[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (II)
#1

6 / Invierno / 14
Archipiélago Sabaody
Aprox. 10:36 a.m.





Dos meses más tarde de la llegada de todos aquellos cuyos destinos se entrelazaban en los manglares previos a la entrada al Nuevo Mundo, el día se alzaba con el frío habitual del invierno, haciendo que todos los presentes pudieran notar la bajada de temperatura al exhalar su aliento y ver formarse el vaho. No era una temperatura extremadamente baja, ni difícil, ni pesada, pero si lo suficientemente notoria como para que pudiera ser reseñada por aquellos que peor llevaban el frío. Algún resto de escarcha en la hierba del campo, algún estornudo puntual del que se confiaba de más con el cambio estacional, y mayor aglomeración de la gente en los locales y viviendas, en lugar de en la calle, eran los indicativos claros de un día tranquilo y común de invierno. Algo que para nada pudiera dar lugar a pensar en lo que aquí iba a acontecer.

El grupo de los piratas de las Alas Negras no había perdido el tiempo, y habiendo conseguido una nueva y gloriosa embarcación, también habían invertido sus días en el archipiélago para poner al día sus habilidades y sus entrenamientos, aunque los más inconscientes de entre sus filas habían optado por llamar la atención de forma premeditada, juntándose incluso con otros forajidos y criminales en el clásico intento banal de empatizar y hermanar con todos, quitándole la chispa a la vida y la posibilidad de un conflicto.

Por su parte, la contraparte de este alegre grupo, los piratas Mushoku, también habían dedicado el tiempo a reparar los daños de su navío y a fortalecerse particularmente de forma individual cada uno de los miembros, también atreviéndose a desplazarse por los manglares y a interactuar, aunque de una forma más discreta - obviando a los anteriores mencionados disfrutones de la música - pudiendo establecer contacto con el Ejército Revolucionario y realizando un trueque y un chanje que arrojaban la esperanza de que el despiadado capitán pirata de tal grupo de maleantes tuviera alguna luz dentro de toda su oscuridad.

Dicho grupo de revolucionarios se había conseguido reagrupar. El que portaba la D en su nombre no había podido superar los fantasmas del pasado pero se había dedicado a estrechar los lazos del presente y a volver a juntarse con sus amigos y conocidos. Por su parte, su compañero con un nuevo poder había conseguido rescatar al tercero en discordia, y a sus filas se había unido el ser más inmenso, inocente y menos discreto que jamás hubieran visto. Su número aumentaba, pero con ello, también las posibilidades de perder a alguien si no eran capaces de defender lo que estaban acumulando, manteniendo un perfil bajo.

Hablando de perfiles bajos, el Gremio de Cazadores de Magna se había tomado al pie de la letra aquello de: "Que no nos sigan". El líder del grupo apenas abandonó su navío para nada, ya que consiguieron uno nuevo, y no se vio interesado para nada en explorar la isla, estando en un estado de alerta constante incrementando su paranoia. Sus compañeros si que estuvieron practicando sus propias capacidades y entrenando sus propios poderes, pero no se mezclaron con nadie, haciendo que - sumada a la desaparición de su barco conocido hasta el momento - nadie supiera que estaban en el archipiélago.

Y finalmente, los bravos Marines se habían instalado en el cuartel general del lugar, y habían recibido la mejor noticia de sus últimos meses: Hoy Joe Joestar iba a regresar con ellos.
Había ajetreo y estrés en los pasillos del cuartel, pues la llegada de este hombre, nuevo Vicealmirante de la Marina, iba a traer consigo más fuerzas a la isla y mayor poder militar, a unos niveles que probablemente no esperasen ni en el propio cuartel. Dos grandes galeones de la Marina se dirigían hacia el Archipiélago Sabaody, y las órdenes que traían consigo eran claras: Aprovechar la aglomeración y agrupación de criminales en el lugar para encarcelarlos o eliminarlos. Además, añadido a esto, las gaviotas del OkNews - que tardarían algunas horas más que la llegada de aquellos navíos en alcanzar el lugar - traían consigo unas noticias tan alarmantes como funestas... pero eso sería una historia para otro momento.

Por ahora, las piezas sobre el tablero que representaban todos aquellos movidos por las olas del mañana, deberían terminar de adoptar la posición definitiva que quisieran en aquel lugar, para encarar la partida de sus vidas con las mejores posibilidades y oportunidades de su parte. Todos los errores serían eslabones de una cadena que podría llegar a ahorcarles, o lastrarlos lo suficiente como para que los ahorcase otro en su lugar. Ahora comenzaba, sin que ninguno lo supiera, el incidente de Sabaody.




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#2
La noticia corría como la pólvora por el cuartel.
 
Por fin, Joe Joestar el héroe de la marina, iba a volver con nosotros. Para mí no era el héroe de la marina, era mi mejor amigo y lo más parecido a un verdadero padre o hermano mayor, más bien, ya que la diferencia en nuestra edad no era tanta, que había tenido nunca. Durante estos meses sin él, llegue a pensar en algún momento que él también me abandonaría y me dejaría a mi suerte, pero él nunca haría algo así, iba a luchar y defender la vida de los demás a su lado hasta que yo misma perdiera la vida o él se muriera de viejo, pues seamos sinceros, la sangre Oni me haría vivir más que el y además yo era más joven.
 
No era la única emocionada por la noticia, fuera del cuartel de los mandos se podía notar el ajetreo en el ambiente, sin duda Joe se había convertido en alguien muy importante ya. Y yo había recorrido todo este camino a su lado, no podía estar más orgullosa de él. Siempre me había sentido valorada aquí y junto a él nunca nada salía mal. Joder, si hasta fuimos recibidos en Pipi Down por un puto almirante, pero al vencer él solo a aquel gran pirata, su leyenda se había agrandado. 
 
Estaba en el centro del campo de entrenamiento, mientras no paraban de pasar marines de un lado para otro, estaba al aire libre, no era un lugar techado, era bastante grande, debía tener unos cien metros de largo y cincuenta de ancho. Su superficie era de arena, había dos acequias  que rodeaban el lugar e iban llenas de agua que caía de una gran fuente que había al fondo del campo de entrenamiento y varios muñecos de entrenamiento para golpear y mejorar técnicas de espada o hacer tiro al blanco, hechos de paja repartidos por las esquinas de aquel lugar. Yo me situaba en el centro del lugar.
 
¿Qué hacía allí? Me parecía un buen lugar para reunir a los principales compañeros de mi división y preparar la llegada de Joe, estaba demasiado emocionada y todo tenía que salir perfecto, así que tendría con ellos una breve charla informativa antes.

En vez de ir a por ellos a su cuartel, decidí llamarlos por DenDen Pushi  blanco uno a uno. Primero a Ryze y después a Fuguwu, Apolo y James, por ese orden, para que se reunieran conmigo en aquel lugar.

Estaba muy nerviosa mientras les esperaba, todo tenía que salir bien, no les dije mucho, solo un breve “reuniros conmigo ahora en el campo de entrenamiento del cuartel”. Todo iba a salir bien, todo debía de salir bien. Joe iba a volver, por fin, joder, por fin, le echaba tanto de menos que estaba a punto de llorar con tan solo imaginarme su sonrisa al verme.

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#3
- Gah… Gah… ¡GARNET! - Estornudó - sí, estornuda gritando su nombre - el congelado músico de los Alas Negras. Los dos meses en los que habían permanecido en Sabaody habían pasado en un abrir y cerrar de ojos, hasta el punto de que, el frío caracterizado por la estación invernal llegó con la intención de calar los huesos de los más imprudentes, siendo el caso del pelirrojo guarrindongo.- C-con lo bien q-que se está en verano… C-con las pibitas c-con poca r-ropita, ¿e-es o n-no es? - Musitaba Garnet, tiritando como un descosido, y maldiciendo aquella aciaga época del año. Para más inri, el muy lelo, aunque estaba resguardado en su habitación y tapado por una gruesa manta, se hallaba semidesnudo - para variar -, con tan sólo un tanga. Dicha prenda era de color azul marino, con las palabras “ROCK” y “ROLL” inscritas, en color rojo, en la parte trasera del mismo, ubicándose cada una de las palabras sobre un glúteo del músico.

Pero no todo lo que ocurría era terrible pues, a pesar del frío y de los intentos fallidos por encontrar a su capitán Yojimbo en algún rincón de Sabaody, se habían dedicado a entrenar, fortalecerse y, en el caso de Garnet, reencontrarse con su buen amigo Panda. Además de todo eso, y gracias a los dotes mercantiles de su compitruena, Sasha pidió construir - hace cosa de tres días -, nada más y nada menos que un imponente galeón, un barco de dimensiones tan colosales que podría albergar como a 10 Sashas transformadas en su característico lagarto, llegando a medir, perfectamente, 40 metros de eslora y unos 10 de manga. Entre aquella adquisición, la fruta con tanto potencial que había conseguido la capitana en funciones, Triana, y la pequeña pero caótica familia que formaban todos sus miembros, los Alas Negras mantenían la esperanza de resurgir de sus cenizas ante la ausencia de Yojimbo.

Como la construcción del precioso navío finalizó el día anterior - es decir, el día 5 de invierno -, los Alas Negras decidieron quedarse esa misma noche a dormir en él para, a la mañana siguiente, prepararse con lo necesario para partir. Viendo que el inicio de un nuevo día había dado ya comienzo hace ya algunas horas, Garnet - quién se encontraba en la cama de su nuevo camarote -,  desistió ante la idea de quedarse en un letargo perenne y se levantó de ella. - Igual si me pongo al lado de Triana me da algo de calor pueje pueje - Maquinó el muy marrano, buscando sacarle provecho a la gélida tortura por la que estaba pasando. Antes de salir de su camarote, se atavió con sus guantes y botas molonas, se colgó, sobre su hombro derecho, su pequeño saco con todos sus diales y útiles de comunicación - además de los pelos de Don Bambú que le ofreció el mink aquella noche de borrachera - y, por supuesto, dispuso a sus espaldas a su increíble Sabertones, colgándose su tira sobre su hombro izquierdo, y cruzándose hasta acabar el lado derecho de su cintura.

Con todo listo, Garnet salió de su camarote, hasta dar con la parte exterior del navío, caminando con temblores por la cubierta hasta situarse a unos 2 metros del palo mayor, a aproximadamente 5, respectivamente, de las barandillas de estribor y de babor y a unos 15 de popa. Nada más salir, y sentir todo el frío en sus carnes, el músico orientó su mirada hacia los astilleros, que daban a babor. Estando en el Manglar 0, probablemente, aquella zona era la más concurrida de toda el archipiélago, o al menos eso diría a primera instancia debido a la gran variedad de ocio y opciones comerciales que ofrecía el islote. Quedando ellos en el Hangar número 7, no dudó en activar su kenbunshoku haki a máximo alcance. Nunca se sabía cuando algún colgado, marine o criminal podría entrar en su barco para hacerse con algo de valor. Con el tamaño de ese pedazo navío, no era difícil que hubiera captado la atención de alguien. Lo que le gustaría saber al pelirrojo era cuanto le quedaban para partir de Sabaody, aunque esa respuesta tan sólo la podría conocer a ciencia cierta la semioni como navegante o Tobías como carpintero.

- ¿¡C-CUÁNTO QUEDA PARA PI-PIRARNOS DE A-AQUÍ!? - Gritó a plena voz, pareciendo sus dos mandíbulas dos castañuelas, con la intención de obtener una respuesta. Seguidamente, no aguantando más aquella sensación térmica, se transformó en su forma completa de dientes de sable, apoyándose sobre sus cuatro patas y cubriéndose de un manto peludo de color ocre que le ayudaría a combatir el frío, resultando en un gran gato cuadrúpedo de exagerados colmillos y con tanga. Tras transformarse, empezó a correr como un poseso alrededor del palo mayor, manteniendo una distancia de 2 metros respecto a la base de dicho mástil.- A-a la mierda, ¡n-no aguanto más! - Decidió entrar en calor, haciendo ejercicio y ayudándose del pelaje del felino, mientras esperaba que alguien arrojara algo de luz sobre su permanencia, o hasta que la doctora apareciera para poder combatir de manera más efectiva el frío.

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#4
El invierno se acerca, no, el invierno ha llegado.
 
Desde hace poco menos de una semana la temperatura en el archipiélago Sabaody había pasado de la agradable brisa fresca del otoño al abrazo frío del invierno. Por suerte, no era un frío imposible de aguantar, no congelaba mis agallas ni dificultaba el respirar, pero igual había que estar preparado. Mi ropa había cambiado, por lo mismo, de aquel uniforme que había estado usando todo el otoño – más relajado, de mangas cortas, y cuello abierto – a uno mas apropiado para el invierno. Los colores no eran para nada diferentes, pues al final de cuentas era una pieza mas del uniforme de la Marina. Sin embargo, la tela era un poco mas gruesa y por encima de la camisa llevaba puesto una chamarra de cuello alto, blanca en su mayoría, con detalles en azul en el cuello y en las mangas, alrededor de esta colgaba el mismo pañuelo azul que siempre portaba como parte del uniforme.
 
Tras levantarme temprano (05:30 a.m.) para completar mi entrenamiento antes del desayuno (el cual ahora me tomaba dos horas y media completar), y luego de tomar un baño caliente para no enfriar el cuerpo de golpe, me dirigía al patio de entrenamiento del cuartel general de la Marina donde habíamos pasado la mayor parte de las últimas llegadas desde nuestra llegada al manglar 70. Fuera de la semana que pase entrenando con el gran maestro del Gyojin Karate, Trident Glam, había pasado los demás días en esta zona de los manglares sin tener poca o nada de interacción con mis compañeros de la división 21. Sin embargo, al parecer eso estaba por cambiar. Habíamos recibido noticias de que Joe Joestar volvería a liderar nuestras filas, y seguro que con su llegada vendrían ordenes importantes a seguir.
 
Luego de bañarme, mientras me ponía el uniforme el cual complementaba con los guantes de batalla que llevaba desde hace ya un tiempo, escuche como el Den Den Mushi sonaba con su particular “berup berup berup berup” que no dejo de sonar hasta que conteste (“catcha”). Se trataba de la comodoro Karlglass, quien por su voz parecía estar teniendo un buen día, dando ordenes de reunirnos en el patio de entrenamiento del cuartel. Por lo visto la hora de la acción había llegado y volveríamos a movernos como peones en el tablero de ajedrez que la Marina estaba formando en el archipiélago Sabaody – aunque me gusta pensar que, gracias a todo el entrenamiento y experiencias acumuladas, había pasado de ser un peón a ser un alfil, algo que debía demostrar no solo a mis compañeros de división, si no a mí mismo – con el objetivo de ser los primeros en mover las piezas.
 
Mientras caminaba rumbo al patio de entrenamiento donde nos había citado la comodoro, pude observar como el ajetreo y el estrés se hacía presente por todos los pasillos del cuartel. Seguramente nuestro líder, Joe Joestar, no vendría solo pues pocos eran los que podían moverse por su cuenta bajo la estricta estructura de la Marina; si bien Joe Joestar había alcanzado un estatus tanto en respeto y rango que pocos podían llegar a alcanzar, incluso él aun no era ajeno a la estructura de mando de la Marina que predaba por encima y por debajo de su posición. Poco hice por ayudar a los ajetreados marines que iban de aquí a allá por los pasillos pues yo tenia mis propias ordenes que tomar en cuenta, aunque hice lo posible por no estorbar a aquellos pobres estresados paleadores.
 
Al llegar al campo de entrenamiento pude ver claramente como en el centro del mismo se encontraba la comodoro Karl, aquella imagen me trajo recuerdos del primer entrenamiento de Haki – o como ella lo rebautizo, Waki – que tuvimos en la isla Chika junto con Apolo y James por lo que decidí saludarle emulando aquellos entrenamientos utilizando mi Haki de Observación, expandiéndolo todo lo posible para demostrarle hasta donde había avanzado en el control del Haki desde que habíamos salido de Chika. Acercándome con una sonrisa hacia el centro del patio – el cual no era más que un rectángulo gigante de arena sin techo con unos cuantos maniquíes de entrenamiento alrededor – salude a 10 metros de distancia a la comodoro.
 
“Buenos días, Comodoro Karl, ha pasado algo de tiempo.” – y luego recordando mis modales termine el saludo informal con uno mas formal tal como lo indica el código de la Marina, brazo izquierdo detrás de la espalda y brazo derecho levantado formando un triángulo rectángulo entre el hombro, el codo y la frente, manteniendo la palma de la mano abierta tocando la frente con la punta de los dedos – “Contramaestre Fuguwu reportándose tal como ha ordenado”.
 

 
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#5
La mañana del 6 de invierno resultó ser fría, como empezaban a ser ya los días en general ahora que habían entrado en una nueva estación. Don Bambú no era una persona que sintiera cierta debilidad por el frío, pero tampoco es que le gustase en exceso. Era, sin duda, un panda más habituado a los climas cálidos que a otra cosa. Por eso, aquella misma mañana llevaba una chaqueta de cuero por encima de su camisa verde, sus habituales pantalones vaqueros y unas botas bien gruesas. No faltaban la bufanda ni los guantes de lana. Todo el conjunto le venía bastante bien para el frío mañanero de los inicios del invierno. ¿Cómo lo haría Comi para soportar el frío todos los días? No había manta que le cubriese entero y el pobre no cabía en el interior del barco. Necesitarían una embarcación especialmente grande si querían darle un techo algún día a aquel gigantón.

Aquella mañana, Don Bambú se encontraba desayunando tranquilamente sobre la cubierta. Se había cocido unos huevos un par de horas antes y había tenido la genial idea de guardarlos en su chaqueta (una vez estuvieran secos) para hacerle de fuente de calor aquella mañana. Cuando estuvieron más o menos fríos, los peló y empezó a comérselos sobre uno de los barriles de la cubierta. Tenía su bandolera a un lado, preparada con todo lo que pudiera necesitar aquel día. Tenía su dinero, su botiquín, su den den mushi blanco con el número anotado de Garnet en un papel pegado a la concha y un pequeño frasco de madera tallada (pequeña afición paralela a la carpintería), donde guardaba los pelos púbicos de Garnet imposibilitando tocarlos sin querer. Tendría que pedir que fabricaran una vivre card con ellos, aunque después le daría cosa llevarla por ahí. Sus libros los había dejado en el barco, porque no tenía sentido cargar con ellos a todas partes todo el tiempo. Últimamente no disponía de demasiado tiempo para leer. Después del desayuno se levantó e hizo unos cuantos estiramientos. Hoy, un día que parecía como otro cualquiera, tenía ganas de estirar las piernas un poco con sus camaradas. Zorak podía descansar en el barco a solas por unas horas. De todas formas, no pensaban alejarse demasiado.

Una vez se sintió preparado para abandonar el barco en pos de la orilla, Don Bambú extendió su Kenbunshoku a su máximo rango disponible: 184 metros de radio. Había cogido la manía de hacerlo todas las mañanas para estar atento por si se acercaban presencias poderosas de una u otra manera. Era una herramienta demasiado útil, el mantra (como lo llamaban los skypieanos a veces). —Voy bajando, amigos. —Anunció el panda lo suficientemente alto como para que le escuchasen desde dentro del barco y en las inmediaciones del mismo. Acto seguido, recogió su bandolera y pegó un salto desde la cubierta hasta el húmedo suelo del manglar 10 en el que se encontraban actualmente. Hacía poco que habían llegado ahí. El manglar 13 se había vuelto demasiado conocido con el tiempo y no querían llamar demasiado la atención. Con paso firme, Don Bambú comenzó a alejarse del navío, atento a las posibles presencias que pudieran surgir en su camino. Decidió no alejarse demasiado, tan solo unos 500 metros para tantear un poco el terreno que tenían delante. —Una mañana como esta... —Lamentó el panda al escuchar el crujido de la escarcha que se había formado sobre la vegetación del manglar. —...sólo puede traer malas cosas. Pero no queda otra que esperar a la primavera. —Con todo el optimismo que pudo reunir, Don Bambú metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y aguardó pacientemente a que sus compañeros le alcanzasen mientras admiraba el paisaje que le rodeaba. Si bien frío, no tenía nada de feo el invierno en Sabaody. Se preguntó qué planeaba la Revolución allí y si pasarían a la acción en algún momento cercano.

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#6
Kisuke se despertó con el olor a huevos cocidos. Seguro Panda se estaba haciendo un desayuno bien calentito y contundente. Se levantó viendo que Zorak dormía aún en el catre de al lado, y se encaminó a la jofaina de agua para lavarse la cara y desperezarse. Había notado que desde que consumiese la akuman no mi, de vez en cuando le aparecían manchas negruzcas de hollín en la piel, como consecuencia de su, todavía falta de control sobre aquella nueva habilidad. Había conseguido dormir mejor en las últimas semanas, sin duda, su entrenamiento con Kihira y el despejar las dudas de su mente, habían tenido su efecto y el antiguo pescador podía descansar mejor, en ese tiempo. A pesar de eso, aún no era capaz de dominar el kenbunshoku aunque tenía los preceptos y podía usarlo de manera poco útil y efectiva, por lo que era una habilidad aún en vías de desarrollo; al igual que su capacidad para utilizar sus poderes de akuma no mi. No obstante, tras sus incursiones y rondas en solitario, para aquel día habían decidido ir los tres juntos, quizá así podrían descubrir algo, al fin y al cabo, tres cabezas piensan mejor que una.

"Bueno, es el primer día que saldremos de batida los tres juntos, habrá que ir con cuidado."

Miró una vez más a ver si Zorak se había despertado, y al verlo roncar como gruñía el enorme mink marrano, sonrío y cerró la puerta. Su amigo, había despertado pero necesitaba aún mucha recuperación, y además había perdido el ojo, por lo que necesitaría tiempo para adaptarse y estar de nuevo disponible para hacer misiones. Se dirigió a la cocina a echarse un café y comer un poco de cecina que tenía, y se metió una manzana en el bolsillo. Panda andaba por la cubierta, suponía Kisuke que para despejarse con un desayuno a la fresca brisa invernal que había aquellos días en Sabaody. Reflexionó un poco, pensando en el movimiento que habían hecho unos días atrás del manglar 13 al 10, decisión motivada por la curiosidad que había despertado en aquel lugar el Saint Fermín y su variopinta tripulación, por lo que habían decidido moverse un poco. Tras comerse la manzana y haber dado cuenta del resto del desayuno, se encendió un cigarro y salió a cubierta justo cuando Panda decía que iba adelantándose. Kisuke se había ceñido una capa con capucha, para el frío, ocultar en la medida de lo posible sus katanas en la cadera izquierda, y para velar su identidad e intentar pasar desapercibido. Revisó que llevaba tanto el denden blanco en el bolsillo, como el log pose en la muñeca, y un botiquín bien provisto en su petate que llevaba colgado a la espalda.

-Ya vamos, Panda.-dijo Kisuke al mink, que ya estaba llegando a tierra.-Vamos, Míster Panceta, hay que irse.

Le dijo esto último a Comilón McBacon, y descendió por la pasarela hasta el suelo del manglar 10. Aún le resultaba extraño ese suelo tan inusitadamente húmedo y como las burbujas emergían sin pausa del propio suelo de la isla. Un lugareño le había contado que era por la resina de los manglares y la respiración del arbol mangrove, ayudados por el clima de la isla, lo que producían aquel fenómeno tan curioso. Avanzó alrededor de medio kilómetro, donde estaba aguardando Panda.

-Bien, ¿hacia dónde nos dirigimos? Yo he tenido bastante vigilados los manglares del 13 al 16 en este tiempo, pero no he encontrado nada, salvo mi encuentro "fortuito" con Kihira. ¿Detectas algo con tu haki, Panda?

Era importante tener en cuenta la percepción de su amigo úrsido, por lo que actuarían en consecuencia y trazarían su ruta de la manera más adecuada. Aún no tenían claro su cometido allí, no habían descubierto nada importante en realidad, por lo que mejor, de momento al menos, ser cautos, lo de pasar desapercibidos ya era harina de otro costal teniendo en cuenta del tamaño de Comi, pero al menos, que no los pillasen de sorpresa.

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#7
Apenas me acababa de despertar hace una media hora. Mi camarote estaba algo desordenado, la cama deshecha, instrumentos médicos del Dr power esparcidos por la mesilla de noche. Ya que pese a encontrarme bastante mejor, de vez en cuando venía a comprobar cómo estaba mi herida. 

Pese a haberme despertado seguía en la cama dando vueltas como lo había estado haciendo varios días atrás. Solo me gustaba salir por la noche, cuando todo estaba más calmado y no tenía que encontrarme con nadie de la tripulación. Y así poder evitar sus caras de condescendencia, sintiendo lástima por mi por haber perdido el brazo.

Suspiré y me reincorporé, sentándome sobre la cama arqueando mi espalda para crujirla antes de saltar y apoyar ambos pies descalzos sobre la madera fría del Niebla de guerra. Me vestí lo mejor que pude, poniéndome mi característica armadura azul. Agarré también mi katana, la observé unos segundos antes de atar la vaina con un nudo a mi cintura. También me llevé conmigo una pequeña bolsa con mis cosas y me dispuse a salir a cubierta. 

Cerré la puerta de mi camarote, y miré mi recompensa clavada en la puerta de este. Aun era la más baja de todo el grupo. Acaricié el papel de esta levemente antes de bajar por las escaleras, mientras el sol me pegaba directamente en la cara. Por un instante iba a utilizar mi brazo izquierdo para hacerme sombra en la cara… A veces se me hacía tan raro haber perdido este que a veces hacía movimientos involuntarios pensando que aún estaba allí. 

Nada más llegar a cubierta me apoyé sobre la barandilla de estribor para contemplar el mar, aún me quedaba tanto por ver… Suspiré solamente para darme la vuelta y no ver a nadie en cubierta. Por lo que desenvainé la katana y comencé a dar unos cuantos toques al aire, estocadas y cortes. Cada vez me estaba acostumbrando más al manejo de mi arma con una sola mano. -Dos fintas… golpe por la izquierda…~gero. Me iba diciendo a mí mismo mientras comenzaba a entrenar un poco, sobretodo para acostumbrarme al manejo de esta, corregir posturas, e intentar utilizar toda mi destreza para aquella tarea.

Por un momento mi mente se olvidó de todo, y pese a haber tenido este accidente estaba deseando combatir de nuevo, volver a probarme a mí mismo. Había veces que me sentía más confiado si empuñaba mi arma, y dejaba que fuera ella la que hablara por mi. 

Tras aquel breve instante de motivación volví a enfundar mi arma y me senté en el suelo del barco, justo con la espalda apoyada en el carajo. Debía seguramente ponerme a cocinar algo de desayuno para todos estos… pero no tenía demasiadas ganas. “Ya tendré otra oportunidad para prepararles algo en condiciones”. Pensé mientras mi cabeza contemplaba las nubes, pensando y divagando mientras esperaba que el día no fuera demasiado duro.

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#8
Día 6 de Invierno. Faltaban solo 20 días para mi cumpleaños, y aunque las cosas luego del incidente en el que Gaerujuro había perdido el brazo no habían sido las más alegres, sí que notaba cambios en la dinámica de la tripulación. La ranita ya se levantaba y caminaba, incluso una que otra vez creí haberle visto entrenando su arte de la espada durante la noche. Eso me hacía sentir un poco mejor y orgulloso de que aquel gyojin, que apenas era un jovencito, tenía la determinación para seguir adelante.

Por otra parte, luego de entrenar al luchador Kukulkán, le ví más animado y dispuesto a mostrar su valía, siempre entrenaba cuando tenía el tiempo, aunque algo raro se traía entre manos, pues desde hacía varios días le escuchaba cantando encerrado solo en su camarote, y luego de las comidas y en sus ratos de descanso entre los entrenamientos, le veía sacar una libreta y ponerse a escribir. ¿Acaso estaría llevando una bitácora? interesante. Lo cierto es que le notaba con mejor semblante a él así como a su compañero anfibio.

Respecto a los demás, más de lo mismo, Ashura era Ashura, Ben era Ben y Epifanio siempre  estaba en el nido del mástil vigilando el horizonte. Por su Parte, Klink parecía estar contento con la daga que le había fabricado, y sí que le veía caminar de aquí a allá con ella encima. Me contentaba que al menos la llevara consigo, pues habría sido una lástima que se quedara llevando polvo en un cofre.

Aquel día el frío empezaba a hacerse sentir, eso era lo único que no me gustaba de mi cumpleaños, que justo era en la época de frío. 

Estaba yo en mi camarote tiritando como un tonto, cuando me cansé de aquello y decidí que era momento de cambiar de atuendo. Abrí mi closet y me puse una camiseta unicolor negra, y encima un enorme suéter tejido de color azul, igual que el que tenían mis botas y guantes. Era un lindo color, pero el atuendo solo estaba completo con un pasamontañas que dejaba escapar mi destacable mechón de pelo azulado, y una bufanda para el cuello, pues estaba cansado del maldito frío y el colmo sería pescar un resfriado, aunque ahora que lo pensaba, nunca me había enfermado por estar bajo la lluvia ni nada de eso.

Total que venía mi cumpleaños y ninguno de estos desconsiderados había ido a comprarme ni un detallito. Estaba harto de la falta de consideración. Somos piratas, sí, pero no por eso tenemos que ser todos unos groseros entre nosotros, ¿verdad?. Ya estuvo. Me levanté y salí de mi camarote, tomando mi bolso y mis cosas, y con un fuerte silbido busqué llamar la atención de la gente, mientras me dirigía con pasos rápidos pero firmes a la cubierta.

Cuando salí ya había salido el sol hacía varias horas, pero el invierno claramente hacía que pareciera que aún era más temprano. A eso se le sumaba la sutil capa de nieve que estaba espolvoreada por toda la cubierta y las velas cerradas del niebla. Allí en el mástil me encontré a nada más y nada menos que al pequeño sapo samurai. Parecía estar pensativo y contemplando el cielo. Alcé la mirada y sí, el cielo era ciertamente hermoso, aunque el frío no era de mi particular agrado. Knox emitió su caracterítico chillido, pero se le oía muy lejos en las alturas, y aunque tenía una buena vista, me era muy difícil ver dónde estaba mi amigo emplumado, pues al ser albino y estar nevando, se confundía con los distintos tonos blancos del cielo.

Me acerqué a la ranita, y me agaché a su lado, poniendo mi mano derecha en su hombro izquierdo. Sabía que era la extremidad que había perdido, así que lo hice con delicadeza, pero sobre todo con firmeza para demostrarle mi respeto.

Te he visto entrenando por las noches-Gin. No te preocupes, no le diré a nadie. Respeto tu determinación y quiero que nunca dejes de entrenar para ser mejor. No sé cómo aún, pero pronto veré si de alguna forma te hacemos una prótesis o algo-Gin Le dije al muchacho quien me había volteado a mirar. Me levanté y caminé 2 metros frente al chico, para luego girarme hacia él.

Por cierto, Gaerujuro. ¿Tú cuándo cumples años? Yo cumplo en 20 días y estos desconsiderados no han salido del barco a comprarme ni un caramelo-Gin. Es increíble. 


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#9
Dos meses habían pasado desde que arribamos al Manglar 49, a bordo de aquel colosal buque acorazado, a esta pseudo isla que resultó ser un bosque sobre el mar. Dos meses tranquilos, sin trabajo, ni ajetreo pero al menos no fueron sepultados en un hormiguero para evitar intoxicarnos con el aire como la última vez, cosa que fue de agradecer. Con el paso de los días la temperatura fue descendiendo y con ello íbamos entrando cada vez más en el invierno.

No sólo bajaba la temperatura ambiental sino que también aumentó mi frialdad frente a la División. Estaba claro que mi forma de hacer las cosas no encajaba con el ambiente del grupo y que ellos, al contrario que yo, no eran personas divertidas pero tampoco iba a esforzarme por forzar en conseguir algo, por lo que esos dos meses los pasé sin dar noticias a nadie, a mi aire, tranquilo y sin ser el objeto fácil sobre el que descargar las frustraciones de terceros. Quizás eso sea lo mejor para todos al fin y al cabo.

Vestido con una chaqueta universitaria de color azul marino y mangas blancas por encima de mi uniforme de Marine (ya que el frío empezaba a rascar y el invierno no era especialmente de mi agrado) y la gorra del revés, volvía hacia el Cuartel de la Marina, con mi Waki de observación a doscientos cincuenta metros de rango por precaución. Durante nuestra estancia en Sabaody, no dio la impresión de ser un lugar problemático y fue todo bastante tranquilo pero dicen que la letra con sangre entra y yo aprendí la lección en Momoiro. Caminaba parsimonioso con la mirada hacia el suelo, con mi zurda metida en el bolsillo de la chaqueta y mi diestra sujetando una pequeña bolsa de papel. Habría ido más cómodo patinando pero no sé qué pasaba con esta isla que esa puta resina extraña que cubría el suelo, hacía que mis ruedas no deslizasen.

Me senté en un banco en frente del cuartel dejando mi mochila a mi lado y abrí la bolsa de papel. De ella saqué un croissant relleno con jamón y queso que compré en una panadería cercana, dispuesto a comenzar a desayunar. Quizás habría sido más sencillo desayunar en la propia cafetería del cuartel de la Marina pero la verdad era que no me apetecía aguantar el barullo y el caos de gente que no conocía, ni tenía el interés por ello. Otro cantar hubiese sido si por algún casual montasen algún tipo de festival o fiesta pero chicos, recordad que somos Marines y los Marines tienen prohibido pasárselo bien. Cosa irónica cuanto menos teniendo un cuartel tan grande cerca de un parque de atracciones.

Tras dar el primer mordisco y mirar hacia abajo, pude comprobar como un perro callejero me miraba fijamente a mis pies, hipnotizado seguramente por lo que llevaba en la mano. — ¿Tú también vas a quererme sólo un rato por interés, o qué? — hablaba con el perro como si pudiese entenderme o responderme. No me dio tiempo a seguir comiendo cuando el sonido de mi Den Den Mushi comenzó a sonar dentro de mi mochila. Era la voz de Karl, ordenando que nos reuniésemos con ella en el campo de entrenamiento del cuartel. Ni siquiera respondí, simplemente eché la cabeza hacia atrás mirando al suelo y solté un suspiro, soltando vaho por la boca debido al contraste de temperaturas.

Me eché la mochila al hombro, di un segundo mordisco a mi corto desayuno y me arrodillé para acariciar la cabeza del perro. — Proteger y servir, supongo. Hasta que nos volvamos a ver amigo — le di lo que quedaba de mi croissant al can y comencé a caminar hacia el cuartel.

Una vez dentro y notar como el suelo dejaba de tener resina, desenganché mi skate de la mochila y lo dejé caer a mis pies para desplazarme sobre ruedas por dentro del cuartel, sin importar si a alguien podría molestarle. No estaba haciendo nada malo pero la gente es demasiado rara, así que vete tú a saber. Podía comprobar como todo el mundo estaba más agitado de lo normal, yendo de un lado hacia otro como si hubiese algún tipo de protocolo en marcha, fuésemos a prepararnos para la guerra o qué sé yo. Mi desdén hacía un contraste enorme en medio de aquella escena y fue todavía más cuando escuché a uno de los reclutas hablar de que hoy volvía Joe "Freaking" Joestar. Si ya tenía pocas ganas de reunirme con la División después de que la líder me recriminase algo que no tenía que ver conmigo, imagina si encima iba a aparecer en escena aquel que se creía el gorila del zoo. Aquel que solucionaba todo a golpes queriendo aparentar autoridad en vez de tener el valor que se le exige a un líder.

Rápidamente llegué al campo de entrenamiento y a lo lejos pude comprobar la figura de Karl, su enorme tamaño siempre hacía que fuese fácilmente localizable. A medida que me iba acercando vi también que Fuguwu estaba allí, al igual que cuando entrenábamos el Waki, llegábamos los mismos en misma orden. — Cowabunga Fuwu — dije mientras me situé a su izquierda y, con un seco pisotón a la parte trasera de mi tabla, la hice volar hacia mi mano derecha para a continuación acoplarla a mi mochila y posarla en el suelo. Me dejé caer hacia atrás y, con una corriente de arena, amortigüé la caída para quedarme tumbado sobre esa arena, como si de una hamaca se tratase. Giré mi gorra para tapar mis ojos y coloqué mis manos en mi nuca, adoptando una postura relajada. No sabía qué hacíamos allí, ni a quién esperábamos, ni cuánto tardaría la cosa. Tampoco me importaba mucho.



Resumen

Aclaraciones

Bélico

Gastos

Karmas aplicados

Inventario
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#10
Dia 6 de Invierno año 14.
Archipielago Sabaody.
Niebla de Guerra / Camarote Tenoch.

No habían pasado más de 15 minutos desde que me levante, me estire aun acostado en mi cama y pude notar que el frio estaba empezando a ponerse mucho mejor, siempre odie el verano asi que esta época del año a pesar de las temperaturas me parecía excelente, me levante de la cama y me asee, me puse mi perfume “Eu du Coco”, me coloque mi mascara, me puse mis joggins, la manga en mi brazo izquierdo y tome una de mis sudaderas de color blanco a la que le abri 2 huecos para poder sacar las alas y asi protegerme un poco del frio, si bien me encanta tampoco tengo ganas de pescar un refriado, por ultimo me calce los guantes y las punteras, luego tome una bandolera que habia comprado hace poco y meti dentro mis cosas, el dial sin embargo lo deje en el bolsillo derecho de mis joggins.

Habían pasado ya varios dias desde que me tope con el Menda y Masha, en el bar aquel, el hecho de subirme al escenario y cantar habia despertado en mi una vena que si bien sabía que tenía, estaba dormida, ahora me la pasaba escribiendo rimas y versos, buscando melodías, mis habilidades como navegante no eran necesarias ya que al tener los Piratas Mushoku un navegante como lo era el diminuto Tontatta que dicho sea de paso tenia mucha más habilidad que yo, mi idea pasaba por ser útil de otra manera y tal vez deberia ser eso, la persona que anime, que cante y que cuente nuestra historia al mundo.
Me acerque a mi pequeño escritorio y tome el cuaderno donde habia escrito varias de mis ideas, tenía bien definido, que queria hablar de la banda, de mis compañeros y sus particularidades, repase mi corrido belico a medio escribir para verificar y ver que podía cambiar este hasta ahora decia:

Título: Los Mushoku.
Letra: Quetzalli Jr.
Melodía: No tengo idea, Pero tiene que ser un corrido bien belico.

Era una era dorada donde abundaban piratas
Quienes, buscaban oro, poder y fama, en bandas se conformaban.

De alli nacieron los Mushoku conformados por unas pintas muy raras, déjenme les describo a estos que quisieron andar por las sendas malas.

En una nube de humo un demonio reposaba, tenía unos cuernos muy largos y olor a muerte emanaba les hablo de Ashura aquel que los capitaneaba.

Lo seguía el Rapax Gin un pirata de alta fama, quien con sus manos hacia temblar al mundo que lo rodeada.

Junto a ellos el pequeño Korg un tontatta que nunca se les separaba, si este olía peligro no duda en desenfundar su arma.

Tambien estaba Ben el Oso polar de la banda, quien con la luna enloquecía y mataba a todo lo que se le acercara.

No dejen por fuera al Lunarian, Arthur era como le llamaban, este surcaba los cielos para proteger a sus camaradas.

El Samurái de la banda estaba bien versado en el arte de matar gente con su poderosa Katana, la Rana le decían, pero Gaeru era como se llamaba.

 Por último, estaba alli el Águila de Oro y Plata, Quetzalli Jr quien estos versos les cantaba.
Continuara…

Nada mal pense luego de leerla nuevamente, pero la puedo mejorar, con el cuaderno aun en la mano decidi salir a la cubierta. Al salir por la puerta de mi camarote y ver mi Wanted pegado en ella, recordé que tuve que pasar por cada uno de los camarotes de mis compañeros anotando sus nombres mientras escribía mi canción para no cometer errores.

No me sorprendió ver a Gaeru ya en la cubierta, si bien mi amigo la rana habia perdido su brazo este no habia dejado de entrenar, se que lo hace a escondidas y de noche, pero decidi hacerme el idiota y fingir demencia. 

El hecho de perder su brazo no lo hacía sentir menos, para mí era todo lo contrario, sus ganas de demostrar su valía solo habían aumentado, pude escuchar ademas como el senpai se quejaba de que en 20 dias cumplía años y no le habíamos regalado nada, a lo que pense que el hijo de ogra nunca me dijo que cumplía en 20 dias, asi que es culpa de él.

Decidi no prestarle atencion al berrinche del Senpai y mientras caminaba hacia donde estaba Gaeru los salude. – Gaeru, senpai.. Buen día.  Y por cierto senpai nunca dijiste nada de tu cumpleaños, pero estoy escribiendo una canción para toda la banda, ese será mi regalo para todos.


Llegue a la posición de mi amigo Gyojin y me quede parado a solo 2 metros de su ya faltante brazo izquierdo.
 
Resumen
 

Belico
 

Datos Importantes


Aclaración


Off
[Imagen: d4qfcoi.png]
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