[Presente Absoluto-Entrenamiento] Preludio a una nueva misión
#1
10:00 de la mañana, día 18 de primavera, año 13
En la costa de Báltigo donde fondea el Mereoleona.

Kisuke estaba comprobando los cabos de la Mereoleona, la goleta en la que habían llegado hasta allí. Estaba comprobando que el barco estuviese en condiciones óptimas para zarpar. Después de un tiempo en la Base del Ejército Revolucionario, tenían una nueva misión.

El Mariscal Nilats los convocó el día anterior en su despacho, para comentar con ellos los movimientos que les habían sido asignados. El hombre del bigote les habló de la publicación del periódico que mencionaba los movimientos de la marina en el Archipiélago Sabaody, que, al parecer, estaba más adelante siguiendo la corriente en la que estaban. No obstante, tendrían que pasar antes por otro par de islas antes de llegar a dicho lugar.

Como cabía esperar, el Mariscal, siguiendo órdenes de arriba, quería asignarles el investigar esos movimientos de la marina en un lugar tan importante como aquel, ya que, según sus propias palabras era un hot spot en la ruta del Grand Line. No les dio más detalles al respecto pero, por lo que parecía, era una misión muy importante y se la estaban confiando a ellos tres. Eso quería decir que confiaban en su trabajo a pesar de que su primera misión importante no acabó del todo bien.

"Esta vez será diferente."

Ahora bien, el antiguo pescador estaba feliz de ponerse en marcha de nuevo. Su estancia en aquel lugar le había dado de nuevo paz interior, y esperaba poder aprender pronto el tema del haki. Ciertamente era algo que necesitarían y era prioritario aprenderlo. Pero hasta el momento no era posible para ellos, aunque al menos el entrenamiento le había servido para recuperar esa paz espiritual que había perdido en la escaramuza de Akarui.

Salió de la angosta bodega tras comprobar que no había ninguna filtración de agua en el barco y salió de nuevo a cubierta para ver si sus compañeros estaban llevando los víveres y materiales que necesitarían en su travesía. Sacó un cigarro mientras se acercaba al mascarón de proa y se lo encendió al asomarse para ver si venían con la carga del barco.

-Vamos cabrones, que nos espera la siguiente isla... Kuhahahaha

El viento soplaba suave de la isla hacia el mar, el mar estaba tranquilo, y el sol brillaba intensamente pero sin ser abrasivo. Hacía un día perfecto para partir hacia su nueva aventura

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karma

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off
#2
Cuando el día anterior Nilats nos hizo llamar y nos encomendó el viajar hasta el Archipielago Sabaody, casi estallo de la emoción me gusta este sitio y la soledad que trasmite, pero siempre he sido alguien más de acción y últimamente el papeleo que conllevaba el rango de Mariscal se me estaba haciendo pesado, la misión era clara, averiguar que tramaba la marina con un llamamiento de sus fuerzas en esa isla, era una misión en la que tanto nuestro nuevo compañero de escuadrón y un servidor eran perfectos para ello y si la cosa se torcía siempre teníamos al sesudo musculoso de Kisuke.

Mientras Kisuke se ocupaba de la puesta a punto nosotros cargábamos el barco con víveres para el camino y en mi caso, libros de medicina, los cuales me había entregado Nilats a modo de despedida junto a las palabras "Hazme sentir orgulloso, Ideale." Entendí con la expresión dura con la que me lo dijo que esta vez no debía perder el control bajo ningún concepto, pues eso traería problemas a mis compañeros nuevamente. Kisuke se asomó berreando para variar, sonreí al mink mientras dejaba el último par de cajas en cubierta.

"Baja tu gigantesco culo aquí Kisuke, tengo algo que darle a Panda"

Lo mandé a hacer el mismo día en el que el mink se nos unió, tras fallidamente intentar despertar nuestro haki de observación, con una sonrisa pícara comencé a mostrar mis manos como lo hace un mago, para que vieran que estaban vacías y en un fugaz movimiento, llevé mi mano derecha bajo el manto negro que portaba al cuello, agarre y tire de lo que guardaba debajo de este aunque para mis compañeros seguramente pareciera que estaba arrancando mi propio manto, una vez que frené mi mano, con el brazo totalmente estirado, podía verse un manto negro con bordes dorados el cual portaba la calavera de un toro con un bordado también dorado.

"Tachán! Ya que eres uno de los nuestros, esto te pertenece."

Le tendí el manto al mink esperando que le gustase la sorpresa, de cara al ejército revolucionario manteníamos una imagen de respetar nuestros rangos, por lo menos Kisuke y yo, el día que vestimos el manto negro por primera vez nos prometimos que seriamos iguales, aunque uno fuera el superior del otro por rango y si Don Bambú se había unido, solo podía brindarle el mismo trato.

"Ahora que estamos fuera del cuartel quiero explicarte como funciona este escuadrón. Solo tenemos dos normas, número uno: dentro del grupo el rango no importa, número dos: confianza plena entre nosotros. Una vez lo vistas ya no serás solo Don Bambú, serás Don Bambú de los toros negros. Y que mejor manera de confiar en alguien que sabiendo que tan diestro es luchando?"

Le entregué el manto con solemnidad en mi rostro, se lo había ganado más que ningún otro en el cuartel, siempre dispuesto a ayudar, siempre correcto con todo el mundo y sobre todo, al escucharle hablar sobre discriminaciones podía equipararle a un sabio. Un cuartel perdido de la mano de dios no le hacía justicia al mink, él era como nosotros dos, el tipo de persona que no se esconde tras un escritorio, era una persona de acción.

"Tu que dices, Kisuke? como te ves para un entrenamiento?"

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Karmas utilizados

Imagen bordada en el manto
#3
Varias semanas habían transcurrido ya desde aquel entrenamiento en el que los jóvenes revolucionarios creían haber despertado el asombroso poder del haki. Sin embargo, para disgusto de todo el grupo, resultó ser una ilusión del momento. En ningún momento habían podido percibir al panda, sino que debió haber sido una extraña combinación de factores lo que les llevó a pensar que sí lo habían hecho. Cómo había sucedido aquello ninguno lo sabía. Inicialmente había sido una decepción para el grupo, pero como el panda iba a viajar con ellos al haber aceptado formar parte de los toros negros tendrían oportunidades de sobra a lo largo de sus viajes para continuar con el entrenamiento hasta que sus compañeros llegasen a aprender el haki sin problemas. Al panda no le importaba seguir entrenándoles, pues era un océano de paciencia en aquel tumultoso mundo de conflictos. En ocasiones llegaba incluso a contagiar su calma a los otros revolucionarios. No necesariamente a Kisuke o Zorak, que parecían bastante tranquilos la mayor parte del tiempo, pero otros revolucionarios de la base con una mayor predisposición a la agresividad o a enfadarse por cuestiones sin importancia reducían inmediatamente una marcha en cuanto el panda les sugería que se calmasen. Cierto es que cuando un oso de casi cuatro metros te sugiere que te calmes tu cuerpo tiende a intentar relajarse mientras las gónadas inician un lento pero seguro descenso a su posición original. Contestar no es posible, pero asentir es suficiente.

El tiempo pasó con el panda realizando el entrenamiento habitual de los revolucionarios a la espera de su siguiente misión. No solía perderse ninguno de los ejercicios ni de las tareas asignadas a los revolucionarios de su rango. Era común encontrarse al panda patrullando el perímetro de la base, montando guardia en alguna de las torres del castillo o incluso pelando patatas en la cocina, si es que eso era lo que se requería de él. No se le daba bien, pero él lo intentaba. El lugar más habitual donde se encontraba era, sin embargo, hundido en una montaña de libros en la pequeña biblioteca de la base. Kisuke, un estudioso como él, pasaba por allí también de vez en cuando y el panda lo saludaba con la cercanía que en el grupo se exigía. Un día, el día presente, les llegó la noticia al grupo de que debían viajar hasta el archipiélago Sabaody. La engordada presencia de marines en el lugar debía de haber alertado al Ejército Revolucionario. Lo que el panda no entendía es por qué habían tardado tanto en mover ficha y por qué les habían enviado a ellos en concreto. O quizás ya habían movido ficha en un primer momento y ellos serían una ficha más recién movida en alguna clase de imaginario tablero de ajedrez. Sea como fuere, los revolucionarios disponían de un tiempo para zarpar hacia allí. A pesar de ello, parecía que Kisuke tenía prisa por iniciar la marcha. ¿Contaban con un navío adecuado? El panda no tenía ni idea. ¿Era Kisuke, el navegante, lo bastante hábil como para navegar por las embravecidas aguas del Grand Line? Qué sabía Don Bambú, cuya única ocupación era leer libros. Confiaba en el criterio de sus compañeros, pues ellos sabían mejor que nadie de qué eran capaces. Sin embargo la inmediata marcha de la base revolucionaria le dejaba un mal sabor de boca. Llevaba muchísimo tiempo sin combatir amistosamente con nadie que se aproximase a su nivel. Ni siquiera en Skypiea pudo catar el combate, ya que Karlglass actuó como representante de su equipo en la fase de combate de los Juegos de Zarutsuki. Le hubiera encantado poder combatir contra Garnet. También le hubiera gustado combatir contra Sohem, que con su habilidad de generar calor parecía invencible. Yamamura parecía un oponente interesante también, pero el atractivo de aquella hipotética pelea palidecía ante la idea de pegarse con los dos primeros. El panda hubiera perdido ambas peleas sin lugar a dudas. Pero quién sabe si viviría para ganarlas otro día.

Con todo aquello en la cabeza, el panda se levantó aquel día listo para afrontar aquello que decidiesen hacer sus compañeros. Acudió al puerto donde su navío se estaba preparando y comenzó a cargar con grandes cajas de suministros para el viaje. En los últimos meses sus músculos se habían fortalecido de nuevo. Nunca se había sentido más fuerte, más ágil, más reactivo. Incluso notaba como el manejo de sus poderes sobrenaturales se le hacía más liviano que de costumbre. Saludó a Kisuke con la cabeza mientras pasaba a su lado rumbo a la bodega y lo vio fumando cuando regresaba de la misma para coger otra caja. —Tengo que aprender a navegar yo también para pegarme esos descansos, ¿eh? Honhonhonhon. —Dijo sin malicia alguna. Le gustaba el trabajo físico, así que no le importaba cargar con las cajas o encargarse de levantar las velas cuando hacía falta, como Derya le había enseñado. Zorak, el rubio de la tribulación, llamó a Kisuke para que bajase para que estuviera presente mientras le daba algo al panda. Don Bambú arqueó una ceja y observó a su compañero con curiosidad, deseoso de saber qué le iban a dar. El muchacho comenzó a mover las manos y a hacer gestos extraños, como si de un mago se tratase. Le recordó un poco a cómo se movía Kovashi, que empleaba su increíble destreza para birlarle al panda un par de billetes siempre que se presentaba la ocasión. Resistió el impulso de echarle mano a su cartera para ver si seguía en su sitio y observó maravillado cómo el rubio sacaba de la nada un nuevo manto diferente al que él mismo llevaba puesto. Parecía ser para el panda. Honestamente no pegaba ni con cola con el atuendo habitual del panda (una camisa verde de manga corta y unos vaqueros azul oscuro), pero ya tendría tiempo de ajustarse el outfit para el futuro cercano. Recogió aquel manto con ambas manos como si de un tesoro se tratase. —Lo conservaré con cuidado, muchas gracias. —Y se inclinó levemente. A continuación Zorak le hizo otro regalo a Don Bambú, uno si cabe mejor que aquel manto honorífico. Le ofreció al panda un combate. —En mi antiguo escuadrón era a través de combate cómo se decidía quién era el líder. Sin embargo eso a mí nunca me interesó demasiado. Sólo quería pelear. —Una sonrisa de satisfacción se dibujó en el rostro del oso. —Estaría encantado de poder medirme con vosotros. —Aunque no lo necesitaba. Podía sentir en sus auras que él era el más débil en aquel momento. Sin embargo tenía ases bajo la manga y unas ganas tremendas de batirse en duelo con sus dos compañeros.

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Karmas en juego


Bélico
#4
A pesar de las ganas que Kisuke tenía de partir, sabía bien que no estaban listos para una travesía como la que les aguardaba. Sus habilidades de navegante no eran suficientes aún y necesitaba aprender más sobre navegación para poder ser lo que se esperaba de él, alguien de confianza en alta mar. También estaba el hecho de que su barco era pequeño y eso en aquellos mares conllevaba ciertos riesgos, por eso pensaba que necesitaba más conocimientos de navegante para llevar a cabo su misión.

Por eso cuando tanto Don Bambú como Zorak dijeron de tener un entrenamiento de combate, una sonrisa se dibujo en su rostro. Sabía que las habilidades del mink con el haki que ellos aún no poseían, más su habilidad con la fruta lo hacían un poderoso rival en una contienda, pero Kisuke confiaba en sus habilidades de combate y sabía que podía ser muy interesante. También le daba curiosidad comprobar de primera mano cuanto había mejorado Zorak desde que estaban allí. Seguro era mucho más rápido y fuerte.

-Me parece bien, pero hagámoslo más interesante. El primero que se rinda tendrá que pagar una buena cena esta noche a los otros dos... kuhahahaha.

Mientras decía esto se llevó la mano a la empuñadura de Yamigiri y tensó su musculatura sin perder de vista a sus compañeros preparado para un ataque en cualquier momento por parte de cualquiera de los dos, aunque intuía que el que probablemente haría algo así sería Zorak que era alguien más ladino y de hacer las cosas de manera subrepticia. También tenía que tener en cuenta que ambos eran usuarios, y eso les daba una ventaja extra respecto a él, pero no le importaba. Su condición de no usuario era importante puesto que era el único del escuadrón que podía nadar, por lo que no ser usuario no le preocupaba.

Dio un par de pasos hacia atrás para poner cuatro metros de distancia con cada uno de sus compañeros ya que ambos eran peleadores que peleaban cuerpo a cuerpo y el tenía que mantener la ventaja de tener un mayor alcance por sus katanas, mientras desenvainaba a Yamigiri y la sostenía frente a él con firmeza sin quitar el ojo de encima a sus amigos.

-Cuando queráis, guapetones, yo ya estoy listo.

Con una torva sonrisa y la guardia alta, parecía que aquel Battle Royal de entrenamiento estaba a punto de comenzar.

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resumen de turno

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#5
Los bellos de mi cuerpo fueron poniéndose uno a uno de punta al escuchar que mis compañeros estaban dispuestos a un combate, pude ver en la sonrisa del mink que era un amante de las peleas al igual que yo, por otro lado, sabía que Kisuke ansiaba enfrentarme tanto como yo a él, para la gente como nosotros esta era la manera perfecta de estrechar lazos, di un pequeño salto hacia atrás de un par de metros y metí las manos en los bolsillos, sacando de ellos un par de puños americanos de diferentes colores, uno blanco con grabados que parecían copos de nieve y otro rojo con un grabado de fuego.

Una vez colocados en mis manos, me coloqué con la pierna izquierda estirada hacia adelante con la derecha doblada aguantando el peso de mi cuerpo, las manos relajadas frente a mi rostro en una postura de guardia, estaba sopesando a quien debía atacar primero. Mi rivalidad con Kisuke era un punto fuerte para apuntar hacia él, pero la curiosidad de lo que el mink podía hacer con ese haki que poseía también era un foco de atención.

Más pronto que tarde la novedad ganó ante la rivalidad, quería medir al mink y ver como respondía, a fin de cuentas ahora era uno de los nuestros, debía saber si era capaz de cubrirnos las espaldas, de cada uno de mis dedos de la mano derecha comenzaron a nacer hilos, y di un rápido zarpazo al aire hacia la dirección del mink haciendo que salieran disparados hacia su brazo derecho, produciendo un pequeño corte en la zona impactada y agarrándola con los hilos.

"Que comience el juego"

Dije con una gran sonrisa en mi rostro, producto de mi amor incondicional a las peleas, me quedé a tan solo dos metros del mink mientras agarraba su brazo y a seis metros de Kisuke. No debía confiarme, lo sabía muy bien, Kisuke era una bestia y el panda me daba la sensación de que también lo era, este entrenamiento sin duda alguna sería de lo más entretenido.

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Inventario

Bélico & Fruta
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4548 + 0 = 4548
Energia: 2113 - 164 = 1949
Espiritu: 558 + 0 = 558
#6
Kisuke accedió gustosamente a aquel pequeño sparring improvisado que se acababan de montar los revolucionarios. Al panda no le hacía mucha gracia pelear en el barco, eso sí, porque temía dañarlo severamente con su habitual descontrol en las peleas. El samurai no realizó ningún tipo de movimiento ofensivo aparente, permaneciendo a la defensiva a una distancia de cuatro metros de ambos revolucionarios con la espada desenvainada y sostenida frente a él. Una típica postura defensiva. Por su parte, Zorak se preparó saltando un par de metros hacia atrás y extrayendo de sus bolsillos un par de puños americanos, cada uno de un color, y adoptando una postura de combate curiosa. El panda meditó si debía de ser él el primero en actuar, sin embargo Zorak se le adelantó, realizando un movimiento con su derecha tan veloz que el panda no pudo percibirlo bien. Por la postura de su mano al finalizar el movimiento debía de tratarse de alguna maniobra de ataque con las uñas. Le recordaba ligeramente a su Zarpa Negra. Sin que el panda supiera muy bien qué le había golpeado, sintió un increíble escozor en la parte central de su brazo derecho, por la zona del codo para abajo el cuál empezó a sangrar a borbotones. —¡Qué demonios! —Pero entonces recordó la revelación de Zorak en aquella sala de entrenamiento. Él también era usuario de fruta, por supuesto, y su fruta le permitía crear finos hilos cuyo propósito no había podido apreciar al instante. Sin embargo, estaba más que claro que el potencia ofensivo de aquella paramecia era increíble. Sintió el agarre sobre su brazo. ¿Pretendían hacerle prisionero en aquel combate? Una sonrisa quizás un poco macabra de más se dibujó en el rostro del panda. —No seré prisionero de tus artimañas, Zorak—.

— ¡Zarpa negra!—

El panda tiró de su brazo derecho para sentir la presencia de los hilos que le sujetaban. Evidentemente, como no podía verlos, no sabía cuántos eran y nunca había probado cuán resistentes eran, pero sus zarpas eran fuertes y confiaba en poder cortarlos sin problema. Su ataque fue dirigido a la nada justo delante de su brazo, entre él y Zorak. Los hilos estaban concentrados ahí, y aunque el panda sólo podía intuir esto último, iban dirigidos a la mano de Zorak, de la que aparentemente surgieron. Su zarpa izquierda atravesó los hilos como si estuvieran hechos de mantequilla y el agarre finalizó con aquella acción. Don Bambú todavía sangraba, por supuesto, eso no tenía remedio por el momento. Lo más urgente era llevar el combate a un terreno más a su favor. Flexionó sus piernas y aplicó todas sus fuerzas en un potente salto hacia el puerto donde estaba amarrado el barco, en total alejándose quince metros del barco y aterrizando estruendosamente en la piedra de la que estaba construido. Desde el punto en el que el panda había saltado el suelo del barco empezó a ondear como si de arcilla se tratase, alterando todo el área del navío en el que sus compañeros revolucionarios se encontraban. Evidentemente ahora tenía que atraer a sus compañeros, porque si no menuda pelea se estaría marcando. —¡No quiero destruir el barco con mis habilidades! —Aquello, supuso, sería justificación suficiente.

Resumen


Bélico


Técnicas y otros


Gastos


Karmas
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4560 - 455 = 4105
Energia: 2204 - 131 = 2073
Espiritu: 903 - 19 = 884
#7
Kisuke contempló el ataque de Zorak con una sonrisa, sabía de primera mano lo desconcertante que podía resultar para alguien que no conocía las habilidades con los hilos de la fruta del mestizo, sin duda, este sabía exprimir mucho la versatilidad de una habilidad tan fuera de lo común. El ataque hirió al mink, que estaba sangrando desde el lugar del impacto, y, Kisuke tenía la sospecha, a pesar de que era la primera vez que veía esa técnica, que había algo más allá de un simple ataque. Zorak era ladino y de los que le gustaba "trampear" en la batalla.

Por su parte, Don Bambú no se quedó atrás. Utilizó una de sus técnicas con un golpe brutal pero, aparentemente, no dio en Zorak si no que lo dirigió al espacio entre él y el mestizo. Acto seguido, el mink panda saltó del barco con un potente salto que movió todo el barco, quien sabe si por la fuerza del salto o por la habilidad del mink, podría ser cualquiera de las dos.

"Su habilidad es muy molesta quitando la estabilidad del suelo."

Sonrío siniestramente y apoyó el pie derecho en la baranda de babor mirando al mink desde su posición, desenvainando también a Mangetsu. Estaba lejos, unos quince metros, así que tenía que arremeter contra, él. Evidentemente, no quería herir a sus compañeros, así que lo que hizo fue colocar las katanas al revés con el lomo de ellas hacia adelante y se puso en posición tensando sus músculos. Quizá estaba exagerando pero estaba muy metido en el entrenamiento.

-Nitoryuu, nigiri: Furiko Nage.

Gritó esto mientras saltaba desde la baranda del barco, en dirección al panda, asestando un golpe doble horizontal con las katanas, pegando muy duro a la altura de las costillas del mink. Tras lo cual dio tres pasos largos hacia atrás, mirando a Zorak y a Don Bambú situándose con una katana guardando cada flanco, puesto que estaba entre ambos.

-Bienvenido a los Toros Negros, Don Bambú. Este es tu bautismo... kuhahaha.

Kisuke seguía preocupado por el tema de aumentar sus habilidades de navegación, pero ahora mismo solo se concentraba en lidiar con los dos bichos de sus compañeros, aquello iba a ser muy muy interesante, y seguro les iba a ayudar a fortalecer lazos entre ellos.

resumen de turno

karma

Info bélica

inventario
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5461 + 0 = 5461
Energia: 2273 - 205 = 2068
Espiritu: 768 + 0 = 768
#8
El mink no solo fue capaz de cortar mis hilos como si se tratase de mantequilla, ese grito, esa sonrisa y la gran rapidez que contrastaba con su gran cuerpo me gustaron, parecía que no me había equivocado, el mink era un amante de los combates al igual que yo, tras su salto la cubierta del barco comenzó a ondularse, aún habiéndolo experimentado anteriormente era un poder la mar de problemático.

Kisuke por su parte salió en su encuentro, por mi parte, lleve mi mano derecha al bolsillo del pantalón, el panda había actuado de manera brillante contra mí y ahora quería ver de que era capaz enfrentando a la bestia de Kisuke, saque un cigarro y me lo encendí para disfrutar por el momento del espectáculo, además de recopilar un poco más de información sobre el mink el cual podría estar atento a si yo intervenía junto a Kisuke, lentamente caminé hacia el borde del barco, mientras buscaba un cigarro con la mano derecha y me lo llevaba a la boca, encendiéndolo y dando una profunda calada, yo ya había probado al mink y pesé a que no pudo ver los hilos, he de decir que reaccionó extremadamente rápido.

Aunque mantenía mi rostro en calma, por dentro me estaba muriendo de ganas de ver si el mink era lo suficientemente resistente para poder ir con todo, la bestia que anidaba en mi interior rugía pletórica por la esperanza de poder ser liberada por un rato, tanto rugía que emitía de mí una poderosa aura que contrastaba con la tranquilidad de mi rostro, si el mink lograba reponerse de esa embestida de Kisuke lo consideraría un igual en fuerza y ello conllevaba poder pelear de tú a tú sin miedo a herirle. Un último rugido de la bestia resonó en mi presencia, casi liberada de las cadenas mentales que yo mismo me había puesto al meditar.

Representación de la bestia




resumen

Karmas

Inventario

Gastos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4548 + 0 = 4548
Energia: 1949 + 22 = 1971
Espiritu: 558 + 0 = 558
#9
Su salida del barco fue efectiva y ninguno de sus contrincantes decidió impedírselo. El panda se alejó del barco alrededor de 18 metros (contando con la distancia del barco con el puerto en sí) y encaró a sus compañeros, expectante por ver qué hacían ahora. Kisuke todavía no había atacado y Zorak había hecho sangrar al panda sin dificultades. Tenía ante él a dos oponentes claramente más fuertes, pero el mink no era de los que rendían. Podía sentir cómo su sangre hervía con la emoción del combate. Quería activar el electro y atacar con todo lo que tenía, pero debía mantener la cabeza fría. No estaba peleando contra matones cualquiera, sino contra soldados de élite de la revolución. Mientras Kisuke se apoyaba en la barandilla del babor del barco, Zorak sacaba un cigarrillo de su bolsillo y se tomaba un descanso del combate, aparentemente interesado en lo que estaba a punto de pasar. Don Bambú se tensó ligeramente ante lo que se le venía. En sus tiempos había conocido a otro espadachín que usaba dos espadas y sabía la masacre que podían provocar, pero Kisuke, al contrario que Kovashi, no era un usuario. No tenía que andarse con cuidado por si el suelo bajo sus pies se convertía en un cubo ni si de repente el samurai salía volando en su dirección a toda velocidad. Era una persona normal. Con excelsas habilidades de combate, eso sí. Kisuke anunció su técnica al tiempo que saltaba del barco en dirección al panda. Estaba claro que en cuanto ese samurai llegase al cuerpo a cuerpo con el panda, éste no podría siquiera ver los espadazos que se le venían encima. Solía ser el punto débil del panda en estas peleas. Sin embargo el samurai todavía no estaba a su lado y se movía relativamente lento en comparación con Don Bambú. Quizás le estaban subestimando al ir de frente y de manera tan directa a por él. Eso cambiaría pronto.

—¡Tsunami! —gritó el panda.

Mientras Kisuke surcaba el cielo en dirección al panda, éste apretó su puño derecho, concentrando todas sus fuerzas en él y golpeó el suelo directamente delante suya, que al contrario que otra veces no ondeó ligeramente en todas las direcciones, sino que se deformó brutalmente, formando una suerte de gran pared de piedra de seis metros de altura y ocho de ancho que comenzó su lento avance hacia delante dirección al barco. No llegaría a impactarle porque el suelo se acababa antes de llegar al navío, pero sería suficiente para interceptar a Kisuke en su camino hacia el panda. Acto seguido se echó hacia atrás un par de metros más, tratando de guardar las distancias con el samurai y observar hacia dónde se movía, tratando siempre de evitar estar al alcance de sus espadas.

Resumen


Bélico


Técnicas


Gastos


Karmas
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4105 + 0 = 4105
Energia: 2073 - 142 = 1931
Espiritu: 884 + 1 = 885
#10
Kisuke sonrió en su vuelo en dirección a Don Bambú, al ver como este, ingeniosamente se defendía de su ataque. Su fruta era un dolor de huevos literalmente en manos de alguien tan inteligente como el mink. Pese a todo, el movimiento del panda se movía a una velocidad muy lenta, y Kisuke, a pesar de estar en el aire, bloqueó con sus katanas la técnica de Don Bambú con su Furiko Nage.

-Furiko Nage.

Cuando llegó al suelo, a apenas cinco metros de él, le sonrió de nuevo mirándole con mucha emoción ante este combate de entrenamiento improvisado.

-Muy inteligente, Bambú, me fascina como utilizas tu fruta.

Dicho esto se lanzó hacia el mink, acortando la distancia entre ambos y le lanzó un tajo vertical, con el lomo de la espada, en el hombro izquierdo con Yamigiri, la katana de su mano derecha, y con Mangetsu, la katana de su mano izquierda, lanzó simultáneamente un tajo horizontal a la altura de la cintura del mink llegando por el lado derecho del panda.

Tras el ataque dio tres pasos atrás, sin perder de vista a Zorak tampoco, con las espadas alzadas, una frente al mink, y la otra en dirección a Zorak. Sabía que ambos compañeros eran muy fuertes, y Zorak increíblemente rápido, así que no podía bajar la guardia ni por un instante.

-Esto será divertido... kuhahahaha.

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