[Presente Absoluto] [Llegada] G-4, G-5, G-65 ¡HUNDIDO!
#1
Día 37 Otoño, Año 13 
13:37 Costas de la Isla Neur
Abordo de lo que queda de la Rémora Fatua

- ¡VAMOS! - Ordené con una voz fuerte e imperiosa - ¡COJED LO INDISPENSABLE! - Vociferaba con celeridad - Joder - Yo ya estaba listo, mis únicas pertenencias eran un extraño caracol, mi katana y Nicolás. Desde que en la lejanía apareció aquel peñasco, la Rémora había empezado a tener problemas, la bodega empezaba a llenarse de agua, las velas se resquebrajaban, todas sus maderas chillaban tras cada impacto de las olas, la mar nos salpicaba y las gaviotas se reían de nosotros. Aquel barco estaba llegando a su límite - ¡MOVED EL PUTO CULO! - Si alguno de ellos caía al agua éramos comida para peces. Espera, ¿Qué pasaría con Kazuya? No había tiempo para pensar en las físicas, biología o lo puta ciencia de mierda que rigiera eso. Me adelanté hacia el mascarón de proa y me apoyé en él agarrando con mi mano libre la barandilla que lo delimitaba. Estábamos a 15 metros del puerto, aquel amasijo negro de tablones no tardaría en hundirse. 

No me giré a mirar atrás, tras recorrer una distancia irrisoria, la madera se resquebrajo. El mástil empezó a partirse, los tablones del suelo se agrietaban y rugían, el mar nos estaba tragando. Aquel navío había llegado a su límite, nuestro peso le había superado, ese había sido su último viaje. 

- ¡JODER! - Grité presa del agobio al ver aquella embarcación perecer. Nada me salía bien, acababa de conseguir un barco y ya se me había roto - ¡SALTAD! - 

Con un torpe movimiento me subí a la barandilla en la que estaba apoyado y salté con todas mis fuerzas. A mitad del camino noté como la fuerza del salto decaía, no iba a llegar. Putas rodillas de mis cojones. Deseché aquellas articulaciones inútiles y en mi tronco inferior se generó una explosión de humo, impulsándome los metros restantes. Me propulsé dejando el rastro de una columna de humo para aterrizar sobre los tablones del puerto de aquella nueva isla a la que habíamos llegado. A medida que mi tronco inferior se iba generando y se apoyaba sobre la tierra firme me giré para ver como estaban los demás. 

Al hacerlo solo pude fijarme en aquella embarcación negruzca, la cual se hundía a medida que pasaban los segundos, su mástil caía mientras las tablas de su quilla se hundían partiéndose, el mascarón se desvanecía y algunos tablones se despegaban de la proa y popa generando salpicaduras al chocar contra el agua salada, algunos flotaban y otros se hundían. Sus velas empezaron a mojarse a medida que tocaban el agua, manteniéndose a flote por su baja densidad, antes si quiera de que pudiera reaccionar la Rémora Fatua había sido tragada por el mar, justo después de brindarnos su último viaje y dejarnos a escasos metros del puerto de aquella isla. Nuestro peso había sido demasiado, incluso con las medidas que había tomado Eaa para contrarrestar el peso nos habíamos cargado aquel barco. Al darme cuenta de aquello me acordé de Eaa. 

- Mierda - Dije preocupado. Eaa se iba a enfadar mucho. 

- Creo que vamos a tener que matarla de nuevo churrita - Me dijo Nicolás con un tono burlón.  

- Crees bien - Contesté mientras veía como sus velas y algunos tablones era lo único que quedaba a flote de aquel barco - Eso... O le compro uno nuevo -   


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Bélico


ASHURA - INVENTARIO
[Imagen: 51pnN8x.png]
#2
Mierda, mierda, mierda. Aquella cosa de madera negra de hundía. Estábamos cerca, pero incluso Ashura estaba histérico. No había más opciones: saltar o hundirnos en el mar. Aunque Kazuya era un tritón. Supongo que no tiene problemas en nadar. Supongo... Es mejor no arriesgarse. Saltar o morir. No me hacía gracia, pues no estábamos precisamente cerca, pero hay que hacerlo. El primero fue el capitán. Vaya ejemplo, saliendo el primero del barco mientras este perece. Me apoyé siguiendo el ejemplo del humo en la barandilla a punto de quebrar como el resto del barco y vi como Ashura se impulsaba con humo. Mis ojos se abrieron... Por un momento me pregunté cuánto podría saltar. Nunca lo había hecho con todas mis ganas y lo máximo había sido la mitad de lo que me separaba del puerto y del capitán. - Tengo que darlo todo. Máxima potencia. Máximo esfuerzo. Power y adelante - Pensé. Me subí a la barandilla y salté con todas mis fuerzas. Vi como la costa llegaba y, de hecho quedaba atrás. Caí al suelo y rodé un metro más, manchando la gabardina y quedando a más de diez metros de Ashura. Jamás habría adivinado que podría saltar aquella distancia. Me acerqué a Ashura mientras veíamos como el barco que nos había sacado del paraíso de muerte que era Kyodaina se hundía, dejándonos de nuevo con el mismo problema, pero con más aliados. El v iaje de la Remora Fatua llegaba a su fin aquí. Un viaje... ¡SOLO UN PUTO VIAJE NOS HABÍA DURADO! pero en verdad, era un milagro que tanta gente hubiera llegado a la costa en aquellas condiciones. - ¿Ahora qué hacemos?- Pregunté con mi voz tranquila y profunda a Ashura mientras miraba como la Remora caía - Nos quedamos de nuevo sin barco y no son baratos. Hay que conseguir uno donde quepamos todos. - Decía obviedades, pero sentía que era necesario. Quería saber los planes del capitán, si es que tenía alguno. 

Esta isla, a diferencia de la que acabábamos de dejar sí estaba habitada, por lo que el comercio no es ninguna locura. Pensé que sería un buen momento para buscar útiles de medicina por si alguno de mis nuevos compañeros se enfermaba, o algún veneno. Podría serme útil para las batallas. Me di la vuelta y observé la isla. Un castillo sobre una colina rodeado por viviendas. El cielo cubierto por nubes grises parecían anunciar que el momento de que empezara el declive de aquella isla estaba próximo, pues los piratas Mushoku habían llegado, y eso significa que el caos y la destrucción también. Me sacudí la gabardina y me la ajusté con un ritón hacia adelante por las solapas. - Tengo un buen presentimiento con esta isla, capitán. Lo vamos a pasar bien. - Mis manos enfundadas en los guantes de cuero del mismo marrón que la gabardina se mantuvieron en las solapas de la gabardina, con la calavera de rana punk apuntando hacia el mar, donde la rémora casi había desaparecido. 

Resumen
Aclaraciones
 
Inventario
Karmas
Akuma no mi
 
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#3
Leyenda


Me había pasado parte del viaje durmiendo y la otra parte comiendo los muslos de jabalí de la bolsa sin moverme del sitio, realmente aquel barco era demasiado pequeño para alguien de mis dimensiones, así que había decidido no moverme y menos cuando la única vez que intenté ponerme de pie, las maderas volvieron a crujir fuertemente bajo mis pies, así que los únicos movimientos que podía hacer eran ejercicios de estiramientos sentado en el suelo, los cuales al menos me sirvieron para de vez en cuando desentumecer los músculos, aunque realmente gran parte del viaje me lo pase meditando, era la primera vez que realizaba meditaciones encima de un barco, y realmente es una experiencia extraordinaria, ya que puedes sentir como te haces uno con el mar y su oleaje o con el viento y sus corrientes de aire.

“Wow” exclame en mi interior, cuando gracias a que era un día soleado pude divisar a unos 20 metros de distancia nuestro objetivo, la siguiente isla en nuestro camino, esta, aunque no era pequeña ni muy grande, se podía observar que era preciosa, tenía una gran colina, en la cual había un castillo en su cima, rodeado de la gran ciudad, la cual descendía por la colina, como si de una escalera de piedra se tratase, la verdad es que la estampa era preciosa o al menos para mis ojos.

Estaba observando atentamente la ciudad cuando escuche al Capitán humeante darnos el aviso, de que había que abandonar el barco. Algo que me temía desde el momento donde pude ver saltar algunos de los parches de madera que el Peliblanco había puesto cuando le ayude a conseguir materiales para reparar el barco y también al ver como los retales que había puesto en la vela mayor volvían a descoserse, por ello, ya hacía rato que portaba mis pertinencias encima, las cuales únicamente eran mi preciada y maravillosa “Lucille”, un pequeño caracol llamado “den den mushi” el cual parecía una copia de mi propio aspecto pero en caracol, la vasija donde portaba mi alcohol, la cual estaba totalmente vacía, debía encontrar un lugar donde llenarla y por último la pequeña bolsa donde había guardado los muslos de jabalí gigante, la que también estaba ya vacía.

Sin esperar ninguna señal más, me puse en pie haciendo crujir las maderas bajo mis pies, agarre a Lucille con mi mano derecha y me la apoyé en el hombro derecho, cogí un poco de carrerilla, apenas dos pasos, los suficientes para saltar aquella distancia que me separaba del muelle, unos 14 metros y salté sin mirar hacía atrás ni ver lo que pasaba con el barco. Aterrizando justo en el muelle, el cual realizo un pequeño crujido bajo mis pies, solo una pequeña queja por mi llegada, pero se notaba que esté estaba en buenas condiciones y era muy resistente.


Off
#4
Atributos Personaje


— La Rémora Fatua no llegará más lejos. ¡Maldita sea! —pensé mientras me aferraba con todas mis fuerzas al mástil, que no tardó en desprenderse.
  
Observé horrorizado cómo el barco se convertía en una pila de madera destrozada. Diez metros de agua salada nos separaba aún de la costa. Mi corazón latía con fuerza, pero sabía que no tenía tiempo que perder así que amarré mi lanza a mi espalda y empecé a pensar la manera de llegar a la costa.
  
El primero en saltar fue Ashura quien se propulsó por el aire haciéndose humo y dejándonos atrás. Una vena se mostró en mi frente al ver que el capitán dejaba detrás a su tripulación. Cuando estuviéramos todos en tierra me encargaría de reclamarle. Pero no había tiempo de pensar en el capitán. A Ashura lo siguieron Ben y Kenjo.
   
Cuando Kenjo saltó del barco, todo crujió y el barco dio una especie de salto al liberarse del peso del Oni gigante, lo que empeoro la situación general de La Remora.
   
En La Rémora Fatua solo permanecíamos Eaa, Rapax y yo. No quise ni siquiera voltear a mirar a Eaa, la más afectada por la situación seguramente sería ella.
   
— ¡Oye, Rapax! Encárgate de cuidar a Eaa, no vaya a tener la brillante idea de hundirse junto al barco. Nos vemos en tierra —le dije a Gin muy seriamente.
   
De repente todo la cubierta se terminó de partir en dos transversalmente, justo por la mitad. Por lo que tanto la proa como la popa formaban cada una un ángulo de 45° con respecto al mar. Usando mi fruta más la inclinación de la proa, nadé a toda velocidad usando el extremo anterior del barco como rampa para llegar a tierra.
 
— ¡¡¡ALGUIEN ATRAPEME!!! —les grité a los tres que ya estaban en tierra luego de que salí despedido de La Rémora, cual pez volador. Aunque pudiera alcanzarlos no podía utilizar mi fruta para aterrizar sin daños, ya que debajo de los tablones del muelle había agua de mar.

off
#5
La Rémora que nos había salvado en los Cabos, donde navegué por primera vez desde que entré al Grand Line. La Rémora que vio nacer la relación de Eaa y Maeve. La misma que vio a esta última exhalar su último aliento y que recibió su sangre y las lágrimas de Eaa, ahora nos daba su último esfuerzo para llevarnos a tierra. El corazón se me rompió al igual que la cubierta. A mis hombros solo llevaba un bolso con mis ropas y herramientas. Knox me acompañaba revoloteando sobre mi cabeza cuando salí del nido, justo para notar que el mastil a mis pies, comenzaba a derrumbarse. Salté a la mitad del barco que conformaba la proa, y pude observar que nos acercábamos a la costa.

Bashura, Kenny y Ken ya habían saltado a tierra. El pobre de Kamiya seguía en el barco, probablemente no tenía forma de saltar a tierra. De Eaa no había señales. No la encontraba por ninguna parte, pero no había tiempo. Seguramente como era ella, se habría distraído con alguna tontería que le hiciera dejar su vida en segundo plano. Una vez en cubierta,  golpeé extremadamente fuerte la puerta de la bodega.

"Capitana, no sé qué haces allí pero tienes que mover el culo-Gin. Yo voy a saltar con Knox, y más te vale alcanzarme en la costa, o me voy a zambullir a buscarte bajo el agua-Gin" Le dije, asumiendo que se encontraría allí dentro. Y entonces el barco se partió  de manera irreparable. El crujido fue doloroso. Nuestro hogar había dado más de lo que le habíamos exigido. La proa se hundía cuando estábamos a unos 10 metros de la costa. Fue entronces que vi a Kamiya nadar por la cubierta e impulsarse con todo hacia tierra. Yo no dudé e hice lo propio. Corrí a toda velocidad, mientras Knox me seguía revoloteando en círculos. Salté para cruzarme al tritón a pleno vuelo, mientras gritaba que le atraparan a los que ya estaban en tierra. Con mi brazo derecho le atrapé y lo llevé conmigo a tierra firme, junto a los demás.

Bajando al pobre Kamiya al suelo le dije "Perdona hermano, pero no se te da muy bien eso de volar-Gin. ¿Eh, Knox?" Dije sonriente mientras mi pequeño compañero se posaba en mi hombro y emitía un chillido. 

Todos estábamos en tierra. Todos menos Eaa... Y la Rémora se hundía más con cada segundo -Vamos, Capitana- Pensé mientras miraba intrigado a la puerta de la bodega.


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Aclaraciones


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Karmas Positivos

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#6
Leyenda


Hacía ya un par de horas que se podía escuchar a las gaviotas desde la bodega de la Rémora. Eso significaba que la próxima isla estaba cerca. Mandarina correteaba por la bodega. Parecía bastante más alterado de lo normal - Seguramente sea porque él también tenía ganas de irse de aquella horrible jungla - No le di demasiada importancia, a mi pequeñín. Me agaché, sentada en la cama, y comencé a peinarme. Despacio, con cuidado y con gran dificultad separé mi pelo carmesí en tres mechones parecidos. Lo fui trenzando poco a poco, mientras escuchaba a los demás armar jaleo en cubierta. No tenía ganas de subir, a decir verdad. Estaba realmente cansada, pues la preocupación no me dejaba pegar ojo. Habíamos salido de la isla, sí, pero el viaje estaba siendo un completo infierno. La Rémora hacía unos ruidos horribles, y parecía que en cualquier momento se iba a partir por la mitad - Vale, ahora viene lo difícil - suspiré, y me puse frente al espejo. Acaricié suavemente su superficie, pasando con la punta de mi ala izquierda cerca de las dos dos marcas de labios que había. Esbocé una sonrisa al recordar ambos sucesos. Inspiré profundamente mientras rebuscaba entre mis cosas. Miré el maquillaje - Bueno, no creo que sirva de mucho - dije al mirarme nuevamente en el espejo. Tras desechar aquella idea continué buscando. Encontré en mi baúl aquella gema que Zorak le regaló a Maeve. La cogí, con extremo cuidado, y la posé sobre la cama. Cada vez que la veía volvía a mi cabeza la visión de esa misma gema, emergiendo radiante de la nube de cenizas de aquella pira funeraria. Tenía que llevársela a Zorak, definitivamente - Espero poder encontrar aquí alguna forma de contactar con él - me quejé, mientras sacaba el látigo de Maeve y terminaba de vestirme - ¿Por qué cojones se uniría a la revolución? - tras preparar todas las cosas en la bolsa me tiré en la cama. Apoyé la gema sobre mi pecho, al cual se subió también el pequeño Mandarina. Se hizo una bolita, mientras yo me quedaba tumbada, mirando al techo de la bodega, pensativa



Estaba en una especie de extraño sueño, con Maeve y látigos de por medio (seguramente me estuviera enseñando a usarlo), cuando noté algo en la pata. Era... húmedo. Me incorporé, sujetando tanto la gema como a Mandarina inconscientemente - Por qué cojones hay agua aquí? - grité, enfadada, mirando al suelo. Estaba encharcado. Mandarina comenzó a bufar al agua, como si de esa forma esta fuera a dejar de entrar en la Rémora. Encogí las piernas, analizando la situación. Lo que antes eran crujidos ahora parecían agónicos gritos. La Rémora... nuestra Rémora... nuestro hogar, moría entre terribles sufrimientos. Y yo no había hecho nada para evitar aquello. No, peor todavía. Había sido todo mi culpa, por dejar a estos abordar el barco todos juntos para abandonar la isla - ¿Cuántos más tienen que morir? - me pregunté. Si este era el precio a pagar, prefería estar en aquella asquerosa y desierta jungla. No había lágrimas. No había hueco para el dolor. Tan solo una ardiente ira y una abismal culpabilidad. Cerré los ojos, derrotada. Estaba terriblemente cansada. No solo físicamente, si no también mentalmente. Sobre todo esto último. Aunque yo no fuera consciente de ello, mi cuerpo sí que se daba cuenta de que cada vez quedaba menos para que llegara ese día. Que hiciera otro año. Podía escuchar y notar como el resto abandonaban la Rémora, uno a uno. Ella también lo sentía, estaba segura, pero ya era demasiado tarde - Bueno, tal vez quedarme aquí no sea una mala idea al fin y al cabo - pensé al escuchar lo que le dijo el tritón a Gin. Después este último aporreó la puerta y también se fue. En verdad no era una mala idea. Morir ahogada no sonaba nada apetecible, ni mucho menos. Pero lo único que quedaba de los Piratas del Brillante Infortunio se caía a pedazos. Tal vez era un buen momento para poner punto y final. Además, podría ir otra vez a ver a Maeve, y a Peteiro. Estaba muy segura de que esta se iba a enfadar muchísimo, por no haber entregado su mensaje, pero sobre todo por haberme rendido e ir con ella tan pronto. Pero no era algo que me preocupara en exceso. Si había perdonado a Zorak el abandonarle dos veces, seguramente podría perdonarme algo así con el tiempo.

Mandarina maulló, mirándome. Cerré los ojos, tensando mi ala derecha - Maeve... Peteiro... - murmuré - Lo siento... No soy lo suficientemente fuerte - di un duro golpe al espejo, con el ala derecha. Este se rompió en pedazos que salieron volando. Ignoré todos excepto uno de ellos, aquel que tenía marcados los labios de Maeve y los míos. Lo cogí al vuelo con mi ala izquierda y lo agarré con fuerza. Mandarina saltó a mi hombro mientras cogía la bolsa y la gema, la cual puse en el bolsillo del abrigo. Yo no era quien para decidir acerca de la vida de nadie, y menos todavía acerca de la de mi pequeñín. Le hice entrar dentro de mi abrigo, para que no tuviera peligro de nada - Perdón y muchas gracias por todas las aventuras que nos has permitido vivir - agradecí mientras salía de la bodega - Eres y siempre serás nuestro único hogar - finalicé a la vez que saltaba. Me sentía extremadamente ligera. Era raro, pero parecía que entrenar en la jungla había servido de algo al fin y al cabo. Los pollos no vuelan, pero en aquel momento sentía como si lo estuviera haciendo. Había saltado con tanta fuerza, con la única intención de alejarme de aquel lugar, que alcancé el tejado de uno de los edificios del puerto, el más cercano, el cual se encontraba a unos veinte metros del final del puerto. Mi llegada causó un gran estruendo, lo cual hizo que algunas de las personas que se encontraban en el puerto se giraran a mirar - ¡Te lo dije! - grité, enormemente enfadada, a Ashura. Se encontraba en el puerto, justo al borde del mar. No me faltaban ganas de darle una patada en el culo por aquella idea suya - ¡Os vais a quedar todos sin comer nada una semana, como que me llamo Eaa! - amenacé a todos los integrantes del grupo, mientras me preparaba para bajar de un salto los veinticinco metros que me separaban del suelo



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#7
Aquella banda de indeseables emprendió la huida del mausoleo en el que se había convertido la Rémora. El primero fue Ben, el cual saltó con gran potencia y rodó por el suelo, su gabardina ondeó generando un circulo perfecto a su alrededor como una falda, al pisar tierra habló, refiriéndose a las grandes cosas que podíamos hacer en este lugar, Le asentí espectante a la llegada de los demás.  Acto seguido Kenjo salió disparado del barco, tras él algunas maderas, el puerto tambaleó saludando su llegada. Rapax recibió en el aire a Kazuya y los dos pisaron tierra a la vez, solo faltaba... 

- ¿Y Eaa? - Susurré preocupado. Pero no se hizo mucho de rogar, Un borrón rojo surco los cielos impactando contra uno de los tejados de los astilleros, las tejas cayeron y si ya estábamos llamando la atención de los civiles y marineros por allí presentes, aquella fue la guinda del pastel. 

- Es mucho más rápida - Me dijo Nicolás - Igual esta vez nos va a costar mucho más matarla... - Siguió. Chisté en consecuencia, tenía razón, en aquella forma era mucho más... Ágil. 

 - ¡Te lo dije! - Su gritó reverberó entre las tejas, algunas cayeron. Tenía razón nos habíamos cargado su barco. Un sentimiento de discordia inundó mi pecho.

- ¿Esto es lo que querías no? - Me dijo Nicolás - Esto es lo que eres Ashura, solo traes la muerte y la destrucción, eres el mayor de los males que ha afligido a este mundo. ¿Sientes remordimientos? No me hagas reír, ¿desde cuando eres humano? - Nicolás tenía razón, con Eaa era blando, me era imposible ser cruel. Me recordaba a Lily, seguramente alguien así de fuerte hubiera sido lo más parecido al fruto que nuestra relación habría dado, pero, ¿En que cojones estaba pensando? Deseché aquella idea. Eaa era un problema, si seguía cerca de mi me ablandaría y no podía permitirme eso. 

- Lo siento... Lo siento... - Dije mientras hacía aspavientos intentando repeler su mirada asesina. Tras ella, mis ojos empezaron a enfocar la isla. Una vasta ciudad cuidaba los faldones de una alta colina que coronaba con un castillo. La ciudad se escalonaba en terrazas y en las lomas más bajas había amplios campos. Pude divisar en la lejanía una distantes montañas. Los edificios era de tonos calizos y marrones, de un pequeño tamaño en comparación al gran castillo, pero uno de ellos era distinto, con enormes cristaleras de vivos colores y grandes torreones. Nunca había estado en un lugar ni remotamente parecido - ¿Qué es esto? - Murmuré. Entonces, mi vista fue eclipsada por mi oído, en contraposición a la tranquila selva y el extenso mar, aquel lugar estaba lleno de vida, escuchaba el murmullo de los transeúntes que nos señalaban, los aceros de las cadenas de los barcos rozar contra la madera del puerto, el tintineo de las mazas de los herreros trabajar el metal, los gritos de los mercaderes publicitando su productos. Me sentía mareado. Recorrí con mi mirada el puerto y vi un grupo de personas que nos miraba atónita, el bullicio que generaba era irritante, miré a mis lados y vi a los chicos: Un oso con gabardina, un tritón, un pollo colorado, un armatoste de 9 metros, un humano que se empeñaba en decir que su pelo era azul cuando tenía tintes parecidos a mi humo y yo, por supuesto, el más normal de todos - ¡¿QUÉ COJONES MIRÁIS?! - Grité hacia el tumulto de humanos que nos observaban como si hubiera llegado el circo a su ciudad - ¿Queréis morir? - Pronuncié con una voz áspera y amenazante. Tras un leve segundo de titubeo aquel corro que se había formado por lugareños curiosos se disipó entre nerviosas caminatas y despedidas apresuradas. Aquellos mezquinos que nos miraban desde sus puesto de trabajo volvieron a sus labores, mirando a cada poco tiempo de soslayo hacia nosotros, como si fuéramos la mayor atracción que había arribado en aquel puerto desde hacía mucho tiempo. Una vez el ambiente parecía haberse "calmado" suspiré. Iba a ser difícil pasar desapercibido por allí, aunque en realidad me sudaba la polla y los huevos, no era lo mío eso de no llamar la atención y mucho menos con la panda de bichos raros que había reclutado. 

- Bueno chicos... - Pronuncié ante mis compañeros mientras observaba la gran ciudad a la que habíamos llegado. En mi pecho redoblaba mi corazón nervioso y expectante - ¿Qué os apetece más? - Les pregunte - ¿Saquear la ciudad y luego destruirla? o ¿Destruir la ciudad y luego saquearla? HArHArHArHAr - Terminé riendo con una estruendosa carcajada.

- No te olvides, tenemos que conseguir otro barco - Me recordó Nicolás. Su puta madre, era verdad, pero si había gente había comercio y si había comercio... Eso sería pan comido. 

Los piratas Mushoku habíamos llegado superado nuestra primera prueba, habíamos salido de aquella isla y ahora... Era momento de empezar con "El Plan". Como me hubiera gustado que estuviera aquí Zarek. 


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ASHURA - INVENTARIO
[Imagen: 51pnN8x.png]
#8
Rapax venía hacia mi con Kazuya enganchado como una captura de un presumido pescador. Me aparté para evitarlos, pero me quedé mirando la Rémora Fatua. Asegura se preocupaba por el pollo rojo mandón que se había encerrado en la bodega. Podría ejercer de psicólogo, pero no era mi especialidad y aquella muchacha necesitaba, no solo un experto, si no un verdadero genio en la materia. Si estaba dispuesta, haría lo que pudiese con sus traumas. Al fin la vi volar por encima de nuestras cabezas. No me giré, pero por el ruido, debió caer en el tejado del edificio con el que casi me choco. 

Seguía de cara al mar, pese a los murmullos de la gente, pese a los gritos de Esa y a mis compañeros a mí lado. No era un sentimiento de culpa, ni de pena. Era agradecimiento. Tras el único viaje que hice en aquel cascarón propiedad al parecer de la pelirroja, este se hundía hecho pedazos. Lo único que podía hacer era ver cómo lo hacía para agradecer que nos llevase tan lejos en aquel deplorable estado. Lancé un rayo con mi puño hacia el mascarón de proa y este ralentizó su hundimiento en la costa. Era una señal de respeto. 

Las palabras de mi humeante capitán me sacaron de mi ensimismamiento y, volviendo el hocico hacia las maderas del puerto, sonreí. Qué maravillosas ideas tenía el oni. Saquear o destruir? Ambas me apetecían y estaba impaciente. Lo lógico sería primero saquear, para no destruir algunas de las cosas de valor que nos podrían interesar de aquella ciudad. Pero había una prioridad aún mayor: ponerse a tono y celebrar haber llegado todos con vida. - Ninguna es mala opción, capitan, pero una jarra de cerveza no vendría mal para celebrar la llegada y despedir el barco, ¿no os parece? Bahahaha- No creo que mi voz llegara a los oídos de Eaa, pero Kenjo, Gin, Kazuya y Ashura eran los que se encontraban a mi lado y a quien se lo proponía. Por lo poco visto en el barco, la guapa de plumas rojas parecía más solitaria. 

Resumen
Gastos
 
Inventario
Karmas
Akuma no mi
 
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3883 + 0 = 3883
Energia: 2699 - 40 = 2659
Espiritu: 300 + 0 = 300
#9
Ni bien mis pies se posaron sobre el suelo, liberé de mi agarre a Kamiya, justo a tiempo para ver a un imponente bólido rojo surcar el cielo sobre nosotros, como un magnífico cometa carmesí, que inperturbable se posaba sobre uno de los edificios cerca de nosotros, para mostrarse con la forma de Eaa, que como fénix surgía de las cenizas de aquel agonizante barco, que más que un barco había sido un hogar y un amigo para nosotros, los piratas del Brillante Infortunio, que aunque nos hubiéramos anexado a los Mushoku, lo cierto era que lo vivido no lo podía borrar ningún cambio.

Eaa le reclamó a Bashura, pues lo anunciado había ocurrido y el barco no resistió nuestro peso. Luego de una rápida respuesta del demonio, este se dirigió a nosotros para preguntar en qué orden acabaríamos con aquella isla.

-Demonio, no pienso asesinar ni atacar a las personas indefensas de esta isla-Gin. Ya hablamos de esto. Dije al oni, a quien le había aclarado mis condiciones para esta improbable alianza. Además, ¿Cómo mierdas vamos a conseguir un barco si destruímos todo?-Gin Hay que ver que lo tuyo no es la estrategia. Antes de que cualquier excusa fatalista y deprimente saliera de los dientes de don nube negra, del hocico de Ken surgió una propuesta mucho más agradable.

Eso sí que lo apoyo. Vamos a mojar un poquito el gaznate-Gin. Dije apoyando al mink, para luego mirar a Eaa y dirigirle una mirada de complicidad. Sabía que tras la voz enérgica y el reclamo, había un dolor indescriptible en su corazón. Sabía lo que significaba aquel barco para ella y cómo con su hundimiento, una parte de Eaa también se hundía en el océano. La mirada de la capitana era dura y triste al mismo tiempo. Solo espero que entienda que no está sola en este momento. Solo espero que no olvide que siempre será mi familia y que siempre seremos los piratas del Brillante Infortunio...


Resumen


Aclaraciones


Inventario



Karmas Positivos

Karmas Negativos
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#10
Leyenda


Ashura se disculpó, menos mal. Fue bastante extraño por su parte, pues tendía a ser bastante irascible con la gente. Bajé del edificio de un salto mientras este espantaba a los curiosos que se habían reunido a su alrededor. No me importó causar un gran estruendo (otro) al caer. Aquello hizo que bastantes personas que se alejaban con cautela del lugar comenzaran a correr.

Ben el Oso Polar, Ashura y Gin dijeron algo. Podía escucharles, pero no les presté ninguna atención. Mi cabeza no estaba para esas cosas. Había tres cosas en mi cabeza ahora mismo, y no pensaba más que en hacer la primera de ellas. Comprobé que el pequeño Mandarina estaba bien, así como el trozo de espejo y la gema que tenía que entregar en algún momento - ¿Tienes hambre, pequeñín? - me interesé por este. Levanté la mirada, para ver a los demás. No quería levantarla mucho, pues sabía lo que estaba sucediendo en el mar, a escasos metros del puerto. Tenía miedo. Miedo de verlo y tener que asimilar que ya no iba a volver. Miedo de ver cómo mi hogar se hundía en el mar. Ya tuve que ver una vez cómo mi hogar ardía, y no quería tener que volver a pasar por eso - ¡Nos vemos! - me despedí a la vez que guardaba el trozo de espejo en el abrigo, junto al Log Pose - Si queréis algo seguramente me podáis encontrar borracha en alguna taberna... o llorando en una esquina - expliqué. Me giré, y comencé a alejarme del grupo - No quiero tener que partiros las piernas a ninguno - esperaba que entendieran que necesitaba estar un tiempo sola. Necesitaba asimilar todo esto, organizar mis ideas. Aproveché el ajetreo de la gente que se alejaba para intentar pasar todo lo desapercibida posible. Todo lo que un pollo de casi cinco metros, con plumaje y pelo carmesíes y cuernos puede desaparecer entre la gente. Me alejaba a paso ligero, pues no quería que me siguiera ninguno de estos. Lo último que quería era que se pusieran a celebrar, o peor todavía, que se pusieran a mostrar lástima por mí, como si fuera algo que no se hubiera podido evitar - Como me vengan con esas les atizo - pensé, mientras caminaba sin ningún cuidado - Que me hubieran hecho caso - Empujaba sin ningún tipo de cuidado a toda la gente con la que me iba cruzando - Lo mejor será buscar una habitación en una taberna y llamar a casa, ¿no crees? - pregunté al felino - Aunque seguro que la señora me echa la bronca si se entera de que estoy borracha - dije después - Bueno, da igual. Me ha visto peor antes


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