[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (V) - Solar Karma
#21
No les quité el ojo de encima a los carpinteros mientras trabajaban. Esperaba que no nos estuviesen estafando, pero que Tobías estuviese implicado en el proceso me tranquilizaba. Al menos él sabría más o menos lo que estaban haciendo. No parecía una tarea común. No empleaban las típicas herramientas ni tablones de madera, sino una especie de sustancia viscosa y asquerosa. Más les valía que el barco no se nos quedase pegajoso o, peor aún, apestoso. Ya no sabía qué más sorpresas nos iba a deparar aquel viaje, pero estaba abierta a esperar cualquier cosa. Por lo menos todos parecían de lo más preparados. Kenzo estaba ansioso por recibir órdenes, Jolyne estaba atenta por si podía ser de ayuda, Garnet estaba en el interior del barco preparando algo de comer, Sasha estaba pendiente de los carpinteros, aunque parecía algo irritada, y Tobías trabajaba activamente en el recubrimiento del barco. Yo tampoco podía aportar demasiado, lo menos que podría hacer era prestar atención al entorno por la situación se descontrolaba. No me parecía descabellada la idea de ser atacados repentinamente. Por suerte, esto no ocurrió.

En lugar de quedarme con los brazos cruzados, en los últimos minutos antes de pudiésemos zarpar subí al barco para asegurarme de que todo estaba listo. Nada más nos diesen el visto bueno, nos largaríamos. No quería esperar ni unos segundos, así que todo tendría que estar ya preparado. Subí con la intención de terminar de preparar el barco si era necesario, pero ya se había encargado Kenzo. Solo faltaba que los carpinteros terminasen de trabajar con esa sustancia viscosa. No pude evitar imaginar para qué podría servir exactamente o cuál sería su funcionamiento. Tal vez hiciese que el barco fuese más rápido por el agua. Inmediatamente descarté esta idea. Habían dicho que era necesario para llegar a la isla Gyojin, así que no tenía demasiado sentido que afectase a la velocidad. Tampoco sabía dónde estaba la isla Gyojin, puede que en la cima de una enorme cascada y gracias a esa sustancia pudiésemos subirla. Yo juraría que había escuchado que estaba bajo el mar, pero eso haría que fuese imposible para nosotros llegar, incluso con aquel moco cubriendo el barco.

No tardaron demasiado en terminar su trabajo, tal y como nos habían dicho. También tenía algo que ver que la isla estuviese al borde del colapso. En este punto, no creía que nadie en su sano juicio quisiera quedarse allí. Los trabajadores habían hablado con Tobías, así que era él el que sabía cómo funcionaba lo que sea que hubiesen hecho a nuestro barco. Antes de que pudiese acercarme a preguntarle, accionó una especie de aparato y la sustancia pegajosa comenzó a despegarse del barco para inflarse con nosotros dentro. —¿Qué cojones…? —fue lo único que pude decir mientras veía cómo esa capa viscosa ascendía cada vez más hasta cubrir el barco entero. Ahora ya sí que me podía esperar cualquier cosa de nuestro próximo destino. Si para llegar era necesario todo aquello, algo me decía que el viaje no iba a ser para nada tranquilo y sencillo. Afortunadamente, teníamos a Tobías y sus conocimientos sobre la estructura del barco y a Sasha y sus conocimientos de navegación.

Después de que el barco estuviese completamente cubierto, Tobías me informó de que ya podíamos zarpar cuando diese la orden. Ya no podíamos hacer nada más en aquella isla, sobre todo después de la misteriosa explosión, así que lo más sensato era irse cuanto antes. —De acuerdo. Nos largamos —dije para que todos se colocasen en sus posiciones y comenzásemos a movernos.

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#22
Con mi mente pastando en otros asuntos y en cómo toda aquella gente había llegado a parar a ese lugar y con ese oficio, acabé subiendo a nuestro barco. — ¡Jimba! Allá voy... Y espero que no te hayas comido mi maíz o vas a saber lo que es bueno — dije mientas dejaba asomar mi cabeza al interior del barco. A los pocos segundos, el sonido de unas patitas arañando y derrapando por la madera se oían cada vez mas bruscas y cercanas. Fueron pocos los segundos hasta que Jimba se dejó ver en ese lado de la cubierta, correteando y tambaleándose hacia donde yo estaba. En aquel momento, solo podía pensar en lo que se habría asustado al oír todo el jaleo que estaba montado ahí fuera. Abrí mis brazos preparada para recibirla y olvidar todos sus posibles errores —como quedarse dormida en lugar de vigilar nuestro barco—, pero justo cuando estaba a un par de metros frente a mí, Jimba se detuvo en seco y empezó a mirar hacia el suelo, siguiendo un rastro hacia la derecha. Bajé los brazos de inmediato y, con sigilo, me acerqué a ella por detrás para agarrarla de las patas,  aprovechando que estaba distraída con el viscoso suelo. — Vamos a ver qué has estado tramando todo este tiempo.

Con Jimba agarrada de las patas y sin poder hacer más fechorías, miré a Tobías, que se acercaba al centro de la cubierta con una especie de aparato extraño. Al accionarlo, lo que parecía un simple recubrimiento viscoso empezó a inflarse  como una gran burbuja, provocándome aún más dudas que antes. Si esa cosa era tan frágil como parecía, nos podíamos dar por timados. Gato por mapache como aquel que dice. — Oye Jimba, esto ha costado casi medio centenar de vacas, así ni se te ocurra picotearlo, ¿me has oído? — le dije para que se diera por advertida mientras la burbuja crecía. — Y no seré yo quien diga a toda esta gente cómo hacer su trabajo, pero que sepas que esto no es nada. Yo podría haber hecho lo mismo con unos cuantos caracoles.

Tras mandar a Jimba al interior para protegerla —o mejor dicho, para proteger al barco—, me quedé esperando las órdenes para poder zarpar. No quería tener que vérmelas con ese pez Emperador Búho ni que otros marines vinieran a por nuestras cabezas. Antes que nada, debía practicar con Jimba para el concurso de bailes de salón. 

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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#23
Paseaba por las anodinas calles de Sabaody, con mis manos entrecruzadas entre sí y por detrás de mi cabeza, haciendo caso omiso a la rutina de la plebe de mi alrededor que disfrutaba de su mísera e insignificante vida. Como una de las herederas de las familias fundadoras, si me daba en gana, podía partirle la columna vertebral a más de uno o convertirlo en mi esclavo por el resto de su existencia. Pero para la fortuna de todos esos infelices, mi máxima prioridad ahora era otra. Quinque había avisado a mi leal sirviente de que habían avistado a tres peces gordos, frente a la Hells Paradise, a dos capitanes piratas y otro revolucionario que se estaban empezando a labrar un nombre en el Grand Line. ¿El motivo por el que estaban ahí? No me importaba lo más mínimo, pero tampoco era cuestión de dejar vagando a simples hormigas en nuestro territorio, que lo atacaran y se llevaran a alguno de nuestros esclavos. Era una simple cuestión de orgullo, y ya está.

Estando a medio camino de la Casa de Subastas, el Den Den Mushi que llevaba encima empezó a sonar y a vibrar en el bolsillo derecho de mi pantalón, provocando que resoplara y chasqueara la lengua. Aparté las manos del cogote y llevé mi diestra hacia dónde se ocultaba, descolgándolo justo en ese preciso instante.- ¿Sí? - Respondí de mala manera, escuchando una voz carraspear y toser al otro lado de la línea.- Disculpe, señorita Verus… - Dijo la voz, la cuál pude identificar al segundo.- Ah, eres tú, Wammy. - Dije sin importancia.-  Dime, ¿qué pasa? - Añadí, dejando a mi sirviente que hablara.- Verá, quería actualizarle sobre la situación de la Hells Paradise y resulta que… - Quiso comunicarme algo mi mayordomo, pero no pude terminar de escucharle, ya que hubo algo que captó mi atención. Algo de tan gran escala como era una enorme explosión que resonó en todo el Archipiélago y, cuya columna de humo y fuego se oteaba en lo que debía ser el manglar 30. Fascinada, por lo improbable que era que sucediera algo de tal magnitud, me detuve y me quedé observando en trance la seta de humo que había generado tal estallido, ¿qué clase de persona o criatura había sido capaz de hacer algo así? Una siniestra sonrisa se dibujó en mi rostro, la cuál se apagó en segundos cuando los gritos de Wammy repitiendo mi nombre, una y otra vez, me sacaron de mi embelesamiento.- Señorita Verus… - Insistió, una última vez, antes de volviera a dar señales de vida.- Sí, sí, que ya voy para allá. - Le puse mala cara al Den Den Mushi, y proseguí andando hacia la Casa de Subastas. Viendo que era bastante probable que nuestra red de tráfico de esclavos estuviera bajo un ataque inminente, activé hasta los 700 metros mi Kenbunshoku Haki.

- ¿Se sabe algo sobre la fruta y la esclava desaparecida? - Pregunté, con tal de tener algo de entretenimiento hasta llegar a la Hells Paradise. Habían pasado cerca de dos meses y aún no se sabía nada sobre esa prófuga que se había escapado de nuestras garras, ni de la akuma no mi que se había llevado con ella. Nada más que la Mera Mera no mi.- Me temo que no. Preguntamos en los astilleros hace unos días y dicen que pudieron haber avistado a una mujer parecida a la descripción de la esclava escapándose de la isla. Pero no hay nada confirmado aún. - Explicó con la solemnidad y parsimonia que caracterizaba a Wammy cuando, nuevamente, algo hizo que atrajera mi interés siendo, en este caso, una debilitada y familiar aura, a unos 700 metros de mi flanco derecho.- ¿Pero qué…? - Giró sobre mi misma, quedando orientada hacia el lugar del que procedía esa presencia, y concentrando toda mi atención y sentidos en analizarla. Ese color rosa, esa forma humeante y chisporroteante, me quería sonar de algo, pero ahora mismo no caía en la cuenta. Me quedé absorta, mirando en aquella dirección, e intentando atar los cabos de mi incertidumbre, hasta que la imagen del hombrecillo enmascarado me vino a la mente.- No me digas que… - Me queda ojiplática, recordando a aquel individuo que conocí en la subasta, el mismo día que yo perdí a la esclava con la Mera Mera no Mi. Un hombre cuyo rostro ocultaba que se apareció ante mi como un fantasma del pasado. En su momento, no pude comprobar su identidad pero, extrañamente, había algo de él que me era familiar. Demasiado, quizás. Me recordaba a algo, y necesitaba averiguar a qué.- Voy a retrasarme un poco, Wammy. - Anuncié tras lo cual y, sin dejar que mi sirviente respondiera, colgué el Den Den Mushi y cambié mi objetivo hacia donde quiera que estuviera yendo esa aura.

Tras varios minutos divagando e inmersa en no perder el rastro de esa presencia, ésta se detuvo en algún lugar del manglar 0, lugar que, según la posición en la que se encontraba, debía pertenecer al muelle de los astilleros. Junto a la presencia que captaba mi interés, había muchas más auras - la mayoría de ellas debilitadas -, que correteaban como insectos de un lugar para otro, estando así durante un buen rato hasta que se quedaron más estáticas, dividiéndose en lo que parecían ser tres grupos debido a sus posiciones. Debían estar preparándose para abandonar el campo de batalla, supuse, frunciendo mi ceño ante tal hipótesis. No había mayor prueba de debilidad que aquella misma. Y la debilidad me sacaba de quicio.

Al llegar al muelle y estando a unos 100 metros aún de distancia, pude otear con mi único ojo tres navíos distinguidos, quedando cada uno separado a unos 20 metros respecto al otro. De ellos tres - el más situado a la derecha respecto a mi punto de vista - sobresalía un enorme galeón sin bandera, al cuál se le estaba actualmente hinchando el revestimiento de resina tan característico de Sabaody. Observé como los otros dos barcos - no tan notables como el primero -, hacían lo propio. Pero tan pronto como miraba hacia ellos volví a dirigir mi mirada hacia el primer barco en el que había puesto mi atención, al ser en él en el que residía lo que en aquel momento me interesaba. Según podía sentir con mi haki de observación, en él había 8 presencias, siendo el poder de dos de ellas prácticamente minúsculo, otras dos denotando estar gravemente heridas o débiles, y el resto estar más o menos de una pieza.



En ese momento, y sin importarme lo que fuera a suceder a continuación, comencé a correr a una velocidad imperceptible para cualquier mortal, acercándome con gran celeridad hacia el gigantesco barco. Estando a escasos 30 metros de él me detuve, en décimas de segundo, para flexionar mis rodillas, aprovechando la inercia de la carrera para impulsarme y saltar con suma velocidad en dirección a la localización de la misteriosa y familiar aura, atravesando como una flecha la pompa que empezaba a cubrir al navío sin llegar a reventarla, aterrizando sonoramente - gracias a las gruesas suelas de mis botas - en la barandilla que había junto a su timón y acabar sentada de cuclillas sobre este, a unos  15 metros del palo mayor, a cuál le daba mi perfil izquierdo. Sin más preámbulos y con el objetivo de que ninguno de aquellos insectos me molestara, hice gala del poder innato con el que me habían bendecido los mismísimos dioses, extendiendo mi Haoshoku Haki hasta unos 70 metros y escuchando como la madera del barco crujía y se rasgaba ante mi mera presencia intensificada y como la burbuja de resina oscilaba y se inestabilizaba, amenazando con estallar en cualquier momento ante mi poder sin parangón. Algo que incluso los barcos más cercanos serían capaces de sentir.

Frente a mí, se erguía una gigantesca figura que, de no ser por la explosión de Haoshoku que había emitido, estaba segura de que no se habría percatado de mi al haberme prácticamente teletransportado a su lado. De un simple vistazo, era cierto que aquella enorme chica no se parecía en nada al individuo con el que me topé en esa subasta, lo que hizo que frunciera el ceño. Aún así, agudicé mis sentidos para hacer una segunda comprobación y, tras eso, extendí mi brazo derecho rápidamente hacia el rostro de la joven, pellizcando con fuerza su mejilla izquierda y arrastrándola con violencia hacia abajo, obligándola a que girara su rostro hacia el mío, para poder verla mejor. Sin hacer caso directo al resto de insectos del barco, pero permaneciendo alerta en caso de que fuera necesario aplastarlos, me quedé observando a la grandullona durante un par de segundos, clavando fijamente mi único ojo en cada una de sus facciones, impasible y en absoluto silencio. Esos ojos grandes… Ese pelo rubio con ese mechón carmesí… Y esos dos grandes cuerno rojos… No cabía alguna duda, se parecía en talla y corpulencia al tipo de esclavos qué solíamos tener hace veinte años, pero más pequeña. Aún recordaba cuando padre regalaba estás gigantonas a nuestros hermanos para yacer con ellas.- Tú…. - Dije, después de tres segundos que se pudieron hacer eternos para los presentes.- Tú no eres el tipo de la máscara pero vuestra aura se parece mucho, realmente.... - Apreté con más fuerza su mejilla, zarandeándola en una clara señal de desagrado por no obtener el resultado que esperaba. ¿Me había equivocado recordando el aura del hombre enmascarado? No, descarté esa opción al momento, estaba segura de haberme grabado en la mente aquella sensación melancólica en mi piel. No entendía que clase de relación podría tener esta chica oni o semioni con el hombre de la subasta, pero sentía que había perdido el tiempo en balde y, por tanto, me sentía frustrada e irritada, siendo notorio por la hinchazón que estaban sufriendo las venas de mis brazos.

Abrí los ojos de par en par cuando una difusa y ligera idea cruzó mis pensamientos como una centella - ¿Cuántos años tienes? - Pregunté acercando mi cara a la suya. Era una idea loca, pero una resta rápida que coincidiese podría hacer que las cosas cambiasen abruptamente.


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#24
Con una última elaboración culinaria en mente, Garnet se disponía a preparar un buen plato de albóndigas para  comer junto a sus amigos una vez habiendo partido de Sabaody. Recalentando la salsa de tomate que había utilizado el cocinero de los Alas Negras para cocinar los macarrones de Sasha, comenzó a moldear la carne picada, sazonada en perejil y mojada en huevo batido, para darle la forma característica y propias de las albóndigas. De tan sólo pensar en el rico manjar que le esperaba, junto a la presencia de sus coleguis, se le hacía la boca agua. Había sido sin lugar a dudas un día de lo más movidito en el archipiélago, un día que, a pesar de la paliza que se había llevado y de no haber cumplido su objetivo de vengar a su capitán y montar un buen pifostio en la casa de subastas de Sabaody, terminaba bien si eso significaba permanecer un día más junto a su familia escogida. O eso era lo que creía.

Una vez había terminado de dar forma a la carne picada, Garnet percibió como, de la nada, aparecía una imponente, siniestra y poderosa presencia sobre él, ubicada aproximadamente junto a la de Sasha. Y, yendo de la mano con aquella aparición, la madera del interior de la cocina comenzó a crujir, casi como si amenazaracon partirse en dos en cualquier instante, a la vez que aquella presencia se intensificaba, en una explosión de poder que amenazaba con doblegar el espíritu del músico que, a duras penas, podía tenerse en pie.- ¿P-pero qué cojones es esto? - Se preguntó a sí mismo, con las piernas temblorosas, notando un escalofrío por toda su piel. Por más que lo intentara, no era capaz de identificar el aura causante de todo ese despliegue de poder. Sólo sabía que no era ninguno de los Alas Negras y, por tanto, que un completo desconocido se había colado en el barco y estaba junto a Sasha.

Ante una potencial invasión, el pelirrojo corrió - aún con su delantal puesto, y sin nada más debajo de él, mostrando su culo y espalda desnuda al completo -, mientras se intentaba recomponer mentalmente, hacia la puerta de la cocina, saliendo al pasillo que daba con la cubierta del barco. Iba a dar con el exterior del galeón cuando, el sonido de un Den Den Mushi, hizo que se parara en seco.- ¿Hm? - Se detuvo inmediatamente, descendiendo su vista hacia el suelo y, observando en ese momento, un Den Den Mushi blanco.- ¿Y esto? - Preguntó, volviendo a subir su mirada, viendo que a su derecha, se encontraba justo la puerta que daba al camarote de Jolyne.- ¿Habrá dejado ya el Den Den del menda o qué? - Recordó que, antes de salir esa misma mañana del barco, Garnet le había dejado su Den Den Mushi ahí mismo. Como tenía en alta estima a la tiradora, pensó que no se le habría pasado recogerlo en ese entonces por lo que, su única opción era que lo hubiera devuelto a ese lugar nada más volver ahora. Sin darle muchas más vueltas a ese pensamiento, el skypiean se encogió de hombros y, tras eso, se agachó para recoger el caracol con su diestra, descolgándolo mientras volvía a dirigirse hacia la cubierta. En ese preciso instante, una voz que le era extremadamente familiar, le imploro que no hablara y que le dejara escuchar.- ¿Panda? - Se preguntó a sí mismo, ¿para qué le había llamado? ¿Le habría dicho el colegui al que acababan de conocer algo sobre su anterior encuentro? A saber pero, sabía que podía confiar plenamente en el mink. Sí el decía que no debía hablar, se quedaría calladito y punto.

Nada más salir de la zona de los camarotes y las habitaciones - y dar por tanto a la cubierta - giró sobre sí mismo, derrapando ligeramente sobre la madera del navío. Cuando se giró, fue que se encontró una escena que haría sobrecoger el corazón y alma de Garnet. Frente a unos 7 metros de distancia y a unos 4 metros de altura donde estaba ahora mismo, una mujer, completamente desconocida, se encontraba en la barandilla junto al timón, en cuclillas. Una mujer de rosáceos y lisos cabellos que poseía una belleza sin parangón, pudiendo perderse en la inmensidad de la curvatura de sus curtidos y trabajados músculos y en su ojo dorado como el mismísimo sol.- ¡Por favor, aplástame la chota entre tu muslamen! ¿Es o no es? - Exclamó, con la lengua fuera y los ojos en forma de corazón, perdido completamente en la lujuria de aquel cuerpo esculpido por los mismísimos dioses.

Sin embargo, la depravación de Garnet se vio interrumpida cuando se fijó con mayor intensidad en lo que estaba haciendo la mujer en esos instantes. Agarrando la mejilla de Sasha con agresividad, tiraba de ella como si fuera una muñeca de trapo, preguntando como si nada por la edad que tenía. Aquella escena, violenta como sí sola, tratando como si nada a su hermanita, hizo que algo dentro del pelirrojo se removiera. El color y forma de su aura... Su inconmensurable poder... A excepción de su apariencia física, ahora que se fijaba mejor, todo lo demás que estaba sintiendo de ella le resultaba repulsivo. Pero por encima de todo, que se estuviera metiendo de esa forma con Sasha y, aún más, insultándola, tratándola como si fuera alguien menos, era algo que no podía tolerar. No después de haber estado combatiendo contra Sohem mientras ella se estaba batiendo contra alguien que la superaba con creces y la ninguneaba hasta el punto de destrozarle su tesoro, el arma que le había sido heredada por su madre. No después de haberla visto de bajón por la derrota que había sufrido a manos de ese enemigo. No iba a tolerar que nadie más se ensañara con Sasha. Jamás. Él era su hermano mayor y, cómo tal, era su deber allanar el camino que recorría su hermanita para ayudarle a que se convirtiera en la más fuerte.  Sabía que el potencial enemigo que tenía en frente les superaba con creces, pero para él, la familia y Sasha iban primero.

Tras aflojar sus puños - y por tanto, soltar el Den Den Mushi descolgado, dejando a Panda que pudiera escuchar lo que pudiera ocurrir a continuación - los volvió a apretar abruptamente con fuerza, marcándosele las venas de sus puños y brazos, a la par que sus dientes chirriaban de la frustración y furia.- ¡EH! ¡Tú, chata! - Llamó la atención de la mujer, con voz ronca, a la par que su cuerpo entero crecía en altura, musculatura y se llenaba del pelaje ocre característico de su forma híbrida. En ese momento, imprimiendo todas sus fuerzas en sus piernas, se lanzó cual resorte hacia ella, con su brazo derecho contraído en su flanco derecho y con el izquierdo posicionado por delante, cubriendo su cara.- ¡Deja a mi compitruena PUTO en paz! ¿Es o no es? - Y en cuestión de milésimas de segundo, Garnet ya se encontraba al alcance de la invasora, liberando en ese momento su brazo derecho en un arco ascendente que se dirigiría hacia su mandíbula, provocando un impacto sonoro y seco que la dejaría mareada además de derribarla sobre la barandilla, mientras Garnet volvía a caer de pie a la cubierta tras su ataque, quedando ahora a unos cinco metros de distancia de la pelirrosa.

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#25
Estábamos quietos, pero el aire vibraba con una tensión sutil, como si el océano mismo contuviera la respiración junto a nosotros. Permanecíamos en nuestros puestos, expectantes, a la espera de esa chispa que encendiera la marcha, ese pequeño gesto que convirtiera el silencio en movimiento. Cada uno de nosotros tenía su papel, y aunque el momento parecía congelado, en realidad bullía con una energía contenida. Se podía ver a Tobias concentrado en su tarea de inflar la burbuja que recubriría todo el barco. Triana, por su parte, recorría con los ojos cada rincón del barco, evaluando que todo estuviera en su sitio, y aunque no había dicho una palabra, sabíamos que su voz sería la última que escucharíamos antes de zarpar. Había en su silencio un peso que imponía respeto. Una orden sin palabras. Una promesa de que, cuando ella hablara, nadie titubearía. Sasha, en cambio, era el movimiento en medio de la calma. Iba y venía por la cubierta con la soltura de quien conoce el barco como la palma de su mano, dando instrucciones rápidas. Yo solo observaba. Esperaba. Mi corazón latía lento pero firme, nervioso por salir de aquel lugar y comenzar otra aventura.

Sasha me soltó lo que sería mi tarea para aquel momento crucial. Mi misión era encargarme de la bandera y del ancla. Yo por mi parte, asentí con firmeza, sintiendo cómo una especie de corriente eléctrica me recorría el cuerpo. No era una orden gloriosa ni heroica, pero era mía, y la iba a cumplir con una precisión tan limpia que hasta Triana levantaría una ceja de orgullo. Me giré sin perder tiempo, los pies ligeros, y el corazón ardiendo con una convicción silenciosa. Corrí hasta la base del mástil, donde la bandera aún reposaba enrollada, oculta como un secreto que aguardaba su momento para alzarse al cielo. Mientras la desenrollaba con cuidado, sentí el tejido áspero entre los dedos, casi como si la bandera tuviera memoria propia, como si hubiera estado en mil batallas y ahora me eligiera a mí para sostenerla. Alcé la cabeza para mirar a mis compañeros, para vitorear otra aventura finalizada. Mis ojos recorrieron la cubierta y me percaté del estado en que estaban los demás. Las ojeras, el sudor pegado al cuello, los pasos lentos y torpes. Todos estaban exhaustos, drenados hasta el alma por las tareas previas, por los nervios, por el simple peso de lo que significaba ese instante. Entonces entendí que si alguien tenía que tirar del carro, ser el resorte que ponía todo en marcha, iba a ser yo. No por reconocimiento, sino porque sabía que el barco nos necesitaba enteros. Y yo… yo aún tenía fuerzas.

Me disponía a subir a lo alto del mastil para hacer ondear la bandera. Sentía el cuerpo ágil, el corazón bombeando con fuerza pero sin ansiedad, solo ese zumbido de energía contenida que a veces aparece antes de hacer algo importante. El ruido del mar amortiguado por la burbuja que rodeaba el barco me resultaba casi reconfortante. Pero entonces, como si el destino decidiera recordarnos que no hay plan que sobreviva intacto, todo cambió en un segundo. Un estallido seco, como si el aire hubiese reventado desde dentro, me sacudió de golpe. Algo —alguien— cayó desde el cielo, literalmente, y aterrizó con un estrépito dentro de nuestro barco. El crujido de la madera y el repentino vaivén del suelo bajo mis pies fueron suficientes para hacerme girar de inmediato. No tuve tiempo de pensar, solo de reaccionar. La figura que había irrumpido atravesó sin dificultad la burbuja que Tobias había inflado con ese mecanismo raro suyo, ese que nos protegía del agua, del entorno, de todo lo que no debía estar dentro. Pero esa persona, no solo traspasó esa barrera sin dañarla, sino que llegó con una presencia tan densa, tan abrupta, que el ambiente entero pareció cargarse de una electricidad invisible. Y entonces lo sentí: una especie de onda invisible, como un susurro mental que se filtró por debajo de mi piel, que se enroscó en mi estómago y me apretó el pecho. Era miedo. No pánico, no terror paralizante, pero sí una angustia real, como si mi cuerpo supiera algo que mi mente aún no había comprendido. Me estremecí, lo admito, pero no me detuve. El miedo no me clavó al suelo. Me aferré a la necesidad de actuar, a la certeza de que aún podía moverme, aún podía pensar.

Mis ojos, guiados por aquel estremecimiento invisible que aún vibraba en mis huesos, buscaron de inmediato el origen de esa inquietud casi animal. Y allí estaba. En medio del barco, como si aquel lugar fuera suyo desde siempre, se alzaba la figura que acababa de irrumpir en nuestra burbuja: una mujer de porte extraño, con un aire que desentonaba con todo lo que nos rodeaba, como si la realidad se deformara ligeramente a su paso. Su simple presencia parecía alterar el equilibrio natural de las cosas. No sabría explicar con exactitud por qué lo sentí, pero había algo en ella que rompía la armonía, como un compás que marcaba un ritmo ajeno a nuestra música. La observé con atención, intentando descifrar su rostro, sus gestos, su propósito. No hablaba conmigo, ni siquiera me miraba, pero eso no importaba. Había algo magnético, incómodo, difícil de ignorar. Se había posicionado junto a Sasha con toda la tranquilidad del mundo, como si no hubiera barreras que pudieran contenerla, ni normas que pudieran limitarla. Vi cómo alargaba la mano y tomaba el moflete de nuestra navegante, examinándola con una familiaridad inquietante. No entendía lo que decía, estaba más enfocado en intentar averiguar quién era aquella mujer y qué demonios hacía en nuestro barco, como si de repente hubiésemos dejado de estar solos sin que nadie más lo notara del todo. Fue entonces cuando Garnet apareció, saliendo de la cocina como una tempestad atrapada en forma humana. Al verla, soltó uno de esos comentarios que le brotaban como espinas, pero bastó una sola mirada, una sola imagen de aquella extraña tocando a Sasha, para que todo su cuerpo se transformara. Sin mediar palabra, sin el más mínimo titubeo, se deshizo de su forma humana y se convirtió en la bestia que siempre llevaba oculta bajo la piel. La furia lo envolvía como una segunda piel. Y acto seguido, se lanzó hacia ella, golpeándola con todo el peso de su forma animal. Fue un movimiento tan brutal como repentino, como si el propio barco contuviera la respiración por un instante. Yo solo podía mirar, sin comprender del todo, pero sabiendo que algo importante acababa de comenzar.

El golpe de Garnet resonó como un trueno encerrado bajo la cúpula de nuestra burbuja, y por un instante el aire pareció detenerse, expectante, como si hasta el mismísimo mar aguardara el desenlace de ese momento. Mis músculos se tensaron de inmediato, el corazón comenzó a bombear con más fuerza, y sin necesidad de pensarlo, empecé a generar alcohol en mi interior. Lo sentí fluir por mi cuerpo como un río denso y cálido, una corriente espesa que burbujeaba en mi estómago y subía por la garganta, lista para ser expulsada con violencia si era necesario. No había margen para titubeos. Si esa mujer respondía al ataque o si todo se salía de control, y parecía que íbamos directo hacia eso, se enfrentaría no solo a Garnet, sino a todos los Alas Negras. Conmigo incluido. Mi mirada se desvió hacia Triana. Ella era mi brújula en ese instante. Por más que las emociones me empujaran a la acción, había una línea que no podía cruzar sin su aprobación. Sus decisiones marcaban nuestro compás, y por mucho que mis puños picaran por golpear, no daría un solo paso hasta que su voz me lo ordenara. Apreté los dientes, sintiendo cómo el calor del alcohol me subía por el pecho y me enrojecía las mejillas. Mis manos temblaban no de miedo, sino de tensión acumulada. Como si todo mi cuerpo estuviera en una cuenta regresiva silenciosa, esperando una señal. Una sola palabra bastaría para desatarme. Y mientras tanto, mis pensamientos se agolpaban. ¿Quién era esa mujer? ¿Una amenaza real o solo alguien con una mala forma de presentarse? Lo cierto era que la atmósfera se había vuelto irrespirable, cargada de una electricidad que me ponía los pelos de punta. En mi mente solo había una cosa clara: si Triana daba la orden, no habría vuelta atrás. Todo lo demás se volvería secundario. Lo que fuera que esa extraña viniera a buscar, no lo iba a obtener sin antes probar el filo de nuestras voluntades. Y la mía, en ese momento, ardía como un trago mal guardado en un corazón que no tolera intrusos.

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Alas Negras
- Narro - Hablo -"Pienso" -
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#26
Casi sentí que podía respirar con normalidad cuando aquella especie de burbuja recubrió todo el barco, lo cual indicaba que podíamos largarnos de aquella maldita isla en la que casi perdíamos la vida. No sabía ni cómo había acabado siendo casi la que mejor se encontraba. Cuando apareció por sorpresa el Almirante, por muy emocionante que fuese enfrentarse a alguien de tal rango y con tanta pericia en combate, había sido muy consciente de la enorme posibilidad de no volver con vida junto a mis compañeros, sobre todo después de habernos entregado de manera pacífica, tal y como él pretendía. Ahora, por mucho que los marines se hubiesen empeñado en darnos caza y que nos saliesen enemigos hasta de debajo de las piedras, ya casi estábamos a salvo de nuevo, o eso creía hasta que nuestros planes se volvieron a torcer.

Estaba atenta, aunque no todo lo que debería. Me había confiado al pensar que todo había acabado por estar ya en nuestro barco todos juntos. Antes de que pudiésemos ponernos en camino, sentí repentinamente algo que ya me resultaba familiar. Era un miedo irracional. Un miedo que, en algunas ocasiones, podía llegar a paralizar. Eso no podía significar que continuábamos en peligro y que no iba a resultar tan sencillo escapar. Busqué rápidamente la fuente de aquel poder y no tardé en encontrarla. Había aparecido delante de nosotros en tan solo un segundo. Una mujer desconocida se había subido a la barandilla de nuestro barco y parecía bastante interesada en Sasha. Tal vez no le importase concretamente ella y solo quisiera causar problemas, pero, de cualquier manera, estábamos jodidos. No vestía el uniforme de la Marina, pero tampoco parecía tener una intención amistosa con nosotros.

Inmediatamente activé mi haki de observación y lo expandí a 20 metros de distancia para percibir lo que ya imaginaba. Su aura era mucho más poderosa que la nuestra. Hoy casi me recordó a la que había sentido con el Almirante. Para colmo, en su aspecto había algo inquietante que me causaba una sensación de malestar. Su pelo, el poder que emanaba, su presencia, no sabía qué era, pero me resultaba familiar. Tampoco tuve demasiado tiempo para pararme a pensar en ello, el parche de su ojo se llevó toda mi atención. Lo había tenido muy en cuenta durante toda nuestra estancia en la isla, era la persona de la que nos había advertido Emerald, aquella que podría venir a por la fruta robada. Tenía que ser ella, las probabilidades de encontrarnos a una persona con un parche en el ojo no eran tan altas, así que no podía ser una coincidencia. Si se enteraba de dónde estaba la fruta, si es que no lo sabía ya, estábamos muertos, pero eso no haría que nos achantásemos, no cuando estábamos tan cerca. Lo único que sentía por esa mujer, además del miedo que inspiraba, era un profundo asco por su linaje y sus hábitos esclavistas. Antes de que pudiese responder, Garnet vio cómo se había acercado a Sasha y enloqueció por completo. No tardó en lanzarse a atacar a la mujer. En otras circunstancias estaría totalmente a favor de ir todos a por ella. Creía que teníamos posibilidades, pero no el estado en el que nos encontrábamos, especialmente Sasha y Garnet. No deseaba otra cosa más que pegarle la paliza de su vida y llevárnosla de rehén. Tal vez incluso pudiésemos cambiarla por Yamamura. Sin embargo, parecía que la isla e Sabaody tenía otros planes para nosotros. Teníamos que andar con pies de plomo y Garnet no había sido capaz de darse cuenta antes de atacar. Con un soplido de esa furcia podía mandarnos a la tumba.

Desenvainé mis katas preparada para lo que pudiese suceder, manteniéndolas apuntando hacia el suelo de la cubierta para mostrar una postura no muy amenazante. —¡YA BASTA! No queremos problemas, así que lárgate. Aquí no hay nada para ti —le dije a la pelirrosa esperando que no se tomase demasiado mal el ataque de Garnet. Al fin y al cabo, había sido su culpa meterse en un barco lleno de desconocidos y con todas las intenciones de tocar las narices. En caso de que intentase atacarnos, se acabaría la charla y no nos quedaría más remedio que pasar a la acción. Dentro de mí, lo deseaba, pero el miedo que sentía, sobre todo por perder a alguno de mis compañeros, me frenaba y buscaba evitarlo.

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#27
Ya estábamos todos listos para salir de ese bonito a la par que peligroso lugar y dirigirnos a nuestro próximo destino. Con Jimba puesta a cubierto para que no pudiera hacer de las suyas mientras salíamos de allí, me sacudí las manos de tierra y plumas antes de ponerme a preparar el barco para zarpar. En ese momento, solo sentí el crujir de la madera del barco y este tambaleándose más de lo normal. —Qué demonios está haciendo Sash… cuando me giré, vi a una chica apoyada en la barandilla cerca del timón. Su presencia era abrumadora, como cuando los cuervos te rondan esperando tu muerte. Sentí mi cuerpo contrayéndose, más pesado de lo que me gustaría. No la había visto llegar, parecía simplemente que había caído del cielo, y eso siempre era un mal presagio.

Tenía una extraña fijación por Sasha, tal vez porque fuese ella la que le hizo todas esas heridas. Agarraba de la mejilla a la muchacha y tiraba con fuerza como si fuese un caballo de competición intentándole ver la mordida, cosa que sabía de sobra que no le sentaría nada bien a la joven. Yo me mantuve quieta fingiendo que controlaba la situación, pero por dentro solo podía sentir mi corazón galopando con fuerza. Era mejor pensar en otra cosa para controlarme. Vacas, por ejemplo. Pasto fresco. Jimba bailando. Eso me recordó a una cosa... —Jimba, por el poder telepático que nos une, ni se te ocurra salir a la superficie — pensé con fuerza. Bajo esta tensión me pasé la lengua por los dientes, como si eso ayudara en algo, y respiré hondo. —No me extrañaría nada que la burbuja esa de Tobías se reventase ahora mismo — volví a pensar. Eso era lo único que nos faltaba el día de hoy, pero no me gustaba ser el pájaro de las malas noticias.

Garnet salió fuera y, al ver a Sasha en aquella situación, no tardó en defenderla e ir tras la mujer desconocida. Yo miré de reojo a Triana, esperando una señal o una orden que para saber qué hacer o cómo actuar. No creía que estuviéramos en las condiciones perfectas para pelear pero, si eso era lo que querían, no quedaría más remedio. Triana desenvainó rápidamente sus katanas y gritó que se largara de allí. Para mí, ya estaba todo dicho. Puse la mano sobre mi cinturón, y me quedé en guardia.

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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#28
Sasha seguía aburrida esperando poder zarpar a la isla Gyojin, se le estaba haciendo eterna la esperar y le solía poner nerviosa permaneces mucho tiempo en un lugar que le habían pasado cosas malas o que directamente no le gustaba. Tobías no tardó en poner lo que le hubiesen dado los trabajadores en el suelo, consiguiendo la atención de la semioni, quien lo miró de forma curiosa. Sus ojos brillaban al ver que recubrimiento empezaba a subir hasta que se hizo una gran burbuja que mantenía a todos los piratas de los Alas Negras dentro de ella. La rubia abría la boca emocionada y daba un par de vueltas sobre sí misma para ver bien cómo había recubierto todo el Solar Karma. La palabras del vaquero la trajeron de vuelta al galeón, así que agarró con ambas manos el timón, por fin se marchaban. No pudo evitar una gran sonrisa al escuchar a Triana decir que era el momento de zarpar a la isla Gyojin, había visto ya una isla llena de Kurakus y Garnets, así que ahora era el momento de ver una isla de Gronns. La joven elevaba ligeramente los talones del suelo mientras agarraba el timón con fuerza — Ji, ji, ji — no pudo evitar reír por las palabras de Jolyne sobre que ella habría podido hacer lo mismo con unos caracoles.
  
Fue entonces cuando una corriente de miedo recorrió el interior de Sasha de arriba a abajo, como un hormigueo que le erizaba cada bello de su cuerpo. Sus pupilas se contrajeron y activó su haki de observación notando una presencia a su lado. Unas vez sus pupilas volvieron a la normalidad, se llevó la mano derecha buscando su kanabo pero solo pudo chasquear mal la lengua al recordar su estado — ¿Quién cojones eres tú y qué haces en nuestro barco? — no le dio tiempo a ponerse en guardia con sus puños en alto para defenderse pues la mujer alargó su brazo atrapando su mejilla  izquierda obligándola a bajar la cabeza. Fue ahí cuando reparó en su rostro, era como la persona que había descrito Emerald ¿Sería de verdad ella? ¿Cuántas posibilidades había? La semioni notaba con su haki como parecía una persona fuerte, no estaba segura del todo, era muy superficial lo que sentía, pero con lo que emanaba de ella – que la hacía sentir miedo – no le hacía falta el haki de observación. No sabía quién era, pero no era tonta, la estaba agarrando de la mejilla y moviéndola a su antojo. Por muy fuerte e imparable que fuera la rubia, sabía que no estaba en condiciones para otra pelea y que con esa presencia rara que tenía estaba haciendo crujir la madera, además de inestabilizar la burbuja. Se tenían que deshacer de ella.
  
Tras unos segundo eternos por fin habló y la joven la miró con el ceño fruncido pero con determinación, no separó sus ojos color ámbar de ella, iba a memorizar esa aura todo lo que pudiera, hasta que se quedara tatuada en su piel si hacía falta. Aquello no lo iba a olvidar. No se esperó que le dijera que su aura se parecía a la de alguien con una máscara, solo conocía a una persona con máscara pero era imposible que se refiriera a él — No eres la primera que se lleva una decepción hoy — contestó con una ligera sonrisa de lado, haciendo subir ligeramente la herida horizontal que cruzaba su rostro. A la desconocida no pareció gustarle, pero ella no dejó de mirarla seria, no se iba a doblegar otra vez, estaba harta. Siguió centrándose en su aura, aunque no entendía porque sentía miedo iba a ser fuerte, iba a mantenerse de una pieza aguantándole la mirada a la desconocida. Aquellos ojos ámbar que siempre brillaban emocionados ahora solo relejaban seriedad y determinación, era el momento por el que se había estado preparando desde los Cabos Gemelos, se había esforzado mucho durante cuatro años para cambiar su forma de ser tan lanzada. Debía pensar. ¿Qué harían Triana y Tobías en esa situación? Estaba siendo un problema para el barco y no le podía dar un kanabazo en la boca por obvias razones, debían irse por el emperador ¿Ella lo sabría? Parecía estar pensando mucho y por lo que había dicho buscaba a alguien ¿Debería intentar llevarla por ese camino? Sasha vio como de repente abría los ojos de par en par y le preguntó su edad acercando su cara a la de la semioni — Tengo diecinueve años y… — calló de golpe al escuchar a la voz de Garnet, quería mucho a su hermano mayor pero eso no la ayudaba — ¡PARA GARNET! Mira el barco, si haces alguna gilipollez te lo vas a cargar y como le pase algo te voy a meter el mástil por el culo ¡Déjanos hablar, por favor! — no sabía si alguna vez le había pedido algo por favor sin que fuera el capricho de turno que tuviera, pero la situación era delicada. Triana también se sumó diciendo que no querían problemas y que se fuera. La joven se mantuvo pendiente de la intrusa en todo momento, debían irse y convencerla de que se fuera de la mejor manera posible — Escucha, hay un emperador en el archipiélago y mi capitana me ha dado la orden de zarpar. Me encantaría quedarme y darme de kanabazos con los que estén por aquí, pero como ves estoy muy herida. Así que como no está aquí quien buscas, creo que no tenemos nada más que hacer o decirte, porque sería perder el tiempo y esperar a que una de las bombas nos caiga encima ¿Qué me dices? — le explicó con seguridad a la mujer intentando hacerla entrar en razón.
  
Tras cuatro años había usado la cabeza cada vez más para saber cuando debía pelear y cuando no. Porque si se metían en una pelea en ese momento solo iban a conseguir romper la burbuja y el galeón, además de que no estaban en las mejores condiciones físicas. Sasha sabía que era fuerte y no le hacía falta el kanabo para dar buenos golpes, pero a veces debía pensar a largo plazo, porque lanzarse sin pensar en las consecuencias ya la habían hecho tener demasiados problemas. Si querían seguir su aventura debían mantener el Solar Karma de una pieza. Pero no era tonta, si aquella mujer se mantenía en sus trece pues le tocaría pelear por la seguridad de sus compañeros y el galeón.
  
  

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#29
Los Alas Negras estaban listos para zarpar, faltaba levar el ancla y poco más cuando algo perturbó la escena, más bien alguien. El crujir de la madera y la presión que sintió el carpintero lo alertaron de la intrusa presencia. Un escalofrío se deslizó desde su nuca hasta sus talones. Parecía que se hubiera teletransportado. Estaba a su izquierda, apenas a doce metros, justo al lado del timón, junto a Sasha. Una joven de cuclillas con el cabello rosa. Esa imagen le recordó a aquella advertencia de Emerald, podía ser aquella mujer del parche, aunque no le podía ver el ojo izquierdo, pues estaba de perfil, si se intuían un par de tiras que bien podían ser la sujeción izquierda del susodicho parche. Su presencia era abrumadora, con razón estaba tan asustada Emerald, no solo era una Tenryuubito, tenía un poder inmenso. Hasta el recubrimiento estaba temblando ante aquella desmesurada energía. Tobías sintió como se le helaba la sangre, pero el gesto de la pelirrosa de agarrar la mejilla de su sobrina con fuerza y acercar bruscamente la cara de la semioni hasta el frente de la suya provocó que su sangre no solo recuperara la temperatura habitual, sino que la aumentó hasta el punto en que rompió en ebullición. Solo le estaba hablando, pero la alerta estaba al máximo, si la intrusa entraba en acción, dispararía y preguntaría después. 

Garnet apareció en escena, primero adulando a la joven pelirrosa (a su manera) y después increpar sus acciones. Tobías temía por el ímpetu y la poca paciencia del músico. También sabía de buena mano el gran aprecio que le tenía a Sasha, igual que él, y eso era un handicap en esa situación. Iba a lanzarse contra la intrusa cuando la joven semioni le detuvo en seco con sus palabras, quería mantener aquella conversación con la muchacha del parche. No era el momento de atacar, por mucho que el aura de aquella mujer no fuese amistosa precisamente, valía el riesgo esperar a ver cual era su reacción y esperar a que desvelara sus intenciones antes de mover un dedo. EL vaquero se quedó donde estaba, orientando su cuerpo hacia el castillo de popa, donde se encontraba la acción en ese momento. Se recolocó el sombrero y se quedó en guardia sin perder de vista a la intrusa. Triana desenvainó sus katanas e instó a la pelirrosa a que abandonara el barco y que los dejara en paz. Todos estaban alerta, la tensión iba en aumento y no estaban en las mejores condiciones para combatir, y menos con una joven de semejante calibre. Sasha estaba demostrando una madurez y una capacidad de control que embaucaron al joven barba naranja. Por eso y muchas más cosas estaba tan orgulloso de ella.  


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Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-
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#30
Estaba expectante ante la respuesta de la oni o semioni, a la que examinaba con detalle cada facción de su rostro, por si encontraba alguna similitud que pudiera ayudar además a esclarecer mis dudas. La chica, igual en un acto de osadía o de insensatez, tuvo la desfachatez de dirigirse a mí con impertinencia y altanería. Si no fuera porque me interesaba demasiado la información que pudiera proporcionarle, no habría dudado en cruzarle la cara y hundirla contra el suelo. Por si fuera poco, una débil presencia, anteriormente ubicada bajo una servidora, había pasado a situarse a 7 metros de mí, gritando palabras cargadas de lujuria que se perdían en el viento y en la nada. No me digné a escucharle, y aún menos a dirigirle la mirada. Tenía toda mi atención en la joven que tenía agarrada, sin dejar de monitorizar los niveles de fuerza y emociones que emanaba cada aura presente al alcance de mi Haki de Observación.

Cuando la chica respondió que tenía 19 años, abrí mi ojo aún más si cabía. Recapitulando todos los datos que había reunido, esta joven no sólo poseía un aura familiar y similar a uno de mis hermanos, sino que no era 20 años cuando padre empezó a regalar a mis hermanos esclavas de la misma raza que ella. Afirmando tener 19 años, había, como máximo, un año de diferencia entre la anterior cifra mencionada. Nueve meses... Las cuentas eran claras y simples, y mis hipótesis parecían tomar un buen rumbo. Con ello, podía sentir como algo de mi se destensaba en mi interior. No había encontrado al individuo de la máscara, pero había conseguido una información que podría ser igual de valiosa. No había perdido el tiempo y, por ello, no había hecho mal desviándome de la Hells Paradise. Ahora, necesitaba sonsacarle más información. Para mi suerte, parecía que iba a seguir hablando, quizás añadiendo algo sobre su nacimiento que ayudara a atar más cabos de este entramado puzzle que empezaba finalmente a vislumbrar y comprender. Sin embargo, se me olvidaba cuan molestas podían ser las moscas que revoloteaban a tu alrededor.

Antes de que pudiera aportarme más datos, uno de los enclenques que estaban en aquel barco, se dignó a interrumpir el interrogatorio, llamando chata a una servidora mientras sentía, gracias a mi haki, como la hostilidad crecía en muchos de los presentes de aquel navío pero, sobre todo, en aquel sujeto que, si bien pude percibir como su poder crecía mínimamente, o era un completo inútil y no era capaz de medir la diferencia que existía entre él y una descendiente de los mismísimos dioses, o era un profundo gilipollas. Fuera cuál fuera la razón, no me podía importar menos. Lo que si me importaba era el enojo que corría por mis venas. La sangre me hervía. No podía permitir que alguien tan débil me hablara con esa falta de respeto. Si para poder hablar largo y tendido con la cría a la que tenía a mi merced debía masacrar a todos los insectos que había en los tres barcos, no pestañearía dos veces con mi único ojo para lograrlo. Era hora de pasar a la acción y de que conocieran que ocurría cuando se enfrentaban a una divinidad.

Habiendo percibido las intenciones del insecto ese, rápidamente, cambié el agarre de la pequeña grandullona de su mejilla izquierda a la nuca, al mismo tiempo que desactivaba mi Color del Conquistador - parando las burbujas de tambalearse y la madera de crujir -, al no ser necesario utilizar un poder divino contra objetivos tan irrelevantes como aquellos. De la misma manera, percibiendo que las únicas molestias que había allí estaban a tan solo 70 metros aproximadamente, disminuí el rango de acción del mi Haki de Observación hasta esa distancia. Con todo ello, antes de que el incordio se lanzara a por mi, me giré levemente en sentido antihorario e imprimí todas mis fuerzas en mis piernas, astillando la madera de la barandilla sobre la que me situaba, lanzándome inmediatamente hacia ese sujeto con la pierna izquierda extendida hacia delante y con la oni aún amarrada por la nuca con mi diestra a ras de mi. En los cortos 7 metros que nos separaban, pude ver como el que había tenido la valentía de hablarme de esa manera era un payaso en toda regla, un individuo desnudo tapado tan sólo por un delantal, ¡qué desfachatez! Alguien que no valdría ni para esclavo con esas pintas. Sólo me sorprendió su corpulenta forma y pelaje, bien por ser usuario o por un mink. Aunque mis fugaces pensamientos iban dirigidos a suponer que, seguramente, se trataba de un liberal de esos a los que le gustaba retozarse con gente de su mismo sexo. Fruncí el ceño de tan sólo imaginarlo. Era repugnante.

Tras recortar la distancia que nos separaba y teniendo la cabeza al alcance de mi talón izquierdo, cubrí mi pierna izquierda enteramente de una película negra mate y resplandeciente, propia de haber entrenado y pulido mi poder innato para la batalla. El Busoshoku Haki que me brindaba una letalidad y resistencia mayor de la que ya de por sí poseía. Sin necesidad de usar demasiada fuerza - pues ni siquiera merecía que diera ni un 50% de mi poder -, desplacé mi talón hacia la parte superior de la cabeza de ese infra-ser, describiendo un arco descendente que acabó por impactar en dicha zona, deshaciendo su transformación - dejando claro que se trataba de un usuario - y, aprovechando mi arremetida para inclinar mi pie izquierdo, rotando levemente mi tobillo, para pisar su nuca, empujando levemente su cuerpo hacia atrás, empezando a caer de cara como un peso muerto, o bien porque estaba inconsciente o bien porque había perecido. Nuevamente, no me podía importar lo más mínimo. La cuestión era, ¿quién sería ahora mi próximo objetivo? En el campo de batalla, cuando te enfrentabas a una ejército o a una tropa, acabar con el rey o el líder del enemigo era la mejor manera de asegurarte la victoria. Sin embargo, en mi caso me parecía mucho más divertido y emocionante aplastar a los más débiles y ver la cara de desesperación de los más fuertes, quienes no podían hacer nada para impedir la masacre. Los que tenían su aura más apagada en esos momentos en ese barco era la propia chica que sostenía con mi diestra y, luego, un hombre parecido a un vaquero y de barba naranja que permanecía a 1 metro a la espalda del individuo de rojizos cabellos - y por tanto, 1 metro frente a mi -. A la cría con cuernos de oni, por obvias razones, no me interesaba dejarla fuera de combate. Y, por el contrario, del aura del vaquero podía percibir una gran hostilidad dirigida hacia mí, mucho mayor que el resto de los tripulantes que componían este barco. Él sería mi próximo objetivo.

Mientras el cuerpo del tipo que acababa de noquear seguía desplomándose - para caer de cara al suelo -, concentré mis fuerzas en el pie izquierdo con el que pisoteaba el cogote de ese payaso, aprovechando aquella superficie para impulsarme sobre ella y dirigirme hacia la persona con el sombrero de cowboy, terminando el pelirrojo en caer de bruces sobre la madera de la cubierta. Contraje mi brazo izquierdo hacia atrás, cerca de mi costado izquierdo y, en cuestión de milésimas de segundo, cuando estuve a su alcance, desplegué con suma ferocidad mi mano abierta hacia su cara, palmeándola y deteniendo en seco mi avance gracias al impacto de mi ataque. Sin que mis pies tocaran el suelo, y aprovechando que tenía mi pierna izquierda aún recubierta en Haki de Armadura, la flexioné - de forma que sobresalía mi rodilla - y situé, a la par, el brazo con el que le había golpeado tras su nuca. En un momento simbiótico, hice que, con mi brazo, el vaquero se inclinara hacia delante al mismo tiempo que propinaba un rodillazo con haki en la boca del estómago del vaquero.

Permaneciendo de pie, junto a los debilitados cuerpos de los hombres con pelos de colores, me hallaba frente al palo mayor, el cuál distaba de mi unos 2 metros. Sin contar a la oni, aún quedaban tres auras en ese barco que podían molestar a nuestra tertulia. Frente a mí, también a 2 metros, y junto a la base del mástil principal del galeón, podía ver a otro crío de azabaches y alborotados cabellos, notando con mi haki que estaba ideando algo, aunque no era capaz de saber el que. Otra de las auras que detectaba, y la que más vitalidad tenía, se situaba a mis 10:00 y a 3 metros de distancia. De reojo, pude observar que se trataba de una mujer rubia que, a juzgar por las katanas que se había dignado a desenvainar. Sin embargo, su atuendo, para nada óptimo, era más propio de una fulana que el de una combatiente. ¿Qué pasa en ese barco con la desnudez? Podría ser una de las muchas mujeres que podríamos vender en uno de nuestros lotes de esclavos. Al menos, sé que el degenerado de Quinque se volvería loco si pudiera contar con alguien de ese calibre para su uso personal. Por último y junto a ella, a mis 9:00 y separándonos 4 metros, se erguía otra mujer, de pelo rosa y con un uniforme de color azul. Estaba bastante entera según podía sentir pero, aún así, estaba segura de que de dos o tres ataques bastarían para dejarla fuera de juego.

Mientras había apalizado a esos dos desgraciados, podía sentir como la fuerza mayor que había entrado en los lindes de la costa de Sabaody, causando esa apocalíptica explosión, seguía causando estragos a diestro y siniestro. No, no era necesario siquiera usar el Kenbunshoku Haki para detectar la destrucción que estaba ocasionando. Por mucho que me gustara quedarme y seguir jugando con estos simples mortales, tenía que volver a la Hells Paradise antes de que arrasaran con ella. Miré nuevamente hacia la chica rubia de carmesíes cuernos a quien dejé, por diferencia de altura que se pusiera a cuatro patas y se arrodillara, como si estuviera haciendo una reverencia.- Volvamos a intentarlo, y esta vez sin distracciones. - Suspiré, mostrando un claro enojo en el reflejo vacío de mi único iris para, en ese mismo momento.- Dime todo lo que sepas sobre tus padres. Sobre todo de tu madre. - Exigí, pasando a mirar a continuación a los otros tres que quedaban en pie.- Y más les vale a las moscas altaneras no molestar si no quieren acabar como estos dos débiles e inútiles. - Amenacé, pasando a imprimir más fuerza ahora a la joven oni.- Y ahora, habla. - Ordené, quedando pendiente de sus palabras, esperando que mis sospechas se terminaran de confirmar y atenta a que ninguno hiciera la estupidez de ir en contra de mi orden.





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