[EVENTO FIN BETA] Control de Acceso; Parte 1 (East Blue)
#11
Atributos Personaje

Parecía que había pasado ya una eternidad desde que Enma había llegado a Loguetown infiltrado. En casi dos meses, había podido estrechar relaciones con las personas que lo habían acogido de forma tan afectuosa (a su manera) y positiva. Pero no sólo eso, sino que también había aprovechado para conocerse mejor, para descubrir cuáles son sus potencialidades y cuál es su cometido en la vida. Es decir, había estado entrenando como si no fuera mañana. Pero para qué nos vamos a engañar... también había estado viviendo un poco la vida, disfrutando de la muchedumbre de aquella pequeña ciudad, estudiando su oficio... Enma había estado embarcado en millones de aventuras, pero todas ellas enmarcadas en el punto de salida hacia Grand Line: Loguetown.
 
En aquel momento, había salido a comprar unos libros, mientras que el resto de compañeras y compañeros estaban también realizando sus propios quehaceres. Khruner seguramente estuviera comiendo, Kovashi bebiendo, Don Bambú estaría gruñendo y Derya entrenando sin parar. Ella era, con diferencia, la que menos contacto había tenido con el grupo. Pero el Den Den Mushi ha mantenido el nexo intacto desde hace dos meses, y menos mal. Con todo, este tiempo le había permitido a Enma conocer mucho más a este pequeño grupo, aunque no había sido tiempo suficiente para dejar de ser conocido como “el muchacho del barril”. Vaya.
 
La ciudad estaba rebosante, había una gran concentración de personas por algún motivo que desconocía. A lo lejos podían distinguirse muchas voces, todavía más que la cantidad de personas que sus ojos, rojo carmesí, podían ver. ¿Qué estaría pasando? Por estar tan centrando en eso, no se dio cuenta de que la puerta de la librería estaba cerrada y... chocó. El golpe lo empujó hacia atrás, lo que a su vez originó un pequeño colapso entre un grupo de personas, habiendo caído dos de ellas al suelo. – Vaya, lo siento... – Murmuró mientras se levantaba apurado a ayudar a las personas que estaban en el suelo. Sin embargo, una de ellas agarró a la otra de la mano, de una forma un tanto brusca, y gritó lo siguiente: – Maldito niño, ¡llegamos tarde por tu culpa, rata! – ¿Llegar tarde a dónde? Lo cierto es que a Enma los insultos no le hacían mucho daño, quizá por sus escasas habilidades sociales, que tampoco le permitían relacionarse muy bien con las personas; o quizá por su fortalecida autoestima, que, a pesar de todo lo vivido, era como una muralla impenetrable. Quién sabe. Se sacudió el polvo, cogió su mochila y siguió su camino.
 
Esas palabras, esa prisa, le llamó la atención. Y se acordó de algo que había mencionado Don sobre una salida a Grand Line organizada para todas y todos los civiles. De hecho, incluso habían llegado a trazar algún plan para colarse, pero Enma no prestó demasiada atención porque consideró que habría sido una tarea fácil para él. Al fin y al cabo, era el chico del barril. Al acordarse de que algo se podía estar preparando y de que todo el grupo podría estar allí, comenzó a correr.
 
La entrada al puerto y la zona del muelle estaban totalmente colapsadas. Había voces por todas partes, gente moviéndose con prisas de un lado a otro,... era un completo descontrol aquello. Enma sabía que su grupo estaría allí pero, a simple vista, no parecía encontrarlo. Intentando concentrarse, gracias a su impecable oído (para un sentido que le quedó bien...), había escuchado a algunas personas hablar sobre “embarcar”, “rápido”, “Grand line”... y todo parecía cobrar sentido. Desde luego, esto estaba relacionado con aquellos intentos de plan que habían estado trazando. Era el día de dirigirse hacia el Grand Line.

Enma comenzó a caminar y adentrarse al interior. Poco a poco, más voces se juntaban en su cabeza, hasta escuchar algunas más conocidas que otras. Eran Kovashi y Derya, no había duda. Siguió aquellas voces hasta que su mirada alcanzó a ambos, lo que hizo que Enma acelerara su paso, aunque tampoco demasiado. – 
¡Hola...! – Exclamó, visiblemente alegre, nada más verlos. – ¿Qué tal habéis estado...? – Preguntaba mientras apreciaba la apariencia de ambos, especialmente Derya, que se veía mucho más fuerte. Su entrenamiento había dado sus frutos seguro. – Entonces... esto es nuestro billete hacia el Grand Line y... – Se para para respirar y echar un vistazo a su alrededor. – Nuestro objetivo... ¿no? – Preguntaba de forma tímida, aún sabiendo que cada una de las personas que componían el grupo tenían objetivos personales diferentes, aunque mantenían una misma meta.
 
– Y... ¿Habéis visto a los demás? – Preguntó mientras colocaba bien la mochila. Enma estaba tranquilo y contento. Haber estado algo distanciados este tiempo, después de haber conseguido formar parte de un grupo en el que se sentía bien, cómodo y acogido, le había costado. No quería estar solo y parece que eso se iba notando poco a poco. Eso sí... seguía tan sombrío como siempre. ¡Apenas sonreía!
 
Alzó una vez más la vista y vio como una de sus tiritas caían de la frente. La recogió y volvió a ponérsela, esta vez en la mejilla.

Karma positivo
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#12
Atributos Personaje


Desde que había decidido seguir a Yamamura había viajado por más islas que en toda mi vida, lo cual tampoco era muy difícil. En cada una de ellas habíamos ido encontrando gente que se había unido a la banda, Peixe, Jolyne y Aspros. Parecía casi un milagro habernos topado con tantas personas que estuviesen tan locas como para dejar sus vidas y seguir a un extraño cuyo sueño era convertirse en el Rey de los Piratas, entre las cuales tenía que incluirme. Nuestros objetivos eran varios, cada uno tenía sus aspiraciones personales, pero compartíamos un objetivo común: vivir libres. Sonaba muy bien, aunque el camino no era sencillo. Para empezar, ninguno teníamos demasiado dinero. Habíamos tenido que llevar a cabo nuestros primeros robos y no serían los últimos. No se me había ocurrido pensar en la cantidad de comida que necesitaba un monstruo de cinco metros que se alimentaba a base de verduras. Por si fuera poco, los marines habían empezado pronto a tocarnos las narices. Ya era mala suerte que nos encontrásemos con un grupo cuando cometíamos nuestro primer delito. Tarde o temprano tenía que pasar, pero hubiera preferido que hubiese ocurrido un poco más adelante, al menos cuando tuviésemos un barco propio.

Desde ese incidente, habíamos tratado de mantener un perfil bajo. Nos habíamos colado en un barco para huir de la isla, llegamos a Loguetown y habíamos pasado unos días hospedándonos en un agujero inmundo. Cuando me uní a esta aventura no esperaba ningún tipo de lujo, pero sí un mínimo de calidad de vida. Afortunadamente, la suerte nos sonrió. Quedarnos en aquel lugar nos permitió saber que algo gordo ocurriría en el puerto. No nos enteramos de mucho más, así que habíamos decidido acercarnos aquel día para comprobar qué era lo que iba a suceder, sobre todo por si aquello nos daba una oportunidad para continuar con el viaje. Lo que no esperaba era encontrarnos con una situación de tal envergadura. Una muchedumbre inmensa de gente se aglutinaba en la zona anterior a los muelles y dificultaba el paso.

Desde hacía tiempo teníamos la idea de conseguir un barco, aunque en estas circunstancias nos íbamos a tener que conformar con subir a uno como pasajeros, como habíamos estado haciendo hasta ahora. Peixe, como era habitual, actuó por su cuenta. En su cabeza cualquier situación debía estar simplificada al máximo. ¿Que quería marcharse en barco? Solo tenía que subir en uno como si nada y problema resuelto. Dudaba bastante que le diese resultado, sobre todo porque Yamamura comenzó a animarle en su estrategia desde la distancia de forma bastante poco discreta. Otro que vivía feliz.

A este paso no sabía cómo acabaríamos. Habíamos escapado de los marines por los pelos y la buena racha no nos duraría para siempre. Saqué de mis bolsillos dos de mis tres den den mushis y le di uno a Yamamura y otro a Aspros. Ni me molestaba en ofrecerle uno a Jolyne, seguro que pensaba que era un animal de campo e intentaba cocinarlo. —Tomad. Así podremos estar en contacto —les dije mientras se los ofrecía para que los cogiesen. Ya que éramos una banda sin barco por lo menos estaríamos coordinados, lo cual nos sería de utilidad con Yamamura. En lo que llevaba con él ya se me había perdido dos veces.

Me molestaba no saber exactamente qué estaba ocurriendo, así que les hice un gesto para que me siguieran y comencé a caminar a través de la gente hasta los muelles para poder valorar la situación. Por encima de las pocas cabezas de las personas que había más adelante pude ver que, a varios metros, había seis barcos, seguramente en los que pretendía embarcar esta gente. Todos ellos llevaban una bandera que no reconocía, sería de alguna nueva compañía de viajes o a saber. A pesar de la gran cantidad de gente no parecía haber demasiada vigilancia, cerca de esos barcos tan solo había un par de marines con pinta de pringados encargándose de la cola no demasiado bien. A pesar de que no parecían muy experimentados, no estaba segura de que nos dejasen pasar tan fácilmente, además, seguramente hubiese más marines por los alrededores. Lo único bueno a nuestro favor era que podíamos pasar desapercibidos. Tal vez podríamos ofrecerles dinero para que nos dejasen subir. Lo que me daba rabia era ver aquellos barcos tan a nuestro alcance y nosotros sin nada con lo que viajar. El plan más sensato era tratar de colarnos, pero en el fondo lo que realmente deseaba era uno de esos barcos solo para nosotros, era nuestra oportunidad. Si me había unido a esta tripulación era para perseguir la utopía de la libertad absoluta. 

Me giré para buscar a Yamamura, lo cual era una tarea bastante sencilla, e ir junto a él. Finalmente, sería el que tuviese la última palabra como capitán. —¿Has visto esos barcos? ¿Crees que vale la pena intentar hacernos con uno de ellos?
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#13
Atributos Personaje

El sol brillaba sobre la inmensa ciudad de Loguetown. Recuerdos de aquel lugar me asaltaban, de tiempos en los que reinaba en los escenarios y la gente clamaba mi nombre, mientras recorría sus amplias calles con paso decidido. Habían sido unos días largos y complicados desde que había tomado la decisión de abandonar isla Isshin para unirme a una supuesta banda pirata con tintes de grupo feriante de escaso recurso económico. Y es que desde que habíamos llegado a la ciudad, habíamos tenido que coexistir en un espacio ridículamente pequeño, sucio e indigno; para ellos tal vez fuese algo normal, pero yo no estaba dispuesto a vivir de aquella forma hasta que mis días terminasen, consumido por la pobreza y carcomido por la amargura de una existencia banal. Unas enormes gafas de atigrado estampado y afilada montura, aferradas a mi cuello por una cadena de perlas, ocultaban unos ojos con púrpura asomo de ojeras. Me daba aire con un sutil abanico de plumas rosas, golpeando mi pecho enérgicamente al compás de mis pasos.

- Espero que podamos hacernos con un barco lo antes posible -susurré a Triana, a la cual seguía difícilmente el paso. Siempre sensata, puso a mi disposición y a la de Yojimbo unos Den Den Mushi para mantenernos en contacto, siendo plenamente consciente de que lo hacía, ante todo, para no perder de nuevo al capitán. Qué paradójico que siempre se perdiese aquel gigantesco ser en llamas imposible de perder de vista- Y también que mi camarote sea ligeramente más grande que el de los demás. Ya os pasaré mi lista de “consejos”.

Durante nuestra breve estancia en la ciudad, habíamos descubierto que algo estaba por ocurrir por la zona del puerto, a la cual nos dirigíamos con paso firme. Era evidente que, a pesar de ser una ciudad grande con una enorme cantidad de comercio interior y exterior, algo debía ocurrir para justificar la enorme presencia de marines y barcos apostados en el puerto. Por las pintas de algunos, me atrevía a asegurar que más de uno de los presentes también era considerado pirata. Un sistema bastante deplorable de control vigilaba el acceso a los barcos, de la mano de los dos marines más faltos de sangre que jamás había tenido el gusto de ver, se ubicaba a pocos metros de nosotros.

- Va a ser muy difícil hacerse con uno, hay demasiada gente -contesté a Triana como si me estuviese preguntando a mí. Por muchas ganas que tuviese de tener independencia naval y mostrar mis innatas dotes de navegante, no tenía ganas de enfrentarme a medio cuerpo de la marina- Y soy demasiado guapo como para ir a la cárcel, allí sería un caramelito.
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



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#14
Atributos Personaje

Días y días.
Había pasado tiempo desde que nos separamos en Shells Town para hacernos fuertes y buscar estrategias para, con suerte, encontrar un gremio que nos acogiera y ayudara a cazar presas mayores. Por desgracia, al menos para mí, la búsqueda había sido poco fructífera. Había pasado el último tiempo que tuve entrenando y mejorando mis habilidades. Todavía no habían sanado todas las heridas de mis manos del arduo entrenamiento en la mina. Los días que pasé encerrado habían dado sus frutos y sentía que era el momento de buscar nuevas presas que cazar. Seguro que el pequeño enmascarado pensaba igual. Si lo conocía un mínimo, no había parado quieto buscando como fortalecerse. Y lo sabría de no ser porque no sé cómo demonios utilizar el dichoso cacharro que me pidió que consiguiera. Hubiera sido un detalle por su parte. Así que, sin mucha más posibilidad de contacto, decidí que si íbamos a buscar gremios y rivales, quizá era el momento de pasar al siguiente nivel y abandonar el East blue. Decidí pasar una temporada en Loguetown, que hacía las veces de ciudad portuaria para el acceso a otras áreas desde el East. En algún momento iba a cruzarme con Sohem, al final, no había muchas más opciones para salir de este océano. 
 
El día era cálido y tranquilo. Las nubes brillaban por su ausencia, el aire era agradable y calmado, mientras que el calor ambiente hacía brotar algunas gotas de sudor sobre mi frente. Podía sentirlo en gran medida, puesto que mi frente estaba terminando de curar los roces de la piedra tras limar mis cuernos la noche anterior. Cubría mi frente con el flequillo para ocultar ese rasgo de mi cuerpo y así ser un poco más homogéneo con la marabunta de gente que habitaba en la ciudad. Aunque había razas y personas de todo tipo y un hombre de cuatro metros no parecía ser excesivamente llamativo, si llevara mis cuernos en su estado natural, seguro que sí sería un señalamiento constante. Es a lo que estaba acostumbrado. 
 
Había salido a patear las calles, revisando tablones de anuncios, buscando prensa nueva, conociendo taberneros, herbolarios... un poco la historia de siempre, mimetizarme e integrarme antes de golpear desde la sombra. Y como siempre, era buena idea dar una vuelta por la zona del puerto, los muelles y embarcaderos. No solo por la posibilidad de avistar algún posible rastro de piratas encubiertos buscando pasar por la ciudad sin llamar la atención, sino porque el enano malhumorado del kanabo podría aparecer en cualquier momento en la ciudad. Aunque bien pensado, con su tamaño podría llevar aquí meses y no haberlo encontrado. Sin embargo, cerca del muelle, mi sorpresa fue encontrarlo repleto de gente. Una cola interminable de personas y un par de marines que parecía estar vigilando la zona. Más allá había lo que a todas luces eran una serie de embarcaciones preparadas para partir. - Curioso que tengan tantos barcos listos... - pensé. Me apoyé sobre la pared de una casa cerca de la zona, a varios metros del gentío, lo suficientemente cerca como para observar sin llamar demasiado la atención. Observé a los marines. Los pobres muchachos me recordaban a la pareja de marines que golpeamos hasta el aburrimiento en Shells town. Una pequeña sonrisa se me escapó recordando a Sohem golpear al bigotudo mientras hablaba. Desde luego la marina había visto días mejores. En vista de que no estaba permitido el libre acceso, y que realmente hasta que no diera con mi compañero no iba a partir, no tenía mucho que hacer más que observar. Si había barcos y la posibilidad de hacerse con uno, mi "educado" y experimentado compañero seguro que haría acto de presencia. Solo tenía como posibilidad esperar, ya que el tumulto de gente me hacía imposible sacar ningún tipo de información de las conversaciones ajenas. Así que, mientras tanto, intenté averiguar cómo diablos utilizar el artefacto para comunicarme con Sohem. Por suerte el caracol comunicador era lo suficientemente pequeño como para ser ocultado por mi enorme mano y eso me permitía ocultarlo sin problemas.
 
- Como me hayan estafado, se van a comer el caracol crudo... - farfullé ininteligiblemente mientras alternaba la mirada entre el Den Den Mushi y la escena. 
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#15
Atributos Personaje

Miraba los puestos de carne con recelo, más hambrienta que un jabalí. Nuestro capitán, que tenía la alimentación de un conejo, nos había forzado a comer principalmente verduras. Aunque no tenía nada en contra de su sabor, mi estómago necesitaba algo más sustancioso. Las calles estaban abarrotadas de gente, y todo parecía rebosar vida, pero yo seguía sin poder encontrarle la gracia a la gran ciudad. A pesar de la muchedumbre, el ambiente me parecía muy frío y superficial. Había oído historias sobre cómo la gente en la ciudad podía ser deshonesta y aprovecharse de gente inocente como yo. Prefería la calidez y la cercanía de las calles de mi pueblo, donde todos se conocen, pueden charlar y, a veces, hasta regalar cosas. Aquí, todo el mundo va con prisas y te miran mal si pides algo de fruta a cambio de hacer unos malabares. Un poco amargados, si me preguntan.

Hasta ahora, nos habíamos alojado en un hotel bastante agradable y tranquilo que nos daba cierta privacidad en medio de tanto gentío. La cama resultó un ser un todo un descubrimiento, ya que aquí no la rellenaban de paja. No sabía que se podía saltar tanto en un colchón; fue muy divertido, y se sentía como dormir entre nubes de algodón. Sin duda, esta había sido la experiencia más satisfactoria desde que llegamos a la isla. Los cotilleos estaban a la orden del día, y fue así cómo nos enteramos de un rumor acerca de algo que pasaría en el puerto. Así que decidimos ir hoy mismo para ver lo que se cocía.

Al llegar a nuestro destino, nos encontramos con un tumulto de gente que parecían saber muy bien a dónde se dirigían. Yojimbo saludó a Peixe a lo lejos. Ese pulpo resultaba bastante misterioso, siempre iba por su cuenta y nunca sabíamos qué demonios estaba maquinando. El capitán pareció entenderlo de inmediato y lo alentó. Después de eso, Triana sacó y nos repartió dos caracoles de los raros. Ya los había visto alguna que otra vez; en el pueblo, los usábamos para fotografiar a los terneros ganadores de concurso o para decirle al vecino que se metiera en sus asuntos y que, como sus cabras volvieran a comerse la cosecha, lo pagaría caro. -Oye, ¿y para mí no hay, o qué? -pregunté sin esperar respuesta. Sabía que Triana me tenía en alta estima, y si no me había dado uno de esos caracoles, era porque confiaba en magnífica intuición de grupo. Nos hizo una señal para que saliéramos de la multitud, lo cual agradecí profundamente. Logré abrirme paso entre la gente y seguimos avanzando hacia la zona de los muelles. Me separé para curiosear un poco y vi que había seis barcos vacíos y sin vigilancia. A cierta distancia, había una fila de personas que, supongo, estaban esperando para embarcar.

Llevábamos tiempo deseando tener un barco, y ahí había seis completamente desprotegidos. A nadie le hacía falta tanto barco, eso es de tacaños y hay que compartir. No debería pasar nada si nos llevábamos solo uno. Me acerqué más a la fila de personas por si estaban regalando algo, pero resultó ser una cola de gente indignada que decía que perderían la ruta al Grand Line si no embarcaban pronto. Volví corriendo hacia Triana, Aspros y Yojimbo, quienes estaban en medio de una conversación. No fue difícil encontrarles ya que solo tenía que ir hacia el tipo gigante con alas envuelto en llamas. -¡Eh!, nos ha tocado la gallina de los huevos de oro, ¿nos llevamos uno de esos barcos? He oído que su destino es algo llamado Grand Line, ¿nos pilla de camino?

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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#16
Atributos Personaje


    Unos días antes el capitán nos comunicó que nos destinaban a la Grand Line, por fin todos mis entrenamientos nocturnos iban a dar sus frutos, en menos de unas semanas me habían ascendido a sargento y ahora me destinaban junto a mis compañeros de la G-34 al mar donde se encontraban la sede central de La Marina. Poco a poco iba dando pasitos a mi sueño, para ello solo teníamos que coger un barco mercantil, pasar una noche en Loguetown y a la mañana siguiente dirigirnos a los muelles donde nos encontraríamos a dos marines que nos estarían esperando para darnos las nuevas órdenes. 

    Echaría de menos aquella pequeña y tranquila isla donde aprendí, que con nuestra ayuda alegramos la vida de mucha gente que depende de nosotros, pero esto era jugar con los grandes, aprender de los mejores y por supuesto mayores retos.
    Durante el trayecto en el barco a Loguetown, era un manojo de nervios, puede que por fuera no lo aparentase pero por dentro... No había sentido algo así nunca antes, no sabía si era júbilo ante los nuevos retos, miedo a la incertidumbre o una mezcla de ambos y que Vulkan no parase de repetir, que se había olvidado la munición y debíamos dar media vuelta no ayudaba a calmarme. 

    Loguetown era la ciudad más próxima a la Grand Line y por ello siempre estaba muy transitada, y con gente variopinta, era fácil pasar desapercibido o hacerte pasar por un mercader si lo querías, por eso debíamos estar con mil ojos. A la mañana siguiente desperté, me vestí con el uniforme y me acomodé a Masamune en la cintura y bajé a desayunar con los demás. Acordamos ir juntos al muelle para no separarnos en la multitud, pero yo no quería soportar otra vez a Vulkan diciendo a todas horas que necesitaba su munición, así que aproveché la marabunta de gente, cuando nos encaminábamos a los muelles, para separarme del grupo e ir a la armería que se encontraba a solo dos calles de allí. 
    Ya había estado con anterioridad en la isla, por lo que me sabía el camino al puerto y no me perdería. No tarde ni 5 minutos en llegar a mi destino, era una armería bastante pequeña, pero el dueño fue muy amable y eficiente para encontrarme lo que requería, no era alguien que usara las pistolas con frecuencia por lo que necesite de su ayuda y paciencia para poder comprarle dos cajas de munición al cabeza hueca de Vulkan.
    Al salir de la tienda me dirigí al muelle, hacía bastante calor y las calles cada vez estaban más transitadas, tanto que podías perderte con facilidad si no sabías por donde tenías que ir.
   "¿Cómo podía un tirador olvidarse de algo que necesita para poder usar su arma? Era impulsivo y seguramente cuando nos dieron la noticia ni pensó más allá de que nos enfrentaríamos a fuertes piratas… Por suerte mi nuevo sueldo y mis ahorros me iban a permitir tener un viaje tranquilo sin nadie nervioso por algo tan fácil de solucionar como comprando munición nueva" Pensé mientras me acercaba al muelle. 
    Cuando entré en el puerto, el tránsito de gente no era normal, no podía ver nada, ni a los marines que debíamos encontrar. Por suerte, al levantar la vista hacia los navíos, allí estaba nuestra alta unicornio, la cual desde la lejanía tenía hasta su encanto, oteando el horizonte, a su lado se encontraban Vulkan y Joe y dado la multitud de transeúntes y lo difícil de encontrar algo, supuse que estarían buscándome o sirviendo de faro para que encontrase el lugar.
     Sin perder de vista la referencia de Karlgrass, rápidamente encontré a los dos marines, los cuales me dejaron subir a bordo tras identificarme y recibir las nuevas órdenes. Una vez a bordo me uní a mis tres compañeros, pues al parecer Minato se había separado del grupo y aún no había llegado. No me costó mucho localizar su pelo violeta entre la multitud, por lo que señalé a los demás su posición y comenzamos a hacer aspavientos y gritar su nombre hasta que nos hizo una seña de que nos había visto.
     Tras cumplir con el cometido me di la vuelta y sin que se lo esperase le di con las cajas de balas en el pecho a Vulkan y le dije riendo.
   -Me debes una ¡Sephehehe!
|Hablo/"Pienso"/Narro|
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#17
Atributos Personaje


Un poco loco absolutamente aquellos últimos días que había vivido el joven Minato. Aquellas misiones de diplomacia que había hecho por distintas islas del East Blue, le habían dado una experiencia que había sabido aprovechar al máximo. La Isla de Isshin había sido el lugar donde todo comenzó, recibiendo una soberana paliza del gigantesco tipo de nombre largo, al que el de pelos violetas apodó como “Alas negras”. El encontronazo con ese tipo le demostró que había criaturas con una fuerza con la que apenas podía compararse, pero lejos de lamentarse, decidió usar aquello como motivación para crecer y mejorar.

Después de visitar la isla de Isshin, estuvo en el Reino de Goa y en el Reino de Frauce. En cada uno de esos lugares, aprendió algo nuevo y que cambiarían su visión de la marina, el gobierno y el mundo en general, dándole una nueva motivación para seguir creciendo en la facción, y así convertirse, algún día en el Almirante de Flota, para poder cambiar a mejor.

Sabía que la última parada en aquellas misiones de diplomacia era la Isla Polestar, más concretamente la ciudad de Loguetown, pero lo que no sabía es que tendría un último mensaje y una nueva misión. Lo destinaban al Grand Line, y lo citaban allí para poder llevarlo. Cuando leyó el mensaje aún en su camarote, saltó de alegría, tan fuerte que chocó su cabeza contra el techo, por lo que decidió relajarse y ponerse a recoger su ropa y utensilios. Mientras hacía su mochila, tan mal y desorganizado como siempre, comenzó a pensar en sus compañeros de la División 34... ¿Les habrían avisado a ellos?

Se dirigía a los muelles, y vestía con unos pantalones negros cortos, una camisa blanca y la chaqueta de la marina sobrepuesta en sus hombros. Entre la camisa y la chaqueta colgaba una mochila azul oscuro, donde guardaba sus útiles más valiosos, que no eran más que sus nuevas armas para combatir y trastos y recuerdos que mantenía siempre con él. Tenía que encontrarse con un par de marines que le darían acceso al barco, pero claro... A saber donde estaban esos marines.

Divisó de fondo unos seis barcos, cuyas banderas eran triangulares de color azul marino con un pequeño circulo en el interior de color blanco. También había cajas en el barco con la misma marca. El joven decidió dirigirse allí, y se sorprendió al ver tanta cantidad de gente haciendo cola, y al final, un par de marines que discutían con un par de personas. Con las manos en los bolsillos, se dirigió calmadamente hacia allí para intentar entender que ocurría, pero se distrajo completamente cuando, cerca de ellos, estaban Vulkan, Joe y Sephiroth, junto a una persona enorme. Antes de que se percataran de su presencia, Minato miró de abajo a arriba a aquella mujer gigante. -Guau, eres extremadamente grande. ¿Eres marine? ¿Te interesaría serlo?- Preguntó, rompiendo el hielo y dandose a notar ante sus compañeros.

Con una amplia sonrisa les mostró el papel que lo convocaba para ir al Grand Line y moviendo su cabeza, señalandolos, se dirigió de nuevo a ellos. -Veo que no seré el único en aguantar los ronquidos de Joe. ¡SHAJAJAJAJAJAJAJA!- Dijo, feliz de saber que a sus compañeros les habían llamado para ir al Grand Line. -Chicos, he aprendido mucho en las misiones que he hecho. ¡Peleé contra un pirata!- Dijo, con cierta emoción en su voz. -Aunque claro, me pegó una soberana paliza que me dejó inconsciente, que ya os contaré más adelante ¡SHAJAJAJAJAJAJAJA!.- Añadió, restandole importancia a aquel hecho.

Tras decir aquello, señaló con el pulgar hacia atrás, a toda la marabunta de gente que había. -¿Porqué hay tanta gente aquí? ¿Regalan algo?- Se dio la vuelta para mirarlos, y en el fondo, sin hacer mucho esfuerzo, pudo ver a Alas Negras con los brazos alzados y gritando a alguien, aunque no escuchaba bien. Le dedicó una mirada desafiante, y en su rostro apareció una enorme sonrisa. Estaba acompañado de toda su tripulación y ahora eran mayoría. -Chicos, ese tipo gigante de alas negras, es el pirata que me venció. No se puede volver a escapar.- Dijo, sin apartarle la mirada. -¿Quien me acompaña?-

Resumen
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#18
Atributos Personaje

Día 70, primavera del año 11.
Loguetown, Isla Polestar (East Blue) – 10:20 a.m.

Loguetown, que ciudad más interesante y al mismo tiempo complicada para mí. En muy poco tiempo nos había pasado de todo en este lugar, desde un encontronazo de Terence con un marine, el rescate de un joven secuestrado, hasta la muerte del propio Terence. En el fondo seguía sin asumir que eso hubiese pasado así como así, de un momento a otro. Las pesadillas no dejaban de invadirme en las noches reviviendo ese momento, Terence a mi lado sonriente y en un segundo, su vida escapó entre mis manos. ¿Por qué? ¿Qué razón había detrás de esto? Estaba comenzando a cambiar, ya no era el mismo que conocimos la primera vez, cada vez se controlaba más y pulía sus talentos para desenvolverse en cualquier ámbito… No era justo.

Mihasy me sacó de mis pensamientos dándome un golpe con el hombro para pasar a mi lado. Aún me quedaba él, quien poco a poco parecía abrirse más, pero el miedo de perderle también a él estaba en mi cabeza. Era un miedo al que trataba de no prestar atención, sin embargo, ahí estaba, latente en las sombras. Él no se mostraba muy afectado por la muerte de Terence, de hecho no hemos hablado del tema, pero seguro que también le había hecho mella. No se puede decir que fuesen amigos, pero la pérdida de alguien con quien has convivido últimamente es imposible que no te afectase de alguna manera. Por el contrario, parecía tener la misma actitud de siempre, aunque gestos como ese golpe en el hombro me hacía pensar que era su forma de decirme que espabilase y siguiese con nuestro objetivo. No podíamos quedarnos atascados en nuestro propio dolor.
- Larguémonos ya de esta maldita ciudad, no quiero volver nunca. – Le dije en voz baja mientras limpiaba una lágrima que recorría mi rostro.

El clima era agradable, los vientos parecían suavizar un poco la temperatura, algo alta debido al sol resplandeciente que teníamos, aunque no llegaba a dar demasiado calor. A todas vistas se podría decir que era un día perfecto, y de cierto modo, lo sentí como una señal, o quizá un regalo, de Terence Blackmore.

Observé con calma el puerto donde estábamos, había muchísima gente en el día de hoy, al menos esa era mi sensación. Mirase donde mirase había todo tipo de personas, algo que no me hacía sentir muy cómodo, pero aún menos a mi compañero. Habíamos hablado previamente de retomar la misión del robo, coger un barco y largarnos de aquí. Esta vez seríamos teníamos pensado ir más directo, de todas formas robar un barco aquí significaría ser un hombre buscado de cualquier forma, especialmente si nos veían los rostros. Si todo salía bien, hoy tendríamos una forma de navegar siendo independientes, pero al mismo tiempo se terminaría nuestra paz, siendo hombres buscados rápidamente.

Sabía que iba a llamar la atención, no era difícil por mis dimensiones, así que para esta incursión decidí usar una capa grande con capucha que cubriese mi cuerpo. Los humanos grandes y altos no eran tan llamativos como los que tenemos cuernos. Con este disfraz sencillo pasaría desapercibido entre la masa de gente, aunque es posible que llamase la atención en distancias más cortas. En esa situación trataría de improvisar alguna salida.

Avanzamos unos pocos minutos manteniéndonos cerca de las paredes para llamar aún menos la atención. Desde nuestra posición íbamos viendo detenidamente qué clase de personas había allí, pero no nos encontramos con nada especialmente reseñable o diferente al resto de las ocasiones en las que allí habíamos estado. Continuamos sin sobresaltos el camino hasta llegar al fin al muelle y la zona de embarcaderos.

El lugar parecía más despejado, aunque tenía todavía a bastante gente. El color del mar volvía a ser predominante en mi visión y eso me hizo sonreír un poco por primera vez en el día, realmente amaba el mar, su olor mezclado con las sensaciones de libertad que me inspiraban provocaban siempre que mi ánimo mejorase. Espero que esto sea señal de que será un buen día.
- Vaya, parece que ahí tenemos unos cuantos barcos – Pensé observando no muy lejos de mí una fila de hasta seis carabelas. – Si nos llevamos uno seguro que no les molesta.

Estos parecían tener todos unos símbolos que no había visto antes en sus estampados, así como varias cajas que parecían tener el mismo logo. Era momento de mirar alrededor, sopesar si sería buena idea lanzarse a por ellos, y planificar algo que nos garantizase irnos con ellos.

Uso del karma
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#19
Atributos Personaje


No era ningún secreto para nadie: Varios barcos saldrían de todos los blues para cruzar hacia el Grand Line por orden del Gobierno Mundial.
La única alternativa que se me ocurría para abandonar este pozo de mierda con inútiles que no valían ni dos millones, era, o enrolarme en la Marina para usar sus transportes y bases, o hacer lo posible por estar en uno de esos cargueros. Como no quería tener a un imbécil sin pelo en los huevos dándome voces mientras hago fila en un cuartelillo alejado de la mano del destino, sólo me quedaba la opción del carguero.

Loguetown, una de las joyas célebres de los Blues y sin duda la joya de la corona del East Blue. Un lugar comercial, concurrido y sin dudas la referencia que visitar estuvieras buscando lo que fuera. Y ese era exactamente mi caso. Salí de la tienda de utilería habiéndome guardado en el bolsillo un nuevo Den Den Mushi y un Log Pose, lo más útil que pudiera ocurrírseme si planeaba adentrarme a un nuevo mar desconocido: Algo para poder orientarme en la mar, y algo para poder comunicarme... aunque no sabía bien con quién.
Me quedé parado de pie al salir de la tienda mirando hacia mi bolsillo derecho - lugar donde estaban los objetos - intentando pensar en cómo se llamaba el tío aquel que se convertía en un caballo amarillo... Juancar o algo así. Sin duda sería un buen contacto si precisase de algún tipo de favor en el futuro o me quedase sin presas. De hecho, incluso cabía la posibilidad de que él consiguiera entrar en algún gremio, en cuyo caso tendría que jugar mis mejores cartas para conseguir afiliarme a alguno de ellos.

Abandoné los pensamientos del futuro y me centré en el presente, comenzando a caminar en dirección a la muchedumbre. Una aglomeración de personas se arremolinaban entorno a un puesto de avanzada de la Marina. Trabajadores, ciudadanos de a pie e incluso familias con niños. Había el suficiente jaleo como para entender que algo estaba pasando, y, con cierta dificultad, agudizando el oído podía discernir que los Marines pedían calma diciendo que mas pronto que tarde aparecería uno de sus superiores para esclarecer la situación para todos. Me rasqué el cuello con las uñas, haciéndome una ligera rojez, en paralelo con la nuez, mientras oteaba la situación desde la calle en la que estaba, que desembocaba en el puerto y su consiguiente plaza. Había una variedad de seres increíble, distinguía algún mink, algún gyojin, gente grande con cuernos como Alpaca, gente aun más grande con alas... el mundo era extrañamente increíble.

Comencé a caminar en dirección hacia los embarcaderos, viendo que había varios barcos tras ellos bastante bien equipados con suministros y útiles, pero completamente desocupados. De igual manera, los presentes del barullo parecían tener algo en común: Todos portaban unos extraños brazaletes en el antebrazo superior, con un símbolo. Miré automáticamente al mío: un brazal negro con una calavera blanca tachada en rojo con una equis. Nada que hacer, era sistemáticamente diferente... pero eso quizá los ciudadanos no lo sabían.
Tenía que subirme a aquellos barcos y debía hacerlo de la forma más tranquila, sosegada y controlada posible, para no llamar la atención y poder embarcar hacia el Grand Line. De ese modo, me adentré entre la multitud, algo fácil para un humano de un tamaño promedio como yo, haciendo que quizá sólo resaltase el hecho de que llevaba un casco o que el mango de mi arma sobresalía por encima de mi hombro... pero nada de lo que preocuparme pues ahí dentro sólo había caos. Personas furiosas increpando a dos novatos y un montón de hormigas entrar en el hormiguero. Sólo tenía que esperar la situación adecuada.





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#D86700
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#20
Atributos Personaje

El sol brillaba con fuerza en el cénit del firmamento, una suave brisa refrescaba mi rostro mientras trataba de hacerme a la idea de volver a la carga junto a Legan. Nuestro objetivo, robar un barco de aquí y partir hacia el Grand Line. Hacía ya mucho tiempo que estaba junto a este cornudo hombre que era más del doble que yo mismo, la primera vez pensé que solo quería matarme de terribles formas, después fue su amabilidad la que me hizo sentir algo de confianza. Me derrotó, tenía mi vida en sus manos, pero tan solo se rio, como es típico de él, me extendió su mano y me pidió viajar junto a él. Todavía no he llegado a comprender que ha podido ver esa persona en mí, pero con su promesa de viajar alejados de las muchedumbres acepté. Algo me hizo confiar en él.

Después de aquello, bastante adelante, conocimos a Terence, un hombre que en su primera impresión tan solo me provocó repulsión hacia su persona, un hombre con un porte que pretendía ser elegante, para muchos lo sería, en mi opinión, una idiotez, tan solo llevan ropa cara e incómoda para fardar de ser gente con contactos especiales, respeto y mucho dinero, en mi opinión fanfarrones. Resultó ser parte de una familia de esclavistas, y ese hecho fue el único que me llevó a acercarme a él, pues tal vez solamente así lograra llegar a obtener información acerca de los secuestradores de mi madre. Tantos años, y todavía no había llegado a encontrar nada al respecto, pero no pensaba rendirme, aunque sea tarde para ella, debo encontrarla.

Terence se había llegado a convertir en algo parecido a un compañero, no es que hubiera llegado a sentir amistad por esa persona, pero cuando me enteré de su repentino y misterioso fallecimiento unos extraños sentimientos me abordaron, la incredulidad, la ira, el deseo de venganza. Muchas fueron las emociones que pasaron por mi mente en unos instantes, por más que mi rostro se hubiera quedado igual que siempre. Creo recordar que le negué a Legan, quien lo había visto en directo, que fuera cierto, que solo sería algún tipo de treta suya para largarse de allí. No llegué a pensar igual tras entregar su cuerpo, encontramos habitantes del pueblo donde la familia Blackmore era conocida, pensamos que sería buena idea devolver los restos a la familia. Es algo que cualquier familiar desearía. Fue algo que sentí devastador, aunque no llegó ni a ser la mitad de lo que sentí aquél día, pero no quería que algo así volviera a ocurrir.

Mi compañero en cambio si que lo estaba pasando mal. En estos momentos estábamos los dos sentados, me quedé mirándole, por una vez no tenía esa sonrisa en su rostro, su semblante serio podía resultar bastante aterrador, pero era obvio que le estaba dando vueltas al asunto de Blackmore, probablemente todavía pensara que hubo algo detrás. En ocasiones resulta muy complicado superar la pérdida de un ser cercano, y Legan Zaid parecía ese tipo de personas. Por sus ojos comenzaban a escurrirse un fino hilo acuoso que recorría verticalmente su mejilla, tal vez no era consciente, estaba completamente en su mundo.

Sentí como si me quedara sin aire por un instante, aquello era algo que no podía soportar. Me levanté de allí y me dirigí en dirección hacia él, golpeándole casualmente en el hombro para así hacerle volver de su ensimismamiento. Continué hacia adelante donde teníamos una pequeña caja con algo de fruta, cogí una manzana y comencé a comer. No tenía hambre, pero necesitaba alguna excusa para haber hecho aquello, y pareció haber funcionado. Me quedé de espaldas a él mientras comía la manzana. Sentía que mis ojos tenían envidia de los suyos.

Legan se levantó y, frotándose los ojos, dijo en voz baja que era el momento de marcharnos de allí. Teníamos un plan, ir al puerto, abordar un navío que pareciera desprotegido y avanzar hacia adelante sin mirar atrás por más que escuchásemos. Eso nos pondría una diana en la espalda, pero estaba cansado de esta isla, nada me importaba más, tan solo quería marcharme, abandonar y poner rumbo hacia en Grand Line de una vez por todas. Aunque eso significase acabar haciendo aquello a lo que me negase siempre. Nunca pensé que la vida de la piratería sería lo mío.

Marchamos hacia el puerto, habría sido un día perfecto, estaba soleado y la brisa resultaba gratamente agradable, solo fallaba el tremendo gentío que había por la zona. Eso solo podía ser problemas, parecía imposible encontrar nadie allí, aunque lo conocieras, podría estar el mismo Terence Blackmore embarcando en algún navío y no seríamos capaces ni de verlo con la cantidad de gente que había. Por lo menos esa era mi impresión. Odiaba las grandes multitudes, incluso las pequeñas. No me gustaba nada todo esto.

Avanzamos por las calles, el cornudo se cubrió el cuerpo con una gran capa que le cubría todo el cuerpo, pensé en decirle que aunque se tape los cuernos, seguía siendo una torre de cuatro metros al lado de todos los humanos que apenas alcanzan los dos metros de altura, pero no quería ni hablar, no me importaba, que hiciera lo que quisiera. Para mi asombro la gente parecía no darle importancia a tener una persona tan alta delante de sus narices, simplemente seguían a lo suyo.

Llegado el momento arribamos al puerto, donde la imagen resultaba un poco esperanzadora. Había muchos navíos atracados, todos con la misma insignia impresa por todas partes, como una flota, tal vez mercante. Alcé la mirada, parecía haber algún tipo de control de accesos a esos barcos. Probablemente si uno desaparecía ni lo notarían, no llamaría la atención que una única nave desapareciese sin dejar rastro, pues todavía tenían muchas. Me quedé mirando, Legan dijo algo similar a mi comentario, pero tan solo me quedé mirando a la muchedumbre, pero el tumulto era tan grande que no alcanzaba a ver nada más. Tendríamos que acercarnos aunque fuera tan solo un poco más.

-Parece de una flota. Fácilmente puede extraviarse uno. -le dije a Legan mientras le lanzaba una mirada cómplice.- Vamos.

Teníamos que aproximarnos más hacia el lugar en cuestión, había que encontrar una forma de avanzar hacia los navíos sin que nadie se percatase, una forma de colarse y marcharse con uno de ellos. Seguro que acercándonos podríamos encontrar alguna forma
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