[Aventura T4] Cuatro océanos
#11
Los "Alas Negras" se habían movilizado. 
El capitán Yojimbo había urgido un plan en menos que canta un gallo ante la mirada estupefacta de Kosax, que observaba como el Lunarian regurgitaba un plan casi sobre la marcha. Por un segundo, pensó que al ser tan grande, su cerebro debía ir en consecuencia y que, siendo el capitán, debía ser un hombre inteligente; sin embargo, no pudo evitar mostrar su incredulidad. — No eres el cuchillo más afilado de la cocina, ¿eh? — pensó mientras arqueaba la ceja derecha mirando al capitán. Acto seguido todos los miembros del grupo aceptaron el trabajo y asumieron sus funciones. Mientras Aspros se preparaba para deslumbrar al jefe de seguridad y poder robarle la llave que permitiría al grupo acceder al diamante, Kosax buscó en su, casi mágico, bolso donde transportaba los planos, un Den Den Mushi para Jolyne — ¿Quién va por ahí sin uno, niña? — dijo refunfuñando y lanzando un Den Den Mushi de cinco centímetros — Este te valdrá, es discreto. — Y tras prepararse, todos los miembros marcharon, menos Kosax, que se quedó en el barco de la tripulación con la función de apoyo.

5 horas más tarde, en el Hotel Shapire.

— Vale, me oís todos, ¿verdad? — Kosax trataba de comprobar las comunicaciones con el escuadrón de robo, que ya se encontraban en el lugar — Recordad, hay que estar enfocados. No os liéis. A ver, recordemos: — comenzó indicando al grupo el plan que el capitán había ideado:
 
— Niña, tú te vas a la sala de vigilancia. Tendrás que encontrar una entrada. Está en el ala oeste, arriba del todo. Una vez ahí, apaga los Den Den Mushis de vídeo y tu trabajo ha terminado. Para que te quejes… —
— Barlon Mandon, si vas a por el jefe de seguridad, recuerda: Necesitamos la puta llave. Ni tarjetas, ni ostias. Te lo montas como quieras. —
— Capitán plumaje, si vas a vigilar desde arriba hasta entrar a por el diamante, procura que no se te vea mucho. No eres especialmente discreto, no sé si te lo han dicho. —
— Y para la rubia, el premio gordo. Hasta que los demás hagan su juego, te puedes echar un cigarro. Luego a lo tuyo. —
 
Kosax recordó con indicaciones rápidas y directas a los piratas los objetivos a cumplir. Estos ya tenían claro su objetivo y dependía únicamente de ellos el cómo realizar el golpe, por más ayuda que el albino les diera. Esto consternaba al reputado ladrón, que sospechaba la banda se iría de madre en algún momento, pero no tenía otra opción que confiar en ellos tal y como habían hecho con él. — Ah, y moved los cojones rapidito. — añadió después de una pausa dramática — Os recuerdo que sois famosos, cuanto más paséis dentro, más fácil que os descubran. — advirtió para, finalmente, cortar las comunicaciones hasta que fuera necesario.

Así que allí estaban los "Alas Negras", delante del imponente Hotel Saphire. 
Un gigante complejo turístico y de juego. El lugar era un enorme edificio de al menos veinte plantas, construido con piedra amarillenta y con enormes ventanales. Desde la posición de Triana, Aspros y Jolyne, frente a la puerta, la vista apenas alcanzaba la zona superior, donde un letrero luminoso rezaba al nombre del lugar en tonos zafiro, dándole aún más sentido. Yojimbo, desde su posición, sin embargo, podía divisar todo el terreno en un área mucho mayor. Siendo este plenamente consciente de si llegaban refuerzos o seguridad adicional, además de tener el privilegio de ver la azotea del hotel, sus ventanas, los sistemas de ventilación, y seguramente si afinara la vista, algún huésped realizando algún acto carnal. Tal y como Kosax había indicado en el barco, la sala de seguridad se encontraba en el ala oeste, cerca del piso veinte. El jefe de seguridad estaría, como siempre, jugando en la sala principal del vestíbulo en cualquier mesa de apuestas y sería cuestión de buscarlo, no debía tener pérdida, tal y como Kosax describió y enseñó en fotografías, se trataba de un gordo baboso en traje, sin pérdida. Por último, la sala acorazada debía estar en el sótano, en el ala este. 
 
El interior era lujoso. Las paredes eran lisas y decoradas con múltiples cuadros y esculturas. Los suelos estaban enmoquetados con una alfombra enteriza de color rojo y detalles dorados. La iluminación era abundante y cálida, proporcionada por una serie de lámparas de colgantes que se ubicaban en la zona central del pasillo del salón. El salón principal de juego, que se veía perfectamente desde la puerta, era inmenso, llegando a medir los cincuenta metros de largo y unos treinta de ancho, constando de una zona central de máquinas para juego y varias zonas anexas cerca de las paredes con mesas de diversos juegos. Al fondo, una zona de recepción de huéspedes, vigilada por un recepcionista en traje, mientras que a los laterales, justo a mitad de la sala, dos galerías abandonaban la zona, para ir a cada ala del hotel. Toda la zona estaba repleta de gente (lo que facilitaba en gran medida las cosas) de todos los tipos, razas y credos, haciendo que los piratas no desentonaran tanto en el que a priori era un sitio de ricos. El bullicio era grande y se mezclaba con el hilo musical del hotel, que apenas se distinguía entre las voces de los presentes y los gritos de celebración en la zona de juego. Así, con Yojimbo en el aire y los demás frente al hotel, comenzaba el golpe.
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#12
Conforme mi carrera de estrella ascendía como la pólvora, fui acostumbrándome poco a poco al lujo, al glamour y a las facilidades que otorgaba el dinero a la vida cotidiana. Ya cansado de aquel frenetismo repleto de purpurina y caviar, me alejé del foco para llevar una existencia más normal: o eso pensaba que estaba haciendo. De pie frente aquel monumento al despilfarro, me preparaba mentalmente para ganarme el favor de un gordo asqueroso y robar un diamante más grande que mi cabeza. Un fino hilo de voz proveniente de mi prominente busto me recordaba los aspectos fundamentales del plan.

- Oído -dije en un susurro mientras atravesaba el arco de la entrada. Atravesar aquellas puertas me trasladó a un mundo completamente distinto al exterior, a un lugar dorado plagado de aroma amaderado, al paraíso de la fortuna y la perdición. Con un grácil gesto, me desprendí de la chaqueta de plumas para alargársela a uno de los tantos hombres al servicio del templo del pecado. Me aproximé con sibilino paso a la barra, deslizándome por entre los presentes y las máquinas que escupían fichas por doquier. - Un Martini agitado, no removido…lo que sea que sea eso- exigí al barman con impostada voz femenina mediante una de las más célebres y conocidas frases empleadas en la película “Million Berries Baby”, donde mi propia madre ejercía de femme fatale. - De tal palo, tal astilla.

Copa en mano y apoyada en uno de los aterciopelados taburetes, barría la zona en busca de mi víctima. Fue entonces cuando, no muy lejos de mi posición, encontré al jefe de seguridad en cuestión. Su rechoncha cara exhibía un par de enormes y sonrojadas mejillas llenas de alcohol y asquerosa risa de quien no tiene miedo a perder nada. A pesar de la distancia, podía discernir su perlado sudor deslizándose por la octava papada que componía su escaso cuello. Sus gruesos dedos le dotaban de un aspecto porcino, y aferraban las cartas con la seguridad que te da el alcohol y una buena posición. Con la copa intacta sujetada con mi diestra, me aproximé como quien no quiere la cosa hasta su zona de juego, clavando la afilada aguja en la moqueta roja de salón y posando mi mirada en personas y objetos al azar. Con mi zurda busqué en mi pequeño bolso de mano, colgado del hombro mediante una fina cadena dorada, un pintalabios para retocar mis carnosos labios. Cuando llegué a la mesa donde él y otros jugadores miraban con ansia canina al crupier, apoyé mi escultural cuerpo en uno de los bordes del tablero y fingí cierta curiosidad por el juego; debía fijarse en mí, picar en el anzuelo y dar rienda suelta a una noche que jamás olvidará.


Apariencia


Karmas


Resumen
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



#13
Kosax era un ser de luz generoso e inteligente, no sólo le dio un Den Den Mushi a Jolyne sino que nos había dado un objetivo, tenía los planos del edificio y la información y encima nos había puesto motes. Yo era el Capitán plumaje, aunque me hubiera gustado más ser el Jefe Maravilloso, o el Líder Rey de los Piratas, o algo así. Pero los motes no se eligen y me tocó ser el Capitán Plumaje. Me encantaban las historias de sigilo, como las que me contaba mi padre de Engranaje de Metal Sólido o Aventura Complicadísima: Reglamento Fantasmal.

En un momento nuestro informante y organizador se puso en contacto con nosotros y repasó el plan de forma resumida, y nos dijo que actuáramos con toda la velocidad posible. Es cierto que teníamos mucha recompensa por nuestra cabeza y empezábamos a tener un nombre. Sería peligroso llamar la atención.

El hotel era gigantesco, no sólo era imponente en tierra, desde el aire también era tremendo. ¿Cuánto tiempo tardaron en construirlo? En mi isla natal yo veía trabajar a mi padre y construir una buena cabaña que resistiera las inclemencias del tiempo le podía costar por lo menos cinco días, así que según mis cálculos y partiendo de la base de que este edificio necesitaría por lo menos cinco personas para construirlo…

-Dos semanas… -susurraba mientras surcaba el cielo y contaba con los dedos de las manos.

Me encontraba a diez metros del punto más alto del hotel, ocultando la llama de mi espalda lo máximo posible dentro de mi y sin parar de moverme, pero no muy rápido para no llamar la atención. Estaría atento a la gente, si por algún motivo alguno señalara el cielo alertando a la gente de mi presencia aumentaría aún más la distancia y me intentaría ocultar en alguna nube. O ya improvisaría algo.

-Vale K-Besón, espero que esto salga bien. -dije en voz alta refiriéndome a nuestro informador pero sin transmitir por Den Den Mushi, simplemente como un deseo.

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#14
-Toca ganarse el pan. Con todas las nuevas aclaraciones y con mi nuevo Den Den Mushi cortesía de aquel maleante, era el momento del gran golpe. Aproveché para cambiarme a mi forma de medio bicho antes de entrar al lujoso hotel. Era consciente de que alguien tan humilde como yo no encajaría en aquel lugar destinado a los placeres del dinero y quién sabe qué otros, pero eso a mí no me quitaba el sueño. Cada cual podía llevar su vida como quisiera y yo era nadie para juzgarles. -¿O tal vez sí? – reí internamente.

Mi piel empezó a cambiar de textura y de color, y mis alas y mis antenas, escondidas bajo mi ropa, desaparecieron para dejar paso a escamas en la mayor parte de mi cuerpo. Al mismo tiempo, mis ojos comenzaron a separarse y mi cabeza se aplanaba mientras una larga lengua salía de mi boca. De mi columna empezó a brotar una cola de dos metros, que gracias a su flexibilidad enrollé en la parte de la punta para mantenerla recogida. Después de eso, utilicé la particular habilidad que me otorgaba este cuerpo reptiliano para camuflarme con el entorno y así pasar aún más desapercibida. Ya desde mi nueva forma, observé a Triana una última vez y entré de lleno en la boca del lobo justo detrás de Aspros.

Una vez dentro, sentí el vicio por todos lados. Nada más cruzar la puerta se veía la gran sala de juego con sus lucecitas brillantes y sus sonidos altamente estimulantes y adictivos, pero por suerte ese no sería mi objetivo. Pasé de largo ignorando todos esos atractivos hasta encontrarme con la recepción del hotel y su encargado. Un pobre diablo que se pasaría la mayor parte de su tiempo de pie a cambio de un mísero puñado de berries que apenas le darían para vivir en un resort de lujo como este. Un destino cruel que solo tomarían los avaros.

Que hubiese tanta gente a mi alrededor y el bullicio que los acompañaba hacía que me sintiera más segura, pero más valía prevenir que curar. De los dos caminos que estaban separados por la recepción, tomé que me llevaría al ala oeste del hotel, tal y como me había dicho Kosax. Lugar donde se encontraba, supuestamente, la sala de seguridad.

Mi objetivo sería encontrar la entrada y apagar las cámaras, pero ahora tocaba dirigirme hasta el piso número veinte. Mientras tanto, aprovechaba para fijarme en la ubicación de las cámaras de seguridad por si fuera de utilidad. Andaba con precaución para evita chocar con nadie y armar un alboroto. Podía parecer invisible, pero al fin y al cabo mi cuerpo seguía estando presente.

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RESUMEN

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

#15
El tipo repasó el plan una última vez antes de comenzar, incluso nos había puesto motes. Esperaba que lo tuviese todo tan controlado como parecía y que realmente esto no fuese un juego para él. Al menos era consciente de nuestra situación, nos recordó lo reconocidos que éramos para que no se nos ocurriese destacar más de la cuenta. Recelaba un poco de él, sabía lo que valían nuestras cabezas, pero prefería llevar a cabo una misión elaborada y con riesgos antes que entregarnos. Si lo pensaba tampoco era tan raro, sería mucho más complicado enfrentarse a cuatro personas él solo, incluso puede que él también fuese buscado o estuviese acostumbrado a relacionarse con gente como nosotros. De momento prefería no pensar en ello. Cuando consiguiésemos ese enorme diamante ya me preocuparía por nuestras cabezas.

Aspros iba espectacular, era exactamente mi tipo de mujer. Una pena que no decidiese vestir de aquella forma más a menudo. Avanzó para entrar en el hotel completamente decidido a que el gordo basura cayese en sus redes. Miré a Jolyne antes de adentrarnos, preocupada por su enorme rifle, imposible de ocultar y sin saber que para ella no sería un problema. Hacía tiempo había decidido suspender mi credibilidad y estar dispuesta a aceptar cualquier excentricidad o rareza por parte de mis compañeros, pero siempre conseguían sorprenderme. Jolyne se transformó en una especie de bicho enorme y escamado de ojos amorfos para desaparecer delante de mí. Eso me dejó un poco atónita. ¿Sería cosa de una raza o, más probablemente, de una fruta? Ya hablaríamos sobre ello.

Me acerqué un poco más a la puerta de ese enorme hotel y me quedé esperando a varios metros en uno de los laterales mientras encendía un puro. Me sentía un poco inútil en aquel momento, teniendo que delegar en los demás por completo la responsabilidad de cumplir de forma eficaz con esa primera parte del plan, pero estaría atenta y si los demás necesitaban ayuda solo tendrían que informarnos por den den mushi y entraría en unos segundos. Revisé que lo llevaba todavía en el bolsillo del pecho izquierdo de mi chaqueta. Efectivamente, ahí estaba. Tenía envidia de las personas que habría dentro, ahora solo quería pedirme algo de beber, fumar, apostar y pasar la noche con una mujer hermosa y elegante, pero el objetivo de aquella misión impidió que me desconcentrase, ya habría tiempo para celebraciones. Di una calada al puro y me limité a esperar.

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

#16
Las cartas estaban echadas y los piratas habían hecho su primer movimiento. En un primer intento de comenzar a acercarse a sus objetivos, decidieron que la mejor manera de abarcar todas las necesidades del plan era dividirse. Quizás en un vago intento de seguir la archiconocida frase de “divide y vencerás”. Ilusos, quizás, si pensaron que el destino les permitiría ejecutar su plan sin fallas. O quizás su poder e intelecto se impondrían. 
Solo el tiempo podría descubrirlo.

Aspros, que había decidido entrar sin llamar la atención al hotel, se había deshecho de su abrigo y había caminado genuinamente hacia la barra, para adquirir una copa y comenzar a investigar el lugar. Tras divisar al Jefe de seguridad, el enorme Phat Lete, que no era para nada difícil en la sala, se acercó con disimulo a la zona de juego. La mesa, donde el hombre de tres metros y medio se encontraba jugando al póker con, al menos, otros seis hombres de buen ver, estaba cerca de la entrada al ala oeste. Aspros se quedó apoyándose en la mesa, observando el juego con cierto desdén, haciendo como que le importaba pero con esa pose misteriosa. Quizás eso fue lo que le llamó la atención al gran hombre que parecía sentirse incompleto sin una fémina sobre sus rodillas y trató de remediarlo mirando a Aspros mientras el crupier repartía una nueva mano. Phat, sin decir ni una sola palabra, guiñó un ojo mientras recogía sus dos cartas con la mano izquierda y con la diestra, usando sus dedos índice y corazón, hizo un gesto a Aspros para que se acercara para, rematar, con dos golpecitos en su rodilla derecha, indicando que se sentara sobre él. Casi más como una orden que como una invitación.

El capitán, Yojimbo, que había decidido sobrevolar los cielos para vigilar, había escondido su llama natural en su cuerpo para evitar ser un objeto fácilmente detectable. Un inteligente movimiento por parte del Lunarian, que se encontraba a una distancia de diez metros del hotel. Este había elegido, junto a Triana, una de las partes más estáticas del plan, siendo supeditado únicamente a que pasara o no algo bajo su posición. Desde allí pudo observar mejor cada zona de la azotea, percatándose de que sobre la gran extensión de esta había tres entradas, una en el centro, que podía corresponder al ascensor central del hotel, y una de escaleras en cada extremo, correspondiendo a las escaleras de incendios de cada ala del hotel. Además, el pirata alado, pudo divisar desde su posición a los primeros guardias vigilando la zona. Tres hombres que barrían con linternas de manera incesable la azotea, esperando que ningún ladrón o intruso se colara por ahí. Ilusos. La muerte estaba más arriba.

La escurridiza tiradora, que tenía como objetivo la sala de seguridad en el piso 20 del ala oeste, había ingresado al hotel transformada en su forma híbrida de mujer-salamandra y, haciendo uso de sus capacidades miméticas, había sido capaz de hacerlo sin que nadie se percatase, detrás de Aspros y aprovechando cuando abrió la puerta. Desde allí pudo divisar sin problemas la entrada al ala oeste, cruzando la enorme puerta que separaba el vestíbulo principal de la galería oeste. Tras ingresar en ella, la puerta se cerró súbitamente y la tiradora podría observar una cerradura electrónica en su interior con un dispositivo para pasar una tarjeta magnética. Tarjeta que, por supuesto, no poseía y hacía que por ahora estuviera inexorablemente atrapada y aislada en el ala oeste. Ante ella, la galería se extendía veinte metros a lo largo y cinco de ancho. El pasillo trascurría recto y con la misma decoración, pero el hilo musical que poseía el vestíbulo aquí estaba ausente, siendo el silencio lo que imperaba en la zona. Las puertas que se sucedían por todo el pasillo hasta el fondo estaban cerradas a cal y canto, cada una acompañada de un letrero con un número correspondiente a la sala y una rendija de ventilación cerca del techo, por encima de ésta. Al fondo se veía claramente una bifurcación hacia derecha e izquierda, que correspondían a unas escaleras y al ascensor. Ahora la tiradora debería elegir sus pasos con cuidado, estaba sola ante el peligro.

La verdadera rubia de la tripulación, Triana Tempesta, había decidido cubrir la entrada. Desde la puerta del hotel, estando a cubierto de miradas indiscretas del interior, la hábil espadachina vigilaba la zona de la entrada mientras fumaba un puro. Era quizás, con diferencia, el trabajo más pesado y aburrido del equipo. La mujer, que ansiaba poder pasar una noche de locura y desenfreno en el interior, casi seducida por los placeres carnales y el vicio del lugar, usó la finalidad del trabajo como medio para mantener la concentración y el foco, tal y como Kosax solicitó. Sin embargo, su paz se vería perturbada cuando, al darle una calada al puro, la puerta del hotel se abrió súbitamente y la golpeó de lleno, haciendo que su puro saliera disparado al suelo, cayendo en un charco y apagándose con el característico sonido de una brasa cuando es repentinamente sofocada. De la puerta, de manera inmediata, aparecieron dos hombres abrazados por el hombro el uno al otro. Estaban abiertamente ebrios y gritaban y reían con un volumen muy elevado. — JA, JA, JA, ¿VISTE SU CARA? — preguntaba el primero, más alto y fornido, con una voz estridente y acento extraño. — VAYA QUE SI, ¡LO HAS AJUSTICIADO! — contestaba el segundo con voz grave y más tono borracho aún. Los hombres, que vestían con ropa ligeramente formal, unos pantalones marinos, zapatos y camisa blanca, salieron del hotel y miraron a su lado, a la espadachina, con repudio, como si hubiera estorbado su salida del local. — ¡APARTA, MUJER! — gritó el primero con tono severo, de manera directa hacia Triana.

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#17
Continuaba mi vuelo por encima del hotel, desde ahí se podía ver de todo, incluso el interior de las salas que se extendían por lo alto de aquella torre consagrada al vicio y a la corrupción. Muchas de ellas se encontraban vacías, pero otras tanto estaban llenas de vida y de…

-Pero serán cochinos… -susurré al ver a un par de personas retozar con pasión.

También se veían los conductos de ventilación, e incluso a un grupo de guardias que peinaban la azotea en busca de intrusos, sin tan sólo alzaran la vista al cielo y me apuntaran con una de esas linternas la llama de mi interior brotaría como una grandiosa llamarada y desaparecerían en un abrir y cerrar de ojos, no serían siquiera conscientes de qué les ha pasado. Obviamente no los mataría, sólo les golpearía tan fuerte que perderían la consciencia y algún que otro diente. Parecía que desde arriba había tres entradas, una central que seguramente pudiera pertenecer al ascensor del hotel y luego dos que parecían ser escaleras de incendios. Si necesitaban ayuda, según quien fuera, entraría por alguna de esas entradas, con la ventaja de que yo podía atravesar todo por culpa de la maldición que tenía… Me encantaba bucear, sobrevolar el mar a poca altura y lanzarme en picado para pescar era uno de mis pasatiempos favoritos y mi habilidad más útil para la supervivencia en la Isla Ramirals. Desde que probé aquel fruto el capricho del destino quiso darme la capacidad de nadar y bucear en cualquier superficie, menos en el mar. Como odiaba no poder bucear en el mar…

Giré la vista para observar a Triana, parecía estar bien, al menos aún no se había metido en líos, y deseaba que siguiera así la cosa.


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#18
Ya había asumido que mi papel durante los siguientes minutos consistiría en esperar de forma pasiva a que los demás cumpliesen con su parte del plan, pero no contaba con las posibles complicaciones que me podrían surgir. Cuando la puerta se abrió y mi cigarro salió volando no quise tenerlo en cuenta. Había muchos más en mi chaqueta, solo tenía que sacar otro y encenderlo. Tampoco eran tan caros como para que me importase y con el dinero que íbamos a ganar me podría comprar miles de puros si me daba la gana. El verdadero problema fueron los dos idiotas que habían abierto aquella puerta. Eran dos borrachos lamentables que hablaban y reían a gritos, en un tono de voz muy alto y un acento que no reconocía, pero eso tampoco me molestaba. Lo que realmente no soportaba era la forma era la forma en la que se dirigieron a mí. Esos dos inútiles habían sido los causantes de que mi puro acabase en el suelo y encima mostraban una actitud altiva, como si el mundo les perteneciese. Y, para colmo, el tono con el dijeron la palabra “mujer” no me podía sonar más despectivo.

Sabía que tenía una misión muy sencilla que cumplir y que bajo ningún concepto debía llamar la atención, pero no era capaz de controlar la rabia que sentía. Me contuve todo lo que pude, no desenvainé mis katanas, no amenacé con cortarles ninguna parte del cuerpo, ni tampoco llegué a hacerlo, pero no iba a quedarme callada ante su actitud y sus comentarios de mierda. —A ver si os aparto yo a hostias, imbéciles —les contesté mirándoles fijamente de forma amenazante mientras me alejaba varios pasos de la puerta hacia uno de los lados sin quitarles la vista de encima.

No sabía cómo se lo tomarían, pero lo mejor sería no montar una escena justo delante de la puerta. Los borrachos eran impredecibles, lo mismo me ignoraban que decidían pegarme una paliza, tendría que haber mantenido la boca cerrada. Mi tarea era la más sencilla por el momento, solo tenía que quedarme quieta y callada, cualquier persona sería capaz de hacerlo, hasta un niño pequeño, así que no podría permitirme ser yo la que arruinase el plan, pero tampoco me dejarían muchas opciones si decidían continuar con aquella absurda disputa.

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

#19
“Ay por dios, ay por dios” era lo único en lo que podía pensar en aquellos momentos. Y es que el gran tipo, más por tamaño que por valía humana, me instaba a aproximarme y sentarme en su colosal regazo. Me deslice por el margen de la mesa de roble hasta alcanzar al titánico jefe de seguridad, con dividida atención en mí y en las cartas recién repartidas. ¿Por qué el objetivo siempre tiene que ser el feo? No podía evitar fijarme en el destacado atractivo del resto de jugadores, más debía centrarme en el blanco que me había tocado. Con un grácil movimiento, me aproximé a su rodilla derecha, me volteé y me senté en la enorme pata de cerdo que portaba como pierna. Un sutil e intencionado movimiento de cabello dejó al desnudo mi aroma, buscando jugar con todos sus sentidos.

- ¿Por qué será que a las mujeres nos vuelven locas los hombres tan grandes? - susurré para que solo él pudiese escucharme, aproximándome a su enrojecida oreja y presionando de forma consciente mi pecho izquierdo contra su cuerpo. Crucé mis piernas y las apoyé siguiendo el recorrido de las suyas, ya que, a mayor superficie de contacto, más contento estaría aquel enorme señor de alegre vida. -Ay, si supieses, majo- pensaba orgulloso de mi obra de arte, de mi escultural cuerpo y de mi impecable tuck. Me giré levemente para encarar sus cartas y, de nuevo, mostrar interés en aquella insulsa partida de póker en la que señores se jugaban cantidades absurdas de dinero por trozos de cartón con garabatos.

Jugueteaba con mi achatada copa de Martini seco, pero manteniendo su contenido intacto; ya había tenido suficiente con el desmadre de la noche anterior, no me iba a jugar el estado de PH de mi aporcelanada piel por un vicio de pobres y borrachos. Volviendo al plan, ¿dónde podía guardar el jefe de seguridad la llave? ¿En la chaqueta? ¿En uno de los bolsillos de aquel pantalón que buscaba clemencia? Me acomodé sobre la rodilla para ver si notaba algo duro, deseando que su procedencia fuese la llave y no algo que perteneciese a la fisionomía de aquel tipo.

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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



#20
Nada más pasar por la puerta, sentí cómo esta se cerraba a mis espaldas, lo que me puso en alerta. – Parece que a perro flaco todo son pulgas, ¿eh? Me había quedado aislada de mis compañeros y no tenía otra opción más que continuar avanzando. Fue tal y como me pasó en la famosa casa del terror de mi pueblo, cuando con tan solo doce años, la estúpida de Helen me encerró en una de las habitaciones durante una prueba de valor para reírse de mí. No lograron asustarme entonces y no permitiría que lo hicieran ahora tan fácilmente. Pero siendo realistas, la situación estaba complicándose por momentos.

Una vez en la nueva área, pude ver un largo pasillo lleno de puertas cerradas y noté la ausencia del hilo musical que me había protegido hasta entonces, lo que podría convertirse en un problema. Con mis grandes ojos de camaleón empecé a buscar posibles salidas, localizando al fondo del todo una división del camino que conducía hacia el ascensor o a las escaleras. -Vaya, vaya. Primera decisión de Jolyne – pensé.  -Veamos…

El ascensor sería sin duda la opción más rápida, pero corría el riesgo de que entraran otras personas y me descubrieran o de que se parase en diferentes pisos dificultándome el paso. Además, sería mucho más fácil quedarme atrapada en un solo cubículo. Por otro lado, ir por las escaleras sería más lento, pero al menos me permitiría más margen de movimiento en caso de que la cosa se pusiera complicada. O al menos eso esperaba. Por supuesto que también existía la posibilidad de quedarme en un punto muerto, pero tenía que escoger una opción y me decantaba por la más moderada. En mi cabeza, resonó fugazmente la voz repelente de Kosax diciendo: “para que te quejes, niña”. Y para su información, preferiría haberme quedado cuidando de la gallina, pero esta competición no se iba ganar sola.

No quería liarla porque lo que más temía era una bronca de Triana bajo la mirada condenatoria de Aspros. Así que, usando la habilidad especial que me confería mi fruta, recorrería el extenso pasillo repleto de puertas cerradas con la discreción que se me permitía dadas las circunstancias, y giraría para tomar el clásico camino de las escaleras hasta el piso veinte.

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli



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