Día 61 del año 17, Otoño - 13:24 a.m.
Solar Karma. Un día después de este temardo.
- ]Garunetu-kuuuuuun - Aclamaba una Pretty animada y coqueta el nombre del protagonista de este post.- ¡Pureti-chwaaaaaaan! - Respondía Garnet al llamado de la gorila biónica, con los ojos en forma de corazón y babeando como un gorrino. Ambos se encontraban jugando al pilla-pilla, en una especie de prado idílico, los dos solos y sin que nadie los molestara. En esta ocasión, era Garnet el que corría detrás de Pretty, dejando ambos una estela de pétalos de diversas flores y polen a su estela. Era todo armonioso hasta que, de forma abrupta.
La figura de Pretty implosionó, sin previo aviso y de la nada, no dejando ni rastro de la gorila, mientras Garnet observaba anonadado aquella bizarra - en el sentido anglosajón de la palabra - escena.- ¿Pureti-chwan? - Se preguntó angustiado, mirando a su alrededor. No había quedado nada de su presencia. El skypiean, alarmado, comenzó a coger aire por su nariz, hinchando sus pulmones a su máxima capacidad momento en el cuál, gritó.
- ¡PURETI-CHWAAAAAAAAN!! -
Y, cuando se quiso dar cuenta, Garnet ya no estaba en ese campo onírico de flores, sino que se hallaba en un lugar completamente distinto.- ...¿Huh? - Pronunció, tras quedarse un par de segundos pensativo, admirando el lugar en el que se encontraba, empezando a mirar primero hacia los lados para, seguidamente, hacia arriba y hacia abajo.- Estoy en mi cuarto... Más bien en mi cama... ¿Es o no es? - Concluyó, manteniendo la mitad superior de su cuerpo erguida.- ¿Ha sido todo un sueño? - Se rascó la cabeza, notando como sentía algo de dolor, agujetas y magulladuras en su brazo derecho.- Tch... - Se quejó, pasando a admirar su increíble y tonificado cuerpo, cubierto de vendas en sendas partes debido a las heridas que había acumulado durante la batalla.- Nanai... Todo lo de Utakata, pasó, ¿es o no es? - Dedujo, cayendo en la cuenta de todo lo que ocurrió, y como quedó inconsciente tras el suicidio de Pretty. Garnet exhaló un suspiro algo incómodo. Ella no se merecía aquello.
Sin embargo, no todo eran malas noticias y es que, tras darse cuenta de que estaba en su cuarto, sano y salvo, esbozó una amplia sonrisa.- ¡PUAJAJA! ¡Lo hicieron! ¡Derrotaron al Utakata! ¿Es o no es? - Exclamó alegre, aún en su habitación, saltando de la cama y dispuesto a salir de la habitación para ver a sus amigos. Por fortuna para ellos, alguien se había asegurado de vestir a Garnet con un tanga de color traslúcido, su tercer color favorito.- ¡PEÑUQUI TOSTADAAAAA! - Comenzó a gritar como un poseso, buscando que el resto de la banda respondiera a su llamado, hasta que salió a la cubierta, parándose bajo el palo mayor del Solar Karma.- ¡EL MENDA YA ESTÁ DESPIERTOOO! ¡NECESITO VEROOS, VAMOS VENID! - Siguió vociferando, esperando que salieran de dónde quisiera que estuvieran.
RESUMEN
Me despierto un día después del evento, me levanto de la cama y me dirijo hacia la cubierta para que podamos hablar
Acerqué la pequeña llama procedente de mi dedo índice al puro que sostenía entre mis labios. Al dar la primera calada, el humo comenzó a inundar mi camarote. Me encontraba sentada en la silla del escritorio, de espaldas a este, para mirar por la ventana. En medio del mar solo se podían escuchar las olas y, de vez en cuando, el graznido de alguna gaviota, pero el ruido de mis pensamientos apenas me permitía disfrutar de la calma. Inhalé en silencio sin despegar la vista del paisaje, recordando todo lo que había ocurrido el día anterior. Todavía me dolían las heridas, pero no eran mi mayor preocupación. Tenía que asimilar todavía lo que el científico me había contado sobre mi familia, las intenciones de mi madre de hacerme volver a la fuerza, sus posibles motivos y, sobre todo, la amenaza de ejecutar a Yamamura. No sabía en qué quedaría aquello, pero sus palabras parecían tener bastante peso y no me extrañaba en absoluto que llegase a cumplirlas. Lo único que me consolaba era confirmar que continuaba con vida. Era algo que imaginábamos, pero que no podíamos asegurar. Impel Down no era una prisión, pese a lo que se dijera. Era el infierno en la Tierra, un matadero en el que nunca sabes cuándo llegará tu hora. Confiaba en nuestro capitán, en su resiliencia y en sus ansias de libertad. Un lugar así no podría con él. Sin embargo, siempre cabía la posibilidad de que los esfuerzos de este sistema corrupto diesen sus frutos.
Me quité los tacones y subí mi pierna derecha a la silla para apoyar mi brazo en ella. No podía dejar de pensar en los recientes acontecimientos. Tenía que reconocer que era una suerte que todos estuviésemos vivos. Giré la silla para abrir un cajón del escritorio y sacar una carta. Había llegado hacía menos de una hora con una propuesta por la que muchos matarían. Sabía perfectamente qué hacer con ella. Con la carta en mi mano izquierda y mi puro en la derecha, volví a girar la silla hacia la ventana. Alcé la carta hasta tenerla frente a mi rostro mientras me llevaba el puro a la boca para dar otra calada. Ser un shichibukai tenía sus ventajas, sobre todo que si aceptase un puesto así me aseguraría de que la banda estuviese a salvo. A pesar de ello, nunca había dudado de la respuesta. Mi mano izquierda se envolvió durante un segundo en fuego, tiempo suficiente como para que la carta ardiese y se convertirse en cenizas. Si pensaban que me iba a vender por tan poco, estaban equivocados. Yo misma les protegería si hacía falta, aunque eran perfectamente capaces de cuidarse por sí mismos.
Soplé mi mano para que los restos de ceniza que habían quedado en ella y en puño de mi chaqueta saliesen volando por la ventana con el resto de la carta. Cuando todos se recuperasen, ya pensaríamos en nuestros siguientes movimientos, pero la prioridad era salvar a Yamamura. Justo en ese momento, los gritos de Garnet resonaron por todo el barco. Parecía bastante animado, así que imaginaba que ya se habría recuperado de las heridas. Me puse en pie y salí del camarote para subir a la cubierta. Mis tacones repiqueteaban con fuerza, no era ninguna sorpresa que me aproximaba. Tenía ganas de poder hablar con todos y saber qué había ocurrido mientras yo me encontraba con el robot. Todavía no sabía que habían estado haciendo ellos en sus salas.
—¿Qué tal estás Garnet? ¿Te has recuperado bien? —le pregunté cruzando mi brazo izquierdo por debajo de mi pecho y dándole una calada a mi puro, cada vez más pequeño.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
14-06-2026, 02:26 AM (Última modificación: 14-06-2026, 02:28 AM por Tobias Murray.)
A Tobías le había costado mucho dormir aquella noche, repasando mentalmente los sucesos acontecidos aquella misma tarde. Breve, pero extremadamente intensa, la incursión en las instalaciones del doctor Utakata fue un hito en el viaje de los piratas Alas Negras. Todos habían logrado imponerse al desmedido desafío que les había presentado el cerebro más inteligente del mundo. Habían derrotado a un Shichibukai, al más veterano de todos. Esta hazaña marcaría un punto de inflexión en la historia de aquel variopinto grupo de piratas.
Barba naranja no dejaba de pensar en el desastre que resultaba haber perdido aquella inmensa fuente de conocimiento, el laboratorio del doctor Utakata. Si hubieran sido un pelín más fuertes, muy poco, quizás lo habrían evitado, pero ahora solo quedaba restaurar todo lo posible y comenzar algo nuevo casi de cero. El vaquero pensaba en positivo, ahora estaban recuperándose del sobreesfuerzo en el Solar Karna, su hogar. Pero a escasos metros, se erguía un pedazo de tierra rodeado de las aguas del mar más feroz, un territorio al que, a partir de ese momento, también podrían llamar hogar.
Entre todas esas distracciones que mantenían en vela al carpintero, estaba su ansia por aprender y desarrollar sus proyectos. El haber pasado ese largo rato en el que probablemente había sido el laboratorio más avanzado de la actualidad, había excitado bárbaramente la inquietud del joven barba naranja. Pasó un par de horas en su “taller”, repasando todas sus ideas entre hojas y pergaminos. De entre todo, situó un par en concreto en prioridad máxima. Los días que venían iban a estar cargados de trabajo para el vaquero, y eso le encantaba. Primero despejaría las ruinas del laboratorio, recuperando todo lo posible, tanto información como materiales, pero sobre todo, el orden. Lo que más abrumaba a Tobías era el caos en el que se había convertido aquella preciosa y simétrica estructura. Aquella obra de arte era ahora una montaña irregular de escombros. Esa visión también le quitaba el sueño, pero la mochila pesaba demasiado como para no quitársela y tumbarse de una vez por todas en la cama y cerrar los ojos al menos un par de horas, quería aprovechar bien el día siguiente.
Un fuerte grito, proveniente del camarote de al lado, despertó súbitamente al carpintero. Por lo visto Garnet se había despertado. Kenzo se había encargado de llevarlo de vuelta al galeón la tarde anterior. El pelirrojo había vencido su combate, pero terminando inconsciente. Tenía que haber sido una pelea épica con un adversario de talla descomunal, para poder igualar a Garnet en fuerza tenía que serlo. Tobías deseaba conocer todos los detalles. Imaginaba un androide como el que había enfrentado Triana, otra obra de la más alta ingeniería. El carpintero se desperezó con calma, se secó la saliva que empapaba su mejilla izquierda y se vistió antes de salir de su habitación. Pasó primero por la cocina para prepararse una infusión caliente, comenzaba a refrescar, y aunque el pistolero estaba hecho al frío, necesitaba terminar de recomponerse.
Cuando salió a cubierta se percató que debía ser pasado el mediodía, por la posición del sol. Había dormido más de lo esperado, pero era normal por el ajetreo vivido el día anterior. Ahí se encontraban Triana y Garnet, junto al mástil mayor. El humo del cigarro que estaba fumando la capitana, le incitó a acercarse a la barandilla para apoyar su taza sobre ésta, sacar su tabaco y encenderse uno para acompañar su bebida.
- Buenos días, o buenas tardes mejor dicho. - Mediante los poderes de su fruta, el carpintero acercó una mesita y unas sillas hasta el centro de la cubierta. Se sentó en una de ellas y apoyó la taza sobre la mesa. - ¿Qué tal te encuentras Garnet? Haces buena cara. - Tobías le dio una profunda calada a su cigarro y exhaló el humo degustando su sabor. - ¿Qué tal tu, capitana? - En el fondo, esta segunda, era retórica, pues sabía que tenía que estar preocupada, al igual que él, por las últimas palabras de aquel temible androide rubio, bueno, era Utakata el que estaba detrás de aquellas marionetas. El capitán estaba en peligro, y ellos podían hacer poco, más bien nada, por ayudarlo. Solo confiar en él. - Ayer liamos una buena, jish jish jish jish. - Le hacía gracia que cinco piratas, sin más que su afán por proseguir su viaje hacia la libertad absoluta, hubieran destartalado una ubicación tan relevante para el Gobierno como era aquel laboratorio contra todo pronóstico. Eso tenía que haber llamado mucho la atención. - Cada vez se va a poner más emocionante este viaje, menos mal que es junto a vosotros. - El vaquero estaba algo melancólico, recordando todos los pasos dados hasta el momento, y preocupado por los que iban a tener que dar, sobre todo Yojimbo. Tenían que poner al dia a Garnet, aunque eso implicara preocuparlo, tenía que saberlo. Miró a su compañero elevando ligeramente el mentón. - Lo que hemos hecho va a cabrear mucho al Gobierno. -
14-06-2026, 03:20 AM (Última modificación: 14-06-2026, 03:30 AM por Kenzo D. Fujiwara.)
Lo cierto era que dormir después de todo aquel subidón de adrenalina que suponía pelear contra un Shichibukai, era de las mejores cosas que me habían pasado. Descansé completamente, como un bebé. Sin embargo, cuando me desperté, sentí un profundo dolor por todo el cuerpo, causado por todos los golpes que recibí no solo del enorme y gigante robot, sino por todos los androides que llegaron después a la sala en la que me quedé bloqueado. Aún vestía con la ropa que me puse para el asalto a la base de Utakata. Recuerdo que al llegar al barco, dejé a Garnet en su camarote, le puse un tanga de los que el solía llevar y me fui directo a mi cama. Ni me duché, ni me desvestí y ni siquiera comí. Por ello, me senté en la cama, y me quedé mirando durante unos segundos el suelo, para acto seguido, contar hasta tres y levantarme de una vez. Me quité la ropa, y me fui a la ducha. Podía ver como el jabón caía negro por el desagüe de la ducha, supongo que la suciedad fue por la explosión del robot gigante. Después de la ducha, me vestí con una camisa roja hawaiana, unos pantalones cortos con bolsillos y unas botas. No cogí la bolsa porque seguramente no iría a ningún lado, pero la dejé preparada en la silla de mi escritorio, colgada del respaldo. Miré a mi escritorio lleno de vasos cerrados con algunos insectos dentro. Aquello me recordó que tenía que hacer una profunda exploración de la fauna y flora del lugar. Pero eso tendría que esperar, ahora tenía que ir a la cocina para comer algo, ya que mi barriga estaba gruñendo a un nivel que no podía ni ignorarlo ni hacerlo pasar desapercibido delante de mis amigos.
Tal como abrí la puerta, escuché los potentes gritos de mi querido maestro. Eso significaba que estaba perfecto, y ya podría cocinarnos. Esbocé una leve sonrisa, y me fui a la cubierta, el lugar de donde procedían esas voces. Vi a Garnet bajo el palo mayor de nuestro querido Solar Karma, y a Triana y a Tobias cerca de él, fumándose un puro. -Parece que si, que está completamente perfecto. Nada más que hay que escucharlo. No se si Jolyne estaba dormida, pero si lo estaba, ya no.- Dije mientras aparecía en cubierta, respondiendo a la pregunta de Triana. Me acerqué a ellos y golpeé amistosamente el hombro izquierdo de Garnet, luego el de Tobias y acto seguido, hacerle un saludo militar a nuestra vicecapitana a modo de broma. -Triana, ¿Cuántos puros llevas fumados hoy? No es nada sano estar fumando. Deberías sustituirlo por chicles, o caramelos. No se.- Decía mientras me sentaba en la borda, dándole la espalda al mar y mirando a mis compañeros. -Bueno qué, ¿Cómo habéis dormido? ¿Estás mejor Garnet? Que raro fue encontrarte inconsciente. Ese robot tenía que ser bien fuerte.- Giré la cabeza y miré a Triana. -¿Y tu que tal jefa? ¿Has dormido bien? ¿Te encuentras mejor? Tuvisteis que darle una buena paliza al imb¡ecil de Utakata. Una pena no haber llegado, me hubiera gustado patearle el culo a ese imbécil, pero bueno, me perdí y me encontré con este otro imbécil ¡Shajajajajajajajajajajajajaja!- Dije a modo de broma mientras señalaba con la cabeza a Garnet. -¿Y tu, Tobias? ¿Cómo vas? Pareces relajadisimo. ¿Tienes algún truco secreto para dormir bien? ¿Me lo podrías pasar?-
Luego me impulsé con mis manos y salté hacia adelante, acercándome más a mis nakama. -Por cierto chicos. ¿Sabéis algo de Jolyne? Ayer cuando llegué al barco no fui consciente de lo que hicisteis, pero supongo que estará bien, ¿No?- Pregunté, más para Triana que para Garnet, ya que él llegó inconsciente al Solar Karma. -Por cierto, Triana, tienes que echarme un ojo y examinar mis heridas. El cuerpo me duele como si me hubieran roto todos los huesos. Además, al andar, me duele levemente la rodilla izquierda, aunque no es nada grave, porque entonces no podría andar, ¿Sabes?- Dije. Parecía que llegué y no podía callar, pero es que aunque no se me notara, estaba tremendamente feliz por haber conseguido nuestro objetivo. ¿Cual sería el siguiente?
Alas Negras
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Se como el insecto, amigo mío. Si te hallas entre las flores, revolotea como una mariposa. Si te encuentras entre las ramas, avanza como un saltamontes. El insecto puede fluir con gracia o defenderse con fuerza.
La voz de Garnet retumbando a través de la maciza madera del Solar Karma alertó, al resto de los Alas Negras, de que el marrano del tanga había despertado al fin. La primera en presentarse ante el pelirrojo fue su capitana, Triana, tan deslumbrante como siempre y fumándose un puro. Al ver Garnet que, prácticamente estaba en perfecto estado, no pudo evitar esbozar una amplia sonrisa.- ¡OE! ¡TRIANAAA-CHAAAAN! - El skypiean seguía completamente extasiadoa, yendo a darle un fortísimo abrazo - sin intenciones sexuales, para variar - a la doctora de la banda, deshaciendo el abrazo y apartándose en el mismo momento en el que le preguntó si se había recuperado. - ¿Recuperarme? ¡Pues claro! Ahora os contaré como me fue pero co- - Intentó seguir la conversación pero antes de que pudiera terminar la frase, aparecería Kenzo, tan impertinente como siempre, apreciando lo bien que estaba el músico a juzgar por las voces que acababa de emitir hasta hace un momento.- ¡KENZO! - Exclamó de alegría.- ¡PERO SERÁS MEDRANO! - Frunció un poco el ceño, manteniendo esa sonrisa - ahora ladeada -.
A su vez, un Tobías equipado, con una taza que dejó sobre la barandilla y sacándose un cigarrillo de su caja de tabaco aparecería en escena, haciendo que Garnet se volviera a poner loco.- ¡OE! ¡TOBÍAS! - gritó del mismo modo que con Triana, reiterando la misma acción y corriendo a darle un buen abrazo a su hermano de otra madre, separándose también de él una vez que empezó a preguntarle sobre como estaba en ese momento.- ¡Cómo un tigre, hermano! Hace falta algo más que unos robots para parar al gran Garnet Matlock, ¿es o no es? - respondió sonriente, dándole un pequeño y suave puñetazo en su pecho a modo.
Seguidamente, el vaquero comenzó a expresar lo mucho que la habían liado el día anterior, añadiendo lo emocionante que se estaba poniendo su viaje en conjunto, y como lo que habían hecho pondría al gobierno hecho un desastre. Garnet aún no entendía la gravedad de esas últimas palabras, pero para él el mero hecho de imaginarse a la marina y el Gobierno Mundial rabiando por sus acciones, valían más que cualquier moneda de 100 berries.- Esto no ha hecho más que empezar, ¿es o no es? - Pensó profundamente, con más ganas que nunca de seguir su viaje, en busca de muchas más aventuras y fama.
El más zagal de la banda, en ese momento, comenzó a hablar por los codos, como tan habitual era en él, un rasgo que, incluso habiendo crecido hasta convertirse en un verdadero monstruo, seguía manteniendo desde que era un crío. Tras darle a Triana una lección de como y con qué debería fumar, Kenzo le preguntó a Garnet si había conseguido dormir bien, incidiendo en lo raro que era haberse encontrado con el músico tirado en el suelo e inconsciente. Garnet suspiró, recordando todo lo que pasó el día anterior. Estaba preparado para contarlo todo.- Pues ver- - Intentó empezar a hablar, pero la bala humana del diálogo prosiguió hablando y haciendo preguntas, tanto a Triana como al propio Tobías, siguiendo con el paradero de Jolyne - quién seguramente estaría o durmiendo o enseñándole algún truco a Jimba - y finalizar con una petición a la mujer rubia para que le hiciera una revisión médica.
El skypiean se quedó unos segundos callado, con la ceja arqueada mientras observaba a Kenzo si seguiría o no hablando algo más. Al ver que el chico cesó con su monólogo, exhaló un suspiro, pasando a mirar a todos y cada uno de los demás.- El menda se alegra de que estéis de lujo, coleguis. Nunca dudé de vosotros, palabra del rock and roll. Pero si que es verdad que ese cabrón de Utakata parecía que conocía nuestros puntos débiles, ¿es o no es? - Empezó a explicar, pasando a sentarse en la cubierta, apoyando su espalda sobre el propio mástil.- No sé con que os topasteis vosotros, pero en mi caso, fueron dos robots, uno que era como un armario y otro algo más delgado y que parecía tener la personalidad de Finn. - Al decir esas últimas palabras, los ojos de Garnet se anclaron tanto en los de Triana como en los de Tobías - especialmente en este último -, sabiendo lo que habían tenido que vivir en el pasado por su culpa.- Eran dos y se coordinaban de puta madre, pero aún así el menda llevaba la ventaja, hasta que esos dos cabrones se fusionaron. - Tragó saliva.- No sé muy bien como cojones pasó, pero de esa fusión salió una gorila pivita robótica, más guarra que una mano y con ganas de amar. - Alzó su cabeza hacia el cielo, quedándose pensativo por un par de segundos de silencio incómodo.- La cortejé y me la zumbé, claramente. - Volvió a descender su mirada hacia sus compañeros, afirmando aquella acción con la mayor naturalidad del mundo.- Quise salvarla, pero se acabó emparapetando, por el menda, dejándole inconsciente... Me habría molado que la conocieráis, era la polla. - Finalizó, mirando hacia la nada, pero pensando en todo.
- Bueno, ¿y a vosotros cómo os fue, coleguis? ¿Tuvisteis también gorilas robo-eróticas? - Terminó con toda su pachorra.
Tobías no tardó en aparecer. El jaleo que había armado Garnet al despertar había alertado a todos los miembros de la tripulación. Como si nada, el tirador hizo que una mesa y varias sillas se aproximaran al centro de la cubierta. Me costaba acostumbrarme a aquellas habilidades, incluso a las mías propias, y en muchas ocasiones incluso olvidaba de lo que era capaz. Tobías parecía animado por nuestro “éxito” del día anterior. La verdad era que no había salido tan mal como podría haber salido, pero me fastidiaba que todo se hubiese debido a una autodestrucción. Lo bueno era que, de todas maneras, habíamos conseguido nuestro objetivo y a mí no me habían llevado de vuelta con mi madre a la fuerza. Ahora debíamos recuperarnos y ponernos al día antes de iniciar nuestros próximos movimientos.
Kenzo también acudió a la cubierta al escuchar los gritos de Garnet. Estaba muy hablador, como siempre, y eso era buena señal. Lo primero que me preguntó era cuántos puros me había fumado. Llevé mis ojos hacia arriba como respuesta. También preguntó por Jolyne y me pidió que le revisase las heridas. Ya lo había hecho con todos y, por suerte, ninguno estaba herido de gravedad. Nos recuperaríamos rápidamente. —Jolyne era la que más fresca estaba. Estará enseñándole algún truco a la gallina esa o plantando algún tomate —le contesté para que no se preocupase. La verdad era que me gustaría que también se uniese a nosotros para que me contase cómo narices había sobrevivido sin apenas un rasguño de su enfrentamiento y cómo había conseguido llegar tan rápido a mi sala.
Cuando Garnet comenzó a hablar supe que aquello iba para largo, así que cogí una de las sillas que Tobías había acercado y me senté en ella con las piernas cruzadas mientras continuaba fumándome el puro. Garnet también se había percatado de que aquel doctor chalado parecía conocernos a la perfección y haber utilizado nuestros puntos débiles a su favor. Me sorprendió escuchar que él se había enfrentado a dos robots, uno de ellos con la personalidad de uno de sus enemigos del pasado. Eso era ya extremadamente concreto y enfermizo. Por si fuera poco, sus dos robots se fusionaron en una especie de gorila que, por algún motivo, Garnet veía atractiva. Sus niveles de lujuria ya llegaban a límites insospechados y era preocupante. —Esto ya es el colmo. ¿Un gorila robot? ¡¿Qué narices te pasa?! —le espeté esperando que los demás no actuasen con tanta naturalidad como él —. ¿Veis eso normal?
Respiré profundamente antes de responder a su pregunta y a lo que todos esperaban, para eso estábamos aquí. —Evidentemente no. No tuvimos ningún robot sexual con forma de gorila. Bueno, no sé los demás, pero apostaría a que eras el único al que se lo pusieron. En mi sala estaba el doctor, más bien su cerebro. Era un maldito cerebro metido en un tarro en una sala llena de máquinas. También había otro robot que era duro de cojones. Las máquinas de la sala me afectaron, emitían un sonido molesto y no podía utilizar el haki. Mi fruta tampoco parecía afectarle. Si no llega a ser por Jolyne y Tobías habría conseguido capturarme. ¿Cómo os fue a vosotros? —pregunté a Tobías y a Kenzo.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
El joven Kenzo apareció llenando la escena con su resplandeciente jovialidad. Su desenfadada vestimenta denotaba su estado de ánimo, debía sentirse orgulloso y relajado. Eso le dibujó una sonrisa al vaquero, quien recibió súbitamente una ligera embestida seguida de un agarre potente, el cual crujió sus vértebras dorsales sonoramente. Tobías pasó del temor al alivio en una fracción de segundo. Le había sentado de maravilla aquella descarga en su espalda. Por suerte, tanto Garnet como el resto estaban en perfectas condiciones, ahora primaba conocer cada una de sus experiencias particulares en la “fiestecita” del día anterior. Garnet se lanzó a explicar su peculiar aventura particular. La historia comenzó bien, llamando severamente la atención del carpintero, el detalle de que uno de los robots tenía la personalidad de Finn. “Maldito George Enmanuel Michael Sararene Utakata…” Tobías no saboreó por mucho tiempo la apasionante parte en la que las dos máquinas se unían en una sola, pues la narración se comenzó a enturbiar. Las caras de los presentes comenzaron a desencajarse, cada vez más con cada palabra que articulaba el lascivo músico. Su apetito sexual tenía límites insospechados. Tobías se quedó unos segundos en silencio, con la boca entreabierta, digiriendo lentamente aquella irrepetible anécdota. “¿Qué tipo de estrategia tenía pensada Utakata para Garnet? Supongo que infravaloró sus virtudes sexuales.” El vaquero seguía perplejo, intentando comprender algo que había sido fruto del azar y del vasto sex appeal del pelirrojo. Aún así, Tobías alcanzó a enorgullecerse de su hermano, pues el Shichibukai había tenido que enviarle dos autómatas para poder acabar con él, y ni con esas lo había logrado.
Triana devolvió la cordura, increpando al Rey del tanga y preguntando a los otros dos presentes si lo veían como algo normal. - Jish jish jish jish. Es Garnet. Aunque sigue y seguirá sorprendiéndome, lo comprenderé. Unas veces cuesta más que otras, pero es mi hermano de otra madre. Jish jish jish jish. - Tobías amaba, en el sentido fraternal de la palabra, incondicionalmente al músico. Aunque le rompiera los esquemas, se reordenaban más tarde o más temprano, ya se había acostumbrado a ello. La capitana pasó a responder al músico, afirmando que ni a ella, y seguramente a ningún otro, le había tocado lidiar con una robot gorila cachonda. - Jish jish jish. Secundo la moción. - La historia de la espadachina comenzó impactando en gran medida al vaquero. “El cerebro del doctor fuera de su cuerpo, eso es increíble. ¿Hasta dónde habría sido capaz de llegar este tipo?” Cada vez que pensaba en todo lo que se había perdido en aquella brutal explosión, la culpabilidad le quemaba por dentro. Tenía que recuperar todo lo posible de aquellas ruinas y comenzar su propio camino, desde casi cero, por la ciencia y por hacer su viaje más divertido y emocionante. Triana terminó quitándose méritos y agradeciendo la intervención de Jolyne y Tobías. - ¡Pero si casi lo partiste en cuatro! ¡A LA MEJOR MÁQUINA DE MATAR DE LA QUE ES LA MENTE MÁS BRILLANTE DE LA HISTORIA! Bueno… Era. - Tobías se atabaló de más al indignarse por como su capitana se estaba infravalorando. - A mi me tocó un robot a medida para derrotarme, pero tenía un punto débil demasiado condicionante. Necesitaba mi energía gravitatoria para poder atacarme y lo aproveché bien. -
El pistolero fue lo más escueto posible para quitarse la tarea que tenía pendiente su cerebro, que era contar su parte, y volver a dirigirse específicamente a Triana y animarla en condiciones. - Tu eras el objetivo principal del Shichibukai, no por nada. Y tu eres la que mejor conoce el porqué. No hace falta que te lo diga, pero eres una de las personas más increíbles que he conocido. Capaz de enfrentarse a un Almirante sin que le tiemble el pulso y mucho más. - El mar se agitó tímidamente, balanceando con delicadeza el Solar Karma. Un tenue destello se proyectó hacia los ojos del vaquero, distrayendo su atención en su discurso unos segundos. Parecía una moneda en mitad del suelo de cubierta. Reservó esa imagen para más adelante y volvió a mirar a la espadachina. - Sin ti no estaríamos aquí. - Le dedicó una sincera sonrisa a su capitana, alzando su cigarro como si de un brindis se tratara. - Por cierto. ¿Pudiste hablar con el doctor antes de enterrarlo? -
Hace 1 hora (Última modificación: Hace 1 hora por Jolyne Jones.)
Ya era todo nuestro… Sandías, calabazas, tomates, patatas, castañas, higos, maíz, setas… Con las rodillas pagadas al pecho y echa un ovillo, me frotaba las manos solo de pensar en la variedad de frutos que se podrían plantar en el nuevo terreno. Si conseguíamos autoabastecernos no habría que tratar con timadores que intentaran convencernos de que su mísera caja de judías costaba lo mismo que una de melocotones. Negué con la cabeza. Con melocotones se podía hacer mermelada, y eso se podía intercambiar fácilmente por leche. ¿Y desde cuándo unas judías valían lo mismo que un queso? Era el mundo al revés.
—Veamos… ¿Debería fiarme de los animales que hay por aquí o no? Definitivamente no. Así que pensé que el siguiente paso sería convencer a Triana de trasladar en el barco un par de animales de cada especie, macho y hembra, para que pudieran reproducirse. Me quedé pensativa y comencé a contar con los dedos. —Dos vacas, dos gallinas (sin contar a Jimba, claro, porque ya tenía otras funciones aunque no las cumpliera con diligencia), dos cabras, dos ovejas, dos gorrinos, dos bueyes, dos patos, dos conejos, y por qué no, dos elefantes… Ya había perdido la cuenta, pero antes de que pudiera retomar mi lista, Garnet gritó como un loco. Me llevé una alegría al saber que por fin dejaría de haber tanto silencio y tranquilidad en el barco, y así podría campar a mis anchas por el camarote de Triana o de Tobías sin llamar tanto la atención.
Desde una pequeña grieta vi que el cocinero salió a la cubierta, y todos los demás se acercaron para recibirlo. Yo seguía agazapada dentro de un barril, todavía esperando para ser la ganadora de esta ronda de escondite. Tan solo quedaban unos minutos para terminar y sería mi vigésimo tercera victoria consecutiva. Como no podía hacer nada, escuché con atención mientras hablaban de lo que hicieron ayer cuando entramos en el edificio de Utakata. Garnet empezó contando que se peleó contra dos robots que se fusionaron en un gorila en celo, y Tobías que se enfrentó a otro robot más… ¡Y tiempo! A lo tonto, ya había batido mi récord personal de victorias.
—Aficionados… — dije saliendo con cuidado del barril y acercándome al mástil. — Cuando os fuisteis, un robot descendió del techo y me señaló con la mano. Yo le dije que tendría que pasar por encima de mi frío cadáver si quería ir a por vosotros, y me lanzó una ráfaga de misiles que esquivé con fintas igual que haría una liebre. Después me transformé en un camaleón místico y de un solo disparo le partí por la mitad — dije sujetando un rifle invisible. —Pero no solo eso, porque luego me colé por los conductos de ventilación y con mi magnífica intuición llegué hasta la habitación donde estaba Triana, le disparé a unos sesos en conserva y el resto es lo que ellos ya saben — señalé a Triana y luego a Tobías, que llegó poco después. —Se apagaron todas las luces y las máquinas. Estábamos solos frente a otro robot todavía más peligroso. El muy asqueroso usó una de mis técnicas contra mí, pero yo pegué otro disparo y nuestras municiones chocaron en una explosión, luego Tobías le aplastó la cabeza con su gravedad y Triana le metió un par de tajos con sus katanas. Y eso es todo, creo. No sé lo que pasaría antes. — dije encogiéndome de hombros.
Información
Resumen
Salgo de un barril y les cuento a todos mi experiencia contra Utakata.
karmas
Egocéntrico
Karmas
negativo
1 punto
Descripción: Tu personaje busca constantemente los halagos de los demás y no puede evitar alabarse a sí mismo.
Código: egocentrico001
Mentiroso compulsivo
Karmas
negativo
3 puntos
Descripción: Tienes un grave problema, no puedes evitar mentir. Es probable que incluso te creas tus propias mentiras. Cada tema deberás intentar colar dos o más mentiras. [Requiere el Karma “Mentiroso”]
Código: mentirosocompulsivo001
Tal vez le haya añadido un poco de imaginación a la historia.
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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli