[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (III) Alas Negras VS Patriota
#21
Sin quitarse de la mente el asedio a la casa de subastas, los Alas Negras se preparaban como podían después de enfrentarse a esa especie de máquina enviada - aparentemente - por la marina. En un acto que Garnet consideró de pura ternura, Sasha decidió darle también un botiquín al herido Kenzo, demostrando que, por mucha rivalidad que hubiera entre los dos miembros más jóvenes de la banda, la semioni comenzaba a portarse como toda una hermana mayor para el zagal, quién comenzó a alabar su transformación en esa especie de lagarto gigante.- Ya era de que se empezarán a llevar bien, cojones. - Por su parte, Tobías siguió en la línea de querer seguir llevándose el ser cibernético para estudiarlo y analizarlo más a fondo, a pesar de la posible contrariedad que podía suponer para el vaquero.- Cuenta con nosotros colegui, ¡tenemos tu espalda vigilada! ¿Es o no es? - Dejó claro - juntando las yemas de sus dedos índice y pulgar derecho, a la par que dejaba extendidos el resto de dedos - que, en la medida de lo posible, haría lo que fuera para cubrirle al peliazul y a su nuevo juguete. Por último, Jolyne, quién se acercó hasta el grupo - situándose detrás de Kenzo - y deshizo su invisibilidad, diciéndole al mocoso que su saliva era capaz de curar heridas de todo tipo.- ¡¿Saliva de Jolyne?! - Al escuchar aquello, Garnet abrió los ojos de par en par, corriendo como una exhalación - y rodeando al Patriota - hasta llegar al otro costado de la extraña y metálica entidad, colocándose justo junto a la camaleónica pelirrosa.- ¡Pueje pueje! ¡Escúpele al menda en todo el pechamen, por favor! - La perversión del pelirrojo - quién tenía los ojos en forma de corazón - salió a flote, mientras sacaba pecho en dirección a la francotiradora de los Alas Negras.

Sin embargo, en ese preciso momento, un alarmante número de auras empezaron a entrar en el radar de Garnet, tornándose serio y recuperando la compostura en un santiamén.- Viene peña, al loro coleguis. - Advirtió, aún sin saber si los que se estaban aproximando eran amigos o enemigos. Aunque por probabilidad, la cosa estaba bastante clara. Encima, que fueron tantos, no auguraba nada bueno. La multitud era tan grande, que era un sinsentido pararse a contar el número de personas que podían estar marchando hacia ellos al unísono.- Son más de 100, eso seguro... - No se la jugó demasiado. No tardó nada en salir a la luz la procedencia e identidad de aquellas misteriosas presencias perteneciendo a marines, como no podía ser de otra.- Tch, antes lo decimos y antes se acoplan. - Musitó, observando como más de medio millar de marines marchaban hacia su posición, manteniendo una formación rectangular y manteniendo una distancia respecto a los piratas de 15 metros.- Son ciento y la madre. - Probablemente, era la primera vez que había visto a tanto perro del gobierno aglomerado en un mismo lugar. Garnet no pudo evitar sonreír pues, en parte, su objetivo era ir a liarla a la casa de subastas para llamar la atención de la marina y cobrar su venganza por la captura de Yojimbo. Sin embargo, no parecía haber rastro de la división de Joe Joestar, no al menos de la pájara de Karlglass, quién era probablemente la más fácil de identificar de su escuadrón.- Bueh, algo es algo... - Intentó consolarse con el pequeño premio que tenían frente a ellos.

Una voz femenina irrumpió en la escena, realizando el típico protocolo de que estaban rodeados y que se estregaran sin resistencia, mientras se disponían a apuntarles con sus armas. No alcanzaba a verla bien, pero gracias a su Kenbunshoku Haki, le era posible discernir que, en la parte más trasera de la formación militar, había una presencia que predominaba sobre las demás, la que debía ser el líder de aquel numeroso escuadrón. En ese momento, buscando que los soldados bajaran la guardia, Garnet hizo el ademán de alzar sus brazos en señal de una aparente rendición, todo a la par que miraba uno a uno a sus amigos, hasta que terminó por esbozar una sonrisa y, en ese preciso instante, desapareció ante los ojos de aquellos que no contaran con los suficientes reflejos para percibir la agilidad del músico. Con tan sólo dar un paso, la bestia que llevaba en su interior, aquella bestia primigenia que salía a flote gracias a los poderes de su Akuma no Mi, le instaba a recorrer grandes distancias a gran velocidad como si del fulgor de una centella se tratara.

Lo que podía parecer de primeras como una aproximación hacia el pelotón de marines para darles una buena paliza, se distorsionó cuando, en vez de ir de frente hacia la horda, pasó de largo por su flanco izquierdo - yendo en diagonal respecto a la dirección en la que miraban los marines, y habiéndose desplazado unos 20 metros. En ese instante, y sin reducir ni un metro por segundo de su velocidad, cambió bruscamente de dirección, recorriendo otros 17 metros en otra trayectoria en diagonal pero, en esta ocasión hacia la persona que parecía ser la cabeza del escuadrón. Efectivamente, su plan desde un inicio no era acabar con los soldados marines. Sabía que sus amigos eran capaces de realizar eso por su cuenta. No, debía aprovechar su velocidad y capacidad sobrenatural de desplazamiento para ir directo a por su líder. A pesar de la gran celeridad de su pasos, conforme más se acercaba Garnet hacia la marine, más era capaz de distinguir sus facciones y, oh dios.- Es... - A 10 metros de ella, se reparó en su atuendo, nada que ver con el uniforme típico y aburrido de la marine, presentando un boina y vestido rojo granate que le daba aire auténtico y distinto a la mujer.- Es... - A 5 metros, siguió enfocándose en su figura, elegante pero con sutiles curvas que dejaban fluir las imaginaciones más lujuriosas y juguetonas de Garnet.- Es... - Y, cuando estaba a tres metros de distancia, finalizó en su rostro, prácticamente oculto tras ese flequillo de oscuros cabellos - que finalizaban en dos perfectas trenzas - y que le daba un halo de misterioso que no paraba de excitar al perverso músico.- ¡ESTÁ QUE TE CAGAS! - Gritó y exclamó en su interior por poder visualizar a una diosa como esa, tras lo cuál pivotó hacia su derecha - describiendo un arco en sentido antihorario -, hasta situarse a su espalda y abrazarla fuertemente a la altura de sus brazos, impidiendo su movimiento. Acababa de realizar su técnica secreta y suprema: el abrazo del amor. - Pueje pueje, nos íbamos a pirar a montar un buen jaleo a las subastas pero eh chati, ¿si quieres nos vamos tú y yo a pasar un buen rato, eh? - Aferraba su cuerpo hacia su pecho con fuerza aunque con delicadeza para no hacerle demasiado daño.- Al menda no le importaría que alguien como tú le encadenara y castigara como es debido, ¿es o no es? Pueje pueje... - La cordura de Garnet abandonó el chat. El único animal que es capaz de caer dos veces con la misma piedra, ese no es otro que Garnet Matlock. Parecía que no había aprendido de su frustante y terrible experiencia con Ikirami. Esperaba que, al menos, sus amigos le hicieran entrar en razón.

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#22
Sasha asintió con el cabeza tras el agradecimiento de Kenzo, lo estaba haciendo por Tobías pero le daba igual, quiso marcharse de aquella situación rápido pero parecía que el niñato tenía ganas de hablar. Lo que la semioni no se esperó fue que alabara su forma híbrida, por una parte era incomodo porque no tenían esa confianza, pero por otra siempre le gustaba escuchar lo guay que era — No tengo ni idea, es una akuma no mi muy rara, soy como un rinoceronte con tres cuernos y escamas. Pero sigo molando mucho — explicó con el pecho inflado por el ego de que le dijeran que molaba mucho. Jolyne apareció dejando tranquilo al niño paranoico de la tripulación, eso con el haki de observación no le pasaría. Tobías por su parte había pedido – después de darle de forma disimulada a la adolescente un botiquín que agradeció con una sonrisa – que los Alas Negras le cubran para poder estudiar bien el robot, por lo que se situó detrás de la rubia para ello — ¡Tranquilo tito, yo te protejo! — contestó con una sonrisa y su Stardust en el hombro derecho, todavía seguía en forma híbrida de su akuma no mi y con el haki de observación activado, debía estar preparada en todo momento. La granjera entonces comentó que su saliva era milagrosa a la vez que sacaba un metro de su lengua, la joven pensó por un momento antes de mirarla a ella y luego a Tobías desde encima de su hombro — Eso es bestial Jolyne ¡Usa tu saliva en Tobías a ver si le crece otro brazo! — dijo emocionada – ignorando y apartando con la mano a Garnet tras la guarrada que había dicho – pensando que así podría solucionar el problema del vaquero manco, en su cabeza era una solución épica.
 
Pero no ignoró al músico de la tripulación cuando este dijo que se acercaba gente, Sasha se concentró en su haki de observación pero sin notar nada ¿El haki de Garnet se había roto? No tenía sentido. A los pocos segundos por fin detectó a mucha gente dirigirse a donde se encontraban, parecía que el haki de observación del pelirrojo tenía más alcance que el de ella. Era cierto que se acercaba una gran cantidad de personas así que su trabajo de proteger al barba naranja se complicaba un poco — Tobías voy a tener que separarme un momento, pero confío en ti ¡Eres súper fuerte! — ánimo al hombre con una sonrisa mientras se ponía en guardia. Para sorpresa de nadie eran marines, muchos, muchos marines. Se escuchó una voz que parecía femenina advirtiendo que estaban rodeados y que se tiraran al suelo, sacando una carcajada por parte de la semioni — Ji, ji, ji ¿El Archipiélago no es seguro para nosotros? — sonrió de lado con sorna, mostrando sus dientes blancos a la mujer y a los soldados — ¡Querrás decir que el Archipiélago no es seguro CON nosotros! — gritó emocionada al ver que podía seguir peleando, lo que no se esperó fue la corriente de aire que se cruzó delante de ella y que ya no contaba con Garnet a su lado — Mira como empieza la fiesta sin nosotros — pronunció a la vez que hacía girar su voladizo óseo de forma rápida y se lanzaba volando a ras de suelo hacia los marines, quienes pensaban erróneamente que la distancia era segura. Una vez llegó a la parte izquierda de la horda de marines empezó a mover su kanabo de derecha a izquierda y del revés dejando inconsciente a todos los marines que había sido buena idea ir a intentar capturarles. Los golpes de Sasha no se detuvieron en ningún momento, llevaba casi cien personas derrotadas e inconscientes a ese punto y fue entonces cuando escuchó la voz de Garnet ligar con la pobre mujer — ¡Garnet! Guarda el pito y deja a la vieja esa tranquila. Manda cojones que después de todo sigas en este plan con las marines — bufó tras advertir a su hermano que deje tranquila a la mujer. Aunque se hubiese puesto a hablar, la semioni seguía dando kanabazos a diestro y siniestro, perfectamente había dejado ko a ciento cincuenta personas, pero podía seguir así todo el día. La semioni se había acercado hasta estar a tres metros de la Contralmirante dando golpes a los soldados, una vez acabarán con ellos se giraría para encararla.
 
 

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#23
Le dediqué una mirada de admiración a Sasha, al contarme que poseía una fruta super extraña con un poder de convertirse en un rinoceronte con tres cuernos. Eso era increible. Por otro lado, estar con Tobias siempre me resultaba reconfortante. Era como estar cerca de una brisa suave en un día de calor, como encontrar un lugar seguro en medio del caos. Había algo en su presencia que traía calma, como si nada pudiera salirse de control cuando él estaba cerca. No hablaba demasiado, pero tampoco necesitaba hacerlo. Su manera de moverse, de observar las cosas con aquella paciencia inquebrantable, me hacía sentir que todo tenía un propósito, que cada pequeño detalle podía esconder un significado más profundo. Lo observé mientras levantaba los restos del robot destrozado, con aquella facilidad suya que parecía desafiar la lógica. Sonreí sin darme cuenta. Tobias no se limitó a sostener los restos, sino que comenzó a examinarlos con interés genuino, sus ojos moviéndose de un lado a otro, analizando cada pieza como si pudiera descifrar su historia solo con mirarlas. Me quedé en silencio, simplemente disfrutando de la escena. Era curioso cómo algo tan inerte y frío como aquel montón de metal podía despertar tanta curiosidad en él. Yo solo veía un montón de chatarra, pero Tobias veía algo más. Quizás engranajes ocultos, mecanismos secretos, o tal vez simplemente un rompecabezas esperando ser resuelto.

No pude evitar dar un respingo cuando Jolyne apareció de la nada. ¡Siempre había estado allí! Y yo, tan distraído con nuestra lucha que ni siquiera la había notado. Su poder era increíble, hacerse invisible a voluntad, ¡Eso era un auténtico regalo del destino! Imaginar todas las cosas que podía hacer con una habilidad así me hacía hervir de emoción. Espiar conversaciones secretas, robar comida sin que nadie se diera cuenta, asustar a la gente en los momentos más inoportunos… ¡Las posibilidades eran infinitas! Pero si eso ya me parecía una locura, lo que vino después casi me hace caer de espaldas. Jolyne sacó una larga lengua de su boca, una grotesca pero fascinante extensión de carne húmeda y brillante, y me dijo que podía curarme con su saliva.

-¡ESTO ES INCREÍBLE!- Exclamé, sintiendo cómo la emoción me hacía vibrar por dentro. -¡TIENES EL PODER DE LOS PODERES!- Dio igual que Tobias estuviera ocupado con su robot o que Jolyne me mirara con una mezcla de orgullo y diversión. En mi cabeza, aquella revelación era algo tan impresionante como si me hubiera dicho que podía volar o disparar rayos por los ojos. Me puse en posición heroica, abriendo los brazos como si me ofreciera en sacrificio. -¡CÚRAME CON TODO LO QUE TENGAS, JOLYNE!- Casi podía imaginarlo. ¿Me escupiría un chorro de energía mágica? ¿Me lamería la piel y desaparecerían las heridas al instante? ¿Tendría un sabor especial, como la miel o la menta? No tenía ni idea, pero una cosa era segura: esto tenía que ser una de las mejores cosas que había visto en mi vida.

La risa aún vibraba en mi garganta, el entusiasmo chisporroteaba en mi pecho, y todo el ambiente parecía sacado de una de esas aventuras con las que siempre había soñado. Estábamos juntos, nos divertíamos, todo era increíble. Hasta que Garnet habló. No fue el tono de su voz lo que me hizo detenerme en seco, sino la urgencia en sus palabras. Sus ojos reflejaban algo que rara vez veía en él, y eso era alarma. Viene gente. Mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente procesara del todo lo que estaba ocurriendo. Me giré bruscamente y, al hacerlo, mi corazón pareció dar un vuelco en mi pecho. Vaya si venía gente.

Ante nosotros, un enorme ejército de la Marina avanzaba con la disciplina implacable de una tormenta de acero. Filas y filas de soldados perfectamente organizados, sus uniformes blancos brillaban bajo la luz, sus botas resonaban en el suelo con un ritmo marcial que se clavaba en mis oídos como un tambor de guerra. Eran muchos, demasiados. Pero lo que más me llamó la atención fue la figura que marchaba al frente de todos. Una mujer de cabellos oscuros, vestida completamente de rojo, con una enorme espada descansando sobre su espalda. Su sola presencia imponía, como si la sangre que teñía su atuendo estuviera ahí para recordar a todos lo que pasaba con aquellos que se interponían en su camino. Garnet no lo dudó. En cuanto vio la situación, se lanzó a la carrera directo hacia ellos. Era de esperar. Él nunca huía, nunca vacilaba. Era un torbellino de fuego y caos en el campo de batalla. Sasha tampoco dudó, y se lanzó a por aquellos marines. Y yo no iba a ser menos. Sentí cómo la adrenalina recorría mi cuerpo, acelerando mis latidos, encendiendo cada músculo como una mecha a punto de explotar. Sin pensarlo dos veces, corrí detrás de Garnet, con una sonrisa ancha y feroz en el rostro por la emoción de batallar con mis compañeros.

El estruendo de la batalla se desató a mi alrededor en cuestión de segundos. El choque era inminente, y yo estaba listo para repartir tanta leña como pudiera. Los primeros soldados intentaron detenerme con sus sables y rifles, pero mis movimientos eran demasiado rápidos, demasiado impredecibles. Me deslicé entre ellos, esquivando golpes con la agilidad de un animal salvaje, atacando con puñetazos y patadas que resonaban en sus cuerpos como martillazos contra el metal. Los gritos de la batalla me rodeaban: órdenes gritadas, gruñidos de esfuerzo, el choque de las espadas y los disparos perforando el aire. Pero en medio del caos, algo llamó mi atención. Garnet se desvió. Lo vi abrirse paso como un demonio, ignorando a los marines rasos y fijando su vista en la capitana de rojo. La forma en que la encaraba… no cabía duda de que iba directo a por ella. Una pelea entre dos fuerzas imparables estaba a punto de comenzar. Sonreí muy confiado. Eso significaba que el resto quedaba en nuestras manos.

No me preocupé por buscar a los demás, pero algo en mi interior me decía que todos estaban haciendo lo mismo, luchar con todo lo que tenían. Me giré justo a tiempo para ver a otro grupo de marines abalanzarse sobre mí. Sus rostros estaban llenos de furia y determinación, creyendo que podrían detenerme. Crucé los nudillos y, con una carcajada feroz, me lancé de nuevo al combate.


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Alas Negras
- Narro - Hablo -"Pienso" -
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#24
Confiando en sus compañeros, Tobías trato de escudriñar las entrañas de aquella futurística máquina con forma humanoide. No era moco de pavo esa tecnología, el manitas no era capaz de ver ni el más mínimo indicio del origen de la energía que lo alimentaba, no lograba entender cuales eran los mecanismos que otorgaban a aquel ser su capacidad motriz. "¿De dónde demonios proviene esta tecnología?" Miles de preguntas y ninguna respuesta. Por suerte, su memoria le ayudaría a dibujar todos esos esquemas eléctricos que no alcanzaba a entender. Tener eso igual serviría de algo el día que comprendiera más a fondo esa futurística ingeniería. Tobías estaba tan inmiscuido en comprender algo en toda esa complejidad de cables y electrónica, que hasta que Sasha no le advirtió que se adelantaba y dejaba de cubrirlo. Fue consciente entonces de la marabunta de marines que se apelotonaban frente a ellos. La semioni salió volando hacia el frente, directa hacia el pelotón, liándose a kanabazos con todos los que se encontraba. Le costó ver a Garnet, el cual se hallaba llegando hasta una tipa que parecía comandar el pelotón, por el flanco derecho de ésta. Kenzo seguía su estela y se introducía a palos por la parte izquierda fondo de la horda de marines. 

"Nada, ya he visto suficiente de este bicho. No puedo sacar ninguna conclusión ahora. Por desgracia va a molestar más que otra cosa. Gracias por nada. Bueno, se me ocurre algo, jish jish jish."  Tobías se despidió del robot, alzándolo después unos cuantos metros por encima de su cabeza, unos quince, para proyectarlo contra la retaguardia derecha del montón de marines que les cortaban el paso por delante. Le requirió un gran esfuerzo tanto elevar esa mole como proyectarla contra los enemigos, pero él también se había vuelto más fuerte. Ver como aquella amalgama de chatarra arroyaba a una gran parte de aquel escuadrón de perros del gobierno, dibujó una frívola y maníaca sonrisa en el rostro del joven barba naranja. - ¡JISH JISH JISH JISH JISH! ¡Morid, malditos bastardos! - Esa faceta era difícil de ver en el amable carpintero, pero había pocas cosas que odiara tanto como a los marines, y ahí había un buen pellizco de éstos. 

El resto de compañeros estaban derribando a aquella masa de marines, Garnet había amarrado a la que parecía la cabecilla. La situación no parecía desalentadora, pero esa afirmación no es algo que se pueda firmar tan fácilmente, ojalá. 


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Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-
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#25
Todos parecían encantados con mis habilidades curativas. - Mirad y aprended. Así es como se cura de verdad - les dije a todos. No sabía si llegaría al punto de regenerar un brazo, pero podría intentarlo. Con un sonoro gargajo, empecé a preparar uno de mis mejores escupitajos para Garnet, que había sacado su pecho para probarlo. Su cara cambió de un momento a otro volviéndose más serio y dejando de estar tan predispuesto a que le escupiera. Al parecer, se había dado cuenta de que alguien venía hacia nosotros. No podía saber si se trataba de algún enemigo o no, pero viendo la que se había montado hace nada con la chatarra esa, volví a camuflarme por si las moscas.

Para cuando me quise dar cuenta, teníamos ante nosotros a un grupo enorme de marines mangurrianes en formación y a una mujer al fondo que parecía la líder pidiendo nuestra rendición. Al primer grito que pegó aquella mujer, me dio un sobresalto y se me pusieron las escamas de punta. No habíamos terminado de recuperarnos por completo de la anterior pelea y ahora nos encontrábamos con esto. Era con diferencia nuestro peor día en las islas, y seguro que Triana estaba por ahí de juerga ella sola. Volviendo a nuestro problema, bastó con echar un vistazo para darme cuenta de que teníamos a varios cientos de marines situados a unos siete burros de distancia, y a no mucho más de unos doce, a la mujer que nos había estado amenazando. Empecé a preocuparme. No me hacía falta sacar cuentas para saber que no tenía balas ni para empezar con ellos, y encima hablaba de refuerzos en el Archipiélago. ¿Seria el momento de escapar por patas simulando ser un simple e inocente camaleón de Sabaody que apareció ahí por casualidad? No lo descartaba, pero tal vez más tarde. De un momento a otro, Garnet había desaparecido de nuestro lado a una velocidad que no era capaz de percibir. Sasha y Kenzo tampoco se quedaron atrás, y se lanzaron a por el grupo sin pensárselo dos veces. Tobías parecía que iba a hacer lo mismo. - Bueno, de perdidos al río - pensé dejándome llevar. Aunque la mujer que parecía la mandamás estaba dentro de mi rango, tenía a su cargo a demasiada gente que podría ser un gran dolor de cabeza. No me quedaba otra opción que colaborar para deshacernos del tumulto y esperar que Garnet se encargara de ella.

Primavera del año 7
Eran las finales del campeonato de béisbol en las fiestas del pueblo. Tan solo una primavera atrás, Sam "el rarito de las cabras",  Mery "la comemocos", los gemelos Bill y Will "los siameses siniestros",  mi perro "el recogepelotas", y yo, solo éramos unos novatos que acababan de fundar el equipo que les llevaría a directos a las semifinales tras ganar su primer torneo. No fue fácil llegar hasta allí, pero con mucho esfuerzo lo conseguimos. El día de la final llovía, la tierra estaba mojada y resbalaba. Estábamos a tan solo una carrera de conseguir la victoria contra el equipo de Helen. Por desgracia, Sam "el rarito de las cabras" se había comido doce chocolatinas de golpe y no podía recorrer todas las bases. "Jolyne Jones de los Gatos Salvajes se posiciona para batear" dijo el comentarista a través de uno de los den den mushis repartidos por el descampado. Aunque eran rápidos, los movimientos del lanzador no eran ningún secreto para mí. Yo era la última esperanza para el equipo. La gente del pueblo mantenía la expectación y se podía escuchar algún grito por encima de otro. Al primer lanzamiento, apreté con fuerza el bate y...

Eso sería otra historia que contar. Corrí camuflada unos trece metros hacia el grupo de marines que quedaban entre Tobias y Kenzo. Situándome a unos dos metros de su formación, desenrollé mi lengua y agarré a uno de los marines por las piernas. No tenía balas suficientes para todos, pero todavía tenía mis recursos. Empecé a zarandearlo y a usarlo de bate para golpear al resto de sus compañeros, mientras lo usaba como escudo para bloquear sus ataques. También movía mi cola para golpear a lo que se pusiera a mi espalda. Tampoco es que me dieran pena, porque al fin y al cabo, ellos fueron los que atraparon a Yojimbo.

Ah, y para los curiosos, el partido acabó suspendiéndose por la lluvia.


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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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#26
Como si fueran hormigas, cada uno de los soldados que Erza llevó delante de los Alas Negras cayeron brutalmente, como si fueran arrasados por un camión a toda potencia. No quedó ni un en pie, los ataques combinados de Sasha, Tobias, Kenzo y Jolyne arrasaron por completo. Por su parte, Erza fue sorprendida por Garnet, moviéndose a una velocidad extraordinaria y abrazándola por detrás para, como de costumbre, tirarle los trastos a cualquier ser viviente con dos pechos y una cara guapa.

— Lamento decirte que me va más la bollería, michi. Ese revolcón que tanto buscas no va a poder ser — Le dijo mientras el pirata felino le agarraba. Erza pudo fijarse como estaba completamente sola, inmovilizada de brazo y torsos, y delante suya tenia a toda una tripulación peligrosa — Mira que dije que esto no era suficiente para pararos — Suspiró largo y tendido, mientras se colocaba el flequillo con un movimiento lateral a la derecha de cabeza.

— Podéis hacer lo que queráis conmigo. Habéis ganado esta pelea, pero no la guerra. Seguís estando rodeados por la Marina totalmente, así que yo he cumplido. Ahora bien, pensad las consecuencias... Vuestro capitán está capturado y totalmente preso en Impel Down. A la Marina no le hará gracia los resultados de vuestras acciones, y puede ser que el lunarian pague las consecuencias de todo lo que hagáis — Dijo con una sonrisa desafiante — Si no queréis que le pase nada, os recomiendo soltarme y dejarme ir, y no me interpondré en vuestro camino — Ladeó la cabeza hacia la izquierda — Todo el tiempo que ganéis para huir de aquí es valioso, ¿no? Creedme que si lo digo es por algo —

Erza comenzó a mirar a los alrededores — Aunque, no veo a Triana Tempesta por ningún lado... —

La contralmirante sabia que estaba entre la espada y la pared, pero no le importaba, a pesar de jugar sus cartas.

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#27
En un suspiro, el más de medio millar de marines que rodeaban a los Alas Negras mordieron el polvo gracias a la acción conjunta de Sasha, Tobías, Jolyne y Kenzo. Garnet confiaba en ellos ciega y plenamente, por lo que no le resultó ninguna sorpresa en que aquello acabara de esa manera. No obstante, sus sentidos estaban demasiado centrados en cortejar e intentar llevarse - como bien decía él - "al catre" como para prestar atención a la destrucción que habían propiciado sus amigos, todo hasta que, el grito de la semioni - implorándole que se dejara de milongas con la contraalmirante - le hizo volver a sus sentidos.- ¿¡Cómo que vieja!? ¿¡No has visto que está de toma pan y moja o qué!? - Intentó hacerle ver que su delirio sexual estaba justificado. Aún así, el peso de las palabras de Sasha era mayor. No sólo se habían aventurado a desafiar el orden impuesto, a los marines y desbaratar las subastas de esclavos, sino que debía aprender de lo sucedido con Ikirami. - Pero tienes razón, colegui. - Suspiró, intentando entrar en sus cabales, pero sin aflojar el agarre que aprisionaba a la contraalmirante. Para más inri, ante la propuesta sexual del músico, la chica uniformada de escarlata dejó clara su orientación sexual, confesando que, en efecto, le gustaban los mujeres, causando que Garnet se pusiera de morritos.- Pues que putada. - Ahora sí que su oportunidad de mojar el churro con la marine se había desvanecido por completo.- Eh, pero si un día cambias de opinión hazle al menda un llama cuelga, ¿es o no es? - Insistió, guiñándole el ojo derecho a la mujer. No había objeto más pesado en el universo que el skypiean no dándose por vencido en su intento por ligar.

Antes de que pudieran hacer algo con ella, la marine declaró que podían hacer con ella lo que quisieran, incidiendo en que, por mucho que hubieran derrotado a su pelotón, aún quedaban muchos más marines esperando el momento de capturarlos en el Archipiélago. Hasta ese punto, los Alas Negras eran conscientes de a que peligro se exponían en el mismo momento que salieron del Solar Karma, era otro día más en la oficina. Sin embargo, las siguientes palabras que salieron por la boca de Erza, estremecieron por completo el alma de Garnet, amenazando con que, si seguían en ese mismo plan, sus acciones podrían acarrear que sucediera algo con su capitán preso en Impel Down.- Serás... - Gruñó hacia sus adentros de rabia, ¿acaso les estaba chantajeando emocionalmente? Seguidamente, preguntó por el paradero de Triana Tempesta tras mirar a su alrededores.- No sabe dónde está, ¿huh? - Concluyó el pelirrojo ante la afirmación de Erza. Aún no podía determinar si era alguna especie de farol pero, si no tenían en claro su situación, quizás no había tenido ningún encontronazo aún con la marina. Era desde luego una opción más que plausible. Sin embargo, las pelotas de Garnet se habían hinchado bastante con la actitud de la chica.- Al loro, bombón, ¿que lo que hagamos va a tener consecuencias? - Sin deshacer el abrazo, le dio media vuelta a la marine para que pudiera mirarla cara a cara.- ¡No me hagas descojonarme! Desde el mismo puto minuto uno en el que salimos al mar llevamos viviendo nuestra vida así, ¿es o no es? - Acercó su cara a la de la mujer, con cuidado de no ensartarle sus colmillos en ninguna parte de su cuerpo.- Para alguien que vive por y para la libertad como Yoji, no hay mayor tortura que estar enchironado en una cárcel. - Determinó con cierta lógica el hecho de que, el mero hecho de estar encerrado en una prisión, debía ser el mismísimo infierno para el lunarian.- Aún así él puede y podrá aguantar todo lo que echéis, porque así es él, el que se convertirá en el próximo rey de los piratas. - Por mucho que no estuviera Yojimbo en la línea de juego, Garnet confiaba plenamente en que en algún momento saldría y, sería justo en ese entonces que el mundo se pondría de verdad patas arriba.- Como sus coleguis, es ahora nuestro turno de hacer que os cosquéis que es lo que pasa si se meten con uno de los nuestros. - Prosiguió, pasando a rodearla - también a la altura de sus brazos y sin darle opción a escaparse - tan sólo con su brazo izquierdo, quedando libre el derecho.- Así que ninguno pensamos cagarnos por tus palabras, vamos a reventar esa venta de esclavos, encontrarnos con Triana y hacer que ese tolai de Joe Joestar venga para darle su merecido. - Sentenció, mirando aún fijamente a la mujer uniformada de rojo.- Pero no te rayes, no te vamos a hacer nada, o al menos el menda no piensa desperdiciar a alguien tan guapa como tú pueje pueje. - Dejó clara sus intenciones pues quería evitar el tener que dañar a una belleza de ese calibre. Lo cierto que cada segundo que se pasaba mirándola hacía que su enfado y cabreo disminuyera considerablemente.

- ¡Coleguis! ¿Os hace que nos la llevemos con nosotros? - Dirigió sus pupilas a cada uno de sus amigos, caminando unos 5 metros hacia delante y quedando a unos 6 de Sasha a sus 2:00 y a otros 6 de Jolyne pero a sus 10:00, siendo las dos chicas quienes más cerca estaban de Garnet.- Nos puede responder algunas preguntas que tengáis, igual ella sabe dónde está el equipo de Joe, ¿es o no es? - Contar con alguien que les pudiera proporcionar información nunca estaba de más y, además, teniendo tanto él como Sasha y Tobías el haki de observación, les podía ser más fácil discernir si lo que les respondía era verdad o mentira.

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#28
Tobías, Jolyne y Kenzo no tardaron en unirse a la pelea, entre todos acabaron con los marines dejando solo en pie a la Contralmirante, para su mala suerte, en manos de Garnet. Cada uno había vencido a aquel grupo de diferentes maneras y cada uno fue más original que la anterior. Sasha no pudo evitar reír al ver como Tobías había decidido lanzar al robot o como Jolyne usaba a un marine para pegar a otros. La semioni no pudo evitar suspirar de forma pesada ante la respuesta de Garnet sobre que la marine no era una vieja, entonces escuchó a la mujer que tenía agarrada el músico, no había entendido el comentario de la bollería, pero por la reacción del skypiean mitad gato parecía que – obviamente – lo había rechazado. La rubia lo agradeció, aunque su hermano no quisiera nada con la marine era mejor que la otra no mostrara interés en él.
 
Erza no paró ahí, les dio un largo discurso, el cual escuchó la joven sin prestar demasiada atención. Apoyo su Stardust en el hombro derecho y frunció el ceño cuando escuchó que habló de Yojimbo ¿Cuánto podían hablar los marines de cosas que no venían al caso? De paso también nombró a Triana, la Contralmirante le estaba dando mucha pereza. Pero reflexionó sobre sus palabras, le sorprendió que lo que hicieran se lo harían pagar a su capitán, eso estaba mal, él no tenía la culpa de lo que hicieran ellos fuera. Garnet aprovechó para decirle todo lo que pensaba, era normal que se pusiera así y no lo iba a parar, cuando por fin se quedó tranquilo de decirle todo decidió tomar la palabra — Eso que dices es una puta mierda, si todos hacemos lo mismo habría gente inocente sufriendo. Tú no tienes la culpa de lo que nos ha hecho Joe y Yojimbo no tiene la culpa de lo que estemos haciendo nosotros. No nos interesas y no te vamos a hacer daño — habló Sasha de forma seria al ver la mentalidad de mierda que tenían los marines de ojo por ojo. El músico de los Alas Negras volvió a hablar preguntando si la llevaban con ellos hasta la casa de subastas — A mí me da igual. Mientras no le babees y no te portes como un guarro que venga, pero si lo hace será desarmada — sentenció la joven mientras caminaba y aprovechaba el agarre de Garnet para quitarle las dos katanas a la mujer. Yojimbo usaba sus puños para pelear así que no había problema con su filosofía de ojo por ojo, porque el capitán no tenía dos katanas, además que así no le haría daño a Garnet o a cualquiera de ellos si se las apañaba para escapar. Una vez se las quitó, Sasha se las puso a su espalda en forma de equis, y se separó de Garnet avanzando hacia la casa de subastas — A ver si paran de tocar los ovarios de una vez — se quejó la joven entre dientes mientras avanzaba mirando hacia delante. Se encontraba a tres metros en diagonal de Garnet, intentando – de nuevo – guiar a la tripulación de los Alas Negras hacia su destino.
 
 

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Energia: 2494 + 73 = 2567
Espiritu: 1860 + 0 = 1860
#29
¡Esto es increíble! El aire seguía vibrando con la intensidad de la batalla, pero el ejército de marines ya no era más que un montón de cuerpos tirados, unos inconscientes, otros gimiendo de dolor, y unos pocos que intentaban arrastrarse lejos de nosotros. Me sentía imparable, como si toda la energía del mundo recorriera mi cuerpo. Mi pecho subía y bajaba con fuerza, mi piel ardía por el esfuerzo, pero la euforia lo opacaba todo. Miré a mi alrededor, asegurándome de que todos seguían en pie. Sasha actuaba como si esto no hubiera sido más que un calentamiento. Jolyne tenía una sonrisa orgullosa, su expresión radiante, reflejando la emoción del combate. Y Tobías… bueno, Tobías había sido la estrella del espectáculo.

Lo miré con los ojos brillando de emoción. ¡Había lanzado aquel robot destrozado contra el ejército enemigo como si fuera un simple juguete! La imagen seguía grabada en mi cabeza, el enorme armatoste girando por el aire, cayendo justo en medio de los marines con un estruendo que hizo temblar el suelo. El impacto los dejó completamente atontados, dándonos la oportunidad perfecta para acabar con el resto sin mucha resistencia. -¡Tobías, eso fue increíble! ¡De verdad! ¡Eres ultra mega super maxi fuerte!- Solté, aún riéndome de la escena. No pude evitar soltar una carcajada. Toda la situación había sido tan absurda como impresionante. Habíamos vencido. Y no solo eso, lo habíamos hecho de manera aplastante. Sentí el impulso de seguir, de buscar más enemigos, de seguir peleando hasta que no quedara ni un solo obstáculo en nuestro camino. Pero el campo de batalla estaba despejado.

Segundos después, la marine que tenía Garnet completamente inmovilizada comenzó a hablar. Las palabras de la marine hicieron que un escalofrío me recorriera la espalda, pero mi orgullo y mi rabia fueron más fuertes que cualquier duda. Decía que nuestro capitán estaba en Impel Down, que todo lo que hiciéramos ahora traería consecuencias, que si realmente queríamos salvarlo, lo mejor era dejarla ir. Intentaba sonar firme, amenazante incluso, pero su voz delataba el miedo. ¡Cobarde! Eso era lo que era. Una cobarde tratando de negociar su salida con palabras huecas y advertencias sin fundamento. ¿Creía que íbamos a rendirnos solo porque nos lo pedía? ¿Porque mencionaba a Yojimbo como si eso nos hiciera temblar? ¡Ja! No sabía con quiénes estaba tratando.

-¡Pero serás cobarde!- Le espeté, mi voz cargada de furia. Mis puños se apretaron con tanta fuerza que los nudillos me dolieron. -¡Ya te estás vendiendo y diciendo que te dejemos libre! ¡Cobarde! ¡No vales nada, ni como marine ni como persona!- Su expresión no cambió demasiado. Seguramente no estaba acostumbrada a estar en esta posición, a ser la prisionera en lugar de la cazadora. Respiré hondo, intentando calmar la furia que me quemaba el pecho. Pero no podía. La idea de Yojimbo encerrado en esa maldita prisión infernal, mientras esta basura intentaba salvar su propio pellejo, era insoportable. -¡Además, pase lo que pase, Yojimbo saldrá de Impel Down!- Continué, con una determinación que resonó en mis palabras. -¡Y seremos nosotros los que consigamos liberarlo después de liberar a absolutamente todos los esclavos de aquí! ¡Es que nos da igual!- El silencio que siguió fue denso, tenso. Sabía que lo que decía no era solo un arrebato de rabia. Era la verdad.

El plan de Garnet era claro y directo, y no era otro que llevarnos a la marine y sacarle toda la información posible. No había tiempo que perder, y aunque la pelea había terminado, la tensión seguía flotando en el aire. Sasha, que parecía que era la más precavida, le arrebató las dos katanas a la prisionera sin dudar, asegurándose de que no representara una amenaza. No tenía pinta de que fuera a intentar algo estúpido en ese momento, pero no podíamos permitirnos el lujo de confiar en ella. Había que ser cautelosos. Con la decisión tomada, comenzamos a andar en dirección a la casa de apuestas, siguiendo un camino marcado por Sasha. La adrenalina aún burbujeaba en mi interior, pero a medida que avanzábamos, la rabia inicial comenzó a disiparse, dando paso a una preocupación mucho más profunda. Yojimbo… ¿Cómo demonios había terminado en Impel Down? No era un tipo fácil de vencer, y si Joe lo había capturado, eso solo significaba que la pelea había sido brutal. Algo había salido mal, muy mal.

No podía seguir en la incertidumbre. Necesitaba respuestas, y no iba a esperar más sabiendo que teníamos presa a una marine que seguro sabría mucho más que nosotros y el propio periódico. -A ver, tú. Cuéntanos absolutamente todo lo que sepas de Yojimbo.- Solté con voz firme, mirando directamente a la marine. -Quiero saber cómo está, en qué condiciones llegó a prisión, cómo lo hizo el tal Joe para vencerlo y qué planean hacer con él. Y no nos mientas, puede ser peor para tí si te pillamos la mentira.- Amenacé levemente. Clavé los ojos en ella, esperando cualquier signo de duda o mentira. No pensaba dejar que se saliera con evasivas. Si ocultaba algo, lo descubriría.

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Alas Negras
- Narro - Hablo -"Pienso" -
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Vitalidad: 3592 - 200 = 3392
Energia: 1182 - 35 = 1147
Espiritu: 492 + 0 = 492
#30
Con la ayuda de Tobias, Sasha y Kenzo, pudimos  acabar con todos los marines que estaban en formación. Garnet, que había desaparecido desde el primer momento, había aprovechado para esquivarlos a todos e ir directo a por su líder, consiguiendo agarrarla. Para cuando nosotros acabamos con toda esa panda de mangurrianes, la mujer estaba completamente inmovilizada. Volviendo a estar visible, y escuché con rabia cómo se ponía a hablarnos de que Yojimbo pagaría las consecuencias de nuestros actos y de que le gustaba la repostería, además de pedirnos que la soltáramos para que nos diera tiempo de huir.

Por mi parte, siempre había pensado que una retirada a tiempo podía ser una victoria, pero si decidían pelear, yo haría lo mismo. Garnet, Sasha y Kenzo me animaron con sus palabras y, aunque me había agotado por los anteriores enfrentamientos, me hicieron querer seguir aguantando por Yojimbo. Sería capaz de ir a cualquier sitio por él, y todavía no le había dado las gracias por meterme en la mayor competición de este mundo.

Por si fuera poco, aquella mujer también preguntó por Triana. - Eso me gustaría saber a mí. Dónde se habrá metido esa mujer - pensé algo inquieta. No había vuelto a dar señales desde que nos dijo que rodearía los escombros para reencontrarse con nosotros. Aunque me preocupaba enormemente lo de que este sitio estuviera plagado de los suyos, nosotros no estábamos del todo solos. - No deberías preocuparte solo por Triana. Que sepas que nosotros también también tenemos refuerzos. Aún hay otro más de los nuestros vigilando por ahí. Obviamente no le iba a decir que Jimba se encontraba en el barco por si decidían atacarlo, pero algún picotazo seguro que se llevaban. - Por mí no hay problema, estoy de acuerdo con lo que decidáis hacer con ella - finalicé, dispuesta a seguirles.


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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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