[Aventura T4] Cuatro océanos
#41
Casi sin empatía.
La tiradora pasó por encima del pobre hombre que custodiaba las cámaras y ni siquiera reparó en haber matado a sangre fría a un desgraciado. Alma solitaria. Tras asestar varios golpes con su cola a la maquinaria de vigilancia y rematar con un preciso disparo a bocajarro, la tiradora cumplió con su misión. Los ordenadores y controladores de los caracoles de transmisión visual yacían ahora destrozados, chisporroteando y echando humo a causa del mal funcionamiento por las numerosas partes destrozadas. Tras esto, se acercó a las rendijas de ventilación de la sala, que bien podría haber usado para subir, y trató de entrar. Ya había visto el plano y conocía el camino, si se había fijado bien, solo tenía que ser capaz de entrar por tan pequeño conducto.


En el vestíbulo la acción no había cesado en ningún momento. Aspros, que había adquirido la llave y comunicado al equipo su éxito en el encargo que se le había asignado, seguía siendo perseguido por un encolerizado y desorientado Phat. — ¡AAAS! ¿DÓNDE ESTÁS? — gritaba el colérico gigantón mientras arrastraba a sus subordinados tras de él. Todo podía haber quedado ahí, pero en ese preciso instante, el capitán de los Alas Negras, que había cruzado todas las plantas desde la azotea haciendo uso de su fruta, atravesando como si de las aguas se tratase cada techo y suelo del hotel hasta llegar al vestíbulo y aterrizar sobre una mesa de juego. Cuando el alado capitán se dirigió al jefe de seguridad, éste lo ignoró por completo. Estaba absorto en busca de la mujer que le había robado el corazón y... sin saberlo, también la llave. Cosa que era cuestión de tiempo que descubriera. 
 
El gordo jefe se acercaba más y más hasta Aspros que se ubicaba escondido cerca de la puerta hasta que, para sorpresa de todos, Triana Tempesta apareció en escena. De momento, el foco de Phat cambió y tras un manotazo hacia su espalda que mando a volar a los pocos subordinados que le quedaban, preso a partes iguales por el deseo y la cólera, cambió de objetivo, acercándose rápidamente a Triana. — ¿ERES TU MI AS? — exclamó el gordo mientras se abalanzaba sobre la rubia espadachina y la abrazaba violentamente en un fútil esfuerzo de mantener el contacto físico, mientras comenzaba a salivar de manera notoria y a resoplar como un cochino. Phat estaba deslumbrado y confundido por la belleza de Triana y, solo quería satisfacer sus deseos, fuera o no con su As. El terrible abrazo del grandullón aplastó a la espadachina, que podría sentir como sus huesos y articulaciones crujían con la presión del abrazo. — NO SE VA NADIE SI NO TENGO MI AS. — anunció el jefe mientras todo el vestíbulo centraba su a atención en el gordo.


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#42
Aquel tipejo hinchado y repugnante, seguramente bajo la influencia de varias drogas, no escuchó mis palabras. Definitivamente no estaba tonto, era tonto y bastante. Gritaba fuera de sí como si estuviera poseído y preguntaba como un desquiciado que dónde estaba su As. Tras eso entró Triana y a partir de eso momento todo cambió. Don Repugnancia golpeó a los que parecían ser sus aliados y los mandó volando por los aires mientras se dirigía a toda velocidad hacia la espadachina.

-¿Cómo que si es tu As, idiota? ¡Has ignorado al futuro Rey de los Piratas! -grité cabreado mientras lo señalaba con el dedo índice de mi mano derecha.

Ya estaba decidido, le iba a hundir un Tierra Dorada en la nuca aprovechando que estaba sobando a Triana. La llama de mi espalda fue absorbida por mi cuerpo, aumentando mi resistencia física y pegué un salto hacia el gordo que en ese momento retenía el cuerpo de mi nakama. Cuando estuve a dos metros de él cargué el brazo desde la altura del hombro y le propiné un fortísimo puñetazo usando mi cadera para potenciar el golpe.

-¡TIERRA DORADA!
-grité con la firme intención de romperle todos los huesos del cuello.

Que tuviera a Triana atrapada entre sus brazos era preocupante, pero sabía que ella podía aguantarlo, y que se lo haría pagar, pero que hubiera pasado de mi me sentó francamente mal.

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! -grité enfurecido.


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#43
Mi aviso llegó rápidamente a oídos del capitán, que no dudó ni un segundo en dar rienda suelta a la última fase del plan: el robo del diamante. Oculto tras las puertas del pasillo que desembocaba en el ala este, observaba como el jefe de seguridad, sumergido en una ponzoñosa cólera, me buscaba al grito de “MI AS, MI AS”. No pude evitar bajar la mirada y observar aquellos enormes senos que habían cautivado el corazón del enorme esperpento - Que fácil es la vida con un par de estas, quien lo iba a decir.

A la espera de más señales de la banda, intentaba pasar desapercibido entre el gentío, el caos y la confusión reinantes en la enorme sala de juego. Path se acercaba peligrosamente a mí, pero una inconsciente Triana se abalanzó por el vestíbulo y se interpuso sin quererlo en su camino, a escasos metros de mi posición. Y cuando digo inconsciente, me refiero a que mi nakama desconocía el aberrante apetito voraz por carne fresca de fémina que Path exhumaba por cada poro de su piel. Una belleza como Triana no iba a pasar desapercibida, incluso si un colosal ángel negro atravesase el techo y se dejase caer en pleno centro de la sala. La presencia de ambos resultaba aliviadora, pero sentía que no podía relajarme hasta que el diamante estuviese en nuestro poder y hubiésemos salido de aquel casino convertido en circo. - Ánimo chicos, ya lo tenéis- dije en apenas un susurro, apartando un mechón de pelo tras mi oreja y sonriendo apretando los labios en un gesto burlón.

Encarando el pasillo del ala este, avancé por este en busca de alguna escalinata o medio que me ayudase a bajar al piso inferior; según los planos, el diamante se encontraba en el subsuelo de esa zona. Ante la posibilidad de que, a pesar del gran revuelo, hubiese seguridad, avanzaba atento a mi entorno, a la espera de que algún guardia o vigilante se interpusiese en mi camino y en el de este escultural cuerpo, que era capaz de llevar a los hombres a la locura.- Debería ser ilegal ser tan guapo y guapa a la vez- En aquellos momentos, solo me acompañaba el sonido sordo del caos y el ruido de unos tacones de marca correteando por el lujoso suelo del lugar.- Parece que no hay Minks en la costa. – Observaba de reojo las supuestamente desactivadas cámaras de seguridad, obra de nuestra campestre nakama Jolyne. Debía evitar la embriaguez de aquella falsa seguridad, mientras avanzaba hasta encontrar la cerradura que nos separaba del éxito.

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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



#44
Estaba preparada para cualquier contratiempo, o eso creía. Lo que menos me esperaba era que el tipo asqueroso encargado de la seguridad me agarrase por sorpresa y me atrapase en un abrazo repugnante. Parecía un gorrino desesperado por huir del matadero, berreando y con la cara hinchada y rosada repleta de gotas de sudor resbalando por ella y desapareciendo en su cuello. Preguntaba por algo de un As, pero apenas podía prestarle atención. Sus rechonchos brazos eran más fuertes de lo que aparentaban y me estrujaban con una brutalidad sorprendente. —¡Aparta tus sucios… brazos grasosos de mí! —dije como pude mientras intentaba hacer fuerza para librarme de su agarre.

Era inútil, el dolor que sentía me había dejado bloqueada, no podía pensar con claridad. Podía mover mis piernas e intentar hacer algo con ellas, pero no fue necesario. Yamamura, que había aparecido hacía poco en escena montando más escándalo del que debería, se lanzó contra él a toda velocidad para atacarle. Parecía bastante molesto por haber sido ignorado, cuando lo que mejor nos venía en esta misión era no destacar. Aún así, me alegraba de que el cerdo se fuese a llevar su merecido. Ya nos quedaba poco, estábamos tan cerca que solo podíamos seguir avanzando. El escándalo ya estaba armado, el caos reinaba a nuestro alrededor, tanto en el exterior como en el interior del edificio. Ya no era necesario guardar las apariencias, cuando antes acabásemos con esto mejor, y si para ello teníamos que liarnos a hostias lo haríamos.

El golpe de Yamamura debió ser bastante potente. El gordinflón no me pudo retener más tiempo tras recibirlo, sus brazos me dejaron libre. En el momento que sentí que me liberaba desenvainé una de mis katanas para clavársela en su entrepierna. No tenía intención de cebarme con él ni acabar con su vida, solo quería asegurarme de que le quedase claro lo desagradable que era. Además, así hacíamos algo de tiempo hasta que Aspros consiguiese el diamante.

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

#45
Los animales pequeños podían llegar a ser tan molestos como útiles. El curioso poder que aquella fruta me brindaba no era solo el de ser un bicho medio lagarto de gran tamaño. A mi gusto, era capaz de hacerme tan pequeña como un camaleón de verdad. Tras haber dado la señal para que mis compañeros entraran en acción, me dirigí hacia el conducto de ventilación más cercano, arranqué la rendija que estaba encima de la puerta y, colocando mis manos en el borde del conducto, abandoné mi forma híbrida para alcanzar mi transformación completa.

Sujeta al borde, solo tuve que impulsarme con mis extremidades hasta poder entrar por completo dentro del tubo. Era estrecho, pero suficiente para que cupiera mi cuerpo y me pudiera arrastrar por el mismo. Una vez en su interior, me enfoqué en seguir el recorrido que marcaba el plano. Me recordaba fácilmente a mis búsquedas del tesoro en la granja, en las que escondía los huevos de mis gallinas y me pasaba el día buscándolos, aunque ya supiera perfectamente dónde estaban.

Izquierda, todo hacia abajo, luego derecha... El detalle del plano me permitió seguir sus indicaciones sin mayor complicación, y así, recorrería el camino hasta llegar al vestíbulo del hotel; el punto de partida. Una tenue luz a lo lejos me indicó que ya había llegado a mi destino, y las voces se volvieron más audibles conforme me acercaba a ella. Pegué mi cara a la rendija para examinar la situación y me encontré con el revuelo que se estaba armando en aquella habitación. - Pero ¿qué hacen estos peleando? ¿Y el pedrusco? – pensé extrañada mientras negaba con resignación. Usando mi lengua, volví a empujar la rendija hasta que se aflojara, y de un cabezazo, conseguí que cayera. 

Yo ya había cumplido con mi misión y solo me quedaba retirarme. Supongo que era lo que tenía ser la más trabajadora y responsable de nuestra cuadrilla. No sabía qué demonios estaba pasando ahí fuera pero confiaba en que los demás no tardaran mucho más en robar el diamante y salir por patas. La abertura de salida no quedaba muy alta y, sirviéndome del mobiliario, llegué sin contratiempos hasta el suelo. Mientras todos presenciaban un enfrentamiento en el vestíbulo, yo, en forma de camaleón, pasearía por en medio de todos ellos hasta llegar a la puerta, que empujaría para salir del hotel como el que no quiere la cosa.

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

#46
Aspros, como ya había demostrado en esta misión, era un especialista del disfraz, la actuación y de aprovechar el momento clave. Cuando la pelea estalló en el vestíbulo, la ladrona de llaves se escabulló de manera sibilina y silenciosa del lugar. Su objetivo era claro, ahora que la vigilancia había caído, que los guardias estaban derrotados o al menos, se suponía que acudirían a ayudar a Phat, era el momento de robar el diamante. Aspros enfiló su caminata hacia el ala este y atravesó la puerta que separaba el vestíbulo, accediendo así a un nuevo y largo pasillo que carecía de un gran número de puertas, como se podría esperar de un hotel. Al contrario que el ala donde Jolyne entró, aquí el hilo musical estaba ausente y solo se podían oír los pasos de Aspros sobre el aún enmoquetado suelo del pasillo. 
 
Fue dejando puertas y puertas hasta que, justo a mitad del pasillo, puedo encontrar una escalera hacia pisos inferiores. Durante su trayecto pudo observar numerosas cámaras de seguridad a las cuales les faltaba algún tipo de alimentación eléctrica. Obra de su nakama tiradora, que se había encargado con sus sutiles mañas de que no hubiera pruebas del delito. No demoró mucho al pirata para llegar a la puerta acorazada del codiciado botín. Tras llegar a la parte baja de las escaleras, una sala sobria y gris se extendió delante de Aspros. La sala, de diez por quince metros de ancho y largo, con un techo de unos dos metros y medio, estaba carente de decoración, cámaras, seguridad… Solo una triste lámpara en el centro de la sala daba luz fría al habitáculo que conducía a la cámara. La puerta de seguridad, de estilo clásico, era redonda y poseía una enorme bisagra. Tenía una cerradura y una manivela circular. Si Aspros usaba la llave que había afanado tan hábilmente de Phat, tras girar la manivela, podría acceder al interior de la cámara. Dentro no había oro, ni tesoros, ni siquiera joyas. Grandes estanterías de libros, todos dispuestos por colores y tamaños, adornaban las paredes. Y justo en el centro de la sala, en un pedestal, sin ningún tipo de protección adicional, un enorme diamante pulido de color morado se erigía sobre un soporte cristalino, al alcance de la mano del pirata.

En el vestíbulo las cosas se habían descontrolado. Al marcharse Aspros de la escena, Yojimbo arremetió contra el jefe de seguridad, molesto por su ausencia de atención ante lo que él consideraba una burla al próximo rey de los piratas. El gordo jefe que se encontraba ensimismado con el cuerpo de Triana mientras lo sobaba de manera grotesca, recibió sin ningún tipo de capacidad reactiva, sintiendo como su cuello crujía y se doblaba, haciéndole tambalearse y soltar en el acto a la espadachina.  A su vez, Triana aprovechó la ocasión y ensartó al jefe en la entrepierna, ataque fatal para cualquier hombre. Con la confusión del golpe de Yojimbo, Phat apenas pudo reaccionar cuando la espada se clavó en sus órganos reproductivos, lo que él más apreciaba después del dinero. Su reacción instintiva, lejos de alejarse del rival, fue apretar las piernas fuertemente, sujetando así con sus muslos la espada de Triana, que, se encontraría atrapada. Tras esto, lanzó un terrible puñetazo a la cara de la rubia, intentando estampar su pequeño cuerpo contra el suelo.
Mientras tanto, la tiradora Jolyne había abandonado la instalación para ponerse a salvo tras cumplir su misión, saliendo por una de las múltiples rendijas de ventilación del hotel. Ahora estaba en su mano decidir cuál sería su siguiente paso.

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#47
Descendí por las escaleras hasta alcanzar el nivel donde, supuse, se encontraba el tan ansiado diamante. A pesar de que Jolyne se había encargado de las cámaras, al menos esa era la idea, no podía evitar sentirme observado por el sinfín de cacharros que colgaban por las paredes y apuntaban con sus lentes a todas direcciones. Tras mandar un par de besos a mis improbables espectadores, llegué al lúgubre nivel inferior, a duras penas iluminado por una lámpara que vomitaba luz fría y sin vida. El silencio era ensordecedor, lo cual me hacía desconfiar hasta de mi propia sombra. Antes de avanzar, extraje la llave y el pintalabios del bolso, me agaché en una de mis rodillas e impulsé mi lujoso accesorio por el suelo de la sala para que avanzase unos cuantos metros por delante de mí.

- ¿Estoy siendo paranoica? Tal vez... -le hablaba a un público invisible, atento a mis movimientos- ...pero he visto demasiadas películas de robos y ahora es cuando un láser mata a la guapa. - Quería cerciorarme de que todo iba según el plan, por lo que repetí mi enfermiza comprobación hasta llegar a la enorme puerta que me separaba del botín. Introduje la llave, la giré y un sonoro “clack” me advirtió de que aquel portón no iba a ser un problema. Giré la enorme manivela y expuse la cámara del tesoro de par en par.

La decoración de la sala me pilló totalmente desprevenido. Y es que, en lugar de grandes pilas de oro, lingotes amontonados por doquier, perlas ensartadas y esculturas, me encontré con centenares de libros, de todas las clases y tamaños. Aquella imagen me hizo retroceder a tiempos pasados en la mansión Kudo, a la biblioteca donde había transcurrido mi niñez, embriagado por la curiosidad y el saber. - Aquí estás cariño – dije en un tono demasiado sensual para la situación en la que me encontraba, casi orgásmico. Lo habíamos conseguido, más no quería embriagarme por el aroma de la victoria antes de tiempo. Como última medida de enfermiza seguridad, me agaché para palpar el suelo y comenzar a dibujar en su superficie con mi amado pintalabios: formas angulosas pero delicadas, expresión de rigidez, dureza. Había logrado recrear a la perfección el diamante de Icar, duplicado ante mi orgullosa mirada. - Tú te vas al bolso – pensé al guardar el diamante falso en mi fiel compañero de batalla- y tú te quedas conmigo, en mi corazón -alargué el brazo, cogí el diamante y salí disparado de la sala, introduciendo durante mi huida el pedrusco en el hueco falso ubicado entre mis enormes pechos. Cerré la enorme puerta de acero, ascendí por las escaleras y me abalancé por el pasillo que me devolvería al vestíbulo principal. Tal vez estuviese tomando demasiadas precauciones, pero chica precavida vale por dos; y si es guapa, por tres. - ¡He vuelto zorras!


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#48
Había subestimado a aquel hombre. Sus pintas de gorrino sudado me habían engañado y no había imaginado que pudiese tener tanta fuerza y, sobre todo, tanta agilidad. Me había parecido, lento, torpe y estúpido y eso me había llevado a ganarme más de un golpe por su parte. Entre los marines de la entrada y esto estaba comenzando a cabrearme de verdad. Cuando intenté sacar la katana no fui capaz de tirar con la fuerza suficiente. Se había quedado atascada en su entrepierna, lo cual el tipo aprovechó para pegarme un puñetazo que no pude esquivar. No dolió demasiado, era un golpe flojo, pero también podía tener que ver que estaba completamente cegada. No podía pensar en nada más que en rajarle su papada.

Ya no recordaba por qué estábamos allí y cuál era nuestra misión. Estaba completamente enfocada en tirar de la katana y continuar con el enfrentamiento hasta dejarlo desangrándose en el suelo. Sin que lo esperase, una voz familiar me sacó de aquel estado. A pesar de los gritos de la gente y las pisadas apresuradas huyendo de la escena pude escuchar a Aspros. Eso me hizo recordar que este mindundi no valía para nada nuestro tiempo ni merecía nuestros esfuerzos. Nuestro trabajo aquí había concluido, lo que significaba que si escapábamos con éxito seríamos ricos, o al menos no tendríamos que preocuparnos por el dinero en un tiempo. Apreté el mango de la katana con todas mis fuerzas y pegué un tirón para extraerla. Tuve que contenerme para no continuar con aquello. Estaba segura de que entre Yamamura y yo podríamos dejarle fuera de combate sin problema, pero ahora el tiempo era oro, literalmente.

Nada más sacarla la envainé rápidamente mientras me escabullía entre la gente para huir hacia la puerta de salida del edificio. Me había dado bastante rabia no poder despedirme correctamente del gordinflón, pero intenté compensarlo pensando en el diamante. El tipo parecía rápido, esperaba que la confusión de la situación y el perderme entre la gente le impidiese perseguirme. Si no era así, seguramente Yamamura se encargase de él. Esperaba que hubiese escuchado a Aspros e hiciese lo mismo que yo. Cuando conseguí salir, saqué mi den den mushi para tratar de localizar a la única que faltaba: Jolyne.

—Ya lo tenemos. Jolyne, ¿dónde estás? ¿Has salido?

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#49
Caminé con mis cortas patitas sobre la moqueta mientras Yojimbo y Triana se enzarzaban en una especie de pelea contra un gorila. Sabía que no tardarían mucho en mandarle a dormir y que Aspros acabaría sacando el diamante, pero todo eso dejó de preocuparme cuando me di cuenta de mi situación actual. -Un momento… Había conseguido llegar al exterior e inconscientemente se me dibujó una sonrisa en la cara. - ¡Primera! – grité rápidamente, asegurándome de que nadie me arrebatara la victoria. - Soy la primera – confirmé. Había sido la primera de la banda en salir y no es que quisiera hacer de esto una competición, pero me sentía triunfante. Tal vez podía sonar algo infantil por mi parte, ya que técnicamente éramos un equipo y lo que contaba era el resultado, pero no pude evitar pensarlo. Me traía demasiados recuerdos en los que aún tenía que demostrar mi valía ante los charlatanes de mi pueblo.

Con un suspiro, me aparté de la puerta y decidí esperar pacientemente al resto. Tampoco quería quedarme de brazos cruzados como si fuera una holgazana, así que me dediqué a observar la zona por si habían llegado a dar la alarma y me tocaba bloquear el paso a algún zorro mañoso hasta que consiguieran sacar el pedrusco. Sin embargo, el ambiente de fuera era casi tan raro como el del interior. Como si hubiera ocurrido algún tipo de accidente en los alrededores.

Aun así, procuré no llamar la atención y amansé los nervios dando pequeños golpecitos en el asfalto con mis dos patas laterales. – Bueno, ¿¡salen ya o tengo que ir a buscarlos!? No se podía negar que, por mucho que quisiera, la espera ya había empezado a impacientarme y las miradas hacia las puertas del hotel se habían vuelto cada vez más frecuentes. Al fin y al cabo, era poco probable que les hubiera pasado algo, ¿no? 

Para mi alivio, Triana apareció preguntando mi posición. - ¡Estoy aquí! ¡Por fin! – exclamé mientras regresaba a mi forma original. Cualquiera que me viera, podría decir que mi cara se me iluminó de nuevo al verla. - Conseguido, ¿no? Pues nos vamos. 

 
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#50
Escuché como los huesos de su cuello cedían ante la Tierra Dorada que todo lo purificaba a su paso. Con un sonido seco y potente, casi a la altura de los gritos de la gente que había en el lugar, mi puño se hundía en su grasienta nuca, y por cada milímetro que avanzaba mi sonrisa era más grande aún, estaba casi del todo seguro que mi golpe acabaría por atravesarle la cabeza y hacerla explotar en una piñata de huesos y sangre. Pero por desgracia las cosas no ocurrieron como esperaba y sólo tambaleó levemente el terrorífico cuerpo del abrazador. Tuvimos la fortuna de que mi golpe soltara a Triana y, como era de esperar, no tardó en atacarlo con un veloz espadazo en sus partes nobles, eso tenía que doler.

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! -gritaba fuera mi mientras agitaba la cabeza y golpeaba mi pecho rítmicamente con ambos puños, como si fuera un gorila. -¡SSSSSIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! -grité de nuevo con energía mientras era testigo de la situación.

Aquel cerdo humanoide agarró con sus… ¿bolas? La espada de Triana, pero ella con aún más fuerza, si acaso era posible, se convirtió en la Reina de Inglaterra sacando aquel filo de la piedra. ¿En qué estaba pensando y qué tonterías eran estas? Una voz me salvó del pozo de la locura en el que me estaba sumergiendo, era Aspros y estaba emocionado, dando la sensación de que habíamos logrado nuestro objetivo. La llama de mi espalda aumentó de tamaño de forma agresiva, hasta tal punto de tocar el techo del lugar. Me lancé hacia él y en un visto y no visto lo agarré entre mis brazos, aleteé con fuerza las alas y salí disparado por la puerta que daba a la calle.

Nada más salir vi a Jolyne, lo habíamos conseguido, teníamos el diamante. Mientras avanzaba en el aire unos metros cogí el Den Den Mushi y me puse en contacto con nuestro enlace.

-¡Jefe K-Besón!
Lo tenemos todo listo. -le dije.

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