera, pero con todas mis fuerzas necesitaba ayudar a la pirata albina. Cerrando un ojo y tomando posición, respiré profundo y, como si se tratara de aquellos cuchillos con que llegué a cazar lagartijas en los árboles de la jungla, flexioné mi brazo izquierdo, tomando el cuchillo por su hoja apunté al centro de su espalda, la cual me estaba mostrando casi pidiendo ser atacada y lo arrojé.

La hoja del cuchillo giró, y mientras volaba, no pude evitar contener el aliento. Mientras la cuchilla se hundía en el lomo del zorro, pude ver los girones de su cabello agitarse del sobresalto. Si eso no captaba su atención, tendría que admitir que al menos un mínimo de respeto tendría a la hora de romperle el cuello. Sin embargo por ahora, debía hacer que su mirada se fijara en mi.

"¿Eres tan cobarde como para atacar a una damisela indefensa-Gin?" le grité al malnacido, mientras dejaba caer mis dos puños contra el cuidadosamente pulido suelo de madera de la cubierta. Con mis manos sentí cómo atravesaba el tablón del suelo y arrancaba un trozo de madera, convirtiéndolo en un escudo improvisado con el que me atrincheraba de la respuesta del cazador, al momento que le provocaba.

"Si de verdad eres tan valiente, suéltame-Gin! Veamos quien es la verdadera presa, pequeña avispita"


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#36
     Hunter rio como si hubiese abandonado la cordura, si es que acaso alguna vez había conocido el significado de esta, para perderse entre sus propias carcajadas, como si le hubiese hecho gracia estamparse contra el suelo. Estaba claro que disfrutaba del dolor ajeno, pero ¿del propio? Tal vez fuese sadomasoquista. Yo no juzgo los gustos de cada quién, pero tal vez fuese algo a tener en cuenta si afectaba en aquella extraña pelea que apenas había comenzado a tener lugar. 
     De nuevo, silencio. Fue levantándose despacio. Me miró. Sonrió y me mostró los colmillos. No me asustaba, si es que era su intención. Tal vez otra persona se habría amedrentado ante la presencia de unos dientes de forma tan letal, pero también soy una persona de gustos alejados de lo considerado normal (¿qué es la normalidad?). Y las apariencias peligrosas no me causan miedo, sino que me fascinan. Sin embargo, por lo poco que nos había mostrado Hunter, no estaba entre mis planes subestimarlo. 
     Entonces, habló. Me habló. "Querida capitana". Un cinismo exquisito, el suyo. Era un cazarrecompensas contratado, un puto mercenario. Nada nuevo. Pero parecía que no le movía la codicia pura, sino los propósitos de alguien más. Sabía a lo que me exponía con una recompensa por piratería, por supuesto, así que no me impresionó. 
     "Creo que conoce bien quién ha podido ser esa persona que busca verla muerta".
     Oh, he cometido tantos crímenes a lo largo de mi vida que he perdido la cuenta de quién podría querer verme muerta a esas alturas. Lo primero que pensé fue que no podía acordarme de todas.
     Su sonrisa volvía a acompañarlo mientras terminaba de ponerse en pie. Yo misma había descartado volver a atacarle con el látigo porque, a pesar de que había estado derribado, ahora no me daba la espalda, por lo que las probabilidades de volver a herirle se reducían. Mis piernas aún atadas a la silla tampoco ayudaban.
     De pronto, el cazarrecompensas comenzó a silbar.

OST DE LA ESCENA
     
     La repentina canción habría sido sido capaz de paralizarme con más efectividad que los finos hilos que me retenían. Toda la piel de mi cuerpo se erizó, presa de un potente escalofrío. Se me cortó la respiración durante unos eternos segundos, que apenas habían resultado ser un par. Los latidos de mi corazón se dispararon y, de repente, fue lo único que pude escuchar, sintiendo cada bombeo de sangre en mis oídos como un tambor enloquecido.
     Estaba pasando. El momento que me había obsesionado desde hacía más de quince años ahora se presentaba ante mí en forma de sádico cazador. Supe, en el preciso instante en que la melodía comenzó a llenar el aire, esa puta melodía que se había instalado en mi cerebro durante los años de mi infancia y adolescencia como un vil parásito, quién le había ordenado a Hunter Wolf mi caza. Después de tantos años, su ego seguía herido por haberlo intentado herir de muerte y haber escapado de sus garras.
     Era la música del circo.
     El Patrón.
     No había podido evitar la reacción de mi cuerpo ante tal sucesión de notas, ante tal revelación, pero sí podía tomar las riendas de la situación. Intentarlo. Es jodidamente difícil enfrentarse a los propios miedos cuando estos se presentan ante una sin anestesia previa. Pero debía dominar la situación, no le daría a ese hijo de puta de ojos intensos el gusto de tener frente a él a una presa asustada.
     Por encima de mi cadáver. Porque el Patrón me quería muerta, no cautiva. Un alivio. 
     De pronto, mi mente había comenzado a funcionar a doscientas revoluciones por segundo. Aquella emboscada era más personal de lo que Wolf había dejado entrever al principio, así que no podía permitir que, de ningún modo, salpicase a Eaa. Si antes estaba convencida de que debía atraer a Hunter hacia mí para evitar que volviese a hacer daño a mi amiga, ahora ese objetivo se había transformado en una obsesión. 
     Pero había olvidado que no estábamos solos.
     El tal Gin le arrojó algo. No pude ver qué era, pues mis ojos solo se habían centrado en Hunter hasta el momento. ¿Qué coño estaba haciendo ese tipo? Le dediqué una mirada cargada de reproche.
     Yo era la presa de Hunter, pero él también era la mía. Debía serlo si quería mantenerlo alejado de Eaa todo el tiempo que pudiese. Ella estaba mucho más cerca del cazador que Gin, así que si se daba la vuelta para ir a buscar al agresor, se toparía con la semioni primero. No podía permitir eso.
     Pero no. El tal Gin seguía gritando, provocando a Hunter y jodiendo mi improvisado plan. ¿Da... misela indefensa? ¿De qué coño iba ese? Pedía su liberación para enfrentarse a él. En otras circunstancias, me habría dado igual, incluso nos habría venido bien contar con un luchador más a nuestro favor, pero... No. No cuando Eaa estaba en peligro inminente. Viendo las intenciones de Hunter, sabiendo la razón de por qué yo era objetivo, que utilizase a Eaa para además hacerme daño a mí por puro placer era una posibilidad real. Que la matase como había hecho con Peteiro. No lo permitiría, debía actuar como el puesto que precisamente ellos dos me habían asignado.
     Me reí, mis carcajadas in crescendo conforme se sucedían unas a otras, incluso cuando mis niveles de diversión se encontraban bajo cero. Wolf no era el único monstruo en aquel flamante barco.
     —Vaya, vaya, vaya... Así que ese miserable sigue obsesionado conmigo después de tanto tiempo. —Traté de mostrar toda la seguridad en mí misma que pude, teniendo en cuenta que ni siquiera podía pronunciar el nombre por el que se conocía a quien había contratado a Hunter. Odiaba que, tras tantísimos años de libertad, el puto Patrón aún tuviese tanta influencia sobre mí, como un fantasma que se resistía a abandonar mi cerebro—. No me sorprende que una rata como esa haya enviado a otra a por mí. Cobarde él y estúpido tú. No te confundas conmigo, no soy ninguna damisela indefensa —repetí con desdén—, no te dejes engañar por esa mierda que me has puesto. Supongo que necesitas algo así para poder creer, por un instante, que tienes alguna oportunidad. —Tenía que seguir ganando tiempo—. Hablabas de jugar sucio, de que los piratas no somos los únicos. —Volví a reír, pero mis ojos no acompañaron—. Al menos, nosotros vamos de frente. Así que, dime, ¿vas a cazarme de verdad o pretendes matarme de aburrimiento?
     Mis palabras podían costarme muy caras. Por supuesto, no lo estaba infravalorando, sino atacando su ego para que se centrase en mí y olvidase que Eaa y, por extensión, Gin existían. No podía volver a herir a Eaa, no lo permitiría, incluso si eso significaba que Hunter aprovechase su ventaja de ser libre frente a mis ataduras parciales para hacerme daño. Esperaba que Eaa entendiese por qué estaba haciendo aquello y lo utilizase para atacar solo como ella sabía, como la salvaje que tanto me gustaba. Eso si podía liberarse de sus propias ataduras. Joder, por eso era tan importante que pudiese ganar tiempo para ella. Y, por supuesto, esperaba que Hunter cayese en mis provocaciones y no en las del tal Gin, también inmovilizado de forma parcial.
     —Vamos, Hunter Wolf —pronuncié con burla—, muéstrame que estás a mi altura.


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#37
Leyenda


Mi sonrisa se ensachó al ver el látigo de la capitana enrollarse en el cuello de aquel malnacido. Cayó al suelo con un sonoro golpe. - Merecido, por ser una sucia rata - pensé, sin dejar de mirarle. Me dispuse a acercarme para partirle la cara a aquel hombre de pelo blanco, pero al ir a dar un paso, me fijé en que mis piernas seguían juntas a causa de una maraña de hilos. - Juraría que me había soltado antes de levantarme. - me agaché levemente, para tratar de deshacerme de esos condenados hilos. Entonces una maníaca risa interrumpió mis pensamientos - Joder, y ahora va y se queda majara del cabezazo - suspiré, molesta, mientras veía al hombre levantarse despacio. Comenzó a hablar a la capitana, mencionando a alguien que quería verla muerta. Se puso a silbar, y esa melodía hizo que se me helara la sangre.

Solo había una única persona que quisiera cualquier tipo de mal para Maeve a la que se pudiera asociar con aquella melodía. Cómo olvidar aquella terrorífica historia, a aquel monstruo. No hacía ni dos días desde que mi mejor amiga había decidido confiar en mí y hablarme acerca de aquel infierno que había vivido, y que seguía persiguiéndola en sus pesadillas aun a día de hoy. Como hacía siempre, le dije que no tenía nada de qué preocuparse, que íbamos a acabar con el Patrón como hicimos con el degenerado de Waj. Ahora, aquel desgraciado había enviado un cazarrecompensas para tratar de acabar con ella, y yo no hacía absolutamente nada para evitarlo.

Maeve rompió a reir. - No, no, no. No te rías - trataba de hablar, pero las palabras se negaban a salir de mi boca. Cada palabra que decía mi albina amiga hacía más evidente que todo aquello se trataba de una provocación. Amargas lágrimas de impotencia caían por mis mejillas, mientras trataba de deshacerme de esos dichosos hilos. - ¡Cállate, idiota! - Conocía lo suficiente a la capitana para saber que no había perdido la cabeza. Tampoco se trataba de ella midiendo su ego con aquel desgraciado. La única opción que quedaba no me gustaba lo más mínimo. A pesar de su fría imagen, era alguien que se preocupaba mucho por la gente que le importaba. Me lo había demostrado con anterioridad en innumerables ocasiones, y esta era, sin lugar a dudas, otra de esas ocasiones. - No necesito que me salves - pensé - Ahora mismo estoy contigo - miraba con creciente ira a aquel hombre. - ¡Voy a empalar a ese desgraciado, ya verás!



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#38
Escuché como Rapax Gin intentaba llamar mi atención tirando alguna especie de objeto - que rebotó - en mi hombro, un ser como él, con tan poca elegancia y presencia no merecía que mis ojos se posasen en aquel humano. Yo estaba aquí por Maeve - quien parecía intentar provocarme con sus palabras, dulce desesperación - él solo era uno de los pocos piratas que habían sido invitados por mera diversión, del mismo modo que Peteiro en su momento. — ¿Damisela indefensa? Sé perfectamente que no lo eres — hablé con sorna antes de buscar en el interior de mi larga chaqueta lila el wanted de la capitana que tenía delante de mí. Lo giré para enseñarle lo que era, que viera el camino que había elegido y que yo debía arrasar por mi trabajo. — Una damisela indefensa no tiene un cartel de Se Busca por más de catorce millones de berries — dije mientras me acercaba a la mujer humana hasta apoyar la hoja en su esternón. No pude evitar ensanchar más mi sonrisa - de la manera más loca y cínica que podía - antes de levantar mi espada y con grácil movimiento clavarla en el esternón de la capitana Maeve Knox, atravesando en el proceso el wanted de la chica de cabellos blancos. — Esto es de parte del Patrón — susurré antes de mover ligeramente la espada a ambos lados, retorciéndola dentro de su cuerpo y sacar el frío acero desgarrando más la herida. Una vez mi amada Bloody Kiss salió del cuerpo de la joven mujer humana, acerqué el arma a mi boca con lentitud hasta de un refinado movimiento pasé mi lengua por el metal, justo donde había quedado la sangre de Maeve. Degusté el sabor en mis papilas gustativas hasta que volví a mirarla con una sonrisa. — Tú también eres deliciosa. No puedo esperar a ver como tu cuerpo acaba inerte a mi merced y poder degustar tu carne — pronuncié dejándola todavía en la silla, con la hoja que pedía el precio por la cabeza de la capitana del Brillante Infortunio en el pecho, manchándose con su propia sangre.
 
Entonces acepté el reto que tanto pedían, si querían morir yo no era quién para negárselo a los tres. Con mi espada - todavía en mi mano derecha - la acerqué hasta las piernas de Maeve para cortar los hilos que los pequeños y eficientes secuaces habían elaborado tan finamente - los cuales ya habían perdido su fuerza y sabía que los dos piratas invitados podrían liberarse por su cuenta – y me separé dos metros de la capitana pirata, quedando a un metro de Eaa y diez de Rapax Gin. Volví al lugar donde estaba antes de que el látigo de la mujer humana se enrollara en mi cuello, todavía podía notar el calor en el cuello, como si el arma siguiera ahí. — Que empiece el baile, damisela — pronuncié con burla y confiado esperando el primer golpe, sin dejar de mirar desafiante a Maeve.
 
 

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#39
Leyenda



Aclaratoria






El cuchillo que arrojé al parecer no causó ningún efecto en Fox, así como tampoco lo hicieron mis palabras. El tipo estaba enfocado en Ayy y poco le importaba lo que sucediera a su alrededor. Si había algo que pudiera hacer para que Gunther dejara de ver a la joven pirata, no sabía qué podría ser. Sin embargo, el maldito no deja de llamarnos piratas y diciendo que somos deshonestos y sucios. Mi orgullo me permite respetar a mis contrincantes, pero este desgraciado parecía pedir a gritos que le atacaran sin decoro. Tal vez eso era lo que hacía falta.


Mi provocación había pasado por oídos sordos, mientras Ayy me lanzaba una mirada llena de carácter. Parecía decirme algo con esos ojos llenos de furia. ¿Esta mujer trataba de darme una orden como si fuera mi capitana? Tal vez eso intentaba, pero no la conocía tan bien como para entender sus gestos. 


La pequeña de cabellos blancos comenzó a reír, siguiendo el patrón de la grotesca sonrisa que Gunther había dibujado en sangre en su claro rostro. La respuesta de la indefensa Ayy sí era digna de la atención de Gunther. Me quedaba claro que yo sólo estaba allí por obra del azar. Mi sospecha de ser la oportunidad de acabar con 3 pájaros de una sola pedrada se confirmaba, y eso no solo me indignaba, sino que comenzaba a exasperarme. Sentía hervir mi sangre ante el irrespeto de este desgraciado que ni siquiera se atrevía a responder a un reto directo. Este tipo carecía del honor y la decencia que pretendía aparentar.


La capitana seguía atada, pero reía y respondía a las provocaciones de este infeliz. Estaba indefensa y sin embargo no retrocedía en su afán de provocarle. Entendí entonces lo que pretendía… Era la capitana de Mei, no podía dejarle sufrir a causa de la afrenta personal que había causado su captura. Estaba atrayendo a Gunther para que Mei pudiera levantarse. Esta chica es sin duda digna de respeto su valor Me hace creer que se puede vencer al monstruo frente a nosotros. Solo espero que tenga un plan, porque atada como está, solo es un enorme objetivo para la espada del cazador.


Mei se ha estado tratando de liberar de sus ataduras desde el instante en que el zorro empezó a silbar. Ambas conocían la melodía y les revolvía algo muy personal, aunque causaba reacciones distintas en ambas. Ayy buscaba ayudar a Mei, mientras ésta forcejeaba con fuerza y trataba de hacer algo por su capitana.


Gunther sacó un cartel con el nombre y la cara de Ayy y lo puso en su pecho. Entonces sucedió. La espada del malnacido se hundió en el pecho de la capitana, atravesando su Wanted y su piel. 

OST DE LA ESCENA

Maldito.Maldito.Maldita basura…¡Está indefensa! El aire se heló de pronto y podía sentir la sangre en mis oídos. El corazón se detuvo un instante, luego estalló en mi. Podía sentirlo latir con toda su fuerza en mi pecho, mientras la rabia apretaba mis dientes. La sangre empezó a fluir por el torso de la chica, a la vez que un tercer hilo rojo, esta vez propio, se dibujaba desde sus labios, cayendo por su cuello, quizás intentando volver a su interior por la herida. El tiempo se detuvo y la mirada de Ayy emitió un destello de dolor. ¿Cómo te atreves? No se puede defender… No tenía oportunidad…El cazador sacó su arma y la lamió. Con una maldita sonrisa en su rostro, la liberó, mientras el cartel en el pecho de la capitana se teñía de su sangre. Ayy estaba inmóvil y sus ojos seguían clavados en los de Gunther.


Algo en mi explotó de pronto. Sentía cómo mi cráneo se partía en dos, mientras la ira se apoderaba de mí ante la injusticia. El hijo de puta soltó las ataduras de la herida Ayy, alardeando de aceptar el reto… Luego de herirla así… ¿¡QUÉ HONOR HAY EN ESTO!? Gunther era un maldito cobarde. Una sucia escoria que se engañaba llamándonos sucios a nosotros. Todo lo que veía se volvió rojo de pronto. No me importaba nada. No importaba el honor. Gunther no merecía respeto. No merecía decencia. Años en la jungla y el animal más despreciable se arrastra a plena luz del día creyendo que puede hacer lo que le place. Lo voy a matar. Lo voy a matar.


Entre el crujido de mis dientes se escaparon las palabras por fin “Estaba indefensa-Gin…No tiene honor. es un hijo de puta… Debe morir. Ram Resonance ``. En un arranque de furia emprendí la carrera contra mi presa, cortando al fin las ataduras que me retenían, así como la distancia que nos separaba en un instante. Con un potente salto Clavé mi puño izquierdo como un ariete cargado con toda mi energía cinética en el centro de su columna, mientras con mi diestra seguía sosteniendo el escudo improvisado con el que me había hecho. Mientras sentía su piel hundir, giré mi brazo como lo hacían los cuernos del gran carnero del norte. Este golpe cargado de ira salvaje estalló como si hubiera impactado con ambos puños. Cada fibra del cuerpo de Gunther vibraba, mientras su interior recibía el impacto de mi arremetida.


Salté hacia atrás y un poco a la derecha,creando un triángulo con Gunther en el centro. jadeante, aún víctima de la sed de sangre que se había apoderado de mi. Gunther estaba ahora 4 metros frente a mí. Sin apartarle la mirada y con mi escudo en guardia, me preparé para recibir cualquier posible respuesta.





Resumen



Aclaratorias


off



Bélico



Stats y Regeneración



Inventario




Karmas Positivos

Karmas Negativos
[Imagen: GGT7d9e.png]
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2224 + 0 = 2224
Energia: 983 - 102 = 881
Espiritu: 288 + 0 = 288
#40
OST DE LA ESCENA

     Dolor. Un dolor intenso inundó mis células desde el epicentro, extendiéndose como el rayo en una tormenta. El acero había atravesado mi pecho como un cuchillo caliente frente a un bloque de mantequilla. La punta avanzó y los filos cortaron agujereando el cartel de recompensa, mi ropa, mi piel, mis músculos. Noté cómo alguna costilla cedía bajo la presión de Hunter, quien hizo que su espada danzase unos centímetros en mi interior, asegurándose de que el destrozo fuese mayor. También me alcanzó un pulmón, podía notarlo ahora que el aire se resistía a completar su recorrido natural.
     "Esto es de parte del Patrón".
     Así era como se sentía mi éxito, disfrazado del suyo.
     Sabía lo que podía ocurrir. Atacar el amor propio de tipos como él suele dar resultado, aunque mis cálculos habían errado en tan solo un detalle: el tipo de ataque. En mi cabeza, él me golpearía en la cara, me propinaría un puñetazo para cerrarme la boca, demostrándome que era él quien poseía el control de la situación. En su lugar, sin embargo, me había ensartado con su espada.
     Pero mi plan había funcionado: no había tocado a Eaa.
     Un rictus de dolor se adueñó de mis ojos. Fruncí el ceño. Sentí cómo la sangre abandonaba mis labios como si de un tímido riachuelo se tratase. Después, aumentó su caudal, mojando la de Peteiro, que aún pintaba mi rostro. Hunter también me saboreó a través de su espada, por donde deslizó la lengua con verdadero placer. Yo lo miraba con mis ojos tan claros como empañados por el dolor. Me comería, o esa era su intención. No podía culparlo, solo quienes hemos cruzado esa línea conocemos el deleite de apropiarnos del contrincante a través de su carne. Pero no le daría ese gusto.
     Hizo algo en mis piernas. No pude verlo bien, pero supe que me había liberado de lo que fuese que estaba reteniéndome. Qué considerado, pensé, y sonreí. Un gesto tan simple como aquel también dolió, y no tanto por el esfuerzo físico de curvar mis labios, sino porque solemos dar ese tipo de cosas por sentado, como si nos quedase todo el tiempo del mundo para seguir sonriendo, cuando la realidad es que un instante puede truncarlo todo.
     Hunter se quedó a un par de metros de mí, mirándome como un depredador. Tal vez debería sentirme halagada de esa fijación conmigo. No pude evitar pensar de nuevo en que, en alguna otra dimensión, hubiese sido un gran candidato a formar parte de nuestra pequeña banda, el tipo de persona cuyas habilidades me causan admiración. Todo, a pesar de lo que acababa de hacerme, y a Peteiro. O precisamente por haber sido capaz de hacerlo.
     Despacio, y frente a su atenta mirada, me fui levantando de la silla. Jamás había sentido un dolor similar, tan potente, y, sin embargo, no podía dejar que me doblegara. ¿Cómo podría llamarme a mí misma capitana de nada si dejase que me arrancase mi voluntad? Con el esfuerzo, la sangre ascendió por mi garganta y se escapó sin permiso, haciéndome vomitarla. A mis pies, el suelo se tiñó de rojo.
     Alcé la mirada, de nuevo hacia Hunter Wolf. Seguiría ganando tiempo si de mí dependía.
     El tal Gin volvió a la carga. Ahora que se había cumplido de forma satisfactoria mi plan, no me importunaba tanto su acción. De hecho, acababa de descubrir que, en ese momento, tan solo unas pocas cosas me importaban, y casi todas se encontraban en ese galeón. El tipo atacó a Hunter con gran fiereza. En mis pequeños delirios provocados por el intenso dolor pensé que ese muchacho también sería un buen fichaje para nuestra banda, tal era su arrojo frente a sus enemigos. O quizá ya perteneciese a una, no sabía nada de él.
     No fui consciente del momento en el que mi cuerpo había crecido, en el que había sustituido mis brazos por enormes alas blancas, en el que las plumas del mismo color alfombraban mi piel, habiendo surgido un pico y unas patas rosadas que completaban la composición junto con la cola también emplumada. Apenas me di cuenta, por mis movimientos automáticos, de que el látigo, otrora en mi mano derecha, ahora era sostenido por la garra del mismo lado. Al impulsarme hacia adelante, el penetrante dolor arrancó lágrimas en mis ojos ahora rojos. Abrí las alas, abarcando cinco metros de punta a punta de estas. Hice chasquear el látigo contra Hunter, con la esperanza de golpearlo con todas mis fuerzas, para después situarme a su espalda, quedándome a unos cinco metros de él. Fue un aterrizaje burdo, afectado por las protestas de mi cuerpo ante la herida que el cazador me había abierto en el pecho. Ni siquiera caí de pie.
     Tumbada boca arriba en el suelo, la profunda incisión me dolía como si el mismo infierno estuviese ardiendo bajo mi esternón. Tuve que colocarme de lado, pues mi propia sangre amenazaba con ahogarme. Volvía a manar a través de mi boca. Junto con la que abandonaba mi pecho, pronto me encontré sobre un pequeño charco carmesí brillante. Con los dientes apretados y los ojos cerrados con fuerza, dejé escapar un gruñido.
     Había regresado a mi forma humana sin apenas haberme dado cuenta.
     Pero no había tiempo para descansos. Me incorporé como pude y clavé mi mirada ansiosa en Eaa. También en Gin y Hunter, alternándola. Un pensamiento trajo a Zorak a mi mente. Fue él quien me hizo ver la desgracia que era que asesinaran a tus compañeros frente a ti sin poder hacer nada por evitarlo. No, no lo permitiría.
     Zorak. ¿Por qué pensaba en él ahora?
     Céntrate. No podemos perder.


INFORMACIÓN
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2362 - 1111 = 1251
Energia: 1394 - 147 = 1247
Espiritu: 366 + 0 = 366


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