[Aventura T4] Cuatro océanos
#51
La alerta de Jolyne fue la señal que el equipo necesitaba para recordar que el objetivo no estaba en derrotar a todo el que se pusiera por delante en el Saphire, sino conseguir el diamante de Icar y salir del lugar. Kosax debía estar esperando el botín para conseguir el dinero y repartirlo con los piratas. Phat, que había conseguido atrapar la espada de Triana con su entrepierna y golpearla, reía descontroladamente mientras gritaba — ¡OS VOY A MATAR A TODOS, Y LUEGO ENTREGAROS A LA MARINA! — mientras intentaba agarrar de nuevo a la rubia espadachina, esta vez con su mano derecha, directamente de la cabeza. Parece que poco a poco, y quizás a raíz de los golpes, había vuelto en sí, y eso le permitía pensar con más lucidez, además de reconocer a Triana Tempesta, pirata de los Alas Negras, así como a Yojimbo, capitán de estos. Esto hizo que Phat viera el ataque como una oportunidad de hacerse famoso por derrotar a ambos piratas y entregarlos. — NO SALIS DE AQUÍ CON VIDA. — sentenció el gordo asqueroso lanzando su mano hacia Triana. 
 
Cuando Aspros, que había conseguido el diamante, pasó de largo gritando a sus compañeros, Phat reconoció la voz y giró de manera inconsciente para verlo. No podía imaginar que su querida As era en realidad compinche de los piratas. En ese preciso instante, Triana usó toda su fuerza bruta y con un fuerte tirón, extrajo la katana de la entrepierna de Phat, que sintió el corte de salida y volteó hacia Triana, la cual había salido disparada de ahí. Yojimbo, que vio la oportunidad, aumentó su fuego externo y, lanzándose a por Aspros, voló a toda velocidad en dirección a la puerta. Esto provocó un giro más en el desorientado Jefe de seguridad que, por un momento, intuyó el pastel. — No puede ser... — murmuraba mientras se quedaba totalmente pálido y quieto. — NO. PUEDE. SER. — repetía, más fuerte y enfadado, mientras se giraba hacia el ala este y comenzaba a correr dirección a la cámara acorazada. Cuando llegó, solo pudo encontrar el estante del diamante vacío. — ¡HIJOS DE PUTA! — maldijo mientras golpeaba la puerta con los puños desnudos. Por suerte, el ladrón no había tenido a bien reparar en todos los libros con información. Aquel lugar era ni más ni menos que un repositorio de información sobre frutas del diablo, tesoros piratas y ciencia médica. El dueño del Hotel Shapire, el señor Icar, había sustentado su negocio en el robo, la extorsión y los piratas, haciendo de sus tesoros el negocio. Para desgracia de los Alas Negras, este conocimiento se quedaría allí, vedado para ellos pues, cuando Phat quiso volver al salón de juego, habían desaparecido para siempre, llevándose el diamante de Icar con ellos, sentenciando así al gordo jefe a una muerte segura a manos de la junta directiva de la familia Icar.

Durante el camino al Tango de la Sultana, los piratas pudieron oír por el Den Den Mushi que les conectaba con Kosax varios sonidos de interferencias y golpes. Esto, con toda seguridad, presagiaba problemas. Cuando llegaron al barco, la cubierta, donde Kosax se había establecido con los mapas y planos, estaba cubierta de un líquido rojo, aparentemente sangre que les conducía directamente a la bodega de carga. No había señal del ladrón asociado ni de sus atacantes. Solo un silencio sepulcral en la noche. Dentro de la bodega, al fondo, un enorme bulto cubierto de ropajes grises y de ese mismo líquido vital yacía sobre el suelo.


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#52
Al ver a Jolyne aparecer repentinamente o, más bien, adquirir su forma humana a partir de una especie de lagarto que juraría que era un camaleón recordé repentinamente la impresión que me había dado verla transformarse en un monstruo humanoide con escamas. No sabía cómo había podido olvidar algo así, había sido bastante impactante, pero ahora no era el momento de discutirlo. Yamamura atravesó la puerta a toda velocidad con Aspros en sus brazos, ya estábamos todos. Corrí tras ellos a algo de distancia, era imposible alcanzarle y tampoco lo pretendía, con que llegásemos los cuatro al barco bastaba.

Ya estábamos fuera, pero la misión no había terminado. Nos quedaba huir de la escena y sortear un nuevo obstáculo que acababa de presentársenos. Esperaba escuchar la voz de Kosax en cualquier momento, lo cual no sucedió. En su lugar unos sonidos extraños se escucharon desde el den den mushi. Parecían golpes, aunque no se escuchaba demasiado bien, también parecía haber interferencias. Lo que faltaba. Lo único que esperaba era no encontrar a medio cuartel de la marina junto a nuestro barco. Era imposible, no podían habernos encontrado tan rápido. Entre que Phat les llamaba y nos localizaba tendríamos que tener el tiempo suficiente para escapar de la escena con nuestro tesoro.

Tras una carrera que se me hizo eterna conseguimos llegar. No parecía haber nadie cerca, aunque no descartaba que pudiese tratarse de una trampa. Subimos a la cubierta con la esperanza de encontrar a nuestro compinche, pero no había nadie, tan solo un reguero rojo de sangre que se escurría hasta la bodega. Me aproximé hacia la puerta para asomarme hasta el interior sin llegar a entrar y sin saber qué esperar. Parecía haber un cuerpo cubierto de ropa y sangre. Podría ser Kosax, lo cual significaba que los atacantes todavía podían encontrarse cerca, o podía ser un enemigo con el que nuestro aliado había acabado, aunque esto me parecía bastante menos probable. Todo apuntaba a que la situación se nos iba a complicar más de la cuenta. Miré hacia Yamamura esperando sus órdenes. —¿Qué hacemos? ¿Lo sacamos de ahí? —le pregunté. Podíamos zarpar inmediatamente con el cuerpo y averiguar lo que había ocurrido más tarde o tratar de desvelar ya el misterio de aquel asesinato. Conociendo a nuestro capitán, se apresuraría para saber cuanto antes qué narices había ocurrido y quién era el tipo muerto de nuestro barco.

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

#53
El caos imperaba en el gran salón de juegos; ya no solo por el irascible comportamiento del jefe de seguridad Path, ni por las dos muertes acaecidas esa misma noche, sino por la aparición estelar de dos de mis compañeros de banda. Yojimbo y Triana habían creado la distracción perfecta para que pudiese realizar el robo del diamante con inusitada facilidad, y ahora se batían en duelo con el gordo asqueroso. Tras extraer su espada de la entrepierna de Path, la espadachina puso pies en polvorosa hacia la salida del complejo, mientras que Yojimbo, antes de que pudiese reaccionar, me agarró con su enorme brazo y me arrastró a la entrada. Antes de perder de vista al jefe pude dedicarle un último beso lanzado al aire, secando unas lágrimas imaginarias con mi mano diestra, como si portase un pañuelo de viuda despechada. – Siempre te recordaré… para mal.

En brazos del enorme capitán llegué al exterior, cobijado por el estrellado cielo contaminado por la excesiva iluminación del complejo y los enormes pectorales de Yojimbo- Voy a empezar a acostumbrarme a ser cargado por hombres fornidos- pensé mientras miraba de reojo a Yojimbo, que parecía querer cargarme hasta el propio barco. Triana y Jolyne nos seguían de cerca. Me alegraba comprobar que tanto la niñata cara plana de campo como la bollera ensarta entrepiernas estaban a salvo, además del pollastre quemado. - Gracias a dios que no pueden saber lo que pienso.

Quedaba un buen rato hasta que pudiésemos llegar al barco y, aunque comenzase a embriagarme una profunda sensación de seguridad provocada por los brazos del capitán, debíamos mantenernos alerta. Y es que acabábamos de robar un enorme diamante de un complejo plagado de seguridad y marines: esto iba a tener consecuencias.

- Bueno… -arranqué a hablar para romper el extendido silencio originado desde que habíamos salido del gran casino. - …estar así en los brazos de un hombre me hace sentir tan frágil, me recuerda a mi primer amor, aquel hombre casado del pueblo que veía furtivamente. Le gustaba llevarme a sitios caros para comprar mi silencio, aunque también le gustaba silenciarme de otras formas, jujujujuju.

Se sucedieron los minutos hasta que al final llegamos al barco. Quise cantar victoria ante la idea de que los marines no nos habían tomado la delantera y requisado nuestra embarcación, pero un extraño reguero, de lo que parecía ser un líquido espeso, serpenteaba hasta la entrada de la bodega, ¿era sangre? Triana no dudó ni un segundo en abalanzarse hacia la entrada para comprobar su origen, mientras que yo salté de los brazos del capitán y me dispuse a cubrirle las espaldas en caso de emboscada. - ¿Sacar? ¿Sacar el qué?

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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



#54
Todos lograron salir rápidamente del hotel y, protegidos bajo el manto de la noche, fuimos directos a nuestro barco. Aunque tuvimos tiempo de sobra para hacerlo, no conseguimos contactar con Kosax durante todo el trayecto, y solo pudimos escuchar ruidos raros por el Den Den Mushi. Tampoco le di tanta importancia en el momento, ya que hasta yo misma había tenido problemas en el pasado para comunicarme a través de ese artilugio, pero solo era cuestión de acostumbrarse. En su lugar, quería contarles cómo yo, Jolyne, había llegado hasta la sala de máquinas y había hecho frente a toda una delicada tecnología para cumplir mi parte de la misión. No quería su reconocimiento, solo asegurarme de que estuvieran al tanto de mis contribuciones al equipo, pero Aspros interrumpió para hablar sobre sus líos amorosos clandestinos. – Pos no te creas. En el pueblo todo se acaba sabiendo – le contesté con la sinceridad que me caracterizaba.

Cuando pudimos subir al barco, nos encontramos con un caótico panorama. La cubierta estaba vacía, manchada de un pringue rojo y sin ningún rastro de Kosax. Antes de alarmarme, incliné levemente la cabeza y entorné los ojos extrañada para observar la cubierta del barco. No iba a engañar a nadie; en época de matanza se veían cosas peores en mi granja, pero afortunadamente este no era el caso.

– ¿Se puede saber por qué hay salsa de tomate en el suelo? – dije con cierto tono de molestia. No podía entender quién de nosotros había sido tan desconsiderado como para tirar comida al suelo. ¿Es que acaso no sabían lo que costaba cosechar los alimentos? Iban listos si se pensaban que en nuestro barco eso iba a ser lo habitual. Al menos aún se podía comer a lametones. No obstante, había algo que me escamaba en todo este asunto. Seguí junto a Triana el rastro de tomate hasta llegar a la bodega y, cuando ella abrió la puerta, me asomé para ver su interior. Lo que vi fue un puñado de ropajes embolicados que hacían una forma perturbadora. - Está hecho a mala gana, pero eso no es un cuerpo de verdad. – les advertí. – Aquí hay gato encerrado - dije mientras me tocaba la nariz, indicando que algo me olía mal en todo este asunto. Además, había demasiado silencio. - ¿Y Kosax? Miré a mi alrededor buscando alguna señal de vida. Solo esperaba de todo corazón que su verdadero objetivo no fuera la gallina y que esto conformara una elaborada treta para despistarnos y robárnosla.

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

#55
En cuanto cruzamos la puerta del hotel bajé la velocidad de vuelo, no formaba parte de mi plan dejar al equipo atrás mientras Aspros y yo descubríamos un mundo ideal donde él y yo pudiéramos decidir cómo vivir sin nadie que lo impida. Fue cuando lo sostuve por un tiempo entre mis brazos cuando me di cuenta de lo poco que pesaba, me deprimí al imaginarme de su altura… yo no estaba para nada gordito, pero tampoco tenía una figura tan espectacular ni un peso tan ideal… era guapo y guapa, un fiera de tío sin duda, Aspros de fiesta se las llevaría… ¿todas? No tenía ni idea de sus gustos, pero tenía que ser un animal salvaje ligando.
Mientras nos dirigíamos al barco estaba atento al Den Den Mushi ya que me preocupó no escuchar la voz de Kosax, sino unos golpes e interferencias en su lugar. Me dejó con mal cuerpo pensar que alguien había asaltado el barco, matado a nuestra gallina guardiana y comido el cuerpo blandito y, seguramente, con sabor a curry de Kosax.

Por suerte Aspros sacó un tema de conversación que me mantuvo lo suficientemente distraído como para no pensar demasiado en el jefe K-Besón. Por lo visto estar en mis brazos le hacía sentir frágil y le recordaba a un primer amor que, de alguna manera original, le callaba. Jolyne, que conocía a Aspros desde hace tiempo, dijo básicamente que las noticias en los pueblos vuelan.

-Kiiikikikiki -reí justo antes de comenzar a contar mi historia. -Te entiendo, yo una vez de joven estuve en los brazos de un Monosaltamontes rojo de la selva que me sacaba como cinco cabezas. Yo no era tan grande como ahora pero aún así su tamaño impresionaba. Lo nuestro no fue un amorío, yo lo quería cazar y el intentaba estampar mi cabeza contra una afilada roca que había en el suelo… en fin, sentirse frágil es terrible, te entiendo. Por cierto, dato curioso, el Monosaltamontes consiguió estampar mi cabeza contra la roca y casi me saca un ojo kikikiki, aunque al final lo cacé, pero su carne estaba tan mala que usamos los restos como cebo para pescar. Golpeó mi cabeza quince veces contra aquella roca, mi padre pensaba que ya me había muerto, pero no. Los caprichos de la vida.

Tras eso el viaje continuó y por fin llegamos al barco, que estaba todo lleno de… ¡SANGRE! Mi piel palideció y, aunque Jolyne decía que era salsa de tomate mi intuición me decía que no, que de verdad era sangre. En silencio bajamos hasta la bodega del barco y había algo delante, parecía un cadáver tapado con una manta. Nos habían matado al K-Besón. Triana preguntaba los siguientes pasos, Jolyne decía que eso no era un cuerpo de verdad y Aspros bajaba de mis brazos para cubrir la retaguardia.

Avancé unos pasos, tembloroso, hasta posicionarme delante de aquel cadáver, dispuesto a lo peor destapé la sábana. ¿Qué habría debajo? ¿Íbamos a morir todos?

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#56
El camino fue rápido y la sorpresa ingrata.
El reguero de sangre que conducía a la bodega de carga avanzaba serpenteando de manera inexorable hasta la puerta. Tanto Triana como Jolyne fueron cautas. Se asomaron tímidamente desde el umbral, que tenía la puerta abierta hacia el exterior, casi pegada a la pared, abierta de par en par. Jolyne ya había anticipado que el cadáver era una trampa, que era imposible que tal objeto fuera un hombre muerto. Triana, por su parte, se limitó a pedir instrucciones. El carácter logista y fuerte de la espadachina seguía patente incluso en circunstancias tan serias. Aspros, por su parte, se quedó cubriendo la retaguardia, más atrasado y mirando hacia las escaleras que subían a cubierta. Tras bajar las escaleras, Yojimbo, que fue el último en llegar, atravesó la puerta en dirección hacia el supuesto cadáver. Más le hubiera valido al alado capitán de los Alas Negras escuchar a su joven tiradora, pues cuando este tiró de las sábanas impregnadas en la falsa sangre, solo pudo descubrir almohadas y cojines simulando un cuerpo. No había cadáver, hombre vivo ni muerto. Solo una mullida masa de plumas encerradas en finas telas.

Mientras Yojimbo llegaba a la cadavérica trampa, un personaje apareció, moviéndose lenta y silenciosamente desde detrás de la puerta y, aprovechando que tanto Triana como Jolyne observaban la sala, se ubicó tras la espalda de éstas y agarró fuertemente del cuello a Jolyne, apretando su tráquea con una mano fuerte y robusta. — Bienvenidos a casa, nonames. — saludó Kosax mientras asía con su mano derecha, el cuello de la tiradora, y con la zurda, el cuello de la mascota de la tripulación, la gallina, que estaba siendo totalmente atrapada por el ladrón. — Podríais haber salido un poquito más magullados y ponérmelo fácil. — dijo, cerrando de golpe con el pie la bodega de carga sin dejar de mirar a Triana y colocándose de lado para ver de refilón a Aspros. — Hazme el favor, rubia, cierra y rompe la llave, que se escapa el pajarito. — ordenó con su norteño acento mientras hacía un gesto leve con las cejas y la cabeza hacia la puerta — No me gustaría — añadió colocando el pulgar de su mano izquierda sobre el lateral de la pequeña cabeza de la gallina — tener que montar una franquicia de pollos. — senteció, sabiendo que la bodega de carga tenía una única salida y que el verdadero peligro se encontraba en una preciosa jaula de madera. — Ahora, ¿dónde está mi diamante? — preguntó elevando el tono de voz, permitiendo que Yojimbo lo escuchara incluso desde la bodega. — Digo mío porque es, literalmente, mío. Lamento presentarme a estas alturas… Kosax Icar, dueño del Hotel Saphire. — anunció con una sonrisa amplia en su prepotente cara. — Lo mío, por favor. —

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#57
Con las manos temblorosas y cagado de miedo quité la sábana rápidamente esperando no ver el cadáver de Kosax, nuestro jefe K-Besón. Sentí una sensación de alivio al ver que no había ningún cadáver y que eran todo almohadas y cojines, pero había algo que no encajaba en todo esto… ¿desde cuando teníamos tantísimos cojines? Me giré para decirle a mis nakamas que todo iba bien, que sería una broma de Kosax pero nada más lejos de la realidad. Todo había sido una trampa.
El muchacho de pelo grasoso agarró por el cuello a la infame tiradora Jolyne y a la gallina guardiana protectora del Tango de la Sultana y comenzó a hablar. Desveló su auténtica identidad, era el dueño del hotel que acabábamos de saquear y tenía la firme intención de matar a la gallina, y seguramente a todos nosotros, si no le dábamos el diamante. No se negociaba con este tipo de gente, como a él le gustaba decir, esto no es un juego.

Las llamas de mi espalda bailaban con fuerza, desatarlas me aportaba una energía que me costaba incluso controlarla, desde luego en la Isla Ramirarls no había otra quimera con un poder semejante al que poseía. Controlar las llamas que danzaban en mi espalda para hacer que mi piel fuera dura como el metal, o que mi cuerpo se moviera ágil como una hoja no era algo que hubiera podido observar antes. Me había quedado con su posición, sabía perfectamente dónde estaba, tanto él como Jolyne y la gallina, porque aún lo estaba escuchando hablar, ese cabrón traicionero lo iba a pagar. Pegué un salto hacia la puerta y la atravesé con mi puño derecho cargado de furia y violencia. Aquel golpe, no sólo atravesaría la puerta de madera, sino que golpearía su cráneo con tanta fuerza que soltaría a mis dos nakamas, al mismo tiempo, y aprovechando que me encontraba pegado a él, con mi mano izquierda lo agarré del cuello y lo elevé unos cuantos metros. Mi gigantesca mano cubría, no solo la totalidad de su cuello sino parte de su boca y nariz.

-Aquí tienes lo tuyo.
-finalicé serio.

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#58
Miré cómo el capitán se metía en la bodega y destapaba la sábana ensangrentada. Como imaginaba, debajo no había más que un montón de cojines apretujados. Aunque ya estuviera en alerta por el posible intento de engaño, no me di cuenta de que Kosax se nos estaba acercando por la espalda y, en un instante, pude sentir su mano apretando mi cuello con fuerza  impidiéndome la respiración. Aquella sucia rata, cobarde donde las haya, nos había pillado de rehenes tanto a la pobre gallina como a mí. Cerró la puerta de una patada para separarnos del capitán, y le pidió a Triana que le encerrara con llave. Como si eso fuera a servir de mucho. Entendía que quisiera ir a por mí o a por cualquiera de nosotros, pero su cruel comportamiento hacia la gallina me repugnaba; para comerse un animal no hacía falta hacerlo padecer de aquella forma. Notaba que mi cuello ardía, y para colmo, aquel tipo resultó ser el mandamás del hotel de donde acabábamos de huir con el pedrusco. ¿Había elaborado todo un plan para robarse a sí mismo? Desdichada de mí, estaba rodeada de codiciosos hambrientos de dinero.

Kosax era tan fuerte que no tenía manera soltarme, y se había dedicado a hablar como un loro mientras yo hacía lo posible por respirar sin éxito alguno. No quería que este fuera el desdichado final de la moza Jolyne. ¿Dónde había quedado mi suerte ahora? Por fortuna todavía tenía las manos libres para coger mi arma y dispararle a bocajarro, pero antes que pudiera hacer algún movimiento, la puerta de la bodega se reventó de un golpe. Aunque todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos, nuestro capitán se dirigió hacia nosotros a una velocidad impresionante. Me alegraba pensar que ahora tenía compañeros que me cubrían, y yo a ellos. Tan rápido como sentí el impacto, noté que mi cuello se aflojaba e inicié mi transformación a camaleón gigante preparando mi rifle. Era todo un alivio volver a respirar, pero me mosqueaba la idea de que ese viejo hubiera intentado matarme. Igual que a nuestra gallina. Nada más le tuve a tiro delante de mí, disparé a Kosax en el pecho haciendo uso de mi camuflaje, y me alejé del lugar para tomar distancias.

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

#59
Al ver aquel amasijo de telas y cojines simulando ser un cuerpo y escuchar la voz de aquella rata traidora a nuestra espalda supe inmediatamente que nos había engañado. No me sorprendió demasiado, toda la situación había resultado de lo más sospechosa, un tipo que se acerca a unos completos desconocidos, que resultan ser piratas buscados, para que ejecuten un plan de robo que tiene perfectamente planeado. Lo de confiar ciegamente en unos piratas para llevar a cabo el plan era lo que más me había extrañado, pero no nos había dejado otra opción, la recompensa era demasiado jugosa. Tampoco podía culparle, a mí se me había pasado varias veces por la cabeza la idea de engañarle para quedarnos con el botín. Sin embargo, eso no significaba que pensase perdonarle o ignorar su traición y que estaba sujetando de forma amenazante a uno de mis compañeros.

Cerró la puerta de una patada y me pidió que la cerrase con llave para dejar encerrado a Yamamura. Era inteligente, sabía que sería el que más problemas podría ocasionarle, pero su mayor error sería subestimarnos a todos. El pollo me daba bastante igual, por mí como si le partía el cuello, y la información que nos dio sobre su plan maestro solo hizo que quisiera con más ganas partirle por la mitad. No podía ser un cualquiera, tenía que ser un asqueroso rico con ganas de más dinero. Me quedé plantada sin mover un dedo y ninguna intención de obedecerle para cerrar la puerta. Sabía que Yamamura podría atravesarla sin problema, pero no me daba la gana darle el gusto de que creyese que tenía el control, aunque fuese durante unos segundos. La respuesta de Yamamura no tardó en llegar. Conociéndole, tampoco perdonaría que estuviese amenazando nuestras vidas.

Nuestro capitán salió disparado de la bodega atravesando la puerta y reventándola, sin mostrar ninguna preocupación por el bienestar del barco. Al fin y al cabo, tan solo era un objeto, pero Jolyne era irremplazable. Se abalanzó sobre él a una gran velocidad y le pegó un potente puñetazo para luego agarrarlo. En ese momento todos pensamos lo mismo, teníamos que aprovechar la situación. Jolyne desapareció y pegó un tiro con su pistola mientras yo desenvainaba mis dos katanas para lanzarme a por él. Nos tenía a Aspros y a mí a la vista al haberse situado de lado. No sabía si conseguiría acertarle con mi ataque yendo tan directa, pero lo mejor ahora era abrumarle atacando desde todos los flancos posibles. Si aspros hacía lo mismo, además de lidiar con los ataques de Yamamura y Jolyne tendría que apañarse para estar atento a ambos lados.

Corrí hacia donde estaba salvando los pocos metros que nos distanciaban y coloqué mis katanas de forma horizontal para cortarle con ambas a la altura del torso por el lado. —Trinidad. Tras esto, pegué un salto hacia atrás para alejarme y poder reaccionar a su siguiente movimiento. 

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

#60
La situación había sufrido un giro inesperado, o al menos todo lo inesperado que pudiese ser la traición de un tipo que acabábamos de conocer; todos sabíamos que, en el mundo de la piratería, del robo, hay muchos tiburones que solo quieren tu sangre. En este caso, la pasta. Nosotros no éramos menos, al fin y al cabo, había creado un diamante falso momentos antes ante la posibilidad de estafar al ahora descubierto estafador. - He visto demasiadas películas, sabía que esto pasaría.

- ¿Por qué organizar un robo hacia tu propia empresa? Perder tantos efectivos, montar tal escándalo… -no pude evitar preguntar mientras se cerraba la puerta que dejaba al capitán relativamente encerrado en el cuarto de la bodega. En un mano Jolyne, en la otra la gallina. A un lado Triana, al otro yo. No esperaba una respuesta, tampoco le consideraba muy inteligente, ¿esperaba encerrar a tal mole de espalda flameada con una simple puerta de madera? Había subestimado demasiado al capitán y lo más importante de todo: consideraba a esa criatura de campo un rehén con el que poder chantajearnos… y a la gallina también.

Antes de poder si quiera plantearme darle el diamante, ya fuese el falso o el real, la atmósfera se lleno de astillas y caos. Aquello fue el pistoletazo de salida, el momento en el que debíamos movilizarnos para deshacernos de aquel tipejo con aires de grandeza. Se sucedían los movimientos, los ataques, los amagos. Frente a mi se reproducía un ballet en el que debía incorporarme de forma grácil y perfecta. Cuando sentí que la atención de Kosax se dispersaba, me abalancé hacia el lateral opuesto al que Triana buscaba abarcar con sus espadas. Un par de volteretas en el aire precedieron una fuerte embestida descendente contra su hombro izquierdo, punto de apoyo que aproveché para impulsarme hacia atrás en la dirección opuesta y alejarme del susodicho grácilmente por el aire un par de metros.

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Karmas

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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.





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